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Cuento Terror

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SOMBRAS DE LA NOCHE: LA DAMA DE LA MUERTE

“Algunas personas aseguran haberla avistado en los márgenes de la carretera, con su larga
cabellera y una sonrisa encantadora, atrayendo a sus víctimas con una actitud seductora, pero
peligrosa para aquellos a quienes ella considera merecedores de su ajusticiamiento. Según
cuentan, aventurarse después de la puesta del sol garantiza un encuentro con la temible dama
blanca de la muerte…”

A pesar de la lluvia torrencial, Johan tomó su maleta y salió apresuradamente de la casa de sus
padres para dirigirse hacia la parada de autobús. Estaba preocupado por sus problemas
financieros y su única esperanza se encontraba a unos kilómetros de distancia. Al llegar a la
parada, abordó un microbús y se sentó junto a un niño que hizo una mueca de disgusto cuando
sintió que le pisaron el pie.
“¡Tienen 30 minutos para estirar las piernas y comprar lo que necesiten!”, anunció el
conductor del microbús mientras estacionaba en un restaurante donde solían detenerse durante
los largos viajes. Johan despertó bruscamente, al igual que el resto de los pasajeros. Al revisar
su reloj, se dio cuenta de que aún le faltaban dos horas de viaje y decidió bajar a tomar un café.
Repentinamente, la voz de una mujer proveniente de un televisor grande que no era muy
común en esa época, hizo que todos guardaran silencio. El relato mencionaba el descubrimiento
de un hombre sin vida en la carretera que conducía hacia la vereda el Roble Oscuro. El cuerpo
estaba mutilado y presentaba múltiples mordeduras, lo que llevó a las autoridades a atribuirlo a
un ataque de oso. La preocupación de los pasajeros se intensificó al darse cuenta de que se
encontraban cerca del lugar donde ocurrió la horrible escena, por lo que se apresuraron a
continuar su trayecto.

Después de terminar su café, Johan aprovechó el tumulto de personas y se adelantó al autobús


sin pagar, algo que solía hacer con frecuencia. Al sentarse, este cerró los ojos, pero después de
un tiempo fue despertado por un ruido muy extraño. Se percató de que algo estaba ocurriendo:
él era el único pasajero que aún permanecía en el autobús. Al incorporarse, notó que una densa
niebla cubría los asientos y esta le impedía ver claramente el espacio que lo rodeaba. Con
dificultad, se puso de pie y avanzó a tientas hacia la puerta, palpando los asientos; el trayecto
parecía interminable y su desesperación aumentaba al no encontrar la salida.
Sin embargo, después de unos minutos, logró tocar la puerta fría y pesada por lo que tuvo que
salir gateando para evitar caerse. El ambiente era extraño y oscuro, la niebla se disipaba
parcialmente mientras caminaba por las solitarias calles de aquel lugar desconocido.

1
No había nadie a la vista. ¿Dónde estaban el conductor y los demás pasajeros? A medida que
exploraba en medio de esa hostilidad, comenzó a notar que las casas y los autos parecían
sacados de un libro de Lovecraft debido a su aspecto siniestro y antiguo. Más adelante, divisó
el único establecimiento que parecía estar abierto: una especie de taberna. Al abrir la puerta del
vetusto lugar, se encontró con varias personas bailando, bebiendo y jugando a las cartas, pero lo
más extraño era la vestimenta anticuada que lucían.
Se acercó a la barra en busca de orientación por parte del tabernero; pero este, con una mirada
vacía, le respondió: "Caballero, soy el cantinero y nos encontramos en Villa de San Mateo de
Las Cruces; mejor tome asiento." Al escuchar esas palabras, Johan quedó estupefacto; nunca
había escuchado sobre ese lugar, por lo que decidió buscar ayuda en una estación de policía;
pero al acercarse a la salida, de repente sintió que sus piernas no le respondían. Aunque logró
empujar la puerta, la misteriosa niebla que le puso los pelos de punta seguía allí, así que
retrocedió y esperó a que amaneciera; en ese momento, era lo único que podía hacer.

Se sentó asustado en la única silla desocupada que encontró. En ese instante, una mesera con
una sonrisa le sirvió un trago de ron, pero Johan lo aceptó con desconfianza y se lo llevó a la
boca. Al hacerlo, una alucinante sensación se apoderó de él y el ambiente dejó de ser lúgubre
para volverse festivo. Sentado, escuchó fascinado la melodía repetitiva y alegre que emanaba
de la pianola, al tiempo que admiraba a las hermosas bailarinas vestidas con extravagantes y
cortos vestidos, llevando corsés; sin embargo, lo que más llamó su atención fue una mesa de
póquer al otro extremo de la taberna.
Decidido a no perder la oportunidad de apostar, se levantó y se dirigió hacia la mesa. Mientras
atravesaba el salón, tropezó con una mujer de larga cabellera y labios rojos gruesos. Su
deslumbrante belleza dejó a Johan impactado, recordándole el retrato que había visto en la
entrada de la taberna, por lo que supo de inmediato que era ella. La dama, nada tímida, le
ofreció un trago y lo llevó a una mesa para dos, donde se sentaron a conversar.

Presentándose como “la maga”, esta se destacaba de las demás mujeres con su brillante vestido
adornado con flecos negros, guantes, tocado con plumas y un largo cigarro, en contraste con el
atuendo de Johan, sencillo con vaqueros, tenis y una camiseta blanca. Mientras se entretenían,
la maga tomó su mano derecha para leerle el destino y susurró suavemente al oído: "Inteligente
y sagaz, pronto tus problemas económicos desaparecerán". A Johan le agradó el gesto y
decidió confiarle el motivo de su viaje.: visitar a su amante para obtener dinero prestado de
ella. Sin embargo, al escuchar su relato, la maga lo miró con desprecio durante unos segundos y
luego le regaló una sonrisa maliciosa, una actitud que confundió al hombre, no obstante, este
decidió no darle importancia.

2
El tiempo parecía no detenerse en aquel lugar tan embriagante, y cuando menos se esperaba, la
maga le señaló a Johan el segundo piso de la taberna, invitándolo a estar a solas. Sin dudarlo, él
la siguió emocionado ante la perspectiva de una noche inolvidable. Ascendieron unas escaleras
desgastadas hasta llegar a una habitación y al entrar, la pasión los envolvió mientras se
entregaban a besos apasionados, tropezando y cayendo sobre una cama de madera algo sucia,
que crujía bajo su peso.
En medio de la ardiente escena, Johan decidió hacer una pausa para quitarse los zapatos, pero
en ese instante la habitación empezó a temblar, los objetos caían y, al girar hacia la cama, se dio
cuenta de que la maga había desaparecido. Intrigado y preocupado, examinó la habitación
mientras esa niebla misteriosa se extendía. En ese momento, escuchó una respiración detrás de
él y, al voltearse, quedó horrorizado al contemplar a una mujer de aspecto fantasmal con
cabello largo y blanco, colmillos y garras. Sin poder contenerse, soltó un grito, y huyó de la
habitación a toda prisa.

Al llegar al pasillo, se encontró con que las mesas, las sillas y la pianola estaban carbonizadas;
el lugar desprendía un olor nauseabundo como a carne en descomposición, y las paredes
estaban cubiertas de moho. Dominado por el pánico, se preguntaba: ¿qué había sucedido?.
Atemorizado, descendió las escaleras, pero cada peldaño se convertía en cenizas bajo sus pies,
obligándolo a apresurarse, pero antes de alcanzar el suelo, tropezó y golpeó fuertemente su
cabeza, quedando inconsciente.
Pasaron un par de horas hasta que Johan recobró el conocimiento en medio de un bosque
desconocido. Adolorido se sentó en el pasto frio, se dio cuenta de que había estado tumbado
sobre un charco de sangre que emanaba de su cabeza por lo que lleno de temor, se puso de pie y
comenzó a palparse.

Lo más extraño era que aún era de noche; su reloj marcaba la misma hora en la que había
ingresado a la taberna. La idea de que todo había sido una pesadilla inducida por el golpe en su
cabeza cruzó su mente, pero esa esperanza se desvaneció cuando se dio cuenta de que se
encontraba frente a una casa abandonada y en ruinas. Parecía haber sido devastada por un
incendio. Johan se acercó cojeando para examinarla y divisó en una de las paredes el retrato
roto de la malvada mujer que lo había seducido. Esto lo aterró aún más, y le impulsó a
marcharse. Mientras se alejaba lentamente, una ráfaga de viento lo golpeó con fuerza,
derribándolo al suelo.
En ese instante, la misma figura espeluznante que lo había amenazado en la habitación apareció
frente a él. Era tan real que, impulsado por la adrenalina, se puso de pie y corrió con las pocas
fuerzas que le quedaban. Los insultos resonaban en sus oídos: "¡Ladrón!", "¡Infiel!",
"¡Traidor!", mientras la risa espeluznante de la mujer llenaba el ambiente oscuro del bosque.

3
Desesperado por sobrevivir, trató de ocultarse detrás de un árbol con la esperanza de evitar su
destino fatal. Sin embargo, apenas transcurrieron unos segundos cuando el espectro lo derribó
violentamente y le mordió el cuello con una fuerza descomunal, arrancándole también parte de
la piel de su brazo, dejando expuestos los músculos. Luego, con sus garras, le desgarró la
camiseta, provocándole graves heridas en el pecho. Johan estaba siendo destrozado con
ferocidad, sintiendo su agonía en carne propia. Finalmente, antes de desvanecerse en el bosque,
el espectro se detuvo, lo miró fijamente a los ojos ensangrentados y le gritó: "¡Esto es lo que les
sucede a los hombres mujeriegos y tramposos!".

El silencio que se había apoderado del bosque se vio interrumpido por el melancólico canto de
un búho, posado en una rama del árbol donde el cuerpo agonizante de Johan yacía. En medio
de su inminente desenlace, su mente rememoró el dolor que había causado a su esposa y padres
a causa de sus adicciones, aceptando el castigo que le había correspondido.
Mientras tanto, al otro lado de la carretera, una bandada de murciélagos fue dispersada por el
ruido ensordecedor del motor de un microbús que se dirigía a toda velocidad. El vehículo partió
de su parada habitual con un asiento vacío, el de un pasajero que nunca llegó a ocuparlo...

Meses después, durante la celebración de Halloween en Villa Brisas, una mujer desesperada
repartía entre la multitud carteles denunciando la desaparición de su esposo. Un niño recogió
uno de ellos del suelo y de inmediato reconoció al hombre de la foto, pero cuando intentó
localizar a la que parecía ser su esposa, esta ya no estaba a la vista. Mientras tanto, prestaba
atención a un cuentero que intentaba aterrorizar a los espectadores con la leyenda de la "casa
maldita". La historia cuenta que una adivina había establecido un negocio de entretenimiento
junto a su esposo con el propósito de estafar a los hombres ricos de la época. Sin embargo, sus
actos retorcidos llevaron a la decadencia y la muerte de muchas personas en el pueblo. Según la
narración, la casa comenzó a sufrir un declive cuando la "maga" descubrió que su esposo le
había sido infiel con una de las bailarinas. En un acto de venganza, los asesinó una noche en
una de las habitaciones, y luego se quitó la vida. Los cuerpos quedaron allí, y el lugar adquirió
un olor nauseabundo. En una ocasión, una de las trabajadoras intentó apoderarse de las joyas y
el dinero entre los restos, pero al escuchar una voz aterradora que clamaba: "¡Debo vengarme
de los hombres jugadores y maliciosos! ¡Soy la personificación de la venganza!", la mujer huyó
aterrorizada del lugar. Cuando informó a las autoridades lo sucedido, decidieron prender fuego
a la casa maldita, lo que provocó que el espíritu de la maga canalizara su ira aún más hacia
aquellos que consideraba merecedores de la muerte.

Erika Medina
Autora

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