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Principios de la Reforma Protestante

La doctrina de Sola Scriptura establece que la Biblia es la única autoridad suprema para la fe y la práctica cristiana. Los reformadores Lutero y la Confesión Belga rechazaron cualquier otra autoridad como el Papa o los concilios y afirmaron que la Biblia contiene completamente la voluntad de Dios.
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Principios de la Reforma Protestante

La doctrina de Sola Scriptura establece que la Biblia es la única autoridad suprema para la fe y la práctica cristiana. Los reformadores Lutero y la Confesión Belga rechazaron cualquier otra autoridad como el Papa o los concilios y afirmaron que la Biblia contiene completamente la voluntad de Dios.
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Sola Scriptura: La Biblia es el único estandar.

La doctrina de que la Biblia es por sí sola la autoridad suprema, fue el “Principio Formal” de la
Reforma. En 1521, en el histórico interrogatorio de la Dieta de Worms, Martin Lutero declaró su
conciencia cautiva a la Palabra de Dios diciendo: “Al menos que se me convenza mediante
testimonios de la Escritura, y claros argumentos de la razón, — porque no le creo ni al Papa, ni a
los concilios, ya que está demostrado que a menudo han errado y se contradicién entre ellos —,
estoy vencido por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, y mi conciencia esta ligada a
la Palabra de Dios.”

Del mismo modo, la Confession Bélgica establecio: “Creemos, que esta Santa Escritura contiene
de un modo completo la voluntad de Dios, y que todo lo que el hombre está obligado a creer para
ser salvo se enseña suficientemente en ella… Tampoco está permitido igualar los escritos de
ningún hombre -a pesar de lo santos que hayan sido- con las Divinas Escrituras, ni la costumbre
con la verdad de Dios (pues la verdad está sobre todas las cosas), ni el gran número, antigüedad y
sucesión de edades o de personas, ni los concilios, decretos o resoluciones; porque todos los
hombres son de suyo mentirosos y más vanos que la misma vanidad. Por tanto, rechazarmos de
todo corazón todo lo que no concuerda con esta regla infalible…” (VII).

Como dice la Escritura,

“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley… Me postraré hacia tu santo templo, y alabaré
tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra
sobre todas las cosas… Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de
quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden
hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por
Dios, y útil para enseñar, para redarg:uir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el
hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” ( Salmo 119:18;
Salmo 138:2; 2 Timoteo 3:16-17 )

Sola Gratia: Salvación por Gracia

Un clamor central de la Reforma fue la “salvación por gracia”. Aunque la iglesia romana enseña
que la misa es un “sacrificio [que] es verdaderamente propiciatorio”, y que por medio de la misa
“Dios …. nos otorga la gracia y el don de la penitencia, remite nuestras faltas e incluso nuestros
enormes pecados”, — los reformadores se regresaron a la doctrina bíblica de la salvación por
gracia mediante la fe. Nuestra postura justificada ante Dios es imputada por la gracia a causa de
la obra de Jesúcristo nuestro Señor. En contraste con las doctrinas de mérito personal impartido
por Roma, sola gratia y las doctrinas de la gracia, – depravación total, elección incondicional, la
redención particular, y la perseverancia de los santos – fueron predicadas por todos los
reformadores protestantes en todo el movimiento protestante.

Como declara la Confesion Bautista de 1689, “Cristo, por su obediencia y muerte, saldó
totalmente la deuda de todos aquellos que son justificados; y por el sacrificio de sí mismo en la
sangre de su cruz, sufriendo en el lugar de ellos el castigo que merecían, hizo una satisfacción
adecuada, real y completa a la justicia de Dios en favor de ellos; sin embargo, por cuanto Cristo
fue dado por el Padre para ellos, y su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de las
de ellos, y ambas gratuitamente y no por nada en ellos, su justificación es solamente de pura
gracia, a fin de que tanto la precisa justicia como la rica gracia de Dios fueran glorificadas en la
justificación de los pecadores.”

Como dice la Escritura,


“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del
mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado
para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para
alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos
redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo
sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,..” ( Efesios 1:3-8 )

Sola Fide. Justificación por Fe.

El “Principio Material” de la Reforma fue la justificación solamente por fe. La Confesión de Fe


Westminster establece, “La Fe, asi recibida y reposada en Cristo y su justicia, es el unico
instrumento de justificacion; aunque esta no esta actua sola en la persona justificada, sino que
esta siempre acompañada de todas las demás gracias salvíficas; no siendo una Fe muerta, sino
mas bien, una Fe que obra por el amor.”

De la misma manera, la Confession Ginebra señalo la necesidad para aquellos justificados por fe
diciendo, “Confesamos que la entrada que tenemos a los grandes tesoros y riquezas de la bondad
de Dios que nos es asegurada es por fe; como tambien, con confianza cierta y seguridad de
corazon, creemos en las promesas del evangelio, y recibimos a Jesucristo como nos es ofrecido
por el Padre y nos es descrito por medio de la Palabra de Dios. (Artículo11)”.

Como dice la Escritura,


“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe,
éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los
gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las
naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los
que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel
que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la
ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;…” (Galatas
3:6-11)

Sola Fide. Justificación por Fe.

El “Principio Material” de la Reforma fue la justificación solamente por fe. La Confesión de Fe


Westminster establece, “La Fe, asi recibida y reposada en Cristo y su justicia, es el unico
instrumento de justificacion; aunque esta no esta actua sola en la persona justificada, sino que
esta siempre acompañada de todas las demás gracias salvíficas; no siendo una Fe muerta, sino
mas bien, una Fe que obra por el amor.”

De la misma manera, la Confession Ginebra señalo la necesidad para aquellos justificados por fe
diciendo, “Confesamos que la entrada que tenemos a los grandes tesoros y riquezas de la bondad
de Dios que nos es asegurada es por fe; como tambien, con confianza cierta y seguridad de
corazon, creemos en las promesas del evangelio, y recibimos a Jesucristo como nos es ofrecido
por el Padre y nos es descrito por medio de la Palabra de Dios. (Artículo11)”.
Como dice la Escritura,
“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe,
éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los
gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las
naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los
que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel
que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la
ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;…” (Galatas
3:6-11)

Soli Deo Gloria: Solamente por la Gloria de Dios.

La Reforma recupero la enseñanza biblica de la sobernía de Dios sobre todos los aspectos de la
vida del creyente. Toda la vida deberá ser vivida para la gloria de Dios. Como pregunta el
Catecismo Menor de Westminster, “¿Cuál es el fin principal del hombre? El fin principal del
hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre.” Este gran y apasionado proposito
fue enfatisado por aquellos en el Siglo 16 y 17 que buscaban reformar a la iglesia de acuerdo a la
Palabra de Dios. En contraste a la división monástica de vida de lo sagrado contra lo secular
perpetuado por la Iglesia Romana, los reformadores vieron que toda la vida debe ser vivida bajo
el Señorío de Cristo. Cada actividad del cristiano ha de ser santificado para la gloria de Dios.

Como la Escritura dice,


“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios… Si alguno
habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que
Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el
imperio por los siglos de los siglos. Amén. … y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre;
a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. … Amados, esta es la segunda carta
que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento,… a él sea
gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén. …
diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el
poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. … Porque de él, y por
él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (1 Corintios 10:31; 1
Pedro 4:11; Apocalipsis 1:6; 2 Pedro 3:1; Efesios 3:21; Apocalipsis 7:12; Romanos 11:36)

Soli Deo Gloria: Solamente por la Gloria de Dios.

La Reforma recupero la enseñanza biblica de la sobernía de Dios sobre todos los aspectos de la
vida del creyente. Toda la vida deberá ser vivida para la gloria de Dios. Como pregunta el
Catecismo Menor de Westminster, “¿Cuál es el fin principal del hombre? El fin principal del
hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre.” Este gran y apasionado proposito
fue enfatisado por aquellos en el Siglo 16 y 17 que buscaban reformar a la iglesia de acuerdo a la
Palabra de Dios. En contraste a la división monástica de vida de lo sagrado contra lo secular
perpetuado por la Iglesia Romana, los reformadores vieron que toda la vida debe ser vivida bajo
el Señorío de Cristo. Cada actividad del cristiano ha de ser santificado para la gloria de Dios.

Como la Escritura dice,


“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios… Si alguno
habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que
Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el
imperio por los siglos de los siglos. Amén. … y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre;
a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. … Amados, esta es la segunda carta
que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento,… a él sea
gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén. …
diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el
poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. … Porque de él, y por
él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (1 Corintios 10:31; 1
Pedro 4:11; Apocalipsis 1:6; 2 Pedro 3:1; Efesios 3:21; Apocalipsis 7:12; Romanos 11:36)

INTRODUCCIÓN

Con esta entrada iniciamos una serie de artículos acerca de las cinco “Solas” que resumieron la
teología propulsada por el movimiento de la Reforma. Lo que comenzó con una simple protesta
de parte de Martín Lutero, en contra de una serie de prácticas religiosas de parte de la iglesia de
Roma, culminó siendo un movimiento transformador de la Iglesia y de toda la sociedad, que se
expandió por los próximos 200 años hasta cruzar el océano y llegar a Norteamérica. Lutero clavó
sus 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg el 31 de Octubre de 1517. La queja principal
de estas tesis era la venta de indulgencias, con las cuales se pagó una buena parte de la
construcción de la Basílica de San Pedro. Sin embargo, esto inició todo un movimiento que
culminó revisando no solo la venta de las indulgencias, sino también toda la teología que la
iglesia de Roma practicaba y enseñaba.

Por años, los teólogos de la Reforma cuestionaron y cambiaron el entendimiento de la salvación


del hombre que la iglesia católica abrazaba y toda la teología relacionada al plan de redención.
Con el paso del tiempo, se hizo necesario resumir todo ese nuevo entendimiento teológico con tal
de que otros pudieran visualizarlo de una manera sencilla, pero no simplista. Esto dio origen a
estas cinco famosas frases:
 SOLA SCRIPTURA: La Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y
práctica. Por tanto, nada que contradiga la revelación de Dios puede regular la vida del
creyente, (Gálatas 1:6-10 ; 2 Timoteo 3:16 ; 2 Pedro 1:3 ).
 SOLUS CHRISTUS: La salvación se encuentra solo en Cristo, excluyendo así todo otro
camino para llegar a Dios (Hechos 4:12 ).
 SOLA GRATIA: La salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe
de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y
resurrección (Efesios 2:8 ).
 SOLA FIDE: La salvación solo puede ser recibida cuando ponemos nuestra fe en Aquel
que murió por nosotros, excluyendo la posibilidad de que nuestras obras puedan
contribuir (Efesios 2:8-9 , Romanos 3:28 ).
 SOLI DEO GLORIA: El propósito de la salvación que recibimos es glorificar a Dios;
poner de manifiesto las excelencias o virtudes de su carácter (Efesios 1:4-6 ; 1 Pedro
2:9 ).

Estas frases representan el corazón de la teología reformada, y resumen verdades no negociables


del evangelio. La fortaleza de una iglesia depende de las verdades que la sustentan, y de ahí que
toda iglesia bíblica necesite no solo abrazar estos principios, sino también proclamarlos de una
manera que garantice que estos sean pasados a la próxima generación. Lamentablemente, muchas
iglesias han asumido estos principios y han dejado de proclamarlos con claridad y frecuencia.
Con el tiempo, todo lo que es asumido va siendo olvidado poco a poco. Nuevas generaciones en
los últimos 200 años desconocen parcial o completamente toda la historia detrás de esta teología,
y poco a poco fueron desarrollando una teología liberal (a final del siglo XIX), o un pragmatismo
ignorante de la centralidad de la gloria de Dios en el plan de redención (segunda mitad del siglo
XX).

Ciertamente, la iglesia primitiva no usó esta terminología para hablar de sus creencias; pero cada
una de estas frases está arraigada en la revelación del Nuevo Testamento, que daba continuidad al
pacto anterior. A lo largo de la historia, la Iglesia ha elaborado credos, declaraciones de fe y
frases como las que aquí definimos, no como una forma de traer nueva revelación, sino buscando
maneras de afirmar lo ya conocido, para evitar que las verdades fundamentales de nuestra fe sean
olvidadas en el tiempo, o tratando de llamar a la Iglesia a sus raíces.

Oramos para que el mismo Dios que levantó a un Martín Lutero vuelva a hacer lo mismo en
nuestros días, y que la transformación de la iglesia y de la sociedad vista en Europa y Estados
Unidos en los años de 1500 - 1700 pueda ser vista en nuestra región.

SOLA SCRIPUTURA
"¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para
ellos amanecer", Isaías 8:20
“Los hombres no rechazan la palabra porque encuentran faltas en ella, sino porque ella
encuentra faltas en ellos”, John Blanchard

El miércoles 17 de abril del año 1521, Martín Lutero fue traído ante lo que se conoció como la
dieta de Worms, donde se le pidió se retractara de sus escritos y de 41 de sus 95 tesis. La
respuesta de Lutero fue la siguiente: “Ya que su más serena majestad y todos sus príncipes
requieren una respuesta clara, simple y precisa, yo le daré una sin cuernos ni dientes, y es esta:
Yo no puedo someter mi fe al papa o a los concilios, porque está tan claro como el día que ellos
han errado continuamente y se han contradicho a sí mismos. A menos que yo sea convencido por
el testimonio de las Escrituras, o por razones evidentes, me mantengo firme en las Escrituras por
mí adoptadas, y mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar
ninguna, viendo que no es seguro o justo actuar contra la conciencia. A Dios que me ayude.
Amén”.

Cuando Lutero habló de que su conciencia era prisionera de la Palabra de Dios, estaba haciendo
referencia a que opiniones y tradiciones de hombres no nos obligan cuando de asuntos doctrinales
se trata. Del mismo modo, no somos obligados por concilios o bulas, ni credos o confesiones de
fe. Solo la Palabra de Dios nos ata; solo ella obliga la conciencia de manera universal. No
podemos olvidar eso, porque hoy hay muchas cosas en todas las denominaciones, incluyendo
aquella a la cual pertenece nuestra congregación, que son puramente denominacionales. Quizás
no sean enseñanzas antibíblicas, pero simplemente representan la forma en que un grupo de
cristianos ha elegido hacer las cosas. La tradición no nos hace bíblicos. Cuando los credos y las
confesiones de fe coinciden con la Palabra, esas declaraciones nos exigen una cierta obligación;
pero su autoridad no está en ellas, sino en la Palabra de Dios que las ampara.

El veredicto de Dios acerca de su palabra

El apóstol Pedro, por dirección del Espíritu Santo, nos dejó algunos principios relacionados al
tema de Sola Escritura. En 2 Pedro 1:20-21 leemos lo siguiente:

"Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de
interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad
humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios".

1: Las Escrituras no son asunto de interpretación personal. Por tanto, tenemos que ser
cuidadoso cuando escuchamos a personas decir, “para mí esta porción de las Escrituras significa
esto”, y otro decir, “bueno, para mí significa esto otro”, teniendo significados contrarios, y que
luego ambos estén satisfechos con lo que cada cual entendió del mismo texto. Un texto de la
Palabra tiene una sola interpretación, aunque puede tener múltiples aplicaciones. En nuestra
humanidad sabemos que dos personas ortodoxas en su teología pudieran diferir en la
interpretación de un mismo texto; pero esto no nos dice que ambos están en lo correcto. El
Espíritu que inspiró el texto sabe cuál es la interpetación correcta, y es ese entendimiento el que
tenemos que tratar de encontrar.
2: Ninguna de las enseñanzas de la Palabra llegaron a nosotros como consecuencia de una
intención, deseo o proyecto humano. El hombre no decidió tener una revelación de Dios, ni
decidió escribir estas enseñanzas, sino que la revelación que tenemos hoy fue el producto de la
voluntad divina.

3: Cuando estos hombres hablaron, hablaron de parte de Dios, inspirados por el Espíritu
Santo. De hecho, en 2 Timoteo 3:16 leemos que toda Escritura fue inspirada por Dios. La
palabra traducida como inspirada en el griego es Theopneustos, que significa exhalar; es como
decir que la Biblia fue exhalada por Dios. Es esa inspiración de parte de Dios que nos obliga a
poner la Biblia por encima de toda otra autoridad, opinión o declaración humana.

Como es la Palabra de Dios, quitar o agregar al contenido de la Biblia es un asunto muy serio; es
violar su integridad.Si le añades, pones en boca de Dios cosas que Él no ha dicho, y si le quitas,
eliminas verdades que Dios ha querido comunicar al hombre.

SOLA SCRIPTURA significa que la Escritura es:

 INSPIRADA por Dios.


 ESTÁ COMPLETA en sí misma.
 ES INERRANTE; no contiene errores.
 ES INFALIBLE, y por tanto incapaz de errar o de guiarnos al error.
 ES LA AUTORIDAD SUPREMA; por encima de todo.
 SOLA SCRIPTURA implica que la Palabra es la única que obliga la conciencia de
manera universal.
 SOLA SCRIPTURA no elimina el valor de los concilios y confesiones de fe que han
coincidido con la Palabra, y que resumen largas horas de estudio y debates por parte de
grandes hombres de Dios.
 SOLA SCRIPTURA no nos permite hacer uso de la interpretación privada para torcer la
Palabra.
 SOLA SCRIPTURA requiere de reglas de interpretación transmitidas a lo largo de los
siglos.
 SOLA SCRIPTURA no nos permite despegarnos del pasado y hoy traer interpretaciones
nuevas que contradicen la fe.
 SOLA SCRIPTURA juzga la iglesia y sus maestros, y no al revés.
 SOLA SCRIPTURA requiere de hombres y mujeres que manejen con precisión la palabra
de verdad.

Por todo esto, ninguna iglesia podrá levantarse y sobrevivir sin la autoridad, la guianza y la luz de
la Palabra de Dios. Nuestra única esperanza como sociedad está en esa palabra revelada.

Miguel Núñez es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y


presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de
las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del
cristianismo histórico. Puede leer más en su blog Para Que Su Pueblo Entienda, y encontrarlo en
Twitter como @Pastormnunez.

SOLA FIDE
“Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de
la ley”, Romanos 3:28
Sola Fide es la segunda de las 5 SOLAS de la reforma. La expresión significa salvación
por fe solamente, o dicho de una manera más teológica, justificación solo por fe. Esta
doctrina es de suma importancia: Lutero decía que Sola fide era el artículo sobre el cual
la Iglesia se mantiene en pie o se derrumba. El no creer esta doctrina no solo me deja
sin salvación, sino que llevaría a la Iglesia a su ruina. Lo que creamos acerca del rapto
de la iglesia no necesariamente tiene un efecto sobre nuestra salvación; pero ese no es
el caso con Sola Fide. Esta doctrina es la columna vertebral de la fe cristiana. Esta es la
doctrina que la iglesia de Roma no cree, ya que aún al día de hoy enseñan que la
salvación se obtiene a través de la fe más las obras que hacemos. Y fue esta doctrina,
junto con la doctrina de Sola Escritura que vimos en la entrada pasada, las que hicieron
que los reformadores rompieran con la iglesia a la cual habían pertenecido por años.

Lutero y Sola Fide

Curiosamente, aunque Lutero terminó defendiendo esta doctrina con su propia vida, no
fue así desde el principio. Lutero fue alguien que tempranamente comprendió de la
justicia perfecta de Dios, antes de creer en la doctrina de la salvación por fe solamente
o Sola Fide. Lutero vivió atormentado por sus pecados, y vivía aterrorizado pensando
en su posible condenación. No podía dormir tranquilo meditando en la justicia perfecta
de Dios, que de ninguna manera él encontraba cómo satisfacer.
Lo que más molestaba a Lutero era el hecho de que, a pesar de haber sido un monje
impecable, no encontraba paz para su alma; lo que le llevó a confesarse hasta dos y
tres horas diariamente. Lutero describió este período de su vida como uno de gran
desesperación. Él dijo haber perdido el contacto con el Cristo Salvador y Consolador de
su vida, quien se convirtió en su carcelero y torturador de su alma[1]. Esto llegó a
atormentarle tanto que cuando alguien le preguntó en un momento de su vida si él
amaba a Dios, Lutero respondió: “¿Amar a Dios?...¡a veces, yo lo odio!”.

En 1516, mientras enseñaba el libro de Romanos, Lutero llegó a entender la esencia


del evangelio, el mensaje de las Buenas Nuevas, y comprendió finalmente que “el justo
por la fe vivirá”, Romanos 1:17 . Esta verdad ya había sido proclamada en el Antiguo
Testamento, como vemos en Habacuc 2:4 . Entendida esta verdad, Lutero llegó a
expresar lo siguiente: “Finalmente, meditando día y noche, por la misericordia de Dios,
yo…comencé a entender que la justicia de Dios es aquella a través de la cual el justo
vive como un regalo de Dios, por fe…con esto me sentí como si hubiese nacido de
nuevo por completo, y que hubiese entrado al paraíso mismo a través de las puertas
que habían sido abiertas ampliamente”[2].

Más el justo por la fe vivirá


Si le preguntáramos a cualquier transeunte de qué forma él o ella piensa ir al cielo, con
mucha probabilidad te dirá algo como esto: “Bueno, yo no he matado a nadie, nunca he
robado, nunca le he sido infiel a mi esposa…es posible que haya dicho algunas
mentiras, pero realmente, ¿quién no las ha dicho? No soy el más santo de todos, pero
tampoco soy el peor; de manera que espero que Dios pueda tomar eso en cuenta”.
Palabras similares a estas son empleadas con frecuencia por aquellos que viven a
nuestro alrededor cuando se le cuestiona acera de la próxima vida. Pero esto dista
mucho de las enseñanzas de la Palabra. El apóstol Pablo escribió en Romanos 3:20
que “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de El…”. En
otras palabras, ninguna de las obras que hacemos tienen el peso para darme entrada
ante el trono de Dios. Notemos cómo en un momento dado, el pueblo hebreo se había
desviado tanto del camino que Dios dijo a través del profeta Isaías, en Isaías 64:6 , que
sus mejores obras eran como trapos de inmundicia. En el original, la frase traducida
como trapos de inmundicia hace referencia a paños que han sido usados para la
menstruación. Así lucen mis obras cuando pasan por el escrutinio de la justicia de Dios.
Y esas son mis mejores obras; imaginémonos ahora las peores.

Lutero, entendió eso, y casi perdió la cabeza, puesto que la idea de permanecer bajo
condenación le atemorizaba grandemente, conociendo a la vez que le era imposible
vivir una vida perfecta que le permitiera entrar a la presencia de Dios. Finalmente,
Lutero entendió que era posible tener un carácter moral perfecto para entrar a la
presencia de Dios, pero que ese carácter moral perfecto no lo adquiero yo a través de
mis obras de santificación, porque ninguna de mis obras es perfecta para pasar el
estándar de Dios. Esa rectitud moral me la da Cristo y me la da la por la fe puesta en Él.
Romanos 3:21-22 nos dice: “Pero ahora, aparte de la ley, la rectitud moral de Dios ha
sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas; es decir, la rectitud moral de
Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen”. La rectitud moral de
Dios se manifestó ahora aparte de la ley; la ley no me la puede dar. Pero es una
rectitud moral que yo obtengo por medio de la fe en Jesucristo, como dice el versículo
21. De ahí la frase Sola Fide, o solo por fe.

El día que Cristo murió, mis pecados le fueron cargados (imputados) a su cuenta de
una manera real. Por eso Cristo sufrió un puro infierno en la cruz, un infierno de dolor y
de separación temporal del Padre, expresado en su grito: “Dios mío, Dios mío por qué
me has abandonado”. De esa misma manera, el día que yo deposito mi fe en Cristo
como mi Señor y Salvador, su carácter moral perfecto me es cargado a mi cuenta. A
esto que acabamos de explicar es que llamamos la doble imputación en teología.

Allí en la cruz, mis pecados le fueron imputados a Cristo, y su santidad o carácter moral
me es cargado a mi cuenta, lo cual ocurre el día que yo le entrego mi vida. Como
resultado, ocurren dos cosas:

1. Yo quedo sin deuda.


2. Yo adquiero una santidad ajena, que me ha sido otorgada al yo creer en Cristo
como Señor y Salvador. Esa santidad es la santidad de Cristo.

Como mencionamos anteriormente, Sola Fide no es una idea nueva; eso fue
exactamente lo que ocurrió cuando Abraham creyó. Génesis 15:6 dice que Abraham
creyó y le fue contado por justicia. Recuerde que la palabra justicia hace alusión al
carácter moral de Dios. Entonces, lo que Génesis 15:6 dice es que Abraham creyó y, al
creer, su fe le fue contado por carácter moral, siendo entonces justificado por la fe
depositada en Dios. En otras palabras, la razón de la salvación de Abraham no fueron
sus obras, en lo más mínimo, sino su gran fe; la fe que depositó en el Dios de su
salvación. Y esa fe hizo que Dios lo considerara como si fuera justo, aunque no lo era.
Por eso los reformadores insistieron en que la salvación es solamente por fe. Ahora esa
fe si es verdadera, estará adornada por obras; no hechas para obtener salvación, sino
hechas como evidencia de la salvación ya recibida. De ahí la frase: salvación solo por
fe, pero no fe sola.

Ahora, para que no lo olvidemos, salvación por fe solamente no es lo mismo que


cuando alguien se para y hace una profesión de fe. Muchos son los que han hecho una
profesión de fe, pero no tienen posesión de esa fe. Una simple oración para recibir al
Señor, hecha de los labios para fuera, no me va a limpiar de mis pecados. La fe que
limpia de pecados necesita de tres elementos:

1. La fe que me salva necesita conocimiento de lo que Cristo hizo por mí; de lo que
hemos venido explicando. Eso es lo que los reformadores llamaron en latín, notitia, que
hace referencia al conocimiento que tengo de todo lo que hemos venido explicando. De
manera que mi fe no puede ser irracional, ilógica; ni es tampoco fe en la fe.

2. La fe que salva necesita poseer convicción de la verdad; convicción de que Cristo es


el único nombre dado a los hombres por medio del cual pueden ser salvos
(Hechos 4:12 ), y de que Él es el camino, la verdad y la vida, (Juan 14:6 ). Esto es
que los reformadores llamaron assensus, de donde viene la palabra asentir, en el
sentido que yo tengo que asentir o afirmar con convicción lo que la verdad es, como
Dios la ha revelado.

Pero eso no es suficiente. Los demonios tienen notitia o conocimiento de que Cristo es
el Salvador; y ellos tienen assensus, esto es, ellos están convencidos de que Cristo es
el Salvador del mundo: lo saben mejor que nosotros. Por eso dice Santiago que los
demonios creen y tiemblan (Stg. 2:19). Lo que ellos no tienen es el tercer elemento:

3. Fiducia: confianza en Cristo. Ellos no han depositado esa confianza en el Señor y por
eso permanecen condenados.

Para ser salvo necesitas absoluta confianza en que la santidad de Cristo imputada a tu
persona es lo único que te puede calificar para entrar al reino de los cielos, y eso ocurre
el día que te arrepientes de todo corazón, pides perdón por tus pecados basado en el
sacrificio de Cristo y le entregas tu vida a Dios y recibes la suya; la vida eterna que Él te
regala. Esto es lo que significa Sola Fide. En la próxima entrada estaremos observando
la razón de nuestra salvación: Sola Gratia.

SOLA GRATIA
"Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de
vosotros, sino que es don de Dios", Efesios 2:8
Hace unos años se celebró en Inglaterra un congreso de diferentes religiones, con la
idea de reunir expertos en distintos dogmas y comparar sus enseñanzas. En un
momento dado, estos expertos se preguntaron si el cristianismo tenía algo particular
que no pudiera encontrarse en ninguna otra religión. Pensaron en la encarnación, pero
otras religiones tenían a los dioses en formas humanas. Mencionaron la resurrección,
pero otras creencias cuentan de personas habiendo resucitado. Mientras discutían,
entró al salón C.S. Lewis, uno de los grandes pensadores y defensores de la fe
cristiana, y preguntó que a qué se debía la discusión. Ellos le explicaron que estaban
discutiendo si había alguna contribución única de el cristianismo, que no pudiera
encontrarse en ninguna de las otras religiones. Sin pensarlo dos veces, C.S. Lewis
respondió: "¡Ah! Eso es fácil: es el concepto de la gracia". Los llamados expertos
tuvieron que concluir que es cierto, que en ninguna otra religión Dios hace un
ofrecimiento de su amor y de su salvación completamente gratis, de forma
incondicional. Solo en el cristianismo se da esa condición. En todas las demás
religiones, el pecador necesita hacer algo (obras de algún tipo) para obtener el favor de
Dios. En la fe cristiana, el perdón de Dios, y por tanto la salvación del hombre, es obra
de un Dios soberano, omnibenevolente y misericordioso, que otorga el perdón y el resto
de sus bendiciones a sus criaturas por la inmensidad de su gracia.

El apóstol Pablo pone de manifiesto de una manera clara cómo Dios reveló que
ciertamente la salvación es dada por gracia, como vemos en este pasaje a los Efesios 2
:
“4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos
amó, 5 aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida
juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)(énfasis añadido)”.

Ese solo verso nos deja ver la base de la salvación; pero luego cuando Pablo escribe a
los romanos, años más tarde, él explica de una forma llana cómo la gracia y las obras
se contraponen cuando de la salvación se trata. Leamos Romanos 11:5-6 :
“Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente
conforme a la elección de la gracia de Dios. Pero si es por gracia, ya no es a base
de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia;
de otra manera la obra ya no es obra”.
En este pasaje Pablo explica cómo si las obras contribuyeran a nuestra salvación, en
cualquier grado, entonces lo obtenido deja de ser por gracia. Y si mi salvación es
realmente por gracia, ya entonces mis obras quedan excluidas.

Quizás uno de los conceptos más pobremente entendidos es el de la gracia de Dios


hacia los hombres. Muchos que están dispuestos a afirmar que nuestra salvación es
enteramente por gracia a la vez están dispuestos a conceder algún rol a nuestras
obras. Por esa razón, antes de continuar debemos aclarar primero lo que es la gracia,
para luego poder entender mejor cómo llega la salvación al hombre.
La gracia de Dios puede ser definida como las riquezas de Cristo dadas a nosotros a
expensas de Su sacrificio. Otros han definido la gracia como el recibir aquello que no
merecemos… como es la gloria. Mientras que misericordia puede ser definida como el
NO recibir aquello que sí merecemos… como lo es el infierno. No hay nada que
podamos hacer para ganarnos la entrada al reino de los cielos. Y la razón es muy
sencilla: todas las facultades del hombre están teñidas por el pecado, aún después de
su regeneración: sus emociones, su pensamiento, su hablar, sus motivaciones, sus
acciones... Por tanto, nuestras obras no pasarían el escrutinio de la justicia perfecta de
Dios.
Lamentablemente, al hombre se le hace difícil concebir que no hay nada que él pueda
hacer para contribuir a su salvación, dado que prácticamente todo lo que él obtiene de
este lado de la gloria está relacionado a algún esfuerzo humano. Nos parecemos
mucho al niño de esta historia: este niño tenía unos 4 o 5 años y era llevado siempre a
la iglesia por sus padres. En aquella iglesia se celebraba la comunión una vez al mes;
el primer domingo de cada mes. Este día, era la norma el tomar dos ofrendas en vez de
una: la primera se recogía antes del sermón, y la segunda se tomaba inmediatamente
antes de la comunión, y era una ofrenda que se recogía para el fondo de benevolencia.
Normalmente los padres daban dinero a su hijo para poner en la primera ofrenda, pero
no en la segunda. Un domingo ellos decidieron darle dinero para poner en ambas
ofrendas. Él pone su ofrenda antes de la comunión, y cuando llega el tiempo de tomar
la comunión, él se para a tomarla, algo que nunca había hecho. Su madre lo detiene y
le dice: "¡Tú no puedes tomar la comunión todavía!", a lo que el niño responde:
"¿Porqué no? ¡Ya yo pagué!".

Estamos tan acostumbrados a pagar, o a recibir algún beneficio después de pagar, que
no podemos concebir una salvación “gratuita”. Gratuita para el hombre, porque lo que
yo recibo en Cristo, que es sin costo alguno, le costó la vida a mi Redentor. El pago
más alto que jamás se haya hecho en todo el universo, se pagó por mi salvación.

La gracia de Dios es soberana

Si al hombre se le hace difícil concebir una salvación por gracia, se le hace más difícil
concebir una salvación soberana. Cuando revisamos lo revelado por Dios en su palabra
descubrimos que su gracia es general para todos los hombres, como leemos en Mateo
5: 45b: “porque El hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e
injustos. Pero Dios también ha revelado que hay una expresión de su gracia que es
especial para sus elegidos, y esa verdad es evidente en múltiples pasajes distintos.
El Evangelio de Lucas nos dice lo siguiente en Lucas 4:25-27 :
"En Israel habían muchas viudas en el tiempo de Elías, y Dios decidió enviar a
Elías, no a las viudas de Israel, sino a una viuda en Sarepta, la tierra de Sidón. Y
muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de
ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio".
Vemos aquí la gracia soberana de Dios al enviar a su profeta, no a las viudas judías,
sino a una viuda gentil. El pasaje también nos dice que en esos mismos tiempos habían
muchos leprosos en Israel, y ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán el sirio. Eso es
gracia soberana porque unos la reciben y otros no, según quien la otorga.

¿Cuál es la respuesta del hombre ante la gracia soberana de Dios? La podemos ver en
los versículos 28 y 29 de este texto de Lucas, después que Jesús habló estas
palabras:
“Y todos en la sinagoga se llenaron de ira cuando oyeron estas cosas, y
levantándose, echaron a Jesús fuera de la ciudad, y Lo llevaron hasta la cumbre
del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para tirar a Jesús desde allí”.
El hombre no tolera que Dios elija soberanamente cómo Él obrará, porque a la carne le
gusta la idea de dirigir su propio destino.
Quizás, el pasaje donde vemos más claramente el ejercicio soberano de la gracia de
Dios es en Romanos 9 . Veamos:
“9 Porque esta es una palabra de promesa: POR ESTE TIEMPO VOLVERE, Y
SARA TENDRA UN HIJO. 10 Y no sólo esto, sino que también Rebeca, cuando
concibió mellizos de uno, nuestro padre Isaac 11 (porque aún cuando los mellizos
no habían nacido, y no habían hecho nada, ni bueno ni malo, para que el
propósito de Dios conforme a su elección permaneciera, no por las obras, sino
por aquel que llama), 12 se le dijo a ella: EL MAYOR SERVIRA AL MENOR. 13 Tal
como está escrito: A JACOB AME, PERO A ESAU ABORRECI”.
El Señor eligió a uno sobre otro desde antes de nacer; anterior a cualquier acción de
parte de estos dos mellizos, para mostrar su soberanía en la elección de Jacob sobre
Esaú… no basado en sus obras, sino en el propósito de Dios, como revela el mismo
pasaje. El apóstol Pablo, como buen polemista que fue, anticipa los cuestionamientos
de sus opositores y continúa su disertación de esta manera:
14 ¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo!
15 Porque El dice a Moisés: TENDRE MISERICORDIA DEL QUE YO TENGA
MISERICORDIA, Y TENDRE COMPASION DEL QUE YO TENGA COMPASION.
16 Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene
misericordia. 17 Porque la Escritura dice a Faraón: PARA ESTO MISMO TE HE
LEVANTADO, PARA DEMOSTRAR MI PODER EN TI, Y PARA QUE MI NOMBRE
SEA PROCLAMADO POR TODA LA TIERRA. 18 Así que del que quiere tiene
misericordia, y al que quiere endurece.
Con esto, Pablo pone de manifiesto que Dios no le debe misericordia a ningún ser
humano, porque la raza ya está bajo juicio a partir de la caída de Adán. Lo justo sería
enviar a la raza entera al infierno, y nadie tendría el derecho de cuestionar a Dios. Pero
en vez de hacer eso, Dios envía a un grupo de personas a la gloria que no merecían, y
cuando lo hace, lo hace exclusivamente por su gracia.
Muchos preguntarían entonces, si es por gracia, ¿por qué Dios todavía hace al hombre
responsable? Esa es la pregunta que Pablo anticipa y que él mismo responde inspirado
por el Espíritu Santo:
19 Me dirás entonces: ¿Por qué, pues, todavía reprocha Dios? Porque ¿quién
resiste a su voluntad? 20 Al contrario, ¿quién eres tú, oh hombre, que le
contestas a Dios? ¿Dirá acaso el objeto modelado al que lo modela: Por qué me
hiciste así?
Con estas palabras Pablo silencia a sus opositores y deja ver que el hombre, que no ha
creado el mundo, que no ha redimido al mundo y que no entiende los propósitos de
Dios, no está en una posición de cuestionar al Dios soberano del cielo y de la tierra.

Solamente por gracia es una de las grandes doctrinas de la Biblia que necesita ser
proclamada en cada generación tan claramente como sea posible. Si abandonamos
esta doctrina convertimos al hombre en merecedor, lo cual es contrario a la revelación
bíblica. Debemos sentirnos altamente agradecidos de nuestro Dios que en su gracia
suplió un Redentor para nosotros, y por su sangre nos dio vida cuando estábamos
muertos en delitos y pecados.

SOLUS CHRISTUS
“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan
14:6
Hemos llegado a la cuarta Sola, una enseñanza que, al igual que las demás Solas,
forma parte de la columna vertebral de la fe cristiana: Solo en Cristo hay salvación.
La palabra de Dios lo dice de esta manera: “Este Jesús es la PIEDRA DESECHADA
por vosotros LOS CONSTRUCTORES, pero QUE HA VENIDO A SER LA PIEDRA
ANGULAR. 12 Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el
cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos”(Hch 4:11-12).

Esta verdad es consistente con las palabras de Juan 14 con que iniciamos este artículo,
y que forman parte de una larga conversación que los discípulos tuvieron con el Señor
la noche antes de la crucifixión. Ese último momento debió de haber sido una noche
pesada y llena de confusión. La confusión entre ellos es reflejada por la pregunta de
Tomás en el v. 5: Señor, si no sabemos adonde vas, ¿cómo vamos a conocer el
camino?, a lo que Jesús responde con su afirmación de que Él es el camino, la verdad
y la vida. Él llevó a Tomás a hacer la pregunta que produjo esta respuesta que Tomás y
los demás necesitaban conocer. Ahora bien, ¿qué nos estaba enseñando Jesús con
estas palabras? Veamos cada una de estas afirmaciones, y cómo se relacionan a
Solus Christus.

Yo soy el camino
Antes de la caída, Adán tenía acceso a la presencia de Dios; pero al pecar se desvió, y
él y nosotros, sus descendientes, perdimos el camino de regreso. Aunque Adán
conocía dónde estaba Dios, él perdió el "mapa" para regresar. En el proceso, Satanás
vino y cambió todos los letreros de las carreteras y colocó múltiples nuevos letreros que
dicen: "Moralidad", "Filosofía", “Superación personal”, “El poder de tu mente”, "Tu mejor
esfuerzo", y a todos les colocó debajo el sub-título “Hacia Dios”. Pero ninguno de ellos
podía llevar a Dios. Lo único que puede ayudarnos es una persona que haya venido de
allá, que conozca el camino y nos lleve hasta allá; y esa persona es Jesús (Jn. 3:13 ).
Las demás religiones te ofrecen sabiduría humana envuelta en un lenguaje místico, que
le es atractivo al hombre en su condición caída. Jesús nos ofrece una relación personal
a través de la cual vamos siendo transformados a su imagen.

Se cuenta que en una ocasión un viajero contrató un guía para que lo condujera a
través de un área desierta. Cuando llegaron al comienzo del desierto, el viajero vio que
toda la arena lucía igual, y que no habían huellas por ningún lugar. El viajero preguntó:
"¿Dónde está el camino para transitar por el desierto?", a lo que el guía le respondió:
Yo soy el camino. Así ocurre con Jesús[1].

Yo soy la verdad

Todos los demás caminos prometen llevar al hombre a Dios, pero le mienten y le
engañan. Cuando Adán calló, él cayó, porque creyó una mentira; y desde entonces él
perdió su habilidad de diferenciar la verdad de la mentira. Esta es la razón por la que
los descendientes de Adán hemos creído tantos engaños. Por tanto, el Cristo decir la
verdad no iba a ser suficiente, porque nosotros no sabríamos cómo diferenciarla de la
mentira. De ahí que Cristo no vino solo a decir la verdad, sino a encarnarla, para que
nosotros que no sabemos discernir la verdad del error, podamos encontrarla en su
persona.
Yo soy la vida

Al Adán caer, las consecuencias de su caída fueron devastadoras, hasta el punto que la
Biblia nos informa que quedamos muertos en delitos y pecados; lo cual nos
imposibilitaba el regresar a casa. Eso hizo necesario que Cristo viniera y se identificara
como la vida en quien nosotros podemos resucitar.
Cuando Dios creó a Adán y a Eva, en medio del huerto había un árbol del cual ellos no
podían comer. ¿Recuerdan el nombre del árbol? “El árbol de la vida y el árbol del
conocimiento del bien y el mal”, (Gn.2:17). El primer Adán perdió la vida al
desobedecer; ahora en el segundo Adán el hombre recobra la vida. Es increíble cómo
en el huerto del Edén Dios le prohíbe a Adán y a Eva comer del árbol de la vida, pero
ellos decidieron comer. Sin embargo, en el NT, Cristo se ofrece como el pan de vida,
como el árbol de la vida del cual todos podemos comer, pero el hombre no quiere
comer de Él.

Pudiéramos resumir lo que hemos dicho hasta ahora de esta manera:

Cristo es el camino que hay que seguir.


Él es la verdad encarnada que tenemos que creer.
Él es la vida que tenemos que vivir.

El único camino, pero no el más transitado

Si bien Jesús es el único camino al Padre, Él no es la vía más transitada. Hay tres
caminos que el hombre regularmente ha decidido seguir[2]:

El primero es el camino de la naturaleza. Aquellos que dicen: "yo adoro a Dios en la


naturaleza", "yo adoro a Dios jugando golf". Y no dudamos que adoren a dios, excepto
que el dios que esos adoran no se llama Jehová o Cristo, sino que adoran al dios
naturaleza, o al dios golf, o al dios YO. Y eso es idolatría; una abominación a los ojos
del Dios verdadero.

El camino de la moralidad. Muchos piensan que si vivimos una vida buena, eso nos
ganará el cielo. ¡Y es cierto! El problema es que no ha habido una sola persona, ni la
habrá, que pueda vivir esa vida buena, porque la palabra revela que no hay una sola
persona justa fuera de la persona de Jesús. Pablo lo expresa de esta manera: “como
está escrito:NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; 11 NO HAY QUIEN ENTIENDA, NO HAY
QUIEN BUSQUE A DIOS; 12 TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON
INUTILES; NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO” (Ro.
3:10-12).

De manera que aquellos que están confiando en su moralismo entran a la condenación


creyendo todo el tiempo que serían salvos. Su “buena vida” los hizo perder. Hay una
sola cosa peor que estar perdido sin Dios y es estar perdido y creer estar en el camino
correcto.

El camino de la religión. Este es el tercero de los caminos del hombre, donde están
los que dicen: si voy el domingo, doy mi diezmo, y participo en algunas de las
actividades de la iglesia, tengo el cielo garantizado. Estos mueren y entran a una
eternidad de condenación siendo súper religiosos, pero no convertidos, ni
transformados. No importa si el camino es el del Hinduismo, que afirma que al final de
mis reencarnaciones me uniré a Brahma; o si sigo los ocho pasos del Budismo,
tratando de deshacerme de mis deseos egoístas; o si sigo el camino de la obediencia a
Alá… al final todos estos nos dejan perdidos en el desierto, y al morir termino en la
condenación eterna.

Cuando la verdad se encarnó en la persona de Jesús, todo sistema religioso,


incluyendo el judaísmo, quedó reemplazado.

Mientras que Confucio dijo: Yo nunca dije que era santo.


Jesús preguntó: ¿Quién me acusa de pecado? (Jn. 8:46 ) ¿Y la respuesta fue? Nadie.

Mientras que Mahoma dijo: Si Dios no tiene misericordia de mí, no tengo esperanza.
Cristo dijo: El que obedece al Hijo tiene vida eterna (Jn. 3:36 ).

Mientras que Buda dijo: soy alguien en búsqueda de la verdad.


Cristo dijo: Yo soy la verdad (Jn. 14:6 )

Confucio enseñó por unos veintidós años. Mahoma por un tiempo similar. Buda enseñó
unos veinticinco años. Entre los tres enseñaron casi setenta años. Jesús enseñó sólo
por tres años, pero ningún otro personaje de la historia ha impactado el curso de la
civilización como lo hizo este hombre en tres años de enseñanza y dos mil años de
impacto. Confucio murió divorciado; Mahoma tuvo 11 esposas y muchas concubinas, a
pesar de que el Corán solo permite 4; Buda abandonó a su esposa y a su hijo. Sin
embargo, Cristo murió sin pecado.

Jesús fue enterrado un viernes y resucitó el domingo, cumpliendo su propia profecía,


algo que ningún otro ha podido hacer. Cristo no solo dijo ser el camino, la verdad y la
vida, sino que también dijo “…Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí,
aunque muera, vivirá” (Jn. 11:25 ). Y porque Él vive, yo también viviré.
SOLI DEO GLORIA
"Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para
siempre. Amén", Romanos 11:36
Hemos llegado a la última de las Solas, Soli Deo Gloria: para la gloria de Dios
solamente. La idea detrás de este principio es doble: en primer lugar, esta enseñanza
nos deja ver que la razón por la cual Dios hace todas las cosas es para su propia gloria.
En segundo lugar, esta Sola nos enseña que nosotros deberíamos hacer todas las
cosas para la Gloria de Dios.

El texto con el que iniciamos esta entrada lo resume bastante bien. Como otros han
observado, las frases “de Él”, “por Él” y “para Él” encierran todo el contenido de este
capítulo 11 de la epístola a los Romanos. Si alguien quiere una respuesta corta de por
qué las cosas tienen que ser para la gloria de Dios, la razón es muy sencilla, y está
resumida en tres proposiciones de este solo versículo: de, por y para. Tomemos la
primera frase:
“De Él”: Todo es de Él porque Él es el propietario de todas las cosas. David reconoció
esa gran verdad en el Salmo 24:1, “Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella; el
mundo y los que en él habitan”. Además, todo es de Él porque de Él provienen todas
las cosas. Hasta la lluvia y el sol que el impío recibe, la recibe por la gracia de Dios.
"¿Qué tienes que no recibiste?", pregunta el apóstol Pablo en 1 Corintios 4:7 .
“Por Él”: Todo ha sido hecho por Él y todo es sustentado por Él. Juan 1:3 , Hebreos
1:3 y Colosenses 1:17 respaldan esta idea.
“Para Él”: Colosenses 1:16 dice que el Padre hizo todo para el Hijo, y por otro lado 1
Corintios 15:28 dice que cuando el Hijo termine de hacerlo todo, Él le devolverá todo al
Padre para que “Dios sea todo en todos”.

Cuando Dios demanda su gloria

Cuando Dios demanda que la gloria sea dada solamente a Él, Él no está tratando de
llamar la atención. Dios está satisfecho en su propia perfección, por lo que no necesita
nada. Él no está buscando que lo aplaudan y lo alaben, puesto que después de
nosotros aplaudir a Dios, nos quedamos cortos del tributo que Él se merece. Dios no
tiene necesidad de algo tan imperfecto y tan inferior como la adoración que nosotros
podemos rendirle. Esto no quiere decir que Él no la disfruta sino que no la necesita.
Dios disfruta de nuestra adoración de la misma manera que un padre se complace en
sus hijos cuando estos han asimilado bien sus buenas enseñanzas y las reflejan en sus
vidas. En el caso de Dios, mientras mejor adorador soy, más cerca de la imagen de Su
Hijo estoy. Y mientras más cerca de esa imagen me encuentro, mejor reflejo el
propósito para el cual Él me creó. Y mientras más cerca de ese propósito me
encuentro, más plenitud de vida disfruto. Y mientras más plenitud tengo, más gozo
experimento. Y mientras más gozo experimento en Dios, más glorifico su ser. Como
bien dice John Piper, "Dios es más glorificado en nosotros, cuando estamos más
satisfechos en Él".

En más de una ocasión personas me han preguntado que si no es egoísta de parte de


Dios el que todo sea para su gloria. Y nos hacemos esa pregunta por una razón muy
sencilla: nosotros pensamos que Dios es como nosotros (Salmo 50:21). Cuando alguien
hace algo y luego insiste en llevarse todo el crédito, esa actitud nos molesta, porque
entendemos que esa persona está poniendo de manifiesto su orgullo. En realidad
sabemos que él o ella no merece todo el crédito. Pero cuando Dios exige su gloria, El
es merecedor de todo el crédito porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas.
Veamos una ilustración más: Si Dios dijera mañana que Él es el ser más glorioso que
existe, eso no sería orgulloso de su parte, y no lo es porque es cierto; decir lo contrario
sería mentir.

Ahora bien, que Dios exija que las cosas sean hechas para su gloria no significa de
ninguna manera que Dios sea egoísta. ¿Cómo lo sabemos? Contestemos esa pregunta
con otra pregunta: ¿cómo saben los hijos que un buen padre no es egoísta cuando le
piden que le respeten y le honren? Lo saben porque los padres se pasan la vida
trabajando para ellos, y se pasan la vida proveyendo para ellos. Pero supongamos que
un hijo estuviese padeciendo de una enfermedad mortal, y que para que él poder vivir,
el padre tuviera que dar su sangre y morir, a lo que él accede. ¿Podría ese hijo acusar
a su padre de haber sido egoísta? ¡Claro que no! Eso y más, es lo que Dios ha hecho:
 Nos ha dado la vida.
 Sostiene nuestra vida.
 Nos ha dado los dones y talentos que usamos en esta vida.
 Ha provisto las oportunidades de la vida.
 Y como si eso no hubiese sido suficiente, Dios se dio a sí mismo cuando fuimos
afectados por una enfermedad mortal, de la cual sólo podíamos salir si Él moría
por nosotros, y Él lo hizo en la persona de su Hijo. Su muerte por nuestra vida.

¿Todavía tienes duda de si Dios es egoísta cuando exige que toda la gloria sea para
Él?

Para Su gloria, por nuestro bien.

Necesitamos entender que al Dios actuar para su propia gloria, los únicos beneficiados
somos nosotros. Cuando Dios despliega su poder, nada es agregado a su ser, pero
nosotros sí nos favorecemos de su poder, porque es su diestra la que nos ha sostenido.
Igual sucede cuando Dios despliega su sabiduría; Él no se hace más sabio. O cuando
nos da su gracia, Él no sufre ningún cambio ni para bien, ni para mal… Él es Dios. Esto
merece que lo digamos otra vez: cuando Dios se glorifica a sí mismo, exhibiendo sus
atributos, los beneficiados somos nosotros, sus criaturas.
Juan 17:1 dice: “Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre,
la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti”.
CuandoDios glorificó al Hijo, lo hizo en la cruz, y nosotros resultamos ser los principales
beneficiarios de su muerte. En la cruz, el Padre mostró el amor y la gracia del Hijo hacia
los pecadores. Cuando el Hijo glorificó al Padre, lo hizo en la cruz, cumpliendo la obra
que le había dado y satisfaciendo su justicia. Y de nuevo, nosotros fuimos los
beneficiados al no tener que ir a la condenación eterna.

Entonces, ¿cómo glorificamos a Dios?

Dijimos que cuando Dios muestra sus atributos, Él se está glorificando a sí mismo. La
pregunta sería, ¿de qué manera podemos nosotros glorificar a Dios? La Biblia dice en 1
Corintios 10:31 , “Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier
otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Hay muchas cosas en la vida del
creyente que él no hace para la gloria de Dios. De hecho, con toda probabilidad, la
mayoría de los creyentes no hacen la mayoría de las cosas de su vida para la gloria de
Dios. Ganamos dinero no pensando cómo esto glorificaría a Dios, y gastamos dinero
sin pensar cómo este gasto glorificaría a Dios. Más bien tendemos a pensar cómo va a
satisfacer un deseo de mi carne. Nosotros somos seres egoístas aun a la hora de dar.
Cuando damos a otros, damos y luego queremos que el otro nos lo agradezca, cuando
en realidad si lo hubiésemos dado para la gloria de Dios, ni nos preguntaríamos si el
otro lo agradeció o no, porque no lo dimos para eso en el primer lugar.

Entonces, ¿cómo le glorificamos? Podemos glorificar a Dios en adoración, cuando


cantamos acerca de sus atributos. Podemos hacerlo en oración, cuando nos
centramos en reconocer quién Él es, y reconocemos que Él es capaz de suplirnos, aun
cuando no se lo pedimos, manifestando que es fiel y digno de confianza. Podemos
glorificar a Dios cuando le amamos por encima de todas las cosas, porque con eso
mostramos que Dios vale más que cualquier otra cosa en la vida, y que nadie puede
competir con Él.

Ser agradecidos es otra forma en la que le damos gloria a Dios, porque ponemos de
manifiesto que Dios no necesita tenernos en la abundancia para sentirnos satisfechos.
En la escasez muchas veces Dios nos da más de Él, mostrando su suficiencia.

Una forma más de glorificarlo es cuando evitamos el pecado, reflejando su santidad


en nosotros. Pero cuando yo evito el pecado, Dios no se beneficia en nada; el
beneficiado soy yo. Cuando evito la avaricia, me beneficio porque no termino
esclavizado por el afán de hacer dinero. Cuando el dinero está en primer lugar, el
dinero me esclaviza. Cuando el trabajo está en primer lugar, el trabajo me esclaviza.
Cuando mis deseos sensuales están en primer lugar, la lujuria me esclaviza. Dios es el
único ser que demanda estar en primer lugar sin esclavizarme; de hecho solo cuando lo
tengo en primer lugar es que soy verdaderamente libre.

También podemos glorificarle al ser altamente productivos. Ya Cristo lo dijo: “en esto
es glorificado mi Padre en que llevéis mucho fruto” (Jn. 15:8 ). Filipenses 1:11 nos
llama a estar “llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la
gloria y alabanza de Dios”. En este sentido, podemos glorificar a Dios usando
nuestros dones y talentos de una manera que otros puedan entender que lo que hago
con excelencia, lo hago porque Dios lo ha hecho posible.

Por último, podemos glorificar a Dios como lo hicieron los mártires. Ellos defendieron
Su verdad y murieron por Su causa. Sufrir por Su causa y darle gracias a Dios en medio
del dolor son maneras extraordinarias de glorificar su nombre. Cristo lo hizo, Pablo lo
hizo, los reformadores lo hicieron. Juan 9 nos habla de una persona que nació ciega y
estuvo ciega por años para que la gloria de Dios se manifestara en él. Cristo no vino
con la intención de pasar por esta tierra con la menor cantidad de dolor posible. Cristo
vino a desplegar la gloria de Dios sobre la tierra, independientemente de cuánto eso
costara. Y al final le costó la vida.

Ahora, si no quieres glorificar a Dios de la manera que hemos venido describiendo,


jamás podrás disfrutar de Dios de este lado de la gloria. ¿Por qué tiene que ser así?
Por algo que el Catecismo de Westminster dice en su primera pregunta: "¿Cuál es el
propósito número uno del hombre?" Respuesta: “Glorificar a Dios y gozar de Él para
siempre”. Esas dos afirmaciones van de la mano: mi gozo depende de que yo le
glorifique. Esto es importante: si no puedes gozarte en Dios y disfrutar de Él ahora, es
porque la vida que estás llevando no le está glorificando. Es imposible vivir glorificando
a Dios y no vivir en gozo. El gozo es el resultado natural de vivir una vida de plenitud en
Dios glorificándole en lo que hago y en lo que dejo de hacer.

Con esta entrega finalizamos nuestras publicaciones acerca de las Cinco Solas de la
Reforma. Estos cinco principios no constituyen toda la teología que el movimiento de La
Reforma abrazó, pero sí resumen la columna vertebral de dicha teología. Las
implicaciones de estas Solas van mucho más allá de lo que pudimos expresar en estas
breves reseñas. Creo que si lo analizamos, bien todas las desviaciones doctrinales que
hemos visto a lo largo de los años de una u otra manera están relacionadas a alguna
mala interpretación a mala aplicación de uno de estos cinco principios. Eso nos da una
idea de cuan importante es el poder entender y aplicar estas enseñanzas con
precisión.

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