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Escritura en la Investigación Académica

Este documento discute la escritura en la investigación. Explica que la escritura es una herramienta que permite registrar y comunicar información, dar forma al pensamiento, y volver sobre las ideas analizadas. También describe que la escritura ocurre antes, durante y después de una investigación, ya que incluso el proceso de planificación implica escritura. Finalmente, detalla algunas razones por las que la escritura puede ser difícil, como la necesidad de descentrarse y expresar las ideas de una manera comprensible para los lectores.

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Escritura en la Investigación Académica

Este documento discute la escritura en la investigación. Explica que la escritura es una herramienta que permite registrar y comunicar información, dar forma al pensamiento, y volver sobre las ideas analizadas. También describe que la escritura ocurre antes, durante y después de una investigación, ya que incluso el proceso de planificación implica escritura. Finalmente, detalla algunas razones por las que la escritura puede ser difícil, como la necesidad de descentrarse y expresar las ideas de una manera comprensible para los lectores.

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LA ESCRITURA EN LA INVESTIGACIÓN

Dra. Paula CARLINO


Doctora en Psicología de la Educación
Investigadora del CONICET en el Instituto de Lingüística
de la Universidad de Buenos Aires

A continuación adjuntamos fragmentos del texto mencionado, haciendo la salvedad


que si bien la autora se refiere a la escritura en la investigación , el texto incluye
aspectos y pautas sobre la escritura que pueden ser aplicados en distintos momentos
de la actividad docente, y de la escritura en general (presentación de documentos
escritos) por lo que consideramos de suma importancia su lectura.

Conferencia pronunciada el 12 de Noviembre de 2005 en el ámbito


DEL SEMINARIO PERMANENTE DE INVESTIGACIÓN de la Maestría en
Educación de la U de SA.

DOCUMENTO DE TRABAJO N ° 19 . Marzo de 2006

SERIE “DOCUMENTOS DE TRABAJO”


ESCUELA DE EDUCACIÓN
Universidad de San Andrés.

Directora de la Serie: Dra. Catalina Wainerman


Responsables de edición: Lic. Annie Mulcahy
Lic. Marina Larrondo

Para obtener ejemplares de la Serie dirigirse a:


Universidad de San Andrés
Vito Dumas 284
(B 1644BID), Victoria, Pcia. De Buenos Aires ISBN 987-98824-0 -7

Hecho el depósito que dispone la Ley 11.723


Impreso en Argentina - Printed in Argentina
Primera edición: Marzo de 2006

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¿QUÉ ES LA ESCRITURA?

Hay que entender la escritura como una tecnología, como una


herramienta: es un instrumento que sirve a la humanidad para resolver
problemas. La escritura ayuda a resolver problemas:
En primer lugar, permite registrar información y darle permanencia en
el tiempo. La escritura extiende la memoria humana, “amplía” la
capacidad del cerebro (reservorio corporal de la memoria). Y esto ocurre a
nivel de cada individuo alfabetizado y también para la humanidad, cuya
memoria colectiva abarca el conjunto de bibliotecas y archivos del mundo.

Por otra parte, la escritura -en cuanto medio de comunicación -posibilita


contactarse con otros que no están físicamente presentes, extiende los límites
espaciales de la comunicación. La escritura achica las distancias físicas.
En tercer lugar, sirve para representar información, es decir, para configurar ideas:
al escribir, se trabaja sobre el pensamiento, se le da una forma entre otras
posibles; la reflexión surgida a través de la escritura es diferente de la reflexión no
escrita. La escritura da forma a las ideas pero no como un molde externo al
contenido: al escribir se crean contenidos no existentes. Por ello, escribir es uno de
los mejores métodos para pensar. (Lo que estoy planteando se diferencia del
sentido común, para el cual escribir es lo que se hace después de pensar). Y una
de las razones por las que se piensa distinto cuando se escribe es que la escritura
permite tener de frente lo pensado, mantenerlo y volver a examinarlo.
Entonces, la escritura no es una herramienta que en todos los casos sirve
para lo mismo sino que su utilidad o función depende del uso que se haga de ella.

Si consideramos el escribir a la luz de las funciones que cumple ,los


problemas a los que permite hacer frente y las posibilidades que abre, es posible
entender la escritura como un instrumento semiótico que cambia las condiciones
de trabajo de la mente. Sin la escritura y las distintas prácticas que posibilita,
individual o colectivamente, la humanidad y las personas no funcionan de la
misma manera (Alcorta, 1997; Vigotsky, 1993; Wertsch, 2000).

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Cuando se escribe, el lector (que va a leer en un tiempo y probablemente en
un espacio distinto al del autor) no comparte las coordenadas contextuales del
enunciador; por lo tanto, la escritura genera una distancia y requiere que se
utilicen formas lingüísticas diferentes a la oralidad. La otra distancia es que la
escritura permite que se comuniquen personas que no están físicamente
presentes, ya sea en el espacio o en el tiempo. La escritura
también plantea una distancia entre el conocedor y lo conocido, entre el que
piensa y lo pensado. Sin escritura, yo y mi pensamiento estamos unidos, con la
escritura empiezo a poder tener mi pensamiento fuera de mí. La escritura
establece también una distancia entre la interpretación de un dato y el dato mismo;
esto se debe a que la escritura como tecnología crea un objeto material de lo que
inicialmente es pensamiento inmaterial, un producto de lo que antes era un
proceso de ideación: convierte en objeto lo que es sujeto y transforma en producto
lo que es proceso. La escritura permite que lo pensado se ponga afuera, que se
exteriorice. Asimismo, el pensamiento no escrito se va con el tiempo, en cambio la
escritura como objeto material, externo, lo tengo ahora y lo tengo después y lo
puedo revisar. Ése es un punto clave: la escritura permite volver sobre lo pensado
tantas veces como sea necesario. El lenguaje oral es evanescente, efímero, la
escritura es estable y permanece.

¿ CUÁNDO SE ESCRIBE EN UNA INVESTIGACIÓN ?

Mi respuesta es: antes, durante y después. Pero “antes” y “después” los


pongo entre comillas, porque no es realmente antes de investigar que se escribe
sino que al haberme puesto a escribir sobre la investigación, ya he comenzado a
investigar; lo que aparenta ser “antes” es “durante”, porque empieza a formar parte
de la investigación (por ejemplo, elaborar un proyecto de tesis). Y escribir
“después” de haber indagado en el campo no es realmente “después” porque esa
escritura también conforma la investigación. Por ejemplo, al planificar una
investigación, empiezo a leer bibliografía y, para que lo leído no se me olvide y me

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sea útil, tengo que dejar una marca en el texto, tengo que tomar posesión de éste
con un subrayado. También uno escribe durante la investigación: anota ideas
sueltas, cuestiones que se le fueron ocurriendo, reflexiones surgidas de la lectura,
“iluminaciones” varias; si no las escribiera, la volatilidad del pensamiento las haría
irrecuperables. Se escribe para preservar lo pensado.
La escritura que uno produce, la que no es para publicar, se llama memo. “Los
memos hacen a las ideas lo que las notas de campo y las transcripciones hacen a la
percepción” (p. 12): las retienen en el tiempo y evitan que se evaporen;
convierten el pensamiento en algo que puede examinarse, ponerse en relación
con otros pensamientos, analizarse… gracias a que ese pensamiento ha quedado
atrapado en la escritura. Y entonces pasamos al eje de análisis siguiente, relativo a
las funciones que cumple el escribir cuando se investiga.

¿ PARA QUÉ SE ESCRIBE EN UNA INVESTIGACIÓN ?

La función más conocida de la escritura es la función comunicativa: se


escribe para comunicar a otros algo que inicialmente es de uno; esto en la
investigación tiene que ver con publicar, difundir. Pero en la investigación
también hay una escritura privada, y ella ocurre cuando el investigador
escribe para sí mismo.

En la escritura privada se descubren ideas, se explora qué se puede y


quiere decir sobre un tema, etc. Esta fase recurrente de la escritura pertenece
al contexto de descubrimiento, a cómo se llega a lo que finalmente se afirma en la
interpretación de los datos de un estudio. Tiene que ver con los senderos
personales del descubrimiento. A diferencia de la escritura pública (lo que leemos
cuando se publica una tesis o un paper), la escritura privada funciona como los
peldaños de una escalera caracol: avanza lenta y espiraladamente. Entonces,
en el contexto de descubrimiento hay decenas de papeles, anotaciones, papelitos
recuerda memoria, notas, fichas, archivos iniciados y abandonados por otros, etc.
En este contexto, el investigador escribe para sí mismo, para ordenar su

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pensamiento, para explorar, aclararse y desarrollar ideas, descubrir relaciones,
lagunas, contradicciones; ésta es la escritura privada.

¿ POR QUÉ CUESTA ESCRIBIR?


Pasaré revista a varias razones que explicarían por qué suele costar
escribir en la investigación. Cuando conversamos interaccionamos, es decir,
producimos en respuesta a lo que otro nos pide: tenemos un estímulo externo que
nos orienta acerca de qué es lo que hemos de decir. En cambio, cuando
producimos oralidad secundaria, como la de esta conferencia, sin que nadie nos
pregunte nada, es necesario armar un texto autónomamente. Lo mismo ocurre al
escribir en la investigación. Ésa es una de las razones por las que cuesta: porque
todo depende del autor.
Por otro lado, escribir significa reorganizar lo que uno ya sabe para
adecuarlo a la audiencia. Les voy a dar un ejemplo de lo contrario: ¿han notado
que en los exámenes universitarios, ante una pregunta que formula la cátedra, el
alumno pone todo lo que sabe pero escasamente lo relaciona con lo que el
docente pregunta? Justamente escribe así porque no ha hecho este proceso de
reorganizar lo que estudió en función de la consigna precisa del examen.
Escribir implica relacionar, jerarquizar, estructurar el caos del pensamiento
primario.
Otro motivo por el que escribir resulta difícil es que hacerlo requiere
descentrarse. Analicemos esto que planteo: por ejemplo, en una situación de
examen en la cual el docente corrige algo y luego viene el alumno y le dice: “pero
lo que yo quise decir es otra cosa”. La realidad es que el texto no lo dice, eso que
el quería decir está en su cabeza, dentro de él. Alguien de afuera entiende otra
cosa. Entonces, expresar algo de forma comprensible para un lector exige que
quien escribe se salga de sí mismo y se ponga en el lugar del lector. Escribir exige
ubicarse en el papel del receptor para poder prever qué es lo que éste necesita
leer, de modo que entienda aquello que el autor desea transmitir.
Una causa adicional por la que cuesta escribir es porque a veces no
tenemos del todo claro cuáles son las características del género en el que vamos
a escribir. Es decir, no sabemos cuáles son las expectativas de los lectores,
cuáles son las convenciones esperadas, pensamos que la escritura es una
herramienta “polirrubro” y no es así, hay especificidades de cada género. Al
desconocerlas, sumamos otra desorientación a la ardua tarea de escribir.
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Otra razón que explicaría las dificultades para escribir en la academia ha
sido estudiada por un psicoanalista inglés en un trabajo sobre la “angustia
de publicación” (Britton, 1994). A veces, mientras escribimos, nos anticipamos al
juicio del otro, porque lo tenemos internalizado y nos imaginamos que va a criticar
lo que hemos escrito. Por ejemplo, una colega que defendió hace poco su tesis de
maestría me contó que ahora le cuesta mucho armar un artículo para publicar con
los resultados de su tesis porque piensa que lo que tiene para decir ya está dicho
y teme el juicio negativo de sus colegas y sus maestros: qué van a pensar de ella
cuando lean lo que escriba. Es decir, escribir cuesta en este caso porque al
escribir públicamente nos exponemos, y esto incide en la imagen que uno tiene de
sí mismo y en su autoestima.
Y sigo sumando razones de la dificultad de escribir. No sé si conocen el
dicho latino: Verba volant, scripta manent (“a las palabras se las lleva el viento,
pero lo escrito permanece”). En la escritura no se puede decir “no quise decir eso”
porque eso está ahí, escrito. La escritura nos expone y entonces nos compromete
más.
Por otra parte, escribir cuesta porque implica al menos dos renuncias: 1)
renunciar a la fantasía de poder decir todo lo que uno sabe; 2) renunciar, cuando
uno ya escribió, a parte de eso que ha escrito. En este caso, es preciso podar lo
escrito para darle fuerza, como a las plantas; si no se lo hace, las ideas principales
se pierden. Entonces, esto implica un duelo por tener que abandonar buena parte
del texto que trabajosamente se ha construido pero que no resulta funcional.
Una razón adicional para explicar por qué cuesta escribir públicamente en
la investigación estriba en que hacerlo exige precisamente convertir en público lo
que tiene un origen privado. Flower (1979) lo expresa en términos de saber pasar
de la “prosa basada en el autor” a la “prosa considerada con el lector”. Esta
investigadora de los procesos de escritura distingue los rasgos de cada una de
estas prosas. La prosa del autor muestra “el camino asociativo de la confrontación
del sujeto con su tema”. En la prosa destinada a una audiencia, “hay un intento
deliberado para comunicar algo al lector”, lo cual lleva a “crear un lenguaje y un
contexto compartidos” entre ambos. Es decir, la prosa basada en el autor “refleja
su proceso de pensamiento”; en cambio, la prosa pública “refleja su propósito”
(Flower, 1999; p. 269). Flower muestra cómo muchos de los que escriben no
logran transformar la primera en la segunda y entonces hacen públicos textos
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inmaduros, que resultan sumamente inefectivos. La escritura que no ha sido
reconvertida intencionalmente en pública está destinada a hacer agua; encarar la
tarea en un solo tiempo resulta igual que “pretender decir cómo es el territorio
mientras se lo recorre” (Chester, en Hjortshoj, 2001). En este sentido, escribir para
dar a leer a otro es sin duda más difícil que escribir para uno mismo.

¿CÓMO PUEDEN AFRONTARSE LAS DIFICULTADES PARA ESCRIBIR ?

Ahora viene el “manual de autoayuda”. Aunque afrontar las dificultades


examinadas no sea sencillo, sí es posible expresar en forma sencilla qué se puede
intentar hacer.
En primer lugar, es preciso subdividir la tarea, no pretender escribir privada y
públicamente a la vez: realicen primero mucha escritura privada (acostúmbrense a
subir sin marearse por una larga escalera caracol) y dejen la escritura pública
para después. Pero no se olviden, luego, que lo escrito ha de reescribirse teniendo
presente al lector. Calculen los tiempos, porque esta reescritura es casi tan
prolongada como la escalera que han debido recorren previamente.
En segundo lugar, gracias a que escribir en el mundo académico es una
tarea que requiere muchas subtareas (por ejemplo, leer tomando nota, redactar
ideas complejas, realizar trabajo obsesivo para emprolijar las referencias
bibliográficas, etc.), cuando una de estas subtareas los tenga paralizados, es
conveniente variar la subtarea. Por ejemplo, si yo tengo que escribir mi marco
teórico y “no doy pie con bola”, por ejemplo, no se me ocurre cómo agrupar las
distintas corrientes, debo cambiar de tarea y empezar a teclear las referencias
bibliográficas, lo cual consiste en un trabajo más mecánico pero que lleva su
tiempo.
En tercer lugar, también se puede hacer lo contrario de lo que acabo de
señalar, y eso también ayuda. Es decir, a veces, conviene sostener la tarea, no
cambiarla. De la persistencia en el trabajo es de donde surgen las ideas; entonces
cuando cuesta enfrentar la página en blanco, es aconsejable escribir sin control:
sin censurar lo que uno escribe. Aflojarse sabiendo que eso que surja será
“escritura privada” , a la que ya habrá tiempo para convertir en pública. Entonces, a
dejar fluir ideas, sueltas, sin lógica aparente. Si no sale nada, el último recurso es
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escribir acerca de por qué cuesta escribir, escribir sobre los sentimientos que
escribir despierta, escribir imaginando por qué uno está paralizado. Es decir,
conviene no dejar de escribir. Cuanto más tiempo dejo de escribir, más me cuesta
luego retomar. Hay períodos en que un tesista se aleja de su tesis. Esto es malo.
Luego lleva mucho esfuerzo reconectarse. Entonces, a escribir aunque sea diez
minutos todos los días (sobre sentimientos, sobre ideas sueltas, sobre lo que sea,
si no se puede escribir el texto de la tesis) y al final uno se pone en movimiento.
En relación con esto, existe una sentencia clásica para enseñar a escribir, que
aconsejaba: Nulla die sine linea (“No dejes pasar un día sin escribir al menos una
línea”). Monterroso (1991), escritor guatemalteco, escribe una especie de
traducción irónica a modo de juego de palabras que dice: “Nulla die sine linea.
Anula una línea cada día” (p. 134). Aquí él hace como si estuviera traduciendo
(pero en realidad no traduce nada). Sin embargo, su pseudo-traducción, también
podría ser otra de las máximas del buen escritor: “Poda tu texto. Todo lo que has
escrito no debe hacerse público. Una cosa es la escritura que necesitaste para
descubrir lo que querías decir y otra cosa es lo que descubriste. Deja sólo lo
último. Borra tu asociación de ideas. Que nadie se pierda en tu privada escalera
caracol.” Entonces, ambas exhortaciones son pertinentes: no dejes pasar un día
en que no escribas, pero recuerda que no todo lo que escribes debe quedar en tu
texto finalmente.
A veces, la escritura privada puede funcionar como un “diario de tesis”, un
cuaderno de bitácora (el cuaderno que se guardaba en los barcos y en el que se
escribían las incidencias de la navegación). Los diarios de tesis son recursos para
tomar conciencia y elaborar obstáculos, muchos de ellos personales.

Trabajo en el Hospital IEAyC San Juan de Dios, de La Plata. Mi trabajo consiste en la instructoría de la
Residencia de Trabajo Social. Desde lo particular del rol, el trabajo consistiría en crear en conjunto con el
Jefe de Residentes con el que no contamos, un programa docente, planificar actividades a partir de ese
programa y sostener un espacio-tiempo de reflexión sobre la práctica, a partir de material teórico, para volver
a la práctica y poder producir cambios a partir de esa reflexión, como proceso constante.
Lo que hago efectivamente es organizar y acompañar en las actividades asistenciales a la Residencia, y junto
con eso, tomar emergentes de la tarea para trabajarlos en el espacio de instructoria. Esto lo hago en forma
compartida con mis compañeras de planta (somos 5), pero en simultáneo con el trabajo en la sala, con ser
referente de la rotación de las residentes en la sala, participando del Pasaje de Sala y del acompañamiento en
la internación de las personas que se internan en el servicio de Neumonologia; y esto en simultáneo con la
autogestión del Servicio Social, ya que desde hace un año no tiene Jefe, debido a la jubilación de éste.
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También somos Centro de Prácticas Pre-profesionales de la Cátedra Trabajo Social V de la FTS, de la UNLP,
los estudiantes concurren al Servicio una vez por semana, siendo también todo el equipo quienes
acompañamos este proceso de formación.
Los actores que intervienen en este trabajo son residentes de 1er. Y 2do. Año y cinco trabajadoras sociales,
que de manera alternada sostenemos la instructoria.
La Residencia no cuenta con la estructura necesaria para su funcionamiento, no cuenta con Jefe de Residentes
ni con Instructoria. El Servicio sostiene ese rol ad-honorem.
La institución es un Hospital Interzonal Especializado en Agudos Y crónicos, de referencia en Cardiología,
Infectologia y Neumología. Tiene en este momento menos de 100 camas y 600 trabajadores, hasta hace unos
10 años, eran 900 trabajadores, fundamentalmente en la década del 90, se produjo una gran pérdida de
trabajadores sin reposición de cargos; y se cerraron salas de internación, reduciéndose el número de camas.
Concurren pacientes del interior del pais y de países limítrofes.
Respecto de nuestro trabajo es muy demandado en el Hospital la intervención del TS, y nosotras nos
proponemos participar en la mayor cantidad de situaciones posibles por internación o por consulta externa,
como también en los distintos espacios colectivos que funcionan en el Hospital (Comité de Salud y Seguridad
en el Trabajo, Comité de Ética, Comité de Calidad); pero la sobrecarga de trabajo es muy grande y no
logramos cubrir las necesidades de atención que consideramos que se requiere para una atención integral. En
nuestro Servicio hace 10 años eramos 10 personas, hoy somos 5.

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