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Desafíos de la transición energética en México

Este documento analiza los desafíos de la transición energética en México frente al cambio climático. Explica que la transición energética en México se centra principalmente en el sector eléctrico. Algunos de los principales desafíos que México enfrenta son: 1) su economía depende del petróleo y su matriz eléctrica depende del gas importado, 2) carece de un proyecto tecnológico sólido para llevar a cabo la transición, y 3) es difícil que México aporte sol

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Desafíos de la transición energética en México

Este documento analiza los desafíos de la transición energética en México frente al cambio climático. Explica que la transición energética en México se centra principalmente en el sector eléctrico. Algunos de los principales desafíos que México enfrenta son: 1) su economía depende del petróleo y su matriz eléctrica depende del gas importado, 2) carece de un proyecto tecnológico sólido para llevar a cabo la transición, y 3) es difícil que México aporte sol

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Los desafíos de la transición energética en México.

Un análisis de los límites energéticos frente al cambio climático

Andrea Terán Bobadilla


Departamento de Estudios Institucionales
Doctorado en Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Autónoma Metropolitana- Cuajimalpa

Resumen

Dado que la política energética mundial actual está enfocada en la seguridad energética y el
cambio climático, ​se han creado objetivos comunes que incentivan la transición energética
como solución a dichos problemas. Debido a que no existe una matriz energética que sea
universal, cada transición es única de acuerdo a las necesidades de cada país. El presente
trabajo está enfocado en los retos particulares de México sobre estos cambios, enumerando
una serie de desafíos que tiene que hacer frente en la actualidad y a futuro.

Palabras claves

Transición energética, cambio climático, desafíos energéticos.

Introducción

La situación global actual en términos medioambientales y de seguridad energética es


apremiante debido a dos aspectos a destacar, el cambio climático y el agotamiento del modelo
de energías fósiles. Tal situación ha dado como resultado un consenso internacional que
aboga por la transición hacia fuentes de energía renovable, asimilada como el nuevo
catalizador del proceso de modernización según Alain-Marc Rieu. Pensando la transición
energética como un proyecto internacional con objetivos comunes pero retos particulares a
nivel estatal; para el caso concreto de México ¿cómo es que sus modelos institucional y
tecnológico operan de tal forma que le permiten asegurar su transición energética? Frente a
este cuestionamiento México enfrenta una serie de desafíos, que es en lo que se centra el
presente trabajo.
Para comenzar, es necesario destacar que hablar de transición energética en México es hablar
de la transición del sector eléctrico, lo cual marca los límites de los cambios energéticos en el
país. Según Ronaldo Bicalho, que el sector eléctrico esté en el centro de la transición se
debe a las características que posee al ser altamente regulado, controlado y centralizado a
diferencia del sector de transporte, por citar un ejemplo.
En términos institucionales en México, la Ley de Transición Energética de 2015 es el
instrumento formal en el que se establecen los lineamientos actuales a seguir; articula la
estructura de los organismos de gobierno participantes en los cambios que se realizarán en el
sector eléctrico, y de los que se profundizará más adelante. Solo que hace falta precisar que
dicha ley viene a formar parte de las leyes secundarias de la Reforma Energética aprobada en
2013, dentro del paquete de reformas institucionales que impulsó el presidente Enrique Peña
Nieto. Incluso, la Ley de Transición Energética no estaba contemplada, siendo formulada y
enunciada tiempo después aprovechando la realización de la XXI Conferencia de las Partes,
donde fue firmado el Acuerdo de París que reúne esfuerzos sobre la lucha contra el cambio
climático.
Sobre este panorama, hay aspectos a destacar que brindan el contexto en el que se desarrollan
los desafíos energéticos en México y son: económica y políticamente, cualquier cambio en el
sector eléctrico está sujeto a los propósitos que establece la Reforma Energética. Dicha
Reforma es principalmente administrativa, centrada en cambiar la estructura del sector
eléctrico y petrolero dando paso a la agensificación y apertura a la iniciativa privada en áreas
estratégicas. México posee una economía asociada al petróleo, una matriz eléctrica dominada
por el gas en parte importado de Estados Unidos, y la falta de un proyecto tecnológico para
llevar a cabo los cambios pertinentes, sin considerar de fondo un cambio en su matriz
energética de cara al futuro. En consecuencia, el cuestionamiento gira en torno a ¿cuál sería
el aporte de México frente a un problema global de acuerdo a sus características internas?
Resulta difícil contestar esta pregunta ya que la transición energética es un proceso abierto e
indeterminado, por ello es necesario determinar desafíos y límites generales.

Marco general de la transición energética en México

Si se define el concepto de energía como el flujo de extracción, transporte, distribución, venta


y consumo; ésta es una mezcla de diferentes fuentes e industrias, siendo un proceso dentro de
un sistema, ya sea un organismo vivo o una sociedad. Por lo tanto, la energía requiere una
infraestructura técnica compleja dentro de un entorno social y económico. De tal forma que
se puede definir a la transición energética, como el cambio en la infraestructura técnica de las
sociedades industriales avanzadas, ello implica la transformación de los sistemas económicos
y sociales (Rieu, 2014).
Cabría mencionar como la catástrofe en la planta nuclear Fukushima Daiichi en el noroeste
de Japón por un sismo el 11 de marzo de 2011, cambió el imaginario colectivo sobre el uso
de energías convencionales, visibilizando y recordando la vulnerabilidad a la que estamos
expuestos los seres humanos frente a la naturaleza. Este incidente prácticamente obligó a los
Estados y organismos internacionales a reformular la relación entre sociedad y medio
ambiente.
Así, la transición energética se ha asimilado como un proceso que busca transformar un
sistema centralizado y dependiente de energías fósiles, por uno descentralizado, sustentable y
socialmente incluyente. Por lo tanto, ​se busca mejorar el modelo imperante por uno nuevo y
sostenible al largo plazo, pero el cuestionamiento a partir de ello es ¿cómo dotar a las
energías renovables de las ventajas competitivas que poseen las energías fósiles?
La realidad actual es que existen más desafíos que oportunidades frente a la transición
energética. En el área económica, las posibles soluciones envuelven costos más elevados o la
reducción de la funcionalidad del sistema. Este último punto significa un gran reto, el de
proporcionar a las energías renovables de aquellos atributos de las energías fósiles, pero ello
necesita ser construido tecnológico e institucionalmente. Ya que las razones de la transición
energética atiende a dos factores: a) la necesidad de sustituir los recursos fósiles porque éstos
se están agotando y b) el impacto del cambio climático ( Heinberg (2015); Bicalho (2015);
WEO (2016); Villarreal y Tornel (2017)).
Siguiendo la línea de lo anterior, a nivel internacional, la transición hacia fuentes de energía
renovables se erige como la solución a la reducción de las emisiones de gases de efecto
invernadero. Cabe destacar que el G20 es responsable del 60% de la contaminación a nivel
mundial y también del más del 80% de las emisiones de CO​2 (IRENA, 2017). ​Además,
alrededor de dos tercios de los gases de efecto invernadero a nivel mundial provienen del uso
intensivo de la energía fósil, lo cual coloca al sector energético en el centro de los esfuerzos
por combatir el cambio climático; planteándose éste como un problema a dar solución
mediante objetivos globales pero con medias internas al interior de cada país participante1. El

1
“La COP 21 en París adoptó un sistema ​bottom up ​para la definición de metas de reducción de emisiones además de los países del Anexo I.
El sistema tiene como base el principio de responsabilidades comunes, aunque diferenciadas, en que cada país define sus propias metas e
iniciativas de adaptación y mitigación basadas en la composición de su matriz energética y en la disponibilidad de recursos energéticos y
financieros (FGV, 2017, p. 10).”
éxito en la implementación del modelo se relaciona fuertemente con la estabilidad política y
económica, al ambiente institucional y regulatorio del país y a la madurez de su mercado, que
acostumbra ser mayor en los países desarrollados.
América Latina se destaca por poseer los recursos naturales necesarios para la
implementación y desarrollo de distintos tipos de energía, pero no cuenta con un soporte
económico, político y tecnológico para el avance de nuevos modelos energéticos. De tal
forma que en la región latinoamericana, el crecimiento económico y la búsqueda por
estabilidad política presentan un papel de mayor protagonismo sobre cuestiones técnicas y de
dotación de recursos (FGV, 2017, p. 17)​.
De acuerdo a datos del BID, la región ya es la región más verde del mundo en cuanto a
generación de energía: el 60% de su consumo eléctrico proviene de fuentes renovables
(principalmente hidráulicas2), mientras que la media global no supera el 25%. Los países
latinoamericanos que lideran en materia de energías renovables o limpias en su matriz
eléctrica son Brasil, México, Chile y Uruguay. Siendo las energías eólica, solar fotovoltaica
y la biomasa las energías más promisorias, debido a que sus costos de inversión pueden llegar
a ser menores a US$ 2 millones por megavatio instalado (MW), al tiempo que representan
casi el 35% de la capacidad instalada de energías renovables a nivel mundial (KPMG,2016,p.
3-4)”. Es así que, pese a las dificultades legislativas e institucionales para invertir en energías
alternativas a las fósiles, su desarrollo está siento aunque lento, si paulatino. Mientras en
2005, la inversión total en Latinoamérica en proyectos de generación de energías limpias era
de US$ 1.000 millones al año –excluyendo a Brasil-, de 2013 a 2015 se registró un
incremento que alcanzó los US$ 9.300 millones. Aunque los incentivos para la transición han
aumentado, aún son limitados (KPMG, 2016,p. 3; FGV, 2017, p. 57).
México ha participado en los principales foros internacionales sobre transición energética,
firmando el Acuerdo de París de 2015 resultado de la XXI Conferencia de las Partes de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. En este sentido, la
Ley de Transición Energética3 en México es el sustento de las responsabilidades adquiridas.

2
“resulta importante destacar que, para la ONU, la energía generada por este tipo de fuentes es renovable sólo
hasta los 50 MW de potencia. Esta diferenciación se debe a que, si bien la fuente de la energía es renovable, el
costo de instalación de una gran represa, en términos de deforestación, desplazamiento de personas y
comunidades, descomposición de la vegetación (y consiguiente generación de gases de efecto invernadero) y
destrucción de las cuencas representa un aspecto muy cuestionado a nivel ambiental y climático. (KPMG, 2016,
p. 6)”
3
Aprobada por la Cámara de Senadores, el 10 de diciembre de 2015, en el marco de la XXI Conferencia de las Partes en
París.
Pero esta transición energética solo contempla el sector eléctrico, además de que la ley de
Transición Energética es complementaria a la Reforma Energética4 aprobada en 2013. Para
efectos de este trabajo cabe hacer una revisión de los antecedentes institucionales, ya que es
en esta materia donde existen más avances. ​En la presente década en México se han
realizado avances en lo correspondiente a temas medioambientales y energía, entrando en
vigor una serie de leyes, acuerdos, tratados y estrategias que sientan las bases con las cuales
el país realizará su camino hacia la transición, cabe mencionar que estos instrumentos van en
la línea de los designios internacionales frente a la lucha contra cambio climático.
En un periodo de diez años podemos dividir lo que serían tres tentativas formuladas para
llevar a cabo la transición energética en México. La primera, abarca el periodo de 2008 a
2012 con la Ley de Aprovechamiento Sustentable de la Energía que promovía la eficiencia
energética; La Ley de Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la
Transición energética que buscaba el impulso de las energías renovables y la reducción a un
65% del uso de energías fósiles del total de energías utilizadas en México; y la Ley General
de Cambio Climático que sigue operando y complementaria a la LAERFTE, buscaba
incentivar el 35% en uso de energías renovables.
La segunda tentativa, abarca el primer año de entrada en vigor de la Reforma Energética con
la Ley de la Industria Eléctrica en parceria con las 11 leyes secundarias. Hay tres puntos a
destacar, la creación de los certificados de energías limpias5 que incentiva la participación de
las empresas; el proyecto de generación distribuida regulado por la Comisión Federal de
Electricidad sobre la distribución y comercialización de paneles solares a hogares en territorio
mexicano; y por último, y la definición de “energías limpias”6, que desató controversia
debido a los criterios utilizados. La crítica que se puede hacer a los dos primeros intentos es
la falta de metas y rutas claras a seguir en el proceso de transformación del sector, así como
los límites en las definiciones y el planteamiento de los subsidios.

4
Esta reforma forma parte de un paquete de reformas constitucionales promovidas por el actual Presidente de México,
Enrique Peña Nieto. La reforma energética fue la que más debate público suscitó debido a la importancia del sector petrolero
para el país, con la mayor apertura al sector energético para la inversión privada.
5
La Ley de la Industria Eléctrica en su Art. 3, párrafo VIII entiende por Certificado de Energías Limpias al título emitido por
la Comisión Reguladora de Energía que acredita la producción de un monto determinado de energía eléctrica a partir de
fuentes renovables o tecnologías limpias y que sirve para cumplir los requisitos obligatorios asociados al consumo de los
centros de carga.
6
“​La LIE establece que en México se consideran energías limpias a las renovables: solar, eólica, mareomotriz, de biomasa,
geotérmica y de pequeñas hidroeléctricas, junto con la energía nuclear, la generación hidroeléctrica a gran escala, la
generación térmica con procesos de secuestro y captura de carbono y tecnologías de ciclo combinado de alta eficiencia, y las
grandes hidroeléctricas” (Villareal y Tornel, 2017, pág. 6). Pero la tendencia internacional es hacer diferencia entre las
energías renovables, las grandes hidroeléctricas, la energía nuclear y la generación térmica.
Así que, la tercera tentativa ocurre a partir de 2015 con la Ley de Transición energética.
También cabe resaltar que en el marco de la LTE se estableció la Estrategia de Transición
para Promover el uso de tecnologías y combustibles más limpios, este funciona como el
instrumento rector de la política nacional en materia de obligaciones de energías limpias,
aprovechamiento de la energía y mejora de la productividad energética para el mediano y
largo plazo (Villareal y Tornel, 2017). A continuación se muestra un cuadro de las leyes más
significativas a la hora de moldear el proceso de transición energética en México.

LEY VIGOR OBJETIVO SUSTITUYE A:

Tiene como principal objetivo


regular las emisiones para lograr la
estabilización de sus concentraciones
en la atmósfera a un nivel que
impida interferencias peligrosas en el
sistema climático, atribuibles
directas o indirectamente a la
Ley General de Cambio actividad humana. Establece un
Climático 06/06/2012 marco jurídico que regule las
(LGCC) políticas públicas de adaptación al
cambio climático y mitigación de sus
efectos. México se compromete a
reducir sus emisiones en un 30%
para el año 2020 y 50% para 2050; y
se estipula que para 2024 el 35% de
la electricidad del país deberá
provenir de fuentes renovables.

Derivada del paquete de leyes


secundarias resultantes de la reforma
energética, se convirtió en el
instrumento para regular el
funcionamiento del nuevo mercado
Ley de la Industria eléctrico y para promover el Ley General del
Eléctrica 11/08/2014 desarrollo sustentable de la industria Servicio Público de
(LIE) eléctrica. La LIE define los Energía (LGSPE)
conceptos básicos del nuevo sistema
eléctrico nacional. Entre los nuevos
conceptos se incluyó el de energías
limpias.

Ley de Aprovechamiento
de Energías Renovables
y el Financiamiento de la
Inscribe en la política pública Transición Energética
aquellos elementos necesarios para (LAERFTE) cuyo objeto
garantizar una penetración más se centraba solo en la
Ley de la Transición acelerada de las energías limpias en promoción de las
Energética 25/12/2015 la matriz eléctrica mexicana y para energías renovables, y
(LTE) avanzar en las acciones de eficiencia sustituye a la también
energética. Es, sin duda, el extinta Ley de
instrumento principal para el Aprovechamiento Sus-
desarrollo de la transición energética. tentable de la Energía
(LASE), que establecía
los fundamentos de la
eficiencia energética.
Cuadro elaboración propia. Información del artículo ​La transición energética para México: Retos y oportunidades para una
política ambientalmente sustentable y socialmente inclusiva ​de Jorge Villarreal y Carlos Tornel, 2017.

Habiendo dado un marco general sobre los aspectos más destacados de la transición
energética en México cabe dar paso a los desafíos que el país enfrenta en esta materia.

Desafíos energéticos en México

Este apartado es el cuerpo principal del trabajo, se ha decidido nombrar ​desafíos a una serie
de tópicos generales que constituyen una hoja de ruta hacia la transición energética en
México, por lo tanto, dichos desafíos son orientativos y de ninguna forma determinantes, ya
que éstos podrán ir cambiando conforme la transición energética avanza. ​Para fines prácticos,
se enumeraron ocho aseveraciones que abarcan distintos temas que van desde la alineación de
México con las metas globales, el desarrollo interno de la transición tocando aspectos,
económicos, sociales y tecnológicos.

1. ​Una transición hecha a medida pero alineada a las metas globales​​. La cumbre de la
Tierra celebrada en Río de Janeiro en el año de 1992, estableció dos ejes: la implementación
del desarrollo sustentable como un debate sobre desarrollo, y el principio de
“responsabilidades comunes, pero diferenciadas” (Marcondes y Speranza, 2018, Págs.
70,-71). Ahora bien, a más de 25 años de la Cumbre de la Tierra y con el proceso de
transición energética en marcha, cada país precisa delimitar sus propios alcances y límites
energéticos siendo conducidos de forma distinta a través de diferentes tecnologías, escalas y
modelos socio-técnicos, los cuales tienen diversos efectos políticos, sociales, económicos y
ambientales (Villareal y Tornel, 2017, Pág. 1).
Pensando en las necesidades propias de México, en cuestiones de demanda energética el
consumo va en incremento, tan solo en el sector eléctrico en el año de 2016, la demanda
nacional de electricidad llegó a los 300 TWh/año y si se mantiene el crecimiento histórico de
2% anual, es probable que para el 2050 llegue a los 550 TWh/año (Ocampo, 2017). Se hace
referencia a ello, debido al reto que significa para el país la transformación de su matriz
eléctrica tomando en cuenta la característica de la intermitencia de las energías renovables.
En México, la energía eólica puede generar electricidad durante unas 2,500 horas de las 8,760
horas que tiene un año, es decir que durante más de 6,000 horas al año no genera nada. En el
caso de la energía solar es aún menor ya que solo produce 1,000 horas al año de generación
(Ocampo, 2017). El desafío de dotar a las energías renovables con los atributos de las
energías fósiles para incentivar su crecimiento, pero alinearlo a los objetivos internacionales
de la reducción de emisiones contaminantes genera un desafío aún mayor. La coordinación
entre ambos niveles, nacional e internacional, es el punto nodal para resolver o encontrar un
camino viable para el país.

2. ​Una transición energética integral​​. Como se mencionado anteriormente, México tiene


una Ley de Transición Energética, pero en ésta sólo se contempla al sector eléctrico, dejando
de lado sectores como el de transporte en otro tipo de instrumentos institucionales. Si bien,
dicha Ley significa un avance en México en términos medioambientales, el reto consiste en
ampliar la transición a más sectores. Globalmente, la causa principal del incremento en las
emisiones de gases de efecto invernadero son las actividades relacionadas con el sector
energético que representan 26% de las emisiones, seguido del sector industrial con 19%,
forestal con 17%, agrícola con 14%, residencial y comercial con 8% y de manejo de desechos
con 3% (IPCC,2013). Del total del porcentaje de emisiones por parte del sector energético, el
sector de transporte emite más de la mitad, esta tendencia también se cumple en el país,
quedando el sector eléctrico en segundo lugar.
La elección de México de crear legislación sobre el sector eléctrico dejando de lado otros, se
debe a una proclividad internacional de gestionar la transición energética como una transición
en la electricidad (Zaballa et al, 2017; Villareal y Tornel, 2017; Ocampo, 2017), debido a las
ventajas que ello trae consigo frente a otros sectores y es que por naturaleza el sector eléctrico
se encuentra altamente regulado e institucionalizado y resulta más fácil trabajar en dicha
transición que lo que significa hacerlo en transporte. Aunado a ello, geopolíticamente la
dependencia económica al petróleo y las importaciones de gas7 por parte de México no

7
Ver el apartado de México del World Energy Outlook 2016.
facilita una legislación a profundidad sobre energías renovables más allá de la electricidad
por el momento.

3. La diversificación de la matriz energética en el área de electricidad​​. la apuesta


internacional en energía va encaminada al gas, propuesta como energía más limpia que las
convencionales como carbón y petróleo; la mayor generación de energía eléctrica en el país
proviene del gas. La meta para 2040 es hacer crecer la generación de energía eléctrica de
energía renovable de un 18% a un 40% en comparación con el año 2014 y la clave del reto
del nuevo mercado es asegurar suficiente inversión en la nueva capacidad de generación
(WEO, 2016).
En las próximas décadas la agenda en materia de electricidad en México girará entorno a dos
vertientes, la incorporación de vehículos eléctricos al transporte y por la integración de
fuentes renovables a la red eléctrica para cumplir con las metas climáticas. Como se
menciona en el primer desafío con las cifras expuestas, es fundamental determinar el
potencial real de los recursos energéticos disponibles en el país, tanto renovable como fósil
(Ocampo, 2017, Pág. 36). Sin embargo, existe tal entusiasmo por las renovables en torno a su
capacidad para reemplazar a las fuentes fósiles, que se ignoran los riesgos existentes en la
transformación del sector eléctrico, recordemos que si la transición es un proceso abierto e
incierto en gran parte se debe a que las energías renovables aún no cumplen con las
capacidades de las energías fósiles.
Así, el reto para México radica en encontrar un equilibrio entre las fuentes de generación de
energía eléctrica convencionales y la integración de las energías renovables y su capacidad
para suministrar energía de acuerdo a las necesidades de la demanda eléctrica, ya que al ser
de naturaleza intermitente no cubren con tanta soltura como las energías fósiles. Por ejemplo,
las áreas con vocación para la energía eólica o solar no crece, ni es homogénea en todo el
territorio. Por citar un ejemplo, El potencial de la energía eólica se encuentra disperso y las
zonas más productivas tienden a concentrarse puntualmente en Oaxaca, Tamaulipas y
Yucatán, una vez que se ocupen esas zonas el crecimiento de la eólica será marginal
(Ocampo, 2017, Pág. 37). Este carácter disperso de la energía renovable en México, no sólo
dificulta la producción, distribución y almacenamiento, sino que explota las zonas
territoriales donde se lleva a cabo la generación, resulta más complicado elaborar una red
eléctrica que se encuentre repartido a lo largo del país. Además de la corta vida que posee la
infraestructura tecnológica de estas energías como la renovable, solar y eólica, en
comparación con la de las energías fósiles. Pero para este desafío se puede plantear un
cuestionamiento que ayude a estructurar la situación ¿resulta viable diversificar la matriz
eléctrica más allá de la energía eólica y solar? como biomasa, geotérmica, mareomotriz, ello
¿proporcionaría mejoras al sector en términos de transformación o por el contrario haría más
compleja y lenta conclusión de las metas?

4. ​Capacidad tecnológica nacional​​. Es quizá uno de los desafíos con mayor relevancia
debido a la misma ruta incierta de la transición y el apoyo que puede generar crear ventajas
competitivas mediante el desarrollo de la capacidad tecnológica nacional, siempre y cuando
ello sea hecho a medida. Un problema de los países latinoamericanos, es que existe una
tendencia a pensar el desarrollo sostenible como un hecho aislado de los procesos de
desarrollo de la capacidad tecnológica en los países en desarrollo, cubriendo este espacio
mediante la transferencia o importación de tecnologías de empresas extranjeras. Ello se debe
a que la liberalización del comercio y la desregulación de los mercados afectó el
comportamiento tecnológico de las empresas en la región, principalmente por la competencia
en muchos casos desigual en el ámbito tecnológico entre las empresas locales e
internacionales, lo que suele desincentivar la el desarrollo tecnológico nacional. El nuevo
modelo de producción obstaculiza algunas capacidades domésticas y la actualización del
proceso tecnológico se hizo lenta, difícil y fragmentada (Molina-Domene, 2012; Ulrich y
Ockwell, 2016, pág. 618). La realidad es que existe una necesidad de profundizar en los
procesos de desarrollo sostenible y la tecnología, mediada entre la que viene del exterior así
como la necesidad de aprendizaje y desarrollo propio al interior de cada país respecto a sus
necesidades, es decir, existe un problema entre transferencia de tecnología y el equilibrio
entre mercado y desarrollo nacional. La dicotomía radical entre la importación de la
tecnología extranjera y la innovación local, una pregunta clave sería, ¿en qué medida la
inversión extranjera a aumentado las capacidades locales en los países en desarrollo?
Entendida la capacidad tecnológica nacional, como la colección de esfuerzos y estrategias
individuales específicas de las empresas para elegir, instalar, operar, mantener, comprender,
adaptar, mejorar y desarrollar tecnologías. Este aspecto de la innovación y el desarrollo
tecnológico es central ya que está ligado a la economía del país como la producción,
crecimiento y desarrollo micro y macroeconómico. (Ulrich y Ockwell, 2016, pág. 618;
Sobanke et al, 2014).
México necesita incentivar el desarrollo de la capacidad tecnológica para disminuir la
dependencia en la transferencia de tecnología, además de que incentiva el desarrollo interno
del país y crea un modelo a medida ya que se desconoce el potencial real de las energías
renovables, esto va relacionado con el siguiente apartado sobre garantizar el abastecimiento
de energía eléctrica. Las razones de esta premisa están enfocadas directamente al crecimiento
de la productividad y la facilitación de la innovación interna.
Sin embargo, la actual legislación mexicana en materia de energía, solo contempla un marco
regulatorio de las instituciones y la inversión extranjera mediante su promoción, articulación
y control. Que si bien, por un lado se necesita de un marco institucional fuerte; por el otro, la
dependencia económica, tecnológica y política conlleva a la falta de un plan estratégico que
asegure el desarrollo del país a largo plazo mediante la absorción de capacidad, entendida
como la habilidad de aprender y resolver problemas por sí mismos será difícil romper con
una dependencia externa (Sobanke et al, 2014). Para cerrar esta idea sobre el aspecto
tecnológico, es una realidad que las actividades de innovación en economías domésticas
puede ser beneficiada por la inversión extranjera directa, pero el apoyo gubernamental es otro
eje fundamental para la innovación tecnológica funcione, los gobernantes a través de una
efectiva regulación pueden jugar diferentes papeles en la adaptación de la innovación
(Khayyat y Lee, 2015). Esa es una situación de la que podría sacar ventaja México partiendo
de los avances en materia institucional que ya posee.

5. ​Garantizar el abastecimiento de energía eléctrica​​. El Trilema de energía se basa en la


seguridad energética, entendida como el cumplimiento de la demanda energética
garantizando la fiabilidad del suministro; la equidad energética, mediante costos accesibles y
asequibles; y la sustentabilidad ambiental; combatir el calentamiento global mediante la
eficiencia energética y el desarrollo de energías renovables y fuentes de energía bajas en
gases de efecto invernadero (IPCC, 2013). El trabajo coordinado de esos tres aspectos
energéticos garantizan el abastecimiento de energía eléctrica, pensando este abastecimiento
en relación a la transición energética.
Para 2015, México tenía alrededor de 19 gigawatts de capacidad de generación de energía no
fósil, aportando un quinto del total de la generación. Con la entrada en vigor de la Reforma
Energética en México, desde el año de 2014 la inversión privada genera alrededor del 30% de
suministro de energía eléctrica en el país, debido a las subastas efectuadas en el sector (WEO,
2016). Aunque hay un aumento en generación de energías renovables y de inversión
proveniente de la industria privada, es necesario resaltar el hecho que pese a los avances, una
de los aspectos negativos de las energías renovables es su intermitencia, es decir, no puede
cubrir la demanda de energía en ciertos picos ascendentes debido a que su generación está
sujeta a bajos niveles en proporción a la energía convencional y la falta de capacidad de
almacenamiento, es por ello que se desarrollan los ciclos combinados entre energía renovable
y fósil.
Otro aspecto a señalar con respecto al abastecimiento que va más allá de la cadena
productiva, es el poder adquisitivo de un bien de interés social como la energía eléctrica solo
comparable con el agua, que funciona como motor de desarrollo económico y para el
funcionamiento de las actividades cotidianas. El 36,7% de la población, se encuentra en algún
estado de pobreza energética. Es decir, estos hogares no cuentan con los recursos suficientes
para un consumo eléctrico adecuado que permita garantizar una vida digna y decorosa,
principalmente en las regiones con temperaturas extremas, tanto de calor como de frío
(Villaraeal y Tornel, 2017, Pág. 18). Así que más allá del reto en abastecimiento de la cadena
productiva existe el de lograr el consumo universal de la energía pensando en la transición.

6. ​Las tarifas de electricidad. ​Mientras el cambio climático centra la atención política en


las nuevas tecnologías, los políticos también deben de considerar otros aspectos del sistema
dentro del contexto de sustentabilidad. Esto incluye la seguridad en el suministro de energía y
aspectos sociales como pobreza energética y precios (Mitchell y Woodman, 2010). Las tarifas
eléctricas en México se proponen por la Comisión Federal de Electricidad y se fijan por la
Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Existe una relación muy estrecha entre el
comportamiento de la economía mexicana y el consumo de electricidad; ejemplo de ello es
que, con la recesión económica del año 2009, disminuyeron drásticamente estos niveles de
consumo. Para el año 2012, el consumo nacional de energía eléctrica alcanzó 234,219 GWh,
2.1% mayor que el año anterior, mientras que el PIB creció 3.7% (SENER, 2013, Pág. 64).
La tarifa eléctrica a usuarios industriales y comerciales se ajusta mensualmente mediante la
evolución de los precios de la canasta de combustibles, mientras que las tarifas residenciales
y agrícolas se ajustan por índices de precios relacionados con la inflación.
En los últimos años, el precio medio de la energía eléctrica se incrementó como resultado de
los ajustes en los precios de los combustibles y la inflación (SENER, 2013, Pág. 59). No es
posible empujar la reducción del subsidio de las tarifas eléctricas si a la par no se garantiza la
reducción de la pobreza energética como una contribución a cerrar la brecha de la
desigualdad en México (Villarreal y Tornel, 2017, Pág. 43). Este punto guarda una estrecha
relación con el anterior, y el reto en México es lograr un ajuste de las tarifas que permita al
mayor grueso de la población tener acceso de electricidad, pensando en el marco de la
Reforma Energética que permite la inversión privada y por lo tanto un cambio en las
estructuras operacionales. Si tomamos en cuenta casos donde se ha dado apertura en el sector
eléctrico como en el brasileño, las tarifas no disminuyeron sino presentaron un aumento y un
desequilibrio temporal en la demanda de energía, llevando al aumento del robo de energía
eléctrica en los sectores más pobres de la población.
Así que, proyectos como los sistemas integrados de energía8 promovidos por empresas de
energía solar en conjunto con la Comisión Federal de Electricidad dan opciones viables para
controlar la relación gasto y consumo además de ser una opción de energía renovable en
términos económicos, habría que ver si lo es realmente en el aspecto ambiental.

7. ​Una transición energética con un bajo costo ambiental​​. La Reforma Energética de


México argumenta que el gas es el energético más viable y que México posee yacimientos de
gas natural que pueden ser explotados mediante empresas privadas que cuentan con la
tecnología del ​fracking​, ya que en la actualidad importa más del 30% del consumo de gas
natural (SENER, 2014). El factor geopolítico es clave para entender el argumento de la
SENER, que se encuentran ligado a las relaciones bilaterales con Estados Unidos, país
exportador de gas y que posee la tecnología para explotarlo, así este punto se encuentra
ligado con el anterior sobre el aspecto tecnológico. Así explotación del esquisto en México
no corresponde a criterios de demanda social ni de planeación interna, ya que no se ha
desarrollado la tecnología ni la infraestructura necesaria, así como tampoco se ha realizado
una planeación a detalle y menos una exploración exhaustiva, todo pareciera indicar que
atiende a presiones exógenas (Vargas, 2013).

8
Se define a los Sistemas Integrados de Energía Comunitaria como la colección de las distribución de recursos energéticos
sostenidos por el lado de la demanda en manejo y almacenamiento que son manejados a nivel comunidad para generar y
satisfacer las necesidades de energía (Acosta et al, 2018).
A ello se le suma, que el ​fracking se encuentra dentro de las técnicas de extracción más
controversiales en la actualidad por su alto impacto ambiental debido a la contaminación de
suelo, agua y entorno en general (Morales y Roux, 2018). Ello no quiere decir que la
extracción, generación, producción de otras energías, incluyendo las renovables no
contaminen, sino que lo hacen de otras maneras y en diferentes momentos de la cadena
productiva en la que el impacto y costo ambiental no es tan alto.
Mientras que por un lado, la inversión es la base del sistema energético, por el otro, entender
el panorama actual de la inversión energética y cómo ello puede evolucionar para lograr las
metas de descarbonización son elementos centrales para la transición energética
(AIE/IRENA, 2017). En el país la energía hidráulica como la geotérmica son tecnologías
maduras; y al día de hoy en México se producen solo 65 twh al año de electricidad
provenientes de energías limpias, teniendo en cuenta que la meta para 2050 es de 930 twh, le
hace falta producir al menos la mitad de esa cantidad, es decir le hace falta producir alrededor
de 400 twh para que la meta de 2050 tenga posibilidad de ser cumplida (Ocampo, 2017). No
es posible promover una industria renovable y desarrollar cadenas de valor sin antes atender
el impacto ambiental que conlleva ampliar la generación eléctrica en México (Villarreal y
Tornel, 2017, Pág. 43).
Un sistema de energía sostenible es aquel en el que el medio ambiente y sus impactos se
minimizan tanto a corto como a mediano plazo, y donde existe el potencial de energía y
seguridad a un precio aceptable (Mitchell y Woodman, 2010). En México, la Reforma
Energética de 2013 aboga por que los cambios que se gestionan con esta ley permitirá volver
a una producción de 3 millones de barriles diarios de petróleo, contra los estudios que señalan
que la producción nacional de petróleo se encuentra en declinación terminal; las explotación
de gas ​shale ​va a revertir las importaciones de gas; frente a los indicadores que señalan un
aumento acelerado de las importaciones.
Suena paradójico puesto que la transición aboga por la lucha contra el cambio climático que
es medioambiental, pero los factores que intervienen en dicha transición hacen que la
ecuación sea más compleja, un ejemplo sería el grado de contaminación de la
implementación de las nuevas energías, ¿es menor?, ¿cuál es el costo?, ¿qué se puede hacer?
La situación de México y su dependencia a Estados Unidos, lo lleva a tener que buscar
soluciones a situaciones sobre su relación de importación de suministros energéticos de un
país que salió del Acuerdo de París, y minimizar las repercusiones que ésto trae consigo en su
relaciones.

8. ​Concientizar a la población sobre la necesidad de una transición energética​​. La


transición energética supone un momento para que la población comience hacer uso
consciente y responsable de la energía eléctrica. Mientras la población está pendiente y pide
por tarifas asequibles, es necesaria la participación mediante el uso responsable por parte de
los usuarios/clientes del uso inteligente del suministro eléctrico. El dilema de
abundancia/escasez sirve para explicar este punto, ya que es preciso una campaña exhaustiva
para el uso responsable de la energía frente al agotamiento de un modelo y la transición a otro
con características que demanda uso responsable de la energía. Es necesario hacer hincapié
en aquella parte en la que la sociedad debe de transformar también sus hábitos de consumo y
la misma forma de ver el mundo​. ​Los objetivos de desarrollo sustentables cuatro y nueve
enuncian respectivamente, “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y
promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”, y “Garantizar
modalidades de consumo y producción sostenibles”, ello no se puede lograr sin implementar
programas que eduquen a la población actual y futura sobre la necesidad de una transición
socio-ecológica.

Conclusión

El desarrollo de energías renovables en México ya existía antes del proceso de transición


energética tal y como lo conocemos en la actualidad, por ejemplo se puede citar el debate
sobre la producción de biocombustibles en el país. A principios de la presente década, el
concepto de transición energética apenas cobraba resonancia en el Congreso de la Unión,
cabe destacar la labor de grupos de la sociedad civil para colocar el tema sobre la mesa de
debate y lograr resultados visibles. Ya existían instrumentos institucionales sobre energías
limpias y renovables, pero éstas se centraban solo en la promoción de su aplicación y
sentaban ciertas bases de cómo es que serían manejadas en el país. En este sentido, el avance
que se ha dado en esta materia es que las actuales leyes están abocadas además de su
promoción a su gestión y control, partiendo de la idea de que la transición energética en
México es inminente y se encuentra en marcha. A pesar de los logros, aún sigue faltando un
proyecto nacional formal que genere un desarrollo de capacidades internas; principalmente
enfocado en un brazo tecnológico, capaz de cubrir con las demandas energéticas del país.
Las energías renovables más utilizadas en México son eólica y solar, tienen una buena
estructura organizacional y herramientas para hacer presencia al momento de gestionar leyes
o proyectos, pero su agrupación se encuentra constituida en su mayoría por empresas
extranjeras, donde no siempre los intereses se encuentran acorde a las necesidades nacionales.
México atraviesa por dos momentos: el primero, es de proyección internacional y es la
transición energética y sus metas globales; el segundo, de resonancia nacional es la reforma
energética, que tiene como característica la reestructuración organizacional y la apertura a la
inversión privada. La cuestión sería cómo es que se compaginan ambos momentos, el
concepto de ​trade-off utilizado en Economía explica la relación de costo-beneficio y la
decisión de elegir la opción más favorable de acuerdo a las pérdidas. Es decir, qué es más
conveniente para México, el proyecto de transición energética atendido como un proceso
global o solo dentro de un proceso interno de corte organizacional y administrativo.
Revisar las particularidades de un país como México, ayuda a darse una idea transversal de lo
que acontece a nivel internacional con la transición. Ya que forma parte de un grupo de
países que poseen factores similares a nivel general, aunque cabe destacar el hecho de que no
existe ninguna matriz energética similar. México se encuentra en la región latinoamericana, la
cual posee la matriz más verde, forma parte del G20 siendo éste el grupo de países que
poseen los índices más altos de contaminantes a nivel mundial, pero México está lejos de
tener los índices de China y Estados Unidos. Es un país en desarrollo, pero es tanto oferente
como receptor de ayuda en materia de cooperación internacional, es así que se coloca en un
lugar distinto a la hora de negociar con los países desarrollados en materia energética.
Además que tiene un tamaño significativo tanto en territorio como en población, y los límites
de México están concentrados en su dependencia económica al petróleo y su relación con
Estados Unidos por su misma naturaleza territorial, que le da características geopolíticas
distintas. En conclusión, México se encuentra en un rango medio, siendo un país que posee
recursos naturales; pero no los insumos económicos ni tecnológicos para su desarrollo en el
sector energético, y la falta de innovaciones en este sentido detiene las posibles mejoras en el
área.

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