Desafíos de la transición energética en México
Desafíos de la transición energética en México
Resumen
Dado que la política energética mundial actual está enfocada en la seguridad energética y el
cambio climático, se han creado objetivos comunes que incentivan la transición energética
como solución a dichos problemas. Debido a que no existe una matriz energética que sea
universal, cada transición es única de acuerdo a las necesidades de cada país. El presente
trabajo está enfocado en los retos particulares de México sobre estos cambios, enumerando
una serie de desafíos que tiene que hacer frente en la actualidad y a futuro.
Palabras claves
Introducción
1
“La COP 21 en París adoptó un sistema bottom up para la definición de metas de reducción de emisiones además de los países del Anexo I.
El sistema tiene como base el principio de responsabilidades comunes, aunque diferenciadas, en que cada país define sus propias metas e
iniciativas de adaptación y mitigación basadas en la composición de su matriz energética y en la disponibilidad de recursos energéticos y
financieros (FGV, 2017, p. 10).”
éxito en la implementación del modelo se relaciona fuertemente con la estabilidad política y
económica, al ambiente institucional y regulatorio del país y a la madurez de su mercado, que
acostumbra ser mayor en los países desarrollados.
América Latina se destaca por poseer los recursos naturales necesarios para la
implementación y desarrollo de distintos tipos de energía, pero no cuenta con un soporte
económico, político y tecnológico para el avance de nuevos modelos energéticos. De tal
forma que en la región latinoamericana, el crecimiento económico y la búsqueda por
estabilidad política presentan un papel de mayor protagonismo sobre cuestiones técnicas y de
dotación de recursos (FGV, 2017, p. 17).
De acuerdo a datos del BID, la región ya es la región más verde del mundo en cuanto a
generación de energía: el 60% de su consumo eléctrico proviene de fuentes renovables
(principalmente hidráulicas2), mientras que la media global no supera el 25%. Los países
latinoamericanos que lideran en materia de energías renovables o limpias en su matriz
eléctrica son Brasil, México, Chile y Uruguay. Siendo las energías eólica, solar fotovoltaica
y la biomasa las energías más promisorias, debido a que sus costos de inversión pueden llegar
a ser menores a US$ 2 millones por megavatio instalado (MW), al tiempo que representan
casi el 35% de la capacidad instalada de energías renovables a nivel mundial (KPMG,2016,p.
3-4)”. Es así que, pese a las dificultades legislativas e institucionales para invertir en energías
alternativas a las fósiles, su desarrollo está siento aunque lento, si paulatino. Mientras en
2005, la inversión total en Latinoamérica en proyectos de generación de energías limpias era
de US$ 1.000 millones al año –excluyendo a Brasil-, de 2013 a 2015 se registró un
incremento que alcanzó los US$ 9.300 millones. Aunque los incentivos para la transición han
aumentado, aún son limitados (KPMG, 2016,p. 3; FGV, 2017, p. 57).
México ha participado en los principales foros internacionales sobre transición energética,
firmando el Acuerdo de París de 2015 resultado de la XXI Conferencia de las Partes de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. En este sentido, la
Ley de Transición Energética3 en México es el sustento de las responsabilidades adquiridas.
2
“resulta importante destacar que, para la ONU, la energía generada por este tipo de fuentes es renovable sólo
hasta los 50 MW de potencia. Esta diferenciación se debe a que, si bien la fuente de la energía es renovable, el
costo de instalación de una gran represa, en términos de deforestación, desplazamiento de personas y
comunidades, descomposición de la vegetación (y consiguiente generación de gases de efecto invernadero) y
destrucción de las cuencas representa un aspecto muy cuestionado a nivel ambiental y climático. (KPMG, 2016,
p. 6)”
3
Aprobada por la Cámara de Senadores, el 10 de diciembre de 2015, en el marco de la XXI Conferencia de las Partes en
París.
Pero esta transición energética solo contempla el sector eléctrico, además de que la ley de
Transición Energética es complementaria a la Reforma Energética4 aprobada en 2013. Para
efectos de este trabajo cabe hacer una revisión de los antecedentes institucionales, ya que es
en esta materia donde existen más avances. En la presente década en México se han
realizado avances en lo correspondiente a temas medioambientales y energía, entrando en
vigor una serie de leyes, acuerdos, tratados y estrategias que sientan las bases con las cuales
el país realizará su camino hacia la transición, cabe mencionar que estos instrumentos van en
la línea de los designios internacionales frente a la lucha contra cambio climático.
En un periodo de diez años podemos dividir lo que serían tres tentativas formuladas para
llevar a cabo la transición energética en México. La primera, abarca el periodo de 2008 a
2012 con la Ley de Aprovechamiento Sustentable de la Energía que promovía la eficiencia
energética; La Ley de Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la
Transición energética que buscaba el impulso de las energías renovables y la reducción a un
65% del uso de energías fósiles del total de energías utilizadas en México; y la Ley General
de Cambio Climático que sigue operando y complementaria a la LAERFTE, buscaba
incentivar el 35% en uso de energías renovables.
La segunda tentativa, abarca el primer año de entrada en vigor de la Reforma Energética con
la Ley de la Industria Eléctrica en parceria con las 11 leyes secundarias. Hay tres puntos a
destacar, la creación de los certificados de energías limpias5 que incentiva la participación de
las empresas; el proyecto de generación distribuida regulado por la Comisión Federal de
Electricidad sobre la distribución y comercialización de paneles solares a hogares en territorio
mexicano; y por último, y la definición de “energías limpias”6, que desató controversia
debido a los criterios utilizados. La crítica que se puede hacer a los dos primeros intentos es
la falta de metas y rutas claras a seguir en el proceso de transformación del sector, así como
los límites en las definiciones y el planteamiento de los subsidios.
4
Esta reforma forma parte de un paquete de reformas constitucionales promovidas por el actual Presidente de México,
Enrique Peña Nieto. La reforma energética fue la que más debate público suscitó debido a la importancia del sector petrolero
para el país, con la mayor apertura al sector energético para la inversión privada.
5
La Ley de la Industria Eléctrica en su Art. 3, párrafo VIII entiende por Certificado de Energías Limpias al título emitido por
la Comisión Reguladora de Energía que acredita la producción de un monto determinado de energía eléctrica a partir de
fuentes renovables o tecnologías limpias y que sirve para cumplir los requisitos obligatorios asociados al consumo de los
centros de carga.
6
“La LIE establece que en México se consideran energías limpias a las renovables: solar, eólica, mareomotriz, de biomasa,
geotérmica y de pequeñas hidroeléctricas, junto con la energía nuclear, la generación hidroeléctrica a gran escala, la
generación térmica con procesos de secuestro y captura de carbono y tecnologías de ciclo combinado de alta eficiencia, y las
grandes hidroeléctricas” (Villareal y Tornel, 2017, pág. 6). Pero la tendencia internacional es hacer diferencia entre las
energías renovables, las grandes hidroeléctricas, la energía nuclear y la generación térmica.
Así que, la tercera tentativa ocurre a partir de 2015 con la Ley de Transición energética.
También cabe resaltar que en el marco de la LTE se estableció la Estrategia de Transición
para Promover el uso de tecnologías y combustibles más limpios, este funciona como el
instrumento rector de la política nacional en materia de obligaciones de energías limpias,
aprovechamiento de la energía y mejora de la productividad energética para el mediano y
largo plazo (Villareal y Tornel, 2017). A continuación se muestra un cuadro de las leyes más
significativas a la hora de moldear el proceso de transición energética en México.
Ley de Aprovechamiento
de Energías Renovables
y el Financiamiento de la
Inscribe en la política pública Transición Energética
aquellos elementos necesarios para (LAERFTE) cuyo objeto
garantizar una penetración más se centraba solo en la
Ley de la Transición acelerada de las energías limpias en promoción de las
Energética 25/12/2015 la matriz eléctrica mexicana y para energías renovables, y
(LTE) avanzar en las acciones de eficiencia sustituye a la también
energética. Es, sin duda, el extinta Ley de
instrumento principal para el Aprovechamiento Sus-
desarrollo de la transición energética. tentable de la Energía
(LASE), que establecía
los fundamentos de la
eficiencia energética.
Cuadro elaboración propia. Información del artículo La transición energética para México: Retos y oportunidades para una
política ambientalmente sustentable y socialmente inclusiva de Jorge Villarreal y Carlos Tornel, 2017.
Habiendo dado un marco general sobre los aspectos más destacados de la transición
energética en México cabe dar paso a los desafíos que el país enfrenta en esta materia.
Este apartado es el cuerpo principal del trabajo, se ha decidido nombrar desafíos a una serie
de tópicos generales que constituyen una hoja de ruta hacia la transición energética en
México, por lo tanto, dichos desafíos son orientativos y de ninguna forma determinantes, ya
que éstos podrán ir cambiando conforme la transición energética avanza. Para fines prácticos,
se enumeraron ocho aseveraciones que abarcan distintos temas que van desde la alineación de
México con las metas globales, el desarrollo interno de la transición tocando aspectos,
económicos, sociales y tecnológicos.
1. Una transición hecha a medida pero alineada a las metas globales. La cumbre de la
Tierra celebrada en Río de Janeiro en el año de 1992, estableció dos ejes: la implementación
del desarrollo sustentable como un debate sobre desarrollo, y el principio de
“responsabilidades comunes, pero diferenciadas” (Marcondes y Speranza, 2018, Págs.
70,-71). Ahora bien, a más de 25 años de la Cumbre de la Tierra y con el proceso de
transición energética en marcha, cada país precisa delimitar sus propios alcances y límites
energéticos siendo conducidos de forma distinta a través de diferentes tecnologías, escalas y
modelos socio-técnicos, los cuales tienen diversos efectos políticos, sociales, económicos y
ambientales (Villareal y Tornel, 2017, Pág. 1).
Pensando en las necesidades propias de México, en cuestiones de demanda energética el
consumo va en incremento, tan solo en el sector eléctrico en el año de 2016, la demanda
nacional de electricidad llegó a los 300 TWh/año y si se mantiene el crecimiento histórico de
2% anual, es probable que para el 2050 llegue a los 550 TWh/año (Ocampo, 2017). Se hace
referencia a ello, debido al reto que significa para el país la transformación de su matriz
eléctrica tomando en cuenta la característica de la intermitencia de las energías renovables.
En México, la energía eólica puede generar electricidad durante unas 2,500 horas de las 8,760
horas que tiene un año, es decir que durante más de 6,000 horas al año no genera nada. En el
caso de la energía solar es aún menor ya que solo produce 1,000 horas al año de generación
(Ocampo, 2017). El desafío de dotar a las energías renovables con los atributos de las
energías fósiles para incentivar su crecimiento, pero alinearlo a los objetivos internacionales
de la reducción de emisiones contaminantes genera un desafío aún mayor. La coordinación
entre ambos niveles, nacional e internacional, es el punto nodal para resolver o encontrar un
camino viable para el país.
7
Ver el apartado de México del World Energy Outlook 2016.
facilita una legislación a profundidad sobre energías renovables más allá de la electricidad
por el momento.
4. Capacidad tecnológica nacional. Es quizá uno de los desafíos con mayor relevancia
debido a la misma ruta incierta de la transición y el apoyo que puede generar crear ventajas
competitivas mediante el desarrollo de la capacidad tecnológica nacional, siempre y cuando
ello sea hecho a medida. Un problema de los países latinoamericanos, es que existe una
tendencia a pensar el desarrollo sostenible como un hecho aislado de los procesos de
desarrollo de la capacidad tecnológica en los países en desarrollo, cubriendo este espacio
mediante la transferencia o importación de tecnologías de empresas extranjeras. Ello se debe
a que la liberalización del comercio y la desregulación de los mercados afectó el
comportamiento tecnológico de las empresas en la región, principalmente por la competencia
en muchos casos desigual en el ámbito tecnológico entre las empresas locales e
internacionales, lo que suele desincentivar la el desarrollo tecnológico nacional. El nuevo
modelo de producción obstaculiza algunas capacidades domésticas y la actualización del
proceso tecnológico se hizo lenta, difícil y fragmentada (Molina-Domene, 2012; Ulrich y
Ockwell, 2016, pág. 618). La realidad es que existe una necesidad de profundizar en los
procesos de desarrollo sostenible y la tecnología, mediada entre la que viene del exterior así
como la necesidad de aprendizaje y desarrollo propio al interior de cada país respecto a sus
necesidades, es decir, existe un problema entre transferencia de tecnología y el equilibrio
entre mercado y desarrollo nacional. La dicotomía radical entre la importación de la
tecnología extranjera y la innovación local, una pregunta clave sería, ¿en qué medida la
inversión extranjera a aumentado las capacidades locales en los países en desarrollo?
Entendida la capacidad tecnológica nacional, como la colección de esfuerzos y estrategias
individuales específicas de las empresas para elegir, instalar, operar, mantener, comprender,
adaptar, mejorar y desarrollar tecnologías. Este aspecto de la innovación y el desarrollo
tecnológico es central ya que está ligado a la economía del país como la producción,
crecimiento y desarrollo micro y macroeconómico. (Ulrich y Ockwell, 2016, pág. 618;
Sobanke et al, 2014).
México necesita incentivar el desarrollo de la capacidad tecnológica para disminuir la
dependencia en la transferencia de tecnología, además de que incentiva el desarrollo interno
del país y crea un modelo a medida ya que se desconoce el potencial real de las energías
renovables, esto va relacionado con el siguiente apartado sobre garantizar el abastecimiento
de energía eléctrica. Las razones de esta premisa están enfocadas directamente al crecimiento
de la productividad y la facilitación de la innovación interna.
Sin embargo, la actual legislación mexicana en materia de energía, solo contempla un marco
regulatorio de las instituciones y la inversión extranjera mediante su promoción, articulación
y control. Que si bien, por un lado se necesita de un marco institucional fuerte; por el otro, la
dependencia económica, tecnológica y política conlleva a la falta de un plan estratégico que
asegure el desarrollo del país a largo plazo mediante la absorción de capacidad, entendida
como la habilidad de aprender y resolver problemas por sí mismos será difícil romper con
una dependencia externa (Sobanke et al, 2014). Para cerrar esta idea sobre el aspecto
tecnológico, es una realidad que las actividades de innovación en economías domésticas
puede ser beneficiada por la inversión extranjera directa, pero el apoyo gubernamental es otro
eje fundamental para la innovación tecnológica funcione, los gobernantes a través de una
efectiva regulación pueden jugar diferentes papeles en la adaptación de la innovación
(Khayyat y Lee, 2015). Esa es una situación de la que podría sacar ventaja México partiendo
de los avances en materia institucional que ya posee.
8
Se define a los Sistemas Integrados de Energía Comunitaria como la colección de las distribución de recursos energéticos
sostenidos por el lado de la demanda en manejo y almacenamiento que son manejados a nivel comunidad para generar y
satisfacer las necesidades de energía (Acosta et al, 2018).
A ello se le suma, que el fracking se encuentra dentro de las técnicas de extracción más
controversiales en la actualidad por su alto impacto ambiental debido a la contaminación de
suelo, agua y entorno en general (Morales y Roux, 2018). Ello no quiere decir que la
extracción, generación, producción de otras energías, incluyendo las renovables no
contaminen, sino que lo hacen de otras maneras y en diferentes momentos de la cadena
productiva en la que el impacto y costo ambiental no es tan alto.
Mientras que por un lado, la inversión es la base del sistema energético, por el otro, entender
el panorama actual de la inversión energética y cómo ello puede evolucionar para lograr las
metas de descarbonización son elementos centrales para la transición energética
(AIE/IRENA, 2017). En el país la energía hidráulica como la geotérmica son tecnologías
maduras; y al día de hoy en México se producen solo 65 twh al año de electricidad
provenientes de energías limpias, teniendo en cuenta que la meta para 2050 es de 930 twh, le
hace falta producir al menos la mitad de esa cantidad, es decir le hace falta producir alrededor
de 400 twh para que la meta de 2050 tenga posibilidad de ser cumplida (Ocampo, 2017). No
es posible promover una industria renovable y desarrollar cadenas de valor sin antes atender
el impacto ambiental que conlleva ampliar la generación eléctrica en México (Villarreal y
Tornel, 2017, Pág. 43).
Un sistema de energía sostenible es aquel en el que el medio ambiente y sus impactos se
minimizan tanto a corto como a mediano plazo, y donde existe el potencial de energía y
seguridad a un precio aceptable (Mitchell y Woodman, 2010). En México, la Reforma
Energética de 2013 aboga por que los cambios que se gestionan con esta ley permitirá volver
a una producción de 3 millones de barriles diarios de petróleo, contra los estudios que señalan
que la producción nacional de petróleo se encuentra en declinación terminal; las explotación
de gas shale va a revertir las importaciones de gas; frente a los indicadores que señalan un
aumento acelerado de las importaciones.
Suena paradójico puesto que la transición aboga por la lucha contra el cambio climático que
es medioambiental, pero los factores que intervienen en dicha transición hacen que la
ecuación sea más compleja, un ejemplo sería el grado de contaminación de la
implementación de las nuevas energías, ¿es menor?, ¿cuál es el costo?, ¿qué se puede hacer?
La situación de México y su dependencia a Estados Unidos, lo lleva a tener que buscar
soluciones a situaciones sobre su relación de importación de suministros energéticos de un
país que salió del Acuerdo de París, y minimizar las repercusiones que ésto trae consigo en su
relaciones.
Conclusión
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