Teoría científica
Una teoría científica es un conjunto de conceptos, incluyendo abstracciones de fenómenos
observables, hechos comprobables y propiedades cuantificables, junto con reglas (leyes
científicas) que expresan las relaciones entre las observaciones de dichos conceptos. Una teoría
científica se construye para ajustarse a los datos empíricos disponibles sobre dichas
observaciones, y se propone como un principio o conjunto de principios para explicar una clase de
fenómenos.
Teoría científica
Una teoría científica es un conjunto de conceptos, incluyendo abstracciones de fenómenos
observables, hechos comprobables y propiedades cuantificables, junto con reglas (leyes
científicas) que expresan las relaciones entre las observaciones de dichos conceptos. Una teoría
científica se construye para ajustarse a los datos empíricos disponibles sobre dichas
observaciones, y se propone como un principio o conjunto de principios para explicar una clase de
fenómenos.
Los científicos elaboran distintas teorías partiendo de hipótesis que hayan sido corroboradas por el
método científico, luego recolectan pruebas para poner a prueba dichas teorías. Como en la
mayoría de las formas del conocimiento científico, las teorías son inductivas por naturaleza y su
finalidad es meramente explicativa y predictiva.
La teoría científica es la forma más rigurosa, confiable y completa de conocimiento posible. Esto es
significativamente distinto al uso común y coloquial de la palabra «teoría», que se refiere a algo
sin sustento o una suposición.
Existen dos formas de considerar las teorías:
Las teorías fenomenológicas buscan «describir» fenómenos, estableciendo las leyes que
establecen sus relaciones mutuas a ser posible cuantificadas. Procuran evitar cualquier
contaminación «metafísica» o «esencial» tales como las causas, los átomos o la voluntad, pues el
fundamento consiste en la observación y toma de datos con la ayuda «únicamente» de las
variables observables exclusivamente de modo directo. Tal es el ideal del empirismo: Francis
Bacon, Newton, neopositivismo. La teoría es considerada como una caja negra.
Las teorías representativas buscan la «esencia» o fundamento último que justifica el fenómeno
y las leyes que lo describen. Tal es el ideal del racionalismo y la teoría de la justificación: Descartes,
Leibniz. En relación con lo anterior Bunge propone considerarla como «caja negra traslúcida».4
Tipos
Albert Einstein describió dos tipos de teorías científicas: "Teorías constructivas" y "Teorías de
principios". Las teorías constructivas son modelos constructivos de fenómenos: por ejemplo,
Teoría cinética. Las teorías de principios son generalizaciones empíricas, como las leyes del
movimiento de Newton.5
Características
Criterios esenciales
Las placas tectónicas del mundo fueron cartografiadas en la segunda mitad del siglo XX. La teoría
de las placas tectónicas explica con éxito numerosas observaciones sobre la Tierra, como la
distribución de los terremotos, las montañas, los continentes y los océanos
. Normalmente, para que cualquier teoría sea aceptada dentro de la mayoría de los círculos
académicos hay un criterio simple. El criterio esencial de toda teoría científica es que debe basarse
en hechos observables y experimentos u observaciones repetibles. Dicho criterio es esencial para
evitar el fraude y mantener la consistencia.
La característica que define todo el conocimiento científico, incluidas las teorías, es la capacidad
de dar lugar a afirmaciones falsables y predicciones demostrables. La relevancia y especificidad de
esas predicciones determinan la utilidad potencial de la teoría. Una supuesta teoría que no hiciera
predicciones observables, no sería una teoría científica en absoluto. Las predicciones que no son lo
suficientemente específicas para ser demostradas tampoco son útiles. En ambos casos, el término
"teoría" no parece adecuado. Un cuerpo de descripciones del conocimiento puede llamarse teoría
si cumple los siguientes criterios:
Hace predicciones falsables con una precisión consistente en un área amplia de la investigación
científica (como la mecánica).
Está bien apoyada por muchos hilos independientes de evidencia, en lugar de un único
fundamento.
Es coherente con los resultados experimentales preexistentes y sus predicciones son al menos
tan precisas como las de las teorías preexistentes.
Es lógicamente consistente y no se contradice a sí misma (nótese que de una sólo contradicción
se sigue cualquier proposición, por lo que una teoría inconsistente acaba siendo inútil).
Estas cualidades son ciertamente ciertas de teorías establecidas como la teoría de la relatividad, la
mecánica cuántica, la tectónica de placas, la síntesis evolutiva moderna, etc.
Otros criterios
Además, los científicos prefieren trabajar con una teoría que reúna las siguientes cualidades:
Puede someterse a pequeñas adaptaciones para dar cuenta de los nuevos datos que no se
ajustan perfectamente a ella, a medida que se van descubriendo, aumentando así su capacidad de
predicción a lo largo del tiempo.6
Se encuentra entre las explicaciones más parsimoniosas, económicas en el uso de entidades
propuestas o pasos explicativos según la navaja de Occam. Esto se debe a que para cada
explicación aceptada de un fenómeno, puede haber un número extremadamente grande, tal vez
incluso incomprensible, de alternativas posibles y más complejas, porque siempre se pueden
cargar las explicaciones fallidas con ad hoc para evitar que sean falsadas; por lo tanto, las teorías
más simples son preferibles a las más complejas porque son más testables.
Hace predicciones cuantitativas, lo cual permite aplicar métodos estadísticos que permitan
decidir si los resultados medidos se ajustan con la precisión requerida a las predicciones de la
teoría, o la propia teoría predice resultados medibles algo diferentes a los realmente medidos.
Modelos científicos
Artículo principal: Modelo científico
En ciencia, se llama también teoría a un conjunto de proposiciones que permiten construir un
modelo aproximado de la realidad, para el entendimiento de un conjunto de hechos empíricos. Un
modelo específico es una descripción que permite hacer predicciones pero en general no permite
hacer deducciones más allá de los supuestos del modelo, y en ese sentido los modelos no son
sistemas hipotético-deductivos tan amplios como una teoría. Es decir, los modelos no explican
datos cualitativamente diferentes de los que se usaron para formular el modelo, en cambio las
teorías frecuentemente son aplicables a problemas completamente nuevos. Una teoría científica
formal puede ser interpretada formalmente en un modelo formal donde los axiomas de la teoría
así como las deducciones a partir de esos axiomas se satisfacen. Informalmente podría decirse que
el modelo formal de una teoría es un "mundo imaginario" donde se satisfacen todas las
predicciones de la teoría. En ese sentido, una teoría formal es adecuada para describir la realidad,
si cualquier modelo formal de la teoría se asemeja al mundo real o situación empírica real que
trata de explicar.
Una teoría científica es un tipo de teoría deductiva, ya que su contenido (es decir, los datos
empíricos) puede expresarse dentro de un sistema formal de la lógica cuyas reglas elementales (es
decir, las leyes científicas) se toman como axiomas. En una teoría deductiva, cualquier sentencia
que es una consecuencia lógica de una o más de los axiomas es también una sentencia de la
teoría.
Partes de una teoría
La mayoría de las teorías científicas además son una explicación científica de un conjunto de
observaciones o experimentos. Una teoría científica está basada en hipótesis o supuestos
verificados por grupos de científicos (en ocasiones, un supuesto no resulta directamente
verificable, pero sí la mayoría de sus consecuencias) a modo de punto de partida o axiomas que
sirven para hacer deducciones. Frecuentemente una teoría científica abarca varias leyes científicas
verificadas y, en ocasiones, deducibles dentro de la propia teoría. Estas leyes pasan a formar parte
de los supuestos e hipótesis básicas de la teoría, que englobará los conocimientos aceptados por la
comunidad científica del campo de investigación y estará aceptada por la mayoría de especialistas.
En física, el término teoría generalmente significa una infraestructura matemática derivada de un
pequeño conjunto de principios básicos capaz de producir predicciones de resultados
experimentales para una categoría dada de sistemas físicos. Un ejemplo sería la "teoría
electromagnética", que es usualmente tomada como sinónimo del electromagnetismo clásico,
cuyos resultados específicos pueden derivarse de las ecuaciones de Maxwell.
Aceptación de las teorías
Para que un cuerpo teórico dado pase a ser considerado como parte del conocimiento científico
establecido, usualmente se necesita que la teoría produzca un experimento crítico, esto es, un
resultado experimental que no pueda ser predicho por ninguna otra teoría ya establecida.
De acuerdo con Stephen Hawking en (Una breve historia del tiempo),
"Una teoría es buena si satisface dos requerimientos: debe describir con precisión una extensa
clase de observaciones sobre la base de un modelo que contenga solo unos cuantos elementos
arbitrarios, y debe realizar predicciones concretas acerca de los resultados de futuras
observaciones."
Procede luego a afirmar:
"Cualquier teoría física es siempre provisional, en el sentido que es solo una hipótesis; nunca
puede ser probada. No importa cuántas veces los resultados de los experimentos concuerden con
alguna teoría, nunca se puede estar seguro de que la próxima vez el resultado no la contradirá. Por
otro lado, se puede refutar una teoría con encontrar solo una observación que esté en desacuerdo
con las predicciones de la misma".
Valor de las teorías
No todas las teorías tienen el mismo valor. Las teorías más "poderosas" son las que combinan el
máximo vigor y generalidad con la máxima exactitud, profundidad y verdad. Por ejemplo, una
teoría que explique la habituación en todos los organismos es más general que otra que explique
el mismo proceso únicamente en los invertebrados. Aun así se necesitan teorías de todas las
potencias posibles.
Objetivos de la Teoría Científica
Una teoría científica se construye para ajustarse a los datos empíricos disponibles sobre dichas
observaciones, y se propone como un principio o conjunto de principios para explicar una clase de
fenómenos.
ELEMENTOS DE LA INFORMACION QUE INSIDEN EN EL DESARROLLO DE LA CIENCIA.
¿Qué elementos intervienen en la ciencia?
El conocimiento científico se compone de varios elementos: las teorías, con su cuerpo de leyes que
guían la investigación; las constantes fundamentales; y las observaciones relevantes a la luz de
dichas teorías
Las fuentes de la investigación
Clasificación según su relación con el objeto de estudio y con el investigador:
Primarias o de primera mano
Secundarias o de segunda mano
Terciarias o de tercera mano
Primarias o de primera mano
La relación entre la fuente y el objeto de estudio es directa o la fuente constituye el objeto de
estudio en sí misma.
Entre los datos en bruto y el investigador no se interpone otra interpretación (dan testimonio o
evidencia directa sobre el tema).
Son palabras o escritos originales
Secundarias o de segunda mano
Cuando se trata de algo que otra persona dice acerca del objeto de estudio.
Cuando entre los datos en bruto y el investigador interviene la interpretación de una segunda
persona. Contienen datos o informaciones reelaborados o sintetizados.
Terciarias o de tercera mano
Cuando una tercera persona interpreta
lo que dice una segunda sobre el objeto
de estudio.
Contienen información sobre fuentes secundarias y remiten a ellas. Son parte de la sección de
referencias de una biblioteca.
La comunicación científica: autor, editor, revisor y lector
Scientific communication: author, editor, reviewer and reader
JM. Argimón Pallása, J. Jiménez Villaa
a Regió Sanitària Costa de Ponent. Servei Català de la Salut. Barcelona.
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En el proceso de la comunicación científica son cuatro los elementos implicados: los investigadores
o autores de los manuscritos, los editores de las revistas, los asesores que revisan los trabajos y los
lectores de los artículos que se publican.
Los investigadores son responsables de la veracidad y originalidad de la información que
presentan, y en caso necesario deben ser capaces de acreditar esta información1. No sólo deben
diseñar y ejecutar los estudios con el rigor adecuado, sino que han de escribir los informes con
honestidad, sin manipular la información ni inventar datos para dar la sensación de que su trabajo
es mejor de lo que realmente es.
Cuando los móviles para publicar son egoístas, como el afán para aumentar el currículo o el
prestigio personal, conseguir una promoción profesional o mantener la rivalidad de grupos de
trabajo, el investigador se expone al riesgo de realizar estudios poco originales y publicarlos de
forma rutinaria, pues lo único que pretende es ampliar la lista de sus publicaciones. Es
prácticamente inevitable que sigan viendo la luz artículos sin originalidad ni interés, ya que con
frecuencia se equipara superior mérito científico con mayor número de publicaciones, valorando
la cantidad por encima de la calidad.
Son conductas a evitar la publicación fragmentada, que consiste en descomponer un trabajo y
publicar sus fragmentos de forma separada como artículos originales; la publicación duplicada o
repetida, o sea un artículo que presenta esencialmente la misma información o con escasas
variaciones que otro ya publicado, y la inflación de autoría, que consiste en hacer constar como
coautores a personas que no han contribuido de forma sustancial al estudio.
Los autores deberían hacer constar la existencia de cualquier tipo de relación con empresas o
instituciones que pudiera suponer un conflicto de intereses y comprometer la interpretación
objetiva de los datos. Además, deben redactar los artículos con claridad, pensando en los lectores
potenciales y respetando las recomendaciones internacionales para la presentación de
manuscritos a las revistas biomédicas2.
Los directores deben determinar la línea editorial de la revista. Su función, y la del consejo de
redacción, no consiste en poner dificultades a los autores, sino en ayudarles a publicar artículos de
contenido y estilo correctos. Por ello es recomendable que las revistas publiquen periódicamente
las instrucciones para los autores, así como información sobre el funcionamiento del proceso
editorial y de evaluación de los trabajos3,4.
La expansión que ha experimentado el número de revistas periódicas para dar cabida al ingente
número de publicaciones ha supuesto un enorme esfuerzo para mantener la calidad, preservar la
validez científica del texto impreso y proteger el derecho del lector a ser correctamente
informado. Actualmente se considera clave para garantizar la calidad de una revista que los
trabajos que se reciben sean sometidos a un proceso de evaluación por expertos que no formen
parte del consejo editorial5. Además, los directores han de acoger de buen grado la publicación de
los errores que han de ser corregidos, de notificaciones de los autores, y de cartas de lectores que
llaman la atención sobre el contenido erróneo o discutible de lo publicado. En caso necesario, se
publicarán con el debido relieve las retracciones acerca de artículos falsificados o plagiados.
Los objetivos principales del proceso de revisión por expertos (peer-review) son evitar la
publicación de un trabajo de mala calidad científica, no original o que no contenga información
relevante para los lectores de la revista, así como mejorar la redacción y presentación de los datos
del artículo6.
El proceso de revisión ha recibido diversas críticas, entre las que destacan que es costoso, que
consume mucho tiempo a los expertos, que éstos pueden tener un sesgo en contra o a favor del
mensaje del artículo, o incluso un conflicto de intereses. El revisor puede no tener la competencia
técnica o los conocimientos metodológicos suficientes para valorar la calidad del diseño de un
estudio y/o la relevancia de la información que se presenta. Además, el proceso de revisión puede
introducir un retraso innecesario en la comunicación de hallazgos importantes, a veces
incrementado por la pereza del revisor que incumple los plazos de tiempo que marcan los
directores de las revistas.
El proceso de revisión científica se basa en la confianza y en la responsabilidad. Los revisores son
responsables de evaluar el contenido científico del trabajo, sus méritos o defectos intrínsecos de
forma imparcial, desde una postura de máxima neutralidad, y de acuerdo con los estándares de
calidad. El evaluador no puede cometer abusos de poder, tomando decisiones rápidas y
caprichosas, ni menospreciar u ofender a los autores. Las críticas al estudio deben realizarse
siempre con corrección y profesionalidad, respetando el pluralismo científico y sin valoraciones
peyorativas de los investigadores. Los asesores son colaboradores tanto del director como del
autor, jamás sus adversarios.
La competencia científica y técnica es una condición indispensable para ser un buen evaluador. La
obligación de competencia incluye el deber de estudiar a fondo el artículo con el fin de dar un
dictamen en conciencia. Si el experto no se considera competente para evaluar el trabajo, deberá
devolverlo, sin pérdida de tiempo, al director de la revista.
La documentación que se entrega a los evaluadores para revisión es confidencial. El artículo
todavía inédito no puede ser divulgado por el experto. No puede hacer copias de él ni pasarlo a
sus colaboradores u otras personas interesadas.
La finalidad de la comunicación científica en medicina no es simplemente la publicación de un
estudio de investigación u otro tipo de artículo, sino la mejora de la atención sanitaria mediante la
aplicación en la práctica clínica de los resultados de dichos estudios y de las recomendaciones que
de ellos se derivan. Es muy ilustrativo el trabajo realizado por Antman et al sobre el tratamiento
trombolítico en caso de IAM7. Estos autores comprobaron que, si bien la evidencia disponible en
la literatura científica entre 1970 y 1975 ya era suficiente para demostrar que la intervención era
efectiva, las revisiones y libros de texto publicados en esas fechas no mencionaban este
tratamiento, o a lo sumo lo presentaban como experimental. No fue hasta 1980 que algún texto
realizó una recomendación específica, y sólo posteriormente a 1985 se empezó a recomendar su
uso rutinario, es decir, prácticamente 15 años después de que la evidencia fuera suficiente.
El lector debe ser consciente de que no todos los resultados que se publican son válidos, que no
todos los resultados válidos son relevantes y que no todos los resultados válidos y relevantes son
aplicables a su propia práctica clínica. Por ello, debe ser capaz de leer críticamente la literatura,
evaluando tanto la validez como la relevancia y aplicabilidad de los artículos.
Dado el enorme volumen de artículos que se publican, han surgido algunas revistas que tienen por
finalidad ayudar al lector en su tarea de estar al día, seleccionando los artículos que presentan
resultados válidos y de mayor relevancia, resumiéndolos en un formato uniforme y comentando
críticamente los aspectos relacionados con su aplicación práctica.