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Liderazgo Educativo: Clave del Cambio

Este documento discute la importancia de la formación de directores escolares como líderes educativos para mejorar la calidad de la educación. Explica que los directores juegan un papel clave en el desarrollo profesional de los docentes y en crear un ambiente escolar que promueva el aprendizaje. Señala que algunas provincias argentinas como Córdoba ya están ofreciendo programas de formación específicos para directores. Concluye que enfocarse en mejorar la capacitación de los líderes escolares puede ser clave para
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Liderazgo Educativo: Clave del Cambio

Este documento discute la importancia de la formación de directores escolares como líderes educativos para mejorar la calidad de la educación. Explica que los directores juegan un papel clave en el desarrollo profesional de los docentes y en crear un ambiente escolar que promueva el aprendizaje. Señala que algunas provincias argentinas como Córdoba ya están ofreciendo programas de formación específicos para directores. Concluye que enfocarse en mejorar la capacitación de los líderes escolares puede ser clave para
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El rol de liderazgo educativo

16 de junio de 2014

Agustina Blanco
PARA LA NACION

Sería redundante volver sobre nuestros deficientes resultados PISA, que tan
difundidos, en buena hora, han estado desde 2013. Sin embargo, podríamos
demostrar nuestra inteligencia colectiva si lográsemos virar el foco del diagnóstico
que PISA provee para dirigir los esfuerzos a generar un plan de acción basado en
las lecciones aprendidas por muchos países como consecuencia de los informes
originados por esas evaluaciones.

La buena noticia es que hay consenso generalizado entre expertos nacionales e


internacionales sobre cuál es la variable fundamental del sistema educativo en el
camino de su recuperación: docentes altamente capacitados.

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Esta es la clave y, a la vez, el gran desafío: ¿cómo logra un sistema elevar el nivel de
formación de una masa crítica de docentes para que esa preparación se transfiera
de manera directa a la experiencia del aula?

La respuesta a esta pregunta es indiscutiblemente multidimensional.

Una política educativa cuyo objetivo sea el desarrollo de una masa crítica de
docentes estratégicamente formados para lograr en sus alumnos pensamiento
crítico, comunicación efectiva, resolución de problemas, aplicación de
conocimientos previos a situaciones nuevas, organización, perseverancia,
creatividad e innovación, requiere: a) elevados estándares para el ingreso y egreso
de la carrera docente; b) mejorar la calidad de la formación docente revisando los
niveles académicos de institutos y profesorados; c) asegurar la profesionalización
continua; d) lograr que los profesores de secundaria puedan concentrar su trabajo
en una escuela; e) mayor autonomía de gestión en las escuelas; f) formación
específica para los directores de escuela; g) sistema de evaluación permanente de
escuelas, docentes y directores que acompañe los procesos de mejora escolar.

Concentrémonos en la formación específica de los directores de escuelas. Los


directores, líderes educativos, son cruciales para lograr el desarrollo y la
profesionalización de sus docentes hasta transformar sus equipos en "comunidades
profesionales de aprendizaje". El campo del liderazgo educativo internacional viene
cobrando relevancia como canal transformador desde hace 20 años. En un estudio
realizado en el distrito escolar de Chicago, Estados Unidos, en 2002, los
investigadores Bryk y Schneider encontraron que "los directores son cruciales en
lograr confianza en las escuelas, lo cual tiene influencias excepcionales en la
efectividad de una escuela". Se refieren a esto como "la centralidad del liderazgo de
los directores en el desarrollo y la sustentabilidad de la confianza racional, lo cual
establece las condiciones de éxito". Ellos concluyen que "sólo cuando los
participantes demuestran su compromiso para ser parte de ese trabajo enfocado en
la mejora, puede emerger una comunidad genuina de aprendizaje basada en la
confianza racional".

Los docentes se ven profundamente comprometidos al trabajar en escuelas donde


hay condiciones propicias para su desarrollo continuo y el trabajo según objetivos.
Esas condiciones fundamentales son la formulación de una visión y misión
institucional conjunta, un buen clima escolar, colaboración y altas expectativas,
idea de liderazgo distribuido, garantía de espacios de planificación e intercambio
de los equipos docentes y formación de docentes que aseguren un clima propicio de
aprendizaje en sus aulas. Esta última es la variable comprobada de mayor
influencia a la hora de lograr aprendizajes significativos, interés en los alumnos y
desarrollo de competencias. Es el clima del aula, logrado por docentes efectivos, lo
que garantiza dichos aprendizajes, pero es el director el que debe garantizar que los
docentes se formen para trabajar bajo esas premisas.

El rol de liderazgo educativo abarca funciones administrativas y pedagógicas. Los


ministerios de Educación provinciales no deberían intimidarse al pensar cambios
estructurales que garanticen la formación específica de líderes educativos. La
experiencia demuestra que los directores que reciben formación específica en
temas de gestión educativa y liderazgo se sienten fortalecidos al momento de
encarar la difícil tarea de gestionar sus organizaciones de alta complejidad.

Un buen ejemplo lo provee la provincia de Córdoba, a la vanguardia en este


aspecto, que creó en 2010 el Instituto Superior de Formación para la Gestión y
Conducción Educativa.

Acompañando la mirada internacional y la comprensión del impacto que esta


iniciativa produce, algunas instituciones académicas y ONG han venido
desarrollando programas de formación de directores. Tal es el caso del programa
"Directores: líderes en acción", de la Universidad de San Andrés, por el que hacia
fines de año habrán pasado más de 500 directores. Asimismo, la Fundación Bunge
y Born y la ONG Cimientos llevan adelante iniciativas específicas de formación de
directores de escuelas en contexto de alta vulnerabilidad.

Pensar en una mejora educativa sistémica puede parecer un esfuerzo desmedido,


un objetivo inalcanzable. Ése es el paradigma que hay que desterrar. Dependemos
de nuestra convicción de que el cambio es posible si nos basamos en experiencias
empíricas, usamos inteligencia colectiva y una buena dosis de sentido común y
coraje.

La autora es consultora en Educación

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