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Adoración en La Iglesia Primitiva

La iglesia primitiva experimentó diversas circunstancias que definieron lo que ellos serían y harían. Fue un grupo de creyentes que inicialmente partió del cumplimiento de la esperanza mesiánica de los judíos. Por esa razón, el Templo tuvo mucha influencia en su adoración. Conforme el evangelio iba avanzando se iban sumando de a poco los gentiles, para quienes el Templo no tenía mayor trascendencia, así que también se fueron adaptando al respecto. Además, por la obra de Jesucristo las cosas camb
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Adoración en La Iglesia Primitiva

La iglesia primitiva experimentó diversas circunstancias que definieron lo que ellos serían y harían. Fue un grupo de creyentes que inicialmente partió del cumplimiento de la esperanza mesiánica de los judíos. Por esa razón, el Templo tuvo mucha influencia en su adoración. Conforme el evangelio iba avanzando se iban sumando de a poco los gentiles, para quienes el Templo no tenía mayor trascendencia, así que también se fueron adaptando al respecto. Además, por la obra de Jesucristo las cosas camb
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ADORACIÓN EN LA IGLESIA PRIMITIVA: UN

ACERCAMIENTO BÍBLICO, HISTÓRICO


Y CONTEXTUAL

Acercamiento bíblico al culto en la iglesia primitiva


La iglesia primitiva experimentó diversas circunstancias que definieron lo que ellos
serían y harían. Fue un grupo de creyentes que inicialmente partió del cumplimiento de la
esperanza mesiánica de los judíos. Por esa razón, el Templo tuvo mucha influencia en su
adoración. Conforme el evangelio iba avanzando se iban sumando de a poco los gentiles, para
quienes el Templo no tenía mayor trascendencia, así que también se fueron adaptando al
respecto. Además, por la obra de Jesucristo las cosas cambiaron y las exigencias ya no eran
las mismas. Sobre esto el Nuevo Testamento muestra cómo se desarrolló la iglesia en estos
inicios. Este provee información de la edad apostólica, y la postapostólica, es decir las
generaciones que experimentaron directamente el cambio de la tradición judía a la cristiana.

Lugares de adoración
Sinagogas (Hch. 13:13-15; 14:1-2: 19:8)
En el Antiguo Testamento se observa que el sistema de adoración estaba concentrado
en el Templo, aunque también es claro que iba más allá que los sacrificios que se realizaban.
En los evangelios se observa que el Templo aún se concibe como el lugar de revelación
divina, casa de oración.1 Sin embargo, también se encuentra la sinagoga, estas eran centros de
estudio de la Palabra entre los judíos (Hch. 6:9), y se diferenciaban del Templo en que su
finalidad no eran los sacrificios, sino el estudio y la oración.2 Jesús frecuentaba la sinagoga,
así como sus discípulos y Pablo. Posteriormente con la destrucción del Templo en el año 70
d.C., las sinagogas tomaron un lugar importante para los judíos esparcidos por el mundo.
Es de relevancia destacar que el énfasis de las sinagogas era la lectura de la Ley y
estudio de la Palabra, lo cual era propiciado por un ambiente de organización formal. Y a
diferencia de lo que creían algunos líderes religiosos, Jesús no vino a romper la Ley, sino a
cumplirla. Es por esta razón, que no se dió una instrucción directa de abandonar las
sinagogas, sino que al contrario, fue un buen lugar para destacar que Jesús era el Mesías
anunciado en la Ley. La enseñanza acerca del Salvador tiene verdadero sentido entendiendo
su conexión con las promesas hechas, y por tal razón, este lugar era apropiado para adorar a
Dios en rendición y gratitud por medio del conocimiento de Él y la oración.
Casas (1 Cor. 16:19; Col. 4:15; Rom 16:5,23; Fil. 2)
Debido a la persecución que se comenzó a experimentar y a la incompatibilidad del
culto cristiano con la tradición judía, los creyentes empezaron a tener sus reuniones en los
hogares. Sin embargo, desde el comienzo del ministerio de Jesús, se le ve conviviendo con
las personas en círculos informales, especialmente en cenas. Hechos 2:42 señala que se
reunían cada día en las casas, y como era natural había una comunión propiciada por la
informalidad, la cuál era abonada por el acto de comer juntos.3 Como se verá más adelante,
parte importante de la adoración a Dios es lo referente al resto del cuerpo de Cristo, y por
ende, la comunión suscitada en este ambiente es adecuada para adorar a Dios por medio de
servir a los hermanos.

1
David Peterson, En la presencia de Dios: una teología bíblica de la Adoración (Barcelona: Andamio,
2003), 157
2
“Culto”, Gran diccionario Enciclopédico de la Biblia, ed. Alfonso Ropero (Barcelona: CLIE, 2013),
939.
3
Peterson, En la presencia de Dios, 176.
En todo lugar (En Espiritu y en verdad Jn. 4:19-24, dónde se reúnen en Su
Nombre Mt. 18:20, en la cárcel Hch. 16:25)
En Juan 4:19-24 Jesús habla con la mujer samaritana, esta trae a colación el lugar de
adoración, sin embargo la respuesta de Jesús va más profundo, Él va a la raíz. La respuesta
sobre el lugar es breve, no es ni dónde están en ese preciso momento, ni en Jerusalén donde
decían los judíos, porque eso ya no sería lo importante. Jesús va al corazón, a la manera de
adorar: hacerlo genuina e integralmente (en espíritu y en verdad). Juan Valera señala que esta
adoración no está basada en los sentimientos, pero sí serán un resultado de esta.4 Él agrega
que el énfasis está en el interior del corazón (espíritu) y de la mente (verdad), por esta razón
es un acto integral, que involucra al ser completo.5 Con base en esto, se destaca que el lugar
no era lo importante, y los primeros creyentes lo entendieron, como ejemplo de esto es Pablo
y Silas, quienes incluso en la cárcel estaban adorando a Dios. Esto mismo, sustenta la reunión
en los hogares, y posteriormente en las catacumbas debido a la persecución.

Propósito de congregarse
El objetivo de reunirse con un grupo de personas que profesan una misma fe es la
adoración a Dios. A su vez, se cumple un doble propósito: glorificar a Dios y edificar su
iglesia (Ef. 4:12,16; 1 Tes. 5:11; 1 Cor. 14:26).6 La iglesia naciente acababa de ver el
cumplimiento de la promesa hecha en el Antiguo Testamento, por lo que tenían un sentido
profundo de devoción a Dios. Aunque, por supuesto, para muchos esto no era así, el Mesías
que había llegado no les llenaba sus expectativas. Pero para quienes creyeron, esto les dió una
identidad arraigada a lo que había creído pero con una comprensión más amplia. De esa
manera también, el sentido de comunidad tomó un nuevo giro, estaban agregandose a la
familia de la fe incluso los gentiles, pero todos se pertenecían los unos a los otros.
Esta reunión no era el clímax de la vida cristiana, sino que una parte importante que
reflejaba lo que estaba sucediendo en la vida de los cristianos. Ropero señala que el culto es
la dedicación de la vida completa al creyente. Es decir que ese tiempo es un reflejo del
compromiso completo con una vida de adoración. Este lugar es en el que se ofrenda de
manera sacrificial la vida como un reflejo de la totalidad de la vida.7 Lo que permitía que
fuera de esta manera es el énfasis dado en cada reunión: la muerte y resurrección de Jesús.8
Así ellos mantenían en su foco la exaltación de Cristojesús en todo lo que hacía, y por lo
tanto era un reflejo de adoración.

Elementos de la adoración comunitaria


En Hechos 2:42 se mencionan algunos elementos importantes a desarrollar en la
adoración comunitaria o cúltica, no sin antes recordar lo ya mencionado, ellos mantenían en
mente la muerte y resurrección de Jesús; y su propósito era glorificar a Dios y edificar a la
iglesia. Por otro lado, los que estaban en estas reuniones mencionadas acababan de añadirse
al grupo de creyentes y recién fueron bautizados, eran aprox. 3000 personas. Ellos
continuamente se dedicaban llevar a cabo los elementos que a continuación se mencionarán,
Valera dice que los primeros cristianos vivían en un culto permanente:9

4
Juan Valera, El culto cristiano: origen, evolución, actualidad (Barcelona: CLIE, 2002), 30.
5
Ibid.
6
Ibid., 24.
7
“Culto”, Gran diccionario Enciclopédico de la Biblia, ed. Alfonso Ropero, 939.
8
In Sik Hong, “Redescubrimiento de la liturgia en las iglesias evangélicas”, Unidos en Adoración: la
celebración litúrgica como lugar teológico, ed. Juan José Barreda (Buenos Aires, Kairos, 2004), 14.
9
Valera, El culto cristiano, 41.
Perseverar en la doctrina de los apóstoles (enseñanza)
La autoridad apostólica era de gran peso y su testimonio era tomado en cuenta para el
crecimiento de las iglesias, ellos habían visto de primera mano el ministerio y enseñanzas del
Señor Jesús. Raúl Caballero comenta que: “La vida espiritual que nace en Dios se desarrolla
en el interior de sus almas. La doctrina de los apóstoles tiene la importancia de formar en los
nuevos convertidos un carácter semejante al de Cristo. La primera actividad que desarrollan
es la adoración que los estimula a conocer mejor a quien los ha llamado”.10
La comunión unos con otros
La nueva identidad que ahora poseían como cuerpo de Cristo, su iglesia, fomentaba
esa unidad característica de los cristianos. Hechos sigue describiendo esa vida compartida en
los vv. 44-47, estaban juntos, tenían las cosas en común, suplían a los necesitados vendiendo
sus cosas, se reunían frecuentemente en el templo para orar.11 Toda esa injerencia de unos en
la vida de unos a otros propiciaba el crecimiento de todos, se apoyaba en sus necesidades,
eran compañeros de luchas, y estaban disfrutando de esa nueva vida en Cristo. “Frente a un
individualismo religioso radicalizado, donde cada cual forma su propia iglesia, cobra
importancia el escuchar a los demás hermanos, los que viven con nosotros y también los que
nos han precedido”.12
El partimiento del pan (Cena del Señor - recordatorio del sacrificio)
La Cena del Señor fue designada por Dios como un recordatorio de su sacrificio, y
llevarla a cabo es un acto de adoración comunitaria. Es tan importante que Pablo, señala las
severas consecuencias de tomarlo sin discernir el cuerpo de Cristo, esto es, según Peterson,
no reconocer el significado de su coparticipación en el cuerpo de Cristo.13 Este elemento deja
en claro que la adoración a Dios, está íntimamente ligada a la relación con el resto del cuerpo
de Cristo.
Las oraciones (Hch. 1:14, Col. 4:2; 1 Tes. 5:17)
El ejemplo de Jesús respecto a la oración y el constante llamado de las escrituras a
orar denotan la importancia de hacerlo. Existen muchas cosas por las cuales orar: peticiones
(Ef 6:18), gratitud (Fil 4:6), interseción (1 Tim 2:1) y otros. La iglesia primitiva persistía al
respecto, ellos se mantenían orando.

Otros elementos
- Amenes en la congregación (1 Co. 14:16).
- Cantos (Hch. 16:25; Ef. 5:17; Col. 3:16).
- Ejercicio de los dones (1 Cor. 12:4-11; Ef. 4:11-16).
- Confesiones de fe (1 Ti. 6:12; 1 Co. 15:1-4).
- Ofrendas (1 Co. 16:1-2; Ro. 15:26).
- Doxologías (2 Ts. 3:16; Jud. 24).14

10
Raúl Caballero Yoccou, Comentario bı́blico del continente nuevo: Hechos I, (Miami: Unilit, 1992),
100.
11
Mauricio Acuña, “No había entre ellos ningún necesitado”: La normatividad de la comunidad de
bienes en Hechos 2–6, Kairós 48: Enero–Junio (2011), 46.
12
Eduard Schweizer y Alejandro Diez Macho, La iglesia primitiva, medio ambiente, organización y
culto (Salamanca: Sígueme, 1974), 75.
13
Peterson, En la presencia de Dios, 246.
14
Valera, El culto cristiano, 78.
Un acercamiento histórico al culto de la iglesia primitiva

La iglesia primitiva

El concepto “iglesia primitiva” es problemático en sí mismo, ya que, como señala


Schweizer: “resulta difícil determinar y descubrir el grupo que se designa ordinariamente
como comunidad primitiva”.15 Esto se debe principalmente a la escasez de fuentes históricas
dignas de crédito. En este sentido, se plantea que la “iglesia primitiva” tuvo múltiples
expresiones a lo largo del antiguo imperio grecorromano. No obstante, para Schweizer, las
“comunidades primitivas” son las congregaciones de Jerusalén de lengua aramea, las
congregaciones de Siria, y las que se encontraban en Judea, mismas que pertenecen al grupo
de comunidades perseguidas por el judaísmo (Hch 8:1).16
Por lo tanto, se propone que en Pentecostés los Doce eran plenamente conscientes de
su misión como propagadores no de una nueva religión, sino de una reinterpretación de la
antigua. Para Varela, está claro que, al menos por un tiempo, la iglesia naciente hizo una
combinación entre los rituales, costumbres y tradiciones del templo y la sinagoga.17 Sin
embargo, a medida que la iglesia se extendía hacia las comunidades gentiles, fueron
adquiriendo identidades propias y contextuales al entorno en el que estaban establecidas. No
obstante, estas identidades tuvieron otras influencias que provenían principalmente de la
cultura grecorromana. A continuación se abordarán algunas:
El culto cívico imperial
Algunas investigaciones como las de Torben Christensen han sugerido que la
ideología del culto a los gobernantes por parte del imperio romano, especialmente con las
imágenes de Augusto, influyó en demasía en la teología paulina, la cual que se ve reflejada en
la práctica cultual de las comunidades primitivas.18 Augusto es celebrado en la poesía de
Virgilio como la figura salvadora que inaugura “una época gloriosa” y recibe el tributo
profético: "Tendrá el don de la vida divina, verá a los héroes mezclados con los dioses, y él
mismo será visto por ellos... Entra en tus altos honores... Oh tú, querido vástago de los dioses,
poderosa semilla de un Júpiter por venir". (Virgilio, Ecl. 4.11.48).19 Es comprensible que, a la
muerte de Augusto, en el año 14 d.C., el Senado romano le otorgara la caelestes honores
("honores eternos"). En palabras de Everett Ferguson, "la deificación en Roma... era una
concesión de estatus; el culto era una forma suprema de honor".20
15
Eduard Schweizer, Alejandro Diez Macho, La iglesia primitiva: medio ambiente, organización y
culto, trad. Julio Trebolle (Salamanca: Sígueme, 1974), 60.
16
Ibíd., 61.
17
Valera, El culto cristiano. 95. La influencia del judaísmo sobre el culto cristiano de las comunidades
primitivas es notoria, principalmente de la sinagoga. Por ejemplo, tomaron para sí la tradición de la lectura y
exposición de la Palabra (1 Co. 14:26; Hch. 20:7-12), junto con las oraciones y cantos de ambiente de alabanza
(Ef. 5:19; Col. 3:16), confesiones de fe y/o credos (1 Co. 15:1-4; 1 Ti. 6:12), y ofrendas y colectas (1 Co. 16:1;
Ro. 15:26).
18
Torben Christensen, Christus oder Jupiter: Der Kampf um die geistigen Grundlagen des Römischen
Reichs, trad. D. Harbsmeier (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1981), 22-39. En Roma, donde la gente
había odiado tradicionalmente la divinización de los seres humanos, el culto a los gobernantes comenzó
honrando al Genius Populi Romani en templos y santuarios domésticos. Octavio dispuso que se le rindieran
extravagantes honores y que su estatua se colocara junto a la tribuna del orador en el foro. Se le llamó el "Hijo
del Divino Salvador", y se le representó inicialmente como un redentor militar, en pose desnuda, con el pie
apoyado en un globo terráqueo como gobernante universal del mundo. Vease John Ferguson, “Ruler-Worship”
en The Roman World (London: Routledge & Kegan Paul, 1987), 2:766-84.
19
En una línea similar, Claudio fue votado apoteósico por el Senado romano cuando murió en el año 54
d.C. Nerón, al acceder al trono, fue celebrado como el líder glorioso que marcaría el comienzo de otra Edad de
Oro. Véase Dieter Georgi, Theocracy in Paul’s Praxis and Theology, trad. D. E. Green (Minneapolis: Fortress
Press, 1991), 87.
20
Everett Ferguson, Backgrounds of Early Christianity (Grand Rapids: Eerdmans, 1987), 197.
Esta cosmovisión grecorromana del culto cívico se ve contrastada en la teología
paulina en sus diversos escritos. Basta, por ejemplo, dar un vistazo al argumento de Pablo en
su carta a los Romanos. En ella, el apóstol hace una descripción de la ira divina contra los que
pretenden suprimir la verdad (Ro 1:18), y adorar a las criaturas en lugar de al Creador (1:25),
afirmando que todos los seres humanos son mentirosos (3:4) y que ninguno es
verdaderamente justo (3:9-10), formulando así una antítesis de la propaganda oficial romana
del culto cívico. De igual manera, el culto cívico se ve contrarrestado por la representación
que Pablo hace de Cristo. El hecho de que solo Cristo sea “el Señor”, con un nombre sobre
todo nombre, y que someta todo a su autoridad, busca reorientar la adoración imperial de la
comunidad gentil hacia Jesús de Nazareth.21
La influencia pagana
Los estudios más antiguos relacionados a la iglesia primitiva y su culto, prestaron
poca atención a las prácticas de los cultos paganos de la época, salvo para señalar las
diferencias que los separaban del cristianismo.22 Al parecer, la gran mayoría de eruditos
estaban convencidos del carácter único de la religión cristiana frente a sus rivales paganos.23
Toda influencia que otras religiones pudieran haber tenido en la liturgia cristiana se solía
ubicar únicamente al periodo que va desde el siglo IV en adelante, cuando se consideraba que
habían tenido un efecto corruptor sobre la pureza de las prácticas originales.24 Sin embargo,
aunque tanto el judaísmo como el cristianismo primitivo eran, en ciertos aspectos
importantes, excluyentes y se mantenían al margen de lo que hacían otros grupos religiosos,
ninguno de ellos existía en un vacío, aislado del lenguaje, las imágenes y las prácticas de las
religiones y la cultura que les rodeaban.
No pocos eruditos contemporáneos propusieron que el cristianismo adquirió algunas
prácticas de culto que provenían de las religiones de misterio griegas. Por ejemplo, Heinrich
Julius Holtzmann sostuvo que la doctrina y entendimiento de Pablo acerca del bautismo y la
eucaristía tenían sus orígenes en el helenismo.25 Y qué decir del trabajo de Wilhelm Bousset,
quien sostenía la tesis de que fueron los cristianos gentiles los primeros en adorar a Cristo
como Kyrios, viéndolo como un nuevo dios-misterio.26 No obstante, el error de estos
estudiosos radica en que se centraron demasiado en las religiones mistéricas y no en el
entorno religioso y cultural más amplio del que formaban parte. Esto no quiere decir que no
hubo cierta influencia del paganismo, es probable que de forma bastante inconsciente, no
pudieron evitar verse afectados por sus contemporáneos y que las palabras y acciones de su
culto, en algún sentido, fueron moldeadas por la sociedad en la que vivían.27
21
.. Como observa Maier: las representaciones visuales que se encuentran por todas partes del imperio
estaban diseñadas para persuadir a sus habitantes de que estaban gobernados por un orden dispuesto por los
dioses, con un gobernante divinamente establecido, aquel a quien llamaban divi filius o υἱός θεοῦ a la cabeza.
Véase Harry O. Maier, Picturing the New Testament: Studies in Ancient Visual Images (Tübingen: Mohr
Siebeck, 2005), 386.
22
Paul F. Bradshaw, The Search for the Origins of Christian Worship: Sources and Methods for the
Study of Early Liturgy (New York: Oxford University Press, 2002), 21.
23
Este punto de vista empezó a ser cuestionado a finales del siglo XIX por la "escuela de historia de las
religiones" alemana, un grupo de eruditos que tuvo una mayor influencia en la erudición bíblica que en los
historiadores de la liturgia. Ibíd.
24
Ibíd.
25
Ibíd., 22.
26
Ibíd.
27
En las últimas décadas se ha empezado a reconocer y a explorar la amplia interacción entre las
prácticas cristianas, judías y paganas. A partir de un influyente artículo de Gordon J. Bahr en 1970, que animó a
muchos estudiosos posteriores a examinar más de cerca el trasfondo grecorromano de las comidas judías y
cristianas en sus intentos de comprender la Eucaristía primitiva, se puede observar una tendencia creciente a
tomar más en serio la influencia del entorno pagano más amplio en los primeros modelos de culto cristiano.
Véase Gordon J. Bahr, “The Seder of Passover and the Eucharistic Words”, Novum Testamentum 12/2 (1970):
182-202.
El culto de la iglesia en el libro de los Hechos
Una de las principales dificultades a la hora de realizar un estudio acerca del culto
cristiano en el Nuevo Testamento, es que casi todas las referencias y descripciones explícitas
están ubicadas en un solo libro: Los Hechos de los apóstoles. Esto puede conducir a un sesgo
hermenéutico, al pretender generalizar sobre las formas de culto en el período
neotestamentario. Precisamente esto era lo que sucedía con la erudición antigua, al
presuponer un origen unificado de la liturgia cristiana que luego varió en el tiempo y en el
espacio.28 Sin embargo, a la luz del reconocimiento de la amplitud de la diversidad de
pensamiento y práctica en el seno del cristianismo del siglo I, esta tendencia se pone en tela
de juicio.29 A continuación se expondrá sobre lo que ocurría en una tradición dentro de la
Iglesia primitiva a partir de ciertos pasajes, pero no hay suficientes motivos y argumentos
para suponer que fuera necesariamente típica de todas las demás.
El primer pasaje a analizar es Hch 2:43-47. Esta porción del libro se ha utilizado
comúnmente para establecer un patrón acerca de la vida de la iglesia naciente. Sin embargo
estos versículos solo dan luz acerca de la iglesia que estaba en Jerusalén y cuyo culto parece
girar todavía en torno al templo. Aunque se brindan detalles como el partimiento del pan en
casas, la comunión unos con otros y la acción social. No obstante, ¿qué es lo que se describe?
¿Son estos relatos registros históricos razonablemente fiables de lo que realmente ocurría en
las primeras comunidades cristianas palestinas? Evidentemente no, al menos no de todas las
comunidades primitivas.
Esas mismas preguntas se pueden aplicar a pasajes como el de Hechos 12:5-12.
Cuando, por ejemplo, la iglesia de Jerusalén se reúne por la noche para orar por el preso
Pablo (Hechos 12:5-I2), y Pablo y Silas oran y cantan himnos a Dios a medianoche mientras
están en la cárcel (Hechos 16:25), ¿se trata de reflejar una costumbre regular de oración
nocturna conocida por el autor, o de una actividad inusual ocasionada por las circunstancias
especiales? Para Conzelmann, esto es algo circunstancial más que una costumbre regular.30
Así mismo, el relato de Hechos 20:7-11 donde el “partimiento del pan” en Troas se da
después de la medianoche del primer día de la semana precedido de un largo sermón: ¿refleja
la hora y la forma habituales de la celebración eucarística que el autor conocía, o es una
forma y una ocasión excepcional provocada por la partida de Pablo? Como se ha demostrado,
es difícil utilizar la evidencia de esta fuente con algún grado de confianza para reconstruir la
liturgia cristiana del primer siglo.

Posibles himnos y oraciones de los primeros cristianos

Un aspecto de la investigación acerca del culto cristiano primitivo que ha recibido una
atención considerable está relacionada a los textos litúrgicos reales, especialmente himnos,
dentro de los propios libros del Nuevo Testamento.31 Por ejemplo, se puede encontrar
material hímnico en los cánticos lucanos Lc 1:46-55, 68-79; 2:29-32, o en Jn 1:1-16; Fil
2:6-11; Col 1:15-20 y las diversas aclamaciones y cantos del libro del Apocalipsis.32 Algunos

28
Maxwell E. Johnson, “The apostolic tradition” en The Oxford History of Christian Worship, ed.
Geoffrey Wainwright y Karen B. Westerfield Tucker (New York: Oxford University Press, 2006), 72.
29
Bradshaw, The Search for the Origins of Christian Worship, 53.
30
Hans Conzelmann, A Commentary on the Acts of the Apostles (Philadelphia: Fortress Press, 1987),
132.
31
Para una introducción al tema de los himnos y credos primitivos véase la obra de Jack T. Sanders,
The New Testament Christological Hymns: Their Historical Religious Background (Cambridge: Cambridge
University Press, 1971).
32
Algunos eruditos añadirían a esta lista pasajes como Hebreos 1.3; 1 Timoteo 3.16; 1 Pedro 3.18-22, y
otros más, pero estas sugerencias revelan inmediatamente lo extremadamente difícil que es establecer criterios
objetivos para distinguir los himnos reales de los meros pasajes poéticos, o para saber si la composición se
estudiosos han intentado no sólo identificar los pasajes como material hímnico, sino también
clasificarlos como: 1 composiciones judías con poca o ninguna edición cristiana; 2
redacciones cristianas de originales judíos; 3 composiciones helenísticas precristianas; o 4
composiciones puramente cristianas, aunque quizás influenciadas por tradiciones judías o de
otro tipo.33 No obstante, a pesar de esta incertidumbre, los pasajes que han sido identificados
por consenso general como himnos y oraciones pueden considerarse legítimamente como un
reflejo del tipo de material litúrgico que habrían utilizado los primeros cristianos.34

La tradición apostólica
Como se ha venido desarrollando, es complicado determinar una expresión del culto
cristiano como normativa o generalizada para la diversidad que caracterizó a la fe cristiana de
los primeros siglos. Por tanto, intentar describir las diversas tradiciones del culto cristiano,
"apostólico" o no, en los tres primeros siglos de la Iglesia es una tarea enormemente
compleja.
Porque, en contra de las suposiciones que solían tener los estudiosos anteriores, los
estudiosos contemporáneos de la liturgia se dan cuenta cada vez más de que el culto
cristiano era diverso incluso en sus orígenes bíblico-apostólicos, multilineal en lugar
de monolineal en su desarrollo, y estrechamente relacionado con las diversas
expresiones y orientaciones culturales, lingüísticas, geográficas y teológicas de las
distintas iglesias a lo largo de los primeros siglos del cristianismo.35
Por lo tanto, no debemos esperar encontrar una única práctica litúrgica o teología
"apostólica" que sobreviva en este periodo de la historia de la Iglesia anterior al Concilio de
Nicea (325), sino más bien una gran diversidad tanto en los propios ritos como en sus
interpretaciones teológicas.
Es decir, la historia del culto cristiano en estos siglos no es la historia de una única
tradición de culto que subyace a la diversidad de prácticas litúrgicas derivadas de algún
núcleo prístino, unitivo o "apostólico", sino que es en sí misma la historia de una pluralidad
de prácticas litúrgicas desde el principio.36 Sin embargo, esta visión de la "tradición
apostólica" del culto cristiano en los tres primeros siglos no significa que todo sea relativo, ni
que no haya nada autorizado o normativo que haya surgido para la(s) tradición(es) de culto
posterior(es) de la Iglesia a partir de estos siglos de desarrollo.37
De manera que, aunque no sepamos desde el período más antiguo lo que constituía
exactamente la liturgia cristiana en detalle, el hecho es que toda nuestra evidencia
litúrgica desde al menos Justino Mártir hasta la Reforma del siglo XVI indica
claramente la existencia continua de algún tipo de rito "bautismal" de iniciación en el
agua y el Espíritu Santo, la continua reunión de las iglesias los domingos y otras
fiestas del calendario litúrgico para escuchar la palabra y compartir alguna forma de
comida eucarística con su gran eucaristía como "memorial" de Cristo y acto central de
su culto a Dios, la existencia de patrones para la oración diaria (ya sea privada o

originó simplemente con el autor o con alguna otra persona anónima, o si era de uso litúrgico real en una
comunidad cristiana.
33
Bradshaw, The Search for the Origins of Christian Worship, 59.
34
Ibíd.
35
Kenneth Stevenson, The First Rites: Worship in the Early Church (Minneapolis: Liturgical Press,
1989), 120.
36
Johnson, “The apostolic tradition”, 127.
37
Ibíd.
comunitaria), alguna forma de "orden", y alguna forma de ministerio fuera de la
comunidad.38
La diversidad que se encuentra en las iglesias de los primeros siglos, por tanto, es
precisamente una diversidad en el modo de hacer las cosas: cómo se celebraba el bautismo y
sus diversos ritos complementarios; cómo se estructuraba la observancia del domingo y de las
fiestas (por ejemplo, si la Pascua tenía lugar en una fecha calendárica o en un domingo);
cómo se celebraba la comida, junto con su proclamación de la palabra, y cómo se recogían y
distribuían sus dones; cómo debían realizar las oraciones de la comida y cuáles debían ser sus
diversos componentes estructurales; cómo se preparaba a los catecúmenos para la iniciación;
y cómo podían ordenarse los diversos ministerios de supervisión y servicio.39

Implicaciones para el culto cristiano contemporáneo.


A inicios del siglo XVI, con el inicio de la Reforma Protestante, surgen diversas
denominaciones, cada una con un énfasis particular. Llegando al siglo XXI se contabilizan
más de veinte mil.40 Valera menciona que esto supone que existe casi la misma cantidad de
formas de culto, pues las indicaciones bíblicas sobre la manera de adorar son flexibles y dan
lugar a muy variadas manifestaciones cúlticas.41 Sin embargo, esta diversidad ha traído
consigo exclusión, prejuicio y fragmentación puesto que se coloca una forma cúltica en
particular por encima de otras, excluyendo así la multiforme gracia de Dios.42 Si bien es
cierto que cada una de las maneras en las que se hacen los cultos hoy en día en la iglesia
protestante debe ser evaluada a la luz, principalmente de las Escrituras, la tradición y el
escenario contemporáneo, no se trata de repetir simplemente las formas cúlticas de la iglesia
primitiva. Hacer esto podría tratarse de un anacronismo, pues precisamente la existencia de
formas diversas de culto muestra cómo cada tiempo ha tenido que ir dando una respuesta
nueva a los problemas que se le planteaban.43 En esto radica la riqueza del culto a Dios de la
iglesia primitiva, puesto que no existe una forma universal de hacerlo; sólo principios
bíblicos a seguir.44
Ahora bien, esta diversidad no es una invitación a aceptar, promover y promulgar
ingenuamente cualquier forma de culto. Es más bien, una invitación a tener una adecuada
lectura de los signos de los tiempos y saber identificar los cambios que el culto debe tener
según el contexto cultural en el que se encuentre inmerso. Como bien dice Valera: “El estilo
de nuestros cultos tiene que saber amoldarse a las ‘modas comunicativas’ de cada época sin
perder la inmutabilidad de su contenido y estructura”.45 El fin de cada culto sigue siendo el
mismo: adorar al Señor; presentar adoración al único que la merece, el Dios creador y
sustentador de todas las cosas visibles e invisibles. Pero los medios y las formas en cada
época de la historia han variado y deben seguir haciéndolo. Acerca de los cultos
contemporáneos, Valera dice que éstos “...deben respetar la estructura que se recoge de la
Biblia y la historia, pero dejando libertad para desarrollarla dentro de los distintos estilos

38
Todo ello apunta, en efecto, a algún tipo de patrón universal u ordo de culto que las diversas iglesias
de la antigüedad cristiana consideraban como una norma universal que determinaba su comprensión de lo que
constituía el culto cristiano y que parecía trascender la diversidad y la variedad locales.
39
Para una mayor comprensión se recomienda la obra de James F. White, “How Do We Know It Is
Us?'', en Liturgy and the Moral Self: Humanity at Full Stretch Before God, ed. E. Byron Anderson and Bruce
Morrill (Minneapolis: Liturgical Press, 1998), 55–65.
40
Valera, El culto cristiano, 105.
41
Ibíd.
42
Ibíd., 120.
43
Schweizer y Díez Macho, La iglesia primitiva, medio ambiente, organización y culto, 77.
44
Valera, 148.
45
Valera, El culto cristiano, 122.
acorde con la época, cultura y tradición de cada congregación”.46 En ese sentido, el creyente
basado en estos lineamientos debe apelar al discernimiento y su juicio crítico para evaluar
Contenido del culto
El contenido del culto ha de mantener su singularidad y fidelidad a la Palabra; no se
replantea con el paso de la historia ni por la influencia de la época. El estilo y estructura sí
puede cambiar, es decir, es tan válido un culto en una iglesia con tradición litúrgica como la
presbiteriana, donde todo está metódicamente establecido, como un culto de expresión
pentecostal, donde se apela a la espontaneidad, siempre que ambos respeten el contenido. Ese
contenido, según Valera es: (1) la unicidad y exclusividad de Dios; el único Dios es YHWH,
y sólo a Él debe rendirse el culto, (2) el carácter trinitario; la adoración alaba al Padre eterno
y trascendente, da gracias por la Obra redentora del Hijo e invoca la presencia del Espíritu
Santo como agente santificador de la vida del creyente, (3) el carácter cristológico, el culto es
una rememoración histórica de la victoria de la salvación y redención en Cristo y se
esperanza con su gloriosa segunda venida.47

Algunas consideraciones para el culto cristiano en una época posmoderna


En la posmodernidad, con la muerte de lo absoluto y racional, el auge del hedonismo,
individualismo, narcicismo y relativismo, se produce una pérdida de horizontes y referentes
en todos los órdenes de la vida, incluído el culto cristiano.48 Esto ha provocado que algunas
denominaciones se casen con el sentir de la época, influenciando así la manera en la que
hacen sus cultos. Se convierten en cultos individualistas y hedonistas que buscan satisfacer
las necesidades de cada uno de sus miembros con tal de entretenerlos. Schweizer menciona
que el culto de hoy en día, “...para mantener a la masa, se dirige más a los ojos y a los oídos
que al corazón y al entendimiento”.49
Para muchos el culto dominical es sólo una obligación religiosa que se puede
satisfacer desde (antes de la pandemia el televisor) el teléfono móvil y ofrendando por
transferencia bancaria. Se construyen, por tanto, las estructuras cúlticas, no en función de las
Escrituras, la historia y el escenario contemporáneo, sino en función de la comodidad,
hedonicidad e individualidad.50 Surge entonces, la necesidad de experimentar el culto desde
una perspectiva funcional; surge la fe emocional promovida por la importancia del
sentimiento, y la herencia individualista, y superficial de la sociedad actual.
Muchos cultos protestantes, menciona Valera, se hacen “...desde una dimensión
festiva irreal, se busca la experiencia mística, estática, se buscan cultos triunfalistas, pero
libres de compromiso directo, en ocasiones como auténticos espectáculos donde sólo se
persigue estimular los sentidos y crear un ambiente de euforia...".51 Ahora bien, el culto
cristiano es esencialmente una fiesta de celebración, y como tal, la dimensión festiva no
puede separarse del culto, el hecho de la resurrección y el mensaje general del evangelio, es
motivo de gozo y alegría y es bueno expresar esto en los cultos.
46
Ibíd., 139.
47
El culto cristiano reúne todo el simbolismo cristológico ye scatológico desde las primitivas ofrencas
y sacrificios de Génesis y la época patriarcal, pasando por la legislación de esos sacrificios y ofrendas con la
llegada del Tabernáculo y del Templo, hasta el surgimiento de las sinagogas con su énfasis en la enseñanza de la
Palabra. Hasta la era cristiana, todo el sistema sacrificial del Templo y el Tabernáculo era tipo de Cristo, el
auténtico Cordero que había de ser sacrificado en expiación por los pecados del mundo. El simbolismo de todo
el sistema cúltico del Antiguo Testamento se había cumplido con el sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz del
Calvario. Todo este simbolismo sacrificial es alcanzado y rebasado, quedando recogido en la Cena del Señor
donde se recuerda ese sacrificio, se simboliza la unidad como cuerpo de Cristo al comer y beber los símbolos
del pan y del vino, y se participa del ya pero todavía no del banquete mesiánico. Valera, El culto cristiano, 118.
48
Valera, El culto cristiano, 127.
49
50
Valera, El culto cristiano, 130.
51
Ibíd.,
Pero buscando siempre que nazca de una realidad interior y de un conocimiento y
asunción de la Palabra de Dios, y no de un mero emocionalismo pasajero o de una
histeria colectiva que busca experiencias extáticas y emociones fuertes, en vez de
compromiso y fidelidad a Dios y su Palabra.52 No debe preocuparnos si el cristiano
“se cae” o no, sino más bien “cómo anda” en su vida cotidiana.53

Surgen entonces dos preguntas: ¿qué principios bíblicos neotestamentarios acerca del
culto son necesarios rescatar hoy en día? ¿Qué se puede imitar de la historia de la iglesia
primitiva y su culto?
Actualmente, muchos pastores encuentran la respuesta en los cultos denominados
“contemporáneos” por considerarlos eficientes. Pero en realidad, la cuestión no radica en la
eficiencia de la liturgia. Si se opta por emplear los métodos prácticos y eficientes, sin una
seria reflexión teológica ni una consideración cultural y social, podría causar la tergiversación
de la fe cristiana (búsqueda de la eficiencia a costa de la autenticidad).54 Por esa razón, es
importante que la

El culto se hace en comunidad


La fe cristiana se experimenta y expresa en comunidad. Frente al problema del
individualismo de la posmodernidad, el culto cristiano debe recuperar la dimensión
comunitaria que ha prevalecido a lo largo de la historia del cristianismo. Los cultos deben
incentivar la participación de los fieles, favoreciendo la relación litúrgica y proveyendo un
ambiente de cuerpo. Se necesitan cultos acogedores que brinden seguridad y sentido de
arraigo.55 El culto requiere intercambio; es una actividad grupal que puede significar una
exploración de las posibilidades en la interacción de la comunidad de fe. Participación
implica, en términos comunitarios o personales, la idea de tomar parte o de compartir. Alude
a un rol activo.56

La diversidad del culto


Muchas de las actuales iglesias protestantes históricas, que se consideran legítimas
herederas del espíritu de la Reforma y cuyo culto va dirigido a la mente, centrado en la
doctrina y la Palabra, no reconocen a los que para ellos son “otras sectas evangélicas”,
desmeritando así su forma cúltica al considerarla “anti-bíblica”. Por otro lado, las iglesias
protestantes, principalmente pentecostales y neo-pentecostales, cuyo culto va dirigido al
corazón, los sentimientos y la acción del Espíritu Santo, de cierta manera desvirtúan también
el culto de denominaciones más conservadoras al considerarlas “legalistas”. Sin embargo, la
historia y las Escrituras no dan una lista exhaustiva de la estructura que debe tener un culto y
como tal, no hay una manera única y exclusiva de hacerlo.

La simplicidad
Durante los primeros siglos de la iglesia primitiva, el culto no dependía del lugar de
reunión. Una congregación no es lo mismo que una audiencia en un teatro o un cine.57
Modelo básico de culto: reunión, Palabra, Eucaristía.

52
Ibíd., 132.
53
Ibíd., 133.
54
Hong, “Redescubrimiento de la liturgia en las iglesias evangélicas”, 25.
55
Valera, El culto cristiano, 133.
56
Ibíd., 119.
57
Ibíd., 124.

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