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Nutrición Durante La Gestación

El documento describe los procesos fisiológicos y requerimientos nutricionales durante el embarazo y la lactancia. Durante el embarazo, la mujer experimenta cambios como aumento de peso, náuseas, estreñimiento y otros para apoyar el crecimiento del feto. Sus necesidades de energía, proteínas, vitaminas y minerales aumentan. Una nutrición adecuada durante esta etapa es fundamental para la salud de la madre y el bebé.

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Nutrición Durante La Gestación

El documento describe los procesos fisiológicos y requerimientos nutricionales durante el embarazo y la lactancia. Durante el embarazo, la mujer experimenta cambios como aumento de peso, náuseas, estreñimiento y otros para apoyar el crecimiento del feto. Sus necesidades de energía, proteínas, vitaminas y minerales aumentan. Una nutrición adecuada durante esta etapa es fundamental para la salud de la madre y el bebé.

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NUTRICIÓN DURANTE LA GESTACIÓN

El embarazo es una etapa fisiológica de la vida femenina que requiere cubrir


unas necesidades nutricionales específicas, ya que desde el momento en el
que la mujer queda embarazada se producen en su organismo cambios
encaminados a lograr un crecimiento y desarrollo fetales óptimos. Por ello, las
necesidades nutricionales están incrementadas en comparación con las de la
mujer sana en etapa no reproductiva. Posteriormente, en la lactancia, las
necesidades de nutrientes se incrementan en mayor medida que en el
embarazo, condicionando la salud de la madre y el niño.

DESCRIPCIÓN DE LOS PROCESOS FISIOLÓGICOS NORMALES QUE SE


DESARROLLAN EN LA GESTACIÓN

Durante la gestación se producen una serie de cambios adaptativos en la mujer


con la finalidad de permitir y mantener el crecimiento y desarrollo óptimo del
feto, así como para preparar su organismo para una futura lactancia.

Aumento de peso

La gestación es una etapa anabólica por excelencia en la que se sintetizan


muchos tejidos nuevos, lo que se traduce en un aumento progresivo de peso.
Este incremento ponderal se ve favorecido por un aumento del hambre y la sed
de la embarazada, especialmente a partir del segundo trimestre de embarazo.

Épulis

El épulis es una situación en la que las encías se ablandan y sangran ante


pequeños traumatismos, como el cepillado dental. En estos casos es
importante realizar una esmerada higiene bucal, suprimir el tabaco y alcohol
-que pueden dañar aún más las encías, además de producir daño fetal- y evitar
comer entre horas.

Náuseas y vómitos

Son síntomas habituales que aparecen al principio del embarazo, generalmente


por la mañana, que ocasionalmente van acompañados por una excesiva
producción de saliva. Cuando son excesivos, intensos y repetidos pueden
producir deshidratación, acidosis metabólica por inanición, pérdida de peso,
hipopotasemia y otros trastornos metabólicos.

Pirosis

Producida por regurgitación del contenido gástrico hacia el esófago, es también


un trastorno habitual, sobre todo al final del embarazo, por la presión del feto y
la relajación del esfínter gastroesofágico. La sensación de ardor empeora en
decúbito supino.

Estreñimiento y hemorroides

Son problemas que surgen o se agravan durante el embarazo. Para luchar


contra ellos se debe aumentar el consumo de alimentos ricos en fibra, como
verduras, frutas y cereales integrales, así como beber abundante cantidad de
agua y zumos. También es útil la realización de ejercicio moderado, sobre todo
caminar, para favorecer los movimientos intestinales.

Preeclampsia

Es un cuadro grave que se suele manifestar en los últimos meses de


embarazo. Se caracteriza por el aumento de la presión arterial y la alteración
de la función renal con retención de productos nitrogenados (urea), líquidos y
sodio, y con pérdida de albúmina (proteinuria). Esta situación puede llevar a
una eclampsia, crisis hipertensiva grave que puede provocar la muerte fetal y/o
materna.

REQUERIMIENTOS DE NUTRIENTES DURANTE LA GESTACIÓN

Energía

La dieta ingerida por la mujer embarazada debe contener la energía necesaria


que asegure el mantenimiento de su salud y un desarrollo fetal óptimo. La
adaptación metabólica en el embarazo se produce desde las primeras
semanas, y va cambiando a medida que avanza la gestación. En la primera
parte, el crecimiento fetal genera demandas poco importantes y el metabolismo
materno se dirige hacia el almacenamiento de reservas, especialmente
acumulación del tejido adiposo. Conforme avanza la gestación, va siendo
menor la cantidad de energía almacenada, mientras que aumenta la que se
destina a las necesidades fetoplacentarias. Así, el aporte energético debe
incrementarse en unas 250-300 kcal/ día a partir del segundo trimestre,
siempre que el estado nutricional previo a la gestación sea adecuado. Las
últimas recomendaciones proponen la adición de 340 a 450 kcal al día durante
el segundo y tercer trimestre, respectivamente. Todo ello teniendo en cuenta
que cada mujer tiene sus necesidades específicas, que pueden estimarse en
función de su peso, edad y actividad física.
Dicha energía debe proceder de alimentos ricos en hidratos de carbono
(cereales, frutas, verduras, hortalizas y legumbres), intentando disminuir la
energía aportada por lípidos (especialmente grasas saturadas y colesterol) y
azúcares de absorción rápida. Los alimentos deben repartirse en cinco comidas
diarias, respetando las costumbres de cada embarazada y evitando el picoteo
entre horas, para que no se produzcan aumentos de peso excesivos. No
obstante, en el extremo opuesto, una dieta cuantitativamente insuficiente
producirá fatiga, disminución de la masa muscular, descalcificación y anemia
en la madre, mientras que en el feto se produce un aumento en el riesgo de
abortos, partos prematuros, bajo peso al nacer y mortalidad fetal.

Macronutrientes

Durante el embarazo se produce una expansión de la masa eritrocitaria,


crecimiento del útero y desarrollo de la placenta y del feto, por lo que existe un
incremento en las necesidades de proteínas, especialmente a partir del
segundo trimestre. Las proteínas deben suponer el 12-15 % del total calórico.
Es importante reducir el contenido de grasa de la dieta para evitar problemas
gastrointestinales (frecuentes durante el embarazo). Las necesidades de
ácidos grasos, triglicéridos, colesterol y fosfolípidos se ven incrementadas para
la síntesis adecuada de membranas celulares en el feto, y la embarazada debe
cuidar el tipo de grasa que consume, evitando las deficiencias en ácidos grasos
esenciales. Concretamente, el ácido docosahexaenoico es fundamental para la
formación del sistema nervioso y la retina del feto, por lo que la presencia de
pescado (especialmente pescado azul) en la dieta de la mujer gestante
constituye una pauta sencilla para asegurar el aporte de este ácido graso, que
además se sintetiza en el hígado y en la placenta materna, a través de la cual
pasa al feto. Los hidratos de carbono deben aportar el 50-60 % del total de las
calorías, pues suponen la principal fuente de energía para el feto, y una ingesta
insuficiente puede ocasionar la movilización de las reservas proteicas maternas
para ser usadas como fuente de energía. Por otra parte, la excesiva e
incompleta combustión de grasa que se da en estas circunstancias puede
llevar a un aumento en la producción de cuerpos cetónicos. Además, hay que
aumentar el aporte de fibra, ya que el estreñimiento es frecuente durante esta
situación fisiológica. Debido al aumento del volumen plasmático que se
produce en este período, suele observarse una disminución de la glucemia en
ayunas. Este hecho se compensa con una resistencia periférica a la acción de
la insulina, para evitar que se produzca una reducción muy drástica de la
glucemia, mecanismo que en determinadas ocasiones desencadena diabetes
en las mujeres gestantes. Sin embargo, restringir el consumo de hidratos de
carbono no supone una ventaja para evitar o corregir la diabetes gestacional.

Vitaminas y minerales

Mientras que el incremento calórico recomendado durante el embarazo es


relativamente pequeño, los requerimientos de vitaminas y minerales aumentan
en mucha más proporción. Por ello, resulta difícil conseguir aportes adecuados
de vitaminas y minerales, siendo conveniente seleccionar alimentos con una
alta densidad de nutrientes (que aportan muchas vitaminas y minerales en un
contenido bajo de energía). Excepto en casos de alto riesgo, la mujer gestante
puede cubrir sus recomendaciones consumiendo una dieta adecuada. Sin
embargo, la suplementación con vitaminas y minerales en algunos momentos
del embarazo puede ayudar a evitar deficiencias.

Ácido fólico
Los requerimientos de ácido fólico se incrementan como respuesta a la
demanda de eritropoyesis y crecimiento feto placentario, así como por una
excreción urinaria aumentada. Además, esta vitamina tiene una función
primordial en la síntesis de ácidos nucleicos, muy aumentada en este período
de vida por el elevado ritmo de replicación celular. la carencia de ácido fólico en
la gestante puede producir anemia megaloblástica, pero, además, el
padecimiento de esta deficiencia en las primeras semanas de gestación
(especialmente en las 1O primeras semanas) se asocia a un aumento del
riesgo de malformaciones congénitas fetales (defectos del tubo neural, como
espina bífida, problemas cardíacos, urinarios, labio leporino, etc.). Este hecho
hace que el aporte adecuado de esta vitamina resulte de gran importancia,
durante toda la época fértil de la mujer y especialmente desde el momento en
el que se planifique el embarazo . Los vegetales de hoja verde son los
alimentos con mayor contenido en esta vitamina y, por tanto, deben incluirse de
forma habitual en la dieta de la mujer gestante.

Tiamina, riboflavina y niacina


Su aporte debe aumentar ligeramente en la dieta de la mujer gestante, debido
al incremento de su ingesta energética. En el caso de la riboflavina se
observan, con frecuencia, niveles bajos en sangre y una reducción en su
excreción urinaria en el tercer trimestre, lo que podría relacionarse con un
aumento en las necesidades de esta vitamina.

Piridoxina
Las necesidades específicas de piridoxina se relacionan con el aporte al feto y
con el aumento de actividad de diversas enzimas con las que colabora esta
vitamina como cofactor.

Vitamina C
El aporte adecuado de vitamina C favorece la absorción del hierro, lo que
resulta de especial importancia en las mujeres fumadoras.
Vitamina D

La exposición habitual a la luz solar, junto a una dieta adecuada, resulta de vital
importancia para tener un aporte suficiente de vitamina D, nutriente
fundamental para la correcta absorción y utilización del calcio.

Vitamina A
El aporte adecuado de vitamina A resulta esencial para el desarrollo fetal, la
formación de calostro, la síntesis de hormonas ligadas a la gestación y la
constitución de depósitos hepáticos para la lactancia. Sin embargo, el exceso
de alimentos que contienen grandes cantidades de retino! (hígado, patés, etc.)
se ha asociado al padecimiento de malformaciones congénitas, sobre todo en
cara, paladar, pabellones auriculares y corazón, así como con anormalidades
en el tracto urinario y en el sistema nervioso central. Por todo ello, sería
recomendable no abusar de alimentos ricos en dicha vitamina durante el
período de gestación.
Vitamina E
Algunos estudios relacionan los niveles bajos de vitamina E durante la
gestación con el riesgo de sufrir abortos, malformaciones congénitas y muerte
fetal. Hay estudios que relacionan la situación nutricional en antioxidantes,
especialmente en vitamina E, con la edad de la madre, de manera que las
gestantes de más edad, sobre todo si son fumadoras, tienen más riesgo de
sufrir esta deficiencia vitamínica y podrían beneficiarse de la utilización de un
suplemento.

Hierro
El volumen eritrocitario de la gestante aumenta en un 20-30 %. La médula ósea
utiliza una mayor cantidad de hierro elemental, y el feto y la placenta acumulan
cantidades importantes de este mineral. Con todas estas demandas, se hace
imprescindible un elevado aporte de hierro para evitar que se produzcan
situaciones de anemia. Además, el aporte adecuado de este mineral es
imprescindible para formar un depósito hepático fetal, que posteriormente será
utilizado en la primera etapa de vida del neonato, debido a la baja
concentración de hierro en la leche materna. Una deficiencia moderada de
hierro es común durante el embarazo. Sin embargo, hay que distinguir la
anemia verdadera del descenso de concentración de hemoglobina que se
produce como consecuencia de la desproporcionada expansión del volumen
eritrocitario en las gestantes. El aporte necesario de hierro depende, en gran
medida, del estado de las reservas de la mujer en el momento de la
concepción.
Calcio
Cuando la ingesta materna de calcio es inadecuada puede favorecerse la
desmineralización ósea, si bien al tiempo se ponen en marcha mecanismos
compensadores, como un incremento en la absorción intestinal del mineral
debido a la acción de la vitamina D. También se produce hiperfunción
paratiroidea debido al descenso de calcemia y fosfatemia en los primeros
meses de embarazo. Debido a esto, es importante conseguir un elevado aporte
de calcio durante el embarazo y, aún más, durante la lactancia. En madres
jóvenes que no han adquirido todavía su pico de masa ósea, este aporte
resulta aún más vital. Hay que considerar igualmente que el exceso de
proteínas, alimentos ricos en fosfatos, etc., producen un aumento en la
excreción urinaria de calcio y favorecen su deficiencia. Por otro lado, el riesgo
de preeclampsia aumenta en aquellas mujeres que toman menos calcio,
observándose en muchos casos una reducción de la presión arterial al
aumentar la ingesta de este mineral.
Fósforo
Aunque las necesidades de fósforo aumentan, especialmente en el segundo y
tercer trimestre del embarazo, su aporte no es problemático, ya que este
mineral se encuentra ampliamente distribuido en los alimentos. De hecho, el
principal problema que se observa es un descenso en la relación calcio/fósforo
que puede favorecer situaciones de desmineralización.

Zinc
El déficit de zinc se asocia a un aumento de la morbilidad materna, mayor
riesgo de parto pretérmino, menor crecimiento fetal, malformaciones y
complicaciones en el embarazo y en el parto. El cinc almacenado en los
huesos maternos no es utilizable, por lo que su déficit en la dieta se manifiesta
rápidamente. Por ello, hay que elevar la ingesta respecto a las mujeres no
embarazadas y vigilar los componentes de la dieta que pueden interaccionar
con el cinc. Concretamente, la suplementación con hierro durante la gestación
es bastante habitual. Sin embargo, los aportes elevados de hierro pueden
perjudicar la situación nutricional del cinc de la embarazada, como
consecuencia de la interacción existente entre el hierro y el zinc a nivel
intestinal. Las dietas ricas en fibra y fitatos también disminuyen el
aprovechamiento de este mineral.

Yodo
La deficiencia de yodo durante la gestación (especialmente durante la primera
mitad del embarazo) puede producir en el feto alteraciones tan importantes
como cretinismo, sordera, hipotiroidismo, minusvalía intelectual, estrabismo y
otros problemas oculares. La solución más sencilla para conseguir aportes
adecuados del mineral, además de vigilar el aporte dietético, es la utilización de
sal yodada, especialmente en zonas con bocio endémico.

Sodio
El motivo de restringir el uso de sodio se basa en que el volumen de líquido
extracelular depende en gran medida de su contenido sódico y conviene evitar
una excesiva acumulación de líquido. La principal fuente de sodio de la dieta es
la sal común (contiene un 40 % de sodio). La restricción o eliminación de ésta
provocará la limitación de sodio de la dieta.

CONSEJERÍA EN ALIMENTACIÓN SALUDABLE PARA LA ETAPA


CORRESPONDIENTE.

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