ACEPTA A JESUS COMO TU SALVADOR
FE COMO ENCUENTRO CON CRISTO
“Esta es la Palabra de la fe que proclamamos: sin confiesas con tu boca que Jesús es Señor, y crees en tu corazón
que Dios lo resucitó, serás salvo. Porque todo el que invoque el Nombre del Señor encontrará salvación”
Romanos 10, 8-9. 13
Fe no es sólo el reconocimiento de la existencia de Dios o la aceptación de las verdades reveladas por Él, sino el
encuentro con el Señor resucitado, como el de Pablo en el camino de Damasco; encuentro que cambie
totalmente el sentido y el curso de nuestra vida.
Ya hemos sido bautizados de pequeños, llevamos quizá una vida cristiana de rectitud moral y de cumplimiento
religioso; pero es necesaria una fe viva como encuentro personal con Jesús; que lo reconozcamos, lo
aceptemos, lo confesemos y lo recibamos en nuestro corazón y en nuestra vida como Salvador.
¿QUIÉN ES JESÚS PARA TI?
El cristianismo no es sólo una doctrina, es ante todo entrar en una relación personal con Jesús vivo como Dios y
Señor. Parte de un encuentro real con Jesús, se mantiene y desarrolla en una íntima comunicación y comunión
con Él.
Como a los discípulos, Jesús nos hace a cada uno de nosotros esta pregunta: “Para ti… ¿Quién soy Yo?”
¿Cuál es nuestra respuesta personal? Respuesta que brote de nuestra experiencia propia y no como repetición
de una lección aprendida.
¿QUÉ ES EL CRISTIANISMO PARA TI?
Para muchos el cristianismo se ha reducido a:
- Una religión de prácticas exteriores como comercio espiritual o para tener acepto a Dios. Prácticas a las
que les da valor por sí mismas, de donde se saca una ilusión vana de haber cumplido o una satisfacción
de tranquilidad de conciencia, o que se cumplen con cierto sentido mágico y supersticioso de carácter
utilitario o de temor a lo divino.
- Este tipo de religiosidad es muchas veces alienante porque no se entrega el corazón sino sólo lo exterior;
se piensa sólo en el cielo sin hacer reinar a Dios en este mundo, se encierra en la individualidad sin
interesarse ni preocuparse de la comunidad humana, de tal manera de hacer un mundo mejor por la
instauración del amor, de la justicia y la paz.
- Una moral restrictiva, un código de normas predominantemente negativas, que limitan la libertad e
impiden vivir la vida a base de prohibiciones. Un cristianismo de legalismo sin vida, o una vida triste,
apagada, con alma de esclavos.
- Una ideología humanista que ve en Cristo sólo un hombre extraordinario y al Evangelio como un ideal y
un programa de rectitud, justicia o liberación social. Humanismo sin Dios, racionalismo sin fe auténtica,
visión e ideales que terminan en la tierra y en el tiempo sin trascendencia a valores de eternidad y
resurrección.
El cristianismo y la fe es más que todo esto y anterior a ello.
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Por eso el Papa nos dice: “A veces vuestra sintonía de fe es débil y yo les propongo esto para reavivar su fe: un
encuentro personal vivo, de ojos abiertos y corazón palpitante con el Señor resucitado”.
¿CÓMO COMENZAR LA VIDA CRISTIANA?
La auténtica vida religiosa comienza con un encuentro vivo con Jesús, acogiéndolo y recibiéndolo en nuestro
corazón y en nuestra vida, a la que entra salvando, liberando, sanando y transformando.
Es necesaria una experiencia persona de encuentro y de salvación, donde queda comprometido nuestro ser
entero y todos los niveles de la existencia.
A partir del encuentro vivo con Jesús, comienza una vida nueva que se expresa y manifiesta en un
comportamiento moral y en una vida cultural y religiosa como fruto y consecuencia normal de la presencia viva
de Jesús y de la acción poderosa del Espíritu.
Es urgente que la fe del Evangelio sea proclamada a toda creatura, que la mediocridad de los que dicen creer se
cambie en una fe viva operante en lo personal, familiar y social; que la tibieza en el servicio del Señor ceda ante
el fervor de la caridad, en la oración constante, en la frecuencia intensidad de la vida sacramental sobre todo en
la Eucaristía, en la entrega generosa y valiente a la salvación integral de nuestros hermanos, y que el desaliento
y el pesimismo sean superados por una esperanza que no falla porque el Amor de Dios a sido derramado en
nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.
Se hace necesaria una evangelización de los bautizados para llevarlos a un compromiso personal con Cristo y a
una entrega consciente en la obediencia de la fe. DM 8, 9.
“El Primer Anuncio se está volviendo cada vez más necesario para gran número de personas que recibieron el
bautismo, pero que viven al margen de toda la vida cristiana” EN 52
“A menudo la primera evangelización no ha tenido lugar y, cierto número de niños, bautizados en su infancia,
llega a la catequesis parroquial sin haber recibido alguna iniciación en la fe, y sin tener todavía adhesión alguna
explícita y personal a Jesucristo” CT 19
La evangelización debe orientarse hacia la formación de una fe personal, adulta, interiormente formada,
operante, y constantemente confrontada con los desafíos de la vida actual. Evangelización que se debe realizar
a través del testimonio personal y comunitario de los ya evangelizados, expresado de manera especial, en el
contexto del mismo compromiso temporal. DM 7, 13
TIENES UNA RESPUESTA QUE DAR
Fe es un “sí” a la presencia y a la acción salvadora de Dios a través de Jesús. Un “sí” lúcido y consciente que se
da una vez y se renueva permanentemente.
Adhesión libre y responsable de nuestro ser entero a Jesús y a la totalidad de su mensaje y de su obra.
Hemos conocido la doctrina cristiana antes de un encuentro personal con Jesús. cumplimos con el código moral
y con la práctica religiosa antes de una experiencia personal de salvación y liberación.
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“Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él
y él conmigo” Apocalipsis 3, 20.
Escuchemos el llamado que nos hace Jesús y abrámosle la puerta, recibámoslo en nuestro corazón para que nos
salve.
Cristo es el que está a la puerta y llama al corazón de todo hombre, sin coartar su libertad, tratando de sacar de
esa misma libertad el amor (DM 5, 8)
Es un acto de la voluntad que dice “sí” a Jesús y a su salvación. Se necesita una invitación explícita a que entre a
nuestro corazón y a nuestra vida. Es una opción lúcida por Cristo, una adhesión personal a Jesús como Salvador.
CONVIERTETE Y VUELVE AL SEÑOR
¿QUÉ TENEMOS QUE HACER?
La exigencia inicial del Reino es la conversión.
“Jesús comenzó a proclamar: convertíos porque ha llegado el Reino de los cielos” (Mt 4, 17)
Conversión, “metanoia” significa cambio de corazón. Primero transformación interior realizada por Dios y en
referencia a Él; para después cambiar de vida, de actitudes, de obras, con proyección y compromiso con el
mundo.
La conversión es cambio total: dar la espalda, dejar atrás, abandonar todo lo que es incompatible con Dios y su
plan de amor para nosotros; romper con el pecado y los ídolos como rechazo y sustitución de Dios, rechazar a
Satanás como instigador para el mal y cortar sus ataduras.
¿DE QUÉ TE TIENES QUE CONVERTIR?
Convertirse es volverse a…, lo cual supone, por el mismo hecho, volverse de... dos aspectos de un mismo
movimiento: porque se vuelve uno a Dios, se vuelve del pecado, y de los ídolos; porque se encuentra al Señor,
se deja todo lo que es incompatible con Él.
La conversión es ante todo un volverse a Dios, buscar su Rostro, reconociendo su presencia que nos hace un
llamado personal.
El pecado, Satanás y sus obras, y los resentimientos son los obstáculos para la presencia y acción salvadoras de
Dios, el rechazo y la liberación de ellos son la condición y el fruto de la salvación.
Pecado es un no al amor de Dios y a su presencia, es no agradar al Padre, es contristar al Espíritu Santo que
habita en nuestro corazón, es destruir la imagen de Dios en nosotros.
El pecado se concretiza en un rechazo libre de la voluntad, en una transgresión consciente de sus mandatos. El
pecado en último término dice siempre referencia directa a Dios, es un rompimiento con Él aunque el contenido
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material de la acción o sus consecuencias trastornen las leyes de la creación y nos dañen a nosotros mismos y a
los demás.
En el fondo de todo pecado hay algo que ponemos en el lugar que corresponde a Dios.
El criterio para examinar y juzgar sobre el pecado se encuentra en la mente de Dios Creador, cristalizado en
nuestra propia naturaleza, donde lo debemos descubrir, y en su Palabra en la que nos señala el camino.
CONVERSIÓN DE LAS OBRAS DE SATANÁS
Igualmente, ídolo son también obras y actuaciones en terrenos que sólo competen a Dios o para los que
únicamente el tiene respuesta válida y solución auténtica y completa.
Ídolo es todo aquello que se pone en lugar de Dios: como centro de interés, como fin, como motivo
fundamental de nuestro vivir y nuestro actuar.
Igualmente ídolo son también obras y actuaciones en terrenos que sólo competen a Dios o para los que
únicamente Él tiene respuesta válida y solución auténtica y completa y aquí entre la idolatría, y toda forma de
ocultismo, esoterismo y superstición.
CONVERSIÓN DE LOS RESENTIMIENTOS
“Este es el mandamiento que tenemos de Él; el que ama a Dios que ame también a su hermano, porque quien
dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso” (1 Juan 4, 20-21)
Dios nos perdona si nosotros perdonamos. Debemos rechazar todo resentimiento, odio o rencor en nuestra
vida, porque impiden la acción salvadora de Dios. Expresemos nuestra voluntad de perdonar y Dios se encargará
de sanar nuestras heridas y recuerdos, así como hacernos olvidar.
CONVERSIÓN TAMBIÉN EL PECADO SOCIAL
Una sincera conversión debe cambiar la mentalidad individualista en otra de sentido social y preocupación por
el bien común (DM 14, 17)
“Los cristianos no podemos resignarnos ante un mundo inhumano, pervertido por el gran pecado de la
injusticia” (Sínodo 1971)
Esto significa en la práctica: convertirnos de nuestra participación en la creación de estructuras sociales injustas,
del aprovechamiento por nuestra parte de esas mismas estructuras ya existentes, y también de no haber hecho
lo que nos corresponde en la transformación de esas estructuras.
“Ante las realidades que vivimos, no se puede hoy en América Latina amar de veras al hermano y por lo tanto a
Dios, sin comprometerse a nivel personal y en muchos casos, incluso, a nivel de estructuras, con el servicio y la
promoción de los grupos humanos y de los estratos sociales más desposeídos y humillados, con todas las
consecuencias que se siguen en el plano de las realidades temporales” DP 327.
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“Dirigimos a todos los cristianos, de manera apremiante, un llamamiento a la acción. Los seglares deben asumir
como tarea propia la renovación temporal. Que cada uno examine lo que ha hecho y lo que debería hacer. No
basta recordar principios, subrayar injusticias y proferir denuncia profética. Resulta demasiado fácil echar sobre
los demás las responsabilidades sobre las injusticias. En la diversidad de situaciones, cada uno debe situar su
responsabilidad y discernir en conciencia las acciones en las que debe participar” O.A. 48.
“LOS PASOS DE LA CONVERSIÓN”
El convertirse incluye varios pasos y fases sucesivas:
1. Reconocimiento del pecado
Sólo el Espíritu Santo con su luz puede darnos conciencia de pecado (Juan 16, 8-9), de otra manera se reduce a
un mero sentimiento de culpabilidad, o a la simple confrontación de nuestras acciones con la lista de pecados.
La conversión es obra del Espíritu en nosotros; sólo Él puede darnos un corazón nuevo para volver a Dios.
“La voy a seducir; la llevaré al desierto y le hablaré al corazón”. Óseas 2, 16. “Si te vuelves, porque Yo te hago
volver, estarás en mi presencia”. Jeremías 15, 19.
2. Arrepentimiento
Pero, aunque obra de Dios, el pecador libremente responde: “Me levantaré, iré a mi Padre”. Lucas 15, 18.
El arrepentimiento o contrición es un dolor de corazón y detestación del pecado cometido con propósito de no
pecar en adelante. Es retorno al hogar, vuelta a casa, reencuentro con el Padre.
Dolor y tristeza, de haber lastimado y ofendido a quien se ama; pero tristeza, no como la del mundo que
produce muerte, sino tristeza según Dios que lleva a conversión. (II Corintios 7, 9-10).
Arrepentimiento y no remordimiento que centra en uno mismo, ni complejo de culpa o miedo al castigo.
Voluntad decidida de romper con toda situación de pecado. Propósito firme de enmienda y de cambio.
3. Confesión de pecado
Necesitamos reconocer y confesar explícitamente nuestros pecados ante Dios (Esdras 9, 6- 15; Daniel 9, 4-18;
Baruc 1, 14-3, 8).
“Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo como es El, nos perdonará nuestros pecados y nos purificará de
toda iniquidad”. (I Juan 1, 9)
Necesitamos además hacer una renuncia explícita a Satanás y a todas sus obras, incluyendo en ellas todo tipo
de ocultismo, esoterismo y superstición.
Se confesará y se hará una renuncia detallada de cada pecado y de cada práctica de ocultismo, esoterismo y
superstición, con la voluntad firme de abandonarlo todo definitivamente.
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Pero además necesitamos acudir al sacerdote para recibir la expresión y ratificación del perdón de Dios por la
absolución en el Sacramento de la reconciliación (Santiago 5, 16; Juan 2, 23). Y para que recibiendo una oración
de liberación, se nos desate de toda atadura y opresión del enemigo.
4. Reparación y reconciliación
El arrepentimiento para restaurar la unión de amor con Dios, exige resarcir los daños causados y reconciliarse
con el hermano.
“Arrepentirse y volverse hacia Dios haciendo obras dignas de la conversión” (Hechos 26, 20; Lucas 3, 10-14).
RENUNCIA A SATANÁS Y A SUS OBRAS
SER CONSCIENTES DE NUESTRA RENUNCIA
“Para esto apareció el Hijo de Dios: para deshacer las obras del Diablo” (I Juan 3, 8)
“Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor” (Colosenses 1, 13)
Desde que el hombre fue engañado y seducido por Satanás, rechazando el plan de amor que Dios tenía para él,
el mundo yace en poder del Maligno, quien es “el Príncipe de este mundo”.
La Revelación nos enseña que Satanás es una creatura y por lo tanto alguien sometido a Dios. Es un ser angélico
que en su soberbia se separó de Dios, arrastrando al hombre en su caída.
“¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, ¡hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra, dominador de las naciones!
Tú que habías dicho en tu corazón: “Al cielo voy a subir, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono.
Subiré a las alturas, me asemejaré al Altísimo. Al seol has sido precipitado, a lo más hondo del abismo” (Isaías
14, 12-15)
La liturgia bautismal refleja esta realidad con la renuncia a Satanás y sus obras, que pide a todo hombre que
desea ser cristiano. Renuncia que debe renovarse y mantenerse actual toda la vida.
Esta renuncia es posible porque en la cruz Jesús derrotó a Satanás y a los demonios, Dios sigue permitiendo la
actuación limitada de Satanás, pero el hombre, sabe que en Cristo Jesús tiene todas las armas necesarias para
resultar siempre vencedor y en consecuencia, no tiene nada que temer.
TERRENOS DE ACTUACIÓN DE SATANÁS
La actuación de Satanás se lleva a cabo en varios terrenos en los que no está permitido al hombre intervenir.
Algunos son fácilmente identificables como los rituales y pactos satánicos o las misas negras. Otros son
encubiertos apareciendo como supuestos sistemas científicos, filosóficos y aún religiosos, por quien es el padre
del engaño y la mentira.
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“Señor has abandonado a tu gente, al pueblo de Jacob; porque el país esta lleno de adivinos venidos de Oriente,
de magos como entre los filisteos” (Isaías 2, 6)
“No os dirijáis a los nigromantes, ni consultéis a los adivinos haciéndonos impuros por su causa. Yo, Yahvé tu
Dios te da, no aprenderás a cometer abominaciones como las de estas naciones. No ha de haber en ti nadie que
practique adivinación, astrología, hechicería o magia, ningún encantador, ni consultor de espectros o adivinos,
ni evocador de muertos, porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahvé, tu Dios. A ti
Yahvé tu Dios no te permite semejante cosa” (Dt 18, 9-14).
El hombre no debe buscar el conocimiento y el poder fuera y al margen de Dios. Debe renunciar a todo tipo de
Ocultismo, Esoterismo y Superstición.
BÚSQUEDAS DE CONOCIMIENTO
Algunos terrenos de búsqueda de este conocimiento son toda forma de adivinación y sortilegio: como la
astrología y sortilegio: como la astrología y los horóscopos, la lectura de las cartas, de la mano y del café, y
otros, como el uso de la ouija.
Estas actividades prohibidas por la Palabra son una incoherencia con el ser cristiano. Un verdadero cristiano no
tiene temor consciente o inconsciente al futuro, pues sabe que está en las manos de su Padre amoroso.