Eran lunes a primera hora cuando esto ocurrió.
Yo odiaba los lunes porque teníamos
mates a primera hora y eran lo peor, pero ese día no fue como los otros. Debido a
que nuestro profesor llegó un poco tarde tuvo que venir otro profesor a abrirnos la
puerta luego de unos 5 minutos pasó lo más raro que me ha ocurrido en todos mis
años escolares. El profesor de matemáticas, quien siempre había sido serio y frío,
entró vestido de payaso y con una tarta gigante en la mano. Después de disculparse
con nosotros por haber venido tarde y explicarnos que tardó un poco más en venir
porque fue a recoger la tarta, nos dijo: “esta tarta es un regalo para vosotros por lo
bien que han salido los exámenes”. Algo que me pareció extraño fue la mirada alegre,
incluso loca, que tenía el profesor cuando él siempre tenía un semblante serio. La
enorme tarta que tenía muchas velas, 30 más o menos, y parecían tener algo escrito
en ellas, aunque no lo podía distinguir con claridad. El profesor se dirigió con su
divertido disfraz de payaso hasta la silla de Javi y le pidió que soplase las velas. Javi
no sopló con mucha fuerza, por lo que solo se apagaron unas cuantas velas. En
cuanto esto pasó al profe parecieron iluminarse los ojos y le salió una sonrisa un poco
tétrica. Después de esto el profe miró las velas sopladas cuidadosamente, como si
estuviese analizándolas, y después se las guardó en el bolsillo. Súbitamente se dirigió
hacia su mesa y comenzó a buscar algo en su cajón, que después de encontrarlo se
calmó un poco más. No pude apreciar con claridad lo que había cogido, pero comencé
a tener un mal presentimiento acerca de eso. Posteriormente el profesor fue a cerrar
la puerta y se quedó de espaldas a la clase durante unos segundos. De repente, se
giró rápidamente y con un cuchillo que sacó, apuñaló a nuestro delegado, Marcos,
repetidamente en la cara y el pecho. Yo me mantuve inmóvil ante esto, debido al
shock que tenía. Ni siquiera pude reaccionar cuando el profesor se giró y fue
rápidamente hacia otro compañero, Gabriel. A medida que esto pasaba todos
empezamos a reaccionar y la gente empezó a gritar. Tristemente a Gabriel le costó
más reaccionar y el profesor le agarró del cuello y se lo cortó. A partir de aquí intenté
pensar qué tendría que hacer, hasta que vi al profesor acercarse hasta donde yo
estaba sentado. Entonces, hice lo primero que se me vino a la cabeza: coger una silla
y tirársela al profesor. Por suerte le di y le hice tirar su cuchillo. Al ver esto fui a coger
otra silla para poder defenderme y otros compañeros hicieron lo mismo que yo.
El profesor, luego de coger su cuchillo, me miró con una mirada fulminante y vino
corriendo hacia mí. Por suerte al lado mía estaba mi amigo Juan Fran, quien también
tenía una silla y en el momento en el que el profesor pasó al lado suyo le dio un golpe
en toda la cara con la silla que posiblemente le rompiese la nariz.
El profesor cayó al suelo y yo no esperé un segundo más para tirarle mi silla y,
después, ir a coger su cuchillo, que con el golpe se le había caído.
Después de esto el profesor se quedó adolorido en el suelo, mientras que otros
compañeros, al ver que yo tenía el cuchillo y el profesor estaba desarmado fueron
hasta él y empezaron a darle patadas y puñetazos por todo el cuerpo, mientras que
otros intentaban ayudar a los apuñalados y otros más fueron a pedir ayuda.
Finalmente, los alumnos apuñalados no sobrevivieron y se organizó un funeral en su
honor. El profesor fue diagnosticado con un trastorno mental y fue enviado a un
hospital siquiátrico.