0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas4 páginas

Informe 5

La formación de Estados Nacionales en América Latina se retrasó hasta mediados del siglo XIX debido a la inestabilidad política, los conflictos entre liberales y conservadores, y la influencia de caudillos. El caso de México ejemplifica estos desafíos, donde la lucha por el poder y la intervención extranjera complicaron la consolidación de un Estado fuerte. A pesar de la promulgación de constituciones, la falta de instituciones efectivas y la dependencia económica limitaron el desarrollo político en la región.

Cargado por

zero C
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas4 páginas

Informe 5

La formación de Estados Nacionales en América Latina se retrasó hasta mediados del siglo XIX debido a la inestabilidad política, los conflictos entre liberales y conservadores, y la influencia de caudillos. El caso de México ejemplifica estos desafíos, donde la lucha por el poder y la intervención extranjera complicaron la consolidación de un Estado fuerte. A pesar de la promulgación de constituciones, la falta de instituciones efectivas y la dependencia económica limitaron el desarrollo político en la región.

Cargado por

zero C
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La Demora en la Formación de Estados Nacionales en América Latina hasta Mediados

del Siglo XIX

Introducción
El proceso de independencia de América Latina a principios del siglo XIX marcó un
punto de quiebre en la historia de la región, pero la consolidación de Estados
Nacionales sólidos y estables se retrasó hasta mediados del siglo XIX. En este informe,
analizaremos las causas subyacentes de esta demora en la formación de Estados
Nacionales en América Latina, utilizando las hipótesis propuestas por Loris Zanatta en
su obra "Las Repúblicas sin Estado". También exploraremos el caso de México, que
ilustra los desafíos y complejidades que caracterizaron este proceso en toda la región.
Una de las causas fundamentales de la demora en la formación de Estados Nacionales
fue la alta inestabilidad política que prevaleció en las décadas posteriores a la
independencia. Las guerras de independencia y las luchas por el poder resultaron en
una fragmentación política generalizada en América Latina. México, al igual que otros
países de la región, sufrió conflictos internos y divisiones políticas que dificultaron la
consolidación de un Estado central y unificado.
Otro factor determinante fue el conflicto continuo entre liberales y conservadores a lo
largo del siglo XIX. Estas dos corrientes ideológicas surgieron en las elites criollas y
compitieron por el control político de la región. Sus desacuerdos abarcaban temas
fundamentales como la estructura del Estado y el papel de la Iglesia Católica en la
sociedad, lo que a menudo desembocaba en violentas guerras civiles. En México, este
conflicto se intensificó, añadiendo un obstáculo adicional a la formación de un Estado
Nacional. Además, la presencia predominante de caudillos y líderes carismáticos
durante la primera mitad del siglo XIX en América Latina marco significativamente este
periodo. Estos caudillos ejercieron un poder significativo sobre sus regiones y países
respectivos, gobernando en un entorno donde las instituciones estatales eran débiles o
inexistentes. Esta tendencia hacia el liderazgo personalista dificultó la consolidación de
un Estado fuerte y centralizado. México contó con líderes carismáticos, como Antonio
López de Santa Anna, que personifican esta característica.
Los emergentes sectores liberales, integrados por la naciente burguesía agraria y
comercial por campesinos, intelectuales, artesanos y pequeños mercaderes,
pretendían con el derrocamiento de Santa Anna transformar esa sociedad atrasada, el
movimiento revolucionario que prendió en todo el territorio mexicano logró
estructurarse tras el plan de Ayutla, emitido el primero de marzo de 1854.
La sublevación liberal estaba encabezada por el prestigioso general de la
independencia Juan Álvarez, viejo luchador de la tierra caliente, y por el coronel
Ignacio Comonfort. La rebelión abarcó todo el territorio nacional, hasta obligar a huir
al dictador Santa Anna el 18 de agosto de 1855. Así se inició el gobierno provisional de
Juan Álvarez. El caudillo sureño formó su gabinete ministerial con miembros
prominentes del ala izquierda del Partido Liberal: Benito Juárez, Melchor Ocampo y
Miguel Lerdo de Tejada. Este sector radical del liberalismo mexicano aspiraba a limitar
el poderío de la Iglesia católica y a convertir al país en una república democrática
liquidando los obstáculos al desarrollo capitalista. Entre sus planes estaba la
sustitución del ejército tradicional sobre el exhausto presupuesto estatal, por una
modesta milicia. En el gobierno de Álvarez se evidenció que los liberales radicales
estaban resueltos a llevar adelante su programa de reformas democráticas, que incluía
profundas transformaciones económicas y sociales.
El 22 de noviembre de 1855 esto se confirmó cuando Benito Juárez, al frente de la
Secretaría de Justicia y Negocios Eclesiásticos, hizo aprobar un decreto que suprimió
los fueros y privilegios del clero y los militares. La medida, denominada "ley Juárez"
levantó gran revuelo entre sacerdotes y oficiales del ejército.
La asamblea, controlada por los liberales, concluyó sus labores con la emisión de una
nueva constitución, que fue aprobada en forma entusiasta por los diputados radicales
del liberalismo: Valentín Gómez Farías, Ponciano Arriaga, José María Mata, Melchor
Ocampo y otros.
La nueva carta fundamental legalizaba el régimen liberal y recogía los postulados más
avanzados del programa de ese partido. Se establecían libertades democráticas, se
derogaban los títulos hereditarios y privilegios, se ratificaba la abolición de la
esclavitud. Se suprimía la servidumbre indígena, los impuestos y gravámenes feudales
y además, se prohibía a la Iglesia poseer bienes raíces.
Ignacio Comonfort fue elegido presidente constitucional en septiembre de 1857. A su
vez Benito Juárez era también escogido para encabezar la Suprema Corte de Justicia,
cargo que equivalía, según los preceptos de la constitución de 1857, a la
vicepresidencia de la república. En esas condiciones, la reacción clerical conservadora
acogió con desagrado la ley básica y los obispos se dedicaron a excomulgar a todo el
que jurara la constitución. El sostenido avance del liberalismo mexicano terminó por
provocar el levantamiento armado de los conservadores. La sublevación más
importante estalló el 17 de diciembre de 1857 encabezada por el general Félix Zuloaga,
quien enarboló el Plan de Tacubaya. Comonfort, se adhirió a ese documento y dos días
después derogó la debatida constitución liberal.
El Congreso Nacional (dominado por diputados liberales) condenó la traición de
Comonfort y le retiró su apoyo. Comonfort optó entonces por marchar a Estados
Unidos. Benito Juárez, en su condición de vicepresidente de la república, se negó a
aceptar el golpe de Estado clerical conservador. Juárez debió establecer su gobierno en
Guanajuato y después en Guadalajara debido al acoso de los conservadores que
ocupaban la ciudad de México y otros puntos estratégicos.
Al comienzo de la guerra los conservadores estaban mejor preparados para la
contienda, tenían el respaldo del clero y los terratenientes, sino que además tenían
jefes militares de experiencia como Miramón, Leonardo Márquez y Tomás Mejía. Los
liberales contaban con la participación de las masas populares, lo que les daba una
fuerza incontenible, a pesar de que su ejército era dirigido por oficiales improvisados:
Santos Degollado, Jesús González Ortega, Ignacio Zaragoza, Porfirio Díaz y Mariano
Escobedo. Lpgraron controlar las ricas zonas del norte y el estratégico puerto de
Veracruz donde Juárez situó la sede de su gobierno en mayo de 1858, que le permitió
mantener las exportaciones mexicanas, y obtener fondos para la guerra gracias a las
rentas de aduana.
En el medio de la contienda bélica se promulgó grandes leyes de reforma que
perseguían privar a la Iglesia y a los conservadores de recursos, radicalizando la lucha
para ganar aliados entre los sectores sociales beneficiados con las propiedades
confiscadas. Las grandes leyes de reforma, dictadas en Veracruz, entre el 12 de julio de
1859 y el 4 de diciembre de 1860, establecían la nacionalización sin indemnización de
todos los bienes eclesiásticos, creaban el registro civil, disponían la libertad de cultos y
la secularización de los cementerios.
La última batalla de la Guerra de Reforma se produjo en Calpulálpam, el 22 de
diciembre de 1860. Allí las fuerzas liberales, guiadas por el general González Ortega, se
impusieron en forma rotunda sobre las tropas de Miramón. A partir de la derrota
conservadora quedó reducida a bandas aisladas que bajo la dirección de Zuloaga,
Márquez y Mejía (Miramón había abandonado México) dedicaron al pillaje y al
asesinato.
A pesar de la proliferación de constituciones en América Latina, estas a menudo
carecían de un impacto real en la práctica política. El poder verdadero se ejercía al
margen de las constituciones, permitiendo que caudillos locales tomaran el control en
diferentes regiones. La incapacidad de las instituciones para establecer y hacer cumplir
la ley y el orden dificultó la formación de Estados Nacionales sólidos y unificados.
Además, las potencias extranjeras, con Gran Bretaña a la cabeza, desempeñaron un
papel significativo en la economía de América Latina. La relación económica con estas
potencias, aunque compleja, contribuyó a la dependencia económica de la región. Esta
dependencia no solo frenó el desarrollo económico interno sino también influyó en las
decisiones y la política de los Estados en proceso de formación.
En el caso de México, la influencia extranjera, como la intervención francesa y la
pérdida de vastos territorios en la guerra con Estados Unidos, agravó aún más los
desafíos que enfrentó en su camino hacia la formación de un Estado Nacional. Ningún
caso es tan emblemático de los dilemas en los cuales América Latina se vio entonces
envuelta como el de México en las décadas posteriores a la independencia, y esto, en
especial, por dos razones. La primera es que el suyo fue un caso límite, como era
inevitable que ocurriera habiendo sido el corazón vibrante del imperio español y
donde, en consecuencia, las raíces de la sociedad colonial eran más profundas. La
segunda es su proximidad a los Estados Unidos, en cuya portentosa expansión hacia el
oeste se vio implicado de modo traumático..
A principios del siglo xix la ocupación del norte mexicano por parte de sureños
norteamericanos obedeció a la necesidad de la incorporación de tierras de la
economía algodonera esclavista de Estados Unidos, en el marco de la doctrina
Monroe, anunciada en 1824: "América para los americanos" como una forma de frenar
la presencia de los intereses europeos en la región.Santa Anna mantenía la hegemonía
política en México ocupó el gobierno prácticamente desde 1833 hasta 1855, cuando la
rebelión de Ayutla lo sacó del poder. Estados Unidos había comenzado su expansión
sobre territorio latinoamericano comprando Lousiana en abril de 1803, cuando el
presidente norteamericano Thomas Jefferson, negoció con Napoleón la compra de
dicho territorio. Esta negociación le dio a Estados Unidos las cuencas de los ríos
Missouri y Mississippi.
Cuando el gobierno de Santa Anna creó un régimen centralista que convirtió a los
estados en provincias, este régimen centralista fue aprovechado por los colonos
estadounidenses para proclamar la «República Independiente de Texas». A fines de
1835 en la batalla de San Jacinto, las fuerzas del presidente mexicano Santa Anna
fueron derrotadas y el presidente cayó prisionero en manos de los norteamericanos.
Negoció su libertad a cambio de reconocer la separación de Texas, con la condición de
que no podría integrarse a Estados Unidos. Al mismo tiempo, fuerzas al mando del
general Stephen Kearny y del comodoro John Sloat ocupaban California donde el
aventurero John Frémont había proclamado una «república independiente» y Nuevo
México.
A su vez, las fuerzas del general Alexander Doniphan se adueñaban de Chihuahua y en
febrero de 1847, Taylor vencía en Buena Vista a Santa Anna. Scott siguió y venció a
Santa Anna en la batalla de Cerro Gordo lo que le permitió ocupar Xalapa y Puebla.
Luego de las duras batallas de Molino del Rey y la del Castillo de Chapultepec, los
norteamericanos lograron ocupar la ciudad de México e izaron su bandera en el
Palacio Nacional . Santa Anna abandonó el país y el gobierno mexicano que lo
sustituyó se refugió en Querétaro, desde donde iniciaron las negociaciones
diplomáticas que concluyeron en el Tratado de Guadalupe Hidalgo.
México perdió Texas,Arizona,Nuevo México y Alta California,Nevada,Utah,Colorado y
California a cambio de una absurda compensación de 15 000 000 de dólares. Luego de
estas pérdidas Santa Anna que había regresado al gobierno en 1853 vendió al país del
norte el valle de la Mesilla . Hacia mediados del siglo XIX, en México se daba una
guerra entre liberales radicales y conservadores, que defendian la idea de desarrollar
el capitalismo en México generando una fuerza de trabajo móvil y crear un mercado de
tierras. Este grupo de liberales democráticos ingresó al gobierno de México tras la
revolución de Ayutla en 1854, Santa Anna huyó de México en agosto de 1855,
estableciéndose el gobierno interino de Juan Álvarez.
En resumen, la demora en la formación de Estados Nacionales en América Latina hasta
mediados del siglo XIX se debió a una combinación de factores. México, como ejemplo
representativo, experimentó estas causas en su historia, lo que ilustra la complejidad
de este proceso en toda la región.

También podría gustarte