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La Humildad

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Temas abordados

  • reconocimiento de fortalezas,
  • pecado,
  • rebelión,
  • ejemplo de humildad,
  • humildad en el desierto,
  • debate sobre humildad,
  • deseo de gloria,
  • actitud de los adolescentes,
  • arrepentimiento,
  • humildad en la actualidad
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Temas abordados

  • reconocimiento de fortalezas,
  • pecado,
  • rebelión,
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  • debate sobre humildad,
  • deseo de gloria,
  • actitud de los adolescentes,
  • arrepentimiento,
  • humildad en la actualidad

La humildad

“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”

Cristo comenzó a predicar el reino de los cielos pidiendo a la gente que se


arrepintiera (Mt. 4:17). El primer paso para el arrepentimiento es comprender que
somos pecadores y humillarnos. A fin de conseguir un completo arrepentimiento
y la esperanza en el cielo, tenemos que seguir el camino de la humildad.

La humildad es lo opuesto a la arrogancia. Estudiando las vidas anteriores de los


reyes de Tiro y de Babilonia en Ezequiel 28 e Isaías 14, podemos ver que la
soberbia es la causa básica del pecado. Debido a nuestra arrogancia, fuimos
implicados en el pecado de Lucifer y fuimos arrojados a la tierra. Éramos ángeles
en el cielo, y teníamos altas posiciones, pero al ser arrogantes nos corrompimos y
pecamos, y en consecuencia fuimos arrojados a la tierra. Mediante este hecho,
entendemos por qué debemos humillarnos ante Dios.

Aprendan la humildad de Cristo

Martín Lutero, el Reformador, siempre decía: “Nunca traté de aprender los


milagros de Jesús. Solo quería aprender su humildad”. Jesucristo vino a buscar y a
salvar lo que se había perdido; él dio a sus discípulos muchas enseñanzas acerca
de la humildad, y les mostró su ejemplo personal de humildad. El apóstol Pablo
pidió seriamente a los santos que tuvieran el mismo sentir o corazón de Cristo,
que es la actitud de la humildad.
『[…] antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él
mismo […]. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual,
siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se
despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en
la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y
muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, […] y toda lengua confiese
que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.』Fil. 2:3-11

El que quiera arrepentirse y volver al cielo, debe tener el mismo sentir de


humildad de Cristo. Así como Pablo y Lutero dijeron, la humildad es una de las
más importantes virtudes que debemos aprender de Cristo. Dios nos pide que nos
humillemos para remover nuestra soberbia que nos hizo pecar en el cielo.
『A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo
también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro
publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy
gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como
este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el
publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el
pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa
justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se
humilla será enaltecido.』Lc. 18:9-14

Dios justificó al publicano y no al fariseo, y le mostró su gracia; porque el


publicano no quería ni aun alzar los ojos al cielo, y se reconocía a sí mismo como
pecador, pidiendo a Dios su misericordia, mientras el fariseo clamaba su propia
justicia.

El que se exalta, el que es arrogante, será humillado. Pero el que se humilla y


reconoce su condición de pecador, como el publicano, será enaltecido y recibirá
gloria en el cielo; porque siempre da gracias a Dios por salvarlo aunque es
pecador, y vive según la voluntad de Dios. Piense en Cristo, el ejemplo de
exaltación después de la humillación; ya que se había humillado, fue exaltado
hasta lo sumo y glorificado.

Dios da gracia a los humildes

El apóstol Pedro, que fue enseñado por Jesús acerca de la humildad, nos dio la
siguiente enseñanza:
『[…] revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los
humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando
fuere tiempo;』1 P. 5:5-6

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes, y los exalta cuando es
tiempo. Si comprendemos los pecados que cometimos en el cielo y siempre
tenemos la actitud del publicano que se arrepintió profundamente de sus pecados,
diciendo: “Señor, soy pecador”, ¿cómo podríamos atrevernos a proclamar nuestra
propia justicia ante Dios e insistir en nuestra propia opinión y reinar sobre los
demás?
『Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino
voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo
señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando
aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.』1
P. 5:1-4

Cuando damos un buen ejemplo de humildad, cuando buscamos ganar el


entendimiento de los demás en lugar de insistir en nuestra propia opinión, y
consideramos a los demás mejores que nosotros, como Cristo nos enseñó, los que
escuchen el evangelio alcanzarán su pleno entendimiento bajo la dirección de
Dios. Dios está con el que es pobre en espíritu (Is. 57:15), y salva al humilde (Job
22:29, Sal. 149:4). El poder proviene de la humildad, porque es más fuerte que la
soberbia. Guardando esto en el corazón, debemos seguir el ejemplo de humildad
de Cristo.

El rey Nabucodonosor y el rey Saúl fueron


humillados por su arrogancia

Hay muchos casos bíblicos de aquellos que fueron humillados por su arrogancia.
En Daniel 4, cuando Nabucodonosor rey de Babilonia se ensoberbeció y olvidó
por completo a Dios, pensando que lo había hecho todo por sí mismo, perdió la
razón y vivió como un animal, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo.
Perdió todo su poder y fue humillado, más que cualquier hombre. Luego de eso,
aprendió la humildad. Cuando se hizo humilde, su sabiduría y entendimiento
volvieron a él y su reino le fue devuelto (Dn. 4:24-37).

El hombre tiene una naturaleza pecadora de soberbia, la cual le hace caer en el


pecado. Por eso el solo hecho de ser alabado lo vuelve fácilmente altanero y
arrogante. Un ejemplo es el del rey Saúl.
『Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: Me pesa haber puesto por rey a Saúl,
porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. […] Vino, pues,
Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: […] Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido
hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y Jehová te
envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que
los acabes. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho
lo malo ante los ojos de Jehová? […] Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y
el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la
rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de
Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.』1 S. 15:10-23

Considerando el caso del rey Saúl, podemos entender completamente qué clase de
personas utiliza Dios. Cuando Saúl era pequeño en sus propios ojos, Dios lo hizo
rey. Pero cuando se volvió arrogante, Dios se arrepintió de haberlo puesto por rey.

Desde el instante en que Saúl pensó de sí mismo: “Ahora puedo hacerlo todo por
mí mismo”, comenzó a desobedecer el mandamiento de Dios. Este pensamiento
lo ensoberbeció, y aun se atrevió a poner su propia opinión por encima del
mandamiento de Dios; Dios le había ordenado destruir completamente a los
amalecitas, pero él no obedeció a Dios y apartó lo mejor de las ovejas y de las
vacas. Por esto, Dios lo reprendió a través del profeta Samuel.
Si Saúl hubiera permanecido humilde después de ser exaltado al trono, habría
obedecido la palabra de Dios. Sin embargo, se llenó de soberbia y desobedeció a
Dios. Finalmente fue rechazado por Dios y encontró una miserable muerte.

Todo esto se escribió para enseñarnos. Dios humilla a los soberbios y exalta a los
humildes. Debemos entender por qué Dios pone énfasis en la humildad. La
soberbia es la raíz de todo tipo de pecado y nos hace separarnos de Dios. Es por
esta razón que Dios nos dice repetidamente que seamos humildes.

Dios prepara a su pueblo para ser humilde a pesar de


las aflicciones del desierto

Ezequiel 28 muestra que el rey de Tiro fue ungido como querubín protector en el
cielo, que era perfecto en sus caminos desde el día de su creación, lleno de
sabiduría y acabado de hermosura. Pero su corazón se enalteció a causa de su
hermosura, y neciamente pensó exaltar su trono sobre el trono de Dios. Esto
muestra qué soberbio era el primer criminal en su corazón.

La soberbia se levanta en nuestro corazón cuando olvidamos que pecamos contra


Dios y fuimos arrojados del cielo a la tierra. Y se hace más grande cuando
confiamos solo en nuestra propia sabiduría, conocimiento y fuerzas, sin pedir la
ayuda de Dios. Estamos añorando intensamente volver a nuestro hogar celestial.
Para hacer que la gente en todo el mundo se arrepienta, primero debemos remover
toda la soberbia de nuestros corazones y humillarnos.
『Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta
años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si
habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre […].
Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios
te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y
temiéndole.』Dt. 8:1-6

Dios preparó a los israelitas en el desierto durante cuarenta años, a fin de hacerlos
humildes. Él educó así a sus hijos en la tierra para que no repitieran la rebelión de
Lucifer en el cielo. Ahora Dios nos educa en este desierto espiritual. Si
persistimos en querer ser exaltados, estamos yendo contra la voluntad de Dios,
¿no es así?

Dios quiere que cambiemos y seamos humildes. Sus enseñanzas sobre la


humildad no son difíciles de encontrar en la Biblia. Si nos negamos a humillarnos
y continuamos siendo altaneros, exaltándonos sobre los demás hasta el final de
nuestra vida de la fe en el desierto espiritual, perderemos la Canaán celestial.
Consideremos la actitud de fe que Dios quiere que tengamos, a través de la
siguiente historia.

La actitud de la humildad con un corazón servicial

Un hombre soñó que iba al cielo. Había numerosos tronos para los santos, los
sacerdotes reales, pero encontró el trono más alto desocupado. Se preguntaba
quién se sentaría en el trono. Entonces el ángel que estaba a su lado le dijo que el
trono sería ocupado por su maestro.

Cuando despertó de su sueño, se preguntaba si su maestro sería realmente digno


de ocupar aquel trono. Le preguntó a su maestro cómo se estimaba a sí mismo. El
maestro le contestó: “Me considero la peor persona del mundo”. “¿Qué quiere
decir con eso?” preguntó sorprendido el discípulo. Su maestro le dijo:

“Si Dios hubiera dado su gracia a alguna otra persona, seguramente lo habría
hecho mucho mejor que yo. A pesar de haber recibido una bendición tan grande
de Dios, no soy completamente humilde, y no me he arrepentido lo suficiente, por
eso no logré guiar más personas al camino recto. Es por eso que me considero la
peor persona del mundo.”

Debemos imitar la actitud del maestro. Él se humilló ante Dios, sintiéndose


apenado por no haber podido guiar más personas a Dios, a pesar de haber recibido
su gran bendición. La humildad es una virtud que los cristianos deben tener.

Todo lo que tenemos viene de Dios. Por eso, no tenemos nada de que gloriarnos
delante de Dios (ref. 1 Co. 4:6-7). Si la gracia de Dios que me fue dada, le hubiera
sido dada a otra persona, él habría dado más gloria a Dios que yo, y llevaría a
cabo la obra del evangelio con más fidelidad. Pensando así, debemos humillarnos.

El apóstol Pablo se llamó a sí mismo “el primero de los pecadores” (1 Ti. 1:15).
Él había recibido mucha gracia de Dios, pero pensaba que si esa gracia le hubiera
sido dada a algún otro, habría logrado cosas más grandes que él. Así, se humilló y
se consideró el menor de todos. Se dedicó completamente al evangelio de Cristo,
sintiéndose obligado a predicar el evangelio a toda persona, como ministro del
nuevo pacto.
Tengamos una actitud de humildad los unos con los otros, junto con un corazón
de servicio, siguiendo el ejemplo de nuestro Padre y nuestra Madre. Como el
publicano de la parábola, humillémonos y demos gracias a Dios por su abundante
gracia dada a estos pecadores. Hermanos y hermanas de Sion, siguiendo el
ejemplo de Cristo, practiquemos la humildad en nuestra vida diaria,
humillándonos ante Dios y sirviéndonos mutuamente, para que todos entremos en
el eterno reino.

Nivel secundario:

 La humildad en la Biblia: pedirles a los alumnos que busquen 3 historias bíblicas

dónde se muestre algún aspecto de la humildad, con la opción de representarlas,

contarlas, hacer un corto, etc. Luego deberán compartir 3 lecciones que obtuvieron

de cada historia, con ideas prácticas para realizarlas en la vida de cada uno.

[Link]

 La humildad en la actualidad: los alumnos deberán buscar noticias actuales dónde

se muestre la humildad en acción. Pedirle que compartan las sensaciones que les

generaron las noticias, y si están o no de acuerdo con lo sucedido, argumentando

la respuesta. Todo esto puede ser en forma de debate.

 ¿Te conozco?: ya sea en el patio o en la propia aula, pedirles a los alumnos que

traigan un almohadón y se sienten en ronda. Cada uno deberá presentarse

diciendo su nombre, fecha de nacimiento, cómo está constituida su familia. Luego

que todos se presenten, explicar que ahora en un papel (de forma anónima)

deberán colocar 3 fortalezas y 3 aspectos a mejorar, seguidamente colocar todos

los papeles en un cofre preparado para ello y sacar uno al azar, leerlo y los

alumnos deberán descubrir a quién corresponde.

 “¡Me encanta!”: en esta actividad los alumnos serán llamados al frente y se les

taparán los ojos. Luego sus compañeros escribirán en el pizarrón 3 o 4

características positivas de su compañero. Cuando finalicen, el alumno deberá

decir 3 o 4 cosas que no le gusten de sí mismo o que le cuesten mejorar, cuando

termine se le quitará la venda de los ojos y deberá leer aquellas cosas positivas

que le escribieron. La actividad puede terminar con una foto de cada alumno con

sus características positivas y una reflexión sobre cómo nos ayuda reconocer lo
que nos cuesta y cómo es provechoso elogiar a los demás.

 Mirar una película: que enfatice la humildad y luego en una puesta en común

reflexionar.

 Semana del perdón: afiches/fotos sobre el perdón, espacios donde cada uno

pueda acercarse a otra persona para otorgar o pedir perdón (por medio de un

clavel de color diferente, se dará o pedirá perdón)

 La humildad y el servicio: organizar un proyecto solidario dónde los alumnos

deban mostrar humildad. Ejemplo: limpieza de una plaza, limpieza de las aulas,

arreglo de los pupitres, etc.

Humildad: Adolescentes, propuestas prácticas

1. Analizar frases célebres sobre humildad


Se asigna una frase a cada grupo o persona. A continuación se reflexiona un poco sobre
ella y por último se presenta al resto de personas y se comenta. Además cada cual debe
decidir una acción para ser más humilde durante la semana.
- “Un hombre debe ser lo suficientemente grande como para admitir sus errores, lo
suficientemente inteligente como para aprovecharlos y lo suficientemente fuerte para
corregirlos” Khalil Gibran
- “La humildad consiste en callar nuestras virtudes y dejar que los demás las
descubran” Madre Teresa de Calcuta - “El orgullo divide a los hombres, la humildad,
los une” Sócrates - “Cuanto más grandes somos en humildad, tanto más cerca estamos
de la grandeza” [Link]
2. ¿Me ayudas?
Ser humilde supone reconocer que no se tienen todas las respuestas y que en ocasiones,
necesitamos ayuda. Partiendo de esta premisa proponemos la siguiente tarea: en una
hoja visible para todos, cada uno de los miembros de la familia escribirá cosas en las
que necesita una ayuda extra (aprender a manejar un programa informático, preparar un
determinado alimento, comprender algún texto…) Cada día se revisará la hoja y si hay
algo sin solucionar, otro ayudará al que lo necesita. Nos parece una forma relajada de
pedir ayuda y una buena manera de cooperar y ayudar en casa.

3. Voluntariado
Es una excelente forma para ponernos en segundo lugar. Estamos tan acostumbrados a
buscar la atención de los demás, que viene bien dejar algo de tiempo para que la
atención la reciban otros.
Hay cientos de voluntariados (puntuales o continuados) que están pensados para que
incluso los adolescentes, puedan llevarlos a cabo. Algunos de ellos: Banco de
Alimentos, Peregrinación a Lourdes acompañando a enfermos y discapacitados, Manos
Unidas, Cáritas, Pan y Peces…
4. Juegos cooperativos
Este tipo de juegos permite emplear nuestras habilidades para conseguir un fin común.
Hay muchas formas de conseguirlo, por ejemplo jugando al fútbol o en una yincana...
Nosotros te damos una idea que a los adolescentes les encanta: los SCAPEROOM. Se
juega por grupos y el objetivo es salir, antes de que se pase el tiempo, de una habitación.
Entre todos, habrá que ir resolviendo pistas hasta encontrar la forma de salir. Las
pruebas son de todo tipo por lo que se necesitan habilidades diferentes y el trabajo en
equipo de todos. Busca en tu ciudad las opciones porque desde hace unos años, hay
cientos de empresas especializadas. Un plan 10 para pasar en familia o con amigos.
5. La Taza de Té
En primer lugar se lee la historia y a continuación se reflexiona sobre ella. Se puede ir
de lo concreto (¿Por qué crees que el profesor era tan vanidoso?) a lo general (¿Qué
cambios habría en tu familia/clase si fuéramos más humildes?)
“Un profesor de una prestigiosa universidad, muy respetado y temido por sus alumnos
debido a su gran dominio de los más diversos temas y su carácter autoritario, viajó una
vez a Japón a entrevistarse con un famoso sabio que vivía retirado en una modesta
casa de campo, dedicado al estudio y la escritura.
El profesor en cuestión, estaba acostumbrado a tener la última palabra en todo y
desechaba frecuentemente las opiniones de los demás, a quienes intimidaba con su
inmensa erudición, su petulancia y su arrogancia.
En cuanto llegó a la casa del sabio, el profesor empezó a hablar del tema que iba a ser
tratado en la visita. Hablaba sin parar, citando frases de famosos personajes a cada
momento, refiriéndose a los innumerables libros que había leído y a las muchas
conferencias que había dictado acerca de ese y otros tantos temas.
El sabio aprovecho una pausa en el monólogo del profesor para preguntarle si le
apetecía una taza de té este le dijo que si y continuo su habladuría.
Mientras el profesor hablaba, el sabio se dedicó a llenarle su taza.
Comenzó echando el té poco a poco, primero hasta la mitad y luego hasta el borde de
la taza, pero al llegar allí no se detuvo, sino que siguió echando té y más té, con toda la
naturalidad del mundo, hasta que el líquido desbordo también el plato, y, comenzó a
manchar el mantel, todo esto lo hacía sonriendo y escuchando al profesor, como si no
pasara nada.
El profesor no se dio cuenta al principio, pues estaba demasiado entretenido
escuchándose hablar a sí mismo, pero en cuanto se percató,después de un buen rato,
quedó estupefacto.
-¡La taza está llena! Ya no cabe nada más- gritó
-Lo mismo te pasa a ti- le dijo el sabio, con tranquilidad. Tú también estás lleno de
toda tu erudición, de todos los autores que citas, de todos los libros que has leído, de
tus propias opiniones y tus ideas acerca de todo… ¿Como vas a poder escucharme o
aprender algo de lo que yo puedo enseñarte, si antes no vacías la taza?
Impresionado por esta lección que le acababa de dar este hombre, el profesor se
propuso tener en cuenta, a partir de ese momento, la sabiduría de sus
contemporáneos”

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