SEGUNDA PARTE: LA EXPERIENCIA FEDERAL
(1827-1852)
G)- Los gobiernos de Dorrego y de Lavalle (1827-1828)
Rivadavia presentó su renuncia, y lo que quedaba del Congreso nombró como presidente al
vicepresidente Vicente López y Planes, quien asumió la presidencia el 7 de julio (entre el 27 de
junio y el 7 de julio, pasaron 10 días de acefalía). El presidente asumía planeando su renuncia.
Como Rivadavia había absorbido como presidente el gobierno de Buenos Aires, López y Planes
llamó a elecciones para los cargos de gobernador de Buenos Aires y para formar la Sala de
Representantes. Las elecciones proclamaron nuevo gobernador al federal Manuel Dorrego,
quien asumirá como gobernador el 13 de agosto de 1827. Luego de esto, Vicente López y
Planes presentó la renuncia como presidente de la Nación el 18 de agosto de 1827.
Inmediatamente, los gobernadores de las provincias les envían cartas reconociéndole el manejo
de las Relaciones Exteriores.
Dorrego, quien había estado presente en los campos de batalla de la guerra con el Brasil, era
consciente del estado del conflicto. Por esta situación, decidió proseguir con la guerra. Sin
embargo, esta situación no era beneficiosa para los grandes empresarios: En primer lugar,
deseaban mantenerse en buenos términos con Gran Bretaña para que les siguiera otorgando
créditos; en segundo lugar, seguir con la guerra incluía que los brasileños mantuvieran sus
barcos en el puerto de Buenos Aires, bloqueándolo (lo que impedía el comercio y perjudicaba a
los empresarios); en tercer lugar, porque los impuestos para mantener la guerra eran muy
elevados. Como la mayoría de los representantes de la Sala de Representantes eran
comerciantes y estancieros, comenzaron a reducirle al gobernador la disponibilidad de fondos
para la guerra. Por otra parte, pretendieron dictar una ley donde se disponía que un
reclutamiento masivo, pero también se aceptaba que quien pudiera pagar por su lugar lo hiciera.
De esa manera, las familias más humildes enviarían a sus hijos a la guerra, y las más ricas,
pagarían para que sus hijos no fueran. Dorrego se adelantó sancionando un decreto que prohibía
el reclutamiento de hombres que trabajaran como “mano de obra útil”; es decir que un peón, un
agricultor o un empleado no podía ser llamado a ser soldado.
Forzado a enviar soldados, material de guerra y pago de sueldos al frente de batalla, Dorrego
tuvo que reconsiderar la situación. No disponía de los fondos, porque la Sala de Representantes
se los negaba, y no podía enviar soldados sin afectar a los sectores más humildes, a los que él
pretendía defender. Por tanto, se vio obligado a pedir la paz, en los términos presentados por el
embajador inglés, lord Ponsonby. De esta manera, Dorrego se vio obligado a firmar el tratado
de paz que le otorgaba la independencia a la Banda Oriental del Uruguay. Aquello que
Rivadavia se negó a firmar, Dorrego se vio obligado.
Las tropas en el frente, esperaban los refuerzos para avanzar sobre Río Grande do Sul, en el sur
del Imperio del Brasil, pero en su lugar, recibieron la orden de retornar a Buenos Aires. Bajo la
conducción de Juan Lavalle y José María Paz, las tropas retornaron furiosas contra Dorrego. El
1° de diciembre de 1828, Lavalle lideró un Golpe de Estado contra el gobernador, quien huyó
hacia el interior de la provincia. Lavalle se presentó con un grupo de unitarios en el atrio de la
iglesia de San Roque, donde, custodiado por su ejército, fue nombrado gobernado por el voto
exclamado a viva voz dado por el mismo grupo de unitarios que lo había acompañado. En esa
ocasión pronunció la frase “la servidumbre vuelve a la cocina”. Luego persiguió a Dorrego, y
al alcanzarlo en la localidad de Navarro, ordenó su fusilamiento sin ningún tipo de juicio previo,
el 13 de diciembre de 1828.
Lavalle era conocido con el apodo de “Espada sin cabeza”, queriendo decir que actuaba
impulsivamente sin meditar las consecuencias. Además, era una persona muy influenciable.
Salvador María del Carril, quien le había aconsejado el fusilamiento, le advierte de su error por
no haber realizado un juicio previo, y le recomienda realizar un acta falsa. En una carta le
escribe: ...fragüe el acta de un consejo de guerra para disimular el fusilamiento de Dorrego
porque si es necesario envolver la impostura con los pasaportes de la verdad, se embrolla; y si
es necesario mentir a la posteridad, se miente y se engaña a los vivos y a los muertos”. Con la
muerte de Dorrego, comienza la Guerra Civil entre unitarios y federales.
Lavalle nombra como ministro de Guerra a José María Paz, pero este rechaza el ofrecimiento y
marcha hacia Córdoba para realizarle un Golpe de Estado al gobernador Bustos, que también
era federal. En ese viaje a Córdoba conocería a su sobrina Margarita Weid, de 17 años, que
luego sería su esposa.
El nuevo gobernador de Buenos Aires gobierna con mano dura: fusila a sus opositores, ordena a
sus militares realizar “confiscaciones patrióticas”, que terminarían beneficiándolo a él y a sus
seguidores. También crea el sistema de “calificaciones”, que era un registro de todas las
personas que hubieran tenido un puesto político y determinar si eran enemigos o amigos. Si eran
de los primeros ordenaba su fusilamiento o su destierro. Además, ordena el cierre de la Sala de
Representantes (muchos de los cuales habían estado presentes en su elección como gobernador).
Los mismos unitarios comienzan a tener miedo del líder que han puesto en el poder, y los
federales se encuentran indignados por el fusilamiento de Dorrego. El poderoso estanciero Juan
Manuel de Rosas, agrupó a los federales y a los sectores humildes; y junto al ejército enviado
por el gobernador Estanislao López (de Santa Fe), logró acorralar a Lavalle. Finalmente, el 24
de junio de 1829 se presentó Lavalle en la estancia de La Caledonia (localidad de Cañuelas),
donde se dispuso a firmar la paz con Rosas. Ambos firmaron el Pacto de Cañuelas, donde
acordaron que para poner fin a los enfrentamientos, Lavalle llamaría a elecciones y postularían
ambos un mismo candidato a gobernador. El candidato de Lavalle y Rosas fue Viamonte, quien
llegó a la gobernación. El gobernador Viamonte asumió el gobierno de Buenos Aires el 26 de
junio de 1829, y favoreció la reinstalación de la Sala de Representantes. Sin embargo, la
autoridad del nuevo gobernador no alcanzaba para restablecer la autoridad en Buenos Aires, por
lo que la Sala de Representantes aceptó su renuncia el 8 de diciembre de 1829.