0% encontró este documento útil (0 votos)
74 vistas8 páginas

Sentencia Charaf

El documento resume un caso judicial sobre una demanda por daños y perjuicios presentada por una mujer contra el Estado Nacional luego del asesinato de su madre mientras trabajaba como conciliadora laboral. La sentencia de primera instancia hizo lugar a la demanda, pero ambas partes apelaron. El Estado Nacional cuestionó la responsabilidad atribuida y los montos otorgados, mientras que la actora consideró insuficiente la indemnización por daño psíquico. La Cámara deberá resolver si la sentencia apelada se ajusta a derecho.

Cargado por

Guido Silvestein
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
74 vistas8 páginas

Sentencia Charaf

El documento resume un caso judicial sobre una demanda por daños y perjuicios presentada por una mujer contra el Estado Nacional luego del asesinato de su madre mientras trabajaba como conciliadora laboral. La sentencia de primera instancia hizo lugar a la demanda, pero ambas partes apelaron. El Estado Nacional cuestionó la responsabilidad atribuida y los montos otorgados, mientras que la actora consideró insuficiente la indemnización por daño psíquico. La Cámara deberá resolver si la sentencia apelada se ajusta a derecho.

Cargado por

Guido Silvestein
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Poder Judicial de la Nación CAMARA CONTENCIOSO

ADMINISTRATIVO FEDERAL- SALA IV


En Buenos Aires, a los 6 días del mes de
mayo de 2014, reunidos en acuerdo los señores jueces de la Sala IV de la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal, a efectos de
conocer de los recursos interpuestos en los autos caratulados: “A.M.F. c/ EN – Mº
Justicia y otros s/ Daños y Perjuicios”, contra la sentencia de fs. 350/362, el
Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:

¿Se ajusta a derecho la sentencia apelada?

El señor juez de Cámara Marcelo Daniel Duffy dijo:

1º) Por sentencia de fs. 350/362, la señora


jueza de la instancia anterior hizo lugar a la demanda mediante la cual M.F.A.
reclamó al Estado Nacional (Ministerio de Justicia y Ministerio de Trabajo) una
indemnización por los daños y perjuicios sufridos con motivo del homicidio de su
madre, la abogada y conciliadora laboral Dra. M.C., quien se desempeñaba
prestando tareas para el Servicio de Conciliación Laboral Obligatoria (SECLO),
desde su creación en septiembre de 1997.

Para así decidir, señaló que el 14 de marzo de


2008, durante una audiencia celebrada en el estudio jurídico ubicado en la calle
Paraguay 643, de esta Capital, la madre de la accionante –en cumplimiento de
funciones para el SECLO– fue atacada y herida de muerte por H.O.C.. Indicó que el
homicida, quien también acuchilló y mató al asistente de la señora C., había
ingresado al inmueble con motivo de una reunión conciliatoria y que, cuando
intentaba escapar del lugar tras el doble asesinato, fue detenido y posteriormente
condenado a veinte años de prisión.

Destacó que la actora, al momento de


producirse el fatal incidente, tenía 26 años, se acababa de recibir de Licenciada en
Psicología y vivía junto a su madre, quien estaba divorciada, no tenía otros hijos, y
era su principal sostén económico. Agregó que, desde el homicidio, su situación
económica había desmejorado ya que debió asumir numerosos gastos –entre ellos,
los de mantenimiento de la vivienda–, sin la posibilidad de conseguir un trabajo
rentable debido a que se encontraba cursando estudios de posgrado.

Sostuvo que el ataque sufrido por la madre de


la actora había tenido lugar con motivo y en ocasión de su trabajo, por lo que
concluyó que la actividad laboral resultó ocasionalmente peligrosa, si bien el riesgo
era imprevisible. Añadió que la doctrina había extendido la responsabilidad civil –
por aplicación del art. 1113 del Código Civil– a las actividades riesgosas (con o sin
intervención de una cosa), ampliando la legitimación pasiva a aquellos sujetos que
generaban, controlaban, potenciaban o fiscalizaban una actividad.

Sobre esta línea teórica, manifestó que la


coyuntura en la que perdió la vida la señora C. había tenido su origen en una
audiencia conciliatoria del SECLO regulada por la ley 24.635, que reglamenta la
instancia obligatoria de conciliación laboral. En dicha normativa se establece el rol
de fiscalización y control del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social sobre los
profesionales que intervienen en el organismo.

Añadió, sosteniendo la analogía entre los


daños causados por la actividad desarrollada y aquéllos provenientes del riesgo de la
cosa, que no se configuraba ninguna circunstancia que dispensara a la demandada de
responder por los daños producidos.

Entonces, una vez establecida la


responsabilidad de la accionada, determinó el alcance de la indemnización
requerida. Así, manifestó que en lo relativo al daño emergente correspondía tener en
cuenta la ayuda material que la fallecida le proporcionaba a su hija, por lo que fijó el
monto de este rubro en $180.000 (pesos ciento ochenta mil). A su vez, estimó el
reclamo en concepto de daño psíquico en $8.800 (pesos ocho mil ochocientos), y el
del daño moral en $200.000 (pesos doscientos mil). En todos los casos, con más los
intereses.

Impuso las costas por su orden, en atención a


que la solución adoptada se basó en una vía analógica construida doctrinariamente.

2º) Que, contra ese pronunciamiento, ambas


partes interpusieron recurso de apelación, la actora a fs. 364 y el demandado a fs.
367, los que fueron libremente concedidos a fs. 368 y fs. 369.

Puestos los autos en la Oficina, expresaron sus


agravios a fs. 374/375 y fs. 379/387vta., respectivamente. El Estado Nacional
contestó el memorial de su contraria a fs. 389/391vta., mientras que la actora hizo lo
propio a fs. 393/395.

3º) Que, la demandante se agravia del monto


otorgado por el deterioro psíquico sufrido. Considera que “es insuficiente para
reparar el daño causado ya que sólo compensa el costo de las sesiones de
psicoterapia (…) pero no la incapacidad psíquica que padece” (v. fs. 374). Añade
que “se ha acreditado una disminución permanente con menoscabo en sus
actividades productivas”, y que la indemnización de dicho rubro debe reparar no
sólo los gastos del tratamiento psicológico, sino también la incapacidad.
Por su parte, el Estado Nacional critica el
razonamiento realizado por la sentenciante de grado, en cuanto entiende que “ha
consagrado una extensión insostenible de la responsabilidad del Estado, que no
encuentra fundamento en la normativa y la jurisprudencia vigente”. Manifiesta que
la a quo omitió considerar los presupuestos que condicionan su responsabilidad y
que acudió a la analogía para condenar al Estado Nacional, basándose en “criterios
aislados e individuales y en su valoración personal”.

Destaca que para que proceda la utilización de


la vía analógica deben concurrir una serie de requisitos, tales como la existencia de
una laguna normativa, o la imposibilidad de resolver la situación en debate a partir
de la letra de la ley o de la costumbre, además de la relación de semejanza entre el
supuesto no regulado y el que sí está previsto en el ordenamiento jurídico.

Cita una serie de precedentes de la Corte


Suprema en los que, analizada la responsabilidad estatal, se adoptó un “criterio
mesurado”, al que considera “alejado del sistema de responsabilidad objetiva y
amplia” que se desprende del fallo recurrido (v. fs. 382). Agrega que existen
distintas posturas respecto de la interpretación el art. 1113 del Código Civil, pero
que “la norma no prevé como causal de responsabilidad los daños que sean
consecuencia de una actividad considerada riesgosa” (v. fs. 382vta.), por lo que la
aplicación práctica del concepto actividad riesgosa realizada por la juez de grado
resultó infundada toda vez que el riesgo, en el caso sub examine, ocurrió de
manera circunstancial y fue de comprobación posterior.

Concluye, entonces, que la tarea que llevan a


cabo los conciliadores laborales “no puede considerarse, ni siquiera en abstracto,
riesgosa”, y que la muerte de la señora C. “constituyó a todas luces un hecho
impredecible, cuyo resultado lesivo en modo alguno hubiera podido ser evitado” (v.
fs. 383). Añade que “la doctrina es acorde en reconocer que el riesgo
circunstancial no integra el concepto de riesgo creado” (v. fs. 384), a pesar de que
la a quo incluyó aquella idea en la elaboración del factor de atribución de
responsabilidad.

Por otra parte, critica que el rol de fiscalizador


que desempeña el Estado Nacional resulte suficiente como para atribuirle
responsabilidad en el hecho, toda vez que “a excepción de la primera audiencia que
se señala a través del sistema ministerial, el resto de la agenda la confecciona a su
criterio el propio conciliador, quien mantiene con las partes la vigencia del trámite
hasta su conclusión” y que, a mayor abundamiento, el crimen de la madre de la
actora ocurrió “en ocasión de la segunda audiencia”, oportunidad en la cual el
Estado Nacional “ni siquiera conocía la existencia del acto” (v. fs. 384 vta.). Señala
que, según el criterio del fallo recurrido, “la responsabilidad del Estado se
extendería a límites impensados”, incluso sobre “daños que no sean consecuencia
‘directa e inmediata’ del obrar estatal” (v. fs. 385vta.)

Finalmente, cuestiona el monto


indemnizatorio concedido a la actora en concepto de daño emergente, psicológico y
moral por considerarlo “injustificado y excesivo”. Sostiene que, aun en el caso de
admitir el reclamo, la particularidad de que la actora recibiera ayuda económica de
su madre “no le genera el derecho a percibir el 50% de los ingresos que la jueza le
ha garantizado”; máxime, cuando se encuentra “en condiciones óptimas de generar
su propia fortuna” (v. fs. 386vta.).

4º) Que, en primer lugar, es importante


recordar que la ley 24.635 creó el Servicio de Conciliación Laboral Obligatoria
(SECLO), organismo de instancia administrativa establecido en la órbita del
Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, ante el cual se dirimen con
carácter obligatorio y previo al inicio de la demanda judicial todos los reclamos que
versen sobre conflictos de derecho correspondientes a la competencia de la Justicia
Nacional del Trabajo.

La tarea desarrollada por los conciliadores


permite convertir al SECLO en un referente nacional de los medios alternativos para
la solución de los conflictos laborales. Según lo dispuesto por el decreto 1169/96,
una vez que se presenta un reclamo ante el organismo, se practica el sorteo del
conciliador y se fija la fecha y hora de la primera audiencia. Las audiencias y
trámites conciliatorios deberán celebrarse en las oficinas del conciliador, a menos
que el SECLO autorice el cambio del lugar de las audiencias –cuando razones
debidamente justificadas lo exijan– a requerimiento del conciliador (art. 16 del
decreto citado).

En este sentido, los conciliadores laborales no


componen un órgano mediante el cual el Estado exterioriza sus potestades y
voluntad, sino que son abogados independientes, con título habilitante y matrícula
expedida por el Registro Nacional de Conciliadores Laborales (RENACLO). Sus
funciones no pueden ser caracterizadas como públicas por el mero hecho de
encontrarse vinculadas con la administración de justicia pues, de conformidad con
los términos de Fallos: 306:2030 y 326:4445, la supervisión del Ministerio de
Trabajo, Empleo y Seguridad Social resulta insuficiente para adjudicarles el rango
de funcionario público, a los efectos previstos en el art. 1112 del Código Civil.

5º) Que, por otro lado, corresponde precisar


que la teoría del riesgo creado, que surge en el Derecho Francés en la última década
del siglo XIX inspirada en ideas de Saleilles y Josserand y que expandió la
atribución objetiva del deber estatal de reparación de daños, fue introducida en el
art. 1113, 2ª parte, del Código Civil, a partir de la reforma de la ley 17.711 en el año
1968.

Este precepto normativo contempla el


supuesto de daños derivados del riesgo o vicio de la cosa como factor de atribución
de responsabilidad a su dueño o guardián, aunque no incluye expresamente al riesgo
que suscita el desarrollo de una actividad con potencialidad para producir daños. Sin
embargo, doctrinaria y jurisprudencialmente se ha debatido en torno a si dentro del
concepto de “cosa riesgosa” se puede incluir a la “actividad riesgosa” en sí misma,
como causa de imputación de responsabilidad a quien la ejerce o lleva adelante.

Entre los que equiparan analógicamente los


daños derivados del riesgo de la cosa con los provocados por una actividad, la
dificultad radica en determinar cuál o cuáles ostentan ese carácter por su naturaleza,
ya que una interpretación ligera podría llevar a considerar aplicable este régimen a
numerosas actividades, situando a la teoría del riesgo en su mayor nivel exponencial.
Nadie ha escapado a tal dificultad, ni siquiera la Corte federal, como surge de su
propia jurisprudencia (cfr. Fallos: 310:1826; 315:1902 y 2834; 318:1715; 322:2002;
326:1299; 327:5295).

Corresponde tener en cuenta que “una


actividad es riesgosa cuando por su propia naturaleza (esto es, por sus
características propias, ordinarias y normales), o por las circunstancias de su
realización (v.gr., por algún accidente de lugar, tiempo o modo) genera una
significativa probabilidad de riesgo o peligro para terceros, ponderable conforme a
lo que regularmente sucede según el curso normal y ordinario de las cosas. Se trata
de actividades que por lo general son consentidas por la utilidad social que
representan y que devienen dañosas para terceros” (Pizarro, Ramón Daniel en
“Responsabilidad civil por riesgo creado y empresa – Contractual y
extracontractual”, Parte Especial, Tomo II, pág. 161, Editorial La Ley).

Al analizar esta definición en armonía con lo


establecido por el art. 901 del Código Civil, se puede colegir que la actividad que
realizan los profesionales que cumplen tareas para el SECLO –de conformidad con
lo dispuesto por la ley 24.635 y normativa concordante– no puede ser considerada
naturalmente riesgosa. Ello es así, puesto que el procedimiento de conciliación no
posee características que, per se, coloquen a los conciliadores laborales en una
situación de peligro para su integridad física de manera regular.

Desde una visión omnicomprensiva, resulta


claro que las consecuencias del fatal ataque cometido por H.C. sobre la doctora C.y
su asistente eran manifiestamente imprevisibles para la demandada en autos.
Máxime, si se tiene en cuenta que el lamentable episodio tuvo lugar en oportunidad
de la segunda audiencia conciliatoria, ocasión en la cual la accionada ni siquiera
conocía la existencia del acontecimiento por haber sido fijado a criterio del
conciliador, con la anuencia de las partes.

En este sentido, asiste razón al Estado


Nacional en cuanto critica el razonamiento de la jueza de grado quien consideró que
en el sub examine había existido un riesgo circunstancial, de comprobación
posterior, para fundar el encuadre del caso dentro de un supuesto de responsabilidad
estatal objetiva por actividad riesgosa.

Por el contrario, una actividad no puede ser


calificada como peligrosa en función de las circunstancias particulares en que
sucedió un acontecimiento extraordinario. En efecto, en el propio decisorio recurrido
se precisó que “desde el punto de vista lógico y valorativo, la noción de riesgo no
puede ser un posterius sino un prius”, lo que evidencia que la cuestión a examinar
pasa por el grado de previsibilidad de la producción del daño, a partir de la
consideración de la naturaleza de la actividad.

De acuerdo con este razonamiento, la doctrina


ha destacado que la aplicación de un criterio laxo del art. 1113 del C.C. a la
responsabilidad pública estatal termina por convertir al Estado en una especie de
asegurador de todos los riesgos que genera la vida en sociedad.

Así, se ha señalado que “un examen de la


jurisprudencia permite advertir aplicaciones inadecuadas de la teoría del riesgo, ya
sea porque con ella se aprehenden supuestos que en verdad caen en el ámbito del
factor falta de servicio, o porque al otorgársele al art. 1113, 2ª parte, del Código
Civil un alcance desmedido, se provoca la expansión excesiva del deber de reparar
estatal, pues muchas veces se lo ha condenado aún en aquellos casos en los que, no
sólo no obtenía ningún provecho o beneficio de la cosa productora del perjuicio ni
había generado una situación de daño, sino también a pesar de no tener ningún tipo
de control sobre aquéllas, ni medios para evitar la producción del daño” (Perrino,
Pablo. Jornadas de Responsabilidad del Estado y del Funcionario Público,
organizadas por la Facultad de Derecho de la Universidad Austral, Editorial
Ciencias de la Administración – División Estudios Administrativos. Ver, asimismo,
Vicente Repáraz, María Magdalena “Responsabilidad del Estado por riesgo creado”.
EDA, Bs. As., Volumen 2009, págs. 609 y ss., entre otros).

6º) Que, por lo precedentemente expuesto, y


toda vez que no quedó demostrado el factor de atribución respecto del daño
producido, corresponde revocar la sentencia apelada y rechazar la demanda
interpuesta.
La solución a que se arriba torna inoficioso el
tratamiento del recurso de apelación deducido por la parte actora (fs. 364 y
374/375).

7º) Que, en cuanto a las costas de esta


instancia, en atención a la naturaleza compleja de la cuestión que se resuelve,
corresponde que sean impuestas en el orden en que fueron causadas (art. 68,
segunda parte del C.P.C.C.N.).

Por tales consideraciones, VOTO por:

1-Hacer lugar al recurso interpuesto por el


Estado Nacional, revocar la sentencia de fs. 350/362 y rechazar la demanda.

2-Desestimar el recurso interpuesto por la


parte actora.

3-Imponer las costas de esta Alzada en el


orden causado (art. 68, segunda parte, C.P.C.C.N.).

Los señores jueces de Cámara Rogelio W.


Vincenti y Jorge Eduardo Morán se adhirieron al voto precedente.

En virtud de las consideraciones expuestas,


este Tribunal RESUELVE:

1-Hacer lugar al recurso interpuesto por el


Estado Nacional, revocar la sentencia de fs. 350/362 y rechazar la demanda.

2-Desestimar el recurso interpuesto por la parte actora.

3-Imponer las costas de esta Alzada en el


orden causado (art. 68, segunda parte, C.P.C.C.N.).
Regístrese, notifíquese y devuélvase.

ROGELIO W. VINCENTI

JORGE EDUARDO MORÁN


MARCELO DANIEL DUFFY

También podría gustarte