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Wittgenstein y la Sociología del Conocimiento

Este documento discute las teorías del sociólogo David Bloor sobre la naturaleza social de las reglas y las matemáticas según la perspectiva de Wittgenstein. Bloor argumenta que las reglas, incluidas las matemáticas, son instituciones sociales que dependen del consenso colectivo. Las reglas son correctas en la medida en que la comunidad las considera así, de la misma forma que las reglas de un juego. Las matemáticas existen a través de los actos de referencia a ellas en la práctica social, no por refer

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Wittgenstein y la Sociología del Conocimiento

Este documento discute las teorías del sociólogo David Bloor sobre la naturaleza social de las reglas y las matemáticas según la perspectiva de Wittgenstein. Bloor argumenta que las reglas, incluidas las matemáticas, son instituciones sociales que dependen del consenso colectivo. Las reglas son correctas en la medida en que la comunidad las considera así, de la misma forma que las reglas de un juego. Las matemáticas existen a través de los actos de referencia a ellas en la práctica social, no por refer

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Hacking, Ian (1984): “Wittgenstein rules”. Social Studies of Science 14 (3): 469-476.

Bloor, David (1983): Wittgenstein: a social theory of knowledge. New York: Columbia University
Press.

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Kusch, Martin (2004): “Rule-scepticism and the sociology of scientific knowledge: the Bloor-
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Bloor, David (2004): “Institutions and rule-scepticism: A reply to Martin Kusch”. Social Studies
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Sharrock, Wes (2004): “No case to answer: a response to Martin Kusch’s ‘Rule-scepticism and
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Penelas, F. y Tozzi, V., compiladores: El giro pragmático en la filosofía. Barcelona:
Gedisa: 115-130.

Hay dos formas de entender la noción de ‘seguir una regla ciegamente’:


 ‘Seguir una regla ciegamente’ implica no poder dar razones de mi actuar.
 ‘Seguir una regla ciegamente’ implica actuar, como diría Bloor, instintivamente; se
expresaría en los casos en que no elegimos, sino que aplicamos la regla, por así decir,
automáticamente (pero quizá sí pueda dar razones de mi actuar).

Discutiendo la enseñanza de la secuencia generada por una regla, Wittgenstein dijo:


“supongamos que, tras algunos esfuerzos por parte del maestro, continúa la serie
correctamente, es decir, como lo hacemos nosotros” (PI: 145). Entonces, dijo, podemos decir
que ha dominado el sistema. Las palabras clave aquí son aquellas que identifican
‘correctamente’ con ‘como lo hacemos nosotros’. Generalizando desde la secuencia numérica
a las reglas del lenguaje, se enfatiza el mismo tema consensual. Las reglas del lenguaje se
basan en la regularidad, en el acuerdo en la acción: (Bloor 1997: 16)
Aquí es de la mayor importancia que todos nosotros, o la inmensa mayoría, coincidamos
en ciertas cosas. Puedo, por ejemplo, estar bastante seguro de que la mayoría de los
seres humanos que vean este objeto llamaran ‘verde’ a su color (RFM VI: 39, cf. VI: 30,
VII: 40). (Bloor 1997: 16)
Dar un paso ‘equivocado’ es, en última instancia, dar un paso que lleva al individuo por un
camino divergente. Estar equivocado es ser un anormal, aunque esto no quiere decir que la
palabra ‘incorrecto’ (‘equivocado’) signifique ‘anormal’. Es necesario introducir la cualificación
‘en última instancia’ y decir que, en última instancia, estar equivocado es ser anormal, ya que
a menudo tales juicios están mediados por la apelación a nociones de autoridad y pericia
[conocimiento]. (Bloor 1997: 16)
(…)
Wittgenstein a veces se expresaba diciendo que el consenso es una condición previa de [para]
las actividades que siguen reglas, por ejemplo, del cálculo aritmético: “Este consenso
pertenece a la esencia del cálculo, eso es seguro. Es decir, este consenso es parte del
fenómeno de nuestro calcular” (RFM III: 67). (Bloor 1997: 16)
(…)
La profecía no dice que un hombre obtendrá este resultado cuando siga esta regla..., sino
que obtendrá este resultado si nosotros decimos que está siguiendo la regla (RFM III: 66).
(Bloor 1997: 17)
Nuestra preocupación por los aspectos consensuales de las reglas es normativa y evaluativa. Si
nuestra predicción o profecía resulta incorrecta –por ejemplo, decimos que escribirá 625 y
escribe 652– no cuestionamos la ‘teoría’ en la que se basa la predicción. Más bien ponemos en
duda las competencias de quien sigue la regla (cf. RFM VI: 5). (Bloor 1997: 17)
(…)
Los maestros [docentes] son los agentes del colectivo social a quienes se les encomienda la
tarea de transmitir su cultura a los nuevos miembros. Wittgenstein fue bastante explícito y
concreto al tratar este tema. En relación con las reglas de la lógica, al especificar lo que ha de
contar como una inferencia aceptable, dijo que las reglas no compelen [fuerzan] como lo
hacen los rieles que compelen [fuerzan] a una locomotora: “Sin embargo, se puede decir que
las leyes de la inferencia nos obligan; a saber, en el mismo sentido en que lo hacen otras leyes
de la sociedad humana” (RFM I: 116). (Bloor 1997: 17)
(…)
Hasta ahora el argumento se puede resumir de la siguiente manera: al seguir una regla
pasamos automáticamente de un caso a otro, guiados por nuestro instintivo (pero socialmente
educado) sentido de ‘lo mismo’. Tal sentido no es suficiente, por sí solo, para crear un patrón
[o estándar] de lo correcto y lo incorrecto. Es necesario introducir un elemento sociológico en
el relato para explicar la normatividad. Los patrones normativos provienen del consenso
generado por un número de seguidores de reglas que interactúan, y se mantienen [los
patrones normativos] supervisando, controlando y sancionando colectivamente las
tendencias individuales. El consenso hace objetivas a las normas; esto es, una fuente de
restricción [constreñimiento] externa e impersonal sobre el individuo. Da sustancia a la
distinción entre los seguidores de reglas que creen que han hecho las cosas bien
[correctamente] y los que realmente han hecho las cosas bien [correctamente]. (Bloor
1997: 17)

Solamente somos compelidos por las reglas en la medida en que, colectivamente, nos
compelemos unos a otros (Bloor 1997: 22).
¿Qué es una institución? Es un patrón [modelo /molde] colectivo de actividad auto-referente
(…) La ‘correcta’ continuación, por dar un ejemplo, de una serie de números (lo cual también
define lo que es significado por la regla) es la continuación que es colectivamente llamada
‘correcta’. Esto no es cuestión de votar qué es lo correcto, sino que refiere a un patrón estable
de interacción. Llamo a esta continuación correcta porque otros la llaman correcta, pero estoy
en lo cierto al llamarla correcta sobre esta base porque, que los demás la llamen correcta, la
hace correcta. La corrección a la cual me refiero es constituida por las referencias de los demás
a su corrección, y mi referencia, por supuesto, contribuye al fenómeno al cual los otros
hablantes a su vez se refieren. El modelo auto-referencial explica cómo la regla misma es parte
del flujo de la interacción, y un medio de auto-entendimiento. Los actos de referencia a la regla
son ocasionados comentando sobre lo que hacen otros [the performances of others] y uno
mismo. Así la regla ‘existe’ en y a través de la práctica de citarla e invocarla en el curso del
entrenamiento, en el curso de mandar a otros a seguirla y en el curso de decirles que no la
están siguiendo o que no la están siguiendo correctamente. Todas estas cosas son dichas a
otros y a uno mismo y son escuchadas cuando son dichas por otros. Dicho en una típica forma
de hablar sociológica, la regla es una ‘categoría del actor’. No es simplemente una descripción
del observador del comportamiento del grupo o una idea utilizada por un teórico externo [de
afuera / outside] deseando resumir y predecir sus comportamientos (Bloor 1997: 33).

“…invocar categorías normativas es, en sí mismo, un acto de participación en una práctica


auto-referente que no cuenta con fuente alguna de justificación independiente” (Bloor 1997:
34).
“Acciones exteriores [externas / outer] son necesarias si vamos a interactuar [para interactuar]
y sin interacciones no hay instituciones” (Bloor 1997: 34).

“Es por eso que él [Wittgenstein] dice ‘no puede haber error en el cálculo de 12 x 12 = 144’
[RFM III: 73], justo en la misma medida en que no puede haber error en decir que las reglas del
ajedrez son las que colectivamente se ha acordado que sean” (Bloor 1997: 37).

“Los procesos reales subyacen a los procesos lógicos, no a la inversa” (Bloor 1997: 39).

“Las proposiciones que podrían ser tratadas como proposiciones empíricas son, bajo algunas
circunstancias, convertidas de hechos a patrones [estándares] [RFM I: 165]. Ellas son –dice
[Wittgenstein] metafóricamente—depositadas en los archivos del lenguaje” (Bloor 1997: 41).

Bloor cita a Wittgenstein y dice que las proposiciones matemáticas son parte de una institución
del mismo modo que un patrón de medida de longitud es parte de una institución (Bloor 1997:
41).
“La diferencia cualitativa entre las proposiciones matemáticas y las proposiciones empíricas, el
‘nuevo tipo de criterio’ del cual hablaba [Wittgenstein], deriva del hecho de que ‘las
matemáticas como tales son siempre medida, no la cosa medida’ [RFM III: 75]” (Bloor 1997:
42).

“Una regla –dice Bloor, citando a Wittgenstein—es algo que separamos de la experiencia, de
modo que [para que] perviva [resista / perdure / soporte] como si fuera sola en su gloria,
aunque son los hechos de la experiencia diaria los que le dan su importancia” (Bloor 1997: 42).

“Entre la referencia a una realidad independiente y la ausencia de toda referencia, tenemos la


auto-referencia, esto es, la referencia a una realidad, pero una realidad que es dependiente de
los mismos actos de referencia que son dirigidos a ella” (Bloor 1997: 68).

Para Bloor las matemáticas son una institución social y, como toda institución social, consiste
en un patrón colectivo de actividad auto-referente. Es decir, la existencia de una institución
depende de mi creencia de que los demás creen en su existencia y de la creencia de los demás
en que yo también reconozco tal institución.
Así, las reglas matemáticas son las que la comunidad sostiene como correctas justo en la
misma medida en que las reglas del ajedrez son las que colectivamente se han acordado que
sean.

Bloor equipara las reglas matemáticas con las reglas de un juego, como podría ser el ajedrez.
Bloor llega a este planteo porque considera a las matemáticas, como a toda institución, “como
un patrón colectivo de actividad auto-referente” (Bloor 1997: 33).
“Las instituciones sociales pueden ser consideradas como sistemas auto-referentes de habla y
pensamiento” (Bloor 1997: 32).

La propuesta de Bloor es que el significado, las reglas y el sentido de lo correcto forman una
institución social.
“La propuesta de Bloor es que el significado, la regla y lo correcto [rightness] forman una
institución social. El número ‘125’ es la respuesta correcta a ‘57 + 68’ porque es la respuesta
‘que es colectivamente llamada ‘correcta’’. Lo correcto [rightness] en sí mismo existe
solamente como una condición social [social status]: existe en virtud de que se hace referencia
a él. En última instancia la suma de todos los actos de referirse e invocar a lo correcto refiere a
no otra cosa que la suma de esos mismos actos. Justo en la medida en que nuestra creencia
colectiva en la existencia del dinero es una creencia sobre esa creencia, del mismo modo
nuestra creencia colectiva en la correcto de que ‘125’ es la respuesta a ‘57 + 68’ es una
creencia sobre esa creencia” (Kusch 2004: 578).
Nótese que el argumento del escéptico presupone que todos los participantes en la discusión
tienen una comprensión perfectamente clara de cuáles son las reglas de la adición. Para los
propósitos prácticos de la discusión, el ‘significado’ de ‘más’ nunca se pone en duda y es
absolutamente esencial para la articulación de la propia posición del escéptico. La capacidad
de dar la ilustración ‘por así decirlo’ de lo que ‘quus’ (de manera completamente conceptual)
pueda ser depende de que todos podamos ver que el ejemplo de quus es completamente
diferente de cualquier cosa que las reglas de la adición permitirían. [La capacidad de dar el
tipo de ilustración ‘como así fuera’ para explicar a ‘quus’ depende de que todos
podamos ver que el ejemplo de quus es completamente diferente de cualquier cosa
que las reglas de la adición permitirían]. Si no consentimos [Si no le concedimos] lo
suficiente al escéptico como para permitir la elaboración de los términos de su argumento,
simplemente podemos rechazar la posibilidad de que más, que es lo que aprendimos en la
escuela, no es quus, del que nunca habíamos escuchado antes. Nuestro rechazo de cualquier
suma ejemplar –y paradójicamente distintiva—de ‘quus’ que se nos pueda brindar no es la
base de una especulación posiblemente falsa sobre nuestras futuras –o hipotéticamente
pasadas—reacciones, si de repente y sin previo aviso se nos presenta alguna suma similar a
quus [tipo quus]; es, en sí misma, una aplicación inevitable en el aquí y ahora de las reglas de
la aritmética. Simplemente no aceptamos que ‘5’ sea el total de 67 y 58, por ejemplo, y
podemos dar una serie de razones explicativas, en términos de las reglas de la aritmética, por
las cuales lo rechazamos (el total no puede ser menor que los elementos, y así
sucesivamente). Según nuestras reglas, esta propuesta de totalización de ‘quus’ es
simplemente incorrecta. En la medida en que el argumento del escéptico pretende llevarnos a
la conclusión de que no hay un significado determinado para ‘más’ –ninguna verdad acerca de
nosotros que establezca que seguimos más en lugar de quus– entonces la dependencia de ese
argumento a lo largo de una comprensión bastante determinada de cuáles son las reglas de la
aritmética significa que ‘quaddition’ encarna una contradicción performativa. ‘El hecho’ que
resulta letal contra el caso del escéptico es la diferencia manifiesta entre las reglas de la
aritmética y las de la función (sólo fingida) de ‘quus’ del escéptico. [Sharrock 2004: 610-611].

Un punto más: Kusch resume la propuesta de Bloor de la siguiente manera.

La propuesta de Bloor es que el significado, la regla y la corrección forman una


institución social. El número ‘125’ es la respuesta correcta a ‘57 + 68’ porque es la
respuesta “que es colectivamente llamada ‘correcta’”. La corrección en sí misma
sólo existe como un estatus social: existe en virtud de que nos referimos a ella
(Kusch, 2004: 578).

¿Dice esta afirmación seriamente algo más que, según las reglas de la adición, 125 es la
respuesta correcta de la suma, que cualquiera que haya aprendido esas reglas estaría de
acuerdo en que esta es la respuesta correcta? Tal vez el interés radica en la sugerencia de que
las cosas funcionan al revés: que si otras personas están de acuerdo en que 125 es la
respuesta correcta, entonces que hagan eso establece que estas son las reglas de la aritmética
[¿Sharrock está insinuando que eso es lo que intentaba significar Wittgenstein?]
Pero, ¿seguro que la respuesta de otras personas es relevante y significativa sólo cuando se
basa en esas reglas? ¿Constituye ‘colectivamente llamada correcta aquí’ una manera abstracta
de decir (si se habla de personas de otra cultura) ‘estas son sus reglas’, o incluso, si se habla
en nuestra propia cultura, ‘estas son las reglas’? [La cursiva es del original; Sharrock 2004:
611].

Es justo afirmar que la filosofía de las matemáticas de Wittgenstein sostiene que la idea de que
las reglas de las matemáticas sean en sí mismas correctas no tiene sentido (porque son reglas,
las reglas no son proposiciones y, por lo tanto, no son correctas ni incorrectas). Las reglas de
las matemáticas, más bien, dan sentido a lo ‘correcto’ (así como en la aritmética hay
solamente una respuesta a una suma, en algebra puede haber más de una). Si esto es así,
entonces vemos que esta es otra manifestación de la misma circularidad que se describió en el
párrafo anterior. Parece que se nos está diciendo algo sobre lo que hace que los resultados (no
las reglas) de la aritmética sean correctos, a saber, que están dotados de un estatus
[condición / naturaleza] social. Pero ‘los resultados’ de la suma no son cualquier número,
sino solo aquellos números que se derivan de las reglas de la suma: resultados que son
respuestas correctas (incluso apropiadas). Que los resultados se ajusten a las reglas es lo que
los hace correctos. [La cursiva es del original; Sharrock 2004: 611-612].

No debiera pensarse que estos argumentos surgen de alguna animosidad hacia la idea de que
la matemática es una actividad social. No veo ninguna dificultad en la idea de que las reglas
que proporcionan la pauta de suma correcta son pautas comunitarias. Sin embargo, no veo
que el intento de adoptar alguna variante del relato del ‘acuerdo comunitario’ del seguimiento
de reglas sea otra cosa que un simple juego vacío, ya que no produce una comprensión mayor
(ciertamente no una comprensión más clara) de la relación entre una regla y lo que se ajusta a
ella, que el reconocimiento de que ambos están internamente relacionados. En efecto, el caso
del escéptico, que aparentemente cuestiona este hecho, depende, en todo momento, de la
relación interna entre la regla y lo que se ajusta a ella. He estado sugiriendo que el desarrollo
de esta visión del acuerdo comunitario surge de, o genera algunas ideas bastante extrañas
sobre, lo que implica seguir una regla. No puedo evitar sospechar que dicha visión gana mucho
atractivo al compartir el prejuicio de aquellos que piensan que tener una ‘visión sociológica’ del
hecho de que los individuos son animales sociales debe significar que esos individuos son
totalmente incapaces de hacer nada de manera independiente. [Sharrock 2004: 612].
[Para Sharrock las personas son animales sociales, pero esto no significa que no puedan hacer
cosas independientemente, y que necesiten todo el tiempo de otros para seguir reglas].

Cómo identificar cuál es la regla que rige una determinada práctica.


Y qué significa analizar contextualmente una acción. Significa tener presente que una regla
opera como tal solamente dentro de una práctica que es ella misma un tipo de compleja
regularidad, a saber, una regularidad comunitaria (distinta a una regularidad estadística) tal
como es expresada en el acuerdo en la acción y los juicios.
Lo que nos permite captar el sentido
La regularidad en el seguimiento de una regla es compelida por la práctica de la regla o el
‘acuerdo en la acción’ en relación con el cual un ejemplo funciona como un patrón.

Para regresar al seguimiento de reglas, el punto que quiero señalar es que siempre que ciertos
factores previamente inexistentes o ignorados se hacen visibles, las condiciones de las
prácticas pueden cambiar tanto que se vuelva imposible seguir haciendo lo mismo ciegamente.
Tendremos entonces que interpretar [determinar / decidir] qué consideramos primordial de la
regla que seguimos a fin de seguir haciendo lo mismo bajo nuevas y diferentes condiciones.
Todo esto, asimismo, es hecho de acuerdo con las personas que constituyen el grupo de
referencia (solamente en casos excepcionales es hecho aisladamente).

David Bloor lleva la tesis de que no estamos constreñidos por las reglas del conocimiento a un
ámbito donde puede resultar controvertido afirmarla y puede dar lugar a confusiones, como es
la lógica. Dice Bloor que no estamos constreñidos por la lógica, sino por “el requerimiento de
que podamos seguir participando en el juego de lenguaje, lo cual significa ser capaz de
mantener nuestras interacciones con aquellos que tienen ciertas disposiciones y tendencias de
comportamiento. Aquello a que, en la esfera del lenguaje y las ideas, nos referimos como
relaciones lógicas y constreñimientos lógicos son realmente los constreñimientos impuestos
sobre nosotros por otras personas. La necesidad lógica es una relación moral y social”. Y cita
unas líneas de las Observaciones sobre los fundamentos de la matemática (1956) de
Wittgenstein: “por supuesto que se puede decir que las leyes de la lógica nos compelen, dice
Wittgenstein, ‘en el mismo sentido, es decir, que otras leyes de la sociedad humana’” (Bloor
1983: 121-122; la cita de las Observaciones sobre los fundamentos de la matemática
corresponde a la sección I, § 116). La confusión puede surgir si se interpreta que Bloor está
afirmando que es lo mismo dejarse guiar o no por el principio de tercero excluido, cuando lo
que –creo yo—esta queriendo decir es que depende de las personas aceptar las implicancias
de tal principio o no. Es decir, las reglas pueden no seguirse, no nos obligan a que las sigamos.
La eficacia del conocimiento depende de la voluntad de las personas de emplearlo.

“Nada de lo que dice Bloor muestra que ‘la necesidad lógica es una coacción moral y social’,
aun cuando hay coacciones morales y sociales vinculadas a la necesidad lógica” (Hacking
1984: 473).

“«Lo que dices viene a ser, pues, que se necesita una nueva intelección –intuición—para acatar
correctamente la orden «+n» en cada nivel». —¡Para acatar correctamente! ¿Cómo se decide
cuál es el paso correcto en un punto determinado? —«El paso correcto es el que concuerda con
la orden –tal como fue significada». —Así en el momento en que diste la orden ‘+2’ significabas
que él tenía que escribir 1.002 después de 1.000 —¿y significabas también entonces que él
tenía que escribir 1.868 después de 1.866 y 100.036 después de 100.034, etc. —un número
infinito de tales proposiciones? — «No; yo significaba que él tenía que escribir el sucesor del
sucesor tras cada número que escribiera; y de esto se sigue el lugar de todas esas
proposiciones». —Pero ésa es precisamente la cuestión, qué se sigue, en cualquier lugar, de
esa proposición. O también —qué debemos llamar, en cualquier lugar, «concordancia» con esa
proposición (y también con la intención significativa que has dado entonces a la proposición —
sea lo que fuere en lo que haya podido consistir). Más correcto que decir que se necesita una
intuición en cada punto, sería casi decir: se necesita una nueva decisión en cada punto” (la
cursiva es del original; Wittgenstein 1953: § 186).
187; 188; 189; 190

“Aquí quisiera decir ante todo: tu idea era que este significar la orden ya ha dado a su modo
todos esos pasos: tu mente echó, en cierta manera, a volar al significar y dio todos los pasos
antes de que llegaras corporalmente a éste o aquél.
Estabas, pues, inclinado a expresiones como: «Los pasos ya han sido realmente dados; incluso
antes de que los diese por escrito, oralmente o en el pensamiento». Y parecía como si
estuviesen de una manera singular predeterminados, anticipados –como sólo el significar
puede anticipar la realidad” (la cursiva es del original; Wittgenstein 1953: § 188).

“«¿Pero no están los pasos determinados, pues, por la fórmula algebraica?» —La pregunta
contiene un error.
Empleamos la expresión: «los pasos están determinados por la fórmula…». ¿Cómo se emplea?
—Podemos quizá decir que los seres humanos son llevados por su educación (adiestramiento)
a emplear la fórmula y = x ² de manera que todos calculen siempre el mismo número para y
cuando sustituyen el mismo número por x. O podemos decir: «Estos seres humanos están
adiestrados de manera que todos den siempre el mismo paso a la orden ‘+3’ en el mismo
nivel». Podríamos expresar esto así: : «La orden ‘+3’ determina completamente para estos
seres humanos cada paso de un número al siguiente». (En contraste con otros seres humanos
que no saben qué tienen que hacer al recibir esa orden; o que ciertamente reaccionan a ella
con completa seguridad, pero cada uno de modo diferente)…” (la cursiva es del original;
Wittgenstein 1953: § 189).

“Puede ahora decirse: «el modo en que se significa la fórmula determina qué pasos hay que
dar». ¿Cuál es el criterio del modo en que se significa la fórmula? Tal vez el modo y manera en
que la usamos continuamente, en que se nos enseñó a usarla.
Le decimos, por ejemplo, a alguien que usa un signo que nos es desconocido: «si con ‘x!2’
significas x², entonces obtienes este valor para y, si con ello significas 2x, aquél». Pregúntate
ahora: ¿Cómo se significa con ‘x!2’ lo uno o lo otro?
Así es como el significar puede determinar de antemano los pasos” (la cursiva es del original;
Wittgenstein 1953: § 190).

“¿De dónde viene la idea de que el comienzo de la serie es un trozo visible de raíles
invisiblemente tendidos hasta el infinito? Bueno, en vez de la regla podríamos imaginarnos
raíles. Y a la aplicación ilimitada de la regla corresponden raíles infinitamente largos”
(Wittgenstein 1953: § 218).

“«Todos los pasos ya están realmente dados» quiere decir: ya no tengo elección. La regla, una
vez estampada con un determinado significado, traza las líneas de su prosecución a través de
todo el espacio. —Pero si algo así fuese realmente el caso, ¿de qué me valdría? No; mi
descripción sólo tenía sentido si se entendía simbólicamente. —Así es como me parece— debí
decir. Cuando sigo la regla, no elijo. Sigo la regla ciegamente” (la cursiva es del original;
Wittgenstein 1953: § 219).

“Supón que alguien sigue la serie 1, 3, 5, 7… poniendo la serie de 2x + 1. Y él se pregunta:


«¿pero siempre hago lo mismo o algo diferente cada vez?» Quien todos los días promete
«mañana te visitaré», ¿dice cada día lo mismo o cada día algo diferente?” (Wittgenstein 1953:
§ 226).

“¿Tendría sentido decir: «si cada vez hiciese algo diferente, no diríamos que sigue una regla»?
Esto no tiene sentido alguno” (la cursiva es del original; Wittgenstein 1953: § 227).

“«¡Una serie tiene para nosotros una sola cara!» —Bien; ¿pero cuál? Está por cierto la
algebraica y la de un trozo del desarrollo. ¿O hay en ella más que eso? —«¡Pero en ello ya está
todo!» —Pero eso no es una contestación sobre el trozo de la serie ni sobre algo que divisemos
en él, sino la expresión de que miramos sólo a la regla en busca de instrucción y actuamos sin
apelar a ninguna instrucción ulterior” (la cursiva es del original; Wittgenstein 1953: § 228).

“La regla en tanto que fórmula, el estándar en tanto que mapa o el paradigma en tanto que
ejemplo carecen de carácter normativo o representacional por derecho propio. Poseen tal
carácter solamente en virtud del modo en que la fórmula o el gráfico o el ejemplo son usados.
Es el uso lo que crea el contexto estructurado dentro del cual las señales señalan, las series
pueden ser continuadas, las órdenes obedecidas y los paradigmas ser ejemplares. Solamente
entonces podemos ver una acción particular como encarnando o ejemplificando una estructura
gramatical. En breve, la obligatoria puesta en escena es la práctica social” (Williams 1991:
113).
“Lo que es indispensable para el juicio y la acción correcto o apropiado es que exista
concordancia, no que cada individuo justifique su (o de cualquier otro) juicio y acción apelando
a su armonía con los juicios de los otros” (Williams 1991: 114).

“El origen de la normatividad, entonces, reside en el acuerdo que crea el lugar para los
estándares y en la posibilidad de desviación de las acciones de la comunidad que sostiene el
estándar en su sitio” (Williams 1991: 115).

“El finitismo en los límites produce muchas anécdotas pero poca controversia. Lo que llamo
finitismo en el centro [el núcleo del finitismo] es precisamente lo contrario. Es una doctrina tan
extrema que la mayoría la rechazaría sin más. Supongan que hay un conejo entre mis repollos.
¿Es el conejo domesticado de mi vecino o es uno salvaje de los campos? Después de una
acalorada discusión acordamos en que no es su conejo: ‘es un conejo salvaje, directo de la
pradera’. No hay ninguna inclinación pre-filosófica a decir que el significado fue creado por este
acto de uso. [Del mismo modo, si digo con admiración que el libro de Bloor es un poco salvaje,
no creo, al decirlo, ningún significado. Tal vez cuando la gente empezó por primera vez a
describir a los discursos, libros y demás como salvajes extendieron la posible aplicación de un
término, pero eso fue hace mucho tiempo]. Más allá de estas consideraciones, el finitismo en el
centro es la tesis radical de que el significado establecido de una palabra no determina
(ninguna de) sus futuras aplicaciones –cada acto de uso crea significado—. He agregado los
calificativos ‘ninguna’ y ‘cada’ a la formulación de Bloor, con lo cual produje una tesis mucho
más fuerte de la que él parece sostener” (Hacking 1984: 471).
Cabe advertir, sin embargo, que el punto de vista finitista ha comprendido, al menos en las
ideas de uno de sus defensores, conceptos bastante controvertidos acerca de lo que implica la
extensión de una regla de caso en caso. Se trata de nociones que fueron tratadas en los
escritos del llamado segundo Wittgenstein, pero que, de todas maneras, dieron lugar a
interpretaciones enfrentadas por parte de sus comentadores. (Por otra parte, son ideas que
tienen relación con la controversia entre los puntos de vista a veces denominados
‘individualistas’ y ‘colectivistas’ acerca de lo que implica seguir una regla).
Wittgenstein mismo se pregunta varias veces si la aplicación de una regla está determinada
para siempre.

La tesis finitista que afirma que son los miembros de la colectividad los que determinan cómo
ha de aplicarse el conocimiento cada vez es muy verosímil cuando pensamos en circunstancias
como las que enfrenta, por caso, un líder político populista que debe gobernar un Estado sin
recursos (asumiendo que es propio del estilo de gobierno populista el adoptar políticas de
fuerte gasto público). Para el gobernante populista que enfrente tales circunstancias va a
resultar problemático definir qué implica seguir los mismos principios políticos que se seguían
cuando el Estado contaba con recursos (puede pensarse en las discusiones suscitadas durante
el gobierno de Menem acerca de si sus políticas eran efectivamente peronistas o no). Es claro,
en este caso, que son las mismas personas las que deciden qué implica seguir haciendo lo
mismo que antes.
Pero hay otros casos en los que la determinación de lo que implica seguir una regla
correctamente parece no depender únicamente de lo que deciden los miembros de la
comunidad.

La tesis finitista que afirma que son los miembros de la colectividad los que determinan cómo
ha de aplicarse el conocimiento cada vez es muy verosímil cuando pensamos en casos como el
del club de fútbol que incorpora una nueva publicidad en la camiseta de sus jugadores: ¿el
diseño de la casaca sigue siendo el mismo o es uno distinto? El punto es que cómo se ha de
ver la casaca con la publicidad nueva es algo que es decidido por quienes se encargan de su
diseño, no por la regla que establece cómo debe verse la camiseta. Este ejemplo muestra
claramente que no es la tradición en sí misma la que determina cómo se ha de aplicar una
regla, sino los portadores de la tradición.

La tesis finitista que afirma que son los miembros de la colectividad los que determinan cómo
ha de aplicarse el conocimiento cada vez es muy verosímil cuando pensamos en circunstancias
como las que enfrenta, por caso, alguien que desea preparar una comida pero que carece de
algunos de los ingredientes indicados para realizarla y entonces decide suplantar los que le
faltan por otros que puedan cumplir una función parecida en la receta. En tal situación es claro
que no está inscripto en la misma receta (i.e. en la tradición) cómo se ha de realizar cuando
falta tal o cual ingrediente, sino que son los mismos cocineros (i.e. los portadores de la
tradición) quienes deciden cómo será preparado el plato.
En tal situación, esa persona, ¿está preparando la misma comida que prepara cuando cuenta
con todos los ingredientes indicados, o está preparando una comida distinta?
CONTROVERSIA ‘INDIVIDUALISMO’ vs. ‘COLECTIVISMO’

Lo que en tal controversia está en cuestión es si efectivamente tiene sentido pensar que
existan reglas cuyo sentido esté determinado independientemente de la sanción colectiva. El
punto de vista a veces denominado ‘individualista’ sostiene que lo que cuenta como el modo
correcto de seguir una regla es algo que está determinado por la misma regla, lo que implicaría
sostener que el significado de la regla tendría cierta autonomía respecto de la comunidad que
la emplea y, a su vez, que tiene sentido hablar de ‘reglas individuales’. La perspectiva
contraria, llamada ‘colectivista’, sería la que plantea que lo que cuenta como la manera
correcta de seguir una regla es algo determinado colectivamente (en otras palabras, la manera
correcta de seguir una regla no estaría inscripta en la misma regla, sino que sería definida,
cada vez que fuera necesario, por las personas que conforman la comunidad de usuarios de la
regla), lo que asimismo implica que la noción de regla supone actividades colectivas, es decir,
que no tiene sentido hablar de ‘reglas individuales’. Sin pretender avanzar en esta discusión,
solamente quiero señalar que los ejemplos de ‘seguir una regla’ que voy a tratar aquí se
corresponden con aquellos que dan claramente razón al punto de vista colectivista.

Desde el punto de vista de Baker y Hacker pareciera que queda sin problematizar la aplicación
de una regla a nuevas y distintas situaciones porque para ellos parece ser suficiente decir que
es la relación interna entre la regla y la práctica [la función] la que explica la aplicación de una
regla ¿en todo tipo de circunstancias? Desde esta perspectiva pareciera que basta con haber
aprendido la función [el modelo, el criterio] para luego ser capaz de aplicarlo siempre sin
ningún inconveniente.

AUTORREFERENCIALIDAD
Para Kripke no hay hechos detrás de los significados. Él niega que los actos de referencia
refieran a algo.
Según Kripke, decir que una proposición es verdadera no significa que corresponde a una
realidad independiente sino que enfrenta alguna condición generalmente comprendida de
aceptabilidad. Es decir, es la cosa útil, tradicional o convencional a decir.
Kripke niega “que la noción de una persona siguiendo una regla haya de ser [pueda ser]
analizada simplemente en términos de hechos acerca del seguidor de reglas y del seguidor de
reglas solamente, sin referencia a su pertenencia a una comunidad más amplia” (Kripke 1982:
109).
Sin embargo, para Bloor la pertenencia del individuo a la comunidad refiere a un hecho del
significado, solo que de un tipo particular, un hecho sociológico. Según Bloor, hay otra
posibilidad no explorada por Kripke, la autorreferencia: referencia a una realidad que es
dependiente de los propios actos de referencia dirigidos a ella (Bloor 1997: 68).

“Entre la referencia a una realidad independiente y la ausencia de toda referencia, tenemos la


auto-referencia, esto es, la referencia a una realidad, pero una realidad que es dependiente de
los mismos actos de referencia que son dirigidos a ella” (Bloor 1997: 68).

Lo que explicaría el significado sería el hecho de que las personas acuerden que tal o cual es el
significado.
Dar cuenta del significado implica dar cuenta del acuerdo en las prácticas de seguir una regla.

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