¿Qué son los astros?
Se conoce como astros, o más formalmente como cuerpos celestes, a las
diversas entidades físicas existentes en el universo, desde una perspectiva
astronómica. En términos estrictos, los astros son elementos singulares, únicos, cuya
existencia se supone o se ha comprobado mediante métodos
científicos de observación espacial; por esa razón constituyen una categoría de los
objetos astronómicos, entre los cuales puede haber objetos múltiples, como los anillos
planetarios o los cinturones de asteroides, compuestos por muchos elementos distintos.
Los elementos que existen en el espacio exterior a nuestro planeta han fascinado a
la humanidad desde tiempos antiguos, y mucho esfuerzo se ha dedicado a su
observación y comprensión, a través de telescopios, sondas espaciales e incluso un viaje
tripulado a la luna. Gracias a esos esfuerzos, hemos podido llegar a saber mucho sobre
los otros mundos que existen, la galaxia que los alberga y el universo infinito que lo
contiene todo.
Sin embargo, no todos los astros existentes son visibles a simple vista, ni siquiera con
la ayuda de un telescopio ordinario. Otros incluso requieren de aparatos científicos
especiales o sólo puede deducirse su presencia por los efectos físicos a los que someten
a otros cuerpos a su alrededor.
El Sistema solar, como sabemos, es el nombre que reciben las vecindades de
nuestro Sol, la estrella en torno a la cual orbitan los planetas y demás elementos que
componen una suerte de ecosistema espacial inmediato. Se extiende desde el mismo
Sol en su centro, hasta los bordes exteriores donde existen nubes de objetos
misteriosos, conocidas como la Nube de Oort y el Cinturón de Kuiper. La longitud del
Sistema solar hasta su último planeta (Neptuno) supera los 4500 millones de kilómetros,
equivalentes a 30,10 Unidades Astronómicas (UA).
En el Sistema solar existe un número diverso de astros, tales como:
1 estrella. El Sol.
8 planetas. Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno,
Urano, Neptuno.
5 planetas enanos. Plutón, Ceres, Eris, Makemake y Haumea.
400 satélites naturales.
3153 cometas.
Las estrellas son bolas incandescentes de gas y plasma, que debido a su fuerza de
gravedad se mantienen en perpetuo estado de explosión por fusión atómica. Dicha
explosión genera enormes cantidades de luz, radiaciones electromagnéticas e
incluso materia, a medida que los átomos de hidrógeno y helio en su interior devienen
elementos más pesados, como los que componen nuestro planeta. d
Las estrellas pueden ser de diverso tipo, dependiendo de su tamaño, contenido atómico
y el color de la luz de su incandescencia. La más cercana a nuestro planeta y
conocida es el Sol, aunque de noche pueden verse una variable cantidad de estrellas en
la lejanía del firmamento. Se estima que en nuestra galaxia haya unas 250.000 millones
de estrellas.
Los planetas son cuerpos de tamaño variable y forma redondeada, formados a partir
de la misma materia gaseosa que dio origen a las estrellas o que provino de ellas, pero
infinitamente más fría y condensada, adquiriendo así propiedades físicas y químicas
distintas. Existen planetas gaseosos (como Júpiter), planeas rocosos (como Mercurio),
planetas congelados (como Neptuno), y está la Tierra, el único planeta con agua líquida
en enormes cantidades, y por lo tanto el único con vida, que sepamos.
De acuerdo a su tamaño, también puede hablarse de planetas enanos: algunos que
son muy chicos para codearse con los planetas ordinarios, pero a la vez demasiado
grandes para ser considerados asteroides, y que además llevan una existencia
independiente, es decir, no son satélites de nadie.
Orbitando alrededor de los planetas, es posible hallar astros semejantes pero de mucho
menor tamaño, que atraídos por su gravedad se mantienen en órbitas más o menos
cercanas, sin caer en ellos ni alejarse del todo.
Tal es el caso del único satélite de nuestro planeta: la Luna, y de los numerosos astros
de otros planetas mayores, como es el caso de las lunas de Júpiter, estimadas hoy en día
en unas 79. Estos satélites podrían tener el mismo origen que su planeta asociado, o
podrían provenir de otros orígenes, sólo para quedar enganchados en la fuerza
gravitacional que los mantiene en órbita.
Se llama cometas a los diversos cuerpos celestes móviles, compuestos de hielo, polvo y
rocas de distinto origen. Estos cuerpos orbitan el Sol en órbitas elípticas, parabólicas o
hiperbólicas, y son reconocibles porque, al aproximarse a la estrella, el calor funde sus
capas de hielo y le otorga una “cola” gaseosa muy distintiva. Los cometas conocidos
forman parte del Sistema solar y tienen trayectorias previsibles, como el célebre cometa
Halley, que pasa a nuestro lado cada 76 años.
Se desconoce el origen exacto de los cometas, pero todo apunta a que podrían provenir
de las agrupaciones de objetos trasneptunianos, como la Nube de Oort o el Cinturón
de Kuiper, situados a unas 100.000 UA del Sol, en los límites del Sistema solar.
Los asteroides son objetos rocosos de diversa composición (generalmente elementos
metálicos o minerales) y forma irregular, mucho más pequeños que un planeta o un
satélite.
Desprovistos de atmósfera, la mayoría de los que hacen vida en nuestro sistema solar se
hallan conformando un gran cinturón entre Marte y Júpiter, separando así los
planetas interiores de los exteriores. Otros, en cambio, vagan por el espacio y pueden
atravesarse en las órbitas planetarias, o devenir en satélites de algún astro mayor.
Se llama así a los cuerpos menores de nuestro Sistema solar, inferiores a los 50 metros
de diámetro, pero superiores a los 100 micrómetros (y por ende más grandes que el
polvo cósmico).
Pueden ser fragmentos de cometas y asteroides que han quedado errantes, y que pueden
muy bien ser atraídos por la gravedad de los planetas, ingresando a su atmósfera y
convirtiéndose en meteoritos. Cuando esto último ocurre, el calor de la fricción contra
el aire atmosférico los calienta y vaporiza total o parcialmente. Y en algunos casos,
fragmentos del meteoro pueden llegar a impactar contra la superficie terrestre.
Las nebulosas o nébulas son cúmulos de gas, principalmente hidrógeno y helio, así
como de polvo cósmico y otros elementos, que se hallan dispersos en el espacio,
retenidos más o menos en su lugar por fuerzas gravitacionales. En ocasiones, estas
últimas serán lo suficientemente intensas para empezar a compactar todo este material
estelar y, de esa manera, dar origen a nuevas estrellas.
A su vez, estos cúmulos de gas pueden ser producto de la destrucción de una
estrella, como una supernova, o de la aglomeración de material sobrante del proceso de
producción de estrellas jóvenes. La nebulosa más próxima a la Tierra es la Nebulosa
Hélice (Helix), ubicada a 650 años-luz del Sol.
Los cúmulos de estrellas, cada una tal vez con su Sistema solar propio, constituyen
junto con nebulosas, polvo cósmico, cometas, cinturones de asteroides y otros objetos
celestes, unidades de mayor tamaño conocidas como galaxias.
De acuerdo a la cantidad de estrellas que integren una galaxia, podremos hablar de
galaxias enanas (107 estrellas) o galaxias gigantes (1014 estrellas); pero también
podremos clasificarlas de acuerdo a su forma aparente, en galaxias en espiral, galaxias
elípticas, galaxias lenticulares y galaxias irregulares.
La galaxia en la que se encuentra nuestro Sistema solar es la Vía Láctea, llamada así en
honor a la leche materna de la Diosa Hera del panteón de la Antigua civilización griega.