Tesis de Beacker
Tesis de Beacker
EN SAMUEL BECKETT.
RECTOR DE LA UNIVERSIDAD
DECANA ACADÉMICA
"La universidad no se hace responsable por los conceptos emitidos por sus alumnos
en sus trabajos de tesis, sólo velará porque no se publique nada contrario al Dogma y
a la Moral Católica, y porque las tesis no contengan ataques o polémicas puramente
personales, antes bien se vea en ellas el anhelo de buscar la verdad y la justicia".
Para Diana
Al final,
del jinete,
sólo quedó el silencio.
1
Tabla de Contenido
PG.
Introducción…………………………………………………………..………….. 2
Conclusiones ……………………………………………………………………... 88
Introducción
Seguir, a pesar de todo, porque es lo único que queda, así el silencio nos ahogue y lo
cotidiano pierda sentido, seguir a pesar de que las palabras se atraganten. Buscar en el
lenguaje, en el habla, algo que nos defina al ser mentado; buscar la potencia perdida
de las palabras, configurar nuestra memoria en ellas y entender cómo legitimamos
nuestra existencia en algo que se esfuma en su acontecer. Pero hacerlo con humor
negro, con lágrimas que mezclan risa y terror, en una aporía que muestra la condición
humana de una época. Esto es lo que sentimos leyendo las obras de Samuel Beckett,
quien se acerca de manera más intuitiva que racional-discursiva a la contradicción de
la condición humana, al enfrentarnos a un mensaje que emerge de imágenes
ambiguas, extrañas, imbuidas de cierta potencia cruda, originaria, pero nunca
ingenua.
1
Con respecto a este tema se recomienda la lectura del artículo de William, Díaz. “La teoría y la
literatura: Adorno lee a Beckett”, en Literatura: Teoría, Historia, Crítica. Vol 3 (2001), y el libro de
Badiou, Alain. Beckett, el infatigable deseo. Madrid : Arena Libros, 2007.
3
impactantes del arte moderno. Mientras para Paul Davies las obras de Beckett
“describen el umbral entre la salvación de una época y su destrucción” 2, aludiendo a
la modernidad, para Worton, las obras representan una transición entre el
modernismo y el postmodernismo con su insistencia en la parodización y
fragmentación3. Al entrar en contacto con la escritura del autor, notamos
inmediatamente que su forma y contenido muestran un estilo claramente demarcado
que expone nuevas problemáticas para el teatro y la forma en que entendemos el
lenguaje, enfrentamos a un mundo marcado por la soledad, el desdén y el absurdo. Al
leer a Beckett nos afrontamos no sólo a ante una forma de concepción de mundo, sino
que los recursos formales estéticos y los escenarios teatrales en los que se inscriben
sus personajes son en sí mismos esta visión de mundo. Forma y contenido se unen y
las obras nos lo muestran dramáticamente, no discursivamente. Lo denotativo y lo
simbólico se muestran como inestables, pero se unen en un devenir ambiguo, en el
cuestionamiento de un sentir: de la concepción fracturada del hombre europeo de
posguerra.
2
Davies Paul, “Three novels and four nouvelles: giving up the ghost be born at last”, en The
Cambridge Companion to Beckett. En Cambridge Companion to Beckett. London: Cambridge:
Cambridge University Press, 2001 p. 44. Todas las traducciones en el texto son realizadas por mí, en
los casos que lo considero pertinente adjunto el texto original en inglés.
3
Worton Michel. “Waiting for Godot and Endgame: Theatre as Text”, en The Cambridge Companion
to Beckett. En Cambridge Companion to Beckett. London: Cambridge: Cambridge University Press,
2001 p. 68.
4
Para apreciar mejor las tensiones en la obra, se hace necesario pensar los elementos
que la constituyen, y de esa forma lograr vislumbrar la relación entre la técnica
literaria del autor y el contexto que la produce. Como se desarrollará en profundidad a
lo largo de este trabajo, existe una estrecha influencia entre el pensamiento de
posguerra y la obra general de Samuel Beckett, especialmente las obras que se
analizarán: Krapp’s Last Tape, Happy Days y Play, que fueron publicadas durante la
década de 1950.
Beckett define el arte de su época como: “La expresión que no tiene nada que
expresar, que no tiene con qué expresarse, que no tiene ganas de expresarse” 4, y si le
agregamos un “pero que no tiene más remedio que hacerlo”, nos encontramos ante la
obra misma del autor. Ante esta situación en la que “nada es expresable”, se recurre al
absurdo, donde los límites del lenguaje agonizan para hacerse visibles, y de esta
manera expresar la situación cultural e histórica de su época, haciendo una llamada de
atención sobre la misma. Beckett nos muestra un “desvanecimiento progresivo y
absoluto del sujeto”5 en el que la ausencia de narrativa, de ideología y de aparente
coherencia expresa una forma de discurso que sin hacer uso de los parámetros
4
Citado en: Konstantinovic, Rodomir. Beckett, mi amigo. Barcelona: Littera, 2001. p.98.
5
Ibíd. p.98.
5
Las características formales de las obras de Beckett hacen que el sentido, que bien
puede ser el sinsentido, no sea captado por el espectador/lector de una manera
meramente racional. La apertura de las obras del autor no es a lo arbitrario sino a un
abanico de sentidos en los que participa activamente el lector/espectador y que están
mediados por la construcción de la obra misma, lo que da lugar a interpretaciones
diversas. La dificultad radica en que, como dice Rodríguez Gago, las características
formales de la obra no permiten un acercamiento fácil a la misma, las estructuras
hermenéuticas clásicas fallan ante Beckett. Nos vemos llevados a la necesidad de
hacer de la experiencia de interpretar estas obras algo distinto; hay que estar abiertos
a la ambigüedad y a la intranquilidad, y entrar en el juego del absurdo. Beckett busca
en el lector una forma activa de interpretación; como director de sus obras teatrales
fue muy preciso, controlando la gestualidad y los silencios de los actores para filtrar
6
Rodríguez Gago, Antonia. “Prólogo”, en Los días felices. Madrid: Cátedra, 1989. p.10.
6
7
Ver: Badiou, op. cit. p. 7-33.
7
8
Ver con respecto a este tema la obra de Nadeau, Maurice, La novela francesa de postguerra.
Venezuela: Editorial Tiempo Nuevo. 1971.
8
Esta muerte de los llamados grandes relatos, a los ojos de Lyotard, es lo que
caracteriza la postmodernidad; es el abandono de esss grandes nociones que
comenzaron con la Ilustración, como la liberación de la humanidad por medio de la
razón o la unificación de todo el conocimiento. En ausencia de tales narrativas,
Lyotard nos dice acerca de la producción de arte después de la muerte de los grandes
relatos que cada obra de arte, trabaja sin reglas, con el fin de formular las normas de
lo que han hecho. Beckett es un punto de quiebre, genera sus propias reglas de
representación escénica, de contenido y de lenguaje; ataca el sistema racional jugando
con las tensiones entre aquello que llamamos “coherente” y lo contrapone al absurdo,
un absurdo que participa de tal manera de la realidad que nos desestabiliza. El autor
participa del sentimiento de las vanguardias al buscar por medio de la
experimentación y de las pulsiones interiores una forma de expresión que rompa con
las estructuras clásicas.
El objetivo de este trabajo de grado es analizar a Beckett desde el cómo para llegar a
una posición con respecto al qué. Se pretende pensar a Beckett como escritor antes
que como filósofo; el objetivo no es aclarar oscuridades filosóficas veladas, ni
9
Berman, Marshall. Todo lo solido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad. México:
Siglo Veintiuno Editores, 1999. p. 6.
9
En el primer capítulo se realiza una contextualización de las obras con respecto a los
sucesos históricos, literarios y filosóficos que las envuelven: se analizan las
implicaciones políticas, económicas y filosóficas de la posguerra, al tiempo que se
establecen relaciones entre las experiencias de personas afectadas por la guerra con la
forma en que se desenvuelven los personajes de Beckett. También se analizan las
10
10
Ver: Esslin, Martin. The Theatre of the Absurd. Estados Unidos: Anchor Books, 1969.
11
La obra de Beckett establece una seria de rupturas tanto con las formas tradicionales
de teatro como con las formas contemporáneas de literatura. Las tres obras que se
analizan muestran el extrañamiento que se puede tener ante sí mismo al enfrentarse a
una identidad que deja der ser capaz de identificarlos, la memoria se convierte en un
silencio lleno de dudas, y el habla se convierte en ruido o en sonido que llena el
vacío. Pero a pesar de todo Beckett nos incita a continuar, no hay Deux ex Machina,
tampoco una muerte que traiga el silencio, los personajes siguen sus vidas, a pesar del
absurdo.
12
Capítulo 1
El autor vivió de cerca la guerra, época en la pasó por un periodo esterilidad literaria
y durante la cual hizo parte de la Resistencia en Francia. “Combatía a los alemanes
que convirtieron la vida de mis amigos en un infierno. Nunca combatí por la nación
francesa”11, llegó a declarar el autor muchos años después al recordar el año de 1940
y sus noches de trabajo en el grupo Gloria. En la clandestinidad, su misión era
concentrar en su departamento de la Rue de Favorites toda la propaganda y la
mensajería de la Resistencia para repartirla, traducirla al inglés y darla a conocer
fuera de Francia. Entonces Beckett era conocido por los sobrenombres de Sam, o El
Irlandés. Eventualmente la Gestapo descubrió su red de comunicación; Beckett y su
esposa Suzanne se ocultaron en casa de la escritora Nathalie Sarraute. Días después,
con identificaciones falsas huyeron a Toulon. Vivieron ocultos en Rousillon. Años
más tarde, Charles de Gaulle condecoró a Beckett con la Cruz de Guerra.
El grupo Gloria no sería el último trabajo de este corte del autor. El Ministerio de
Reconstrucción en Francia le pidió a la unidad irlandesa la instalación de un hospital
en Saint-Lo. Beckett se unió al grupo que desembarcaría en Cherburgo. De ese viaje
11
Tomado de: Gay Pérez, Rafael. “Samuel Beckett: Menos equivale a más”, en Habanemia
[Link] Recuperado el 30 de Octubre de 2009.
14
quedó un poema importante: Mort de A. D., elegía a un médico irlandés que ayudó a
la instalación del hospital y que murió allí de tuberculosis.
Muerte de A. D.
Este poema predice la concepción que se establecería en las obras de Beckett después
de terminada la guerra: el sentimiento de movilidad contra quietud; la conciencia de
un tiempo que agoniza en el instante, convirtiéndose en algo de lo que es imposible
escapar y la ausencia como presencia, entre otros. Estos elementos se desarrollarán en
el siguiente capítulo.
Como vemos, Beckett vivió de cerca la guerra, y presenció desde diferentes ángulos
los hechos que afectaron a la sociedad europea. Esta situación generó en el autor la
12
Ibíd.
15
1.2 La Posguerra
Para entender un poco más la situación social que se vivía durante la posguerra y en
la que se sitúan la mayoría de las obras del autor y específicamente aquellas que se
analizarán en el siguiente capítulo, quisiera remitirme a algunos datos estadísticos. En
la Segunda Guerra Mundial murieron unas 55 millones de personas, lo que dejó
profundas cicatrices en toda Europa. Terminada la guerra el estruendo de la artillería
13
Adorno, Theodor. Teoría estética, Barcelona: Taurus, 1983, pp. 325-336.
14
Ibíd. p. 326.
15
Ibíd. p. 33.
16
fue sustituido por los callados sufrimientos de millones de personas desplazadas que
incluían soldados y desertores que trataban de regresar a su “patria”. Muchos no
tenían a donde ir; en Alemania, dos quintas partes de la población estaban en
movimiento, mientras que en el conjunto de Europa, 50 millones de personas se
hallaban en proceso de desplazamiento16.
Yo no quería regresar, pero tuve que subir a bordo, porque el gobierno había
ordenado que todas las coreanas volvieran a su país. El barco estaba atestado
de esclavas sexuales. A mí no me quedaba familia ni tenía hogar a donde ir. Y
me sería imposible encontrar marido. Pensé que lo mejor era ahogarme, pero
no tuve el valor para lanzarme por la borda.17
17
Yongsuk, Yi. “I Will No Longer Harbour Resentment”, en True Stories of Korean Comfort Women,
Londres, Cassel, 1995. p. 56.
18
Kleiman, Yehudit y Springer-Aharoni, Nina. The Anguish of Liberations: Testimonies from 1945,
Jersusalén, Yad Vashen, 1995. p.47.
18
Vemos aquí también una situación muy similar a la que encontramos en las obras de
Beckett: la unión de la acción y la inacción en el espacio de la incertidumbre. Se
actúa, pero no lo suficiente; tampoco se es totalmente inmóvil, muchas veces se busca
sólo la forma de salir de la soledad o del aburrimiento. Es común encontrar en las
obras una búsqueda de algo indefinido. En Esperando a Godot nunca se aclara del
todo por qué sus protagonistas están a la espera todo el tiempo, ni ellos mismos lo
saben; en Krapp’s Last Tape, Krapp busca su identidad en el pasado atrapado en la
cinta; en Not I, Boca busca una forma de organizar los eventos de su vida para
entender qué le está sucediendo.
La situación en Inglaterra y América fue menos traumática, pero aun los soldados
victoriosos que regresaban a casa tenían una experiencia alienante. La población
general ignoraba muchos de los acontecimientos y muchos soldados llegaron a sentir
que su esfuerzo no era lo suficientemente valorado. La mutilación era evidente en
todas partes; los millones de muertos dejaron millones de heridos y de personas que
debían sobreponerse a la pérdida. La Segunda Guerra Mundial generó un cambio
definitivo en los polos del poder: Estados Unidos se afirmó como la principal
potencia mundial y el Reino Unido pasó a ser el más endeudado de todos; en Francia
un 20% de los hogares franceses habían sido destruidos.
19
Sartre, Jean Paul., Escritos políticos, Tomo I, Madrid: Alianza editorial. 1986. p. 41.
20
necesita un lenguaje para la misma, pero este lenguaje ya no puede ser homogéneo
del todo. La búsqueda de estos lenguajes en Europa y Estados Unidos se caracteriza
por su fragmentación, por lo la carencia de forma; hay una gran tendencia a la
heterogeneidad. Gracias a los avances técnicos, las artes comienzan a cambiar de
manera acelerada; el cine y la fotografía se ven especialmente afectados por estos
avances, de los que nace el cine a color bajo las diferentes técnicas.
1.3.1 La razón
Desde finales del siglo XIX se desarrollaron varias formas de pensamiento que
proclamaban algún tipo de duda contra la razón positivista, el desarrollo del
relativismo se propuso despreciar a la razón como fuente única de la verdad; el
nihilismo Nietzscheano se estableció como potencia destructora y renovadora de los
valores; el psicoanálisis partió del análisis de las profundidades del inconsciente para
demostrar la falta de objetividad de las ideas aparentemente más racionales; las
vanguardias buscaron encontrar potencias creadoras sin recurrir a la razón, como lo
hicieron los surrealistas creando a partir de lo onírico, para demostrar que no sólo
mediante el método clásicos se podía hacer arte; el existencialismo por su parte nos
habla sobre el absurdo de la condición humana. La amenaza nuclear y el desarrollo
armamentista de igual manera generaron un sentimiento de desconfianza hacia la
razón instrumental. Todas estas formas de pensamiento generan una gran
desconfianza hacia el pensamiento positivista en el que la razón emancipará al
hombre. Las obras de Beckett participan de esta desconfianza y la hacen parte
importante de su estructura: al entrar en contacto con ellas vemos que la razón y la
lógica entran en un espacio conflictivo, las cosas no son lo que parecen; el mundo no
se comporta de manera predecible, es absurdo; cuando ésta se hace presente en las
obras usualmente se queda corta, se desvanece u olvida. La razón no logra consolar a
los personajes, es relegada a un espacio de juego o de distracción, o se conforma
como una burla al mundo.
20
Adorno, Theodor. Teoría estética, Barcelona: Taurus, 1983, p. 33.
21
Ibíd. p. 34.
23
1.3.2 Existencialismo
continúa, la vida siempre sigue, por más absurda que sea, la muerte no cierra el ciclo
trágico, no hay epifanía ni deus ex machina.
Asmimismo el filósofo francés anota que “la condición posmoderna es sin embargo,
tan extraña al desencanto como a la positividad ciega de la desligitmación”24. Algo
similar podríamos decir de las obras de Beckett, pues a pesar de que muestran
constantemente una condición desolada y presentan situaciones angustiosas, no se
pueden limitar a un pesimismo; aunque ataquen y rompan las antiguas estructuras, no
se limitan a su mera destrucción. A pesar de la angustia del silencio y de la
circularidad apremiante de las situaciones de los personajes, siempre queda la
sensación del movimiento, del continuar. La obra de Beckett, y muy especialmente su
poesía, proponen que el lenguaje es incapaz de imponer orden y claridad al absurdo
del mundo; sin embargo, el lenguaje mismo es la única arma de que disponemos para
la interminable búsqueda de un sentido en la realidad. “Qué haría yo sin este mundo
sin rostro, sin preguntas” se preguntará el autor toda la vida, hasta su muerte en 1989.
22
Lyotard, François. La condición posmoderna. México: Cátedra, 1989. p.10.
23
Quisiera volver a hacer la aclaración de que la intención de este análisis no es situar a Samuel
Beckett dentro del ámbito de lo posmoderno, sino señalar los elementos que debido al contexto
específico en que se gestan las obras, participan de las rupturas que Lyotard define como génesis de lo
que denomina posmodernidad.
24
Lyotard, op. cit. p.10.
26
Otro de los conceptos que entrarán en crisis según Lyotard será el antiguo principio
de que la adquisición del saber es indisociable de la formación (Bildung) del espíritu.
Esta concepción lentamente caerá en desuso. El arte puede o no querer expresar una
idea o sentimiento, puede o no denunciar una situación social o política, puede o no
volcarse sobre sí mismo. Gracias a las vanguardias y a la crisis general, el arte se
“libera”; las “identificaciones” con los grandes nombres, los héroes de la historia
actual se hacen más difíciles, se rompen los paradigmas. Krapp verá hilarantes sus
pensamientos de joven romántico atrapados en la cinta. Beckett no busca legitimar
algo, muestra que se ha dejado de creer en el relato que legitima.
La muerte del relato de la razón como relato emancipatorio no implica que la razón
sea abandonada ni que desaparezca de los imaginarios del hombre; hay más bien un
“desplazamiento de la idea de la razón. El principio de un metalenguaje universal es
reemplazado por el de la pluralidad de sistemas formales y axiomáticos capaces de
argumentar enunciados denotativos, esos sistemas que están descritos en un
metalenguaje universal, pero no consistente.”28
28
Lyotard, François. La condición posmoderna. México: Cátedra, 1989. p.77.
28
Con esta idea pretende Lyotard mostrar la fuerte dependencia del sujeto con respecto
al medio social y a su constitución biológica, rechazando la idea de una esencia
autónoma como constitutiva del mismo. En el siguiente capítulo analizaremos esta
ruptura del sujeto como ser unitario la tanto en Krapp’s Last Tape como en Happy
Days. Beckett tiene una gran conciencia de que el hombre no es el mismo en todos
los momentos de su vida y que su identidad muta constantemente a partir de los
hechos que le acaecen. La memoria transforma el recuerdo y reconstruye la identidad
constantemente; el medio social se constituye como un pasado y un presente del que
no podemos escapar, se configura como presión moral y como memoria.
29
Es decir, la noción de que el hombre está constituido como un ser dotado de una esencia inmutable
que lo caracteriza y define.
29
Se han generado muchos términos para este tipo de teatro: se ha hablado de él como
parte de la vanguardia debido a su innovación formal y de contenido; algunos otros lo
ubican más allá de las vanguardias debido a su falta de militancia, es decir, a su falta
de compromiso con una ideología política precisa y a su carácter no manifestatario; se
le ha llamado también teatro de la paradoja, teatro de la farsa, teatro de la ausencia,
teatro del absurdo. Para este análisis me centraré en las concepciones de teatro del
absurdo y teatro de la ausencia, teniendo en cuenta que son términos acuñados por la
30
Berman, Marshall. op. cit. p. 9.
30
Para Martin Esslin, el teatro del absurdo es una actitud que tiene como base el
pensamiento de que las concepciones básicas de las edades pasadas han sido
desechadas como ilusiones infantiles. Para Esslin el decline de la fe religiosa había
sido enmascarado en la fe en el progreso, el nacionalismo y varias falacias
totalitaristas que la Segunda Guerra Mundial destrozó. En 1942, Camus se pregunta
por qué, si la vida ha perdido sentido, el hombre no busca una salida en el suicidio.
Luego, en el Mito de Sísifo Camus dará un diagnóstico sobre la condición humana en
un mundo fragmentado:
31
Camus, Albert. Le Mythe de Sisyphe. Paris: Gallimard, 1942. p. 18.
32
Diccionario de la Real Academia Española. [Link]
31
se convierten en sin sentidos, absurdas, inútiles”33. Podríamos decir que hay una
angustia metafísica en el hombre de posguerra, dada la condición “absurda” de su
vida; esta concepción será el motor principal de las obras de Beckett. Pero este
sentimiento general no es una temática exclusiva del autor o de los otros integrantes
del teatro del absurdo; otros dramaturgos, escritores y filósofos, entre ellos
Giraudoux, Anouilh, Sartre y Camus lo han tratado. Pero hay una diferencia
primordial entre estos autores y el teatro del absurdo y es que éstos muestran la
irracionalidad de la condición humana en la forma de un razonamiento altamente
elaborado y lúcido; mientras que Beckett busca activamente expresar su sentido de la
falta de sentido mediante una forma no racional, fuera de las convenciones
tradicionales. Sartre y Camus expresan el nuevo contenido en la vieja forma, Beckett
y el teatro del absurdo van un paso más adelante buscando una unión total entre
forma y contenido. Esslin dirá al respecto a este tema:
Más allá de entrar en la discusión de si la forma del teatro de Sartre reflejaría una
concepción unitaria del sujeto con una esencia inmutable, que implicaría ideas
básicas platónicas, como argumenta Esslin, me interesa de su planteamiento notar
cómo la concepción del absurdo en el teatro conlleva una ruptura en la forma, que
revoluciona la forma de pensar la escenificación. En esta forma priman la intuición y
33
Ionesco, Eguène. ‘Dans les armes de la ville’, Cahiers de la Compagnie Madeleine Renaud-Jean-
Louis Barrault, Paris, no. 20, Octubre de 1957.
34
Esslin, Martin. The Theatre of the Absurd. New York: Anchor Books, 1969. p.6.
32
el instinto por encima de un esfuerzo racional por resolver sentidos velados. Por eso
se dirá que el teatro del absurdo no intentará argumentar si la condición humana es o
no absurda, sino que la presenta como tal en su carácter absurdo, en términos de
imágenes concretas en el escenario. Es decir, que aunque haya muchos puntos en
común entre las visiones existencialista y del teatro del absurdo, es principalmente el
aspecto formal en Beckett el que lo lleva a un plano muy distinto.
El teatro del absurdo no se limita a lo francés, pero tiene su epicentro en París, que ha
sido un centro internacional importante para las vanguardias. París ofrece en su
ambiente de cafés y pequeños hoteles la libertad de trabajar fácilmente sin ser
molestado. Es por esto que grandes personajes desde principios de siglo como
Apollinaire, Picasso, Juan Gris, Buñuel, Kandinsky, Chagall, Tzara, Brancusi, Stein,
Hemingway, E. E. Cummings o Joyce la adoptan como el lugar para su trabajo. Esta
situación se une a la mentalidad general del público que se muestra interesado y
33
apasionado por las obras de arte, así sea para criticarlas hostilmente. Pero parís
también será un lugar directamente afectado por las guerras mundiales, sufrirá de
muertes y de hambruna, verá cruzar las filas nazis por sus territorios y presenciará
cómo el mundo termina de fragmentarse. Esto dará pie para que aquellos artistas que
viven las dos guerras y la posguerras tomen esa tradición que se venía gestando en
París y generen formas de arte que expresen la situación de una sociedad que ha
sufrido una de las rupturas más violentas e importantes de la historia.
París fue una revelación para Beckett. El autor provenía del ambiente circunspecto y
conservador de Foxrock y llega a una ciudad que le abre un nuevo abanico de
posibilidades; allí se relacionaría con las vanguardias. A finales de la década de los
veinte comienza a tener contacto con obras de Racine y de Maquiavelo; con
regularidad asistía al Thèâtre des Arts en donde vio con obras de Chéjov, Shaw,
Bruckner y O’Neill. También es de importancia la reimpresión de los manifiestos
vanguardistas y la distribución de las pequeñas revistas literarias en donde se hallaban
poemas de Tzara, Crevel, Bréton y Eluard. Asimismo, Beckett estuvo en contacto con
obras del grupo alemán Die Brücke y con miembros de la Bauhaus.
La relación entre Beckett y las vanguardias ha dado para muchas discusiones entre la
crítica; algunos lo ubican dentro de la vanguardia, otros dentro de un espacio de
transición entre las vanguardias y el arte contemporáneo, otros lo ubican dentro de la
posmodernidad. Existe una relación muy fuerte entre el autor y las vanguardias, pero
me parece necesario señalar también las diferencias que lo alejan de estos
movimientos.
34
marcos sociales. La institución arte determina el status del mismo dentro del marco
social en donde se desarrolla. Las vanguardias buscan por medio de la autocrítica
volver a la praxis vital y desligar al arte de estas instituciones, esto se logra mediante
una transformación total en las prácticas artísticas tanto en su producción como
recepción.
Antes de establecer los elementos que definirían las vanguardias, Bürger es conciente
de que se debe revisar la contextualización y relación de las situaciones que les dan
génesis, para lograr una definición coherente de la misma. Así nos muestra en
primera instancia que: “es válido historizar la teoría estética” 35, es decir, que la
institución arte cambia según los contextos históricos y se debe relacionar el
desarrollo de los objetos con el de las categorías. Esta premisa le permite al autor
llegar a los conceptos de autonomía del arte y autocrítica, concluyendo que sólo en la
vanguardia se pueden conocer del todo los procedimientos particulares (categorías
esenciales como la subordinación de las partes a un todo) de las obras artísticas
tradicionales ya que las manifestaciones vanguardistas no desarrollaron ningún estilo:
“no hay un estilo dadaísta ni un estilo surrealista”36. Sería más preciso quizás decir
que estos movimientos aniquilan la posibilidad de un estilo de época ya que han
convertido en principio la disponibilidad de los medios artísticos de las épocas
pasadas. Esta particularidad de la vanguardia es la que genera el shock en los
lectores/espectadores por medio de un extrañamiento supremo que invita a la
reflexión y acción activa en y sobre las obras.
35
Bürger, Peter. La teoría de la vanguardia. Barcelona: Ediciones península, 1987. p. 54.
36
Ibíd. p. 56.
36
arte con praxis vital no hablan de hacer que el contenido de las obras sea socialmente
significativo; no es un problema de contenidos sino del funcionamiento del arte en la
sociedad, y de ahí, el carácter militante y provocador en sus obras. Esta provocación
tiene como fin establecer una total distancia con la praxis burguesa y de esta forma
lograr generar una nueva praxis vital de la que sea una parte activa. En este punto
Bürger nota un problema:
Esta incapacidad podría ser una de las razones por las cuales hoy podemos decir que
la vanguardia fracasó en su empresa; lo que no implica que no podamos tener una
conciencia clara de que el legado de la vanguardia produce un vuelco total en la
forma de hacer arte en la modernidad. La concepción de “obra” es transformada por
completo, la noción de autor individual, que hace del arte una expresión de su
singularidad es también transformada para dar espacio a creaciones colectivas o
incluso a la total negación de la categoría de producción individual, como en los
ready-made de Duchamp, o las manifestaciones que se abandonan a la total libertad
del azar. También la noción de recepción individual es superada, ya que las
manifestaciones vanguardistas en su montaje provocan de tal manera al
espectador/lector que lo obligan a participar de la experiencia y se convierten en
elementos activos de la manifestación. La vanguardia, como se ve, intenta superar
todos los elementos que conforman la autonomía del arte, pero fracasa en su intento
final de unir la praxis vital con el arte; de esto se desprende lo que llama el autor la
“falsa superación”, en donde se mercantiliza la evasión de las prácticas burguesas.
37
Bürger, Peter. La teoría de la vanguardia. p. 105.
37
Tanto el teatro como las novelas y poesías de Beckett participan de muchas de estas
problemáticas pero se desligan de muchas otras. La obra del autor rompe las
estructuras narrativas y escénicas del teatro tradicional y busca relaciones nuevas en
el lenguaje; en esto participa del mismo ánimo de las vanguardias. Pero estos cambios
se dan sin un compromiso político, la obra no es militante, no es manifestataria, no se
preocupa como tal por cambiar el funcionamiento de la institución arte como tal. En
sus obras no podemos definir la presencia de una forma ideológica precisa, sus
personajes aunque maltrechos y fragmentados, no se pronuncian directamente ante
alguna situación política o social, la burla hacia el tradicionalismo (como vemos en
las citas de Winnie en Happy Days) es sólo una más de las formas de salir del
aburrimiento o de llenar el silencio con ruido. Beckett nos presenta una forma
novedosa de teatro, que ha sido influenciada por Joyce, Kafka, Schopenhauer, Proust
y El libro de Job entre otros, pero no se preocupa por “hacer escuela”. Nunca critica
abiertamente las antiguas formas de teatro como tampoco sus contemporáneas; no
pretende activamente revolucionar o cambiar la forma en que se hace teatro,
simplemente presenta una forma distinta de hacerlo. Beckett se preocupa por expresar
algo de una manera específica y lo hace de una manera revolucionaria, manera que
termina cambiado la forma en que se concibe el teatro y la forma en que se manejan
muchos de sus recursos formales; pero su enfoque no es de carácter político sino
expresivo. Las obras del autor están atravesadas por un sentimiento de no certeza. El
período de la posguerra está atravesado por ese mismo sentimiento. La crisis moral e
ideológica por la que pasó Francia en esta época se vió definida por la ambigüedad
del paso de un régimen fascista a uno no fascista, en el contexto de un país destrozado
por la guerra, que quiere reconstruirse y salir del sentimiento de haberse enfrentado a
hechos como el Holocausto.38 Beckett es deudor de las vanguardias en cuanto a la
necesidad de producción de un nuevo lenguaje, la necesidad de romper el
38
Se recomienda la lectura del artículo de Gupta, Suman. “Samuel Beckett, Waiting for Godot” en The
Popular & the Canonical. Debating Twentieth-Century Literature. London: Routledge & The Open
University. 2005. pp. 233-240.
38
Capítulo 2
Gilles Deleuze
Podemos decir que el teatro del absurdo, en su manera particular, busca la manera de
cantar, reír, llorar y gruñir ante la condición humana. Es un esfuerzo por generar
conciencia en el hombre sobre la realidad de su condición en el mundo. Pero
asimismo no busca totalizar: los personajes en las obras son particulares, son
individuos. Cada obra parece ser una intuición sobre la condición humana, más allá
de querer exponer una tesis sobre la misma o un debate sobre proposiciones
ideológicas.
En las obras del teatro del absurdo es común que la comunicación entre seres
humanos se vea como algo descompuesto o fallido. Se desconfía de un lenguaje que
ha dejado de comunicar, la palabra ha perdido su fuerza. Según Martin Esslin, esta
visión es “una mera magnificación satírica del estado actual de las cosas”39.
39
Esslin, Martin. op. cit. p. 360.
42
Una de las estrategias del teatro de Beckett es que las motivaciones y acciones de sus
personajes son tan extrañas y en ocasiones tan extremas que no es posible una
identificación directa con ellos (a pesar de que al final terminemos reconociéndonos
ahí, ante el reflejo de un espejo distorsionado). Esta ruptura del pacto entre obra y
espectador (siempre tenemos la conciencia total de estar viendo una “obra”) se
relaciona con el concepto brechtiano del “efecto de alienación”, en el que la ruptura
de la cuarta pared, aquella que separa al actor del público, se rompe. Esta ruptura le
permite al autor tanto hacer una metareflexión sobre los elementos mismos del teatro
(como en el famoso caso de Final de partida en donde Hamn y Clov se ríen ante la
posibilidad de que alguien piense que ellos significan algo), como facilitar en el
espectador una posición crítica ante lo que ve; “¿Cómo podría hacerse que una
audiencia vea las acciones de los personajes en la obra de manera crítica, si son
forzados a adoptar sus puntos de vista?”40. Los personajes de Beckett son cómicos y
macabros al mismo tiempo; gracias a esta ruptura combinan la risa con el horror.
40
Brecht, citado por Esslin p.360.
43
El teatro del absurdo habla a un nivel más profundo de la mente del público.
Activa fuerzas psicológicas, libera temores ocultos y agresiones reprimidas, y,
sobre todo, al enfrentar al público con una imagen de desintegración, pone en
marcha un proceso activo de fuerzas de integración en la mente de cada
espectador41
Aquí Esslin sigue las consideraciones de Eva Metman, quien, desde una postura
jungiana, dice que las obras del nuevo teatro generan un vacío entre la obra y el
espectador de manera que el último se ve llevado a experimentar algo en sí
(something itself) de manera que despierta o vuelve a despertar una conciencia de los
poderes arquetípicos o una reorientación del ego, o los dos al tiempo.
El teatro de Beckett no nos brinda conocimiento sobre una situación, nos la muestra
directamente; y a pesar de que las situaciones suelen ser oscuras y angustiantes, sus
personajes nunca se abandonan del todo a la tristeza o a la desesperación. Esta
vinculación directa con el hecho, con la imagen poética, es la forma en que este teatro
le muestra al hombre de su época (y también al de la nuestra) la realidad de su
condición para que la enfrente y no huya de ella.
Hay en Beckett una compulsión hacia el habla, hacia el contarse a sí mismo historias.
Este será un tema usual en sus novelas principalmente, pero se hace presente con
diferentes matices en las tres obras de teatro objeto de este estudio. Krapp, el
protagonista de Krapp’s Last Tape se construye y se diferencia a partir de la
narración de sus experiencias vitales; Winnie, la protagonista de Happy Days crea o
recuerda (la línea es delgada, casi invisible) historias para escapar a su condición y
41
Esslin, op. cit. p. 362.
44
buscar razones para ser feliz, y en Play las urnas recitan de manera estrepitosa su
historia, sin tener una verdadera conciencia de su muerte.
42
En relación con este tema concuerdo con Esslin en que esta es una de las diferencias fuertes entre
Beckett y el existencialismo.
45
renunciar tanto a una lectura mística de una soledad santa y sabia como a una lectura
en que sobreinterprete la frase de Sartre “el infierno son los otros”. Beckett se halla
en el límite, en la paradoja, en el lugar en donde el lenguaje siempre pertenece al
Otro, pero ha dejado de significar tanto para el Otro como para mí mismo. Esto
conlleva la necesidad de una búsqueda, se hace necesario llevar el lenguaje al límite
de su “degradación”, que está más cercano al silencio; el Innombrable nos dice
“¿Creen que yo creo que soy yo quien hablo? También esto es cosa de ellos. Para
hacerme creer que yo tengo un Yo mío, y que puedo hablar de él, como ellos del
suyo.” Michael Worton dirá asimismo que:
Cada texto de Beckett está construido bajo la premisa de que cada vez que
hablamos o escribimos, estamos utilizando los pensamiento y el lenguaje de
otra persona. Estamos condenados o 'maldecidos' a construirnos a través de los
discursos de los demás, nos guste o no. Y cada vez que escribimos estamos
reescribiendo y por lo tanto transformando (!y deformando!) Lo que nosotros y
otros anteriormente escribieron.43
Según Stuart Hall, en los últimos años se ha dado una búsqueda constante para definir
el concepto de identidad. Para este autor, la filosofía planteó inicialmente, en forma
generalizada, la crítica del sujeto autónomo situado en el centro de la metafísica
occidental cartesiana. Luego, esta forma de entender la identidad fue cambiando hasta
que el psicoanálisis y la sociología fueron cambiando las formas en que entendemos
el sujeto. Los posmodernistas, por su parte, plantean un yo incesantemente
performativo y la deconstrucción de todos los grandes conceptos, sometiéndolos a un
proceso de “borradura” o “tachadura”. La identidad será uno de estos conceptos que
se trabajará bajo esa visión. Para esto, será necesario resignificar la concepción de
sujeto, pensándolo desde su posición descentrada con respecto al paradigma, y
estando en constante contacto con los agenciamientos políticos que lo determinan.
Esto lleva a Hall a hablar de identificación, en tanto intento de rearticular la relación
43
Worton, op, cit. p. 81.
47
2.2 La despalabra
Beckett dirá que “más y más mi propia lengua se me aparece como un velo que debe
ser rasgado para llegar a las cosas (a la Nada) detrás de él” 44. Aunque esta cita se
refiere al momento en que empezó a escribir en francés a pesar de ser anglófono, se
44
Beckett, Samuel. Disjecta. London: John Calder. 1983. p. 171.
49
puede aplicar en términos generales al lenguaje como tal (incluso cuando decide
volver a escribir en inglés, ya que el francés se le había vuelto “familiar”). Beckett
llama a su manejo de la lengua y a su búsqueda, la “literatura de la despalabra
(unword)”, un estado minimalista del lenguaje que es capaz de representar una actitud
irónica hacia la palabra a través de las palabras, es decir; mostrar las aporías del
lenguaje a través del lenguaje mismo. Este proceso metatextual y metalinguístico le
permite al autor hacer que su obra sea también metateatral, ya que analiza la relación
entre la palabra hablada y la representación escénica; también hace que la obra sea
metareflexiva, en tanto que denota una problemática de época a partir de la
construcción ontología de sus personajes, que hacen uso constante de la palabra
hablada para definirse, escapar, relacionarse, construirse y sobrevivir. Asimismo,
como anota Laura Cerrato en su libro La crítica genética: “podríamos agregar que ese
unwording o despalabramiento alude también a una acción nunca acabada, a un
proceso inacabable”45. En Beckett todo fluye pero nada avanza.
45
Cerrato, Laura. Génesis de la poética de Samuel Beckett. Apuntes para una teoría de la despalabra.
Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1999. p. 12.
46
Shenker, Israel. “An interview with Samuel Beckett”. En: Samuel Beckett: The Critical Heritage.
London: Routledge and Kegan Paul, 1979. p.148.
47
Beckett, Samuel. Disjecta. London: John Calder. 1983. p.145.
50
que la obra de Beckett se caracteriza simplemente por clamar su fracaso; se trata más
bien de una escritura que trata el fracaso con un lenguaje que es impotente. Al igual
que en las grandes obras de la literatura, en las obras del autor fondo y forma se unen,
no es posible separarlos, el lenguaje de su obra es un lenguaje fracasado que nos
habla del fracaso.
Un mundo a-referencial, que por eso mismo percibimos mal (mal vu),
fragmentado por nuestra percepción y nuestro lenguaje. Esa cualidad de
incompleto, amputado, es uno de los rasgos de la obra de Beckett y contribuye a
esa fragmentación su uso de los mass media, desde el simple grabador en Krapp
o La última cinta o el ojo de la cámara en Film, o las posibilidades de la TV y,
sobre todo, de la radio, en esas extrañas piezas llamadas Borradores para radio
I y II, Palabras y música, Cascando.49
48
Charles Juliet. Rencontres avec Samuel Beckett. Paris: Fata Morgana, 1986. p.39.
49
Cerrato, Laura. Génesis de la poética de Samuel Beckett. Apuntes para una teoría de la despalabra.
Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1999. p. 19.
51
Para Michael Worton “A pesar de lo importantes y poderosas que puedan ser sus
temáticas, lo que hace estas obras tan interesantes es la explotación de las
posibilidades liberadoras de los textos a los que hacen referencia dentro y fuera de
ellas mismas, a fin de exponer a la inestabilidad de toda estructura aparentemente
sólida”50. Las constantes alusiones hacia dentro y fuera de los textos no buscan dotar
a la obra de un carácter elitista, no es del todo necesario saberlas para captar las
obras, incluso muchas de ellas son clichés dentro del pensamiento moderno como el
cogito cartesiano, las alusiones bíblicas y shakesperianas o el Esse est percipi de
Berkeley. Somos empujados a revaluar porqué estas afirmaciones se han convertido
en parte esencial del pensamiento moderno. Se cita con frecuencia el hecho de que
una de las primeras funciones de Esperando a Godot se haya realizado en California,
en la prisión de San Quintín, y haya tenido una buena acogida por parte de los presos,
quienes entendieron el carácter de espera y ansiedad de los personajes. La presencia
de estas alusiones intertextuales en los textos, al contrario de lo que algunos críticos
creen, no develan sentidos filosóficos ocultos, todo lo contrario, buscan hacer que las
interpretaciones eruditas se despojen de prejuicios. Beckett muestra lo simbólico y lo
denotativo como formas de comunicación inestables; las alusiones “cultas” son
presentadas de manera paródica, son mal recordadas y distorsionadas en el espejo del
absurdo. Las palabras tienen una multiplicidad llevada al límite, todo significa tanto
que deja de significar. Podemos pensar el trabajo del autor como una red de símbolos
y signos inestables que en su fragmentación envían constantemente al
lector/espectador fuera del texto, para que busque sentidos por fuera del mismo. En
muchos casos esta búsqueda es trivial, pero el juego referencial es parte del juego en
el que quiere el autor que caigamos, para que tengamos conciencia de las
codificaciones del mismo. Beckett usa el pasado en sus intertextos como parte de su
50
Worton, op. cit. p. 76.
52
rompecabezas inconcluso, del que el lector se puede hacer una idea pero jamás una
total certeza. Worton dirá que “Lo cierto es que su escritura es altamente intertextual
y que Beckett se refiere constante no sólo a las ideas sino la forma en que estas ideas
se han formulado”51.
51
Worton, op. cit. p.81
52
El Fort/Da se establece en el libro de Sigmund Freud: Beyond the Pleasure Principle. Freud
establece este término al observar cómo su nieto de 18 meses arrojaba al otro extremo de la habitación
todo lo que caía en sus manos. Al lanzar esos pequeños objetos decía "Fort" (se fue), en otras
ocasiones mandaba a lo lejos un carretel atado a una cuerda y después tiraba hacia sí diciendo "Da"
(aquí está). Mediante este juego el niño inventaba el símbolo relacionado a la ausencia de su madre;
reemplazaba el objeto real por el significante.
53
medio de este juego los personajes luchan por encontrar algún tipo de estabilidad en
un mundo estancado, que gira en círculos.
Los silencios y las interrupciones en este proceso de la despalabra son también claves
en estas obras del autor. Permiten mostrar silencios inadecuados, en donde el
personaje no es capaz de encontrar las palabras que necesita; silencios de represión en
donde sienten que están rompiendo un tabú o alguien los está interpelando de manera
agresiva; o los silencios de anticipación en donde se espera la respuesta a algo que
podría dar sentido a sus existencias. Estos espacios en blanco hacen parte de la visión
musical de las obras en Beckett, al tiempo que forman en el espectador momentos de
tensión en los que se ve en la necesidad de reflexionar la obra y el lenguaje, el
silencio acerca la obra a la nada.
Los elementos que se mencionaron del teatro del absurdo, la teoría de la despalabra,
el silencio, la referencialidad de las obras, sus estructura y problemáticas nos abre las
puertas para acercarnos a las tres obras objetivo de este trabajo, para de esta manera
ver la relación existente entre el contexto histórico del que se habló en el primer
capítulo y los conceptos vistos durante la primera parte de éste.
grupos bien definidos. Quedan por fuera de esta organización muchas obras que se
agrupan más por el medio en que son expuestas, ya sea radio o televisión; o
simplemente son estudiadas por aparte. Hacia finales de la década de los cincuenta y
principios de los sesenta hay una serie de obras que vale la pena agrupar, tanto por el
recurso del autor de volver al inglés como lengua de escritura, como por sus
características formales y de contenido. Estas obras son: Krapp’s Las Tape (1958),
Happy Days (1961) y Play (1963).
Aunque en la mayoría de las obras del autor el monólogo juega una parte importante,
una de las principales razones para agrupar estas tres obras en un análisis es que el
monólogo es parte esencial y constitutiva de las mismas. A pesar de que las
características de los monólogos en cada una de las obras son distintas y que ninguna
de las tres está totalmente compuesta de una sola voz, el tratamiento de las voces
como conciencias aisladas nos da pie para decir que las tres son obras principalmente
monológicas. Paradójicamente, en las obras del autor el monólogo tiende a ser
múltiple: en Final de partida, Hamn ofrece un modelo para este proceso: “balbuceo,
balbuceo, palabras, como el niño solitario que se convierte a sí mismo en muchos
niños: uno, dos, tres, que están juntos y susurran unidos en la oscuridad”. Krapp
encierra muchas voces en la máquina; Winnie alterna entres tres tipos de habla a las
que se suman las acotaciones de su marido; Play entrelaza tres voces distintas que
hablan de un mismo hecho, pero cada una se habla sólo a sí misma. El monólogo en
estas tres obras se erige como una crítica de la posición según la cual el ser es unitario
y esencial. Para Paul Lawley53, este manejo del monólogo en Beckett, contrario a lo
que podría esperarse, no define ciertos rasgos del individuo y los expone de manera
que lo constituyan como un sujeto coherente y consistente; lo que hace el monólogo
en Beckett es desestabilizar y dispersar la identidad del que habla.
53
Lawley, Paul. “Stages of identity: from Krapp’s Last Tape to Play” en Cambridge Companion to
Beckett. Cambridge: Cambridge University Press, 2001. p. 99.
55
Cada una de estas tres obras tiene elementos característicos que la diferencian de las
otras y le dan una posición específica en el corpus del autor. Krapp’s Last Tape será
la primera obra teatral en donde el problema del cómo nos representamos y nos
representan a partir del lenguaje se volverá central. Asimismo, es una obra que difiere
de otras obras del autor en tanto su escenificación, que es menos extrema en
contraposición al cúmulo de arena que atrapa a Winnie, o las Urnas de Play, o los
botes de basura en Final de partida. Al igual que en Esperando a Godot la
escenificación de la obra no parte del absurdo, sino que nos es familiar, el “locus” en
principio no nos ofrece resistencia.
Sabemos que Krapp, cuyo nombre nos ofrece un divertido juego de palabras con la
noción inglesa de crap, relacionada a los excrementos, o a decir estupideces, que se
relaciona con la basura, con algo decadente, tiene la manía de grabar su visión de
mundo el día de sus cumpleaños, “una terrible ocasión” dice la voz de Krapp en la
cinta que grabó a sus treinta y nueve años. El ritual de Krapp consiste tanto en
grabarse este día como en escuchar las grabaciones de sus años anteriores, escogiendo
los elementos que más le interesan. Pero este proceso no es neutral: “cierro mis ojos e
intento imaginar” dice Krapp a los treinta y nueve años. Paul Lawley dirá al respecto
que “Memoria e imaginación se difuminan en las cintas, que anualmente graban una
vida, ni siquiera el “grano” de una vida, sino la imaginación de esa grano”54. A pesar
de la permanencia del recuerdo “tal cual” se pronunció en la cinta, el proceso de
grabar y de escuchar implica un proceso de construcción en los que median tanto la
memoria, la evocación y el deseo en el presente de reconfigurar ese recuerdo.
A mediados de los años 50, Beckett oye por la radio la voz de gran actor irlandés
Patrick Magee, y escribe para él «The Magee Monologue» que terminará llamándose
Krapp’s Last Tape (1958), o como se ha traducido al español, La última cinta. Esta
54
Lawley, Op, cit. p. 90.
56
obra plantea, a través del dispositivo técnico utilizado, que funciona como médium y
espejo para la voz del mismo Krapp en las diferentes etapas de su vida, la posibilidad
de enfrentar el futuro, el presente y el pasado. Se trata de un futuro que es
inmediatamente anterior al presente del viejo Krapp, pero que en la simultaneidad de
tiempos que se relacionan en las grabaciones se entiende como futuro. En la
confluencia de voces en estos tiempos, y en el proceso de selección e interpretación
del viejo Krapp, se establece una reflexión crítica que ataca la concepción de una
identidad estática, y que nos muestra como resultado a un hombre incapaz de
reconocerse más allá del filtro de la memoria, y de compartir ciertos apetitos como
los bananos.
En su vejez, Krapp no sólo vuelve a escuchar las grabaciones, sino que establece un
enfrentamiento entre lo que habla la voz de la grabadora y la memoria del personaje
en escena, quien incluso olvida si eso le sucedió a él realmente. Krapp también
escucha grabaciones de etapas intermedias donde se detectan discrepancias con un
pasado aún más lejano, a la vez que establece nuevas discrepancias con el futuro.
Podemos decir que Krapp se construye constantemente y construye su identidad no a
partir de su propia memoria sino de la memoria en la cinta, interpretándola y
sorprendiéndose de no reconocerse en ella. Krapp’s Last Tape encierra una gran
reflexión en la que las interrupciones, las distancias entre los recuerdos y la cinta, y
entre sus diferentes posturas mostrarán la inestabilidad de la identidad del hombre
moderno fragmentado. La lectura de la obra nos lleva a la constante pregunta de si
somos los mismos que éramos en el pasado, o si este proceso (el cómo nos
identificamos ahora) no corresponde a la construcción que hemos hecho a partir de la
“memoria voluntaria”, es decir si no hemos construido nuestra identidad. Beckett nos
dice que no somos esencialmente estables y que ni siquiera somos esencia.
57
A los sesenta y nueve años, Krapp escucha al Krapp de treinta y nueve, y éste, a su
vez, se escucha a los veintinueve. Todo el tiempo se nos hace evidente el papel de la
cinta como elemento mediadador para la memoria. Lo que hace que un personaje con
rasgos amnésicos como el viejo Krapp se vea enfrentado a un yo que deja de ser un sí
mismo. Krapp no es capaz de reconocerse en el espejo de su propia voz, su identidad
está fragmentada, rota.
55
sound as a bell
56
crest of the wave – or thereabouts
58
Instantes. (Pausa.) Sus instantes, mis instantes. (Pausa.) Los instantes del perro.
(Pausa.) Finalmente se la di y la cogió con la boca, suavemente, suavemente.
Una pelotita de goma, vieja, negra, maciza, dura. (Pausa.) La sentiré en mi
mano hasta el día de mi muerte. (Pausa.) Podía haberla guardado. (Pausa.) Pero
se la di al perro.59.
59
Beckett, op. cit. P. 20
60
Para el mismo Beckett, como anotará en su cuaderno de dirección para esta obra, este
evento será un gesto de mezcla de contrarios: la bola negra se le da al perro blanco.
La enfermera, una “joven belleza morena, toda blancura y almidón” 60, no lo deja
entrar y empuja a un niño recién nacido en “un gran coche de niño con capota negra,
fúnebre a más no poder”61, se combinan los opuestos. Krapp se constituye a partir de
la tensión entre opuestos, la obra en general está configurada por mezclas de
claroscuros, en donde el claroscuro del escenario (una luz blanca cae sobre una
pequeña mesa, el resto del escenario se mantiene en oscuridad) contrasta con la
mezcla entre negro y blanco de la ropa del viejo Krapp “Pantalones estrechos,
demasiado cortos, de un negro descolorido por la orina. Chaleco negro muy deslucido
(…) Camisa blanca, mugrienta, desabrochada, sin cuello. Extraño par de botas, de un
blanco sucio, del 48 por lo menos, muy estrechas y puntiagudas”62, su voz contrasta
con aquella de su juventud, y ésta con la de años más tarde. Su vida se constituye en
la tensión entre opuestos, entre la exclusión y la posibilidad de reunificación, la
muerte de su madre alegorizada en la caída de la persiana es una puerta que se cierra.
60
Beckett, op. cit. p. 19
61
Ibid.
62
Ibid. p. 9
63
Ibid. p. 20
61
La ironía del viejo Krapp es que vive su vida a partir del recuerdo; en el momento que
escuchamos esta sección en la cinta, vemos al viejo Krapp haciendo una especie de
parodia con el aparato tecnológico. “Lie down across her” se dice a sí mismo Krapp
mientras rehace el episodio, poniendo sus manos sobre la máquina y recostándose
sobre ella. Para el viejo Krapp, la única alegría es el recuerdo, que ya no está en su
cabeza sino en la máquina que en este punto toma tintes materno-eróticos.
El Krapp viejo se ríe de las cosas del Krapp joven, pero hay un punto en que
pareciera que el Krapp joven se burla del viejo. El viejo Krapp vive en sus sueños
64
Beckett, op. cit. 19.
65
Cluchey Rick y Haerder, Michael. “Krapp’s Last Tape: Production report”. En: Theatre Workbook.
Londres: Brutus. 1980. p. 130.
62
atrapados en la cinta, el joven Krapp dice “Quizá mis mejores años han pasado.
Cuando existía alguna posibilidad de ser feliz. Pero ya no querría tenerla otra vez”66.
El Krapp de los treinta y nueve años deja la posibilidad de la felicidad por ese fuego
interior; el Krapp de los veintinueve cree encontrar una verdad iluminadora; el Krapp
viejo se halla roto, viejo, extraño a sí mismo, llegando a buscar sus propias palabras
en el diccionario. Al momento de grabar sus palabras en su cumpleaños sesenta y
nueve lo único que tiene por decir es “Nada que decir, ni un chirrido”67.
La gran ironía de la obra radica en que ninguno de los momentos de renuncia fue
verdaderamente “vital y esencial”; en los cuadernos de trabajo para el montaje de su
obra Beckett nos dice que sin importar qué decisión hubiera tomado, Krapp habría
fracasado. La primera cinta que oímos es un momento en el que tanto el Krapp viejo
como el joven aceptan que es un momento de cambio la segunda cinta es rechazada
por el viejo Krapp y la última parece que se burlara del viejo Krapp. La cinta como
mediadora asegura la conciencia de que el proceso que hace el protagonista es
“moldear” sus recuerdos a modo de ficciones. El pasado de Krapp compuesto en la
máquina es un pasado más literal que cualquiera, se compone exclusivamente de
palabras, que no son atravesadas en primera instancia por el filtro de la memoria, son
simplemente palabras: sonido y nada más. La voz de Krapp en la cinta es el registro
de diferentes pasados, pero sólo existe en el presente, en el acto de reproducción de la
cinta. Krapp observa esta convergencia de tiempos frente a su memoria y se horroriza
al ver que la máquina es su identidad, pero la máquina también se encuentra
sometida al tiempo y a los espirales eternos de las obras de Beckett. Krapp rebobina
la cinta y todo vuelve a comenzar, idéntico, no hay fin en verdad, sólo lo habría si las
cintas contuvieran únicamente el silencio.
66
Beckett, Beckett, op. cit. p. 28
67
Ibíd. p.10.
63
Con Krapp’s Last Tape, Beckett nos sitúa en una obra en donde la memoria no salva,
no hay catarsis. Krapp se ve limitado a ver cómo su propia voz se establece como la
potencia del Otro, su Yo se ve perdido en una multiplicidad irreductible a cualquier
tipo de unidad.
Quisiera no saber lo que dijese ¡nada decir, hablar, hablar tan solo; —con palabras vacías de sentido
— vaciar el alma —¿Qué importa el sentido de las cosas si su música oyes, y entre los labios — os
brotan las palabras como flores —limpias de fruto?
Miguel de Unamuno.
Nos encontramos en el centro del escenario a Winnie, cubierta hasta el pecho por un
cúmulo de tierra. Para ella, al igual que Vladimir y Estragón en Esperando a Godot,
el tiempo se ha hecho algo extraño, de cuyo paso no se tiene plena conciencia y que
parece haberse estancado y girar en círculos; Vladimir y Estragón esperan la noche,
Winnie se encuentra en un día eterno, sólo el sonido de la campana le puede decir la
hora de acostarse y despertarse. Este estado del tiempo se asocia a un tipo de infierno
“este sol infernal…”, “esta llama de luz infernal”, un estado que se encuentra en la
muerte y el final del tiempo.
Tanto Krapp’s Last Tape como Happy Days tienen dentro de sus temas principales la
continua construcción del individuo al enfrentarse a un tipo de amenaza. En Krapp’s
Last Tape, la amenaza es el tiempo, mientras que en Happy Days, se conjugan el
tiempo y la incapacidad de movimiento. Sin embargo, la característica principal de
Winnie es su resignada felicidad: todo lo que le sucede ella lo interpreta a modo de un
suceso maravilloso y por el cual sus días son “felices”. A pesar de estar enterrada, de
estarse marchitando poco a poco, del aburrimiento y del desdén de su esposo Willie,
Winnie encuentra la forma de convencerse de que todo está bien.
65
Con Happy Days Beckett regresa a la estructura de dos actos en sus obras,
estableciendo un ritmo más pausado y devolviéndole al tiempo un papel más visible.
En términos teatrales, Beckett sobresale por haber limpiado el escenario de elementos
superfluos y haber logrado un lenguaje escénico de una potencia poética
sorprendente. En la obra tanto el lenguaje de Winnie como sus movimientos cinéticos
establecen un juego de armonía que comenzará a establecer la relación musical en las
obras posteriores del autor, como veremos en Play. Los espacios dramáticos en
Beckett son totalmente abiertos e indefinidos como en Happy Days o en Esperando a
Godot o bien habitaciones claustrofóbicas como en Krapp’s Last Tape. De la luz
crepuscular de Esperando a Godot, pasamos al gris de Final de partida, al blanco y
negro de Krapp’s Last Tape, y a la luz radiante de Happy Days. La iluminación es
crítica en Beckett y establece un estado de ánimo a la vez que un entorno específico
para los personajes. La necesidad de entablar un diálogo ya sea con Otro o nosotros
mismos continúa en esta obra; la diferencia que iniciaría Happy Days radica en que
Winnie es la primera protagonista femenina del teatro de Beckett y la única que vive
en un mundo de color. De igual manera, el escenario de esta obra es mucho más
“irreal” o extraño; nos presenta una mayor resistencia que el de Krapp’s, al
enfrentarnos desde el principio con el extrañamiento y el absurdo.
68
El prólogo de Antonia Rodríguez Gago trae una extensa bibliografía sobre los primeros manuscritos
que puede ser de interés para un posterior trabajo de investigación sobre el proceso de creación de
Samuel Beckett.
66
En Happy Days, el cúmulo donde se halla Winnie es el cúmulo del tiempo, como el
cúmulo de paja de la paradoja de Zenón: aquella en donde si tomamos un cúmulo de
paja, tomamos la mitad de esta y la echamos a un lado, y a este nuevo cúmulo le
echamos encima la mitad de la paja del primero y repetimos el proceso
indefinidamente. Según Zenón, en un universo infinito, el cúmulo será completado;
en un universo finito, no lo será, ya que entre más se acerca a terminar más pequeñas
se hacen las cantidades a pasar.
67
Nunca sabemos por qué Winnie está allí atorada, casi sepultada en lo que parece ser
un “horno de luz infernal” como lo llama la protagonista en algún momento. El
intenso calor y el estrepitoso sonido del timbre son los mayores males que aquejan a
Winnie en su mundo vacío y estéril. A pesar de que algunos críticos han señalado las
relaciones entre el infierno de la protagonista y escenas dantescas o miltonianas, y a
pesar de que Winnie hace alusiones específicas a los dos textos, el infierno al que
hace alusión no está directamente relacionado con ellos más allá de las referencias
mal recordadas que pronuncia para llenar el silencio. No nos encontramos ante
ningún tipo de juicio o castigo; simplemente vemos al hombre enfrentado a la
esterilidad del mundo y del tiempo que lo aprisiona.
Winnie es una mujer que actúa incesantemente sobre todo aquello que encuentra a su
alcance. Sin embargo, su campo de acción es muy limitado. Enterrada hasta la
cintura, su radio abarca sólo unos cuantos metros de tierra calcinada. Dentro de este
reducido espacio se encuentran su marido y su bolso, los dos principales objetos de
su actividad. Todo lo que rodea a Winnie le ofrece resistencia. A medida que pasa el
tiempo, esta resistencia de las cosas a la acción de Winnie aumenta y su campo de
acción disminuye. Pero ella, en esta situación tan precaria y cada vez más hostil,
tiene todo su empeño puesto en la afirmación de su felicidad. Agradece y se alegra de
los pequeños sucesos que le acontecen, que casi siempre van inmediatamente
seguidos de súbitos arranques de tristeza que rápidamente aleja de su mente,
recurriendo a uno de los estribillos de la obra que es la mención de “otro día feliz” o
la alusión a los viejos tiempos, encerrados en las citas de grandes poetas que su ella
recuerda mal y cada vez de manera más fragmentaria. En el segundo capítulo de la
obra, cuando Winnie ya se halla enterrada hasta el cuello y no posee movimiento más
allá de sus ojos, ella sigue buscando formas de aferrarse a la felicidad que busca
gracias a sus sentidos, principalmente la vista “También está ahí mi bolso, puedo
verlo… tan útil como siempre” , y el oído, “Sí, cuando hay sonidos, esos sí que son
días felices”. Desgracia y felicidad tienen en Winnie el mismo origen; por ello dice
“Ni mejor ni peor, ningún otro cambio… Todo se repite; eso es lo maravilloso”69.
69
Beckett, Samuel. Los días felices. Madrid: Cátedra, 1989. p.141.
69
Será este último el elemento más fuerte para la supervivencia de Winnie, así como su
mayor lucha. El monólogo de este personaje está lleno de pequeñas negativas, similar
al de la novela Watt, pero estas negativas van dirigidas hacia la vida práctica y no
poseen la función simbólica que tienen en la novela o en las negaciones de Final de
partida. Los días de Winnie estás vacíos, pero ella hace todo lo posible para llenarlos
de algo, así sea hablar de esta nada.
Oh, sí, tan poco que decir, tan poco que hacer y, algunos días, el miedo tan
terrible, de encontrarse… sola, con horas todavía, antes de que suene el timbre
de dormir y sin nada más que decir, nada más que hacer, que los días pasan,
algunos días pasan, del todo, el timbre suena, y poco o nada dicho, poco o nada
hecho.70
Para Estragón el sueño era intolerable, porque dormir es perder la identidad, dejar de
existir. Pero a Winnie no le importa, ni a Willie, quien se halla a su lado, fuera del
cúmulo, sin aparentes deseos de moverse. En él hay una total indiferencia hacia si se
está vivo o muerto, por eso sólo duerme. Pero para Winnie la existencia de Willie es
necesaria, así éste le dé la espalda, prefiera anuncios pornográficos a la sexualidad de
Winnie y le hable sólo en monosílabos. El ser de Winnie son las palabras, las
palabras presuponen comunicación y por lo tanto se espera que alguien las escuche;
Winnie, al igual que Molloy, habla todo el tiempo. Para que Winnie pueda saber su
existencia, Willie debe estar allí para escuchar: “Ergo you are there. Oh no doubt you
are dead, like the others, no doubt you have died, or gone away and left me, like the
others, it doesn’t matter, you are here.”
Se hace clara la necesidad del otro, como espectador y como referencia a algo externo
que nos defina en tanto no-yo; en Beckett se hace presente la frase de Sartre: “El
inferno son los otros” ya que no hacemos nuestras propias palabras, las aprendemos
70
Beckett, op, cit. p. 185.
70
de otros. Nuestra memoria, y nuestro hábito se ven atravesados por estas palabras y la
presencia de ese otro que nos determina. Esto determina la necesidad que Winnie
tiene de Willie. Es un común denominador en los personajes de Beckett que detesten
y teman al otro, pero aún así no puedan seguir sin ese otro; lo necesitan, ya que sin él
como testigo no pueden asegurar su propia existencia. “Saber que en teoría me oyes
aunque de hecho no lo hagas es todo lo que pido”, le dice Winnie a Willie; realmente
a ella no le interesa la comunicación real, sólo quiere saber que es escuchada, que
existe. Winnie se sumerge en el hábito, en el pacto con su entorno, para escapar de su
propia realidad.
Como este pacto se genera en estos espacios, la vida de los personajes se constituye
en ilusiones proyectadas al vacío. El sentido que le otorgan al mundo es ilusorio;
71
Beckett, Samuel. “Proust" en: Proust and Three Dialogues with Georges Duthuit, Londres: Calder,
1965, p. 18-19.
71
Beckett nos dice que en el mundo contemporáneo, en el mundo donde los relatos
emancipatorios han fracasado, todas las formas de verdad no son más que
construcciones mediadas por el hábito. No hay muerte; ésta es remplazada por una
agonía, un ir muriendo. La idea de un final que silencie el dolor se convierte en el
horror de una presente inmortalidad. Beckett es un autor agónico, no tanático.
Otro elemento que comparte esta obra con Krapp’s Last Tape es la interrupción,
Winnie se auto-regula todo el tiempo para usar de manera eficiente los elementos que
posee para sobrevivir durante el día. Durante este proceso de regulación y auto
exhortación, Winnie comienza una cosa y la interrumpe con otra, que es interrumpida
a su vez. La protagonista interrumpe sus gestos y sus palabras por el miedo a
quedarse sin ellas, teme “terminar” antes de que el timbre le señale el final del día.
Pero ella es interrumpida también todo el tiempo; en el segundo acto la presencia del
timbre como agente regulador e interruptor se hace mucho más fuerte, no dejando
dormir o mantenerse despierta a Winnie. Este dispositivo se convierte en un tipo de
agente torturador que nos recuerda a los mimos de Act Without Words.
Alan Badiou dirá que “Despojado de esta manera, el “personaje” llega al momento
puro en el que el movimiento es exteriormente indiscernible de la inmovilidad,
porque no es más que su propia e ideal movilidad”72. Esta situación genera una
constante tensión, que sólo se ve momentáneamente aplacada por el movimiento en la
memoria o por el movimiento de las palabras, el lenguaje se vuelve acto. En cuanto es
nombrado, lo hablado se escabulle hacia su propio no-ser, la voz busca
desesperadamente, lo dicho se agota en el decir, se convierte en un tumulto de
sonidos que son incapaces de remitirse a sí mismos como habla. Pero este objetivo es
inalcanzable y produce en el espectador un sentimiento de horror.
Beckett da una gran estocada a nuestra concepción del lenguaje por medio del exceso
y de la saturación, violenta las palabras para encontrar o al menos buscar el silencio.
Pero a pesar de que desde el principio intuimos que la búsqueda fracasará (la de la
despalabra, y la de sus personajes), a pesar de todo y por encima de todo, la búsqueda
continúa. A pesar de la decadencia y de la lúgubre situación, Winnie nunca se rinde
del todo, y sigue buscando la forma de hacer sus “días felices”; la ironía de Beckett
juega un doble papel como crítica a nuestra ceguera al mundo pero también como
exhortación a no decaer, a seguir la búsqueda, así esté condenada al fracaso.
Beckett rompe con la visión cartesiana. Para ello ve preciso encontrar un lenguaje o
un silencio que no sea reducible al lugar del ser ni idéntico al rumiar de la voz. De
igual manera, subvierte los signos, hace que el espectador busque relaciones
simbólicas y luego las niega. Esto es especialmente fuerte en Happy Days en donde
las palabras de Winnie contienen constantes alusiones a grandes obras de la literatura
universal, pero éstas no constituyen un sistema de símbolos que esclarecen el sentido
72
Badiou, Op. cit. p. 30.
74
último de la obra. Tanto en Happy Days como en otras obras del autor, estas
referencias simplemente hacen parte de la necesidad de legitimación de los
personajes, de su afán de distraerse por medio de juegos intelectuales o como eco
tergiversado y extraño. Antonia Rodríguez Gago dice al respecto: “Beckett utiliza las
ideas filosóficas como poeta, no como filósofo, parodiándolas a veces y
fragmentándolas otras, para mostrar la incapacidad de cualquier sistema para explicar
la realidad humana de un modo coherente y plenamente satisfactorio”.73 Es en la
inestabilidad, en el caos, donde se halla la tarea del artista contemporáneo, porque es
la inestabilidad el símbolo de su época.
73
Gago Rodríguez, Antonia. “Samuel Beckett, vida y obra: «De un silencio a otro»” en Happy days.
Madrid: Cátedra. 1989. p.35.
74
!Ah! los buenos días de indecible felicidad/ Cuando uníamos nuestras bocas! Es posible.
75
El título en inglés alude a la canción popular “Happy Days are Here Again”. Además
de las citas, los recuerdos del pasado de Winnie suelen ser de carácter sentimental,
como su primer beso, o demuestran sus temores con respecto al deterioro de su
atractivo sexual, o narran historias como la del señor y la señora Cooker o Shower (de
los cuales es relativamente aceptada la idea dentro de la crítica, que estos nombres
están relacionados a los términos alemanes Schauen, mirar, y gucken, espiar con la
mirada)75, o como la historia de la niña Mildred, que es posteriormente violada. A
pesar de todo, su flujo verbal ahuyenta esos temores.
75
Antonia Rodríguez Gago atribuye esta interpretación a la profesora Ruby Cohn, una de las críticas
más importantes de Beckett, cuyas obras lamentablemente no se consiguen en el país.
76
Dejo estas citas sin traducir ya que el juego sonoro sólo tiene sentido en lengua inglesa.
77
Beckett, Samuel. Los días felices. Madrid: Cátedra, 1989. p. 134.
78
Ibíd. P. 142.
76
bought with such lasting woes”. Se incluyen también citas de la Biblia y de varios de
los grandes poetas de la llamada “literatura universal”.
El escenario en que nos posiciona Beckett es una tierra baldía, con el montículo de
Winnie en el centro, Willie atrás y algunas hierbas quemadas. Los últimos vestigios
de vida son una hormiga con sus huevos y una pareja que pasó por allí, los Piper o
Cooker, que se alejaron de la mano tras hacer algunos comentarios groseros, que
Winnie evoca varias veces, último recuerdo de otro tiempo. Esta pareja se constituye
desde el recuerdo de Winnie, que como en la mayoría de las obras de Beckett no
logra jamás reconstruir de manera coherente. “En otros tiempos… entre tanto… qué
duro es para el espíritu (pausa) Haber sido siempre la que soy… y ser tan diferente de
la que era”79. El tema del deterioro físico y mental es central en esta pieza, personajes
y objetos tienen un aspecto desgastado, están “acabándose” como frecuentemente
repite Winnie, refiriéndose a los objetos de su bolso, y temiendo que su belleza se
marchite.
79
Beckett, [Link]. p. 141
77
Como en la mayoría de obras del autor, tanto el título de la pieza como el nombre de
sus personajes son irónicos. Los días felices de Winnie son una construcción
escapista de su mente, y la dupla Winnie-Willie nos presenta desde el principio la
paradoja entre el Win (victoria) y el Will (voluntad), a la vez que desde un principio
se nos muestra la relación de interdependencia de estos personajes. La obra está
compuesta como una sórdida comedia; a diferencia de Krapp, o de las cabezas de
Play, Winnie no se encuentra en un estado de senilidad o de descomposición; es una
mujer atractiva, el escenario no es oscuro, todo lo contrario, goza de una gran
iluminación. El humor de Happy Days es menos violento y más sostenido, se deriva
de la disparidad entre lo que dice esta mujer y lo que sucede a su alrededor, pero esta
disparidad es asimismo terrorífica pues nos habla de nuestra propia tendencia a auto-
engañarnos.
La completa desintegración del individuo es lo que prima en la obra general del autor;
este ser desintegrado intentará fallidamente encontrar su realidad. Nos encontramos
ante la expresión de que no hay nada que expresar, nada con qué expresar, nada a
partir de qué expresar, ni poder para expresar, ni deseo de expresar, junto con la
obligación de expresar, y la expresión final lograda en la obra.
80 Bernal, Olga. Lenguaje y ficción en las novelas de Beckett. Barcelona: Lumen. 1969. p. 13.
81
Ibid. p. 19.
79
En Beckett podemos encontrar dos tipos de dialéctica. Por un lado, tenemos aquella
del hombre frente al mundo, del ser individual contra el mundo exterior, y otro tipo
de dialéctica entre el hombre y los objetos en relación con las palabras. En la novela
Watt vemos los inicios de lo que se vendría a conformar en El Innombrable, “Y la
necesidad que de socorro semántico experimentaba Watt era, a veces, tan grande que
se dedicaba a probar nombres para las cosas, y nombres para sí mismo, casi igual que
una mujer se prueba sombreros”82. La necesidad de socorro, la necesidad de llenar el
vacío también ataca al innombrable, por eso inventa historias, y muda su nombre,
como una serpiente, para buscar cómo salir del tedio de la nada y para hallarse a sí
mismo. Acá encontramos esa dialéctica con la palabra, pero también la dialéctica del
hombre con el mundo exterior, el Innombrable debe buscar en la historia (así sea
ficcional) la voz del otro que lo determine, el hombre no es un ser aislado, necesita de
los otros para saberse hombre; de igual manera Winnie busca desesperadamente en
Willie la forma de legitimarse.
En Language and Myth, Ernst Cassirer dice que desde el siglo XX: “El lenguaje deja
de tener una relación directa con la realidad y su contenido se disuelve, se toma
conciencia de que éste no es más que una fantasmagoría del espíritu. (…) tener que
expresar su esencia bajo la forma de conceptos.”83 El concepto necesariamente es
una actividad del pensamiento, es una red de información que el cerebro codifica, el
lenguaje ha dejado de nombrar al mundo, ya sólo nombra una “idea” del mismo, la
palabra deja de ser vida para convertirse en abstracción. Por esto Beckett nos lleva a
la reflexión acerca del lenguaje y sus falencias a cada momento, los distintos registros
de Winnie, muestran las mutabilidades del lenguaje y cómo a final de cuentas no es
capaz de nombrar nada, para Winnie el lenguaje no busca comunicar sino que es sólo
una forma de escape a la soledad.
82
Beckett, Samuel. Watt. Paris : The Olympia Press, 1953. p. 89.
83 Ernst Cassirer. Language and Myth. New York: Dover, 1946. p. 7.
80
Las palabras tienen su valor en masa; la necesidad de llenar el silencio se vuelve más
imperante y desesperada a medida que Winnie siente que se va quedando sin ellas, a
medida que el tiempo la va sepultando: “Oh sí, tan poco que decir, tan poco que hacer
y, algunos días, el miedo tan terrible, de encontrarse… sola”84 . En el segundo acto,
Winnie está sepultada hasta el cuello, y de manera similar a lo que sucede en
Esperando a Godot, Beckett juega con lo noción de un tiempo indefinido que se
traduce en el olvido; no sabemos cuánto tiempo ha pasado. Ya hacia el final del
primer acto Winnie duda sobre los acontecimientos pasados: “Supongo que esto ya ha
sucedido antes, aunque no lo recuerdo. (Pausa) ¿Lo recuerdas tú, Willie?”85. Vemos
cómo sus palabras comienzan a decaer: “No, uno no puede hacer nada (Pausa) Eso es
lo que me parece tan maravilloso, el modo en que las cosas… (La voz se quiebra,
cabeza baja) - … las cosas… tan maravilloso.”86. Al comenzar el segundo capítulo,
con un nuevo despertar, Winnie, vuelve a citar con frases alegres el nuevo día, pero
pasa poco antes de que veamos que al intentar hacer una de sus citas, la olvide
completamente pues su memoria se va deteriorando. El movimiento es el símbolo
primordial de vivir en el tiempo, de ser-en-el-tiempo; al estar totalmente sepultada,
Winnie ya no puede interactuar físicamente con los objetos de su bolso, y se ve
obligada a interactuar con ellos mediante las palabras “Qué haría yo sin ellos mientras
las palabras me fallan?”87. En este segundo capítulo Winnie nos relata la historia de
Mildred, una especie de cuento infantil, que termina siendo una metáfora con
múltiples resonancias, especialmente violentas y sexuales, insinuando una violación:
“¡Quizá esté pidiendo socorro todo este tiempo y yo no le oigo! (Pausa) Oigo gritos,
por supuesto. (Pausa) Pero seguro que están en mi cabeza.”88. Hacia el final del
segundo acto, Willie se incorpora e intenta subir el montículo, estirando la mano y
diciendo “Win”, pero cae aparatosamente, queda la ambigüedad de si Willie se
84
Becket, Samuel. Los Días felices. Op. cit. p. 185.
85
Ibíd. p. 189.
86
Ibíd. p. 193.
87
Ibíd. p.221.
88
Ibid. p.227.
81
estiraba por el revólver entre los objetos de Winnie o por Winnie misma, y en ese
momento cae el telón.
Happy Days es una obra en la que Samuel Beckett ahonda en sus estudios
metateatrales y sobre el lenguaje, mostrándonos cómo recurrimos fallidamente a él
para auto-convencernos, a pesar de saber que no estamos diciendo nada. La búsqueda
del silencio como salvación de un mundo estéril y ausente está condenada al fracaso
y al olvido, pero se legitima en tanto búsqueda.
2.4 Play
La transición entre las tres obras nos lleva a Play, una de las obras más extremas del
autor en términos de puesta en escena, iluminación y reflexión sobre el lenguaje. Play
es también una obra monológica, en la que tres personajes, un hombre y dos mujeres,
al ser “interrogados” por la luz cuentan rápidamente una historia, que poco a poco
toma sentido, pero que violentamente vuelve a comenzar de la nada, hasta el infinito.
Al comparar la obra con las dos anteriores notamos muchas semejanzas y diferencias.
En Play vemos tres urnas funerarias idénticas, de donde emergen la cabeza de un
hombre y dos mujeres. Al igual que Winnie, estos personajes se encuentran atrapados
hasta el cuello e inmovilizados, pero a diferencia de Winnie, ellos no improvisan su
identidad, sino que se ven obligados a repetir incesantemente una historia banal, que
es narrada desde sus tres puntos de vista distintos, a una gran velocidad. Winnie es
muy expresiva, mientras que ellos son impasibles. Tal como en Krapp’s Last Tape, el
escenario está rodeado de oscuridad y aparece una sola luz, y así como el timbre
tortura y regula a Winnie, la luz en Play regula la voz y funciona como inquisidora
sobre la vida y muerte de estos personajes, ya que al situarse encima de ellos, los
obliga a hablar.
82
En esta obra las cabezas de dos mujeres y un hombre emergen de grandes urnas
funerarias y un rayo de luz se sitúa sobre sus cabezas y los impulsa a hablar. Cada
uno de ellos cita de manera fragmentaria una historia que se va articulando como la
tragedia de un trío amoroso que termina en tres suicidios. Tenemos a la esposa, al
marido y a su amante, cada uno sin la conciencia de la presencia de los otros y a duras
penas conscientes de su propia muerte y de la luz que los impele. La obra trata el
momento de la muerte como un limbo en el que cesa la noción de sí mismo y en la
que la conciencia anterior a la muerte queda suspendida para siempre en un proceso
cíclico. Esta noción de eternidad y repetición es expuesta por Beckett haciendo que
el texto completo se repita tres veces seguidas, cada una de manera más rápida y
suave que la anterior, cayendo el telón al comienzo de la tercera ronda.
Dada la velocidad con la que hablan los personajes en las urnas y de la fragmentación
de su relato, la historia no es fácil de entender a la primera ronda; cuando comienza la
segunda, en la que todo vuelve a suceder de nuevo, el espectador comienza a unir los
cabos sueltos y logra organizar de mejor manera la historia en su cabeza. En esta
obra la repetición le permite al espectador unir los fragmentos y hacerse un mapa de
qué fue lo que sucedió. Aunque, como es usual en Beckett, la historia “que se cuenta”
es sólo una excusa para establecer un sistema en donde el lenguaje se desdobla en
algo distinto a lo que convencionalmente pensamos de él. La eliminación de la piedad
silencia en el espectador el último eco de una evidencia humana.
titula esta obra teatral, hace referencia al mismo tiempo al concepto de juego y al
concepto de representación teatral, los movimientos de la luz en el escenario pueden
ser vistos como el capricho juguetón de la luz, o como un inquisidor que exige el
habla a sus “víctimas”, o como el director de juego musical basado en palabras. Sin la
luz que haga hablar a los personajes, no habría obra, y por ello, este elemento se
convierte en nuestro agente teatral. Esta luz es un agente regulador, que exige la
repetición del texto por parte de las cabezas en la urna, pero a diferencia de lo que
sucede en Krapp’s Last Tape, la luz es un regulador impersonal, mientras la cinta
magnetofónica es un regulador subjetivo. Winnie se auto-regula para sobrevivir,
creando un programa de acciones, citas y recuerdos, intentando ahorrar sus palabras
para no quedarse sin ellas; la luz por su lado funciona como el timbre para Winnie, es
un agente exterior que le impone una acción. Mientras Krapp humaniza la máquina,
la luz de Play deshumaniza a los actores; la regulación en esta obra toma un nuevo
sentido.
Play es una obra altamente musical, que fue musicalizada por el músico minimalista
Phillip Glass. Mientras la presencia de estructuras musicales en Beckett es constante,
la estructura de Play está constituida por nociones musicales. Las cabezas hablan
exhortadas por la luz, pero también hablan para que ésta se aleje de ellos; sus palabras
se convierten en un mecanismo de defensa, su función deja de ser narrativa o de
comunicación de sentido para volverse meramente funcional. Pero para la audiencia,
a pesar de la gran velocidad con que son dichas, estas palabras comienzan a armar
una historia que se va aclarando con las distintas repeticiones. Nos encontramos ante
un texto de dos secciones y un coro; Beckett mismo llamó a la segunda sección la
“Meditación”, pues en esta sección las cabezas intentan decir palabras que diluciden
su situación. A pesar de que las urnas se encuentran contiguas las unas a las otras, las
cabezas no tienen conciencia de que los otros están allí. W1 (mujer 1) se pregunta si
es la verdad lo que debe decir al verse interrogada por la luz, W2 (mujer 2) se
pregunta si la luz, o alguien, en verdad está escuchando, M (el hombre) pregunta “¿he
84
perdido… algo que quieres?”89 pero siente la luz como un mero ojo, no como una
mente. Lo que presupone W1 puede tener sentido, pero la luz parece no responder a
la verdad: “Penitencia, sí, en rigor, la expiación, se había resignado, pero no, eso no
parece ser el punto tampoco”. Durante esta parte de la obra, las especulaciones sobre
lo que desea la luz se entremezclan con explicaciones de la forma en que sienten esta
luz. Ruby Cohn anota que en los primeros manuscritos de la obra, Beckett describe la
luz como “sugestiva” de manera sexual (soliciting), las cabezas de igual manera le
dan connotaciones sexuales a la luz: “Vete y empieza a tocar y el picotear a otro”. Las
connotaciones sexuales de esta parte del texto se complementan con la parte
“narrativa” del mismo, donde vemos la clásica estructura del triángulo amoroso en
que un hombre le es infiel a su esposa con otra mujer; ella lo confronta; él niega el
suceso y luego confiesa; ella lo perdona; él vuelve a serle infiel; ella sospecha y el
hombre desaparece. La historia es contada con elementos clichés del melodrama y
con gestos que contrastan de manera muy fuerte con lo que vemos en el escenario:
“Juzguen mi asombro cuando un buen día, cuando estaba sentado en la sala, él se
escabulló adentro, cayó de rodillas delante de mí, enterró su cara en mi regazo y …
confesó”. La narración de esta historia del pasado se une con los comentarios en el
presente acerca de la luz; de igual manera, los cambios arbitrarios y precipitados de la
luz, hacen que de alguna manera las cabezas comiencen a contestarse entre ellas.
Luz de W1 a W2
W2: Cuando llegó de nuevo tuvimos que salir. Me sentí morir […]
Luz de W2 a W1
89
Beckett, Samuel. Play. Disponible en: [Link]
recuperado el 24 de enero de 2010.
85
M no es capaz de decidirse y al tiempo que dice necesitar a las dos, dice que todas las
mujeres son alimañas. De igual manera la obra se constituye como una gran ironía,
los tres están contiguos los unos a los otros pero no se ven, hablan constantemente
sobre referencias físicas, como olores o partes del cuerpo, a pesar de que sus cuerpos
están invisibles al público en las urnas; aunque sus voces no tienen tono, el ritmo que
se construye entre las voces de los tres es rico en aliteraciones y rimas; de igual
manera se establece una contraposición en M entre lo que dice y piensa:
I ran into your ex-doxy, she said one night, on the pillow, you’re well out of
that. Rather uncalled for, I though. I am indeed, sweetheart, I said, I am indeed.
God what vermin women. Thanks to you angel, I said.90
Después de las repeticiones de toda la historia, vemos que la luz está tan subyugada a
las voces como éstas a la luz, las relaciones de poder cambian de manera inestable.
90
Me encontré con tu ex, dijo una noche, en la almohada, estás bien, alejado de eso. Que fuera de
lugar, pensé. Lo estoy, cariño, le dije, lo estoy. Dios que las mujeres parásitos. Gracias a ti ángel, me
dijo. (Dejo estas citas en el idioma original ya que el juego musical que propone el autor sólo funciona
en este idioma) Beckett, Samuel. Play. Disponible en:
[Link] recuperado el 24 de enero de 2010.
86
Mientras en las obras anteriores las relaciones de poder eran más claras, Play
establece un punto de ambigüedad en donde las relaciones de poder están presentes
pero es difícil establecer en verdad quién lo detenta.
En cuanto juego, Play puede verse como una forma de ritual de muerte, que se repite
al infinito; el ritual es una forma o estructura, definida por la acción de una o más
secuencias más o menos invariables, que sucede en un lugar y tiempo específico e
involucra uno o más sujetos. Esta obra de Beckett, como es usual en los performance
o en los rituales, no es sólo una forma de expresar algo, sino que es en sí misma un
aspecto primordial de lo que se expresa, pero Play no es del todo un ritual. El
concepto de “juego” hace que sea más flexible, la luz establece las reglas del juego y
la repetición del mismo lo consolida como una actividad que no tiene necesariamente
un objetivo último utilitario. Se suelta del mundo y se recrea a sí misma, lo cual
brinda la posibilidad de reestructurar la realidad porque se establece como un mundo
con sus propias reglas. Podemos decir que en el juego que establece el nombre “play”
Beckett produce una reflexión sobre la capacidad performativa del teatro en tanto
juego, en tanto posibilidad de repetirse, y explora las posibilidades del juego infinito,
aquel que no posee más fin que el juego mismo. En un ensayo sobre teatro titulado
Código y teatralidad, André Helbo nos dice que los índices de la representación
teatral ofrecen claves posibles (información) de un mensaje cuyo sentido (la
significación) estará forzosamente oscurecido para autorizar el placer estético91. La
decodificación teatral se distingue, pues, en este caso, de la comunicación lingüística;
por lo tanto, está en capacidad (como acto performativo ajeno a la comunicación
lingüística) de reflexionar sobre el lenguaje, dándole el poder de convertirlo en ruido,
música, filosofía, silencio o simple absurdo. De esta manera, Play se constituye como
un espacio en donde Beckett se pregunta sobre el lenguaje y el teatro, y nos obliga no
91
Helbo, André. “Código y teatralidad” en Semiología del teatro. Barcelona: Planeta, 1975. p. 132.
87
sólo a ver la obra, sino a leerla, debido a que el coro termina siendo incomprensible
ya que las tres cabezas hablan al tiempo a grandes velocidades92.
En las tres obras que analizamos se muestran distintas facetas de la visión de Beckett
sobre el mundo y el arte; vemos cómo distintas concepciones y tradiciones se ven
atacadas de manera particular por cada una de ellas: las nociones de individuo, de
lenguaje, de tradición, de teatro, de esperanza y de lógica entre otras son revaluadas
por el teatro del beckettiano y responden a la coyuntura personal, social e histórica
que se vive durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial.
92
Invito al lector a buscar en internet las distintas representaciones de la obra, especialmente la versión
en film de Anthony Minghella, que se encuentra de manera gratuita en páginas web como
[Link]
88
Conclusiones
La obra de Beckett establece una serie de rupturas tanto con las formas tradicionales
de teatro como con las formas contemporáneas de literatura. El lector de nuestros días
está de alguna manera acostumbrado a una literatura en la que los personajes carecen
de nombre, debido a las incesantes mutaciones que sufren durante las obras o debido
a la estructura narrativa de las mismas. Pero las obras de Beckett representan el
proceso de desintegración del nombre propio, así como de la capacidad del lenguaje
para hablar de manera efectiva. Krapp se extraña ante sus propias palabras en la cinta,
Winnie tiene problemas para recordar lo sucedido y usa el lenguaje sólo para no caer
en el silencio, para auto-convencerse, y en Play el lenguaje más que contar una
91
historia, se convierte en música, en sonido que llena el silencio. Las obras de Beckett
nos hacen comprender que el lenguaje es una representación, una estructura que
modela el pensamiento de quien la utiliza. Hablar un lenguaje equivale a someterse a
su sintaxis, semántica y gramática, es decir, a su representación. En Beckett el
problema es representar el dilema de la representación, y en las obras del autor
adquiere un alcance trágico debido a que el ser del hombre está vinculado al ser del
lenguaje. Y si el hombre rompe este vínculo se convertirá en algo mudo, será el
vacío.
Por otro lado, Beckett presenta con gran potencia y un sentido del humor trágico el
patético vínculo entre las cosas y el yo. Esta subordinación a las cosas (Krapp a la
cinta, Winnie a los elementos en su bolso) permite adivinar el terror al vacío. Nos
llenamos de cosas para disipar la impotencia del ser, buscamos consolidar nuestra
identidad por medio de los elementos que poseemos y nos rodean. Las múltiples
metamorfosis del yo, que se transforma en un “nosotros” en un “él” y en un “otro”, y
en una red de parejas en las obras del autor, no invalidan la idea de que se trata de una
obra que cuenta sin cesar la historia del Yo. No de un yo que muestra sus rasgos
93
Citado por Melese, Pierre. Samuel Beckett. Paris: Éditions Seghers, 1966. p. 137
92
Si para los clásicos la verdad era una y universal, para los románticos estaba fundada
en el propio yo. A partir de los románticos se desarrollará una literatura que afirmará
más y más el poder autónomo del sujeto, llevando el arte a una absoluta autonomía de
la realidad subjetiva, tal como la vemos, por ejemplo, en Marcel Proust. La
desintegración del yo en Proust es una amenaza dada por una amnesia momentánea, a
una dificultad pasajera de adentrarse en los recuerdos. El problema radica en asegurar
la identidad ante un mundo que vacilaba. Se es extraño a lo exterior, en ocasiones a sí
mismo, pero nunca del todo. En Beckett, este extrañamiento es constante y perpetuo,
la identidad nunca es estable y el yo se desdibuja. El yo se revela simplemente como
un calmante ontológico; el personaje de Beckett es la conciencia que rasga, que
habita el mundo interior y el exterior pero que parece no habitar realmente ninguno.
No está en parte alguna, nada es y no tiene por qué serlo.
Referencias bibliográficas
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95
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