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Winnicott

El autor describe la experiencia clínica con una paciente melancólica llamada Helena, notando su desestructuración corporal y psíquica. Helena presentaba dificultades en varias áreas de su vida y usaba las sesiones para descargar información sin escuchar al analista. El autor busca demostrar los desafíos del tratamiento de la melancolía y cómo la clínica psicoanalítica puede lograr resultados.

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Winnicott

El autor describe la experiencia clínica con una paciente melancólica llamada Helena, notando su desestructuración corporal y psíquica. Helena presentaba dificultades en varias áreas de su vida y usaba las sesiones para descargar información sin escuchar al analista. El autor busca demostrar los desafíos del tratamiento de la melancolía y cómo la clínica psicoanalítica puede lograr resultados.

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“EL CUERPO DESESTRUCTURADO DE LA MELANCOLÍA”

Tiago Julio Bonfada

Eje II: Cuerpo en la Clínica


Descriptores:​ Palabras clave: melancolía, falso self, holding, experiencia clínica.

Resumen:

El autor pretende demostrar la presencia de la desestructura corporal y psíquica que se

encuentra en la melancolía. Realiza un relato de una experiencia clínica con una paciente,

haciendo una breve entrelazamiento con algunas teorías psicoanalíticas de Spitz y Winnicott

encaminadas a una mejor comprensión de esta enfermedad. Su objetivo es demostrar cuánto,

a través del lenguaje corporal, este tipo de pacientes apuntan a los cambios estructurales de

naturaleza psíquica, bien como cuánto es duro y difícil el manejo de estos casos. Por otra

parte busca demostrar cómo la clínica psicoanalítica puede lograr buenos resultados

terapéuticos en estos casos de trastornos narcisistas, y cómo es enriquecedor para la pareja

terapéutica cuando pueden persistir en el trabajo analítico.

Desarrollo

Pretendo describir, a través de este estudio, experiencias psicoanalíticas con una paciente

melancólica, asociando algunas teorías psicoanalíticas que buscan una mejor comprensión de

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esta enfermedad. Intento demostrar cuánto, a través del lenguaje corporal, este tipo de

paciente apunta a los cambios estructurales de naturaleza psíquica, y cuánto es duro y difícil

el manejo de estos casos. Por otro lado buscaré demostrar cómo la clínica psicoanalítica

puede lograr buenos resultados terapéuticos en estos casos de trastornos narcisistas, y cómo

es enriquecedor para la pareja terapéutica cuando pueden persistir en el trabajo analítico.

Los primeros contactos que tuve con esta paciente, a quien llamaré Helena, se producen en el

momento en que yo estaba empezando mi clínica psicoanalítica, así como mi formación. En

la primera entrevista en mi oficina entra una mujer que aparentaba tener entre 50 y 60 años,

haciendo un esfuerzo intenso para caminar hasta el diván, donde se sentó. Empezó a hablar

de sus problemas, pero lo que más llamaba mi atención fue cómo se comportaba. Mi

sensación era que ella estaba hundida en el diván, literalmente, como si no tuviera huesos.

Parecía una carne flácida vestida con una piel mayor que la que se necesita para contenerla.

Hablaba haciendo gestos con los labios. No parecía preocuparse con su cuidado, visto que

estaba despeinada, algo desalineada, usando ropas sin color. Entre estas primeras

impresiones, me impactó pensar que la mujer parecía una muerta viviente.

A pesar de aparentar poca vitalidad, hablaba sin interrupción, sin tomar en cuenta los

vínculos entre los asuntos que abordaba. Me sentí asolado por tal cantidad de información y

no sabía qué hacer con todo eso. Cualquier intento de señalar o preguntar acerca de lo que

estaba hablando era inmediatamente pulverizado por la descarga de cosas que Helena

necesitaba depositar allí, sobre mi. La prisa que ella demostraba tener en ser atendida hacía

eco en mi propia "prisa" para asumirla como paciente. Como toda persona que sabe poco

sobre determinado asunto asume riesgos desconocidos debido a su propia ignorancia, me

arriesgué a tomarla en tratamiento.

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Esas primeras impresiones fueron como una especie de premonición de la calidad del

tiempo que viviríamos juntos a partir de allí.

En las entrevistas iniciales dió continuidad al uso que hacía de este espacio. Hizo una

descripción muy amplia de su vida, hablando de forma casi automática sobre cuánto se sentía

angustiada, triste, no tenía ganas de hacer nada más que acostarse en su cama. Pasaba gran

parte de su tiempo, en casa y en las sesiones, hablando de su primera infancia. Y cuando

hablaba, lloraba casi todo el tiempo. Se sentía como un bebé, que no puede hacerse cargo de

sus propias necesidades solo. Se quejaba de su madre, que nunca la quiso, y mucho menos la

deseó. Que nunca había recibido nada bueno en su vida. Helena contaba que su madre

siempre dejaba claro que no habia querido tener hijos. Que estos llegaron apenas como

entrometidos. Helena fue amamantada hasta los tres meses.

Se quejaba de su marido. Se quejaba de no haber tenido hijos. Su casamiento era

apenas de 'apariencia' porque su marido tenía varias amantes, y pasaba la mayor parte del

tiempo ridiculizándola. No trabajaba desde hacia dos años porque no tenía más 'condiciones'

para eso.

Consiguió recibirse con mucho esfuerzo en una buena facultad y trabajó durante

aproximadamente durante 15 años, pero no reconoció nada de esto como logros, sino como

signos de su incapacidad, pues había planeado su vida de una manera totalmente diferente, y

ahora estaba viviendo toda esta frustración.

Acompañó la enfermedad y la muerte de sus padres y de un hermano, 'haciendo todo

por ellos'. Y ahora estaba sola, no tenía a nadie para ayudarla. Todo su discurso se basaba en

una victimización. Víctima de la sociedad, de los padres, los hermanos, esposos, del sistema

político, y por qué no, del analista. Podemos ver cuánto esta paciente sufria, y presentaba

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dificultades en prácticamente todas las áreas de su vida: emocional, profesional, familiar,

económica, física.

Contaba, quejándose, de que no podía controlar ni su propio cuerpo. Desde que su

madre (una vez más) la había forzado, con sólo dos años, a hacer caca y pis apenas en el

orinal y en el inodoro, sus intestinos y vejiga nunca más volvieron a ser los mismos. "Son

ellos los que ordenan mis decisiones. No puedo ir a ninguna parte sin antes verificar la

existencia de baños. Cuando vienen las ganas, necesito ir en ese momento. Una vez, cuando

iba a la universidad, terminé haciendo caca en los pantalones. Aprendí una forma de orinar de

pie, y por eso, hoy, cuando voy a un lugar desconocido, voy de pollera larga y sin bragas.

Abro las piernas y lo hago en cualquier lugar y nadie se da cuenta. ¿Cuántas cosas dejé de

hacer por temor a ser ridiculizada por esa causa?". Helena demostraba en el análisis cuán

incontinente era. A veces yo sentía que usaba el tratamiento principalmente como un orinal,

donde podía desaguar todo eso que le hacia mal.

Contratransferencialmente yo me sentia usado, anulado, sin valor, impotente, ya que

casi no me escuchaba, todo lo que hablaba en sesión no le ayudaba, no tenía sentido para ella,

o ella pensaba que ya sabía. Entonces yo me quedaba cada vez más callado. A veces

sientiéndome aplastado, presionado, en fin, noqueado.

Fueron muchas las veces que pensé que yo no iba a aguantar, que tal vez ella

necesitaba otra ayuda más capacitada de aquella que yo podría ofrecer. Especialmente cuando

la paciente comenzó a hablar de suicidio, describiendo toda una escena en la que cortaria sus

muñecas acostada en una bañera con agua caliente. Pero, por mi parte, busqué ayuda

supervisionada y conseguí mantenerme firme, constante, sin faltar a sus sesiones, porque ella

tampoco faltaba.

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Helena prácticamente no traía sueños al tratamiento, pero, luego en las primeras

sesiones, trajo el siguiente relato:

P: - Soñé que estaba entrando en un gran proyecto. Como si hubiera ganado una beca

o algo así. Al principio recibí una carpeta que tenía escrito FINI, no sé por qué. La

recepcionista tenía un collar de perlas. A mi me gustan mucho las perlas, pero yo no quise.

En ese momento me di cuenta que había otras personas que también estaban allí porque

habían recibido la misma beca. Se convirtió en una multitud queriendo un lugar. Entonces

comienzo a correr, porque lo necesitaba. Me paso todo el tiempo corriendo, y eso se convierte

en un sube y baja condenado. Ahí huyo como una loca. Yo no descanso nunca. Creo que este

sueño representa mi vida, siempre he tenido que perseguir las cosas, y la verdad nunca supe

exactamente lo que quería hacer, como si estuviera siendo sofocado por las personas...

Una de las sensaciones que traía a menudo era que estaba al borde de un precipicio.

Decía que se sintió asi toda la vida. Como si tuviera que estar todo el tiempo alejándose de

eso. Por otro lado tenía la sensación de que se quebraria (en su entendimiento,

financieramente), que no sería capaz de mantener su tratamiento, que estaría siendo

succionada o engañada financieramente en su terapia.

Era impresionante la capacidad intelectual de Helena, que parecía conocer en

profundidad diversos temas: historia, geografía, política, arte, música... Pasaba muchas horas

de sus días leyendo. Sin embargo, esas informaciones no parecian enriquecerla, como sería de

esperar, sino más bien lo contrario: la mayoria de las veces la oprimían, justamente porque no

podía hacer uso de ellas a su favor.

A partir de este momento paso para realizar un breve estudio teórico en busca de una

mejor comprensión de lo que estaba ocurriendo con nosotros.

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Creo que es de gran valor para la comprensión de las bases etiológicas de la

melancolía, los estudios de Spitz. Guiado por la observación de bebés, Spitz demuestra que a

partir de la cuarta semana de vida, sólo hay un objeto de percepción que el bebé sigue con los

ojos, a la distancia, y ese objeto es la cara del adulto. Por lo tanto, es la amamantación que

"inicia la transición de la percepción exclusivamente por contacto hacia la percepción a la

distancia. Esa experiencia activa el sistema perceptivo diacrítico, que sustituye gradualmente

la organización cenestésica original y primitiva" (Spitz, 1965, p. 57) Es el afecto asociado

con la experiencia de la lactancia materna que allana el camino para el desarrollo de la

psique, activación el sistema diacrítico. Como el sistema diacrítico es también corporal, creo

que podemos reflexionar sobre cómo las enfermedades psicosomáticas están asociadas con

los trastornos narcisista.

"A pesar de que el equipo innato existe en el bebé desde el primer minuto de vida,

tiene que ser activado; la chispa vital tiene que ser dada al equipo a través de intercambios

con otro ser humano, con un par, con la madre. Sólo una relación recíproca es capaz de eso.

Sólo una relación recíproca puede proporcionar el factor experimental para el desarrollo del

bebé, consistiendo, como consiste, en un intercambio circular continuo, en el que los afectos

desempeñan el papel principal." (Spitz, 1965, p. 72) Cuando el bebé siente una necesidad,

precisa activar una respuesta emocional de la madre, que lo entiende y responde. "Cada uno

de ellos es el complemento del otro, y mientras la madre proporciona al bebé lo que necesita,

el bebé a su vez proporciona lo que necesita la madre." (Spitz, 1965, p. 72)

Winnicott, a su vez, amplía la visión psicoanalítica del proceso de desarrollo de la

psique humana, a partir de la visión de una unidad entre el bebé y el cuidado materno

(Winnicott, 1960, p. 42), de manera que el niño es incapaz de controlar o sentirse responsable

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de lo bueno y malo que sucede en el ambiente, siendo la madre responsable de ese auxilio.

(Winnicott, 1960, p. 39) Cree que en este período inicial de la lactancia materna, es el ego

materno el que complementa el ego del bebé, fortaleciéndolo y estabilizándolo.

A la ansiedad generada en este momento del desarrollo del lactante, Winnicott la

llama ansiedad de aniquilamiento (Winnicott, 1960, p. 42), por ser diferente de la ansiedad de

castración o de separación.

En esta etapa, llamada Holding, el lactante se encuentra bajo dependencia absoluta del

ambiente externo (madre), donde ésta tiene como función principal reducir al mínimo las

irritaciones. Estos cuidados están asociados al cuerpo, protegiéndolo de agresiones

fisiológicas, y permite al bebé vivenciar su omnipotencia y su falta de conocimiento de la

existencia de cualquier otra cosa que no sea él mismo de manera no perturbadora. Estas son

las primeras semanas después del parto, e incluyen una completa rutina, día y noche. A esta

capacidad empática para comprender las necesidades del bebé, esta devoción que las madres

generalmente desarrollan en este periodo, Winnicott llama de "preocupación maternal

primaria".

Con la ayuda materna el ego pasa de un estado no integrado a una "integración

estructurada, de manera que el niño se vuelve capaz de experimentar la ansiedad que se

asocia con la desintegración. La palabra desintegración comienza a tener un sentido que no

tenía antes de la integración del ego convertirse en un hecho." (Winnicott, 1960, p. 44) Esto

permite la percepción, por parte del lactante, de una existencia psicosomática, de una

inserción de la psique en el soma, a través precisamente de la percepción de una membrana

limitante, de la superficie de su piel, junto con el despertar de la inteligencia. En este

momento "el bebé cambia de una relación con un objeto subjetivamente concebido a una

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relación con un objeto objetivamente percibido." (Winnicott, 1960, p. 45) Esto en un

momento en el que ya está preparado (desarrollado) lo suficiente como para ser capaz de tal

percepción.

Cuando el cuidado materno no es suficientemente bueno, el bebé es activado en su

percepción para algo externo de manera precoz, generando fallas en la vivencia de su

omnipotencia. Empieza a vivir su id como algo desagradable, pues todavía no es capaz de

reconocer lo que está dentro y lo que está fuera. Winnicott nos enseña que de esta forma "el

lactante realmente no existe, ya que no hay continuidad del ser; en cambio la personalidad se

comienza a construir sobre la base de las reacciones a las irritaciones del medio."(Winnicott,

1960, p. 53) Cuando el ego aún no es capaz de incorporar las irritaciones (tanto las de afuera

como las de adentro), estas se convierten en traumáticas para el 'venir-a-ser' del bebé. "Todos

los procesos de un ser vivo constituyen un venir-a-ser, una especie de plan para la existencia.

La madre que es capaz de dedicarse, por un tiempo, a esa tarea natural, es capaz de proteger

el venir-a-ser de su bebé". (Winnicott, 1960, p. 82) Cuando esta unidad va bien, las

exigencias del id son sentidas como partes del self, y sus satisfacciones como fortificantes del

ego o del self verdadero.

La madre que falla en repetidas ocasiones en satisfacer el gesto del bebé provoca una

especie de sumisión del lactante, y esta sumisión es la primera etapa del falso self. Es

importante para el bebé ser capaz de disfrutar de la ilusión de su propia omnipotencia, y más

tarde llegar a reconocer este componente difícil de alcanzar y así pasar a jugar e imaginar.

Viene de aquí la base para la formación de símbolos. Por otro lado con la madre no

suficientemente buena esos procesos permanecen bloqueadas. "El bebé permanece aislado.

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En la práctica el bebé sobrevive, pero sobrevive falsamente." (Winnicott, 1960, p. 134) Por lo

general, con irritabilidad y trastornos gastrointestinales.

Para Winnicott el falso self tiene la función de ocultar y proteger el self verdadero, sea

lo que sea. "El interés principal del falso self es la búsqueda de condiciones que hagan

posible al verdadero ser emergir. Si no se pueden encontrar estas condiciones, entonces

nuevas defensas tienen que ser reorganizadas contra el despojo del self verdadero, y si hay

duda, el resultado clínico puede ser el suicidio." (Winnicott, 1960, p. 131) La desconfianza de

Helena frente a su tratamiento era clara, señalando su ambivalencia entre el miedo y el deseo

frente a la posibilidad de vivir algo de naturaleza diferente de aquello a lo que está

acostumbrada.

Vemos cómo estos procesos están implicados en el desarrollo de la melancolía, cuyos

portadores presentan dificultades en el manejo de su propio cuerpo, por lo general quejándose

de trastornos gastrointestinales, problemas de la piel, alteraciones cardíacas o enfermedades

autoinmunes, en definitiva, precisamente porque es del self verdadero que proviene la

vitalidad de los tejidos del cuerpo y el desempeño de las funciones del cuerpo, incluyendo la

acción del corazón y la respiración. (Winnicott, 1960, p. 135).

Conclusiones

Creo que toda la desestructura corporal que Helena presentaba desde nuestros

primeros encuentros apuntaba hacia una desestructuración psíquica.

Después de algunos años de trabajo duro y dedicación, Helena ha estado haciendo

grandes cambios en su vida: viene consiguiendo vivenciar sus propios deseos como algo

natural y no tan peligroso. Las fantasías de estar completamente sola fueron reemplazadas por

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una mejor aceptación de su condición solitaria, de la que viene siendo capaz de sacar algun

provecho de una manera más integrada.

Se siente algo más segura, y con eso menos perseguida por ideas asociadas a romper.

Viene consiguiendo 'equilibrar sus cuentas'.

Fue muy gratificante el día en que Helena, después de cinco años de tratamiento, trajo

un sueño en el que relataba que se habia caído en un precipicio, pero se dio cuenta de que en

su mano tenía una linterna, y que era capaz de iluminar algunas áreas allá abajo, y esto la

dejaba más segura.

Alrededor del séptimo año de tratamiento ella trajo otro sueño donde había una capilla

verde, casi como un santuario, y allí podía sentirse realmente en paz. Me dijo, en esa sesión,

que su huerto estaba dando muchos frutos, entre ellos un limonero de diez años de edad que

nunca habían dado fruto. Una vainilla que había heredado de su madre, estaba floreciendo

después de diecisiete años sin flores. Me dijo que se sentía bien en su casa, y que no

recordaba haberse sentido así antes. Dijo estar agradecia al análisis por ello.

Creo que el psicoanálisis viene posibilitando una nueva estructuración corporal y

psíquica para Helena. Hemos sido capaces, a lo largo de estos siete años, de construir nuevas

posibilidades donde los tópicos de sus relaciones no son más solamente la incontinencia, lo

desagradable, la tristeza, el dolor. Helena viene compartiendo conmigo sus logros con menos

temor de ser robada, engañada o burlada. Esto no quiere decir que no haya más momentos

difíciles, pero que, paso a paso, la intensidad y la frecuencia de estos momentos están siendo

reemplazados por otros, de naturaleza más amorosa y creativa.

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Mientras Helena viene pudiendo sentirse más estructurada, creo que yo, por mi parte,

también me ví auxiliado por nuestra experiencia en conjunto con la consolidación y

estructuración de mi hacer analítico. Ambos somos actualmente más seguros.

En tiempos en que somos asolados por informaciones a través de una innúmera

variedad de medios, creo que el psicoanálisis se presenta como una herramienta que nos

ayuda en la integración de esos datos, bien como en la producción de nuevos conocimientos,

fortaleciendo nuestro cuerpo y dando nuevos significados a nuestra existencia humana.

Bibliografía

Spitz, René Arpard. 1887-1974 O Primeiro ano de vida : um estudo psicanalítico do


desenvolvimento normal e anômalo das relações objetais / René A. Spitz, com a colaboração
de Godfrey Cobliner ; [tradução Erothildes Millan Barros da Rocha ; revisão Monica Stahel
M. da Silva]. – 7ª ed. – São Paulo : Martins Fontes, 1996.

Winnicott, D.W. – O ambiente e os processos de maturação: estudos sobre a teoria do


desenvolvimento emocional. Trad. Por Irineo Constantino Schuch Ortiz. Porto Alegre,
Artmed, 1983.

Winnicott, D.W. – O brincar e a realidade. Trad. Por José Octávio de Aguiar Abreu e
Vanete Nobre. – Rio de Janeiro : Imago, 1975.

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