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Cita Con Dios

El hombre acude a una cita con Dios pero se retrasa al auxiliar a un niño que sufre un ataque epiléptico. Aunque llega tarde a la cita, Dios le hace ver que al ayudar al niño lo ayudó a él mismo, pues en la Biblia se dice "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis". El documento promueve el amor y la compasión hacia los demás como forma de acercarse a Dios.
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Cita Con Dios

El hombre acude a una cita con Dios pero se retrasa al auxiliar a un niño que sufre un ataque epiléptico. Aunque llega tarde a la cita, Dios le hace ver que al ayudar al niño lo ayudó a él mismo, pues en la Biblia se dice "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis". El documento promueve el amor y la compasión hacia los demás como forma de acercarse a Dios.
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Cita con Dios

Una vez un hombre muy afortunado había conseguido la mejor entrevista de


su vida: Iba a entrevistar ni más ni menos que a Dios.

Esa tarde el hombre llegó a su casa dos horas antes, se arregló con sus
mejores ropas, lavó su automóvil e inmediatamente salió de su hogar. Condujo
por la avenida principal rumbo a su cita, pero en el trayecto cayó una lluvia
que produjo un embotellamiento de tránsito y quedó parado.

El tiempo transcurría, eran las 7:30 y la cita era a las 8:00 p.m.
Repentinamente le tocaron el cristal de la ventanilla y al voltear vio a un
chiquillo de unos nueve años ofreciéndole su cajita llena de chicles goma de
mascar. El hombre sacó algún dinero de su bolsillo y cuando lo iba a entregar
al niño ya no lo encontró. Miró hacia el suelo y ahí estaba, en medio de un
ataque de epilepsia.

El hombre abrió la portezuela e introdujo al niño como pudo al automóvil.


Inmediatamente buscó cómo salir del embotellamiento y lo logró, dirigiéndose
al hospital más cercano. Ahí entregó al niño, y después de pedir que lo
atendiesen de la mejor forma posible, se disculpó con el doctor y salió
corriendo para tratar de llegar a su cita con Dios.

Sin embargo, el hombre llegó 10 minutos tarde y Dios ya no estaba. El hombre


se ofendió y le reclamó al cielo:

- Dios mío, pero tu te diste cuenta, no llegué a tiempo por el niño, no me


pudiste esperar... ¿Qué significan 10 minutos para un ser eterno como Tú?

Desconsolado se quedó sentado en su automóvil; de pronto lo deslumbró una


luz y vio en ella la carita del niño a quien auxilió. Vestía el mismo abrigo
deshilachado, pero ahora tenía el rostro iluminado de bondad.

El hombre, entonces, escuchó en su interior una voz que le decía:

--- Hijo mío, no te pude esperar y salí a tu encuentro.

..." En cuanto lo hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños... a mí lo


hicisteis..."

Dios nos busca, y el mismo deseo que sentimos de ir a él no es más que la


atracción de su Espíritu. Cedamos a esta atracción. Cristo intercede en favor
de los tentados, los errantes y aquellos a quienes falta la fe. Trata de
elevarnos a su compañerismo

El amor era el ambiente en el cual Cristo se movía, caminaba y trabajaba. Vino


a rodear al mundo con los brazos de su amor... Hemos de seguir el ejemplo
presentado por Cristo y hacer de él nuestro modelo, hasta que tengamos el
mismo amor por el prójimo que él manifestó por nosotros. Trata de
impresionarnos con la profunda lección de su amor... Si nuestro corazón se ha
dado al egoísmo, que Cristo lo llene de su amor. Desea que lo amemos
plenamente, y nos anima, y aún más, nos manda que nos amemos los unos a
los otros de acuerdo con el ejemplo que nos ha dado. Ha hecho del amor la
insignia de nuestro discipulado... Esa es la medida que debemos alcanzar: "
Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado ".

¡Qué amor más alto, más profundo y más ancho!

Este amor no debe abarcar solamente a unos cuantos favoritos, sino que debe
llegar hasta la más baja y humilde de las criaturas de Dios. Jesús dice: " En
cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo
hicisteis "...

El amor y la simpatía que Jesús quisiera que brindáramos a los demás no


tiene sabor a sentimentalismo, que es una trampa para el alma; es un amor de
origen celestial, que Jesús practicó por precepto y ejemplo. Pero en lugar de
manifestar ese amor, nos sentimos separados y enajenados los unos de los
otros... El resultado es una separación de Dios, una experiencia malograda, el
menoscabo del crecimiento cristiano.
El amor de Jesús es un principio activo que une corazón con corazón en lazos
de comunión cristiana. Cada persona que entre en el cielo habrá sido
perfeccionada en amor en la tierra; porque en el cielo los objetos de nuestro
interés lo serán el Redentor y los redimidos. Dios no quiere que nos
coloquemos en el tribunal y nos juzguemos unos a otros... Cuando vemos
errores en otros, recordemos que tenemos faltas más graves, quizá, a la vista
de Dios, que la falta que condenamos en nuestro hermano. En vez de publicar
sus defectos, pedir a Dios que lo bendiga, y ayudarlo a vencer su error.

Cristo aprobará este espíritu y proceder, y abrirá el camino para que hablemos
una palabra de sabiduría que fortalecerá y ayudará al que es débil en la fe. La
tarea de edificación mutua en la santísima fe es una obra bendita; pero la
tarea de derribar es una obra llena de amargura y dolor. Cristo se identifica a
sí mismo con sus hijos dolientes; pues dice: " En cuanto lo hicisteis a uno de
estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis " S. Mateo 25: 40.....
Cada corazón tiene sus propios dolores y desengaños, y debemos procurar
aliviarnos mutuamente las cargas manifestando el amor de Jesús a los que
nos rodean. Si nuestra conversación fuera sobre el cielo y las cosas
celestiales, pronto las malas conversaciones dejarían de atraernos... .En vez
de encontrar faltas en otros, examinémonos a nosotros mismos. La pregunta
de cada uno de nosotros debiera ser:

¿Es recto mi corazón delante de Dios?

¿Glorificará a mi Padre celestial este proceder?

Si hemos fomentado un mal espíritu, desterremoslo del alma. Nuestro deber


es desarraigar del corazón todo lo que contamine; debiera arrancarse cada
raíz de amargura, para que otros no se contaminen con su perniciosa
influencia. No permitamos que quede en el terreno del corazón ninguna planta
venenosa. Arrancar en esta misma hora, y plantemos en su lugar la planta del
amor. No nos encerremos en nosotros mismos; ni nos contentemos con cifrar
todos nuestros afectos el uno en el otro. Aprovechar toda ocasión de trabajar
por aquellos que nos rodean y compartir con ellos nuestro afecto. Las palabras
amables, las miradas de simpatía, las expresiones de aprecio serían para
muchos de los que luchan a solas como un vaso de agua fresca para el
sediento. Una palabra de estímulo, un acto de bondad contribuyen mucho a
aliviar el fardo que pesa sobre los hombros cansados.

La verdadera felicidad consiste en servir desinteresadamente a otros. Cada


palabra, cada acción ejecutada en este espíritu queda anotada en los libros
del cielo como habiendo sido dicha o hecha para Cristo. Los que más se
esfuerzan por conseguir su propia felicidad son miserables. Los que se olvidan
del yo en su interés por los demás reciben reflejadas en sus propios
corazones, la luz y las bendiciones que les dispensan. . . Todo lo que
poseemos nos ha sido confiado en calidad de préstamo. Sin embargo, cuando
él nos recompense con su aprobación, es como si los méritos fueran
nuestros: " Bien, buen siervo y fiel " S. Mateo 25: 23

No es la magnitud de la obra que hacemos, sino el amor y la fidelidad con que


la realizamos lo que merece la aprobación del Salvador. Toda acción que
hagamos para favorecer al pueblo de Dios será considerada como hecha a él.
Los redimidos se encontrarán y reconocerán a las personas por ellos
conducidas al Salvador.

¡Qué bienaventurada plática sostendrán con esos seres!

"Yo era un pecador -dirá uno-, sin Dios y sin esperanza en el mundo; tú te
acercaste a mí y me diste a conocer el precioso Salvador como mi única
esperanza ", ..... Otros dirán: " Cuando la desesperación cegó mi alma con
incredulidad, el Señor te envió a mí, para que hablaras palabras de consuelo.
Me trajiste alimento para suplir mis necesidades físicas, y me abriste la
Palabra de Dios, haciéndome comprender mis necesidades espirituales. Me
trataste como a un hermano. Me inspiraste confianza en el hecho de que
Cristo me salvaría. Mi corazón se suavizó y ablandó hasta quebrantarse, ... Y
aquí me tienes, salvado eternamente para vivir siempre en su presencia y
alabar al que entregó su vida por mí ".

¡Qué regocijo sentirán esos redimidos al encontrarse y saludar a los que se


preocuparon por su salvación!

¡Cuánto gozo y satisfacción sentirán palpitar en su corazón!

En aquel día, Cristo no presenta a los hombres la gran obra que él hizo para
ellos al dar su vida por su redención. Presenta la obra fiel que hayan hecho
ellos para él. A los puestos a su diestra dirá:

" Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros


desde la fundación del mundo porque tuve hambre, y me disteis de comer;
tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me
cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí "
S. Mateo 25: 34 - 36

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