San Agustín: Vida y Legado Cristiano
San Agustín: Vida y Legado Cristiano
Retrato más antiguo conocido de san Agustín. Fresco del siglo vi, en el Palacio de
Letrán, Roma.
Obispo de Hipona
396-28 de agosto del 430
Predecesor Valerio
Sucesor Eraclio
Doctor de la Iglesia
proclamado el 20 de septiembre de 1295 por el papa Bonifacio VIII
Información personal
Nombre de nacimiento Aurelio Agustín
Nombre en latín Aurelius Augustinus Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 13 de noviembre del 354
Tagaste (Imperio romano)
Fallecimiento 28 de agosto del 430 (75 años)
Hipona (Imperio romano de Occidente)
Sepultura San Pietro in Ciel d'Oro Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Cristianismo
Familia
Padres Patricio Aurelio
Mónica de Hipona
Hijos Adeodato
Información profesional
Ocupación Sacerdote, obispo, teólogo, filósofo y escritor
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 391
Ordenación episcopal 395 por Megalio, obispo de Calama (Numidia)
Festividad 28 de agosto (Occidente)
15 de junio (Oriente)
5 de mayo (conversión de san Agustín vetus ordo)
24 de abril (ídem novus ordo)
Atributos Vestiduras episcopales, libro y corazón flameante
Venerado en Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Iglesias ortodoxas orientales,
Iglesia anglicana e Iglesia luterana
Obras notables
Confesiones
La ciudad de Dios
La Trinidad Ver y modificar los datos en Wikidata
Títulos y
reconocimientos[mostrar]
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Agustín de Hipona o Aurelio Agustín de Hipona (en latín, Aurelius Augustinus
Hipponensis),1 conocido también como San Agustín (Tagaste, 13 de noviembre del 354-
Hipona, 28 de agosto del 430),2 fue un escritor, teólogo y filósofo cristiano.
Después de su conversión, fue obispo de Hipona, al norte de África desde donde
dirigió una serie de luchas contra las herejías de los maniqueos, los donatistas y
el pelagianismo.
Es venerado como santo por varias comunidades cristianas, como la Iglesia católica,
ortodoxa, oriental y anglicana. La Iglesia católica lo considera Padre de la
Iglesia latina o de Occidente y el 20 de septiembre de 1295 el papa Bonifacio VIII
lo proclamó Doctor de la Iglesia por sus aportes a la doctrina católica, junto con
Gregorio Magno, Ambrosio de Milán y Jerónimo de Estridón.5 Su fiesta litúrgica se
celebra el 15 de junio y el 28 de agosto.
Biografía
Nacimiento, infancia y adolescencia
San Agustín nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, una antigua ciudad en el
norte de África sobre la que se asienta la actual localidad argelina de Suq Ahras,
situada entonces en Numidia, una de las provincias del Imperio romano. Los eruditos
generalmente están de acuerdo en que Agustín y su familia eran bereberes, un grupo
étnico indígena del norte de África.678
Agustín destacó en el estudio de las letras. Sin embargo, él mismo reconoce en las
Confesiones que no era un buen estudiante y que debió ser obligado a estudiar para
aprender (cf. Confesiones 1,12,19). En cualquier caso, mostró un gran interés hacia
la literatura, especialmente la griega clásica y poseía gran elocuencia.13 Sus
primeros triunfos tuvieron como escenario Madaura y Cartago, donde se especializó
en gramática y retórica.12 Durante sus años de estudiante en Cartago desarrolló una
irresistible atracción hacia el teatro. Al mismo tiempo, gustaba en gran medida de
recibir halagos y la fama, que encontró fácilmente en aquellos primeros años de su
juventud. Durante su estancia en Cartago mostró su genio retórico y sobresalió en
concursos poéticos y certámenes públicos. Aunque se dejaba llevar por sus pasiones,
y seguía abiertamente los impulsos de su espíritu sensual, no abandonó sus
estudios, especialmente los de filosofía. Años después, el mismo Agustín hizo una
fuerte crítica sobre esta etapa de su juventud en su libro Confesiones.
Agustín, como maniqueo y orador imperial en Milán,14 era el rival en oratoria del
obispo Ambrosio de Milán.
Conversión al cristianismo
Fue en Milán donde se produjo la última etapa antes de la conversión de Agustín al
cristianismo. Allí, empezó a asistir como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas
del obispo Ambrosio, quedando admirado de su predicación y de su corazón. Ambrosio
le hizo conocer los escritos de Plotino y las epístolas de Pablo de Tarso y gracias
a estas obras se convirtió al cristianismo y decidió romper definitivamente con el
maniqueísmo.
Esta noticia llenó de gozo a su madre, que había viajado a Italia para estar con su
hijo, y que se encargó de buscarle un matrimonio acorde con su estado social y
dirigirle hacia el bautismo. En vez de optar por casarse con la mujer que Mónica le
había buscado, decidió vivir en ascesis; decisión a la que llegó después de haber
conocido los escritos neoplatónicos gracias al sacerdote Simpliciano y al filósofo
Mario Victorino, pues los platónicos le ayudaron a resolver el problema del
materialismo y el del origen del mal.
Tolle lege
toma y lee1516
y, entendiéndolo como una invitación divina, cogió la Biblia, la abrió por las
cartas de san Pablo y leyó el pasaje.15
El 24 de abril de 387, a los treinta y tres años de edad, fue bautizado en Milán
por el santo obispo Ambrosio. Ya bautizado, regresó a África, pero antes de
embarcarse, su madre Mónica murió en Ostia, el puerto cerca de Roma.20
En 391 viajó a Hipona (Hippo Regius, la moderna Annaba, en Argelia) para buscar a
un posible candidato a la vida monástica, pero durante una celebración litúrgica
fue elegido por la comunidad para que fuese ordenado sacerdote, a causa de las
necesidades del obispo Valerio de Hipona. Agustín aceptó, tras resistir, esta
elección, si bien con lágrimas en sus ojos. Algo parecido sucedió cuando se le
consagró como obispo en el 395. Entonces abandonó el monasterio de laicos y se
instaló en la casa episcopal, que transformó en un monasterio de clérigos.
Ya como obispo, escribió libros que lo posicionan como uno de los cuatro
principales Padres de la Iglesia latinos. La vida de Agustín fue un claro ejemplo
del cambio que logró con la adopción de un conjunto de creencias y valores.
Fallecimiento
Doctrina
Razón y fe
Agustín, predispuesto por la fe materna, se aproxima al texto bíblico, pero es su
mente la que no consigue penetrar en su interior. Dicho en otras palabras, para
Agustín, la fe no es suficiente para acceder a las profundidades de la revelación
de las Escrituras.22 A los diecinueve años, se pasó al racionalismo y rechazó la fe
en nombre de la razón. Sin embargo, poco a poco fue cambiando de parecer hasta
llegar a la conclusión de que razón y fe no están necesariamente en oposición, sino
que su relación es de complementariedad.23 La fe constituye una condición inicial y
necesaria para penetrar en el misterio del cristianismo, pero no una condición
final y suficiente. Es necesaria la razón. Según él, la fe es un modo de pensar
asintiendo, y si no existiese el pensamiento, no existiría la fe. Por eso la
inteligencia es la recompensa de la fe. La fe y la razón son dos campos que
necesitan ser equilibrados y complementados.23
Para realizar con éxito la operación de conciliación entre las dos es indispensable
concretar sus características, su ámbito de aplicación y la jerarquización (la fe
gana frente la razón, ya que está apoyada por Dios) que se establece entre ellas.
Como en muchas otras ocasiones, es en el texto bíblico donde Agustín encuentra el
punto de partida para fundamentar su posición.
Interioridad
Detalle de san Agustín en una vidriera por Louis Comfort Tiffany en el Lightner
Museum.
Agustín de Hipona anticipa a Descartes al sostener que la mente, mientras que duda,
es consciente de sí misma: si me engaño existo (Si enim fallor, sum). Como la
percepción del mundo exterior puede conducir al error, el camino hacia la certeza
es la interioridad (in interiore homine habitat veritas), que por un proceso de
iluminación se encuentra con las verdades eternas y con el mismo Dios que, según
él, está en lo más íntimo de cada uno.
Las ideas eternas están en Dios y son los arquetipos según los cuales crea el
cosmos. Dios, que es una comunidad de amor, sale de sí mismo y crea por amor
mediante rationes seminales, o gérmenes que explican el proceso evolutivo que se
basa en una constante actividad creadora, sin la cual nada subsistiría. Todo lo que
Dios crea es bueno, el mal carece de entidad, es ausencia de bien y fruto
indeseable de la libertad del hombre.
Y dijo Dios a Moisés: «Yo Soy el que Soy», y añadió: «Así dirás a los Israelitas:
“Yo soy me ha enviado a ustedes”».
Éxodo, 3,14
Decir esto equivale a definirse a sí mismo prescindiendo de cualquier calidad, lo
que equivale a prescindir del cambio. Por lo tanto Dios está fuera del tiempo
mientras que los seres humanos son entidades estructuralmente temporales.25
"Mido el tiempo, lo sé; pero ni mido el futuro, que aún no es; ni mido el presente,
que no se extiende por ningún espacio; ni mido el pretérito, que ya no existe. ¿Qué
es, pues, lo que mido?”.
(Confesiones, XI, XXVI, 33)
Agustín rechaza la identificación de tiempo y movimiento. Aristóteles define el
tiempo como un recurso aritmético para medir un movimiento. Agustín sabe que el
tiempo es duración, pero no acepta que esta se identifique con un movimiento
espacial. La duración tiene lugar en nuestro interior y es fruto de la capacidad
para prever, ver y recordar los hechos del futuro, presente y pasado.22 Agustín
llega a la conclusión de que la sede del tiempo y de su duración es el espíritu. Es
en el espíritu que se hace efectiva la sensación de duración (larga o corta), de
discurrir del tiempo, y es en el espíritu donde se mide y compara la duración del
tiempo. Lo que se llama futuro, presente y pasado no son sino expectación, atención
y recuerdo del espíritu, que tiene la facultad de prever aquello que llegará,
fijarse en él cuando llega y conservarlo en el recuerdo una vez ha pasado.
“Y más propiamente acaso se diría: “Tres son los tiempos, presente de las cosas
pasadas, presente de las presentes y presente de las futuras”. Porque estas tres
presencias tienen algún ser en mi alma, y solamente las veo y percibo en ella. Lo
presente de las cosas pasadas, es la actual memoria o recuerdo de ellas; lo
presente de las cosas presentes, es la actual consideración de alguna cosa
presente; y lo presente de las cosas futuras, es la actual expectación de ellas”.
(Confesiones, XI, XX, 26)
Pecado original
Agustín enseñó que el pecado de Adán y Eva era un acto de insensatez seguido de
orgullo y desobediencia a Dios. La primera pareja desobedeció a Dios, quien les
había dicho que no comieran del Árbol del conocimiento del bien y del mal (Gen
2:17).27 El árbol era un símbolo del orden de la creación. El egocentrismo hizo que
Adán y Eva comieran de él, por lo que no reconocieron ni respetaron el mundo tal
como fue creado por Dios, con su jerarquía de seres y valores.
La afinidad del juez con la Iglesia y las artes retóricas de san Agustín, llevó a
la ilegalización del donatismo en 412. (San Agustín y los donatistas, Charles-André
van Loo).
Cuando Agustín nació, no habían pasado ni cincuenta años desde que Constantino I
había legalizado el culto cristiano. Tras la implantación del cristianismo como
religión oficial del imperio por Teodosio I el Grande surgieron múltiples
interpretaciones de los evangelios.
La lucha contra la doctrina de los maniqueos ocupa una parte importante dentro de
sus obras apologéticas, porque muchos creyeron que las enseñanzas de Mani arrojaban
luz sobre la Escrituras. Con la cantidad de evangelios apócrifos, el maniqueísmo
logró que muchos cristianos mantuviesen un dualismo entre estas dos creencias.
Agustín redactó uno de sus principales textos anti-maniqueos al obispo Fausto.
Agustín critica la doctrina de esta herejía diciendo que representaba una
distorsión de origen exterior al mensaje cristiano.
El donatismo fue una amenaza interior. Tras el Edicto de Tesalónica, un grupo de
creyentes arropados por el obispo Donato se separaron de la Iglesia, a la que
acusaban de ser condescendiente con los lapsi. Esta lucha era prioritaria por
razones doctrinales y políticas, ya que su carácter beligerante ponía en riesgo a
la Iglesia del norte de África. El donatismo es como un exceso de fe, puesto que no
admite en la Iglesia a los que en las persecuciones renegaron de la fe, separando
así la institución de los seguidores. Para Agustín en cambio la Iglesia está
constituida por hombres, los cuales son imperfectos, pero no por ello cuando «caen»
(lapsi) pierden validez los sacramentos recibidos. Los donatistas conciben una
Iglesia Pura de creyentes que buscan la perfección y no debe readmitir a los
renegados. Agustín, pese a usar medidas represivas hacia los lapsi, abogó por la
acogida y el perdón y piensa que no necesitan ser readmitidos, puesto que siguen
perteneciendo a la Iglesia. Las tensiones altas, como con los circunceliones,
llevaron a la prohibición del donatismo en Cartago con un imperial cristiano
llamado Marcelino en 411.
El pelagianismo planteaba un problema de interpretación racional acerca del valor
de las acciones realizadas por el creyente como mérito para ganarse la salvación.
Agustín acusó al pelagianismo de no creer en el amor gratuito de Dios. La salvación
para él no es un merecimiento exclusivo de la voluntad del hombre a la hora de
realizar buenas obras, sino que también juega un papel muy importante la gracia.22
Agustín no logró hacer desaparecer al pelagianismo en vida, aunque sus aportaciones
en este tema fueron decisivas durante el Concilio de Éfeso, realizado un año
después de su muerte.
La concepción de la historia
La filosofía de la historia de Agustín describe un proceso que afecta a todo el
género humano. Se trata de una historia universal constituida por una serie de
eventos sucesivos que avanzan hacia un fin mediante la providencia divina.33
San Agustín intenta demostrar que se debe conciliar la libertad humana con la
intervención de Dios, que no coacciona al individuo, sino que la ayuda. La acción
del individuo ejerce con libertad, enmarcando la moral individual en una moral
comunitaria. El proceso histórico del ser humano se puede explicar mediante la
lucha dialéctica, el conflicto, entre las dos ciudades del mundo, que llegarán al
final a la armonía.[cita requerida]
La ciudad de Dios
Artículo principal: La ciudad de Dios
Filosóficamente, por mostrar cómo la filosofía sirve de valor para construir una
visión exhaustiva del cristianismo, como por proveer un marco general dentro de la
que se hizo la mayor parte de la filosofía política en el Occidente cristiano con
una visión utópica,35 de forma que influyó en escritores cristianos como Bossuet,
Fénelon, De Maistre, Donoso Cortés, entre otros.
Teodicea agustiniana
Artículo principal: Teodicea agustiniana
A san Agustín le interesaba especialmente el «problema del mal», atribuido a
Epicuro, quien había afirmado: «Si Dios puede, sabe y quiere acabar con el mal,
¿por qué existe el mal?». Este hecho fundamental se convierte en un argumento
contra la existencia de Dios, todavía usado por ateos y críticos de las religiones.
Las respuestas ante el argumento que intentan demostrar racionalmente la coherencia
de la existencia del mal y Dios en el mundo, se llaman teodicea.
Agustín dio varias respuestas a esta cuestión con base en el libre albedrío y la
naturaleza de Dios:
San Agustín cree que Dios creó todo bueno. El mal no es una entidad positiva, luego
no puede «ser», como afirman los maniqueos, pues según Agustín, el mal es la
ausencia o deficiencia de bien y no una realidad en sí misma. San Agustín toma esta
idea de Platón y sus seguidores, donde el mal no es una entidad, sino ignorancia.37
Para San Agustín la palabra "mal" es una ausencia de algo. Esta no cuenta con
propiedades intrínsecas. El mal es una restricción del sistema en sí. Es una
restricción dinámica interna del mundo. El argumento de Agustín dice que cuando se
siente que no hay sentido en la vida hay un vacío, y que el mal se da por las
decisiones propias. La única forma de alejarse del mal es llenándose de plenitud.
Si Dios es esta substancia o fuente de la realidad primordial, entonces el mal es
la privación de la sustancia por las propias decisiones. Esto quiere decir que el
mal no existe substancialmente, sino que existe por la privación del bien o de
Dios.
Agustín argumenta que los seres humanos son entidades racionales. La racionalidad
consiste en la capacidad de evaluar opciones por medio del razonamiento, y por
consiguiente, Dios les tuvo que dar libertad por naturaleza, lo que incluye poder
elegir entre bien y mal. Dios tuvo que dejar la posibilidad de Adán y Eva en
desobedecerle, lo que exactamente sucedió según la Biblia. A esto se le conoce como
la defensa del libre albedrío.38
Para Agustín, Dios permitía los males naturales porque son justo castigo al pecado,
y aunque los animales y bebés no pecan, son merecedores del castigo divino, siendo
los niños herederos del pecado original.39
Finalmente, Agustín sugiere que se debe observar el mundo como algo bello. Aunque
el mal exista, este contribuye a un bien general mayor que la ausencia del mismo,
así como las disonancias musicales pueden hacer más hermosa una melodía.38
Ética
el amor es una perla preciosa que, si no se posee, de nada sirven el resto de las
cosas, y si se posee, sobra todo lo demás.
«Ama y haz lo que quieras: si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor; si
corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor. Exista dentro de ti la
raíz de la caridad; de dicha raíz no puede brotar sino el bien».40
También Agustín formuló una versión propia de la cita bíblica "ama al prójimo como
a ti mismo" de la siguiente forma:
Cum dilectione hominum et odio vitiorum
Que traducido significa "con amor a la humanidad y odio a los pecados", a menudo
citado como "ama al pecador pero no al pecado".31 Agustín dirigió a muchos clérigos
bajo su autoridad en Hipona para liberar a sus esclavos "como un acto de piedad".41
San Agustín también dijo:
Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse
en Ti.
Para el santo, Dios creó a los seres humanos para Él, y por ello los seres humanos
no van a estar plenos hasta que descansen en Dios. Como para otros Padres de la
Iglesia, para Agustín de Hipona la ética social implica la condena de la injusticia
de las riquezas y el imperativo de la solidaridad con los desfavorecidos:
Las riquezas son injustas o porque las adquiriste injustamente o porque ellas
mismas son injusticia, por cuanto tú tienes y otro no tiene, tú vives en la
abundancia y otro en la miseria.
Psalmos 48
San Agustín era insistente en la idea de justicia. Upton Sinclair cita a Agustín en
The Cry for Justice, una recopilación de citas contra la injusticia social:42
Las superfluidades de los ricos son las necesidades de los pobres. Quienes poseen
superfluidades, poseen los bienes de los demás.
Agustín de Hipona defendió asimismo el bien de la paz y procuró promoverla:
Acabar con la guerra mediante la palabra y buscar o mantener la paz con la paz y no
con la guerra es un título de gloria mayor que matar a los hombres con la espada.
Epístola 229
En La ciudad de Dios, san Agustín ataca la tradición romana, incluidos mitos como
el de Lucrecia, una dama que, tras ser violada por el hijo del último rey de Roma,
se suicidó clavándose un puñal. Para los romanos, Lucrecia era el más digno modelo
de integridad moral. No para Agustín, quien considera que su muerte añadió un
crimen a otro crimen, pues «quien se mata, mata a un hombre y, por tanto,
contraviene la ley divina».22
Agustín, en varios momentos de sus obras, dedicará atención a la mentira. En Sobre
la mentira, clasificó las mentiras como dañosa o jocosa, y distingue al mentiroso
(quien disfruta con la mentira) del embustero (lo hace en ocasiones sin querer o
para agradar).43 Al igual que Kant, no considera lícito mentir para salvar la vida
de una persona.44
“La mentira capital y la primera que hay que evitar decididamente es la mentira en
la doctrina religiosa. […]La segunda es la que daña injustamente a alguien, es
decir, que perjudica a alguno, y no aprovecha a nadie. La tercera es la que
favorece a alguno, pero perjudica a otro, aunque no sea en torpeza alguna corporal.
La cuarta es la cometida por el puro apetito de mentir y engañar, que es la pura
mentira a secas. La quinta es la que se comete por querer agradar en la
conversación. La sexta es la que aprovecha a alguno, sin perjudicar a nadie. […]La
séptima es la que, sin perjudicar a nadie, favorece a alguno, exceptuando el caso
de que pregunte el juez. […] La octava es la que, sin perjudicar a nadie, aprovecha
a alguien para evitar ser mancillado en el cuerpo”.
San Agustín, De mendacio, 510-511.
Política
San Agustín de Hipona, uno de los Padres de la Iglesia más activos contra el
priscilianismo.
A medida que fue aumentando la influencia de la Iglesia, su relación con el Estado
se tornó conflictiva. Uno de los primeros filósofos políticos que trató este tema
fue Agustín de Hipona en su intento de integrar la filosofía clásica en la
religión. Recibió la poderosa influencia de los escritos de Platón y Cicerón, que
también fueron el fundamento de su pensamiento político.
Como ciudadano de Roma, creía en la tradición de un Estado obligado por leyes, pero
como humanista coincidía con Aristóteles y Platón en que el objetivo del Estado es
facilitar que su pueblo lleve una vida buena y virtuosa. Para un cristiano esto
significaba vivir según las leyes divinas sancionadas por la Iglesia. Agustín
pensaba que en la práctica son pocas las personas que viven según esas leyes y que
la mayoría vive en pecado. Distinguía entre la ciudad de Dios y la ciudad terrenal.
En esta última predominaba el pecado.
Sin la justicia, ¿qué serían en realidad los reinos sino bandas de ladrones?, ¿y
qué son las bandas de ladrones si no pequeños reinos? […] Por ello, inteligente y
veraz fue la respuesta dada a Alejandro Magno por un pirata que había caído en su
poder, pues habiéndole preguntado el rey por qué infestaba el mar, con audaz
libertad el pirata respondió: por el mismo motivo por el que tú infestas la tierra;
pero ya que yo lo hago con un pequeño bajel me llaman ladrón, y a ti porque lo
haces con formidables ejércitos, te llaman emperador.
San Agustín, La ciudad de Dios, IV, 4.
Agustín adoptó la definición de Cicerón de comunidad como argumento en contra de la
responsabilidad del cristianismo de la caída de Roma.46
Recepción
San Agustín tiene gran importancia en la historia de la cultura de Europa. Sus
Confesiones suponen un modelo de biografía interior para muchos autores, que van a
considerar la introspección como elemento importante en la literatura.
Concretamente, Petrarca fue un gran lector del santo: su descripción de los estados
amorosos enlaza con ese interés por el mundo interior que encuentra en san Agustín.
Descartes descubrió la autoconciencia, que señaló el inicio de la filosofía
moderna, copiando su principio fundamental (cogito ergo sum/pienso luego existo),
no literalmente pero sí en cuanto al sentido, de san Agustín (si enim fallor,
sum/si me equivoco, existo: De civ. Dei, 11, 26).
Por otro lado, san Agustín va a ser un puente importante entre la antigüedad
clásica y la cultura cristiana. El especial aprecio que tiene por Virgilio y Platón
va a marcar fuertemente los siglos posteriores.
Dos son las principales escuelas del pensamiento filosófico y teológico católico:
la platónico-agustiniana y la aristotélico-tomista. La Edad Media, hasta el siglo
xiii y el redescubrimiento de Aristóteles, va a ser platónica-agustina.
"Yo mismo no estoy conforme con esta teoría, por cuanto hace del tiempo algo
mental. Pero es claramente una teoría muy hábil, digna de ser considerada en serio.
Yo iría más lejos y diría que es un gran avance respecto a cuanto se halla en la
filosofía griega. Contiene una exposición mejor y más clara que la de Kant de la
teoría subjetiva del tiempo —una teoría que, desde Kant, ha sido ampliamente
aceptada entre los filósofos—".
Bertrand Russell, Historia de la filosofía occidental49
Los análisis y críticas de Agustín aún son vigentes, pues filósofos contemporáneos
como Hannah Arendt y Jacques Derrida se orientan, en sus reflexiones, por el autor
de La ciudad de Dios.43
Agustín y la ciencia
Según el científico Roger Penrose, san Agustín tuvo una «intuición genial» acerca
de la relación espacio-tiempo, adelantándose 1500 años a Albert Einstein y a la
teoría de la relatividad cuando Agustín afirma que el universo no nació en el
tiempo, sino con el tiempo, que el tiempo y el universo surgieron a la vez.51 Esta
afirmación de Agustín también es rescatada por el colega de Penrose, Paul Davies.
Agustín, quien tuvo contacto con las ideas del evolucionismo de Anaximandro,
sugirió en su obra La ciudad de Dios que Dios pudo servirse de seres inferiores
para crear al hombre al infundirle el alma. Defendía así la idea de que a pesar de
la existencia de Dios, no todos los organismos y lo inerte salían de Él, sino que
algunos sufrían variaciones evolutivas en tiempos históricos a partir de creaciones
de Dios.52
Obras
Autobiográficas
Confesiones
Retractaciones
Filosóficas
Contra los académicos
La vida feliz
El orden
Soliloquios
La inmortalidad del alma
La dialéctica
La dimensión del alma
El libre albedrío
La música
El maestro
Apologéticas
De la verdadera religión
La utilidad de la fe
De la fe en lo que no se ve
La adivinación diabólica
La ciudad de Dios
Dogmáticas
La fe y el símbolo de los apóstoles
Ochenta y tres cuestiones diversas
Cuestiones diversas a Simpliciano
Respuesta a las ocho preguntas de Dulcício
La fe y las obras
Manual de fe, esperanza y caridad
La Trinidad
Morales y pastorales
La mentira
Contra la mentira
El combate cristiano
La catequesis a principantes
La bondad del matrimonio
La santa virginidad
La bondad de la viudez
La continencia
La paciencia
Las uniones adulterinas
La piedad con los difuntos
Monásticas
Regla a los siervos de Dios
El trabajo de los monjes
Exegéticas
De doctrina Christiana
El espejo de la Sagrada Escritura
Comentario al Génesis en réplica a los maniqueos
Comentario literal al Génesis (incompleto)
Comentario literal al Génesis
Locuciones del Heptateuco
Cuestiones sobre el Heptateuco
Anotaciones al libro de Job
Ocho cuestiones del Antiguo Testamento
El Sermón de la Montaña
Exposición de algunos textos de la Carta a los Romanos
Exposición de la Carta a los Gálatas
Exposición incoada de la Carta a los Romanos
Diecisiete pasajes del Evangelio de Mateo
Concordancia de los evangelistas
Polémicas
Escribe contra los maniqueos, los donatistas, los pelagianos, el arrianismo y
contra herejías en general.
Veneración
San Agustín es venerado en la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa, las Iglesias
ortodoxas orientales y algunas Iglesias luteranas , ya que figura en el calendario
litúrgico luterano.
Véase también
Orden de San Agustín
Orden de Agustinos Recoletos
Regla de san Agustín
Agustinismo político
Teología del pacto
Filosofía cristiana
Categoría:Patronazgo de San Agustín
«Ad salutem humani», encíclica de Pío XI en el XV centenario de la muerte del
santo.
Historia de la controversia sobre el filioque
Ver el portal sobre Iglesia católica Portal:Iglesia católica. Contenido relacionado
con Iglesia católica.
Notas y referencias
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Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España).
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665-0537-7. Consultado el 11 de abril de 2013. «Agustín de Hipona (354-430) nació
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11 de abril de 2013. «Su padre, Patricio, era pagano, pequeño terrateniente y
empleado municipal. Su madre, Mónica, era cristiana y muy virtuosa. »
Confesiones III, 12, 21. «Vete en paz, mujer; ¡así Dios te dé vida! que no es
posible que perezca el hijo de tantas lágrimas».
Claudio Leonardi; Andrea Riccardi; Gabriella Zarri, eds. (2000). Diccionario de
los santos, Volume 1. España: San Pablo. p. 84. ISBN 84-285-2258-8. Consultado el
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Herreros López, Juan Manuel. «San Agustín: "La Ciudad de Dios"». En Luis García
San Miguel, ed. Filosofía política: las grandes obras. España: Dykinson. p. 281.
ISBN 84-9772-859-9. Consultado el 11 de abril de 2013.
Rico Pavés, José (2006). Los sacramentos de la iniciación cristiana. España:
Instituto Teológico San Ildelfonso. p. 205. ISBN 84-934253-9-7. Consultado el 11 de
abril de 2013. «Estando en Cartago, el adolescente Agustín abandonó la Iglesia
Católica y se unió a los maniqueos. Cuando llegó a Milán, en el 384, recién
nombrado orador de la ciudad, todavía era maniqueo. »
Lacueva, 2001, p. 34.
Conf. VIII 12.
https://oala.villanova.edu/agustin/conversion2.html
Conf. VIII 12,29.
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-“¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero
explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que
sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría
tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos
tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro
todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser
pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente, para ser
tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo deciros que existe éste, cuya
causa o razón de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con
verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser?”.
(Confesiones, XI, XIV, 17).
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Enlaces externos
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