Ius Civile
Ius Civile
Por ejemplo...
Los criterios jurídicos que establecen los jueces en las tesis aisladas y en las
jurisprudencias.
us honorarium
Es el derecho que la razón natural establece entre todos los pueblos organizados
políticamente.
Por ejemplo...
El derecho que se aplicaba en los actos jurídicos celebrados en las provincias
romanas entre aquellos que no eran romanos.
Para el pueblo romano era importante hacer la distinción entre lo que era de todos
(populus) o lo que pertenecía a la esfera privada de las personas. De acuerdo con
esta óptica, existió la división del derecho en público y privado.
Ius scriptum y Ius non scriptum
Derecho objetivo y subjetivo (Ius)
Tal y como sucede en el lenguaje jurídico moderno, la palabra ius tiene varias
acepciones: una que entiende al derecho como regla o norma jurídica (derecho
objetivo) y la otra como facultad o poder (derecho subjetivo).
Pulse en cada uno de los conceptos que aparecen del lado izquierdo para
desplegar la información correspondiente.
Derecho
objetivo
Conjunto de normas jurídicas que regulan la convivencia dentro de la sociedad
humana y rigen de modo coactivo, es decir, que pueden imponerse por medio de
la fuerza, si es necesario. Es lo que establece la Ley.
Derecho
subjetivo
Facultad que tiene una persona derivada de la norma de derecho objetivo de exigir
a otra determinada conducta. Todo derecho subjetivo debe, por tanto, su
existencia al derecho objetivo. Por ejemplo, el pago de una deuda.
Ius. Ulpiano, jurisconsulto romano del siglo II d. C., refiere que “el que haya
estudiar el derecho conozca primero de donde proviene la palabra ius, llamase así
de justicia”(Digesto 1.1.1). Bajo ese tenor, no es de extrañar que la primera
palabra que analizamos es, precisamente, ius.
Iurisprudentia, fas, Iustitia y aequitas
Pulse en las áreas que se marcan como sensibles para visualizar la información.
¡Importante!
Los romanos también utilizaron la palabra ius para referirse a distintos campos del
derecho (ius privatum, ius publicum, ius civile, ius honorarium) o más restringido
(ius singulare).
Según Ulpiano (Inst. 1.1.3), los tres famosos preceptos que sintetizan los fines del
derecho objetivo y logran la convivencia social dentro de ciertas reglas son los
siguientes:
(1) Ulpiano
El derecho mexicano, como heredero de la tradición jurídica romana, incluye estos
principios en el desarrollo de las instituciones jurídicas. Por ejemplo, en materia de
propiedad, el ordenamiento mexicano, reconoce que su titular no puede ser
perturbado en su derecho.
¡Importante!
Al respecto de los abordado previamente, realice el estudio del siguiente
documento, ya que se retomará en su “Experiencia de aprendizaje”:
Di Pietro, Alfredo, Derecho privado romano, Buenos Aires, Depalma, 1996, pp. 37-
43.
La vigencia del derecho en el espacio y en el tiempo
¿Sabía que...?
Los romanos fueron los primeros en distinguir claramente entre la norma jurídica y
su aplicación al caso particular; y entre la norma jurídica y la sentencia.
Si bien el derecho romano no fue el más antiguo que se conoce, puede afirmarse
que se presenta como un sistema jurídico en el que sus concepciones e
instituciones no tuvieron semejanza con ninguno de los otros derechos de la
antigüedad conocidos hasta el momento. En realidad, se presenta frente a ellos
como aislado y autónomo, teniendo una estructura y particularidades propias e
inconfundibles.
Desde los primeros tiempos, los romanos supieron distinguir el derecho de las
concepciones mágico-religiosas. El esfuerzo de los juristas romanos se encaminó
a separar las normas jurídicas de las extrajurídicas. Se presentó como un sistema
jurídico completo, esto es, se constituyó en abstracto un sistema unitario, pleno y
completo, regulador de toda manifestación de la vida social, coordinándose cada
una de las normas en un todo coherente.
La creación de las normas jurídicas romanas tuvo una orientación lógica visible, ya
que, en caso de no existir una norma expresa que regulara una conducta humana,
los juristas a través de la técnica interpretativa, podían encontrar los principios
informadores para resolver el caso concreto, dando con ello satisfacción a la
exigencia de la certeza del derecho.
La importancia del estudio del Derecho romano para la compresión del Derecho
mexicano
¡Importante!
Puede presentar su tarea, ya sea en formato de texto con redacción propia, en un
cuadro comparativo o en un cuadro sinóptico, siempre y cuando explique
claramente lo solicitado.
UNIDAD 2
Existen diferentes criterios para establecer los periodos de estudio del derecho romano,
como económicos, sociales, religiosos, etc. Para su estudio se utilizará el tradicional
criterio jurídico-político que lo divide en Monarquía, República e Imperio, en el que se ha
tenido en cuenta la organización política en Roma.
Como anteriormente comentamos, en cada una de estas etapas las instituciones jurídicas
determinaban la organización política, de esta forma en la Monarquía encontramos al rey,
el senado, los comicios por curias y centurias, el paterfamilias, los clientes y tribunos; en la
República encontramos al pontifex maximus, dos cónsules, los comicios por tribus, el
tribunado militar, la pretura para ciudadanos romanos y para extranjeros, los ediles y, si
así se requería, un dictador; finalmente, en el imperio encontramos a Augusto como
emperador, y el cual funge como tribuno, cónsul, pontifex maximus, presidente del
senado, director de la moneda, de la política internacional y jefe supremo militar.
Lo que revisaremos en esta unidad le permitirá reconocer que el estudio que hará del
derecho romano público no concierne sólo a aspectos históricos, sino que es el punto de
partida que le ayudará a reconocer la evolución de las instituciones del derecho privado.
Objetivo
El alumnado ubicará los aspectos relevantes de la historia política de Roma, con referencia
a aquellos factores que impactaron en la formación de su Derecho. Comprenderá las
distintas formas de creación del derecho en su evolución histórica y analizará la recepción
de ese Derecho en el mundo contemporáneo.
Monarquía
Como supremo sacerdote vigilaba los cultos antiguos e invocaba la protección de los dioses sobre
el pueblo. Tenía la defensa y comando de las fuerzas militares. Era el jefe supremo de la civitas por
lo que reunía en sus manos todos los poderes civiles. Tenía a su cargo la interpretación de la
voluntad divina para dar validez a cualquier acto jurídico (auspicia), para lo cual era auxiliado por
el colegio sacerdotal; señalaba las normas jurídicas a aplicarse mediante la interpretación de
antiguas normas y principios consuetudinarios (mores maiorum). Por otro lado, era el máximo
juez, si bien no tenía mucha injerencia dentro de la jurisdicción civil, pues cada gens resolvía sus
propios problemas, probablemente gozó de amplias facultades en el campo de la jurisdicción
criminal. Se encargaba de repartir el ager publicus, es decir, distribuía entre los ciudadanos el
territorio del Estado romano.
La tradición latina atribuyó la fundación del senado a Rómulo, con un número de 100 miembros,
mismo que aumentó hasta llegar a 300 en la época de Tarquino Prisco. Los senadores eran los
jefes de las gens (patres), los miembros más ancianos y poderosos que formaban el consilium
regis y a los que retornaba el poder en cada interregnum. El nombramiento de los senadores era
competencia del rey, aunque no en forma arbitraria, sino que parecía estar basado en ciertas
tradiciones consuetudinarias. Sus únicas funciones fueron la provisión de un interrex a la muerte
del rey, con el posterior nombramiento del rey. Realizaban funciones consultivas, aunque sus
opiniones no obligaban al rey. En la práctica, parece que tenía que ser oído para cuestiones de
política exterior. A partir de la invasión etrusca, el Senado perdió su peso político.
La primera organización social de los ciudadanos romanos fue por curias, que en latín arcaico curia
significó lugar de reunión.
Los comicios por curias fueron creados por Rómulo en número de treinta, siendo diez curias por
cada una de las tres tribus fundadoras (ramnes, lúceres y tíceres). Su origen parece deberse a una
división de la población romana, probablemente con fines religiosos y militares, aunque en
realidad cada curia tenía sus propios jefes militares (decurión) y sus propios cultos. Eran
convocados por el rey dos veces al año, el 24 de marzo y 24 de mayo, y en cualquier momento en
que lo considerase oportuno. En la República su presencia fue meramente simbólica, actuaban
como comitia calata, representadas por treinta lictores, convocados por el pontífice máximo. Ante
los comicios se realizaban actos de derecho de familia y materia sucesoria. A través de la Lex
Curiata de Imperio intervenían en la investidura del rey.
Organización del pueblo romano surgida a partir de una reforma política de Servio Tulio, basada
en un censo económico que dio origen a la formación de 193 centurias divididas en cinco clases y
la determinación de cada clase de las centurias de jóvenes y ancianos, con las centurias de
caballeros y las demás siguiendo el criterio de la estructura militar de origen etrusco. Durante la
Monarquía, esta organización popular no tuvo una gran trascendencia dentro del orden político y
jurídico; ya en la República sus atribuciones aumentaron.
Entre las fuentes formales del derecho durante este periodo se encontraban:
Costumbre
¿Sabía qué...?
Los romanos consideraron a la costumbre como una fuente formal de gran importancia; en
ciertos pasajes del Corpus Iuris la costumbre podía abrogar a la ley (Digesto 1.3.32); también
se determinó que la costumbre se erigiese en intérprete de las leyes (Digesto 1.3.37).
Leyes regias
Algunos autores afirman que las más antiguas leyes de Roma fueron las leyes regias,
las cuales eran aplicadas principalmente al culto y a las relaciones de la vida civil.
Según Pomponio, las leyes regias fueron decisiones reales en tiempos del Anco
Marcio. Por obra de los pontífices se exponían en el foro en tablas de madera, siendo
votadas en los comicios por curias
República
Organización política y estructura económico-social
Recuerde que está analizando la evolución del derecho romano tomando como criterio la
organización política de la Roma antigua, por lo que ahora será estudiado el periodo que
precedió a la Monarquía: la República.
Según la tradición, en el año 510 o 509 a. C. tuvo lugar la caída del último de los reyes
etruscos, Tarquino el Soberbio. El carácter despótico del monarca acabó por ser
aborrecido entre los romanos hasta el mismo nombre de rex. Tras un periodo de revueltas
se instauró un nuevo régimen político, la República, con todas sus instituciones y que
estaría llamado a permanecer durante casi cinco siglos.
Si bien el Senado en forma colectiva no pudo ejercer el poder, fue necesario recurrir a un
poder ejecutivo que sustituyera al rey para representar a Roma y ejercitar el mando,
el imperium El rey fue sustituido por dos magistrados, los cónsules, cuyo nombramiento
debía ser anual. Entre ambos magistrados se repartió la autoridad suprema del Estado,
cada uno gozó del imperium; sin embargo, hubo en un principio una especie de división de
atribuciones, encargándose uno del mando militar y el otro de la administración de
justicia, pero sin que esto significara la renuncia y en todo tiempo podían recobrar todas
sus atribuciones.
Empero, para hacer frente al enemigo al interior debido al enfrentamiento entre patricios
y plebeyos y en el exterior a los samnitas y etruscos, fue necesario en algunos episodios
sangrientos nombrar a un sólo magistrado que en momentos excepcionales ejerciera el
poder; para ello fue necesario recurrir a una institución de origen etrusco, el magister
populli, al que más tarde se llamó dictador, quien en tiempos de emergencia ocuparía la
más alta magistratura, por lo que su nombramiento dejaba sin efecto los poderes de los
cónsules o de cualquier otro magistrado.
Los comicios por centurias ocuparon un papel decisivo en el orden político romano al
haber apoyado a los patricios para expulsar a los etruscos de la Península. Por su parte, los
comicios por curias, vaciados de poder, continuaron una existencia precaria, con
competencias en la esfera del derecho gentilicio y familiar
Es así como durante los primeros siglos de la República, los órganos políticos más
importantes: senado, comicios y magistraturas estuvieron integrados únicamente por
patricios, quedando, por tanto, excluidos de esta organización los plebeyos. Esta situación
provocó que los plebeyos decidieran coaligar sus fuerzas para obtener un lugar en este juego
político, con la creación del tribuno de la plebe y de los consilia plebis.
Por otra parte, la economía romana de los primeros siglos de la República era de corte agrario; de
ahí la necesidad de poseer tierras fértiles que sólo se obtenían a partir de la conquista. Tras la
derrota de los enemigos, sus tierras formaban parte del ager publicus, al cual sólo tenían acceso
los patricios. Esta diferencia económica sitúo a los plebeyos en una posición clientelar frente a los
patricios.
Con el fin de equipar sus derechos políticos y económicos, los plebeyos decidieron abandonar la
ciudad de Roma con la consiguiente negativa de prestar el servicio militar. La tradición coloca el
494 a. C. como el año de la primera retirada de la plebe al Monte Sacro, en donde se nombró por
primera vez a un magistrado, al tribuno de la plebe, elegido en asamblea plebeya
denominada consilia plebis. En principio ambas instituciones fueron desconocidas por los patricios.
Nuevamente en el 471 a. C. la plebe realizó una segunda secesión, pero ahora al Monte Aventino,
elevando primero a cuatro y luego a diez el número de los tribunos, quienes rápidamente lograron
una fuerza política importante.
Este nuevo magistrado nunca obtuvo el imperium; sin embargo, sus poderes residían en la defensa
de los intereses de los plebeyos en contra de leyes, órdenes del senado, elecciones o
convocatorias a comicios manejados por los patricios. Para lograr esta defensa, el tribuno ejercía
la intercessio con la que podía detener estas órdenes. Junto a esta función negativa del tribuno, se
encontraba otra positiva, la de convocar a los consilia plebis para que votaran normas jurídicas
denominadas plebiscitos, que si bien, sólo tuvieron en los primeros tiempos vigencia para los
plebeyos, a partir de la expedición de la Lex Hortensia del año 286 a. C. fueron obligatorias para
todos los ciudadanos romanos
Una segunda fase en busca de la igualdad de los plebeyos se dio en el año 367 a. C. cuando
las leges liciniae sextiae señalaron la obligación que uno de los dos cónsules debía ser de origen
plebeyo. A partir de entonces, los plebeyos pudieron acceder a las demás magistraturas, pero la
igualdad republicana entre patricios y plebeyos fue un cambio meramente formal. Desde tiempo
atrás surgiría una nueva clase social, la nobilitas, integrada por familias ricas o notables con el goce
exclusivo de los derechos civiles y políticos.
Los elementos integrantes del ordenamiento político republicano fueron tres: las
magistraturas, el senado y las asambleas populares.
Las magistraturas
Definamos
Las magistraturas
El término magistratus fue concebido como el cargo político en virtud del cual su titular
tenía la facultad de ejercer en nombre de la res publica romana una serie de atribuciones
a favor de los ciudadanos romanos.
Las diversas tareas que requería la res publica fueron confiadas a diversos individuos a fin de llevar
a cabo especiales y concretas tareas. Había dos términos que definían su poder: imperium y
potestas. El primero fue concebido bajo dos aspectos distintos, según se ejerciera dentro del
recinto de la ciudad (imperium domi) o fuera de él (imperium milite); este último no sólo era
referente a la guerra, sino que respondía a funciones administrativas o jurisdiccionales que se
ejercían también en los territorios sojuzgados al poder de Roma. En cambio, la potestas designaba
el poder de todas las magistraturas y se ceñía a la facultad que tenía el magistrado de expresar su
voluntad en forma de edictos, de acuerdo a su jurisdicción y a un determinado poder de coerción.
Auspicia
Funciones religiosas, como dedicationes a templos y a dioses, presidían los juegos, realizaban
algunos ritos solemnes, etc
Iurisdictio
Facultad para pronunciar o decir lo que en derecho corresponde a una persona a través de su
intervención en la fase in iure del ordo iudiciorum privatorum (derecho procesal).
Ius edicenci
Facultad de decir el derecho a través de edictos.
La electividad fue una característica importante de las magistraturas romanas en los primeros
tiempos de la República. El magistrado proponía a los comicios una lista de posibles candidatos y
éstos votaban de acuerdo a la investidura del magistrado. En realidad, la designación del
magistrado dependía de la oligarquía senatorial, ya que la formación de la lista de candidatos era
una operación que se realizaba entre el magistrado y el senado.
En términos generales, las magistraturas eran anuales, con excepción del dictador, cuyo mandato
no podía exceder de seis meses y el del censor que disponía de dieciocho meses para cumplir con
su función.
Normalmente las magistraturas fueron colegiadas. Tal principio afectaba a cada uno de los
colegas que ocupaba la misma magistratura, ya que cada uno realizaba íntegramente el
ejercicio de las funciones inherentes al cargo, sin distinción de competencias. Igual título,
iguales atribuciones (par potestas). En la práctica esta plenitud de poder no fue posible, por
ello se introdujeron formas de despachar los asuntos como fue el caso de la cooperación, por
turno acompañada de sorteo y por derecho de intercesión en contra del mandato de un
colega.
Los magistrados eran responsables de sus actos; debían rendir cuentas de su actividad al finalizar
el desempeño del cargo, pudiendo ser llamados a comparecer en un proceso criminal público;
asimismo, el cargo era gratuito, máxime porque se trataba de un honor para un ciudadano
romano ocupar un cargo público.
En los primeros tiempos no existió un orden que se debía seguir para ocupar alguna magistratura;
fue a partir del año 197 a. C. cuando se decretó la obligatoriedad de ejercer la pretura antes del
consulado. En el 180 a. C. la Lex Villia Annalis fijó la edad mínima para ser magistrado: 43 para
cónsul, 40 para pretor, 37 para los ediles, señalando además que el tiempo entre un cargo y otro
fuera de dos. Finalmente, la Lex Cornelia de Magistratibus del año 81 a. C. fijó el cursus honorum,
en la que la cuestura era obligatoria antes de ejercer la pretura y ésta antes que el consulado. El
único cargo que no estuvo sujeto a este orden fue el de la censura.
Censura
Magistratura que estaba fuera del cursus honorum y que normalmente ocupaban los cónsules. Al
ser colegiada, uno de ellos estaba encargado de organizar el censo, el cual debía realizarse en 18
meses y el otro duraba cinco años; se encargaba del cuidado de las costumbres. En ausencia de
ambos cónsules, un senador a través del interregnum ocupaba por cinco días el cargo hasta que se
nombrara a un nuevo magistrado.
Dictadura
Magistratura extraordinaria cuyo nombramiento dependía del cónsul a petición del senado
cuando Roma estaba en una situación de emergencia. Permanecía seis meses en el poder y tenía
plenos poderes.
Tribuno
Magistratura anual cuyo titular debía ser de origen plebeyo. En el año 493 a. C. fueron nombrados
cinco, ampliándose a diez en el 471 a. C.
Una vez que los magistrados terminaban el cursus honorum eran enviados a las provincias sujetas
al poder de Roma a ejercer alguna promagistratura (sea como procónsul o como propretor).
La Lex Pompeia del 52 a. C. impuso que pasaran cinco años entre la magistratura y la
promagistratura.
El senado
No existía un modo de elegirlos. En los primeros tiempos, la elección de los senadores quedó
en manos de los magistrados supremos que sucedieron al rex en el ejercicio
del imperium (cónsules, dictador, etc.). La Lex Ovinia del 318 a. C. prohibió a la magistratura
suprema tanto el derecho de nombrar a los senadores, como de removerlos, atribución que le
fue conferida al censor. Desde ese momento, el censor fue el encargado de controlar la lista
de los senadores.
Entre los requisitos para ser senador estaban: ser ciudadano romano, varón y en los primeros años
estar libre de las armas, situación que sucedía hasta los cuarenta y seis años, posteriormente se
incrementó el requisito de haber ejercido una magistratura.
Los comicios
El tercer elemento integrante dentro del ordenamiento político republicano lo fueron las
asambleas populares, cuya organización y facultades analizaremos a continuación.
Conceptos clave
Los elementos integrantes del ordenamiento político republicano fueron tres: las
magistraturas, el Senado y las asambleas populares.
Leyes y plebiscitos
En el periodo republicano, las leges emanadas de los comicios se convirtieron en fuente
del derecho. La lex era una disposición presentada por un magistrado (rogatio) a fin de
que fuera aprobada por el populus. Estas leges rogatae se distinguían de las leges
datae porque éstas eran dictadas directamente por el magistrado sin la intervención de
ninguna asamblea popular.
Los plebiscitos en cambio eran las disposiciones que establecían los consilia plebis previa
consulta por parte del tribuno de la plebe. A partir de la expedición de la Lex Hortensia del
286 a. C. los plebiscitos fueron equiparados a las leges. El procedimiento de creación de
las leges era el siguiente: el magistrado, que podía ser el cónsul o el pretor proponían una
iniciativa (rogatio), previa autorización por el senado (auctoritas patrum), a los comicios
por centurias o por tribus, los cuales votaban la aceptación o rechazo de la iniciativa. La
votación se hacía en el orden establecido en las centurias o en las tribus. Se empleaban
unas tablillas de madera en la que se podía aceptar la iniciativa (uti rogas) o rechazarla
(antiqua). En la ley se distinguían tres partes: la praescriptio, que contenía indicaciones
formales, el nombre del magistrado proponente, el día y lugar de la votación, la primera
centuria o tribu que votó. La segunda parte era la rogatio propiamente, esto es, el
contenido de la disposición, dividida por lo general en capítulos. La última parte era
la sanctio, es decir, las consecuencias en caso de violación de la rogatio.
Pulse en la imagen que aparece del lado izquierdo para desplegar la información
correspondiente.
Una de las fuentes del Derecho más importantes durante la República lo fue el edicto de
los magistrados. Estas normas tenían su fundamento en la facultad de todo magistrado
romano de dictar órdenes en los asuntos de su competencia a las que debían atenerse los
ciudadanos, adaptando su conducta a ellas.
Además de los cónsules, tanto el pretor urbano como el peregrino y los ediles, y en las
provincias, los gobernadores y los cuestores fueron los magistrados que más desarrollaron
esta facultad de decir el Derecho.
La importancia del edicto de los magistrados se encuentra, sobre todo, a partir de la aparición
del procedimiento formulario reconocido por la lex Aebutia (entre 199 y 126 a. C.), el pretor
podía con mayor libertad poner en marcha la facultad de crear el Derecho a través del
ejercicio de su iurisdictio. Si bien el Derecho honorario no podía contradecir lo establecido por
el Derecho civil, si en cambio, podía por causa de utilidad pública ayudar, suplir o corregir al
derecho civil (Digesto 1.1.7.1).
Imperio
El imperio refiere a una época de gran importancia de Roma, fue considerada de los años
27 a. C. a 476 d. C, en su tiempo fue considerado la civilización más grande y poderosa de
la historia.
Se señala que el Principado estaba constituido como diarquía, dicho de otra forma, un
gobierno con dos representantes, ya que por un lado se encontraba el príncipe de Roma y
por otro el Senado y las Magistraturas.
A la muerte de Julio César, ocurrida en el año 44 a. C., siguió una serie de acontecimientos
políticos que dieron paso, después de la Batalla de Actio del año 31 a. C., a la concentración de
todos los poderes en manos de su sobrino Octavio y, consiguientemente a la consolidación, sobre
los vestigios del régimen republicano, de una nueva forma política denominada Principado.
Esta organización política se caracterizó por una original estructuración política, en la que
sobrevivieron algunas instituciones republicanas y en la que apareció, como órgano insertado en
éstas, el creciente poder autocrático del emperador, el cual fue absorbiendo todo poder político,
reduciendo a los otros órganos del Estado a meras instancias o dependencias de cooperación en la
administración del Imperio.
En el verano del 29 a. C., cuando Octavio regresó a Roma, le fueron conferidos varios títulos y
honores, entre ellos el juramento de fidelidad que le confirmaba como jefe del ejército, tanto en
Italia como en las provincias, logrando tener al Estado bajo su potestas. También se le designó con
el apelativo de princeps, término aplicado a aquellos que ocupaban el primer puesto entre los
senadores (princeps senatus) y que empleado en Augusto significó el primero de los ciudadanos,
consiguiendo por lo tanto la inviolabilidad tribunicia y el derecho de sentarse en el senado en un
asiento especial.
El año 27 a. C. marcó el primer paso hacia una reforma política, Octavio alcanzó el octavo
consulado, pero el día 13 de enero renunció a todos los poderes extraordinarios de los cuales
estaba investido, se despojó del mando general extraordinario de las provincias, del mando
del ejército y del poder constituyente del que estaba investido; en cambio no hubo que
renunciar al poder tribunicio que se le había concedido, de modo que después de dicha
renuncia aún se encontraba investido de un imperium superior frente a todos los demás
órganos del Estado. Tal posición excepcional se acentuó en virtud de los poderes y honores
que posteriormente le fueron conferidos tanto por el senado, como por el pueblo. De esta
manera, Octavio fue llamado a regir al Estado romano, a restaurar los valores religiosos y
nacionales, a restablecer la paz. Así el título oficial de princeps se convertiría en el usual para
designar a aquél cuya voluntad predominaba en toda la vida del Estado.
A partir de la nueva reorganización política dada por Augusto y por casi más de dos siglos, la paz y
el orden sólo se vieron afectados por esporádicos procesos violentos en lo relativo a la sucesión
imperial y por operaciones bélicas exteriores. Estas últimas fueron episodios de luchas fronterizas
y guerras de conquistas que incorporaron grandes extensiones territoriales al Imperio. La paz
impuesta por Roma logró un desarrollo económico en las provincias; las relaciones entre Italia y el
mundo provincial cambiaron; el florecimiento de ésta, en cierta medida tuvo lugar en detrimento
de aquélla.
Las instituciones políticas que funcionaron durante el periodo del Principado fueron: el príncipe, el
senado, los comicios por tribus y los comicios por centurias, cuyas características se analizan a
continuación.
El príncipe
Derivadas del imperium proconsulare maius et infinitum, el príncipe podía gobernar las
provincias no reservadas al senado; supervisar e intervenir en el gobierno de las
provincias senatoriales; dirigir al ejército, designar a los jefes y oficiales, etc. Asimismo,
era el máximo juez en materia civil y penal dentro de la cognitio extra ordinem.
Sin embargo, todos estos poderes se fueron debilitando poco a poco por la falta de
normatividad sobre la sucesión, por lo que desde Augusto el medio empleado para la
designación del sucesor fue la adopción, dentro del círculo de familias del favorecido,
asociándolo a la titularidad de los poderes fundamentales, generando la formación de
dinastías imperiales, como la de Julio-Claudia (27 a. C.-68 d. C.), Flavia (69-96), la de los
Antoninos (96-193) y la de los Severos (193-235).
El senado
El funcionamiento del senado también sufrió reformas, entre ellas que ya no podía
reunirse libremente, el derecho de convocar correspondía a los cónsules, pretores y al
príncipe, quien además tenía la facultad de presentar propuestas escritas y de hacerlas
leer por un quaestor. En general todas las funciones del senado se vieron fraccionadas
o limitadas frente al creciente poder del emperador.
Las magistraturas
Se conservó la edilidad con sus funciones de vigilancia del comercio y el orden en los
mercados, cuidado de la ciudad y de las construcciones públicas; la preparación de los
juegos públicos pasó a los pretores; con el tiempo se nombraron nuevos funcionarios
que poco a poco los desplazaron, hasta que con Alejandro Severo desaparecieron por
completo.
Comicios
Con este nuevo panorama político, en donde la cabeza del Estado estaba en manos del
emperador, fue necesaria la creación de una serie de oficiales al servicio del emperador,
quienes estaban bajo su voluntad, con el fin de hacer frente a los problemas que la
práctica política demandaba. En principio, no fueron considerados como representantes
del Estado, sino como empleados particulares del príncipe a sueldo. La duración de sus
cargos dependió de la voluntad del princeps y gozaban de importantes emolumentos,
fijados según criterios jerárquicos. Existían aquellos que gozaron de un poder delegado
(funcionarios imperiales), de los simples funcionarios (oficinas centrales) y del consejo
imperial (consilium principis).
Funcionarios imperiales
Eran nombrados directamente por el emperador y no gozaban de
un imperium o potestas propios, sino únicamente de facultades delegadas que les podían
ser retiradas en cualquier momento. Procedían tanto del orden ecuestre, como del
senatorial. No estuvieron sujetos al principio de colegialidad, ni el de la temporalidad.
Fueron divididos en diversas categorías: lugartenientes, prefectos, procuradores,
curadores y oficiales menores.
Oficinas centrales
Los funcionarios imperiales que trabajaban directamente bajo las órdenes del emperador
eran los empleados de la cancillería imperial, quienes realizaban todas las funciones
inherentes para el despacho de los asuntos relacionados con el emperador, como los de
correspondencia, archivo, solicitudes, administración de sus propios bienes, etc.
Consejo imperial
A fin de tomar decisiones importantes, el emperador se hacía asesorar por especialistas,
sobre todo en materia jurídica. Adriano fue quien organizó de forma importante a este
órgano imperial integrado por altos funcionarios, destacados senadores, jefes de oficinas
de la cancillería y jurisconsultos a sueldo.
Las características más importantes del derecho clásico, cuyo periodo abarca:
Las características del derecho clásico fueron las siguientes: el derecho romano llegó a su
máximo florecimiento, sobre todo por la actividad de los grandes jurisconsultos. Por otra
parte, al consolidarse la economía mercantilista en Roma, la principal característica en
materia contractual fue precisamente el triunfo del consensualismo, frente al formalismo
de las épocas precedentes. El derecho dejó de ser oral a través de la instauración y el
desarrollo del procedimiento formulario. Se inició una etapa de cosmopolitismo del
derecho romano, gracias a la concesión de la ciudadanía romana a todos los habitantes
libres del Imperio a través de las Constitución Antoniniana del 212 d. C. El principal valor
buscado fue la equidad, esto es, la justicia al caso concreto.
Las fuentes formales del derecho durante este periodo político fueron las siguientes:
Constituciones imperiales
En la nueva organización política, fue muy importante la producción de un nuevo derecho con la
participación del príncipe. Las normas emanadas directamente del emperador recibieron el
nombre de constitutiones princeps; esto es, la manifestación de voluntad normativa del
emperador ya sea de forma general o particular. Cuatro fueron las formas que podían revestir
dichas normas de acuerdo a su contenido:edicta, decreta, mandata y rescripta.
El derecho que se desarrolló durante el Principado fue denominado clásico, especialmente por la
labor realizada por los jurisprudentes, quienes fieles a la tradición de tres siglos lograron conjuntar
el antiguo derecho con el ius novum.
En la República no existió una educación formal de los estudios de derecho. Por lo general un
aprendiz acompañaba diariamente a un jurista a fin de aprender a través de la práctica del
derecho. Durante el Principado surgieron dos escuelas a las cuales pertenecían la mayoría de los
juristas de los dos primeros siglos de nuestra era. Dos juristas de la época de Augusto, Casio Ateyo
Capitón y Marco Antistio Labeón fueron sus fundadores, aunque ambas escuelas tomaron el
nombre de dos de sus alumnos, Sabino y Próculo. Parece que fueron algo más que escuelas de
enseñanza; sin embargo, hasta el momento no se sabe nada de lo que las diferenciaba. Se trataba
de opiniones distintas sobre un tema jurídico en particular en donde cada representante de las
escuelas (sabinianos y proculeyanos) exponía su criterio. Según la tradición ambas escuelas
desaparecieron hacia finales del siglo II d. C.
Por lo general, los jurisconsultos presentaban por escrito sus responsa, y si el emperador estaba de
acuerdo daba a cada una de ellas su autorización. En la época de Tiberio (14-27 d. C.) este derecho
tomó visos de privilegio personal y a las respuestas de algunos juristas se les dio el carácter de
públicas. Sin embargo, este sistema causó confusión, ya que el emperador no tenía control sobre
las respuestas, por lo tanto, como las diferencias eran numerosas y la unanimidad excepcional, los
particulares perdieron la confianza de invocar responsa y se inclinaron hacia la práctica de
los rescripta imperiales, por lo que el príncipe asistido por su consejo interpretaba el derecho
Aun y cuando el senado sufrió una pérdida sustancial de autoridad en favor del predominio
político del príncipe, se vio formalmente ampliado en el ámbito de sus competencias. Se permitió
que dictase normas jurídicas para que sustituyese la casi agotada legislación comicial a través de
los senadoconsultos.
Con el tiempo, el senado quedó sometido al poder del emperador, perdiendo su facultad de emitir
iniciativas de normas por sí mismo, su actividad se ciñó a aclamar formalmente las iniciativas
presentadas por el emperador.
Algunos magistrados, entre ellos los pretores, continuaron expidiendo su edicto anual, pero en el
año 130 a. C. el edicto del pretor encontró una formulación definitiva por órdenes del emperador
Adriano (117-138 d. C.) y sus colaboradores, entre ellos el jurista Salvio Juliano, quien estableció
que el edicto se publicaría en adelante sin modificación alguna, a no ser que éstos fueran
introducidas por el emperador; de ahí que desde entonces se paralizó a los edictos de los
magistrados como fuente formal del derecho y por ende cesó el desarrollo del ius honorarium. A
dicha compilación se le llamó Edicto Perpetuo o Edicto de Adriano.
Si bien desde finales de la República los comicios habían perdido paulatinamente sus funciones
legislativas, fue Augusto quien intentó revitalizar esta función popular, para lo cual, él mismo
presentó a los comicios entre los años 18 y 17 a. C. una seriede iniciativas de leyes de carácter
público y privado. En la época de Claudio (41-54 d. C.) existieron leyes relativas a la organización
de la prefectura, y en tiempos de Nerva (96-98) parece ser que se votó una ley agraria en el año 96
d. C., concluyendo de esta manera la actividad legislativa de los comicios, que a partir del siglo II d.
C. fue nula.
A continuación analice las cuatro formas que podían revestir las constituciones del prínceps:
Edicta
Normas en las que el emperador daba directrices, incluso a los gobernadores de las provincias
senatoriales, estableciendo principios y normas que los magistrados, funcionarios y súbditos
debían seguir.
Decreta
Manifestación concreta del poder jurisdiccional que había asumido el emperador, pudiendo juzgar
en primera y única instancia, bien por el recurso de las partes o magistrados, bien por propia
iniciativa. Este nuevo derecho era declarado por los juristas como una ley vigente que serviría de
criterio a las otras autoridades juzgadoras del imperio.
Rescripta
Respuestas escritas dadas por el emperador a preguntas que le dirigían por escrito los magistrados
y los particulares. Estas respuestas debían valer sólo para el caso concreto, salvo que el príncipe
determinase que se aplicaran a casos análogos.
Mandata
Instrucciones impartidas a los funcionarios imperiales y a los gobernadores de las provincias. A
menudo, las reglas que se contenían en ellas procedían de senadoconsultos o de otras
constituciones extendidas a Italia sobre cuestiones de derecho administrativo, penal, civil, etc.
Existen en la época Romana varios tipos de imperios, uno de los más representativos es el
Imperio absoluto o autocracia, durante el cual todos los poderes estaban concentrados en
manos de un autócrata o en el caso de Roma, en el emperador. Durante esta época se
dieron varios levantamientos e inconformidades, por lo que resultaba más difícil la
defensa del Imperio.
Por otra parte, las continuas luchas entre ejércitos provocaron el desistimiento de la
salvaguarda de las fronteras del imperio, dejando la puerta abierta a las invasiones de los
pueblos bárbaros del norte de Europa, que en número creciente llegaron al Imperio.
La inestabilidad del poder central y las luchas con ejércitos, las invasiones bárbaras y los
movimientos separatistas, representaron el aspecto externo de la crisis.
En los últimos años del siglo III, con la asunción al poder de Diocleciano (244-311 d. C.) en 284 d.
C., la figura del emperador se convirtió en el centro del poder, dando como resultado la creación
de sistema absolutista en manos de un emperador, para lo cual hubo de realizar distintas
reformas, entre ellas, la de consolidar su poder dándole un matiz religioso y rodeándolo de un halo
místico
Para evitar la crisis precedente modificó la forma de sucesión imperial. Considerando la división
del imperio romano de Occidente y Oriente decidió crear la forma política de la tetrarquía.
Definamos
Tetrarquía
Forma política en la que el gobierno del Imperio se repartiría entre dos Augustos y dos
Césares.
Diocleciano gobernaría la parte Oriental del Imperio con sede en Nicomedia y el otro Augusto,
Maximiano lo haría en Milán o en Aquileya. Galerio sería el César de Diocleciano y Constancio
Cloro para Maximiano, ambos Césares ligados por matrimonio con sus hijas y posteriormente
adoptados por ellos.
Todos estos cambios no tuvieron el efecto deseado, por lo que en el año 305 Diocleciano hubo de
abdicar, situación que degeneró en fuertes rivalidades y luchas sociales. Empero, la tetrarquía
logró el objetivo de controlar el interior del Imperio, reforzó fronteras, controló el ejército y a las
provincias, aunque no logró dar estabilidad al sistema político, en donde el emperador devino
definitivamente monarca absoluto, frente a la burocracia imperial, al ejército y ante todos los
súbditos del imperio.
El Imperio romano que en las vicisitudes del siglo III resultó dividido de hecho, lo fue de derecho
por primera vez cuando Diocleciano impuso la política de la tetrarquía. Desde ese momento, el
Imperio conoció momentos de restauración de la unidad en manos de Constantino, empero, a su
muerte se dieron nuevas fragmentaciones.
En el 306 Constantino (272-337 d. C.) asumió el poder después de haber triunfado contra todos
sus rivales. Unificó el poder con el propósito de introducir el principio dinástico, disolviendo el
sistema tetrárquico y dividió el poder en cuatro prefecturas. Varias fueron las reformas que
impuso, entre ellas, la religiosa a través de la expedición del Edicto de Milán (313 d. C.)
estableciendo al cristianismo como religión tolerada. Convocó el Primer Concilio de Nicea en 325
que otorgó legitimidad al cristianismo dentro de las fronteras del Imperio romano. Años más
tarde, Teodosio el Grande (379-395) mediante el Edicto de Tesalónica de 380 declaró al
cristianismo como religión oficial del Imperio, comenzando entonces una férrea persecución
contra los paganos.
En el año de 395 d. C. el emperador Teodosio el Grande dividió al Imperio romano entre sus dos
hijos, le asignó a Arcadio la parte Oriental y a Honorio la Occidental, este suceso generó que a
partir de ellos nunca más se volviera a unir el territorio imperial. Así, por razones de defensa, de
oportunidad política o de exigencias dinásticas, surgió la definitiva separación que se aunaba con
una falta de integración cultural entre esas dos regiones, tan marcadamente diferenciadas tanto
en lo económico como en lo social.
Teóricamente la existencia de dos o más augustos no significaba una división del poder, sino su
ejercicio colegiado. Derecho, moneda o legislación eran las mismas. En una Constitución del 429,
Teodosio II estableció que las leyes que hubieran emanado de uno de los dos emperadores y
transmitida con pragmática sanctio, al otro emperador, tuviera vigor, a menos que decidiera
expresamente rechazarla o modificarla. Después del año 476, el derecho de Oriente no tuvo
vigencia en el Occidente bárbaro. Un siglo más tarde, Justiniano emperador de Oriente decidió
extender la vigencia de su legislación a las tierras reconquistadas en la parte occidental del
Imperio.
El fin formal del Imperio de Occidente ocurrió en el año 476 con la deposición del último
emperador, Rómulo Augustulo después de una sublevación de tropas bárbaras radicadas
en Italia constituidas por hérulos y por otras poblaciones germánicas, las cuales
proclamaron como rey a Odoacro, quien solicitó, sin resultado del emperador de romano
de Oriente, el reconocimiento de la cualidad de patricius y la atribución de la
administración de Italia. En adelante, todas las tierras occidentales del Imperio estuvieron
gobernada por los reyes bárbaros, conservándose en mayor o menor medida las
estructuras administrativas que habían sido propias de los romanos.
Años más tarde, la tentativa de reconquista del Occidente fue llevada adelante, y
parcialmente exitosa, por el emperador bizantino Justiniano, pero a su muerte, bajo sus
inmediatos sucesores no sólo se perdieron paso a paso las pocas tierras reconquistadas de
Occidente, sino que el propio Imperio de Oriente se encaminó a su fin, lo poco que
quedaba cuando se produjo en 1453 la conquista de Constantinopla por los turcos, no era
ni la sombra de lo había sido el Imperio Romano.
Durante el periodo del Dominado las instituciones políticas que habían funcionado fueron
modificadas por completo a partir de las reformas de Diocleciano y Constantino. En la
cúspide se hallaba el emperador, detentador del poder absoluto. El resto de instituciones
políticas quedaron supeditadas a su voluntad.
El comitatus
Durante las turbulencias de la anarquía militar, el consilium principis llevó una vida
lánguida. En el nuevo régimen del Dominado reapareció una institución análoga a la
que se le dio el nombre de sacrum consistorium.
Una de las características más importantes del Dominado fue la burocracia creada en
época de Diocleciano y Constantino. Desde ese momento cada oficial actuaba como
delegado del emperador tanto en lo administrativo, como en lo judicial o en lo
legislativo.
Reflexión...
¿Qué cambios advierte entre la burocracia creada en los primeros años del Principado
frente a los realizados en el Dominado?
Por otro lado, el senado desde la época de los Severos y sobre todo durante la crisis
del siglo III d. C. perdió gran parte de su importancia política. Durante el Dominado, los
emperadores rara vez residieron en Roma y su contacto con el senado fue mínimo. Por
otra parte, el senado creado en Constantinopla no heredó ni la tradición, ni el poder
que había gozado el romano y se contentó con la modesta intervención en la vida
pública que le concedía el emperador; de ahí que desde entonces, este cuerpo
colegiado ya no realizó sustancialmente funciones políticas y limitándose, por lo
común, en materia de legislación, a servir de instrumento de publicidad de las leyes
imperiales.
Entre sus características más importantes se encuentran las siguientes: vulgarización del
derecho a partir de la concesión de la ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio
(Constitutio Antoniniana de civitate 212 d. C.); configuración del nuevo derecho a través
de codificaciones de iura y de leges con el fin de hacer accesible el conocimiento del
derecho a los juzgadores. La única fuente formal de derecho durante este periodo
emanaba del emperador a través de las constituciones imperiales; de ahí que surgiera un
nuevo dualismo del derecho romano, este nuevo derecho llamado leges y todo el derecho
anterior, en especial el jurisprudencial llamado iura.
Constituciones imperiales
El derecho creado por el emperador dirigido a todos los súbditos del Imperio fue
denominado en su conjunto como generales constitutiones o leges. Estas nuevas
disposiciones jurídicas podían ir dirigidas a uno de los senados imperiales, a altos
funcionarios del Estado o a todos los habitantes del Imperio.
Las constituciones imperiales en este periodo evolucionaron hacia nuevas formas de crear
el derecho. Los principales tipos de leges fueron:
Edicta:
Leyes publicadas directamente ad populum o dirigidas a la población de una determinada región,
provincia o ciudad, o bien, se dirigían a los más elevados funcionarios del Imperio, a quienes se les
confiaba la misión de darles publicidad.
Orationes:
Fueron una derivación de aquéllas que promovían los senadoconsultos durante el Principado, pero
a partir del Dominado se equipararon a una ley imperial, que para obtener vigencia se requería su
promulgación por el senado de Roma o Constantinopla.
Mandata:
Decisiones administrativas que durante el Dominado perdieron su carácter de fuente formal de
Derecho, ya que las instrucciones dadas a los funcionarios en particular se daban mediante leyes
generales.
Sanctiones pragmaticae:
Disposiciones relativas a provincias concretas o a determinado grupo de personas, destinadas a
resolver problemas transitorios, pero emitidas por razones de urgencia y casi siempre a petición
de autoridades o entidades públicas.
Para hacer accesible el manejo de obras clásicas se emitieron una serie de constituciones
que buscaban el remedio de simplificar la labor de los que ejercían la práctica del derecho
y con ello evitar confusiones. La autoridad imperial comenzó por excluir algunas obras y
confirmar otras. Así, Constantino en el 312 d. C. prohibió la utilización de los comentarios
atribuidos a Paulo y a Papiniano, pero también se afirmó la doctrina contenida en otras
obras, como fue el caso de las Sentencias de Paulo.
Imperio de Occidente
De iura
Para conocer y aplicar los iura no fue posible que los prácticos del derecho de los
siglos IV y V d. C. se dedicaran a la lectura directa de las grandes obras clásicas, por lo
que los juristas se dieron a la tarea de producir breves manuales de escritos de los
juristas clásicos a fin de responder a las necesidades de uso diario. Los escritos más
importantes fueron, entre otros, el Libro de Reglas de Ulpiano, cinco libros de
Sententiae de Paulo, el epitome de Gayo, los Libri Excusationum de Modestino,
las Notas de Trifonio y de Paulo, etc.
De leges
La primera colección fue la más rica y voluminosa, compuesta entre 292 y 293 d. C.
contenía sobre todo rescripta a partir de Adriano (117-138 d. C.). Estaba divido en
catorce libros y estos en títulos, dentro de los cuales las constituciones imperiales
aparecían en orden cronológico. El Código Hermogeniano constituyó un apéndice del
Gregoriano, compuesto de un sólo libro, divido en capítulos; contenía
fundamentalmente rescripta de Diocleciano de los años 293 a 294 d. C.
Ambas compilaciones tuvieron amplia difusión, siendo utilizadas incluso como
modelos para otras compilaciones de carácter oficial.
¡Importante!
Este Código fue la única compilación oficial de la parte Occidental del Imperio, verificada
con las adaptaciones que se hicieron en las leyes romano-bárbaras, ya que en Oriente tal
compilación fue sustituida un siglo más tarde por la realizada por Justiniano.
Mixtas
Para hacer más fácil la aplicación del derecho, algunos reyes bárbaros siguiendo la técnica
romana intentaron elaborar códigos o compilaciones de sus propias leyes, así como de
normas romanas para aplicarlas a sus súbditos romanos. Esta circunstancia se reflejó en
las llamadas leges romanum-barbarorum. Entre las más importantes destacan:
Con la caída del último emperador romano de Occidente en al año 476 d. C. culmina la
Edad Antigua y da inicio la Edad Media. Sin embargo, lo que en realidad existió fue un
largo periodo de transición, que comenzó casi insensiblemente. En efecto, antes de
que el Imperio de Occidente cayera, había comenzado la decadencia de la cultura
romana y el inicio de la cristianización del Imperio; la evolución social y económica
hacia formas más simples, así como la continua afluencia de elementos de origen
bárbaro, elementos todos que pusieron los cimientos sobre los que había de asentarse
el mundo Occidental de la Baja Edad Media.
DIGESTO
Con la expedición de la constitución Deo auctore del 15 de diciembre de 530, Justiniano
autorizó a Triboniano para que nombrara a una comisión, a fin de realizar una selección de
textos de los juristas clásicos con el objeto de adecuarlo a la realidad social del siglo VI,
evitando eventuales contradicciones y antinomias. Esta obra fue publicada mediante la
constitución Tanta el 16 de diciembre de 533 bajo el nombre de Digesta (en latín)
o Pandectae (en griego). Obra dividida en cincuenta libros y estos en títulos compuestos
con más de nueve mil fragmentos, pertenecientes a 39 juristas. Cada cita va precedida de
una inscripción en la que se menciona el jurisconsulto y la obra de donde se extrajo.
Contiene normas fundamentalmente en materia de derecho privado.
INSTITUCIONES
Ese mismo año de 533 Justiniano encargó a Triboniano y los profesores Teófilo y Doroteo,
la compilación de un manual elemental de derecho destinada a los jóvenes que
afrontaban los estudios jurídicos, las primeras nociones generales y fundamentales. La
obra debía sustituir al texto de Gayo, por lo que también le titularon Institutiones y fue
publicada por la Constitución Imperatoriam, el 21 de noviembre de 533. Dividida en cuatro
libros (personas, cosas, obligaciones y acciones) con un valor no sólo didáctico, sino
también legislativo.
NOVELAS
Finalmente en el año de 565 se publicaron las novellae constitutiones, también conocidas
como Novellae, compuesto de las constituciones imperiales que Justiniano promulgó con
posterioridad a la segunda edición del Codex; esto es, después de 534.
¡Importante!
Al respecto de los abordado previamente, realice el estudio del siguiente documento,
ya que se retomará en su “Experiencia de aprendizaje”:
Justiniano atribuyó a cada una de las partes de su compilación igual valor normativo,
empero parece ser que en la práctica se utilizaron el Código y las Novelas, en cambio, el
Digesto y las Instituciones tuvieron un valor más doctrinal y didáctico.
¡Importante!
Si bien los fragmentos de iura y leges no fueron escritos sin alteración alguna, también no
es menos cierto que el móvil que llevó a Justiniano a realizar tal compilación fue darle
vigencia a un conjunto de normas jurídicas que habían caído en desuso.
En Oriente
En el imperio de Oriente la historia del derecho romano permaneció ininterrumpida hasta
la caída de Constantinopla por los turcos en el 1453, siendo el derecho bizantino el último
bastión del muy lejano derecho clásico recapitulado por Justiniano, quien creyendo en la
perfección de su obra prohibió que se hicieran comentarios o índices a la misma. Sin
embargo, el propio Justiniano hizo excepciones, permitiendo traducciones literales al
griego con índices y paratitla; esto es, explicaciones abreviadas de algunos pasajes
del Digesto y del Código.
En Occidente
La caída del derecho romano de Occidente no supuso la desaparición del derecho romano.
Los súbditos romanos estaban bajo el poder de diversos grupos bárbaros al sur de Francia;
España e Italia continuaron rigiéndose bajo el derecho vulgar mediante la aplicación de
la Lex romana visigothorum. Por otra parte, la compilación justinianea fue promulgada en
el sur de Italia en el 554, perdurando las Instituciones, el Código y las Novelas. Tras la
muerte de Justiniano, los lombardos se apoderaron de Italia, salvo ciudades como Rávena
que quedaron bajo el poder de los bizantinos.
No fue sino hasta finales del siglo XI cuando el derecho romano comenzó a enseñarse
nuevamente y se produjo un movimiento de renovación de su estudio. En el año de 1094,
Irnerio, un monje italiano, encontró en la Biblioteca de Pisa un ejemplar del Digesto al que
trasladó para su estudio a la Universidad de Bolonia. A través del estudio de la obra de
Justiniano se fundó la escuela de los glosadores. El método de trabajo utilizado fue a
través de glosas; esto es, de elaborar aclaraciones al contenido de los textos justinianeos.
Estas anotaciones podían hacerse al margen del texto (glosa marginal) o intercaladas en el
propio texto (glosa interlineal). Los principales representantes de esta escuela fueron
Bulgaro, Martino, Jacobo y Hugo. Un siglo más tarde, Accursio, reconoció que el método
exegético utilizado por los glosadores estaba en crisis, por lo que decidió hacer una
depuración de casi cien mil glosas, publicando en la primera mitad del siglo XIII la
denominada Glossa Magna también llamada Glosa Acursiana.
Escuela de los comentaristas
En el siglo XIV un grupo de estudiosos de la obra de Justiniano continúo con la obra de los
glosadores a través del uso de un nuevo método de estudio distinto al exegético. Esta
nueva escuela de estudio del derecho romano fue conocida como la de los posglosadores
o comentaristas. Formaron parte de esta escuela juristas como Bartolo de Sassoferrato,
Baldo de Ubaldis y Cino da Pistoia, quienes utilizaron un modelo escolástico con la
intención de establecer generalizaciones de las materias que atendieran a los problemas
de la época, sirviendo a los jueces y estudiosos. Fue a través de esta escuela,
principalmente por obra de Bartolo, que el estudio del derecho romano y del derecho
canónico se convirtiera en el Ius commune de Europa.
La escuela humanista
Para los glosadores y los comentaristas, la obra de Justiniano fue considerada perfecta en
sí misma, llamando a esta forma de estudiar al derecho romano el mos italicus. Hacia
mediados del siglo XVI surgió la escuela de los humanistas; se trataba de otra forma de
estudio de carácter culto del derecho romano justinianeo al que se denominó mos
gallicus, por ser sus representantes de origen francés. Este movimiento abandonó la idea
de la razón misma del derecho romano, para buscar el imperio de la razón que tenía la
compilación. Integraron este movimiento Jacques Cujas (1522-1590) y Hugo Doneau
(1527-1591).
En los siglos XVII y XVIII los intereses de los humanistas fueron sustituidos por el nuevo
racionalismo de la escuela del derecho natural. Sus partidarios negaron la autoridad
incuestionable que los comentaristas habían hecho del Corpus Iuris Civilis, pero
encontraron en el derecho romano la materialización del derecho natural a través del uso
de la razón, derivados de principios inherentes en la naturaleza del hombre y la sociedad.
Uno de los exponentes de esta escuela fue el holandés Hugo Grocio (1583-1645) quien en
su obra De iure bellia e pacis, base del derecho internacional, utilizó la concepción del
derecho natural y del derecho de gentes de corte romano. En Alemania destacaron
Samuel von Pufendorf (1623-1694), Christian Thomasio (1655-1728) y Christian Wolf
(1679-1754).
En el mundo contemporáneo
Movimiento codificador
En el siglo XIX los estudios que hasta entonces se habían realizado respecto del
derecho romano sirvieron de base para la creación de códigos civiles compuestos por
reglas y principios jurídicos básicos. Estos ideales se cristalizaron con la promulgación
del Código bávaro en 1756 y el prusiano en 1794. En 1804 fue publicado el Código Civil
de Napoleón, cuyo contenido de base romana fue retomado en los códigos de
Holanda, España, Italia, Bélgica, Lousiana, Quebec, Egipto y México. En la actualidad, el
estudio del derecho romano ha continuado, no sólo desde una perspectiva
academicista, sino que algunos de sus principios básicos se utilizan en la interpretación
del derecho de la codificación y su aplicación en los tribunales.
La escuela histórica
En los albores del siglo XIX surgió en Alemania un movimiento denominado la escuela
histórica, que, a diferencia de la escuela de derecho natural, abogó por entender al
derecho romano no como producto de la razón humana, sino como el producto vivo
nacido del espíritu del pueblo. Esta corriente tuvo sus más conspicuos representantes
en Alemania, entre ellos, Gustavo Hugo (1764-1844), Friedrich Carl von Savigny (1779-
1861), Rudolf von Ihering (1818-1892) y Georg Friedrich Puchta (1798-1846).
La pandectística alemana
En 1495 se produjo en Alemania la recepción del Corpus Iuris Civilis; desde ese
momento, el derecho romano fue aplicado a través de la actividad judicial. En el siglo
XIX los juristas alemanes, estudiando su derecho positivo, comenzaron a interpretar
ese derecho a través de la llamada jurisprudencia de conceptos. El resultado de estos
estudios dio paso en 1900 a la expedición del Código Civil alemán (BGB: Bürgerliches
Gesetzbuch).
UNIDAD 3
En ese marco, el derecho romano se desenvolvió a partir de las respuestas dadas por los
jurisconsultos para tratar de solucionar determinados problemas, y que se concretaron en
la jurisprudencia. En la búsqueda de estas respuestas, se buscó concretar ideas de
humanismo, libertad (para ciudadanos romanos), nacionalismo, fidelidad y seguridad,
además de estar presente el juzgar con base en la justicia y equidad.
Así, el derecho romano arroja una visión particular en torno a la reflexión jurídica, en
donde la prudencia y la moral adquieren un lugar significativo en la solución de
controversias.
Objetivo
El alumnado comprenderá la forma en que procedían los Juristas romanos para la solución
de casos a partir del análisis de fragmentos de obras de juristas romanos, con especial
atención al Digesto y las respuestas dadas por los jurisconsultos.
El casuismo o casuística formó en gran medida, parte del desarrollo del pensamiento
jurídico en Roma, pues como sabrá, los jurisconsultos romanos se basaban en su
experiencia y en el uso del sentido común para la resolución de controversias.
Notará entonces, la importancia que tiene para quien ejerce el derecho desarrollar su
capacidad de reflexión, análisis y argumentación de los temas que estudia, por ello,
consideramos al casuismo como una herramienta de aprendizaje que le será de utilidad en
el ejercicio de su profesión. Claro que para hacer uso del método casuístico deberá tener
ya un conocimiento previo de las normas que se aplicaron en los casos comparados a fin
de conocer si éstas aplican el caso en particular. Por ello le instamos a que en el
transcurso de la carrera, se dé a la tarea de relacionar los temas vistos con casos prácticos,
o con la vida cotidiana para el desarrollo de su capacidad de análisis y argumentación.
Casuismo y jurisprudencia
El casuismo en el pensamiento jurídico romano
Expone Rabinovich (2006: 136), la palabra caso es elocuente, en tanto que se remonta al
participio pasivo del verbo “caer”, es decir, es algo que ha caído, y en Roma tiene a veces
el sentido de una fatalidad, inclusive con carga negativa, de manera que el caso es algo así
como una dolencia social, un conflicto infortunado que quiebra una situación pacífica.
Así, surge el casuismo, como centro del pensamiento jurídico en Roma, representa el
resultado de la unión del pragmatismo y búsqueda de soluciones al sentido común. Así, el
jurista romano no tiende a generalizar o abstraer, sino a tomar hipótesis de conflicto
concretas, reales o seriamente posibles (Rabinovich, 2006: 133).
En el casuismo, subyacía la idea de que los principios del derecho son dialécticos y por
tanto cambiantes y adaptables a cada época y para cada momento histórico, por lo que
dejan de ser especulaciones puramente filosóficas y morales para convertirse en
reflexiones jurídicas, cuando deben ser aplicadas en cada caso concreto. En este marco, el
derecho romano se alimentó en gran medida por un saber socialmente reconocido que
encarnaban los juristas y jurisprudentes (Medellín, 2000: 32).
Desarrollo de la jurisprudencia
En este marco la jurisprudencia “es la ciencia y la práctica del derecho, definida como el
conocimiento de las cosas divinas y humanas y la ciencia de lo justo y de lo injusto –
iurisprudentia est divinarum atque humanarum rerum notitia, iusti atque iniusti scientia”–
(Bravo González y Bravo Valdés, 1997: 25).
Una noción adicional de jurisprudencia se vincula con el caudal de opiniones expresadas
por personas especializadas, que basados en sus conocimientos de lo que se podría
considerar derecho positivo y su fina intuición de lo justo, resuelven casos problemáticos,
reales o hipotéticos (Margadant, 2002: 34).
Esas opiniones integraban una parte significativa del derecho en Roma. En este marco, se
observa que los primeros jurisconsultos eran sacerdotes, lo cual se aprecia de la íntima
relación entre la religión y el derecho. Sin embargo, de manera más concreta el desarrollo
de la jurisprudencia se ubica en la época republicana, clásica y posclásica, en los términos
que a continuación se explorará.
Jurisprudencia republicana
Entre los juristas principales de la República sobresale Sexto Elio Peto Cat (198 a. C.),
Quinto Mucio Escévola (142-82 a. C.), Aquilio Galo y Servio Sulpicio Rufo (106-43 a. C).
Jurisprudencia clásica
La edad de oro de la jurisprudencia clásica se extiende desde Augusto hasta los Severos,
desde el 27 a. C. hasta el 235 d. C., quienes para la resolución de casos laboran bajo el
signo bonum et aequum, de lo bueno y de lo justo, amén de sistematizar el derecho
tradicional y enriquecerlo con sus propios aportes (Castresana, 2013: 99).
Al efecto, el Dr. Jorge Mario Magallón Ibarra (2000: 219), en su obra La senda de la
jurisprudencia romana, expone las características del derecho que surgió en el periodo
clásico en Roma, en donde encontramos las siguientes:
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Asimismo, junto con la idea de justicia, equidad y prudencia, Magallón (2000: 188- 200)
expone los grandes valores jurídicos de la jurisprudencia romana clásica, entre los que se
encuentran:
Humanismo
El cual se pretendía concretar al reconocimiento del valor de la dignidad y la dimensión de
una condición de la verdadera sublimidad, los cuales sólo podían ser atribuibles a la
persona humana que tenía que ser colocada por encima de las cosas vivientes. Abarca una
educación moral y espiritual que se manifiesta como benevolencia y voluntad de hacer el
bien.
Emilio Papiano
Paulo
Considerado como el autor más fecundo entre los jurisconsultos romanos. Fue el más
crítico y especulativo. Escribió cuarenta y seis obras en trescientos diecinueve libros, entre
los que destacan 78 ad edictum y 16 ad sabinum, 26 de cuestiones y 23 de respuestas.
Domicio Ulpiano
Jurisprudencia posclásica
¡Importante!
Para profundizar en torno a los orígenes de la jurisprudencia en Roma, consulte el siguiente
artículo que además se retomará en su “Experiencia de aprendizaje”:
Inicialmente, en el método del caso, cada respuesta sirve como precedente o ejemplo
para resolver casos semejantes, lo cual permitió formar el derecho como un saber
autónomo, que tiene sus propias nociones, reglas y métodos, inserta en una organización
política determinada (Adame, 2017: 19).
¿Sabía que...?
En el desarrollo de la jurisprudencia fue significativa la participación de los abogados en Roma.
Para pronta referencia en torno al ejercicio de la abogacía, se recomienda consultar el siguiente
documento:
Zoltán Méhész, Kornél, “Carácter del Antiguo Abogado Romano”, en Jurídica. Anuario del
Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana, núm. 3, 1971, disponible
en https://bit.ly/2VQ4Hy5, consulta: 17/04/2019.
El uso de fuentes jurídicas romanas
Se llama “fuente” del derecho “a los diversos actos de donde brota el derecho, es
decir, a las formas por las que se produce” (Adame, 2017: 16). En general se
aprecia que el derecho es obra de los juristas, procedente de la autoridad de los
prudentes (auctoritas prudentium) en el discernimiento de lo justo, así como de la
potestad de los magistrados en su formación, mediante edictos, y de los comicios,
a través de leyes, y ya en el derecho posclásico, la única fuente del derecho es la
legislación emanada del emperador. En el presente apartado referiremos
brevemente a las fuentes jurídicas romanas, con la finalidad de apreciar de manera
concreta la relevancia de la jurisprudencia en el derecho romano, particularmente
en el periodo clásico.
Las fuentes del derecho privado romano (Gordillo, 2015: 40) se clasifican en:
Fuentes reales
Consistente en los acontecimientos de diversa índole (políticos, sociológicos, económicos,
religiosos) que motivan la aparición de determinada norma jurídica.
Fuentes formales
Consistente en los procedimientos a través de los cuales se producen las disposiciones
jurídicas, entre las que se encuentran la costumbre, leyes votadas en comicios, plebiscitos,
senadoconsultos, constituciones imperiales y el edicto de los magistrados jurisdicientes.
Fuentes históricas
Consistentes en los textos que se han conservado en obras jurídicas y literarias, a través
de las cuales se obtiene información del derecho romano (ejemplo Digesto o Institutas).
Derecho Arcaico
La primera fuente del derecho romano arcaico fueron las costumbres de los
antepasados recogidas por un grupo de diez magistrados en la Ley de las XII Tablas,
publicada en el año 450 a. C., la cual contenía una serie de preceptos jurídico y
funerarios provenientes de la tradición y de las leyes griegas. Junto a dicho
ordenamiento, adquiere relevancia la labor de interpretación de las XII Tablas por
parte de juristas, la cual adquirió un matiz creativo, a través de la cual se fueron
creando un orden jurídico más amplio, adaptado a las necesidades prácticas (Adame,
2017: 18).
Monarquía
Por su parte, la jurisprudencia, como fuente del Derecho designa a las respuestas de
los prudentes (responsa prudentium), es decir, a los dictámentes (sententiae) y
opiniones (opiniones).
Época clásica
En la época clásica, la principal fuente del ius es la labor conjunta de los juristas o
jurisprudencia, integrada por las opiniones de aquellos que saben de lo justo e injusto,
que les confiere la autoridad propia de los prudentes (auctoritas prudentium) (Adame,
2017: 19).
Junto con la jurisprudencia adquieren relevancia las siguientes fuentes (Adame, 2017:
20-27): LEX, EDICTOS, SENADOCONSULTOS
Al margen de dichas fuentes adquiere relevancia la literatura jurídica clásica, integrada por los
siguientes libros:
Libros de respuestas (responsa), que son colecciones de respuestas dadas por los
juristas a las consultas que le fueron hechas.
Las cuestiones (quaestiones), que son colecciones de casos prácticos, de difícil
solución, algunos incluso imaginarios y destinados a la enseñanza.
Los digestos (digesta), que son colecciones de casos y comentarios conformadas de
acuerdo con el orden del edicto del pretor.
Los comentarios al edicto del pretor o al derecho civil de Sabino y a otros libros de
juristas.
Libros monográficos sobre materias específicas, como tutelas o hipotecas.
Época posclásica
Reflexión...
Escuche la ponencia de la Dra. Mariana Moranchel (minuto 21:00), disponible en:
Ius y fas. La división de la religión y la ley en el mundo romano
Comparta sus respuestas con quien lo asesora, así como con sus compañeros en el Foro general.
Valerio Mesala contrató los servicios del escribano Quinto Metelo para que llevara los
libros de cuentas de un establecimiento comercial de su propiedad, conviniendo
ambos una duración anual del contrato y una cierta cantidad mensual en concepto de
retribución por los servicios prestados. A los pocos días, V. Mesala cae enfermo y se ve
obligado a cerrar su negocio durante varios meses; al restablecerse y reiniciar su
actividad comercial se niega a pagar a Q. Metelo la retribución correspondiente al
tiempo que estuvo inactivo.
D. 19.2.38 pr (Paul. reg.): el que dio en arriendo sus servicios tiene derecho a percibir el salario
de todo el período temporal contratado, si no dependió de él el no poder realizarlos.
D.19.2.19.9 (Ulp. 32 ed): un escribano arrendó sus servicios y el que los tomó en arriendo
murió. A instancia del escribano, el emperador dispuso por rescripto lo siguiente: como
explicas que no dependió de ti el no haber cumplido los servicios arrendados a Antonio Aquila,
si en el mismo año no recibiste salarios de otro, es justo que se cumpla fielmente el contrato.
D.9.1.17 (Ulp. 18 ed.):[…] si un caballo excitado por el dolor hubiese dado una coz, no se aplica
esta acción, pero queda obligado por una actio in factum ex lege Auiliae el que golpeó o hirió
al caballo; sin embargo, procede la actio de pauperie si la multa dio una coz al acemilero
cuando éste estaba acariciando o tocando al caballo.
b) El concepto patrimonial de daño excluía originariamente de esta acción las lesiones
causadas por un animal a un hombre libre, pero la jurisprudencia operó esa extensión:
D.9.1.3 (Gai. 7ed. prov.): ya no se duda de que en virtud de esta ley se puede demandar
también a causa de personas libres; por ejemplo, si un cuadrúpedo hubiera herido a un cabeza
de familia o a un hijo bajo potestad. En tal caso, la demanda no puede referirse a la
estimación de la lesión causada, pues el cuerpo de una persona libre no es estimable en
dinero, sino a los gastos hechos en la curación, los servicios perdidos y el rendimiento que
podría haberse obtenido por parte del que quedó inútil.
Teniendo en cuenta esta doctrina enumerar posibles elementos de relevancia patrimonial que
el demandante puede alegar a efectos de determinar el importe de la condena en la actio de
pauperie.
Lucio tenía un perro amaestrado para la custodia de su casa, en la que vivía solo. Teniendo
que realizar un viaje, pidió a su amigo y vecino Marco que cuidara de su perro durante su
ausencia. Marco aceptó el encargo y, en ejecución del mismo, sacaba diariamente al perro,
atado, a pasear por lugares próximos habitualmente transitados, tal como acostumbraba a
hacerlo Lucio. En una de esas jornadas, el animal olfateó la carne de un establecimiento
regentado por Sempronio, hijo de Octavio, que tenía como dependiente al esclavo Estico, y, a
pesar de los esfuerzos de Marco, el perro se abalanzó sobre el establecimiento comercial,
causando daños materiales y lesiones a Sempronio, que murió a consecuencia de las mismas,
sufriendo Estico otras de menor consideración, de las que se repuso después de un cierto
periodo de convalecencia.
Empleo del método de casos para el análisis y solución de problemas prácticos
¡Importante!
32. El arrendador que impide el subarriendo. Cayo había dado a Ticio, en arrendamiento por
cuatro mil sestercios, el uso y disfrute de casa ajena, de Mevio, que Cayo administraba. Ticio la
subarrendó en cinco mil sestercios a Seyo; Mevio no quiere que habite la casa, de modo que
impide el uso. Pregunta Seyo contra quién tiene la acción y si puede demandar a Cayo.
Comparta sus respuestas con quien lo asesora, así como sus compañeros en el Foro general.
UNIDAD 4
Derecho de Familia
Introducción
En los primeros tiempos del derecho romano y durante gran parte de su historia, la familia
fue considerada como una unidad legal, es decir, como un conjunto de personas sujetas al
poder del pater familias, que como ya se estudió era la única persona reconocida por el
sistema jurídico. Por lo tanto, las relaciones familiares no sólo trascendían en los
individuos, sino también en el patrimonio.
En esta unidad se analizará una de las clases de potestades que el pater familias ejercía
respecto de su familia (domus), es decir, la paterno- filial; las otras dos son la relación
matrimonial y la tutelar.
(1) Familia
Previo a la revisión de esta unidad escuche el siguiente podcast que nos presenta una
contextualización sobre los diferentes parentescos regulados por el derecho romano y,
que varios de esos conceptos se siguen ocupando actualmente en nuestra legislación:
Objetivo
El alumnado analizará las principales instituciones del Derecho familiar dentro del
contexto del Derecho romano e indicará las semejanzas y diferencias respecto del sistema
jurídico mexicano actual
Familia
La familia romana (domus) era patriarcal; esto es, reposaba por completo en la autoridad
del jefe o padre (pater familias), quien ejercía sobre sus miembros diferentes potestades.
El pater familias debía ser hombre libre, ciudadano romano y sui iuris en pleno ejercicio de sus
derechos. Ulpiano lo define como "aquel que tiene el dominio en la casa, y con razón es
llamado con este nombre, aunque no tenga hijo, porque no designamos la sola personalidad
de él, sino también su derecho" (Digesto 50.16.195.2).
Adquiría la posición de pater familias aquel que no tenía un ascendiente varón con
potestades sobre él o mediante la emancipación, es decir, cuando el pater familias decidía
liberar de la patria potestad al filius familias.
Al ser la única persona dentro de la domus era el único que contaba con un patrimonio; lo
adquirido por el resto de los miembros de la familia lo adquirían para él. Pero ¿qué
poderes ejercía el pater familias sobre los miembros de su domus?
Concepto
Definamos
Familia
Para Ulpiano la familia era un conjunto de personas que por naturaleza o por derecho
estaban bajo una misma potestad (familia propio iure) (Digesto 50.16.195.2).
Principales caracteres
En los primeros tiempos la familia era considerada como un grupo de individuos unidos
entre sí, en virtud de estar sometidos a la patria potestad de un jefe. Probablemente eran
grupos anteriores a la civitas romana. En efecto, la concepción originaria era la que
consideraba el fundamento de la familia en la potestad o parentesco civil (adgnatio) que
predominaba sobre el vínculo de sangre y filiación o parentesco natural (cognatio).
Pertenecían a la familia todos los sometidos a la potestad del pater familias por haber
nacido dentro del grupo y los que se habían incorporado a él por actos jurídicos o
religiosos.
Frente a esta concepción de la familia, en sentido propio, los juristas oponían otra en
sentido amplio (familia communi iure), formada por los que se encontraban bajo la
potestad del anterior pater familias antes de su muerte o capitis deminutio de éste. La
otra concepción era la que tenía como base los vínculos naturales (cognatio). Durante la
evolución histórica, la familia natural y cognaticia prevaleció sobre la familia agnaticia, por
influencia de pasar de una primitiva economía agrícola y familiar a la economía de
expansión imperial y del comercio.
Parentesco
Era el vínculo que se establecía entre dos o más personas basado en el origen o en un acto
establecido por ley. Los lazos del parentesco podían ser de carácter natural o civil, siendo
diferentes las consecuencias que uno u otro producían.
A la muerte del pater familias la familia se dividía, formándose tantas familias como hijos
varones hubiese, pero el vínculo jurídico permanecía entre ellos.
El parentesco por afinidad (adfinitas) era la relación que se establecía después del matrimonio,
entre cada uno de los cónyuges y los cognati del otro. Podía ser directa (entre suegro y nuera) o
colateral (entre cuñado y esposa). Para el derecho romano no se distinguían los grados (Digesto
38.10.4.5) y se extinguía con la disolución del matrimonio.
El parentesco cognaticio es aquel que une a las personas descendientes una de otra en línea recta
o descendientes de un autor en común en línea colateral sin distinción de sexos; se entendía como
la relación que existía entre los progenitores y el engendrado de justas nupcias, así como entre
aquellos que tenían o habían tenido un ascendiente común masculino, es decir, es el parentesco
fundado en los lazos de sangre que unía a todas las personas que compartían un progenitor
común tanto por línea paterna como materna.
Líneas y grados
Las líneas de parentesco las componen una sucesión de grados. Se dividen en dos:
Origen y evolución
La patria potestad era el poder que el pater familias ejercía sobre sus hijos y
descendientes, normalmente era el ascendiente varón mayor de edad.
La patria potestad es creada para proteger los intereses familiares en todos los sentidos y
a través de un jefe (pater familias) con plenos poderes para salvaguardar los intereses del
grupo.
Primeros tiempos de Roma: A diferencia de nuestro derecho positivo, en los primeros tiempos de
Roma la patria potestad se estableció en beneficio de quien la ejercía, lo que implicaba que todos
los derechos estaban de su parte y las obligaciones eran para los que estaban sometidos a él. No
suponía necesariamente la idea de paternidad. Esta idea es fácil de comprender si analizamos que
estos pueblos requerían de un jefe que mandara y que pudiera salvaguardar los intereses de su
familia. Y detrás de los intereses de la familia se encontraba el interés de la res publica.
Pero este derecho absoluto del pater familias sobre los miembros de la domus poco a poco
evolucionó hasta convertirse en un poder en beneficio de las personas sujetas a ella y se concibió
como un poder moral que comprendía protección, mantenimiento y asistencia.
Derecho arcaico: Durante el derecho arcaico, el pater familias tenía sobre los filius familias los
mismos poderes que sobre los esclavos; esto es, podía abandonarlos o hasta venderlos. Para
poder contraer nupcias requerían de su consentimiento, una vez casado, el pater ejercía
la manus sobre la nuera y la patria potestad sobre los nietos; asimismo, podía romper el
matrimonio de sus hijos e hijas, imponiéndoles el divorcio. Además, el padre podía imponer
castigos corporales a sus hijos, y aun podía matarlos (ius vitae necisque), después de haber
tomado la opinión de los parientes más próximos.
República: A finales de la República se crearon una serie de normas tendentes a limitar los
poderes del pater familias, reconociéndoles mayores derechos a los hijos. Por ejemplo, en una
constitución de Antonino Pío, se prohibió al pater familias romper el vínculo matrimonial de su
hijo mediante divorcio, siempre que mediare un bene concordans de su hijo. Septimio Severo
abolió el derecho de vida y muerte sobre los hijos. También se limitó el derecho de venta de los
hijos sólo en caso de extrema miseria.
¡Importante!
Pese al poder que el pater familias ejercía sobre los hijos y nietos es importante señalar que a
diferencia del esclavo, el filius familias era persona libre; esto es, tenía el status libertatis. Por otra
parte, por su condición de hijo de familia, era un ciudadano romano, es decir, gozaba del status
civitatis.
Los poderes que el pater familias ejercía sobre los bienes de los filius
familias evolucionaron a favor de estos últimos. Así, durante el derecho antiguo, el hijo
bajo la potestad era un alieni iuris; por lo tanto, carecía de personalidad jurídica y no tenía
patrimonio. En caso de que interviniese en un acto jurídico era por cuenta del pater
familias y era éste el que por su intermediación se hacía propietario o acreedor, pero no
podía empeorar su condición, es decir, constituirlo en un deudor frente a terceros. Por
otra parte, el pater familias podía confiar un peculio al hijo para que lo administrara
(peculio profecticio), pero éste nunca se convertía en propietario.
Años más tarde, el desarrollo de la noción de los peculios mejoró la situación patrimonial
de los hijos de familia. Además del peculio profecticio, el hijo pudo poseer en diferentes
épocas un peculio castrense, cuasicastrense y bienes adventicios, lo que se explicará más
adelante.
Los hijos nacidos de justas nupcias después de 182 días de contraído y antes de 300
días de que éste cesara quedaban en calidad de filius familias, ya descendieran
inmediatamente del pater familias o de sus descendientes en grado ulterior (Digesto
38.16.3.12 y 28.2.39).
Legitimación
Institución surgida en el derecho posclásico cuyo objeto era que los hijos nacidos en
concubinato (liberi naturales) se legitimaran y entraran a la patria potestad del padre,
siempre que contrajeran justas nupcias en cierto tiempo y que no tuviesen hijos de
precedentes matrimonios. Justiniano aceptó la legitimación aun en presencia de hijos
legítimos, con tal de que éstos hubiesen nacido de un matrimonio disuelto antes de
que naciesen los liberi naturales, porque de lo contrario serían adulterinos y por lo
tanto no legitimables. También mediante rescripto del emperador se podían legitimar
a los liberi naturales y por oblación a la curia.
Adopción
Acto por el cual un filius familias (adoptado) sale de la patria potestad de su pater
familias y entra a la patria potestad de otro pater familias (adoptante). En principio, el
derecho romano no concibió la idea de una adopción como la imitación de una
paternidad natural, sino el medio de ingreso a una familia agnaticia como sumisión a
una potestas. Fue a partir de Justiniano que esta institución se basó en el principio
romano de adoptionatur amimitatur. De acuerdo a los efectos que la adopción
generaba existían dos tipos: plena y minus plena.
Adrogación
El pater familias adrogado sufría una capitis deminutio mínima, pasando a formar
parte de una nueva familia agnaticia. El pater familias adrogante adquiría en bloque el
conjunto de los derechos transmisibles (Gayo I. 3.83) de los que era titular el adrogado
y la patria potestad sobre todas las personas libres alieni iuris ya sometidas a este
último. En el caso de las deudas, éstas se extinguían civilmente, pero el pretor las
hacía revivir mediante acciones ficticias que otorgaba a los acreedores en contra del
adrogante. El adrogado adquiría el nombre de la gens a la que se incorporaba, así
como los sacra privata.
Matrimonio
¡Importante!
El matrimonio: —las iustae nuptiae— también fue una fuente de creación de la patria
potestas, por lo que al ser un tema tan importante, lo trataremos en un epígrafe
independiente.
Extinción de la patria potestas
Capitis deminutio
Capitis deminutio máxima, media y mínima del pater familias. Los filius familias se convertían
automáticamente en sui iuris.
Derecho justiniano
El derecho justinianeo estableció que dejaban la patria potestad aquellos filius familias designados
para ocupar altas magistraturas o cargos religiosos. También dispuso que el pater familias perdiera
la patria potestad por prostituir a su hija o por cometer incesto con ella.
Definamos...
In manus
Se entendía como la autoridad que ejercía el marido sobre su cónyuge.
Formas de adquirir la manus
Todos los miembros de la familia estaban bajo la autoridad del pater familias, quien
ejercía de esta forma:
Manus
Iura potestas
Iura patronatus
Dominica potestas
Mancipatium
Los peculios
El peculio castrense fue creado por Augusto, a favor del hijo de familia que combatiera en las
legiones. Se constituía de todos los bienes que adquiría en su calidad de militar, especialmente su
sueldo y su parte en el botín de guerra. Estos bienes le pertenecían en plena propiedad, por lo que
podía disponer de ellos mediante testamento. A falta de testamento, los bienes castrenses
pasaban al padre.
El peculio cuasicastrense fue creado por Constantino y lo constituían todos los bienes que el hijo
había recibido por su servicio en la corte del emperador, del Estado o de la Iglesia. Los bienes
adventicios eran bienes que el hijo adquiría de la sucesión de su madre.
Con Constantino se incluyeron los bienes que adquiría de la sucesión de los padres de su madre
(abuelos), de su cónyuge y de su prometida. Sobre estos bienes, el pater familias tenía el derecho
de administración y goce.
Para finalizar, recordemos las dos posiciones existentes dentro de la familia romana:
Sui iuris
Alieni iuris
¡Importante!
A fin de enriquecer el estudio de los temas de esta unidad, le sugerimos realice el estudio
del siguiente documento, ya que se retomará en su “Experiencia de aprendizaje”:
Morineau, Martha e Iglesias, Román, Derecho romano, 4.ª ed., México, Oxford
University Press, 2004, pp. 59-63.
UNIDAD 6
En esta unidad analizamos como el matrimonio o los efectos jurídicos que producía se
regulaban o no por el derecho romano. Además, estudiamos como las relaciones
paternofiliales eran reguladas las relaciones paterno-filiales desde sus primeros tiempos por el
derecho romano.
El matrimonio: iustae nuptia el matrimonio legítimo (iustae nuptiae) existía
Al ser el matrimonio una fuente de patria potestad era necesario cubrir una serie de requisitos
para que fuera válido.
• Tener el ius connubii; (derecho de contraer matrimonio, por lo que sólo los ciudadanos
romanos podían contraer iustae nuptiae).
• Ambas partes debían externar su voluntad efectiva con la intención de estar unidas en
matrimonio
• En el caso de que los contrayentes fueran alieni iuris requerían que el pater familias
estuviera de acuerdo, cualquiera que fuera la edad de los contrayentes, toda vez que los hijos
que hubieran de nacer de ese matrimonio se encontrarían, algún día, bajo su potestad.
Posteriormente, la Lex Iulia de maritandis ordinibus de la época de Agusto (18 a. C.) permitió
al hijo contraer matrimonio con autorización del magistrado en caso de negativa injustificada
del pater familias.
El varón que fuera sui iuris, cualquiera que fuera su edad, se podía casar sin el consentimiento
de nadie. Si la mujer era sui iuris requería autorización de su tutor; al desaparecer la tutela de
las mujeres, éstas requerían hasta haber cumplido los 25 años, el consentimiento de los
parientes más próximos o de la autoridad judicial.
Impedimentos
Al ser las iustae nuptiae un acto solemne, la legislación impuso impedimentos absolutos y
relativos para poder contraer matrimonio. Los impedimentos absolutos evitaban que se
llevara a cabo el matrimonio de manera definitiva porque no existía la posibilidad de ser
subsanados e impedimentos relaticos imposibilitaban la celebración del matrimonio, pero
podían ser subsanados.
b) El parentesco por consanguinidad en línea recta, sin límite de grado entre contrayentes.
Por otra parte, en los tiempos del cristianismo se habría llegado a prohibir el matrimonio
entre padrino y ahijado, entre los cuales existiría algo así como un parentesco espiritual.
La religión jamás fue un impedimento para no celebrar iusta nuptia, ya que los romanos
siempre tuvieron una especial tolerancia por los cultos de los pueblos extranjeros.
La Lex Iulia de adulteris coercendis prohibía el matrimonio entre una persona casada y el o la
adúltera; y también el matrimonio entre raptor y mujer raptada.
Se prohibía el matrimonio entre tutor y pupila, antes de rendir cuenta sobre la administración
de sus bienes y mientras no se extinga el plazo para intentar una restitutio in integrum por
menor de edad, estableciéndose que el impedimento se extendía también al pater del tutor y
sus descendientes.
Efectos jurídicos
Varios fueron los efectos que generaba la iustae nuptiae, entre ellos los siguientes:
a) Los cónyuges adquirían el título de vir y uxor, participando la mujer de la condición social
del marido.
b) Por el simple matrimonio no surgía la manus; para que surgiera se tenían que realizar las
formalidades establecidas para la conventio in manu.
c) Se debían fidelidad mutua; el adulterio sólo era reconocido a la mujer a través de la Lex Iulia
de Adulteriis (18 a. C.). El marido debía repudiar a la mujer para no incurrir en la acusación
pública de lenocinium.
e) Obligación de darse alimentos de acuerdo con las necesidades de uno y las posibilidades del
otro.
f) Estaba prohibida la donación entre cónyuges y que la mujer fuera fiadora del marido
(legislación caducaria de Augusto).
g) Tenían prohibido ejercitar entre sí acciones que llevaran consigo la tacha de infamia del
otro de los cónyuges.
h) Los hijos caían bajo la patria potestad del pater familias. Eran considerados legítimos (liberi
iusti). Seguían la condición social y jurídica del padre, independientemente del status civitatis
de la madre, siempre que ésta contara con el ius connubii.
Existían dos formas de contraer las iustae nuptiae: la conventio in manum y el matrimonio
sine manu.
Conventio in manum era el matrimonio realizado según las formalidades establecidas por la
legislación. La iustae nuptiae sometía a la mujer a la manus del marido o a la de su padre a
través de la conventio in manum. Si bien el matrimonio por sí mismo era una situación de
hecho, la manus era un derecho a favor del pater familias. Para ser válido era necesario
contraer el matrimonio mediante alguna de las tres formas (Gayo, Institutas 2.139).
Entre los efectos generados en las justas nupcias se encontraban los siguientes:
• La mujer entraba a la domus del marido
• La mujer sui iuris sufría una capitis deminutio mínima y era sometida a la manus del
marido o del suegro
• La mujer sui iuris sufría una capitis deminutio mínima y era sometida a la manus del
marido o del suegro como loco filiae (hija legítima)
Sine manu era el matrimonio realizado sin formalidades y que habiendo aparecido hacia el
año 200 a. C. sustituyó rápidamente al matrimonio cum manu.
Entre los efectos jurídicos que surgían de esta unión marital fueron:
• Si la mujer era alieni iuris no rompía con los lazos agnaticios de su familia de origen, es
decir, continuaba bajo la potestad de su pater familias.
Régimen patrimonial
Los esposos podían contraer matrimonio según tres formas: separación total de bienes,
sociedad parcial o total de bienes y concentración de todo el patrimonio de los cónyuges
como propiedad del pater familias.
Separación total de bienes: Cada contrayente conservaba la propiedad de sus bienes. Si la
mujer era sui iuris no requería el consentimiento del marido para la realización de actos
jurídicos.
Concentración del patrimonio de los cónyuges como propiedad del pater familias: Todo el
patrimonio de los cónyuges se concentraba en las manos del marido o del padre del marido
como resultado de un matrimonio cum man.
Sociedad parcial o total de bienes: se trata de bienes aportados o gananciales que podían
resultar de un contrato.
La dote
Era un conjunto de bienes que procedían del patrimonio del pater familias de la esposa (dos
profecticia) o de la misma esposa o de terceros (dos adventicia) para ayudar al marido a las
cargas del matrimonio. En principio la dote era considerada como un deber moral, a partir del
derecho posclásico se consideró una obligación.
Las formas de constitución de la dote fueron: la dictio dotis (contrato verbal de promesa de
dote), datio dotis (contrato verbal tomando la forma de entrega real, en el cual se transmitían
de manera inmediata los bienes mediante una mancipatio, in iure cessio o traditio) y por un
simple pacto.
Existían dos tipos de donaciones que se podían realizar con motivo del matrimonio: ante
nupcias y después de haber contraído matrimonio.
Ante nupcias
Las donaciones ante nupcias se constituían con bienes y dinero que el futuro marido regalaba
a la mujer antes del matrimonio. Los bienes permanecían dentro del patrimonio del marido-
donante, pero no podía enajenarlos ni hipotecarlos. Al morir el marido, la mujer recibía los
bienes donados. Si la mujer moría la donación se revocaba ipso iure (de pleno derecho, es
decir, no requería declaratoria judicial).
Entre cónyuges
Las donaciones entre cónyuges fueron reguladas por el derecho romano de formas muy
diversas. Así, la Lex Cincia (204 a. C.) prohibió las donaciones entre cónyuges. Augusto declaró
las donaciones entre cónyuges nulas. Posteriormente, un senadoconsulto de la época de
Severo determinó que las donaciones entre cónyuges se podían convalidar en la herencia de
la mujer. Finalmente, Justiniano eximió de toda prohibición a las donaciones entre cónyuges.
Disolución
Varias son las causas por las que se puede disolver el matrimonio; entre ellas:
d) Falta de affectio maritallis. Durante la República debía expresarse ante siete testigos.
Augusto prohibió esta causal con la Lex Iulia de Adulteriis coercendis.
Además del matrimonio, en Roma se practicaron otras uniones, entre ellas el concubinatus, el
matrimonio sine connubio y el contubernium.
Concubinatus
Era una unión de orden inferior al iustum matrimonium que no elevaba a la mujer a la
condición social del marido y no tenía como efectos que los hijos y nietos cayeran bajo la
patria potestas del pater familias.
En principio el ius civile no reconoció esta situación de hecho; fue en el Bajo Imperio, cuando
se reconoció expresamente el concubinato. Se llamaba inaequale conjugium, al que se le
reconocieron algunos efectos jurídicos.
Era el matrimonio del derecho de gentes y se verificaba entre personas que carecían del ius
connubii. Por ejemplo, entre un ciudadano y una peregrina o entre dos peregrinos. Esta
relación estaba regulada por el derecho de gentes o por el derecho propio de la ciudad a la
cual pertenecían los esposos.
Contubernium
Se llamaba así a aquella unión de carácter marital existente entre esclavos o entre un libre y
un esclavo. No producía efectos jurídicos. Los hijos de esa unión nacían esclavos, siguiendo la
condición jurídica de la madre, a menos que existiera el favor libertatis.
Las causas por las que una persona se encontraría bajo alguna potestad serían en virtud de
alguna incapacidad, por lo que tendría que someterse a la institución de la tutela o bien de la
curatela.
La incapacidad de una persona sui iuris puede obedecer a cualquiera de las siguientes cuatro
causas:
Tutela
Algunos sui iuris podían tener limitada parcial o totalmente su capacidad de ejercicio, sea por
la edad o por su sexo. En ese caso era necesario que se les designara una persona, tutor o
curador, que supliera su deficiente capacidad de ejercicio.
En el derecho preclásico se definió a la tutela como aquella fuerza y potestad dada y permitida
por el derecho civil sobre un individuo libre, para proteger al que por su edad no podía
defenderse espontáneamente (Digesto 26.1.1).
Clases de tutela
Las causas por las que una persona debía estar bajo el poder de un tutor fueron por razones
de edad o de sexo.
Estaban sujetos a tutela aquellos que no habían alcanzado la pubertad, distinguiéndose dos
tipos:
Los infans (los que no podían hablar razonablemente), es decir, los menores de siete años
(Gayo I.3.109).
Los infantia maiores (los que superaban la infancia), esto es, las mujeres hasta los doce y los
hombres hasta los catorce años.
La función primordial del tutor era el buen manejo de la fortuna del pupilo y no la de ocuparse
de forma directa de su guarda y educación. Por tal razón, debía efectuarse un inventario de
los bienes pertenecientes al pupilo para que, con base en el mismo, le fueran restituidos.
Tutela de mujeres
La mujer, en principio, estaba siempre bajo la tutela, puesto que se consideraba que su
capacidad estaba limitada para llevar determinados actos que pudieran comprometer su
patrimonio.
Nombramientos del tutor, características de cada tutela, obligaciones del tutor, restricciones y
responsabilidades del tutor
Existían tres formas de designar tutores: por vía sucesoria legítima y testamentaria o dativa.
Legítima
Según la Ley de las XII Tablas correspondía la tutela al agnado más próximo que fuera varón y
púber. En ausencia de éste, ocupaban el cargo algunos de los miembros de la gens. El derecho
clásico dispuso que al cesar el parentesco, el tutor no podía renunciar, ni tampoco ser
removido de la tutela. El emperador Claudio abolió esta clase de nombramiento para la tutela
de las mujeres.
Testamentaria
El pater familias podía designar tutor en su testamento. Si el testamento se invalidaba, el
magistrado mantenía el nombramiento de tutor. El tutor testamentario podía renunciar
libremente a la tutela (abdicatio tutelae).
Dativa
La Lex Atilia (186 a. C.) determinó que el pretor urbano pudiera nombrar al tutor. Desde la
época de Claudio los cónsules adquirieron esta función; Marco Aurelio creó un praetor
tutelaris para las tutelas de Roma, dejando las de Italia a los iuridici y en las provincias al
gobernador.
Antes de ocupar el cargo, el tutor debía hacer un inventario de los bienes del pupilo; sólo
podía enajenar aquellos bienes de difícil conservación; requería solicitar autorización del
magistrado para enajenar o pignorar fincas rústicas o suburbanas del pupilo. Desde
Constantino era necesaria la autorización para enajenar cualquier bien mueble o inmueble de
gran valor. También debía invertir preferentemente los capitales del pupilo en inmuebles;
cobrar los créditos pupilares y evitar el devengo de intereses pagando sin demora las deudas.
Tenía prohibido realizar donaciones con el patrimonio del pupilo. Asimismo, el tutor no
testamentario debía otorgar una caución (cautio rem pupilli salvan fore) para asegurar el pago
de los probables perjuicios causados por él en la administración del patrimonio del pupilo y
dando a éste ciertas preferencias de ejecución (los créditos del pupilo contra su tutor tenían
privilegio en el concurso de acreedores).
Crimen suspectitutoris
Actio tutelae
De acuerdo a la concepción antigua de la tutela sobre los impúberes y las mujeres, el tutor no
estaba obligado a administrar los bienes del pupilo, ni se consideraba como el responsable de
las pérdidas y daños que éstos sufrieran, por lo que los pupilos no contaban con ninguna
protección ni se les concedía ninguna medida procesal contra los actos del tutor. Empero, la
Ley de las XII Tablas reconoció sanciones penales en contra de lo actos del tutor. Con el
tiempo surgieron algunas acciones en favor de los pupilos contra los actos realizados por el
tutor. Las principales acciones que se concedieron fueron las siguientes:
Acción ejercida contra el tutor legítimo por su falta de diligencia en la administración de los
bienes del pupilo.
Acción ejercida en contra del tutor para que restituyese al pupilo lo que hubiese adquirido.
Privilegium exigendi
En caso de quiebra del tutor, el pupilo tenía el derecho a que se le pagara primero.
Curator
Se podía controlar la gestión del tutor nombrando un curator especial, sobre todo cuando
había contradicción de intereses entre el tutor y su pupilo.
Acción pública infamante que debía ejercerse durante la tutela, por lo que podía interponerla
ante el magistrado cualquier persona que sospechara que el tutor testamentario malversaba
los bienes del pupilo. Durante el derecho justinianeo podía ser promovido de la tutela.
Acción penal privada contra el tutor legítimo que había sustraído algún bien del patrimonio
del pupilo. Se podía obtener el doble del valor de lo sustraído por el tutor.
La actio tutelae
Al llegar a la pubertad, las mujeres debían tener un tutor (tutela mulierum). Este tipo de tutela
en principio se justificó desde el antiguo punto de vista del interés del tutor agnado, que en el
futuro sería el heredero legítimo de la mujer. Con el tiempo, la función del tutor fue la de dar
protección a la mujer incapaz.
La tutela de las mujeres hubo de pasar por un proceso evolutivo en el que poco a poco fue
mejorando su situación jurídica:
II. Augusto, mediante las leges Iulia y Papia Poppea concedió el ius liberorum (derecho de
liberarse del tutor) a las mujeres ingenuas con tres hijos o a las libertas con cuatro hijos.
También otorgó el derecho para que la mujer designase a su propio tutor.
III. Desde el derecho clásico a falta de tutor, la mujer tenía derecho a solicitar del
magistrado un nuevo y definitivo tuto
IV. Una ley de la época de Claudio suprimió la tutela agnaticia para las mujeres. Ya en
época de Diocleciano la tutela de las mujeres se convirtió en un recuerdo del pasado
Curatela
La tutela es un instituto de protección de los incapaces por naturaleza (es decir aquellos que
por motivo de edad o por ser mujeres necesitan de un tutor) lo mismo que la patria potestad,
la curatela lo es con relación a los incapaces a causa de enfermedad, mayores de edad o
sordos que no se puedan dar a entender por escrito.
Estaban sujetos a la curatela por razones de enfermedades mentales, como era el caso de los
furiosi y los mente capti, y los que tenían tendencia a la prodigalidad (prodigi).
En la República a través de la Lex Laectoria (200 a. C.) surgió la curatela de aquellos varones
que habían alcanzado la pubertad y por ende habían salido de la tutela, pero que eran
menores de 25 años y por lo mismo carecían de experiencia, por lo que su falta de desarrollo
intelectual les acarrearía grandes perjuicios.
Furiosi
Mente capti
Para algunos juristas se distinguían los furiosus del mente captus o demens, por tener los
primeros lapsos de lucidez; otros autores sostenían que los furiosus eran los locos agitados y
los mente capti eran los disminuidos mentalmente.
Pródigos
Los pródigos eran aquellos pater familias que teniendo hijos realizaban actos tendentes a
dilapidar todos los bienes heredados ab intestato (por vía legítima) de sus ascendientes
agnaticios.
El feto en el claustro materno no es más que un embrión que forma parte de las entrañas de
la madre (portio mulieris vel viscerum), y por ende no es considerado persona. Sin embargo, al
concebido no nacido (conceptus o nasciturus) le es reconocida, bajo ciertos aspectos,
especialmente en tema de sucesiones, una capacidad jurídica potencial, que será efectiva
cuando nazca realmente, y a este fin, el derecho romano permite nombrar un administrador
especial llamado curator ventris, que se encarga de gestionar los bienes que el concebido
heredará cuando nazca vivo.
UNIDAD 7
Ejercicios y Protección de los Derechos
Introducción
Ejercitar un derecho equivale a realizar y poner en marcha las facultades que lo concede y/o
reconoce. Los medios jurídicos de protección a ese derecho son armas que el derecho
otorga para proceder coactivamente contra el adversario.
En los pueblos primitivos dicha coacción se basaba en las fuerzas personales y familiares
del individuo interesado. Pero este sistema evolucionó al mismo tiempo que lo hacía la
propia estructura social. Así la protección de los individuos inició por la venganza privada,
pasando por la ley del Talión y la composición voluntaria, hasta llegar a la creación de
órganos especializados para dirimir controversias dentro de una estructura jurisdiccional
determinada.
Roma, como cualquier otro pueblo de la antigüedad, llevó a cabo estas transformaciones,
logrando construir una solución viable para la defensa de los derechos de los particulares, a
través del derecho de acción, que otorgaba a los individuos la facultad para perseguir en
juicio aquello que les era debido. Con el derecho de acción, desde el inicio del Principado
existieron medidas que condenaban la venganza privada, y siglos más tarde, Marco Aurelio
dispuso que quien hiciere justicia por propia mano perdería ese derecho.
Precisamente esta unidad tiene como tema principal el estudio de los procedimientos
jurisdiccionales creados por el derecho romano para la solución de controversias entre los
particulares. En este sentido, el estudiante conocerá los dos sistemas procesales: el ordo
iudiciorum privatorum (ordenación de los juicios privados), que comprende las legis
actiones y el per formulam, y la cognitio extraordinaria.
Es importante señalar que estos sistemas no necesariamente fueron sincrónicos, más bien
representan el resultado de una evolución lenta; no obstante, las legis actiones se aplicaron
paralelamente al per formulam, y éste a su vez coexistió durante algún tiempo con
la cognitio extraordinaria, situación que coincide con el desarrollo del dualismo del
derecho romano, esto es, la coexistencia del ius civile con el ius honorarium; mientras que
el procedimiento extraordinario supuso la fusión de ambos derechos.
La forma en la que se organizaron estos sistemas judiciales, los diversos pasos que se
debían seguir para llegar a una sentencia y el modo en que se debían comportar las partes
forman parte del derecho procesal romano, entendiéndose por proceso la solución de una
controversia por un juez y el procedimiento sería los distintos pasos necesarios para llegar a
la resolución de un conflicto.
Cabe mencionar que al igual que en nuestro derecho positivo, para los romanos existieron
dos tipos de procedimientos: el criminal y el civil. Para efectos de esta asignatura,
únicamente se analizará el sistema procesal civil romano.
Objetivo
Derecho de acción
Es la facultad del particular de exigir determinada conducta a otro, cuando éste ha incumplido con
la misma, mediante la intervención de los órganos del Estado encargados de administrar justicia.
Derecho subjetivo
Mientras que para el derecho moderno el titular de un derecho subjetivo tiene implícitamente una
acción en defensa de él, en el lenguaje romano, se prefería usar la palabra actio en lugar de ius, para
indicar que se tenía la facultad, concedida por el ius civile o por el pretor, y defendida por una actio,
de exigir determinada conducta de parte de otros, o de actuar judicialmente para conseguir sus
efectos o su equivalente. Por lo tanto, los romanos preferían concebir las relaciones jurídicas a
través de acciones, en vez de hacerlo por medio del reconocimiento de derechos subjetivos.
El proceso civil
El derecho romano distingue al proceso penal o criminal del civil; el primero tiene la finalidad de
imponer una pena aflictiva al que ha cometido un delito, esto es, se busca aplicar la sanción por la
infracción de aquellas normas cuya ejecución controla directamente el Estado. En cambio, el
proceso civil tiene la función de defender el derecho subjetivo de un particular frente a otro sujeto.
La justicia privada y su evolución
En los primeros tiempos de Roma, como en cualquier otro pueblo de la antigüedad, los
conflictos se dirimían con el uso de la violencia.
Con el tiempo se introdujeron leyes e instituciones que eliminaron la justicia por propia mano.
Así, la Lex Iulia de Vi Publica de la época de Augusto castigó con la privación de su derecho
de crédito al acreedor que directamente ejercitara actos de fuerza sobre su deudor para obligarlo
a pagar.
Un decreto de Marco Aurelio estableció que el acreedor que tomara de su deudor cosa o dinero
que le debía sin autorización del magistrado, no tendría derecho a su crédito y al deudor le
quedaría condonada la misma (D. 4.2.12.2).
Con el derecho justinianeo se impuso gradualmente el principio de que la defensa del derecho
debía llevarse a cabo a través de los órganos encargados de administrar justicia (D. 50.17.176).
Pragmatismo romano
Para el derecho moderno, el titular de un derecho subjetivo tiene implícitamente una acción
en defensa de él; empero, para el derecho romano se prefería defender un derecho a través
de una actio, lo que le otorgaba la facultad, concedida por el ius civile o por el ius
honorarium, para exigir en juicio determinada conducta, así que mientras existiera una
acción, existía el derecho.
Si bien en un principio las partes debían actuar personalmente, con el tiempo se aceptó que pudieran
ser representadas. Para el caso de los incapaces por edad, sexo, enfermedad mental o tendencia a la
prodigalidad, los pupilos debían ser representados por su tutor o curador, según fuera el caso.
También un ciudadano podía ser representado cuando ejercía una acción popular. Asimismo, podían
ser representados en juicio tanto el esclavo que solicitaba su libertad, como el ausente que había
sido nombrado para una misión oficial.
La acción en general
La acción era el derecho del individuo de perseguir en juicio el objeto del derecho subjetivo
(D. 44.7.51); esto es, la facultad de conseguir el efecto de la conducta positiva o negativa
que se tenía derecho de exigir de otros.
Para el derecho romano el significado de actio sufrió una constante evolución; en las legis
actiones eran las declaraciones formales y rituales de las partes ante el magistrado; en el
procedimiento formulario, la petición concreta de una fórmula al pretor; y en el
procedimiento extraordinario, la facultad de demandar y de obtener la protección del
representante del poder público.
En general, la acción se concibe como "el derecho que se confiere a las personas para
promover un proceso ante los órganos jurisdiccionales, a fin de obtener una resolución
sobre una pretensión litigiosa y lograr, en su caso, la ejecución forzosa de lo juzgado"
(Ovalle, 2003: 4).
La palabra acción además de sus significados restringidos tiene tres sentidos generales
(Bravo, 2014: 271):
Acción y derecho subjetivo
Para el derecho moderno, el titular de un derecho subjetivo tiene implícitamente una acción
en defensa de él; empero, para el derecho romano se prefería defender un derecho a través
de una actio, lo que le otorgaba la facultad, concedida por el ius civile o por el ius
honorarium, para exigir en juicio determinada conducta, así que mientras existiera una
acción, existía el derecho.
a. Acciones
La acción era el derecho del individuo de perseguir en juicio el objeto del derecho subjetivo
(D. 44.7.51); esto es, la facultad de conseguir el efecto de la conducta positiva o negativa
que se tenía derecho de exigir de otros.
Para el derecho romano el significado de actio sufrió una constante evolución; en las legis
actiones eran las declaraciones formales y rituales de las partes ante el magistrado; en el
procedimiento formulario, la petición concreta de una fórmula al pretor; y en el
procedimiento extraordinario, la facultad de demandar y de obtener la protección del
representante del poder público.
Clases de acciones
Según se ha mencionado, para poder acceder a un juicio, era menester que el actor contara
con una medida procesal determinada, esto es, una actio; por ello existía un catálogo de
acciones que fueron divididas considerando distintos criterios de acuerdo a lo siguiente:
Por su eficacia
Divididas en stricti iuris (el juez debía juzgar según las indicaciones expuestas en la fórmula sobre
las cuestiones de hecho y sobre las pretensiones jurídicas objeto del pleito) y las bonae fidei (el juez
por encargo del magistrado valoraba la cuestión jurídica cuestionada, no sólo basándose en las
normas jurídicas, sino tomando también con base en las reglas de la equidad y de la buena fe).
Por su resolución
Estaban las arbitrariae (concedían al juez la facultad de dirigir al demandado la orden de restituir o
mostrar la cosa, evitando así la condena pecuniaria) y no arbitrariae (el juez debía condenar
pecuniariamente).
Por su duración
Podían ser perpetuae (creadas por el ius civile, no tenían límite de tiempo para interponerlas.
Teodosio II en el año de 424 estableció la prescripción de las acciones civiles a los 30 o 40 años,
contados desde que surgió la facultad de ejercitarlas) y temporariae (creadas por el ius honorarium,
prescribían al año).
Por su condena
Las acciones eran simples (el juez sentenciaba sólo por el valor de lo reclamado); dobles (el juez
sentenciaba por el doble del valor de lo reclamado); triples (el juez sentenciaba por el triple del
valor de lo reclamado o cuádruple).
Interdictos
Eran órdenes decretadas por el magistrado para mantener la paz y la seguridad en las
relaciones privadas, en especial para hacer respetar situaciones de apariencia jurídica, a fin
de que las reclamaciones contra las mismas se hicieran procesalmente, no de propia mano.
Tales medidas eran emitidas por el magistrado a instancia de las partes, en presencia de
ambos litigantes, después de un conocimiento sumario de la relación controvertida. Se trata
propiamente de la creación del ius honorarium.
Por su forma
Por su forma los interdictos eran restitutorias (restituían una situación original, entregaban una cosa,
v. g. interdictum quorum bonorum o devolvían una cosa, v. g. interdictum de clandestina
possessione); exhibitorias (mostraban una cosa, v. g. en caso de robo mostraban un documento, v. g.
en caso de testamento o a una persona, v. g. en caso de secuestro) y prohibitorias (vedaban la
realización de alguna conducta).
Para protegerlos
Para proteger la posesión existieron los interdictos posesorios (como por ejemplo adipiscendae
possessionis causa, retinendae possessionis causa, recuperandae possessionis causa).
Procedimiento y proceso
Esta noción de proceso y procedimiento se sigue dentro del derecho procesal civil
contemporáneo, bajo el cual el proceso se concibe como un conjunto de actos y hechos
jurídicos a través del cual dichos órganos dirigen y deciden los litigios. El procedimiento
por su parte se integra por la serie de actos y hechos procesales, que tiene una realización
formal, espacial y temporal (Ovalle, 2003: 4).
Bajo este esquema el procedimiento, corresponde al recorrido bajo el cual se realiza el
proceso, el cual se concreta en una sucesión de actos y hechos que tienen una vinculación
cronológica, en cuanto a que tales actos se verifican progresivamente durante determinado
tiempo; lógica, en razón de que se relacionan entre sí como presupuestos y consecuencias y
teleológicas, que se enlazan en razón del fin que persiguen, de esta manera el proceso se
realiza a través de diversos actos que se desarrollan sucesivamente por etapas (Ovalle,
2003: 31).
El estudio el derecho romano permite identificar tres fases históricas del desarrollo del
sistema procesal romano, a saber: legis actiones, proceso formulario y proceso extra
ordinem.
Al efecto, es posible apreciar que el proceso civil romano sufrió una constante evolución,
cuyo origen se remonta a la antigüedad en el periodo de la autocomposición, vinculándose
al pater familias, quien ostentaba la fuerza, imponiéndose a través suyo lo que era justo.
Con el tiempo, este poder fue respaldado por el Estado y más tarde el propio Estado fue el
único encargado de administrar justicia, surgiendo por tanto la época de la
heterocomposición.
Dentro del ordo iudiciorum privado, es posible identificar la separación del proceso en dos
instancias, la primera de las cuales se desarrollaba ante un magistrado (in iure), dentro de la
cual se determinaba la constelación jurídica del caso, en tanto que la segunda ante un
tribunal de ciudadanos o ante un juez privado (in iudicio o apud iudicem), dentro de la cual
se ofrecían, admitían y desahogaban las pruebas, se realizaba la presentación de alegatos y
el juez dictaba la sentencia.
A reserva de analizar los alcances del procedimiento civil, en los siguientes apartados, es
posible sintetizar los alcances del sistema procesal romano de la siguiente forma:
¿Sabía que...?
La reacción en contra de la venganza desmedida se limitó al uso de la ley del Talión
(regulada por la Ley de las XII Tablas), autorizando al ofendido a imponer al ofensor una
lesión o daño igual al que él le causó.
El ordo iudiciorum privatorum
En el periodo del ordo iudiciorum es posible encontrar una transición entre la justicia
privada y la pública. Al efecto, en la solución de controversias se aprecia la intervención de
la figura del magistrado que se limita a asegurar que las partes recurrieran al juez privado,
para que éste pudiera dictar la sentencia correspondiente. De esta manera la función del
magistrado consistía en permitir o prohibir el acceso al arbitraje de los jueces privados
(Margadant, 2002: 140- 142).
Como se indicó con antelación, dentro del referido ordo iudiciorum se ubican dos fases, a
saber: las legis actiones y la del proceso formulario, que serán objeto de estudio en los
siguientes apartados.
¿Sabía que...?
A principios del siglo XX, un profesor
italiano, Vicenzo Arangio-Ruiz, descubrió
(8) Vincenzo Arangio-Ruiz (1884-1964)
algunos documentos inéditos que aludían
a dicho procedimiento. Con el estudio de
esta documentación definió a las acciones
de la ley como “declaraciones solemnes
acompañadas de gestos rituales, que el
particular pronunciaba generalmente ante
el magistrado con el fin de proclamar un
derecho que le asiste y ejercer un derecho
previamente reconocido”.
Características
Las acciones de la ley eran exclusivas de los ciudadanos romanos. Sólo se podían utilizar
para hacer valer derechos subjetivos reconocidos por el ius civile (nula actio sine lege).
Únicamente se podían utilizar en Roma o dentro de una milla de distancia de ella. Era un
procedimiento rigurosamente formalista, ya que estaba ligado a conceptos religiosos. Las
partes debían pronunciar palabras, hacer gestos tal y como la ley la señalaba, sin variar
nada so pena de perder el juicio. Al pertenecer al ordo iudiciorum privatorum se trataba de
un procedimiento biinstancial.
Existían tres acciones que tenían por objeto declarar un derecho: legis actio per
sacramento, legis actio per iudicis postulationem y legis actio per conditionem. También
existían dos acciones ejecutivas: legis actio per manus iniectionem y la legis actio per
pignoris capionem.
A continuación revisará los rasgos característicos de cada una de las legis actiones:
Fue el procedimiento más antiguo utilizado para reclamar tanto derechos reales
(reivindicar propiedad, negar servidumbres, etc.), como derechos familiares (ejercer la
patria potestad, manus, etc.) y para hacer valer créditos (cumplimientos de contrato,
reconocimiento de un testamento).
Como se puede apreciar, las legis actio sacramento se utilizaban para solicitar la
defensa de un derecho real (in rem) o un derecho personal (in personam), en los
términos que a continuación se describen:
In rem
Si se trataba de una legis actio per sacramento in rem (derechos reales), una vez
que las partes se encontraran en presencia del magistrado, el actor debía tocar el
objeto del pleito con una varita, si era inmueble con una teja o pedazo del fundo
que le pertenecía (revindicatio); después el demandado tomaba el mismo
objeto, afirmando que era de su propiedad (contravindicatio).
In personam
La legis actio per sacramento in personam se tramitaba de forma parecida, con
la diferencia en que en ésta no se emitían dos afirmaciones reclamando un
derecho sobre una misma cosa, sino que uno afirmaba tener un derecho de
crédito a su favor que debía ser cumplido por el demandado y a éste sólo le
correspondía pronunciarse afirmativa o negativamente.
Seguía un combate simulado entre las partes (a semejanza con lo que ocurría
con la venganza privada). Intervenía el magistrado ordenando a ambas partes
entregarle el objeto en litigio; el actor y el demandado apostaban de 50 a 500
ases, según el valor del objeto que el perdedor lo haría a favor del templo; la
apuesta la recibía entre tanto un praedes sacramenti.
Litis contestatio
El último acto ante el magistrado era la litis contestatio, con lo cual se invitaba
a los testigos a que fijaran en su memoria todos los detalles de lo que había
sucedido en la fase in iure (testes estote). Su presencia era necesaria, ya que no
había nada por escrito.
Tres días más tarde las partes debían comparecer ante el juez
(comperendinatio); no había necesidad de dar fianza para asegurarse de que la
otra parte asistiría, ya que la ausencia de una de ellas traía aparejada la pérdida
del litigio. Las partes para alegar sus derechos se podían hacer acompañar de
un advocatus o curator. En esta instancia (apud iudicem), las partes presentaban
pruebas de acuerdo con sus pretensiones y los abogados alegaban sobre el fondo
del litigio. Finalmente, el juez declaraba quién había ganado la apuesta
(utriusque justum sit sacramentum).
Procedimiento más sencillo que el anterior, donde las partes se limitaban a solicitar el
nombramiento de un juez o árbitro para aplicarse en casos determinados por la Ley:
para reclamar lo que tenía por objeto la apreciación de un perjuicio causado por
incumplimiento de una stipulatio o cuando se buscaba solicitar la división de una
herencia (familiae erciscundae); de un bien común (communi dividundo) o el deslinde
de dos fundos (finum regordorum).
En esta legis era necesario decir las palabras sacramentales “demando que designes un
juez o un árbitro” (iudicem arbitrum ve postulo uti des).
Legis actio per conditionem
Procedimiento solemne a través del cual el actor emplazaba al demandado para que
compareciera dentro de treinta días ante el magistrado, a efectos de designar a un juez
que resolviera la causa. Este procedimiento fue introducido mediante la Lex Silia del
250 a. C. para hacer efectivos créditos que tuvieran por objeto una cantidad de dinero
determinada. Años más tarde, la Lex Calpurnia del 200 a. C. la hizo extensiva a la
entrega de cosas ciertas.
Era una acción ejecutiva, que consistía en el aseguramiento de un bien del deudor en el
que se facultaba al acreedor a apoderarse de una cosa perteneciente a su deudor, sin la
intervención del magistrado.
Características
Recibió este nombre porque su rasgo más característico fue el empleo de la fórmula escrita
que redactaba el magistrado y servía de base para que el juez sentenciara. Coexistió en
parte con el procedimiento de las legis actiones.
Las partes exponían sus pretensiones en palabras de su propia elección (per verba
concepta).
El pretor se convierte en un organizador que determina a cada parte sus derechos y
deberes procesales (y no un espectador del proceso limitado a vigilar si las partes
recitan correctamente sus papeles).
El proceso conservaba su división en una instancia in iure e in iudicio, con las
siguientes particularidades: la fórmula contenía las instrucciones y autorizaciones
que enviaba el magistrado al juez, la cual constaba por escrito y requería la
conformidad de las partes con la fórmula.
Cada proceso debía referirse a un solo punto controvertido.
La fórmula adquiere un papel fundamental en el desarrollo del proceso.
Los factores que hicieron posible su aparición fueron varios, entre ellos:
El procedimiento podía ser utilizado tanto por los ciudadanos romanos como por los
extranjeros. Formaba parte del ordo iudiciorum privatorum, por lo que se dividía en dos
fases:
La función del magistrado consistía en examinar el contenido y el fundamento de la
controversia, determinando si el derecho afirmado por el actor era digno o no de defensa
judicial. Con base a dicho examen concedía o negaba la actio solicitada; en caso de que
aceptara la petición del actor determinaba a través de las declaraciones de las partes su
posición recíproca, que fijaba en la fórmula. Gracias a esta función, el magistrado y en
específico el pretor pudieron transformar gradualmente el derecho privado romano.
La fórmula
La fórmula era una instrucción escrita por el magistrado, en donde le indicaba al juez de
forma esquemática los puntos de hecho y de derecho que debía examinar y verificar para
que dictara una sentencia justa. En la misma fórmula el magistrado concedía al juez la
facultad de condenar o de absolver al demandado.
Tramitación
Varios eran los pasos que se debían seguir dentro del procedimiento formulario; los más
importantes eran los siguientes:
I. Citación (in ius vocatio). Acto privado que realizaba el actor para notificar al
demandado su comparecencia ante el magistrado. El demandado a su vez podía acudir a la
audiencia inmediatamente u otorgar un vindex (fiador), asegurando con ello su
comparecencia o ser llevado a la fuerza por el actor en presencia de testigos.
II. Fase in iure. En esta fase las partes en presencia del magistrado luchaban por una
fórmula que les favoreciera. Los actos que se desarrollaban eran:
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a) Edere actionem
Indicación hecha por el actor al demandado de la actio con base en la cual tiene
intención de ejercerla en su contra, es decir, comunicarle al demandado la fórmula
que se le quiere pedir al magistrado
b) Postulatio actionis
Petición que hacía el actor al magistrado para que le concediera una actio. Inmediatamente
después de las peticiones del actor se desarrollaba la actividad del demandado, quien podía
satisfacer materialmente la pretensión del actor; en tal caso dejaba de existir razón para el
litigio.
Podía suceder que el demandado sin satisfacer materialmente la pretensión del actor la
reconocía (confessio in iure). Si el objeto de la pretensión era una suma de dinero
determinada, la confessio equivalía a una condemnatio, dando lugar al procedimiento
ejecutivo, sin necesidad de pasar por la fase in iure. Si, en cambio, el objeto de la
pretensión era una suma indeterminada o algo distinto a dinero, se abría la fase in iudicium,
en donde la función del iudex era sólo la de determinar el importe de la suma o el valor del
objeto. No responder la pretensión del actor o no defenderse, manteniendo una actitud
pasiva, en caso de una actio in personam, provocaba que el magistrado pudiera autorizar la
ejecución sobre la persona o sobre sus bienes; si se trataba de una actio in rem, hacía que el
actor obtuviera la posesión de la cosa controvertida.
El demandado también podía cuestionar la verdad de los hechos alegados por el actor o el
fundamento jurídico de su pretensión, con el fin de que el magistrado negara al actor la
concesión de la fórmula o sin cuestionar la verdad de los hechos afirmados por el actor o el
fundamento jurídico de su pretensión, invocar otros elementos de hecho o de derecho para
someter a examen del juez, elementos que excluían la condemnatio; esto con el fin de que
el magistrado añadiese a la fórmula pedida por el actor exceptiones en interés del
demandado.
c) Interrogatio in iure
d) Redacción de la fórmula
La fórmula era un documento extendido en una doble tablilla de cera, escrito en su parte interna y
reproducido en su parte externa; la parte interna, sellada por las partes y por los testigos en la
fase in iure, se abría después ante el juez.
En sentido amplio, la fórmula era un acto de las partes, que se manifestaba libremente a través de la
aceptación de un modelo predispuesto por la ley o por el magistrado. Si bien la fórmula era un acto
acordado entre las partes no se trataba de un contrato. Resumía las declaraciones de las partes, la
pretensión del actor y la oposición o excepción del demandado.
Existían dos actos del magistrado conexos a la fórmula, a falta de los cuales ésta no podría darse;
éstos son el iudicium dare, por el que la fórmula encontró su reconocimiento y efectos jurídicos y
el iudicare iubere, mandato que el magistrado le dirigía al juez para que aplicara la fórmula
expidiendo una sentencia.
e) Litis contestatio
Era la aceptación de la fórmula por las partes, en donde el magistrado expedía un decreto
por el que otorgaba acción a la fórmula. A partir de este momento las partes no podían
variar lo asentado en la fórmula (no más acciones, ni excepciones); quedaban vinculadas
según lo asentado en la fórmula y se consumía definitivamente la acción. En ella se instruía
al juez para que tomara en cuenta determinadas circunstancias, que de no apreciarlas podían
llevarlo a dictar una sentencia injusta. Se determinaba el valor de las pretensiones
reclamadas y convertía en permanente una acción temporal.
III. Fase apud iudicem . Tres días después de concluida la litis contestatio se abría la fase apud
iudicem delante del iudex o de los recuperatores, quienes fueron nombrados en la fórmula. Era la
lucha por probar los argumentos de hecho y derecho en que se fundaban la actio y la exceptio del
actor y del demandado.
En esta fase del proceso se presentaban las pruebas, los alegatos y las sentencias.
En esta fase del procedimiento se presentaban las pruebas. Los principales principios en materia de
pruebas eran: sólo los hechos controvertidos podían probarse (el derecho no, ya que conocen el
derecho escrito); la carga de la prueba la tenía quien afirmaba; no se requerían probar hechos
negativos y el juez no podía exigir desahogo de pruebas no ofrecidas por las partes.
Entre las pruebas más comunes estaban la documental pública y privada, la testimonial, el
juramento, la confesional, la pericial y la fama pública.
Las fases de la prueba eran ofrecimiento, aceptación o rechazo por parte del juez, desahogo y
valoración.
Sólo afectaba a las partes y el juez debía dictarla de viva voz. El juez únicamente podía absolver o
condenar al demandado, concediéndole al actor exactamente lo que pidió en la fórmula, sea con
pago de dinero o con trabajo
IV. Ejecución de la sentencia. Después de dictada la sentencia, las partes podían optar por acatarla,
para lo cual tenían un plazo de 30 días para cumplirla; de no hacerlo, se exponían a la ejecución
forzada. Si la sentencia era condenatoria, ésta le otorgaba al actor una actio iudicati para reclamar
materialmente la sentencia, y si era una sentencia absolutoria le otorgaba al demandado
una exceptio iudicati, contra posibles pleitos futuros por la misma causa y con la misma persona.
La bonorum venditio
Procedimiento de ejecución creado en 118 a. C. por el pretor Rutilio Ruffo. Consistía en la toma de
posesión de todos los bienes que integraban el patrimonio del deudor, el cual se vendía como una
unidad a una sola persona (bonorum emptor).
La cessio bonorum
En donde el deudor cedía voluntariamente todo su patrimonio a su acreedores, gozando
del beneficium competentiae (reservándose ciertos bienes para poder seguir subsistiendo).
La distractio bonorum
Sólo se vendía una parte del patrimonio del deudor para poder cubrir lo que se debía.
V. Vías de recurso La parte afectada por la sentencia podía impugnarla, es decir, determinar que se
dictó injustamente y solicitar la no ejecución de la misma. Las vías que podía utilizar eran el veto
del tribuno o la intercessio de los cónsules; no operaba en sentencias absolutorias; la in integrum
restitutio, que procedía sólo si estaba contemplada en el edicto anual del pretor. Permitía la
anulación de la sentencia o de cualquier otro acto jurídico, cuando una de las partes hubiese sido
víctima de dolo, intimidación o error injustificable, y la revocatio in duplum que podía ejercer el
demandado tachando a la sentencia de injusta, pidiendo por tanto su invalidación. En caso de que no
prosperase, el recurrente estaba obligado a pagar el doble del valor de la sentencia
La cognitio extraordinaria
Es un procedimiento que se desarrollaba enteramente, desde el principio hasta el final, ante
el magistrado, quien dictaba la sentencia.
En un principio este procedimiento era utilizado en las provincias romanas, en donde los
juicios entre particulares se desarrollaban ante magistrados locales, quienes tenían diversas
competencias, todos los cuales dependían del praefectus. A partir del siglo l d. C. en Roma
e Italia también se empezó a aplicar el procedimiento extra ordinem en las controversias
entre particulares, primero por vía de excepción en materias expresamente contempladas
por la ley (v. gr. los fideicomisos, la tutela, los alimentos entre parientes, las pagas de
trabajo, el estado de libertad de un individuo, etc.), invistiendo de jurisdicción sobre estas
relaciones a determinados magistrados, como los cónsules y otros instituidos de forma
expresa (praetor tutelaris, fidei commisarius, de liberalibus causa, etc.).
Características
Tramitación
I. Litis denuntiatio
Era propiamente la demanda mediante un escrito en que se exponían de forma sumaria las
pretensiones con base en las cuales el actor intentaba actuar en juicio y donde se invitaba al
demandado a comparecer en una fecha determinada (generalmente cuatro meses) delante de
un magistrado.
En los primeros tiempos de este procedimiento la notificación era remitida directamente por
el actor al demandado. Más tarde asumió el carácter de acto público; Constantino, en el
322, ordenó que la litis denuntiatio debía ser anotada en los registros públicos. A partir de
Justiniano, la citación del demandado era hecha por un funcionario (ejecutor), quien
entregaba un documento (libellus conventionis), es decir, un acta escrita en que se exponían
sucintamente el objeto de las exigencias del actor y su fundamento; dicho escrito contenía
además una orden judicial para comparecer en una hora y día determinados ante el
magistrado.
En caso de que el demandado decidiera defenderse, era menester que enviase a su vez un
escrito (libellus contradictionis) exponiendo todos sus argumentos; podía a su vez formular
exigencias en relación con el actor (reconvención); además, debía otorgar una fianza para
garantizar su comparecencia durante el proceso (cautio iudici); a falta de tal fianza podía
ser encarcelado preventivamente por toda la duración del pleito.
Una vez transcurridos 10 o 20 días a partir de la notificación, las partes o sus procuradores
comparecían ante el magistrado en el día y hora fijados, y se seguían los siguientes pasos:
Contradictio: el demandado oponía sus objeciones, sus excepciones, hechos y argumentos legales
que impidieran conseguir los efectos de la acción interpuesta.
Litis contestatio: de la contraposición entre la narratio y la contradictio surgía la litis
contestatio entre las partes, produciendo el efecto de la litispendencia (fijar el valor de la litis). En
este caso, la litis contestatio ya no producía la extinción de los derechos de la obligación deducidos
en juicio, o sea, en el nuevo proceso sólo la sentencia influía sobre el derecho sustancial deducido
en juicio; por lo tanto, la acción podía ser interpuesta de nuevo en otro juicio, en el caso de que el
precedente no haya quedado definido.
Iuris iurandum calumniae: las partes y los abogados juraban procesalmente que les asistía el
derecho, fijándose con ellos las pretensiones de las partes (postulatio simplex y contradictio); sin
embargo, el demandado podía en cualquier momento del proceso oponer sus excepciones, de ahí
que la litis contestatio en la cognitio extraordinem ya no tenía el efecto novatorio y fijatorio de
la litis.
Dada la nueva naturaleza del proceso y de la sentencia, las exceptiones que en el proceso formulario
tenían como único efecto conducir a la absolución del demandado, en este nuevo proceso también
podían llevar al rechazo de sólo una de las partes de las pretensiones del actor o a una disminución
de la condena pedida.
Pruebas: el desarrollo de esta fase era el siguiente: ofrecimiento, aceptación o rechazo, desahogo y
valoración.
El juez ya no era libre de valorar las pruebas a su arbitrio; con este procedimiento estaba obligado a
conceder a los diferentes elementos aducidos en el juicio un valor probatorio distinto. Por ejemplo,
debía dar mayor importancia a la prueba documental que a la testimonial.
Sentencia: al término del procedimiento el juez debía decidir la causa, redactando por escrito la
sentencia definitiva, leyéndola a las partes en audiencia pública.
A diferencia de la sentencia del procedimiento formulario, que tiene por objeto la condena o la
absolución del demandado por la acción promovida contra él, el procedimiento extraordinario podía
también terminar con la condena del actor o con la condena parcial del demandado.
La condena no debía necesariamente expresarse en una suma de dinero, sino que podía tener como
objeto la orden de dar la cosa, objeto del derecho que se hacía valer en juicio, o bien, realizar o no
una determinada conducta. Si la prestación de la cosa o la realización de la conducta se habían
hecho imposibles, entonces la condena sería de una suma de dinero, cuyo importe era fijado por el
juez en relación con el interés patrimonial que ha sido violado.
La ejecución de la sentencia definitiva tenía lugar normalmente sobre las cosas concretas
del sentenciado. La ejecución sobre el patrimonio completo (bonorum venditio) se
conservaba sólo para casos excepcionales y cuando había pluralidad de acreedores.
Desaparece la ejecución personal (manus iniectio).
Derivado del nuevo carácter y contenido de la sentencia, el actor que hubiera conseguido la
condena a su favor podía conseguir con la actio iudicati que el magistrado, autor de la
sentencia, realizara la entrega coactiva de la cosa por medio de funcionarios que
dependieran de este magistrado (apparitores). En cambio, en caso de que el demandado
hubiera sido condenado al pago de una suma de dinero, el actor podía obtener el secuestro
de cosas pertenecientes al demandado cuyo valor correspondiera a lo que se debía.
Transcurridos los meses desde que tuvo lugar el secuestro, sin que el demandado hubiera
pagado, los objetos eran puestos en venta y el precio pagado era entregado al actor hasta
cubrir la cantidad a que era acreedor (pignus in causa iudicati captum).
¡Importante!
Al respecto de lo abordado previamente, realice el estudio del siguiente documento, ya que
se retomará en su “Experiencia de aprendizaje”:
Panero Gutiérrez, Ricardo, Derecho romano, 5.ª ed., Valencia, Tirant Lo Blanch, 2015, pp.
145-169.
Importancia del procedimiento extraordinario dentro del esquema procesal mexicano
Iglesias Santos, Juan, Derecho romano historia e instituciones, Barcelona, Editorial Ariel,
Barcelona, pp. 200-201.
Morineau Iduarte, Marta e Iglesias González, Román, Derecho romano, 4.ª ed., México,
Oxford, 2010, pp. 99-100.
Sahagún Padilla, Gumercindo, Derecho romano, 4.ª ed., México, Mcgraw-Hill, pp. 143-144
El Arbitraje
Introducción
Esta unidad nos coloca en el estudio de los primeros momentos de la vida política romana,
por lo que veremos que antes de la organización administrativa de justicia y la distribución
de competencias entre las distintas autoridades jurisdiccionales romanas, se suscitaban
controversias de las que debían encargarse los árbitros, quienes eran elegidos de común
acuerdo por las partes en conflicto.
Actualmente el procedimiento arbitral se configura como un medio heterocompositivo de
resolución de conflictos jurídicos permitido por el Estado, cuya resolución se encuentra a
cargo de un árbitro elegido entre las partes. El arbitraje no admite recurso alguno y necesita
del reconocimiento del Estado para su ejecución.
(1) Arbitraje
Objetivo
El árbitro en Roma
Arbitraje
El arbitraje aparece cuando dos personas tienen un conflicto y acuden a un tercero, ajeno al
conflicto, y de antemano se someten a la opinión que ese tercero dé sobre el mismo, entonces surge
una figura heterocompositiva de solución de conflictos.
Asimismo el término latino arbiter que derivaría de la lengua fenicia y haría referencia a garantía,
conforme a la raíz fenicia rbn, se habría introducido a través del comercio en la lengua latina.
Dicho lo anterior, podemos concebir al arbitraje como una fórmula extrajurisdiccional de resolución
de conflictos. Se trata de un procedimiento, privado e informal, elegido voluntariamente por las
partes protagonistas del litigio que consienten que uno o varios terceros e independientes,
denominados “árbitros”, resuelvan una determinada disputa surgida entre ellos y, dicten una
resolución definitiva, conocida en este ámbito con el término “laudo”, que tendrá efectos de
res judicata (cosa juzgada o cosa sentenciada) y será de obligatoria ejecución.
En este tema, resultaría conveniente apuntar lo establecido en la Tabla II de las XII Tablas, que
rezaba lo siguiente:
Nota jurídica
Tabla II
Ib Gaius 4, 17a .
Se litigaba mediante petición de un juez cuando la ley disponía que se hiciera de esa forma
respecto de algún asunto, como lo mandaba la Ley de las XII Tablas cuando se reclamaba
lo debido en virtud de una estipulación. El asunto era más o menos así. El acto decía lo
siguiente:
Afirmo que me debes dar diez mil sestercios en virtud de una promesa solemne; pido que lo
afirmes o lo niegues. El adversario decía que no debía. El actor decía entonces: puesto que
lo niegas, a ti pretor, pido que nombres un juez o un árbitro.
Así, en esta clase de acciones uno se podía defender si apuesta. Y la Ley ordenó que para la
división de la herencia entre los coherederos, se reclamara mediante la acción por petición
de un juez.
¡Importante!
Es probable que el arbitraje, conocido y practicado en el ámbito del comercio internacional,
se habría introducido en los mercados de la Roma de los primeros tiempos, en los que los
árbitros serían a la vez garantes y peritos y actuarían dirimiendo conflictos que se
planteaban en el tráfico mercantil.
En otras palabras, el arbitraje es anterior a la jurisdicción estatal, nació antes que el propio
Estado o de los jueces tal como los conocemos actualmente. Por lo tanto, en sus orígenes
los procedimientos arbitrales eran llevados de manera ad hoc (para el caso en concreto).
Terminología en materia de arbitraje
Dentro de este proceso se maneja la siguiente terminología:
Arbiter
Árbitro. Como sinónimo de juez, iudex, individuo designado en cada caso concreto por las partes
que litigan o por el magistrado, ante quien se desarrolla la fase apud iudicem del procedimiento
civil ordinario en la época del sistema de las legis actiones o per formulam. Frente a la jurisdicción
estatal, en la última fase del derecho romano, individuo o persona elegida amigablemente por las
partes que discrepan sobre la apreciación de un hecho o relación jurídica o tienen entre sí una
cuestión litigiosa, a fin de que resuelva la diferencia sin intervención del magistrado que representa
la jurisdicción oficial. Esto último es muy valorado actualmente en el arbitraje privado, ya que un
experto puede resolver un problema jurídico muy sofisticado como en materia de propiedad
intelectual; pero, requerirá que el Estado dé validez a dicho acto.
Arbitratus
Se refiere al arbitrio, juicio o decisión. Es el criterio jurídico para resolver un asunto.
Arbitrium arbitri
Hace referencia al criterio del árbitro, sobre la cuestión encomendada a su decisión por las partes.
En otros términos, debe cumplirse el laudo dictado dentro del arbitraje de buena fe.
Arbitrium boni viri
Se refiere a la decisión de una persona recta y de confianza de las partes, con arreglo a criterios de
equidad, sobre un aspecto específico y controvertido en materia contractual, familiar o sucesoria.
Pues bien, se prevé que la decisión arbitral, en estos casos, puede recurrirse ante un magistrado si se
demuestra mala fe, error manifiesto o grave injusticia, lo que contrasta con los supuestos de laudo
arbitral en el arbitraje compromisario, en los que sólo cabe recurso ante el magistrado en los casos
de mala fe del árbitro, a través de la fórmula de la excepción de dolo.
Arbitrium honorarium
Hace referencia al arbitraje, resolución o decisión que emana de un magistrado. Durante la época de
la Ley de las XII Tablas se entendían como las decisiones que provenían de los pretores en el
ejercicio de sus decisiones judiciales.
Arbitrium iudicis
Decisión o resolución emanada de un juez. En el procedimiento formulario indica la facultad
reconocida al juez en la fórmula de poder decidir conforme a su criterio acerca de las pretensiones
concretadas en ella por las partes. En el procedimiento extraordinario, facultades de apreciación del
juez (criterio jurídico del juez).
Arbitrium merum
Esta expresión hace referencia al arbitraje compromisario.
Bona fides
En general la fides se define en la antigüedad como ser de palabra o tener palabra: fit
quod dicitur, lo cual implicaría que fides corresponde a la sujeción a la palabra dada, el
sentirse ligado a la propia declaración (Schulz, 2000: 243-245).
Si bien la palabra fides poseía un significado ético, al operar como principio de las
obligaciones sobre un plano sustancial, se requería un criterio típico supraindividual
que permitiera superar los contrastes entre las diversas interpretaciones de la simple
“fides” de la cual cada uno era titular y custodio. Dicho criterio era el de la “ fides bona”
, una concepción ético-jurídica que nutre al sistema, como una connotación de creación
procesal de la experiencia jurídica, bajo la cual en las resoluciones de conflictos, se
busca determinar las prestaciones que de buena fe una parte le debe a la otra, se impone
la valoración de las conductas dolosas en la celebración del negocio jurídico, se impone
la vinculatoriedad a la palabra empeñada y se impone una nueva manera de valorar el
incumplimiento de las obligaciones (Neme, 2010: 115-189).
Definamos
Bona fides
Se entiende como la buena fe en el contrato que lo prevé. En el derecho privado las partes
deciden someter a arbitraje todas o ciertas controversias que hayan surgido o puedan surgir
entre ellas respecto de una determinada relación jurídica, contractual o no contractual.
En este punto es posible identificar la existencia de juicios de buena fe, entre los que se
encontraba la compraventa, gestión de negocios, mandato, depósito, fiducia, sociedad, tutela y
la reclamación de la dote. Dichos juicios contrastaban con los de derecho estricto, en los que el
juez debía pronunciarse afirmativa o negativamente sobre las pretensiones deducidas en juicio
por el demandante conforme a las indicaciones contenidas en la fórmula (Rascón, 2008: 197).
La equidad (aequitas)
La aequitas aparece como un elemento intrínseco de los bonae fidei iudicia, en cuanto a
que es un concepto afín a la fides bona y un parámetro de actuación del bonus vir, es
decir, como una regla general, moral y social del comportamiento que se amolde a lo
justo y a lo bueno (Fuenteseca, 2008: 105).
Tipos de arbitraje
En el derecho romano, es posible identificar diferentes tipos de arbitraje:
El primero refiere a las reglas acordadas por las partes en el clausulado del contrato en que se prevé
el arbitraje o, en su defecto, según lo que señale la ley.
Arbitraje de compromiso
Decidir una futura controversia según lo previsto en una cláusula de arbitraje que contenía un
contrato. Ejemplos de asuntos en que operaba este arbitraje: tutela, propiedad, etc.
Arbitraje no formal
Era un arbitraje que para su cumplimiento bastaba con la buena fe de las partes contratantes, por lo
que acabó desapareciendo.
Se dio en las operaciones de comercio entre los diversos pueblos que formaban parte del Imperio
Romano, es lo que dio base al arbitraje de comercio internacional.
Así, desde la época clásica en Roma, se preveía que el acto por el que las partes
contratantes determinan que en caso de que haya una controversia se resuelva por arbitraje
de un tercero es por el compromissum.
Para que una persona fuera árbitro debía comprometerse antes de que decidiera el caso.
La obligación del árbitro debía ser ejecutable, por lo que el modo más frecuente de dar al
compromiso la eficacia, era que en caso de incumplimiento, se pagara una cierta suma de
dinero por concepto de pena convencional, es decir, por incumplimiento de la decisión del
árbitro.
Tramitación
En general, el arbitrium realizado en los bonae fidei iudicia constituye un juicio decisorio
realizado por el arbiter, en virtud del cual se debe tener en cuenta la relación bilateral entre
las partes y decidir en función del parámetro del bonus vir (Fuenteseca, 2008: 115).
¿Sabía que...?
En Roma existían requisitos genéricos de capacidad para ser juez. Asimismo, se excluían
del oficio del juez por la naturaleza, el sordo, el mudo, el perpetuamente loco y el impúber,
porque carecen de juicio. Por disposición de ley, no podría ser nombrado juez el que fuera
excluido del Senado y por las costumbres las mujeres y esclavos, ya que no podían
desempeñar cargos civiles (Venturini y Fuenteseca: 2010: 76)
Influencia del arbitraje romano en el arbitraje mexicano
La figura del arbitraje se encuentra prevista en los artículos 1050, 1415 a 1480 del Código
de Comercio, dentro de lo cual se puede apreciar lo siguiente:
El acuerdo por el que las partes deciden someter a arbitraje todas o ciertas controversias que hayan
surgido o puedan surgir entre ellas respecto de una determinada relación de contrato, en que se
prevea en una parte del mismo la adopción del arbitraje si se presenta una controversia jurídica o
puede redactarse dicha previsión en un convenio independiente.
El acuerdo de arbitraje deberá constar por escrito y consignarse en documento firmado por las
partes. La referencia hecha en un contrato a un documento que contenga una cláusula
compromisoria, constituirá acuerdo de arbitraje siempre que dicho contrato conste por escrito y la
referencia implique que esa cláusula forma parte del contrato. Las partes podrán determinar
libremente el número de árbitros. A falta de tal acuerdo, será un solo árbitro..
Cayo convino con Ticio una sociedad, cuya finalidad era la actividad negocial
resultante de la explotación pesquera de una nave propiedad del primero, interviniendo
el segundo como patrón de la misma. Al constituirse la sociedad, convinieron ambos
socios confiar a Marco, persona de reconocida imparcialidad como árbitro, la
determinación de sus respectivas cuotas de participación en ganancias y pérdidas en
cada expedición, al llegar la nave a puerto y ser vendida la pesca obtenida. De acuerdo
con el encargo que le fue conferido, concluida la primera expedición, Marco decidió
atribuir a Ticio una tercera parte y a Cayo dos terceras partes del precio obtenido por la
venta de la pesca, basando su criterio de reparto en la valoración de las aportaciones de
ambos socios, es decir, la nave de Cayo y el trabajo de Ticio; éste se muestra
disconforme con el criterio de reparto de Marco, por considerarlo desproporcionado,
teniendo en cuenta, además, que tendría él que satisfacer los salarios de la tripulación
que había contratado y los gastos de avituallamiento de la nave, y consulta si debe
acatar la decisión de Marco en virtud del convenio social.
D. 17.2.26 (Proc. 5 epist.): conviniste conmigo una sociedad con la condición de que
Nerva, amigo común, determinara las cuotas de participación. Nerva decidió que tú
fueses socio por una tercera parte y yo por dos terceras partes. Preguntas si ha de
tenerse esto por válido, en virtud del acuerdo social, o si, a pesar de todo, debe
considerarse que somos socios por partes iguales. Estimo que deberías haber
preguntado si deberíamos ser socios según las partes por él establecidas o conforme a
las que hubiese debido determinar un hombre recto, pues hay dos tipos de árbitros:
uno, cuya decisión ha de acatarse en todo caso (como ocurre cuando interviene un
árbitro elegido por compromiso), y otro que debe sujetarse al criterio de lo que habría
decidido un hombre recto, aunque se haya designado la persona cuyo árbitro habría
de seguirse.
Reflexión...
a. A tenor de la doctrina establecida en estos textos ¿qué diferencia existe entre un
arbitraje compromisorio y el resultante de un convenio social?; ¿qué eficacia tiene, en
uno y otro caso, la decisión del árbitro?
b. ¿Deberá ser ratificado o confirmada la decisión de Marco?
D. 17.2.26 (Proc. 5 epist.): conviniste conmigo una sociedad con la condición de que
Nerva, amigo común, determinara las cuotas de participación. Nerva decidió que tú
fueses socio por una tercera parte y yo por dos terceras partes. Preguntas si ha de
tenerse esto por válido, en virtud del acuerdo social, o si, a pesar de todo, debe
considerarse que somos socios por partes iguales. Estimo que deberías haber
preguntado si deberíamos ser socios según las partes por él establecidas o conforme a
las que hubiese debido determinar un hombre recto, pues hay dos tipos de árbitros:
uno, cuya decisión ha de acatarse en todo caso (como ocurre cuando interviene un
árbitro elegido por compromiso), y otro que debe sujetarse al criterio de lo que habría
decidido un hombre recto, aunque se haya designado la persona cuyo árbitro habría
de seguirse.
En este contexto:
Reflexión...
a. A tenor de la doctrina establecida en estos textos ¿qué diferencia existe entre un
arbitraje compromisorio y el resultante de un convenio social?; ¿qué eficacia
tiene, en uno y otro caso, la decisión del árbitro?
b. ¿Deberá ser ratificado o confirmada la decisión de Marco?
En este punto es posible identificar la existencia de juicios de buena fe, entre los que se
encontraba la compraventa, gestión de negocios, mandato, depósito, fiducia, sociedad, tutela y
la reclamación de la dote. Dichos juicios contrastaban con los de derecho estricto, en los que el
juez debía pronunciarse afirmativa o negativamente sobre las pretensiones deducidas en juicio
por el demandante conforme a las indicaciones contenidas en la fórmula (Rascón, 2008: 197).
Marco Druso, que residía en Orvieto, teniendo que ausentarse confió en depósito a su
amigo Vinicio, jefe de la guarnición militar de la ciudad, un cofre con dinero y joyas,
para que se las custodiara a su regreso. Vinicio fue trasladado a Astúrica y llevó
consigo el cofre que le había confiado Marco Druso; al retornar éste de su viaje, envió
una carta a Vinicio reclamándole la devolución del depósito, significándole además,
que la misma debía serle hecha en Orvieto, pues en esa localidad le había entregado el
cofre. Vinicio le responde por el mismo medio epistolar que tiene a su disposición en
Astúrica el depósito pero que, si lo desea, le enviará el cofre a través del correo militar.
Reflexión...
a. ¿Está obligado Vinicio a restituir en Orvieto el objeto que se le confió en depósito en
esa localidad?; en caso de que así lo hiciere, ¿puede reclamar el pago de los gastos que
le hubiere ocasionado la restitución del depósito?
b. Si Vinicio envía por correo miliar el objeto depositado, o por cualquier otro medio,
¿quién tiene que soportar el riesgo en caso de pérdida del objeto?
D. 16.3.12.1 (Pom. 22 ad Sab): la cosa depositada debe ser restituida en el lugar en que se
halla sin dolo del depositario con independencia del lugar en que se hizo el depósito... Pero
hay que advertir que si quisiera el depositante que por su cuenta y riesgo se lleve la cosa a
Roma, debe ser atendida su petición, porque también se observa esto en la exhibitoria.
Valerio Mesala contrató los servicios del escribano Quinto Metelo para que llevara los
libros de cuentas de un establecimiento comercial de su propiedad, conviniendo ambos
una duración anual del contrato y una cierta cantidad mensual en concepto de
retribución por los servicios prestados. A los pocos días, V. Mesala cae enfermo y se ve
obligado a cerrar su negocio durante varios meses; al restablecerse y reiniciar su
actividad comercial se niega a pagar a Q. Metelo la retribución correspondiente al
tiempo que estuvo inactivo.
Reflexión...
a. ¿Puede negarse Valerio Mesala a pagar a Quinto Metelo por el tiempo que estuvo
cerrado el establecimiento?; ¿resulta aplicable el mismo criterio en caso de enfermedad
del escribano?
b. ¿Qué solución habría de darse en el supuesto de que por enfermedad o muerte de
Valerio Mesala se produjese el cierre definitivo del establecimiento comercial?
D. 19.2.38 pr (Paul. reg.): [quien] dio en arriendo sus servicios tiene derecho a percibir el
salario de todo el periodo temporal contratado, si no dependió de él el no poder realizarlos.
D.19.2.19.9 (Ulp. 32 ed): un escribano arrendó sus servicios y el que los tomó en arriendo
murió. A instancia del escribano, el emperador dispuso por rescripto lo siguiente: como
explicas que no dependió de ti el no haber cumplido los servicios arrendados a Antonio Aquila,
si en el mismo año no recibiste salarios de otro, es justo que se cumpla fielmente el contrato.
¡Importante!
Al respecto de los abordado previamente, le sugerimos revisar los siguientes documentos,
que además se retomarán en su “Experiencia de aprendizaje”:
Molina González, Héctor, “Breve reseña histórica del arbitraje”, en Revista de la Facultad
de Derecho de México, núm. 157-159, 1988, disponible en: https://revistas-
colaboracion.juridicas.unam.mx/index.php/rev-facultad-derecho-
mx/article/view/27729/25051, consulta: 21/03/2019.
Villalba Cuéllar, Juan Carlos y Moscoso Valderrama, Rodrigo Andrés, “Orígenes y
panorama actual del arbitraje”, en Prolegómenos. Derechos y Valores, vol. XI, núm. 22,
julio-diciembre, 2008, disponible en: https://www.redalyc.org/pdf/876/87602210.pdf,
consulta: 23/03/2019.
UNIDAD 9
Redacte una síntesis (2 cuartillas) en la que señale las características principales del patrimonio,
cosas, propiedad y posesión en el derecho romano.
Derechos Reales sobre Cosa Propia
Introducción
Las personas, esto es, los sui iuris con plena capacidad de ejercicio, eran los únicos que
podían gozar de un patrimonio. Básicamente dicho patrimonio se componía de dos tipos de
derechos: los derechos reales, es decir, aquellos que una persona ejerce con poder
inmediato sobre una cosa, y los derechos personales, consistentes en la relación que existe
entre dos personas y que una de ellas tiene la facultad de exigir a la otra determinada
conducta.
El patrimonio en Roma
Concepto de patrimonio
Derechos reales
El tema de los derechos reales es significativo para comprender los alcances de las facultades de
dominio, disfrute y uso de la persona con una cosa. En ese marco, es pertinente analizar el concepto
y clasificación de los derechos reales, con base en lo cual estaremos en posibilidad de analizar los
alcances de la propiedad y la posesión.
Derechos reales
El poder jurídico que ejerce una persona sobre una cosa, cuyo titular puede sacar el máximo
aprovechamiento, de acuerdo al título que ostente y es oponible a cualquiera (erga omnes); sin
embargo, tal denominación no es romana; en realidad la expresión ius in res es propia del medievo.
Propiedad
En términos generales, es posible concebir a la propiedad, como el derecho real por excelencia,
consistente en obtener de un objeto toda la satisfacción que éste pueda proporcionar, el cual puede
estar limitado por el interés público y por otros derechos privados que desmiembren la propiedad.
El derecho de propiedad otorga el derecho de uso, disfrute, y disposición de la cosa, susceptible de
oponerse a terceros (Margadant, 2002: 244-245).
Junto con la propiedad, es importante considerar la posesión, la cual designa la relación física entre
una persona y una cosa, que dé a aquélla una posibilidad exclusiva de utilizar ésta bajo una
situación de hecho que da un poder físico y exclusivo sobre el objeto (Margadant, 2002: 233-235).
Iura in realiena
De garantía
En cuanto a los derechos reales de garantía, se observa que ambos son figuras que permiten el
cumplimiento de la obligación, con la diferencia de que mientras en la prenda, el acreedor obtiene la
posesión del bien que garantiza el cumplimiento del deudor, en la hipoteca, este bien no se entrega
al acreedor (Margadant, 2002: 289-290).
Servidumbres reales
Por otra parte, en cuanto a los derechos reales de cosa ajena, a reserva de explorar el tema con más
amplitud en el siguiente capítulo, es conveniente dar algunas notas introductorias en el siguiente
sentido:
Las servidumbres reales son derechos reales sobre un inmueble ajeno (el fundo sirviente), cuyo
aprovechamiento debe aumentar la utilidad de un inmueble propio (el fundo dominante), cercano al
primero (Margadant, 2002: 273).
Servidumbres personales
Las servidumbres personales se refieren a derechos reales, sobre una cosa ajena, que confieren un
derecho de uso y goce. Entre dichas servidumbres personales, se encuentra el usufructo como un
derecho temporal de usar una cosa ajena y de aprovechar los frutos naturales o civiles de ésta, sin
alterar la sustancia en cuestión (Margadant, 2002: 282). Asimismo, es posible encontrar los
derechos de uso y habitación, los cuales se extinguen por la muerte de su titular, que confiere al
titular el uso de un objeto o cosa, o de una habitación (Margadant, 2002: 285).
Superficie
Por lo que concierne al derecho real de la superficie y a la enfiteusis, corresponde a servidumbres
que quedaban restringidas a la vida del titular, se observa que mientras la primera supone que A
construye un edificio propio apoyándose en el terreno de B, con lo que la línea divisoria es
horizontal, en la enfiteusis, todo el inmueble objeto de la misma —terreno y, en su caso,
construcción— pertenece a un solo propietario (Margadant, 2002: 286-287).
Es una relación especial entre personas, por la cual una de ellas queda facultada jurídicamente
para exigir de la otra el cumplimiento de una determinada prestación, que según el derecho
común éste le adeuda mediante acciones in personam.
El derecho personal es relativo, por cuanto se ejerce solamente contra la persona del obligado.
Acciones reales
Aquellas que se otorgaban para tutelar un derecho subjetivo real en el que el sujeto activo, es
decir, el sujeto que ejerce un poder sobre la cosa, tenia la facultad de exigir determinada conducta
(siempre negativa, es decir, de abstenerse) a cualquier otro, tanto en el derecho de propiedad como
en los otros derechos reales
Acciones personales
Las otorgadas para la protección de un derecho subjetivo de obligación, en la cual el sujeto activo
era quien tenía la facultad de exigir una determinada conducta (positiva o negativa), y el sujeto
pasivo quien estaba obligado a realizarla.
Asimismo, el derecho romano permite profundizar en los alcances de los derechos de uso,
disfrute y disposición, así como la manera de hacerlos oponibles a terceros.
Como se puede apreciar, el derecho romano otorga un marco de referencia que comprende
los fundamentos jurídicos y filosóficos de los derechos reales, así como la esfera de
derechos y obligaciones que se derivan de los mismos.
Las cosas
Las cosas (res) son entendidas como toda entidad externa al sujeto que tiene un valor económico
(que puede cambiarse por otra) y que en la conciencia económico-social es aislada y concebida
como un objeto existente por sí mismo, apta para satisfacer necesidades comunes a los hombres.
Diversas clasificaciones
Dependiendo de la naturaleza jurídica de la res, las cosas se clasificaban de acuerdo a
distintos criterios, entre los que destacan los siguientes: las cosas que están fuera del
comercio y las que están dentro del comercio.
Aquellas que por su naturaleza física o por su destino jurídico no podían ser objeto de
relaciones jurídicas entre particulares y no podían ser enajenadas (Gayo I.2.1). Las cosas
están fuera del comercio por las siguientes razones:
Cosas que por su naturaleza física no podían ser apropiadas por ningún sujeto en particular (el sol,
el aire, los planetas, etc.)
Cosas que eran consideradas propiedad de los dioses y a partir del cristianismo estaban dedicadas
al culto, por lo que no podían ser objeto de propiedad por parte de los particulares. Se dividen en
cosas del derecho divino y cosas del derecho humano.
Las que pueden tocarse, que caen directamente bajo los sentidos (Gayo I.2. 12-14), y cosas
incorporales: las que no son susceptibles de percibirse a través de los sentidos (v. g. la herencia,
el usufructo, el derecho de crédito, etc.). La importancia práctica de esta clasificación radica en
la posibilidad de adquirir la posesión sólo de bienes corpóreos y de las distintas maneras de
transmitir la propiedad.
Res mancipi y res nec mancipi
Destinadas a lo relativo a la agricultura, encontrándose en esta clasificación los fundos itálicos,
los esclavos, los animales de tiro y carga, y las servidumbres viae, iter, actus y aquaeductus;
y res nec mancipi: cosas no destinadas a la agricultura. La importancia de esta clasificación
radicaba en el antiguo sistema de economía agraria romana en lo relativo a los modos de
adquirir la propiedad; así, las res mancipi únicamente se transmitían mediante la mancipatio y
con la in iure cessio; en cambio, las nec mancipi con la in iure cessio y con la traditio. Las dos
categorías fueron abolidas de forma expresa por Justiniano en el 531 (Código 7.31.1.5).
Pueden desplazarse por todos lados (v. g. una vaca, una vasija, etc.); y cosas inmuebles: no
pueden trasladarse de un lugar a otro (v. g. una casa, las cosas adheridas al suelo, etc.). La
diferencia de ambas categorías es importante en el orden de la usucapio, toda vez que se
requiere mayor tiempo para adquirir la propiedad, tratándose de bienes muebles.
Pueden ser reducidas a pequeñas porciones, cada una de las cuales conserva su propia sustancia
y utilidad (v. g. una cosecha de trigo, cierta cantidad de vino, etc.); y cosas indivisibles:
aquellas que al fraccionarse pierden su carácter y utilidad original (v. g. una vaca, una pintura).
La distinción tiene importancia de acuerdo a un criterio jurídico y no físico, ya que las cosas
corpóreas pueden dividirse.
Las que según su utilidad económico-social son consideradas como cuerpos singulares,
constituyendo una unidad natural o artificial (v. g. un buey, una piedra, etc.); y cosas
compuestas: aquellas que son el resultado de la unión artificial o mecánica de varias cosas
simples, que unidas entre sí generan otra cosa distinta y que tienen una utilidad económico-
social diferente de las cosas simples que le dieron origen (v. g. un carro, un barco, etc.). La
división tiene importancia en lo relativo con las cosas compuestas, ya que si cada una de sus
partes es cambiada, la cosa compuesta no cambia jurídicamente su identidad.
Tienen individualidad propia (v. g. una carreta, un fundo, etc.); y cosas accesorias: entidades
concebidas de forma abstracta, como elementos que dependen de otra cosa, y destinadas a
integrar o perfeccionar la cosa principal (v. g. los objetos que sirven para completar una carreta,
como serían los clavos, los asientos, etc.). La diferencia es importante para el ámbito jurídico,
aplicándose el principio de que lo accesorio sigue la suerte de lo principal.
La posesión
La etimología de la palabra possessio viene, según Paulo, de la palabra “sede”, como si se dijera
posición, porque tiene de forma natural quien persevera en ella, lo que los griegos llaman katoche
o retención (Digesto 41.2.1.pr). Algunos filólogos modernos estiman que la palabra posesión viene
de potis o pote sedeo, que significa “yo me siento como señor”. La posesión para el derecho
clásico se entiende como la disponibilidad de hecho de una cosa, independientemente de ser
propietario o no de ella, con la intención de tenerla para sí mismo, con exclusión de los demás.
El corpus
Es el elemento objetivo de la posesión, que se traduce en la disponibilidad material de la cosa,
designado por los romanos con la expresión tenere, possidere corpore.
El animus
Es el elemento subjetivo; esto es, la intención de tener la cosa para si, con exclusión de cualquier
otra persona.
Clases de posesión
Existían diferentes tipos de posesión que variaban de acuerdo a los efectos jurídicos que producían:
Posesión de buena fe
La possessio bonae fidei era la disponibilidad absoluta de la cosa, ejercida con la convicción de no
lesionar los derechos de otros. Entre los efectos jurídicos que producía estaban los siguientes: el
poseedor podía devenir propietario por el transcurso del tiempo por medio de la usucapio; el
poseedor de buena fe no tenía ningún medio de defensa contra la acción reivindicatoria del
propietario; desde el derecho clásico el poseedor de buena fe podía hacer uso de la actio
publiciana y gozaba de protección procesal por medio de los interdictos.
Posesión de mala fe
El poseedor tiene el corpus y sabe que el objeto que tiene no es suyo, aunque espera tenerlo para sí
con exclusión de cualquier otro (animus). No deviene en propietario a través de la usucapio; no
tiene derecho a los frutos, debe regresarlos; goza de protección procesal por medio de los
interdictos, excepto cuando se ejerza contra la persona de la cual obtuvo la posesión; con ellos se
protege el ejercicio de la situación de hecho.
Detentación
Es la tenencia meramente corpórea de la cosa, es decir, es la disponibilidad de hecho de la cosa sin
el animus de tenerla para sí con exclusión de cualquier otro (v. g. el arrendatario). No deviene en
propietario a través del tiempo; no tiene derecho a los frutos, debe regresarlos; y no goza de la
protección de los interdictos.
Adquisición, pérdida y conservación
Para que se produzca la posesión es necesario que el sujeto cuente, al mismo tiempo, con la
disponibilidad de la cosa (corpus) y con la intención de tenerla para sí con exclusión de
cualquier otro (animus possidendi).
Desaparece la posesión con la pérdida del corpus, del animus o de ambos; sin embargo,
desde el siglo III d. C. se admitió que el poseedor que perdiese el corpus pudiese conservar
la posesión, siempre que se conservara el animus possidendi y de que existiera la
posibilidad de volver a recuperar la disponibilidad corporal. Justiniano extendió este
principio, admitiendo que el ausente pudiese conservar la posesión.
La posesión fue protegida a partir del derecho clásico por obra del pretor, a través de los
interdictos. En la época del derecho justinianeo las acciones posesorias continuaron
llamándose interdictos, aunque esta figura cambió la fisonomía que presentaba en la época
del procedimiento formulario.
Interdictos
La propiedad
Uno de los derechos que una persona puede tener sobre una cosa es la propiedad. Entre las
fuentes romanas no existe una definición concreta de la propiedad; en la terminología romana se
suele denominar a la propiedad de varias maneras, como mancipium (viene de manus, que indica
la aprehensión material de efectiva aplicación de fuerza, ligada a viejos modos de crear y defender
el poder que el pater familias puede alcanzar sobre las cosas); más tarde se usa el término
dominium (implica una noción de señorío; esto es, aquel titular de poderes o facultades), y a partir
de la República prevalece el término de propietas (que acentúa la pertenencia absoluta y exclusiva
de la cosa que es objeto de este derecho al titular del mismo). Sin embargo, desde la Edad Media
se ha intentado, a partir de fragmentos del Corpus Iuris Civilis, hacer una definición teórica de la
propiedad. De forma no limitativa, se ha definido a la propiedad como el derecho de obtener de
un objeto toda la satisfacción que ésta pueda proporcionar a su titular y es oponible contra
cualquiera.
Los derechos que el propietario ejercía sobre la cosa eran los siguientes:
Ius vindicandi
Referente al derecho a reclamar el objeto de terceros poseedores o de detentadores, el cual
corresponde a una consecuencia directa de la circunstancia de que la propiedad es el derecho real
por excelencia y, por tanto, se puede oponer a terceros.
Tipos de propiedad
Para el derecho romano existían dos tipos de propiedad: quiritaria y bonitaria, según fuera
regulada por el derecho civil y por el derecho honorario.
Quiritaria
Era la antigua propiedad civil romana, única forma de propiedad reconocida por el ius
civile; únicamente podían ser titulares de este derecho los ciudadanos romanos y los que
tuvieran el ius commercii. Eran objeto de propiedad quiritaria originariamente los que
tuvieren carácter romano, es decir, bienes muebles y fundos itálicos, que eran de
disponibilidad exclusiva de los romanos; así como en las provincias los fundos asimilados
jurídicamente a los itálicos, mediante la concesión del ius italicum; sólo se podía transmitir
la propiedad de acuerdo a los modos establecidos por el ius civile.
Actio negatoria
Esta acción tenía por finalidad defender la propiedad contra ataques que no consistieran en privar de
la posesión al propietario, sino en la pretensión de menoscabar sus facultades como propietario,
atribuyéndose otra persona derechos sobre la misma (v. g. una servidumbre de paso, un usufructo,
etc.). En caso de que la acción prosperara, el actor obtenía la cesación de la actividad perturbadora,
la restitución de la cosa a su primitivo estado.
Acciones penales
En caso de que una persona cometiera un delito en sus propiedades (v. g. la actio ad exhibendum,
la actio furti y la actio legis Aquiliae, para los casos de hurto y daño, respectivamente).
Bonitaria
También llamada propiedad pretoria, fue una figura surgida a través de la actividad
jurisdiccional del pretor y encaminada a tutelar distintas relaciones no contempladas y
defendidas por el ius civile, en las que un sujeto obtenía a través de un acto lícito y sin
lesionar derechos ajenos, la disponibilidad absoluta de una cosa con exclusión de otros
(erga omnes). Dichas situaciones no eran consideradas en el ámbito del derecho civil, por
lo que carecían de tutela jurídica. En defensa, el pretor concedió medios procesales para
rechazar o paralizar la acción reivindicatoria que pudiese ser ejercida contra él. Esta
defensa judicial se mantenía durante el tiempo necesario para usucapir y transformarse, con
el paso del tiempo, en propiedad quiritaria plena.
La propiedad bonitaria estaba reconocida por el ius honorarium, por lo que para su defensa
y retención solo se podían utilizar las formas para adquirir la propiedad reconocida por el
derecho honorario (traditio, praescriptio longi temporis). Entre las facultades reconocidas
al propietario bonitario estaban:
Con Justiniano, la situación que durante el derecho clásico era calificada de in bonis habere, se
equiparó a la propiedad, terminando con la distinción entre propiedad quiritaria y propiedad
bonitaria (Código 7.25 y 7.31).
La medida procesal reconocida para proteger la propiedad bonitaria fue la actio publiciana: esta
acción fue introducida en su edicto por el pretor Quinto Publicio, del año 67 a. C. Su primera
aplicación se refería al caso del comprador de una res mancipi que había tomado posesión de ella
por simple traditio. Con el tiempo, la acción fue extendida a cualquier supuesto de entrega de una
cosa y de usucapión incompleta (cuando no se cubre el tiempo establecido por el ius civile). Con
esta acción se ordenaba al juez que fingiera haber transcurrido el tiempo legal de la usucapión en
favor de aquel que había perdido la posesión de buena fe. De este modo, el que había recibido de
buena fe una cosa por traditio y perdiera la posesión antes de cumplir la usucapión, dispone de esta
acción como si fuera propietario civil.
Como ya se ha mencionó anteriormente, para el derecho romano esta situación de hecho fue
protegida a través de interdictos. En la época del derecho justiniano las acciones posesorias
continuaron llamándose interdictos. Entre los interdictos más importantes estaban los interdictos
para retener la posesión y los interdictos para recuperar la posesión.
La Ley de las XII Tablas prohibía sepultar e incinerar cadáveres dentro de Roma y fuera de ella a
una distancia de 60 pies de los edificios o la exhumación de cadáveres sin la autorización de los
pontífices. Al titular de un derecho de sepulcro se le concedía derecho de paso al sepulcro.
Por razones edílicas
Durante el derecho clásico se creó una serie de normas relacionadas con la altura, distancia y
estética de los edificios. El senadoconsulto Aciliano del año 122 d. C., prohibía que el testador
dispusiese de los materiales incorporados a un edificio. Dichas limitaciones aumentaron durante el
derecho posclásico, sobre todo en la época del emperador Zenón.
Las XII Tablas establecieron que los propietarios de los fundos lindantes a la vía pública debían
repararla.
Occupatio
Fue el modo más antiguo de adquisición de la propiedad, que consistía en la aprehensión de una
cosa que no pertenecía a nadie (res nullius), con la intención de apropiarse de ella. Se
consideran res nullius los animales salvajes (obtenidos de la caza o de la pesca); las islas que
nacen en un mar o río público y también las piedras, las perlas y las gemas que se encuentren
en las playas; las cosas capturadas al enemigo y la res mancipi abandonadas. Para que operara
este modo se requería la existencia de una res nullius, la aprehensión de la cosa y la intención
de hacerla propia.
Hallazgo de un tesoro
Specificatio
Transformación de una cosa corpórea, mediante actividad humana de una persona distinta al
dueño del material, encaminada a ese fin, es decir, lograr la transformación de una cosa por otra
nueva y diferente (v. g. la transformación de la uva en vino). Los proculeyanos atribuían la
propiedad de la cosa a quien realizó el trabajo; en cambio, los sabinianos la atribuían al dueño
del material. Justiniano aceptó esta última.
Confusio y comixtio
Mezcla de dos cosas líquidas o sólidas pertenecientes a diferentes personas. Si se trata de
materias líquidas o sólidas separables, cada propietario podía reclamar la propiedad de su bien,
pero si las materias no podían separarse surgía una copropiedad entre ellos.
Accesion
Se adquiere la propiedad a través de una relación jurídica que se establece entre dos
personas, de tal forma que una de ellas adquiere un derecho de propiedad sobre una cosa,
que era ya objeto de otro sujeto; de ahí que suponga la adquisición de uno frente a la
pérdida de otro. Se requiere de un acto jurídico previo legal o voluntario para adquirir la
propiedad. Se dividen en...
Mancipatio
Modo de transmitir la propiedad de la res mancipi. Consiste en un negocio jurídico que sólo podía
ser realizado por ciudadanos romanos o por quienes tuvieran el ius commercii. Se presentaba como
una venta ficticia, hecha ante cinco testigos, el portador de la balanza (libripens) y las partes
interesadas. A continuación el adquirente (mancipio accipiens), tomando la cosa cuya propiedad era
transferida, pronunciaba las palabras establecidas por la tradición frente al enajenante (mancipio
dans) (Gayo I.1.119).
In iure cesio
Negocio jurídico bilateral, formal y ficticio para transmitir la propiedad de res mancipi y res nec
mancipi. El acto se debía realizar en presencia del magistrado. El enajenante, al recitar las palabras
establecidas por la tradición, cedía la cosa al adquirente, quien realizaba la vindicatio; finalmente el
magistrado adjudicaba la cosa al adquirente. Este modo de transmitir la propiedad también era
utilizado para constituir servidumbres reales (Digesto 19.9-10).
Traditio
Modo de transferir la propiedad reconocida por el ius gentium de res nec mancipi. Consistía en la
entrega material o puesta a disposición de la cosa por parte del enajenante al adquirente.
Usucapio
Modo de adquisición de la propiedad, limitado a los ciudadanos romanos, mediante la posesión de
una cosa de otro sobre la base de un título justo, con la intención de no lesionar derechos ajenos y
que se prolongó por el tiempo prescrito por la ley; esto es, la posesión continua, pacífica y sin
oposición del titular legítimo. Tiene por finalidad dar certeza jurídica a situaciones de hecho,
prolongadas en el tiempo y reducir de ese modo los litigios (Gayo I.2.44 y Digesto 41.105).
La usucapio atribuía al poseedor la propiedad de la cosa; es decir, le hacía adquirir un derecho
absoluto erga omnes, cambiando su relación de hecho de la cosa en una relación jurídica.
Praescriptio longi temporis
En las provincias, para otorgar certeza jurídica a quien había poseído durante un largo periodo un
fundo, se recurrió a la praescriptio. Era una forma de adquisición de la propiedad reconocida por
el ius honorarium, derivada de la posesión continua del objeto, durante un cierto tiempo y en las
condiciones que señalaba la ley. La praescriptio longi temporis excluyó al titular del derecho sobre
la cosa para que pudiera quitársela a través de los medios judiciales a quien la detentaba durante un
periodo determinado, atribuyendo a éste un derecho sobre la cosa, no absoluto, sino el medio para
poder oponerse a la acción intentada por dicho titular.
Justiniano abolió la distinción entre propiedad quiritaria y bonitaria; desde este momento, el medio
de adquirir la propiedad por el transcurso del tiempo fue la usucapio. Exigió que transcurriera un
año para usucapir bienes muebles, y para los inmuebles diez o veinte años, según se realizaran entre
presentes o entre ausentes.
Adjudicatio
El juez nombrado por el magistrado tenía la facultad de adjudicar la propiedad de una cosa por
medio de la autorización de la fórmula en los juicios divisorios (actio familiae erciscundae, finium
regundorum y communi dividundo). En estos casos, el juez atribuía la propiedad a cada uno de las
partes, después de dividir la copropiedad, constituía el título de la adquisición para cada uno.
Ex lege
Por acto legislativo el Estado podía trasmitir la propiedad pública (ager publicus) a los ciudadanos
romanos.
D. 19.2.9. pr (Ulp. 32 ed.): si alguno me hubiese arrendado una casa comprada de buena fe y
fuese reivindicada, aunque no hubiera habido dolo o culpa por parte del arrendador, dice
Pompio que queda obligado por la acción de conducción respecto al arrendatario, a que ha de
dejarse disfrutar de lo que tomó en arriendo. Ahora bien, si el propietario no lo tolera y el
arrendador está dispuesto a dejarle una habitación no menos cómoda, es muy justo, dice, que
el arrendador sea absuelto.
Marcelo había alquilado por cuatro años una casa de su propiedad a Otilia, viuda de Druso, que
se instaló en la misma con sus cuatro hijos, tras haber abonado al propietario por anticipado un
año de renta. A los tres meses, Marcelo comunica a Otilia que la casa había sido expropiada y
que debía ser desalojada en un plazo de quince días. Como Marcelo era propietario de otra
casa, que estaba deshabilitada, Otilia pretende que le ceda el uso de la misma, a cambio de la
que tiene que abandonar o que le indemnice por el tiempo que no pudo disfrutar del arriendo.
UNIDAD 10
Objetivo
El alumnado establecerá la importancia del poder que ejerce una persona sobre las cosas de
propiedad ajena. Comprenderá la naturaleza, alcance y protección procesal de los derechos
reales sobre cosa ajena, destacando las semejanzas y diferencias con el ordenamiento
jurídico mexicano.
Definamos
Iura in re aliena
Facultad que tiene el titular del ius in re aliena de ejercer determinada conducta sobre la
cosa de otro o de exigir al propietario que se abstenga de llevar a cabo determinadas
actividades sobre la cosa propia. Los derechos reales de goce son limitaciones al derecho de
propiedad (que en este caso se denomina nuda) en favor del titular del derecho, éstos se
vinculan directamente con la cosa, en el sentido de que las limitaciones al derecho de
propiedad sobre la cosa existen y permanecen, incluso con posterioridad a la muerte del
nudo propietario.
En la técnica del derecho moderno, la palabra "cosa" se limita al mundo corporal, y por
cosas, en sentido jurídico, se entienden los objetos materiales sobre los cuales pueden
recaer derechos, y que son, por naturaleza, jurídicamente comerciables. De este modo se
acota al campo de los derechos reales o derechos de cosas, al frente de los cuales figura el
de propiedad. Todo derecho real presupone ineludiblemente la existencia de una cosa –res–
que le sirva de objeto (Sohm, 2006: 227-230).
Clasificación de servidumbres
Servidumbres reales
Derechos reales que se ejercen sobre un inmueble ajeno (fundo sirviente), cuyo
aprovechamiento debe aumentar la utilidad de un inmueble propio (fundo dominante).
No pueden imponer deberes de hacer algo, solo de tolerar o de no hacer (excepto en la servidumbre
oneris ferendi).
No pueden constituirse sobre cosa propia, ya que es un derecho sobre cosa ajena.
Deben estar entre fundos vecinos, pero no necesariamente contiguos. Están sujetas al principio de
que lo accesorio sigue la suerte de lo principal; esto es, que en caso de venta del fundo dominante,
el nuevo adquirente gozará de la servidumbre real.
No puede haber servidumbre sobre servidumbre. Son indivisibles; la división del fundo sirviente o
dominante no cambia la naturaleza de la servidumbre. El uso parcial de la servidumbre la protege
contra la prescripción y con ello de la pérdida del derecho real. No pueden imponer deberes de
hacer algo, solo de tolerar o de no hacer (excepto en la servidumbre oneris ferendi).
No pueden constituirse sobre cosa propia, ya que es un derecho sobre cosa ajena.
Las reparaciones necesarias para que la servidumbre pueda tener interés práctico son por
cuenta del fundo dominante.
Están sujetas al principio de que lo accesorio sigue la suerte de lo principal; esto es, que en
caso de venta del fundo dominante, el nuevo adquirente gozará de la servidumbre real.
Las reparaciones necesarias para que la servidumbre pueda tener interés práctico son por
cuenta del fundo dominante.
Por lo general, las servidumbres reales aprovechaban a un predio rural. El derecho clásico
reconoció una serie limitada de servidumbres reales; en cambio, en el derecho justinianeo
ya no existía la tipificación de las mismas. Los propietarios de los fundos podían
constituirlas estableciendo libremente su contenido. El derecho clásico señaló la división
entre rurales y urbanas, siendo las siguientes:
¡Importante!
Observe que las servidumbres urbanas normalmente beneficiaban a una construcción.
Para que la servidumbre (inmissio) en inmueble ajeno fuera lícita debía constituirse de las
siguientes formas:
Usucapio : por el uso continuo de dos años podía constituirse una servidumbre. La Lex
Scribonia del s. I a. C. prohibía esta forma. En el derecho clásico, el pretor concedía
una actio utilis al propietario de un fundo que hubiese ejercido de hecho una
servidumbre predial durante un largo tiempo.
Entre las acciones que los titulares de las servidumbres podían utilizar para defender su
derecho estaban las siguientes:
Actio confessoria
Acción también llamada vindicatio servitutis servía para proteger al titular de la servidumbre contra
las perturbaciones que sufriera su derecho. En principio sólo podía ejercerse contra el titular del
fundo sirviente; posteriormente, se admitió contra cualquiera que perturbara el ejercicio de la
servidumbre. En caso de que la acción prosperase, se obtenía el restablecimiento del derecho y el
pago de daños.
Interdictos
El ejercicio de algunas servidumbres estaba protegido por interdictos especiales, concedidos por el
pretor a quienes ejercían de hecho una servidumbre real.
Extinción
Las formas en las que se extinguía la titularidad del derecho de servidumbre fueron las
siguientes:
Por confusión: cuando se fundían en un mismo sujeto las calidades de propietario del fundo
sirviente y del fundo dominante.
Por confusión: cuando se fundían en un mismo sujeto las calidades de propietario del fundo
sirviente y del fundo dominante.
Por el no uso de la servidumbre: para el derecho clásico durante un periodo de dos años; para el
derecho posclásico de diez años entre presentes y veinte entre ausentes
Por confusión: cuando se fundían en un mismo sujeto las calidades de propietario del fundo
sirviente y del fundo dominante.
Por el no uso de la servidumbre: para el derecho clásico durante un periodo de dos años;
para el derecho posclásico de diez años entre presentes y veinte entre ausentes.
Por la transformación de alguno de los fundos que hiciese imposible la existencia o el ejercicio de
ella.
Servidumbres personales
Derechos reales que se constituían sobre una cosa propia (nudus dominus) en beneficio de
una persona determinada. Derechos que tenían un carácter personalísimo y temporal (no
heredables o enajenables).
Las formas más comunes para constituir las servidumbres personales fueron:
Pactiones et stipulationes
El derecho clásico aceptó el simple acuerdo de voluntades para constituir servidumbres en fundos
provinciales. Con Justiniano los pactos y las estipulaciones pasaron a ser un modo normal de
constitución del usufructo.
Legatum per vindicationem
El heredero adquiría la nuda propiedad, pero se obligaba a aceptar una servidumbre personal en
favor de otra persona. También podía ocurrir que por legado, el testador concedía la propiedad de
una cosa a una determinada persona, deduciendo la servidumbre real en favor del heredero.
Extinción
Las formas para extinguir las servidumbres personales son por muerte o capitis
deminutio del titular; únicamente la habitación y los operae servorum no se extinguían
por capitis deminutio del titular del derecho. También se terminaba este derecho por
confusión, ya que significaba la consolidación de los derechos de nuda propiedad con la
servidumbre personal y por desuso, a excepción de la habitación y de los operae servorum,
los cuales no se extinguían por el desuso de la cosa. También por pérdida total o
desaparición del objeto sobre el que recae; por transformación de la cosa que impidiera el
ejercicio del derecho o su exclusión del comercio; por renuncia del titular del derecho real y
por el cumplimiento del término o condición.
Enfiteusis
Derecho real transferible inter vivos o mortis causa que faculta a su titular, el enfiteuta, a
tener el pleno y exclusivo uso o disfrute de un fundo ajeno. Surge como un derecho real,
independiente de cualquier otro, en una constitución de Zenón del año 480 d. C. (Codex
4.66.1). Su origen se remonta al arrendamiento a los particulares de los agri vectigales del
Estado, de los municipios o de las colonias; en este caso, el arrendamiento era concedido
para siempre o por un largo tiempo, a cambio del pago de un canon periódico; dicha
situación con el paso del tiempo se consideró como un derecho real transmisible y
enajenable.
Como contraprestación el enfiteuta debía pagar al nudo propietario una renta periódica (canon),
pagar impuestos como el tenedor de un inmueble, notificar al nudo propietario antes de vender.
En este caso, el nudo propietario gozaba del derecho de preferencia (ius praelationis) y del
derecho al 2 % del valor de la venta (iusblaudemium).
Entre las medidas procesales con las que contaba el enfiteuta estaban las siguientes:
La enfiteusis se constituía por pactiones et stipulationes, llamado contrato enfitéutico; por
testamento y por praescriptio.
Entre las causas por las que se extinguía la enfiteusis estaban las siguientes:
Por confusión, es decir, porque se unían en la misma persona los derechos de propiedad y
de enfiteusis.
Por prescripción del derecho; esto es, cuando el propietario realizaba un acto contrario al ejercicio
de la enfiteusis y disponía plenamente del fundo sin oposición por parte del enfiteuta, durante el
tiempo necesario para la usucapio.
Por confusión, es decir, porque se unían en la misma persona los derechos de propiedad y
de enfiteusis.
Por prescripción del derecho; esto es, cuando el propietario realizaba un acto contrario al
ejercicio de la enfiteusis y disponía plenamente del fundo sin oposición por parte del
enfiteuta, durante el tiempo necesario para la usucapio.
Por no hacer efectivo el ius praelationis en favor del propietario y por omitir notificar al propietario
la venta del derecho de enfiteusis.
Superficie
Derecho real transferible inter vivos o mortis causa que faculta a su titular, el superficiario,
a tener la disponibilidad plena y exclusiva de un edificio levantado sobre un fundo ajeno.
Este derecho real supone una excepción al principio superficies solo cedit (lo que se
construye en un terreno deviene propiedad del dueño del terreno).
En cuanto a sus obligaciones, el usufructuario podía pagar al nudo propietario una renta
periódica (solarium); pagar impuestos por la tenencia del suelo.
El usufructuario contaba con la actio negatoria para que el juez declarase la libertad de la
cosa respecto al adversario, así como la reposición, en su caso, de la situación anterior a la
perturbación del derecho real y una caución contra futuras perturbaciones. También podía
hacer uso de la actio vindicatio utilis como medida procesal que tiene el superficiario para
la defensa de su derecho; acción llamada por el derecho posclásico actio confessoria y los
interdictos posesorios, y en especial el interdictum de superficiebus.
El derecho se pierde por destrucción del edificio, por renuncia del titular del derecho real,
por confusión, por prescripción del derecho; esto es, cuando el propietario realizaba un acto
contrario al ejercicio de la enfiteusis y disponía plenamente del fundo sin oposición por
parte del enfiteuta durante el tiempo necesario para la usucapio.
Derechos reales que confiere el deudor sobre una cosa propia, o de un tercero, al acreedor, como
garantía del cumplimiento de una obligación. En caso de que el deudor incumpla con su obligación,
el acreedor tiene un poder directo sobre la cosa, que en las diferentes etapas del derecho romano
varió desde la adquisición de la propiedad de la cosa por subrogación del pago del crédito, hasta
tener el derecho de venderla, entre otros, reteniendo para sí el valor de su crédito.
Los derechos reales de garantía reconocidos en el derecho romano fueron la prenda y la hipoteca.
PRENDA
Definición
Derecho real de garantía que se ejerce sobre cosa ajena, en donde el deudor entrega una cosa
(pignus) al acreedor prendario, para garantizar una obligación preexistente. Se transmite la
posesión sine animo de una cosa específica, ya sea del deudor o de un tercero. El deudor conservaba
la propiedad de la cosa otorgada en prenda.
La prenda se constituía sobre cosas corporales; es válido el pignus de cosas futuras (v. g. los frutos
que serán producidos por una cosa). El derecho justinianeo admitió la constitución de la prenda
sobre cosas incorporales, tales como el derecho de usufructo, de enfiteusis, de superficie e incluso
sobre servidumbres.
Características
El acreedor prendario podía devenir propietario de la prenda en caso de que el deudor no satisficiera
el crédito pactado, situación que prohibió la Lex Commisoria del año 326 d. C. En el derecho
justinianeo, el acreedor prendario podía adquirir la propiedad de la cosa, si después de dos años no
conseguía comprador, y también podía llegar a un acuerdo con el deudor para adquirirla en un
precio justo. También gozaba del ius vendendi sobre la cosa, previa denuntiatio (notificación) al
dueño de la prenda (el deudor o un tercero), en caso de incumplimiento de la obligación principal,
pagándose a sí mismo con el precio hasta satisfacer el propio crédito. Podía cobrar los gastos de
conservación de la cosa, reclamar daños y perjuicios, si los hubiese y retener la prenda aunque se
hubiera satisfecho la obligación principal, si es que el deudor tuviera otras deudas con él (pignus
gordianum).
Por su parte, el acreedor prendario debía conservar la cosa, no usarla, ni a esta ni a sus frutos, salvo
pacto en contrario; esto es, a través del pacto antichresis, el acreedor podía percibir los frutos de la
cosa dada en prenda, con la consiguiente disminución de los intereses y del capital. Asimismo,
debía regresar la cosa en caso de cumplimiento de la obligación principal. Debía notificar al deudor
en caso de venta y podía restituir el excedente en caso de venta (hyperocha).
Constitución
Este derecho de garantía se podía constituir por voluntad privada entre las partes mediante un
contrato; por un acto mortis causa (legado, fideicomiso); por decisión de la autoridad judicial y por
disposición de la ley.
El acreedor prendario contaba con la actio pignoraticia in rem, con el fin de poseer la cosa en tanto
que el deudor no cumpliera con la obligación principal. También gozaba de la protección de los
interdictos posesorios y en especial el interdictum Salvianum que se ejerce contra cualquiera que
tenga en su poder la cosa.
Extinción
La prenda se extinguía por el cumplimiento de la obligación principal, por lo que el deudor contaba
con una actio in personam para conseguir la disponibilidad de la cosa (actio pignoraticia directa);
por renuncia del acreedor al crédito o al derecho real de prenda; por destrucción de la cosa sobre la
que se gravaba el derecho de garantía; por confusión, es decir, cuando concurrían en la misma
persona las calidades de propietario y de acreedor prendario.
HIPOTECA
Definición
Es un derecho real de garantía que se ejercía sobre cosa ajena para garantizar una obligación
principal. El deudor o un tercero no otorgaban la posesión de la cosa, ni siquiera la detentación.
Se constituía generalmente sobre bienes inmuebles; sin embargo, nada impedía que se constituyera
sobre bienes muebles. También se podía constituir una hipoteca sobre cosas corporales e
incorporales, tales como el usufructo, la superficie, la enfiteusis y las servidumbres.
Constitución
La hipoteca podía constituirse por voluntad privada entre las partes mediante un contrato, por un
acto mortis causa (legado, fideicomiso), por decisión de la autoridad judicial y por disposición de la
ley (v. g. la que gravaba una casa en favor de quien había prestado el dinero para la reparación).
El acreedor prendario contaba con la actio hypotecaria , la que se ejercía una vez verificado el
incumplimiento de la obligación, en relación con cualquiera que tuviera consigo la cosa hipotecada.
Extinción
Entre las causas de extinción de la hipoteca se encontraban:
¡Importante!
A fin de aclarar algunos puntos sobre la propiedad le sugerimos revisar el siguiente
documento, que igualmente le será de utilidad al realizar su “Experiencia de aprendizaje”:
Saavedra, Luis, “Derecho romano I. Tema 11. Patrimonio. Cosas. Propiedad”, en Derecho
romano [Blog], 03/04/2014, disponible en https://bit.ly/2De4P4U, consulta: 31/10/2018.
D. 12.6.36. (Paul. 5 epit. Alf. Dig.):... si el que recibió en prenda la artesa sabía que
era de un tercero, se obliga por hurto, y por tanto, si hubiera recibido del esclavo la
cantidad como precio de la cosa hurtada, podrá repetirse; pero si la ignoraba que le
dejaban la cosa de tercero, no se hace ladrón, y, por tanto, si cobró del esclavo la
deuda garantizada con la prenda, no se puede repetir de él esta cantidad.
Analizar las siguientes cuestiones:
Reflexión...
a. ¿Podía Estico prestar la artesa a Sempronio?: ¿puede éste darla en prenda a Félix?
b. ¿Qué relevancia tiene el conocimiento del acreedor pignoraticio en cuanto al hecho de
que la cosa pignorada pertenece a un tercero?; ¿qué condición jurídica debe tener el
pignorante en relación con la cosa dada en garantía?
d. Ticio solicitó del banquero Mevio una cantidad en préstamo, a cuyos efectos presentó
un documento en el que ofrecía una serie de bienes en garantía hipotecaria. Pasado
algún tiempo, durante el cual Ticio vendió cosas que figuraban en la relación de bienes
ofrecidos en garantía de la deuda, recibió de Mevio la cantidad pedida, notificándole
éste que quedaba acreditada en su cuenta bancaria.
D. 20.4.11 pr. (Gai. de form. hypoth): es preferente en la prenda el que prestó una
cantidad primero y recibió una hipoteca, aunque se hubiese convenido antes con otra
persona que quedaría aquella cosa en garantía si el deudor recibiera de ella una
cantidad, si la hubiese recibido después, ya que, aunque se ha convenido antes, podía
el deudor no recibir de aquella persona cantidad alguna.
En este caso (D. 20.1.35) el acreedor conserva el ius vendendi sobre el nuevo edificio.
Analizar las variaciones que presenta la problemática planteada en los siguientes textos:
D. 20.1.29.2. (Paul. 5 resp.): se incendió una casa dada en prenda, y Lucio Ticio
compró aquel solar, y edificó en él; se pregunta cómo queda el derecho de prenda.
Respondió Paulo que perdura la acción para perseguir la prenda y por ello se entiende
que la construcción sigue el derecho del suelo, es decir, gravada con el derecho de
prenda; pero no se puede exigir de los poseedores de buena fe que restituyan el edificio
a los acreedores más que si recobraran los gastos invertidos en la construcción, en la
medida en que la cosa aumentó de valor.
D. 20.1.16.2. (Marc. Ad. Form. hypoth.): si se hubiera transformado la cosa
hipotecado, corresponde no obstante la acción hipotecaria. Por ejemplo, si la casa
hipotecada se hubiere transformado en huerto, o si se convino la hipoteca sobre un
terreno y se edificó, o también, si se hubiese plantado vides en aquel terreno.
a. Adame Goddard, Jorge, Cuatrocientos casos y respuestas de los juristas romanos, México,
Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2013, disponible
en https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv/detalle- libro/3329-cuatrocientos-casos-y-
respuestas-de-los-juristas-romanos, consulta 09/04/2019.
b. De Reina Tartiere, Gabriel, derecho romano. Casos prácticos y modelos de resolución.
Cuestionarios de autoevaluación, España, Centro de estudios Financieros UDIMA, s. f.,
disponible en https://bit.ly/2zjCWE3, consulta: 31/10/2018.
c. ¿Qué otros caminos puedo explorar?
d. Para consolidar su aprendizaje respecto de los contenidos de esta unidad le
sugerimos que procure vincular lo aprendido con las temáticas de otras asignaturas
en siguientes semestres como son: Derecho civil y Teoria general del derecho
(conceptos juridicos fundamentales).