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Capítulo 4

El documento describe los cambios que ocurren en las relaciones familiares durante la adolescencia. Explica que tanto los adolescentes como sus padres experimentan cambios biológicos, emocionales y cognitivos que afectan la dinámica familiar. También analiza el contexto socio-cultural y cómo los medios pueden influir en las relaciones. Finalmente, señala que aunque no todas las familias sufren deterioro, la mayoría experimentan una época de desajuste y mayor conflictividad durante la adolescencia temprana debido a los cambios en todos los miembros

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El documento describe los cambios que ocurren en las relaciones familiares durante la adolescencia. Explica que tanto los adolescentes como sus padres experimentan cambios biológicos, emocionales y cognitivos que afectan la dinámica familiar. También analiza el contexto socio-cultural y cómo los medios pueden influir en las relaciones. Finalmente, señala que aunque no todas las familias sufren deterioro, la mayoría experimentan una época de desajuste y mayor conflictividad durante la adolescencia temprana debido a los cambios en todos los miembros

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CAPÍTULO 5

CONTEXTO FAMILIAR Y DESARROLLO PSICOLÓGICO


DURANTE LA ADOLESCENCIA

1. LAS RELACIONES FAMILIARES Y SUS CAMBIOS DURANTE LA


ADOLESCENCIA

El periodo de la adolescencia, contribuye a dibujar una imagen


dramática y negativa de esta etapa evolutiva, en la que los problemas
emocionales y conductuales y los conflictos familiares ocupaban un
lugar preferente.
El sistema familiar, aunque contiene otros subsistemas, representa una
unidad de análisis, y para comprender mejor la dinámica de las
relaciones que se establecen en su interior habrá que analizar en primer
lugar los cambios o procesos biológicos, emocionales y cognitivos que
ocurren a nivel intrapersonal, tanto en el niño que llega a la adolescencia
como en sus padres. A su vez, será necesario atender a aquellos
procesos interpersonales que tienen lugar a las estructuras afectivo-
cognitivas del adolescente y de sus padres son subsistemas que
interactúan y que se autoorganizan en interacciones diádicas. Por
último, es inevitable considerar que tanto los procesos intrapersonales
como los interpersonales tienen lugar en un determinado contexto socio-
cultural que debe ser tenido en cuenta si queremos comprender los
cambios o transformaciones en la relación entre los padres y el
adolescente.

Cambios en el adolescente: se va a encontrar una influencia de los


cambios hormonales sobre el estado de ánimo y el humor del
adolescente, aunque esta relación no es tan evidente como sugiere el
estereotipo popular y suele limitarse a la adolescencia temprana, que es
cuando las fluctuaciones en los niveles hormonales parecen influir de
forma más directa sobre la irritabilidad y agresión en los varones y sobre
los estados depresivos en las chicas, lo que sin duda afectará a las
relaciones que establecen con sus padres. También está clara la
relación entre el incremento en las hormonas sexuales y el surgimiento
del deseo y la actividad sexual, lo que puede llevar a que los padres se
empiecen a preocupar más por las salidas y las relaciones sociales de
sus hijos, y modifiquen la forma de tratarlos. Esta nueva herramienta
cognitiva va a afectar a la manera en que los adolescentes piensan
sobre ellos mismos y sobre los demás, permitiéndoles una forma
diferente de apreciar y valorar las normas que hasta ahora habían
regulado el funcionamiento familiar. Esta necesaria exploración y
búsqueda de nuevas sensaciones y experiencias va a verse favorecida
por algunos cambios cognitivos que suelen llevar al adolescente a un
deficiente cálculo de los riesgos asociados a algunos comportamientos
consumo de drogas, deportes de riesgos, haciendo más probable su
implicación en ellos. La participación de los jóvenes en estas conductas
puede aumentar la conflictividad familiar, ya que en muchas ocasiones
los padres se volverán más restrictivos, ante el miedo de que sus hijos
se impliquen en situaciones peligrosas o de riesgo, justo en un momento
en el que los adolescentes necesitan mayor libertad para experimentar y
vivir nuevas experiencias.

Cambios en los padres: los cambios de las relaciones familiares


durante la adolescencia atribuye el aumento de los conflictos entre
padres e hijos a las transformaciones en estos últimos; sin embargo, no
sólo cambian los adolescentes, ya que también los padres lo hacen. En
el momento en que el hijo llega a la pubertad sus padres pueden tener
en torno a los 40 o 45 años, una etapa que algunos autores han
denominado la crisis de la mitad de la vida y que han considerado como
un momento difícil y de cambios significativos para muchos. Puede que
sus padres hayan muerto o estén muy enfermos, o que ellos mismos
comprueben cómo los años no pasan en balde y empiezan a padecer
algunas enfermedades que les hacen sentirse más vulnerables. Por otra
parte, el que su hijo deje de ser niño o niña, especialmente cuando es el
único o el último, puede tener un valor simbólico importante, ya que
supone el final de una etapa en la que han podido ser muy felices en su
rol parental, y que ya comienzan a echar de menos. Así, la transición a
la maternidad exigía del padre y de la madre un esfuerzo adaptativo
importante, pero una vez que han ejercido ese rol durante años
muestran una tendencia natural a seguir ejerciéndolo, y no resulta fácil el
cambio. Por lo tanto, hay que tener en cuenta que la llegada de un hijo a
la adolescencia es un momento de la vida familiar en que se produce la
coincidencia de dos importantes transiciones evolutivas: en la trayectoria
personal del hijo, por un lado, y en la de los padres, por otro.

Procesos interpersonales: las interacciones sostenidas durante la


infancia entre padres e hijos alrededor de tareas de socialización habrán
servido para construir un estilo interactivo en cada díada (padre-hijo,
madre-hijo), que incluirá todo el rango de patrones relacionales posibles,
pero en el que predominará un tipo de interacciones, que en algunas
díadas será más afectuoso, mientras que en otras será más frío o más
coercitivo. Sin embargo, y debido a los cambios intrapersonales en
padres e hijos que ya han sido descritos, la transición a la adolescencia
va a representar una importante perturbación del sistema familiar, que
va a entrar en un punto de bifurcación en su trayectoria evolutiva, lo que
aumentará la inestabilidad del sistema y la variedad de patrones de
interacción diádicos posibles. Así, incluso en las familias en las que las
relaciones parento-filiales se habían caracterizado por la comunicación y
por el apoyo y los afectos mutuos comenzarán a aparecer una mayor
variedad de interacciones que oscilarán entre el afecto y la hostilidad o
el conflicto. El sistema familiar entrará en una fase de transición que
hará posible surgimiento de nuevos patrones relacionales que se irán
estabilizando gradualmente hasta el momento en que el sistema llegue a
un nuevo estado atractor que le dará una mayor estabilidad. Por lo tanto,
parece evidente que durante la adolescencia temprana muchas familias
atravesarán una fase de mayor inestabilidad y conflictividad en las
relaciones entre padres e hijos.

2. CONTEXTO SOCIO-CULTURAL Y RELACIONES FAMILIARES


DURANTE LA ADOLESCENCIA
Todos los cambios en el adolescente y en sus padres ayudan a entender
mejor la alteración en las relaciones familiares que suele producirse con
la llegada de la adolescencia; sin embargo, el cuadro estaría incompleto
si no se analizaran las condiciones sociales, culturales y económicas
imperantes en el contexto en el que estos cambios tienen lugar. Los
factores contextuales juegan un papel fundamental por su influencia
sobre la familia y el individuo, y resulta difícil llegar a entender el
significado y las causas de las dificultades propias de la adolescencia sin
tener en cuenta el contexto socio-histórico en el que los jóvenes de
principios del siglo XXI realizan su transición hacia la etapa adulta. Esta
imagen estereotipada divulgada por los medios ha contribuido a crear
actitudes de miedo y de rechazo hacia este grupo de edad, generando
un intenso prejuicio que condiciona las relaciones entre adultos y
jóvenes, y puede aumentar la conflictividad intergeneracional,
especialmente en la familia y la escuela. El consumo de televisión,
videojuegos, Internet, chats, revistas para adolescentes se ha
generalizado en nuestro país, lo que ha llevado a un aumento de la
preocupación social por la influencia que estos medios y tecnologías
pueden ejercer sobre el desarrollo adolescente, y a que se les atribuya
por lo general un papel negativo. Tal vez convenga desdramatizar y ser
más exigentes a la hora de considerar probables influencias negativas
sobre el desarrollo durante la infancia y adolescencia, ya que la
evidencia empírica no siempre apoya esta idea, y algunos estudios han
encontrado efectos positivos sobre el desarrollo adolescente derivados
del uso de videojuegos o de la exposición a programas televisivos.
Igualmente, el uso de Internet puede tener una influencia positiva sobre
el bienestar psicológico, al permitir la comunicación con otros jóvenes o
adultos que pueden proporcionar apoyo emocional, lo que puede ser de
mucha importancia para aquellos chicos y chicas que se encuentran
marginados o que forman parte de alguna minoría social. Esto supone
más tarea para los padres, que no deben limitarse a controlar las
amistades de sus hijos, sino que también deben supervisar programas
de televisión, uso de Internet, videojuegos y revistas. Las relaciones
familiares pueden verse afectadas por este cambio en el calendario con
el que tienen lugar una serie de comportamientos. La mayoría de los
padres de adolescentes van a considerar demasiado precoz la edad con
la que sus hijos pretenden iniciarse en comportamientos como salir con
miembros de otro sexo, mantener relaciones sexuales, permanecer en la
calle hasta altas horas de la noche, ir a discotecas o beber alcohol.
Como han encontrado algunos estudios, las expectativas de padres y de
niños y adolescentes con respecto a los comportamientos apropiados
durante estos años no van a coincidir, lo que contribuirá a aumentar la
conflictividad en el entorno familiar. Por otra parte, están teniendo lugar
importantes cambios en la estructura de la familia con el surgimiento de
nuevas situaciones que pueden resultar más complicadas.

3. COMUNICACIÓN Y CONFLICTO PARENTO-FILIAL

Los datos de las muchas investigaciones realizadas hasta la fecha


vienen a apoyar esta idea, y aunque las relaciones familiares no tienen
por qué sufrir un deterioro generalizado, la mayoría de las familias,
incluso aquellas que habían tenido unas relaciones armónicas durante la
niñez, van a atravesar durante la adolescencia temprana una época de
un cierto desajuste y de una mayor conflictividad. La comunicación entre
padres e hijos suele deteriorarse en algún momento entre la infancia y la
adolescencia, con algunos cambios claros en los patrones de
interacción: pasan menos tiempo junto, las interrupciones a los padres y,
sobre todo, a las madres son más frecuentes, y la comunicación se hace
más difícil. En cuanto a los temas sobre los que suelen versar los
intercambios parento-filiales, el empleo del tiempo libre y las normas y
regulaciones familiares ocupan los primeros lugares, mientras que otros
temas como política, religión, sexualidad y drogas son infrecuentes. El
género parece influir sobre los patrones de comunicación familiar, ya
que algunos estudios encuentran que las chicas tienen una
comunicación más frecuente con sus padres que los chicos, aunque
existen otros trabajos que no hallan estas diferencias. Más concluyentes
resultan los datos referidos a la influencia del género del progenitor, ya
que existe un apoyo generalizado a la idea de que tanto chicos como
chicas se comunican de una forma más frecuente e íntima con sus
madres, probablemente por su mayor disponibilidad, y porque son
percibidas como más abiertas y comprensivas.

4. INFLUENCIAS FAMILIARES SOBRE EL AJUSTE Y DESARROLLO


ADOLESCENTE: LOS ENFOQUES DIMENSIONAL Y TIPOLÓGICO,
LAS IDEAS DE LOS PADRES Y LAS INFLUENCIAS GENÉTICAS

Existen razones para pensar que a partir de la pubertad la familia pierde


algún peso como contexto de socialización y, por lo tanto, su capacidad
de influencia es menor. Por una parte, el hecho de que en la
adolescencia se haya completado una importante parte del desarrollo,
unido a la mayor plasticidad del ser humano durante los primeros años
de su vida, sería un argumento a favor de una menor importancia de las
influencias familiares a partir de la pubertad. Este hecho ha llevado a
algunos autores a considerar que, mientras que los iguales constituyen
una potente fuente de influencia, la familia representa un contexto de
socialización muy débil y su incidencia sobre el desarrollo adolescente
sería escasamente significativa. Harris ha afirmado que la estrecha
relación que muchos autores han encontrado entre el estilo y prácticas
parentales y el ajuste adolescente se debería fundamentalmente a la
transmisión genética. Los argumentos utilizados por Harris han sido
fuertemente contestados, tanto en lo referente a la importancia de las
influencias genéticas como en lo relativo al sentido de las influencias
padres adolescente. En relación con este segundo aspecto, debe
señalarse que es cierto que una parte muy importante de los estudios
que han analizado la relación entre los estilos parentales y el ajuste o
desarrollo adolescente son correlacionales y, por lo tanto, no aportan
información sobre el sentido de las influencias. Sin embargo, tanto los
estudios longitudinales, que evalúan el estilo parental y el desarrollo
infantil o adolescente en distintos momentos evolutivos, como los
diseños basados en alguna intervención que persigue modificar las
prácticas educativas paternas aportan suficiente evidencia acerca de la
influencia de las prácticas parentales sobre el ajuste adolescente .

 El enfoque dimensional. se trata de la dimensión del estilo


parental que muestra una relación más clara y menos
controvertida con el desarrollo adolescente. Si durante los años
de la infancia el cariño y el apoyo parental eran fundamentales, a
partir de la pubertad, especialmente durante la primera
adolescencia, su importancia va a ser igual o superior. A pesar de
que durante estos años muchos chicos rechazan las
manifestaciones de cariño por parte de sus padres, en un intento
de mostrarse a sí mismos y a los demás su grado de autonomía y
madurez, lo cierto es que el adolescente va a seguir necesitando
unos padres cercanos y afectuosos que le brinden su apoyo en
muchos de los momentos difíciles que tendrá que atravesar, y
que mantengan una fluida comunicación con él. En términos
generales, se puede decir que los chicos que dicen tener una
relación más cálida y afectuosa con sus padres suelen mostrar un
mejor ajuste o desarrollo psicosocial, incluyendo confianza en sí
mismos, competencia conductual y académica, autoestima y
bienestar psicológico, menos síntomas depresivos y menos
problemas comportamentales. Además, cuando el afecto
impregna las relaciones parento-filiales, es más probable que los
hijos se muestren receptivos a los intentos socializadores por
parte de sus padres y no se rebelen ante sus estrategias de
control.

 El enfoque tipológico. Este enfoque nos permite tener una


visión más completa del clima familiar y de su influencia sobre el
bienestar adolescente al manejar simultáneamente diferentes
dimensiones, y permitir así una panorámica más clara de la
relación entre padres e hijos. Probablemente, el enfoque
tipológico más tradicional es el que ha considerado a los
progenitores en función de su estilo educativo. A pesar de los
algo más de 40 años que ya tiene esta clasificación, se debe
señalar que sigue gozando de bastante buena salud, ya que, lejos
de considerarse cerrada, sigue generando investigaciones que
profundizan en el constructo y analizan con mayor detalle los
efectos que estos estilos tienen sobre el desarrollo y el ajuste de
niños, niñas y adolescentes. Conviene recordar en este momento
que el estilo educativo no parte simplemente de la combinación
de diferentes dimensiones de la conducta parental, sino que,
como se ha señalado en el punto anterior, es un clima emocional,
una constelación de actitudes que le son comunicadas al
adolescente a través de aspectos indirectos como el tono de voz
o el lenguaje no verbal, y que influyen en cómo las prácticas
concretas son vividas por el chico y la chica.

 Las ideas de los padres sobre la adolescencia. recientemente


han comenzado a realizarse algunos trabajos centrados en esta
etapa que han proporcionado una información interesante acerca
de lo que piensan los padres sobre la adolescencia. Algunos de
estos estudios han analizado las concepciones o estereotipos
generales acerca de este periodo evolutivo, y han encontrado que
tanto padres como educadores y población general mantienen
una idea bastante semejante a la visión de storm and stress, es
decir, la perciben como una etapa difícil en la que son frecuentes
los conflictos y los problemas conductuales.

Esta visión tan pesimista puede condicionar de forma negativa las


interacciones entre padres e hijos, llevando a los padres a
manifestar un estilo más coercitivo o autoritario, que hará más
probable el surgimiento de conflictos y la aparición de problemas
de ajuste emocional en el adolescente.

 Influencias genéticas sobre el desarrollo adolescente:


Algunos estudios se han centrado en conductas de riesgo como el
consumo de tabaco, alcohol o drogas ilegales, encontrando tanto
influencias genéticas como ambientales. Sin embargo, el hallazgo
más llamativo es el referido a la distinta importancia que unos y
otros factores tienen en el inicio de estos hábitos, o en su
mantenimiento. Así, mientras que los factores sociales,
especialmente aquellos que se refieren al medio compartido,
tienen un mayor peso en la fase de adquisición de estas
conductas, el mayor o menor consumo en sujetos habituados
parece depender en mayor medida de factores genéticos. Otros
estudios han hallado influencias genéticas tanto en la práctica de
deportes como en la iniciación de la actividad sexual. El estudio
llevado a cabo por Pike y sus colaboradores puso en evidencia la
existencia de una importante heredabilidad en la aparición de
síntomas depresivos, con una influencia moderada del medio
compartido. Por otro lado, el comportamiento antisocial recibía
influencias genéticas y ambientales, tanto del medio compartido
como del no compartido. Finalmente, algún aspecto más
fisiológico, como la edad de la menarquía, mostró una importante
heredabilidad, aunque también es destacable la proporción de
varianza atribuible al medio no compartido. En cuanto a las
habilidades intelectuales, los datos disponibles indican que, a la
hora de explicar las diferencias individuales, el peso de factores
genéticos va aumentando según avanza la edad, siendo la
heredabilidad mayor durante la adolescencia media que en la
infancia. Igualmente va disminuyendo con la edad la importancia
del medio compartido. Estos datos han llevado a algunos autores
a sugerir que los genes que afectan al desempeño intelectual
durante la adultez no se activarían hasta la adolescencia.

5. IMPLICACIONES EDUCATIVAS PARA EL FOMENTO DEL


DESARROLLO ADOLESCENTE

Los padres de chicos adolescentes se quejan de lo imprevisible y


desconcertante que les resulta a veces el comportamiento de su hijo, por
lo que es muy importante que los padres conozcan los principales
cambios que suelen tener lugar durante la adolescencia. Por ejemplo,
los cambios físicos y su repercusión emocional, las nuevas capacidades
cognitivas que van a llevar al adolescente a posturas muy críticas y
desafiantes, o el proceso de desvinculación emocional con respecto a su
familia.
A lo largo de este capítulo se ha hecho referencia a un importante
número de estudios que confirman que el medio familiar óptimo para el
desarrollo del adolescente es aquel en el que se practica el estilo
democrático, que combina la comunicación y el afecto con las
exigencias de madurez, el establecimiento de límites, el seguimiento y el
fomento de la autonomía e individualidad. A todo ello habría que añadir
una cierta flexibilidad y sensibilidad para ajustarse a los muchos cambios
que se producen durante estos años de la adolescencia.
Si se tiene en cuenta que los adolescentes están construyendo su
identidad, y pueden tener muchas dudas con respecto a su valía
personal, es de esperar que sean muy sensibles a estas críticas y no
muestren excesivo interés por iniciar o mantener unos intercambios
comunicativos que les resultan tan aversivos y que contribuyen poco a
mejorar su autoestima.
Esta flexibilidad debe llevar a los padres a que vayan ajustando las
normas y exigencias a las nuevas necesidades y capacidades de su hijo,
y a ser conscientes de que unas normas que tenían sentido y validez
cuando su hija tenía 9 años pueden resultar inadecuadas a los 13 o 14
años, y que por lo tanto deben modificarse. Si un objetivo clave es
favorecer la autonomía del adolescente, es muy importante que los
padres vayan concediéndole de forma gradual libertad para actuar y
para tomar sus propias decisiones.
En general, los padres deben estar informados de lo que hace su hijo, y
para ello es necesario que se interesen por él, le pregunten y conozcan
a sus amigos y amigas, para evitar algunas situaciones de riesgo que
pudieran estar produciéndose. Ya se ha comentado anteriormente que la
carencia de seguimiento y de control suele llevar a problemas
comportamentales, incluso cuando la relación entre padres e hijos es
afectuosa.

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