El absurdo esta en todos lados, cuando no es a la percepción humana, nos
observa de lejos
En esto basa gran parte de su obra Camus, la paradoja, la naturaleza humana,
la ciencia y el arte todos caen el absurdo racional y artísticamente
Primero nos cuestionamos una razón implícita al suicidio, una cadena o
secuencia de acción que lleve a este, acecha lentamente desde la nuca hasta
que un dia se ata, y, así mismo, ¿es el pensamiento y accionar suicida
directamente relacionados con la conclusión lógica a la que llega una persona
sobre el valor de su vida?
Camus reclama que no, y así mismo hago yo, mas, aun así, como en todo, la
absurdez y su comprensión lógica se manifiestan en el pensamiento de todo
suicida por igual
Asumimos ya, este absurdo omnipresente en la vida diaria.
Mas a nuestra rutina y ciclo de vida dentro de la inconciencia y
desconocimiento del absurdo en esta, hemos de llamarle el “decorado”, en el
manifestó suicida se encuentra un común, lo que Camus explicaba como la
repentina aparición del “porque” (sin necesariamente algo que incite esta
aparición en el ser) y es este el que rompe el “decorado” y comienza a
aterrorizarle como idea desde lo mas profundo de su ser, el impacto repentino
de el valor que le creía a su vida se derrumba ante el absurdo a sus ojos, este
se le muestra desnudo, como una emoción humana profunda, un poder ajeno
al ser, aterrorizante, ante tal encuentro abrupto con el absurdo, no hay otro
resultado que entregarse a este, el valor de su vida a este, reconoce y se
reafirma a si mismo y al mundo, como su vida es absurda, una verdad en lo
que se es posible llamarle a algo verdad, y a esto proclama “que no tiene
sentido” y a esto no e de valer la pena vivirla, más he de aquí interferir
Creo yo que hay un acuerdo y al mismo tiempo un error común, no es nada
nuevo decir o recordar la ausencia absoluta de un bien o un mal, no como
declaración nihilista si no mas bien, que para nosotros los que nos interesa es
¿El suicidio vale la pena ?
Es esta la cuestión adecuada, más que una visión polarizada contraria o
favorativa a este, antes de continuar he de responder a algunas de las
afirmaciones respecto al suicidio más recurrentes.
El suicidio de Durkheim, estudio del suicidio como fenómeno social en la
España antigua, a esto, nos volvemos a encontrar con lo ya dicho como
respuesta, el suicidio como la muerte en general, debido a su naturaleza, solo
son posibles de experimentar en su máximo esplendor como espectador, la
muerte de un cercano, estas mismas experiencias en sí, desencadenan e incitan
a una aparición más común del “porque” en el ser y la ruptura del decorado y
por consecuencia el absurdo, esta ruptura se presenta en el ser individual como
en el comunal, como fenómeno social, y así se resuelve mi aporte al discurso
del suicidio como tal fenómeno.
Continuando con la ruptura del decorado Camus dice lo siguiente:
“la continuación, es la vuelta inconsciente a la cadena, o el despertar
definitivo, al final del despertar, llega, con el tiempo, la consecuencia: suicidio
o restablecimiento”
Restablecimiento, y es aquí donde nace y se ramifica el porqué, desde el
absurdismo de Camus, el suicidio no vale la pena.
Cuando el decorado se rompe y la presencia abrupta y abrazante del absurdo
es innegable al ser, y es, por esto mismo, que ha de ser abarcado, y sobre todo
acogido.
En el mito de Sísifo, se le presenta un mundo reducido, nulo, no posee a su
alcance, ninguno de los antes conocidos placeres humanos ni una motivación
exacta, y es esto un reflejo de muchos en la sociedad moderna, de alguna
manera, su roca y su colina, nuestro trabajo y rutina, todos somos igual de
esclavos de nuestro destino de Sísifo
Sísifo es, precisamente, la representación del ser, o lo que queda de el después
de la ruptura del decorado, he ahí del uso de su mito y la comparación de
Camus
“el suicidio es, al final, confesar”
Dice Camus que, es confesar que la vida nos supera en su totalidad, y aun así,
Sísifo no solo ha de cumplir con su labor natural de seguir viviendo, si no que,
es además, feliz con el absurdo de esta.
En muchas ocasiones, se llega al hedonismo como respuesta al absurdo de la
vida, la búsqueda del placer como puro sentido de la vida, mas yo estoy en
desacuerdo, usualmente, se confunde el placer con felicidad, el placer no llena
el alma, confundido como un supuesto sinónimo de la felicidad, no solo del
placer no viene la felicidad, la felicidad aflora sin el placer como necesidad.
Aquí vuelvo a la tarea mundana de Sísifo y nosotros de nuevo, le tememos al
absurdo por la presunta falta de placer, recompensa o realización que creemos
que este llega a representar y del miedo a esta supuesta cruda realidad.
De la ruptura del decorado, al miedo, a la desesperación, al suicidio.
Pero la realidad del absurdismo y la mundanidad de nuestra existencia, como
verdad, es lo único que tenemos.
Al momento de defender por qué el suicidio no vale la pena, pongo en mesa
que, la pregunta de “¿vale la pena vivir?” y como respuesta el absurdismo, no
solo se abarca como respuesta si no a la pregunta y al ser mismo, me parece a
mi una fuerza y razón mas que digna de ser acogida como es, encontrando en
ese absurdo, un incomparable sentimiento de realización y paz dentro de este.
Así que, como, ¿se abraza el absurdo?
Sísifo es dueño de su destino, por más anodino que sea, su mundo, su realidad
como lo son, he aquí el restablecimiento, Sísifo se apropia de su situación, y
cara a cara al absurdo de este, lo abarca, disfruta de la ironía de este y camina
a su lado, cuando la nostalgia del porque vuelve a él, ante la gran discusión
filosófica sobre el valor de nuestras vidas, no lo hay, porque no lo necesita, la
religión, la ciencia, el recitar escuchar y escribir esto, el universo que nos
rodea, en su totalidad, no tienen y nunca tendrán una razón de existir, como
Sísifo empuje la roca, como nos levantemos y decidamos seguir, no hace
ninguna diferencia, a la cruda matemática de la muerte, al final.
aun así, lo valen, por el arte, el absurdo, y nuestra lucha y aceptación a él, en
una forma, es arte, existimos por amor a la obra de arte mas extensa de la
historia, todo.
Además de esto, como humano, cumplir con una vida absurda, el
reconocimiento del absurdo de la vida, ante el suicidio, y el restablecimiento,
hemos de aprender, desde nuestra humanidad, alimentar el alma con la
realidad que lo rodea, implícitamente, no hay una razón para no suicidarse
mas que, precisamente, la ausencia de una respuesta exacta en donde nos
volvemos a encontrar con el absurdo, probándose a si mismo como una razón.