LITERATURA ÁRABE
Se considera literatura árabe la que corresponde al pueblo islámico. No podemos decir
que se limita a Arabia, ya que por razones políticas y religiosas llegó a abarcar España y China.
En sus orígenes, el elemento religioso constituyó el móvil de la misma, apoyado en una
erudición rica en elementos artísticos que la hicieron destacar tanto en la poesía como en la
prosa.
El Corán es el libro más sobresaliente de la literatura árabe de todos los tiempos. Según
la tradición, Mahoma recibió el contenido del libro mediante revelaciones directas de Dios.
Este libro es la mejor prueba de la erudición árabe manifestada en rima y ritmo. Para los árabes
y para los estudiosos de las lenguas este texto adquiere un valor trascendental. Para los
primeros, es el libro que consagra la lengua de Dios; para los segundos fija la tradición oral de
tal manera que los árabes contemporáneos pueden entender claramente hoy el mensaje del
Corán, contrario a lo que sucedería si tomáramos un texto medieval de la lengua española. La
lectura y comprensión de la misma requeriría que fuéramos especialistas en ese idioma o que
nos apoyáramos en un diccionario especializado en español antiguo.
Además del Corán, la literatura árabe posee una gran cantidad de poemas que recrean la
vida de su pueblo, pues muestran situaciones amorosas, encuentros bélicos y hechos
sobresalientes. De igual modo sucede con la prosa, que fue utilizada como un instrumento para
difundir las hazañas del pueblo árabe.
Debido a la expansión del imperio árabe se incrementó la utilización de su lengua. Los
sabios comenzaron a traducir a su idioma todos los libros considerados trascendentes que se
cruzaban en su camino, con lo cual el acervo cultural tanto de ellos como del pueblo
conquistado se acrecentaba. Ejemplo de ello fue España. Durante ochocientos años de
presencia árabe se produjo un exquisito intercambio de conocimiento en donde nuestro idioma
se vio tan influido que el 40% del español actual deviene de esa cultura.
La literatura árabe sufrió un estancamiento durante siglos y no es sino hasta fines del
XIX cuando la misma resurge, proceso que no se ha detenido. Hoy podemos encontrar textos
árabes de todo tipo.
En la literatura tenemos figuras como la del novelista Naguib Mahfuz, ganador del
Premio Nóbel de 1998, quien ha sido uno de los propulsores contemporáneos de una literatura
dinámica, rica en ritmos e imágenes crudamente bellas:
¡Ay cómo tardas, amigo (amado)!
¡Ay cómo tardas, amigo (amado)!
Buen amor tan deseado,
¿por qué me has olvidado?
Ay amor, amor, amor,
Quant serem los dos de un cor!
Ficade, amor, ficade,
ficade, amor!
Madre mía, amores tengo:
¡ay de mí, que no los veo!
Moriré de amores, madre,
moriré.
La literatura en los pueblos de lengua árabe fue uno de los principales vehículos de la
civilización islámica. Originaria de los moradores de Arabia, con el tiempo abarcaría un vasto
territorio desde España hasta China. Para los antiguos árabes, el lenguaje era el principal
vehículo del arte, y tanto la poesía como la prosa estaban destinadas a ser oídas. Todavía hoy,
la poesía y la oratoria despiertan pasión y entusiasmo entre los árabes. El ejemplo más
destacado de la literatura árabe es el Corán, libro que, según los musulmanes, Dios reveló en el
desierto de Arabia a su profeta, Mahoma, en el siglo VII. Representa el libro sagrado del
islamismo, del mismo modo que la Tora lo es entre los judíos o los Evangelios entre los
cristianos. Su estilo literario, considerado inimitable por los musulmanes, se deriva de los
adivinadores árabes preislámicos cuya expresión adoptaba la forma de frases breves con ritmo
y rima, pero sin metro. En sus primeras suras, o capítulos, el Corán expresa conceptos
religiosos en un lenguaje que concilia el fervor con una gran belleza literaria.
POESÍA. Aunque el más importante es el Corán, sin embargo, no constituye el único
ejemplo de la creatividad literaria árabe. Se conservan centenares de odas y poemas
compuestos un siglo antes de la época del profeta, algunos de ellos traducidos al español. Esta
poesía habla de la vida de los beduinos, sus amores, viajes a través del desierto, luchas,
rivalidades, ambiciones y odios. Los poetas elogian a sus tribus, sus jeques y, a menudo, a sí
mismos. Vituperan amargamente a sus enemigos, retándolos a defenderse con la espada o a
través de la agudeza de la sátira. Entre los más destacados se encuentran Al-Asha, Amribn-
Kultum y Imru-al-Qays. Las mejores odas de estos dos últimos están incluidas entre los siete
poemas escogidos llamados los Muallaqat (‘Suspendidos’, poemas escritos para ser dichos en
el interior de la gran mezquita de la Meca). La poesía siguió floreciendo bajo la dinastía
Omeya, pero tendió a hacerse artificial y a perpetuar formas que representaban un tipo de vida
que iba desapareciendo. Los poetas más importantes de este periodo fueron al-Farazdaq y Jarir,
entre los que existió una larga y famosa contienda poética. El poeta del siglo X al-Mutanabbi
está considerado como el último de los grandes poetas árabes.
PROSA. La prosa árabe, al igual que la poesía, floreció desde los primeros tiempos. Las
obras más antiguas que sobreviven, como el preislámico Aiyam al-Arab, son historias que
conmemoran guerras tribales, también redactadas mucho después de la muerte del Profeta.
Con la expansión del islam, los asuntos ligados a la vida de Mahoma y a las conquistas
islámicas dominó la literatura árabe y musulmana. La búsqueda de normas de conducta en los
terrenos religioso, personal y legal, dio origen a la literatura hadit (Tradiciones) y fiqh (Canon
de la ley). Junto con las obras de los sabios se desarrolló una literatura popular constituida por
narraciones que los contadores de historias declamaban por los bazares; forman una tradición
oral que todavía pervive en esta parte del mundo. Los héroes de la antigüedad y el famoso
califa del siglo VIII, Harun al-Rashid, se convirtieron en protagonistas de cuentos románticos e
imaginativos como el Romance de Antar y el libro de Las mil y una noches. Estos romances,
que surgen como entretenimiento para las masas, despreciaban el estilo y el lenguaje clásicos,
por lo que fueron considerados indignos por los sabios. Más del gusto de los eruditos y nobles
fueron las famosas Maqamat (asambleas) del poeta al-Hamadani y las Maqamat del escritor al-
Harirí, que se crearon tanto para instruir como para divertir.
LAS MIL Y UNA NOCHES
Colección de cuentos de origen persa, árabe, hindú y egipcio, recopilados a lo largo de
siglos. La mayor parte proceden de cuentos populares, anécdotas o fábulas que se transmitieron
oralmente. Los cuentos de Las mil y una noches están narrados por Scheherazade. La trama se
inicia cuando el sultán Schahriar enojado por la infidelidad de su esposa ordena su ejecución.
Para no ser engañado nuevamente decide que se casará cada tarde con una mujer y la matará al
amanecer del día siguiente. El decreto empieza a cumplirse y ya ninguna mujer quería ser reina
por un día. Así le llega el turno a Scheherazade, que accede a casarse con Schahriar, pero traza
un plan para evitar su muerte. En la noche de bodas, relata una historia a su hermana, que le
hace compañía, de forma que cuando el sultán llegue pueda escucharla. En efecto, al acercarse
oye la historia y queda atrapado por la trama, pero la reina interrumpe la narración antes de
acabarla. El sultán le perdona la vida por un día más para así escuchar el final al día siguiente.
Ella continúa noche tras noche hasta que, después de la 1001, el sultán cede e indulta a la
joven, que desde entonces se convierte en una esposa feliz. El núcleo original fue hindú y se
enriqueció en Persia. Del siglo IX procede la primera traducción al árabe con el título Mil
noches, que siguió ampliándose con nuevos relatos, sobre todo, de origen egipcio y árabe.