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Profesion y Servicio Publico

Este documento describe las características de las profesiones y la necesidad de una ética profesional. Explica que las profesiones clásicas como la medicina, el derecho y la teología normativizan aspectos importantes de la vida humana y asumen un compromiso de servicio público. Estas profesiones se autorganizan y autorregulan mediante códigos de ética, rituales y lenguaje especializado. También controlan la afiliación para proteger su monopolio sobre las áreas de conocimiento de las que son responsables.

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Profesion y Servicio Publico

Este documento describe las características de las profesiones y la necesidad de una ética profesional. Explica que las profesiones clásicas como la medicina, el derecho y la teología normativizan aspectos importantes de la vida humana y asumen un compromiso de servicio público. Estas profesiones se autorganizan y autorregulan mediante códigos de ética, rituales y lenguaje especializado. También controlan la afiliación para proteger su monopolio sobre las áreas de conocimiento de las que son responsables.

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Curso introductorio de bioética para profesionales de salud - 2014

Profesión y servicio público


INDICE DEL TEMA
• Profesiones y oficios
• Concepto de profesión
• Definición del profesionalismo médico
• Necesidad de una ética profesional
• Sanciones profesionales espirituales y religiosas
• Códigos de ética sancionados corporativamente
• Críticas y limitaciones de los códigos elaborados por la profesión
• Ética médica originada fuera de la profesión
• El nuevo profesionalismo

OBJETIVOS DE CONOCIMIENTO
• Reconocer las profesiones auténticas y distinguirlas de los oficios.
• Saber cómo se definen y qué características tienen la profesiones típicas.
• Comprender por qué la medicina ha estado sometida tradicionalmente a una regulación
ética con escasa regulación jurídica.
• Saber cómo se define una profesión clásica y por qué necesita estar regulada por una ética.
• Distinguir las tres formas de sancionar la ética profesional en diferentes etapas históricas.
• Describir el arquetipo del sanador primitivo y la ética de los médicos hipocráticos.
• Presentar el Juramento Hipocrático y las oraciones profesionales.
• Comprender la necesidad y el papel de los códigos contemporáneos de ética médica.
• Saber cómo se desarrolló la ética médica durante la Ilustración y se expresó en códigos.
• Evaluar las funciones y limitaciones de los códigos de ética médica.
• Saber cómo y por qué ha surgido finalmente una ética originada fuera de la profesión.
• Detallar los principios del nuevo profesionalismo que se necesita.

© Miguel Ángel Sánchez González 1

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Curso introductorio de bioética para profesionales de salud - 2014

Ser un profesional es asumir un compromiso de servicio a la sociedad.


Y el compromiso profesional obliga a asumir una serie de responsabilidades que no
dependen de la paga o el salario. Puesto que recibir un sueldo más o menos alto no
añade ni quita responsabilidades.
Un profesional está obligado a una excelencia en su desempeño, que no puede ser
comprada ni vendida.
Para comprender el compromiso profesional es preciso, en primer lugar, distinguir
entre profesiones y oficios.

PROFESIONES Y OFICIOS
Tradicionalmente se han reconocido importantes diferencias entre dos tipos
de actividades laborales distintas: los oficios y las profesiones:

Oficios
Los oficios son actividades econó micas especializadas que tienen como objeto
la producció n e intercambio de bienes materiales en un mercado.

Son regulados por la ley de la oferta y la demanda. Y só lo se les exige atenerse


a una moral comú n, que es igual para vendedores y compradores.

Profesiones
Las profesiones clá sicas, sin embargo, administran bienes sociales muy
bá sicos, como son la salud, las leyes o la moralidad.

Sus actividades no está n directa ni exclusivamente sometidas a la oferta y la


demanda. Y se les exige mantener un có digo de conducta especial orientado hacia
el servicio e independiente de la retribució n y los intereses personales.

Se controlan a sí mismas con normas autoimpuestas que constituyen la


deontología profesional. Y ademá s, tienden a actuar en un régimen de monopolio
que excluye a los intrusos no reconocidos.

Recientemente, sin embargo, ha habido una tendencia a denominar


profesiones a muchos oficios tradicionales, con el fin de dignificar a éstos ú ltimos.
Y para continuar distinguiendo a las profesiones propiamente dichas se las llama a
veces “profesiones liberales”.

CONCEPTO DE PROFESIÓN
Es importante saber qué es una profesió n auténtica y qué funciones cumple en
la sociedad. Y también es necesario saber quiénes son profesionales y qué puede
esperarse de ellos.
© Miguel Ángel Sánchez González 2

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Curso introductorio de bioética para profesionales de salud - 2014

Etimología de la palabra “profesión”


La etimología, u origen lingü ístico de la palabra, suministra un primer
significado.
En el idioma latín original «professio» era una palabra que significaba declarar
algo pú blicamente, y también prometer o dedicarse a algo. Con ello el individuo se
señ alaba y asumía un compromiso ante los demá s. De modo que tener una
«professio» era manifestar abiertamente lo que uno es y las intenciones que tiene.

Por eso en la Roma antigua eran llamadas “professae” las prostitutas que se
inscribían como tales en los registros municipales. Y Ciceró n hablaba de los que “se
profesan médicos o gramáticos”, para que su actividad sea reconocida
pú blicamente. Posteriormente, en la Edad Media el término “professio” fue
adquiriendo el sentido de consagració n religiosa. Y así, se llegó a hablar de profesar
la fe, de profesar votos y de hacer profesión religiosa.

Vemos pues que la etimología de la palabra alude a un rasgo distintivo de los


profesionales, que es precisamente su compromiso público de servicio a un fin
social.

Profesiones típicas
Hoy se llaman profesiones un gran nú mero de actividades laborales que en
otro tiempo se denominaban oficios. Y muchas actividades nuevas también se han
organizado como las profesiones antiguas.
Sin embargo, tradicionalmente só lo eran consideradas profesiones el
sacerdocio, el derecho y la medicina. Las universidades medievales
institucionalizaron su enseñ anza en las llamadas “tres facultades mayores”:
medicina, derecho y teología. Y desde entonces estas profesiones han suministrado
los modelos organizativos que han seguido otras actividades laborales cuando han
querido constituirse como profesiones.
Las tres profesiones típicas se ocupan de los aspectos má s trascendentales de
la vida, como son: el funcionamiento del cuerpo humano, la armonía de la sociedad
y los misterios del mundo. Y son el objeto de la atenció n respectiva de médicos,
jueces-gobernantes y sacerdotes.
Estas tres profesiones clá sicas adquieren gran autoridad, por estar
relacionadas con los aspectos má s relevantes del ser humano: la enfermedad y la
muerte, la condenació n religiosa y la condena jurídica. Y tienen la capacidad de
normativizar la vida de las personas. Puesto que establecen respectivamente lo
que es y lo que no es pecado, lo que es lícito e ilícito, y lo que es sano o perjudicial
para la salud.
Se supone que las personas que tratan con esos tres á mbitos tienen
conocimientos y cualidades que les permiten manejar fenó menos o poderes
superiores. Pero lo má s distintivo es que asumen pú blicamente una misió n de
servicio a la comunidad.

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Características de las profesiones típicas


Las tres profesiones típicas se distinguen de otras dedicaciones laborales
porque tienen en comú n los siguientes rasgos:
1. Normativizan la vida de las personas: Establecen respectivamente lo que es y lo
que no es pecado, lo que es lícito e ilícito, y lo que es sano o perjudicial para la
salud.
2. Definen sus propios cometidos: Son ellas mismas las que determinan qué
problemas deben afrontar y cómo deben resolverse.
3. Autorregulan su actividad: Se autoimponen normas éticas y suscriben códigos
deontológicos que proclaman un ideal de servicio a la sociedad.
4. Controlan la afiliación: Luchan contra el intrusismo y aspiran al monopolio de su
actividad.
5. Ritualizan y se uniforman: Algunos actos profesionales se ajustan a un cierto ritual.
Y sus oficiantes (médico, sacerdote, juez) se visten de forma especial (bata blanca,
sotana, toga).
6. Emplean un lenguaje especial: Utilizan un lenguaje propio, o una forma de emplear
el lenguaje, bastante ininteligible para los demás.

7. Adquieren gran autoridad, por estar relacionadas con los aspectos más relevantes
del ser humano: la enfermedad y la muerte, la condenación religiosa y la condena
jurídica.
8. Gozan de ciertos privilegios, que pueden ser: honores, protecciones, monopolios,
exenciones e impunidades.

Componentes de las profesiones


Para que una profesió n pueda existir y actuar necesita disponer de tres
componentes:
1. Intelectual. Tener unos conocimientos específicos que se transmiten mediante un
aprendizaje reglamentado. Tanto los conocimientos como la enseñanza están
garantizados por instituciones y tribunales profesionales. La profesión determina
también qué problemas deben afrontarse y cómo deben resolverse.
2. Organizacional. Tener una organización propia, con escuelas, colegios y
asociaciones que controlan la práctica profesional. Se aspira al monopolio y se
lucha contra el intrusismo. La profesión autorregula su actividad con una cierta
autonomía. Aunque esta autonomía no puede emplearse en promover solamente la
defensa de derechos, intereses o privilegios de sus miembros. Esta desviación
recibe el nombre despectivo de corporativismo.
3. Moral. Tener una ética profesional que amplía la ética y la legalidad general. La
profesión se autoimpone normas éticas y suscribe códigos éticos o deontológicos.
Las profesiones deben tener una orientación prioritaria de servicio a la colectividad.
Y sus ganancias u objetivos personales se consideran subordinados a ese servicio.
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Por eso la retribución del médico no se suele llamar salario, paga o sueldo; se ha
denominado “honorario”, por ser un dinero que se otorga para honrar un trabajo, y
como reconocimiento de un beneficio que no tiene precio.
Todas las peculiaridades socioló gicas de las profesiones se pueden entender
como derivadas de los tres componentes mencionados. Así ocurre, por ejemplo,
con: la autorregulació n de la admisió n, la existencia de mecanismos de licenciatura,
la creació n de los está ndares del ejercicio profesional, la exigencia de un estricto
comportamiento ético…

Una definición general de las profesiones


Teniendo en cuenta todo lo dicho, podemos llegar a la conclusió n de que “tener
una profesión es pertenecer a un colectivo autorregulado que posee conocimientos y
habilidades específicos para utilizarlos con finalidad altruista al servicio de otras
personas. Al profesional se le conceden determinados privilegios, y a cambio se
espera de él que tenga determinadas cualidades morales, asuma deberes y
responsabilidades propios, y procure de modo excelente lo mejor para otras
personas”.

DEFINICIÓN DEL PROFESIONALISMO MÉDICO


Para definir el profesionalismo médico es conveniente recordar en primer
lugar qué es la medicina y qué significa ser médico.

¿Qué es la medicina?
La medicina es un campo de trabajo complejo en el que confluyen muchas
disciplinas científicas y no científicas. Y existen muchas formas diferentes de
contribuir a la medicina.
Se puede ser médico, por ejemplo, investigando, mejorando la higiene pú blica,
colaborando con la justicia, o administrando un centro sanitario.
Pero en el sentido má s primario, ejercer la medicina es atender directamente
las necesidades sanitarias de las personas. Esta medicina es la que se denomina
precisamente medicina clínica, porque incluye el trato directo con los pacientes.
Etimoló gicamente, “clínico” es lo que tiene relació n con el lecho del enfermo
(del griego klíne = cama). Una “clínica” es un centro sanitario en el que hay camas.
Y “médico” por antonomasia es el que hace la “historia clínica” a un paciente.
Con respecto a la medicina clínica se pueden plantear las siguientes preguntas:

¿Es una ciencia?


En la medicina antigua existían ya ciertos conocimientos “científicos” sobre el
cuerpo humano y sus enfermedades. Pero la prá ctica del médico clínico estaba
basada en las especulaciones, la experiencia personal y la prudencia. Y no existía
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un método científico experimental capaz de comprobar la eficacia y la seguridad de


los tratamientos. La persistencia durante siglos de muchos tratamientos inú tiles
confirma la inexistencia de un método verdaderamente científico.
Es en el siglo XX cuando se ha logrado dar categoría científica a la investigació n
clínica, al ensayo clínico, a la evaluació n sanitaria y a la toma de decisiones clínicas.
Así pues, la medicina clínica tiene, desde el siglo XX, una base científica. Pero
aun así, la clínica no puede ser solamente una ciencia.
Y podemos afirmar que el médico clínico es un científico, pero no es solamente
un científico; puesto que tiene objetivos, actitudes y cualidades que la ciencia pura
no exige.

¿Es una técnica?


Se podría definir la clínica como “un saber hacer prá ctico”. Así fue como la
definieron los antiguos, para quienes la medicina era una téchne, es decir: un saber
hacer basado en la experiencia y no en la demostració n científica. La palabra griega
téchne fue traducida al latín como ars, y por ello se habla desde entonces del “arte
médico”.
Es indudable que la medicina clínica es también un saber prá ctico. Un “saber
hacer” que se perfecciona con la experiencia, y en el que son necesarias ciertas
aptitudes, manualidades y habilidades técnicas.
Ahora bien, cuando só lo se tiene una concepció n técnica, el médico queda
reducido a “un experto que sabe aplicar ciertas tecnologías”. Y al paciente se le
define simplemente como “el cliente usuario de ciertas técnicas”. El objetivo de la
medicina queda entonces reducido a la eficacia técnica y la maximizació n del
cociente de los beneficios frente a los costes. Este tipo de medicina só lo puede
generar en el médico unas normas generales de educació n y de cortesía hacia los
enfermos. Pero dejan de ser imprescindibles la comprensió n, la compasió n y la
humanidad. El paciente, como cualquier ciudadano, só lo tiene los derechos
democrá ticos de igualdad y de autonomía. Pero no tiene por qué esperar ser
estimado, comprendido y aconsejado.
Vemos pues que la medicina en su dimensió n prá ctica, aunque aplica unas
técnicas, no debe ser entendida só lo como una técnica.
Por lo tanto el médico, aunque también es un técnico, no es solamente un técnico.

¿Es un arte interpretativo?


Hay facetas de la medicina que no caben en la definició n de ciencia ni en la de
técnica. Entre ellas: la intuició n humana, el juicio clínico y la evaluació n para la
toma de decisiones. Algunos de estos aspectos pueden ser recogidos por un
concepto de “arte” entendido como “hermenéutica”, es decir: como interpretació n
humana (del griego hermeneúo = interpretar ).

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Hemos de reconocer que la subjetividad del médico interviene en la recogida


de datos clínicos, en su uso para el diagnó stico y la toma de decisiones clínicas.
Todo ello es en realidad un proceso interpretativo humano en el que está
esencialmente implicada la persona del que interpreta.
Así pues la medicina clínica es también un arte hermenéutico. Pero la medicina
exige al médico má s de lo que cualquier otro arte exige al artista. Lo que cuenta en
un artista es la originalidad, la sensibilidad, la creatividad y el buen gusto. Pero la
medicina depende de ciertos presupuestos morales y está al servicio de ciertos
valores y finalidades éticos.
Por eso el médico, aunque también es un artista de interpretacion y creación,
tampoco es solamente un artista.

La medicina es un empeño moral


Todas las facetas de la medicina tienen una dimensió n ética. Y la medicina
clínica no es solamente una ciencia, una técnica y un arte.
Los valores humanos está n presentes tanto en las teorías como en las prá cticas
médicas. En primer lugar porque los conceptos de enfermedad y de salud no son
meras cuestiones de hecho, e incorporan evaluaciones. Y porque la toma de
decisiones médicas está impregnada de juicios de valor.
Ademá s, la dedicació n a la medicina presupone ciertas motivaciones. Tal y
como recordaban los preceptos de Hipó crates: “donde hay amor a los hombres, hay
amor al arte médico”.
La medicina es pues un empeñ o moral. Y para el que la ejerce es, sobre todo,
una forma de vida que conlleva un compromiso ético.

Así se puede definir la medicina como: “una profesión fuertemente


comprometida con una actividad social que pretende el bienestar sanitario de la
comunidad y de los individuos”.

Ser médico es tener un compromiso ético


Teniendo en cuenta que el ejercicio de la medicina conlleva un compromiso
ético comunitario, debemos pensar que hacerse médico es asumir una misión social.
De manera que el médico clínico no es só lo un científico, un técnico o un artista. Es,
por encima de todo, un servidor de la persona enferma y de la comunidad. Y ser
médico es tener un compromiso ético.
Y el compromiso ético del trabajador de la salud le obliga a poseer un conjunto
de conocimientos, aptitudes, virtudes y rasgos de cará cter.

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Las variadas definiciones del profesionalismo médico


En las ú ltimas décadas ha surgido un renovado interés en definir el
profesionalismo médico. Y este interés está motivado por el temor a que las nuevas
circunstancias de la prá ctica médica repercutan negativamente sobre el
comportamiento profesional de los médicos.
Todas las nuevas definiciones del profesionalismo médico insisten en describir
la clase de persona que se debe ser, má s que en lo que cada uno debe hacer. Y por
eso han ofrecido listas de valores y virtudes profesionales necesarios.

Una de las definiciones má s citadas es la del American Board of Internal


Medicine (ABIM) que instaura el servicio a los intereses del paciente por encima del
interés propio, y abarca tres compromisos:
1. Con los má s altos está ndares de excelencia en la prá ctica de la medicina y en
la generació n y diseminació n del conocimiento
2. Con la bú squeda del interés y el bienestar de los pacientes.
3. Con una sensibilidad hacia las necesidades sanitarias de la sociedad.
El mismo ABIM reconoce la necesidad de incorporar las virtudes de altruismo,
responsabilidad, excelencia, deber, servicio, honor, integridad y respeto a los
demá s. Y denuncia siete signos de falta de profesionalismo: abuso de poder,
arrogancia, avaricia, insinceridad, incapacidad, falta de conciencia, y conflictos de
interés.
Otra definició n muy citada del profesionalismo médico es la que ofrecieron
Arnold y Stern (What is medical professionalism? En: Measuring medical
professionalism, Oxford Univ. Press, 2006). Estos autores señ alan que el
profesionalismo se asienta sobre una base de competencia clínica, habilidades de
comunicació n y visió n ética y legal. Y sobre esa base se edifican las virtudes de
1. Excelencia: Competencia, aprendizaje de por vida, mejora continua de la
calidad y promoció n del conocimiento científico.
2. Humanismo: Cuidado, compasió n, empatía, honor, integridad y respeto a
los pacientes y sus familias.
3. Responsabilidad y rendició n de cuentas: Hacia los pacientes, las familias y
la sociedad. Y también hacia sí mismo y hacia la profesió n.
4. Altruismo: El interés de los pacientes prevalecer sobre los intereses
propios.

NECESIDAD DE UNA ÉTICA PROFESIONAL


Se considera especialmente necesario que los profesionales mantengan un
comportamiento ético estricto porque:

1. Las realidades últimas que manejan son de la máxima importancia para todos los
seres humanos.
2. Llegan a tener un gran poder sobre las personas.
3. La finalidad del servicio debe prevalecer sobre cualquier otro fin personal de lucro
o poder.
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De hecho, los médicos han estado regidos habitualmente por una ética
profesional que les compromete a cumplir obligaciones y respetar valores que
quienes no son médicos no está n obligados a acatar en la misma medida.
La ética profesional es má s amplia que las leyes. Puesto que las leyes penales
só lo establecen los mínimos indispensables. Pero la ética puede señ alar los
má ximos convenientes para lograr la excelencia y lo mejor. Y al médico siempre se
le exige lo mejor.
La ética invita a realizar actos meritorios que las leyes no pueden exigir.
Por otra parte, es cierto que el derecho tiene un efecto disuasorio de los actos
indeseables; pero ese efecto no es tan necesario, cuando existe una ética con el
suficiente poder de convicció n, respaldada por el propio colectivo profesional.
Y también es innegable que si la ética profesional no alcanza un nivel
suficiente, la legislació n positiva resultará ineficaz, o tenderá a ser excesivamente
coercitiva.
Podemos llegar a la conclusió n de que la ética profesional es un componente
indispensable y un elemento definitorio de las profesiones auténticas. Por eso las
profesiones procuran afianzar una ética que promueva la excelencia, disminuya la
necesidad de recurrir a las leyes y sea una garantía para la sociedad.
Ahora bien, toda moral necesita un sistema de sanciones, es decir, de fuerzas
que respalden e induzcan a cumplir las normas. En la forma de sancionar, la ética
profesional médica se distinguen los siguientes periodos histó ricos.

1. Predominio de las sanciones religiosas (hasta la Edad Moderna). En el que la ética


estuvo respaldada principalmente por juramentos y oraciones.
2. Predominio corporativo. Con una ética profesional expresada en códigos
elaborados por la propia profesión y juzgada por tribunales intraprofesionales.
3. Predominio de instancias extraprofesionales (desde la segunda mitad del siglo
XX). Con debates, declaraciones y exigencias que provienen de múltiples sectores
y tienden a incorporarse a la legalidad vigente.

SANCIONES PROFESIONALES ESPIRITUALES Y RELIGIOSAS


Durante una primera etapa, que llega hasta la Edad Moderna, la sanció n de la
ética profesional provenía sobre todo de las creencias tradicionales y de la religió n.
No existían có digos legales específicos ni tribunales capaces de aplicarlos. Aunque
llegaron a existir ceremoniales expresados en “juramentos” y aspiraciones
manifestadas como “oraciones”.

Comportamiento ético del sanador primitivo


El sanador primitivo es un hombre sagrado, porque está relacionado con el
mundo invisible de la magia, de la religió n y de los espíritus. Y actú a como
intermediario de lo sobrenatural.
En primer lugar, el sanador ha de mantenerse en un estado especial o status
ritual puro, guardando ciertos requisitos y tabú es (en su alimentació n, sexualidad,

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vestimenta, ceremoniales…). Puesto que incurrir en alguna impureza ritual podía


acarrear el fracaso de sus procedimientos má gicos.
Ademá s, el sanador primitivo debe poseer ciertos rasgos morales para
mantener sus buenas relaciones con el mundo sobrenatural y para ser aceptado
por sus paisanos. Algunos de esos rasgos, que configuran el arquetipo del sanador
confiable, son los siguientes:

• Ser un agente de entidades sobrenaturales, encarnar los poderes benéficos y


oponerse al mal.
• Responder a una vocación o misión sobrenatural. Y ser totalmente altruista.
• Ejercer gratuitamente un don sagrado, que él también ha recibido gratuitamente. Al
sanador no se le paga, sino que se le recompensa, se le agradece de alguna forma o,
como mucho, se le asignan “honorarios”.
• Tener como fin la salud y un bien integral del paciente que no es sólo físico.
• Encarnar una autoridad moral que refuerza la ética social vigente. Por ello puede
tratar patologías que se supone que tienen causas y consecuencias morales.

Es importante tener en cuenta que estos rasgos arquetípicos siguen hoy en día
adscritos a la imagen ideal del sanador. Y que, de alguna manera han configurado
las expectativas de los enfermos en todas las épocas. De modo que su
incumplimiento flagrante tiende a generar una especie de escá ndalo en quienes los
observan.

Comportamiento ético del médico hipocrático


El médico hipocrá tico de la civilizació n clá sica, llegó a diferenciarse de los
sacerdotes que ejercían como sanadores en los templos del Dios Asclepio. Y al
hacerlo sustituyó la vinculació n con el mundo sagrado de los dioses por la adhesió n
a una naturaleza que también era concebida como sagrada.
Los médicos hipocrá ticos transformaron, pues, un sacerdocio religioso en un
sacerdocio fisioló gico. Por eso Hipó crates pudo decir: “Las cosas que son sagradas
les son reveladas a hombres sagrados (los médicos)”. (Ley 5.)
El servicio del médico hipocrá tico a esa naturaleza sagrada explica en gran
medida su comportamiento ético.
En primer lugar, explica su bú squeda de sabiduría entendida como excelencia
divina. Merece la pena citar el siguiente pá rrafo: “El médico filósofo es semejante a
un Dios, ya que no hay mucha diferencia entre ambas cosas. En efecto, también en la
medicina están todas las cosas que se dan en la sabiduría: desprendimiento,
modestia, pundonor, dignidad, prestigio, juicio, calma, capacidad de réplica,
integridad, lenguaje sentencioso, conocimiento de lo que es útil y necesario para la
vida, rechazo de la impureza, alejamiento de toda superstición, excelencia divina”.
(Sobre la decencia, 5.)
Algunos autores han subrayado la importancia que los tratados hipocrá ticos
dan a la apariencia externa (que el médico tenga buen color, que presente un aspecto
aseado…) y a los gestos del médico (ser callado, serio, hacer su examen con cierto
aire de superioridad…); y han dicho que la ética hipocrá tica es sobre todo una
“etiqueta médica” o unas normas de decoro. Pero no hay que olvidar que el decoro

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entendido a la manera clá sica hacía referencia tanto a las convenciones


superficiales de la cortesía como a las cualidades o virtudes que las sustentan. Y
segú n Hipó crates, algunos enfermos “por la bondad del médico, pasan a tener
salud”. (Preceptos 6.)
Para tratar a los enfermos había que ejercer la generosidad: “Que a veces se
practique gratis la medicina… Y si llegara la ocasión de atender a quien es extranjero
y pobre, ayúdese sobre todo a los de tal condición, pues, si hay amor a la humanidad,
también hay amor a la ciencia”. (Preceptos 6.)
El precepto má s bá sico era el de “ejercitarse en dos cosas, ayudar o al menos no
causar daño” (Epidemias I, 11). Para el médico hipocrá tico causar dañ o era el
resultado de tratar las enfermedades incurables, o de tratar como no había que
tratar. Y este rechazo al dañ o ha sido denominado en nuestros días: principio de no
maleficencia.
En cuanto a la ayuda, correspondía exclusivamente al médico indicarla e
imponerla, incluso contra la voluntad del enfermo. No podía ser de otra manera,
porque el verdadero conocedor del orden natural era el médico. Y su misió n
consistía precisamente en restaurar ese orden. El orden de la naturaleza era bello y
bueno, y sus leyes eran las fuentes de la salud y de la moral. El enfermo só lo podía
querer algo distinto al médico por ignorancia o por alguna alteració n producida
por su enfermedad. Este es el origen y la justificació n del que ha sido llamado
principio de beneficencia.
En la historia de la ética también ha tenido importancia el concepto hipocrá tico
de salud como equilibrio donde ningú n elemento o cosa no natural
debe estar en exceso. Encontramos ecos de esta doctrina en la doctrina ética de la
virtud como término medio entre dos extremos.

Juramentos profesionales y oraciones


Los juramentos profesionales son fó rmulas de compromiso solemne que
consagran la vida del médico al servicio de determinados fines ideales. Suelen
poner a los dioses por testigos, y solicitar de ellos la recompensa o el castigo
correspondiente.
El má s conocido e influyente ha sido el Juramento Hipocrá tico, pero también
pueden citarse el Juramento de Iniciación, que aparece en el CarakaSamhita, un
texto hindú del siglo I d.C.; y el Juramento de Asaf que figura en los manuscritos del
médico judío Asaf que vivió probablemente en el siglo VI d.C.

El juramento hipocrático
Suele dividirse en cuatro partes: 1. Invocació n; 2. Compromiso; 3. Có digo; y 4.
Consecuencias. Su texto completo es el siguiente:

1. Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higía y Panacea, así como por todos los
dioses y diosas, poniéndolos por testigos, dar cumplimiento en la medida de mis
fuerzas y de acuerdo con mi criterio a este juramento y compromiso.
2. Tener al que me enseñó este arte en igual estima que a mis progenitores, compartir
con él mi hacienda y tomar a mi cargo sus necesidades si le hiciere falta; considerar
a sus hijos como hermanos míos y enseñarles este arte, si quieren aprenderlo, de
forma gratuita y sin contrato; hacerme cargo de la preceptiva, la instrucción oral y
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demás enseñanzas de mis hijos, de los de mi maestro y de los discípulos que hayan
suscrito el compromiso y estén sometidos por juramento a la ley médica, pero a
nadie más.
3. Haré uso del régimen dietético para ayuda del enfermo, según mi capacidad y recto
entender. Del daño y de la injusticia le preservaré. No daré a nadie, aunque me lo
pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia. Igualmente tampoco
proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo. En pureza y santidad mantendré
mi vida y mi arte.
No haré uso del bisturí ni aún con los que sufren del mal de la piedra. Dejaré esa
práctica a los que la realizan.
Al visitar una casa, entraré en ella para bien de los enfermos, absteniéndome de
todo agravio intencionado o corrupción, en especial de prácticas sexuales con las
personas, ya sean hombres o mujeres, esclavos o libres.
Lo que en el tratamiento, o incluso fuera de él, viere u oyere en relación con la
vida de los hombres, aquello que jamás deba divulgarse, lo callaré teniéndolo por
secreto.
4. Si soy fiel a este juramento y no lo quebranto, séame dado el gozar de mi vida y de
mi arte, rodeado de la consideración de todos los hombres.
Pero si lo trasgredo y cometo perjurio, que me ocurrra todo lo contrario.

Este texto aparece ya formando parte del Corpus Hippocraticum. Y debió ser
utilizado como tal por algú n subgrupo de médicos pertenecientes a una escuela
esotérica o comunidad mistérica, posiblemente pitagó rica. Sin embargo, la mayoría
de los médicos antiguos no debió utilizarlo. Y parece que el seguimiento de sus
normas fue escaso. De hecho, en los restantes libros hipocrá ticos aparecen
contradicciones flagrantes con el contenido del Juramento. Existen tratados
hipocrá ticos sobre cirugía, y textos que describen la forma de realizar abortos. Y en
otros tratados hipocrá ticos existen afirmaciones en cierto modo eutaná sicas, que
recomiendan abstenerse de tratar a los enfermos dominados por la enfermedad.
La primera menció n del Juramento fuera del Corpus Hippocraticum aparece en
los escritos del médico romano EscriboniusLargus del siglo I d.C.
La ética cristiana era má s afín al contenido del Juramento, y lo adoptó má s
fá cilmente, cristianizando su invocació n e introduciendo nuevas ideas de caridad y
fraternidad. El Juramento también fue conocido y adaptado en el mundo islá mico.
Las escuelas médicas medievales solían tomar el juramento a los nuevos
médicos. E incluso durante la Edad Contemporá nea algunas escuelas de medicina en
Europa y América practicaron el ritual del juramento.
En 1948 la Asociació n Médica Mundial redactó una versió n actualizada del
Juramento de los médicos, recomendando su adopció n en las escuelas de medicina. Se
intentaba con ello promover los má s altos ideales de servicio, junto con un
sentido de unidad y de autoestima profesional. Este nuevo Juramento comienza
diciendo: “Me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la
Humanidad...”

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Oraciones médicas
Son las expresiones de dedicació n a la profesió n médica má s hermosas y
conmovedoras. En ellas el médico expresa sus má s altas aspiraciones; y solicita
inspiració n y ayuda divina para cumplir sus responsabilidades.
La má s famosa de estas oraciones fue atribuida a Maimó nides, aunque debió ser
compuesta por otro médico judío del siglo XVIII, Marcus Herz. En ella se dice:
“Dios, llena mi alma de amor por el arte y por todas las criaturas. ...Haz que no vea más
que al hombre en aquel que sufre. ...Haz que sea moderado en todo, pero
insaciable en mi amor por la ciencia. ...a fin de que pueda procurar mayores beneficios
a quienes sufren”.

CÓDIGOS DE ÉTICA SANCIONADOS CORPORATIVAMENTE


Un có digo es un conjunto de normas que regulan una determinada materia. En
el campo de la ética, los có digos son listas de normas que especifican
principios y procedimientos de comportamiento profesional.
Uno de los có digos médicos má s antiguos fueron las Mil prescripciones de oro
de SunSzu-miao, redactadas en China en el siglo VI d.C. En esta tradició n oriental se
inscriben también las Cinco Recomendaciones y las Diez máximas enumeradas por
ChenShih-kung en el siglo XVII.
Sin embargo en Occidente, los có digos sistemá ticos de ética médica aparecieron
durante el siglo XIX patrocinados por las asociaciones médicas, en el
contexto de las luchas por el monopolio médico y el autocontrol profesional.

El monopolio profesional efectivo de la medicina académica se fue completando


en todos los países durante el siglo XIX gracias a la intervenció n directa del estado.
Los gobiernos reglamentaron legalmente el ejercicio médico y protegieron a los
profesionales universitarios contra el intrusismo.
Ahora bien, el monopolio exigía que la profesió n, ajena al control de la oferta y la
demanda, se controlase a sí misma. Y el autocontrol profesional se logró con la
ayuda de los có digos de ética.
Durante la Edad Contemporá nea, fueron los colegios y asociaciones médicas los
que se encargaron de promulgar los ya indispensables có digos de ética y deontología
médica.

La ética médica durante la Ilustración


La ética médica que alcanzó expresió n en los có digos de ética médica del siglo
XIX estuvo particularmente influida por la filosofía moral escocesa del periodo de
la Ilustració n.
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La escuela escocesa, en la que destacaron Francis Hutcheson, David Hume y


Adam Smith, pensaba que el origen y el fundamento de la ética son los
sentimientos, y formuló el llamado emotivismo moral. Estos filó sofos consideraron
que la simpatía es la cualidad que nos identifica con los sentimientos ajenos y sirve
de fundamento y motivació n para nuestros deberes.

En aquel ambiente intelectual sobresalieron los escritos de ética profesional de


dos médicos: John Gregory y Thomas Percival.

John Gregory (1724-1773)


Elaboró una teoría sobre la ética médica, influido por la filosofía moral escocesa.
Describió las virtudes del cará cter y las cualidades morales necesarias en un médico.
E intentó basarlas en la simpatía, definida como “aquella sensibilidad
del corazón que nos hace experimentar las angustias de nuestros semejantes y nos
incita a aliviarlas”.
La medicina podía ser algo má s que un simple comercio gracias al cultivo de
ciertas virtudes y sentimientos en el médico: humanidad, paciencia, discreció n,
honor y, sobre todo, simpatía. Así, este médico virtuoso sería el auténtico
profesional.
De esta forma, John Gregory creó el ideal, que todavía se mantiene vivo hoy en
día, del médico humano, virtuoso y compasivo, cuya efectividad en las curaciones
se deriva tanto de su humanidad como de su ciencia.

Thomas Percival (1740-1804)


Publicó en 1803 sulibroMedical Ethics: a Code of Institutes and Precepts,
Adapted to the Professional Conduct of Physicians and Surgeons. En este libro,
pensado originalmente para solucionar las disputas de los médicos, intentó , como
él mismo dijo: “Elaborar un sistemageneral de éticamédica; paraque la conducta
oficial y las relaciones entre los facultativos puedan ser reguladas por principios
precisos y reconocidos de urbanidad y rectitud”.
Percival describe los deberes del médico haciéndolos derivar de su propia
profesió n. Puesto que la profesió n médica confiere obligaciones y privilegios que se
derivan de la confianza que la sociedad ha depositado en ella (professions are
publictrusts), dijo Percival.
En su descripció n del médico ideal también parte de la teoría moral emotivista,
y propone el modelo del médico gentleman filantró pico que une la ternura con la
firmeza, y la condescendencia con la autoridad. Como él mismo dijo: “El estudio de
la ética profesional... suavizará tus modales, ensanchará tu corazón y te dará esa
propiedad y dignidad de conducta que es esencial al carácter de un gentleman”.
Percival hizo particular hincapié en las relaciones de los médicos entre sí, pero
también en las que mantienen con el resto del personal sanitario y con la sociedad

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en general. Por lo que desarrolló especialmente las normas de etiqueta médica, las
cuales predominaron sobre otros aspectos má s propiamente éticos.
También influyó mucho su idea de que es lícito el “engaño benéfico” a los
enfermospara“elevar sus espíritus decaídos”.
La obra de Percival influyó decisivamente sobre los có digos profesionales que
las nuevas sociedades médicas norteamericanas fueron adoptando con
posterioridad.

Códigos contemporáneos de ética médica


El primer có digo contemporá neo de ética fue promulgado por la Asociació n
médica de Boston en 1808. Pero el có digo má s famoso fue el que elaboró en 1847
la recién fundada American Medical Association. Este có digo proponía una ética de
deberes y virtudes basados, como había dicho Percival, en la dignidad y el honor
del médico gentleman. Elaboró una concepció n contractualista de la profesió n
médica con el resto de la sociedad. Y por eso incluía las obligaciones de los
médicos hacia los pacientes, junto con las obligaciones recíprocas de los pacientes
hacia los médicos. Así se decía, por ejemplo: “El primer deber de un paciente es
escoger como médico a alguien que haya recibido una educación profesional
regular”.
Las medicinas no ortodoxas, sobre todo la homeopatía, atacaron duramente el
có digo de la AMA y exigieron reformas que lo liberalizaran. Y en 1903 se aprobó un
nuevo có digo llamado Principles of Medical Ethics, al que siguieron ulteriores
revisiones.
La Asociació n Médica Mundial también propuso en 1949 un Có digo
Internacional de É tica Médica.

CRÍTICAS Y LIMITACIONES DE LOS CÓDIGOS ELABORADOS POR LA


PROFESIÓN
Los có digos contemporá neos de ética médica fueron ensalzados como los má s
nobles productos del espíritu humano. Sin embargo, en los añ os setenta del pasado
siglo, algunos soció logos (como Jeffrey Berlant, Paul Star, ElliotFriedson...)
afirmaron que aquellos có digos camuflaban bajo el nombre de ética sus intentos
interesados de monopolizar el pensamiento y la prá ctica médicos y que no eran
má s que normas de etiqueta destinadas a evitar los conflictos profesionales
internos. Lo que hoy parece má s cierto, sin embargo, es que aquellos codificadores
de la ética eran reformadores convencidos de la necesidad de promover una
medicina científica y de introducir criterios de excelencia y virtud profesional.
Creían estar luchando a favor del interés pú blico. Aunque también pensaran que
existía una coincidencia entre ese interés pú blico y su propio interés privado.
Otra crítica que han recibido los có digos de ética es que no son sistemas de
ética aplicada derivada de principios, sino meros productos de consenso
pragmá tico cuya ú nica justificació n parece ser su utilidad prá ctica. Pero esta crítica

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no tiene en cuenta que pueden existir sistemas de ética que no necesitan


fundamentarse en principios o en leyes naturales. Los có digos de ética
anglosajones tienen, en efecto, una orientació n má s utilitarista y contractualista. El
mismo Percival creía que las obligaciones morales de los médicos surgen de un
contrato tá cito de reciprocidad entre la profesió n y la sociedad.
Por otra parte, es cierto que la ética médica no se reduce ni se identifica
necesariamente con lo expresado en estos có digos elaborados por la profesió n.
Han existido y existen tradiciones religiosas que discrepan de ellos en aspectos
relevantes. Tanto el protestantismo, como el judaísmo y el catolicismo mantienen
puntos de vista propios sobre cuá les son los temas relevantes, y sobre cuá les son
las fuentes de autoridad y los modos de fundamentació n. En particular, la tradició n
cató lica recurre a la ley natural y al magisterio eclesiá stico; y pone má s énfasis en
todo lo relativo al quinto y al sexto mandamientos.
Se ha dicho también que la profesió n no debe tener autoridad exclusiva para
definir lo que es ético en cuestiones que afectan a otras personas. Y aú n aceptando
que tenga esa autoridad, no está claro quiénes deben ejercerla en nombre del
conjunto de la profesió n. E incluso se discute que la profesió n deba mantener una
posició n homogénea en ciertas cuestiones éticas.

Limitaciones e insuficiencias de los códigos elaborados por la


profesión
Los có digos elaborados desde dentro de la profesió n, han desempeñ ado, y aú n
pueden desempeñ ar, una importante funció n histó rica, pero presentan
limitaciones ciertas, entre ellas:

1. Han sido elaborados sin la participación del público o de personas no médicas. Son el
fruto exclusivo de un punto de vista intraprofesional.
2. No están basados en un sistema de fundamentación de sus normas. Su autoridad se
deriva de las opiniones y tradiciones de los propios médicos.
3. Insisten mucho en los deberes de los médicos que resultan necesarios para su
funcionamiento como profesión (etiqueta médica, publicidad, trato con los
colegas...), pero hablan menos de problemas sociales y derechos de los pacientes.
4. Son poco eficaces como instrumentos de autorregulación y corrección de conductas
indeseables. Los tribunales deontológicos que los aplican están compuestos por los
propios compañeros de profesión y pueden incurrir en el corporativismo. Y hay
quien piensa que este sistema de códigos y tribunales internos, puede llegar incluso a
interponerse como pantalla protectora frente a la legislación ordinaria.
5. Tienen un carácter predominantemente sancionador de comportamientos irregulares.
Y no han demostrado ser muy aptos para promover la excelencia moral entendida
positivamente, como realización de ideales y cultivo de virtudes.
6. Son incompletos. Algunos temas no son abordados suficientemente. Otros resultan
demasiado abstractos, vagos y susceptibles de interpretaciones discrepantes.
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7. Son poco útiles para analizar y resolver problemas prácticos concretos y situaciones
nuevas.

Balance y conclusiones
Los có digos de ética han ofrecido garantías a la sociedad; han reforzado la
medicina científica; han suavizado los conflictos entre los profesionales y han
fomentado sus legítimos intereses.
Han servido para consolidar y reglamentar la profesió n. Han contribuido a
ennoblecerla y motivarla éticamente. Definieron al auténtico profesional de la
medicina y lo diferenciaron de los impostores y charlatanes. Propagaron la noble
imagen del médico virtuoso consagrado a su profesió n, compasivo y humano. Los
có digos sirvieron también para afianzar los llamados principios de beneficencia y
de no maleficencia. Sin embargo los có digos destacan ciertos valores con
preferencia sobre otros. Y no son muy ú tiles para la toma de decisiones concretas.
En la segunda mitad del siglo XX han aparecido nuevos problemas y nuevas
situaciones problemá ticas que ya no pueden resolverse enteramente con los
có digos profesionales.
Podemos pensar que la ética elaborada desde dentro de la profesió n pudo
llegar hasta un cierto punto. Pero recientemente han aparecido nuevos principios y
valores. El modelo médico tradicional ha sufrido grandes cambios, como resultado
de fuerzas que han tenido su origen fuera de la profesió n.
De modo que la fuente de iniciativas para el desarrollo de la ética médica
parece estar ampliá ndose, trasladá ndose desde la profesió n a la sociedad en su
conjunto. En este contexto puede entenderse el movimiento interdisciplinar de
la Bioética.

ÉTICA MÉDICA ORIGINADA FUERA DE LA PROFESIÓN


El origen casi exclusivo de la ética médica había sido la propia profesió n. Sin
embargo, en las ú ltimas décadas han aparecido có digos éticos elaborados con la
participació n de personas y colectivos extraprofesionales. Estos nuevos có digos
fueron los primeros en extender la ética profesional antigua, al menos en dos
aspectos:

• Introducir el lenguaje de los derechos, apartándose con ello del paternalismo.


• Ampliar el individualismo que sólo imponía al médico obligaciones hacia sus
enfermos individuales, llegando a reconocer obligaciones hacia la sociedad en su
conjunto.

En primer lugar es destacable la actuació n de las Naciones Unidas, que


promulgaron el Có digo de Nuremberg en 1947, la Declaració n Universal de
Derechos Humanos en 1948, la Declaració n de los derechos del niñ o en 1959, y la
de los mentalmente deficientes en 1971.

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La American Hospital Association respondió a las demandas de las asociaciones


de consumidores adoptando en 1973 el Patient’s Bill of Rights (carta de derechos
de los pacientes). Este documento abandonaba por primera vez el tradicional
paternalismo médico y reconocía el nuevo derecho al consentimiento informado.
De especial significació n fue el Informe Belmont en 1978, que consagró los
principios de la bioética.
De hecho, la bioética actual es el resultado del trabajo de filó sofos, juristas,
soció logos y teó logos, y no só lo de los propios médicos. Así como también han
participado los grupos de protecció n del consumidor, las asociaciones por los
derechos de las minorías y los representantes de la opinió n pú blica. Se han
desarrollado así nuevos métodos de aná lisis y procedimientos éticos de toma de
decisiones.

EL NUEVO PROFESIONALISMO
Los cambios que han tenido lugar en los sistemas de asistencia médica
plantean nuevas tensiones y conflictos de intereses que amenazan a los valores
tradicionales de la profesió n.
Parece necesario reafirmar la idea de que ejercer la medicina es profesar un
compromiso personal con el bienestar de los pacientes y participar de un esfuerzo
colectivo para mejorar los sistemas de asistencia sanitaria.
La Federació n Europea de Medicina Interna, junto con otras asociaciones
médicas, han propuesto una “Carta Magna de la profesió n” (Medical
Professionalism in the New Millenium: A PhysicianCharter. -Ann InternMed, 2002;
136: 243-6). En esta carta (o Physician’sCharter) se formulan los siguientes
principios de la profesió n.

1. Principio de prioridad del bienestar del paciente. Para dedicarse al servicio de sus
intereses. El altruismo engendra una confianza que es básica en la relación médico-
paciente. Y no deben menoscabar este principio las fuerzas del mercado, las
presiones sociales o las exigencias administrativas.
2. Principio de autonomía del paciente. Procurando que éste pueda tomar decisiones
informadas. Siempre que esas decisiones estén de acuerdo con la buena práctica y
no lleguen a demandar tratamientos inapropiados.
3. Principio de justicia social. Promover la justicia en el sistema de asistencia
sanitaria y la distribución equitativa de los recursos. Eliminar las discriminaciones
por motivos de raza, género, nivel socioeconómico o religión.

En este mismo documento se establece también un conjunto de


responsabilidades profesionales o compromisos, los cuales son: mantenerse
competentes en conocimientos y habilidades, ser sinceros en la informació n a los
pacientes, mantener la confidencialidad, establecer relaciones apropiadas con los
pacientes, mejorar la calidad de los cuidados, mejorar el acceso a la asistencia,

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promover la distribució n justa de los recursos, aumentar y aplicar conocimientos


científicos, manejar correctamente los conflictos de intereses y participar en la
buena marcha de las organizaciones profesionales.

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