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Textos Sociales de Freud: Revisión Actual

¡Bienvenidos al fascinante mundo de los textos sociales de Freud! En este PDF encontrarás una revisión de estos textos y nuevas preguntas para aplicarlos en los tiempos actuales. ¡Prepárate para descubrir cómo las teorías de Freud pueden ayudarnos a entender mejor nuestra realidad social!
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Textos Sociales de Freud: Revisión Actual

¡Bienvenidos al fascinante mundo de los textos sociales de Freud! En este PDF encontrarás una revisión de estos textos y nuevas preguntas para aplicarlos en los tiempos actuales. ¡Prepárate para descubrir cómo las teorías de Freud pueden ayudarnos a entender mejor nuestra realidad social!
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Los textos sociales de Freud.

Revisión y nuevas
preguntas para los tiempos actuales

María Marta Villalba

Sigmund Freud (1856-1939) fue médico, neurólogo e incursionó también


en la física y en las matemáticas. Conocido como el Padre del Psicoanálisis,
además de todas esas disciplinas que eran de su interés dedicó gran parte de su
vida a la escritura. Muestra de esto son sus conocidas Obras completas, donde
en cientos de escritos deja sentadas sus formulaciones teóricas, sus prácticas,
descubrimientos, así como también cartas personales y casos clínicos. Señal de
que no solamente revolucionó el campo de las ideas como muchos científicos,
sino que además dejó por escrito sus desarrollos teórico-prácticos para que otros
pudieran conocerlos, aplicarlos, seguirlos, criticarlos o revisarlos, tanto como
para posibilitar la creación de nuevas propuestas.
Dentro de esta riqueza literaria hay una serie de textos que Freud escribió
entre los años 1912 y 1937, que han sido encasillados bajo el rótulo genérico
de Textos sociales de Freud. Si bien se los puede leer desde una vertiente so-
ciológica más que clínica, en ellos aparecen muchas de las teorizaciones que él
venía desarrollando desde su práctica individual con sus pacientes, trasladadas
al análisis de lo social.
En la actualidad, un siglo después de haber sido escritos, estos textos siguen
teniéndose en cuenta en las áreas humanísticas para leer la realidad social, políti-
ca, económica, psicológica, cultural y comunicacional, pero también para darles
una vuelta desde la actual coyuntura social y sumar nuevos aportes al campo de
las ciencias sociales.
Los textos en cuestión son:

• Tótem y tabú (1912-1913)


• Psicología de las masas y análisis del yo (1920-1921)
• El porvenir de una ilusión (1927)
• El malestar en la cultura (1929-1930)
• Moisés y la religión monoteísta (1934-1938)

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El sujeto de la comunicación

Pero ¿a qué Sujeto hacen referencia estos textos?

La categoría de sujeto es fundamental para el campo de las ciencias sociales y


el psicoanálisis tiene un aporte significativo a mostrar en tanto concibe al sujeto
más allá del cogito cartesiano. La noción de inconsciente arroja herramientas
teóricas para una teoría del sujeto y la subjetividad de las cuales las ciencias de
lo social con sus hipótesis y objetos de estudio deberían tomar en sus análisis y
conocimientos, valorando al psicoanálisis como una fuente de saber que comple-
jiza y pone en cuestionamiento la noción de sujeto solo visto desde la conciencia.
Si el sujeto cartesiano viene a delinearse en un lugar en el cual todo lo sabe
y todo lo puede, desde el pensamiento y la primacía de la razón, el sujeto del
psicoanálisis se define contrariamente como un sujeto fallado, incompleto, cas-
trado, sujetado.
Por supuesto esto no deja por afuera lo comunicacional, sino todo lo contrario:
el psicoanálisis pone la comunicación en el centro de ese sujeto pensándose a sí
mismo y enlazado a los otros que conforman lo social y las sociedades.
Es así que en todos estos textos citados anteriormente se impondrá la presen-
cia del otro como inevitable. Y es en Psicología de las masas y análisis del yo
(1920) donde Freud ya desde la Introducción plantea la inclusión del otro en la
vida anímica del sujeto individual.
Las historias de las sociedades también son las historias de los sujetos; son
impensables los unos sin los otros. En cada movimiento social aparece el sujeto
con sus afectos, sus deseos, sus pasiones. Esto vale aclararlo, ya que varias inter-
pretaciones toman el psicoanálisis como algo separado de lo colectivo, interesado
solamente en el sujeto individual y su historia sexual infantil.
El otro está presente tanto en los sueños, en las neurosis, en las fantasías, en
las identificaciones, en los actos fallidos, como en los vínculos, en la fundación
de las sociedades, en los mitos, en los grupos, en las condiciones económicas,
políticas, comunicacionales y demás fenómenos humanos estudiados por las
ciencias sociales.
Retomando los textos sociales de Freud, dentro de este escrito se revisarán
tres de ellos: Tótem y tabú, Psicología de las masas y análisis del yo y El ma-
lestar en la cultura.

Tótem y tabú

El abordaje de lo social desde los escritos freudianos es inaugurado por el texto


Tótem y tabú. Allí comienza a plantear consideraciones que luego atravesarán los
otros textos señalados, sobre la ley, la cultura, las religiones, las prohibiciones,

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Los textos sociales de Freud. Revisión y nuevas preguntas para los tiempos actuales

las tribus primitivas, la dominación, los tabúes, la angustia de la civilización,


entre otros temas de análisis.
Cada una de estas conceptualizaciones es una temática donde converge su in-
terés por lo social. Los ejes articuladores del pensamiento sobre lo social-cultural
que Freud plantea no pierden actualidad teórica. Es por esto que se hace necesario
puntuar las referencias más significativas de este texto de 1912, ya que cuando
se aborden los otros textos, tanto en Psicología de las masas y análisis del yo
como en El malestar en la cultura, se resignificarán algunos de aquellos planteos.
En Tótem y tabú Freud comienza a delinear una teoría sobre la dinámica so-
cial y sus lazos. Retoma relatos de tribus (australianas, polinesias y melanesias)
y sus tradiciones culturales, que habían sido investigadas por antropólogos; y
se detiene en el análisis de una historia que se repite: la historia del Padre de la
horda. Historia que podría ser un mito donde se asienta una historia colectiva,
compartida.
Este padre/jefe tiene las características de ser severo, cruel y de disponer
de la totalidad de las mujeres y bienes de la tribu. Los hijos/hermanos se unen
para matar al padre y luego comerlo, como mecanismo de introyección que los
identifique con él, con su fuerza y sus rasgos (banquete totémico). Esta acción
del comer a otro significativo, acción donde se incorpora al objeto de amor en
uno mismo, es trabajado por Freud en diferentes textos, pero es en Psicología
de las masas donde podemos pensar que adquiere una interpretación interesante
si comparamos el banquete totémico de la horda con tomar/comer el cuerpo de
Cristo en el sacramento de la comunión entre los creyentes cristianos. Comer el
cuerpo de Cristo (la hostia en la misa), tomar la sangre de Cristo (el vino en la
misa), es incorporar al líder dentro de uno. Freud desarrolla un capítulo sobre
esto en el texto de 1920 titulado “Dos masas artificiales: la Iglesia y el ejército”.
Volviendo a Tótem y tabú, es importante señalar que este asesinato del pa-
dre de la horda es cometido colectivamente. Unidos los hijos pueden cometer
un acto que individualmente hubiese sido imposible. Hay una responsabilidad
común por el crimen que tiene como consecuencia la religión totémica como
plena conciencia del hecho ejecutado, ya que este padre (como la mayoría de los
padres) genera en sus hijos un sentimiento ambivalente de amor/odio, admiración/
rechazo, que unido al remordimiento y la conciencia de culpa provoca que una
vez ejecutado el acto (parricidio) nadie pueda ocupar su lugar (se volverá sobre
este tema cuando se retome el lugar del líder teorizado por Freud). Esta culpa
genera que los sentimientos afectivos de amor se impongan sobre los hostiles.
Entonces, el parricidio con su posterior remordimiento da lugar a dos prohi-
biciones totémicas, que en realidad son dos prohibiciones universales, que son
las que dan origen a la cultura:

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El sujeto de la comunicación

1. La prohibición de matar.
2. La prohibición del incesto.

También Lévi-Strauss señala, en Las estructuras elementales del parentes-


co, que aquello que posibilita el pasaje de la naturaleza a la cultura es una ley
universal: la prohibición del incesto. Son prohibiciones que marcan un pase
fundacional a la cultura.
El asesinato del padre como consecuencia de una alianza entre los hermanos
adquiere un valor constitucional del lazo social. Con esto Freud asienta la impor-
tancia que tiene la organización social como comienzo, como corte, como bisagra.
Uno de los aportes más importantes del psicoanálisis que se origina en este
texto de 1912 es el enlace entre prohibición y ley. Estos dos significantes tan
importantes por lo que representan para el ser humano, la civilización y la cultura,
se estructuran a partir de una relación necesaria y de contraste. No existe sociedad
sin ley; la obediencia a la ley de lo simbólico marca el paso de la naturaleza a
la cultura. La prohibición del incesto como ley fundante de toda comunidad es
una ley que cae sobre la sexualidad del sujeto. Sexualidad inscripta (desde esta
mirada) como pulsión, no como necesidad.
Prohibición y ley se necesitan para existir, pero además se entrelazan inevi-
tablemente con el deseo y la culpa. La culpa es la que da origen a la ley, pero
sabemos que no haría falta la ley si no estuviese el deseo (inconsciente) de
transgredirla, y de allí deriva la necesidad de la prohibición.
El ser humano no prohíbe el incesto porque lo horrorice, sino porque lo desea.
Se prohíbe porque se desea matar al padre, acostarse con la madre, tal cual se
nos plantea en el relato de Edipo (quien mata a Layo y se acuesta con Yocasta),
siendo estructurantes de la subjetividad. Layo, Edipo, Yocasta... tres nombres en
cuyas iniciales son atravesados por la Ley.
La exogamia como imposición es parte fundamental del sistema totémico
que impulsa a tener que buscar la sexualidad fuera del grupo/clan de parentesco.
La exogamia pasa a ser ley. La violación de esta imposición tiene como conse-
cuencia el castigo, que sostiene la obediencia a un ordenamiento estabilizador.
El tabú prohíbe al mismo tiempo que controla; un control social asociado a la
norma, a la ley. Control social que previene el conflicto; control social que opera
formalmente en la cultura, ya sea en las tradiciones, costumbres o leyes que cada
sociedad impone.
De ahí que muchas de las cuestiones trabajadas por Freud en Tótem y tabú
también encuentran continuidad tres décadas después en El malestar en la cultura.

El malestar en la cultura

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Los textos sociales de Freud. Revisión y nuevas preguntas para los tiempos actuales

Volviendo al inicio del presente escrito, donde pensamos qué aporte hace el
psicoanálisis a las ciencias sociales y al estudio de lo social, podemos decir que
el inconsciente también viene a afectar la cultura.
En El malestar en la cultura (1930) Freud retoma la relación entre ley, deseo
y represión. Habla del malestar que supone el vivir con los demás. El malestar
es planteado como algo estructural, dado desde el principio como una imposi-
bilidad. Esta imposibilidad vuelve a recaer en la satisfacción del deseo. Pero en
este malestar Freud descubre un conflicto necesario:

Se da, en efecto, el hecho singular de que los hombres, no obstante serles


imposibles existir en el aislamiento, sienten como un peso intolerable los
sacrificios que la civilización les impone para hacer posible la vida en
común (1927: 6).

Sujetados al malestar de la cultura, el vivir con otros, el estar en el mundo


con otros, lleva consigo una renuncia. O como dirá Freud, sentando con ello gran
parte de su pensamiento teórico con respecto a la neurosis, una renuncia que es
la represión de las pulsiones sexuales y hostiles. Esto último busca determinar
que el deseo de matar existe en todo ser humano, y eso también es lo que se
prohíbe con la internalización de la ley. Reprimiendo ese deseo se posibilita la
convivencia con el semejante.
La represión tiene un papel fundamental en el proceso de la construcción de
la subjetividad. Es la represión sobre la liberación de las pulsiones sexuales lo
que va a determinar también el posicionamiento del sujeto frente al otro, el aca-
tamiento a la normativa social y el desarrollo de las neurosis que derivan –dice
Freud– de ese conflicto entre la prohibición y el deseo, teniendo el sujeto que
renunciar a este último.
Y cuando se renuncia a algo... el malestar aparece. El malestar como afecto,
como síntoma, viene a hablar de esa renuncia. Los padecimientos de la cultura
de hoy, los sufrimientos de los pacientes, las enfermedades psicosomáticas, las
nuevas psicopatologías de la vida cotidiana, nos hablan de las consecuencias de
esta renuncia. Y renunciar tiene su costo.
En este reprimir el deseo es donde emergen la civilización y sus síntomas,
sus prohibiciones, sus neurosis... y también el sufrimiento. Sufrimos desde que
nacemos, y aun antes de nacer.
Nuestro origen como sujetos está enlazado a la alienación a un otro, y esto
lleva aparejado un acto violento. Desde acá son posibles tantas explicaciones
sobre nuestra relación con los otros, los conflictos sociales, la violencia, el ser
objeto de, o los odios humanos que se dan aun respecto de lo más próximo a uno.
En este mismo texto Freud habla del “narcisismo de las pequeñas diferencias” y

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El sujeto de la comunicación

plantea qué es eso que le pasa al sujeto con sus semejantes, con los más cercanos.
También desde esta línea puede explicarse la agresividad en el ser humano como
parte de la dinámica entre Eros y la pulsión de muerte que también se desplaza
a lo social-cultural.
Nuestra subjetividad se forma con todos estos pedazos a partir de las identi-
ficaciones. En los mecanismos identificatorios siempre está el otro/otros.
Muchas veces se cae en análisis sociales, fomentados en gran medida por los
medios de comunicación, desde lugares vulgares cuando es desde este foco de
lectura donde se encuentra la raíz de los padeceres entre el yo y los otros, y es
ahí donde el psicoanálisis desde estos textos también puede realizar un aporte
coyuntural. Tal es así la temática de la agresión en la relación con los otros:

La verdad oculta tras de todo esto, que negaríamos de buen grado, es la


de que el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que solo
osaría defenderse si se le atacara, sino por el contrario, un ser entre cuyas
disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de
agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un
posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación
para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de traba-
jo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento,
para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufri-
mientos, martirizarlo y matarlo (Freud, 1930: 35).

Cuando uno relee estos extractos de Freud no se puede ser indiferente a lo que
está planteando; si bien pueden interpretarse como provocativos, y en realidad
lo son por lo que provocan en lo interno de cada ser humano.
La agresión también nos antecede y nos habla. Somos impulsados al mundo
siendo hablados por otros, nos ponen un nombre, nos inculcan una cultura, nos
transmiten religiones y discursos, sin posibilidad de elección propia. Y esto es
un acto de violencia, pero a la vez es en el espacio de los otros donde nos iden-
tificamos. Esta dialéctica es necesaria para constituirnos, aunque neguemos la
base agresiva en cada uno.
De esta manera, sexualidad y agresividad son dos caras de una misma mo-
neda donde la represión juega un papel fundamental teniendo a la cultura como
protagonista: reprimir, renunciar, sufrir.

Si la cultura impone tan pesados sacrificios, no solo a la sexualidad, sino


también a las tendencias agresivas, comprenderemos mejor por qué al
hombre le resulta tan difícil alcanzar en ella su felicidad (Freud, 1930:
36).

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Los textos sociales de Freud. Revisión y nuevas preguntas para los tiempos actuales

El malestar en la cultura nos invita a reflexionar desde la articulación más


actual con lo social, en el camino hacia la búsqueda de la felicidad fallida. El
término fallido es utilizado aquí como referencia a la búsqueda de algo que ya
está imposibilitado desde el comienzo, pero que aun sabiéndolo se sigue teniendo
como meta.
Es interesante revisar qué nos ofrece el mercado en sus góndolas (con su
economía globalizada, con su sistema consumista, con su sálvese quien pueda)
para lograr la felicidad o al menos para calmar el malestar, y cómo repercuten
esos productos en las subjetividades actuales.
Una de las cuestiones que debemos señalar es que hay una tendencia en
los sujetos a tapar el malestar, a querer desentendernos de él y de sus causas, a
aniquilarlo lo más rápidamente posible. Tapar el malestar es tapar el síntoma, el
conflicto, la posibilidad de... Es tapar el afecto, porque el malestar es un afecto,
y nos afecta. Y es ahí donde audazmente el mercado invade con sus ofertas va-
riadas para todo tipo de perfil humano y circunstancia. Hay quienes necesitan
un efecto anestésico y otros uno excitante. Algunos buscan encontrar el sentido
a la vida con recetas mágicas y otros evadir y olvidarse de todo. Cualquiera sea
el supuesto, siempre se trata de tapar el malestar.
Dentro del menú contra los malestares de la cultura, hay una variedad que
va desde los psicofármacos a los grupos de autoayuda, pasando por la literatura
esotérica, la droga de la televisión, las terapias breves, la seducción publicitaria,
la cosmética anti-age, la idealización oriental, las dietas light, etcétera, sin poder
dejar de lado también hoy en día la supuesta realidad virtual en la que nos espe-
jamos y que nos ofrece un montón de posibilidades de resguardo y/o escape en
el intento de calmar la angustia a través de la alienación en las imágenes.
En síntesis, el menú contra los malestares culturales supone un ofrecimiento
de certezas y promete la ilusión de silenciar las angustias, entendidas como un
vacío a llenar a cualquier precio (económico y psíquico).

Psicología de las masas y análisis del yo

En el texto Psicología de las masas y análisis del yo (1920-1921) vuelven


a aparecer conceptualizaciones referidas a los temas previamente desarrollados
por Freud, pero enfocados al análisis de los fenómenos sociales de masas y los
vínculos que se generan entre los integrantes de las mismas.
La pregunta que rodea el texto freudiano gira en torno a qué es lo que ofrece
la masa o qué encuentran los participantes en ella, siendo un espacio donde cada
uno y los otros debemos convivir.
La respuesta está en que el renunciamiento a la satisfacción del deseo encuentra

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El sujeto de la comunicación

en la formación de masas una posibilidad de transgredirlo, una posibilidad de


levantar el freno que la represión pone al sujeto, una posibilidad de escenario
donde todo (como en los sueños), o casi todo, resulta posible. Es el mismo renun-
ciamiento que recae sobre la sexualidad, que ya ha sido señalado en el análisis
de Tótem y tabú y El malestar en la cultura.
También aquí, como en El malestar..., la conceptualización de Freud sobre la
pulsión de muerte (desarrollada en Más allá del principio del placer) y la segunda
tópica del aparato psíquico (Yo, Ello, Superyó) tendrán en este texto un rol central.
Recorreremos distintos capítulos deteniéndonos en algunos desarrollos que
son de mayor importancia para el análisis de las masas y que nos permiten pensar
desde el hoy qué cuestiones siguen intactas para considerar a un siglo de haber
sido escrito ese trabajo, o reflexionar acerca de cuáles son los nuevos emergentes
a tener en cuenta desde lo masivo en épocas de redes y virtualidades.
Es inevitable que al hablar de masas nuevamente se haga presente el otro/los
otros. La otredad es algo de lo cual los humanos no podemos escapar: somos
otros y en los otros parte de uno también está incluido.
En la introducción al texto Freud plantea la inútil rivalidad entre la psicología
individual y la colectiva, haciendo referencia a que en la vida individual siempre
la presencia del otro se impone. Es imposible pensarse uno sin pensar en otro/
otros. De ahí que Freud va a plantear desde el psicoanálisis que esta división ca-
rece de sentido. No solamente porque para constituirnos necesitamos de un otro,
sino porque también para vivir y sobrevivir el otro es necesario. De lo contrario
morimos, como Narciso en busca de sí mismo, indiferente a la existencia de sus
semejantes, ahogándose en su propia imagen.
Señalar que el ser humano es un sujeto social es reconocer que la existencia es
posible por el deseo del otro/a. La presencia de otros y su necesidad nos enfrenta
a la propia castración. La necesidad de otros nos devuelve la incompletud que
somos como sujetos.
Freud no comienza su texto definiendo qué es una masa. En su desarrollo va
a centralizar el interés en pensar qué es lo que hace que los individuos se unan
entre sí en esta estructura que llamaremos masa. Focalizado en esto vuelve a
poner en escena la complejidad relativa al origen del lazo social.
El recorrido que escoge lo lleva a desglosar la caracterización de las masas
que varios años antes (1895) había desarrollado el pensador francés Gustavo Le
Bon en su texto Psicología de las multitudes. Freud toma de este sociólogo con
interés en la Psicología Social el concepto de alma colectiva como aquello de lo
cual están dotados los integrantes de una multitud por el hecho de pertenecer a la
misma. Esta alma colectiva los hace sentir, pensar y actuar de manera diferente a
como sentirían, pensarían y actuarían esas personas en forma individual o aisladas.
Dice Le Bon en el capítulo I de su libro en referencia al alma colectiva:

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Los textos sociales de Freud. Revisión y nuevas preguntas para los tiempos actuales

Ciertas ideas y ciertos sentimientos no surgen ni se transforman en actos,


sino en los individuos constituidos en multitud. La masa psicológica es
un ser provisional compuesto de elementos heterogéneos, soldados por
un instante, exactamente como las células de un cuerpo vivo forman por
su reunión un nuevo ser que muestra caracteres muy diferentes de los que
cada una de las células posee (Freud, 1921: 70).

Pero solo el concepto de alma colectiva no da respuesta a lo que Freud quiere


llegar, por un lado porque este mismo concepto no puede generalizarse en todos
los individuos que conforman una masa y por el otro porque el sentido que le
quiere dar Freud desde el psicoanálisis es otro.

Algunas características de la masa según Le Bon

• Sentimiento de potencia invencible.


• Contagio mental de actos y sentimientos.
• Sacrificio del interés general al interés colectivo.
• Grado extremo de exaltación.
• Altamente sugestionable.
• Disminución de la actividad intelectual.
• Guiada por lo inconsciente, nada en ella es premeditado.
• No se tolera distancia entre el deseo y su realización.
• Sentimiento de omnipotencia.
• Intensa emoción.
• Accesible al poder mágico de las palabras.
• La noción de imposible no existe.
• Lo heterogéneo se funde en una unidad.
• Carece de sentido crítico.

Cada una de las características de este punteo podría tener un desarrollo aparte.
Fácilmente se las puede identificar en ejemplos puntuales de experiencias vividas
en relación a masas. Pero si nos ponemos a analizar profundamente cada una
de estas características, lo primero que se visualiza es la diferenciación entre un
sujeto aislado y un sujeto en situación de masa.
Freud retoma para su texto esta caracterización y valora la observación (tipo
manual sobre masas) realizada por Le Bon, pero le da una vuelta analítica en
dirección a lo que él quiere responder sobre el porqué de los vínculos que llevan
a la constitución de la masa. Por otro lado es importante destacar que obviamente
Le Bon no manejaba el concepto de represión tal cual lo concibe Freud (incons-

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El sujeto de la comunicación

ciente reprimido que plantea el psicoanálisis), y su extrema concepción de que el


hombre en masa es un salvaje, un imbécil, un autómata sin voluntad que desciende
escalas de la civilización no es la mirada que tiene Freud, quien rescata la masa
como posible productora de cultura (puntualmente señala el idioma, los cantos
populares, el folclore, como algunos de los productos colectivos culturales de
alto valor simbólico).
También hay que aclarar que la caracterización de Le Bon no es aplicable a
todas las masas. La experiencia nos muestra cómo cada conformación de masa
tiene una estructura y dinámicas propias definidas (no es lo mismo una marcha
política, una peregrinación religiosa o un espectáculo deportivo). Este punteo
de Le Bon sirve para caracterizar algunos comportamientos de las masas, pero
no para generalizarlo.
Los aportes que Freud ha desarrollado desde el psicoanálisis en la clínica
individual le son de utilidad para el análisis de la formación de masas: conceptos
como libido, identificación, ideal de Yo, hipnosis, entre otros. Freud va a pensar
que en la masa estalla (también puede ser leído como está-ya) lo reprimido
inconscientemente, y sus desarrollos previos le sirven para analizar (y aplicar)
lo íntimo del sujeto hacia lo masivo de lo social. Ya en el título de esta obra de
1920 pareciera que Freud quiere decirnos que estos conflictos se dan más allá del
consultorio, desplazándose las dinámicas psíquicas de los sujetos hacia lo social.
En el capítulo 4 introduce la noción de libido con el fin de explicar la modi-
ficación psíquica que la influencia de las masas impone a los individuos que las
integran. Para Freud el texto de Le Bon lo reduce a la explicación de la sugestión
entre los integrantes sumado al prestigio del caudillo.
Al introducir Freud el concepto de libido, que ya venía desarrollando ardua-
mente desde las neurosis, como un concepto cuantitativo, esclarece su postura
introduciendo la temática de la afectividad en relación al actuar de estos fenó-
menos colectivos.
Freud define así la libido en su texto de 1921:

Libido es una expresión tomada de la teoría de la afectividad. Llamamos


así a la energía, considerada como una magnitud cuantitativa (aunque
actualmente no pueda medirse), de las pulsiones que tienen relación con
todo aquello que puede designarse con la palabra amor (citado en La-
planche y Pontalis, 2004: 211).

Dice Freud que en la esencia del alma colectiva existen también lazos afectivos,
marcando así cómo en los vínculos sociales las relaciones amorosas mantienen
cohesionada a la masa. En las pulsiones y sus destinos Freud encuentra la res-
puesta que andaba buscando a la pregunta sobre el lazo social.

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Los textos sociales de Freud. Revisión y nuevas preguntas para los tiempos actuales

El capítulo 7 de Psicología de las masas es quizá el más importante para


entender los lazos que existen entre los miembros de una masa, por un lado, y
entre ellos con el líder (como lugar), por el otro. Para ello se vale especialmente
de los conceptos de identificación e ideal del yo.
Según el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis:

Identificación: proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila


un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o
parcialmente, sobre el modelo de este. La personalidad se constituye y se
diferencia mediante una serie de identificaciones.
Ideal del Yo: término utilizado por Freud en su segunda teoría del aparato
psíquico: instancia de la personalidad que resulta de la convergencia del
narcisismo (idealización del yo) y de las identificaciones con los padres,
con sus substitutos y con los ideales colectivos. Como instancia dife-
renciada, el ideal del yo constituye un modelo al que el sujeto intenta
adecuarse.

La identificación es planteada por Freud como el lazo afectivo primario de


un sujeto a su objeto. El niño va pasando por diferentes etapas identificatorias en
toda su evolución. En Freud es un concepto constitutivo de la subjetividad, con-
cepto clave, primordial, base de explicación de otros desarrollos psicoanalíticos.
Este concepto teórico Freud ya lo venía desarrollando con su elaboración del
Complejo de Edipo, donde el primer objeto de amor tanto para la niña como para
el niño es la madre, y la identificación se constituye en la ambivalencia amor-odio.
Este primer lazo afectivo se da hacia los padres en la infancia, poniéndose en
cuestionamiento en la adolescencia. En la identificación el sujeto toma rasgos del
objeto incorporándolos hacia sí mismo. Por eso es común en la adolescencia que
se tome como modelo a alguien (por fuera de los padres) y se lo quiera imitar,
procurando ser como él, tener lo que él tiene, estar en su lugar.
En la masa pasa algo similar entre sus integrantes, pero no es lo único que
comparten ni esto le sirve aisladamente a Freud para lograr su objetivo, que es
comprender qué es lo que une a los miembros de la masa entre sí.
Freud habla entonces de un doble lazo libidinal, por un lado entre los miem-
bros (identificación), y por el otro de los miembros en relación con el líder
(idealización).
A diferencia de otras lecturas sociológicas, psicológicas y políticas, para Freud
el líder es un lugar. Se trata de un rol que puede ser ocupado por una persona
concreta, por un símbolo o por una idea conductora. Ejemplo del lugar del líder
ocupado por una idea conductora es lo sucedido en las calles de Argentina (es-
pecialmente en la Ciudad de Buenos Aires) con las movilizaciones encuadradas

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El sujeto de la comunicación

en la consigna “por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito”. Aquí se ve


claramente como la masa verde no tiene como lugar de líder a una persona física
sino la lucha por una conquista, la búsqueda de una despenalización como la
identificación que hermana.
Retomando lo novedoso de Freud respecto al líder como lugar, se trata de un
lugar en el cual los miembros de la masa han ubicado su ideal del Yo, ofreciéndolo
en trueque al ideal de la masa. El líder le transmite a los miembros la ilusión
de que los ama a todos por igual, de que no hace diferencia entre ellos (en la
masa Iglesia que Freud analiza en este texto podemos considerar la relación que
plantean los significantes padre/hijos/hermanos que se usan para nombrarse en
estas comunidades religiosas).
La ilusión de que el líder no hace diferencias es en algunos tipos de masa muy
notorio, y resulta muy importante que la persona ubicada en ese lugar unifique
a la masa y los trate a todos de igual manera, como semejantes.
Pero ¿qué es ese lugar? ¿Qué representa?

Una tal masa primaria es una reunión de individuos, que han reempla-
zado su ideal del Yo por un mismo objeto, a consecuencia de lo cual se
ha establecido entre ellos una general y recíproca identificación del Yo
(Freud, 1921: 109-110).

Gráfico que representa el doble lazo libidinal de la masa y el lugar que ocupa el
líder como ideal del Yo (Freud, Enamoramiento e hipnosis, 1921: 110).

Se trata del lugar del ideal del Yo de cada sujeto, ocupado por el líder. Este
lugar del ideal del Yo, como lugar a alcanzar, también se puede percibir en algunas
masas en la insistencia de los miembros por querer tener algo del líder, llegar a
su lugar, obedecer sus mandatos. Por ejemplo, en masas de tipo culturales como
podría ser un recital, el público seguidor hace lo posible para estar lo más cerca
del escenario, tocar al líder, entregarle algo propio, gritarle como si este prestara
su atención al fanático y obedecer los mandatos que imparte: el poder mágico de

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Los textos sociales de Freud. Revisión y nuevas preguntas para los tiempos actuales

las palabras del líder es otra de las características que señala Freud.
Podríamos decir que en esta doble ligazón libidinal se dan dos procesos
desarrollados por Freud en diferentes textos: introyección (para adentro) y pro-
yección (hacia afuera).
Este doble lazo libidinal (de meta inhibida) que por un lado une a los miembros
identificándolos entre sí y por el otro los vincula idealizando al líder, explica el
motivo cohesionante en la formación de masas.
Este mismo fundamento explica también la desintegración de la masa (Freud
lo llama pánico colectivo) que se da cuando el líder defrauda o muere y ese lugar
queda vacío. Si bien sabemos que hay líderes que una vez muertos siguen ocu-
pando su lugar, en sentido figurado más vivos que nunca (en el caso del padre
de la horda trabajado en Tótem y tabú, una vez asesinado por sus hijos nadie
pudo ocupar su lugar), frente al lugar vacante, si alguien no acude a ocuparlo,
usualmente los lazos libidinales se rompen.
Cuando ya no se comparte el mismo lugar del ideal del yo de cada sujeto, no
hay a quien idealizar y se rompe la identificación con los otros. No hay lugar
que se pueda compartir; por lo tanto la masa se desintegra, no tiene razón para
seguir existiendo.
Estos lazos libidinales de meta coartados en su fin (a diferencia del enamo-
ramiento, donde la meta no es inhibida) son para el psicoanálisis el fundamento
principal de la formación y pertenencia a una masa.

Algunas reflexiones

No es un dato para dejar de lado que Freud escribe este texto entre las dos
guerras mundiales. Muchas veces cuando nos enfrentamos a textos clásicos de
la literatura, la historia o la ciencia, es importante preguntarnos: ¿cuál era el sen-
timiento de esa época? ¿Para quién se escribe? ¿Para qué? ¿En qué condiciones
socio-políticas?
Especialmente si se trata de un texto académico es importante no dejar de
lado estas preguntas, ya que son las que contextualizan lo que uno está leyendo
y es donde además se puede descubrir el sentido de por qué leerlo aquí y ahora.
Psicología de las masas y análisis del yo fue escrito entre las dos grandes
guerras del siglo XX, en pleno surgimiento del fascismo y los partidos totalitarios
en gran parte de Europa y obviamente también en Alemania. Es un texto sobre
masas... ¡que busca explicaciones psicológicas en torno a su conformación! Te-
niendo conocimiento de este marco se puede retomar el texto desde una lectura
diferente y hasta hay revisiones que toman el escrito de 1920 como un texto con
interés político.

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El sujeto de la comunicación

Analizarlo tantos años después y darle abordaje en ámbitos académicos nos


interpela sobre su actualidad, sus conceptualizaciones llevadas al hoy, época de
subjetividades mediáticas, cuestionamientos al espacio público, preponderancia
de lo visual intermediado, líderes virtuales y tecnologías de avanzada. Al hablar
de construcción de subjetividades mediáticas no hacemos solo referencia a los
medios de comunicación sino a ciertas conductas, comportamientos, formas de
vinculación propias del avance de las tecnologías de la mediación.
Hay pensadores que hablan de mutación mediática en ese pasaje de la tec-
nología alfabética a la electrónica, planteando esta mutación como un drama en
el plano cognitivo a partir de nuevos paradigmas en las categorías de tiempo,
velocidad y corporeidad, entre otras. Esto inevitablemente plantea un cambio en
las vinculaciones humanas si tenemos en cuenta las aceleraciones y transmisiones
del tiempo real, la mediatización del lenguaje, los efectos sociales de la innova-
ción digital, y también el poder económico y cultural detrás de estos cambios.
Se trata de nuevos espacios de formaciones masivas, a los cuales no podemos
ser ajenos.
Conceptos que Freud teoriza en 1920 crean en la actualidad tensiones que
necesitan una nueva lectura: las categorías de tiempo, espacio, cuerpos, virtuali-
dad, velocidad, afectividad, lugar del líder, ideal. Tensiones en tanto marcan una
ruptura con el marco moderno (cartesiano) de la construcción de la subjetividad.
Tensiones que no podemos dejar a un lado en esta carrera de Ciencias de la Co-
municación inserta en la Facultad de Ciencias Sociales. Los temas que trabaja
Freud desde los textos sociales nos convocan desde el espacio académico a la
revisión de planteos y nuevas preguntas.
En síntesis, analizar la estructura y dinámica de los fenómenos de masas del
siglo XXI, los malestares de la cultura actual, los tabúes y los tótems que aún
conservamos o también regeneramos desde lo virtual nos arrimará a puntos de
encuentro y también desencuentros con el siglo en el cual Freud escribió.
Es un desafío para las comunicaciones y otras disciplinas tales como la
sociología, la política, la tecnología y también la psicología revisar los aportes
que desde el psicoanálisis hace Freud a lo social, a la luz de los tiempos de hoy.
Poder lograr esa resignificación con conceptos que no pasan de moda nos hace
acercarlos a las prácticas y las teorizaciones actuales con una mirada renovada.

Bibliografía

Berardi, Franco: “Mediamutación. Cultura de los medios y crisis de los valores


humanistas”, en Revista Archipiélago, N° 71, 2006.
Freud, Sigmund: (1930) El malestar en la cultura, en Obras Completas, Vol. III,

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