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9. La vida social
9.1. BL CARACTER NATURAL DE LA SOCIEDAD
La persona necesita de otras para comporterse conforme a lo que es y alean-
zarsu plenitud: no hay yo sin ti, Las relaciones interpersonales no son un acci-
dente afiadido, del que se pueda prescindir. Entender esto es entender al hombre:
Su ser es ser-con otros, con el mundo. Como se ha mostrado ya, el hombre no
existe sin mas, sino que es-con, coexiste con los demas y con la Naturaleza, y ese
ccocxistir es su mismo existr. Elser del hombre es coexistir’.
Como ser abierto a los demés, el hombre es naturalmente social, es decir,
pertenece a su esencia vivir en sociedad. Parece completamente irrealizable una
Vida humana que no se Tleve a cabo en sociedad, Por eso, para entender lo huma-
‘no es imprescindible entender lo social. Este es, precisamente, el nervio de la vi-
si6n elsica del hombre. «Es evidente que la ciudad es una de las cosas naturales
yy el hombre es por naturaleza un animal politico», en donde se entiende «ciu-
‘dad» como «comunidad social» y «politico» como «social».
Seatin esta manera de entender las cosas, «una naturaleza autoperfectible es
naturalmente social»’. En el arranque mismo del ser humano aparecen los demés.
Si ser hombre es ponerse en marcha libremente hacia los fines propios de un ser
inteligente, adquiriendo habitos y autoperfecciondndose. Esto no puede comenzar
‘a suceder sin educacién, sin convivir con otros, sin coexistir. «El que no puede vi-
vvir en comunidad, o no necesita nada por su propia autosuficiencia, no es miem-
bro de la ciudad, sino una bestia 0 un dios»*
1. Chr L Povo, Preseme fauro del Hombre, Rap, Nadi, 193, 157-164
2, AMstOriL, Politics, 125342.
3. L Peto, Llosa pola de Plat y Aritteles Pir, 1984, pro manuscript, 83.
4 Aniston, Pltia, 1253427
18_runpanivros ne awreorovocts
Frente a esta manera de concebir ala persona hay otra distinta, nacida en los
siglos XVII y XVII, En aquella época se pens6 que la sociedad era una conven-
cin que el hombre se vio obligado a admitir, cuando vivia aistado en un supues-
to estado anaturab», y que la vida social descensaba en un contrato inmemoriat
mediante el que los hombres se pusieron de acuerdo para convivir, cediendo par-
te de sus derechos a cambio de seguridad. Segtn esta visién‘, la sociedad es una
suerte de invencién construida por el hombre para salir del estado «salvaje» 0
«presocial>, y conseguir asf més ficilmente aquello que necesita para vivir, por
medio de un acuerdo entre un conjunto de individuos independientes. Este punto
de partida suele generar una determinada visin de la vida social, a la que se alu-
dird con detalle: el individualism.
Nosotros nos centraremos especialmente en Ia respuesta clisiea, Segin
nuestro plan, serd preciso hablar primero del fin y elementos de la vida social,
para pasar después a tratar de su articulaci6n en las insttuciones y de las caracte~
risticas internas de éstas. Tras estas descripciones sera preciso clasificar las insti-
tuciones segtin los fines del hombre y la perspectiva teleol6gica aguf adoptada, y
referir después ese despliegue a su dimensién temporal e histrica, lo cual nos le~
va hablar de la tradicién y de los rasgos principales de la sociedad actual
9.2. BL FIN DELLA VIDA SOCIAL Y SUS ELEMENTOS
La visi6n cldsica de la vida social‘ ponfa como fin de la ciudad la vida bue-
‘na, «El fin de la ciudad es la vida buena» ’, y no sélo la conveniencia, o el simple
vivir. El «vivir bien» supone la convivencia con otros, y ésta es obra de la amis-
tad. Los hombres se asocian no sélo para sobrevivir y satisfacer sus necesidades
materiales mAs perentorias, sino sobre todo para alcanzar los bienes que forman
parte de la vida buena. En consecuencia, mantene Aristteles, la justicia, el res-
peto a la ley, la seguridad, la educacién y los valores son los bienes que consti
‘yen el fin de la vida social, pues s6lo en ella se pueden alcanzar. Segin la visién
‘aristotélica el fin de la vida Social es la felicidad de la persona. En consecuencia,
la sociedad y sus instituciones deben ayudar a los hombres a ser felices y plena-
mente humanos, es decir, deben ayudarles a ser virtuosos. EI fin de Ia ciudad es
lograr lo que conviene para una vida buena: sila vida social es el conjunto de las,
5. Cit. G. Same Hitora dela teorda plc, cit, 317 ys; 392 ys: CaRPITARO, Un in
roduc ax cena juricar, ci 61-891. GoRDLE. The philosophical origins of moder socal
‘contact, Clarendon, Oxford 181. Los captlos XI y XVI del Leviathan de Th. Hobbes ofecen un
inmsjorable mueie devs contractualist del rigen dea sci
6 Una de is seuss crrenes evindicadoras ed comunitaismos: Ct. Ch Tavio Bea
de tence, 30-34 C. NAVAL, Flaca cadadanen,BUNSA, Pamplona, 199: biblograia en
\V-Buuiven, Eologa! de as azones a fos derechos, Comaes, Granada, 1984, 171-184
7 AmstOmins, Politica, 28087.
1821A ia socu
relaciones interpersonales, cuando éstas se ejercen en su forma mas alta, el hom-
bre alcanza su realizacidn en y con los dems, en la dindmica del cocxistir.
De aqui se deriva que la vida social tenga mucho que ver con la ética.
Dependiendo de cémo esté constituida una sociedad, ésta puede favorecer 0 im-
pedir la libertad y la felicidad, el desarrollo de los que viven en ella, Por otro
lado, no podemos considerar la vida social seraradamente de su fin. Este es dar
al hombre los bienes que le permiten llevar una «vida buena», y, en consecuen-
cia, ser feliz. Corresponde al conjunto de la sociedad, y no s6lo a cada individuo
aislado, conseguir los bienes que constituyen Is vida buena para aquellos que es-
tin dentro de ella
{.Cuéles son fos elementos de la vida social? Primeramente, la accién huma-
‘na: la sociedad surge de los intercambios de los hombres, de las relaciones que in-
ventan entre ellos. Después, es ef lenguaje, pues sin é1 no existiria sociedad, ya
‘que no podrfamos manifestarnos, ni compartir el conocimiento, ni ponernos de
acuerdo con los demés. Aristételes lo expresé de una manera que se ha hecho pro-
verbial:
«”
por egofsmo entendemos la acttad de no dar cuando se puede dar, el in-
dividualismo es una conducta que no compere, que no dialoga ni acepta ayudar
6 realizar tareas comunes, porque considera que el homire es autosuficiente y no
necesita de los demas. Ambas costs no son exactamente To mismo, pero en las
dos el resultado es que cada quien tiene que arregliselas por sf mismo, en un
‘mundo en el que nadie ayuda a nadie, en el que todos esn solos. ;Cémo queda-
una sociedad constitu sobre prinipiosindividuaisas?
En primer lugar, el individualismo establece una excesiva separacién entre
lo pablico y lo privado entre lo ntimo y Io compare, entre lo personaly To ge~
nético. Habra dos esferas en la sociedad: aquella donde cl individuo acta en st
28. Chr. Ch. Taree, a de aati cit 56, 8.
28. A. Tocquevi, La democraca en America, Aliya, Maid, 1985, 8
1921A vipa socu. _
intimidad disfrutando de su propio bienestar y aquella donde todos interactiian y
en Ia que son drbitros el Estado y las instituciones. Aparece asf una dualidad muy
caracteristica en nuestros das: la vida verdadera de cada hombre se darfa en ese
mbito privado (el hogar, las aficiones, la familia, el fin de semana), mientras que
la vida en lo pablico seria aquella donde el homibre debe enfrentarse con lo serio,
a ver que con lo alienante. Lo piblico consituiria ese mal menor inevitable
‘causado por la necesidad de sobrevivir. All{ est el trabajo, las obligaciones (pro-
{esidn, impuestos, colas, enfados), la masa y e! ser parte de la masa, Ios Tunes a
‘viernes y su rutina, el Estado y sus amenazas, etc. La esfera privada estaria com
pletamente separada de la pablica. E1 individuclismo no acepta la idea de que lo
comiin y los valores puedan ser pUblicos: la vida Social es un conjunto de reglas
organizativas que regulan a individuos aut6nomos, pero no hay tarcas comunes
mais allé de las leyes, de lo obligatorio, de los deberes que nos impone el Estado,
De este modo, esa separacin radical tiende a dejar en la penumbra el papel
{de muchas instituciones y su modo propio de articular Ia vida social, ¥ es que lo
‘comiin s6lo se darfaen la esfera privada: la publica estarfa presidida por el interés
y la utilidad, En la época en la que estas doctrinas fueron formuladas se coneibis
Ja sociedad como un gran mercado en el que un individuo queda frente a los de-
mds, y sobre todos ellos vigila un Estado que poco a poco va creciendo, y los dos
mercado y control estatal— bastarfan para coordinar a los individuos.
‘Ademiés, os individuos se relacionarfan entre sf solo mediante contrat li-
bremente asumidos y rescindidos: no hay un compromiso mis alli de la letra es-
crita, Lo determinante es el acuerdo aleanzado por derecho (y por lo tanto vivido
también por miedo ala pena al incumplirto), peo Ta sociedad ya no es lugar para
‘cosas como el honor, cumplir la palabra dada, la accién solidaria desinteresada,
etc. Parece que el hombre ya no es capaz de plaatearse algo més all de su propia
uilidad, que incluso lo més generoso en el fondo se hace «por el placer que pro-
duce, porque uno se siente a gusto con ello». Las relaciones se reducen a acuer-
dos. Asse esté manejando una interpretacin de la libertad como mero choice: es
una buena eleecién aquella que se elige por acusrdo. Por tanto, se puede de igual
modo establecer una promesa o romperla, con tal de que se elija ast. Desde este
punto de vista la sociedad no tiene més fijeza que la que el hombre quiera dart
La realidad tampoco. Toda relacin humana, inluido el matrimonio, el amor y el
‘sex, es contractual, y slo esté en vigor mientias due la libre eleccién del indi-
Viduo sobre ella Es un mero pacto,
Las insuficieneias que presenta el individvaismo han sido crticadas desde
hace tiempo. Primeramente, este modelo de relaciones interpersonales tiende a re-
flejar una lgica capitalista del mercado y de la mentalidad burguesa y empresa-
rial EI modelo nace como una determinada interpretacién de la vida econ6mica,
acostumbrada a manejar bienes itles. Aplicaro al resto de las esferas de la vida
social no se puede hacer sin instrumentalizar Tos bienes ajenos a la l6gica pura-
193PUNDAMENTOS DE ANIROPOLOGIA
‘mente econémica. Las instituciones educativas,asistenciales, culturales y religio-
sas son aquellas en las que crece con mas propiedad ese tipo de bienes, y el modo
de funcionar de éstas exige una lgica solidaria. Si se reducen a la basqueda de
beneficio se degradan, se corrompen (basta con ver Ia elevada cantidad de frau-
des que se llevan a cabo desde organismos supuestamente asistenciales: dinero
que no llega al Terver Mundo, pobres que acaban esclavizados de mafias nacio-
nales, engarios a los ms indefensos, etc).
E] individualismo tiende a desentenderse de las consecuencias que a largo
plazo producen las opciones del individuo. Confia en que, debido a que la natura-
leza es por sf misma buena, esa espontaneidad producira por sf misma una armo-
‘fa social. Pero este supuesto ha resultado ser falso: las cosas humanas nunca son
‘meciinicas, La armonta social no es espontinza™, sino que para que el bien triun-
fees necesario el constante esfuerzo y la recificacién en todos los miembros de
cesa sociedad. Quien piense que se puede tener una vida buena sin asumir tespon-
sabilidades acabaré bajando el list6n de su ideal hasta identificarlo con su propia
falta de cardcter. Pero esto, a fin de cuentas, 2s engafarse y poner los presupues-
‘tos para que en la vida social y personal reine el desengafio. Precisamente por ello
este modelo obligé enseguida a una ripida inlervenciGn del Estado que subsanara
los desarreglos causados por las acciones de ls individuos.
El individualismo, adem, tiende a abandonar a los débiles a su suerte,
‘como si la necesidad de asistir no aportara nada al hombre sano. Esto es clara-
‘mente un valor que —al menos en el nivel epidérmico— esté siendo revisado: la
sensibilizacién hacia la ayuda al desarrollo ha sido especialmente fuerte en os dl-
timos afios. La solidaridad nace de la conciencia espontinea de que todos los
hombres somos iguales; por tanto, no se puede abandonar a quien tiene un proble~
‘ma que le impide un desarrollo proporcionado de sus capacidades humanas. Si un
hombre no puede estudiar porque ests buscando diariamente medios para subsis-
tir, gno habré que ayudarle a salir de esa situaci6n? Si una mujer no ha aprendido
«leer porque le han robado la infancia, ,no es un problema digno de solucionar-
se? El hombre que afirma el individualismo acaba encerrado en una cépsula ego-
{sta, El problema es que cuando le legue a lla necesidad de ser ayudado (a to-
ddos nos acaba ocurriendo), no tendré més que argumentos para reconocer que st
postura resultaba totalmente equivocada
Cooperar es realizar tareas comunes. No hacerlo es ser insolidario. Cooperar
ces no tirar papeles en el pasillo, avisar de una averfa, aceptar y hacer propias las
reglas del juego social, permitir que surjan las condiciones para poder trabajar y
vivir juntos, no comportarse como un extraio en un terreno que a uno le pertene-
30, Los esonomissclisicos como Adam Smith, bablaron de una «mano invisible» ue cwige
lus desviacomesesponneas dl metead, lo cual se ha convetigo coun pio y insert. Cie P
Hicano, El pensamiento europea en el siglo XVI, cl, 272, 98, 390331
31. ALLLANo, La ev sensiiiad cit 6-65,
194- LavpasocaL _
ce. Nadie, en su casa, le dice a su madre «Se os ha fundido una bombilla en mi ha-
bitacién», sino que ve que es asunto suyo el conseguir otra y cambiarla, El senti-
do cévico va en la misma direccién: no rompo las papeleras de mi calle porque no
son solo mias, los demas se merecen un ambiente agradable, debo cooperar para
‘que asi sea, En cambio, el individualismo tiende a cooperar solo hasta donde su
propio interés le dice que compensa hacerlo para no verse perjudicado. Pero ésta
una forma débil de cooperacién, lejana al amor, El individualismo, a la larga,
deshace lo comin, y con ello la realidad de usa vida social
La visi6n liberal de la sociedad, aunque goza de muchos partidarios tebricos
¥ prcticos, fue crticada desde el principio". De hecho, por las razones aludidas,
‘durante el siglo XIX se puso en practica la solucién puesta; el colectivismo, en
cl cual los individuos pasan a ser instrumeatos al servicio de Ia autoridad del
Estado. En el colectivismo todo es comtin, Es un exceso en el compartir, que aca-
ba subordinando a la persona a unos fines abstractos.
9.8. RASGOS DE LA SOCIEDAD ACTUAL
Mas que analizar otras teorfas sobre la sociedad, nos interesa sefialar, para
coneluir el capitulo, algunos rasgos de la sociedad en la que vivimos. Los rasgos
positivos son muchos: el extraordinario avance de la ciencia, que es quiza la ma-
yor tarea comin de la humanidad: el consiguiente perfeccionamiento del sistema
icnolégico, que trae consigo un gran aumento del bienestar y la calidad de vida
(comunicaciones, viajes, informitica, mejora sanitara, tc), produciendo el retro-
cceso de la miseria y un impresionante crecimiento de la esperanza de vida en
‘grandes masas de poblacién; la globalizacién de los mercados, y de la sociedad
misma, con un considerable avance de las livertades y un auténtico aumento de
las posibitidades de multiplicar la riqueza y los proyectos vitales; el aumento de
la velocidad, variedad y riqueza de los camb.os sociales, econémicos, culturales
¥ politicos; por dltimo, al haberse prolongado la esperanza de vida y las oportuni-
{dades disponibles, la tarea posible para la vida humana se ha dilaiado extraordi-
nariamente: hoy se pueden hacer mas cosas {estudios, viajes, vacaciones, lectu-
ras, cultura, etc.), en menos tiempo y viviendo de media un mayor nimero de
aos. Parece claro, entonces, que e! hombre tiene hoy unas posibilidades mucho
™mayores que en el pasado,
Pero, junto a este conjunto de rasgos tan atrayente y vivo, se pueden mencio-
nar otros un poco ms inguietantes:
a) Una de las vivencias més frecuentes acerca de nuestra sociedad es que
csté profundamente despersonalizada: es un sistema anénimo, formado por sub-
22. G. Sanne, Historia dela teria politica it SS.- _PUNDAMENTOS DE ANTRO!
istemas igualmente andnimos, frente a los cuales los individuos no son recono~
idos como personas singulares. Somos clientes, pacientes, un D.N.L., peatones,
‘nimeros de una estadistica, etc. Faltan dmbitos piblicos en los que podamos ac
‘war en nombre propio y ser reconocidos™.
Esto es una realidad que ha hecho surgir una linea de pensamiento™ que sos-
tiene que es la sociedad la que hace al hombre y no al revés: la persona no seria
libre en ella sino una mera funcién del sistema. En ese sistema las singularidades
no tienen posibilidad de modificarlo, y han de estar despersonalizadas para ser
cficaces: lo importante es que alguien conduzca el autobiis, no si lo conduce éste
‘0 aquél. El conductor del autobis no es nadie, es s6lo un conductor de autobii.
Este modo de explicar la sociedad se denomina funcionalismo. En él hay
poco margen para la libertad de la persona: tl solo eres alguien en la medida en
ue tienes un rol, un papel en la sociedad, y al tenerlo no eres més que lo que ese
rol te impone ser. La persona tendrfa entonces una libertad muy escasa, porque es
tarfa condicionada por su funcién. El funcionalismo detecta una gran verdad, que
¢ la fuerza auténoma de los sistemas. Esa fuerza contleva el peligro de que la so-
ciedad automatice sus mecanismos y étos se independicen de la persona. Pero el
funcionalismo es pesimista al negar la posibilidad de una actuaci6n social perso-
nalizada que genere bienes comune.
») Una sociedad tan sofisticada y teenolégica como la nuestra tiene un ele-
vado grado de complejidad™. La gestin de (a complejidad puede resultar abru-
‘madora, y se hace preciso encontrar formulas para simplificar ese sistema. Una
sociedad constituida como un sistema complejc y policéntrico genera necesaria~
‘mente una enorme burocracia que la haga funcicnar. Cuando el hombre se ve pre
so de la légica interna de ese aparato administrativo, que no le reconoce como
Guien es, se produce la vivencia de ese absurdo que Kafka ha expresado de mane~
ra genial en algunas de sus novelas. Es necesario dotar a la burocracia de rostro
fhumano: ver detrés de la ventanilla a una persona y no a un papel. Como se pue~
de suponer, esto s6lo se consigue desde un compromiso personal.
¢) La consecuencia de lo anterior es que las personas singulares estén muy
alejadas de Ios centros de poder. De hecho participan muy poco en la elaboracién
de las decisiones y en la correccién de éstas: las Grdenes se emiten por escrito, de
forma impersonal, sin atender a los casos concretos, y se hacen precisos comple
{jos sistemas de reclamacién. Esto produce la conviccidn de que, de hecho, la de-
mocracia no existe en nuestra sociedad. En buena medida el ejercicio de la auto-
ridad en nuestra sociedad es despotico, es decir, poco dialogado. Cuando se ha
26, sta x una des esis tmportantes de H. ARENDT: ef La condi mana it 222-240.
35, Los més conspicuos soa Tos deN, Lohmann. Se pace enconsar un expsicidn sini en
A Navas Leora soles de Nias Luann, EUNS, Paplo, 1989
196LAvIbA Soc
perdido el habito de razonar acerca de las érlenes emitidas, si los subordinados
tienen oportunidad de hacer ofr su voz, lo que desean es imponer su cuota de po-
der. Entonces la democracia se convierte en la lucha de pequefias autoridades des-
Péticas, que tratan de conquistar cotas de poder para imponer sus decisiones.
‘Todo ello plantea la urgente necesidad de una regeneracién comunitaria de las
instituciones y la recuperacién de verdaderos ideales politicos.
4) Desde esas circunstancias se produce una ausencia de responsabilidad por
los problemas piblicos, manifestada en una psrdida de interés por la interveneién
cn Ia politica y en los procesos de toma de decisiones: las personas singulares se
aacaban contentando con una libertad reducida al émbito privado. Se acentia en
tonces la escisién entre la esfera paiblica y Ia privada.
©) Bl pluralismo de los valores significa muchas veces la ausencia de valores
« ideales, que son sustituidos por el consumo y los bienes puramente materiales,
Nuestra sociedad es muy materialista: a cambio de un bienestar fisico se dejan de
lado las eonvicciones o los esfuerzos, que sizmpre aparecen como extraordina-
trios. Parece que el ideal mas grande al que se debe aspirar es al del bienestar fisi-
co: «ser feliz es poder exclamar hoy no me duele nada». Pero eso es, evidente-
‘mente, una idea pobre de libertad,
Se puede ser mas ambicioso y —si se tiene una consideracién minimamente
coptimista de la condicién humana— afirmar que la tarea de mejorar el mundo si-
‘gue estando en las manos de todos, que no cabe desentenderse de un reto tan her=
‘moso. Pero ese ‘odes implica que no basta con que lo haga un ente abstracto (el
Estado) o que cada uno realice su parte (individualismo), sino que sefiala que s6lo
es posible alcanzar la excelencia en lo social si realmente todos ponen el hombro
cn el esluerzo por llevar a cabo un avance comtin, una sinergia de fuerzas que
traiga progreso. A la ver, tal tarea s6lo es posible desde la responsabilidad de cada
uno. ¥ es que la persona es esa realidad tan compleja que unifica una novedad
irrepetible por un lado, y la necesidad del otro: sumar lo que hacen muchos indi-
viduos da como resultado algo mucho menor « lo que es capaz de llevar a cabo un
‘grupo de personas que formen una comunidad, que tengan una tarea en comin
‘que transcienda y mejore los intereses privads 0 egoistas de cada uno,
EI desarrollo del mercado empresarial aslo demuestra: la calidad laboral y
de vida de quien rabaja a gusto, contando corro un valor en su empresa, ¥ no s6l0
‘como instrumento, es mucho mis alta que la de su contrario, Quien tiene su em-
presa, su ciudad, su sociedad como algo propio, pondré esfuerzo por renovarla y
hhacerla crecer, y ser atendido pues se sabra que todos los hombres pueden apor-
tar puntos de vista sorprendentes. La iniciativay su fomento es un signo de huma-
nidad. Por el contrario, el comportamiento pa:ernalista supone la desconfianza y
cl desprecio del subordinado, y no ayuda a nadie a crecer.
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