EL PECADO NACIONAL REQUIERE CASTIGO NACIONAL
"¡Ay del día! porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el
Todopoderoso" (Jl. 1:15). Lee Joel 1.
La nación de Judá había prosperado pero la gente idólatra y complacida de sí misma era
indiferente a Dios. El profeta Joel (= Jehová es Dios) fue llamado a advertirles que su estilo de
vida traería juicio. Hizo dos llamadas:
a la reflexión y lamento (v.5) y al arrepentimiento (v.14).
La plaga de langostas, sin precedentes, que cubrió toda la tierra y la sequía resultante, afectó a
toda la población. ¡Todo gozo desapareció! (v.12). La destrucción fue completa y sus efectos
durarían por generaciones. El profeta quiso que el pueblo entendiera que esa calamidad no era un
"desastre natural" y, aunque toda la nación sufrió, señaló tres grupos más afectados:
(1) los borrachos porque no habría vino (vs.5-7);
(2) los agricultores y viñeros porque la tierra fue asolada y perdieron sus cosechas (vs.10-12);
(3) los sacerdotes porque no hubo ofrendas y no tenían nada para ofrecer a Dios (vs.9,13).
¡Qué tragedia cuando no hay nada para la casa del Señor! Joel llamó con lamentos y gemidos. El
castigo de Dios sería semejante al “ejército” de langostas, arrollador e inevitable, por su pecado.
Esta pestilencia era solo una precursora a peores cosas, si no corregían sus vidas.
Se necesitaba más que solo lamento; se requería arrepentimiento. Por eso, Joel ordenó a los
sacerdotes proclamar una asamblea solemne para ayunar y clamar a Dios (v.14). El pueblo no
podía reparar su economía o reemplazar sus pérdidas; tendrían que ponerse bien con Dios. No
podemos ofender a Dios y esperar que Él lo olvide; Él tiene que corregir nuestro mal camino. Joel
les anunció la temible verdad: “cercano está el día de Jehová”. Esta expresión, que tiene varios
elementos y significados, en el libro de Joel, se refiere al tiempo cuando Dios intervenga en la
historia de Judá para traer juicio y después destruir a Sus enemigos y salvar a los Suyos. Era
tiempo de clamar con desesperación: “A ti, oh Jehová, clamaré” (v.19). A menudo Dios utiliza una
plaga o calamidad para hablar a la conciencia de los hombres y a los corazones de Su pueblo para
que se vuelva a Él. Prestemos atención a las advertencias que Dios nos sigue dirigiendo, ya sea
por una prueba individual o una calamidad colectiva.
PARA MEDITAR: ¿Por qué quiere Dios que se cuente la trágica condición a los niños y nietos?
(v.3) La nación había caída de la prosperidad al borde de la hambruna. Si esto pasara a un
individuo, ¿dónde está el único remedio o recurso? (v.19) ¿Estás dispuesto(a) a dar un testimonio
claro en su momento, como lo hizo Joel?
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EL JUICIO, EL TEMIBLE DIA DEL SEÑOR
“…Convertíos ahora a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento” (Jl. 2:12).
Lee Joel 2:1-17.
Dios, por medio de Joel, ordenó que se tocaran trompetas alertando al pueblo que venía el
temible día de Jehová. No era la buena noticia que el pueblo esperaba, sino una mala noticia que
el profeta anunciaba: Será un sombrío día de tinieblas y oscuridad. Se comparó la multitud de
langostas con un ejército “grande y fuerte” que vendrá. No hubo nada semejante a ese enemigo
antes ni lo habrá después. Se describió la masiva destrucción a la cual nadie escapó. La tierra,
antes bella como el huerto de Edén, se convertirá en “desierto asolado” (v.3) y habrá tumulto
cósmico (v.10), por orden de Jehová.
Joel exclamó: “grande es el día de Jehová, y muy terrible; “¿quién podrá soportarlo?” (v.11). Dios
es el Jefe invisible del ejército invasor, sean langostas o un pueblo extranjero.
Por medio del profeta, Dios llamó al arrepentimiento: “convertíos ahora a mí con todo vuestro
corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón”. Notemos la actitud necesaria para
un verdadero arrepentimiento. Aún hay tiempo porque Dios es misericordioso y clemente
(vs.12,13); quién sabe si se puede evitar el juicio.
Nuevamente se ordenó tocar trompeta llamando al pueblo en su totalidad a una asamblea
sagrada para humillarse, quebrantarse y pedir perdón. El resultado de tal actitud es saludable (lee
Sal. 119:67, 71). Ni los niños y los bebés podían faltar, tampoco los recién casados que estaban
festejando. Los sacerdotes, sobre todo debían dar el ejemplo, debían orar llorando, en presencia
de Dios en el templo, clamando que Dios tuviera misericordia de Su pueblo. Pidieron clemencia y
ayuda porque las otras naciones se estaban burlando, alegando que su Dios les había
abandonado. (vs.15-17). El profeta no nombró pecados específicos, ni señaló a personas
específicas por sus pecados. Más bien, Joel pidió al pueblo que se volviera hacia Dios en
arrepentimiento y adoración.
PARA MEDITAR: Cuando tu conciencia te acusa de haber pecado, ¿cómo reaccionas? (v.12).
¿Cómo conduce el arrepentimiento a la adoración? (vs.13,14)
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PERDÓN, RESTAURACIÓN Y GRACIA DE DIOS
“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne y profetizarán…” (Jl. 2:28).
Lee Joel 2:18-32.
¡La bendición no se hizo esperar! Dios siempre está listo para perdonar; pero sin un corazón
humillado, no puede obrar. Por fin, el pueblo se arrepintió de corazón causando un giro radical.
Dios vio la sinceridad de su llanto y la honró extendiéndoles perdón (v.18).
Nunca es demasiado tarde. Ahora Dios expresó palabras de consuelo y seguridad prometiendo
hacer grandes cosas: los efectos de la devastación de cap.1 serían restaurados: el trigo, el mosto
y el aceite, la ofrenda y la libación (1:9); además, la amenaza de la invasión de ese gran ejército
se alejaría. Una destrucción terrible vendría sobre el enemigo de Israel, "porque hizo grandes
cosas" (= confió en sus propias fuerzas) (v.20).
Joel anunció esperanza para la tierra entera. Podrían regocijarse en la abundancia (vs.21,22)
porque Dios restituiría los años que comieron las langostas (v.25). Los vs. 26,27 son una
respuesta a la oración del v. 17. Alabarían el nombre de Jehová por las maravillas que derramará
sobre ellos, porque es un Dios como ningún otro.
Una característica de la profecía bíblica es que puede tener uno o más cumplimientos: uno
inmediato y otro/s lejano/s. Un ejemplo de esto lo encontramos en los últimos versículos de cap.
2. “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne…” se cumplió en el día de
Pentecostés (Hch. 2:17,18) y aun nosotros disfrutamos de esta parte de la profecía. “Daré
prodigios en el cielo y en la tierra...” (vs.29-31) fueron señales que Jesús indicó pasarán antes de
Su segunda venida (Mt. 24:29). Y Romanos 10:13 proclama que “todo aquel que invocare el
nombre de Jehová será salvo”. Hasta que llegue el día final, será tiempo de salvación (v.32), un
magnífico mensaje de esperanza para el mundo.
PARA MEDITAR: ¿Cuál es el resultado final del arrepentimiento? (v. 27) ¿Cómo puede este
capítulo animar a un creyente que se deslizó y está lejos de Dios? ¿Qué significa para ti decir que
se requiere arrepentimiento antes de la restauración? (v. 25) Medita en las promesas de este
capítulo; ¿cómo te hablan personalmente?
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EL JUICIO DE DIOS SOBRE LAS NACIONES
“Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sion, mi santo monte; y Jerusalén
será santa, y extraños no pasarán más por ella” (Jl. 3:17). Lee Joel 3.
En este capítulo vemos dos cuadros: Primero: El día del Señor como juicio a los adversarios de Su
reino (vs.1-17). Joel ve el futuro muy lejano: “En aquel tiempo”, Dios hará volver a los cautivos de
Judá y Jerusalén esparcidos entre las naciones (v.1), cuando Dios acuse y juzgue a las naciones
enemigas por su trato cruel e injusto a Su pueblo. En el día del Señor caerá juicio sobre ellas y
cosecharán lo que habían sembrado. El Señor las convocará en el valle de Josafat (= Jehová
juzga), el valle de la decisión; allí declarará retribución a las naciones. Echará la hoz para su
destrucción. La misma naturaleza se unirá a ese evento solemne (v.15).
En forma especial, Tiro y Sidón y los filisteos recibirán Su ira; tendrán que devolver todo el oro y
plata que se habían llevado. Nota cómo Dios consideró el pecado de los paganos: pecaron contra
Dios mismo: “mi pueblo”; “mi heredad”; “mi tierra”; “mi plata”; “mi oro”. Así como el rugido del
león causa miedo, la voz de Dios causará un espanto sin igual para esos pueblos; “pero Jehová
será la esperanza de Su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel” (v.16). Él habitará en medio
de los Suyos en Jerusalén (v.17). El mal ya no tendrá más cabida en el pueblo de Dios.
Segundo: La transformación de la Tierra Santa y del pueblo de Dios (vs.18-21). Por Su gran
misericordia, restaurará espiritualmente a Su pueblo y les dará abundancia material “en aquel
tiempo”. La prosperidad de Judá contrastará con la destrucción de Egipto y la desolación de Edom
por sus ofensas a Judá (v.20).
Cuando se cumpla esta profecía final de la presencia de Dios en Sion, Su pueblo tendrá su
glorioso futuro. “…y Jehová morará en Sion” (lee Ap. 21:3).
PARA MEDITAR: ¿Qué aprendemos del corazón de Dios aquí hacia Su pueblo? ¿Su actitud hacia
las naciones enemigas? Según vs. 17, 21, ¿cuál es la bendición suprema para el pueblo de Dios?
JHouck/CMartin-2022