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Este documento describe la evolución histórica de la comprensión social de la discapacidad desde la antigüedad hasta la actualidad. Se mencionan tres paradigmas principales: 1) En la antigüedad se consideraba la discapacidad como un castigo o maldición; 2) Luego se adoptó un enfoque médico que buscaba rehabilitar a las personas; 3) Actualmente prima el paradigma social de los derechos humanos que promueve la inclusión e igualdad de oportunidades.

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Este documento describe la evolución histórica de la comprensión social de la discapacidad desde la antigüedad hasta la actualidad. Se mencionan tres paradigmas principales: 1) En la antigüedad se consideraba la discapacidad como un castigo o maldición; 2) Luego se adoptó un enfoque médico que buscaba rehabilitar a las personas; 3) Actualmente prima el paradigma social de los derechos humanos que promueve la inclusión e igualdad de oportunidades.

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POSTÍTULO EN DISCAPACIDAD

INTELECTUAL
MÓDULO Nº I
Historia, concepto y criterios diagnósticos de la discapacidad intelectual

SEMANA 1: HISTORIA DE LA DISCAPACIDAD

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Introducción
Al comenzar a trabajar en este Pos título es preciso entender que el estudio de las
discapacidades intelectuales es importante para crear espacios de acceso y participación
para este colectivo, por lo que se requiere de profesionales que estén interiorizados y
preparados, no solo para determinar si una persona presenta discapacidad intelectual,
sino que para establecer los programas de intervención educativa que contemplen los
apoyos para lograr el máximo desarrollo e inclusión social.

Durante esta primera semana analizaremos aspectos históricos de la


discapacidad en general, cómo desde las distintas épocas se ha comprendido esta
condición, desde la prescindencia hasta la plena inclusión, cuyo objetivo es describir esta
evolución histórica en el ámbito social.

Actualmente estamos transitando desde una mirada asistencialista centrada en el


déficit hacia un paradigma social centrado en los derechos humanos, cuyo respeto ha
sido impulsado por los mismos grupos que históricamente han sufrido distintos grados
de discriminación, y en este caso, las personas con discapacidad no se encuentran
exentas de este movimiento mundial. Desde la Convención de los Derechos de las
Personas con Discapacidad en 2006, este grupo de personas planteó la necesidad de
vivir en una sociedad más justa y equitativa, accesible para todos sus integrantes.

Anterior a esta convención, varias organizaciones comenzaron a investigar desde


las diferentes dimensiones del ser humano, la discapacidad, con el fin de comprender su
funcionamiento individual. Con el tiempo y el desarrollo de varios estudios, foros y
encuentros, se comprendió que la sociedad en su conjunto debe garantizar las
condiciones para que todas las personas se puedan desarrollar y tener una adecuada
calidad de vida. Asimismo, el activismo ha jugado un rol preponderante en el cambio del
cual también somos testigos

Debido a esto, la responsabilidad profesional frente al trabajo que se realiza con las
personas con discapacidad es grande. Debemos verlos como sujetos de derecho,
quienes pueden tomar decisiones, pueden tener un empleo remunerado, pueden
contribuir y participar en una sociedad sin ser marginados. Ese es el llamado a quienes
trabajan en esta área y deciden ser parte de los facilitadores para el acceso y
participación de las personas con discapacidad.

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Ideas Fuerza

• La evolución histórica del concepto de discapacidades desde la edad antigua a la


actualidad nos permite visualizar tres paradigmas principales en el modo que se
entiende y se actúa frente a la discapacidad como sociedad y cómo aún, se
pueden evidenciar algunas dificultades para lograr la plena inclusión.

• Análisis del modelo médico para comprender y “tratar” la discapacidad, como el


comienzo para determinar que las personas con discapacidad pueden integrarse
en la sociedad y no ser “eliminados”, siempre y cuando se puedan “rehabilitar”.

• La importante evolución del concepto de Discapacidad asociado a las


discapacidades que existen, incluyendo la diferencia entre deficiencia y
discapacidad como la interacción entre la pérdida o disminución de la función
corporal o mental con el medio en el que se desarrolla la persona, considerando
que el contexto puede tener facilitadores o barreras.

• El paradigma social y el concepto de diversidad funcional, accesibilidad,


participación y enfoque de derechos.

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HISTORIA DE LA DISCAPACIDAD

ORDENANDO LOS ACONTECIMIENTOS EN TORNO A LA VISIÓN SOCIAL DE LAS


DISCAPACIDADES: DESDE EL PARADIGMA TRADICIONAL

Si hacemos el ejercicio de cerrar los ojos e imaginar personas con discapacidad es


muy probable que varios de nosotros visualicemos la limitación, la falta de desarrollo o
de oportunidades, recordaremos términos como: “minusválido” o “enfermo”, es decir,
imágenes enfocadas en la deficiencia de una persona, aquello que le falta para ser
“normal”. Todas estas representaciones sociales provienen de un pasado, de una
historia que es muy importante conocer, para darnos cuenta de que cada Era y cada
cultura le dio un significado a la discapacidad y una forma de tratar a este colectivo, que
ha ido evolucionando para mejor.

Según la RAE, paradigma comprende una teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo
central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver
problemas y avanzar en el conocimiento. Desde el punto de vista social, un paradigma
sería una constelación de términos, valores, percepciones y prácticas que tienen en
común una comunidad y que forma una determinada vista, percepción de la realidad que
es el substrato de la manera como esta sociedad se auto-organiza (Capra, 1996),
mostrando la diversidad de las formas de conocer de una época (Hurtado y Toro, 1997).

Por lo tanto, entenderemos en este escrito, que un paradigma es una forma en que
determinada época, se comprenden distintos fenómenos sociales, en este caso la
discapacidad.

Al recorrer el camino del pensamiento en la sociedad respecto de las personas con


Discapacidades en general, y aquellas que presentaban Discapacidades Intelectuales
en particular, debemos ir paso a paso viendo la evolución del pensamiento en torno a
ello, la creencia social, grupal, buscando en la medida de lo posible no hacer juicios de
valor respecto de lo que vamos descubriendo, pues es parte de nuestra historia en cada
campo del qué hacer humano. En el Egipto de la antigüedad, por ejemplo, existía el
abandono e infanticidio de niños y niñas con discapacidad, pero también hay evidencia
de que se intentaban diversos tipos de tratamiento.

Se ha encontrado una fractura de extremidad inferior con una ingeniosa férula


inmovilizadora en una momia de la V Dinastía (2500 a. C.), y en una imagen se puede
ver a un sumo sacerdote portando una muleta como consecuencia de una poliomielitis.
En la mitología encontramos que una de las versiones del dios Horus lo presentaba como
un patrono de los ciegos, oculista de Ra (que había sido cegado por otro dios) y dedicado
a la música (Usualmente las personas ciegas se dedicaban a tocar el Arpa cuando
aprendían un instrumento musical).

En Israel, en la sociedad hebrea, muchos tendían a considerar a la discapacidad


como una “marca del pecado”, por lo que las personas con este tipo de dolencia

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presentaban serias limitaciones en el ejercicio de las funciones religiosas. En el libro de
Levítico, por ejemplo, en el Capítulo 21, versos 17al 21, se señala respecto de aquellos
que debían cumplir una función específica dentro de la tribu de Leví que servían:

“Si alguno de tus descendientes tiene algún defecto físico, no podrá acercarse a
mi altar para presentarme las ofrendas que se quemen en mi honor. No podrá ser
sacerdote nadie que sea ciego, bizco, cojo, manco, jorobado, enano o que esté
deforme, que tenga alguna enfermedad en la piel o que tenga los testículos
aplastados. Los que tengan alguno de estos defectos podrá participar de las
mejores ofrendas que los israelitas me presentan, pero no podrán entrar más allá
de la cortina del santuario, ni podrán acercarse a mi altar. Si lo hicieran mi
santuario quedaría impuro”.
(Fuente: Levítico 21: 17 al 21)

Pero a diferencia de otras culturas y sus religiones, la fe hebrea prohibía el


infanticidio, e institucionalizaba la piedad, como lo haría más tarde la religión que de ella
deriva: el cristianismo.

Esto se debe a que su economía no era particularmente manufacturera, sino que se


basaba más bien en la cría de ovejas y cabras, y en el comercio. En una sociedad de
esta clase, las personas con discapacidad, contribuían de algún modo al bienestar de la
sociedad, desde sus posibilidades.

Entre las poblaciones asentadas en Asia y África, las prácticas fueron diversas. En
la India los niños y niñas con discapacidad eran abandonados en el bosque, o arrojados
al río sagrado Ganges como culto a sus dioses, o simplemente por no tener manera de
mantenerlos. Entre los Semang de Malasia, a los discapacitados se les consideraba
personas sabias. Los Masái de Tanzania practicaban el infanticidio. Los Chagga de
Africa Oriental utilizaban a personas con discapacidad para espantar a los demonios, y
los jukus de Sudan los abandonaban para que murieran por considerarlos obra de los
malos espíritus, para evitar que se propagara dicha maldición.

En la China ancestral se utilizaban métodos como la cinoterapia, y los masajes para


tratar a las personas con discapacidad motriz. El famoso filósofo Confucio proponía la
responsabilidad moral, y la amabilidad para las personas consideradas “débiles”, término
con el que distinguía a aquellos que sufrían algún tipo de discapacidad. Por otra parte,
existía la práctica de atrofiar los pies de las niñas a través de vendajes por motivos
estéticos, pues se pensaba que el pie de una mujer debía ser pequeño para verse
hermoso. También se consideraba que las uñas largas eran un símbolo de riqueza, de
nobleza, de belleza, por lo que existía la práctica de atar las manos para que estas
crecieran hasta atravesarlas. La persona a quién se le aplicaba este método quedaba
como amputada de ambas manos. No obstante no puede considerarse que esa persona
fuera “discapacitada”, ya que al tener a alguien que se ocupara de ella se podía sentir
como alguien viviendo en riqueza.

El culto a la belleza y la perfección física estaba entre los griegos, relacionado con
la estructura económica de la sociedad, basada principalmente en la explotación de
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mano de obra esclava. Los grandes logros alcanzados en la filosofía, las artes, la política
y la arquitectura en la antigua Grecia fueron posibles gracias al trabajo esclavo que
liberaba a los “ciudadanos libres” para la meditación y la creación intelectual. No diferente
a la costumbre hallada en otras culturas.

Se volvía así necesaria e inevitable la formación militar, ya que la guerra era la forma
de proveer prisioneros para ser esclavizados, y el filósofo griego Aristóteles, proponía el
servicio militar a todos los ciudadanos dado el peligro que podía representar una rebelión
de esclavos. Esto explica que la buena forma física e intelectual fuera esencial en esa
sociedad, y que las personas con discapacidad tuvieran un espacio muy pequeño de
acción, si es que en algunos momentos ninguno.

En la antigua polis Griega conocida como Esparta (o Lacedemonia), lugar de culto


de la idea de la Guerra, y de la preparación permanente y brutal para esta, siendo una
de las ciudades-estado griegas más importantes de la época, los ancianos examinaban
a los niños y niñas al nacer, y los considerados “débiles” eran abandonados o dejados
morir.

Las leyes de Licurgo, por ejemplo, a quien los historiadores ubican entre los siglos
IX y VII a. C., pretendían una mejora de los ciudadanos y su sumisión total al Estado,
obligando, entre otras cosas, a que todo aquel que presentara una discapacidad fuera
arrojado desde el monte Taigeto, mostrando con ello el trato que algunos consideraban
se debía dar a las personas por el solo hecho de padecer una discapacidad.

En otras ciudades (entre las que se encontraba Atenas), también existía la práctica
de dar muerte a niños y niñas con discapacidad. En “Política”, Aristóteles recomendaba
“una ley sobre el abandono y crianza de los hijos, en la que se debería prohibir que se
críe a ninguno lisiado”. Sin embargo, hay testimonios de que personas con discapacidad
convivían con los demás en la sociedad griega. El Filósofo Platón escribe que los sordos
se comunicaban mediante gestos. Homero, padre de la poesía épica griega, era ciego
según relatan testimonios en donde confluyen la realidad y la leyenda. Existen registros
de ese período que muestran que en la Antigua Grecia también se aplicaron tratamientos
de base “científica” para aplicar a personas con algún tipo de discapacidad adquirida.

Durante la era de Pericles hubo reformas mediante las cuales se crearon centros
asistenciales. Aristóteles estudió la sordera adquirida y la tartamudez, a la que
consideraba una enfermedad causada porque la lengua era incapaz de seguir la
velocidad a la que fluían las ideas. Los célebres médicos Galeno e Hipócrates trataron
de curar la epilepsia a la que consideraban una enfermedad de carácter Psicológico.

Al producirse la conquista de Grecia por parte del Imperio Romano, se comenzó a


producir la asimilación de su legado cultural y sus valores militaristas, materiales y
hedonistas griegos. En cuanto, a la economía, la sociedad romana estaba basada más
que la griega, en la explotación de mano de obra esclava en grandes módulos rurales y
en la expansión imperial para obtener prisioneros y nuevas tierras de cultivo. Por este
motivo fueron igual de entusiastas del infanticidio.

Amparados en la “Ley de las Doce Tablas” (540 a. C.) que concedía al denominado
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“pater familia” el derecho sobre la vida de sus hijos e hijas. A los niños considerados
“débiles” o “enfermos” se los arrojaba al río Tiber o se los despeñaba de la roca Tarpeia,
junto con ancianos y personas adultas con discapacidad adquirida.

Extraída de https://familiavance.com/modelo-de-prescindencia-
o-tradicional/

Aquella persona cuya discapacidad no era visible al momento de nacer, es decir que
tenía Discapacidad Intelectual, pero sin síntomas externos explícitos, recibían un trato
bastante severo el resto de su vida. Otro ejemplo de visión social romana sobre la
discapacidad se muestra en las luchas de gladiadores, en las que se obligaba a “enanos”
a luchar contra mujeres (otro sector privado de derechos en la sociedad romana), como
diversión de la muchedumbre. Antes de asumir el poder en Roma, el emperador Claudio,
año 10 al año 54 d. C., sufrió toda serie de malos tratos por parte de la nobleza, y la
Guardia Imperial como consecuencia de su mala salud, su apariencia poco atractiva, y
la torpeza de sus movimientos, que hicieron que en una primera instancia fuera
declarado “incapaz para la vida pública”, no obstante, llegara finalmente al trono.

La muerte de menores con discapacidad en la época del Imperio Romano ya no era


frecuente, sino que se le abandonaba en la calle, o en una canasta en el Tiber, para que
pasara a manos de quién quisiera utilizarlo como esclavo, o mendigo profesional. Los
niños con discapacidad recibían mayores limosnas, lo que originó un comercio de niños
mutilados (lamentablemente algunos de ellos mediante brutales intervenciones
quirúrgicas, si así se les puede llamar), entre personas adultas que los explotaban en su
beneficio de manera “profesional”.

El exterminio de personas con discapacidad, tal como hemos podido comprobar


hasta este momento, estuvo presente en la mayoría de las culturas. No obstante ello, no
podemos abrazar la tesis positivista de la “población excedente”, surgida en el Siglo XIX,
la cual planteaba que en una sociedad donde la supervivencia económica era insegura,
los individuos débiles o dependientes por alguna razón de Discapacidad, deberían ser
eliminados (Barnes, Barton 1998), ya que implicaría invisibilizar la variedad de miradas
que hubo en torno a la discapacidad que incluían su asistencia a través de la caridad
social (antiguos hebreos y comienzos del cristianismo), los intentos de tratamiento y
“curación” de la discapacidad (Egipto, Grecia, Roma), la aplicación de políticas sociales
por parte del Estado (la Atenas de Pericles y la Roma Imperial) o su explotación como
mendigos (en la ciudad de Roma), entre muchos otros ejemplos de trato más compasivo
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y humanitario para dichas personas.

Sin embargo, todas estas variantes coinciden en que se consideraba a las personas
con alguna clase de discapacidad, entre ellas las Intelectuales, como individuos bajo
condiciones de subordinación, cuya vida no es respetada, o que requieren para
sobrevivir de la asistencia de la sociedad, por ser incapaces de valerse por sí mismos,
siendo declarados de alguna manera “Minusválidos.

DESDE LA EDAD MEDIA A LA EDAD MODERNA

Esta etapa de la historia, que se extiende desde la caída del Imperio Romano de
Occidente, en el año 476 d. C., hasta la toma de Constantinopla por los otomanos en el
año 1453 d. C. Se caracteriza por la influencia del cristianismo en todos los aspectos de
la vida familiar, política, económica, social y cultural. Nacido como movimiento de
renovación del antiguo judaísmo durante el Imperio Romano, el cristianismo fue en un
primer momento, y mayoritariamente (aunque no exclusivamente) una religión de
“quienes carecían de privilegios” (esclavos, mujeres, personas con discapacidad) y por
lo tanto, las obras benéficas que realizaba eran fundamentales para su capacidad de
atracción y supervivencia en una época de persecución por parte de las autoridades.

Esto cambió hacia el año 313 d. C., cuando el emperador Constantino admitió al
cristianismo como religión autorizada inspirado en el mantenimiento de la idea romana
de la necesidad de un fundamento religioso para el Estado. Más tarde Teodosio, quien
vivió entre los años 346 al 395, la declaró religión oficial del Imperio. Posteriormente a la
caída del imperio Romano se originó una fuerte fragmentación de la autoridad en toda
Europa (no olvidemos que este Impero extendía sus fronteras de Este a Oeste desde
Hispania hasta Medio Oriente, y Norte a sur, desde el Norte de África hasta las islas
británicas). Se conformaron entonces numerosos reinos cuya única fuerza unificadora
era la Iglesia Católica Apostólica Romana. Dado el carácter violento de este periodo, es
altamente probable que las condiciones de vida de la mayoría de las personas con
discapacidad fueran extremadamente difíciles, sino imposibles.

Durante este periodo, la posición de las personas, de la sociedad en general, frente


a la discapacidad, fue vigorosamente influenciada por la Iglesia, la que se desarrolló en
un plano ambivalente. Por un lado, se condenaba el infanticidio, mientras que por otro
las personas consideradas “deformes”, “anormales” o “defectuosas”, eran víctima de
fuerte rechazo, y persecución por parte de las autoridades civiles y religiosas. Las
personas con discapacidad eran confundidas con los locos, herejes, brujas,
delincuentes, vagos y prostitutas, es decir, con todos aquellos que se consideraban
desechados.

Ejemplo

Un ejemplo de la manera en que esto fue consagrándose, es que en Francia se


construyeron verdaderas fortalezas, ciudades amuralladas para esconder en estos
lugares a centenares de personas con discapacidad. Otro ejemplo es que en el siglo XIV
los nacidos con discapacidad física, sensorial o mental, tales como sordera, ceguera,
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parálisis o cuadriplejia, eran confinados en encierros, y exhibidos los fines de semana en
zoológicos o espectáculos circenses para diversión del vulgo, o bien, buscando
manipular la consciencia de la gente, para que las familias rectificaran sus pecados
cometidos, por considerar que estos “monstruos”, o “fenómenos”, eran una señal de
castigo enviada por el Creador.

Subsiguientemente un escrito de Jacob Sprenger y Heinrich Krämer conocido como


el Malleus Maleficarum (1487), declaraba que los niños y las niñas con discapacidad
eran producto de madres involucradas en el mundo oculto de la magia negra, de la
brujería y hechicería. Aquí podemos notar la influencia sobre el cristianismo de dos
elementos de la religión judía de la cual es proveniente. Por un lado la prohibición del
infanticidio, como una estricta ordenanza, y por otro, la creencia de que la discapacidad
era una “marca del pecado”, e incluso un castigo recibido en retribución por el mal
efectuado.

Extraída de https://familiavance.com/modelo-de-prescindencia-
o-tradicional/

También se persiguió durante la Edad Media a las personas con enfermedades


psíquicas o neurológicas tales como histeria, esquizofrenia, epilepsia, entre otras, por
considerarlos seres humanos poseídos, o endemoniados, a las que había que realizarles
necesariamente exorcismos.

Un gran número de estas personas terminaron en la hoguera, o ahorcadas, según


fuera el caso. Además, durante esta época, las personas con discapacidad también
fueron consideradas un pretexto enviado por Dios para que los “normales” pudieran
expiar la culpa por sus pecados a través de realizar obras benéficas. Entonces pasaron
de ser “fenómenos” que había que ocultar, o exhibir para diversión social, a ser personas
“minusválidas”, es decir, de menor valor, a las que había que atender debido a la
incapacidad que le imputaban para cuidar de sí mismas.

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ADENTRÁNDONOS EN LA HISTORIA RESPECTO DE LAS DI Y EL PARADIGMA
MÉDICO

Comenzamos por decir que los complejos escenarios de supervivencia que debieron
confrontar las primeras sociedades humanas, nos llevaron a pensar que las personas
con discapacidad debían abandonadas o muertas por ser consideradas una carga
durante los traslados de campamento, en busca de mejores tierras para el cultivo, la
caza, o también cuando era necesario huir de los catástrofes naturales.

Sin embargo, existen evidencias de que algunas veces se probaban medidas


curativas como trepanaciones (heridas en el cráneo para que “huyera el mal”), o
amputaciones de miembros sin empleo de anestesia, pues no se conocía ese tipo de
elementos. Dos ejemplos de esta situación de intento de asistir al afectado los tenemos
primero en el esqueleto de un anciano Homo neanderthalensis , que fuera encontrado
en Shanidar Cave, región del Kurdistan Iraqui, Irak (al parecer padecía de un estado
avanzado de artritis, además de tener un brazo amputado, y una herida en la cabeza), y
luego en los restos de un hombre con artritis grave, en Chapelle Aux Saints
(popularmente denominado "El Viejo"), el cual está datado en el período Neolítico. De
este se conservan vasijas y pinturas en donde se pueden apreciar personas con
escoliosis, acondroplasia, o con miembros corporales amputados. Todos,
supuestamente, parte de un grupo que los aceptaba.

Se han propuesto, desde la antropología, diversas teorías en torno a la situación de


las personas con discapacidad en dichas sociedades. Probablemente la más influyente
de estas sea la “tesis de la población excedente” (establecida por el utilitarismo liberal, y
el darwinismo social del siglo XIX), que consideraba que en las sociedades donde la
supervivencia económica fuera precaria, inestable, cualquier persona considerada débil
o deficiente (niños con discapacidad congénita, o adquirida, personas adultas con
discapacidad adquirida, enfermos, ancianos, entre otros) deberá ser exterminada. Un
ejemplo en esto se da por el antropólogo Knud Rasmussen, quien presenció a principios
del siglo XX el caso de un matrimonio de inuit (Esquimales de Groenlandia) que fueron
heridos en una explosión. Éstos, al experimentar no poder valerse por sí mismos,
determinaron que el hombre se suicidara, y la mujer se dejara morir.

Al estudiar rigurosamente la marcha del pensamiento científico en relación con este


tema, las DI, se aprecia que la información disponible es muy pequeña, y se hace difícil
hallar el punto de partida, sin afrontar en primer lugar las enfermedades mentales en
general, lo que además nos dará un panorama más completo sobre el asunto, para así
entender mejor el desarrollo de estas situaciones en medio de la sociedad.

El escalón primario o basal en el estudio de las enfermedades mentales, puede


considerarse colocado por el médico griego Alcmeón de Crotona (aproximadamente en
el siglo IV a. C.), al plantear que en el órgano del cuerpo donde se captaban las
sensaciones, se generaban también las ideas, y se permitía el conocimiento. Este era el
cerebro. Aunque su concepción no se atiene íntegramente a las implicaciones de este
órgano, tuvo la agudeza de descubrir su importancia, y exponerla como tal.

Más adelante esta proposición fue adoptada y desarrollada por Hipócrates, el padre
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de la medicina (460 a. C.). En opinión de Hipócrates, los desórdenes mentales eran
resultado de enfermedades del cerebro, e intentó explicar de forma coherente todas las
enfermedades mentales a partir de causas naturales, lo que se constituyó como uno de
sus principales méritos.

En sus escritos señala la anencefalia, así como otro tipo de malformaciones


craneales asociadas a un grave retraso mental.

Así mismo se conoce que las leyes de Esparta, y de la Antigua Roma, incluían
medidas sobre el exterminio durante la infancia de los niños severamente retrasados. En
contraste con esta actitud, los líderes religiosos asiáticos, de los que son exponentes el
reformador de la religión persa Zoroastro (628 a. C.) y el filósofo chino Confucio (551 a.
C.), abogaban en sus ilustraciones por un tratamiento compasivo y de carácter
humanitario para aquellos que padecían de algún retraso mental.

Es muy necesario, e inevitable, el vincular el desarrollo de la ciencia al desarrollo


histórico y social, ya que todo ello se encuentra estrechamente relacionado. Es por eso
que las continuas guerras, la destrucción de los antiguos centros culturales de Grecia, y
la caída del Imperio Romano, condujeron poco a poco al estancamiento de la ciencia, lo
que terminó favoreciendo el surgimiento del oscurantismo, y la superstición, y el aumento
de la ignorancia a nivel general, aspectos característicos de la etapa posterior, la Edad
Media.

El desarrollo de la ciencia se vio frenado, entre otras cosas, por los dogmas de
tradiciones religiosas, pues todo aquello que fuera en contra de ellos, era considerado
una violación a lo establecido, o una herejía, y por lo mismo, era algo severamente
castigado. En dicha época se pensaba, por ejemplo, que aquellos que tenían alguna
enfermedad mental eran criaturas poseídas del demonio, y los únicos medios de curación
previstos para dichos casos eran la aplicación de tortura, y la hoguera. En la Europa
medieval solo se podían considerar “afortunados” los retrasados mentales cuando eran
vistos como “bufones” o “abortos de la naturaleza”. A pesar de ello, ya en la época dada
entre 980 y 1037 D. C., un médico árabe, plantea una clasificación de las enfermedades
mentales, en la cual incluye el término amencia (falta de inteligencia, idiotez), para
señalar a las deficiencias mentales en las personas.

Más adelante, hacia finales del siglo XIV, y principios del siglo XV, se conjugaron
una serie de factores que ayudaron a incrementar el desarrollo científico trabado durante
tanto tiempo, dándose así inició al período del Renacimiento. Entre esos factores está el
comercio entre los pueblos de la cuenca mediterránea, que ayudó al fácil acceso de
información, y al inicio del pensamiento humanista.

Todo lo anterior se unió a grandes eventos acontecidos, tales como la aparición de


la imprenta, el descubrimiento de nuevos continentes, el estallido de la Reforma
Protestante (Martín Lutero, y otros), que desafió a la autoridad de la iglesia católica en el
Mundo, el surgimiento del grupo socio-económico llamado “Clase Media”, que era
educado e informado, y otros acontecimientos, que brindaron nuevas posibilidades para
la ciencia, donde el ser humano se constituye en objeto de estudio, a partir de las propias
observaciones y experiencias del hombre, especialmente de aquellos precursores de la
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ciencia.

Durante la época del renacimiento, pertenece al profesor de anatomía y medicina de


Basilea, Félix Platter, el honor de dar inicio a la aplicación de medidas precisas de
observación, en relación con los enfermos mentales. Platter intentó clasificar todas las
enfermedades, incluidas las mentales, por lo que se le puede considerar un precursor
(iniciador) en este sentido.

En su clasificación, Platter introduce el término, tal vez no muy amable, de


“imbecilidad mental”, con diferentes categorías. Poco después, en el año 1667, el
anatomista y médico inglés Thomas Willis, introduce el término morosis (algo así como
estado de ineptitud), para denominar lo que más adelante se conoció como Retraso
Mental. En este sentido, podemos, y debemos decir que a pesar de lo áspero del término,
que formula más un ser de la persona (es decir, la persona es un “discapacitado”, y no
que sufre una discapacidad), que un padecer la misma cierta clase de afección que
puede ser intervenida y tratada de manera efectiva, representó un logro en sus
tiempos, no cabe duda de ello.

Siendo que hasta 1689 el retraso mental era considerado como una forma de locura
o insania, el filósofo y médico inglés John Locke, establece por primera vez una clara
distinción entre ésta, y otras enfermedades mentales, lo cual obviamente favoreció a la
profundización del conocimiento en dicho campo.

Más adelante, el siglo XVII se caracterizó por una serie de logros sin precedentes
en el ámbito de la literatura, las artes, la filosofía y la ciencia, resultado de la interrelación
entre los numerosos factores señalados anteriormente (La Reforma Protestante, el
descubrimiento del nuevo mundo, nuevos inventos, humanismo renacentista, entre
otros). Esto hizo posible que durante ese período, el enfoque de las enfermedades
mentales comenzara a despojarse de la superstición, y de los enfoques dogmáticos. Se
iniciaba el asentamiento de las bases para lo que conocemos como “ciencia moderna”.

Otro hito importante fue la Revolución Francesa en el año 1789, con su proclamación
de “libertad, igualdad y fraternidad” entre los hombres. Las ideas vertidas con tanta
pasión en dicho acontecimiento alcanzaron a los enfermos mentales, pues a partir de
este momento, comenzó a considerárseles como pacientes desde el punto de vista
médico, y a tratárseles como tales, dejando de lado poco a poco muchas formas
inadecuadas de tratarlos.

Quien facilitó el comienzo de esta profunda e irreversible transformación fue el


médico francés Philipe Pinel, cuando liberó de sus cadenas a los pacientes del hospital
de Bicetré en 1793, elevándolos oficialmente a la categoría de enfermos. Debemos, eso
sí, decir que existe cierta discrepancia relacionada a este evento. El historiador de la
psiquiatría Schmitz, plantea que los primeros en desencadenar a los pacientes, iniciando
así un proceso de terapia apropiado, fueron los médicos de Valencia en 1409, donde
predominaba una tradición más humanitaria en cuanto al trato de los pacientes,
especialmente de esta clase.

El manicomio de Valencia, construido a principios del siglo XV, relata Schmitz


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gozaba de prestigio por su muy buena dirección, y métodos clínicos aplicados. Este lugar
fue destruido por un incendio en el año 1545, y posteriormente, se construyó un nuevo
hospital, donde incluso había un departamento especial para niños. No obstante ello, lo
corriente en Europa hasta la época de Pinel, era la represión y segregación de los
enfermos mentales y no su tratamiento como personas pacientes.

Es de esa era que data el surgimiento de los servicios psiquiátricos en los hospitales,
lo cual fue entusiastamente recibido por el neurólogo ruso Sergui Korsakov, y el fundador
de la psiquiatría norteamericana Benjamín Rushen en los EE.UU. Todo esto contribuyó
a la observación sistematizada de los pacientes, registro de eventos, y análisis
profesional de casos, y por tanto, a la profundización en el conocimiento de estos.

Para ilustrar aún más la situación de los pacientes psiquiátricos (incluidos los de RM)
en dicha época, transcribimos un fragmento de la descripción que hace uno de los
psiquiatras más sobresalientes de la época, el alemán Johan Christian Reil, sobre los
métodos que imperaban en ese entonces:

“Como si fuesen criminales, encarcelamos a estas miserables criaturas, en


ocultas mazmorras semejantes a cuevas de lechuzas en áridas simas, más allá de
las puertas de las ciudades, o en las húmedas celdas de las prisiones, donde nunca
penetra una humanitaria mirada de piedad, y los dejamos encadenados entre sus
propios excrementos. Los grilletes han hecho mella en la carne que rodea sus
huesos y sus caras consumidas y pálidas, se dirigen ansiosamente hacia la
sepultura, el manto que cubrirá su desgracia y el final de su miseria”.

El ruido de los pacientes excitados, y el rechinar de las cadenas, se escuchan de día


y de noche, eliminando a los recién llegados, la poca cordura que aun les quedaba.

Y, aunque no se eliminó completamente la represión de los enfermos mentales,


como lo demuestra el hecho de que aún a mediados del siglo XIX, el psiquiatra inglés
John Conolly se pronunciara resueltamente por la supresión de tales medidas,
publicando un libro titulado, “The treatment of the insane without mechanical restrains”,
se puede decir que Indiscutiblemente la situación del enfermo mental fue cambiando
para bien, es decir, mejorando paulatinamente.

Alrededor de esta época puede considerarse que queda eliminada la magia como
vía fundamental de acceso a la psiquiatría, pero su influencia en el pensamiento de la
época comienza a desaparecer durante el siglo XIX.

Como resultado, entre otras cosas, del auge científico, y del status que se comienza
a otorgar a estos enfermos, hacia finales del siglo XVIII, y durante el siglo XIX, se
conocen numerosos intentos de clasificar las enfermedades mentales (Boisser de
Sauvages, 1763; Cullen, 1777; Esquirol, 1838; Morel, 1862; Kalbhaum, 1863), cosa que
ha continuado de manera persistente, hasta llegar a las clasificaciones que tenemos en
la actualidad.

Pero antes de llegar a esas clasificaciones, es necesario mencionar numerosos


aportes al pensamiento científico durante el siglo XIX, que de una u otra manera,
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contribuyeron al esclarecimiento de las enfermedades mentales.

Una de las contribuciones más importantes fue conferida por el médico francés
Antoine Boyle, quien en sus investigaciones descubrió que la parálisis general progresiva
tiene una causa orgánica, al hallar lesiones anatomopatológicas en los cerebros de los
pacientes afectados por esa enfermedad.

El neurólogo alemán Wilhelm Griesinger, otro importante exponente de la posición


materialista en relación con las enfermedades mentales, defendía la posición de que
todas las enfermedades mentales debían considerarse causadas por una acción directa
o indirecta sobre las células cerebrales, planteamiento que resultó muy importante para
el conocimiento de la etiopatogenia del Retraso Mental, aunque no era tan
absolutamente de esa manera.

Paul Broca, cirujano y antropólogo francés, señala en su momento la localización


precisa del área del lenguaje. Por otra parte, Wilhelm Waldeyer, destacado anatomista
alemán, plantea el concepto de “neurona”. Más adelante se continuó con el estudio y la
profundización en el conocimiento de este complejo e importante componente. El
anatomista Vladimir A. Betz (ruso) descubre en 1870 las células piramidales en el área
motora de la corteza cerebral, y determina el papel de estas en la función motriz.

En el año 1872 (siglo XIX), son publicados estudios sobre microcefalia, efectuados
por un Psiquiatra ruso (Mersheyevsky), en los que refuta la teoría ampliamente aceptada
hasta ese momento acerca de que las personas mentalmente retrasadas, estaban más
estrechamente relacionadas con el mono que con el hombre. Aclaró que el cerebro de
un microcefálico no tiene nada en común con el del mono, sino que se trata de un cerebro
humano cuyo desarrollo ha sido retardado por la enfermedad, dejando de lado la falsa
creencia.

Hacia el final del siglo XIX comienza su aparición más decidida la disciplina conocida
con el nombre de “Psicología” como ciencia experimental con el alemán W. Wundt.
Además, al margen de la Psiquiatría y de la Neurología como ciencias que estudiaban
los fenómenos que se presentaban en el ser humano, se produjeron otros avances
científicos que contribuyeron también a la profundización del conocimiento sobre esta
especie, entre los que podemos considerar por ejemplo: La teoría del naturalista inglés
Charles Darwin sobre el origen y la evolución de las especies, también el
perfeccionamiento de las técnicas microscópicas que contribuyó al desarrollo de la
microbiología, los adelantos que llevaron a conocer los progresos de la química, que
permitieron el desarrollo de la bioquímica, el desarrollo de la neurología, la histología y
la embriología, y muchos otros.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, como ya se estableció anteriormente,
se inscribieron los modelos para el surgimiento de la era moderna en la investigación
científica. Al ir por el sendero de dicha investigación, y obtención de información de todo
tipo, que derivó en la acumulación de gran abundancia de los datos existentes, produjo
la necesidad de hacer una clasificación y generalización de las numerosas formas de
descripción de las enfermedades mentales.

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Emil Kraepelin, un psiquiatra alemán, fue quien comenzó a abordar dicha gran tarea,
que relacionada con el Retraso Mental, es posible decir que su trabajo tuvo una
importancia crucial, ya que éste psiquiatra fue quien introdujo en 1915 el término de
oligofrenia, concepto bajo el cual agrupó anomalías de diferentes etiologías y cuadros
clínicos, cuyo denominador común reside en el desarrollo insuficiente de la psique en
general, asociado a un limitado desarrollo intelectual (mostrado en diferentes grados de
profundidad), que derivaba en un funcionamiento social, y adaptación al medio muy
disminuido, dependiendo de la gravedad del caso abordado.

Lo que quedó bastante aclarado es que el Retraso Mental como realidad, “no es ni
sola, ni exclusiva, ni prioritariamente un problema médico, o científico, sino también, y
sobre todo, un problema de carácter social”, tal como en su minuto lo afirmaron Robert
Edgerton y Alfredo Fierro, entre otros (Retraso Mental, de R. Edgerton, Ediciones
Morata), ya que, como continúa, cada sociedad (cultura) determina quiénes son sus
subnormales y deficientes, las razones o el por qué se les establece su minusvalía, y
cómo deben ser intervenidos en dicha realidad.

Ahora, justamente, porque se trata de un problema social, el enfoque general del


proceso que conlleva a deficiencia mental, es relativo en cada sociedad, y varía dentro
de ella con el tiempo de acuerdo a las dinámicas y avances en medio de ella. Esto es lo
que hace tan aleatorias y precarias las soluciones, porque también es social la solución
del problema, además de científica la manera de continuar comprendiéndolo.

Aquí debemos añadir que socialmente hablando, con los avances, la discapacidad
comenzó a percibirse en dos sentidos. Uno relacionado a su origen congénito, pues los
descubrimientos científicos guiaban por esa vía, y el otro relacionado al resultado de un
accidente. La valoración social en ambos casos tiende a ser diferente, pues en el primer
caso se hará más difícil cambiar la imagen en términos sociales, que apunta a verlos
como sujetos “irremediablemente” dependientes, mientras que en el segundo, por causa
del accidente, su “estado natural” (original) se verá modificado, pero nunca borrado por
completo.

Esto demuestra que más que la discapacidad en sí, es la imagen social (es decir la
manera en que la población ve la situación y la juzga), creada en torno a ella (que implica
en relación a los discapacitados), lo que va condicionando la realidad concreta de las
personas con discapacidad intelectual en medio de la comunidad.

Destacar esto es trascendental, ya que la opresión que sufrieron y sufren las


personas con discapacidad, y en especial de carácter Intelectual, se debe
primordialmente a que éstos sujetos no se corresponden con el mito de la “perfección
corporal e intelectual”, o al ideal del ser de “cuerpo perfecto”. Estas ideas tienen su origen
en fenómenos materiales y culturales que es necesario conocer. Debemos tomar
consciencia de que los prejuicios no son algo inevitable de la condición humana, sino el
producto de un determinado desarrollo social y cultural, a fin de poder desmontarlos para
luchar por una sociedad más justa e inclusiva para todos y todas. No obstante todo ello,
dicha forma social ha sido cuestionada por la observación de una buena cantidad de
sociedades, en las que la supervivencia económico-social es extremadamente inestable,
y a pesar de ello las personas con discapacidad, así como los ancianos y grupos que
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portan alguna enfermedad o deficiencia, son miembros considerados y valorados. En
dichas sociedades está prohibido exterminar a estas personas, o irrespetarlas.

Siguiendo por el sendero de la historia, a finales del siglo XIX, después del fracaso
de las pobres tentativas de optimismo filantrópico y humanitario con respecto a la
educación y a la reinserción de los discapacitados a esta, cuando la expresión del
individualismo más tenaz, el conservadurismo, el fariseísmo social, la moral del éxito y
la apología del poder físico alcanzan su cuota más alta, a partir de 1870, los disminuidos
mentales son recluidos en instituciones de asilo y custodia:
Reclusión de los RM (DI) S. XIX y XX
(Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=vY5U2v4fB2o)

Para algunos que justificaban aquello, se trataba de resguardarles de las atrocidades


derivadas de la competitividad y de la guerra social, para otros, no tan convencidos de
lo primero, se trataba de proteger a la sociedad de la presencia de los discapacitados,
ya que la falta de control derivada de su “debilidad mental”, constituía en los hombres
que lo padecían una constante amenaza de degradación y degeneración, además, en
las mujeres, una continua ocasión de extender el vicio y la moral decadente.

Ejemplo

Un ejemplo de esto lo tenemos en las actas de las Conferencias Nacionales de


Estados Unidos acerca de obras de caridad y corrección, y en los informes de la Real
Comisión Británica de principios de siglo, hasta la Primera Guerra Mundial, referencias
de este tipo son frecuentes y reiteradas.

Esta solución se extiende hasta la segunda mitad del siglo XX (más o menos), donde
en América, bajo la iniciativa de JF Kennedy, a través del Comité Presidencial para el
Retraso Mental, y en Europa, bajo el influjo de los renovadores modelos escandinavos,
se reorienta el problema de la deficiencia mental hacia una filosofía normalizadora y de
integración. Y es aquí nuevamente, en el marco de orientación acerca de qué caminos
seguir, donde resurge, aunque desdibujada, la esperanza. Por primera vez aparece el
deficiente mental, como tal, deficiente, pero en su condición general de hombre, de
persona, exigiendo desde esa condición, las conclusiones prácticas que corresponden a
su dignidad humana.

La preocupación por los programas de contenido social, la extensión de la seguridad


social, la amplitud de los servicios sociales desde la segunda guerra mundial, etc., de un
lado, y últimamente la evolución de la doctrina de los derechos humanos por el otro, han
venido a reforzar esta concepción.

Al analizar la información anterior, podemos observar que el avance científico ha


sido importante para determinar causas y conocer el aspecto biológico de la
discapacidad. Sin embargo, y a pesar de ser un modelo fundamental en la prevención y
la rehabilitación adecuada, es también un gran generador de discapacidad (David, S.,
Villegas, F. y Beltrán, J. 2019). Las personas con discapacidad ya no son consideradas
inútiles o innecesarias, pero siempre en la medida en que sean “rehabilitadas”. Es por
ello que el fin primordial que se persigue desde este modelo es normalizar a las personas
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con discapacidad.

EL PARADIGMA SOCIAL: LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD SON


SUJETOS DE DERECHOS

Es aquel que considera que las causas que originan la discapacidad no son ni
religiosas, ni científicas, sino que son, en gran medida, sociales (Palacios, A. 2008) al
considerar que todas las personas somos diversas, y por lo tanto, funcionamos de
distintas maneras.

De acuerdo a lo dicho en el párrafo anterior, podría afirmarse que el origen, el


desarrollo y la articulación de este modelo, se han generado básicamente a través del
rechazo a los fundamentos expuestos sobre los paradigmas que ya conocimos.

Esta nueva forma de mirar la discapacidad nace a finales de la década de los años
sesenta en Estados Unidos e Inglaterra (Palacios, A. 2008). Antes de la época moderna
la sociedad, por lo general veía a la discapacidad como un cuerpo o una mente que no
funcionaba o que tenía algún defecto. Posteriormente, las propias personas con
discapacidad comenzaron a generar un movimiento donde señalaban que la diversidad
funcional de cada individuo o la propia anormalidad implicaba una dependencia de la
familia y de los distintos servicios de asistencia social ante lo cual surgieron
organizaciones para cambiar este estatus de personas dependientes para convertirse en
personas que aportaban en sus comunidades.

Así, nació el lema “Nothing about us without us” (“Nada sobre nosotros sin
nosotros”)donde los activistas con discapacidad y las organizaciones de personas con
discapacidad se unieron para condenar su estatus como “ciudadanos de segunda clase”
(Iáñez, A. 2010). Este lema nació con el movimiento a favor de la vida independiente de
las personas con discapacidad en Estados Unidos, durante la década de 1970, en la
Universidad de California en Berkeley.

Extraída de
https://www.eldesconcierto.cl/tendencias/2019/12/08/excluidos
-silenciados-invisibilizados-la-marcha-por-los-
discapacitados.html

Desde ese momento empieza a cambiar la visión sobre las personas con
discapacidad ya que son ellas mismas quiénes proponen su incorporación plena en la
sociedad, es decir que cada política o decisión que influya sobre sus vidas debía hacerse
con su participación. Finalmente, se transformó en un movimiento mundial a favor de los
derechos de las personas con discapacidad. De esta manera buscaron terminar con
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políticas asistencialistas y paternalistas, dejando de lado pensamientos sobre la
discapacidad como una tragedia personal para las personas afectadas y un problema
para el resto de la sociedad (Iáñez, A. 2010).

Asimismo, Palacios, A. 2008, señala que el foco de este paradigma es rescatar las
capacidades en vez de acentuar las discapacidades y conforme a dicha idea se busca
que las personas con discapacidad tengan las mismas oportunidades de desarrollo que
quiénes no la presentan. Desde este punto, se plantea también un modelo nuevo de
educación la cual debe ser inclusiva, adaptada a las necesidades de todos y todas como
regla general. Lo mismo debe ocurrir con el resto de los elementos de la sociedad, como
la infraestructura o la salud, las cuales deben ser accesibles para que todos puedan
participar.

De esta manera, la orientación de los esfuerzos cambió hacia el impacto de las


barreras sociales y físicas, como el transporte y los edificios inaccesibles, las actitudes
discriminatorias y los estereotipos culturales negativos, hacia las personas con
discapacidad. Por lo tanto, desde esta perspectiva, la diversidad funcional no es un
atributo de la persona, sino un complicado conjunto de condiciones, muchas de las
cuales son creadas por el contexto o entorno social (Hernández, M. y Fernández, M.
2016).

En 2006 la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con


Discapacidad y su Protocolo Facultativo fueron aprobados en el seno de la Asamblea
General de las Naciones Unidas, en cuyos textos recogen los derechos de este grupo
de personas y lo más importante, las obligaciones de los Estados de promover, proteger
y asegurar tales derechos inherentes a la dignidad de la personas (Fundación ONCE).

Una de las principales consecuencias posteriores a esta convención fue destacar la


visibilidad de este grupo de ciudadanos dentro de un sistema de protección de sus
derechos humanos con la asunción irreversible de que la discapacidad es una cuestión
de derechos y que por lo tanto, deben contar con herramientas jurídicas en los distintos
estados que la ratificaron.

Asimismo, en Chile este primer tratado de Derechos Humanos del siglo XXI entró en
vigencia el 29 de julio de 2008 estableciéndose algunos compromisos para velar porque
las personas con discapacidad fueran incluidas en la sociedad. Desde allí se creó la ley
N° 20.422 que establece las normas sobre Igualdad de Oportunidades e Inclusión Social
de Personas con Discapacidad ajustando la legislación chilena a una perspectiva de
derechos humanos enfocada en este grupo de personas. A esto se sumó la formación
del Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS), antiguamente Fondo Nacional de
la Discapacidad (FONADIS) durante el año 2010. Posteriormente se han desarrollado
otras acciones importantes en materia de educación, accesibilidad, deporte entre otras
las que se destaca, por ejemplo: un Estudio Nacional de la Discapacidad (ENDISC) que
reveló que el 16, 7% de la población chilena de dos o más años vive en situación de
discapacidad y la entrada en vigor de la ley N° 21.015 que incentiva la inclusión laboral
de personas con discapacidad (SENADIS, 2018).

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De esta manera podemos observar cómo ha cambiado una perspectiva y otra a
través de los años, gracias a la investigación científica y posteriores movimientos
sociales originados por las propias personas con discapacidad y organizaciones que
trabajan para y con ellas.

El siguiente cuadro comparativo nos muestra de manera resumida las ideas


principales de cada paradigma:

PARADIGMA CÓMO CONCIBE A LA CÓMO ACTÚA


PERSONA
TRADICIONAL Nulos o inexistentes, sin Se les separa, excluye o
derechos, son prescindibles incluso son asesinadas,
dentro de la sociedad, no considerándose una
tienen una maldición o falta o violación de los
castigo. derechos humanos.
MÉDICO/REHABILITADOR Con derechos limitados en Se realizan terapias y se
la práctica. Son desarrollan programas
considerados más para que parezcan
pacientes que personas, ya personas “normales”. No
que deben “tratar” su se les toma en cuenta
deficiencia para pertenecer para sus decisiones
a la sociedad. personales.
SOCIAL/ENFOQUE DE Personas ante todo que La sociedad se prepara
DERECHOS presentan una condición para ser accesible para
que no impide ser sujetos todos. Inclusión,
de derechos. igualdad de
oportunidades de
participación y equidad.

Este cuadro comparativo pone en evidencia los enormes cambios que han ocurrido
en la forma como la sociedad visualiza y trata a las personas con discapacidad.
Observamos cómo desde la “prescindencia”, marginación y la rehabilitación, estamos
entendiendo que la discapacidad tiene un componente social, al enfrentar la “deficiencia”
de una persona con las “barreras” que impone el contexto (Palacios, A., 2008).

Ya no vemos a las personas con discapacidad como enfermas, quienes debían


superar una deficiencia para adaptarse al medio, sino que comprendemos que la
sociedad ha sido construida con evidentes desventajas para quienes presentan una
deficiencia, las que deben ser modificadas para generar un ambiente accesible. Por lo
tanto la discapacidad no tiene causas médicas o religiosas como en los paradigamas
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anteriores, sino que principalmente son “sociales”.

De esta manera cuando estudiamos la “discapacidad” desde el paradigma social, no


ponemos el énfasis en saber qué tan completo está anatómicamente un individuo o qué
tan cerca está de ser considerado “normal”; el énfasis está puesto en observar las
habilidades y las capacidades que las personas han desarrollado con el cuerpo y con la
funcionalidad que posee a través de procedimientos que van a permitir potenciar el
entorno más cercano como por ejemplo: la familia, teniendo en cuenta el proceso por el
cual pasan para comprender la funcionalidad y la situación que provoca la posible
discapacidad de uno de sus integrantes. Desde allí en adelante, en su entorno más
cercano se construirá un concepto de ese familiar que presenta discapacidad y eso va
generar un supuesto de cómo será tratado dentro de esa familia, lo que podría
convertirse en un facilitador o, por el contrario, entorpecer la inclusión de este integrante
(Iáñez, A. 2010).

Un elemento muy importante de este enfoque es considerar la importancia de los


supuestos que se generen sobre la persona con discapacidad, los que pueden facilitar o
entorpecer la inclusión dependiendo de las ideas, de los sentimientos y las imágenes
que cada persona tenga respecto de este constructo, así, se van a ir generando prácticas
sociales que pueden lograr el equilibrio entre las condiciones del medio y las dificultades
individuales, siendo un medio portador de oportunidades, equitativo, eliminando barreras
y realizando acciones de prevención de la discapacidad.

Por otra parte, el paradigma social de la discapacidad pretende conocer cómo las
personas con discapacidad interactúan entre ellas y con el ambiente donde se
desempeñan y desde ahí, se entiende que las dificultades que afrontan son originadas
principalmente por las actitudes que la sociedad manifiesta hacia la discapacidad. Esto
quiere decir que la interacción de las diferentes limitaciones funcionales con los factores
ambientales en la realidad donde se desenvuelve una persona, puede exteriorizar una
discapacidad.

Según lo señalado anteriormente la inclusión social, la inclusión económica y la


participación completa de las personas con discapacidad depende de cómo se estructura
contexto social moderno. Si se logra generar acciones sociales incluyentes que les
permita vivir con una mejor calidad de vida, sintiéndose útiles y teniendo una
independencia económica, se generará una visión distinta en el resto de la sociedad, la
que dejará de resaltar las patologías y las deficiencias de las personas, dando paso a
opciones de participación, dentro del marco del respeto de los derechos humanos.

Es muy importante considerar en este modelo, que la discapacidad no es un atributo


que le pertenezca solamente la persona sino que es un conjunto de condiciones que
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están finalmente creadas por un contexto social donde se impide la participación o el
acceso a un grupo de personas. De esta manera se requiere incluir una serie de
modificaciones y adaptaciones para que sea posible está participación plena en la
totalidad de las áreas de la vida en comunidad, incluso muchos de esos cambios estarían
relacionados con los derechos humanos.

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Conclusión
Al terminar esta semana, que nos introduce en el mundo de las Discapacidades,
hemos aprendido que existen paradigmas para comprender este fenómeno, que se han
transformado, junto a otros cambios sociales profundos a lo largo de las distintas etapas
de nuestra historia. Hemos pasado desde la completa exclusión hacia un enfoque
inclusivo, que piensa en los derechos de todas las personas. Aun así, nos damos cuenta
de lo difícil que es para los seres humanos el convivir con otros, el coexistir sin generar
situaciones de discriminación. Sin embargo, nos estamos enfrentando a la diferencia de
una manera distinta. Hoy día la diversidad tiene un mayor valor y eso se ve reflejado en
este material.

Se espera que, al haber leído este texto descriptivo, las propias expectativas que se
tengan sobre las personas con discapacidad sean altas. En semanas posteriores
podremos aprender sobre la discapacidad intelectual, evaluación integral en relación a
la perspectiva multidimensional, los apoyos, causas y clasificación. También,
profundizaremos en la inclusión a través de la diversificación del currículum y la
intervención en el aprendizaje y en el entorno cercano, con lo cual podremos generar
estrategias apropiadas a cada necesidad, acordes a la edad de dichas personas,
dejando de verlas como seres infantiles (como sucedía en tiempos pasados).

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