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América
Vicenta Mamani: "Muchos valores cristianos ya estaban presentes en la cultura
indígena"
"Somos las mujeres las que hacemos la labor de servicio en la Iglesia" Vicenta
Mamani: "Muchos valores cristianos ya estaban presentes en la cultura indígena"
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28.01.2016
(Luis M. Modino, corresponsal en Brasil).- Mujer, indígena y teóloga son
categorías que aparentemente resultan difíciles de combinar. Ese es el caso de
Vicenta Mamani Bernabé, mujer aimara de la Iglesia metodista, formada en
teología y que actualmente es rectora del Instituto Superior Ecuménico Indígena
de Teología de La Paz (Bolivia).
En esta entrevista la teóloga aimara nos ofrece una visión sobre los retos que va
encontrando en su labor cotidiana, sobre las cosmovisiones de los pueblos
originarios andinos y su relación con el cristianismo, ayudando a entender su
interrelación y cómo puede darse un mutuo enriquecimiento.
¿Cuál es la misión que pretenden llevar a cabo en el Instituto que usted dirige?
Es un lugar donde se forman técnicos superiores en Ciencias de la Religión y
Teología, para que hombres y mujeres puedan prestar servicios en las Iglesias, en
las organizaciones sociales y en la misma sociedad.
En el Instituto se desarrolla el programa bíblico pastoral, que organiza grupos de
laicos y laicas en las Iglesias locales para capacitar en temas de Biblia, género y
otros temas, así como la formación de diplomados en temas de tierras altas y
tierras bajas y la formación de profesionales que trabajan en las instituciones y
ONGs. Ofrecemos conferencias públicas, talleres y encuentros sobre diferentes
temas. El eje transversal de la institución es el tema de género, la interculturalidad
o diálogo interreligioso, teología de la Creación, descolonización teológica religiosa
y espiritualidades ancestrales.
¿Cómo se conjuga ser mujer indígena y teóloga? ¿Es difícil entrar en el mundo de
la teología desde la condición de mujer indígena?
El estudio de teología era reservado para los varones y ahora en los institutos y
universidades teológicas poco a poco las mujeres vamos ingresando en esta área
de formación, pero no es fácil estudiar en un ambiente machista, androcéntrico y
de paso el estudio de teología no es económicamente rentable, uno estudia por
vocación, por compromiso de prestar servicio en las Iglesias, sabiendo que somos
las mujeres quienes hacemos mayormente el trabajo de servicio.
No sólo estudiar como ocupar lugares de responsabilidad. ¿Es difícil ocupar los
lugares que siempre fueron ocupados por los hombres?
El Instituto donde trabajo ya tiene veintiún años de existencia y en todo este
tiempo siempre han sido varones los que han dirigido la institución. Pero ahora
estoy en ese cargo de rectora y es un desafío muy grande para poder llevar
adelante esta institución. Y como mujer pienso que estoy afrontando muchos
problemas internos y también con la confianza de que va a salir adelante. Tengo
apoyo de mis compañeros de trabajo, de la junta directiva, de muchos socios y
socias de la institución para que vaya adelante.
Entre los pueblos originarios latinoamericanos y el cristianismo y sus tradiciones,
¿cuáles son las semejanzas y diferencias?
Los pueblos andinos, en este caso la cultura aimara, podemos decir que no
podemos dejar de ser aimaras para ser cristianos y cristianas. Tenemos que
seguir siendo aimaras, hombres y mujeres. Muchos valores que leemos en la
Biblia, amar al prójimo, visitar al que está enfermo, solidarizarse con el hermano y
hermana, todos esos valores están presentes en la cultura aimara. Acompañar a
nuestro hermano y hermana en sus dificultades en la comunidad, hay que reír con
los que ríen, hay que llorar con los que lloran, si una persona está enferma en la
comunidad hay que ir a visitar, si alguien pasa hambre también hay que
solidarizarse con la comida, si alguien no tiene ropa hay que desprenderse de uno
mismo y darle, cuando hay trabajos comunitarios allá hay que estar como un solo
hombre y como una sola mujer, si alguien se casa allá hay que estar todos
festejando y si alguien fallece también hay que participar allá para despedir a la
persona. Entonces, todos estos valores humanos comunitarios son valores del
Evangelio para mí, se complementan, los valores del Evangelio fortalecen la
vivencia aimara.
Esa relación con las fuerzas de la naturaleza, que está tan presente en las
tradiciones y en las espiritualidad andina, ¿qué es lo que significa para los
aimaras?
Para nosotros esta Pacha, el universo, la naturaleza, la Pacha Mama es nuestra
Casa Grande, es el Templo de Dios, y ahí la Pacha Mama es nuestra madre que
nos da de comer. Aquí encontramos las plantas, el agua, los animales. Todo
cuanto existe en la naturaleza tiene vida, tiene espíritu y, por lo tanto, convivimos
como hermanos y hermanas de la naturaleza, si se quiere como hijos e hijas de la
naturaleza. Pero los seres humanos no podemos sentirnos superiores a la
naturaleza, sino que nosotros somos una parte de esos seres que existen como
sujetos en la naturaleza. Nos relacionamos con los bienes de la naturaleza como
sujetos, de sujeto a sujeto, no vemos como objetos a las cosas de la naturaleza.
¿El cristianismo ha conseguido inculturarse en la tradición aimara, en la tradición
de los pueblos andinos?
El pueblo andino ha sabido apropiarse de muchos elementos cristianos que están
a favor de la vida de nosotros. La Biblia, la Cruz, las oraciones y otros símbolos y
otros valores del Evangelio están ya integrados en nuestras vidas. Todo lo que no
atenta contra nuestras vidas está apropiado.
¿Cómo es la convivencia entre las diferentes confesiones cristianas y la tradición
aimara?
Las Iglesias cristianas en su mayoría siempre predican un mensaje en el que ellos
son portadores de la verdad y por lo tanto, en muchos casos dividen a las
comunidades. En una comunidad están los metodistas, la Asamblea de Dios, la
Iglesia católica y otras comunidades religiosas. A veces no convoca a la unidad,
sino a la división, y eso no está bien.