Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
Lo que pueden los derechos:
universidad y politica
latinoamericana
Sebastidn Torres1, Desde Cartagena...
La Conferencia Regional de Educacién Superior (CRES) de 2008, realizada en
Cartagena de Indias, establece una serie de principios orientadores para las politi-
cas de educacién superior en América Latina y el Caribe, cuya radical novedad se
encuentra en su primer postulado:
La Educacién Superior es un bien pablico social, un derecho humano y universal y
un deber del Estado. Esta es la conviccién y la base para el papel estratégico que debe
jugar en los procesos de desarrollo sustentable de los paises de la regién.
‘Un conjunto de conceptos de alta densidad politica ¢ histérica se traman para
abrazar un proyecto de universidad que recoge las expectativas de un proceso de
transformacién latinoamericano, representado por una amplia serie de polfticas
levadas adelante por muchos Estados de la regién. El desértico horizonte de un
mundo posemancipatorio que abre el siglo XXI, dominado por el capitalismo
neoliberal, en Latinoamérica encuentra una resistencia y una alternativa. Dificil
de asignarle una denominacién comin sin dejar de considerar las diversas iden-
tificaciones politico-ideolégicas sobre las que cada uno de los gobiernos se cons-
truyé como alternativa, seré una voluntad comin concretada en la construccién
de un discurso regional e institucionalizada en diferentes politicas nacionales e
instancias internacionales lo que hace a Latinoamérica un nombre que busca con-
jurar una geografia dramética. El documento de la CRES es una de esas politicas.
37Sebastian Torres
Entre los diferentes aspectos que componen las maneras en que se fue te-
jiendo la situacién de cada uno de estos gobiernos,' una presencia que atraviesa
a cada uno de ellos y establece algunos de sus vasos comunicantes esté ligada a
una “politica de los derechos” como parte de un proyecto emancipatorio. Cudl
sea la genealogia de los derechos en cada una de las tradiciones y legados polfti-
cos sobre los que se construyen los discursos nacionales excede las posibilidades
de este texto (Rinesi, 2013; Zaffaroni, 2012), pero lo cierto es que més alld de
las diferencias, existen denominadores comunes para entender la particularidad
de una politica que, por otra parte, ha representado uno de los principios ba-
sicos del universalismo occidental: se encuentra ligado a la restitucién de una
democracia -luego del terrorismo de Estado~ que no ha logrado responder a
las diferentes formas de desigualdad que trazan la historia latinoamericana, en
particular —pero no solamente~ en relacién a la cuestién social (por ello la cen-
tralidad de los derechos sociales, ampliados y resignificados); frente a la crisis
de representacién y Ja erosién del Estado, hace posible una rearticulacién ~no
exenta de tensiones entre el empoderamiento del Estado y el empoderamien-
to de diversas subjetividades politicas; sin contornos preestablecidos ni limites
fijos, la pluralidad de los derechos permite reunir politicas de restitucién, re-
conocimiento, ampliacién e invencién de nuevos derechos (Abdo Ferez, 2014-
2015); la politica de los derechos es una respuesta a la hegemonta neoliberal,
que considera a los derechos un limite para la competencia en el libre mercado,
el lugar de la falla del intervencionismo estatal y, cada vez mds recurrentemente,
Jos presenta como la perniciosa ficcién que hace creer a los ciudadanos sobre la
posibilidad de una serie de demandas de igualdad.?
La idea-fuerza de la declaracién de la CRES, que enuncia a la educacién
superior como un derecho humano y universal, aunque en apariencia no re-
sulte innovadora, se inscribe en este horizonte de la politica latinoamericana.
1, Nos refetimes a les goblesnas que inciane!sigio XX! latinoamericano: Evo Morales en Bolivia, Luz inécio Lule da
Silva en Bras, Rafeel Correa en Ecuados, Hugo Chdver en Yenezuela, Néstor Kirchner en Argentina, Taberé Vazquee
en Uruguay y el poco recardada Fernando Lugo en Paraguay, derrocado por el primer colpe institucional deta region
2, fste aigumente la pademos encontrar desde las toscas declareciones del economista Javier Gonaéler Fraga “Le
hicieron creer al empleado medio que posta comprar celularese ise al exteros” (Clin, 27/05/2016) hasta fas mds
‘medltadas” retlexiones del histonador Luis alberto Rometo,cuya sintesis fa pone en las palabras de ote istoiad,
Tullo Halperin, “cuando sugiié.que el Iegada més perdurable del peronismna ha sido una sociedad habituade a vivir
por encima de sus posiblidades" (clon, 28/07/2018). Frases que, lejos de una crtca al consurnismo capitalist,
mas bien expresan a idea de que es hicieron creer que Argentina podta ser une sociedad democrdtica e iqualtaric,
38Lo que pueden los derechos: universidad y politica latinoamericana
Mas que en los fundamentos modo canénico de racionalizar los derechos~, es
en sus efectos donde se puede trazar y entender ese mapeo de las relaciones de
dominacién, discriminacién y exclusién sedimentados en nuestras sociedades,
que los derechos visibilizan y politizan.
2. Entre el derecho y el mérito
La Declaracién Universal de los Derechos Humanos, de 1948, en el articulo
referido al derecho a la educacién, contiene las tensiones —hasta el punto de la
contradiccién- entre dos reconocibles concepciones de los derechos: por una par-
te, la ampliacién de los modernos derechos individuales, proclamados en la De-
dlaracién de los Derechos del Hombre y ef Ciudadano, de 1789; por otra parte,
los denominados derechos sociales. No suele recordarse, sin embargo, que es en
la corta vida de la Declaracién jacobina de 1793 donde se consagran por primera
vez algo préximo a lo que luego se denominaran derechos sociales. En su articulo
21 establece los principios de asistencia y seguridad social: “la asistencia social es
una deuda sagrada. La sociedad debe asegurar la subsistencia de los ciudadanos
desprotegidos, ya sea procurandoles un trabajo, ya sea asegurando los medios de
existencia a los que no estén en condiciones de trabajas”; y en el articulo 22 los
principios de necesidad de la educacién: “la educacién es necesidad de todos. La
sociedad debe esforzarse al maximo para favorecer el progreso de la razén publica,
y poner la educacién pablica al alcance de todos los ciudadanos”.
En la declaracién de 1948, el derecho a la educacién claramente se inscribe en
a parte correspondiente al corpus de los derechos sociales, considerados derechos
de igualdad. El articulo 26, dedicado al derecho a la educacién tanto inicial como
superior, muestra sin embargo todas las tensiones propias de estas dos tradiciones
de los derechos, los que consagran igualdad a partir de las libertades, y los que
consagran libertad a partir de la igualdad. Como veremos, esta tensién va més
all4 del argumento de la condicionalidad de los derechos sociales, considerados
dependientes de las economias estatales y de su interaccién con el mercado.
La disputa sobre los derechos sociales, cuestionados por parte de la tradicién
liberal como contrarios a los derechos individuales, discutidos en su status de
“fundamentales”, interpretados como derechos condicionados (frente a los de-
rechos individuales que son considerados incondicionades), hoy se ve absorbida
hasta su disolucién por la gubernamentalidad neoliberal. La imposicién absoluta
39Sebastian Torres
del sujeto de interés por sobre el sujeto de derechos, incluso de la serie de derechos
civiles y politicos liberales, muestra también, por via negativa, el fracaso en tratar
de establecer a partir de una diferencia ontolégica 0 normativa, la relacién entre
individuo y sociedad (Foucault, 2007).
Desanudar la gramatica del derecho a Ia educacién superior pone en evi-
dencia la manera en que una serie de tensiones involucra a la universidad, en su
historia y en su presente, operando sobre su lenguaje y sus précticas. Por caso, la
centralidad del concepto de autonoméa, claramente ligado a una raiz que se aferra
en lo més profundo al paradigma del derecho individual, derechos de libertad o
independencia, que en Ia tradicién liberal dominante refieren a la ausencia de la
interferencia externa de un tercero, en este caso aplicado al sujeto juridico que es
la institucién universitaria. Pero también, hoy sometido a una cuasi identificacién
con una maximizacién de la libertad que abraza el libre juego de los intereses
como su més auténtica expresién.
El cuestionamiento a los derechos sociales adopta una doble via. Por una
parte, porque demandan una activa intervencién del Estado, en la medida en que
no dependen solo del ejercicio individual, aunque el conjunto de los derechos es
considerado derecho subjetivo. Tal es la novedad frente a la declaracién de 1789,
porque por primera vez el Estado se convierte en sujeto de deberes (Nun, 2000:
45). Esta observancia propia de la tradicién liberal, que encuentra en la igualdad
formal el limite normativo a la interferencia real del Estado, se ve radicalizada y
transmutada por una segunda via de la critica: “hacen creer” a los individuos que
son iguales.
No deberfa extrafiarnos que las tensiones entre la igualdad de los derechos y
las diferencias de las capacidades se plasmen en el articulo 26 la declaracién de
1948 dedicado a la educacién. Veamos el inciso 1, que serd el nicleo de nuestro
andlisis:
Toda persona tiene derecho a la educacidn. La educacién debe ser gratuita, al menos
cen Jo concernicnte a la instruccién elemental y fundamental, La instruccién elemental
scrd obligatoria, La instruccién técnica y profesional habr& de ser generalizada; el acceso
a los estudios supcriores ser igual para todos, en funcién de los méritos respectivos.
El derecho a la educacién establece la obligaroriedad de la educacién elemen-
tal y fundamental y, por consiguiente, su gratuidad. Es de acuerdo con estas dos
cualidades que la educacién elemental se convierte en un deber del Estado, en un
40Lo que pueden los derechos: universidad y politica latinoarnericana
doble sentido: esta legitimado para exigir el cumplimiento de la norma de obliga-
toriedad y por ello esta obligado a garantizar su acceso gratuito. Es por la légica
que se da entre todos estos términos, obligatoriedad y gratuidad, que podemos
decir propiamente que la educacién es un derecho universal, igual para todos y
garantizado por el Estado.
{Qué sucede con Ia educacién superior? Esta resulta condicionada a otro
principio. La educacién superior no es obligatoria para los individuos, correspon-
de a la libre eleccidn, que es también un derecho, y por tanto de alli se deduce
que es otro el deber del Estado. {Qué le corresponde en esta situacién al Estado?
La expresién “deberd ser generalizada” es mas que ambigua: se ha aceptado co-
miinmente que al Estado le corresponde ofrecerla para todos y regularla, aunque
la omisién de su gratuidad resulta un problema si inscribimos todo esto en la
garantia de un derecho social y cultural. Asi, en primer lugar, de la razonable no
obligatoriedad se deduce la justificable desvinculacién del Estado en Ia garancia
de gratuidad, situdndola completamente en la esfera de la libertad individual. En
segundo lugar, la igualdad, concepto denso en los derechos sociales, aparece en
una segunda instancia, ligada a un condicionante estrechamente vinculado a la
idea liberal de libertad y transformada en el principio genético del neoliberalismo:
el mérito. “El acceso a los estudios superiores ser igual para todos, en funcién de
los méritos respectivos”, nos dice también de qué manera se instituye un tejido
que va formando la trama entre las libertades y Ia selectividad una concepcién
particular de las libertades— como gramatica social y universitaria.
La no garantia de la gratuidad pone el limite material que el estableci-
miento de los “méritos necesarios” fija en términos de selectividad social. Sobre
estos dos condicionantes se instituye histéricamente la universidad y perfila su
ideologia y sus pricticas, El sistema anglosajén es el modelo paradigmatico de
tal ensamble (més préximo a nosotros, el sistema chileno), y es e! Laboratorio
del sistema que avanza exitosamente homogeneizando diferentes tradiciones
universitarias, en el momento en que las politicas neoliberales de reduccién del
Estado y mercantilizacién de la educacién se imponen en todo el globo. No
serd casual que inmediatamente después de la conocida Reforma de Bolonia,
de 1999, la declaracién realizada en el 2001 por la Organizacién Mundial del
Comercio (OMC) proponia que la educacién superior se incluyese dentro de
los servicios regulados por el GATS (Acuerdo General sobre el Comercio de
Servicios), segtin las normas del libre comercio (Brovetto, 2002).
aSebastian Torres
En el sistema argentino la “gratuidad” de la educacién universitaria fue esta~
blecida en 1949 por el gobierno peronista y posee rango constitucional (Etchi-
churi, 2010). A esa fundamental reforma se le sumaron una numerosa serie de
politicas puiblicas levadas adelante entre 2003 y 2015, haciendo més factible y
efectivo el acceso igualitario a la educacién superior (Rinesi, 2015). Sin embargo,
estas politicas no dejardn de enfrentarse con los problemas propios de un ethos
universitario cuya cultura est casi exclusivamente ligada a una compleja Idgica de
Jas libertades que se rife histéricamente con las ldgicas de la igualdad. Las impli-
cancias del derecho de universidad, van més allé de las politicas que los Estados han
podido cumplir con relacién a efectivizar los derechos sociales, actualmente en
un abierto y declarado retroceso; afecta a la organizaci6n y representacién, tanto
social como académica, de lo que la universidad es y cudles son sus fines.
Los argumentos econémicos arrastran sentidos que son més que circunstan-
ciales, sean los estatales sobre el gasto publico o los ciudadanos sobre el destino
de sus impuestos, en general contradictorios con un discurso puiblico que nunca
abandoné la idea de que la educacién es el principal pilar y motor de la moderni-
zacién y el desarrollo. Lo que sucede de hecho en las universidades —concédaseme
el sentido argumentativo de la generalizacién— es que instrumenta esa genera-
lizacién a partir de operadores que restituyen una distancia, en muchos casos
insalvable, entre lo que se supone es la garantia de un derecho tendencialmente
universal y las membreciasa partir de las cuales se puede ingresar a una comunidad
donde ese derecho es reconocido: imperium in imperio, la universidad recrea una
segunda naturaleza, una excepcidn a las formas a partir de las cuales podemos
imaginar la vida social. Es este motivo el que nos proponemos explorar, a partir
de la légica ligada a la mitologia de la seleccién natural y el éxito social, afirmada
en la gramética del méritos que entendemos nos posibilita analizar la compleja
relacién entre educacién superior y derechos sociales, la novedad y potencia de
Ja declaracién de la CRES 2008 y, no menos fundamental, lo que podemos ima-
ginar esté implicado en lo que hemos denominado una politica de los derechos.
Mirados los derechos desde el derecho a la educacién, la cuestién no atafie al
clasico problema de la fundamentacién de los derechos 0 incluso a la discusién
entre derechos formales y sustantivos: nos plantea si el derecho a la educacién
~como cualquier otro derecho, pero aqui segtin una légica particular— nos hace
miembros iguales de una comunidad que debe atender a las diferencias que obs-
truyen la igualdad (y, por extensién, Idgicamente también la libertad), o supone
una pertenencia previa, una cualidad preexistente, la posesién de un conjunto x
aLo que pueden los derechos: universidad y politica latinoamericana
de propiedades individuales que hace posible que podamos ser reconocidos como
iguales, como sujetos de derechos y como miembros plenos de una comunidad
politica: tal es la cuestién democnitica a partir de la que el derecho a la educacién
superior interroga a la universidad. La cuestién del derecho de universidad expresa
el momento latinoamericano, a manera en que este recupera y reinventa el lega-
do de la Reforma Universitaria de 1918 (Rinesi, 2018).
Es necesaria una discusién sobre las formas y contenidos de los derechos hu-
manos y de los derechos en general, sabiendo que la intetlocucién no es solo ni
principalmente con la tradicién liberal. El supuesto de la “igual libre eleccién,”
que se encuentra en el cardcter “fundamental” de los derechos individuales y que
también habilita una serie de condicionantes que no permiten considerarla como
un presupuesto sin més, ha devenido en un realismo antropoldgico donde el
estratégico sujeto de interés se impone por sobre el reflexivo sujeto de derechos
como una indiscutible verdad. La larga historia de la critica a los derechos del
hombre ha insistido sobre los Ifmites inscritos en el presupuesto del individualis-
mo, pero pocas veces atendié a la larga genealogfa en la que Ja actual hegemonia
neoliberal encuentra clasicos operadores y produce nuevas tecnologias para una
conversién casi automitica de los derechos en privilegios. Las palabras de Weber
son un iluminador punto de parti
Ja més sencilla observacién muestra que en todos los contrastes norables que se mani-
fiestan en el destino y en la situacién de dos hombres, tanto en lo que se refiere a su
situacién econémica 0 social como en cualquier otro respecto, y por evidente que sea
el motivo puramente “accidental” de la diferencia, cl que esté mejor situado siente la
urgente necesidad de considerar como “legitima” su posicién privilegiada, de consi-
derar su propia situacién como resultado de un “mérito” y la ajena como producto de
una “culpa” (Weber, 1969: 705).
3. Contra el mérito
La UNESCO es uno de los escenarios que han promovido un espacio de
discusién entre diferentes modelos de educacién superior, que espera orientar
las politicas generales de los estados miembros. En la Declaracién Mundial
sobre la Educacién Superior en el siglo XXI, de 1998 profundiza el sentido y
2Sebastian Torres
Ja funcién de la educacién superior y su importancia para el desarrollo social
y cultural. En més de una cita, esta declaracién encuentra su fundamentacién
en la declaracién del 48 y la interpreta en un sentido no muy extrafto alo que
podemos desprender de ella. Asi, en el articulo 3, clave en cuanto trata de la
igualdad de acceso, establece en su parrafo 2):
De conformidad con el parrafo 1 del Articulo 26 de la Declaracién Universal de De-
rechos Humanos, ef acceso a los estudios superiores deberta estar basado en los méritos,
1a capacidad, los exfuerzos, la perseverancia y la determinacién de los aspirants y, en la
perspectiva de la educacién a lo largo de toda Ia vida, podré tener lugar a cualquier
edad, romando debidamente en cucnta las competencias adquiridas anteriormente
En consccuencia, en el acceso a la educacién superior no se podré admitir ninguna
disctiminacién fundada en la raza, cl sexo, el idioma, la religién o en consideraciones
ccondmicas, culturales o sociales, ni en incapacidades fisicas (la cursiva es nuestra).
La declaracién, realizada un afio antes de la Reforma de Bolonia, parece
contener la compulsa entre la no necesariamente contradictoria igualdad liberal
y la diferenciacién neoliberal. Por una parte, sostiene que no existe motivo al-
guno que justifique la exclusién de nadie en el ingreso al sistema educativo su-
perior resultado de una clasificacién de los individuos o grupos humanos, cual
sea esta. Pero, por otra parte, refuerza y despliega toda una serie de caracteres
individuales que son la condicién de tal derecho: mérito, capacidad, esfuerzo,
perseverancia, determinacién. ;Por qué resulta necesario, en una declaracién
con pretensiones universalistas, insistir en la condicién del mérito —y la serie
de cualidades afines-? ;Qué esta contenido en este desplazamiento del sujero
formal de derechos a la subjetividad que promueve y produce sobre la base de
la distincién social individual?
El mérito es un concepto polisémico y pose una larga historia (Garcia Civico,
2006). Clisicamente esta asociado a la idea de justicia segyin la maxima “a cada cual
Jo que le corresponde”. Pero es en la modernidad donde aparece como un operador
fundamental, Iégica que establece la medida de la compleja relacién entre los prin-
cipios de igualdad y libertad: un criterio que —contra las prerrogativas estamentales
del Antiguo Régimen— se liga al acceso a las instituciones pablicas, principalmente
las funciones estatales y la educacién (asi como al vinculo entre ambas), pero tam-
44Lo que pueden los derechos: universidad y politica latinoamericana
bin comienza a definir las vireudes del homo economicus.? {Como es posible explicar
y justificar la diferencia social dentro del nuevo régimen de la igualdad?
La gramdtica del mérito es consustancial a la educacién (Duru-Bellat, 2009),
a su funcién social y particularmente a la universidad, pero la permanencia del
término no debe ocultar Jos diferentes procesos histéricos en donde ha encontra-
do su sentido, poder y raigambre en los procesos de racionalizaci6n modernos:
desde el clasico procedimiento de igualacién republicano frente a los derechos
estamentarios, pasando por la légica liberal de la igualdad de condiciones del
punto de partida cuya realidad se despliega en el desarrollo de las capacidades en
un sistema de competencias, a la subjetividad neoliberal del agente emprendedor
que hace de si mismo una empresa, En todos los casos hablamos del “comercio de
la virtud”, que ha puesto en juego diferentes relaciones de intercambio entre las
identidades y los bienes sociales, discurso y Idgica social ¢ institucional que rifie
con la idea de igualdad y ha puesto limites concretos a los derechos concebidos
como un bien comin. El mérito es, en resumen, la manera en que se justifica la
desigualdad social en una sociedad que se considera igualitaria,
El mérito no es sinénimo ni de evaluacién ni de excelencia, dos componentes
de los sistemas educativos que arrastran criticas y revisiones alo largo de la historia.
El mérito, por lo tanto, no es sinénimo de “criterio”, es un tipo especifico de cri-
terio que tiende a sustraerse de toda revisién reflexiva para constituirse en matriz
de una idea de educacién, El mérito tampoco se desprende de los deberes, como
en muchos casos suele pensarse: una forma de reconocimiento para aquellos su-
jetos que no solo son pasivos receptores de derechos sino activos ciudadanos que
transforman esos derechos en bienes, individuales y sociales. Pero esta concepcién
ignora dos cosas: en primer lugar, que los derechos son el resultado de histéricas
3. A pesar de las diferencias ene la primera declaraciin de 1789 y fa segunda declaacién jacobina, sobre sus
‘endencies més liberals e gualitarias,individueles y sociales, burquesas yrevolucionaras, a tensi6n ene iqualdad
yy meésito se encuentra en ambas y es catactristca de tas teorias modemas sobre ls derechos, puesto que emanan
cde dos princpios caves a a idea misma de educaciéndustiada: la razény fa iqualdad. As, el at. 6 de fa Gecaracidn
cde Derechos del Hombre y del Cudadano, de 1789 dice “La ley es lo expresién de la voluntad general. Todos los
udadanos, al ser iguales ante ela, son iqualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos pabicas,
seatin su capecidad y sin ota disincin que fa de sus vitudes y le de sus talentos”, principio del merito cuye
concitacién con ta gualdad natural declarada en el art 1 se propone a partir dl principio de igualdad fora como
igualdad ante la fey, aunque ineluso antes es modulada por la segunda lines del at. 4: “Las dstinciones sociales
solo pueden furdarse en la utlidad conan", Une comprension de ls gramtica del mérte requiere, por tanto,
considerar la relaién que se establece en la tlada iberiad-saber-qualdad que toca directamente a la cuestion de
la univessidad,
45Sebastian Torres
luchas sociales, y que en un momento determinado logren su incorporacién en
un sistema normativo no los convierte en pasivos, por el contrario, dependen
plenamente de su cuidado y defensa frente de las dindmicas desdemoctatizadoras
presentes en nuestras sociedades; en segundo lugar, que el mérico no es un pre-
mio a los deberes activos que resultan la contraparte de los derechos pasivos, por
el contrario y como ya lo hemos sostenido, son el dispositivo de diferenciacién
que tiende a neutralizar los efectos de igualdad transformando los derechos en
privilegios. Pero los derechos no se merecen individual 0 corporativamente, y no
por motivos de un igualitarismo formal, sino porque se conquistan y sostienen
colectivamente a partir de una idea de justicia que se pretende universalizable.
Més alld de las discusiones, todavia fundamentales, sobre la idea de autono-
mia universitaria fundadas en la autonomia del conocimiento, en lo que toca a
sus efectos discursivos concretos, no puede ser traducida en términos de ciuda-
danfa pasiva y activa, de igualdad de oportunidades y diferencia en los méritos.
El resultante del mérito como criterio rector del derecho a la educacién superior
cataliza una doble valencia ligada a la modulacién actual de la diferenciacién so-
cial: un clisico sistema de membrecia, pero que ya no excluye por lo que se ¢s, sino
por lo que por propia falta no se ha llegado a ser. La universidad borra su marca
como sujeto de exclusién, configurando una subjetivacién en la autoexclusién
por falta de
mérito). Asi, lo que se constituye como subjetividad universitaria, de los mérivos
(por carencia de capacidad, esfuuerzo, perseverancia y determinacié
para ingresar, permanecer y alcanzar las metas con éxito, no se visualiza como un
modelo a priori, sino como el resultado natural de quienes se hacen a si mismos
segiin hayan sabido aprovechar sus capacidades y oportunidades. La no tan nueva
légica del mérito es aquella del individuo emprendedor, que desafia las contin-
gencias del nacimiento y logra alcanzar exitosamente el ser universitario.
La declaracién de la UNESCO demuestra su voluntad de inclusién, que se
aclara permanentemente atendiendo incluso a la figura que ha despertado mas
de una polémica~ de la denominada “discriminacién positiva”. Ast, el pérrafo d)
promueve facilitar el acceso a miembros de grupos especificos (pueblos origina-
ios, minorfas culturales, personas con discapacidad, etc.) y le dedica un articulo
especial, el N° 4, a la promocién del acceso a las mujeres. Pero insiste y aclara, en
una linea siguiente a esta expansién de la idea de no discriminacién: “establecer
un sistema educativo equitativo y no discriminatorio, fundado en el principio
del mérito”. Bastarfa recuperar aqui las fundamentales discusiones y demandas
reabiertas y reinventadas por el movimiento feminista y los colectivos de mujeres
46Lo que pueden los derechos: universidad y politica latinoarnericana
para desmontar el modo en el que las instituciones truecan el ser con el poder,
amparadas en la légica del mérito. Asi, la demanda de derechos es la demanda de
una transformacién social, que discute la insuficiencia de la légica liberal a partir
de la cual la igualdad de derechos ha sido articulada con el sistema de diferen-
cias sociales, en una larga tradicién que, de Locke y Kant a Hayek, sostiene la
igualdad exclusivamente como un principio formal (la igualdad ante la ley) cuya
\inica garantia tiene que ser iguales derechos en el “punto de partida’; “igualdad
de oportunidades’, poética de la sociedad que se menta segiin un régimen de
competencia que soslaya que su resultado no es mds que la afirmacién de las des-
igualdades de su devenir.
Al interior del liberalismo se discutiré cudles y cudntos puntos de partida
igualitarios pueden garantizarse sin interferir en las libertades individuales, pero
no se objetard la légica en cuanto tal. Es justamente lo que vemos en el articulo 26
de la declaracién del 48: si consagramos como derecho universal Ja educacién bé-
sica, podemos perfectamente aplicar luego el criterio del mérito como principio
de diferenciacién para la educaci6n superior, segtin una retorica de las apariencias
que asume la igualdad de condiciones y la diferencia de las capacidades como
parte del desarrollo de las libertades individuales, y quedarnos tranquilos frente
a las razones de las desigualdades posteriores. Pero la libertad neoliberal no solo
se afirma en el cardcter negativo propio del liberalismo, como ausencia de impe-
dimentos externos; se configura como un modo de subjetivacién positivo, que
comprende el maximo desarrollo individual de las competencias que permitan la
selectividad social que define al sujeto exitoso y, por extensién, la productividad
misma del sistema.
La légica argumentativa meritocrética no solo asume como valido un criterio
de justicia que pretende mediar entre la garantia de una igualdad formal y la li-
bertad individual, de donde resulta la distribucién de bienes, lugares y funciones
presuntamente no afectados por criterios discriminatorios. También construye
una imagen de la institucién que coloca las formas de exclusién como prejuuicios
sociales externos a la universidad, que esta debe solo limitarse a no reproducir:
Jo que no se cuestiona es que la universidad es una institucién social como otras,
que tiene una cultura propia (idiosincratica, pero también pedagégica y estatuta-
ria) no exenta de mecanismos de exclusién. Es tanto la dimensién objetiva como
subjetiva del mérito Ia que, ademés de reproducir, produce formas de inclusi6n-
exclusién que le son propias. Asf, partiendo sin cuestionamientos de su cardcter
ilustrado democratico, la universidad no solo se afirma en un criterio de justicia
a7Sebastian Torres
no cuestionado y promueve modos de subjetivacién basados en la seleccidn, sino
que también pone fuera de si los retardos de la exclusién segtin prejuicios 0 ideo-
logias provenientes de la ignorancia y la incultura, recteando la imagen de un
“otro” con el cual debe mantener una relacidén diferencial, con distancia y ante
el cual siempre debe protegerse: la sociedad y el Estado, los muchos y el poder, y
paradigmaticamente el poder de los muchos en el Estado.
Pensada desde esta perspectiva, Ja declaracién de Cartagena, que no utiliza
en ningtin momento el concepto ni la idea de mérito, dota a la idea misma de
derecho a la educacién superior de una novedad y radicalidad sin precedentes, y
a la vez se sabe depositaria de un histérico legado de luchas que se recogen en ese
llamado a un proyecto de integracién latinoamericano.
4. Todos los derechos son sociales
Pensat, promover ¢ imaginar el derecho a la educacién superior, va més alld
de adicionar un derecho individual mas a la lista de derechos defendibles. Nos
permite discutir y descubrir los alcances y posibilidades histéricas de una politica
de los derechos que va ampliéndose a otros escenatios sociales y, en particular, a
aquellos que implican a las instituciones ptiblicas. En esa tensién que hemos in-
tentando mostrar, la educacién superior es la ocasién paradigmética para analizar
las pretendidas paradojas y contradicciones entre los derechos individuales y los
derechos sociales. Una tensién que no se resuelve decidiendo si la colocamos de
un lado u otro de ese corpus normativo, sino discutiendo la distincién como tal y
desactivando los operadores que surgen de ella, como el mérito.
Todos los derechos son sociales. Resultados de diferentes luchas a lo largo
de la historia, son una pluralidad, La pluralidad es consticutiva de su propia tra-
ma material y simbélica. No presuponen su representacién en un sistema y su
valencia politica no depende del a priori de su traductibilidad inmediata en un
marco normativo exento de tensiones. Su irreductibilidad a un sistema juridico
determinado no esté dada -0 no solamente- por el principio indeterminado de
justicia que expresan, sino porque esa pluralidad se resiste a conceder un equiva-
lente general de todos los derechos, una reductio ad unum (como el derecho a la
vida, a la libertad, etc.) que haga posible una aritmética juridica que resuelva su
orden, jerarquia y relacién. Se trata de reconocer en esa pluralidad relaciones que
son potencialmente conflictivas tanto como compositivas: no es una pluralidad
48Lo que pueden los derechos: universidad y politica latinoamericana
“irrepresentable”, sino una representacién de relaciones sociales que exponen el
poder social en sus diversas formas, en sus antagonismos, sus relaciones de domi-
nacién, sus experiencias institucionales y culturales de construccién de lo comtin.
Obliga, por tanto, a imaginar nuevas formas de institucién: transitar del estado de
derecho al estado de dos derechos, de la autonomfa y cogobierno ~en la institucién
universitaria~ al derecho de universidad.
Todos los derechos son sociales porque los derechos expresan una relacién: no
son propiedades individuales ni pueden ser trocados en capacidades. No hacer
referencia, en primera instancia, ni a un yo preexistente ni a un nosotros preexis-
tente, sino a una relacién posible con los otros (que es constitutiva del yo y de
Jos nosotros). Considerados en su pluralidad, cada derecho se liga con otro como
Jos hilos de una trama cuyo tejido no tiene centro ni periferia, ni supone una
relacién causal necesaria. Cada derecho, que es una relacién, al anudarse con uno
y otro derecho, afecta y es afectado en su composicién y sentido: trazan vinculos
no exentos de opacidades y desacuerdos, porque ningin derecho se mantiene
incélume cuando se liga a otros. Asi, cuando un “nuevo derecho” es incorporado,
reconocido, incluso ya desde el plano de las luchas (previo a su posible insticu-
cionalizacién estatal), cambia también el conjunto de los derechos, traza nuevas
relaciones, contenidos y posibilidades. Posiblemente no haya que buscar un con-
tenido intrinseco al derecho de universidad, sino explorar las nuevas tramas que
abre hacia otros derechos y los nuevos derechos que permite imaginar (como, por
cjemplo, el derecho al conocimiento, que afecta la manera en que hemos enten-
dido la relacién de derecho entre produccién y propiedad).
Es desde este marco que leemos la politica de “ampliacién de derechos,” no
como una adicién de bienes particulares que se acumula cuantitativamente, sino
como una permanente alteracién cualitativa del conjunto de los derechos, que
pone en juego una discusién sobre una idea de sociedad, como parte de un mo-
mento de politizacién. Mientras més derechos se liguen entre si, més potencia
social y poder institucional tendré su declaracién, prictica y eficacia. Insistir en
afirmar cualidades esenciales o formales de los derechos los sustrae de una trama
relacional que hace posible su politicidad, y la posibilidad de una reinvencién
lidades.
icismo, quien ha desmontado los prin-
permanente infinita en sus posi
Es el neoliberalismo, més que el cr
cipios del derecho subjetivo, también por los limites (y posibilidades) inscritos
en su fundamentacién liberal. Por eso no se trata de seguir insistiendo en su
valor notmativo, sino de recuperar su potencia politica. No se trata, por tanto,
49Sebastian Torres
de entusiasmarse con “meras declaraciones,” sino de trabajar sobre su potencia
declarativa: su esencia es declararse (Lefort, 1990), el sujeto es primeramente una
toma de posicién antes que un punto de imputaci6n, es politico antes que moral-
jurfdico (es colectivo antes que individual); la “posesién” de los derechos supone
su reconocimiento por otto, es otro igual quien nos lo atribuye en una relacion
de mutuo reconocimiento (Balibar, 2007); por ello, el acto de negar un derecho
a quien-sea contradice la idea misma de los derechos, que debe someterse perma-
nentemente a la prueba de la “igualdad” (Ranciére, 2011), sin que esto suponga
su posesién previa, porque cuando se teclama un derecho se enuncia primero
como falta o ausencia (Rinesi, 2013). En tal sentido, hay que pensar el derecho
de universidad abandonando las paradojas que el individualismo genera entre
derecho y mérito; desde una ontologia social de los derechos que hace a todos los
derechos “derechos sociales”, cuyo orden y conexién depende de las politicas de
su enunciacién, de la trama de su reconocimiento, de su institucionalizacién y de
sus pricticas concretas.
Derecho de universidad es, también, posibilidad de imaginar cudles son
los modos del universalismo contenidos en el mismo nombre de wniversitas.
Por qué motives esa institucién que lleva el universal en su nombre ha sido tan
reticente a ligarse con ese otro universal que acompafia la idea de derechos. Se
trata de tensionar la dimensién universalista en su faz occidental igualicarista
y su faz colonial e imperial. Si los derechos no son esencialmente “universales”
(como predicados naturales, valores morales, principios normativos supra-po-
Uticos autoevidentes para la razén —en un “fuera del tiempo” que a la vez coin-
cide con esa temporalidad que lamamos Occidente-), sf son universalizables.
Y la universalizacién es uno de los modos del litigio, de una parte que, con su
ny demanda a la comu-
declaracién, expone un conflict, identifica una di
nidad pronunciarse sobre ella. Ese pronunciamiento es el reconocimiento de un
derecho comin a partir de la politizacién de un conflicto, llevado desde el des-
acuerdo en donde se constituyen las partes a la institucién de un bien comin.
La pregunta no es, por ello, si el derecho de universidad es o no universal, si
pasa la prueba normativa de su universalizacidn. La cuestién es cémo se imagi-
na y trasforma la universidad si la pensamos como un derecho, cudles son esos
litigios que la universidad no pude dejar de responder sobre el universalismo
que la constituye ¢ instituye, como tradicién y futuro. No serfa este, por caso,
el legado para una nueva reforma universitaria?
50Lo que pueden los derechos: universidad y politica latinoamericana
5. ... a Cordoba
La declaracién de Cartagena fue el principio defendido en la declaracin de
Cérdoba de 2018, CRES realizada en ocasién de cumplirse los cien afios de Ja
Reforma Universitaria de 1918, en un contexto latinoamericano de draméticos
retrocesos politicos, econémicos y juridicos. Un acontecimiento que nos muestra
también la temporalidad de los derechos, que permite pesarlos més alld de la ten-
sién entre historicismo y universalismo suprahistérico, Porque su temporalidad
no se vincula con un proceso lineal acumalativo -0 no— (propio de la historia
constitucional y de las teorias etapistas del Estado de derecho). Restitucién, reco-
nocimiento, creacién, han sido las formas en que hemos nombrado las politicas
de derechos, sumergiéndonos en la complejidad misma de la temporalidad de lo
politico, trama constituida por la memoria colectiva, la experiencia histérica y
las diferentes luchas en cuyo legado se apoyan y recrean (por mas que estas no se
hayan enunciado histéricamente en términos de derechos, como es el caso de la
Reforma universitaria del 18), asf como los modos en que se entrelazan los ana-
cronismos entre pasado y futuro, entre su “no haber sido” y su “todavia no”, como
parte de su existencia actual,
La CRES de Cérdoba fue escenario de ese derecho de universidad converti-
do en demanda y arma de la critica frente a la avanzada neoliberal, indice de la
profundizacién de las relaciones de dominacién, de opresién, de exclusién, del
retroceso violento hacia un pasado conocido, manteniéndose como horizonte de
un futuro deseado y orientador de un conjunto de politicas -hoy abandonadas
por muchos de nuestros Estados- que pusieron en marcha un camino hacia su
realizacién efectiva. Los derechos han abandonado su lugar de vocabulario poli-
ticamente correcto, de pacificacién de la conflictividad social, de reconciliacién
con el drama de la historia. Los derechos se conquistan y se pierden, pero no por
ello dejan de anunciar un principio de lo comtin como sintaxis de su justicia.
Bibliografia
Abdo Ferer, C. (2014-2015). Los derechos y las cosas en el kirchnerismo tardio. £1 ofo macho, 4-5.
Balibar, E. (2007). La impolitica de los derechos humanos. Arendt: el derecho a tener derechos y la
desobediencia civica. Erytheis, 2
51