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CL3 Avendaño

El documento discute la búsqueda de la verdad como una característica inherente de la humanidad. Explica que Immanuel Kant consideraba que la Ilustración representaba la salida del hombre de su minoría de edad y su dependencia de otros para alcanzar conocimientos. Finalmente, utiliza las distopías de George Orwell y Aldous Huxley para ilustrar cómo podría ser una sociedad sin ilustración que mantenga a la gente en un estado de mediocridad y dependencia.
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CL3 Avendaño

El documento discute la búsqueda de la verdad como una característica inherente de la humanidad. Explica que Immanuel Kant consideraba que la Ilustración representaba la salida del hombre de su minoría de edad y su dependencia de otros para alcanzar conocimientos. Finalmente, utiliza las distopías de George Orwell y Aldous Huxley para ilustrar cómo podría ser una sociedad sin ilustración que mantenga a la gente en un estado de mediocridad y dependencia.
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La búsqueda de la verdad: una inherente característica y don que se nos ha

sido concedido a todos nosotros por nuestra madre naturaleza. O, desde un


ámbito más cristiano, si se puede decir, por un Dios Todopoderoso. Por lo
pronto, todos los seres humanos buscamos la verdad de las cosas; buscamos
conocimientos superiores que nos acerquen a una ‘‘verdad utópica’’ (que,
según Josu Cristóbal De-Gregorio e Ignacio Falgueras, lo utópico puede ser
considerado como algo irreal, algo inalcanzable; todo esto, visto y concebido
desde nuestra realidad, concluyendo así en que lo utópico siempre sería esa
‘‘perfección del futuro’’ a la que no podemos llegar, pero nos sirve de
inspiración para nuestro porvenir en ámbitos de progreso político, económico,
social, etc.) de las cosas. Es justamente esta verdad la que nos mueve (y
moviliza nuestro camino hacia el progreso) y, que, al obtener conocimientos
superiores a los ya obtenidos, por ejemplo, desde el ámbito educativo, y de
esta manera, haciéndonos más autónomos e independientes de la tutela de
otro hombre; nos haría cumplir con las características inminentes del
movimiento histórico de la Ilustración.
Como bien dice Kant en su trabajo escrito, la Ilustración vendría a ser esa
salida del hombre de la minoría de edad que le impide realizar acciones ‘‘de
adultos’’ y/o de personas con ‘‘mayoría de edad’’, simplemente por los límites
que este mismo de impuso. En este sentido, Kant establece al hombre como un
ser autónomo e independiente que no debe depender de nada ni de nadie, y
que los mismos conocimientos los podría obtener uno mismo. Es aquí en
donde la Ilustración (que podría entenderse como un significado derivado y
más fácil de comprender, de la independencia humanista) o, ‘‘las luces’’, viene
a ser entendida como aquellas ‘‘luces al final del camino de la oscuridad’’ que
vienen a ser vistas por el ojo humano, carente de inspiración y/o ganas de
seguir transitando por aquel camino que lo subyuga a dominios que hacen de
este un ser ‘‘holgazán y cobarde’’ (como establece Kant). La Ilustración
convendría ser entendida como un signo de autonomía por sobre todas las
cosas, siendo así entendida como lo positivo de la separación de las cosas, de
su autonomía reinante por cada una, y cómo esto ayuda al progreso incitado
por el hombre para la mejora de su propio entorno, ya sea político, social,
filosófico, etc.
A su vez, dentro de aquella Ilustración, Kant hace referencia a la culpabilidad
que tiene el mismo hombre por imponerse barreras que le impiden ‘‘salir de su
zona de confort’’-si se me permite decir con parcial informalidad- y que es
denominada como minoría de edad; a los mismos profesores. Según este
filósofo, los tutores que se emplean a modo de enseñanza para prevenir a la
siguiente generación (y/o advertir) de los males que no se deben cometer, y a
enseñarles a cómo manejar el mundo desde sus respectivas posiciones (y
futuras profesionalmente) para la mejora del mismo, no son más que guías que
‘‘lo hacen todo por mí’’-hablando en primera persona-. Así, Kant establece que
no es necesario esforzarnos para nada en idear cosas nuevas y anteponer lo
que era considerado hasta hace unos minutos ‘‘superior’’, por una idea
completamente nueva que ahora vendría a ser el nuevo ‘‘superior de lo
superior’’, manifestando así la sed del hombre en buscar más y más de
cualesquiera que sea su objetivo (rompiendo así, varias barreras de minorías
de edad, teniendo libertad de autonomía por ir más allá de los límites por ellos
mismos); si y sólo si, se tiene de tutela a instructores que puedan enseñarnos
todo eso, y así nosotros no nos preocupamos de que nos falte nada, puesto
que esa sería la preocupación de la enseñanza impartida por los docentes a
nivel educativo: ‘‘es muy cómodo ser menor de edad’’, exclama Kant.
A su vez, explica una rigurosa estrategia que, por así decirlo, nos pone ‘‘a los
pies’’ del actual sistema educativo debido a la apropiación que tienen los
tutores de nuestra supervisión y, a su vez, de su peligroso estatus que los dota
de la total autoridad por sobre nuestros futuros, haciéndonos ver a la ‘‘mayoría
de edad’’ un paso en nuestras vidas que goza de gran peligro y misterio. Para
ello, nos adoctrina de tal manera que nuestra mentalidad no se preocupa de ir
más allá que de lo que tenemos. El concepto ‘‘mediocre’’ cabría muy bien en
esta descripción. De esta manera, al no buscar mejoramiento en nuestras
vidas, conformándonos con aquella y lo que se nos da (y no buscando esas
‘‘luces’’ que nos hacen ver la luz al final del túnel, haciéndonos emancipar del
régimen al que estamos subyugados), caemos en un ciclo de dependencia en
lo que debería ser una instrucción para nuestra independencia futura.
Varios ejemplos para poder ilustrar lo que podría ser nuestro futuro (y que ha
venido siendo ilustrado a modo de una de las características de la Ilustración,
como la concepción utópica de la realidad) con una falta de ‘‘ilustración’’ de una
emancipación de la razón humana por sobre las cosas, haciéndonos
independientes y responsables de nuestro propio futuro y autónomos en la
adquisición de conocimientos; vendrían a ser las utopías (concepciones irreales
de la realidad que funcionan-a modo escrito-como críticas hacia el gobierno
que tendría subyugado a los hombres, algunas sirven como términos futuristas)
a modo de distopías. De esta manera, por ejemplo, sociedades como las
propuestas por el autor George Orwell y Aldous Huxley nos ilustrarían a partir
de una esfera pública sobre el futuro que nos depara si seguimos cayendo en
los hoyos de la mediocridad y de la dependencia propuestos por Kant. Cabe
resaltar, previo a continuar con la idea, que la ilustración a modo público forma
parte también de una característica de la misma, puesto que aquella sí permite
a los hombres criticar al régimen por medio de los escritos intelectuales, y así
llegar a millones de personas. Este cambio representaría una clara
emancipación del mismo régimen con respecto de los hombres, puesto que, al
mismo (en tiempos anteriores) no permitiéndosele que alguien se le oponga de
manera pública, los ilustrados tuvieron que encontrar diversas maneras de
hacer escuchar su voz a modo de libre expresión. La ilustración privada
también era una forma de represión de la expresión, puesto que el hombre
estaba condicionado a expresar lo que era y debía ser correcto dentro de la
sociedad dependiendo de su condición laboral y lo que debía sí o sí ejercer de
acuerdo a su profesión. Sin embargo, esto último no lo privaría de, en la esfera
pública, publicar sus verdaderas opiniones con respecto de un tema, por
ejemplo, de la religión.
En fin, como se decía, utopías como las planteadas por George Orwell nos
podrían ilustrar cómo podría ser la sociedad mediocre y condicionada a creer
una sola cosa, ejecutando o poniendo en peligro la vida de los emancipadores
de la época. Un ejemplo de esto es en sus dos obras más resaltantes: Rebelión
en la Granja (donde se muestra a un régimen injusto proporcionado por un
cerdito, el cual prometió un mejor futuro para todos a forma de populismo, pero
al final, dado el fallo tremendo de su gobierno, los emancipadores y opositores
se dedicaron a destituirlo, además de no estar permitidas las oposiciones: todo
esto, ilustrado desde una óptica de animales de granja); y 1984 (una novela
distópica en donde se muestra una sociedad subyugada al totalitarismo y a una
red de poder gigantesca en el Asia Oriental, llamada la red de poderío del
‘‘Gran Hermano’’. Se caracterizó por estar tan empoderada que se decía que
tenía ojos por doquier, captando y ejecutando-o lavándoles el cerebro en una
de las instituciones de la verdad- a los emancipadores y opositores del
régimen, cabe decir, no estaba permitida ninguna libertad de expresión y, para
evitar aquello, se condicionaba a la sociedad a ser obediente del régimen por
medio de la educación misma y las consecuencias que les iba a pasar si se
abstenían de creer en algo ‘‘porque sí y porque el régimen lo dicta’’,
haciéndoles poco a poco creer que eran felices y que tenían libertades, cuando
claramente no lo eran y sólo estaban condicionados a una realidad en la que
creían tenerlo todo).
Luego, Aldous Huxley nos muestra también una sociedad parecida a la última,
1984, en su libro titulado ‘‘Un Mundo Feliz’’. Aunque es considerada más su
contraparte puesto que en verdad, desde un principio se condicionó a toda la
población a creer en una sola cosa, en un solo Dios, en una misma tradición de
hacer las cosas. De esta manera, los humanos sacrificaron los valores como la
humanidad, la familia (puesto que en ese futuro los humanos se creaban a sí
mismos in vitro), la felicidad (basada en el materialismo) y, sobre todo, todo ello
estaba condicionado a las ‘‘castas’’, las cuales eran ocupadas por un grupo de
humanos (desde delta-menos hasta alfa-más) que eran condicionados en salas
con altavoces desde sus nacimientos, que les repetían ‘‘doscientas
repeticiones, dos veces por semana, desde los catorce años hasta los dieciséis
y medio’’, después del nacimiento, que les repetían una sarta de oraciones que
los condicionaban a ser de determinada manera sólo para pertenecer a una
casta determinada, tantas repeticiones, los niños y las otras generaciones se lo
creían, y creían que esa era su forma de vivir y de libertad, obviando el resto de
maneras y no creyendo en los que se empezaban a hacer emancipadores del
régimen, como Bernard Marx.
De esta manera, Bernard (el protagonista de Un Mundo Feliz) le pregunta a
una de sus amantes del día (Lenina) si es que no le gustaría ser libre a su
modo, y no al modo del resto, fuera del condicionamiento que haya recibido.
Obviamente, al principio Lenina se asusta y trata de recomponerlo, pero la
pasión de Bernard por descubrir qué hay más allá de lo impuesto por el mismo
régimen, o de su nuevo Dios: ‘‘Ford’’, y de desafiar las leyes a las que toda la
sociedad, aunque funcione ‘‘de maravilla’’, obedece y, caso contrario, condena
si es que avistan a un detractor del régimen, pues creen que van en contra de
su propia libertad condicionada por el gobierno de manera dependiente, y no
independiente, como busca la Ilustración y como parece haber iluminado a
Marx en la historia.
Luego de haber descrito las dos esferas principales de la Ilustración y de qué
constan (como la esfera privada y la esfera pública), tocaría explicar cuatro de
las características-también-principales de la misma Ilustración, pero esta vez
acuñadas por Ignacio Falgueras. De esta manera, este nombró a los cuatro
ideales como: el ideal de emancipación, la concepción utópica de la realidad
(brevemente mencionada con anterioridad), el uso metódico de la crítica y el
pedagogismo.
Falgueras ofrece en su trabajo una visión generalizada de los hechos
correspondientes de la Ilustración, al final este concluiría que, al ser
generalizadas, la Ilustración no podría ser considerada como un movimiento
filosófico (puesto que la finalidad de este es la búsqueda de la verdad), sino
como un período del movimiento filosófico de la historia, si no es mucha
molestia acuñarle el término también de ‘‘movimiento histórico’’ del siglo XVIII.
En este sentido, explicaría que parte del movimiento de emancipación
correspondiente a la Ilustración de lo filosófico o lo científico de la época, en
primer lugar, se le atribuiría al intento de separación de la religión de la moral.
Así, la moral siendo conocida a nuestra capacidad de discernir entre lo bueno y
lo malo, esta siente la necesidad de emanciparse de la religión por los
supuestos establecidos de ‘‘creer en lo que dice Dios porque sí’’. De este
modo, la religión consistía en una doctrina en la que se debía de creer por
sobre todas las cosas, asumimos entonces la carencia de la teología en la
época de la Ilustración a manera de análisis de por qué creer y por qué no hay
que no hacerlo. Así, al ser esto tan determinante en la vida de los hombres, la
moral sentiría la necesidad de separarse de la religión haciéndola autónoma de
basarse en el raciocinio aplicado por la misma moral, que fomenta la búsqueda
de solamente la felicidad, la cual, al separarse de la religión, no nos propone
límites para encontrarla. Simplemente hacer lo que nos haga felices.
Caso contrario, la religión se torna también moralista, al esta no existir sin la
aplicación de la moral. Religión sin estar atada a la moral, no es religión, y no
podría encontrar fundamentos la misma moral sin religión, salvo la búsqueda
de la felicidad por nuestros propios medios ya explicada, pero, como se dijo, no
se encontrarían los límites propuestos por la misma religión que impiden que
vayamos lo suficientemente lejos en nuestra búsqueda de felicidad, cuando lo
bueno se torne en tirano y malo. Pero (¡bueno!), era lo que los ilustrados
pensaban con anterioridad.
De esta manera también, al tener la moral una clara separación de la religión,
también la política se ve tentada de separarse de la misma moral, corriendo el
riesgo de un Estado de gobierno ius naturalista con los derechos naturales
siempre impuestos por medio de la naturaleza, y que justificarían la
independencia de la que ahora sería parte el Estado, pues al no tener a la
religión y, por ende, a la moral atada al comportamiento del mismo, este sólo
quedaría subyugado a los derechos naturales propuestos por el ius
naturalismo, que, según propone esta doctrina, datan su existencia desde
mucho antes de la formación del Estado. Encontrando su justificación en la
felicidad y en lo que se siente a gusto con respecto a la voluntad general del
pueblo. Es la soberanía y el gobierno (y entidades estatales) los que son
definidos por la misma voluntad general del pueblo y que están acorde a sus
necesidades, por el hecho de que, con cada gobierno que pasa, el pueblo
siempre tendrá nuevas necesidades, contribuyendo así a su propio progreso
gubernamental, y modificando sus ideales de un prospecto definido de un buen
presidente.
A su vez, lo que motiva a estos ideales es la misma separación de la moral de
la misma política, dejándolo todo a manos de la razón misma, la cual apoya al
sentimiento nacionalista que prioriza el bienestar de la patria por medio del
amor a las leyes y a la patria misma que tiene el pueblo. Sin estas
características, se imposibilita la intención de siempre querer un porvenir mejor
con respecto a entidades estatales que, se supone, al ser elegidas por
nosotros, deben cumplir con esas condiciones por las que los hemos elegido.
Así, Monstesquieu manifiesta que el estado político ideal es aquel autónomo, y
dentro de esa autonomía está la misma noción de ‘‘obedecerse a sí mismo’’, y,
por último, para obedecerse a sí mismo, necesita de la voluntad general del
pueblo y su intención de siempre querer algo mejor; algo que rompa con las
barreras de lo tradicional en ámbito de gobernanza. Siempre buscando el bien
común de la misma nación en general por medio de la elección de presidentes
mejores, y leyes y constituciones que estén acorde a las mismas necesidades
del pueblo. Esa es la referencia a un buen pueblo autónomo. También la
economía puede emanciparse de la política con el único objetivo de no
obstaculizarla en pos del bien común de la llamada ‘‘riqueza de las naciones’’.
En segundo lugar, se obtiene la concepción utópica de la realidad. Como ya se
ha planteado, la utopía se puede entender como una irrealidad o concepción de
‘‘perfección’’ (aunque no necesariamente en el buen sentido) de forma de
gobierno, también se han planteado algunos ejemplos de utopías a forma de
distopías escritas por dos autores, y siguiendo la ideología de Kant para
ejemplificarlas. Sin embargo, para los ilustrados, una concepción utópica de la
realidad puede ser entendida, a su vez de una forma de escrito intelectual a
manera de crítica del gobierno yacente, como una forma de ver la realidad
viviente como una utopía, de modo que ya no hay elementos irreales en el
análisis de la misma.
Por ejemplo, para Rousseau plantea que la democracia es el ideal político, de
modo que es considerado como la ‘‘utopía de la realidad’’. Una forma de
gobierno perfecta que solamente se alcanzaría si es que ‘‘los dioses gobiernan
y conviven entre dioses’’. De ahí el dicho de que la utopía provee hechos
irreales, pero que se combina con la misma realidad, puesto que sí es cierto
que la democracia es considerada como una buena forma de gobierno, pero
utópico: algo inalcanzable. Después de que este proponga que es la única
forma perfecta de gobernanza puesto que cuadra perfectamente con lo
implicado por la voluntad general del pueblo, se explica que hay diversas
formas de poder ‘‘llegar a esta utopía’’, que es la que nos guía en el camino de
obscuridad, pero nunca la alcanzaríamos. Más bien, es como si nos sirviera de
inspiración y de sentido en lo que hacemos.
Esto se vendría a llamar ‘‘progreso’’, y estaría dividido en tres formas: el
progreso para pasar de lo ‘‘superior’’ a lo ‘‘más superior’’; el progreso para
pasar de lo ‘‘inferior’’ a lo ‘‘superior’’ y, finalmente, el progreso para pasar de lo
‘‘imperfecto’’ a ‘‘lo más imperfecto’’. Lo que propone Ignacio es que, al ser
todos estos guiados por la autodeterminación del hombre (e ilustrados), pasar
de lo ‘‘superior’’ a lo ‘‘más superior’’ caería en un ciclo sin fin de ‘‘siempre
querer y anhelar por más’’, puesto que nunca se está contento con lo obtenido
hasta el momento, que ya ha pasado por la ruptura de barreras de la minoría
de edad y se supone, ya estaría en una mayoría de edad cumplida. Significa
que la utopía influye de tal manera en la concepción de la realidad que, al
encontrar algo superior, siempre habrá personas inconformes víctimas de leyes
y gobiernos inconformes que los obligan a cambiarlos una vez más. De igual
manera el paso de lo ‘‘inferior’’ a lo ‘‘superior’’. Al acabar con el ciclo de querer
más que algo inferior, de emanciparse de aquello, siempre habrá, dentro de lo
superior, algo que sobreponerse por encima de este: algo ‘‘más superior’’
(repitiendo el concepto primero de superioridad). Finalmente, lo que se
denomina como ‘‘progreso indefinido’’ vendría a significar (y cabe
perfectamente con lo buscado por los dos conceptos anteriores) el intento del
paso de algo inferior hacia algo ‘‘perfecto’’. Todo esto guiado por una utopía
irrealista y sobrenatural, que hace imposible de cumplir el objetivo anterior. De
esta manera, el paso de lo inferior buscando una utopía por medio de una
concepción justamente utópica de lo que sería la verdadera forma de gobierno
y que vendría a ser la que se busca, no se podrá cumplir puesto que es-reitero-
una realidad utópica. Sin embargo, esto serviría de motivación para los que sí
quisieran (y no se rinden) encontrarla y vivirla, aunque siempre se llegue a un
resultado parcial que, si bien no satisface a todos, siempre habrá dentro de ese
régimen personas emancipadoras que seguirán con este camino de búsqueda
de la perfección, pero nunca la encuentran. Cabe resaltar que, la explicación de
la concepción de lo utópico vendría a ser parcial puesto que, o bien tiene un
poco de realidad (puesto que, por ejemplo, la democracia sí existe), o bien
tiene un poco de utopía (los gobernadores perfectos y el sistema democrático
es difícil de mantener, muy aparte, nada asegura que mediante el proceso real,
se obtenga un buen presidente democrático que mantenga el régimen, pueden
caer en el populismo-típico caso de Pedro Castillo apostando por el bienestar
democrático del pueblo-pero, al final, a la hora de la práctica, se obtiene otra
cosa totalmente diferente a lo propuesto, rompiendo con la cadena del sistema
perfecto).
El tercer elemento de la Ilustración vendría a ser el uso metódico de la crítica,
esta basada en la autoconcepción de los criterios abordados por una persona
sobre un tema específico, y que estos mismos criterios tienden a ser
cuestionados nuevamente por otras personas que dicen tener la razón,
formándose así nuevos criterios que volverían a ser cuestionados y criticados
en otra ocasión. Tales criterios son abordados de dos maneras: por ejemplo,
los antiguos y medievales optaron por un concepto de ius naturalismo para la
justificación de las cosas. Lo bueno juzga lo bueno, lo malo juzga lo malo, todo
ello guiado por los derechos naturales que impone la misma naturaleza en el
ser humano, y que los mismos deben guiarse para hacer sus críticas continuas.
Caso contrario, los hombres modernos imponían los nuevos criterios
dependiendo del sujeto que juzga, si es que se está de acuerdo (mediante
críticas constructivas) se podría apreciar un estancamiento de la opinión al no ir
más allá, sin embargo, si es que no se está de acuerdo, se abordarán otros
conceptos para las críticas que hará el sujeto, que, en el caso del hombre
moderno, lo llevará a emanciparse aceptando la inexistencia de los conceptos
ya conocidos y considerados ‘‘superiores’’, para idearse una opinión propia de
lo que él considera como superior, sobreponiéndose a las ya ahora inferiores
justificaciones comúnmente usadas para criticar. A este ciclo también se le
puede llamar progreso indefinido, puesto que sirve de motivación para cambiar
e idear nuevos conceptos para las críticas, sin llegar a una conclusión
permanente, puesto que, como solicita Kant, ‘‘se vive en una época en la que
todo se ha de someter’’.
Ahora sólo bastaría con hacer que estos criterios sean aceptados por la
población para que sean considerados como ‘‘correctos’’ y como los nuevos
criterios a usar para poder formular una crítica. Caso contrario, sería una
opinión que se ‘‘queda en el aire’’ y está propensa a cambiar constantemente
debido a las nuevas formulaciones del futuro, mas simplemente goza de gloria
mientras estamos ubicados en el presente, sin saber lo que pasará en el
mañana o si estas cambiarían para ese entonces. Por ello la definición de
progreso indefinido.
Por último, la cuarta característica de la Ilustración radicaría en lo ya explicado
en apartados anteriores: el pedagogismo.
De esta manera, además de establecer la tutela como un peligro para los
estudiantes y aprendices de augurar un peligro inminente en la venida de la
‘‘mayoría de edad’’, obligándolos a abstenerse de conservar su nivel de vida
dentro de la ‘‘minoría de edad’’ dependiente de la enseñanza de los profesores,
y que eso nos haría ‘‘perezosos y cobardes’’ para intentar algo nuevo, y que
esto es por la barrera de minoría impuesta por el hombre mismo; Kant también
genera contradicción al establecer que, de igual manera, el hombre sí depende
de la educación de cierto modo. A forma de deducción, posiblemente se
referirá a que la instrucción para evitar cometer errores a futuro nos sirve de
algo a la hora de educarnos. Esto mismo es lo que Hamman (también en los
escritos de Ignacio) resalta y, seguidamente, hace una crítica en torno a ello.
De esta manera, Hamman establece que la culpabilidad no radica en lo que el
hombre pueda imponer sobre sí mismo, y esté subyugado a lo deseado por el
mismo. Si no, radica en la falta de ilustración de los profesores para con los
estudiantes. Esa falta de convicción para aventurarse a lo misterioso, a lo
intentar algo nuevo y sobreponerse a lo establecido para no quedarse en un
solo lugar mediocre. A diferencia de Kant, que establece que la culpa es de la
misma satisfacción sentida por el trabajo de razonar y de educar que radica en
otra persona, y eso volvería a los aprendices unos holgazanes al final. Siempre
es bueno educar para volver a educar a otra generación, es por esto que la
Ilustración haría falta en la educación impartida por los tutelares, y la educación
sí sería importante para enderezar el camino que los estudiantes van a seguir,
y evitar que caigan en el agujero de la holgazanería. Quizá el sistema que
propone es uno que nos enseñe a ser autónomos y no dependientes de
alguien, ni que ‘‘hagan todo por nosotros’’.
Aún así, se plantea en el mismo trabajo una falta de coherencia al haber un
ciclo sin fin entre la dependencia y la independencia propuestas por los
anteriores mencionados. Si los tutelares nos enseñan a ser autónomos y a ser
independientes, prácticamente nos estarían haciendo dependientes de su
enseñanza por sobre cómo ser independiente en la sociedad. De esta manera,
el hombre siempre va a depender de igual manera de algo o de alguien. Hasta
los autodidactas actuales dependen de los libros que fueron escritos hace
años, o recientemente, para aprender y ser lo que son hoy en día, sin la
necesidad de una institución educativa.
En conclusión, considero que todo hombre sí puede depender de algo, sin
embargo, ese algo no lo hace un ‘‘oprimido’’ ni un ‘‘opresor’’, sino, simplemente
le dan las bases para que este pueda desarrollarse por el buen camino para
poder ser una mejor persona que aporte en la continua evolución tecnológica
que nuestro mundo está pasando. Así que la dependencia de algo, si se me
permite reitera, no nos hace realmente dependientes ni oprimidos por algo o
por alguien, si no, nuestro futuro simplemente depende de nosotros mismos,
allí es cuando aplicamos nuestros conocimientos adquiridos para forjar
nosotros mismos una independencia propia, para conseguir nuestros objetivos
nosotros mismos, y sin necesidad de el apoyo de otras personas.
Además, la ilustración también tuvo (y tiene) cierto crédito en lo afirmado
anteriormente. De esta manera, esa convicción de siempre anhelar por más, de
emanciparse por sobre lo anterior establecido, siempre es bien considerado por
el simple hecho de querer aprender más y querer ser una mejor persona que
antes. Cumplir los objetivos también tiene su propio progreso, aunque
probablemente el que más quepa en la descripción sea el indefinido (por una
perfección a la que nunca se llegará), se debe mantener firme a la idea de que
siempre uno puede mejorar con el paso del tiempo, ya sea en decisiones para
establecer su política, su economía, etc., como un símbolo de motivación para
las continuas convicciones del hombre.
También se debe pasar por las mismas críticas del nuevo orden establecido. Al
criticar una nueva convicción y/o nuevos criterios adoptados por medio de la
emancipación de algún hecho (como se mencionó con anterioridad), se
adoptan nuevos criterios para formular nuevas críticas, estas nuevas críticas se
sobreponen a lo anteriormente establecido como ‘‘superior’’, siendo lo actual
‘‘superior’’ una mejor convicción de las mismas ideas. Ya sea para el
mejoramiento de alguna cosa determinada, o para el intento de la mejora de la
misma, siguiendo el concepto del progreso indefinido y de la utopía perfecta
jamás encontrada, puesto que las críticas perfectas subyugadas a un conjunto
de conceptos permanentemente establecidos, no existe.
A su vez, la misma emancipación nos llama a nosotros. Así como la filosofía
llama al ser humano a la búsqueda de la verdad, la ilustración nos llama a
emanciparnos por sobre las cosas y condiciones a las que estamos
subyugados. Este es un ciclo constante puesto que, por ejemplo, en el ámbito
político siempre hay protestantes y detractores del régimen establecido. Sus
críticas, su progreso, su concepción utópica buscada que estos tienen, los guía
en el camino de sus manifestaciones en busca de lo que para ellos es mejor.
En nuestra vida cotidiana, también se puede presentar esto. Estas luces nos
han iluminado desde el inicio de nuestras vidas, desde los primeros pasos del
hombre en la tierra para dar paso a un gran evento que marcó la evolución del
mismo, como el descubrimiento del fuego, fue guiado por medio del constante
cambio y reivindicación de las tradiciones antiquísimas de la caza y recolección
de vegetales crudos, todo para un mejoramiento de los mismos a causa de la
convicción del mismo hombre. Que esto haya evolucionado hasta hacernos
cambiar de regímenes y hasta haya llevado a la humanidad de origen francesa
a participar de los eventos más revolucionarios de la historia (como la
revolución francesa) y, actualmente, estemos ‘‘estancados’’ en un nivel de vida
ya establecido, no significa que no volvamos a caer en la tentación de
cambiarlo. El cambio forma y formó parte de nosotros desde nuestros inicios, y,
al igual que nosotros los humanos, nace, crece y evoluciona junto con
nosotros, hasta la muerte. Aunque no haya una perfección al final, siempre es
bueno buscar la mejora de la humanidad.

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