BLOQUE 1: UNIDAD 1.
- LA PENÍNSULA IBÉRICA DESDE LOS PRINCIPIOS
HUMANOS HASTA LA DESAPARICIÓN DE LA MONARQUÍA VISIGODA
EJE CRONOLÓGICO:
- 900.000 a. C.: Antigüedad del homo antecessor de Atapuerca.
- 9.000 a.C.: Final del paleolítico.
- 5.000 – 3.000 a.C.: Neolítico.
- 3.000 – 2.200 a.C.: Calcolítico.
- 2.200 – 800 a.C.: Edad del bronce.
- 800 – 218 a.C.: Edad del hierro (protohistoria).
- 218 a.C.: Comienzo de la conquista romana de la península ibérica.
- 409 d.C.: Invasiones de suevos, vándalos y alanos.
- 476 d.C.: Caída del Imperio romano de Occidente.
2.- PREHISTORIA
a) Explica las diferencias entre la economía y la organización social del Paleolítico y el Neolítico, y las
causas del cambio.
La Prehistoria se ha dividido tradicionalmente en diferentes periodos cuyos nombres se refieren al proceso
de avance tecnológico del utillaje empleado por los primeros grupos humanos: paleolítico, mesolítico,
neolítico, edad del bronce y edad del hierro.
La datación absoluta de la Prehistoria es imprecisa y varía necesariamente de unos lugares a otros, incluso
dentro de la misma península Ibérica, por tanto, las fechas son aproximadas (entre 30-35 mil años a.C.).
En el Paleolítico (desde 1,4 – 1,3 millones de años hasta 10.000 años a.C.) aparece el homo antecessor. A
este tipo humano corresponden los restos más antiguos de hombre europeos, que se han encontrado en la
Sierra de Atapuerca (Burgos). Según parece, practicaban el canibalismo, eran altos y fuertes, con un
cerebro pequeño y una cara semejante a la del hombre actual. Durante el Paleolítico se produjeron las
cuatro últimas glaciaciones, el clima en la península Ibérica era más frío y lluvioso que en la actualidad y
abundaba la fauna fría de grandes herbívoros: bisontes…
En el Mesolítico (hacia el 10.000 a.C.) finalizó la última glaciación y se inició la fase climática actual. El clima
se hizo más cálido y seco.
El neolítico se desarrolló en la península Ibérica aproximadamente entre el 6000 y el 3000 a.C., pero no se
inició al mismo tiempo en todas las zonas: primero ocurrió en levante y el sur ya que en ellos era mayor la
presión demográfica tras el cambio climático del mesolítico; y después fue en el resto de la Península la
presión demográfica era menor y la neolitización fue más tardía, con cierto predominio de la ganadería
sobre la agricultura.
En el Paleolítico la economía era depredadora, basada en la caza y la recolección, lo que requería, como
condición necesaria que los grupos humanos fueran pequeños, capaces de moverse en grandes espacios.
En consecuencia, la forma de vida era nómada -había que seguir a la caza-, con asentamientos estacionales
junto a ríos y en cuevas.
Mientras que, en el Neolítico, el aumento de la población y la disminución de la caza obligaron a pasar de
una economía depredadora a otra de producción, basada en la agricultura y la domesticación de animales.
La gran ventaja de la agricultura, respecto a la caza, es que permite producir mas cantidad de alimentos
por unidad de superficie y, por tanto, posibilita mantener a poblaciones más densas y en crecimiento. Sin
embargo, tiene también sus inconvenientes: requiere invertir más esfuerzo y tiempo de trabajo que la
caza-recolección y proporciona una dieta alimenticia más pobre. En cualquier caso, la agricultura condujo a
esa sedentarización.
Respecto a la organización social, en el Paleolítico dentro de los grupos es presumible que no existieran
diferencias sociales de importancia, ya que su pequeño tamaño y la necesidad de cooperación para la caza
reforzarían la cohesión interna y la igualdad entre sus miembros.
Mientras, en el Neolítico, los grupos fueron adquiriendo una complejidad creciente y la división social del
trabajo (jefes, sacerdotes, guerreros, agricultores, pastores) originó diferencias de riqueza y de poder entre
sus miembros.
En el Paleolítico la evolución tecnológica experimentó a lo largo del tiempo un progreso en tres
direcciones: se perfeccionaron las técnicas de fabricación, se diversificaron los útiles para adaptarlos a
funciones cada vez más específicas, y se ampliaron los tipos de materiales (piedra).
Sin embargo, en el Neolítico, los principales cambios tecnológicos fueron el pulimentado de la piedra y,
sobre todo, la aparición de la cerámica, necesaria para el almacenamiento y transporte de los nuevos
alimentos.
b) Describe los avances en el conocimiento de las técnicas metalúrgicas y explica sus repercusiones.
En principio, la metalurgia se orientó a la fabricación de armas (espadas, escudos, etc.), con el objetivo de
alcanzar la supremacía militar, pero pronto se extendió también a la elaboración de joyas, adornos e
instrumentos de trabajo.
Su evolución fue un largo proceso encaminado a la obtención de objetos cada vez más resistentes y
abundantes, lo que exigía el desarrollo de una tecnología progresivamente más compleja.
La incorporación de cada nuevo metal repercutía en la disposición de armas más potentes y, en caso del
hierro, más abundantes. Por otra parte, cada nuevo metal representaba un avance en la elaboración de
instrumentos de trabajo de mayor eficacia y duración.
Los focos peninsulares más avanzados fueron las culturas de Los Millares y El Argar, respectivamente,
localizadas en el sureste (región de Almería).
c) Identifica las diferencias entre una imagen de pintura cantábrica y otra de pintura levantina.
1. El arte rupestre es el testimonio artístico más antiguo que posee la humanidad, siendo estas
representaciones pictóricas realizadas generalmente en cuevas, donde vivieron los primeros homínidos
que poblaron la Tierra. En España, se han encontrado manifestaciones pictóricas rupestres de gran
importancia para el estudio de la evolución de la especie humana y que representa diferentes épocas,
como son la pintura cantábrica (imagen de la izquierda) y la pintura levantina (imagen de la derecha), las
cuales tienen ciertas diferencias descritas a continuación.
2. La primera diferencia es con respecto a la ubicación, ya que mientras la pintura cantábrica se localiza en
cuevas, la pintura levantina se localiza al aire libre, en abrigos y oquedades de acantilados.
La otra diferencia es con respecto a los temas representados, ya que los temas predominantes en la
pintura cantábrica son animales, entre los que sobresalen los grandes herbívoros (bisontes, ciervos, etc.),
figuras humanas a menudo con marcados atributos sexuales y signos abstractos de difícil interpretación.
Por otro lado, en la pintura levantina los temas predominantes difieren de los de la pintura cantábrica del
Paleolítico: escenas de caza, luchas de guerreros, danzas rituales de mujeres en torno a un jefe, etc.
La última diferencia es en los aspectos técnicos. Por un lado, las principales características técnicas y
formales de la pintura cantábrica son la representación naturalista de los animales, el empleo abundante
del color, con preferencia por el rojo y el negro, y salientes de la pared para dotar de volumen a las figuras
representadas, y, por último, la ausencia de composición: no se representan escenas, sino figuras aisladas
o independientes entre sí. A diferencia de la cantábrica, en la pintura levantina, las características técnicas
y formales contrastan con el naturalismo, la policromía y la ausencia de composición, ya que se dibujan
figuras esquemáticas, la utilización de colores es muy escasa y las composiciones narrativas describen una
actividad.
Otro aspecto importante de la pintura rupestre es el significado, ya que es controvertido y se han
elaborado diferentes teorías, aunque es muy difícil demostrar la validez de ninguna de ellas. La más clásica
y tradicional es la que considera la realización de estas pinturas como parte de un ritual mágico cuyo
objetivo sería propiciar la fertilidad y la caza de los animales representados.
3.- EDAD ANTIGUA
3.1.- PUEBLOS PRERROMANOS
Se utiliza a menudo el término protohistoria, por tratarse de un periodo de transición entre la Prehistoria y
la Edad Antigua.
En este periodo, se produjeron tres importantes procesos históricos en la Península: el esplendor y
posterior desaparición del reino de Tartesos, las oleadas de pueblos indoeuropeos y las colonizaciones
fenicia, griega y cartaginesa.
A.- LOS TARTESOS
a) Resume las características principales del reino de Tartessos y cita las fuentes históricas para su
conocimiento.
El reino de Tartesos fue el primero Estado de la península Ibérica de cuya existencia histórica se tiene
noticia. Su centro estaría en el suroeste peninsular (Huelva, Sevilla, Cádiz) y su área de influencia se
extendía hasta la región de Cartagena.
Las fuentes griegas dan el nombre de Tartesos a un río - casi con total certeza el Guadalquivir-, a un
extenso territorio situado al sur de la Península, además las fuentes escritas, la arqueología ha
proporcionado numerosos vestigios materiales, aunque fragmentarios.
El origen de esta monarquía es incierto (parece remontarse a finales de II milenio a.C.) y sus reyes son en
su mayoría figuras legendarias, salvo Argantonio cuyo reinado constituyó la etapa de máximo esplendor.
Los textos griegos afirman que sus habitantes eran muy longevos lo que solo era concebible en una
civilización muy culta y próspera.
La fama de prosperidad de que gozaba Tartesos en el mundo antiguo se debía a sus riquezas agrícolas,
ganaderas y, sobre todo, minerales (oro, plata, cobre), que propiciaban un activo comercio tanto con las
Islas Británicas como con los fenicios y griegos establecidos en la Península.
A partir del siglo V a.C. desaparecen las referencias a Tartesos como reino y los textos empiezan a
denominar a la zona Turdetania. El reino de Tartesos sigue siendo hasta el momento un gran enigma.
B.- FENICIOS, GRIEGOS, CARTAGINESES, IBÉROS Y CELTAS.
a) Explica el diferente nivel de desarrollo de las áreas celta e ibérica en vísperas de la conquista romana
en relación con la influencia recibida de los indoeuropeos, el reino de Tartessos y los colonizadores
fenicios y griegos.
Los colonizadores fenicios y griegos llegaron a la Península atraídos por su riqueza en oro, plata y cobre.
Los fenicios son procedentes del actual Líbano. La colonia más antigua que fundaron en la Península fue
Gadir (Cádiz) en el año 800 a.C., según los testimonios arqueológicos, a esta fundación inicial siguieron
otras en la costa andaluza como Malaka (Málaga).
Los griegos, como Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias).
En el siglo VI a.C., Tiro era la última ciudad fenicia que permanecía independiente y, a partir de ese
momento Cartago, una colonia que había sido fundada por los tirios en el norte de África, tomó el relevo
de los fenicios en el control del comercio en el Mediterráneo occidental. Pero los cartagineses siguieron
una política de colonización más hostil, que acabó en la ocupación militar del sur y del sureste de la
península Ibérica, Cartagonola Cartagena.
En el siglo III a.C., en vísperas de la conquista romana, la península Ibérica era un mosaico de pueblos de
muy diferente nivel de desarrollo, que se pueden agrupar en dos grandes áreas: la ibérica y la celta o
indoeuropea. El término indoeuropeo obedece a criterios de clasificación lingüística y se utilizó para
designar el origen común de casi todas las lenguas europeas modernas que proceden de la región de las
estepas euroasiáticas. Son los pueblos originarios de esas estepas.
El área ibérica comprendía el sur y el levante peninsular. Los iberos eran descendientes de los indígenas y
prehistóricos y, al contacto con los colonizadores griegos y fenicios, habían recibido su influencia
civilizadora. Sus características generales eran que su economía era rica, con un activo comercio y uso
frecuente de la moneda. Además, tenían una estructura social evolucionada, con grupos diferenciados por
su poder o riqueza, desde la aristocracia hasta los esclavos y su organización política era ya de tipo estatal,
según el modelo griego o fenicio de la ciudad-estado. Los diferentes Estados nativos comprendían una o
varias ciudades con formas de gobierno monárquicas o democráticas.
Los indoeuropeos, entre ellos los celtas se asentaron principalmente en el centro, el oeste y el norte
peninsular. También se puede incluir dentro del área celta a los llamados celtíberos. El área celta estaba
menos evolucionada en todos los ámbitos, aunque era muy heterogénea: los pueblos del centro y el oeste
estaban tanto más desarrollados cuanto más próximos a los pueblos ibéricos; los pueblos del norte
(galaicos) presentaban el nivel más bajo de desarrollo por su aislamiento geográfico. No obstante, se
pueden señalar algunas características generales y comunes a todos ellos:
a. Su economía se basaba en una agricultura o ganadería en general poco evolucionadas, el comercio
era escaso y sin moneda.
b. Sus estructuras sociales eran aún primitivas y se basaban en grupos de parentesco.
c. Su organización política era de tipo preestatal, propia de bandas y aldeas. No existían gobernantes
que dictaran leyes, sino tan solo cabecillas o consejos de ancianos.
Destaca en particular la cultura castreña, extendida por el noroeste: los castros.
3.2.- EDAD ANTIGUA: LA HISPANIA ROMANA (218 a.C. – 476 d.C.)
a) Define el concepto de romanización y describe los medios empleados para llevarla a cabo.
Los romanos son los colonizadores-conquistadores que más tiempo van a permanecer en la Península
desde 218 a.C. hasta el 476 d.C.
Los romanos llegaron a la Península en su enfrentamiento con los cartagineses en la II Guerra Púnica (siglo
III a.C.). La conquista de Iberia por parte de los romanos fue un proceso de carácter militar que supuso la
ocupación del territorio por los ejércitos romanos y la sumisión de los pueblos que poblaban la península
Ibérica.
Por romanización se entiende la adopción, por parte de los pueblos conquistados, de la lengua, la cultura,
las formas de organización y los modelos de vida romanos.
Al igual que la conquista, la romanización fue un proceso discontinuo con resultados desiguales.
En el área ibérica (sur y levante), más urbanizada y con formas de organización no muy diferentes
de las romanas, no solo fue más fácil la conquista, sino también su inserción en la civilización
romana.
En el centro y oeste la romanización fue tanto más difícil cuanto menor era el grado de
urbanización y desarrollo de sus pueblos.
En el norte, la zona más atrasada y la última en conquistarse, la vida urbana era inexistente y los
romanos no consiguieron desarrollarla ni imponer del todo su modelo de vida.
La extensión de la vida urbana. En el sur y levante los romanos aprovecharon la amplia red de
ciudades preexistentes. En cambio, en el resto de la Península se crearon nuevas ciudades, según el
modelo romano, para romper las primitivas formas indígenas de organización económica, social y
política. Junto a la creación de ciudades es importantísimo el desarrollo de las rutas comerciales,
obras públicas (acueducto de Segovia) y las vías de comunicación (calzadas y puertos) que
comunicaban los nuevos territorios con el resto del imperio.
El papel del ejército fue uno de los más importantes vehículos de difusión. Se reclutaron tropas
auxiliares entre los pueblos indígenas. Además, los soldados reclutados, al término de su servicio
militar, podían obtener el privilegio de la ciudadanía romana y recibir lotes de tierras. A veces se
formaron núcleos urbanos habitados por mercaderes que se convirtieron con el tiempo en
municipios romanos. Es el caso, por ejemplo, de León.
La fundación de colonias. El asentamiento de ciudadanos romanos en colonias de nueva creación
también extendió el modelo de vida romano. Consistía en la entrega de tierras a soldados
veteranos en pago por su servicio militar. Mérida fue fundada por orden del emperador Augusto
para asentar a los veteranos de las guerras cántabro-astures.
La concesión de la ciudadanía romana a los indígenas. La obtención del título de ciudadano
romano suponía gozar de numerosos derechos y privilegios y se utilizaba como reclamo para
facilitar la dominación romana.
Extensión del latín. Acabó sustituyendo a las lenguas indígenas, de las cuales solo subsistió la vasca.
La religión. El proceso de romanización de los pueblos peninsulares implicó también la difusión de
la religión romana, politeísta, aunque los cultos indígenas no desaparecieron del todo.
Durante el Alto Imperio, se habían extendido por Hispania diversos cultos orientales, entre ellos el
cristianismo. A partir del siglo III la nueva religión se fue extendiendo y, cuando el emperador Constantino
la legalizó mediante el Edicto de Milán del año 313, puso fin a la etapa de las persecuciones y la
clandestinidad. La implantación definitiva del cristianismo en Hispania, como en el resto del Imperio, se
producto tras el Edicto de Tesalónica del emperador Teodosio I, que lo estableció como religión oficial y
también se utilizó como elemento unificador el derecho romano.
EDAD MEDIA
4.1.- LOS VISIGODOS
a) Resume las características de la monarquía visigoda y explica por qué alcanzó tanto poder la Iglesia y
la nobleza.
La monarquía visigoda no era hereditaria, sino electiva y la designación del rey dependía de los magnates
de la nobleza y la Iglesia.
Este carácter electivo explica en gran medida su debilidad y la inestabilidad política que caracterizó a todo
el periodo.
Las competencias del rey eran amplias (máxima jefatura militar, legislación, instancia superior de justicia,
etc.), aunque en la práctica estaban muy limitadas por el poder de la nobleza y la Iglesia. Para la labor de
gobierno el monarca se servía fundamentalmente de dos instituciones:
a. El Officium Palatinum. Lo integraban los magnates de mayor confianza del rey, que le auxiliaban en
las tareas de gobierno y en las domésticas de palacio.
b. El Aula Regia. Era una asamblea de carácter consultivo, heredera del tradicional Senado e integrada
por todos los miembros del Officium Palatinum y otros magnates, que asesoraban al rey en asuntos
políticos y militares, y en la elaboración de las leyes.
La monarquía visigoda propició el surgimiento de una poderosa nobleza territorial que fue consecuencia
del siguiente proceso:
1. En un principio los reyes se rodearon de guerreros fieles a su persona, a los que mantenían en
palacio.
2. Tendieron a recompensar sus servicios militares con la entrega de tierras en usufructo vitalicio (no
en propiedad).
3. Los guerreros fieles convirtieron esas tierras en propiedades hereditarias, en las que gobernaban
con total autonomía respecto al poder del rey.
Por otra parte, la Iglesia católica, desde su legalización por Constantino (313) había acumulado un gran
patrimonio territorial y, tras el III concilio de Toledo (589), en el que Recaredo abrazó la religión católica,
había adquirido una gran influencia política.