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Craneo

Este documento describe las características anatómicas de la superficie interna y externa del cráneo humano. Describe las diferentes regiones de la superficie interna (endocraneal), incluyendo la calvaria, fosa craneal anterior, media y posterior. También describe las principales estructuras como suturas, agujeros y surcos presentes en cada región. Por último, resume brevemente las características de la superficie externa (exocraneal) del cráneo.

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Craneo

Este documento describe las características anatómicas de la superficie interna y externa del cráneo humano. Describe las diferentes regiones de la superficie interna (endocraneal), incluyendo la calvaria, fosa craneal anterior, media y posterior. También describe las principales estructuras como suturas, agujeros y surcos presentes en cada región. Por último, resume brevemente las características de la superficie externa (exocraneal) del cráneo.

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Por otro lado el cráneo para su examen presenta una superficie externa o exocraneal y una

interna o endocraneal.

SUPERFICIE ENDOCRANEAL

Calvaria:
Está constituida por la zona superior del frontal, los parietales, la parte más superior de la
escama de los temporales y la escama del occipital hasta la protuberancia occipital externa.
Recorriendo su superficie en sentido anteroposterior observamos en la línea mediana la cresta
frontal (Fig. 04) y el surco para el seno longitudinal superior. (Fig 05) Por lateral y en relación a
este surco se encuentran las fositas granulares (Fig. 05) donde se alojan las granulaciones
aracnoideas. Cerca del ángulo posterosuperior del parietal se ubican los agujeros parietales
(Fig. 05).

Por lateral a estas estructuras observamos las fosas frontal, parietal y occipital. (Fig. 06).

En relación a la fosa parietal se reconocen los surcos para la arteria meníngea media (Fig. 07) y
sus ramas. Además en esta superficie endocraneal resaltan las suturas coronal (Fig 08) por
anterior y lambdoidea (Fig. 08) por posterior.

Base:
En la base del cráneo se distinguen tres regiones o fosas craneales: (Fig. 09). Anterior, media y
posterior.

Fosa Craneal Anterior: (Fig. 10)


Sus límites están dados por anterior el plano convencional que la separa de la calvaria. Por
posterior partiendo desde lateral su límite sigue el borde posterior de las alas menores del
esfenoides, los procesos clinoides anteriores y finalmente el limbo esfenoidal que limita por
anterior el surco prequiasmático (donde se apoya el quiasma óptico) y por anterior a la fosa
hipofisiaria que aloja a la glándula hipófisis. Esta fosa presenta en su parte mediana al proceso
crista galli (Fig. 11) y al agujero ciego (Fig. 11) situado por anterior a ella. Por lateral a ellos se
observan los surcos olfatorios con la lámina cribosa del etmoides, (Fig. 11) que presenta
agujeros que serán atravesados por el nervio olfatorio. En la zona más anterior de la lámina
cribosa del etmoides se reconocen dos agujeros uno lateral: el agujero etmoidal (Fig. 11) que
da paso al nervio etmoidal anterior y a una rama de la arteria etmoidal anterior hacia la
cavidad nasal. Por medial a él se encuentra la hendidura etmoidal, (Fig. 11) accidente que en el
vivo aloja a una prolongación de la duramadre.

Por posterior a la lámina cribosa se encuentran de anterior a posterior: una superficie lisa que
une ambas alas menores del esfenoides: el yugo esfenoidal (Fig. 12) por posterior a él se ubica
el limbo esfenoidal (Fig. 12)que limita por anterior al surco prequiasmático, (Fig. 12) el cual
termina por lateral en los canales ópticos (Fig. 12) que por su situación comunican a la fosa
craneal media con la órbita permitiendo el paso del nervio óptico y la arteria oftálmica.

Por lateral a la lámina cribosa del etmoides reconocemos las eminencias orbitarias (Fig. 13) en
cuya parte posterior se observa la sutura frontoesfenoidal. (Fig. 13) Esta zona además presenta
elevaciones y depresiones generadas por los giros y surcos del lobo frontal del cerebro.
En la unión de la lámina cribosa del etmoides con las eminencias orbitarias pueden observarse
los orificios de los canales etmoidales anterior y posterior que comunican esta fosa con la
órbita, permitiendo el paso de los vasos y nervios del mismo nombre; continuando hacia
anterior al canal etmoidal anterior se reconoce el surco etmoidal, que llevará a los elementos
hacia el agujero etmoidal situado anteriormente en la lámina cribosa del etmoides.

Fosa Craneal Media:


Está comprendida entre el límite posterior de la fosa craneal anterior, el borde superior del
dorso de la silla del esfenoides y los bordes superiores de las porciones petrosas de los huesos
temporales con el surco para el seno petroso superior. (Fig. 14)
En su parte central y mediana destaca la fosa hipofisiaria (Fig. 14) limitada en sus cuatro
ángulos por los procesos clinoides anteriores y posteriores, (Fig. 14) por anterior a la fosa se
encuentra el surco prequiasmático en cuyos extremos laterales se inicia el canal óptico, por
lateral encontramos el surco para el seno cavernoso (Fig. 14) y por posterior el dorso de la silla
(Fig. 14) la que se continua hacia posterior en la fosa craneal posterior con el clivus.

Por lateral a la fosa hipofisiaria se observan dos excavaciones profundas llamadas fosas
esfenotemporales que contienen a los lobos temporales del cerebro. En la conformación de
estas fosas participan la cara inferior de las alas menores del esfenoides, sus alas mayores y las
caras cerebrales de las porciones petrosas del temporal, por tanto en esta última zona
reconoceremos una elevación determinada por el canal semicircular superior: la eminencia
arcuata (Fig. 15) o arqueada, anteromedial a ella, una superficie lisa que corresponde a la
pared superior de la caja timpánica conocida como tegmen timpani (Fig. 15) o techo del
tímpano, anteromedial a estas formaciones se observan los hiatos para el nervio petroso
mayor y los hiatos accesorios (Fig. 15) para los nervios petrosos menor y profundo. Cerca del
vértice de la porción petrosa del temporal observamos la impresión trigeminal (Fig. 15) que
alojará al ganglio trigeminal.

Por lateral y hasta su límite con la calvaria la fosa craneal media está constituida por la
superficie endocraneal de la escama del temporal.

En relación a esta fosa encontramos distribuidos de anterior a posterior los siguientes agujeros:
la fisura orbitaria superior (Fig. 16) que la comunica con la órbita y permite el paso de los
nervios motores del ojo (oculomotor, troclear y abductor), el nervio oftálmico o sus tres ramos
y la vena oftálmica superior. Le siguen hacia posterior el agujero redondo (Fig. 16) que
comunica con la fosa pterigopalatina y permite el paso del nervio maxilar; el agujero oval (Fig.
16) que comunica con la región infratemporal y da paso al nervio mandibular; el agujero
petroso (inconstante) por el cual transcurre el nervio petroso menor y el petroso profundo; el
agujero espinoso (Fig. 16) que da paso desde la región infratemporal a la arteria meníngea
media que al ingresar al endocráneo se dirige hacia anterolateral impresionando un surco en el
ala mayor del esfenoides; el agujero venoso (inconstante) para el paso de una vena emisaria.
Siguiendo la línea de articulación del borde anterior de la porción petrosa del temporal con el
ala mayor del esfenoides se constituye el agujero rasgado (Fig. 15) que permite el paso del
nervio del canal pterigoideo; finalmente se encuentra, en relación al vértice de la porción
petrosa del temporal el orificio superior del canal carotídeo (Fig. 16) que permite el ingreso al
cráneo de la arteria carótida interna y su plexo simpático perivascular.

Fosa Craneal Posterior:


Limitada hacia anterior por el borde superior del dorso de la silla y los bordes superiores de las
porciones petrosas del temporal por posterior se extiende hasta el plano convencional que
separa la base de la calvaria a nivel de la protuberancia occipital externa. Es conveniente hacer
notar que no siempre la protuberancia occipital externa coincide en altura con la protuberancia
occipital interna, por esta razón los surcos de los senos transversos en ocasiones son límite de
la fosa craneal posterior y en otras se encuentran incluidos en ella.

En esta fosa de anterior a posterior podemos describir en la zona mediana el clivus, (Fig. 17)
constituido por el esfenoides y el occipital, formación en la que se apoya el puente y el bulbo;
el agujero magno (Fig. 17) que comunica el endocráneo con el canal vertebral; la cresta
occipital interna (Fig. 18) que presta inserción al falce cerebelar y la protuberancia occipital
interna. (Fig. 18)

Hacia lateral encontramos las fosas cerebelares para los hemisferios cerebelares, estas están
constituidas por la cara cerebelar de la porción petrosa del temporal, parte de la escama del
temporal y la concha del occipital. De esta manera podemos reconocer al surco del seno
petroso superior para el seno del mismo nombre, el surco para el seno petroso inferior y el
surco para el seno sigmoideo (Fig. 19)(continuación del surco del seno transverso) en cuya
porción vertical se puede ver el agujero mastoideo destinado a una vena.

Además en la cara cerebelar de la porción petrosa del temporal observamos: el poro acústico
interno, que nos permite la entrada al meato acústico interno, (Fig. 19) al cual ingresan el
nervio vestibulococlear, el nervio facial e intermedio y la arteria laberíntica.

Unos cuantos milímetros superior y posterior al poro acústico interno se observa la fosa
subarcuata (Fig. 20) la que presenta una hendidura donde se abre el canal petromastoideo.
Alrededor de 1 cm. posterior al poro acústico interno se encuentra la fosa ungueal (Fig. 20) en
la que se abre el acueducto del vestíbulo.

En relación a la zona del agujero magno podemos reconocer el orificio del canal del hipogloso
(Fig. 19) (para el nervio del mismo nombre). En relación a la articulación del borde posterior de
la porción petrosa del temporal con el borde anteroinferior del occipital se conforma el agujero
yugular (Fig. 19) que da paso a los nervios glosofaríngeo, vago y accesorio, como también a la
vena yugular interna como continuación del seno sigmoideo y finalmente al seno petroso
inferior que busca abrirse en la vena yugular interna en el exocráneo.

SUPERFICIE EXOCRANEAL

Calvaria:
Partiendo por anterior y en la línea mediana observamos la sutura frontal mediana, (Fig. 21)
también conocida como metópica, la cual desaparece con la edad.

Luego la sutura sagital (Fig. 22) la que se relaciona hacia posterior con los agujeros parietales;
(Fig. 23) finalmente la concha del occipital. Por lateral encontramos las tuberosidades frontal,
parietal y occipital, que se corresponden con las respectivas fosas endocraneales, entre ellas
las suturas coronal (Fig. 22) y lambdoidea. (Fig. 23)

Lateral a lo anterior encontramos la línea temporal (Fig. 24) (continuación hacia posterior del
proceso cigomático del hueso frontal, esta línea, en las cercanías de la sutura coronal, se divide
en una línea temporal superior e inferior que delimitan por superior a la región temporal. Esta
región por tanto se ubica en parte en la calvaria y en la pared de la base del cráneo.
Base:
En su visión exocraneal la base del cráneo es dividida en tres zonas por dos líneas transversales:
La primera se extiende de un tubérculo cigomático anterior al otro (línea bicigomática); (Fig.
25) la segunda se traza del vértice de un proceso mastoideo al otro (línea bimastoidea). (Fig.
25) De esta manera describiremos una zona anterior o facial, una media o yugular y una
posterior u occipital.
Zona anterior o Facial:
La zona facial (Fig. 26) ubicada por anterior a la línea bicigomática corresponde a la región del
cráneo que se articula con el macizo facial. Por tanto, para su observación deben retirarse los
huesos de la cara.
De anterior a posterior y en la línea mediana encontramos:
La espina nasal del frontal, (Fig. 27) la lámina perpendicular del etmoides. (Fig 27) y la cresta
esfenoidal inferior. (Fig. 27)

Por lateral observamos el techo de la cavidad nasal formado por la lámina cribosa del etmoides
por anterior y la cara inferior del cuerpo del esfenoides (Fig. 27) por posterior. Lateral a la
lámina cribosa encontramos la cara inferior del laberinto etmoidal (Fig. 27) del cual se
desprenden de su cara medial las conchas superior y media (Fig. 28) y el proceso unciformes.
(Fig. 28)

Lateral a estas estructuras se ubica el techo de la cavidad orbitaria, constituida por la cara
orbitaria del frontal y la cara inferior de las alas menores del esfenoides, junto con esto vemos
parte de la pared medial de la órbita que está constituida por la lámina orbitaria (Fig. 29) del
laberinto etmoidal.
En ella encontramos por medial la fosita troclear (Fig. 30) (para la polea de reflexión del
músculo oblicuo superior del bulbo ocular) y por lateral la fosa lagrimal (Fig. 30) (para alojar a
la glándula del mismo nombre).

En esta zona se encuentran los siguientes agujeros:


En relación a la lámina cribosa del etmoides, observamos los agujeros olfatorios, la hendidura y
el agujero etmoidal (elementos ya vistos por el endocráneo) y el ostium del seno esfenoidal.
Por lateral y en relación a la cavidad orbitaria encontramos los agujeros etmoidales anterior y
posterior, (Fig. 29) el canal óptico (Fig. 31) y la fisura orbitaria superior. (Fig. 31) En relación al
borde supraorbitario se observa la incisura supraorbitaria, (Fig. 31) la que puede presentarse
también como agujero dando paso a los vasos supraorbitarios y al ramo lateral del nervio
supraorbitario; medial a ella se encuentra la incisura frontal (Fig. 31) para los vasos
supratrocleares y el ramo medial del nervio supraorbitario.

Zona Media o Yugular:


La zona media está comprendida entre las líneas bicigomática y bimastoidea presenta:
En la línea mediana la superficie basilar del occipital con el tubérculo faríngeo, que presta
inserción a la fascia faringobasilar y la fosita navicular por anterior a él. (Fig. 32)

Por lateral a esta zona se conforman dos cuadriláteros. Cada uno de estos presenta, en sus
cuatro ángulos, cuatro eminencias óseas: el tubérculo cigomático, el proceso pterigoideo por
anterior; el cóndilo del occipital y el proceso mastoideo por posterior. Una serie lineal de
crestas y eminencias extendidas desde el proceso mastoideo a la base de la lámina lateral del
proceso pterigoideo: proceso estiloides con su proceso vaginal (Fig. 33), la espina del
esfenoides (Fig. 34) y una lámina ósea prolongación del borde medial del ala mayor del
esfenoides) divide el cuadrilátero en dos triángulos: uno anterolateral y otro posteromedial. El
triángulo anterolateral contiene el conducto auditivo externo (Fig. 33), la fosa mandibular. (Fig.
34) y el tubérculo articular del temporal, la fisura tímpano escamosa, (Fig. 34) el agujero
espinoso y el oval. (Fig. 35) El triángulo posteromedial presenta a su vez: el agujero
estilomastoideo (Fig. 35) (para el nervio facial y la arteria estilomastoidea); el agujero yugular y
la fosa yugular; (Fig. 36) el orificio inferior del canal carotídeo; (Fig. 36) la fosita petrosa y el
canal timpánico (para alojar el ganglio superior del glosofaríngeo y el nervio timpánico
respectivamente); posteromedial al agujero yugular y en relación a los cóndilos del occipital se
observa el orificio del canal del hipogloso. (Fig. 36) Por anterior, en la zona de los procesos
pterigoideos se ubican el canal pterigoideo, (Fig. 35) la fosita escafoidea (para el origen del
músculo tensor del velo palatino) y el agujero rasgado. (Fig. 35)

Zona Posterior u Occipital:


La zona posterior está ubicada por posterior a la línea bimastoidea hasta la protuberancia
occipital externa y las líneas nucales superiores.

En la línea mediana observamos al foramen magno, los cóndilos del occipital (Fig. 37) y la
protuberancia occipital externa (Fig. 37) unidos entre si por la cresta occipital externa. (Fig. 37)
Por lateral se ven dos líneas curvas: la línea nucal superior (Fig. 37) (que va de la protuberancia
al proceso mastoideo) y la línea nucal inferior (Fig. 37) (que parte de la mitad de la cresta
occipital externa hacia lateral hasta el proceso yugular del occipital), ambas líneas y la
superficie rugosa entre ambas están destinadas a inserciones de músculos posteriores del
cuello. Por medial al proceso mastoideo se observa la incisura mastoidea, (Fig. 38) que presta
inserción al vientre posterior del músculo digástrico y por medial a ella encontramos el surco
para la arteria occipital.

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