Captruto VI
INFIERNO Y CIELO:
POSIBILIDAD Y PROMESA
(MAbiACLAPAT. RINGEMER)
Después de intentar en esta obra un recorride por los di-
versos aspectos del llamado tratado de escatologia, vamos a
enfrentarnos a continuacién con aquello que es —al mismo
tiempo— la pregunta mis ansiosa y la més fascinante utopia
del ser humano: su destino definitivo y eterno. Un destino que
Ia teologia y la espiritualidad cristianas han presentado siempre
bajo dos configuraciones radicales y extremas:
— La frustracion y condenacion de aque! que, cerrindose
al amor de Dios y de los demas, conocer eternamente las
penas, los torments y la vaciedad, en una palabra el infierno;
— Ia consumacién plena, la realizacion maxima de aquellos
ue, abiertos y receptivos, disponibles y solidarios, encuentran
cn la eternidad la luz sin sombras, el amor sin fronteras: el
cielo.
Infierno y cielo, cristalizaciones definitivas de la condena-
cin o de la salvaci6n del hombre, han tenido un papel desta-
ado a lo lagu de la historia Ue La Iglesia en la predicacigu, co
Ja espiritualidad, en la reflexion teologica. Sin embargo, con fre
encia se han presentado como realidades situadas solamente
EL mundo moderno, con el proceso de desmitologizacion y
secularizacién que le es caracteristico. ha pasado a cuestionar
muchos de los aspectos de la concepeién tradicional de estas
dos caras del destino final de la persona humana. Y hoy la tco-
Jogta, al asomarse a estas reatldades escatologicas, ene que
mycenfrentarse con cuestiones que le vienen no sélo del escepti-
ccismo y del desencanto de los medios mas cultos y seculari-
zados, sino también de la nueva y palpitante realidad de la
Iglesia, que en las comunidades eclesiales de base surge y toma
‘cuerpo en los ambientes populares,
{Puede concebirse el cristianismo como una «doctrina de
los dos caminos», en donde los dos enunciados —el infierno y
cl cielo— se sittin al mismo nivel, como promesa y objeto de
fe? {Hay que concebir, ademas de eso, la configuracién defin
tiva del destino det hombre en términos de «castigo» o de
«premio», coma retribucién pastuma por unos pequenos actos
morales realizados durante la vida terrena? ;Seran el cielo y el
infierno realidades solamente trascendentes, sin vinculaciOn
‘guna con el proceso histérico y las luchas de! hombre en orden
4 la construceién del mundo?
Estas y otras preguntas tendrin que ser como el trasfondo
{que nos sirva para situar nuestra reflexién sobre las dos pers-
pectivas diltimas que desde siempre han inquictado y siguen is
4quietando el corazén humano,
1. El infierno, posibilidad de frustracién eterna
UEI ser humano, hecho para la vida, puede morir eterna
‘mente? EI ser humano, hecho para la convivencia y Ia comu-
nnién, puede tener como destino la eterna y absoluta soledad?
La historia de Iu Iglesia y la teologia tienen por detris de si
largos afios de reflexién y de predicacién sobre este tema tan
controvertido de Ia fe cristiana, Todavia hoy, en el mundo de
la secularizacién y del atefsmo, se da, no s6lo en los medios
catdlicos populares, sino también entre cristianos mas intelec-
tuales y letrados de los grandes centros urbanos, la pregunta y
a inquietud sobre ef destino humano en erminos Ge muerte y
negatividad eternas,
{Consecuencia quizés de una predicacién secular de la Tgle-
sia, que subrayaba la condenacion y el miedo al castigo como
cstimulo para la conversién? ,O més bien proyeccidn del com-
plejo de culpa de la propia persona que se sabe dividida, amt
250qua y necesitada de una autopunicién? Sea lo que fuere, ta
cuestién del infierno no puede pasarse por alto, aunque solo
sea por el hecho de que el miedo a una eternidad hecha de
tormentos y de fuego ha causado incalculables datios a lo largo
de Ios sates
Hoy es preciso abordar el problema del inierno con toda la
seriedad y el aleance que realmente tiene: el de una cuestion
fn la que estan en juego, profundamente vinculadas y mutua-
mente implicadas, la libertad constitutiva de la persona hu-
mana y el respeto de Dios por esa libertad; la importancia de
In vida y de los netox de eadla uno y coneretamente. en la situa
cin de’ justiia y de opresién en ia que viven los pueblos lti-
noamericanos, el potencial «infernal» contenido dentro de las,
estructuras y mediaciones de explotacién que sufren ciertos,
grupos sociales por parte de otros
Conviene, sin embargo, intentar encontrar la pregunta de
fondo, para partir precisamente de ella. ;Dénde esta, para los
hombres y las mujeres de hoy, el punto crucial de su cuestion
sobre el infiemio? Conscientes de que esa pregunta sufre dife
rentes procesos de evolucidn, respectivamente, en los am-
bientes populares y en los segmentos mis secularizados e ilus-
trados, intentaremos detenernos un poco en cada uno de estos
dos universos para intentar llegar posteriormente a un denomi-
nador comdn,
Ll. La creencia del pueblo
EL informe de una didcesis brasilefia, ya citado anterior
mente en este mismo volumen ', dice que «el brasilefio popu-
lar no creera fécilmente en el infierno, Si es sincero, diré que
no cree en él...», Aunque sea verdad que, para el pueblo,
Dios es primero y fundamentalmente providencia buena y
amorosa, por otro lado no se puede negar que, en la evolucién
de la vida y de la practica religiosa en nuestras terras la pred
caciOn sobre el infierno ha sido una realidad constante y palpa-
ble. Todo el proceso de evangelizacién de nuestra gente, real
© Ct capt, p77
251zado en gran parte (sobre todo en las regiones mas alejadas y
de ditieil acceso) por medio de las misiones populares y de las
«desobrigas» ?, tuvo como parte importante de su contenido la
amenaza del infierno. Y este infierno era presentado por los
isioncros y por los predicadores sagrados con los mas vivos
colores y las mas terrorificas descripciones,
Esto hizo que, en la concepeién del pueblo, el infierno
fuera un lugar, adonde se va después de la muerte. Un lugar
que se sitia «debajo», en la region inferior a aquella en que
transcurre Ia vida, Un lugar de castigo eterno, en donde se
pena y se paga para siempre el mal aqui cometido. La weompo-
sicidn» del castigo del inflerno, dentro de esta concepci6n, esti
de acuerdo con el contenido tradicional de las predicaciones:
fuegn, arufre, tinieblas, presencia de dlemonios que atormentan
y torturan a los condenados, sed, gemidos, erujir de dientes *.
Todavia hoy esta concepcidn es la que predomina en los
ambientes. populares. Sin embargo, hay otto aspecto de la
cuestién que Vale la pena destacar: el aspecto de Ia justicia de
Dios. $i Divs €> buen, si Divs ey amu, ny €9 miety verdad,
que tambien es justicia. {Cual es, por consiguiente, la manera
de obrar de este Dios justo en un mundo en que predominan
Ta injusticia ya opresicn?
Despojado de sus derechos mas elementales desde el naci-
tmiento, oprimido y aplastado en sus aspiraciones mas funda-
rmentales, el pueblo experimenta dura y constantemente el
peso de Ia opresidn y de la injusticia sobre su vida, La falta de
perspectivas para el manana, el ver que nunca Hlegan dias me
jores, la vida embrutecida y devorada por la necesidad de tra-
bajar para poder comer y reponer las energias a fin de gas-
tarlas de nuevo por completo en un trabajo que va a
wiqueces y 4 salisfaccr a Uti, todo esto constituye ana ox
periencia que podria llamarse «infernal», Es ésta una experien-
® “Desobrigns ers el trabjo de lo misionero cation ea ls eames ea
as mis desatcnaidas dstantes, que consistia en pasa una ver al 30 Poe
ln enn, indo sor od agtecia bacamentl aa pba foc oan
2Zando procesonesy exhotindola en sermones 1 a conversk
* bl contenido de estas descripciones puede encontarse en los manvsles de
teolopa'ycatecst0s anigs, con abundancia de dette:
y como
«fuego inextinguible». Es posible reconocer ya alli un antece-
dente proximo de la gehenna neotestamentaria°. Estos ele-
‘mentos literarios serdn recogidos por Jesis en su predicacion
Hombre de su tiempo, Jestis utiliz6 las categorias de su
€poca para hablar a sus contempordneos. Marcada por la in-
fluencia de la apocaliptica judia, la predicacién de Jess refleja
las concepeiones de esa corriente: urgencia de la conversion,
inmediatismo de la irrupcién de Dios en la historia como jui
cio e inminencia del fin (ef Me 3,2.105 4,17) 7
A pesar de todo esto, la afirmacion central que se puede
hacer sobre la propuesta de Jesis es la de que se trata de un
‘mensaje de salvacidn. No hay en los evangelios dos principios
generadores, dos vertientes igualmente importantes, dos anun-
cios: uno de salvaciin y otro de condenacidn. Esto no impide
que se pueda encontrar en las palabras del Sefior la presencia
de cota posiblidad de no-participacién en le bucna nueva de
salvacin anunciada, de «pérdida de la vida» (Me 8.35; Mt
10,28; Jn 12,25), de exclusién de la comunicacién interpersonal
5 Libro de Henoc 13:5, obea aps compuests «medias dels
slo Ua.C-La cit, af como un desarrollo ms deta dela concepeion el
‘hol com inferno se eneaemra.en Le} StADEE MANN. 0 S129 De
tana da Paiso. em Perspect Tealigess 38 (183) 128, 9-38
SCL it RuiepetaPeva. oc, 7)
7 CL HL'Ktno, Vide otra? Cestiandad, Madid 1983, 222223; pre
sentaun uch reuien dea tora de ls poealipica ja del tempo
sts sobre el sho a ehenng também se fsa ale trportans el Lt
Ide Henoe qu c spor de Jest gorabe de a mim storia gue
vet yer lnclsn coder come tte stato
258y del conocimiento de Dios (Mt 7,23), de ser «echado fuera»
del amor y de sus frutos (Le 13.23-29: Mt 22.13: Mt 25.10-12),
de falta de acceso finalmente a la salvacién anunciada y pro-
puesta,
Fata sittacién de exclusién y de muerte es descrita en el
Nuevo Testamento con lujo de detalles y de adjetivos, como
‘fuego (Mt 18,9; 13,50; Mc 94348). sLlorar y crujir de
ientes» (MU 13,43), «gusano que no muere», imagenes todas
ellas que tienen como funcién destacar més aiin el cardcter de
perdiciée, cle inntilidad, de uno validers de la vida humana
cuando oo sorta y oe separa de Aquel quc os la fuente de la
vida
Algunos elementos sobre toda nos Ilaman la atencién en la
redicacién de Jesis respecto al infierno. y en las palabras que
le atribuyen tos evangetistas subre la condenacidn eterna:
— Jestis, coma ya hemos visto, no es un predicadar del ine
fierno. Su anuncio del reino es de la salvacién, y no de condena-
cidn, No of1ece base alguna para un dualismo escatologivo. Sin
embargo, la posibilidad de una muerte eterna, que aparece en
el contexto de sus discursos, esta carzada de realismo y de ur-
gencia. Su finalidad no es tedrica Pretende, esi xf, citar al
hhombre frente a una decisién radical: a favor o en contra de
Dios, del lado de la salvaciGn 0 de la eondenacién, Jess sabe
ue el final de la historia es inminente, Jo cual hace esencial la
decisién por un cambio radical de vida. Y en este contexto es
donde sitia la perdicién eterna, como consecuencia del. re~
chazo de asumir y evar adelante exe desatio,
— FA juicin condenatorio. que eva al ser humano a la
muerte eterna no se pone en boca de Jestis, sino que es un
autojuivio (Ju 3,17-19; 1247-18). AL uv avoger la salvani
rrandose las obras del amor fraterno (Mt 25,3258), eel
mismo hombre el que se condena, sustravéndose en su libertad
de ofrecere
— Fi eriterio tasico a partir del cual el hombre se autoex-
cluye de la salvacién y escoge Ia condenacién es el nivel de su
cerramiento @ la relacién y a la comunicacién, es decir, su rup-
Tura con el orto, En esto se mide su apertura 0, por el comtra-
259rio, su cerrazén respecto al mismo Dios. Y en el evangelio es
‘otro que, desde su alteridad, al mismo tiempo que invita a la
comunién es también eriterio de juicio, es el pobre, el necesi-
tado, el aplastado por cualquier forma de indigeneia, en cuyo
rosiro el mismo D10s se propone al amor, a ka acogida. Los pa-
sajes del juicio final (Mt 25,31-46), del’ buen samaritano (Le
10,29-37), del rico epulén y el pobre Lazaro (Le 16,20-31), del
hijo prédigo en donde, al final, el hijo mayor se autocxcluye
del banquete preparado por el Padre (Le 15,11-32), son bas
tante ilustrativos en este sentido,
EL mensaje neotestamentario sobre el infierno no puede
comprenderse bajo ningin pretexto en clave individualista 0
privatizada, El verdadero punto neurdlgico, en el que se juega en
Kérminos de totalidad, de «todo © nada», el destino y la vida
eterna del hombre, es de cufio eminentemente social: su capac
dad de apertura a'la relacién y a la comunién, de acogida al
‘otro, sobre todo del que es pobre y esta necesitado. All es donde
‘cada uno se gesta su futuro de vida 6 Ue muerte, de salvacion @ de
infierno.
A pair de In. peneraciin posapostélica, la dactrina de k
Iglesia sobre el infierno se va elaborando sobre la base del rn
terial biblico de que se disponia, més allé de las experiencias
vividas por a comunidad eclesial. En la primera patrstica con-
viene citar sobre todo a los apologetas, que comienzan un pro-
eso de justficacén racional de las penas del inferno *, reafi=
‘mando la eternidad del castigo como estimulo para la conducta
le consenso teol6gico quedd roto por Origenes, que fue
el primero en cuestionar el cardeter eterno de la condenacién.
resaltando la cualidad pedagdgica de los textos escrituristicus
sobre el infierno. Las penas tendrian una funcién medicinal y
tuna duracién temporal (no eterna) ya que el alma, en cuanto
principio espinitual, posee una permanente capacidad de op-
Cidn y el destino de Ios individuos nunca puede estar definitiva-
mente fijado. Ampliando esta teor‘a en términos e6smicos, ela-
bora entonces Origenes la doctrina de Ia apocatistasis 0
© C13. Rupe ia Pes 06, 276
260restauracién de todas las cosas después del proceso de purifica-
cidn, cuando en la resurreccién final se conviertan incluso los
demonios *
Respecto al fuego. elemento central de la doctrina del in-
fierno, Origencs lo interpreta en un nivel subjetivo, rechazando
la nocién de un tormento externo y precedente, en el que el
hombre se vea sumergido por otros, El fuego del que nos ha-
bilan las Eserituras —segun ta interpretacion origenista— es et
mismo tormento interior del condenado, ocasionado por la
pérdida del tinico bien existente, que es Dios
Las innovaciones de Origenes sobre ta «no-derinttividad> de
las penas del infierno fueron rechazadas aunque tardia y pro=
gresivamente— por el magisterio de [a Iglesia, que volvi6 a
tfirmar [a existencia de una muerte eterna para loe que come
tieron el mal en sus vidas. Esto significa que «un hombre, por
causa tal vez de un unico pecado mortal, es condenado para
siempre, infeliz eternamente, atormentado eternamente» "’
Mais recientemente el concilio Vaticano TI, en el niimero 48
de la constitucién dogmatica Lumen gentium, reafirma la defi-
nitividad de la pena del infierno, apoyandose para ello en di-
versos textos escrituristicos y, consiguientemente, exhorta a la
vigilancia constante, necesaria para que no se incurra en tan
terrible castigo,
Hoy, mirando hacia estas oscilaciones que han ido mar-
cando Ia historia de la Iglesia en lo relativo all infierno, perma-
necen en pie algunas dificultades. Si sigue siendo dificil conci-
Tiar la caistencia del infierno con la vonccpeiéa del Divs
cristiano, de amor y de misericordia, por otro lado es verdad
aque Jesis hablé sobre el infierno y lo describié con trazos muy
vivos y marcados. en términos de fuego. de maldicidn y de
ruina, Y sino se puede afirmar, con un minimo de correccién
teol6gica, un duaismo escaoligico a parti de ia evidencia de
no necesita de un anticDios para ser Dios, tampoco
es menos cierto que no es posible munimizar impunemente et
CE Conia Celso 5.18: 6.26, Madd 1967, M3-34410411; Per Archi
2.1066 PG 11.288-239: 1.6.1.3: 36: PG 11.165 180.338
"Cr a eondenacion del «Sinodo de Constantinopla» en el S43: DS SUL
(Ct tamibign in condensein de Bacto Engena’ DSAOS633,
261poder del mal. bien particularizindolo en personas indivi
dduales, bien escamoteando su caracter de radicalidad. con la
falaz esperanza de un desenlace alegre e inconsecuente para la
historia de Ja humanidad.
{Serfa posible, a partir de las tesis origenistas, rescatar
como positiva li intuiciin que atisba ta posibilidad de que
todos, al final, consigan la salvacién, sin caer en la herejia de
afirmar una salvacidn incluso pura los demontos, meti¢ndonos,
en un campo de eertezas que silo pertenece a Dios?
Sobre todas estas cuestiones la teologia esti llamada a pro-
snunciarse, buscando con fe ardiente y con humilde empefio ha-
cer una posible luz, en esta materia tan delicada y de tanta se-
riedad.
1.4. Infierno: una posibilidad que no es divina
La primera constatacién que se desprende de la reflexion
hecha anteriormente es la de que el infierno no puede ser atri-
buido a Dios. Si existe una muerte eterna, una posibilidad de
destrucci6n definitiva para la criatura, su origen debe buscarse
1no en Dios, ni tampoco en otro principio que sea de grandeza
equivalente. A partir de eso cabe la cuestiOn: ;puede seguir
alirmandose que el interno es una verdad de te, en la que hay
que creer?
Una segunda cuestién: el dato bisico de la antropologia
Cristiana de que el ser humano es cttatura de Dios, libre y libe-
rado por Jesucristo (ef Gal 5,1), cimplica que esa libertad, para
ser total, lleva consigo la posiblidad de frustracién total y del
fracaso y destruccidn absolutos? EI dato de la posibilidad de
la existencia del infierno seria entonces algo indispensable para
la comprensién misma de la relacién de la persona humana con
A estas dos cuestiones se afiade otro cuestionamiento sobre
la esencia misma del infierno y su definicion, {Se puede toda-
‘via hoy seguir concibiendo el infierno como un lugar fuera det
hombre, al que éste es enviado por un tiempo definitive y sin
limite alguno? 0 se debe més bien pensar en el infierno como
202fen una forma de ser, un estado © situacién no extrinseca ni
ajena a la misma interioridad humana?
Finalmente, intentando pensar en el problema a partir de
‘America hatin y del proveso de liberacion que aquf se esta tle
vando a cabo y en el que procura participar la teologia di-
ciendo también su palabra, gcémo se puede comprender el in-
fierno cinda se concibe la realidad en términas estructarales?
GES preciso que haya un «castigo colectivo» para que se haga
Justicia a los pobres y para que los oprimidos recibaa el lugar
que les corresponde, pudiendo disfrutar finalmente de los
bienes de la tierra que Dios les ha dado a todos? ,Qué significa.
dentro de la realidad latinoamericana, afiemar a la luz de la fe la
posibilidad de la existencia del infierno?
El infierno no ocupa, dentro del mensaje cristiano, la cate-
‘goria que tiene el anuncio o la promesa. La historia, segain la
{9 orietiana, no tiene mas que una meta, un Unica Fin’ Ia salva.
cin. Salvacién que es el mismo Dios —Amor—, origen del
hombre en la creacion y que sale al encuentro de ese mismo
ser creado para salvario y reconducirlo a su fin, que es él
mismo. Este es, por consiguiente, el objeto propio de la esca
tologia cristiana: aquello que esté permitido esperar al
creyente,
‘Al no ser promesa, anuncio, objeto de esperanza, el in-
ficrno entraria entonces en la categoria de posibilidad. Y la
misma Iglesia, a pesar de toda su tradicién de predicacién so-
bre el ifierno, Intenta ser fiet @ esta concepeion, ya que,
mientras que no afirma ni emite veredicto alguno de condens-
cin definitiva sobre ninguna persona en particular, eleva a ta
loria de los altares mediante Ia canonizacién a una muche-
dumbre de hijos suyos, refrendando asf con su testimonio la
salvacién eterna de los mismos. Por consiguiente, es doctrina
de Ia igiesia que, en iv weame ai ificauw, wy os posibte tease
certezas ni seguridades sobre si alguien ha sido condenado y
quign.
El infierno no es creacién de Dios nies voluntad suya,
Examinando los datos biblicos no se puede honradamente atti
buir de ninguna manera a Dios —cuya linea de accién en lo
26s‘que se refiere al ser humano es tan slo creadora y salvifica—
la responsabilidad directa en la existencia del pecado. Del
‘mismo modo que no se puede afirmar que es voluntad de Dios
que alguien peque y practique el mal, tampoco puede proceder
de Dios algo como el infierno.
El origen de Ia existencia del infierno tiene que buscarse en
el mismo ser humano. La literatura brasilefa, a través de la
pluma magistrat de Guimaraes Kosa, expres de este modo
esta verdad: «Cierro. Llega usted. Le conté ya todo. Ahora es-
toy aqui, casi como un propietario. Y voy para viejo, con or-
den y con trabajo. ¢Mérito mio? {He cumplido! EI Rio de San
Francisco —asi se presenta de grande— se parece a un palo
grande, de pie. enorme... Usted me ha escuchado con amabili-
dad y ha confirmado mi idea: que el diablo no existe. ;Como
no? Usted es un hombre listo, circunspecto. Somos amigos.
{Una bicoca! (No hay diablo! Pero hay algo peor todavia,
Esté el ser humano. |Menudo problema!» '*
Después de haberse pasado la vida entera entre el bien y el
mal, llamando 0 conjurando al demonio, el héroe Riobaldo se
ide ante la evidencia de que no es posible, honradamen
personalizar ef ural en espititus individuales, en los que haya
que creer. El mal tiene su origen en el mismo hombre, que se
encarga de esparcirlo por el mundo.
Ll cristiano eree
confia en el Dios misericordioso, Padre
de Jesucristo, que actda en él por obra del Espiritu Santo.
Pero no cree ni confia en el infierno, porque éste no es ni
ede ser abjetn de fe Ta fe es una actitud integral dl ham-
bre que no puede tener mas que un dnico objeto: Dios
‘mismo. El infierno proviene de la misma persona humana y de
su libertad capaz de decir NO.
Afirmar la posibilidad del infierno que proviene del propio
ser humano significa afirmar que Dios toma en serio al ser que
Sik ¥ suiiejauea. A haces ai inwuubre companero
de su alianza, Dios le oftece y pone a su alcance un amor ab-
soluto y definitivo, que lo crea y lo rectea, que le brinda la ca
pacidad de ser plenamente persona y de responder de todo co-
15. GuiwanAes Rosa, Grande Setio Veedas, Nova Froneira, Rio de J
nero i984, 568,
264razén al amor que se le offece. «La oferta divina es la de una
salvacién total, de manera que rchusarla significa una peérdida
totaly ©.
Pero la amistad y el amor son cosas que no se impouen. Se
ofrecen y se aceptan libremente. Fermanece la libertad, la po-
sibilidad de negarse a dar un SI a la propuesta, de no acep-
tarls. Ee un riesgo que Dios mismo quisa asumit al crear al
hombre libre y respetarlo hasta cl fin. Un riesgo que corrié y
le costo la vida a su Hijo. For consiguiente, dentro de este
‘cuadro de seriedad radical de la vida humana es camo hay que
comprender la existencia del infierno El ser humano vive en
tuna situacién erica. Se ve obligado a decidirse en favor o cn
‘contra de Dios y, consiguientemente, en favor 0 en contra de
la salvaci6n,
Asi pues, Ia condenaciéu es uit pusibilidad seal, no una
mera y remota hipdtesis; no es una historia inventada para
asustar a los incautos, y que al final siempre acaba bien gracias
una intervencién inesperada y facil de la misericordia de
Dios. Es posible eyar asta ef fin de la sepulsa. Es posible
cerrarse definitivamente a la relacion y a la comunion; aislarse
en un mutismo amargo y solitario, en donde el unico sonido
«ol llorar y ol crujir de dientes~ de que nos habla
Es posible elimtinas al vtso de la propia vide hasta
egar a exclamar, como el personaye de Sartre: «EI interno
son los otros» "’. mientras que el otro pasa hambre. sed v frio
yen dl ee al misma Dias al que eufre y ecpera (ef Mt 25,31-
46).
Rechazo voluntario de la vida, de la apertura, de la comu-
nicacién, el infierno no puede comprenderse en una dimensién
espacial, como lugar adonde se va después de In muerte, sino
como situacién vital, como forma de ser y estado integral de
quel que escogié para si mismo el camino de la condenacién,
itacién vital que es muerte, Solumente Dios es ta [uente
de la vida; solamente de él proviene cualquier forma de vida.
La Riblia describe la vida eterna como un «ver a Dios». com-
Po Rue peta Pesa.0.c, 288
"1B Sere, Bure quatro paredes, Abril Cltral, Sto Paulo 1977, 98,
205partir su presencia, vivir en comunién con él, Por tanto, la dis-
tancia de Dios, ta separacién de su amor y de esa comunién
que establece su presencia es morir Y marie sin remedio, por-
que es estar scparado de Ia vide. Lo mismo que el ramo dc la
‘vid que, cortado del tronco, se seca y solo sive para ser
echado al fuego (ef Jn 15,2); lo mismo que la sal que, al per-
der su sahor, pierde también su razén de ser y solamente: sirve
para ser quemada (ef Mt S.13). La muerte que representa el
inflerno, la negacion de la vida, es el vacto irreparable, ta frus-
tracién innominable de estar para siempre lejos de Dios, de
hhaher perdido definitivamente el camino de acceso a Aquel
que es la Gniea fuente de vida y de amor
Forma de ser que esta hecha de no ser. Perdiendo su refe-
rencia fundamental al Ser por excelencia, en el que todos
somos, nos movemos y existimos» (Ile 17,28), en el que todo
ser encuentra su origen y su tiempo, la persona que se auto-
ccondena vive una existencia que no es. La nueva creacion, cen-
trada en Dios y ordenada a él, no le serviré de acogida 0 de
amparo, sino de repulsa y de hostilidad sin tregua. Esclavo de
todo, no referido a nada, el infierno sera entonces, no ya un
lugar, un topos donde uno pueda reconocerse y encontrarse
con los demas, sino una ausencia de lugar, una a-topia, un
crrar sin rumbo, en una relacién pervertida con el cosmos que
Te fue dado por Dios en a creacién para que lo sometiera y lo
dominase
Esuado integral de ruptura, El ser humano, hecho para ka
comunicacion, para fa convivencia y el didlogo, ve define a par-
fir de la relacidn. Teolégicamente, esta relacion se da en dos
niveles intimamente entrelazados: con Dios y con los demés.
El pecado setia sustancialmente ruptuta de esta telacigin, neg
ccion del didlogo y de la convivencia. El infierno, fruto consu-
mado del pecado. es entonces la total soledad, Ia incomunica-
fin ahcolnts Re la frustracidm final del pecador gp
ene, radical ydefinivamente, aguello que evo buscando +
lo largo de sus antiopciones de vida: a si mismo.
' Un texto bilico que puede asia en este sentido es el de fa malicon
Cale (G0 4.125) chao esp drei ert Sin bo 5
gar donde descansa
266Y como todo hombre es un ser social, gregario, que desea
la comunidad, que quiere constituir un pueblo, en el infierno
se encontrara con la anticomunidad, con el «no-pueblo», con la
anticiudad '', hasta el punto de que la presencia de los otros
es, como en el personaje de Sartre, la peor forma de soledad:
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