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Bienes en Derecho Civil: Conceptos y Clases

Este documento es un comentado del libro 2 del Código Civil de la Republica de Honduras, con sus respectivos términos definiciones y explicaciones de cada artículo.
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Bienes en Derecho Civil: Conceptos y Clases

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LECCIONES DE DERECHO CIVIL: LOS BIENES

I.- ASPECTOS GENERALES.

1.- ETIMOLOGIA Y CONCEPTO:

La palabra “bienes” se deriva del vocablo latino “beo eas eare” que significa “dar utilidad”.
De aquí que Las Siete Partidas de Alfonso X El Sabio los definieron así: “Bienes son
llamadas aquellas cosas de que los hombres se sirven o se ayudan”.

La doctrina española, a diferencia de la francesa –que se refiere principalmente a los


bienes--, considera que todos los bienes son cosas, pero de esa especie de cosas que
sirven en provecho o utilidad a los sujetos. En tal sentido, una cosa se convierte en bien
cuando es susceptible de ser utilizada, mediante su apropiación, por el sujeto. En tal
sentido, la cosa es el género y el bien es la especie. Todo bien es cosa; pero no toda cosa
es un bien.

Cosa es todo lo que existe en la naturaleza sea, o no, perceptible por los sentidos. Solo el
hombre no es cosa. Bienes son todas las cosas susceptibles de apropiación por parte del
hombre.

Los bienes están estrechamente relacionados con la constitución del patrimonio: conjunto
de bienes que pertenecen a una persona.

Nuestro Código Civil. Siguiendo al legislador español, nuestro Código Civil da mayor
importancia al concepto de cosas que, por estar al servicio de los hombres, se convierten
en bienes, sustrayendo del ámbito civil, todas aquellas cosas que, a pesar de tener
existencia real, corporal o espiritual, no pueden ser objeto de derechos ni ser incorporados
al patrimonio de los seres humanos. Sin embargo, sin conceptualizar, entiende que los
bienes son cosas.

Artículo 599 C. C. “Los bienes consisten en cosas corporales o incorporales. Corporales


son las que tienen un ser real y pueden ser percibidas por los sentidos. Incorporales las
que consisten en meros derechos, como los créditos y las servidumbres activas.”

2.- CLASIFICACION:

Ha sido tradicionalmente aceptada por la doctrina, la clasificación romanista introducida por


Gayo. Los bienes se clasifican en corporales e incorporales. Son corporales los que
tienen existencia real y pueden ser percibidos por los sentidos, como un carro, una casa,
una vaca; incorporales, los que consisten en meros derechos, como los derechos
personales de crédito y los derechos reales, como las servidumbres activas, el usufructo,
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el uso, excluyéndose el derecho real de propiedad por la confusión que se produce entre el
derecho y el objeto en que este recae. No obstante, nuestro legislador acepta esta
clasificación en su forma tradicional, como se deduce del relacionado Artículo 599 C. C.

Modernamente esta clasificación es objeto de justificadas críticas, desde el momento en


que se incorpora a una misma clasificación el concepto de cosa y derecho. Se considera
más apropiado clasificar los bienes en materiales e inmateriales, comprendiéndose entre
estos últimos, las creaciones artísticas, los inventos, las obras literarias, separando así las
cosas de los derechos.

3.- SUB-CLASIFICACION.

Los bienes corporales se dividen en muebles e inmuebles. Son muebles los que pueden
movilizarse o transportarse de un lado a otro sin que se desnaturalicen, ya sea por sí
mismos, como los animales, o mediando fuerzas externas, como los libros y las carretas;
inmuebles, los que carecen de la posibilidad de transportarse, tal es el caso de las tierras,
las minas, así como las cosas adheridas a ellos, como los edificios, las plantaciones y los
árboles. Esta división se le atribuye a Justiniano, quien compendió el Derecho Romano en
su obra publicada en el año 529: “Corpus juris civile romano”.

Desde la época medieval se le dio más importancia a los bienes inmuebles por su mayor
valor patrimonial. También en la actualidad ésta ha sido la tendencia, aunque la industria
moderna ya ha demostrado su capacidad para fabricar bienes muebles de gran valor
económico, tal es el caso de las aeronaves, automóviles, computadoras, entre otros.

La mayor protección de los bienes inmuebles queda evidenciada en los siguientes


aspectos:

a) El contrato de compraventa de bienes inmuebles constituye un acto solemne que


debe constar en instrumento público otorgado ante autoridad competente, a
diferencia de los bienes muebles, que pueden ser vendidos mediante documento
privado (Art. 1575 C. C.).
b) La tradición de los inmuebles se perfecciona con la inscripción del instrumento
público contentivo de la transferencia del derecho en el Registro de la Propiedad; la
de los muebles se efectúa mediante su entrega física o simbólica (Artículos 711 y
713 C. C.).
c) Los bienes inmuebles se adquieren mediante la prescripción ordinaria a los diez
años, o extraordinaria a los veinte años; los muebles, por prescripción ordinaria a
los tres años, o extraordinaria a los seis años (Artículos 2284 y 2287 C. C.).
d) Solo los bienes inmuebles y derechos reales constituidos sobre ellos pueden ser
objeto de acciones posesorias.
e) La enajenación de bienes inmuebles de los incapaces solo procede mediante
autorización judicial, no así en el caso de los bienes muebles.
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f) En los casos de accesión de cosas muebles a inmuebles, la ley siempre considera


como principal la cosa inmueble, aunque la mueble tenga mayor valor (Artículos 658
y 659 C. C.).
g) De conformidad con la Ley de Organización y Atribuciones de los tribunales, las
acciones inmuebles son competencia del Juzgado en donde se encuentra el bien
inmueble; las acciones muebles personales, del Juzgado en donde debe cumplirse
la obligación, salvo excepciones legales; las acciones muebles reales, en el lugar
del domicilio del demandado o en donde se encuentren los bienes, a elección del
demandante.
h) En materia de sucesiones por causa de muerte, el heredero o legatario no podrá
tomar posesión de los bienes inmuebles, mientras no se inscriban a su favor dichos
bienes, en el registro de la Propiedad.
i) Los bienes inmuebles pueden ser gravados con hipotecas y servidumbres; los
muebles, solo admiten prenda, salvo las empresas mercantiles y los buques que
pueden gravarse con hipoteca (Artículos 2056 y 2098 C. C.; y, 1354 C. Comercio).
j) De conformidad con el Artículo 36 No. 1 del Código Procesal Civil, constituye fuero
legal especial todo proceso que comprenda el ejercicio de pretensiones reales sobre
bienes inmuebles, siendo tribunal competente aquél en donde se encuentre situado
el bien litigioso.

Artículo 600 C. C. “Las cosas corporales se dividen en muebles e inmuebles.”

Artículo 601 C. C. “Muebles son las que pueden transportarse de un lugar a otro, sea
moviéndose ellas a sí mismas, sea que solo se muevan por una fuerza externa.

Exceptúense las que siendo muebles por su naturaleza se reputan inmuebles por su
destino, según el artículo 604.”

Los Bienes muebles se dividen en muebles por naturaleza y muebles por anticipación.

Muebles por naturaleza son los que corresponden al concepto propiamente dicho de los
mismos: los que pueden transportarse de un lado a otro, sea moviéndose por sí mismos,
sea moviéndose por una fuerza externa. Los que se mueven por sí mismos son los
animados, como los semovientes y animales. Los que se mueven por fuerzas externas,
son los inanimados, como un carro, un libro, una silla, exceptuándose las que se reputan
inmuebles por su destino, como los ladrillos, las tuberías, entre otros.

Por anticipación, se llaman aquellos que por su naturaleza, destino o adherencia, son
bienes inmuebles pero que, para efectos de constituir derechos a favor de terceros
diferentes a su dueño, se reputan como muebles aun antes de su separación del inmueble
al que pertenecen, se adhieran o destinan, como por ejemplo, los frutos de los árboles, las
cosechas, los animales de viveros, los metales de las minas, las piedras de las canteras o
los productos de los inmuebles en general.
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Artículo 605 C. C. “Los productos de los inmuebles y las cosas accesorias a ellos, como las
yerbas de un campo, las maderas y frutos de los árboles, los animales de un vivar, se
reputan muebles aun antes de su separación para el efecto de constituir un derecho sobre
dichos productos o cosas a otra persona que el dueño.

Lo mismo se aplica a la tierra o arena de un suelo, o los metales de una mina y a las piedras
de una cantera.”

Artículo 606 C. C. “Las cosas de comodidad u ornato que se clavan o fijan en las paredes
de las casas y pueden removerse fácilmente sin detrimento de las mismas paredes, como
estufas, espejos, cuadros, tapicerías, se reputan muebles…”

Las cosas muebles se dividen también en fungibles y no fungibles. Las fungibles son
aquellas en que todo individuo de la misma especie equivale a otra de la misma especie,
de tal manera que pueden ser sustituidas unas por otras. Existen cosas a las que los
contratantes otorgan fungibilidad subjetiva en virtud de que les atribuyen equivalencia; éstas
también se reputan como fungibles. Se consideran no fungibles, las que carecen de
equivalencia objetiva o subjetiva.

Artículo 609 C. C. “Las cosas muebles se dividen en fungibles y no fungibles.

Fungibles son las cosas en que todo individuo de la especie equivale otro de la misma
especie, y que pueden substituirse las unas por las otras de la misma calidad y en igual
cantidad.

Se reputan fungibles las cosas que los contratantes consideran como equivalentes.

No fungibles son las cosas que no tienen ni se les atribuye la condición de equivalencia
expresada en los párrafos anteriores.”

Los bienes inmuebles se dividen en inmuebles por naturaleza, inmuebles por adhesión
o incorporación y en inmuebles por destinación.

Por naturaleza, son los que corresponden al concepto propio de inmueble: los que no
pueden transportarse de un lugar a otro sin alterar su esencia; también se les llama fincas
o bienes raíces, tal es el caso de las tierras –que comprenden suelo y subsuelo-- sin
construcciones, plantaciones o mejoras, y las minas, que son depósitos naturales de
minerales que existen en el subsuelo. A las heredades o porciones de terreno desarrollado
o cultivado pertenecientes al mismo dueño, se les llama también predios, –urbanos o
rústicos--, o fundos.
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Por adhesión o incorporación, son los que están adheridos o incorporados en forma
permanente a un inmueble por naturaleza, como los árboles y edificios, puentes, líneas
férreas, postes telegráficos. La permanencia es el requisito indispensable para que a estos
bienes se les considere inmuebles por adherencia o incorporación.

Artículo 602 C. C. “Inmuebles o fincas o bienes raíces son las cosas que no pueden
transportarse de un lugar a otro, como las tierras y las minas, y las que se adhieren
permanentemente a ellas, como los edificios y los árboles.

Las casas y heredades se llaman predios o fundos.”

Artículo 603 C. C. “Las plantas son inmuebles, mientras se adhieren al suelo por sus raíces,
a menos que estén en macetas o cajones que puedan transportarse de un lugar a otro.”

Artículo 606 C. C. “…Si los cuadros o espejos están embutidos en las paredes de manera
que formen con ellas un mismo cuerpo, se considerarán como parte de ellas, aunque
puedan separarse sin detrimento.”

Por destinación, se consideran inmuebles aquellos bienes que siendo muebles por
naturaleza, se reputan como tales por estar permanentemente destinados al uso, beneficio
o cultivo de un inmueble, no obstante poder separarse sin detrimento. Como ejemplo de
ellos se pueden citar los adoquines de las calles, los tubos de desagües y cañerías, los
animales domésticos destinados en forma actual y permanente a la explotación y beneficio
de un fundo, los utensilios de labranza, los abonos de los suelos, las calderas, alambiques,
cubos, toneles y demás enseres necesarios para la industria, siempre que pertenezcan al
mismo dueño y que hayan sido puestos por él. Si alguno de estos bienes son separados
del inmueble con el objeto de destinarlos a otro inmueble, se convierten nuevamente en
muebles; pero seguirán siendo inmuebles si su separación es momentánea y existe el
ánimo de integrarlas al mismo cuerpo.

Artículo 604 C. C. “Se reputan inmuebles, aunque por su naturaleza no lo sean, las cosas
que están permanentemente destinadas al uso, cultivo y beneficio de un inmueble, sin
embargo de que puedan separarse sin detrimento.

Tales son, por ejemplo:

Las losas de un pavimento.

Los tubos de las cañerías.

Los utensilios de labranza o minería y los animales actualmente destinados al cultivo o


beneficio de una finca, con tal que hayan sido puestos en ella por el dueño de la finca.
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Los abonos existentes en ella y destinados por el dueño de la finca a mejorarla.

Las prensas, calderas, cubos, alambiques, toneles y máquinas que forman parte de un
establecimiento industrial adherente al suelo, y que pertenecen al dueño de éste.

Los animales que se guardan en conejeras, pajareras, estanques, colmenas y cualesquiera


otros vivares, con tal que éstos se adhieran al suelo, o sean parte del suelo mismo o de un
edificio.”

Artículo 607 C. C. “Las cosas que por ser accesorias a bienes raíces se reputan inmuebles,
no dejan de serlo por su separación momentánea, por ejemplo, los bulbos o cebollas que
se arrancan para volverlas a plantar, y las losas o piedras que se desencajan de su lugar,
para hacer alguna construcción o reparación, con ánimo de volverlas a él. Pero desde que
se separan con el objeto de darles diferente destino, dejan de ser inmuebles.”

4- OTRA DIVISION DE LAS COSAS CORPORALES:

Dependiendo de diferentes aspectos, como su relación con otros bienes y la titularidad


sobre los mismos, existe una extensa gama clasificatoria de los bienes corporales, muchas
veces comunes a los bienes muebles e inmuebles; y, otras propias a unos u otros.

Por su relación con otros bienes pueden dividirse así:

a) Específicos y genéricos: Con el objeto de determinar una cosa corporal mueble o


inmueble en una relación jurídica determinada, los bienes puedes ser específicos,
también llamados especies o cuerpos ciertos, que son todas aquellas que pueden
determinarse individualmente de otras de la misma especie, por ejemplo, una vaca
pardo suizo de la ganadería “El Búfalo”, la casa No. 55 de la Colonia “El Trapiche”,
ubicada en la 2ª. Calle del Bloque T. Los bienes genéricos son las especies
indeterminadas de cierto género, que tiene características comunes a los demás
individuos de la misma especie, verbigracia, una vaca, una botella de vino Concha
y Toro, una casa.

b) Consumibles y no consumibles. Esta división es privativa de los bienes muebles.


Consumibles son los que se extinguen o agotan por el primer uso que se haga de
ellos, tal es el caso de los alimentos, el combustible; no consumibles, son los que,
en virtud de sus características específicas, no se destruyen con el primer uso que
se les da pero que, si llegan a deteriorarse o destruirse al cabo de cierto tiempo,
por ejemplo, la vestimenta, los automóviles, el mobiliario de una casa, entre otros.
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Cabe señalar que, por regla general, los bienes consumibles son también fungibles cuando
son de la misma clase, como en el caso de dos botellas de “Coca-Cola”; pero hay casos en
que los bienes son consumibles, pero no fungibles, como dos galones de gasolina, una
“Esso” y la otra “Texaco”. También existen bienes fungibles, pero no consumibles, como
dos llantas nuevas de la misma marca, características, modelo y año.

Nuestro Código Civil se refiere a las cosas muebles fungibles y no fungibles.

Artículo 609 C. C. “Las cosas muebles se dividen en fungibles y no fungibles.

Fungibles son las cosas en que todo individuo de la especie equivale a otro de la misma
especie, y que pueden substituirse las unas por las otras de la misma calidad y en igual
cantidad.

Se reputan fungibles las cosas que los contratantes consideran como equivalentes.

No fungibles son las cosas que no tienen ni se les atribuye la condición de equivalencia
expresada en los párrafos anteriores”.

c) Principales y accesorios. Principales: son los que existen por sí mismos, no


necesitando de otras cosas para su subsistencia, un terreno, un árbol, una vaca;
accesorios: los que se encuentran en relación de subordinación respecto a una
cosa principal, de tal manera que no pueden subsistir sin ella, por ejemplo, las
manecillas de un reloj, el plumaje de un ave, los focos de un auto.

Es muy importante esta clasificación debido a la existencia de una regla de derecho que
establece que las cosas accesorias corren la suerte de la principal de tal manera que, si el
dueño de la cosa principal la enajena, se entiende que con ella también se enajenan las
cosas que por accesión le pertenecen; así, si se vende una casa, se entiende que la venta
incluye cortineras, celosías de las ventanas, llavines, duchas, etc.

d) Divisibles e indivisibles. Divisibles: son las cosas corporales, muebles o


inmuebles, que pueden fraccionarse, separarse o distribuirse, sin que pierdan su
naturaleza, como en el caso del dinero, un terreno, cierta cantidad de maíz, etc.
Estos bienes son materialmente divisibles. Existen bienes que solo son divisibles
intelectualmente debido a que no pueden serlo en forma material, por ejemplo, un
carro podría ser dividido en tres partes imaginarias dándole un valor económico a
cada una de esas partes. Sin embargo, por disposición de la ley, existen bienes que
tampoco son susceptibles ni a la división intelectual, como es el caso de las
servidumbres, la prenda y la hipoteca. Indivisibles: las que no pueden fraccionarse,
distribuirse o separarse, sin que se menoscabe o destruya su valor o naturaleza; por
ejemplo: un animal vivo, un automóvil, una casa.
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Esta clasificación es muy importante en los casos de bienes proindiviso o en comunidad,


cuando se hace necesaria la partición de los mismos para entregar a cada comunero la
parte del derecho que le corresponde.

e) Singulares y universales.

Singulares, son todas aquellas cosas corporales que constituyen una unidad
natural o artificial, simple o compleja, pero que tienen existencia real. Son simples,
cuando comprenden una individualidad propia, como la de un animal; son
complejas o compuestas, cuando constituyen un todo coherente conformado por
la conexión precisa de varias cosas singulares simples, como un automóvil, un
edificio, una computadora.

Universales, son grupos de cosas singulares simples unificadas por un vínculo que
les permite ser consideradas como un todo, recibiendo una denominación común
para los efectos jurídicos que puedan corresponderle. Existen cosas universales de
hecho y de derecho.

Las primeras son un conjunto de cosas corporales muebles diferentes que


conservan su individualidad pero que, por estar vinculadas por un nexo que les
permite un objetivo o destino común; verbigracia, un hato de ganado, una biblioteca,
un establecimiento comercial; las segundas, la constituyen toda masa de bienes
vinculados y regulados especialmente por la ley, conforman un todo, bajo el punto
de vista jurídico. La mayoría de los juristas coinciden en que la universalidad de
derecho se da principalmente en la herencia, aunque hay publicistas que la admiten
en otras instituciones jurídicas, como el patrimonio del quebrado, los bienes que
constituyen la sociedad conyugal, a masa de bienes del ausente.

f) Comerciables e incomerciables.

Comerciables, son las cosas corporales que pueden ser objeto de transferencia o
transmisión por causa de muerte, que constituyen relaciones jurídicas de carácter
privado; son, pues, todas las que están en el comercio de los hombres.

Incomerciables, son aquellas que, ya sea por su naturaleza o por su destino, no


pueden ser objeto de transferencia mediante actos entre vivos, ni de transmisión por
causa de muerte; están fuera del comercio de los hombres; no pueden ser objeto de
relaciones de carácter privado, como los ríos y los lagos, que son bienes nacionales de
uso público. Los bienes inapropiables son también incomerciables.
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g) Apropiables e inapropiables.

Apropiables, que son las susceptibles de ser adquiridas por las personas;
inapropiables, las que no pueden serlo, tal es el caso de los bienes que son
comunes a todos los hombres, como el mar y las montañas.

Por la titularidad del derecho sobre ellos: pueden ser:

a) Nacionales y particulares.

Son Bienes Nacionales todos aquellos cuyo dominio pertenece a la nación, es


decir, los que estando dentro del territorio nacional pertenecen a todos los
habitantes.

Bienes particulares, son aquellos cuyo dominio pertenece a personas naturales o


jurídicas de carácter privado.

b) Públicos y privados.

Atendiendo a la forma de ejercer el derecho de dominio, los bienes son Públicos o


de uso público: aquellos que pertenecen a todos los habitantes, y cuyo goce y uso
está al servicio de la colectividad, excepto en los casos en que la Constitución y las
leyes, limiten o restrinjan estos derechos por circunstancias especiales, por ejemplo,
cuando la Municipalidad limita el derecho de los peatones a circular en el área del
parque porque ha permitido que una asociación de artesanos instale una feria de
muestras de sus productos; o cuando se autoriza una marcha que interrumpe el
tráfico. Estos bienes se caracterizan por ser intransferibles, intransmisibles e
inembargables
.
Privados o de uso privado, los que no obstante pertenecer a la nación toda, su
goce y uso es ejercido en forma indefinida por particulares, en virtud de licencia o
autorización otorgada por autoridad competente; por ejemplo, cuando se permite
construir un panteón o un quiosco para venta de periódicos sobre un parque
nacional.

5.- DE LAS COSAS INCORPORALES:

Son las que no tienen realidad física ni existencia concreta en la naturaleza. Algunos
publicistas las denominan como derechos intelectuales. No pueden ser percibidas por los
sentidos por ser incorpóreas. Nuestro Código Civil establece que las cosas incorporales
consisten en meros derechos, como los créditos y las servidumbres activas (Art. 599). Es
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comúnmente aceptado por la doctrina que las cosas incorporales o derechos se dividen en
reales y personales.

Los derechos reales y personales no tienen su origen en el Derecho Romano; los


Glosadores y Post-glosadores del Siglo X al XII, que consideraron que las acciones eran
los medios procesales necesarios para tutelar los derechos; las que protegían derechos
sobre las cosas las consideraron “ius rem”; las que protegían derechos de las personas,
“ius personam”.

De aquí se construye el concepto de que el derecho real constituye una relación directa
entre la persona y la cosa, en cambio, el derecho personal, implica una relación que se
establece entre el sujeto dueño del crédito (acreedor) y el deudor, quién podrá ser
compelido por el primero, a dar, hacer o no hacer alguna cosa.

Existen diferencias importantes entre los derechos reales y los derechos personales, que
nos permiten identificarlos fácilmente:

• Los derechos reales solo pueden ser creados por la ley; los personales se originan
de la autonomía de la voluntad de las personas.
• El derecho real se manifiesta sobre las cosas; el personal se establece entre
personas.
• El derecho real tiene dos elementos: la persona y la cosa; el personal tiene tres: el
acreedor, el deudor y la prestación (dar, hacer o no hacer).
• El derecho real produce efectos “erga omnes”; el personal solo entre el acreedor y
el deudor.
• Los derechos reales pueden obtenerse por ocupación o posesión; los personales
no.

Nuestro Código Civil es compatible con la doctrina respecto a los bienes incorporales.

Artículo 610 C. C. “Las cosas incorporales o derechos se dividen en reales y personales.

Derecho Real es el que se tiene sobre una cosa sin referencia a determinada persona: Son
derechos reales el de dominio, el de herencia, los de usufructo, uso o habitación, los de
servidumbres activas, el de prenda y el de hipoteca.

Derechos personales son los que sólo pueden reclamarse de ciertas personas que, por un
hecho suyo o por disposición de la ley, está sujetas a las obligaciones correlativas”.

Cuando el derecho recae sobre una cosa mueble, la acción o derecho para reclamarlo se
debe considerar como mueble; si recae sobre un bien inmueble, la acción para reclamarlo
es inmueble. Así, cuando se reclama el derecho de herencia sobre una finca, la acción para
reclamarla será inmueble; si se reclama el derecho de uso sobre un carro, la acción es
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mueble. Todas las acciones que tengan por objeto la prestación de servicios, la ejecución
de obras o la realización de actos jurídicos, se reputan siempre como muebles.

Artículo 611 C. C. “Los derechos y acciones se reputan muebles o inmuebles, según lo sea
la cosa en que han de ejercerse o que se debe. Así el derecho de usufructo sobre un
inmueble es inmueble. Así la acción del comprador para que se le entregue la finca
comprada es inmueble, y la acción del que ha prestado dinero para que se le pague, es
mueble”.

Artículo 612 C. C. “Los hechos que se deben se reputan muebles. La acción para que un
artífice ejecute la obra convenida, o resarza los perjuicios causados por la inejecución del
convenio, entra, por consiguiente, en la clase de los bienes muebles”.

6.- DEL DOMINIO O PROPIEDAD.

El dominio o propiedad es el derecho real por excelencia en virtud del cual, una cosa se
encuentra sometida a la voluntad y acción de una persona. El señorío que la persona titular
de este derecho tiene sobre la cosa que le pertenece, comprende la mayor cantidad de
facultades que se pueden tener sobre un objeto. Estas facultades permiten al titular el uso
(ius utendi), el goce y percepción de frutos (ius fruendi) y la disposición física y jurídica de
la cosa (ius abutendi), sin más limitaciones que las prescritas por la ley. De aquí que una
de sus principales características es la de ser un derecho absoluto.

Otra de las características del dominio es su exclusividad, lo que significa que sólo una
persona puede ser dueña de la totalidad de una cosa; si la cosa pertenece a dos o más
personas, cada una de ellas no puede ser dueña del todo; así, si dos personas son
propietarias de un lote de terreno, deben ser considerados condueños, no dueños. En otras
palabras, no habría dominio, si no condominio. Esta característica no impide que sobre la
cosa de que se es dueño, puedan constituirse otros derechos reales; verbigracia, Juan es
dueño de un inmueble y Pedro tiene el derecho de usufructo sobre el mismo; este hecho
no afecta la exclusividad del dominio a favor de su dueño, lo único que hace es limitar su
facultad de gozar de ella.

También el dominio es de carácter perpetuo, es decir que perdura en el tiempo en forma


indefinida hasta la destrucción de la cosa sobre la que se ejerce el derecho; el cambio de
dueño solamente implica que el dominio lo ejercerá otra persona, pero el derecho dominio
sobre la cosa sigue siendo el mismo; sin embargo, excepcionalmente, existen propiedades
que no son perpetuas, como es el caso de la propiedad intelectual y de la propiedad
industrial, que tienen carácter de temporalidad.
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6.1.- De la clasificación de las facultades del dominio.

Las facultades del dominio (uso, goce y disposición) pueden clasificarse en: materiales y
jurídicas. Las materiales son las que se ejercitan mediante hechos que permiten el
aprovechamiento del objeto del derecho; jurídicas, las que se realizan mediante actos
jurídicos que la cosa es susceptible de proporcionar.

Las facultades materiales comprenden: a) El derecho de poseer: que se realiza mediante


el acto físico de posesión; b) el derecho de usar: servirse de la cosa para los fines que el
dueño considere necesarios y que la cosa sea capaz de proporcionar, sin llegar a la
utilización de sus productos, ni a la destrucción de la cosa; c) el derecho de goce: percibir
los frutos y productos de la cosa (accesión); d) el derecho de disponer o abusar: alterar,
transformar, modificar, degradar o destruir la cosa.

Las facultades jurídicas comprenden: De disposición: facultad que tiene el dueño de una
cosa para desprenderse, parcial o totalmente, por actos entre vivos o por causa de muerte,
del derecho que tiene sobre la misma. Cuando se transfiere el derecho mediante un acto
entre vivos (donación, cesión o compraventa, por ejemplo), se le llama enajenación;
cuando el dueño constituye un nuevo derecho real sobre la cosa a favor de tercera persona
(servidumbre, prenda, hipoteca) se habla de gravamen; cuando el titular se desprende de
la cosa renunciando tácitamente a su derecho, se le llama abandono.

6.2.-Restricciones y límites del dominio.

Para efectos de que el derecho de dominio pueda cumplir con sus fines individuales y
sociales, la ley, en función del interés individual o del interés público, lo somete a una serie
de restricciones reguladas por el Derecho Civil, o por el Derecho Administrativo,
respectivamente. Así, por ejemplo, la expropiación forzosa por causa de necesidad o
utilidad pública se rige de conformidad con el procedimiento establecido en la Ley de
Expropiación Forzosa; la prohibición de cortar árboles en áreas declaradas como
protegidas, la regula la Ley Forestal.

El Código Civil también impones restricciones y limitantes al derecho de propiedad, más


que todo para proteger la propiedad de terceros, tal es el caso de las servidumbres legales
de acueducto, tránsito y medianería; la prohibición de enajenar bienes embargados o
litigiosos; el usufructo legal que impone la ley a favor de los padres del incapaz, entre otros.

Estas limitaciones y restricciones pueden asimismo originarse en la autonomía de la


voluntad del dueño, como cuando constituye sobre la cosa un derecho de prenda, hipoteca,
uso o habitación, usufructo o una servidumbre voluntaria.

Artículo 613 C. C. “Se llama dominio o propiedad el derecho de poseer exclusivamente una
cosa y gozar y disponer de ella, sin más limitaciones que las establecidas por la ley o por
la voluntad del propietario.
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La propiedad separada del goce de la cosa se llama mera o nuda propiedad”.

6.3.- El objeto del dominio.

Gran parte de la doctrina acepta que las cosas apropiables, sean corporales o incorporales,
pueden ser objeto de dominio. Basta que las cosas puedan ser adquiridas por las personas
para que sean susceptibles de dominio, no importando las variables que determinan la
incorporeidad de ciertas cosas.

Nuestro Código Civil acepta este criterio, aunque deja sujeta la regulación de las cosas
incorporales apropiables, a leyes de carácter especial, tal es el caso de la Ley de Propiedad
Intelectual.

Artículo 615.- “El autor de una obra literaria, científica o artística tiene derecho de propiedad
sobre ella. Igual derecho tiene todo inventor sobre su invención o descubrimiento.

Estos derechos se regirán por leyes especiales”.

Las cosas que no pueden ser adquiridas por las personas por ser inapropiables, no pueden
ser objeto del derecho de dominio, como aquellas que son comunes a todos los hombres,
como los ríos y los mares.

Artículo 616.- “Las cosas que la naturaleza ha hecho comunes a todos los hombres, no son
susceptibles de dominio.

Su uso y goce son determinados entre individuos de una nación por las leyes de ésta, y
entre distintas naciones, por el derecho Internacional.”

6.4.- Extensión objetiva del dominio.

En el caso de las cosas corporales muebles, la determinación del objeto sobre el que se
ejerce el derecho de dominio, es fácilmente identificable. En cuanto a los bienes inmuebles,
tampoco ofrece dificultad alguna determinar el espacio superficial sobre el que se constituye
el derecho; la cabida se establece con la medición del área; también podemos determinar
su ubicación, sus colindancias, sus rumbos, registros etc.

Por su naturaleza de inmuebles, la propiedad se extiende verticalmente hacia arriba


(espacio aéreo) y hacia abajo (el subsuelo).
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Nuestro legislador acepta la tesis ecléctica en cuanto considera que el propietario del suelo
extiende su dominio del espacio aéreo y del subsuelo siguiendo hacia arriba o hacia abajo,
respectivamente, dentro de los linderos de su inmueble, de conformidad con el grado de
interés que determine el uso y provecho de su dominio. Así, tendrá derecho para construir
edificaciones tan elevadas como lo necesite; o excavar el subsuelo para cimentar dicho
edificio a la profundidad que sea necesaria. Pero este derecho tiene sus limitaciones en
función del interés nacional, por ejemplo, el propietario del inmueble no podrá construir
edificios que puedan obstaculizar la navegación aérea, ni podrá extraer del subsuelo
metales preciosos porque el Estado es el dueño de las minas.

Artículo 614: “La propiedad del suelo comprende la de las capas inferiores y la del espacio
superior dentro de los planos verticales levantados en los linderos de la finca, hasta donde
lo exige el interés del propietario en relación con el uso a que la destine”.

7.- DE LOS BIENES NACIONALES.

En atención a las personas a quienes la propiedad pertenece, los bienes se clasifican en


bienes nacionales y bienes particulares.

Los bienes particulares son los que pertenecen a una persona natural o jurídica, o a varias
personas simultáneamente, como en el caso de que un inmueble pertenezca a tres dueños,
como ocurre con los condominios.

Los bienes nacionales comprenden todas las cosas que le pertenecen al Estado. Pueden
ser de dos tipos: Bienes Nacionales de uso público o Bienes Públicos, y Bienes del
Estado o Bienes Fiscales.

7.1.- Bienes Nacionales de Uso Público o Bienes Públicos.

Son aquellos que, independientemente de su naturaleza, pertenecen al Estado, pero su uso


pertenece a individual o colectivamente a todos los habitantes, sin más restricciones que
las impuestas por la ley o por reglamentos de la administración pública. Estos bienes son
de dominio público. Pertenecen a este grupo las calles, plazas, puentes y caminos, el mar
adyacente y las playas; los ríos y aguas que corren por cauces naturales, y lagos que
pueden navegarse por buques de más de cien toneladas.

No se consideran como bienes públicos las aguas que corren por cauces naturales que
nacen y mueren en el mismo predio, así como los lagos que no pueden navegarse por
buques de más de cien toneladas; estos bienes son de dominio privado.
15

Excepcionalmente, los bienes públicos pueden ser objeto de uso privativo temporal de
algunas personas, siempre y cuando tenga la autorización de la entidad que las administre.
Los bienes públicos por regla general están bajo la administración que territorialmente tiene
jurisdicción sobre lo que se encuentre en su territorio. Las municipalidades tienen a su cargo
la protección, organización y ornato de los bienes públicos bajo su jurisdicción. Un patronato
puede obtener autorización de la Municipalidad para ocupar temporalmente una plaza
pública, para una actividad social; una calle podría ser cerrada durante algunas horas para
la realización de un mitin político; en ambos casos bajo el entendido de que no deben
comprometer los derechos de uso que tienen sus habitantes.

7.1.1.- Característica de los bienes públicos.

Son características propias de los bienes públicos:

a) Pertenecen al Estado, pero su uso corresponde a todos los habitantes;


b) No están en el comercio de los hombres; son intransferibles e intransmisibles.
c) Son imprescriptibles: no pueden adquirirse por prescripción;
d) Son inalienables: no pueden enajenarse, hipotecarse ni embargarse.

7.1.2.- Su Clasificación.

Si bien nuestro Código Civil no establece una clasificación precisa de estos bienes, sí
menciona cuatro grupos diferentes de ellos, que nos permiten ubicarlo dentro de la
clasificación tradicional:

a) Dominio Público Marítimo. El mar territorial (desde la marea más baja hasta una
distancia de doce kilómetros) es del dominio estatal y su uso de todos los habitantes;
sin embargo, la soberanía estatal se extiende a la plataforma submarina o zócalo
continental e insular y aguas que la cubren, aunque en virtud de tratados
internacionales en esta zona la navegación es libre. Este está regulado por el
Artículo 11 de la Constitución.

También la playa es parte del dominio marítimo; ésta comprende la extensión de tierra que
las olas del mar bañan y desocupan alternativamente, hasta donde llegan en las más altas
mareas.

Artículo 621: “El mar adyacente, hasta la distancia de doce kilómetros, medidos desde la
línea de más baja marea, es mar territorial y de dominio nacional; pero la soberanía del
estado se extiende a la plataforma submarina o zócalo continental e insular, y aguas que la
cubren, cualquiera que sea la profundidad a que se encuentre y la extensión que abarque,
16

dejando a salvo el derecho de libre navegación de conformidad con el derecho


internacional”.

Artículo 622: “Se entiende por playa del mar la extensión de tierra que las olas bañan y
desocupan alternativamente hasta donde llegan en las más altas mareas”.

A pesar de que las playas, como bienes públicos, pueden ser usadas por todos los
habitantes, aunque la ley prescribe algunas restricciones: las naves nacionales o
extranjeras no pueden acercarse ni tocarlas, excepto cuando haya puerto habilitado para
tales fines, o cuando exista peligro inminente de naufragio o apresamiento u otras
necesidades semejantes.

Artículo 632: “Las naves nacionales o extranjeras no podrán tocar ni acercarse a ningún
paraje de la playa, excepto a los puertos que para este objeto haya designado la ley; a
menos que un peligro inminente de naufragio o apresamiento, u otra necesidad semejante,
las fuerce a ello; y los capitanes y patrones de las naves que de otro modo lo hicieren,
estarán sujetos a las penas que las leyes y ordenanzas respectivas les impongan.

Los náufragos tendrán libre acceso a la playa, y serán socorridos por las autoridades
locales”.

b) Dominio Público Terrestre. Ya mencionamos que las calles, plazas, puentes y


caminos son bienes públicos (Art. 617). También nos referimos a su administración
y a ciertas autorizaciones que benefician temporalmente a algunos sectores.

La ley establece algunas prohibiciones en su afán de la protección, ordenamiento y ornato


de estos bienes. Así, es prohibido construir sobre los bienes públicos y fiscales, a menos
que medie permiso especial otorgado por autoridad competente (Art.627); el Art. 628
prohíbe la construcción de obras de ornato o comodidad de edificaciones, que puedan
ocupar espacios de estos bienes (Art. 628); tampoco pueden haber balcones, miradores,
ventanas o salientes que salgan a más de diez centímetros fuera del plano vertical hasta la
altura de dos metros, o más de treinta centímetros más arriba de dos metros, que
sobrepasen el límite sobre calles o plazas (Art.629).

Aunque el Código Civil establece que, por regla general, los particulares no tienen acceso
al dominio pleno de estos bienes públicos, leyes especiales como la Ley de Reforma Agraria
y la Ley de Municipalidades, permiten su privatización otorgando dominio pleno bajo ciertas
circunstancias.
17

Artículo 630.- “Sobre las obras que con permiso de la autoridad competente se construyan
en sitios de propiedad nacional, no tienen los particulares que han obtenido este permiso,
sino el uso y goce de ellas, y no la propiedad del suelo.

Abandonadas las obras, o terminado el tiempo por el cual se concedió el permiso, se


restituyen ellas y el suelo, por ministerio de la ley, al uso y goce privativo del estado, o al
uso y goce general de los habitantes, según prescriba la autoridad soberana.

Pero no se entiende lo dicho si la propiedad del suelo ha sido concedida expresamente por
el Estado.

En las tierras de ejidos se concede solamente el uso y goce de ellas; y extinguido un pueblo,
vuelven al Estado”.

c) Dominio Público fluvial o lacustre.- Comprende los ríos y cauces naturales de


agua; se exceptúan los cauces que nacen y mueren en el mismo predio (Art.624).
También son bienes públicos, los lagos que permitan la navegación de buques de
más de cien toneladas; de no darse este requisito, se consideran del dominio privado
de los propietarios riberanos (Art.624).

Salvo que autoridad competente lo autorice, no podrán sacarse canales de los ríos con
fines domésticos o industriales (Art.631). Para el caso, la Secretaría de Recursos Naturales
y Ambiente puede autorizar licencias ambientales a quienes lo soliciten, siempre y cuando
llenen los requisitos técnicos y legales de mérito.

d) Dominio Público Aéreo.- Por su antigüedad, nuestro Código no se refiere al


dominio público aéreo; pero la Constitución de la República (Art.12) y la Ley de
Aeronáutica Civil regulan lo concerniente al dominio público aéreo, estableciendo
que el Estado ejerce su dominio sobre el espacio aéreo que está sobre su territorio
y aguas jurisdiccionales. El dominio del Estado se extiende hasta la plataforma
submarina o zócalo continental e insular, aguas territoriales e islas adyacentes en
ambos océanos.

7.2.- Bienes del Estado o Bienes Fiscales.

Nuestro Código llama así a los bienes nacionales que pertenecen al Estado y, cuyo uso, no
es generalmente de los habitantes (Art.617).

A estos bienes se les llama también bienes patrimoniales del Estado, por cuanto le
pertenecen como si se tratara de una persona de derecho privado; constituyen, en
consecuencia, el dominio privado del Estado y puestos al servicio privativo del mismo; sin
embargo, los bienes fiscales pueden adquirir el carácter de bienes públicos en función del
18

interés público, como cuando se afecta un inmueble que le pertenece al Estado a través de
una institución pública, convirtiéndolo en monumento nacional o parque nacional.

El derecho de dominio sobre los bienes fiscales es imprescriptible, --como los bienes
públicos--, pero siendo que el Estado ejerce sobre ellos las facultades propias del derecho
real de propiedad, se rigen por las reglas del derecho privado.

Son bienes fiscales, por ejemplo, las tierras que estando situadas dentro de los límites del
territorio nacional, carecen de otro dueño; los bienes muebles o inmuebles afectados al
funcionamiento de servicios públicos, tal es el caso de edificios, equipos de oficina,
mobiliario, equipos agrícolas, automotores, entre otros; los impuestos, contribuciones,
multas que percibe el Estado por diferentes conceptos; los bienes en comiso por orden
judicial; las nuevas islas que se forman en el mar territorial o en ríos y lagos navegables por
buques de más de cien toneladas. Las nuevas islas que se formen de forma natural en el
mar territorial, ríos, cauces y lagos considerados bienes del Estado o bienes fiscales
(Art.625).

Artículo 619: “Son bienes del Estado todas las tierras que, estando situadas dentro de los
límites territoriales, carecen de otro dueño.”

Las minas a las que se refiere el artículo 619 C. C., y el Código de Minería, tales como las
de oro, plata, mercurio, platino, cobre, plomo, etc., que estén en el subsuelo de tierras
nacionales, le pertenecen al Estado; las que se encuentran en el subsuelo de áreas
privadas también pertenecen al Estado, pero su uso no es privativo del Estado sino de los
concesionarios que éste determine; el petróleo se rige por leyes especiales. Estos bienes,
consecuentemente, no son bienes públicos ni fiscales.

8.- DE LOS MODOS DE ADQUIRIR.

El dominio y los demás derechos reales se adquieren mediante actos entre vivos, como la
donación, cesión, compraventa; esto significa la necesidad de un título en el que se
sustenten estos derechos; también se adquiere mediante el testamento o la ley; pero una
cosa es la adquisición del derecho, y otra la forma o modo en que ese derecho se
materializa, esto es: el modo de adquirir. Por ejemplo, mediante una donación, una persona
puede adquirir el inmueble que el donante le transfiere a través del contrato de donación;
pero el modo de adquirir este inmueble es la tradición. El contrato de donación permitirá al
donatario reclamar su derecho de propiedad sobre el inmueble; pero hasta que el donante
realiza la entrega del mismo con el ánimo de transferirle ese derecho, es decir, la tradición,
éste podrá ejercer las facultades materiales y jurídicas que la ley le permite sobre dicho
inmueble.
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Los modos de adquirir pueden ser originarios y derivativos, a título singular o a título
universal, a título gratuito o a título oneroso, por actos entre vivos o por causa de
muerte.

Son originarios, cuando la forma de adquirirlos no se sustenta en un derecho anterior de


otra persona, tal es el caso de la accesión, la ocupación y la prescripción. Son
derivativos, cuando se desprenden del derecho que sobre los bienes tenía otra persona,
como es el caso de la sucesión por causa de muerte y la tradición.

A título singular, cuando el modo de adquirir se refiere a un bien o a varios bienes


determinados, o a uno o varios derechos que otra persona tenía; a título universal, cuando
el modo se refiere a la totalidad, a una proporción o cuota del patrimonio que pertenecía a
otra persona.

A título gratuito, cuando el modo no implica gastos o erogaciones económicas de ningún


tipo, como es el caso de la ocupación, la sucesión por causa de muerte, la aaccesión y la
prescripción. A título oneroso, cuando el modo se produce mediante pago u otro sacrificio
que consista en dar o hacer alguna cosa a cambio, como ocurre generalmente con la
tradición, aunque este modo puede darse en forma gratuita, como cuando se adquiere
mediante donación.

Por actos entre vivos, cuando el modo se deriva de actos jurídicos que ocurren entre
vivos. La tradición, la accesión y la prescripción, pertenecen a esta clase de modos. Por
actos por causa de muerte, cuando se deriva de actos que producen efectos hasta que
ocurre la muerte del dueño anterior, tal es el caso de la sucesión por causa de muerte.

8.1- LA ACCESION

La accesión es un modo de adquirir originario, singular, entre vivos y a título gratuito,


mediante el cual, el propietario de una cosa, se convierte también en el dueño de todo lo
que esa cosa produce, o de lo que se le une o incorpora artificial o naturalmente, de manera
que lleguen a conformar un todo inseparable.

De este concepto se desprenden dos clases de accesión: accesión directa, cuando se


adquiere lo que la cosa produce, que es el caso de la accesión de los frutos; y, la accesión
continua, cuando se adquiere lo que se une o incorpora a una cosa. Esta última suele
generar serios problemas cuando las cosas que se juntan o incorporan pertenecen a
distintos dueños, tal ocurre con las accesiones del suelo, las de mueble a mueble y las de
mueble a inmueble.

Así mismo, la accesión puede ser natural o industrial (artificial). Natural, cuando el
derecho de propiedad se extiende a los productos que las cosas producen
espontáneamente, o se les unen o incorporan por efectos de fenómenos que ocurren sin la
participación humana. Industrial, cuando la producción, unión o incorporación, se produce
artificiosamente, es decir, con la participación del hombre.
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Artículo 634.- La propiedad de los bienes se extiende por accesión a todo lo que ellas
producen, o se les une o incorpora, natural o artificialmente.

Los productos de las cosas son frutos naturales, industriales o civiles”.

8.1.1.- LA ACCESION DE LOS FRUTOS

Los frutos naturales son todos los que la tierra y los animales producen en forma
espontánea, como los árboles, la leche y las crías. Los industriales son los que se producen
mediando la actividad del ser humano, y los civiles, las utilidades, rendimientos o beneficios
que se obtienen de las cosas en virtud de una relación jurídica establecida entre su dueño
y tercera persona, como el precio de arrendamiento de un inmueble.

Si bien en nuestra ley es clara al considerar la accesión como un modo de adquirir, parte
de la doctrina considera que más bien es una manifestación o extensión del derecho de
propiedad: el dueño de una cosa también se convierte en dueño de lo que ella produce (ius
fruendi); aquí el dueño no adquiere el producto por voluntad propia, sino por voluntad de la
ley.

Cuando estas producciones necesitan de la ayuda humana, se convierten en frutos


industriales; así, por ejemplo: las plantaciones realizadas por el hombre, los productos
derivados de la leche o de la grasa de los animales, pertenecen a esta categoría. El derecho
francés no considera los frutos industriales, pues considera como naturales aun aquellos
que necesiten de la actividad humana para su producción.

Cuando los frutos naturales aún se encuentran adheridos a la cosa que los produce, se les
llama frutos pendientes, como cuando las naranjas no han sido cortadas del árbol, o el
ternero todavía no ha nacido. Si ya han sido separados de la cosa que los produce, se les
llama frutos percibidos, si las naranjas han sido cortadas del árbol, o el ternero ya ha
nacido. Si ya los frutos naturales han sido gastados, enajenados o consumidos, se les llama
frutos consumidos; los terceros solo pueden ser dueños de frutos naturales consumidos.

Artículo 635: “Son frutos naturales, las producciones espontáneas de la tierra, y las crías y
demás productos de los animales.

Son frutos industriales los productos de la industria humana.”

Artículo 636: “Los frutos naturales se llaman pendientes mientras se adhieren todavía a la
cosa que los produce, como las plantas que están arraigadas al suelo, o los productos de
las plantas mientras no han sido separadas de ellas.”
21

Frutos naturales percibidos son los que han sido separados de la cosa productiva, como
las maderas cortadas, las frutas y granos cosechados; y se dicen consumidos cuando se
han gastado o se han enajenado.”

En virtud de la accesión los frutos naturales pendientes pertenecen al dueño de la cosa que
las produce; aún los frutos naturales percibidos serán propiedad del dueño de la cosa que
los produce, mientras no hayan sido transferidos legal, convencional o contractualmente a
terceras personas. Lo mismo podríamos decir respecto a los frutos industriales.

Artículo 637: “Los frutos naturales de una cosa pertenecen al dueño de ella; sin perjuicio de
los derechos constituidos por las leyes, o por un hecho del hombre, al poseedor de buena
fe, al usufructuario, al arrendatario.

Así, los vegetales que la tierra produce espontáneamente o por el cultivo, y las frutas,
semillas y demás productos de los vegetales, pertenecen al dueño de la tierra.

Así también, las pieles, lanas, astas, leche, cría y demás productos de los animales,
pertenecen al dueño de éstos.”

Los frutos civiles corresponden a las prestaciones económicas que terceras personas
pagan al dueño de la cosa cuando éstos les han concedido el uso o goce de ellas,
verbigracia, los cánones de arrendamiento, los intereses, impuestos de fondo perdido, entre
otros. El impuesto de fondo perdido consiste en que el dueño de un crédito, conviene en
cobrar por tiempo indefinido los intereses que origina dicho crédito, pero sin cobrar el
capital. Mientras las prestaciones no se paguen, se entenderá que constituyen frutos
civiles pendientes; una vez que han sido cobrados y pagados, se convierten en frutos
civiles percibidos.

Artículo 638.- “Se llaman frutos civiles los precios, pensiones o cánones de arrendamiento,
y los intereses de capitales exigibles o impuestos a fondo perdido.

Los frutos civiles se llaman pendientes mientras se deben; y percibidos, desde que se
cobran.”

Del mismo modo que los frutos naturales, los frutos civiles pertenecen al dueño de la cosa
que los producen, mientras estén pendientes, en este caso, mientras no sean pagados; y,
también, así como los naturales, por efectos de la ley o por hechos del hombre, podrán ser
poseídos, usados o usufructuados por terceras personas.
22

Artículo 639.- “Los frutos civiles pertenecen también al dueño de la cosa de que previenen,
de la misma manera y con la misma limitación que los naturales.”

8.1.2.- DE LA ACCESION DEL SUELO.

Esta forma de accesión ocurre en forma natural en provecho de un inmueble, de aquí que
se le conozca también con el nombre de accesión natural inmobiliaria. Ya el Derecho
Romano conocía de estas formas de accesión que han trascendido al derecho moderno.
Así la doctrina acepta el aluvión, la avulsión, cambio o abandono de cauce y formación
de nuevas islas.

8.1.2.1.- El aluvión.

Consiste en el conjunto de agregaciones o incrementos de tierra que, en forma sucesiva,


paulatina e imperceptible, sufren los fundos y predios ribereños de ríos o lagos, por el lento
retiro de sus aguas. Las agregaciones o incrementos pertenecerán, por accesión, al dueño
del predio en donde se formen. Hay que considerar que todos los sedimentos, cascajos y
otros materiales que, por el retiro de las aguas, van quedando sobre los predios ribereños,
entran a formar parte de los incrementos que reciben dichos predios.

En la mayoría de las legislaciones el aluvión solo afecta a predios ribereños de ríos y lagos,
pues la ribera de los mares se considera un bien nacional de uso público por formar parte
de las playas. En nuestra legislación, sin embargo, nuestro legislador incluye las riberas de
los mares.

Artículo 640: “Se llama aluvión, al aumento que recibe la ribera de la mar o de un río o lago,
por el lento e imperceptible retiro de las aguas.”

De este concepto podemos deducir los requisitos del aluvión:

a) Que los acrecimientos son lentos, continuos e imperceptibles.


b) Que los terrenos ribereños deben estar a lo largo o colindando con ríos, mares o
lagos.
c) Que el incremento ocurra en forma espontánea y natural.
d) Que las aguas se retiren en forma definitiva dejando de ser lecho de ríos o lagos.

Los incrementos o agregaciones que deja el aluvión, por accesión les pertenecen a los
dueños de los predios ribereños dentro de las respectivas líneas de demarcación
prolongadas directamente hasta el agua.
23

De conformidad con nuestra ley, en el caso del incremento en áreas de playa, riberas de
lagos o ríos en donde haya puertos oficiales habilitados, la accesión carece de sentido
porque se trata de terrenos que pertenecen al Estado.

Artículo 641: “El terreno del aluvión accede a las heredades ribereñas dentro de sus
respectivas líneas de demarcación, prolongadas directamente hasta el agua; pero en los
puertos habilitados pertenecerán al Estado.

El suelo que el agua ocupa y desocupa, alternativamente, en sus creces y bajas periódicas,
forma parte de la ribera o del cauce, y no accede mientras tanto a las heredades contiguas.”

Puede ocurrir que, al prolongar las líneas de demarcación de cada predio ribereño, se
crucen dichas líneas antes de llegar al agua formando un triángulo que tiene como base el
borde del agua; en esos casos, deberá trazarse una línea imaginaria desde el vértice a la
base del triángulo, de modo que pueda dividirse equitativamente el terreno que deja el
aluvión, entre cada una de las propiedades ribereñas.

Artículo 642: “Siempre que prolongadas las antedichas líneas de demarcación, se corten
unas con otras antes de llegar al agua, el triángulo formado por ellas y por el borde del
agua, accederá a las dos heredades laterales; una línea recta que lo divida en dos partes
iguales, tirada desde el punto de intersección hasta el agua, será la línea divisoria entre las
dos heredades.”

Contrariamente a lo que ocurre con el aluvión, puede suceder que un predio resulte
inundado en forma natural por las aguas del mar, río o lago; en tales casos, los dueños de
las heredades que quedan sumergidas, perderán definitivamente su propiedad si
transcurren diez años consecutivos sin que se retiren las aguas; mientras tanto, podrán
recuperarlas de pleno derecho si éstas se retiran antes de transcurrir los diez años.

Artículo 644: “Si una heredad ha sido inundada, el terreno restituido por las aguas dentro
de los diez años subsiguientes volverá a sus antiguos dueños.”

8.1.2.2.- La avulsión.

Es el incremento o acrecimiento que afecta a un predio, por la natural y violenta acción de


una corriente de agua que arranca una porción de un predio ribereño, y la deposita en otro
24

predio también ribereño, quien se hace dueño de dicha porción, siempre y cuando el dueño
anterior, no la reclama con la finalidad de llevársela nuevamente al predio originario.

Debe entenderse que este término empezará a correr, desde el momento en que el eventual
nuevo dueño, haya tomado posesión de la porción que incrementa su predio. Lo que ocurre,
pues, es una mutación de tierras, plantas o arenas, debido a una repentina, violenta, natural
y extraordinaria fuerza de las aguas.

Son requisitos de la avulsión:

a) Que la porción de tierra, arenas, plantas o árboles transportados al otro predio, sean
de volumen considerable.
b) Que dicha porción haya sido arrancada violentamente por la fuerza natural de las
aguas.
c) Que las heredades afectadas sean colindantes o estén en las riberas del río o
corriente.

Artículo 643: “Sobre la parte del suelo, que por una avenida o por otra fuerza natural violenta
es transportada de un sitio a otro, conserva el dueño su dominio, para el solo efecto de
llevársela; pero si no la reclama dentro del subsiguiente año, la hará suya el dueño del sitio
a que fue transportada.”

8.1.2.3.- Cambio o abandono de cauce de un río.

Aquí nos estamos refiriendo a tres situaciones diferentes, pero que también, por accesión,
determinan incrementos a favor de los predios que han quedado desocupados por el río y,
a la vez, pérdidas en perjuicio de los predios que el río ocupa ahora en calidad de cauce o
álveo porque ha cambiado el curso de sus aguas, porque se ha dividido en dos brazos que
no vuelven a tocarse, o se ha dividido en dos brazos que vuelven posteriormente a unirse.

Cuando el río cambia su curso, la porción de tierra de las heredades vecinas ocupadas
por sus aguas en calidad de cauce, pierden dicho espacio, puesto que los ríos son bienes
nacionales de uso público, sin embargo, los predios ribereños que quedan al descubierto al
producirse el abandono de sus aguas, acrecen por accesión en su beneficio proyectando
sus respectivas líneas de demarcación, hasta la línea imaginaria que divide en dos partes
iguales dicho antiguo cauce puesto que, los predios ribereños ubicados al otro margen,
tienen derecho a acrecer en la otra mitad del mismo.

Se entiende que este cambio de curso de las aguas se produce en forma natural, pues si
hubiere intervención humana, los predios afectados tendrían derecho a indemnización.
Todo esto sin perjuicio de que, los dueños de las heredades afectadas por el cambio de
curso de las aguas tienen derecho a realizar cuanto esté a su alcance, para buscar que las
aguas vuelvan a su curso normal.
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Artículo 645: “Si un río varía su curso, podrán los propietarios riberanos, con permiso de la
autoridad competente, hacer las obras necesarias para restituir las aguas a su
acostumbrado cauce; y la parte de éste, que permanentemente quedare en seco, accederá
a las heredades contiguas, como el terreno del aluvión en el caso del Artículo 641.

Concurriendo los riberanos de un lado con los del otro, una línea longitudinal dividirá el
nuevo terreno en dos partes iguales; y cada una de éstas accederá a las heredades
contiguas, como en el caso del mismo artículo.”

Si el río se divide en dos brazos que no vuelven a tocarse, se deberán aplicar las
mismas reglas referidas en el cambio de curso, por cuando las heredades ribereñas
contiguas a los cauces o álveos abandonados acrecerán hasta la mitad del antiguo cauce.

Artículo 646: “Si un río se divide en dos brazos, que no vuelven después a juntarse, las
partes del anterior cauce que el agua dejare descubiertas accederán a las heredades
contiguas, como en el caso del artículo precedente.”

Si el río se divide en dos brazos que después vuelven a juntarse, no producirá


alteración alguna respecto a los predios ribereños, pues el dominio de dichos predios
seguirá perteneciendo a sus mismos dueños; no obstante, en el caso de que se formara
una isla, ésta accederá a favor de los predios ribereños, pero de conformidad con las reglas
prescritas para la formación de nuevas islas.

8.1.2.4.- Formación de nuevas islas.

Esta forma de accesión obedece a situaciones diversas que merecen su propia regulación:

a) La porción de tierra que queda al descubierto al abrirse el río en dos brazos que
vuelven a juntarse, no se tendrá por nueva isla mientras las aguas del río las cubran
y descubran en forma alternativa; en este caso no habrá tal accesión.

b) Sí habrá accesión a favor de los predios riberanos contiguos, respecto a la nueva


isla conformada una vez que los brazos del río vuelven a juntarse. Para determinar
en qué forma se acrece, se dividirá el cauce del río en dos partes iguales, con una
línea imaginaria que se proyectará, o no, sobre la nueva isla; si la nueva isla queda
completamente a uno de los márgenes, los predios ribereños de ese margen
acrecerán de acuerdo con la proyección de sus respectivas líneas de demarcación,
como en el caso del aluvión.
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c) Si la nueva isla quedara a ambos lados de la línea que divide en dos el cauce del
río, las heredades ribereñas ubicadas a ambos márgenes acrecerán proyectando
sus respectivas líneas de demarcación hasta llegar a la línea imaginaria que parte
la isla en dos, aplicándose también las reglas del aluvión.

d) Si al proyectar las respectivas líneas de demarcación, en la forma antes relacionada,


resultare que la nueva isla corresponde a dos o más heredades ribereñas, la nueva
isla tendrá que dividirse en partes iguales entre las heredades comuneras.

e) La nueva isla accederá a las heredades ribereñas en las formas antes señaladas,
como si solo existiera la nueva isla, no importando la existencia de otra u otras islas
preexistentes, pues éstas seguirán teniendo el régimen anterior.

f) Los dueños de la nueva isla tendrán derecho a los incrementos que, eventualmente,
pudiesen recibir por el lento e imperceptible retiro de las aguas (aluvión),
independientemente de la ribera menos distante.

g) Si la nueva isla se forma en un lago navegable por buques de más de cien toneladas,
o cuando la menor distancia de la heredad ribereña exceda a la mitad del diámetro
de la isla medida en la dirección de esa misma distancia, la misma pertenecerá al
Estado por presunción, pues las tierras que están dentro de los límites del territorio
nacional son bienes del Estado.

Todas estas reglas obedecen a lo dispuesto en el Artículo 647 de nuestro Código Civil, en
relación con los Artículos 618, 641 y 645 del mismo Código.

8.1.3.- DE LA ACCESION DE UNA COSA MUEBLE A OTRA COSA MUEBLE.

Los casos de accesión de una cosa mueble a otra cosa mueble tienen importancia cuando
se refieren a cosas de diferentes dueños puesto que, cuando las cosas que se juntan
pertenecen al mismo dueño, seguirán siendo del mismo dueño, aunque de dicha unión haya
dado origen a una nueva cosa.

Tanto la doctrina como nuestra legislación aceptan tres formas de accesión de mueble a
mueble: La Adjunción, la Especificación y la Mezcla.

8.1.3.1.- La Adjunción.

La doctrina española, --fuente principal de nuestro derecho--, considera que la adjunción es


una forma de accesión de mueble a mueble, que consiste en que, dos cosas heterogéneas
de diferente dueño, se unen en forma indisoluble de manera que constituyan un nuevo
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objeto, en el cuál puedan identificarse sus componentes e, inclusive, separarse


conservando su individualidad pero que, de llevarse a efecto esa separación, provocaría
daños físicos y materiales o la destrucción del nuevo objeto. Si bien es cierto de que ambas
cosas bien pudieran separarse conservando su individualidad, no es menos cierto que, al
separarlas, se provocaría un daño al dueño del objeto nuevo.

El principal problema radica en la determinación del que adquiere por accesión el nuevo
objeto, para lo que es indispensable conocer sobre la buena o mala fe con la que ha actuado
quien provoca la adjunción, así como también las características de cada una de las cosas
que se juntan, es decir, cuál es la principal y cuál la accesoria.

El criterio más importante para conocer cuál de las cosas es la principal, radica en el valor
real o afectivo de cada una de las cosas; la de mayor valor es la principal; la de menor valor
será la accesoria. Si se hace difícil establecer cuál de las dos es de mayor valor, se tendrá
por accesoria la que sirve para el uso, ornato o complemento de la otra; por último, si aun
así no puede identificarse cuál de las dos es la principal, habrá que recurrir a la
determinación de su volumen: la más voluminosa sería la principal.

También es preciso considerar la buena o mala fe con la que actúa cada uno de los dueños
de las cosas que conforman el nuevo objeto. Si ninguno actúa de mala fe, el dueño de la
nueva cosa será el dueño de la cosa principal, debiendo abonar al dueño de la cosa
accesoria su justo precio; si el dueño de la cosa principal ha actuado de mala fe, el dueño
de la accesoria podrá quedarse con el nuevo objeto abonando el justo precio a su dueño,
o podrá exigir que se separe la cosa accesoria de la principal aunque ésta sufra deterioro;
si es el dueño de la cosa accesoria quien actúa de mala fe, ésta crecerá en beneficio del
dueño de la principal sin abono alguno. En el caso hipotético de que ambos actuaran de
mala fe, si no hay acuerdo entre partes, tendría que determinarse judicialmente lo que con
justicia corresponda.

Artículo 648: “La adjunción es una especie de accesión, y se verifica cuando dos cosas
muebles pertenecientes a diferentes dueños se juntan una con otra, pero de manera que
puedan separarse y subsistir cada una después de separada; como cuando el diamante de
una persona se engasta en el oro de otra, o en un marco ajeno se pone un espejo propio”.

De este concepto se desprenden los requisitos necesarios para que haya accesión por
adjunción: a) Que se unan dos cosas muebles; b) que pertenezcan a dueños diferentes; c)
que las cosas puedan separarse conservando su propia individualidad. Podemos agregar,
--aunque no lo señala nuestro Código--, la formación de un nuevo objeto.
28

Artículo 649: “En los casos de adjunción, no habiendo conocimiento del hecho, por una
parte, ni mala fe por la otra, el dominio de lo accesorio accederá al dominio de la principal,
con el gravamen de pagar al dueño de la parte accesoria su valor.”

Artículo 650: “Si de las dos cosas unidas, la una es de mucho más estimación que la otra,
la primera se mirará como principal y la segunda como accesorio.

Se mirará como de más estimación la cosa que tuviere para su dueño un gran valor de
afección.”

Artículo 651: “Si no hubiere tanta diferencia en la estimación, aquella de las dos cosas que
sirva para el uso, ornato o complemento de la otra, se tendrá por accesoria.”

Artículo 652: “En los casos a que no pudiere aplicarse ninguna de las reglas precedentes,
se mirará como principal lo de mayor volumen.”

8.1.3.2.- La especificación.

Esta no es una verdadera forma de accesión, pero nuestra ley la considera como tal. La
especificación consiste en que una persona, empleando una cosa mueble ajena sin permiso
de su dueño, la convierte en una nueva cosa en virtud de su propio trabajo o arte. Aquí lo
que ocurre realmente es una transformación o mutación del material ajeno, no habiendo
posibilidad alguna de revertir la cosa a su estado anterior.

En este caso es, igualmente, necesario considerar la buena o mala fe con la que actúa el
especificante, esto es, el transformador del material ajeno.

Son tres los requisitos de la especificación: a) que la cosa o materia sea de una persona
diferente al que la trabaja o transforma; b) el trabajo, obra o industria de quien no es su
dueño; y, c) la producción de una nueva especie inseparable de la materia con que está
hecha.

Es determinante la buena o mala fe; así, si ni el dueño de la materia ni quien la transforma,


han actuado de mala fe, el dueño de la nueva especie será el dueño de la materia, debiendo
pagar al especificante el justo precio de su trabajo; pero si el valor de la nueva especie es
mucho mayor que el de la materia, el especificante se convertirá en el dueño de la obra,
pero deberá pagar el precio de la materia a su dueño, y los daños y perjuicios si ha actuado
de mala fe.

Puede suceder que el especificante haya transformado parte ajena y parte propia del
material usado; en este caso ambos se convierten en condueños de la nueva especie, pero
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el especificante pagará el precio de la materia ajena, y el dueño de la materia pagará la


parte de materia que le corresponda y el precio del trabajo del otro.

En el hipotético caso de que el especificante haya actuado de mala fe, el dueño de la


materia podrá optar a que se le pague el valor de la materia, se le entregue otra de igual
calidad y cantidad, o se quedará con la nueva especie.

Artículo 653: “Otra especie de accesión es la especificación, que se verifica cuando de la


materia perteneciente a una persona, hace otra persona una obra o artefacto cualquiera,
como si de uvas ajenas se hace vino, o de plata ajena una copa, o de madera ajena una
nave.

No habiendo conocimiento del hecho, por una parte, ni mala fe por la otra, el dueño de la
materia tendrá derecho a reclamar la nueva especie, pagando la hechura.

A menos que en la obra o artefacto el precio de la nueva especie valga mucho más que el
de la materia, como cuando se pinta en lienzo ajeno, o de mármol ajeno se hace una
estatua; pues en este caso la nueva especie pertenecerá al especificante, y el dueño de la
materia tendrá solamente derecho a la indemnización de perjuicios.

Si la materia del artefacto es en parte ajena y en parte propia del que la hizo o mandó a
hacer, y las dos partes no pueden separarse sin inconveniente, la nueva especie
pertenecerá, en común, a los dos propietarios; al uno a prorrata del valor de su materia y al
otro a prorrata del valor de la suya y de la hechura.”

8.1.3.3.- La Mezcla.

Consiste en la unión de dos cosas muebles, sólidas o líquidas, de diferentes dueños que
se confunden de tal manera, que no pueden ser separadas, convirtiéndose en un nuevo
objeto. La mezcla puede producirse por casualidad, por acuerdo de los dueños de ambas
cosas, o mediando solo la voluntad, de buena o mala fe, de una de ellas.

Para que haya mezcla se requiere: a) Que las cosas, sólidas o líquidas, sea de dueños
diferentes; b) que al unirlas no se puedan separar; y, c) que se forme una nueva sustancia
u objeto indisoluble o inseparable.

Cuando la mezcla se produce sin haber mala fe de las partes, el nuevo producto
pertenecerá en común a los dueños de cada uno de los materiales utilizados, a prorrata del
valor de cada uno de dichos materiales; en este caso no habrá accesión.

Habrá accesión solo en el caso de que uno de los materiales tenga mayor valor que el otro,
entonces el nuevo producto pertenecerá al dueño del material más caro, debiendo abonar
al dueño del material de menos valor su justo precio. Si el que efectuó la mezcla actuó de
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mala fe, perderá su materia y, además, deberá pagar indemnización de daños y perjuicios
al dueño de la otra materia.

Artículo 654: “Si se forma una cosa por mezcla de materias sólidas o líquidas pertenecientes
a diferentes dueños, no habiendo conocimiento del hecho, por una parte, ni mala fe por la
otra, el dominio de la cosa pertenecerá a dichos dueños proindiviso, a prorrata del valor de
la materia que a cada uno pertenezca.

A menos que el valor de la materia perteneciente a uno de ellos fuere considerablemente


superior, pues en tal caso, el dueño de ella tendrá derecho para reclamar la cosa producida
por la mezcla, pagando el precio de la materia restante.”

8.1.4.- ACCESIÓN DE MUEBLE A INMUEBLE

Esta forma de accesión se produce cuando el dueño del suelo utiliza materiales ajenos,
semillas o plantas, y las incorpora a su dominio; o cuando los dueños de dichos materiales,
plantas o semillas, las incorpora en suelo ajeno. Será necesaria la incorporación de los
materiales a la construcción o edificación, así como el arraigo al suelo de las plantas y
semillas; de lo contrario no podrá haber accesión.

Siguiendo la regla general de que lo accesorio debe correr la suerte de lo principal, el dueño
del suelo gozará del derecho de adquirir lo construido o edificado, o lo plantado o sembrado.
No obstante, deberá tomarse en cuenta la actitud personal del dueño del inmueble, y la del
dueño de los materiales, plantas o semillas.

Como requisitos necesarios para que se pueda adquirir mediante esta modalidad, podemos
citar: a) que el dueño del suelo y el de los materiales, plantas o semillas, sean diferentes;
b) que se produzca la incorporación o arraigo al suelo por actos humanos; c) que no exista
contrato entre el dueño del inmueble y el dueño de los materiales, plantas o semillas.

Es natural que mientras no haya incorporación o arraigo, el dueño de los materiales, plantas
o semillas, gozará del derecho de reclamarlos al dueño del terreno.

Puede darse en tres formas: a) Edificación; b) Plantación; y, c) Siembra.

8.1.4.1.- La edificación.

La edificación puede ocurrir de dos maneras: utilizando materiales ajenos en suelo propio,
o utilizando materiales propios en suelo ajeno. En ambos casos deberá tomarse en
consideración la buena o mala fe con que actúa la persona que realiza la edificación.

En el primer caso, si el dueño del suelo ha actuado, --al edificar o construir--, con justa
causa de error, es decir, de buena fe, podrá acceder a lo edificado o construido siempre
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que pague el justo precio de los materiales ajenos utilizados, o que restituya los materiales
en la misma calidad y cantidad. Por el contrario, si ha actuado sin justa causa de error,
siempre tendrá derecho a apropiarse de lo edificado o construido, pues al incorporarse los
materiales al suelo se convierten en inmuebles; pero tendrá la obligación de pagar los
materiales o restituirlos a su dueño, más la indemnización de daños y perjuicios. También
quedará sujeto a las acciones criminales pertinentes en los casos de que haya hurtado o
robado dichos materiales.

En este caso puede darse también la posibilidad de que el dueño de los materiales tuviere
pleno conocimiento del uso que el dueño del suelo está haciendo de ellos; en este caso
solo tendrá derecho a que se le pague el precio de ellos, o se le restituya en la misma
cantidad y calidad.

En el segundo caso, será preciso tomar en cuenta si el dueño del suelo ha tenido, o no,
conocimiento de los actos realizados por el dueño de los materiales, así como de la buena
o mala fe con que haya actuado el edificante o constructor.

Si el dueño del terreno no tuvo conocimiento de que el dueño de los materiales edificó o
construyó en su inmueble, tendrá derecho a hacer suyo lo edificado o construido, pero
tendrá la obligación de indemnizar al dueño de los materiales de conformidad con las reglas
prescritas para los poseedores de buena o de mala fe en el Título “De la Reivindicación”, a
menos que prefiera reclamar al edificante o constructor, el justo precio de su inmueble, más
los intereses calculados durante el tiempo que éste necesitó en la ejecución de la obra,

Es lógico tener en cuenta las reglas relacionadas con las prestaciones mutuas que, tanto el
dueño del inmueble que pretende recuperarlo, como el dueño de los materiales, que tratará
de recuperar su inversión –no solo los materiales utilizados--, tendrán que invocar en el
juicio reivindicatorio. Las situaciones podrán ser muy diferentes en cada caso. Por ejemplo:
el que construyó un edificio actuó de buena fe dándole valor agregado al inmueble en virtud
de las mejoras útiles que introdujo al inmueble, tendrá derecho a que se le reconozcan las
mejoras útiles; o el que construyó de mala fe, que tendrá derecho que reclamar el pago de
los materiales utilizados, o a separar y llevarse los materiales de la construcción sin
detrimento del inmueble, pero no al pago de las mejoras útiles.

En nuestro código Civil, estos casos están comprendidos en los Artículos del 883 al 894,
en el Título de la Reivindicación.

Ahora bien, si el que edificó lo hizo a ciencia y paciencia del dueño del terreno, tendrá
opción a ofrecerle el justo precio por dicho terreno; pero si éste pretende recuperarlo, tendrá
que pagar el valor total del edificio, sin perjuicio del derecho legal de retención que podrá
alegar el dueño del edificio, mientras no se produzca el pago.

8.1.4.2.- La plantación.
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Consiste en que el dueño de un predio planta árboles u otras especies vegetales que son
ajenas; o cuando el dueño de dichas especies las planta en suelo ajeno. En ambos casos
habrá que proceder como en los casos de la edificación, siempre teniendo como premisa
que el dueño del suelo, por ser la cosa principal, es quien tendrá derecho a adquirir la
plantación, sin perjuicio de pagar las plantas a su dueño, de pagar también los daños y
perjuicios en caso de no justificar error e, inclusive, responder criminalmente por el delito
de hurto o robo de las especies plantadas de mala fe.

Cuando se trate de plantar especies propias en suelo ajeno, también se deberá tener en
cuenta si se hizo sin el conocimiento del dueño del suelo, si se plantó de mala fe, o si se
hizo a la vista y paciencia del dueño del terreno, recurriendo siempre a las reglas prescritas
en el Título de la reivindicación para los poseedores de buena o mala fe. También es posible
que el dueño de la plantación (o de la siembra) puede pedir el derecho legal de retención,
mientras el dueño del inmueble no le pague el valor de las plantas o semillas.

8.1.4.3.- La siembra.

Aquí se trata de la formación de sementeras sembrando semillas ajenas en suelo propio, o


semillas propias en suelo ajeno. Las reglas a aplicarse son exactamente las mismas de la
plantación, solo diferenciándose respecto a la edificación, el tratamiento correspondiente a
la naturaleza del producto.

Artículo 658: “Si se edifica con materiales ajenos en suelo propio, el dueño del suelo será
dueño de los materiales por el hecho de incorporarlos en la construcción; pero estará
obligado a pagar al dueño de los materiales su justo precio, u otro tanto de la misma
naturaleza, calidad y aptitud.

Si por su parte no hubo justa causa de error, será obligado al resarcimiento de perjuicios, y
si ha procedido a sabiendas, quedará también sujeto a la acción criminal competente; pero
si el dueño de los materiales tuvo conocimiento del uso que se hacía de ellos, solo habrá
lugar a la disposición del párrafo anterior.

La misma regla se aplica al que planta o siembra en suelo propio vegetales o semillas
ajenas.

Mientras los materiales no están incorporados en la construcción o los vegetales arraigados


al suelo, podrá reclamarlos el dueño”.

Artículo 659: “El dueño del terreno en que otra persona, sin su conocimiento, hubiere
edificado, plantado o sembrado, tendrá el derecho de hacer suyo el edificio, plantación o
sementera, mediante las indemnizaciones prescritas a favor de los poseedores de buena o
mala fe en el Título “De la Reivindicación”, o de obligar al que edificó o plantó a pagarle el
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justo precio del terreno con los intereses corrientes por todo el tiempo que lo haya tenido
en su poder, y al que sembró, a pagarle la renta y a indemnizarle los perjuicios.

Si se ha edificado, plantado o sembrado a ciencia y paciencia del dueño del terreno, será
este obligado, para recobrarlo, a pagar el valor del edificio, plantación o sementera”.

8.2.- DE LA OCUPACION.

Siguiendo al Código Civil español de 1889, nuestro Código regula esta institución
considerándola como uno de los modos originarios de adquirir el dominio de los bienes
muebles que no pertenecen a nadie –res nullius--.

1.- Concepto.

La ocupación propiamente dicha, es el modo originario de adquirir que consiste en tomar


posesión de una cosa apropiable sin dueño, con la intención de adquirir su propiedad. Sin
embargo, modernamente, la ocupación se limita a la adquisición de bienes muebles, habida
cuenta de que los bienes inmuebles siempre tienen dueño, pues cuando carecen de
propietario reconocido, se le atribuye al Estado, por presunción, el derecho de propiedad.
De aquí que, complementando el concepto, la ocupación pueda definirse como una forma
originaria de adquirir la propiedad de las cosas muebles que carecen de dueño, mediante
la aprehensión material de las mismas con el ánimo de dueño.

Nuestro Código agrega que esas cosas pueden ser adquiridas, siempre y cuando no esté
prohibida su adquisición por las leyes hondureñas y el Derecho Internacional; pero, a pesar
de que no hace mención de que sólo pueden ocuparse cosas muebles, el Artículo 618 C.C.
señala que las tierras que no pertenecen a nadie y que se encuentran dentro del territorio
nacional, son bienes del Estado.

Artículo 660 C.C.--“Por la ocupación se adquiere el dominio de las cosas que no pertenecen
a nadie, y cuya adquisición no es prohibida por las leyes hondureñas o por el Derecho
Internacional.”

2.- Requisitos.

Del concepto de ocupación podemos deducir que los requisitos que deben de concurrir para
que haya ocupación, son los siguientes:

a) Que se trate de cosas muebles que no tengan dueño, ya sea porque nunca lo han
tenido, o porque su dueño las haya abandonado definitivamente. Entre las que no
tienen dueño podemos mencionar cosas inanimadas como piedras, conchas y otros
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objetos naturales que arroja el mar a las playas; o animadas, como algunos
animales salvajes o bravíos, o algunas especies marinas. Las cosas que han tenido
dueño, pero que éste las ha abandonado con el ánimo de que el primero que se
posesione de ellas adquiera su dominio, --res derelictae--, como los productos que
los comerciantes voluntariamente arrojan a una multitud de personas, o los tesoros
ocultos por largo tiempo.

b) Que una persona se apodere de ellas con el ánimo de dueño, lo que significa que
la persona, además de aprehender físicamente la cosa, debe de estar capacitado
para poder demostrar el ánimo de dueño; para ello bastará con la capacidad
relativa, es decir, tener raciocinio suficiente para entender y querer. No será
imprescindible la capacidad legal.

c) Que su aprehensión no esté prohibida por las leyes hondureñas o por el Derecho
Internacional. El conjunto de leyes que constituyen la legislación ambiental
hondureña, como la Ley de Pesca, la Ley Forestal, la Ley de Municipalidades, la
Ley General del Ambiente, entre otras, establecen una serie de limitaciones a este
modo de adquirir. Convenios internacionales y regionales también comprenden
importantes limitantes, tal es el caso de la Convención Internacional de Especies
Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre, la Convención Internacional para la
Protección y Conservación de la Tortuga Marina, el Convenio Centroamericano
para la Protección del Ambiente, para citar algunos.

3.- Clasificación.

Hay que distinguir entre la ocupación de cosas animadas y la ocupación de cosas


inanimadas. Entre las primeras distinguen entre la caza y la pesca. Entre las segundas, la
invención o hallazgo, el descubrimiento de un tesoro y la captura bélica.

3.1.- De la caza y la pesca.

Nuestro Código Civil se refiere a la caza y pesca, como las dos formas de adquirir por
ocupación, el dominio de los animales bravíos o salvajes interesándose, principalmente,
por la protección de los derechos particulares del cazador, del pescador y de los dueños de
los predios en donde se puedan ejecutar estas actividades. Sin embargo, durante la última
parte del siglo XX, organismos internacionales, un gran número de organizaciones
ambientalistas y connotados líderes defensores del ambiente y de los recursos naturales,
han venido propugnando por la celebración de tratados y convenios internacionales, así
como la emisión de leyes especiales y reglamentos tendientes a la protección de la
biodiversidad, procurando el manejo adecuado de nuestros diferentes ecosistemas en
función de la satisfacción de las necesidades humanas.

Son animales salvajes o bravíos aquellos que viven libremente con total independencia de
los hombres; puede tratarse de animales feroces, como las fieras, o no feroces, como
35

algunas especies marinas, aves o abejas. Pero no pueden ser objeto de ocupación los
animales domésticos, que son los que viven bajo la dependencia humana, ni los
domesticados que son los que por su naturaleza son bravíos, pero que están en cautiverio
al haber sido apresados por el hombre; éstos, mientras se encuentren amparados por el
hombre, o regresen alternativamente buscando su protección, --animus revertendi--, se
considerarán como domesticados, pero si huyen o son liberados recobrando su estado
primitivo, vuelven al régimen de los animales bravíos o salvajes.

Artículo 661 C.C.—“La caza y pesca son especies de ocupación por las cuales se adquiera
el dominio de los animales bravíos.”

Artículo 662 C.C.—“Se llaman animales bravíos o salvajes los que viven naturalmente libres
e independientes del hombre, como las fieras y los peces; domésticos los que pertenecen
a especies que viven ordinariamente bajo la dependencia del hombre, como las gallinas,
las ovejas; y domesticados los que, sin embargo de ser bravíos por su naturaleza, se han
acostumbrado a la domesticidad y reconocen en cierto modo el imperio del hombre.

Estos últimos, mientras conservan la costumbre e volver al amparo o dependencia del


hombre, siguen la regla de los animales domésticos, y perdiendo esta costumbre vuelven
a la clase de los animales bravíos.”

El Código Civil se limita a establecer los lugares en donde se puede cazar y pescar, en
relación al significado de dichas actividades, al lugar en donde pueden realizarse en
atención al derecho de dominio del inmueble en donde se llevan a cabo, así como a otras
actividades complementarias relacionadas con el uso de playas, riberas, edificios y cultivos
por parte de los cazadores o pescadores. Sin embargo, el Artículo 676 C. C., deja
claramente establecido que el ejercicio de la caza y la pesca dependerán de las
regulaciones especiales sobre la materia.

Artículo 676 C.C.—“En los demás, el ejercicio de la caza y de la pesca estará sujeto a las
ordenanzas especiales que sobre estas materias se dicten.

No se podrá, pues, cazar o pescar sino en temporadas y lugares, y con armas y procederes
que no estén prohibidos.”

Como ejemplo de lo anterior, citamos el Artículo 42 de la Ley Forestal, que establece dos
aspectos importantes respecto a la actividad de la caza: 1º) que sólo los animales que
puedan ser objeto de caza los que se consideran de caza; y, 2º) que se necesita licencia
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especial para cazar. Es obvio que la misma ley determinará cuáles son esos animales y
cuáles son los requisitos para adquirir la licencia de caza.

Reza el Artículo 42 de la Ley General del Ambiente: “Animales de caza son los animales
silvestres que pueden ser objeto de caza, previa licencia que se otorgará mediante el
Departamento de Vida Silvestre del Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo
Forestal.”

¿Dónde se puede cazar o pescar?

Según el Código, se puede cazar en terreno propio, o en terreno ajeno siempre que se
cuente con la autorización de su dueño o, aunque sin su autorización, no existan vestigios
de estar siendo usado al no evidenciar actos de dominio o posesión sobre el inmueble,
salvo que se haya notificado la prohibición de cazar. Lo mismo podemos decir del que pesca
en aguas propias o en ajenas. A la misma causa, igual derecho.

La cacería implica el uso de armas no prohibidas, o cualquiera argucia o trampa que


concluya con la captura o muerte de algún animal bravío. Naturalmente que el animal
cazado en suelo propio debe pertenecer al dueño del terreno; así mismo, pertenecerá al
cazador, si es cazado en terreno ajeno con permiso del dueño o, en su caso, hasta sin su
permiso; empero, fuera de estos casos, la pieza cazada pertenecerá al dueño del terreno,
debiendo también el cazador pagarle la indemnización de los daños y perjuicios que pudiere
corresponderle.

Se puede pescar en aguas propias o ajenas, de naturaleza privada, con las mismas
consecuencias que las señaladas para la caza, según los Artículos 663 y 664 C.C. y,
aunque nuestro Código Civil prescribe la libertad para pescar en altamar y en los ríos y
lagos de uso público, esta libertad es relativa, pues la Ley de Pesca, otras leyes secundarias
y algunos Tratados y Convenios Internacionales, establecen prohibiciones y regímenes
especiales para la actividad pesquera en lo que a territorio marítimo se refiere. El mismo
Código Civil prohíbe a los extranjeros no domiciliados en Honduras, realizar actividad
pesquera en el mar territorial, esto es: 12 millas marinas medidas desde la línea más baja
de la marea, hacia altamar.

Modernamente, la influencia de las innumerables organizaciones, privadas y públicas,


protectoras del medio ambiente, de los sistemas ecológicos y de la biodiversidad, han
obligado a los estados a aprobar leyes y a celebrar convenios y tratados internacionales
reguladores de la actividad humana que pueda resultar negativa y perjudicial para el
ambiente.

No obsta, pues, que existan disposiciones prohibitivas tendientes a impedir la caza y la


pesca aún en áreas de naturaleza privada por haber sido éstas declaradas bajo la
protección estatal, o porque ciertas especies animales también gozan de esa protección
por estar, por ejemplo, en peligro de extinción. En nuestro país contamos ya con un Sistema
Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) y leyes que implementan graves sanciones de tipo
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económico y penales, tipificando delitos ambientales y contra la flora y fauna. Ya


mencionamos cómo la Ley General del Ambiente, la Ley Forestal, la Ley de Pesca
establecen secciones especiales para ocuparse de estos delitos, sin perjuicio de las
reformas por agregación introducidas al Código Penal.

Artículo 663 C.C.—“No se puede cazar sino en tierras propias, o en las ajenas, con permiso
del dueño.

Pero no será necesario este permiso, si las tierras no estuvieren cercadas, ni plantadas o
cultivadas; a menos que el dueño haya prohibido expresamente cazar en ellas y notificado
la prohibición.”

Artículo 664 C.C.—“Si alguno cazare en tierras ajenas sin permiso del dueño, cuando por
ley estaba obligado a obtenerlo, lo que cace será para el dueño, a quién además
indemnizará de todo perjuicio.”

Artículo 670 C.C.—“Las disposiciones de los Artículos 663 y 664 se extienden al que pesca
en aguas ajenas.”

¿Cuándo se entenderá cazado o pescado un animal?

Sabemos que el cazador o el pescador no solo tienen las limitaciones del lugar para realizar
sus respectivas actividades; también las tienen respecto a las especies que pueden ser
objeto de caza o pesca, y respecto a las armas y demás artificios que pueden utilizar para
tales fines. Leyes especiales, para el caso, prohíben el uso de explosivos, químicos, redes
y armas de gran potencia.

Pero asumiendo que las actividades de caza y pesca se desarrollen conforme a ley, el
Artículo 671 C.C., establece los momentos en que el animal se entiende cazado o pescado
y que, por ende, ya le pertenece a su cazador o pescador: a) Cuando ya lo tiene en su
poder una vez que lo ha matado, herido o apresado; b) cuando lo ha herido o lesionado
gravemente de manera que le sea muy difícil escapar, siempre que persista en perseguirlo;
si el animal herido entra en tierras o en aguas ajenas en donde no es lícito cazar o pescar
sin permiso del dueño, éste pertenecerá al propietario del inmueble, a menos que logre su
autorización para perseguirlo y capturarlo; y, c) cuando ha caído en las trampas o cualquiera
otro artificio de legítimo uso que hayan sido puestas en lugares de lícita caza o pesca.
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Artículo 671 C.C.—“Se entiende que el cazador o pescador se apodera del animal bravío y
lo hace suyo, desde el momento que lo ha herido gravemente, de manera que ya no le sea
fácil escapar, y mientras persista en perseguirlo; o desde el momento que el animal ha
caído en sus trampas o redes, con tal que las haya armado o tendido en paraje donde le
sea lícito cazar o pescar.”

Consecuente con lo expresado en el Artículo anterior, el legislador prohíbe a otros


cazadores o pescadores la persecución de animales bravíos cuando ya estos sean
perseguidos por otros cazadores o pescadores, a menos que éstos les hayan autorizado
para hacerlo; de lo contrario, en el caso de que llegaren a cazar o pescar al animal antes
que sus perseguidores originales, podrán estos últimos reclamar las piezas capturadas por
aquellos. Debemos reconocer que esta situación puede acarrear no pocas dificultades a los
reclamantes o demandantes, pues a ellos corresponde la carga de la prueba.

Artículo 672 C.C.—“No es lícito a un cazador o pescador perseguir al animal bravío que es
ya perseguido por otro cazador o pescador; si así lo hiciere sin su consentimiento, y se
apoderare del animal, podrá el otro reclamarlo como suyo.”

¿Quiénes pueden cazar o pescar?

En lo que se refiere a la caza nuestro Código Civil nos da a entender que toda persona
capaz puede cazar siempre y cuando tenga la capacidad legal para hacerlo, lo haga en
lugares en donde sea lícito cazar (en su propiedad o en propiedad ajena previa
autorización), y con armas y artificios no prohibidos por las leyes. En la actualidad, leyes
especiales como la Ley General del Ambiente, Ley de Policía, Ley de Municipalidades y
Ley Forestal, principalmente, regulan esta actividad.

Ya nos referimos al Artículo 42 de la Ley General del Ambiente, que prescribe que sólo el
cazador con licencia otorgada por el Instituto de Conservación Forestal, Áreas Protegidas
y Vida Silvestre, –ICF--, puede realizar lícitamente esta actividad. La Ley Forestal (Decreto
98-2007) otorga al ICF la facultad de administrar la flora y fauna silvestre de todo el país, -
-Artículo 115--; y, el Artículo 117 de la misma Ley Forestal, establece la prohibición de cazar
o capturar especies amenazadas o en peligro de extinción, declaradas como tal por el
mismo ICF en coordinación con las municipalidades.

Reza el Artículo 117 LF: “Caza o captura de fauna silvestre. “Se prohíbe la caza o captura
de especies amenazadas o en peligro de extinción.

El Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo Forestal, Áreas Protegidas y Vida


Silvestre (ICF), previo estudio con participación de las corporaciones municipales y
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comunidades hará la declaratoria de especies amenazadas o en peligro de extinción,


tomando también en cuenta los convenios y tratados internacionales.

La caza o captura de especies de fauna silvestre con fines comerciales o deportivos, no


comprendidas en la categoría anterior, estarán sujetas a las disposiciones de las
corporaciones municipales correspondientes y a la Licencia de Caza otorgada por el
Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo Forestal, Áreas Protegidas y Vida Silvestre
(ICF). Asimismo, el Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo Forestal, Áreas
Protegidas y Vida Silvestre (ICF) declarará vedas, épocas de caza o de captura permitidas,
y dictará las demás regulaciones técnicas que correspondan.

El aprovechamiento de las especies marinas, fluviales y lacustres es regulado por la Ley de


Pesca.”

En cuanto a la pesca, pueden pescar libremente todas las personas en alta mar y en los
lagos y ríos de uso público; en el mar territorial solo pueden pescar los hondureños y
extranjeros domiciliados en el país; en los lagos y corrientes de agua privados sólo el dueño
o las personas que éstos autoricen.

Artículo 665 C.C.—“Se podrá pescar libremente en los mares, pero en el mar territorial sólo
podrán pescar los hondureños y los extranjeros domiciliados.

Se podrá también pescar libremente en los ríos y en los lagos de uso público.”

En la actualidad existe un Proyecto de Ley general de Pesca y Acuicultura, pero la Ley de


Pesca (Decreto 154-59) sigue en vigencia, pero con reformas importantes, como la hacer
depender de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) a través de la Dirección
General de Pesca y Acuicultura (DIGIPESCA), toda la actividad pesquera nacional. El
Artículo 83 No.5 del Reglamento de Organización, Funcionamiento y Competencia del
Poder Ejecutivo, señala: “Artículo 83. Las funciones de las Direcciones Generales y demás
órganos especializados de esta Secretaría de Estado, son las siguientes: 1…, 2. …, 3. …,
4. …5. Dirección General de Pesca y Acuicultura: Responsable de conducir los asuntos
relacionados con la pesca, cultivo y protección de especies hidrobiológicas.”

En los Artículos del 666 al 668 del Código Civil, se establecen una serie de disposiciones
que conceden a los pescadores ciertos derechos de uso de las playas y de tierras contiguas
a ellas que, evidentemente, tienen como finalidad principal, la creación de las facilidades
necesarias para el ejercicio de la actividad pesquera.

3.2.- La invención o hallazgo.


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La invención o hallazgo es un modo de adquirir, por ocupación, el dominio de cosas


corporales muebles, inanimadas, que no pertenecen a nadie. Se trata, pues, de un modo
originario de adquirir.

La invención, --del latín inveniere=hallar--, es sinónimo de hallazgo o encuentro casual de


una cosa; no debemos confundirla con el invento o descubrimiento, que implica una
búsqueda voluntaria que nos conduce a patentar un nuevo producto.

Nuestra ley reconoce cuatro formas de invención o hallazgo: a) La de cosas inanimadas


que no pertenecen a nadie, --res nullius--; b) La de cosas inanimadas abandonadas para
que las haga suyas el primer ocupante, --res derelictae--; c) El tesoro; y, d) La captura
bélica.

a) La de cosas inanimadas que no pertenecen a nadie.


Se trata de la ocupación de cosas que, por regla general, son productos de la naturaleza
que no presentan vestigios de haber tenido un dueño, como las piedras, conchas y otros
objetos que el mar arroja a las playas; éstas, al ser aprehendidas por alguna persona con
el ánimo de hacerlas suyas, adquiere el dominio sobre ellas.

Para que se de esta forma de ocupación deben de concurrir estos tres requisitos: 1) Que
se trate de cosas inanimadas muebles; 2) que no pertenezcan a nadie; 3) que el que las
encuentre se apodere de ellas con ánimo de hacerlas suyas.

b) Las cosas abandonadas a favor del primer ocupante.

También se trata de una forma de ocupación puesto que, desde que el dueño las abandona
con el ánimo de desprenderse del derecho de dominio sobre ellas, ya son cosas que no
pertenecen a nadie (res derelictae); sin embargo, la ley exige que, además de su abandono,
debe de evidenciarse el ánimo de que se adueñe de ellas el primero que tome posesión de
ellas. Por ejemplo, los productos que los comerciantes arrojan al público para mercadear
sus marcas; o, los desperdicios reciclables que se abandonan con la basura en depósitos
separados para que los adquiera el primero que tome posesión de ellos.

Si el dueño anterior se desprendiera de ellas con el ánimo de que persona determinada las
adquiera, no estaríamos refiriéndonos a la ocupación por invención o hallazgo, sino a la
tradición.

Si existiesen dudas en cuanto al abandono por haber alguna señal que haga creer en un
dueño anterior, no habría hallazgo, pues se trataría de una especie al parecer perdida,
como las cosas que los navegantes arrojan al mar para aligerar de carga a un barco en
41

peligro de naufragio; pero si el interesado lograra probarse que fueron abandonadas


definitivamente por su anterior dueño, podría adquirirlos por invención o hallazgo.

Artículo 678 C.C.—“La invención o hallazgo es una especie de ocupación por la cual en
que encuentre una cosa inanimada que no pertenece a nadie, adquiere su dominio
apoderándose de ella.

De este modo se adquiere el dominio de las piedras, conchas y otras substancias que arroja
el mar y que no presentan señales de dominio anterior.
Se adquieren del mismo modo las cosas cuya propiedad abandona su dueño, como las
monedas que se arrojan para que las haga suya el primer ocupante. No se presume
abandonadas por sus dueños las cosas que los navegantes arrojan al mar para alijar la
nave.”

c) El tesoro.
La palabra tesoro admite varios conceptos, pero el que nos interesa, es el expresado por el
legislador cuando nos dice que el tesoro consiste en un conjunto de objetos de valor como
el dinero, joyas, monedas, u otros efectos preciosos elaborados por el hombre, que por
alguna razón fueron escondidos, enterrados o sepultados por sus dueños, y que han
permanecido así por largo tiempo, de tal manera que, al descubrirlos, no pueda conocerse
quién, o quienes, fueron sus dueños. Cuando al descubrir el presunto tesoro se encuentren
indicios o señales que permitan identificar a sus dueños o a sus herederos, debe presumirse
que se trata de especies al parecer perdidas; aunque esta presunción, --juris tantum--,
admite prueba en contrario.

El descubrimiento del tesoro constituye una modalidad de invención o hallazgo en el que


deben concurrir los siguientes requisitos: que se trate de dinero, monedas, joyas y objetos
valiosos elaborados por el hombre; que dichos objetos no permitan la identificación de sus
dueños anteriores o de sus herederos; que hayan estado ocultos o escondidos por largo
tiempo.

Artículo 679 C.C.—“El descubrimiento de un tesoro es una especie de invención o hallazgo.

Se llama tesoro la moneda o joyas, u otros efectos preciosos que, elaborados por el hombre,
han estado largo tiempo sepultados o escondidos sin que haya memoria o indicio de su
dueño.”

Esta forma de invención o hallazgo permite la adquisición del tesoro en forma total o parcial.

Será total, si quien descubre el tesoro es el mismo dueño del predio en que se encuentre;
parcial, cuando, fortuitamente, alguien lo descubre en suelo ajeno. En el primer caso, el
42

tesoro pertenecerá al dueño del terreno; en, el segundo, el tesoro se repartirá a partes
iguales entre el descubridor y el dueño del terreno.

También puede darse el caso de que una persona pida la autorización del dueño del terreno
para buscar un tesoro que presuntamente le pertenece, o que sólo sabe de su existencia.
El dueño del terreno estará obligado a otorgar el permiso para buscar el tesoro, si el
interesado da indicios racionales del lugar en donde se encuentra y garantizara el abono
de los daños y perjuicios que pudieren ocasionársele con la búsqueda del tesoro.

Si encontrado el tesoro el descubridor acreditara su pertenencia, tendrá derecho de dominio


sobre él; si se tratare efectivamente de un tesoro, pero no hay evidencia de pertenecerle,
podrá repartirse entre uno y otro a partes iguales deducidos los costos del descubrimiento,
pero no la indemnización por los daños al inmueble, sin embargo, el dueño del terreno podrá
reclamarlos siempre que renuncie a su parte en el tesoro.

Si lo descubierto tuviere indicios de pertenecer a alguna persona o a sus herederos, se


tendrá por especie al parecer perdida.

Artículo 680 C.C.—“El tesoro encontrado en terreno ajeno se dividirá por partes iguales
entre el dueño del terreno y la persona que haya hecho el descubrimiento.

Pero esta última no tendrá derecho a su porción, sino cuando el descubrimiento sea fortuito,
o cuando se haya buscado el tesoro con permiso del dueño del terreno.

En los demás casos, o cuando sea una misma persona el dueño del terreno y el
descubridor, pertenecerá todo el tesoro al dueño del terreno.”

Artículo 681 C.C.—“Al dueño de una heredad o de un edificio podrá pedir cualquier persona
el permiso de cavar en el suelo para sacar dinero o alhajas que asegure pertenecerle y
estar escondidos en él, y si se señalare el paraje en que están escondidos y diere
competente seguridad de que abonará todo perjuicio al dueño de la heredad o edificio, no
podrá éste negar el permiso ni oponerse a la extracción de dichos dineros o alhajas.”

Artículo 682 C.C.—“No probándose el derecho sobre dichos dineros o alhajas, serán
considerados o como bienes perdidos o como tesoro escondido en suelo ajeno, según los
antecedentes y señales.

En este segundo caso, deducidos los costos, se dividirá el tesoro por partes iguales entre
el descubridor y el dueño del suelo; pero no podrá éste pedir indemnización de perjuicios,
a menos de renunciar su porción.”
43

d) De la captura bélica.

Esta forma de ocupación tiene su origen en las Ordenanzas de Corso (de 1621 al 1802),
en España, y en las llamadas Ordenanzas de la Armada (1748 y 1793), que justificaban la
toma del botín o presa de guerra al enemigo vencido por tierra o por mar. El legislador
chileno, --tomando como fundamento estas ordenanzas--, instituyó en 1817 el Reglamento
Provisorio de Corso con el objeto de establecer la legitimidad o ilegitimidad de las presas o
capturas bélicas. Cabe destacar que desde la primera etapa de la Edad Media (siglo V al
XII), los soberanos otorgaban los “Patentes de corso”, documento que autorizaba a
particulares y barcos mercantes para capturar y saquear barcos enemigos y poblaciones
de países enemigos; era como una licencia para ejercer la piratería en nombre del Estado
que la otorgaba. Esta práctica desapareció hasta el año de 1856.

El Código Civil Chileno de 1857, en sus Artículos 240 y 241, en torno a este tema, prescribe
que el Estado se hace dueño legítimo de las propiedades que se toman durante la guerra
de nación a nación, así como de la ilegitimidad de aquellas que se toman por piratas,
bandidos o insurgentes. Nuestro legislador, utilizando como modelo ambos artículos,
prácticamente los transcribe en sus Artículos 694 y 695 C.C. No obstante, este asunto está
ampliamente regulado por el Derecho Internacional.

El I Convenio de La Haya de 1899 sobre leyes y costumbres de Guerra, establece una


normativa que limita la autoridad militar sobre los territorios sometidos por el Estado
vencedor, prohibiendo la confiscación de la propiedad privada y el pillaje. El IV Convenio
de La Haya de 1907 amplió esta normativa prohibiendo toda ocupación, destrucción,
deterioro intencional no solo de la propiedad privada, sino también, edificios públicos, de
monumentos históricos y de obras artísticas y científicas. Honduras es signataria de esta
Convención.

Debemos reconocer que, pese a los esfuerzos de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU) para lograr el cumplimiento de los Protocolos de estas y otras convenciones, todo
conflicto bélico conduce a prácticas contrarias.

Como hemos señalado, nuestro Código Civil se limita a señalar que la captura bélica es
una forma de ocupación que sólo puede ser legitimada por el Estado y conforme a los
convenios internacionales, excluyendo a los particulares y barcos mercantes toda acción
conducente al pillaje, saqueo o captura en perjuicio de las poblaciones enemigas.

Artículo 694 C. C.- “El Estado se hace dueño de todas las propiedades que se toman en
guerra de nación a nación, no solo a los enemigos sino a los neutrales, y aún a los aliados
y nacionales, según los casos, y dispone de ellas en conformidad a las ordenanzas de
marina y de corso, salvo lo que se estipulare con las potencias extranjeras.”
44

Artículo 695 C.C.—“Las presas hechas por bandidos, piratas o insurgentes, no transfieren
dominio, y represadas deberán restituirse a los dueños, pagando éstos el premio de
salvamento a los represadores.

Este premio se regulará por el que en casos análogos se conceda a los apresadores en
guerra de nación a nación.”

Artículo 696 C.C.—“Si no aparecieren los dueños, se procederá como en el caso de las
cosas perdidas; pero los represadores tendrán sobre las propiedades que no fueren
reclamadas por sus dueños en el espacio de un año (1), contado desde la fecha del último
aviso, los mismos derechos que si las hubieran apresado en guerra de nación a nación.”

3.3.- De las especies muebles al parecer perdidas.

En principio, debemos recordar que, para que podamos hablar de ocupación como un modo
originario de adquirir cosas animadas o inanimadas, éstas deberán ser cosas muebles y no
pertenecer a nadie; por tal razón, al hablar de cosas al parecer perdidas, o de especies
náufragas, la ocupación no puede ser considerada. Pero como se da la posibilidad de que
los dueños de estas especies no aparezcan, la ley establece un justo método para que
puedan ser adquiridas por terceras personas: la subasta.

Al subastarse estas especies de conformidad con el procedimiento prescrito por la ley,


podrá ocurrir que, el adjudicatario sea su descubridor, o persona distinta al descubridor; en
cualquiera de los casos se adquiriría por tradición, no por ocupación. En este último caso,
el descubridor podrá recibir una gratificación o un premio de salvamento en numerario, --
dinero--, que equivaldría a una especie de pago por servicios, pero nunca a una forma de
ocupación.

Se hace referencia a las especies náufragas por tener éstas una situación similar a las
especies al parecer perdidas, esto es, evidencian pertenecer a alguien, aunque se
desconozca a quién. No se trata, pues, de res nullius ni de res derelictae, pues su dueño
no ha exteriorizado su intención de desprenderse de su derecho de propiedad, antes bien,
están fuera de su dominio en forma involuntaria o casual.

Nuestro Código Civil establece un procedimiento muy parecido para el tratamiento de las
especies al parecer perdidas y para las especies náufragas; la diferencia entre uno y otro
es más en el orden cuantitativo que cualitativo.

El Artículo 683 C.C., regula el procedimiento a seguir para el tratamiento de las especies
muebles al parecer perdidas:
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1º) El que la encuentre, deberá ponerla a disposición de su dueño durante un período de


48 horas, sin señalar cómo hacerlo; pero si en ese espacio de tiempo no aparece el dueño,
procederá el siguiente paso.

2º) Entregará la cosa a la autoridad competente que, por lo expresado en los artículos
subsiguientes, deberá ser la Municipalidad correspondiente.

3º) La autoridad procederá s su depósito y a la publicación del hallazgo, designando el


lugar y día del hallazgo, así como de la cantidad y calidad de la especie, en el Diario Oficial
“La Gaceta” o en un diario del Departamento; también en carteles que se fijarán en tres de
los lugares más frecuentados. Mientras el dueño no aparezca, el aviso deberá publicarse
hasta por tres veces, con intervalos de 30 días entre un aviso y otro.

4º) Si pasado un año, contado a partir del último aviso, el dueño no aparece, se procederá
a subastarlo.

5º) De la recaudación por la venta se deducirán los gastos de conservación y los demás
que legítimamente se dedujeren.

6º) Del remanente de la venta se distribuirá una cuarta (1/4) al que encontró la especie, en
concepto de gratificación, y tres cuartas (3/4) partes a la Municipalidad.

Si quien encontró la especie al parecer perdida, no observa este procedimiento, perderá su


cuarta parte en beneficio de la Municipalidad, sin perjuicio de su responsabilidad penal por
el delito de hurto, y a su responsabilidad civil indemnizando daños y perjuicios.

Como ejemplo de estas especies están aquellas cosas que el dueño extravía en un
accidente o por cualquiera otra razón; el dinero o joyas extraviadas por descuido; etc.

Artículo 683 C.C.—“Si se encuentra alguna especie mueble al parecer perdida, deberá
ponerse a disposición de su dueño; y no presentándose nadie que pruebe ser suya, dentro
de las cuarenta y ocho (48) horas subsiguientes a la de haberse encontrado, se entregará
a la autoridad competente, la cual ordenará su depósito y dará aviso del hallazgo en el
periódico oficial o del departamento, si lo hubiere, y en carteles públicos que se fijarán en
tres (3) de los parajes más frecuentados del lugar.

El aviso designará el género y calidad de la especie, el día y el lugar del hallazgo.


Si no apareciere el dueño, se dará este aviso hasta por tercera vez, mediando treinta (30)
días de un aviso a otro.”
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Artículo 684 C.C.—“Si en el curso del año subsiguiente al último aviso no se presentare
persona que justifique su dominio, se venderá la especie en pública subasta; se deducirán
del producto las expensas de aprehensión, conservación y demás que incidieren; y del
remanente se dará la cuarta parte por vía de gratificación a la persona que encontró la
especie, y el resto se aplicará al Tesoro Municipal.”

Artículo 685 C.C.—“La persona que haya omitido las diligencias aquí ordenadas, perderá
su porción a favor del tesoro Municipal; quedará sujeta la acción de perjuicios, y según las
circunstancias, a la pena de hurto.”

¿Y si aparece el dueño?

Si el dueño aparece antes de la subasta, podrá recuperar sus cosas siempre que pague los
gastos de aprehensión, conservación y demás conexos, además del premio de salvamento
que haya fijado la autoridad, el que no podrá ser mayor de la mitad del valor de la especie
recuperada; pero si, además, el dueño ha ofrecido recompensa, quien la encontró podrá
escoger entre el premio de salvamento y dicha recompensa. Pero el dueño perderá
definitivamente la cosa si ésta ya ha sido subastada y adjudicada al mejor postor.

Sin embargo, cuando las especies hayan sido subastadas antes del plazo señalado por la
ley, por tratarse de especies fácilmente corruptibles o de difícil y costosa conservación, se
entregará al dueño el precio de la subasta, con las deducciones relativas a los gastos y el
premio de salvamento, o la gratificación, en su caso, siempre y cuando el dueño se haya
presentado antes de expirar el año posterior al último aviso al que se refiere el Artículo 684
C.C.

Artículo 686 C.C.—“Si aparece el dueño antes de subastada la especie, le será restituida,
pagando las expensas, y lo que a título de salvamento adjudicare la autoridad competente
al que encontró y denunció la especie.

El premio de salvamento no podrá exceder de la mitad del valor líquido de la especie.


Si el dueño hubiere ofrecido recompensa por el hallazgo, el denunciador elegirá entre el
premio de salvamento y la recompensa ofrecida.”

Artículo 687 C.C.—“Subastada la especie, se mirará como irrevocablemente perdida para


el dueño.”

3.4.- De las especies náufragas.


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Se consideran especies náufragas aquéllas que proceden de un barco que haya


naufragado en aguas territoriales, las cosas que los tripulantes arrojan al mar para aligerar
la nave en peligro de naufragio, o los artefactos, productos, equipos, fragmentos de
embarcación que el mar arroja a las playas o costas nacionales. Son especies al parecer
perdidas pero de una calidad diferente pues, como señalamos anteriormente, la ley tiene
para ellas un tratamiento especial.

Estas especies tampoco pueden ser adquiridas por ocupación por haber evidencias de que
tienen dueño; quienes tengan conocimiento de la existencia de estas especies, está en la
obligación de denunciarlas a autoridad competente y, mientras ésta se imponga de ellas,
tendrán que protegerlas en la manera de sus posibilidades a efecto de poderlas restituir a
sus dueños; apoderarse de ellas constituiría un acto constitutivo de delito de hurto,
generando la responsabilidad civil y criminal de mérito.

Artículo 689 C.C.—“Si naufragare algún buque en las costas de la República, o si el mar
arrojare a ellas los fragmentos de un buque, o efectos pertenecientes, según las
apariencias, aparejo o carga de un buque, las personas que lo vean o sepan, denunciarán
el hecho a la autoridad competente, asegurando entre tanto los efectos que sea posible
salvar para restituirlos a quien de derecho corresponda.

Los que se los apropiaren, quedarán sujetos a la acción de perjuicios y a la pena de hurto.”

La autoridad hará cuanto le competa para restituir a sus dueños las especies náufragas
bajo su custodia; los interesados acreditarán su derecho de dominio y pagarán los gastos
correspondientes a su rescate y conservación, así como lo concerniente al premio de
salvamento o gratificación, en su caso. Pero si ni aparecen sus dueños, deberán publicarse
avisos por periódicos locales y en los principales parajes públicos, mediando seis meses
entre un aviso y otro, en los que se señalará la cantidad y calidad de las especies náufragas;
si expirado un año contado desde el último aviso, no apareciere el dueño, se procederá a
la subasta, deduciéndose los gastos erogados en su rescate y conservación, así como lo
concerniente al premio de salvamento que, en este caso, no podrá ser mayor de la cuarta
parte del valor neto de las especies subastadas; pero no habrá premio de salvamento si la
recuperación y conservación de las especies corrió a cargo de las autoridades.

Todo lo expresado será aplicable sin perjuicio de lo estipulado en leyes especiales como
las de aduanas, las tributarias y las disposiciones acordadas en los convenios y tratados
internacionales de los que Honduras sea signataria.

Artículo 690 C.C.—“Las especies náufragas que se salvaren, serán restituidas por la
autoridad a los interesados, mediante el pago de las expensas y la gratificación de
salvamento.”
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Artículo 691 C.C.—“Si no aparecieren interesados, se procederá a la publicación de tres (3)


avisos por periódicos y carteles, mediando seis (6) meses de un aviso a otro; y en lo demás
se procederá como en el caso del Artículo 683 y siguientes.”

Artículo 692 C.C.—“La autoridad competente fijará, según las circunstancias, la gratificación
de salvamento, que nunca pasará de la cuarta parte (1/4) del valor de las especies.

Pero si el salvamento de las especies se hiciere bajo las órdenes y dirección de la autoridad
pública, se restituirán a los interesados, mediante el abono de las expensas, sin gratificación
de salvamento.”

Artículo 693 C.C.—“Todo lo dicho en los Artículos 689 y siguientes se entiende sin perjuicio
de lo que sobre esta materia se estipulare con las potencias extranjeras, y de los
reglamentos fiscales para el almacenaje y la internación de las especies.”

8.3.- LA TRADICION.

La tradición es un modo derivativo de adquirir el derecho de propiedad o de otro derecho


real transferible o transmisible puesto que, el adquirente, obtiene el mismo derecho que
tenía el titular anterior, convirtiéndose en su nuevo titular; sin embargo, cuando el titular del
derecho real sólo transfiere o transmite parcialmente su derecho, --como cuando el titular
del derecho de propiedad transfiere un usufructo--, el modo de adquirir es también
constitutivo, pues el adquirente va a gozar un derecho diferente al del tradente o transmisor.

La tradición (traditio), en un sentido amplio, significa entrega, transferencia, transmisión;


pero en un sentido más estricto, implica la transferencia o transmisión del derecho de
propiedad o, por extensión, la de cualquiera otro derecho real.

Nuestro legislador, siguiendo el sistema español, considera que la tradición es el efecto o


la materialización del derecho contenido en el título por lo que, este último, viene siendo la
causa. Así, por ejemplo, si en virtud del contrato de compraventa el comprador tiene
derecho de propiedad sobre el producto que compra, no podrá ejercer dicho derecho
mientras no se le haga entrega del referido producto. El contrato no es suficiente para el
comprador; necesita que el vendedor le haga entrega de la cosa vendida, pues solo así
podrá ejercer sobre la misma el derecho real de propiedad.

8.3.1.- Concepto.
49

El concepto doctrinal de tradición: un modo de adquirir la propiedad de una cosa, mediante


la entrega que el transferente o transmisor hace de ella al adquirente, con el ánimo o
intención recíproca de transferirla y aceptarla.

Sin embargo, de lo anterior, nuestro legislador, haciendo lo correcto, excluye de la definición


el término transmisor por considerar que la tradición es un acto entre vivos desde el
momento en que, tanto el tradente como el adquirente, deben de evidenciar su ánimo o
intención, uno de desprenderse del derecho, --el tradente--, y el otro de adquirirlo, --el
adquirente--. En las sucesiones por causa de muerte, el causante es el transmisor que en
virtud del testamento expresa su voluntad de desprenderse de sus bienes a favor de sus
herederos, la condiciona a que ocurra su muerte; los herederos no tienen posibilidad alguna
de expresar al testador su intención de aceptar la herencia, pues su condición de heredero
sólo la tendrá cuando haya muerto el causante y el Juez lo haya declarado heredero.

Identificamos tres elementos trascendentales, en el concepto de tradición: la voluntad


recíproca de transferir y adquirir el dominio de una cosa; la entrega y aceptación de la cosa
sobre la que se ejercerá el derecho; y, la causa de pedir, esto es, la razón objetiva que
justifica la entrega y aceptación.

Artículo 697 C.C.—“La tradición es un modo de adquirir el dominio de las cosas, y consiste
en la entrega que el dueño hace de ellas a otro, habiendo, por una parte, la facultad e
intención de transferir el dominio, y por otra, la capacidad e intención de adquirirlo.

Lo que se dice del dominio se extiende a todos los otros derechos reales.”

8.3.2.- Sujetos de la tradición.

Identificamos dos sujetos en la tradición: el tradente (tradens) y el adquirente (accipiens).


El tradente es la persona que transfiere el derecho de dominio o, por extensión, otro derecho
real; por tanto, tendrá que ser titular del derecho que transfiere o, al menos, estar facultado
por el dueño para transferirlo; también deberá tener la capacidad legal o, por lo menos
intelectual, para poder celebrar válidamente actos y contratos.

El adquirente es la persona que acepta voluntariamente el derecho que se le transfiere, con


el ánimo de convertirse en su nuevo titular, por lo que también deberá tener la facultad y la
capacidad no solo para adquirir, sino para expresar y ejercer el derecho que se le transfiere.

Los representantes legales, tutores, curadores o mandatarios de unos u otros, podrán


transferir o recibir en nombre del tradente o del adquirente. Del mismo modo, en las ventas
que se realizan mediante subastas ordenadas judicialmente, el Juez de la causa actuará
como representante legal del deudor ejecutado.
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Artículo 698 C.C.—“Se llama tradente la persona que por la tradición transfiere el dominio
de la cosa entregada por él, y adquirente, la persona que por tradición adquiere el dominio
de la cosa recibida por él o a su nombre.

Pueden entregar y recibir a nombre del dueño sus mandatarios o representantes legales.
En las ventas forzadas que se hacen por decreto judicial a petición de un acreedor, en
pública subasta, la persona cuyo dominio se transfiere es el tradente, y el juez su
representante legal.

La tradición hecha por o a un mandatario debidamente autorizado, se entiende hacha por


o al respectivo mandante.”

Ya mencionamos que, tanto tradente como adquirente, o los representantes legales o


mandatarios de uno u otro, deben tener la capacidad suficiente para expresar libremente la
voluntad de entregar y de recibir, respectivamente. Así mismo, si por razón de algún vicio
del consentimiento la tradición pudiere causar nulidad, éste podría ser subsanado mediante
la ratificación o convalidación realizada a posteriori, entendiéndose que la tradición se
produjo retroactivamente en la fecha de la entrega.

Los mandatarios o representantes legales deberán actuar conforme a las facultades que
les confieren el mandato o representación legal puesto que, de lo contrario, también se
causaría la nulidad de la tradición, sin perjuicio de la responsabilidad civil y penal en que
pudiesen incurrir al traspasar los límites del mandato o representación.

Artículo 699 C.C.—“Para que la tradición sea válida, debe ser hecha voluntariamente por el
tradente o por su representante.
Una tradición que al principio fue inválida por haberse hecho sin voluntad del tradente o de
su representante, se valida retroactivamente por la ratificación del que tiene facultad de
enajenar la cosa como dueño o como representante del dueño.”

Artículo 700 C.C.—“La tradición, para que sea válida, requiere también el consentimiento
del adquirente o de su representante.

Pero la tradición que en su principio fue inválida por haber faltado este consentimiento, se
valida retroactivamente por la ratificación.”

Artículo 701 C.C.—“Para que sea válida la tradición en que intervienen mandatarios o
representantes legales, se requiere, además, que éstos obren dentro de los límites de su
mandato o de su representación legal.”
51

8.3.3.- Requisitos.

Para que la tradición sea válida deben de concurrir los siguientes requisitos:

a) Que participen dos sujetos legal e intelectualmente capaces: el tradente y el


adquirente.

b) Que ambos sujetos, o sus representantes legales, consientan voluntariamente, el


uno en transferir el dominio u otro derecho real; el otro, en adquirir el dominio o
derecho que se le transfiere.

c) La existencia de un título, válido, traslaticio de dominio, --como el contrato de


compraventa, de donación o de permuta--, o del derecho real que se transfiera, --
como el contrato de usufructo o de hipoteca, por ejemplo--. En el título deberá
consignarse la expresión de voluntad del tradente para desprenderse del derecho
que transfiere.

d) Que el consentimiento esté exento de vicios sustanciales, como el error en el objeto,


en la persona del tradente o adquirente, o en el título. Por ejemplo, que el tradente
entregue arroz quebrado en lugar de arroz clasificado o de primera; que el tradente
no sea el dueño del bien que vende; o que el tradente transfiere el bien a título de
compraventa, y el adquirente lo reciba a título de donación. En todos estos casos
existe un vicio grave de consentimiento que convierte en anulable la tradición. Pero
el simple error en el nombre no invalida la tradición; pero el error de los mandatarios
o representantes legales sí invalida la tradición.

e) Que se haga la entrega material del bien, del tradente al adquirente, si se trata de
una cosa mueble; o la entrega simbólica o conforme a las solemnidades exigidas
por la ley, si se trata de bienes inmuebles. En este último caso la ley exige, además
del correspondiente instrumento público, la inscripción del título en el Registro de la
Propiedad.

f) El tradente debe de ser titular del derecho de dominio, o del derecho real, sobre la
cosa que se transfiere.

Artículo 702 C.C.—“Para que valga la tradición se requiere un título traslaticio de dominio,
como la venta, permuta, donación, etc.

Se requiere, además, que el título sea válido respecto de la persona a quien se confiere.”
52

Artículo 703 C.C.—“Se requiere también para la validez de la tradición, que no se padezca
error en cuanto a la identidad de las especies que debe entregarse, o de la persona a quien
se hace la entrega, ni en cuanto al título.
Si se yerra en el nombre solo, es válida la tradición.”

Artículo 704 C.C.—“El error en el título invalida la tradición, sea cuando una sola de las
partes supone un título traslaticio dominio, cuando como por una parte se tiene el ánimo de
entregar a título de comodato, y por otra se tiene el ánimo de recibir a título de donación, o
sea cuando por las dos (2) partes se supone títulos traslaticios de dominio pero diferentes,
como si por una parte se supone mutuo y por otra donación.”

Artículo 705 C.C.—“Si la tradición se hace por medio de mandatarios o representantes


legales, el error de éstos invalida la tradición.”

Artículo 706 C.C.—“Si la ley exige solemnidades especiales para la enajenación, no se


transfiere el dominio sin ellas.”

8.3.4.- Efectos de la tradición.

Siguiendo al sistema civilista español, la tradición no transfiere derecho de propiedad


alguno, --ni de derechos reales—si no está precedida de un título, como el contrato de
compraventa, de donación, de usufructo, etc. Sin el título no hay tradición posible; pero la
mera existencia del título no constituye tradición, --como en el sistema francés--, pues para
ello será necesaria la entrega material o simbólica del derecho consignado en el título, pues
sólo así se produce la tradición. De este modo, su efecto fundamental será la entrega de la
cosa sobre la que recae el derecho que una persona pretende transferir o transmitir a otra
que, a su vez, también pretende adquirirlo. El título sólo da derecho al adquirente a exigir
la entrega de la cosa vendida, donada o cedida, pero por sí solo no implica la tradición.

Cuando el derecho contenido en el título no está sujeto a modalidad alguna, como un plazo
o una condición, por ejemplo, el titular del derecho podrá exigir la inmediata entrega de la
cosa que se le debe; pero si existe alguna de esas modalidades, el derecho podrá ser
exigido al tenor de las mismas. Así, si la entrega está diferida a un plazo determinado, la
tradición sólo podrá ser exigida hasta que llegue el plazo; si está sujeta al cumplimiento de
una condición suspensiva, como que el adquirente deba entregar una prima en dinero,
tendrá primero que ocurrir tal evento para que el adquirente pueda exigir la entrega de lo
que se le debe, en el mismo estado en que se encontraba en la fecha en que se constituyó
el derecho, porque la condición cumplida produce efectos retroactivos.

Artículo 707 C. C.—“La tradición puede transferir el dominio bajo condición suspensiva o
resolutoria, con tal que se exprese.
53

Verificada la entrega por el vendedor, se transfiere el dominio de la cosa vendida, aunque


no se haya pagado el precio, a menos que el vendedor se haya reservado el dominio hasta
el pago, o hasta el cumplimiento de una condición.”

Artículo 708 C. C.—“Se puede pedir la tradición de todo aquello que se deba, desde que no
haya plazo pendiente para su pago, salvo que intervenga decreto judicial en contrario.”

Puede ocurrir que el tradente no sea el verdadero dueño de la cosa que pretende transferir;
también podría tener sobre ella algún otro derecho real, o no tener derecho alguno. Si no
es el verdadero dueño de la cosa, no transferirá más que la mera tenencia, a menos que
posteriormente adquiera el dominio de la cosa, en cuyo caso, se entenderá que el
adquirente es dueño de la cosa desde la fecha en que se hizo la tradición; el mismo efecto
se producirá si el verdadero propietario ratifica la tradición hecha por el irregular tradente.
Si ostenta algún derecho real sobre ella, --como un usufructo, por ejemplo--, transferirá sólo
dicho derecho que el adquirente gozará, por el tiempo que falte para el ejercicio del mismo.

La cosa que ha sido objeto de tradición por parte de tercera persona que no es titular del
derecho de propiedad y tampoco es representante o mandatario del verdadero dueño,
otorga al adquirente de buena fe, el derecho para adquirir el derecho de propiedad vía
prescripción adquisitiva, en virtud de que se ha convertido en poseedor de la cosa.

Artículo 709 C. C.—“Si el tradente no es el verdadero dueño de la cosa que se entrega por
él o0 a su nombre, no se adquieren por medio de la tradición otros derechos que los
transmisibles del mismo tradente sobre la cosa entregada.

Pero si el tradente adquiere después el dominio, se entenderá haberse éste transferido


desde el momento de la tradición.”

Artículo 710.C. C. —“La tradición da al adquirente, en los casos y del modo que las leyes
señalan, el derecho de ganar por la prescripción el dominio de que el tradente carecía,
aunque el tradente no haya tenido ese derecho.”

8.3.5.- De la tradición de cosas corporales muebles.

Nuestro Código tomó del Código Civil Chileno (Art. 684), la norma reguladora de la tradición
de cosas corporales muebles. El tradente tendrá la obligación de expresar al adquirente
que le transfiere el dominio de la cosa, así como la forma en que se patentizará dicha
tradición.

La tradición podrá ser real o, también, ficta (aparente). La primera se materializa con la
entrega física de la cosa al adquirente, de manera que éste pueda tomarla o aprehenderla,
o cuando, con la autorización del dueño de una finca, se le permite al adquirente tomar por
sí solo los frutos, piedras, granos u otras especies muebles que el dueño del predio ha
54

enajenado; la segunda, implica una ficción de la ley que interpreta como entrega la
realización de ciertos actos o hechos que, tanto el tradente como el adquirente, consideran
como tal, cual es el caso de la entrega simbólica, la entrega larga mano o longa mano, la
entrega breve mano o brevi manu y el constituto posesorio o constitutum possessorium.

Se considera simbólica, cuando se realizan ciertos hechos que son interpretados como
formas de tradición, como entregar las llaves de una casa, bodega, depósito, granero u otro
lugar en que se encuentre guardada la cosa; o cuando se entrega al comprador las facturas,
conocimientos de embarque, impresión de marcas comerciales del comprador, entre otras
que le indiquen que, como dueño, puede tomar posesión de ellas; o, cuando el tradente
coloca la cosa vendida en un lugar acordado con el adquirente.

La tradición longa manu consiste en que el tradente muestra o señala, a cierta distancia, el
lugar en donde está la cosa; a breve manu implica que, el mero tenedor de una cosa, la
retiene con ánimo de dueño porque el propietario de la misma se la ha transferido mediante
un acto traslaticio de dominio, como una compraventa, donación u otro título que
comprenda enajenación.

El constitutium possessorium consiste en que el dueño que ha enajenado la cosa a


cualquier título, la conserva en su poder por haber celebrado con el adquirente un contrato
que le permite usar o gozar temporalmente de la misma cosa que ha vendido.

Artículo 71 C. C.- “La tradición de una cosa corporal mueble deberá hacerse significando
una de las partes a la otra que le transfiere el dominio y figurando esta transferencia por
uno de los medios siguientes:

1. Permitiéndole la aprehensión material de una cosa presente.


2. Mostrándosela.
3. Entregándole las llaves del granero, almacén, cofre o lugar cualquiera en que esté
guardada la cosa.
4. Encargándose el uno de poner la cosa a disposición del otro en el lugar convenido.
5. Por la venta, donación u otro título de enajenación conferido al que tiene la cosa
mueble como usufructuario, arrendatario, comodatario, depositario, o a cualquier
otro título no traslaticio de dominio; y recíprocamente, por el mero contrato en que
el dueño se constituye usufructuario, comodatario, arrendatario, etc.”

Artículo 712 C. C. —“Cuando por permiso del dueño de un predio se toman en él piedras,
frutos pendientes u otras cosas que forman parte del predio, la tradición se verifica en el
momento de la separación de estos objetos.

Aquél a quien se debieran los frutos de una sementera, viña o plantío, podrá entrar a
cogerlos, fijándose el día y hora, de común acuerdo con el dueño.”
55

8.3.6.- De las otras especies de tradición.

Entre otras formas diferentes de tradición, nuestro Código Civil se refiere a la tradición de
bienes inmuebles y de los derechos reales constituidos sobre ellos, a la de la herencia, a
los bienes adquiridos por prescripción y la de derechos personales.

De la tradición de bienes inmuebles y derechos reales constituidos sobre ellos.

Atendiendo a su naturaleza de ser bienes que no pueden ser objeto de traslados físicos a
otras personas por su carácter de inamovibles, la gran mayoría de los códigos, entre los
que se incluye el nuestro, sostienen que la tradición de bienes inmuebles y de derechos
reales que existan sobre ellos, sólo es posible en virtud del otorgamiento de un instrumento
público otorgado ante Notario o ante autoridad competente. Algunos, --los que siguen el
sistema chileno--, ven en el mismo instrumento público no sólo el documento en donde
consta el derecho del adquirente, sino también, simultáneamente, la tradición misma; otros,
los seguidores del sistema español, comprenden la tradición en el mismo instrumento, si
éste así lo expresa en forma clara, de lo contrario sólo será posible si se realiza la tradición
ficta y se inscribe el instrumento en un Registro de carácter público, como el Registro de la
Propiedad y Mercantil del Instituto de la Propiedad, como en el caso hondureño. Esto último
constituye una característica común en ambos sistemas, y se conoce como tradición
instrumental.

En frecuentes ocasiones, el tradente, por seguridad jurídica, --como en el caso en que el


adquirente no haya efectuado el pago total del inmueble--, excluye del título la tradición
para efectos de asegurarse el pago del mismo, o se reserva la posesión o el dominio en
tanto el adquirente no pague; el título en sí no implica tradición pero es necesario para
poderla reclamar, además de que el instrumento contentivo del derecho que se transfiere,
es el que deberá inscribirse en el Registro Público para efectos de que produzca efectos
contra terceros, --erga omnes--.

En Honduras, además de lo mencionado, existe la obligación por parte del tradente, de


pagar un impuesto de tradición (1.5% calculado sobre el monto de la transacción, según
Artículo 140 de la Ley de Propiedad que reforma el Artículo 2 de la Ley del Impuesto de
Tradición sobre Bienes Inmuebles) y un impuesto registral consistente en L. 200.00 por los
primeros L. 1,000.00 del valor de la transacción, más el 1.5 por mil de su diferencia.

Reza el Artículo 713, reformado por adición:

Artículo 713 C. C.—“La tradición del dominio de los bienes raíces y de los derechos reales
constituidos en ellos, se efectuará por medio de un instrumento público en que el tradente
exprese verificarla y el adquirente recibirla. Este instrumento podrá ser el mismo del acto o
contrato, y para que surta efecto contra terceros deberá inscribirse en el Registro de la
Propiedad.
56

Esta tradición de dominio también podrá hacerse mediante sentencia judicial o laudo arbitral
firme”

De la tradición de la herencia.

La herencia es consecuencia inmediata a la muerte del causante o, en su caso, del testador;


por tal razón la ley señala que es un acto por causa de muerte. Para que el heredero, --o
herederos—pueda acceder a la herencia, necesariamente deberá pedir judicialmente que
se le declare heredero. Sólo en virtud de la sentencia que lo declare como tal, que deberá
inscribirse en un libro especial de sentencias que lleva el Registro de la Propiedad,
producirá plenos efectos su calidad de heredero.

Si la herencia comprende bienes inmuebles, el heredero deberá solicitar la, mal llamada,
“tradición” ante el Registrador de la Propiedad para así tener derecho a tomar la posesión
efectiva de la herencia. Otorgada la tradición, deberá inscribirla en el Registro de la
Propiedad, haciendo la prevención el Registrador de que la descripción del inmueble será
la misma que aparece en el antecedente, es decir, el título de dominio que acreditaba al
causante como dueño de dicho inmueble. Calificamos de mal llamada a esta forma de
tradición, porque ésta constituye un modo de adquirir entre vivos. El heredero adquiere,
realmente, a través de la transmisión que de sus bienes hace el causante, que significa un
acto por causa de muerte.

Habría tradición si, el heredero, una vez aceptada la herencia, enajenara a cualquier título,
pero mediante escritura pública, sus derechos hereditarios, pues al momento en que ocurre
la muerte del causante, se produce automáticamente su delación que, de conformidad con
el Artículo 935 C. C., es el llamamiento que hace la ley al heredero, para que acepte o
repudie la herencia; en caso de aceptarse la herencia, se entenderá adquirida,
retroactivamente, al momento de la delación, esto es, a la muerte del causante.

Artículo 714 C. C.—“La tradición de la herencia se verificará por ministerio de la ley, al


heredero, en el momento en que es aceptada; pero el heredero no podrá enajenar los
bienes raíces ni constituir sobre ellos ningún derecho real, sin que preceda la inscripción
del dominio de dichos bienes a su favor, presentando al Registro el título de su antecesor,
si no constare a favor de éste la inscripción, y los documentos auténticos que comprueben
la declaratoria de su calidad de único heredero, o la adjudicación de tales bienes al que
pretende su inscripción.

La tradición se retrotrae al momento de la delación.”

De los bienes adquiridos por prescripción.


57

La prescripción es un modo originario de adquirir el dominio o cualquiera otro derecho real


en virtud del mero devenir del tiempo. La posesión de los bienes nos lleva a la posibilidad
de que se puedan adquirir por prescripción. La prescripción ordinaria puede ocurrir a los
tres años para los bienes muebles y diez para los inmuebles; la extraordinaria, será de seis
años para los muebles y veinte para los inmuebles. La sentencia que decreta el dominio,
en el caso de los bienes inmuebles, deberá ser inscrita, en el Registro de Sentencias y, el
inmueble adquirido, en el Registro de la Propiedad.

Artículo 715 C. C.—“Siempre que por una sentencia ejecutoriada se reconociere como
adquirido por prescripción el dominio o cualquier otro de los derechos mencionados en los
precedentes Artículos de este Capítulo, servirá de título esta sentencia, después de su
registro en la oficina u oficinas respectivas.”

De los derechos personales.

Recordemos, en atención al Artículo 610, párrafo tercero, que los derechos personales, a
diferencia de los reales, sólo podemos reclamarlos en virtud de hechos propios de una
persona, o de una ley, que generen obligaciones correlativas respecto a otro sujeto. Son
derechos, pues, que no se tienen sobre los bienes.

Artículo 716 C. C. --“La tradición de los derechos personales que un individuo cede a otro,
se verifica por la entrega del título hecha por el cedente al cesionario con una nota que
contenga: la fecha de ésta, el traspaso del derecho al cesionario, designándolo por su
nombre y apellido, y la firma del cedente o de su mandatario o representante legal.

La nota de que se habla en el párrafo precedente puede reemplazarse por un instrumento


separado en que se haga constar la cesión.

Si no hubiere título, la tradición del derecho se verifica por el otorgamiento de un instrumento


en el que se consigne el contrato de cesión.”

8.4.- LA POSESION.

Además de ser una de las instituciones civilistas más complejas, en la actualidad, --lejos de
la buena intención del legislador de definir con claridad su ejecutoria--, la proliferación de
leyes especiales sobre esta forma de adquirir ha contribuido a que su comprensión sea aún
más difícil. La Ley de Reforma Agraria, la Ley de Municipalidades, la Ley de Propiedad, la
Ley Forestal, entre otras, son ejemplos evidentes de nuestra apreciación.
58

La palabra posesión se deriva del latín possessio que, a su vez, viene del verbo possidere
(poss=poder, sedere=sentarse), entendiéndose así que la posesión consiste en la facultad
de asentarse en un lugar.

8.4.1.- De la posesión y sus diferentes calidades.

Concepto.

Los romanos consideraban la posesión como un hecho protegido por el derecho. Es un


hecho desde que una persona realiza el acto material de aprehensión o tenencia de una
cosa mueble o inmueble con ánimo de dueño; pero desde ese momento en adelante se
convierte en un derecho porque la ley hace a esta persona en un poseedor que no puede
ser objeto de perturbaciones ni despojos violentos o clandestinos, púes le otorga los
instrumentos necesarios para lograr su protección y recuperación.

Si bien goza el poseedor de la protección de la ley, ésta tiene carácter temporal pues,
aunque disponga de medios legítimos para defenderla, el verdadero dueño, --nudo
propietario--, tiene la potestad de intentar las acciones pertinentes para recuperar el
derecho a poseer lo que le pertenece incorporando la posesión a la nuda propiedad. Nos
referimos a las acciones reivindicatorias a que se refiere el Código Procesal Civil en su
Artículo 400 No. 2.

El Artículo 717 C. C., también se refiere a la posesión como la tenencia de una cosa por
nosotros mismos con ánimo de dueños.

Al igual que lo consideró el legislador romano, la posesión comprende dos elementos


concurrentes: el material o corpore y el intelectual o animus. El primero consiste en la
tenencia o aprehensión física de la cosa; el segundo implica la intención de tomar la cosa
para sí como si fuéramos sus verdaderos dueños. Estos dos elementos dan a la posesión
el carácter de presunción legal desde el momento en que se tendrá al poseedor como dueño
mientras otra persona no demuestre serlo; en virtud de tal presunción, el poseedor goza de
la protección de la ley, pues ni el verdadero dueño puede perturbarle ni arrebatarle la cosa
de que está en posesión.

Cuando la ley se refiere a las cosas susceptibles de posesión, se refiere a aquellas cosas
corporales e incorporales que están en el comercio de los hombres, que pueden ser
transferibles mediante actos entre vivos, o transmisibles por causa de muerte.

Artículo 717 C. C.—“La posesión es la tenencia de una cosa o el goce de un derecho por
nosotros mismos con ánimo de dueños, o por otro en nombre nuestro.

El poseedor es reputado dueño, mientras otra persona no justifica serlo.”


59

Clases de posesión.

La doctrina se refiere a la posesión natural y a la posesión civil. La primera consiste en


la mera tenencia de una cosa o el disfrute de un derecho por una persona; La segunda es
también el goce o tenencia, pero con ánimo de dueño. Adelantamos que la natural goza de
la protección de las acciones posesorias o interdictos; la civil, además de gozar de la
protección edictal, sirve como vehículo para adquirir la propiedad o dominio mediante la
ocupación o la tradición.

Nuestro Código se refiere a la posesión regular y a la posesión irregular.

La posesión regular es la que se adquiere de buena fe y en virtud de un justo título, aunque


después desaparezca la buena fe; la irregular, es la que carece de alguno de los dos
requisitos de la posesión regular, esto es: se adquiere de mala fe y en virtud de justo título,
o se carece de justo título, pero se adquiere de buena fe. Ambos tipos de posesión nos
pueden conducir a la prescripción ordinaria o a la extraordinaria que, a su vez, nos llevan a
adquirir el dominio de las cosas, como lo analizaremos más adelante.

La posesión irregular, como señalamos anteriormente, es la que carece de justo título, o


de buena fe. Así, no es justo título el falsificado, el viciado de nulidad, el meramente putativo
y el otorgado por persona que no está facultado para conferirlo, como los relacionados en
el Artículo 721 del Código Civil; el que adquiera la posesión en virtud de un título falsificado,
sólo será un poseedor irregular porque carece de justo título.

En la doctrina y en otras legislaciones, como en la chilena, se habla también de la posesión


legítima e ilegítima; otras, como la nuestra, se refieren a la posesión viciosa, como la
violenta y la clandestina. Es ilegítima cuando se obtenga sin título, o por un título nulo o
insuficiente para adquirir derechos reales, o cuando se adquiera de un mero tenedor o de
alguien que no tenga el derecho de posesión. De las otras trataremos más adelante.

El justo título.

El justo título no se refiere necesariamente a un documento contentivo del derecho a


poseer, pues consiste en todo hecho o acto jurídico que permite a una persona adquirir la
posesión de una cosa en la creencia de que se ha convertido en su dueño. Con este título
no puede adquirirse el pretendido dominio, pues para ello sería necesario que el propietario
anterior, le transfiriera el dominio de la cosa. Son características del justo título las de ser
auténtico, real y válido.

El justo título puede ser constitutivo de dominio o traslaticio de dominio; la doctrina también
se refiere a los declarativos de dominio.
60

Títulos constitutivos de dominio son la ocupación y la accesión. Nuestro Código también


considera a la prescripción entre esta clase de títulos, sin embargo, sin posesión no puede
haber prescripción; la posesión es la causa y, su efecto, es la prescripción; por la ocupación
se puede adquirir la posesión y, por la extensión de ésta en el tiempo se puede adquirir el
dominio por prescripción, como también lo estudiaremos en su oportunidad.

Títulos traslaticios de dominio son los que permiten la transferencia del dominio por actos
entre vivos, como la compraventa, la donación y la permuta; o la transmisión del dominio,
como la sucesión por causa de muerte. Aclaramos que el justo título, en el caso de la
posesión, no transfiere, o transmite, el derecho de dominio, aunque el adquirente
poseedor así lo crea de buena fe. Así, en el caso de la herencia, lo único que se
transmite heredero, es la posibilidad de continuar la posesión que ejercía el causante.

Serán declarativos de dominio aquéllos que reconocen derechos preexistentes; no crean


ni transfieren el dominio, sólo lo ratifican o confirman, tal es el caso de las sentencias
judiciales sobre derechos litigiosos o las transacciones.

Nuestra Código Civil, en su Artículo 721, se refiere a los títulos que no pueden ser
considerados justos y que, por tanto, no pueden servir para adquirir la posesión regular.
Estos son:

a) El título falsificado, como el otorgado por tercera persona simulando ser el titular del
derecho, por ejemplo, falsificándole la firma.

b) El otorgado por una persona calidad de mandatario, apoderado o representante legal,


sin serlo. Como el que realiza actos en nombre de su pupilo sin ser su tutor.

c) El título vicioso, esto es, el que es anulable por adolecer de algún vicio de consentimiento,
como el error, la intimidación, la violencia o el dolo.

d) El meramente putativo, es decir, el que no existe, pero que el poseedor de buena fe cree
que existe, como el comprador que toma posesión de un inmueble equivocado; o, el del
heredero testamentario que adquiere una herencia en virtud de un testamento que ya había
sido revocado; sin embargo, en este último caso, el decreto judicial mediante el cuál se le
pone en posesión efectiva de la herencia, sí es un justo título.

Un título viciado de nulidad podrá resultar válido si posteriormente es ratificado, confirmado


o convalidado legalmente; si esto ocurre, el título se tendrá por válido retroactivamente,
desde la fecha de su otorgamiento, no desde la fecha en que fuere legitimado, tal y como
lo establece el Artículo 722 C. C.

Artículo 718 C. C.—“Se puede poseer una cosa por varios títulos.”
61

Artículo 719 C. C.—“La posesión puede ser regular o irregular.

Se llama posesión regular, la que procede de justo título y ha sido adquirida de buena fe,
aunque la buena fe no subsista después de adquirida la posesión. Puede ser por
consiguiente el poseedor regular, poseedor de mala fe; y viceversa, el poseedor de buena
fe puede ser poseedor irregular.

Si el título es traslaticio de dominio es también necesaria la tradición.

La posesión de una cosa a ciencia y paciencia del que se obligó a entregarla, hará presumir
la tradición; a menos que esta haya debido efectuarse por instrumento público.”

Artículo 720 C. C.—“El justo título es constitutivo o traslaticio de dominio.

Son constitutivos de dominio, la ocupación y la prescripción.

Son traslaticios de dominio, los que por su naturaleza sirven para transferirlo, como la venta,
la permuta, la donación entre vivos.

Pertenecen a esta clase las sentencias de adjudicación en juicios divisorios, y los actos
legales de partición.

Las sentencias judiciales sobre derechos litigiosos no forman nuevo título para legitimar la
posesión.

Las transacciones en cuanto se limitan a reconocer o declarar derechos preexistentes, no


forman nuevo título; pero, en cuanto transfieren la propiedad de un objeto no disputado,
constituyen un título nuevo.”

Artículo 721 C. C.—“No es justo título:

1.- El falsificado, esto es, no otorgado realmente por la persona que se pretende.

2.- El conferido por una persona en calidad de mandatario o representante legal de otra, sin
serlo.

3.- El que adolece de un vicio de nulidad, como la enajenación que, debiendo ser autorizada
por un representante legal o por decreto judicial, no lo ha sido.

4.- El meramente putativo, como el del heredero aparente que no es en realidad heredero;
el del legatario cuyo legado ha sido revocado por un acto testamentario posterior, etc.
62

Sin embargo, al heredero putativo a quien por decreto judicial se haya dado la posesión
efectiva, servirá de justo título el decreto; como al legatario putativo el correspondiente acto
testamentario que haya sido judicialmente reconocido.”

Artículo 722 C. C.—“La validación de un título que en su principio fue nulo, efectuada por la
ratificación, o por otro medio legal, se retrotrae a la fecha en que fue conferido el título.”

Artículo 725 C. C.—“Posesión irregular es la que carece de uno o más de los requisitos
señalados en el Artículo 719.”

La buena fe.

La buena fe es un principio general del Derecho que establece la presunción de que una
persona está actuando conforme a ley, porque tiene la convicción y sincera creencia de
estar actuando correcta y justamente. Se define como la conciencia de haberse adquirido
el dominio de alguna cosa por medios lícitos, sin incidencia de fraude o vicio. La buena fe
es una presunción iuris tantum, es decir, admite prueba en contrario. El justo error de hecho
no se opone a la buena fe; pero el error de derecho constituye una presunción de mala fe
que no admite prueba en contrario.
Todos los actos, aún los culposos, se presumen realizados de buena fe, pues la culpa no
se opone a la buena fe; pero la mala fe sólo se presume en los casos en que la ley así lo
disponga. De aquí que, el que alegue mala fe, deberá probarla.

La doctrina se refiere a dos clases de buena fe: la subjetiva y la objetiva. Será subjetiva,
cuando la conducta antijurídica de una persona queda legitimada por la creencia de actuar
correctamente, ignorando que realmente es lo contrario; por ejemplo, el pago hecho a un
acreedor aparente libera al deudor, siempre y cuando lo efectúe de buena fe. Implica, pues,
un estado de ignorancia y error. Será objetiva, cuando la conducta aun errónea de una
persona se justifica por la honestidad, rectitud y lealtad en función de los intereses de otra
persona.

Artículo 723 C. C.—“La buena fe es la conciencia de haberse adquirido el dominio de la


cosa por medios legítimos, exentos de fraude y de todo otro vicio.

Así, en los títulos traslaticios de dominio, la buena fe supone la persuasión de haberse


recibido la cosa de quien tenía la facultad de enajenarla, y de no haber habido fraude ni otro
vicio en el acto o contrato.
63

Un justo error en materia de hecho no se opone a la buena fe.

Pero el error en materia de derecho constituye una presunción de mala fe que no admite
prueba en contrario.”

Artículo 724 C. C.—“La buena fe se presume, excepto en los casos en que la ley establece
la presunción contraria.

En todos los otros casos la mala fe deberá probarse.”

De la posesión viciosa.

La posesión viciosa es la que se adquiere mediante violencia o dolo. Resultará entonces


una posesión violenta la que viene precedida de actos de fuerza física irresistible, si esta
fuerza es inminente, nos estaremos refiriendo a intimidación; pero, en ambos casos, nuestro
Código la identifica como posesión violenta. La que viene precedida de dolo, fraude u otras
formas de engaño que vician también el consentimiento, es la denominada posesión
clandestina.

Como la violencia, la intimidación y el dolo implican actos, --u omisiones--, de mala fe,
tendrán que ser probadas por quiénes la demandan, como ocurre en las demandas
posesorias cuando, el poseedor que ha sido despojado, violenta o clandestinamente de su
posesión, pretende recuperarla mediante una acción posesoria de restitución.

Resulta muy fácil entender la clandestinidad de la posesión de cosas muebles por ser
susceptibles de ocultación. Los bienes inmuebles, por su propia naturaleza, son muy
difíciles de ocultar, sin embargo, el fraude o el engaño perpetrado por el poseedor, también
son formas de clandestinidad.

Tanto la posesión violenta como la clandestina resultan inútiles, pues no permiten la


adquisición de la propiedad mediante la prescripción.

Artículo 726 C. C.—“Son posesiones viciosas la violenta y la clandestina.”

Artículo 727 C. C.—“Posesión violenta es la que se adquiere por la fuerza. La fuerza puede
ser actual o inminente.”

Artículo 728 C. C.—“El que en ausencia del dueño se apodera de la cosa, y volviendo el
dueño lo repele, es también poseedor violento.”
64

Artículo 729 C. C.—“Existe el vicio de violencia, sea que se haya empleado contra el
verdadero dueño de la cosa, o contra el que la poseía sin serlo, o contra el que la tenía en
lugar o a nombre de otro.

Lo mismo es que la violencia se ejecute por una persona o por sus agentes, y que se ejecute
con su consentimiento, o que después de ejecutada se ratifique expresa o tácitamente.”

Artículo 730 C. C.—“Posesión clandestina es la que se ejerce ocultándola a los que tienen
derecho para oponerse a ella.”

La mera tenencia.

La mera tenencia es la consecuencia de que, una persona, tenga en su poder una cosa
ajena reconociendo, en forma expresa o tácita, que la misma es propiedad de otra persona.
El mero tenedor actúa en nombre o en lugar del verdadero dueño; en tal sentido no es un
poseedor, pues este último actúa como dueño aun no teniendo el derecho de propiedad
sobre la cosa, pero él cree ser el dueño. La mera tenencia es excluyente de la posesión,
pues en ésta el mero tenedor sabe que no es el dueño; podrá usar, usufructuar, cuidar o
guardar la cosa ajena en lugar o en nombre del dueño. Lógicamente, tampoco podrá
obtener la cosa mediante la prescripción, pues para ello será necesaria la posesión que no
tiene el mero tenedor.

Toda persona que reconoce el dominio ajeno, es un mero tenedor. Así, el usufructuario, el
acreedor prendario, el depositario, el comodatario, el arrendatario, etc., son meros
tenedores.

No obstante, lo anterior si, por ejemplo, el acreedor prendario deja la cosa prendada a su
heredero, el decreto judicial que lo declara heredero sí es un justo título que, --más la buena
fe del heredero--, le permitirá obtener el dominio de la cosa prendada vía prescripción. La
mera tenencia no puede convertirse en posesión por prescripción, salvo en el caso de la
prescripción extraordinaria porque ésta no requiere de justo título

“Artículo 731 C. C.--Se llama mera tenencia la que se ejerce sobre una cosa, no como
dueño, sino en lugar o a nombre del dueño.

El acreedor prendario, el secuestre, el usufructuario, el usuario, el que tiene el derecho de


habitación, son meros tenedores de la cosa empeñada, secuestrada, o cuyo usufructo, uso
o habitación les pertenece.

Lo dicho se aplica generalmente a todo el que tiene alguna cosa reconociendo dominio
ajeno.”
65

“Artículo 733 C. C.—“El simple lapso de tiempo no muda la mera tenencia en posesión;
salvo el caso de prescripción extraordinaria.”

De la posesión de las cosas incorporales.

Nuestra ley se refiere a la posibilidad de que poseer cosas incorporales, como las acciones,
créditos y derechos, sin embargo, no hace distinción alguna si esta posesión se refiere a
los derechos personales o a los derechos reales existentes sobre tales bienes incorporales.

Gran parte de los publicistas se inclinan por entenderla sólo sobre los derechos reales, pues
consideran que los derechos personales, como los créditos, se extinguen desde el mismo
momento en que se efectúa el pago de los mismos.

De conformidad con el Artículo 610 C. C., los derechos personales son aquellos que sólo
pueden reclamarse de ciertas personas que por hechos propios o por disposición de la ley,
generan obligaciones correlativas entre dichas personas. Como señalamos antes, estos
derechos –y obligaciones —se extinguen con el pago o medios equivalentes al pago; no
son susceptibles de adquirirse por prescripción adquisitiva. Cuando la ley se refiere a la
posesión del crédito, no se refiere a la posesión del derecho personal de crédito, sino sólo
al título en donde consta dicho derecho.

Consecuentes con lo anterior, sólo serán susceptibles de adquirirse por prescripción


adquisitiva, el dominio y los demás derechos reales. Pero, en la posesión de los derechos
reales diferentes al dominio, el ánimo de dueño se manifiesta en relación al derecho real de
que se trate; así: en la posesión del usufructo, el ánimo de ser dueño del derecho de
usufructo; en la herencia, el de considerarse heredero, por ejemplo.

Concluiremos señalando que, pese a la poca claridad de nuestro legislador al respecto de


este tema, el Artículo 732 C. C., no es incompatible con la postura doctrinal más aceptada:
las cosas incorporables susceptibles de adquirirse vía prescripción, sólo se refiere a los
derechos reales.

“Artículo 732 C. C. —“La posesión de las cosas incorporales es susceptible de las mismas
calidades y vicios que la posesión de una cosa corporal.”

De la transmisión de la posesión.

La transmisión de bienes, derechos y obligaciones ocurre, de acuerdo con nuestra ley


cuando muere el titular de los mismos y, sus sucesores se declaran herederos
testamentarios, --si hay testamento-- o intestados o ab intestato, cuando no existe
testamento o cuando éste resulte anulado o sea ineficaz. Así lo disponen los artículos del
930 al 935 de nuestro Código Civil.
66

Siendo que la posesión es un hecho, no cabe la transmisión por causa de muerte del
poseedor a favor de sus herederos; por tal razón, el Código Civil expresa claramente que
la posesión del heredero principia con él mismo; sin embargo, para efectos de prescripción
adquisitiva, permite que el heredero pueda agregar a su posesión el tiempo de posesión
del difunto, pero con las mismas calidades y vicios que éste tenía. Así, si el difunto era
poseedor irregular, también el heredero será un poseedor irregular.

Cuando se prescribe que la posesión del heredero comienza con él mismo, se le está dando
la posibilidad de adquirir mediante prescripción ordinaria, pues la buena fe va acompañada
del justo título, que es la sentencia que lo declara heredero; pero si el difunto también fue
un poseedor de buena fe, el heredero podrá agregar el tiempo de posesión del difunto al
tiempo propio, pudiendo también adquirir mediante prescripción ordinaria.

Artículo 734 C. C. —“Sea que se suceda a título universal o singular, la posesión del sucesor
principia en él; a menos que quiera añadir la de su antecesor a la suya; pero en tal caso se
la apropia con sus calidades y vicios.

Podrá agregarse en los mismos términos a la posesión propia la de una serie no


interrumpida de antecesores.”

De la posesión de cosas en proindivisión.

Cuando una misma cosa pertenece a varias personas sin definir la parte que le corresponde
a cada una, se dice que son comuneros, siendo necesaria la partición de la cosa común
para conocer lo que corresponde a cada comunero; sin embargo, si la cosa era poseída por
los comuneros, efectuada la partición, se entenderá que cada uno es exclusivo poseedor
de la parte que le haya correspondido.

Pero una cosa común podría ser poseída por alguno de los comuneros en nombre propio y
de buena fe, esto es, desconociendo la existencia de la comunidad; o, también, sabiéndose
comunero, poseer la cosa común tratando de excluir a los demás comuneros. En el primer
caso, el poseedor deberá acreditar posesión tranquila, pacífica e ininterrumpida durante
veinte años para poder adquirir vía prescripción extraordinaria, pues carece de justo título.
En el segundo caso, sólo podrá adquirir la parte que le correspondería una vez ocurrida la
partición, pero de ninguna manera podría adquirir las partes de los demás, pues tendría
que acreditar la posesión de cada una de esas partes; tampoco podrían subsistir las
enajenaciones o gravámenes sobre las partes correspondientes a los otros comuneros, a
menos que éstos lo acepten en forma expresa. Tampoco subsistirán las servidumbres
impuestas por el poseedor de mala fe, a menos que las aceptaren los demás comuneros.

Artículo 735 C.C. –“Cada uno de los partícipes de una cosa que se poseía proindiviso, se
entenderá haber poseído exclusivamente la parte que por la división le cupiere, durante
todo el tiempo que duró la indivisión.
67

Podrá, pues, añadir este tiempo, al de su posesión exclusiva, y las enajenaciones que haya
hecho por sí solo de la cosa común, y los derechos reales con que la haya gravado,
subsistirán sobre dicha parte si hubiere sido comprendida en la enajenación o gravamen.
Pero si lo enajenado o gravado se extendiere a más, no subsistirá la enajenación o
gravamen contra la voluntad de los respectivos adjudicatarios-

Lo dispuesto en el precedente inciso se entiende sin perjuicio de lo prevenido en el Artículo


859.”

De la continuidad de la posesión.

Si se ha empezado a poseer en nombre propio, de buena fe y con ánimo de dueño, en


forma continua y pacífica por el tiempo que la ley señala, se deberá de presumir que la
conducta del poseedor en cuanto al ejercicio de la posesión ha sido la misma hasta el
momento en que se alega la misma para efectos de la prescripción adquisitiva, salvo prueba
en contrario que acredite la interrupción, como en el caso de que la posesión deje de ser
tranquila y pacífica porque el poseedor haya sido objeto de demanda que invoque la
desocupación del inmueble, pues en este caso se perdería la pacificidad, elemento
necesario para alegar la prescripción. La misma regla se aplicará en el caso de que alguien
posea una cosa a nombre de otra persona. Hay pacificidad cuando no hay oposición ni
contradicción de otro.

La continuidad de la pacificidad debe perdurar hasta el tiempo en que se pueda reclamar el


derecho de propiedad a través de la prescripción; pero si antes de cursado ese tiempo el
poseedor ya es conocedor de la demanda que exige la devolución de una cosa mueble, o
el desalojo de un inmueble, no podrá alegar tal prescripción adquisitiva. Esto significa que
la continuidad queda interrumpida con la pérdida de la pacificidad que, del mismo modo,
implica interrupción del término de prescripción.

El poseedor actual que pruebe haber poseído en tiempo anterior, tiene a su favor la
presunción de haber poseído en el intermedio, es decir, se computa a su favor el tiempo en
que, por alguna causa no imputable a su responsabilidad, la posesión había quedado en
suspenso.

Del mismo modo, esta presunción comprende el caso de que un mandatario o un


representante legal del poseedor.

Artículo 736 C. C. –“Si se ha empezado a poseer a nombre propio, se presume que esta
posesión ha continuado hasta el momento en que se alega.

Si se ha empezado a tener una cosa a nombre ajeno, se presume igualmente la


continuación del mismo orden de cosas.

Si alguien prueba haber poseído anteriormente, y posee actualmente, se presume la


posesión en el tiempo intermedio.”
68

La posesión en nombre del poseedor.

No necesariamente el poseedor debe tener en su poder la cosa sobre la que ejerce la


posesión. Puede ocurrir que un representante legal, --esto es, una persona reconocida por
la ley, que tenga la facultad para actuar en nombre de otra, validándose sus actos como si
los realizara dicha persona--, tenga en su poder alguna cosa en nombre del poseedor,
exteriorizando el ánimo de dueño que aquél tiene. Los actos realizados por el
representante, o por el mandatario, en su caso, son realizados en nombre del poseedor,
por lo que el tiempo en que estos han detentado la posesión, debe agregarse al tiempo en
que, el poseedor, ha poseído personalmente.

A través de su representante, o de su mandatario, el poseedor puede disponer, utilizar o


aprovechar la cosa libremente, en virtud de la relación de hecho que genera la posesión.
Así, pues, si se ha poseído una cosa a nombre ajeno, se ha de presumir que el poseedor
no es el representante, o el mandatario, sino el representado o mandante. Pero si el
poseedor lo hace a nombre de otro en forma oficiosa, es decir: sin mandato o facultad de
representación, será preciso que, la persona por quien se actúa, acepte dicha posesión.

Artículo 737 C. C.- “La posesión puede tomarse no solo por el que trata de adquirirla para
sí, sino por su mandatario, o por sus representantes legales.”

8.4.2. De los modos de adquirir la posesión.

Hay que distinguir la adquisición de la posesión de bienes muebles, de la adquisición de la


posesión de bienes inmuebles, así como la posesión de derecho, de la posesión de hecho.

Para adquirir la posesión de bienes muebles, basta que concurran la intención y voluntad
de poseer (animus) y la aprehensión material de la cosa (corpore); pero, en lo que se refiere
a los bienes inmuebles, será necesario tener la libre administración de los bienes.

Todos tenemos derecho a adquirir; pero no todos tenemos derecho para ejercer los
derechos que adquirimos, pues para ello debemos ser legal e intelectualmente capaces.
De aquí que los menores y las demás personas incapacitadas, necesitan de la asistencia
de sus representantes legales, tutores o curadores, para poder ejercer los derechos que
puedan adquirir.

Está claro que, en el caso de la posesión, las personas capaces pueden voluntariamente
expresar su voluntad de poseer y, simultáneamente, proceder personalmente a la
aprehensión material de la cosa. Del mismo modo, una persona capaz, puede adquirir la
posesión por medio de sus representantes legales, mandatarios y hasta por gestores
oficiosos (que carecen de mandato), aunque en este último caso, será necesaria la
ratificación de la persona en cuyo nombre se haya verificado, retrotrayéndose su derecho
a la fecha en que se inició el acto posesorio por medio de dicho gestor.

Artículo 738 C. C. “Si una persona toma la posesión de una cosa en lugar o a nombre de
otra de quien es mandatario o representante legal, la posesión del mandante o
representante principia en el mismo acto, aun sin su conocimiento.
69

Si el que toma la posesión a nombre de otra persona, no es su mandatario ni representante,


no poseerá esta sino en virtud de su conocimiento y aceptación; pero se retrotraerá su
posesión al momento en que fue tomada a su nombre.”

8.4.2.1.- De la posesión de la herencia.

La posesión de la herencia tiene dos connotaciones: a) Cuando no hay testamento, la


sucesión es intestada, y es la ley la dispone que los descendientes, el cónyuge, los
ascendientes, los colaterales hasta el sexto grado de consanguinidad y las municipalidades,
--en ese orden--, excluyendo los más próximos a los que siguen en el orden que establece
el artículo 960 C. C., serán los llamados por la ley a suceder en los bienes, derechos y
obligaciones del difunto (causante); y, b) Cuando hay testamento, la sucesión es
testamentaria; es el causante el que dispuso en su testamento quiénes serán sus sucesores
una vez que muera.

Naturalmente que, en el primer caso, los descendientes, el cónyuge y, en su caso sus otros
parientes, automáticamente toman posesión de la herencia aún sin declaratoria, desde el
momento en que se produce la muerte del causante. En el segundo caso, en cambio, los
herederos testamentarios sólo tomarán posesión cuando sean declarados como herederos
por el Juez competente; pero una vez declarados herederos, se entenderá que poseyeron
la herencia desde que ocurrió la muerte del causante. En ambos casos, será condición para
adquirir la posesión de la herencia, la expresa aceptación de la herencia, pues no podría
transmitirse el derecho si, el, o los, supuesto (s) heredero (s), repudia (an) la herencia, pues
nunca tuvieron nada.

Artículo 739 C. C.- “La posesión de la herencia se adquiere desde el momento en que es
aceptada.”

8.4.3.1.- Adquisición de la posesión de bienes inmuebles.

Ya mencionamos que, para la adquisición de la posesión de bienes muebles, basta con la


voluntad (animus) de adueñarse de ellas y la toma o aprehensión material (corpore) de la
cosa o cosas. Por lo anterior, los absolutamente incapaces no podrán adquirir la posesión
de ningún tipo de bien, porque no pueden expresar libremente su consentimiento al no
tener plena conciencia ni plena advertencia de lo que hacen.

Los relativamente incapaces sí podrán hacerlo, pero para ejercer sus derechos como
poseedores, necesitan la autorización de aquellos de quienes dependen legalmente.

En sentido contrario, los absolutamente capaces pueden adquirir la posesión tanto de


bienes muebles como de inmuebles, aunque, en este último caso, sólo podrán hacerlo en
virtud de instrumento público, pues la ley exige que la tradición de este tipo de bienes sólo
puede hacerse de tal manera, obligando también dicho instrumento público para adquirir la
posesión de esos bienes.
70

Artículo 740 C. C.- “Los que no pueden administrar libremente lo suyo, no necesitan de
autorización alguna para adquirir la posesión de una cosa mueble, con tal que concurran
en ello la voluntad y la aprehensión material o legal; pero no pueden ejercer los derechos
de poseedores, sino con la autorización que competa.

Los dementes y los infantes, esto es, los menores de siete años, son incapaces de adquirir
por su voluntad la posesión, sea para sí mismos o para otros.”

Artículo 741 C. C.- “Si la cosa es de aquellas cuya tradición deba hacerse por instrumento
público, nadie podrá adquirir la posesión de ella sino por este medio.”

8.4.3.- Modos de perder la posesión.

Se pierde la posesión cuando voluntaria o involuntariamente, se deja de poseer una cosa.

Cuando la pérdida es voluntaria, se debe entender que el poseedor se desprende de los


dos elementos de la posesión: el corpore y el animus. El poseedor abandona la cosa con
la intención de dejar de ser su dueño, como cuando enajena la cosa que ha venido
poseyendo.

Cuando la pérdida es involuntaria, otra persona se apodera del elemento corporal con el
ánimo de convertirse el dueño, pero el poseedor anterior conserva el ánimo de dueño; o
cuando al poseedor se le hace imposible el ejercicio de la posesión por el efecto de
fenómenos naturales o por alguna calamidad, como cuando se inunda un inmueble por más
de diez años sin que el agua pueda abandonar el predio inundado, o en el caso de peligro
de naufragio, cuando el poseedor tiene que arrojar sus pertenencias al mar tratando de
evitar un naufragio.

Otra posibilidad de pérdida de posesión puede darse cuando el poseedor renuncia a su


ánimo de dueño en favor de un tercero, pero conserva la cosa como depositario,
arrendatario o prestatario. En este caso, el tercero es el nuevo poseedor, y el anterior se
entiende que posee en su nombre.

En cuanto a la pérdida de la posesión de bienes inmuebles, se distinguen dos situaciones:

a) Cuando un tercero se posesiona de un inmueble, con autorización o sin autorización


del anterior poseedor, que no poseía en virtud de instrumento público; y,

b) Cuando el poseedor anterior gozaba de la posesión en virtud de instrumento público,


y la transfiere a un tercero por medio de otro instrumento público. Pero si el tercero
llega a poseer sin instrumento público, no será poseedor, ni el despojado de la
posesión deja de ser poseedor, a menos que medie sentencia judicial.
71

Si el mero tenedor, como el arrendatario o el depositario, por ejemplo, la usurpa haciéndose


conocer como el dueño, no es poseedor, ni el anterior deja de serlo; pero si el usurpador
enajena la posesión como si fuera propia, el adquirente sí es un nuevo poseedor en perjuicio
del poseedor original, a menos que se trate de una cosa que el poseedor adquirió mediante
instrumento público, pues sin un nuevo instrumento público no se transfiere la posesión.

Artículo 742 C. C.- “Se deja de poseer una cosa desde que otro se apodera de ella con
ánimo de hacerla suya; menos en los casos que las leyes expresamente exceptúan.

Si se recupera legalmente la posesión perdida se entenderá haberse tenido durante todo el


tiempo intermedio.”

Artículo 743 C. C.- “Para que cese la posesión que se tiene por instrumento público, es
necesario un nuevo instrumento público en que el poseedor transfiera su derecho a otro.

Mientras esto no se verifique, el que se apodera de la cosa a que se refiere el instrumento,


no adquiere la posesión de ella, ni pone fin a la posesión existente, salvo que por decreto
judicial se transfiera a otro el derecho.”

Artículo 744 C. C.- “Si el que tiene la cosa en lugar y a nombre de otro, la usurpa, dándose
por dueño de ella, no se pierde por una parte la posesión ni se adquiere por otra, a menos
que el usurpador enajene a su propio nombre la cosa.

En este caso, la persona a quien se enajena, adquiere la posesión de la cosa, y pone fin a
la posesión anterior.

Con todo, si el que tiene la cosa en lugar y a nombre de un poseedor por instrumento
público, se da por dueño de ella y la enajena, no se pierde por la una parte la posesión ni
se adquiere por la otra, sin el competente instrumento público.”

8.5.- EL USUFRUCTO.

8.5.1.- Generalidades.

El usufructo tiene su origen remoto en el Derecho Romano antiguo (s. V a. C.) que
estableció el usus fructus o uso de los frutos, para proteger a la viuda de los abusos del
ejercicio de la manus.

El titular del Derecho de Usufructo es un mero tenedor, pues el derecho al goce o disfrute de la
cosa está amparado en la cesión de dicho derecho mediando la voluntad del dueño de la misma.
Quien goza del goce de la cosa es denominado usufructuario; éste reconoce que el derecho de
propiedad le pertenece a la persona que le ha cedido el goce; de aquí que, el usufructuario, al
72

terminar el ejercicio del usufructo, debe restituir al dueño la cosa fructuaria, siendo el nudo
propietario el único que puede disponer de la cosa, pues sólo ese derecho es el que conserva.

8.5.2.- Concepto.
El usufructo se define como el derecho que tiene una persona, de gozar de una cosa de las
que están en el comercio de los hombres, con la obligación de conservarla y de restituirla
a su dueño, o de devolverla en igual cantidad y calidad o pagar su precio, en el caso de que
la cosa sea consumible.
Nuestro legislador excluye del concepto a las cosas consumibles; sin embargo, en el
Artículo 768 C. C., acepta la posibilidad de constituir usufructo sobre este tipo de bienes,
aunque dispone que el usufructuario toma en propiedad dichos bienes, ante la imposibilidad
de poderlos conservar y restituir a su dueño; pero sí deberán devolver otros bienes de la
misma calidad y en la misma cantidad o, en su defecto, pagar su justo precio.
Tampoco el legislador refiere los bienes sobre los que se puede constituir el usufructo y,
aunque no lo expresa con precisión, debemos entender que puede constituirse sobre los
bienes que están en el comercio de los hombres: corporales, como los muebles e
inmuebles; incorporales, como las acciones, los derechos y los créditos.

Artículo 745 C. C.- “El usufructo es un derecho real que consiste en la facultad de gozar
de una cosa con cargo de conservar su forma y sustancia y de restituirla a su dueño.”

8.5.3.- Sujetos del usufructo.

En el usufructo coexisten dos sujetos: el constituyente, que es la persona que da origen al


derecho de usufructo, es decir, el propietario de la cosa que, al ceder su goce, queda en
condición de un nudo propietario; y, el usufructuario, que es un mero tenedor porque
adquiere el derecho de goce sobre la cosa, pero que reconoce no ser el dueño de ella, pues
al cesar el usufructo, deberá restituir la cosa a su dueño u otra en la misma cantidad y
calidad o su precio.

El constituyente, como dueño que es de la cosa, podría enajenar la nuda propiedad y


reservarse el derecho de usufructo; en este caso, de propietario pasaría a ser usufructuario
y, el adquirente del derecho de propiedad, el nudo propietario.

Generalmente, el usufructo se constituye por tiempo determinado y, al cumplirse dicho


tiempo, la cosa vuelve al nudo propietario consolidándose con el derecho de propiedad. De
aquí que el usufructo es el goce de una cosa ajena. No puede constituirse un usufructo
sobre una cosa propia.
73

Artículo 746 C. C.- “El usufructo supone necesariamente dos derechos coexistentes: el del
nudo propietario y el del usufructuario.

Tiene, por consiguiente, una duración limitada, al cabo de la cual pasa al nudo propietario
y se consolida con la propiedad.”

8.5.4.- Formas de constitución del usufructo.

El derecho de usufructo puede constituirse en las formas siguientes:

1) Por virtud de la ley.


2) Por testamento.
3) Por actos entre vivos.
4) Por prescripción.

Se constituye en virtud de la ley, cuando en el ejercicio de la patria potestad, los padres


pueden usufructuar ciertos bienes de su (s) hijo (s), como un derecho personalísimo que no
puede ser enajenado, transmitido, renunciado, ni embargado; tampoco estarán obligados a
rendir caución o garantía alguna sobre la cosa fructuaria que administran, --a diferencia del
usufructo ordinario, en que el usufructuario tiene que rendir garantía de conservación y
restitución de la cosa fructuaria--. Este usufructo especial termina con la emancipación del
hijo. Todo, de conformidad con lo estipulado en los artículos 197-A y 197-B del Código de
Familia.

También se puede constituir el usufructo por testamento siempre y cuando sea por tiempo
determinado. Así, el usufructuario puede transmitir su derecho de usufructo siempre que lo
tenga por tiempo determinado; el heredero o legatario lo gozarán sólo por el tiempo que
faltaba al usufructuario para su terminación. La ley prohíbe la transmisión de derechos
reales constituidos por tiempo indefinido (vitalicios). Si el usufructo se constituye por tiempo
indefinido o vitalicio, al morir el usufructuario no transmite el usufructo, pues éste se
consolida con el derecho de propiedad que ostenta el dueño de la cosa fructuaria.

Es entendido que, cuando el testador es dueño de alguna cosa, puede ordenar en su


testamento la constitución de un usufructo sobre la misma, y éste puede ser ordenado por
tiempo determinado, o por tiempo indeterminado por mientras viva el usufructuario. En otras
palabras: no es lo mismo que el dueño ordene el usufructo en su testamento, a que sea el
usufructuario sea el testador.

Se puede constituir por actos entre vivos tales como la compraventa, donación, permuta,
transacción, entre otros; aunque lo más frecuente es que se constituya por actos gratuitos,
como la donación. Si el usufructo se constituye sobre bienes inmuebles, debe otorgarse el
correspondiente instrumento público.

Finalmente, se puede constituir por prescripción (usufructo mixto), cuando un poseedor


constituye un usufructo sobre una cosa que no le pertenece y, el supuesto usufructuario
74

ejerce el usufructo durante el tiempo que establece la ley para adquirir el dominio mediante
la prescripción.

Artículo 747 C. C.- “El derecho de usufructo se puede constituir de varios modos:

1.-Por la ley, como el del padre o madre de familia, sobre ciertos bienes del hijo.

2.- Por testamento.

3.- Por donación, venta u otro acto entre vivos.

4.- Se puede también adquirir un usufructo por prescripción.”

Artículo 748 C. C.- “El usufructo que haya de recaer sobre inmuebles por acto entre vivos,
no valdrá si no se otorgare por instrumento público.”

8.5.5.- Objeto del usufructo.

Ya mencionamos que el usufructo puede recaer sobre todas las cosas corporales o
incorporales; esto es: sobre los bienes muebles e inmuebles, o sobre los derechos y
acciones, siempre que estén en el comercio de los hombres.

De aquí que, por razón del objeto, la doctrina tradicional clasifique el usufructo así:

a) Propio o normal: cuando recae sobre bienes corporales, muebles o inmuebles, con
excepción de los bienes consumibles. Impropio o anormal: cuando el usufructo se
constituye sobre bienes consumibles. Los romanos lo llamabas cuasi-usufructo.

b) Total: cuando recae sobre todos los frutos de la cosa fructuaria. Parcial: cuando
recae sólo en parte de los frutos.

c) Singular: cuando se constituye sobre cosas determinadas. Universal: cuando recae


sobre la totalidad o una cuota del patrimonio o de una herencia.

d) Usufructo sobre derechos: cuan éstos son transferibles o transmisibles por causa
de muerte, como el derecho a percibir rentas, intereses, pensiones periódicas,
participaciones, etc., que se distribuyen como frutos civiles que se entenderán
percibidos día a día durante el tiempo que dure el usufructo. No puede recaer sobre
derechos personalísimos o inherentes.

e) Usufructo sobre acciones mercantiles: se limita a la participación de las ganancias


sociales durante el tiempo de vigencia del usufructo y, aunque la tenencia de las
75

acciones la tenga el usufructuario, los demás derechos le pertenecerán al nudo


propietario de dichas acciones.

8.5.6.- Prohibición de constituir usufructos.

Nuestra ley prohíbe la constitución de usufructos sucesivos o de dos o más usufructos


alternativos; pero, en el caso de que llegaran a constituirse, no causan nulidad, pero los
usufructuarios posteriores son considerados como substitutos para el caso de faltar los
anteriores antes de deferirse el primer usufructo.

Se llaman sucesivos, los que se constituyen en virtud de testamento a favor de varias


personas, pero una después de otra, de manera que el primer usufructuario es quien goza
del derecho mientras viva, y solo será substituido por el que sigue, hasta que muera el
primero o, en su caso, hasta que cese el usufructo del anterior. Por ejemplo: Se establece
en el testamento que Juan será el usufructuario por 5 años y, al cesar su derecho, se
instituye a Pedro por otros 5 años y, al cesar su usufructo, será substituido por Felipe por 6
años.

Son alternativos, cuando se constituye sucesivamente a favor de dos o más usufructuarios,


pero estipulándose un goce temporal por cada uno en forma interrumpida, de modo que, al
terminar el tiempo del último de los usufructuarios nominados, el usufructo regrese al
primero y, al terminar éste, vuelva al segundo, y así sucesivamente. De aquí que se le llame
también usufructo circular.

Artículo 749 C. C.- “Se prohíbe constituir dos o más usufructos sucesivos o alternativos.

Si de hecho se constituyen, los usufructuarios posteriores se considerarán como


substitutos, para el caso de faltar los anteriores antes de deferirse el primer usufructo.

El primer usufructo que tenga efecto hará caducar los otros; pero no durara sino por el
tiempo que le estuviere designado.”

8.5.7.- Modalidades del usufructo.

De conformidad con la doctrina clásica, los usufructos pueden obedecer a las siguientes
modalidades:

a) Puramente.
b) A plazo.
c) Bajo condición suspensiva o resolutoria.
d) Vitalicio.
76

El usufructo es puro, cuando no está sujeto a plazo, condición o modalidad alguna. Se


empieza a gozar desde el momento de su constitución y termina con la muerte del
constituyente, o antes, por disposición legal que lo determine. Cuando se constituye por
testamento, se empezará a gozar desde el momento en que es aceptado por el heredero o
legatario, retrotrayéndose a la muerte del testador.

El usufructo a plazo, cuando se fija un tiempo de vigencia determinado o determinable,


como cuando se constituye por quince años, a partir de su constitución por actos entre
vivos; o por testamento, a partir de la muerte del testador. Para la constitución de usufructos
a plazo a favor de persona (s) natural (es), no existe límite de plazo; en el caso de personas
jurídicas, el plazo no puede ser mayor de diez años.

El usufructo bajo condición suspensiva o bajo condición resolutoria. Estará bajo condición
suspensiva, cuando su constitución dependa de que ocurra, o no ocurra, un acontecimiento
futuro e incierto; por ejemplo: Te doy en usufructo mi finca por diez años, si te gradúas de
Abogado en cinco años. Se constituirá bajo condición resolutoria, cuando la extinción del
usufructo dependerá de que ocurra una condición; pero el usufructo entrará en vigencia
mientras el acontecimiento, --futuro e incierto--, no llegue a suceder.

El usufructo vitalicio, es el que se constituye durante toda la vida del usufructuario;


entendiéndose que es vitalicio, si el acto constituyente no fija plazo determinado para su
duración.

Debemos entender que el nudo propietario sí puede transferir la nuda propiedad en virtud
de actos entre vivos, como la venta, la donación o la permuta, por ejemplo, o transmitirla
por causa de muerte.

Artículo 750 C. C.- “El usufructo se puede constituir puramente, bajo condición suspensiva
o resolutoria, desde cierto día, por tiempo determinado, o por toda la vida del usufructuario.

Cuando en la constitución del usufructo no se fija tiempo alguno para su duración, se


entenderá constituido por toda la vida del usufructuario.

El usufructo constituido a favor de una corporación o fundación cualquiera no podrá pasar


de diez años.

Artículo 752 C. C.- “La nuda propiedad puede transferirse por acto entre vivos, y transmitirse
por causa de muerte.
77

El usufructo es intransmisible por testamento o ab intestado, salvo que se haya constituido


por tiempo determinado.”

8.5.8.- Usufructo simultáneo.

El usufructo simultáneo, múltiple o co-usufructo, es aquél que se constituye sobre una


misma cosa a favor de dos o más personas conjuntamente, a prorrata, o según las cuotas
que disponga el constituyente. Se trata, pues, de una comunidad usufructuaria, razón por
la cual se rige por las reglas de la comunidad de bienes, de tal manera, que sólo se
extinguirá hasta la muerte del último de los usufructuarios. Por ejemplo: Javier ordena en
su testamento el usufructo de un apartamento a sus tres hijos mientras estén vivos y
permanezcan solteros, de tal manera que, si alguno muere o se casa, los que quedan
acrecen en el derecho del que se ha casado o ha muerto.

Artículo 751 C. C.- Se puede constituir un usufructo a favor de dos o más personas que lo
tengan simultáneamente por igual según las cuotas determinadas por el constituyente; y
podrán, en este caso, los usufructuarios, dividir entre sí el usufructo de cualquier modo que
de común acuerdo les pareciere.”

Artículo 759 C. C.- “Siendo dos o más los usufructuarios, habrá entre ellos derecho de
acrecer, y durará la totalidad del usufructo hasta la expiración del derecho del último de los
usufructuarios.

Lo cual se entiende, si el constituyente no hubiere dispuesto que terminado un usufructo


parcial se consolide con la propiedad.”

8.5.9.- Obligaciones y derechos del usufructuario.

Las obligaciones del usufructuario las empieza a tener aun antes para efectos de poder
gozar del usufructo; pero también las tiene durante su ejercicio, y aun después de la
extinción del usufructo.

Por regla general, los derechos del usufructuario se contraen al uso y goce de la cosa
fructuaria, a la percepción de sus frutos naturales y civiles, así como el derecho a ciertos
productos.

8.5.9.1.- Obligaciones del usufructuario.


78

Debemos referirnos a tres tipos de obligaciones: a) Las anteriores al goce del usufructo; b)
las que tiene el usufructuario durante el goce del usufructo; y, c) las que tiene el
usufructuario una vez que se extingue su derecho.

a) Obligaciones antes de constituirse el usufructo: éstas las contrae el futuro


usufructuario; comprenden aquellos requisitos que deberán concurrir, --y que son por
cuenta del futuro usufructuario--, para que pueda ejercer su derecho. Estas son:

1º) La de recibir la cosa fructuaria en el estado en que se encuentre al momento de deferirse


el usufructo, sin perjuicio de su derecho a reclamar indemnización de daños y perjuicios, en
el caso de que el nudo propietario dañe o deteriore la cosa fructuaria que pueda estar en
su poder después del deferimiento.

2º) Formar, a su costa, un inventario solemne de los bienes que conforman el usufructo,
haciendo un avalúo de los muebles, y un inventario de los inmuebles, describiendo y
haciendo constar el estado en que se encuentran. La facción de inventario se hace ante
Notario, previa autorización judicial. Los padres que por ley gocen del usufructo legal sobre
ciertos bienes de sus menores hijos, no están obligados a la facción de inventario.

3º) Rendir caución de conservación y restitución de la cosa fructuaria, para efectos de


garantizar la conservación de la cosa fructuaria, y la devolución de la misma al nudo
propietario. La caución puede consistir en una fianza, hipoteca, anticresis, prenda, o
cualquiera otra permitida por la ley. El monto de la fianza deberá ser acordada entre el
constituyente y el usufructuario, pero en caso de controversia, la deberá fijar el Juez.

El usufructuario no estará obligado a rendir caución en tres casos: 1º) Cuando el


constituyente le exima de la obligación de rendirla; 2º) cuando el donante se reserve el
usufructo una vez que se ha desprendido, --gratuitamente--, del derecho de propiedad; y,
3º) en los casos en que lo disponga la ley, como el usufructo legal que tienen los padres de
familia sobre los bienes que constituyen el peculio adventicio ordinario de los hijos, de
conformidad con lo dispuesto en el Artículo 197ª del Código de Familia.

Artículo 753 C. C.- “El usufructuario es obligado a recibir la cosa fructuaria en el estado en
que al tiempo de deferirse el usufructo se encuentre, y tendrá derecho para ser indemnizado
de todo menoscabo o deterioro que la cosa haya sufrido desde entonces en poder y por
culpa del propietario.”

Artículo 754 C. C.- “El usufructuario no podrá tener la cosa fructuaria sin haber prestado
caución suficiente de conservación y restitución, y sin previo inventario solemne a su costa,
como el de los curadores de bienes.

Pero tanto el que constituye el usufructo, como el propietario, podrán exonerar de la


caución al usufructuario.
79

Ni es obligado a ella el donante que se reserva el usufructo de la cosa donada.”

Mientras el usufructuario no rinda la caución cuando está obligado a ello, y mientras no


levante el inventario de mérito, el constituyente asumirá la administración de la cosa
fructuaria hasta que aquél cumpla con dichas obligaciones, debiendo entregarle al
usufructuario el valor de los frutos a los que tiene derecho.

Pero si dicho usufructuario persiste en la omisión de rendir caución y levantar el inventario,


el nudo propietario constituyente tendrá derecho a pedir judicialmente que se le fije plazo
para tal fin y, al vencerse el plazo sin cumplir con tales obligaciones, el Juez adjudicará al
constituyente la administración de la cosa fructuaria, deduciéndose de los frutos las
expensas derivadas del trabajo, conservación y cuidado de la cosa fructuaria, además de
los gastos de administración, pudiéndose fijarse una justa remuneración por el ejercicio del
cargo de administrador. Sin embargo, el usufructuario podrá reclamar al constituyente la
administración de la cosa fructuaria, siempre y cuando rinda la caución correspondiente.

Ambas partes: constituyente y usufructuario, podrán tomar los siguientes acuerdos:

• Que el constituyente tome en arriendo la cosa fructuaria.


• Que el constituyente tome en préstamo, con intereses, los dineros que produce la
cosa fructuaria.
• Comprar o vender las cosas fungibles dadas en usufructo, y tomar o dar en
préstamo, con intereses, el dinero que genere dicha compra o venta.

Artículo 755 C. C.- “Mientras el usufructuario no rinda la caución a que es obligado, y se


termine el inventario, tendrá el propietario la administración con cargo de dar el valor líquido
de los frutos al usufructuario.”

Artículo 756 C. C.- “Si el usufructuario no rinde la caución a que es obligado, dentro de un
plazo razonable, señalado por el Juez a instancia del propietario, se adjudicará la
administración a este, con cargo de pagar al usufructuario el valor líquido de los frutos,
deducida la suma que el Juez prefijare por el trabajo y cuidados de la administración.

Podrá, en el mismo caso, tomar en arriendo la cosa fructuaria o tomar prestados a interés
los dineros fructuarios, de acuerdo con el usufructuario.

Podrá también, de acuerdo con el usufructuario, arrendar la cosa fructuaria y dar los dineros
a interés.

Podrá también, de acuerdo con el usufructuario, comprar o vender las cosas fungibles, y
tomar o dar prestado a interés los dineros que de ello provengan.
80

Los muebles comprendidos en el usufructo, que fueren necesarios para el uso personal del
usufructuario y de su familia, le serán entregados bajo juramento de restituir las especies o
sus respectivos valores, no cargándose en cuenta el deterioro proveniente del tiempo y del
uso legítimo.

El usufructuario podrá en todo tiempo reclamar la administración prestando la caución a


que está obligado.”

b) Obligaciones durante el ejercicio del usufructo.

Una vez deferido el usufructo, el usufructuario estará obligado:

1º) A conservar la forma y substancia de la cosa fructuaria; esto significa que, salvo los
desgastes propios del tiempo y del uso, tendrá que prestar el debido cuidado para que la
cosa fructuaria mantenga su estructura externa y su destino económico (por ejemplo: no
podrá cambiar la vocación agrícola de una finca, por la vocación industrial). Art. 745 C. C.

2º) A gozar adecuadamente la cosa fructuaria y a responder por los daños, pérdidas o
menoscabos de la cosa fructuaria, mediando dolo o culpa del usufructuario. Responderá
por la culpa leve, si el usufructo es oneroso; y por la culpa levísima, si el usufructo es
gratuito. Se presumirá la culpa del usufructuario, por los hechos y omisiones de terceras
personas, que de alguna manera hayan ocasionado daños o pérdidas a la cosa fructuaria.

3º) A soportar las cargas y gastos indispensables para que la cosa fructuaria produzca
frutos, como ser: expensas ordinarias de conservación y cultivo (preparación de tierras,
abonos, reparación de cercas, etc.), a pagar gravámenes constituidos con anterioridad al
usufructo (cánones, pensiones, por ejemplo) y, a pagar las cargas tributarias, impuestos y
tasas municipales que se deriven del ejercicio del usufructo.

4º) El usufructuario tendrá la obligación de respetar los arrendamientos que el constituyente


haya contratado antes de la constitución del usufructo o que, al morir, haya constituido vía
testamentaria también antes del usufructo; pero el producto de las rentas le corresponderá
al usufructuario desde el momento en que empiece a ejercer su derecho de usufructo.

5º) No ceder ni renunciar al usufructo cundo está siendo perseguido judicialmente por sus
acreedores.

Artículo 771 C. C.- “El usufructuario es obligado a respetar los arriendos de la cosa
fructuaria, contratados por el propietario antes de constituirse el usufructo por acto entre
vivos, o de fallecer las personas que lo ha constituido por testamento.

Pero sucede en la percepción de la renta o pensión desde que principia el usufructo.”


81

Artículo 774 C. C.- “Corresponden al usufructuario todas las expensas ordinarias de


conservación y cultivo.”

Artículo 775 C. C.- “Serán de cargo del usufructuario las pensiones, cánones y, en general,
las cargas periódicas con que de antemano haya sido gravada la cosa fructuaria, y que
durante el usufructo se devenguen.

No es ilícito al nudo propietario imponer nuevas cargas sobre ella en perjuicio del usufructo.

Corresponde asimismo al usufructuario el pago de los impuestos periódicos fiscales y


municipales que la graven durante el usufructo, en cualquier tiempo que se hayan
establecido.

Si por no hacer el usufructuario estos pagos los hiciere el propietario, o se enajenare o


embargare la cosa fructuaria, deberá el primero indemnizar de todo perjuicio al segundo.”

Artículo 781 C. C.- “El usufructuario es responsable no solo de sus propios hechos u
omisiones, sino de los hechos ajenos a que su negligencia haya dado lugar.

Por consiguiente, es responsable de las servidumbres que por su tolerancia haya dejado
adquirir sobre el predio fructuario, y del perjuicio que las usurpaciones cometidas en la cosa
fructuaria hayan inferido al dueño, si no las ha denunciado al propietario oportunamente,
pudiendo.”

Artículo 783.C. C. “Los acreedores del usufructuario pueden pedir que se le embargue el
usufructo, y se les pague con el hasta concurrencia de sus créditos, prestando la
competente caución de conservación y restitución a quien corresponda.

Podrán, por consiguiente, oponerse a toda cesión o renuncia del usufructo hecha en fraude
de sus derechos.”

c) Obligaciones del usufructuario una vez extinguido el usufructo.

En el caso del usufructo propio o normal, esto es: el que se constituye sobre bienes muebles
e inmuebles que estén en el comercio de los hombres, el usufructuario estará obligado a
restituir la cosa fructuaria en el mismo estado en que se encontraba al momento de
deferírsele el usufructo. En el caso del cuasiusufructo o usufructo que se constituye sobre
bienes consumibles, el usufructuario deberá devolver al nudo propietario, bienes de la
misma calidad y cantidad que los que recibió en usufructo, o a pagar su justo precio, de no
ser posible dicha entrega. Arts. 745 y 768 C. C.
82

Artículo 768 C. C.- “Si el usufructo se constituye sobre cosas de que no pueda hacerse el
uso conveniente a su naturaleza sin que se destruyan, el usufructuario se hace dueño de
ellas, y el propietario se hace meramente acreedor a la entrega de otras especies de igual
cantidad y calidad, o del valor que estas tengan al tiempo de terminarse el usufructo.”

8.5.9.2.- Derechos del usufructuario.

Los derechos del usufructuario sobre la cosa fructuaria se contraen, principalmente, a los
siguientes: Usarla y gozarla. Percibir los frutos y algunos productos de la misma.
Administrarla. Hipotecar el derecho a percibir los frutos. Arrendarlo y cederlo.

• Uso y goce de la cosa fructuaria.

El uso se limita a la utilización de la cosa fructuaria de conformidad con las necesidades del
usufructuario; el goce, en cambio, se extiende a toda especie de utilidad y comodidad que
ésta proporciona. Así: el usufructuario goza de las servidumbres activas que se hayan
constituido en beneficio del predio dado en usufructo (predio dominante); así mismo,
también goza de los aumentos que por accesión natural (aluvión, avulsión, cambio de
cauce, formación de nuevas islas, etc.) pueda recibir un predio.

Artículo 761 C. C.- “El usufructuario de una heredad goza de todas las servidumbres activas
constituidas a favor de ella, y está sujeto a todas las servidumbres pasivas constituidas en
ella.”

Artículo 764 C. C.- “El usufructo de una heredad se extiende a los aumentos que ella reciba
por aluvión o por otras accesiones naturales.”

• Percibir los frutos y algunos productos.

Sin perjuicio de los derechos a percibir frutos y algunos productos de la cosa fructuaria,
según los acuerdos celebrados entre el constituyente y el usufructuario, que tienen
prelación a lo que prescriben las reglas generales; el usufructuario tendrá derecho a los
frutos naturales y civiles que produzca la cosa fructuaria. Así, los frutos naturales
pendientes al momento de constituirse el usufructo pertenecerán al usufructuario (los
pendientes al terminar el ejercicio del usufructo pertenecerán al propietario constituyente).

Los frutos civiles pertenecerán al usufructuario día a día, desde el comienzo hasta el final
del ejercicio del usufructo. Si se constituye usufructo sobre las rentas de una casa durante
siete meses y tres días, el usufructuario gozará de las rentas devengadas durante todo ese
tiempo; toda renta que por alguna razón haya recibido el usufructuario con posterioridad al
83

término de duración del usufructo, tendrá que ser restituido al propietario constituyente; del
mismo modo, si es el constituyente el que recibió rentas comprendidas dentro de dicho
plazo, deberá entregarlas al usufructuario.

Artículo 760 C. C.- “El usufructuario de una cosa inmueble tiene el derecho de percibir
todos los frutos naturales, inclusos los pendientes al tiempo de deferirse el usufructo.

Recíprocamente, los frutos que aun estén pendientes a la terminación del usufructo
pertenecerán al propietario.”

Artículo 769 C. C.- “Los frutos civiles pertenecen al usufructuario día por día.”

Artículo 770 C. C.- “Lo dicho en los artículos precedentes se entenderá sin perjuicio de las
convenciones que sobre la materia intervengan entre el nudo propietario y el usufructuario
o de las ventajas que en la constitución del usufructo se hayan concedido expresamente
al nudo propietario o al usufructuario.”

El usufructuario no tiene derecho a todos los productos de la cosa fructuaria, sino sólo de
aquéllos que tienen algunas características similares a los frutos, tal es el caso del derecho
a gozar de los bosques y árboles que existan sobre la cosa fructuaria, no obstante, su
obligación de restituirlos a sus dueños sin más menoscabo que el producido por efectos
naturales, o por caso fortuito o fuerza mayor.

Del mismo modo podrá gozar de minas y canteras con las limitaciones que, sobre la
materia, determinan la Constitución de la República y la Ley General de Minería. Pero no
tiene derecho alguno sobre el tesoro que pueda existir escondido en el inmueble dado en
usufructo, situación que se regirá según las reglas de la invención o hallazgo del tesoro
(Artículos 679 y 680 C. C.).

Artículo 762 C. C.- “El goce del usufructuario de una heredad se extiende a los bosques y
arbolados, pero con el cargo de conservarlos en su ser, reponiendo los árboles que derribe,
y respondiendo de su menoscabo, en cuanto no dependa de causas naturales o accidentes
fortuitos.”

Artículo 763 C. C.- “Si la cosa fructuaria comprende minas y canteras en actual laboreo,
podrá el usufructuario aprovecharse de ellas, y no será responsable de la disminución de
84

productos que a consecuencia sobrevenga, con tal que haya observado las leyes relativas
a la propiedad minera.”

Artículo 765 C. C.- “El usufructuario no tiene sobre los tesoros que se descubran en el suelo
que usufructúa, el derecho que la ley conceda al propietario del suelo.”

En términos generales, el usufructuario puede utilizar las cosas muebles cedidas en


usufructo, en función de la naturaleza y destino de las mismas, y en procura de satisfacer
las necesidades del usufructuario, quien sólo tendrá la obligación de restituirlas a su dueño,
al terminar el ejercicio del usufructo, --en el estado que estas se encuentren--, sin perjuicio
de responder por los daños causados por su culpa o dolo.

Entre las cosas muebles se encuentran los semovientes, ya sean considerados individual
o colectivamente (rebaños, hatos, piaras, etc.). En el primer caso, se aplicará la regla
general del usufructuario de la cosa mueble; en el segundo, la regla establecida el Artículo
767 C. C.

Si el constituyente permite al usufructuario gozar del producto de un hato de 200 cabezas


de ganado y, al terminar el usufructo ya existen 100 cabezas más, éstas deberán
entregársele al constituyente junto con la restitución de las otras 200 en el estado en que
se encuentren, sin perjuicio de la responsabilidad del usufructuario de reponer las que por
su culpa (que se presume) se perdieron, murieron o perjudicaron, excepto cuanto esto ha
ocurrido por caso fortuito o fuerza mayor, en cuyo caso responderá restituyendo los que
hayan sobrevivido.

Esta regla constituye una excepción de la regla general que establece que las cosas de
género no perecen por lo que, consecuentemente, el usufructuario estaría obligado a
restituir aun las que se perdieron o murieron por caso fortuito o fuerza mayor, lo que no
ocurre en el presente caso.

Artículo 766 C. C.- “El usufructuario de cosa mueble tiene el derecho de servirse de ella
según su naturaleza y destino; y al fin del usufructo no es obligado a restituirla sino en el
estado en que se halle, respondiendo solamente de aquellas pérdidas o deterioros que
provengan de su dolo o culpa.”

Artículo 767 C. C.- “El usufructuario de ganados o rebaños es obligado a reponer los
animales que mueren o se pierden, pero solo con el incremento natural de los mismos
ganados o rebaños; salvo que la muerte o pérdida fueran imputables a su hecho o culpa,
pues en este caso deberá indemnizar al propietario.
85

Si el ganado o rebaño perece del todo o en gran parte por efecto de una epidemia u otro
caso fortuito, el usufructuario no estará obligado a reponer los animales perdidos, y cumplirá
con entregar los despojos que hayan podido salvarse.”

• Administrar la cosa fructuaria.

Una vez que se le defiere al usufructuario el derecho de usufructo, --cuando ya ha realizado


la facción de inventario y ha rendido la caución de mérito--, automáticamente adquiere el
derecho a administrar la cosa fructuaria, pues solo así podrá usar, gozar y percibir frutos
naturales, civiles y hasta industriales. La administración es el acto que le permitirá el uso y
el goce de la cosa fructuaria. Así lo prescribe el último párrafo del, --ya comentado--, artículo
756 C. C.: “…El usufructuario podrá en todo tiempo reclamar la administración prestando la
caución a que está obligado.”

• Hipotecar el derecho a percibir los frutos de la cosa fructuaria.

De conformidad con los artículos 2127 y 2128 C. C. 2º), la hipoteca cabe sólo sobre bienes
inmuebles y los derechos reales que estén en el comercio de los hombres, como el que
puede constituirse sobre el derecho a percibir los frutos de la cosa fructuaria; pero si el
usufructo termina por causas ajenas a la voluntad del usufructuario, también se extinguirá
la hipoteca; en el caso contrario, subsistirá la hipoteca mientras exista la obligación
asegurada y hasta que se cumpla el plazo en que debió legalmente ejercerse el usufructo.

Artículo 2127 C. C.- “Solo podrán ser hipotecados:

1º.- Los bienes inmuebles.

2º.- Los derechos reales enajenables, con arreglo a las leyes, impuestos sobre bienes de
aquella clase”.

Artículo 2128 C. C.- “Podrán hipotecarse, pero con las restricciones que a continuación se
expresan:

1º.- …

2º.- El derecho de percibir los frutos en el usufructo, pero quedando extinguida la hipoteca,
cuando concluya el mismo usufructo por un hecho ajeno a la voluntad de usufructuario. Si
concluyere por su voluntad, subsistirá la hipoteca hasta que se cumpla la obligación
asegurada, o hasta que venza el tiempo en que el usufructo habría naturalmente concluido
a no mediar el hecho que le puso fin.

3º.- …8º…”
86

• Arrendar y ceder el usufructo.

Salvo los usufructos legales, o aquéllos estipulados en el testamento o en el contrato en


donde se establezca la prohibición expresa de cederlo o arrendarlo, el usufructuario podrá
ceder o arrendar el derecho de usufructo a favor de tercera persona. Claro está, --de
acuerdo con el análisis del artículo 771 C. C.--, el usufructuario deberá respetar el contrato
de arrendamiento celebrado entre el constituyente y el arrendatario, antes de deferírsele el
usufructo; pero tendrá derecho a percibir el pago de dicho arrendamiento, desde l momento
en que empieza a ejercer su derecho de usufructo.

Cuando no existe impedimento legal alguno, el usufructuario puede ceder o arrendar, a


título oneroso o gratuito, su derecho de usufructo; pero no podrá alterar los términos y
condiciones establecidas en el usufructo original, habida cuenta de que la cesión, o el
arrendamiento, estará limitado al derecho que personalmente tiene, puesto que,
naturalmente, deberá observar y cumplir sus obligaciones de conservación y restitución de
la cosa fructuaria al nudo propietario.

Si el usufructuario transgrede la prohibición de ceder o arrendar el usufructo, quedará


extinguido su derecho, recuperando el constituyente la cosa fructuaria, sin perjuicio de la
indemnización de los daños y perjuicios que pueda haberle ocasionado dicho usufructuario.

Pese a lo señalado, constituyente y usufructuario, podrán acordar que el contrato de cesión


o arrendamiento se extienda más allá del plazo de duración del usufructo; esto significa
que, en adelante, la cesión o arrendamiento del derecho de usufructo tendrá como partes
al nudo propietario y al cesionario o arrendatario.

Artículo 772 C. C.- “El usufructuario puede dar en arriendo el usufructo y cederlo a quien
quiera a título oneroso o gratuito.

Cedido el usufructo a un tercero, el cedente permanece siempre directamente responsable


al propietario. pero no podrá el usufructuario arrendar ni ceder su usufructo, si lo hubiese
prohibido el constituyente, a menos que el propietario le releve de la prohibición.

El usufructuario que contraviniere a esta disposición perderá el derecho de usufructo.”

Artículo 773 C. C.- “Aun cuando el usufructuario tenga la facultad de dar el usufructo en
arriendo, o cederlo a cualquier título, todos los contratos que al efecto haya celebrado se
resolverán al fin del usufructo.

El propietario, sin embargo, concederá al arrendatario o cesionario el tiempo que necesite


para la próxima percepción de frutos; y por ese tiempo quedará substituido al usufructuario
en el contrato.”
87

8.5.10.- Derechos y obligaciones del constituyente.

Como el derecho de usufructo se origina, ya en virtud de la ley, ya del testamento o del


contrato, los derechos y obligaciones del constituyente deberán ser consecuentes con su
origen. Cuando nace de la ley, es la misma ley la que regula tales derechos y obligaciones;
cuando surge del testador, es su voluntad quien los establece, sin perjuicio de las
prohibiciones y limitaciones que prescribe la ley, y en el entendido de que la ley podrá llenar
sus vacíos y omisiones; si nace del contrato, la voluntad de las partes es la que prevalece,
con las mismas características del usufructo otorgado vía testamentaria.

8.5.10.1.- Derechos del constituyente.

Los derechos del constituyente se contraen a todos los que tiene el nudo propietario; así:

a) Puede transferir el derecho de propiedad por actos entre vivos (compraventa,


donación, por ejemplo), transmitirla por causa de muerte, o hipotecar la nuda
propiedad, puesto que conserva el derecho de propiedad y la capacidad para
enajenar bienes inmuebles.

Artículo 752 C. C. “La nuda propiedad puede transferirse por acto entre vivos, y
transmitirse por causa de muerte.

El usufructo es intransmisible por testamento o ab intestado, salvo que se haya constituido


por tiempo determinado.

Artículo 2126 C. C. “Para constituir una hipoteca, es necesario ser propietario del inmueble
y tener la capacidad de enajenar bienes inmuebles.”

Artículo 2128 C. C. “Podrán hipotecarse, pero con las restricciones que a continuación se
expresan:

1.°…

2.°…
88

3.° La mera propiedad, en cuyo caso, si el usufructo se consolidare con ella en la persona
del propietario, no solo subsistirá la hipoteca, sino que se extenderá también al mismo
usufructo, como no se haya pactado lo contrario.

4.°… 5. °… 6. °… 7. ° … 8. °… 9.°…”

b) Administrar la cosa fructuaria, mientras el usufructuario no rinda caución, lo que


comprende el derecho a pedir remuneración, tomar en arrendamiento, tomar o
hacer préstamos a interés, comprar o vender las cosas fungibles y dar en préstamo
los dineros recabados; todo de común acuerdo con el usufructuario.

Artículo 755 C. C. “Mientras el usufructuario no rinda la caución a que es obligado, y se


termine el inventario, tendrá el propietario la administración con cargo de dar el valor líquido
de los frutos al usufructuario.”

Artículo 756.C. C. “Si el usufructuario no rinde la caución a que es obligado, dentro de


un plazo razonable, señalado por el Juez a instancia del propietario, se adjudicará la
administración a este, con cargo de pagar al usufructuario el valor líquido de los frutos,
deducida la suma que el Juez prefijare por el trabajo y cuidados de la administración.

Podrá, en el mismo caso, tomar en arriendo la cosa fructuaria o tomar prestados a interés
los dineros fructuarios, de acuerdo con el usufructuario.

Podrá también, de acuerdo con el usufructuario, arrendar la cosa fructuaria y dar los
dineros a interés.

Podrá también, de acuerdo con el usufructuario, comprar o vender las cosas fungibles, y
tomar o dar prestado a interés los dineros que de ello provengan.

Los muebles comprendidos en el usufructo, que fueren necesarios para el uso personal del
usufructuario y de su familia, le serán entregados bajo juramento de restituir las especies o
sus respectivos valores, no cargándose en cuenta el deterioro proveniente del tiempo y del
uso legítimo.

El usufructuario podrá en todo tiempo reclamar la administración prestando la caución a


que está obligado.”

c) A reclamar pago de indemnización por los daños y perjuicios causados a la cosa


fructuaria, imputables al usufructuario o a sus dependientes.

Artículo 766 C. C. “El usufructuario de cosa mueble tiene el derecho de servirse de ella
según su naturaleza y destino; y al fin del usufructo no es obligado a restituirla sino en el
89

estado en que se halle, respondiendo solamente de aquellas pérdidas o deterioros que


provengan de su dolo o culpa.”

Artículo 767 C. C. “El usufructuario de ganados o rebaños es obligado a reponer los


animales que mueren o se pierden, pero solo con el incremento natural de los mismos
ganados o rebaños; salvo que la muerte o pérdida fueran imputables a su hecho o culpa,
pues en este caso deberá indemnizar al propietario.

Si el ganado o rebaño perece del todo o en gran parte por efecto de una epidemia u otro
caso fortuito, el usufructuario no estará obligado a reponer los animales perdidos, y cumplirá
con entregar los despojos que hayan podido salvarse.”

d) Reclamar al usufructuario, los intereses legales derivados de las inversiones


realizadas en mejoras y reparaciones necesarias para la conservación y
funcionamiento de la cosa fructuaria:

Artículo 776 C. C. “Las obras o refacciones mayores necesarias para la conservación de la


cosa fructuaria serán de cargo del propietario, pagándole el usufructuario, mientras dure el
usufructo, el interés legal de los dineros invertidos en ellas…”

e) Reclamar el tesoro en los términos prescritos en el artículo 680 C. C., en relación


con el artículo 765 C. C. De aquí que el tesoro corresponda íntegramente al nudo
propietario.

Artículo 765 C. C. “El usufructuario no tiene sobre los tesoros que se descubran en el suelo
que usufructúa, el derecho que la ley conceda al propietario del suelo.”

f) Promover cuantas acciones reales (reivindicatorias o posesorias) le sean


necesarias, para la protección de sus derechos, ya sea contra el mismo
usufructuario, o contra terceras personas; pero las acciones posesorias sólo
pueden intentarse cuando la nuda propiedad exista sobre un bien inmueble.

g) El nudo propietario podrá pedir judicialmente, a su cargo, que se implementen


medidas de seguridad que le garanticen la conservación de la cosa fructuaria,
acreditando que ésta se encuentra en peligro de destruirse en poder del
usufructuario.

Artículo 872 C. C. “La acción reivindicatoria o de dominio corresponde al que tiene la


propiedad plena o nuda de la cosa.”
90

Artículo 895. C. C. “Las acciones posesorias tienen por objeto conservar o recuperar la
posesión de bienes raíces o de derechos reales constituidos en ellos.”

Artículo 782 C. C.- “El propietario podrá impetrar de la autoridad las providencias
conservatorias que le convengan, si la propiedad pareciere peligrar o deteriorarse en manos
del usufructuario.”

8.5.10.2.- Obligaciones del constituyente.

Mientre esté vigente el ejercicio del usufructo, son obligaciones del nudo propietario, o
constituyente, las siguientes:

a) Ejecutar a su cargo las obras y reparaciones mayores, necesarias, para la


conservación de la cosa fructuaria, sin perjuicio de su derecho a percibir del
usufructuario los intereses por las inversiones que comprometa en ellas.

En cuanto a las mejoras útiles, esto es, las que le dan un valor agregado a la cosa
fructuaria, solo tendrá que reconocerlas cuando las haya autorizado expresamente;
en caso contrario, el usufructuario sólo tendrá derecho a alegarlas vía compensación,
por los daños que por su culpa afectaran a la cosa fructuaria o, en último caso, a
separarlas siempre y cuando el constituyente no le reconociera el costo de los
materiales, y la restituyera en el mismo estado en que la recibió.

b) Rembolsar los gastos realizados por el usufructuario en obras o reparaciones


mayores cuando sean de urgente necesidad, o cuando el nudo propietario se tarde
o se niegue a hacerlas.

Artículo 776 C. C. “Las obras o refacciones mayores necesarias para la conservación de la


cosa fructuaria serán de cargo del propietario, pagándole el usufructuario, mientras dure el
usufructo, el interés legal de los dineros invertidos en ellas.

El usufructuario hará saber al propietario las obras y refacciones mayores que exija la
conservación de la cosa fructuaria.

Si el propietario rehúsa o retarda el desempeño de estas cargas, podrá el usufructuario,


para libertar la cosa fructuaria y conservar su usufructo, hacerlas a su costa, y el propietario
se las reembolsará sin interés.”
91

Artículo 758 C. C.- “No es lícito al propietario hacer cosa alguna que perjudique al
usufructuario en el ejercicio de sus derechos, a no ser con el consentimiento del
usufructuario.

Si quiere hacer reparaciones necesarias, podrá el usufructuario exigir que se hagan en un


tiempo razonable y con el menor perjuicio posible del usufructo.

Artículo 777 C. C. “Se entiende por obras o refacciones mayores, las que ocurren por una
vez o a largos intervalos de tiempo, y que conciernen a la conservación y permanente
utilidad de la cosa fructuaria.”

Artículo 780. C. C. “El usufructuario no tiene derecho a pedir cosa alguna por las mejores
que voluntariamente haya hecho en la cosa fructuaria; pero le será lícito alegarlas en
compensación por el valor de los deterioros que se le puedan imputar, o llevarse los
materiales, si puede separarlos, sin detrimento de la cosa fructuaria, y el propietario no le
abona lo que después de separados valdrían.

Lo cual se entiende sin perjuicio de las convenciones que hayan intervenido entre el
usufructuario y el propietario relativamente a mejoras, o de lo que sobre esta materia se
haya previsto en la constitución del usufructo.”

c) A asumir los riesgos por daños, pérdidas o destrucción de la cosa fructuaria, cuando
se producen por caso fortuito o fuerza mayor; pero no estará obligado a reparar,
reconstruir o reponer los edificios que se derrumben por el embate de las fuerzas de
la naturaleza, o que se hayan derrumbado por causa de su antigüedad; pero sí estará
obligado a ejecutar cuantas reparaciones y medidas preventivas fueren necesarias,
cuando el daño o la destrucción puedan evitarse. Tampoco el usufructuario tendrá
obligación alguna por el deterioro o derrumbe de edificios por las causas señaladas.

d) Cuidará que la facción de inventario se haga adecuadamente, so pena de no poder


impugnarlo por ser inexacto o incompleto.

Artículo 757 C. C.- “El propietario cuidará de que se haga el inventario con la debida
especificación, y no podrá después tacharlo de inexacto o de incompleto.”

Artículo 778 C. C. “Si un edificio viene todo a tierra por vetustez o por caso fortuito, ni el
propietario ni el usufructuario son obligados a reponerlo.”
92

8.5.11.- La extinción del derecho de usufructo.

La extinción del usufructo implica la terminación de su vida jurídica. Si nuestro Código Civil
regula en cinco artículos, del 784 al 788, las causas que dan lugar a la extinción del
usufructo, algunas de ellas presentan variantes que la convierten en otra causal diferente
de extinción.

Podemos resumir las formas de extinción, así:

1º) Por la expiración del plazo o el acaecimiento de la condición resolutoria.

Resulta evidente que la causal de terminación más común es la llegada del plazo extintivo
que determina la finalización del derecho, o el acaecimiento de una condición resolutoria
que da lugar a la extinción del derecho. Del mismo modo, cuando el usufructo se ha
constituido hasta el día en que tercera persona llega a cumplir cierta edad, de producirse
dicho acontecimiento antes de llegar a esa edad, el usufructo continuará hasta la fecha en
que esa persona hubiese cumplido la edad señalada, a menos que se condicionara que el
tercero deba existir el día que cumpla los años que se establecen en la constitución del
usufructo.

El tiempo de duración legal del usufructo comprende también el que no pudo gozar el
usufructuario por su negligencia, ignorancia, caso fortuito o cualquiera otra causa.

Artículo 784 C. C. “El usufructo se extingue generalmente por la llegada del día o el evento
de la condición prefijada para su terminación.

Si el usufructo se ha constituido hasta que una persona distinta del usufructuario llegue a
cierta edad, y si esa persona fallece antes, durará, sin embargo, el usufructo hasta el día
en que esa persona hubiera cumplido esa edad, si hubiese vivido.”

Artículo 785 C. C. “En la duración legal del usufructo se cuenta aun el tiempo que el
usufructuario no ha gozado de el por ignorancia, o despojo o cualquier otra causa.”

2º) Por la muerte del usufructuario.

Esta causal solo extingue el usufructo cuando se hubiere constituido por tiempo
indeterminado (vitalicio), pues si se constituye por tiempo determinado, subsistirá por el
tiempo que falta para la llegada del plazo extintivo, en beneficio de los herederos del
usufructuario.

3º) Por la revocación del derecho de dominio del constituyente.

Esta revocación puede ser directa, cuando el nudo propietario ha constituido un usufructo
en concepto de pago de una deuda inexistente, o cuando el mismo usufructuario ha
transferido su derecho en pago de un crédito que no debía.
93

También por la revocación del usufructo a petición de los acreedores del nudo propietario.

4º) Por consolidación el usufructo con la propiedad.

Esta consolidación se da cuando se confunden en una sola persona los derechos de


dominio y de usufructo, como cuando ocurre la muerte del usufructuario vitalicio, o cuando
el usufructuario hereda el derecho de dominio del nudo propietario.

También se produce consolidación, cuando el usufructuario contraviene la prohibición de


ceder o arrendar el usufructo, pues el nudo propietario recupera el usufructo, a menos que
previamente le hubiere levantado la prohibición, como lo prescribe el párrafo tercero del
artículo 772 C. C.

5º) Por prescripción adquisitiva o por el no ejercicio del derecho.

Cuando el usufructuario de hecho, que ha gozado del usufructo sobre una cosa mueble
durante seis años, o sobre un bien inmueble durante diez años, pide judicialmente que se
le otorgue el derecho de usufructo, o el de propiedad, en su caso; o por el no ejercicio del
derecho por el mismo tiempo, de conformidad con lo prescrito en los artículos 2289 y 2291
C. C.

6º) Por la destrucción total de la cosa fructuaria.

La destrucción de la cosa fructuaria deberá ser total para que se extinga el usufructo, pues
si solo es parcial, subsistirá sobre lo que queda de la cosa fructuaria; pero si solo existiere
sobre un edificio, su destrucción pone fin al usufructo y no se tendrá derecho alguno sobre
el suelo; pero si existe sobre una heredad, el usufructuario sí conserva su derecho sobre el
suelo.

7º) Por renuncia del usufructuario.

Esta causal será válida siempre que no se perjudiquen derechos de terceros.

8º) Por aluvión.

Siempre que las aguas que se han retirado naturalmente no recuperen su cauce original
por un término de diez años.

9º) Por emancipación, suspensión y cancelación de la patria potestad.

Esta forma de extinción se refiere al usufructo legal que tienen los representantes legales
de los incapaces, en el ejercicio de la patria potestad, por lo que se rige por lo preceptuado
en los artículos 197 A, B, C, D y E del Código de Familia.

Artículo 786 C. C. “El usufructo se extingue también:

1. Por la muerte del usufructuario, cuando el usufructo no se ha constituido por tiempo


determinado.
94

2. Por la cesación del derecho del que constituyo el usufructo, cuando teniendo un dominio
revocable llega el caso de la revocación.

3. Por consolidación del usufructo con la propiedad.

4. Por prescripción.

5. Por la renuncia del usufructuario.

Artículo 787 C. C. “El usufructo se extingue por la destrucción completa de la cosa


fructuaria; si solo se destruye una parte, subsiste el usufructo en lo restante. Si todo el
usufructo esta reducido a un edificio, cesará para siempre por la destrucción completa de
éste, y el usufructuario no conservará derecho alguno sobre el suelo.

Pero si el edificio destruido pertenece a una heredad, el usufructuario de ésta conservará


su derecho sobre toda ella.”

Artículo 788 C. C.- “Si una heredad fructuaria es inundada y se retiran después las aguas,
revivirá el usufructo por el tiempo que falte para su terminación.”

Artículo 789 C. C.- “El usufructo legal del padre o madre de familia, sobre ciertos bienes del
hijo, está sujeto a las reglas especiales del Título "De la Patria Potestad."

8.6.- DE LOS DERECHOS DE USO Y HABITACIÓN.

Los derechos de uso y habitación son también derechos reales que, gran parte de la
doctrina considera como un usufruto limitado pues, tanto su constitución como su extinción,
se producen del mismo modo que el usufructo utilizándose, supletoriamente, su mismo
régimen normativo.

8.6.1.- Concepto.

Nuestra legislación define ambos derechos como reales, pero los diferencia en razón de los
bienes que serán objeto de uso, y los que son objeto de habitación.

El derecho de uso es un derecho real personalísimo, que consiste en la facultad de gozar


limitadamente de los productos y utilidades de una cosa; la limitación se contrae a la
95

percepción de los frutos de una cosa ajena, necesarios para suplir las necesidades del
usuario y de su entorno familiar.

El derecho de habitación otorga al habitador o habitacionista, la facultad de morar en una


casa, ocupando él y su familia todas las piezas de ésta.

8.6.2.- Características.

Ambos derechos tienen características que los asemejan, como otras que los diferencian.

Semejanzas:

a) Ambos constituyen limitantes temporales al derecho de dominio;

b) Ambos derechos son intransferibles por actos entre vivos (no pueden enajenarse),
e intransmisibles por causa de muerte; de aquí que no puedan ser arrendados ni
transferidos a terceras personas por ninguna clase de título

c) Son, también, derechos inembargables;

d) Se constituyen y se extinguen de la misma manera que el derecho de usufructo.

e) Ambos derechos se refieren a las necesidades perentorias del usuario o del


habitador y de sus familias.

f) Ni el usuario ni el habitador están obligados a rendir caución.

Diferencias:

a) El habitador está obligado a levantar inventario, pues el habitador debe restituir la


misma cosa (casa) recibida; el usuario sólo cuando el uso se constituya sobre cosas
que deben restituirse en especies.

b) El derecho de uso se contrae al goce limitado de los frutos, utilidades y productos


de una cosa; el de habitación, a la utilidad de morar una casa el habitador y su
entorno familiar.

Artículo 790 C. C. “El derecho de uso consiste, generalmente, en la facultad de gozar de


una parte limitada de las utilidades y productos de una cosa.

Si se refiere a una casa, y a la utilidad de morar en ella, se llama derecho de habitación.”


96

Artículo 791 C. C. “Los derechos de uso y habitación se constituyen y pierden de la misma


manera que el usufructo.”

Artículo 792 C. C. “Ni el usuario ni el habitador estarán obligados a prestar caución. Pero
el habitador es obligado a hacer inventario; y la misma obligación se extenderá al usuario,
si el uso se constituye sobre cosas que deban restituirse en especie.”

8.6.3.- Facultades que conceden los derechos de uso y habitación.

Las facultades que conceden los derechos de uso y habitación se contraen a los
consignados en el título que los constituye, según las reglas prescritas en el artículo 747 C.
C., que son propias de la constitución del usufructo, pero se limitan a las necesidades
personales del usuario o del habitador, y las de su familia, es decir, el (la) cónyuge o
compañero (a) de hogar, los hijos que han procreado y los que sobrevengan después
aunque el (la) usuario (a) o habitador (a) no esté casado (a) ni haya reconocido hijo a la
fecha de constitución; también sus servidores, las personas que vivían bajo su
dependencia, y aquéllos a quienes les debe alimentos, al tenor del artículo 794 C. C.

No obstante, lo antes señalado, el derecho moderno se inclina, cada vez más, a autorizar
la transmisión del derecho de habitación, para satisfacer las necesidades de un familiar con
incapacidad permanente. En algunas legislaciones, como en la mexicana, el derecho de
habitación se ha incluido entre las asignaciones forzosa, para el caso de dependientes
discapacitados que estuvieren conviviendo con el causante al momento de su muerte.

En Honduras, los derechos de uso y habitación son derechos reales personalísimos e


intransmisibles a los herederos al tenor del artículo 798 C. C., y no pueden cederse a ningún
título, prestarse ni arrendarse. Pero el usuario tiene derecho a enajenar los frutos que por
derecho le corresponden en atención de sus necesidades perentorias, con la moderación y
cuidado propios de un buen padre de familia; pero estarán obligados a contribuir a las
expensas ordinarias de conservación y cultivo, en proporción al beneficio que le reporten.
Pero esta obligación no la tienen los usuarios y habitadores que reciben el derecho por
caridad. Estas obligaciones son equivalentes a las que tiene el usufructuario.

Artículo 793. La extensión en que se concede el derecho de uso o de habitación, se


determina por el título que lo constituye, y a falta de esta determinación en el título, se regla
por los artículos siguientes.

Artículo 794. El uso y la habitación se limitan a las necesidades personales del usuario o
del habitador.
97

La familia comprende la mujer y los hijos legítimos y naturales; tanto los que existen al
momento de la constitución, como los que sobrevienen después, y esto aun cuando el
usuario o habitador no esté casado, ni haya reconocido hijo alguno a la fecha de la
constitución.

Comprende, asimismo, el número de sirvientes necesarios para la familia.

Comprende, además, las personas que a la misma fecha vivían con el habitador o usuario
y a costa de éstos; y las personas a quienes el usuario o el habitador deben alimentos.

En las necesidades personales del usuario o del habitador se comprenden las de su familia.”

Artículo 797 C. C. “El usuario y el habitador deben usar de los objetos comprendidos en
sus respectivos derechos con la moderación y cuidado propios de un buen padre de
familia; y están obligados a contribuir a las expensas ordinarias de conservación y
cultivo, a prorrata del beneficio que reporten.

Esta última obligación no se extiende al uso o la habitación que se dan caritativamente


a personas necesitadas.”

Artículo 798 C. C. “Los derechos de uso y habitación son intransmisibles a los herederos, y
n Ni el usuario, ni el habitador pueden arrendar, prestar o enajenar objeto alguno de
aquellos a que se extiende el ejercicio de su derecho.

Pero bien pueden enajenar los frutos que les es lícito consumir en sus necesidades
personales. o pueden cederse a ningún título, prestarse ni arrendarse.”

8.6.4.- Obligaciones del usuario y del habitador.

Las obligaciones del usuario y del habitador se contraen a las siguientes:

1) Como lo establece el artículo 797 C. C. en la parte final del párrafo primero, tanto el
usuario como el habitador, están obligados a contribuir con los gastos o expensas
de conservación y cultivo en proporción al beneficio que reciben, pero no tendrán
esta obligación si el uso o la habitación se hubieren otorgado en forma caritativa a
personas necesitadas.

2) Usarán las cosas propias para cubrir sus necesidades, y no en la calidad superior,
aceptando las que el dueño le ofrezca, o le autorice a tomarlos; en el caso del
derecho de habitación, tanto el habitador como su entorno familiar, sólo podrán
98

utilizar la casa para vivienda, no para instalar negocios o tiendas, pero sí podrán
instalar locales u oficinas para ejercer su profesión u oficio.

3) A levantar inventario cuando estén obligados a su facción.

Artículo 795 C. C. “En las necesidades personales del usuario o del habitador no se
comprenden las de la industria o tráfico en que se ocupa.

Así, el usuario de animales no podrá emplearlos en el acarreo de los objetos en que trafica,
ni el habitador servirse de la casa para tiendas o almacenes; a menos que la cosa en que
se concede el derecho, por su naturaleza y uso ordinario y por su relación con la profesión
o industria del que ha de ejercerlo, aparezca destinada a servirle en ellas.”

Artículo 796 C. C. “El usuario de una heredad tiene solamente derecho a los objetos
comunes de alimentación y combustible, no a los de una calidad superior; y está obligado
a recibirlos del dueño, o a tomarlos con su permiso”.

8.6.5.- su constitución y extinción.

De conformidad con el artículo 791 C. C., los derechos de uso y habitación se constituyen
y extinguen de la misma manera que el usufructo, sin embargo, existen diferencias
importantes en relación con estos temas, los que podemos resumir así:

a) El derecho de usufructo permite el uso y goce completo de la cosa fructuaria; el


uso y habitación solo se tiene derecho al uso y a un goce limitado de ciertos frutos
y productos de las cosas.

b) El usufructo puede constituirse legalmente, no así el derecho de uso y habitación.

c) Previo al deferimiento de la cosa fructuaria, el usufructuario debe rendir caución;


en el uso y habitación no existe tal obligación.

d) Con excepción del usufructo legal, el derecho de usufructo es embargable, los


derechos de uso y habitación son inembargables.

e) El usufructuario corre con las cargas que gravan la cosa fructuaria; los usuarios y
habitadores solo concurren a ellas a prorrata del beneficio que le reportan sus
respectivos derechos.

f) El usufructo es transferible por actos entre vivos, y transmisible por causa de


muerte cuando se constituye por tiempo determinado; el uso y la habitación son
intransferibles e intransmisibles.
99

8.7.- DE LAS SERVIDUMBRES.

Las servidumbres también son derechos reales, pero con características, tan particulares,
que las hacen diferentes a los demás derechos reales; la principal: siempre se constituyen
sobre bienes inmuebles. Por ser así, a este derecho se le denomina servidumbres prediales
o, simplemente, servidumbres.

8.7.1.- Concepto.

Es generalmente aceptado como concepto de servidumbre, o servidumbre predial, el


siguiente: “Es una carga o gravamen impuesto sobre un predio, en provecho, utilidad o
servicio de otro predio perteneciente a diferente dueño”.

También se acepta esta definición: “Servidumbre predial, o simplemente servidumbre, es


un gravamen impuesto sobre un predio, llamado sirviente, en utilidad o provecho de otro
predio, llamado dominante, perteneciente a diferente dueño.”

Nuestro Código Civil las admite, concatenando lo expresado en los artículos 799 y 800.
Ampliando estos conceptos, a la servidumbre que beneficia al predio dominante se la
denomina servidumbre activa; y, a la que afecta o grava al predio sirviente, servidumbre
pasiva.

Artículo 799 C. C. “Servidumbre predial, o simplemente servidumbre, es un gravamen


impuesto sobre un predio en utilidad de otro predio de distinto dueño.”

Artículo 800 C. C. “Se llama predio sirviente, el que sufre el gravamen; y predio dominante,
el que reporta la utilidad. Con respecto al predio dominante, la servidumbre se llama activa;
y con respecto al predio sirviente, pasiva.”

Vale recordar, que nuestra ley, indistintamente, llama a los bienes inmuebles: predios,
heredades, fundos, fincas o terrenos, entre otros, sólo que prefiere utilizar algunos, como
heredades, fincas o fundos, para los inmuebles urbanos; y terrenos, predios o lotes,
respecto a los inmuebles urbanos. Pero esto es una preferencia, no una obligación.

Parte de la doctrina acepta la existencia de servidumbres personales aquéllas que gravan


un predio, pero no en beneficio de otro predio, sino en beneficio de una o más personas
pertenecientes a una comunidad o a un pueblo. El Código Civil se refiere a ellas, pero no
las denomina como servidumbres personales, aunque siempre hay que admitir que,
independientemente de que se afecte o favorezca un predio, los beneficiados o favorecidos
son las personas titulares de los derechos de propiedad, pues los derechos que otorga el
dominio quedan limitados; pero estos efectos se producen en función de ser titulares de la
propiedad, no en razón de su personalidad.

Otro asunto importante es el hecho que, los titulares del predio dominante se beneficiarán
respecto al predio sirviente sólo en lo que corresponde al ejercicio del derecho de
100

servidumbre, debiendo respetar los demás derechos que le corresponden por ser titulares
del dominio, por ejemplo, si la servidumbre es de paso, su ejercicio solamente comprende
el derecho transitar sobre el trecho abierto como calle, sendero o camino, pero no a tomar
posesión, uso de instalaciones, practicar cacería u otros derechos propios del titular del
derecho de propiedad.

8.7.2.- Características.

Estas características las podemos sustraer del enunciado de los artículos que regulan
este derecho, por lo que podemos resumirlas así:

1) Es un derecho real que se constituye sólo sobre bienes inmuebles de diferentes


dueños, beneficiando a uno de ellos, el predio dominante, y gravando al otro,
predio sirviente.

2) Es un derecho accesorio, pues necesita constituirse sobre derechos de propiedad


preexistentes que pertenecen a diferentes dueños, por lo que es activa para el
predio dominante, y pasiva respecto al predio sirviente. No podrá, en
consecuencia, transferirse o transmitirse independiente del derecho de dominio,
lo que significa que, al transferirse o transmitirse el derecho de dominio, irá
implícita la transferencia o transmisión de la servidumbre reza un aforismo
ampliamente conocido: “Lo accesorio corre la suerte de lo principal.” Del mismo
modo, no podrá embargarse ni hipotecarse, a menos que se embargue o
hipoteque el predio dominante o el sirviente.

3) Es un derecho inseparable de los predios a que activa o pasivamente pertenecen


(804 C. C.); no puede existir la servidumbre respecto a uno solo de los predios,
excepto en los casos de las, llamadas, servidumbres personales, cuando el predio
sirviente beneficia a comunidades o poblaciones. Del mismo modo, no podrá
embargarse ni hipotecarse, a menos que se embargue o hipoteque el predio
dominante o el sirviente; y, el usufructuario, el usuario, el habitacionista y el
arrendatario, resultarán beneficiados o afectados, en el ejercicio de sus
respectivos derechos.

4) Es un derecho indivisible pues, sea que el predio dominante o el predio sirviente


resulte dividido entre dos o más dueños, no resultará alterada la servidumbre,
pues deberán tolerarla los respectivos dueños, según la parte del predio que
corresponda a cada uno.

Si, por ejemplo, el predio dominante resulta dividido, mediante un proceso de


partición, cada uno de los dueños gozará de la servidumbre activa, pero no podrán
aumentar el gravamen respecto del predio sirviente. Si es el predio sirviente el
dividido, la servidumbre pasiva no sufrirá modificación alguna, debiendo sufrir el
101

gravamen aquel, o aquellos de los dueños cuyos predios resultaren gravados con
dicha servidumbre.

5) Es un derecho perpetuo, pues generalmente se constituyen indefinidamente


mientras persista la necesidad del predio dominante; pero no obsta para que
pueda constituirse por tiempo determinado o bajo condición, si así lo disponen los
dueños de los predios de común acuerdo.

6) Finalmente, es un derecho prescriptible, pues se extinguen por el hecho de


haberse dejado de gozar durante diez años.

Artículo 804 C. C. “Las servidumbres son inseparables del predio a que activa o
pasivamente pertenecen.”

Artículo 805 C. C. “Dividido el predio sirviente, no varía la servidumbre que estaba


constituida en él, y deben sufrirla aquel o aquellos a quienes toque la parte en que se
ejercía.”

Artículo 806 C. C. “Dividido el predio dominante, cada uno de los nuevos dueños gozará de
la servidumbre, pero sin aumentar el gravamen del predio sirviente.

Así los nuevos dueños del predio que goza de una servidumbre de tránsito no pueden exigir
que se altere la dirección, forma, calidad o anchura de la senda o camino destinado a ella.”

Artículo 807 C. C. “El que tiene derecho a una servidumbre, lo tiene igualmente a los medios
necesarios para ejercerla.

Así, el que tiene derecho de sacar agua de una fuente situada en la heredad vecina, tiene
el derecho de tránsito para ir a ella, aunque no se haya establecido expresamente en el
título.”

Artículo 808 C. C. “El que goza de una servidumbre puede hacer las obras indispensables
para ejercerla; pero serán a su costa, si no se ha establecido lo contrario; y aun cuando el
dueño del predio sirviente se haya obligado a hacerlas o repararlas, le será lícito exonerarse
de la obligación abandonando la parte del predio en que deban hacerse o conservarse las
obras.”

Artículo 809 C. C. “El dueño del predio sirviente no puede alterar, disminuir, ni hacer más
incómoda para el predio dominante, la servidumbre con que está gravado el suyo.

Con todo, si por el transcurso del tiempo llegare a serle más oneroso el modo primitivo de
la servidumbre, podrá proponer que se varíe a su costa, y si las variaciones no perjudican
al predio dominante, deberán ser aceptadas”.
102

8.7.3.- Clasificación.

La doctrina nos orienta agrupando en cuatro los criterios que sirven para clasificar las
distintas clases de servidumbres, el legislador hondureño las reconoce, aunque no en una
forma ordenada. Los criterios se determinan: a) Por el sometimiento que sufre el dueño del
predio sirviente; b) por las señales de su existencia; c) Por razón de su ejercicio; y, d) Por
razón de su origen.

a) Por el sometimiento que sufre el dueño del predio sirviente: POSITIVAS o


NEGATIVAS. Son positivas las que imponen al dueño del predio sirviente la
obligación de tolerar o dejar hacer las obras necesarias para instalar la
servidumbre, así como utilizar los medios conducentes para ejercer su derecho;
excepcionalmente, podrán también obligarlo a efectuar la demarcación que
determine los linderos de ambos predios, a prorrata de sus costos. Son negativas,
las que imponen al dueño del predio sirviente la prohibición de poner obstáculos al
ejercicio de la servidumbre activa, como levantar muros, cercar, sembrar árboles,
etc., obras que podría perfectamente ejecutar si el propietario del predio si no
existiera la servidumbre.

b) Por las señales de su existencia: APARENTES o INAPARENTES. Son aparentes,


las que pueden ser percibidas continuamente por la vista, como el caso de la
servidumbre de tránsito cuando se ha trazado una calle o sendero, por ejemplo.
Son inaparentes, las que no pueden verse o conocerse por una señal exterior;
siguiendo la lógica, las servidumbres negativas son siempre inaparentes.

c) Por razón de su ejercicio: CONTINUAS o DISCONTINUAS. Son continuas, las que


se ejercen, o pueden ejercerse continuamente sin necesidad de la actividad
humana, como la del acueducto que conducen aguas por un canal construido sobre
el predio dominante, pues el agua correrá libremente sin necesidad de hechos
humanos. Discontinuas, las que se ejercen mediante hechos humanos realizados
en periodos, más o menos, largos de tiempo, como las servidumbres de paso que
solo se ejercen en los momentos en que son transitados por los hombres.

La continuidad o discontinuidad de la servidumbre, que se fundamenta en la


actividad o inactividad del hombre en cuanto a su ejercicio, es completamente
diferente a su apariencia o inapariencia, pues esta clasificación sólo nos indica si la
podemos, o no, apreciar por la vista. Sin embargo, por regla general, las
encontramos en forma conjunta, esto es: continuas aparentes o inaparentes, y
discontinuas aparentes o inaparentes.

Así, la servidumbre de tránsito es discontinua aparente, cuando la calle o sendero


lo podemos observar con la vista, o discontinua inaparente, cuando solamente se
utiliza el paso, pero no se identifica calle o sendero alguno. También puede ser
103

continua aparente o inaparente; aparente, como l de acueducto visible al ojo


humano, inaparente cuando no lo es, como el acueducto subterráneo.
Esta clasificación es la más importante pues comprende, tanto su constitución, como
su adquisición y extinción vía prescripción adquisitiva y extintiva, respectivamente.

d) Por razón de su origen o fuente: NATURALES, LEGALES Y VOLUNTARIAS. Las


naturales, son las que surgen espontáneamente por la ubicación o situación natural,
como las corrientes de agua que descienden de un plano superior a uno inferior,
sin participación alguna del hombre. Las legales, son las que son impuestas por la
ley; y, las voluntarias, son las que se constituyen de común acuerdo por los titulares
de los predios o por sentencia judicial.

Artículo 803 C. C. “Servidumbre aparente es la que está continuamente a la vista, como la


de tránsito, cuando se hace por una senda o por una puerta especialmente destinada a él;
e inaparente la que no se conoce por una señal exterior como la misma de tránsito, cuando
carece de estas dos circunstancias y de otras análogas”.

Artículo 810 C. C. “Las servidumbres, o son naturales, que provienen de la natural situación
de los lugares, o legales, que son impuestas por la ley, o voluntarias, que son constituidas
por un hecho del hombre.”

Artículo 811 C. C. “Las disposiciones de este título se entenderán sin perjuicio de las
ordenanzas generales o locales sobre las servidumbres.”

8.7.3.1.- De las servidumbres naturales.

Estas servidumbres vienen impuestas por la natural situación de los predios a quienes
afectan positiva o negativamente, es decir: beneficiándolos o gravándolos, sin perjuicio de
que, excepcionalmente, la ley pueda establecer paliativos para evitar daños mayores sobre
el predio sirviente. No se puede responsabilizar, en modo alguno, al dueño del predio
dominante, por cuanto no es su culpa lo que la naturaleza dispone por lo que, el dueño del
predio sirviente debe sufrir las consecuencias o gravámenes originados de la misma
naturaleza.

Algunas legislaciones latinoamericanas, como la mexicana, guatemalteca, nicaragüense,


argentina, entre otras, regulan estas servidumbres como servidumbres legales de aguas, la
nuestra, sólo regula como servidumbres naturales a las aguas que se deslizan o descienden
en forma espontánea, sin intervención u obra del hombre, desde un predio ubicado en un
plano superior, a otro predio situado en un plano inferior que está sujeto a recibir dichas
aguas; pero no da un nombre específico a esta servidumbre, solamente las refiere como
104

aguas que corren naturalmente por heredades de diferentes dueños y en diferentes


situaciones; sin embargo, llama predio dominante al situado en el plano inferior y, sirviente
al ubicado en el plano superior empero, por los efectos que estos deslizamientos de agua
suelen ocasionar, muy frecuentemente se hace difícil reconocer cuál es el dominante y cuál
el sirviente no determina claramente cuál es el predio dominante y cuál el sirviente.

Por las razones antes expuestas, el deslizamiento natural de las aguas representa
realmente una relación de vecindad entre los dueños de los predios ubicados en planos
diferentes, pues el hecho de considerar como una obligación del predio inferior el tener que
soportar, no solo las aguas, sino todo lo que ellas arrastran (palos, piedras, suciedades,
etc.), no existirá tal obligación si el dueño del predio superior, en protección de su predio,
construye obras que canalicen las aguas hacia el predio inferior; pero, tampoco, el dueño
del predio inferior, podrá modificar o alterar el curso natural de las aguas en perjuicio del
predio superior. De aquí que lo idóneo debe consistir en establecer una política de buena
vecindad entre ambos dueños.

La doctrina se refiere al llamado escurrimiento natural de las aguas, que implica un proceso
natural de abandono y secado de las aguas rebalsadas, que suelen provocar daños por
causa de las inundaciones sobre predios, calles y poblados. Algunos publicistas consideran
este proceso como una servidumbre de escurrimiento natural de las aguas.

Los dueños de cualquiera de los fundos pueden beneficiarse de las aguas que naturalmente
corren por su predio; podrán utilizarlas para riego de sus plantaciones, para mover sus
máquinas y molinos y para abrevar a sus animales, permitiendo siempre que las aguas
sigan su curso natural porque, como sabemos, no pueden construir obras que vayan en
menoscabo del predio inferior; tampoco el dueño del predio inferior podrá construir
obstáculos que puedan dañar al predio superior.

Este último caso no comprende una verdadera servidumbre, pues es un derecho que surge
del concepto de bienes nacionales de uso público, pero nuestro legislador sí las considera
como tales.

Artículo 812 C. C. “El predio inferior está sujeto a recibir las aguas que descienden del
predio superior naturalmente, es decir, sin que la mano del hombre contribuya a ello.

No se puede, por consiguiente, dirigir un albañal o acequia sobre el predio vecino, si no se


ha constituido esta servidumbre especial.

En el predio sirviente no se puede hacer cosa alguna que estorbe la servidumbre natural,
ni en el predio dominante que la grave.”

Artículo 813 C. C. “El dueño de una heredad puede hacer de las aguas que corren
naturalmente por ella, aunque no sean de dominio privado, el uso conveniente para los
menesteres domésticos, para el riego de la misma heredad, para dar movimiento a sus
máquinas o molinos y para abrevar sus animales.
105

Pero, aunque el dueño pueda servirse de dichas aguas, deberá hacer volver el sobrante al
acostumbrado cauce a su salida del fondo.”

Del uso de las aguas que corren naturalmente.

El artículo 814 C. C. se refiere al adecuado uso de estas aguas, sin embargo, por el sólo
hecho de establecer limitantes, y por la posibilidad de adquirir o perder derechos al ejercicio
de estas servidumbres, vía prescripción, estas servidumbres se convierten en servidumbres
legales o, en su caso, en servidumbres voluntarias según el criterio de la relación de
vecindad. Son tres los casos señalados por el mencionado artículo:

1) Cuando el dueño del predio inferior (teóricamente, el dominante) ha adquirido por


prescripción, o cualquier otro título, el uso de las aguas que se deslizan desde fundo
superior, pues ha construido canales, acequias u otras mejoras que le permiten el
uso indiscriminado de dichas aguas. Si es por prescripción adquisitiva, ésta ocurrirá
en el transcurso de diez años contados desde que se iniciaron dichas obras. Es
claro de que se adquiere por disposición de la ley, lo que la convierte en una
servidumbre legal.

2) El uso de las aguas quedará limitado a los derechos establecidos por leyes
generales o especiales, en favor de la navegación, o que determinen la distribución
de las aguas en beneficio de los predios ribereños. A todas luces: una servidumbre
legal con fines industriales o comerciales.

3) Cuando el uso de las aguas sea limitado para satisfacer las necesidades de los
pobladores de un pueblo vecino, dejándole a los predios por donde corren
naturalmente las aguas, una parte necesaria para cubrir sus propias necesidades,
debiéndosele pagar una justa indemnización. Es frecuente que se recurra a la
expropiación forzosa en función del interés general. Tampoco, en este caso,
podemos hablar de una servidumbre natural.

Del uso de las aguas lluvias.

Las aguas lluvias son de libre apropiación, por lo que puede ser utilizada para uso
doméstico o industrial, de tal manera que cualquier persona podrá utilizarla, sin restricción
para tales fines en virtud de que se produce natural y gratuitamente.

Artículo 817 C. C. “El dueño de un predio puede servirse como quiera de las aguas lluvias que corren
por un camino público, y torcer su curso para servirse de ellas. Ninguna prescripción puede privarle
de este uso.”
106

Otras limitaciones.

Hay otros casos que, consideramos, especiales porque no son propiamente servidumbres;
en el mejor de los casos, deberán ser tratadas como servidumbres legales, pues sus
orígenes son determinados por la prescripción, por accesión, o por cualquier otro título. No
es, ni puede ser, una servidumbre natural.

Con menos razón podríamos considerar una servidumbre natural, cuando la ley ha
permitido que el dueño de un predio haya construido un cause artificial para servirse de él.

Artículo 815 C. C. “El uso de las aguas que corren por entre dos heredades corresponde
en común a los dos riberanos, con las mismas limitaciones; y será reglado, en caso de
disputa, por la autoridad competente, tomándose en consideración los derechos adquiridos
por prescripción u otro título, como en el caso del párrafo primero del artículo precedente.”

Artículo 816 C. C. “Las aguas que corren por un cauce artificial construido a expensa ajena
pertenecen exclusivamente al que con los requisitos legales haya construido el cauce.”

8.7.3.2.- Servidumbres legales.

Nuestro legislador usó como modelos los códigos civiles de España y Chile para regular
esta clase de servidumbres, pero omitiendo que se trata de servidumbres impuestas por la
ley, que se constituyen aún contra la voluntad del dueño del predio sirviente, pero
coincidiendo en que tienen como objetivo tanto el interés público, como el interés de los
particulares. De aquí que se reconocen dos tipos de servidumbres legales: las relativas al
interés o utilidad pública, denominadas por la ley como servidumbres legales de uso
público, y las que procuran el interés de los particulares, denominadas servidumbres legales
de uso o interés privado.

1°) Servidumbres legales de uso público.

La ley reconoce dos especies: a) las del uso de riberas para navegación o flote; y, b) las
establecidas por reglamentos u ordenanzas especiales.

a) Servidumbre de uso de riberas para navegación o flote.

Esta no es una verdadera servidumbre puesto que, si bien existe un predio sirviente, no
existe un predio dominante al que presta utilidad, pues ésta la recibe la industria de la
navegación; de aquí que habrá que considerarla como una limitación del derecho de
propiedad, impuesto por la ley. Según el artículo 819 C. C., esta servidumbre grava a
los predios riberanos imponiéndoles la obligación de permitir a los navegantes, y
también a los pescadores, --según lo prescrito en los artículos correspondientes a la
ocupación--, el uso de los espacios para los menesteres necesarios para sus
actividades, como las sirgas y caminos para sacar las barcas o balsas, su
aseguramiento, sujeción a los árboles, secar sus velas, vender sus productos; sin
107

embargo, para establecer ventas públicas necesitan de la autorización de los dueños


de los predios riberanos y de las autoridades competentes.

b) Servidumbres establecidas por reglamentos u ordenanzas especiales.

Se trata, también, de limitaciones impuestas al dominio del predio sirviente para


satisfacer necesidades sociales. Están reguladas, principalmente por leyes y
reglamentos especiales, u ordenanzas emitidas por autoridades competentes, por
ejemplo, las del SANAA, ENEE, MUNICIPALIDAD, entre otras.

Son características propias de estas servidumbres: no poder adquirirse ni extinguirse


por prescripción, ser incomerciables y no admitir indemnización, sin perjuicio de la que
pudiere reclamarse por culpa o negligencia en el proceso de instalación de este tipo de
servidumbres.

Artículo 818 C. C. “Las servidumbres legales son relativas al uso público, o a la utilidad de
los particulares.

Las servidumbres legales, relativas al uso público, son: el uso de las riberas en cuanto sea
necesario para la navegación a flote; y las demás determinadas por los reglamentos u
ordenanzas respectivas.”

Artículo 819 C. C. “Los dueños de las riberas serán obligados a dejar libre el espacio
necesario para la navegación o flote a la sirga, y tolerarán que los navegantes saquen sus
barcas y balsas a tierra, las aseguren a los árboles, las carenen, sequen sus velas, compren
los efectos que libremente quieran venderles, y vendan a los riberanos los suyos; pero sin
permiso del respectivo riberano y de la autoridad local no podrán establecer ventas
públicas. El propietario riberano no podrá cortar el árbol a que actualmente estuviere atada
una nave, barca o balsa.”

2°) Servidumbres legales de uso o interés privado.

Están prescritas en el artículo 820 C. C. y obedecen a regulaciones especiales y, aunque


en esta norma se refiere a ordenanzas de la policía rural, ésta no existe desde hace muchos
años; pero sí existen reglas especiales en esta materia en la Ley de La Propiedad y su
reglamento, Ley de Municipalidades y su reglamento, Ley Ambiental, entre otras.

Estas servidumbres son enumeradas por el precitado artículo, así: a) demarcación, b)


cerramiento, c) tránsito, d) medianería, e) acueducto, f) luz y g) vista.

Artículo 820 C. C. “Las servidumbres legales de la segunda especie son asimismo


determinadas por las ordenanzas de policía rural. Aquí se trata especialmente de las de
demarcación, cerramiento, tránsito, medianería, acueducto, luz y vista.”
108

a) Servidumbre de demarcación.

Consiste en el derecho del dueño de cualquier predio de naturaleza privada, a


realizar la actividad necesaria para la fijación de la línea divisoria o de separación
entre dos predios colindantes de diferentes dueños.

Esta tampoco es una verdadera servidumbre, pues es un derecho que tiene el


propietario para fijar los límites que lo separan de los predios colindantes. No hay
predio dominante ni sirviente. Y, por ser un derecho, cualquier dueño interesado en
la demarcación, podrá exigir a los dueños de los otros predios, a que concurran con
él en las expensas conducentes a tal finalidad.

El cerramiento comprende dos etapas: una intelectual o jurídica, consistente en la


identificación de la línea imaginaria que separa ambos predios; en la actualidad se
utilizan aparatos modernos para reconocer la línea imaginaria de separación, por
ejemplo, el GPS (Global Positionig System) que es un sistema satelital que se usa
para localizar posiciones inmóviles o en movimiento; y, una etapa material, que se
inicia una vez conocida la línea de separación, que implica la fijación de materiales
en el suelo tales como señales visibles que, comúnmente, se denominan mojones
o hitos.

Lo idóneo es que los dueños interesados colaboren como buenos vecinos en estos
menesteres, pero de no ser esto posible, la ley permite a quien pretende la
demarcación, requerir judicialmente a los vecinos para que concurran a ésta.

La ley prohíbe la remoción de mojones obligando al responsable a reponerlos a su


costa, y a pagar indemnización por los daños y perjuicios que hayan podido
ocasionarse, sin perjuicio de la responsabilidad penal. El derecho que fundamenta
este derecho es real, como real es la acción derivada de este derecho.

Hecha la demarcación se vuelve irreversible y deberá ser respetada por los


respectivos colindantes; de aquí la responsabilidad imputable al que, culposa o
dolosamente, remueva las señales o mojones que marcan los correspondientes
límites.

Artículo 821 C. C. “Todo dueño de un predio tiene derecho a que se fijen los límites que lo
separan de los predios colindantes, y podrá exigir a los respectivos dueños que concurran
a ello, haciéndose la demarcación a expensas comunes.”

Artículo 822 C. C. “Si se ha quitado de su lugar alguno de los mojones que deslindan predios
vecinos, el dueño del predio perjudicado tiene derecho para pedir que el que lo ha quitado
lo reponga a su costa, y le indemnice de los daños que de la remoción se le hubieren
originado, sin perjuicio de las penas con que las leyes castiguen el delito.”
109

b) Servidumbre de cerramiento.

Esta servidumbre comprende un derecho que tiene todo dueño de predio, de cerrar
con cercos, paredes, muros, fosos, o de cualquiera maneras, con los materiales y
en las dimensiones que quiera, siempre y cuando lo realice en su propio fundo y
bajo su propio costo, excepto en el caso de que, el dueño de un predio colindante,
por prescripción (de 10 años como en el caso de la prescripción adquisitiva del
dominio), o por cualquiera otro título, haya adquirido el derecho de usarlos.

Pero en el supuesto caso de que los dueños de los predios colindantes participen
en los gastos del cerramiento, y éste se realice sobre la línea divisoria, concurrirán
en los gastos de mantenimiento y reparación de las cercas, muros y paredes. El
cerramiento se puede convertir en una servidumbre de medianería, cuando acaecen
estas circunstancias.

Pero si un predio tiene la condición de sirviente, deberá respetar las servidumbres


constituidas a favor del predio dominante, lo que no representa, en la mayoría de
los casos, un impedimento para el cerramiento.

Artículo 823 C. C. “El dueño de un predio tiene derecho para cerrarlo o cercarlo por todas
las partes, sin perjuicio de las servidumbres constituidas a favor de otros predios.

El cerramiento podrá consistir en paredes, foso, cercas vivas o muertas.”

Artículo 824 C. C. “Si el dueño hace el cerramiento del predio a su costa y en su propio
terreno, podrá hacerlo de la calidad y dimensiones que quiera, y el propietario colindante
no podrá servirse de la pared, foso o cerca para ningún objeto, a no ser que haya adquirido
este derecho por título o por prescripción de diez años, contados como para la adquisición
del dominio.”

Artículo 825 C. C. “El dueño de un predio podrá obligar a los dueños de los predios
colindantes a que concurran a la construcción y reparación de cercas divisorias comunes.

El Juez, en caso necesario, reglará el modo y forma de la concurrencia; de manera que no


se imponga a ningún propietario un gravamen ruinoso.

La cerca divisoria construida a expensas comunes, estará sujeta a la servidumbre de


medianería.”
110

c) Servidumbre de tránsito.

La servidumbre de tránsito sí es una verdadera servidumbre, pues con ella sí se cumple


el requisito de la existencia de dos predios, uno sirviente y otro dominante. También es
conocida como servidumbre de paso solo que, la servidumbre de tránsito permite el
ensanchamiento de la vía para el paso de vehículos.

El predio sirviente ha de permitir, por disposición de la ley, que el dueño de un predio


que carece de salida a la vía pública por estar rodeado de otros predios o de obstáculos
insuperables, pueda tener acceso a ésta a través de alguno, o algunos, de los predios
vecinos, siempre y cuando fuere indispensable para su propia utilidad.

Naturalmente, el dueño del predio dominante tendrá la obligación de indemnizar al


dueño del predio sirviente, --o a los dueños de los predios sirvientas, si éstos son dos o
más--, pagándole el justo precio del terreno necesario para la instalación de la
servidumbre, o cualquiera otro perjuicio que pudiere ocasionársele. Debido a esta
circunstancia, el dueño del predio dominante procurará utilizar el menor espacio posible
para evitar un menor daño al predio sirviente, y evitar gastos más elevados.

En todo caso, si las partes involucradas no logran un acuerdo satisfactorio en cuanto a


la evaluación de la indemnización, ésta, al igual que el ejercicio mismo de la
servidumbre, podrá estipularse mediante el parecer de un perito, --o de más de uno si
hace falta--.

Se trata, pues, de una servidumbre positiva para el predio dominante, negativa, para el
predio sirviente, discontinua porque para su ejercicio se requiere un hecho del hombre,
aparente o inaparente, según el caso. Por regla general las servidumbres de tránsito
son aparente y, la gran mayoría de las de paso, son inaparentes.

Esta servidumbre podrá constituirse voluntariamente, cuando los dueños de los predios
vecinos acuerden lo relacionado con su constitución y sus expensas.

Artículo 826 C. C. “Si un predio se halla destituido de toda comunicación con el camino
público, por la interposición de otros predios, el dueño del primero tendrá derecho para
imponer a los otros la servidumbre de tránsito, en cuanto fuere indispensable para el uso y
beneficio de su predio, pagando el valor del terreno necesario para la servidumbre, y
resarciendo todo otro perjuicio.”

Artículo 827 C. C. “Si las partes no se convienen, se reglará por perito, tanto el importe de
la indemnización, como el ejercicio de la servidumbre.”
111

Requisitos para su constitución.

De conformidad con lo prescrito en los dos artículos precedentes, para el establecimiento


de la servidumbre de tránsito, deberán concurrir los siguientes requisitos:

1°) El predio dominante debe carecer de toda comunicación con la vía pública, o cuando la
única existente esté afectada por obstáculos insuperables o excesivamente gravosos y
desproporcionados, sobre todo para el dueño del predio dominante que tiene que correr
con las expensas de constitución.

2°) Que la vía de acceso al camino público sea necesario para el uso y beneficio del predio
dominante.

3°) Que la indemnización deberá ser pagada con anterioridad a su constitución, sin perjuicio
de las siguientes excepciones: a) si el dueño del predio dominante adquiere algún terreno
vecino que le permita acceder a la vía pública, sin usar la servidumbre antes constituida,
podrá el dueño del predio sirviente evitar la servidumbre, siempre que restituya el valor
recibido por parte del dueño del predio dominante; y, b) si se enajena parte del predio
sirviente, o se adjudica o individualiza a favor de algún comunero, y esa parte queda sin
acceso a la vía pública, se entenderá concedida al nuevo dueño, o al adjudicatario, la
servidumbre de tránsito en forma gratuita.

Artículo 828 C. C. “Si concedida la servidumbre de tránsito, en conformidad a los artículos


precedentes, llega a no ser indispensable para el predio dominante, por la adquisición de
terrenos que le dan un acceso cómodo al camino, o por otro medio, el dueño del predio
sirviente tendrá derecho para pedir que se le exonere de la servidumbre, restituyendo lo
que, al establecerse ésta, se le hubiere pagado por el valor del terreno.”

Artículo 829 C. C. “Si se vende o permuta alguna parte de un predio, o si es adjudicada a


cualquiera de los que lo poseían proindiviso, y en consecuencia esta parte viene a quedar
separada del camino, se entenderá concedida a favor de ella una servidumbre de tránsito,
sin indemnización alguna.”

d) Servidumbre de medianería.

Concepto.

El concepto de servidumbre de medianería contenido en el artículo 830 C. C., es copia


textual del contenido en el artículo 851 del Código Civil español. Se origina comúnmente de
la servidumbre de cerramiento, cuando las paredes, muros, tapias, etc., son copropiedad
112

de los dueños de los predios que la constituyeron a expensas de sus respectivos dueños.
Esta es razón suficiente para que la doctrina no la considere una verdadera servidumbre,
pues no constituye el beneficio de un predio en detrimento de otro, ya que los beneficios de
la medianería favorecen a ambos predios. En consecuencia, los actos que pueden ser
ejecutados, por los propietarios de ambos predios, sobre las paredes, muros, fosas o tapias,
son consecuencia de su derecho de propiedad del que son titulares.

Esta especie de servidumbre genera innumerables controversias para los copropietarios de


las construcciones medianeras, verbigracia: cuando en la pared existan ventanas o huecos;
cuando en uno de los predios existan construcciones que ejerzan una presión
desproporcionada sobre la pared; cuando existan inclinaciones notables de la pared hacia
uno de los predios; por citar algunos de estos inconvenientes.

Es generalmente aceptado por la doctrina, que el elemento esencial de esta servidumbre


radica en que el elemento separador, --paredes, fosos, muros, etc.--, sea común a ambos
fundos; no hay medianería si el dueño de un fundo levanta el elemento material en su propio
predio; o cuando ambos dueños levantan sus propias paredes, aunque queden adosadas
entre sí. La medianería crea el derecho de los propietarios de los predios ubicados a uno y
otro lados de las paredes u otras construcciones, sobre éstas, constituyéndose como sus
copropietarios, lo que implica una correlación de derechos y obligaciones entre ellos.

El hecho de que la ley considere la medianería como una servidumbre legal, no significa
que exista obligación alguna para constituirla, pero de llegarse a constituir, la ley prescribe
la manera de hacerlo y las consecuencias de su constitución, sobre todo en lo que respecta
a su ejercicio, que implica un régimen de derechos y obligaciones impuestos por la ley.
Leyes especiales, reglamentos, ordenanzas y usos locales, son de trascendental
importancia para determinar el régimen de la medianería.

Artículo 830 C. C. “La medianería es una servidumbre legal en virtud de la cual los dueños
de dos predios vecinos que tiene paredes, fosos o cercas divisorias comunes, están sujetos
a las obligaciones recíprocas que van a expresarse.”

Requisitos.

La ley impone derechos y obligaciones sobre la servidumbre de medianería, sólo cuando


ésta se considera constituida. Para que haya medianería, nuestro código establece los
siguientes requisitos:

1º.) Que exista una señal externa como una pared, tapia, foso o cerca construida entre dos
predios o edificaciones contiguas, a expensas de sus respectivos dueños, ya sea por común
acuerdo, o por decreto judicial, y que se hayan construido sobre la línea de demarcación.
113

2º.) Que la pared, tapial, foso o cerca, pertenezca exclusivamente al dueño de un predio,
pero el dueño del predio vecino pretenda el derecho a la medianería parcial o totalmente.
En este caso, tendrá que pagar la mitad del precio del terreno sobre el que se construyeron
éstas, así como la mitad de los costos de construcción por la parte que pretende hacer
medianera, o por el total de la obra, en su caso.

Artículo 831C. C. “Existe el derecho de medianera para cada uno de los dueños
colindantes, cuando consta o por alguna señal parece que han hecho el cerramiento de
acuerdo y a expensas comunes.”

Artículo 833 C. C. “En todos los casos, y aun cuando conste que una cerca o pared divisoria
pertenece exclusivamente a uno de los predios contiguos, el dueño del otro predio tendrá
el derecho de hacerla medianera en todo o en parte, aun sin el consentimiento de su vecino,
pagándole la mitad del valor del terreno en que esta echo el cerramiento, y la mitad del
valor actual de la porción de cerramiento cuya medianera pretende.”

Presunción de medianería.

La medianería, por regla general, consta en un título declarativo, como un contrato, en


donde los dueños de cada predio colindante acreditan que, el cerramiento, lo hicieron de
común acuerdo y con gastos compartidos; o mediante sentencia judicial que declare la
medianería; también se prueba mediante un título traslaticio en cuyo instrumento público se
hace constar, que el dueño de dos terrenos enajena uno de ellos mencionando la existencia
de una pared, tapial o cerca medianera.

Pero cuando no hay constancia que acredite quién hizo el cerramiento, la medianería se
establece por presunción legal (iuris tantum), que admite prueba en contrario, en los
siguientes casos:

• Cuando exista una señal, --pared, tapial, muro, etc.--, que aparente haber sido
construida por ambos colindantes, por ejemplo, la pared divisoria entre dos edificios
contiguos, hasta un punto común de elevación.

• Cuando existan paredes divisorias de jardines y corrales.

• Si hay cercos, árboles y setos que dividen predios rústicos.


114

Artículo 832 C. C. “Toda pared de separación entre dos edificios, se presume medianera,
pero solo en la parte que fuere común a los edificios mismos.

Se presume medianero todo cerramiento entre córrales, jardines y campos, cuando cada
una de las superficies contiguas este cerrada por todos lados; si una sola está cerrada de
este modo, se presume que el cerramiento le pertenece exclusivamente.”

Derechos que otorga la medianería.

Los dueños de los predios colindantes tienen la calidad de comuneros sobre la construcción
medianera y, como tales, quedan dentro de un régimen de derechos y obligaciones
recíprocas que se originan de la comunidad de bienes. Estos se contraen a lo siguiente:

1°) Derecho a edificar sobre la pared medianera. Se trata del derecho de cualquiera de los
condueños de la pared medianera, para edificar sobre ella, o utilizarla de sostén de una
nueva edificación; para ello será necesaria la autorización del otro condueño; pero en el
caso de no autorizar la obra nueva, tendrá que solicitar la autorización judicial a través de
pretensiones posesorias especiales, esto es: juicios sumarios por la vía del proceso
abreviado (artículo 400 No.1 b C Procesal Civil).

2°) Derecho a introducir maderos en la pared medianera. Esta práctica está limitada por
reglamentos y ordenanzas que determinan las formas lícitas de edificar sobre las paredes
medianeras, tales como la Normas de Actualización de la Zonificación y normas de
fraccionamiento, obras y uso del suelo en el Distrito Central, el Código de Construcción,
Ley de Municipalidades y su Reglamento, Ley de Metroplán, entre otras.

3°) Derecho a elevar la pared medianera, siempre que lo permitan las ordenanzas
generales o locales que se contraen a lo siguiente: a) El costo de la obra corre por cuenta
del que la construye; b) Pago de indemnización al condueño de la pared medianera: sexta
parte calculada sobre el valor de la obra; c) gastos por mejoras necesarias para el soporte
de las nuevas construcciones; d) derecho del condueño de la pared, para constituirse
también en condueño de la nueva obra, siempre que pague la indemnización
correspondiente que comprende la mitad del valor del terreno y la mitad del valor de la obra.

Obligaciones recíprocas:

Existiendo derechos entre los comuneros, necesariamente hay obligaciones correlativas,


sin embargo, también existe la posibilidad de exonerarse de algunas de ellas.

Ya mencionamos la posibilidad de que ambos condueños corran proporcionalmente con las


expensas de construcción de las señales medianeras, es decir; a prorrata de sus
respectivos derechos; pero si la pared fue construida sobre el predio de uno de ellos, y el
vecino no necesita de la pared, quedará exonerado de toda indemnización, siempre que la
pared no esté sosteniendo una edificación propia.

Pero cada uno de los dueños de los predios colindantes, tienen la obligación de observar
las ordenanzas generales y locales, en lo que respecta a caballerizas, letrinas, caballerizas,
115

chimeneas o todo tipo de obras que puedan resultar perjudiciales y hasta peligrosas para
las servidumbres y edificios.

Árboles medianeros.

Se presumen medianeros todos los árboles o setos vivos que existan naturalmente, o que
hayan sido plantados, que se encuentren sobre la línea de demarcación entre dos predios
vecinos, podrán ser derribados previo permiso de autoridad competente, siempre que se
acredite que su permanencia pone en peligro personas o bienes; el interesado correrá con
las expensas correspondientes.

Artículo 834 C. C. “Cualquiera de los dos (2) condueños que quiera servirse de la pared
medianera para edificar sobre ella o hacerla sostener el peso de una construcción nueva,
debe solicitar primero el consentimiento de su vecino, y si éste lo rehúsa, provocará un
juicio práctico en que se dicten las medidas necesarias para que la nueva construcción no
dañe al vecino.

En circunstancias ordinarias se entenderá que cualquiera de los condueños de una


pared medianeras puede edificar sobre ella introduciendo madero hasta la distancia de
diez (10) centímetros de la superficie opuesta; y que, si el vecino quiere por su parte
introducir maderos en el mismo paraje o hacer una chimenea, tendrá el derecho de
recortar los maderos de su vecino hasta el medio de la pared, sin dislocarlos.”

Artículo 835 C. C. “Si se trata de pozos, letrinas, caballerizas, chimeneas, hogares, fraguas,
hornos u otras obras de que pueda resultar daño a los edificios o heredades vecinas,
deberán observarse las reglas prescritas por las ordenanzas generales o locales, ora sea
medianera o no, la pared divisoria. Lo mismo se aplica a los depósitos de pólvora, de
materias húmedas o infectas, y de todo lo que pueda dañar a la solidez, seguridad y
salubridad de los edificios.”

Artículo 836 C. C. “Cualquiera de los condueños tiene el derecho de elevar la pared


medianera, en cuanto lo permitan las ordenanzas generales o locales, sujetándose a las
reglas siguientes:

1. La nueva obra será enteramente a su costa.

2. Pagará al vecino a título de indemnización por el aumento de peso que va a cargar sobre
la pared medianera, la sexta parte de lo que valga la obra nueva.

3. Pagará la misma indemnización todas las veces que se trate de reconstruir la pared
medianera

4. Será obligado a elevar a su costa las chimeneas del vecino, situadas en la pared
medianera.
116

5. Si la pared medianera no es bastante sólida para soportar el aumento de peso, la


reconstruirá a su costa, indemnizando al vecino por la remoción y reposición de todo lo que
por el lado de este cargaba sobre la pared o estaba pegado a ella.

6. Si reconstruyendo la pared medianera fuere necesario aumentar su espesor, se tomará


este aumento sobre el terreno del que construya la obra nueva.

7. El vecino podrá en todo tiempo adquirir la medianería de la parte nuevamente levantada,


pagando la mitad del costo total de ésta, y el valor de la mitad del terreno sobre que se haya
extendido la pared medianera, según el párrafo anterior.

Artículo 837 C. C. “Las expensas de construcción, conservación y reparación del


cerramiento, serán a cargo de todos los que tengan derecho de propiedad en él, a prorrata
de los respectivos derechos.

Sin embargo, podrá cualquiera de ellos exonerarse de este cargo abandonando su derecho
de medianería, pero solo cuando el cerramiento no consista en una pared que sostenga un
edificio de su pertenencia.”

Artículo 838 C. C. “Los árboles que se encuentran en la cerca medianera, son igualmente
medianeros; y lo mismo se extiende a los árboles cuyo tronco está en la línea divisoria de
dos heredades, aunque no haya cerramiento intermedio.

Cualquiera de los dos condueños puede exigir que se derriben dichos árboles, probando
que de algún modo le dañan; y si por algún accidente se destruyen, no se repondrán sin su
consentimiento.”

Ordenanzas especiales relativa a la medianería.

Hay signos exteriores contrarios a la servidumbre de medianería que, será necesario tomar
en consideración, para evitar conflictos que tienen que ver con el ejercicio de esta
servidumbre.

Existen ordenanzas especiales para la sostenibilidad, innovación y calidad de edificación


que deben observarse:

1°) No hay medianería, cuando se abren ventanales o huecos en las paredes divisorias.

2°) Cuando la pared se incline sobre la línea de demarcación hacia el predio vecino.

3°) Cuando existan caballetes para evacuar aguas lluvias y éstas viertan sobre la propiedad
vecina.

4°) Cuando la pared o cerca construida en la demarcación de una heredad, sea construida
con materiales diferentes que la pared o cerca vecina.
117

Esto para citar algunas limitaciones al ejercicio de la servidumbre de medianería,


contenidas en ordenanzas generales y especiales y, en nuestro caso, por la ley de
Municipalidades y su Reglamento, la Ley de Urbanismo, la Ley de Metroplán, entre otras.

e) Servidumbre de acueducto.

En este caso sí hay una verdadera servidumbre con la novedad de que, por regla general,
ninguno de los predios, ni el dominante, ni el sirviente, son dueños del agua que corre por
el acueducto, pues éstas tienen su origen en la naturaleza y, por consiguiente, son bienes
nacionales de uso público que, de conformidad con los requisitos prescritos por la ley,
corren por un sistema de conductos, denominados acueductos, que conducen el agua para
satisfacer las necesidades de un poblado. En este sentido, todos los predios sobre los
cuáles se ha construido el sistema, tienen la condición de predio sirviente; pero cuando el
conducto sólo se construye sobre un predio para abastecer de agua a otro predio que la
necesita, éste será el predio dominante.

El predio dominante y el sirviente no necesariamente tienen que ser vecinos inmediatos,


como en el caso de la servidumbre de tránsito.

1.- Concepto.

Nuestro Código Civil no define lo que es la servidumbre de acueducto pero, de acuerdo con
las normas que la regulan, son perfectamente compatibles con los conceptos doctrinales
que, por extensión, también obedecen a objetivos diferentes.

Así, el siguiente concepto, es congruente con la normativa establecida: “La servidumbre de


acueducto consiste en el derecho que pertenece al propietario de un predio, para tener un
acueducto sobre un fundo perteneciente a otro propietario”

El predio dominante es el que cuenta con el derecho de construir un canal o conducto a


través del predio sirviente, para conducir el agua procedente de fuentes naturales, en la
cuantía necesaria, para abastecer al predio o a la industria existente sobre ésta. Pero,
también, cuando son poblaciones las que se benefician del agua.

Las aguas susceptibles de aprovechamiento son corrientes naturales comprendidas entre


los bienes públicos, o bienes nacionales de uso público que pertenecen a toda la nación, y
cuyo uso y goce nos pertenece a todos. Sin embargo, en virtud de un derecho de
aprovechamiento por el dueño de un predio privado, debidamente autorizado por la ley,
convierte dicho predio en dominante, en perjuicio del predio que debe permitirle que el
conducto o canal de conducción del agua, se construya sobre él, convirtiéndole en predio
sirviente.

Esta servidumbre es positiva, continua, algunas veces aparente y, otras, inaparente, como
los tubos y cañerías subterráneas.
118

2.- Características:

Son características propias de la servidumbre de acueducto:

• La existencia de un predio dominante, como aquél que carece de agua necesaria


para sus cultivos de plantaciones o sementeras, o un pueblo para llenar las
necesidades de sus habitantes, o un establecimiento industrial o comercial para su
producción y actividad mercantil.

• Que haya un predio sirviente, esto es: la heredad que debe soportar, por imposición
de la ley, la construcción del acueducto. Se exceptúan los patios, corrales, jardines
y huertas, que pertenecen a las casas.

• La necesidad del uso del agua, o de la cuantía de ella, cuando la existente no sea
suficiente para las necesidades de riego o industria del predio dominante.

• El derecho a disponer lícitamente del agua que se pretende conducir.

• El pago del valor del terreno que ocupa el acueducto y el de los espacios laterales
anexos al acueducto de, por lo menos, de un metro de anchura, que podrá ser mayor
si así lo dispone el Juez, más un diez por ciento (10%) calculado sobre el valor de
dichos espacios.

• Y, si el caso lo amerita, el pago de la indemnización por los daños y perjuicios


causados sobre el predio sirviente, por derrame y filtraciones que, por defectos de
construcción o negligencia, puedan ocasionarse sobre éste.

Artículo 839 C. C. “Las mercedes de aguas que se conceden por autoridad competente, se
entenderán sin perjuicio de derechos anteriormente adquiridos en ellas.”

.
Artículo 840 C. C. “Toda heredad está sujeta a la servidumbre de acueducto en favor de
otra heredad que carezca de las aguas necesarias para el cultivo de sementeras,
plantaciones o pastos, o en favor de un pueblo que las haya menester para el servicio
doméstico de los habitantes, o en favor de un establecimiento industrial que las necesite
para el movimiento de sus máquinas.

Esta servidumbre consiste en que puedan conducirse las aguas por la heredad sirviente a
expensas del interesado; y está sujeta a las reglas que van a expresarse.”

Artículo 841 C. C. “Las casas y los corrales, patios, huertas y jardines que de ellas
dependan, no están sujetos a la servidumbre de acueducto.”

Artículo 844 C. C. “El dueño de la heredad sirviente tendrá derecho para que se le pague
el precio de todo el terreno que ocupa el acueducto y el de un espacio a cada uno de los
119

costados que no baje de un metro de anchura, con más de un diez (1/10) por ciento sobre
la suma total de esos precios, fuera de la debida indemnización de los daños inmediatos.

Llegado el caso, tendrá también derecho para que se le indemnice el daño ocasionado por
las filtraciones y derrames que puedan imputarse a defectos de construcción del
acueducto.”

3.- Conducción de las aguas.

Una cosa es el acueducto y, otra, las normas que regulan la conducción de las aguas. Estas
últimas se contraen a lo siguiente:

• El agua debe correr libremente por el conducto construido para tal efecto, sin permitir
derrames ni filtraciones, estancamientos o acumulación de basura, que ponga en
peligro al predio sirviente en lo que respecta a sus propios cultivos, sementeras o
plantaciones.

• Se procurará que el agua descienda naturalmente con un rumbo adecuado, de


manera que el terreno sirviente no resulte tan afectado, pero que tampoco resulten
tan costosos los gastos de construcción del acueducto.

• El rumbo más corto se presumirá, salvo prueba en contrario, como el menos


perjudicial para el predio sirviente, y menos oneroso para el predio dominante.

• En caso de controversias, el Juez procurará lo conducente, tratando siempre de


conciliar los intereses de los propietarios de ambos predios. Pero en caso de dudas,
el Juez decidirá en favor del predio sirviente.

Artículo 842 C. C. “Se hará la conducción de las aguas por un acueducto que no permita
derrames; en que no se deje estancar el agua ni acumular basuras; y que tenga de trecho
en trecho los puentes necesarios para la cómoda administración y cultivo de las heredades
sirvientes.”

Artículo 843 C. C. “El derecho de acueducto comprende el de llevarlo por un rumbo que
permita el libre descenso de las aguas, y que por la naturaleza del suelo no haga
excesivamente dispendiosa la obra.

Verificadas estas condiciones, se llevará el acueducto por el rumbo que menos perjuicio
ocasione a los terrenos cultivados.

El rumbo más corto se mirará como el menos perjudicial a la heredad sirviente, y el menos
costoso al interesado, si no se probare lo contrario.

El Juez conciliará en lo posible los intereses de las partes, y en los puntos dudosos decidirá
a favor de las heredades sirvientes.”
120

4.- Derechos y obligaciones.

Sabemos que los derechos y obligaciones de los dueños de los predios son correlativos, lo
que significa que, al derecho de uno, corresponde la obligación del otro. Podemos señalar
que éstos se contraen a lo siguiente:

• El dueño del predio dominante tiene derecho a ingresar, él y sus trabajadores, al


predio sirviente a efectos de darle el mantenimiento adecuado al acueducto; esto
implica la obligación del dueño del predio sirviente de permitir esas acciones; pero
este último puede limitar esos ingresos a lo estrictamente necesario.

• El dueño del predio dominante tiene derecho de nombrar un inspector o cuidador


para que, previa autorización, ingrese a inspeccionar el acueducto y su
funcionamiento; pero el dueño del predio sirviente puede limitar esos ingresos para
lo estrictamente necesario; en todo caso, el Juez competente podrá resolver los
conflictos que se susciten sobre los dueños de ambos predios.

• El dueño del predio dominante tiene derecho a impedir que el dueño del predio
sirviente siembre, plante o construya obras en los espacios laterales al conducto.

• En caso de abandono del acueducto por parte del dueño del predio dominante, el
dueño del predio sirviente tendrá el derecho de recuperar el terreno que ésta
ocupaba, siempre y cuando restituya el valor del terreno, pero sin el diez por ciento
(10%) que se pagó adicionalmente.

Artículo 845 C. C. “El dueño del predio sirviente es obligado a permitir la entrada de
trabajadores para la limpia y reparación del acueducto, con tal que se de aviso previo al
administrador del predio.

Es obligado asimismo a permitir, con este aviso previo, la entrada de un inspector, o


cuidador; pero sólo de tiempo en tiempo, o con la frecuencia que el Juez, en caso de
discordia, y atendidas las circunstancias, determinare.”

Artículo 846 C. C. “El dueño del acueducto podrá impedir toda plantación u obra nueva en
el espacio lateral de que habla el Artículo 844.”

Artículo 850 C. C. “Abandonado un acueducto, vuelve el terreno a la propiedad y uso


exclusivo del dueño de la heredad sirviente, que solo será obligado a restituir lo que se le
pago por el valor del suelo.”

5.- Servidumbres anexas al acueducto.


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Llamamos así a ciertas servidumbres que se hacen necesarias para el ejercicio de la


servidumbre de acueducto. Se trata de la servidumbre de desagüe y a la servidumbre de
drenaje. Ambas también afectan al predio sirviente en beneficio del predio dominante.

La servidumbre de desagüe consiste en el derecho del dueño del predio dominante, de


verter las aguas sobrantes de un predio agrícola o industria, sin perjuicio de la
indemnización de daños que puedan causar sobre los propios cultivos o plantaciones del
predio sirviente.

La servidumbre de drenaje comprende el proceso de extracción o eliminación de la


humedad del terreno del predio dominante o la formación de pantanos, sin perjuicio de las
indemnizaciones que deberá honrar, como consecuencia de los daños que eventualmente
ocurran sobre el predio sirviente.

Artículo 848 C. C. “Si el que tiene un acueducto en heredad ajena quisiere introducir
mayor volumen de agua en él, podrá hacerlo, indemnizando de todo perjuicio a la
heredad sirviente. Y si para ello fueren necesarias nuevas obras, se observará respecto
a estas lo dispuesto en el Artículo 844.”

Artículo 849 C. C. “Las reglas establecidas para la servidumbre de acueducto se


extienden a los que se construyen para dar salida y dirección a las aguas sobrantes, y
para desecar pantanos y filtraciones naturales por medio de zanjas y canales de
desagüe.

f) Servidumbre de luz.

Debe entenderse por luz toda ventana, hueco o espacio destinado a proporcionar luz o aire,
a locales cerrados o techados, o en una pared no medianera. De esta circunstancia se
deriva la servidumbre de luz.

1) Concepto.

Esta servidumbre está definida en el artículo 852 C. C., que señala que hay servidumbre
legal de luz cuando el dueño de una pared, no medianera, impone la obligación al predio
sirviente, de permitir la apertura de ventanas, huecos o claraboyas que le proporcione luz y
claridad a su vivienda. Sin embargo, para ello será necesario observar las condiciones que
la ley prescribe para la protección del predio sirviente, a efecto de no afectar a este forma
desproporcionada.

Estas condiciones están descritas en los numerales 1 y 2 del precitado artículo.


122

Artículo 852 C. C. “La servidumbre legal de luz consiste en que el dueño de una pared
divisoria, no medianera, pueda abrir ventanas o claraboyas para dar luz a su vivienda,
sujetándose en favor del predio vecino a las condiciones siguientes:

1. Las ventanas o troneras estarán guarnecidas de rejas de hierro y de una red de alambre,
cuyas mayas tengan a lo más seis (6) centímetros de abertura.

2. La parte inferior de las ventanas o troneras distará del piso de la vivienda a la cual se
quiera dar luz, no menos de dos metros cincuenta (50) centímetros.”

Limitaciones.

El dueño del predio dominante tiene prohibido realizar las aperturas referidas, en una pared
medianera, a menos que cuente con la autorización del condueño de dicha pared, lo que
implica que la servidumbre de luz se convierta en voluntaria. De igual modo, el dueño del
predio sirviente puede levantar las paredes que le pertenecen, o construir sobre su predio,
cualquiera construcción que le impida la entrada de luz.

Esta breve explicación se muestra suficiente para explicar loa artículos que regulan esta
clase de servidumbre.

Artículo 853 C. C. “No se puede abrir ventana o tronera de ninguna clase en una pared
medianera, sin consentimiento del condueño.”

Artículo 854 C. C. “El que goza de la servidumbre de luz no tendrá derecho para impedir
que en el suelo vecino se levante una pared que le quite la luz.”

Artículo 855 C. C. “Si la pared divisoria llega a ser medianera, cesa la servidumbre legal de
luz, y solo tiene cabida la voluntaria, determinada por mutuo consentimiento de ambos
dueños.”

g) Servidumbre de vista.

Esta servidumbre consiste en la imposición legal que prohíbe al predio sirviente la apertura
de ventanas, voladizos, miradores o balcones, en sus propias edificaciones, que perturben
al predio dominante por cuanto le permitirían luz, claridad, aire y, también, el avistamiento
o asomo hacia el predio dominante, a menos que se construyan, al menos, a tres metros
de distancia, medidos a partir de la línea más sobresaliente del balcón, ventana, mirador,
etc., y el plano vertical de la línea divisoria de los dos predios, ambos de planos paralelos,
no siéndolo, se aplicará la misma medida a la menor distancia entre ellos.

Hay que quedar entendidos, que el predio sirviente es el que soporta las limitaciones y, el
dominante, el que se beneficia de la falta de avistamiento hacia la intimidad de su casa,
habitaciones, tendederos, etc.
123

Artículo 856 C. C. “No se pueden tener ventanas, balcones, miradores o azoteas que
den vista a las habitaciones, patios o corrales de un predio vecino, cerrado o no, a
menos de tres metros de distancia.

La distancia se medirá entre el plano vertical de la línea más sobresaliente de la


ventana, balcón, etc., y el plano vertical de la línea divisoria de los dos (2) predios,
siendo ambos planos paralelos. No siendo paralelos los dos (2) planos, se aplicará la
misma medida a la menor distancia entre ellos.”

8.7.3.3.- Servidumbres voluntarias.

El punto toral de este tipo de servidumbres descansa en el derecho individual de todo


hombre de poder hacer lo que no perjudique a otro, no estar obligado a hacer lo que no
estuviere legalmente prescrito, ni impedido de ejecutar lo que la Ley no prohíbe. El
principio de la autonomía de la voluntad es el fundamento de este derecho.

En el caso de las servidumbres, todo dueño de una finca o heredad tiene derecho de
establecer las servidumbres que estime pertinentes, de la manera que le sea
conveniente, siempre y cuando no actúe al margen de la ley. Quien constituye una
servidumbre deberá hacerlo mediante escritura pública, por ser este un requisito
ineludible para la validez de los actos y contratos que se llevan a efecto respecto a
bienes inmuebles y los derechos reales constituidos sobre ellos.

1.- Concepto:

Como consecuencia de lo anterior, las servidumbres voluntarias son aquellas que se


constituyen por hechos del hombre, a diferencia de las que se originan por la situación
natural de los predios, o por mandato de la ley.

Se definen como las servidumbres que se establecen por la voluntad de sus dueños,
con tal de que no se transgredan las leyes, ni se atente contra el orden público. Pueden
depender de la creatividad humana, aunque no estén reguladas por la ley e, inclusive,
pueden derivarse de servidumbres legales cuando así lo permitan las leyes. Inclusive
puede depender su constitución de una sentencia judicial.

Artículo 858 C. C. “Cada cual podrá sujetar su predio a las servidumbres que quiera, y
adquirirlas sobre los predios vecinos con la voluntad de sus dueños, con tal que no se
contravenga a las leyes, ni a las disposiciones de orden público.

Las servidumbres de esta especie pueden también adquirirse por sentencia de Juez en
los casos previstos por las leyes.”
124

2.- Su constitución.

Según el Código Civil, el acto constitutivo que determina el origen de estas servidumbres
puede ser:

a) El título: que comprende el acto jurídico que determina el nacimiento de derechos y


obligaciones que queda consignado en un documento. Podrá originarse en virtud de
un acto entre vivos, como un contrato, o de un acto por causa de muerte, como el
testamento. De aquí que el acto constitutivo puede ser un contrato o un testamento,
oneroso porque grava el patrimonio de los dueños de ambos predios (dominante o
sirviente), como la compraventa, o gratuito como la donación.

En todo caso, las servidumbres voluntarias discontinuas y las continuas inaparentes,


sólo podrán constituirse mediante un título. No pueden adquirirse por prescripción.
Las continuas aparentes pueden adquirirse por título o por prescripción pasados
diez años contados como para la adquisición del dominio.

Por otra parte, como se trata de un derecho real que se constituye sobre un bien
inmueble, debe constar en instrumento público autorizado por Notario o por
funcionario competente, y deberá ser inscrito en el Instituto de la Propiedad.

b) Reconocimiento expreso del dueño del predio sirviente (supleción del título), lo que
hace innecesario el título para la constitución de la servidumbre. Este
reconocimiento puede estar contenido en un documento escrito en donde hace
constar su voluntad para constituir la servidumbre; o, también mediante declaración
judicial en donde manifiesta su voluntad de establecerla. En el reconocimiento
deberán precisarse los elementos de la servidumbre que se está constituyendo.

c) Por destinación del padre de familia. Cuando el dueño de dos predios contiguos
diferentes establece entre ellos un servicio que se consideraría como servidumbre
si fueran de diferentes dueños. Mientras los inmuebles no cambien de dueño, no
habrá servidumbre: pero si a futuro se enajenara uno de los predios, o se practicara
una partición de bienes, ésta quedaría constituida de pleno derecho, adquiriendo la
calidad de servidumbre el servicio constituido por el propietario original, a menos
que otra cosa se estipulara. En otras palabras, el dueño original será quien
determine la servidumbre y la calidad de predio dominante y predio sirviente, cuando
no lo señale expresamente en el título mediante el cual transfiera, o transmita, el
derecho de propiedad.

Si el dueño de los dos predios construye un servicio de acueducto a través de los


predios que le pertenecen y, posteriormente, vende uno, o ambos, a otra u otras
125

personas, el servicio de acueducto se convierte en servidumbre de acueducto


(discontinua aparente), quedando alguno de los predios, o parte de ambos,
tácitamente, como predio sirviente, total o parcialmente, o como predio dominante.

Se entenderá que hay destinación del padre de familia siempre que el mismo dueño
constituya el servicio que posteriormente se convertirá en servidumbre, pero si éste
es obra de otra persona, como un usufructuario o un usuario, o por tercera persona,
no habrá constitución por destinación.

En resumen, para que se constituya este tipo de servidumbre, se requiere:

• Que los fundos, actualmente separados, hayan pertenecido al mismo dueño.


• Que el servicio sea obra del propietario, sólo él puede hacer destinación del
padre de familia.
• Debe tratarse de un servicio continuo y aparente; sólo este tipo de servicio
permite suponer la voluntad de mantener las cosas en el estado anterior.
• Ya sea por partición o enajenación, incluso por prescripción extintiva, alguno
o ambos fundos pasen a distintos dueños.
• Que, en la partición o enajenación, nada se haya dicho respecto de la
servidumbre, porque si en ese acto se menciona, la servidumbre queda
constituida por un título.

Artículo 862 C. C. “El título constitutivo de servidumbre puede suplirse por el reconocimiento
expreso del dueño del predio sirviente.

La destinación anterior, según el Artículo 860, puede también servir de título.”

Artículo 860 C. C. “Si el dueño de un predio establece un servicio continuo y aparente


en favor de otro predio que también le pertenece, y enajena después uno de ellos, o
pasan a ser de diversos dueños por partición, subsistirá el mismo servicio con el
carácter de servidumbre entre los dos predios, a menos que en el título constitutivo de
la enajenación o de la partición se haya establecido expresamente otra cosa.”

Artículo 861 C. C. Las servidumbres discontinuas de todas clases y las servidumbres


continuas inaparentes sólo pueden adquirirse por medio de un título; ni aun el goce
inmemorial bastara para constituirlas.

Las servidumbres continuas y aparentes pueden adquirirse por título, o por prescripción
de diez (10) años, contados como para la adquisición del dominio de los fundos.”
126

d) Por sentencia judicial. En los casos de partición judicial, el Juez partidor establecerá
la conformación de la servidumbre, tal y como lo señala el artículo 1247 No.5 C. C.

En este caso, la servidumbre deja de ser voluntaria, pues la impone el decreto


judicial.

3.- Régimen de derechos y obligaciones.

El título, supleción del título por reconocimiento expreso del dueño del predio sirviente, la
destinación del padre de familia, la sentencia judicial y la prescripción, son las formas de
constitución de las servidumbres voluntarias; en ellas se consideran todos los estamentos
relacionados con su ejercicio, el carácter de predio dominante y predio sirviente, su
extensión en el tiempo y en el espacio, etc.

Artículo 863 C. C. “El título o la posesión de la servidumbre por el tiempo señalado en el


Artículo 861, determina los derechos del predio dominante y las obligaciones del predio
sirviente.”

8.7.3.4.- Extinción de las servidumbres.

Siendo las servidumbres limitaciones al derecho de propiedad, su existencia se presume


perpetua, como perpetuo es el derecho de propiedad. Sin embargo, en lo que respecta a
las servidumbres voluntarias, estas podrán tener la duración que los dueños de los predios
contratantes, o la voluntad del testador, hayan dispuesto. Pero en el caso de la servidumbre
de escurrimiento y descenso de las aguas que corren naturalmente favoreciendo a los
predios riberanos, por el beneficio social que prestan a éstas y a la población en general,
se convierten en intransferibles, intransmisibles, perpetuas e imprescriptibles.

Tomando en consideración las características de las diferentes clase de servidumbres,


nuestro Código Civil nos señala como causales de extinción, las siguientes:

1) En las voluntarias: por la resolución del derecho del que las ha constituido. La
resolución del derecho se puede producir de pleno derecho, si se ha pactado una
condición resolutoria y ésta llega a ocurrir o, mediante decreto judicial, cuando exista
incumplimiento de las obligaciones contractuales.
127

2) Por la llegada del día o de la condición; cuando se ha establecido un plazo extintivo


o ha acontecido alguna condición. También esto solo es posible en las voluntarias.

3) Por confusión de derechos, cuando se produce la reunión perfecta e irrevocable del


derecho de propiedad del predio sirviente y del predio dominante en una sola
persona. Por ejemplo, si el dueño del predio dominante adquiere el dominio del
predio sirviente, o viceversa; o, en el caso de la disolución de la sociedad conyugal
cuando el predio proindiviso se le adjudica a uno de los excónyuges, o al viudo o
viuda en algún caso de sucesión por causa de muerte.

Si el dueño de ambos predios enajena uno o ambos predios, no por eso revive la
servidumbre; en todo caso tendría que volverse a constituir por alguna de las formas
que permite la ley, empero, como excepción, en el caso de la constitución de
servidumbres voluntarias por destinación (860 C. C.), podría convertirse el servicio
que aún exista, nuevamente en servidumbre.

4) Por la renuncia al beneficio por parte del predio dominante. Esta puede ser expresa
o tácita; esta última, cuando el dueño del predio dominante autoriza al dueño del
predio sirviente a levantar obras que impidan el ejercicio de la servidumbre, como
construir una casa en la mitad de la calle que sirve de tránsito.

5) Por prescripción, cuando ha dejado de gozarse por parte del predio sirviente durante
diez años contado a partir del día en que dejaron de usarse, en las discontinuas, o
a partir de que se haya realizado un acto contrario a su ejercicio, en las continuas.

Reiteramos que, en el caso de las servidumbres naturales de interés público, dada la


importancia que revisten en función del bienestar general, representan una limitación al
derecho de propiedad, razón por la que son incomerciables, imprescriptibles y sin derecho
a indemnización alguna. Estas suelen ser reguladas por leyes, reglamentos u ordenanzas
generales o locales, por lo que s les suele denominar servidumbres administrativas.

Casos especiales de extinción.

Son tres casos especiales los que regula nuestra ley:

1) Cuando el predio dominante sea propiedad proindivisa de dos o más dueños, el


goce de la servidumbre por alguno de los condueños interrumpe la prescripción
respecto de todos; y si respecto a alguno no puede alegarse la prescripción,
tampoco podrá alegarse contra cualquiera de los otros.

2) Por imposibilidad material de que pueda ejercerse el derecho de servidumbre en


forma definitiva, como cuando por avulsión se destruye el predio dominante, excepto
en el caso de que las cosas vuelvan a su estado original antes de haber transcurrido
el término de la prescripción (10 años).
128

3) Por prescripción el modo particular de ejercerla, por ejemplo, si la servidumbre de


tránsito permite el paso de vehículos automotores y, durante diez o más años dejó
de utilizarse para tales fines.

Artículo 864 C. C. “Las servidumbres se extinguen:

1. Por la resolución del derecho del que las ha constituido.

2. Por la llegada del día o de la condición, si se ha establecido de uno de estos modos.

3. Por la confusión, o sea la reunión perfecta e irrevocable de ambos predios en manos


de un mismo dueño.

4. Así, cuando el dueño de uno de ellos compra el otro, perece la servidumbre, y si por
una nueva venta se separan, no revive, salvo el caso del Artículo 860; por el contrario,
si la sociedad conyugal adquiere una heredad que debe servidumbre a otra heredad de
uno de los dos cónyuges, no habrá confusión sino cuando, disuelta la sociedad, se
adjudican ambas heredades a una misma persona.

5. Por la renuncia del dueño del predio dominante.

6. Por haberse dejado de gozar durante diez (10) años.


En las servidumbres discontinuas corre el tiempo desde que han dejado de gozarse; en
las continuas, desde que se haya ejecutado un acto contrario a la servidumbre.”

Artículo 865 C. C. “Si el predio dominante pertenece a muchos proindiviso, el goce de


uno de ellos interrumpe la prescripción respecto de todos; y si contra uno de ellos no
puede correr la prescripción, no puede correr contra ninguno.”

Artículo 866 C. C. “Si cesa la servidumbre por hallarse las cosas en tal estado que no
sea posible usar de ellas, revivirá desde que deje de existir la imposibilidad con tal que
esto suceda antes de haber transcurrido diez (10) años.”

Artículo 867 C. C. “Se puede adquirir y perder por la prescripción un modo particular de
ejercer la servidumbre, de la misma manera que podría adquirirse o perderse la
servidumbre misma.”

8.8.- LA REIVINDICACIÓN.

Para referirnos a la reivindicación o acción de dominio, debemos tomar como premisa la


existencia del derecho de propiedad o dominio definida por el Código Civil en su artículo
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613, esto es: El derecho de poseer exclusivamente una cosa y gozar y disponer de ella
sin más limitaciones que las establecidas por la ley o por la voluntad del propietario.

8.8.1.- Concepto.

La doctrina define la reivindicación como un recurso jurisdiccional que tiende a proteger el


patrimonio de los sujetos de derecho, vulnerado por otro sujeto que se ha apropiado
ilegítimamente de alguno de sus bienes, con el propósito de que el juez lo condene a
restituirlo. Este concepto es recogido por el legislador en los términos establecidos en el
artículo 868 C. C.

El otro sujeto, al que hacemos referencia, es aquel que, por ejemplo, se posesiona de un
terreno ajeno con el ánimo de convertirse en su propietario vía prescripción adquisitiva,
construyendo mejoras como cercas, bodegas, casas, etc. Contra éste es que cabe la acción
de dominio, con el objeto de interrumpir la prescripción y lograr del juez la declaratoria de
dueño y la consiguiente restitución de su inmueble.

Artículo 868 C. C. “La reivindicación o acción de dominio, es la que tiene el dueño de una
cosa singular, de que no está en posesión, para que el poseedor de ella sea condenado a
restituírsela.”
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