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Nuevos Ecositemas, Jardines de Papel y Carton.

Este documento presenta una metodología para la creación de nuevos ecosistemas urbanos. Propone la construcción de jardines y espacios verdes sobre superficies de concreto para mejorar la calidad de vida en entornos urbanos. Estos jardines permitirían a las personas interactuar con la naturaleza de una manera más cercana y respetuosa, y también crearían nuevos hábitats para la fauna y flora locales. El objetivo final es enseñar a las personas a habitar de forma armónica entre los seres humanos, animales

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Nuevos Ecositemas, Jardines de Papel y Carton.

Este documento presenta una metodología para la creación de nuevos ecosistemas urbanos. Propone la construcción de jardines y espacios verdes sobre superficies de concreto para mejorar la calidad de vida en entornos urbanos. Estos jardines permitirían a las personas interactuar con la naturaleza de una manera más cercana y respetuosa, y también crearían nuevos hábitats para la fauna y flora locales. El objetivo final es enseñar a las personas a habitar de forma armónica entre los seres humanos, animales

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METODOLOGIA I

Nuevos ecosistemas, jardines de papel y cartó n.

Presentado a: Claudia Marcela Ruiz

Por: Diana Carolina Bolañ os

20/04/2022

Universidad del cauca

Popayá n
VIVIENDO ENTRE HUMANOS, PERROS, Y ARBOLES

Un diminuto e insignificante ente se trasladaba entre la fría y aterrorizante cuidad.


Anqué este rodeada de millones de personas como ella, no puede evitar sentirse sola.
No puede evitar sentir miedo, pues ha encontrado a lo largo de su vida, que confiar en
el ser humano no es algo muy prudente. Son para ella sombras desconocidas, criaturas
con má scaras que esconden sus intenciones reales, monstruos con el potencial de ser
verdaderos villanos, de corazones y almas podridas. Pero, tal vez ella es la podrida, tal
vez ella siempre ha sido un monstruo, uno que no pertenece al mundo humano, el cual
se le desplegaba en los límites del saló n de clases. En ese lugar le enseñ aron sobre las
apariencias del mundo, y sobre el lugar que cada uno de los niñ os debía ocupar en él
cuando crecieran. Esta niñ a nunca tuvo la capacidad de entender lo que eso
significaba, no puede comprender el idioma de ese mundo, aunque lo deseaba
profundamente. Si solo tuviera las agallas para expresarse sin miedo, si solo fuera lo
suficientemente valiente para enfrentarse a la posibilidad del rechazo, pero no lo pudo
hacer por má s que lo intentara. Se siente como un ser monstruoso y le aterra que la
descubran, por eso deseaba ser invisible, pasar desapercibida. Así, poco a poco se fue
alejado, cerrando su boca para mantener sus palabras escondidas, de esta manera no
sería una molestia para nadie. Pero eventualmente su silencio y distancia empiezan a
hacer a la gente dudar, y sintiéndose rechazados, deciden dejarla atrá s. Las paredes de
la caja en la que se había escondido, ahora la atrapan, y por má s que lo intente, no
encuentra una salida. Tener relaciones humanas normales le parecían ahora una labor
imposible.

Afortunadamente, no estuvo completamente sola, la compañ ía de su madre y sus


perros fue una en la que siempre podía contar. Juntos, este equipo de seres igual de
peculiares y silenciosos que ella, aprendieron a vivir en la profunda, vacía y fría
soledad de una inmensa casa que parecía casi muerta. En ese lugar, puedo aprender a
entender aquellos animales de una manera má s profunda, jugando, ladrando y
corriendo entre ellos, un lazo importante se hilaría en esos días. Interactuar con los
perros fue mucho má s fá cil que interactuar con cualquier otro humano. Con ellos, no
existía el miedo al rechazo, solo afecto incondicional. Con ellos no tenía que decir ni
una sola palabra para que la pudieran comprender, siempre se sitio có moda y libre al
jugar entre ellos, mientras que con las personas, sentía que siempre debía estar atenta
a sus reacciones, pensar siempre antes de hablar, buscar las palabras correctas, pero
nunca las encontraba, nunca se podía hacer entender, o entender lo que los demá s
querían comunicar.

Por otro lado, su cercanía con su madre también creció . Ella le compartió historias de
distantes pasados, de fantá sticas aventuras en mundos má gicos que autores como J.K
Rolling, C.S Lewis, y J.M Barrie habían dejado para el mundo. Pero también, había
compartido con su hija, historias de su infancia, de su padre, y de sus fantá sticos
encuentros con los fantasmas, monstruos, espíritus, hadas y duendes que albergaban
en el fondo de los bosques y las selvas. Todas estas historias la impresionaron
inmensamente, inspirando, liberando, y expandiendo su imaginació n a la hora de
jugar y de crear.

También se encontró interesada en aprender sobre las cuestiones del mundo


bioló gico. No por el colegio, que volvía de la biología un grupo de conceptos y
formulas aburridas que se bebían repetir y aprender de memoria, y si esto no se
lograba, se tendría que enfrentar a la embarazosa entrega de un examen perdido. En
el saló n de clase la biología era un fastidioso y complejo trabajo, pero en los
documentales y video-ensayos de internet, la biología era maravillosa. Estos medios
presentaban la vida de la fauna y la flora en toda su milagrosa y misteriosa existencia,
emocioná ndose en la detallada observació n de esas increíbles criaturas. Fue de esta
manera que su sensibilidad hacia el mundo de los animales y las plantas creció tanto
en lo que la ciencia le pudiera contar de este, como en lo que aquellas narraciones
fantá sticas podían revelar de sus secretos. Y así visito el jardín, los bosques y los
senderos, con ojos aú n má s curiosos y atentos que antes, emocioná ndose por cada
pequeñ o detalle que encontrara entre las ramas de los á rboles y entre los suelos
lodosos de las orillas de los riachuelos. Lo que má s la impresionaba eran las aves,
seres que se trasladaban en el aire, que aparecían y desaparecían en delicadas, y casi
espirituales maneras. Observarlos siempre le fascinaba y soñ aba en convertirse en
uno para liberarse de su identidad como niñ a humana. Pero también hubiera
preferido ser un pescado, o un perro, o cualquier otro animal, para experimentar la
vida desde otro punto de vista, uno má s cercano a aquel mundo má gico que tanto
adoraba.

LO QUE CRECE EN EL SILENCIO

Al parecer, al tener dificultad comunicá ndose con seres de su propia especie, termino
por habitar en el silencio carente de conversació n humana, y fue gracias a ese silencio
que se le hicieron visibles y audibles nuevas voces. Encontró agradables las canciones
de los pá jaros y los grillos. La lluvia antes fría y triste, ahora se le presentó
maravillosa, sus tormentas como conciertos que los mismos dioses realizaban. En el
pequeñ o espacio de su jardín, encontró un ecosistema que parecía comprender mucho
má s que el del caó tica y amenazante ciudad. Sin pensarlo, empezó a hablarle a los
á rboles, imaginado que podía conversar con los espíritus que habitaban en lo má s
profundo de sus cortezas, como aquellos espíritus y criaturas de las historias de su
madre. De alguna manera, parecía estar recreando esas narraciones en el juego de la
imaginació n, expandiendo los límites de aquel jardín, convirtiéndolo en un bosque
infinito, donde aullaba con los perros y volaba con las aves, donde podía ser amiga de
esos entes imperceptibles que recorrían sus sueñ os. Así a veces le dieran miedo,
temiendo sentir sus presencias en la oscuridad y en las sombras, su curiosidad
siempre terminaba dominá ndola.

Desde el exterior, era solamente una niñ a silenciosa, tímida, y con poco que compartir,
pero su mente y alma sentían, pensaban e imaginaban demasiado en su interior.
Mantenerlo todo guardado, así prefiriera que fuera un secreto, se le hacía muy difícil.
Por eso, todo lo que se le hacía esencial se terminó por expresar mediante la línea y la
mancha. Lleno numerosas libretas, rayando su imaginació n real, dá ndole forma a
aquellos espíritus invisibles y dejando registradas sus conversaciones con los á rboles
y las aves en contornos y partículas dibujados con grafito y lapicero.
-

Esa fue mi viva durante mi adolescencia y preadolescencia. Solo ahora me doy cuenta
de que mi ansiedad social y la soledad causada por ella, fueron una de las razones por
la que mi relació n con mis perros, y el jardín con las aves y los á rboles, creció a ser tan
fuerte. Aunque también fue aquella sensibilidad particular que me permitió entender
y convivir mejor con esos seres, la que me mantuvo extrañ a a las conversaciones que
se tenían en el saló n de clases. Yo siempre vi y entendí las cosas de una manera
distinta, pero desconfiaba presentarme diferente, no quería ser una molestia para
nadie, me asustaba ser rechazada en la cara, y preferí ocultarme y huir de los demá s.
Escondida en la esquina má s retirada del saló n, pasaba mis días mirando mis
compañ eros a distancia, apenada de ser incapaz de acompañ arlos. Sin embargo, me
gustaba distraerme al mirar por la ventana, observando la aves e insectos ir y venir
entre los á rboles y flores del patio de la escuela. En mi esquinita del mundo
presenciaba lo que me maravillaba y lo rayaba entre cuadernos, libretas, y bitá coras.

Es claro que ya no soy la niñ a que solía ser en ese tiempo, ahora ella solo existe en mi
pasado, en la historia que llevo escrita en mi ADN, en mi memoria, y en mi alma.
Felizmente puedo decir que he conseguido descifrar al menos un poco del idioma
humano. He madurado y aprendido a hablar con las personas sin miedo al rechazo,
aunque no deje de sentirme algo extrañ a y distinta de lo que suelen ser las personas
de mi edad. Por otro lado, y desafortunadamente, creo haberme desconectado un poco
de aquel fantá stico mundo que residía entre mi imaginació n y el jardín, pues al
parecer me he distraído y entretenido con el oficio de la vida adulta. Pero aun puedo
sentir las voces y aullidos de los á rboles, la lluvia, y los pá jaros que se comunican con
mi alma, aunque a veces sea muy obstina para admitirlo. Mis ojos nunca dejaron de
sentirse maravillados por los diminutos actos de magia que ocurrían en el jardín, y
ahora, comprendiendo mejor a las personas, tengo un nuevo objetivo que me gustaría
alcanzar: Me gustaría compartir la manera en la que entiendo el habitar en el jardín,
compartir aquel sentimiento de cá lida y pacífica maravilla que me conserva con vida, y
que me mantiene apreciando su milagrosa y misteriosa existencia. Tal vez, de esta
manera, pueda crear empatía hacia algo que no habita el enfoque diario de aquellas
personas que nos dejamos atrapar en el limitado cubículo de nuestros propios
asuntos, encajados entre el cemento y los cables de electricidad de la ciudad. Esta es
mi necesidad, como alguien desea aprender a habitar entre las personas, los perros, y
los á rboles con sus espíritus. Quiero que aprendamos a vivir en un nuevo ecosistema,
donde sepamos respetar la fauna y la flora nativa a nuestros hogares.

-
JARDINES SOBRE EL CONCRETO

De niñ a, el jardín y los senderos ecoló gicos fueron mis escapatorias de la fría e infernal
ciudad. No me falta decir que mi contacto con los bosques y el campo es limitado, pues
mayormente he vivido en la semi ruralidad, en las partes má s verdes de las cuidades,
cerca de los límites de bosques, lagunas, o de lotes cubiertos en monte. He visto como
los edificios abandonados son recobrados por la naturaleza, y como partes de los
bosques son taladas para construir nuevas viviendas, igual de cuadriculadas que todas
las demá s. Es en estos límites, donde la civilizació n se encuentra con el monte, donde
la vida humana se decora con paisajes de á rboles y torres de ladrillos, donde los
pá jaros construyen sus nidos entre las tejas de los techos; y donde los panoramas
verdes son ornamentados con plá sticos desechables y otros desperdicios inutilizables.
Aquí podemos evidenciar un verdadero mestizaje entre el mundo que hemos
construido para nosotros mismos y el mundo caó tico del que habíamos provenido
originalmente.

El jardín se presenta como uno de los pocos espacios verdes que es respetado, porque
es disfrutado por todo aquel que lo vistita, y protegido por aquel que lo cultiva. La
definició n del “jardín” de la RAE, nos dice que el jardín es un “terreno donde se
cultivan plantas con fines ornamentales” Pero esta definició n me deja insatisfecha. Es
seguro que mi jardín es un lugar satisfactorio para el ojo, pero esto va má s allá de la
simple ornamentació n. Mantener un jardín saludable requiere de un esfuerzo por
entender el idioma en el que se comunica cada retoñ o, insecto, pá jaro, y roedor que lo
habita. Se trata de aprender a vivir en su ritmo, y de volverse parte de su ecosistema.
Tampoco hay que olvidar que el jardín está lleno de muerte y de enfermedad, siempre
habrá caos en su ritmo, que violento destruirá todo lo que se ponga en su camino. Y,
ademá s, siempre estará el tiempo que termine por desgastar y pudrir la carne de los
seres vivos. Si el jardín del que la definició n nos habla es uno que pretende esconder la
muerte y hacer de cuenta que no existe, si es uno que solo manipula las flores para
hacerlas ver bellas, entonces eso no es un jardín para mí, es solo un escenario
artificial.

Habitando el jardín, empiece a entender que este también tenía una conciencia, que es
un super organismo que se dedica a organizar una hermosa harmonía sobre el que los
seres vivos bailan a diario. En él hay un espíritu colectivo, del que podemos hacer
parte si nos atrevemos primero a escucharlo, a observarlo con cuidado y a intentar
comprenderlo. El ser humano puede ayudarlo a prosperar, cuidá ndolo de los aspectos
má s caó ticos y destructivos que el ambiente pueda ocasionar. Si el humano como
jardinero se vuelve parte este pequeñ o ecosistema, si lo ayuda progresar, podrá s
disfrutar de los frutos que le obsequie. El jardín, aunque cultivado y cosechado por las
manos pacientes del jardinero, es autó nomo en
nú meros aspectos y fá cilmente se puede liberar de
los límites que se le imponen sobre él. En el
momento en el que el jardinero se distraiga, es
capaz de expandirse y de consumir los edificios de
cemento y metal. O tal vez, si nunca estuvo
destinado a prosperar en esas tierras, terminara
por secarse, hidratando a la atmosfera con sus
aguas, y nutriendo al suelo con sus fibras.

El monte también se expande a la ciudad, lo


queramos o no. Cada vez que encuentre una
oportunidad, se desplazara a los rincones má s
olvidados de la ciudad, creciendo entre andenes,
carreteras, y edificios abandonados, creando lo
que siempre me parecieron como jardines no
intencionales. Pedacitos florecidos en verdes en
medio de plena civilizació n humana. En estos
lugares, las plantas se aprovechan de los espacios,
y mientras tanto, los animales también se van
introduciendo. A algunos los atrae el olor de
nuestras sobras, a su vez, llamando la atenció n de
sus depredadores naturales. Los animales y las
plantas han aprendido a hablar con nuestros
ritmos cuando se establecen en las ciudades, y
nosotros hemos aprendido a actuar en los suyos
cuando cultivamos y apreciamos su armonía
correctamente. Estamos obligados a coexistir
entre nosotros, entendamos o no la sinfonía del
otro.

Intentar comprender la conciencia colectiva de los


organismos del jardín, es apreciar su rítmica
canció n, en tiempos pacífica, y en otros violenta.
Siempre habrá cosas imposibles de comprender
entre sus ritmos, presencias inefables que, si te
permites ser lo suficientemente sensible y atento,
será s capaz de contemplar. Sabrá s mirarlas
directo, y ellas te devolverá n la mirada. Se que ahí,
entre silencios perturbadores, y estruendos
inexplicables, habitan aquellas criaturas de las
historias de mi madre. Las hadas y duendes, y los espíritus de las cortezas, de las
hojas, de las lluvias y los pastizales. Pero, estoy segura de que estas son distintas a las
que mi abuelo se encontraba entre las selvas y llanos poco recorridos por los
hombres. Aquí, en el medio de la civilizació n, se deben hacer má s invisibles, se deben
haber adaptado a nuestra presencia y a las estructuras artificiales en los que se ven
obligadas a habitar. Siempre que intento hablarles, entre la meditació n, al expandir mi
conciencia y compartirla con la del jardín, dejá ndome llevar por los ritmos que siento,
puedo capturar respuestas indescriptibles, sensaciones intimas, imposibles de
verbalizar, pero que incuestionablemente percibo como respuestas.

Así es como nuestros ecosistemas terminan por envolverse el uno al otro, la ciudad
levantando sus muros y estructuras, invadirá los espacios que antes albergaban los
bosques y sus ecosistemas. Pero al parecer, deshacerse de la voluntad del monte no es
nada fá cil, y la vida buscara la forma de germinar de nuevo así sea en los rincones má s
insó litos de un callejó n. De esta manera, terminamos viviendo en un lugar donde los
pá jaros cantan entre la bulla del trá fico, los roedores se desplazan entre los complejos
sistemas de tubería subterrá nea, y las abejas construyen sus colmenas bajo los techos
de los quioscos.

DE PAPEL Y CARTON

Mediante la meditació n se vuelve má s fá cil conectarse con la conciencia del jardín.


Para mí, dibujar lo que siento, observo y escucho, al vivir entre esos espacios, me
permite entrar en un estado contemplativo, sensible, y colectivo, donde mi alma puede
acariciar la sinfonía de este pequeñ o ecosistema. Crear, con papel y acuarela, es en
esos momentos, un medio para comprender, para alcanzar un contacto má s profundo
y significativo. Lo que logro a atrapar en mis bitá coras, con mi mente, y mi alma, se
termina expresando en narraciones cortas, en ilustraciones y dibujos, y después,
obtiene una forma, mis impresiones materializá ndose en la delicada escultura de
papel y cartó n. Encuentro valor en estos materiales, en lo delicado y robustos que
pueden llegar a ser, como carne fosilizada construida con lo que solía ser desperdicio
humano. Cartó n y papel reciclado, para rencarnarlo en nuevas formas. La basura que
terminaría por contaminar los pastizales, ahora se convierte en un producto de su
aprecio. Con estos materiales, capturo con respeto, aquel ecosistema del que te he
estado contando.

El papel y el cartó n son productos de la civilizació n, ambos vienen cuadriculados, pero


con el tiempo van perdiendo esa forma artificial en manos de las caó ticas fuerzas de la
entropía. El cartó n, viene como caja, una colocada sobre otra, para levantar torres que
se consumen y construyen una y otra vez. Son productos de la industria para la
industria, materiales con propó sitos propios de la vida utilitarista de la ciudad. Porque
vengo de una familia comerciante, he vivido mi infancia rodeada de torres de cajas,
pero para mi mente inocente, aquellas torres de cartó n siempre fueron montañ as y
cuevas fantá sticas, que podía explorar en las largas expediciones en la bodega de mi
padre. Por el lado del papel, este está hecho para recopilar informació n, y cuando esa
informació n viene de la mano y mente de una persona, siempre expresara algú n tipo
de esencia, sea intencional o no. El papel siempre ha sido material para la creació n y
expresió n, destinado a ser impregnado con una esencia humana. Estos dos materiales,
son para mí, manifestaciones del mundo industrial y utilitarista, pero creativo y
expresivo de nuestra especie. Estos son materiales que fosilizaran nuestras memorias,
y existencia de alguna manera, y me gustaría fosilizar los conocimientos y
experiencias del jardín en esa carne de cartó n y papel propia de mi proceso creativo.
-

Desde muy pequeñ a tuve la facilidad y sensibilidad de contemplar y apreciar los


á rboles, las aves, y los demá s seres del jardín, de los senderos y los bosques, de una
forma diferente, mucho má s atenta, interesada, maravillada, e imaginativa de lo que
solían estar los demá s niñ os. Al principio estos sentimientos me alienaban y
distanciaban, pero ahora que me comprendo mejor, y que comprendo mejor a las
personas, me gustaría poder compartir esta forma que tengo de ver lo que aprecio
mediante lo que puedo crear con mis dos manos. Espero poder materializar lo que se
alberga en mi alma que se ha contaminado, como una telarañ a, de los fragmentos del
jardín.

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