PLACIDO, Alex. El Matrimonio Como Relación Juridica
PLACIDO, Alex. El Matrimonio Como Relación Juridica
1
Al contemplarse los regímenes patrimoniales de sociedad de gananciales y de
separación de patrimonios, se incorpora el sistema de elección y de variabilidad
entre estos dos regímenes típicos, regulados en la ley. Se comprueba que el
principio de libertad de pacto nupcial es limitado y que los regímenes son
mutables.
1
Sobre las convenciones matrimoniales nos hemos referido ampliamente en el Capítulo III.
2
los pactos accesorios que se vinculen con aquél; salvo que los pactos
adicionales se refieran a actos jurídicos separables y autónomos entre sí, en
cuyo caso no se ven perjudicados.
No obstante que el artículo 330 del Código Civil dispone que "la declaración de
insolvencia de uno de los cónyuges determina de pleno derecho la sustitución
del régimen de sociedad de gananciales por el de separación de patrimonio", la
Corte Suprema ha señalado erróneamente que:
2
Considerando primero de la Casación N°2148-01 Cajamarca del 12 de Noviembre de 2002. En "Diálogo
con la Jurisprudencia". Gaceta Jurídica. Año 8. Número 41- Febrero de 2002. p. 242 -243.
3
produce la administración unilateral transferida de los bienes sociales por
facultarse a uno de los consortes para que asuma exclusivamente dicha
administración respecto de todos o alguno de los bienes sociales (artículo 313 del
Código Civil). Con relación a esto último, el término “facultar” debe ser interpretado
de manera amplia, que lo refiera a todo licenciamiento para la administración de
los bienes sociales; por cuanto, una acepción restrictiva lo referiría a la idea de
otorgar “poder” para la realización de ello. La visión restrictiva determina la
improcedencia de la demanda, en la medida que en la realidad imperante los
cónyuges no otorgan una “poder” para tal propósito y, desde esta perspectiva, se
considerará que ambos se encuentran bajo la regla general de la administración
conjunta de los bienes sociales, que descarta la existencia de un proceder
fraudulento imputable a uno solo de los cónyuges. En cambio, la interpretación
amplia contribuye a suprimir el perjuicio y ajusta el criterio a la circunstancia que,
en los hechos, un cónyuge permite que el otro administre sus bienes propios como
los bienes sociales, basado en la confianza que subyace en el vínculo matrimonial.
Obsérvese, de otro lado, la incongruencia que existe entre los artículos 297 y 329
del Código Civil sobre la legitimación activa. Mientras que el primero establece que
cualquiera de los cónyuges puede ejercitar esta pretensión; el segundo reserva el
ejercicio de la pretensión a favor del cónyuge agraviado. La evidente deficiencia
legislativa se resuelve considerando que la sustitución judicial sólo permite la
modificación del régimen de sociedad de gananciales por el de separación de
patrimonios con el propósito de eliminar los mayores perjuicios económicos entre
los cónyuges, por la inconducta de uno de ellos; de lo que se concluye que, la
legitimación activa únicamente corresponde al consorte agraviado.
4
que la sustitución judicial es establecida a pedido del cónyuge agraviado de
conformidad con el artículo 329 del Código Civil”3.
De otra parte, debe considerarse los siguientes criterios para configurar las causas
anotadas:
3
Considerandos segundo y terceros de la Casación N°2148-01 Cajamarca del 12 de Noviembre de 2001.
En "Diálogo con la Jurisprudencia". Gaceta Jurídica. Año 8. Número 41- Febrero de 2002. p. 242 -243.
4
Ejecutoria Suprema N°933-91 Lima, del 24 de Julio de 1991. En, CD Explorador Jurisprudencial 2001-
2002. Gaceta Jurídica.
5
El abuso del derecho se puede configurar por acción o por omisión, de conformidad con el artículo II del
Título Preliminar del Código Civil.
6
Considerando cuarto de la Casación N°2148-01 Cajamarca del 12 de Noviembre de 2001. En "Diálogo
con la Jurisprudencia". Gaceta Jurídica. Año 8. Número 41- Febrero de 2002. p. 242 -243.
5
c) El dolo en la gestión de los bienes se produce cuando uno de los cónyuges
realiza por sí solo de actos dispositivos o de gestión patrimonial que entrañen
fraude o grave daño o peligro para los derechos del otro o de la sociedad o
genera la destrucción de bienes propios del otro o de la sociedad; así como,
también, en forma reiterada incumple el deber de informar sobre los
rendimientos de la administración unilateral que se le ha transferido. Al
respecto, la Corte Suprema ha señalado:
7
Considerando quinto de la Casación N°2148-01 Cajamarca del 12 de Noviembre de 2001. En "Diálogo
con la Jurisprudencia". Gaceta Jurídica. Año 8. Número 41- Febrero de 2002. p. 242 -243.
8
Considerando quinto de la Casación N°2148-01 Cajamarca del 12 de Noviembre de 2001. En "Diálogo
con la Jurisprudencia". Gaceta Jurídica. Año 8. Número 41- Febrero de 2002. p. 242 -243.
6
en todo caso, el sistema jurídico ha establecido los mecanismos para que
cesen los actos que perturban la posesión, como lo es el interdicto de retener”9.
f) "La simulación de una obligación por parte de uno de los cónyuges para burlar
las gananciales del otro, constituye acto doloso que faculta al Juez a declarar
la sustitución del régimen patrimonial de sociedad de gananciales por
separación de patrimonios”10.
Se constata que en nuestro Código Civil rige un criterio muy restrictivo para la
variación del régimen con aprobación judicial. Si a ello se añade la dificultad
probatoria que importa demostrar aspectos tan subjetivos como son el dolo o la
culpa, o inclusive el abuso de facultades, en la gestión de los bienes,
comprobamos que prácticamente se hace inoperable este mecanismo y se
mantiene una situación intolerable para el cónyuge perjudicado. Por ello, se
debe optar por un sistema con causales objetivas que respondan a situaciones
de inhabilitación de uno de los cónyuges para la gestión de los bienes, por un
lado, y a situaciones de incumplimiento de deberes conyugales con repercusión
patrimonial, que evidencia la inexistencia de la comunidad de intereses que es
el sustento de la sociedad de gananciales, por el otro.
En las segundas, deben comprenderse los casos en que un cónyuge realiza por
sí sólo actos de administración o de disposición patrimonial que entrañe fraude
o grave peligro para los derechos del otro, cuando no cumpla con rendir las
cuentas de su administración sobre bienes sociales o propios del otro, cuando
sea condenado por delito de omisión de asistencia familiar, cuando haya
abandonado el hogar por más de un año o medie acuerdo de separación de
9
Considerandos sétimo y octavo de la Casación N°2148-01 Cajamarca del 12 de Noviembre de 2001. En
"Diálogo con la Jurisprudencia". Gaceta Jurídica. Año 8. Número 41- Febrero de 2002. p. 242 -243.
10
Ejecutoria Suprema del 20 de Julio de 1988. En, CD Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta
Jurídica.
7
hecho por el mismo tiempo y cuando se embargue su parte correspondiente en
los bienes sociales por deudas propias.
8
el régimen supletorio legal completará la deficiencia y los ahora cónyuges se
someterán a sus disposiciones. Ahora, si la convención matrimonial por la que
se elige un régimen patrimonial sólo consta en minuta y uno de los cónyuges no
suscribe la respectiva escritura pública, no se le podrá compeler a llenar tal
formalidad por ser ésta ad solemnitatem, de conformidad con el artículo 1412 del
Código Civil. Igualmente; en este caso también se impondrá el régimen
supletorio legal.
9
De conformidad con el artículo 300 del Código Civil, cualquiera que sea el régimen
patrimonial vigente ambos cónyuges están obligados a contribuir al sostenimiento
del hogar, según sus respectivas posibilidades y rentas; esto es, tienen el deber
de levantar las cargas de la familia.
No se precisa en la ley qué debe entenderse por “sostenimiento del hogar”, pues
según el régimen patrimonial puede entenderse de diverso modo. Pero, en
general, debe considerarse no sólo los gastos más usuales y necesarios para el
mantenimiento de la familia, educación e instrucción de los hijos, habitación,
vestido y atención de enfermedades de los integrantes del núcleo, sino también a
todas aquellas erogaciones que sean propias de una razonable y normal gestión
de la economía doméstica.
11
Henry, León y Jean Mazeaud. Op cit. n° 4 y n° 5, p. 9 - 10.
10
regla de oro de las relaciones conyugales y la obligación de proveer al
sostenimiento de los hijos, impone a los mismos una conducta moral tal que haga
posible que la unidad de la pareja sea una realidad y tiendan al sostenimiento de
la familia, según los roles asumidos. En ese sentido, Puig Peña indica que "el
primario designio de la comunidad económica es el sufragar las llamadas cargas
de familia. Las cargas denominadas de familia constituyen la mira principal que el
legislador tiene en cuenta al disciplinar la sociedad de gananciales. Esta, en
definitiva, queda constituida para ayudar al sostenimiento de la misma y a la
educación de los hijos”12. En ese sentido, la Corte Suprema ha señalado que:
12
Citado por José Ignacio Cafferata."Las Cargas de la Sociedad Conyugal" en Derecho de Familia. Libro
homenaje a María Josefa Méndez Costa. Santa Fe, Rubinzal-Culzoni, 1990. p. 218.
13
Casación N°3053-98 Callao, del 19 de Mayo de 1999. En, "El Código Civil a través de la Jurisprudencia
Casatoria". Tomo II. p. 288 - 289. El Tribunal Registral estima que “no puede presumirse que la celebración
de un contrato mediante el cual se toma en arrendamiento un bien inmueble se encuentre necesariamente
comprendido dentro de los supuestos de administración ordinaria de los bienes de la sociedad conyugal,
máxime si tal calificación debe atender a factores que no resultan directamente verificables del título cuya
inscripción se solicita ni cuya comprobación sea susceptible de actuarse en Sede Registral, por lo que resulta
aplicable al presente caso la exigencia de actuación conjunta contenida en el artículo 313 del Código Civil”.
Resolución Nº172-98-ORLC/TR del 28 de Abril de 1998. En, Jurisprudencia Registral. Año III. Volumen
VI. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1998. p. 125. En el presente caso, no se alegó que el inmuble
sería destinado para la casa-habitación de la familia.
11
En el régimen de sociedad de gananciales, el sostenimiento del hogar se identifica
con el concepto de cargas de la familia y circunscribe la actuación de la potestad
doméstica o gestión ordinaria familiar. Así, en la previsión del inciso 1 del artículo
316 del Código Civil se puede apreciar la comprensión del código ético-jurídico
enunciado, cuando establece que "son de cargo de la sociedad: 1. El
sostenimiento de la familia y la educación de los hijos comunes". Esto es que, con
los bienes comprendidos en el régimen patrimonial se debe cumplir con el deber
conyugal de asistencia recíproca y el deber paterno de proveer al cuido de los
hijos.
Por ello, se entiende que los bienes de los cónyuges están sujetos al
levantamiento de las cargas de la familia. Siendo así, la repercusión de la
responsabilidad patrimonial frente a terceros debe ser precisado en los regímenes
típicos. Así, en la sociedad de gananciales se establece que los bienes sociales
y, subsidiariamente, los propios de cada cónyuge, a prorrata, responden de las
cargas de la familia. En el régimen de separación de patrimonios, si bien no se ha
previsto norma expresa, se concluye que los cónyuges contribuirán al
sostenimiento de las cargas de la familia, con su patrimonio personal, en
proporción a la contribución que convengan.
14
El artículo 1438 del Código Civil español, modificado por la ley del 13 de Mayo de 1981, establece que
"los cónyuges contribuirán al sostenimiento de las cargas del matrimonio. A falta de convenio, lo harán
proporcionalmente a sus respectivos recursos económicos. El trabajo para la casa será computado como
contribución a las cargas y dará derecho a obtener una compensación que el Juez señalará, a falta de
acuerdo, a la extinción del régimen de separación".
12
1.4 El poder doméstico o gestión ordinaria familiar.
15
Jorge Mosset Iturraspe. Mandatos. Buenos Aires, Ediar, 1982. P. 126.
13
restringido, el criterio clásico o tradicional ha sido distinguirlos a partir de la función
que aquél cumple en relación al patrimonio. Así, el acto de administración es aquel
que sin alterar la integridad del patrimonio, tiende a su mantenimiento,
mejoramiento o generación de frutos"; mientras que el acto de disposición es aquel
que altera la integridad del patrimonio. De ese modo, la actividad de
"administración" excluiría todo acto que pudiera afectar, directa o indirectamente
los bienes singulares que lo componen: cualquier acto del que resulte la
sustitución de un bien por otro o un derecho por otro, aunque derivara, en los
hechos, en una ventaja patrimonial, excedería el concepto de "administración" así
entendido. La idea central es, por lo tanto, la mantención del patrimonio en un
idéntico estado, conservando inalterable la individualidad de los bienes singulares
que lo componen16.
16
José W. Tobías. Actos de administración y actos de disposición. En, Derecho de Familia. Libro homenaje
a María Josefa Méndez Costa. Buenos Aires, Rubinzal-Culzoni, 1990. p. 247.
14
finalidad de lucro, por su funcionalidad y por el estrecho ligamen entre los bienes
y servicios, requiere una dinámica particular que la torna incompatible con la
existencia de ataduras o vínculos externos17.
Son varias las críticas que se podrían formular a la teoría, como es la dificultad
que supone para el tercero la determinación de si el acto que se trata pone en
riesgo la potencialidad económica del patrimonio; sin embargo, es ineludible
concluir que el criterio clasificatorio debe ser necesariamente extrínseco18.
17
Tobías. Op cit. p. 251.
18
Santiago C. Fassi y Gustavo A. Bossert. Sociedad Conyugal. Tomo II. Buenos Aires, Astrea, 1977. p.
77.
15
Es verdad que en nuestra legislación civil, se establece que "para las necesidades
ordinarias del hogar y actos de administración y conservación, la sociedad es
representada indistintamente por cualquier de los cónyuges" (artículo 292,
segundo párrafo); señalándose que "corresponde a ambos cónyuges la
administración del patrimonio social" (artículo 313); y, se precisa que, "para
disponer de los bienes sociales o gravarlos, se requiere la intervención del marido
y la mujer" (artículo 315). Pero la aplicación de la teoría tradicional, genera el
inconveniente de requerir la necesaria intervención conjunta de los cónyuges para
el suministro ordinario de bienes y servicios de la familia por la disposición del
dinero requerido para los pagos; se estaría frente a un acto de disposición. En
cambio, la referencia a la teoría del riesgo determina que cualquiera de los
cónyuges pueda realizar aquellos actos que conducen a la renovación periódica y
regular de los bienes del patrimonio; en tal supuesto, se está ante un acto de
administración. De otra parte, en esta última tesis, los "actos de conservación"
serían una subespecie de actos de administración y que es aquel que, importando
o no una enajenación, por ser urgente o necesario tiende a resguardar un bien
patrimonial en peligro.
Por otro lado, también se comprueba que la utilización de los términos "actos de
administración", en una disposición que autoriza la actuación conyugal indistinta,
y "administración del patrimonio", en otra que establece la actuación conyugal
conjunta, exige utilizar el criterio de la "trascendencia patrimonial" para poder
comprender los verdaderos alcances de una y otra norma.
En todo caso, no escapará al criterio que la ley no define el criterio sino que lo
"presupone". Admitiendo la dificultad para establecer una diferenciación neta y
absoluta que sirva para la variedad y multiplicidad de situaciones en que se
desarrolla, consideramos que el criterio sustentado en la integridad del patrimonio
es el más adecuado a nuestra realidad, para distinguir los actos de administración
y de disposición conyugal. A través de él se superan las críticas que se han
formulado al criterio tradicional: ningún inconveniente existirá en calificar como
actos de administración -por la inexistencia de riesgo- a aquellos actos que
conducen a la renovación periódica y regular de algunos de los bienes del
complejo patrimonial y a la enajenación de productos, como modo de conservar
16
su productividad y aptitud funcional o a aquellas otras enajenaciones y
adquisiciones que se realizan regularmente en una estructura patrimonial cuyo
objetivo es el logro de "ganancias" a través de la diferencia entre lo que han
costado y lo que se ha recibido. Es por ello, que preferimos utilizar además el
concepto de "gestión" como el que más se ajusta a la actuación económica que
realizan los cónyuges respecto de su patrimonio.
Acorde con lo expuesto y concordando los alcances de los artículos 292 y 313 del
Código Civil, la Corte Suprema ha establecido que:
19
Son obligaciones sociales las asumidas por cualquiera de los cónyuges en el ejercicio del poder doméstico
(artículo 292 del Código Civil) y también las contraídas por ambos por actos de administración y
disposición que exceden de tal potestad (artículo 315 del Código Civil). Debemos precisar que, en el
régimen de sociedad de gananciales, el poder doméstico se circunscribe a las cargas sociales; por tanto, las
obligaciones contraídas por ambos cónyuges por actos que sobrepasan tal potestad, son las deudas sociales
propiamente. Vale decir, que en nuestro régimen se distinguen las cargas y las deudas sociales propiamente
dichas.
20
Considerandos Quinto, Sexto y Sétimo de la Casación N°911-99 Ica, del 7 de Diciembre de 1999. En,
"El Código Civil a través de la Jurisprudencia". Tomo III. p. 689.
17
El poder doméstico autoriza a satisfacer las necesidades ordinarias de la familia21,
pero no facultad realizar actos de administración y disposición que excedan de
ellas, lo que se aprecia en la trascendencia patrimonial de tal acto, y para lo cual
se exige actuación conjunta. El sistema de actuación conjunta de los cónyuges
implica el ejercicio de una facultad compartida por ambos consortes, de tal forma
que se requiere la voluntad concorde de los esposos como elemento constitutivo
necesario para la validez de los actos. Se trata, pues, de una coparticipación en la
administración y disposición extraordinaria de bienes sociales.
2.1 El interés familiar como principio rector de la gestión de los bienes del
matrimonio22.
21
Recuérdese la Casación N°3053-98 Callao, del 19 de Mayo de 1999, según la cual "Por acto de
administración, del latín administrare, debemos entender todos aquellos actos que recayendo sobre bienes
y derechos, tienen por objeto conservar y obtener su normal rendimiento. Desde ese punto de vista, el acto
por el que se entrega un bien en arrendamiento es un típico acto de administración. Sin embargo, el acto
por el que se toma un bien en arrendamiento no es en estricto un acto de administración, pues el pago de la
renta convenida importa un acto de disposición sobre las sumas destinadas a dicho fin. En tal virtud, debe
determinarse si la celebración de un contrato de arrendamiento puede considerarse como un acto celebrado
para atender las necesidades ordinarias del hogar. A ese respecto, si bien el Código Civil no define cuáles
son las necesidades ordinarias del hogar, se desprende del artículo doscientos ochentinueve del acotado que
se encuentra dentro de esta definición la necesidad de proveer un domicilio conyugal en el que los cónyuges
puedan hacer vida común. En consecuencia, para tomar en arrendamiento un inmueble con la finalidad de
fijar el domicilio conyugal basta la intervención de uno de los cónyuges". En, "El Código Civil a través de
la Jurisprudencia Casatoria". Tomo II. p. 288 - 289. Fue citada al trata del levantamiento de las cargas
familiares y su referencia con el código ético-jurídico al que se encuentran sometidos los cónyuges.
22
Hemos sostenido que "en nuestro ordenamiento jurídico se alude a la existencia de un deber de actuar en
interés de la familia que se impone como tal a las personas comprendidas en los vínculos jurídicos
familiares. Revisando las disposiciones legales en las que se emplea la expresión “interés de la familia”, es
indudable que esa frase no se mueve dentro de los grandes principios o, si se prefiere, no hace alusión a
ideales jurídicos, sino que hace referencia al interés de una familia concreta, la de aquel que actúa.
Siendo la familia una suma de personas, por cuanto no es un ente distinto a quienes la componen, el “interés
de la familia” no es más que un interés colectivo o común no supraindividual, que se refiere a la suma de
los intereses individuales entre los que está el de aquel que actúa, quien no puede desconocer ni atacar con
su actuación el interés de los demás como consecuencia del deber impuesto. Así, en el ámbito personal, el
interés de la familia supone el no quebrantar la base fundamental de la convivencia en común; mientras
que, en la esfera patrimonial, importa fomentar la formación, incremento y conservación de una masa de
bienes para subvenir a las necesidades ordinarias y extraordinarios de la familia.
El deber de actuar en interés de la familia es el límite de todos los derechos subjetivos familiares regulados
en la ley que no pueden ejercerse contra el interés del grupo cualquiera que sea su amplitud". En, Alex F.
Plácido V. Manual de Derecho de Familia. Lima, Gaceta Jurídica, 2001. p. 33-34.
18
Si bien no hay norma expresa sobre el particular, por el principio constitucional de
protección de la familia y por la consideración en el Código Civil de que la
regulación jurídica de la familia tiene por finalidad contribuir a su consolidación y
fortalecimiento, está implícito que la gestión de los bienes debe responder al
interés familiar, como precepto rector, cualquiera que sea el régimen patrimonial
en rigor. Así como el ejercicio de la propiedad debe realizarse en armonía con el
interés social, la gestión de los bienes en el matrimonio debe responder al interés
familiar. Este se impone como un límite natural a la administración y disposición
de bienes propios y sociales, según el caso; se constituye, pues, en la medida
necesaria para afectar patrimonialmente a la familia y que, de hecho, los cónyuges
utilizan en un matrimonio normal. Por ello y ante su inobservancia por uno de los
cónyuges, el interés familiar es el argumento para restringir o suprimir algún acto
de gestión de los bienes que lo perjudica o para verificar la realización de uno que
demanda. Aquí podrá argumentarse el abuso del derecho por acción o por
omisión.
19
proteger el hogar familiar, cualquiera que sea el régimen patrimonial en vigencia.
Establecen que para disponer o gravar el inmueble donde está constituido el
domicilio conyugal y de los muebles de uso ordinario de la familia, se requiere la
intervención de ambos cónyuges, aunque tales bienes pertenezcan a uno solo
de ellos. Por ello es que admiten por vía de autorización judicial supletoria, ante
la oposición del otro esposo, la enajenación del inmueble o de los muebles
comprendidos en el menaje ordinario del hogar, si el propietario asegura otro
ámbito suficiente, según el nivel económico del matrimonio. Agregan que la
pretensión conferida se mantiene aún después de disuelto el matrimonio, cuando
hay hijos menores o incapaces por cuanto la necesidad de éstos de contar con
vivienda, no puede estar sometida a la frustración de la relación matrimonial y la
consecuente disolución del matrimonio. Finalmente, señalan que el acto al que
le falta el concurso de la voluntad del otro, está viciado de anulabilidad por estar
comprometido el interés patrimonial de aquél, o el interés de los hijos, según el
supuesto; siendo, entonces, susceptible de confirmación por el que no interviene.
23
Vidal Taquini sostiene que el hecho que en distintos países la supresión de la incapacidad de la mujer
casada haya sido acompañada de una modificación del régimen matrimonial, no implica la forzosa
consecuencia, pues se trata de dos reformas distintas. Agrega que procede distinguir entre la capacidad
jurídica de la mujer y el orden de subsidiariedad dentro de la familia. Señala que la posición de
20
aunque, como ya se explicó, excepcionalmente mantuvo la prohibición de los
cónyuges de contratar respecto de bienes sociales24.
subsidiariedad de la mujer no es sinónimo de incapacidad y que, por ello, podía coexistir el reconocimiento
de la plena capacidad de la mujer con un régimen patrimonial asentado en la idea de subsidiariedad de la
mujer y la responsabilidad del marido en la conducción de la comunidad. Por tanto, concluye, que la
reforma del régimen matrimonial no es producto del principio de capacidad plena de la mujer casada. Op
cit. p. 279 -287.
24
El mantenimiento de la aludida prohibición no tendría sustento racional alguno con la desaparición de la
administración marital y la consecuente eliminación del principio de subordinación de la mujer al marido.
Al basarse el matrimonio en la plena igualdad jurídica conyugal, debe permitirse abiertamente la
contratación conyugal.
21
promoción de alguno de sus integrantes más débiles. Aquí, la regla de la gestión
o administración conjunta conyugal es una medida igualitaria que asegura se
distribuya en ambos cónyuges las decisiones a adoptar sobre los bienes
sociales, atendiendo a las necesidades de cada uno, independientemente del rol
asumido en el hogar. De esta manera, la igualdad de cosas a persona permite
establecer una igualdad de resultado en la gestión de los bienes sociales. Aquí
la igualdad se la entiende en sentido de necesidades de la justicia distributiva.
22
Capítulo V
25
Ripert - Boulanger. Op cit. t. IX, p. 164.
23
este nombre, y los dos restantes, por los respectivos bienes propios de cada uno
de los cónyuges”26.
26
Valverde. Op cit. p. 435.
27
Plácido V. Op cit. p. 130 -131.
24
II. Naturaleza jurídica del régimen patrimonial de sociedad de
gananciales.
28
Guaglianone. Op cit. p. 86 y siguientes.
25
francés y del nuestro hacen que la sociedad de gananciales no se regle como se
ha opinado.
29
Lisandro Segovia. El Código Civil de la República Argentina con su explicación y crítica bajo la forma
de notas. Tomo II. Bueno Aires, Coni, 1881. n° 4, p. 137.
26
copropiedad peculiar, de carácter asociativo e indivisible, afectada
primordialmente al mantenimiento del hogar, cuya administración ha sido
conferida por la ley a uno u otro de los cónyuges según el origen de los bienes"30.
30
Borda. Op cit. n° 298, especialmente p. 217, 219 y 220.
31
Considerando Cuarto de la Casación N°963-96 Lima, del 5 de Noviembre de 1997. En, "El Código Civil
a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 314.
27
cualquier copropietario puede interponer, entre otras acciones la de
desahucio; que en consecuencia en casos como el subjudice no es preciso
que demanden los dos cónyuges"32.
32
Ejecutoria Suprema N°2433-90 Ayacucho, del 15 de Febrero de 1991. En CD Explorador Jurisprudencial
2001-2002. Gaceta Jurídica.
33
Considerando Quinto de la Casación N°941-95 La Libertad, del 14 de Octubre de 1996. En, "El Código
Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 310 - 311.
28
que le serían aplicables las normas pertinentes del libro de reales del Código
Civil, lo que no es correcto"34.
34
Considerandos Segundo y Tercero de la Casación N°837-97 Lambayeque, del 5 de Noviembre de 1998.
En, "El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 260-261.
35
Vaz Ferreira. Op cit. n° 114-117, p. 226-231 y n° 119, p. 239.
36
Josserand. Op cit. n° 16, p. 17.
37
Rébora. Op cit. p. 26, quien cita la opinión de Demante y Colmet de Santerre.
29
organizada de acuerdo con las reglas muy diferentes de la copropiedad, siendo
inexacto considerar copropietaria a la mujer cuando el antiguo derecho no quería
atribuirle carácter de social38. No sólo cabe aplicar lo ya dicho sobre condominio o
copropiedad peculiar, sino que la institución es extraña a nuestro derecho y en
realidad responde a un concepto histórico del origen de la comunidad, no a lo que
es la comunidad.
Por nuestra parte, nos adherimos a esta teoría. La doctrina actual reconoce que
existe la posibilidad de que, al lado del patrimonio general de la persona, coexistan
patrimonios especiales o de afectación, conjuntos de bienes afectados a un fin
determinado y sometidos a un régimen legal especial. Serían, principalmente: el
patrimonio de la herencia aceptada con beneficio de inventario, el del ausente
presuntamente fallecido y la masa de bienes del deudor desapoderado de sus
bienes por efecto del concurso. El patrimonio de afectación es una universalidad
jurídica, es decir que se caracteriza por la fungibilidad de los bienes singulares que
38
Ripert - Boulanger. Op cit. p. 166.
39
Ripert - Boulanger. Op cit. p. 170.
40
Francesco Messineo. La natura giuridica della comunione coniugale dei beni. Roma, Giuffré, 1920. p.
130 y siguientes.
41
Citado por Belluscio, Op cit. p. 44.
30
lo integran, y por la preferencia de las deudas que forman su pasivo con relación
a las obligaciones extrañas.
Apreciamos que esta teoría habría sido ya admitida en nuestro sistema jurídico,
cuando en la Exposición de Motivos del artículo 176 del derogado Código Civil de
1936 se señala que la sociedad de gananciales "viene a formar una propiedad
colectiva que pertenece a la entidad jurídica creada por los esposos mediante el
enlace..., al constituir una comunidad moral y material”43.
42
Así, el artículo 307 del Código Civil establece que “las deudas de cada cónyuge anteriores a la vigencia
del régimen de gananciales son pagadas con sus bienes propios, a menos que hayan sido contraídas en
beneficio del futuro hogar, en cuyo caso se pagan con bienes sociales a falta de bienes propios del deudor”.
Por su parte, el artículo 317 del Código Civil señala que “los bienes sociales y, a falta o por insuficiencia
de éstos, los propios de ambos cónyuges, responden a prorrata de las deudas que son de cargo de la
sociedad”.
43
En Valverde, Op cit. p. 438.
31
a) "La sociedad de gananciales está constituida por bienes sociales y bienes
propios y constituye una forma de comunidad de bienes y no una copropiedad,
comunidad que recae sobre un patrimonio. A ella queda sujeto un conjunto de
derechos y obligaciones. Por tanto, ella rige tanto para el activo como para el
pasivo patrimonial. La copropiedad en cambio, recae sobre bienes singulares.
La primera es, si se quiere, a título universal, la segunda a título particular.
44
Considerando Tercero de la Casación N°3109-98 Cusco-Madre de Dios, del 28 de Mayo de 1999. En,
"El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 262-263.
45
Considerando Cuarto de la Casación N°1895-98 Cajamarca, del 6 de Mayo de 1999. En, "El Código Civil
a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 298-299.
32
condominio, por lo tanto, no hay derechos o acciones de los cónyuges, hasta
que se produzca la liquidación de la sociedad de gananciales, conforme se
establece en el artículo trescientos veintitrés del Código Sustantivo"46.
46
Considerando Quinto de la Casación N°941-95 La Libertad, del 14 de Octubre de 1996. En, "El Código
Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 310 - 311.
47
Considerandos Segundo y Tercero de la Casación N°837-97 Lambayeque, del 5 de Noviembre de 1998.
En, "El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 260-261.
48
Resolución Nº248-98-ORLC/TR del 14 de Julio de 1998. En, Jurisprudencia Registral. Año IV. Volumen
VII. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1999. p. 67-70.
33
Una teoría muy aceptada en Francia, cuyos autores la toman y retoman y vuelven
a rejuvenecer, es la que presenta a la sociedad conyugal como una persona
jurídica. Troplong, Bonnecase, Carbonnier y Deschenaux son sus sostenedores.
En el matrimonio tendría origen una nueva persona jurídica, la comunidad. Desde
ese instante, podría justamente hablarse de activo común y de deudas de la
comunidad; existiría un patrimonio propio distinto del personal de los cónyuges,
que soportaría las obligaciones y las cargas. Para Troplong la comunidad
constituye una tercera persona que aparece como una especie de depositaria para
restituir lo que ha recibido en virtud de la acción de retomar que se ejerza contra
ella al tiempo de la disolución, ya que la comunidad es una sociedad de intereses
formada entre marido y la mujer49. Bonnecase y Carbonnier sostienen la teoría de
la personalidad moral atenuada. Deschenaux sostuvo que el marido no era amo
absoluto de los bienes de la comunidad, pero que tampoco lo era la mujer; por lo
tanto, existiría una tercera persona -con el carácter de persona moral- a quien le
correspondería un usufructo de caracteres particulares sobre los bienes de los
cónyuges.
49
M. Troplong. Du contrat de mariage et des droits respectifs des époux. Tomo I. París, Charles Hingray,
1850. p. 362 y 370.
50
Héctor Lafaille. Curso de Derecho Civil. Familia. Buenos Aires, Biblioteca Jurídica Argentina, 1928. n°
310, p. 228. Para Lafaille parece claro que la sociedad conyugal es un sujeto de derecho, ya que es titular
de dominio, de créditos, etc., y sufre también obligaciones o cargas.
51
Fernando Legón. Facultades de la mujer como curadora del marido. JA, 46-317.
52
Elías P. Guastavino. El sistema de indemnizaciones o recompensas de la sociedad conyugal. En Revista
de Ciencias Jurídicas y Sociales de Santa Fe. 1959. n° 98-99, p. 352.
53
Jorge J. Llambías. Tratado de derecho civil. Parte general. Tomo II. Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1961.
p. 51.
34
después también de los hijos que sobrevienen y se incorporan a la comunidad
familiar. Agrega como rasgos típicos para considerar la sociedad conyugal como
sujeto de derecho la circunstancia de la celebración del matrimonio, que origina el
nacimiento de un tercer patrimonio no exclusivo del marido ni de la mujer, cuyos
bienes se llaman gananciales; patrimonio que exige un titular, y como tal titular por
hipótesis no es ni sólo el marido, ni sólo la mujer, se concluye que es la conjunción
de ambos, o sea la sociedad formada por ellos. Las relaciones jurídicas entre cada
esposo con la sociedad conyugal, puesto que el régimen contempla créditos y
deudas recíprocas, y el hecho de que la administración de la comunidad pueda
pasar a manos de un tercero, son pautas que llevan a Llambías a concluir que la
sociedad conyugal es un ente de derecho.
54
Comentando el primer párrafo del artículo 292 del Código Civil -que sugiere lo contrario- hemos señalado
que "debe observarse que no existe entre los cónyuges una entidad, diferente a ellos y con personería
jurídica, denominada "sociedad conyugal". Esta está conformada por los propios cónyuges y ellos son la
"sociedad conyugal". Por tal motivo, la representación legal que propone la norma no emana de la sociedad
conyugal como persona jurídica. Así, cuando un cónyuge otorga poder al otro para practicar un acto de
disposición de un bien social, lo hace por derecho propio y no en nombre de la "sociedad conyugal";
igualmente, el cónyuge apoderado actúa en nombre de su representado y no por cuenta de la "sociedad
conyugal". Corrobora lo explicado, el artículo 146 del Código Civil: "Se permite la representación entre
cónyuges".
Asimismo, cuando se contrata con personas casadas, se vincula directamente a ambos cónyuges y no a la
"sociedad conyugal". De otra parte, no existe en los Registros Públicos una sección reservada para la
inscripción de las "sociedades conyugales" y de sus "representantes legales".
Lo que ocurre es que, la conservación de esta norma en el actual Código Civil, demuestra que se sigue el
criterio del derogado de 1936, respecto a identificar los conceptos de "sociedad conyugal" con el régimen
patrimonial de la sociedad de gananciales, en lo que se refiere a los bienes sociales. En efecto, habiéndose
previsto como único régimen patrimonial, en el código derogado, el de la sociedad de gananciales, se
entendía que la "representación" se extendía y circunscribía a los intereses sociales de ese orden, estando
los de índole privada y personal fuera de ella. Recuérdese que el Código Civil de 1852 otorgaba al marido
la doble personería de los intereses sociales y de los de su cónyuge". En, Plácido V. Op cit. p. 130-131.
35
2.6 Teoría del contrato.
Participa del mismo criterio Belluscio56, quien considera que es una especie
particular de sociedad civil desprovista de personalidad jurídica a cuya formación
se ven forzados los cónyuges al contraer matrimonio y cuyo régimen de orden
público es insusceptible de ser alterado por la voluntad concurrente de los
esposos, aun cuando en las relaciones con los cónyuges o sus sucesores
universales puede actuar como sujeto de derecho en el proceso de liquidación y
a los efectos del ajuste de los créditos y deudas surgidas durante la gestión de los
bienes en curso de la vigencia de la sociedad.
55
Santiago C. Fassi. De los actos de disposición realizados por el marido en fraude de su mujer. Naturaleza
jurídica de la sociedad conyugal. LL. 27 - 109.
56
Belluscio. Op cit. p. 48.
36
se casan para formar una sociedad económico-financiera y obtener beneficios.
Hay una administración de la sociedad conyugal impuesto por ley y no por la
voluntad de las partes. El momento de la disolución también es indicado por la ley
y la división tanto del capital social adquirido como de las ganancias, no se
distribuye en razón de los aportes, sino sin consideración alguna a los aportes y
por partes iguales, aunque nada se haya aportado.
57
Úrsula Cristina Basset. La calificación de bienes en la sociedad conyugal. Principios, reglas, criterios y
supuestos. Buenos Aires, AbeledoPerrot, 2010. Página 55.
58
De acuerdo a este criterio, en el derecho comparado, la comunidad puede ser universal o restringida. La
primera comprende todos los bienes que los esposos tienen a la disolución del régimen; la segunda, sólo
una parte de ellos, cuya extensión varía conforme al tipo adoptado.
37
adquiridos con posterioridad a título gratuito. Es, pues, un régimen de
comunidad limitada a las adquisiciones realizadas por el esfuerzo o trabajo de
ambos cónyuges y conformada, también, por los frutos y productos de los
bienes propios y sociales, que igualmente se obtiene normalmente por el
esfuerzo de la administración de los mismos. Como una descripción, en el
artículo 301 del Código Civil se dispone que "en el régimen de sociedad de
gananciales puede haber bienes propios de cada cónyuge y bienes de la
sociedad". Los bienes propios pertenecen al cónyuge propietario; mientras
que, los bienes sociales corresponden a ambos cónyuges.
59
Ya se ha precisado que, en el derecho comparado, según quien sea el que durante el matrimonio ejerza
la administración de los bienes que luego van a ser divididos entre los cónyuges o sus sucesores, se
distinguen la comunidad de gestión o administración marital, la de gestión o administración separada, la de
gestión o administración conjunta, y la de gestión o administración indistinta. Ninguno de ellos se presenta
puro sino admitiendo elementos de alguno de los otros.
38
c) Según la responsabilidad por las deudas60, es una comunidad de obligaciones
separadas con responsabilidad subsidiaria. Así, en principio de las deudas
personales responde el patrimonio propio de cada cónyuge; sin embargo, la
responsabilidad por estas obligaciones puede alcanzar subsidiariamente al
patrimonio social y, eventualmente al propio del cónyuge no deudor, si es que
aquéllas se contrajeron en beneficio del futuro hogar (el artículo 307 del Código
Civil dispone que “las deudas de cada cónyuge anteriores a la vigencia del
régimen de gananciales son pagadas con sus bienes propios, a menos que
hayan sido contraídas en beneficio del futuro hogar, en cuyo caso se pagan
con bienes sociales a falta de bienes propios del deudor”) o en provecho de la
familia (el artículo 308 del Código Civil señala que “los bienes propios de uno
de los cónyuges, no responden de las deudas personales del otro, a menos
que se pruebe que se contrajeron en provecho de la familia”). De otro lado, de
las obligaciones sociales, tanto las asumidas por cualquiera de los cónyuges
en el ejercicio del poder doméstico como también las contraídas por ambos
por actos de administración y disposición que exceden de tal potestad,
responden los bienes sociales y, a falta o insuficiencia de éstos, los propios de
cada cónyuge, a prorrata (artículo 317 del Código Civil).
60
Según las deudas, en algunos regímenes son separadas; en otros, comunes; en otros, por fin, separadas y
comunes según los casos previstos. Estas diferencias están íntimamente relacionadas con el régimen de
gestión y miran a la protección de los acreedores.
39
IV. Formación de los diferentes patrimonios: bienes propios y bienes
sociales.
61
Hemos explicado que "establecido un vínculo jurídico familiar, inmediatamente surgen los derechos
subjetivos familiares, con contenido personal y patrimonial; los que, al estar contemplados en la ley, son
de naturaleza indisponible a la autonomía privada". En ese sentido, "que el contenido del vínculo jurídico
familiar es indisponible a la autonomía privada, significa que, estando previstos en la ley todos los efectos
que se derivan de cada estado de familia, la autonomía privada no puede modificar ni sustraer los efectos
establecidos en el ordenamiento positivo. Sin embargo, esto no importa que la autonomía privada no tenga
otro rol trascendental en el Derecho de Familia que el de sólo crear actos jurídicos familiares como sostiene
la doctrina clásica, por observar que la mayoría de sus normas son de orden público y que, por tal motivo,
la autonomía privada está casi totalmente restringida en este campo del Derecho Civil; asumiendo,
entonces, relevancia jurídica sólo al momento de la creación de los actos jurídicos familiares, al haberse
contemplado los efectos de éstos por el orden público familiar de manera indisponible. Empero, ello no
significa que la autonomía privada no pueda regular el contenido del vínculo jurídico familiar; vale decir,
determinar cómo se van a cumplir los derechos y deberes que derivan de cada estado de familia". En,
Plácido V. Op cit. p. 29-30.
40
sólo son obligatorias para aquellas personas que se encuentran dentro de una
relación jurídica matrimonial"62.
62
Casación N°3702-2000 Moquegua, del 8 de Junio de 2001. En, Diálogo con la Jurisprudencia. Año 7.
Número 37. Octubre de 2001. p. 291.
41
c. El origen de los fondos empleados en las adquisiciones. Aún tratándose de
adquisiciones onerosas durante el matrimonio, si ellas tienen su origen en el
empleo de dinero o fondos propios, lo adquirido será propio (artículo 311,
incisos 2 y 3). Se trata de un criterio basado en la regla de la subrogación real.
Como se aprecia, los principios rectores tratan de resolver la titularidad del bien,
con independencia de la procedencia del dinero empleado. Por esta última
cuestión, requieren de una norma complementaria encaminada a nivelar los
63
Al respecto, hemos explicado "p. ej., ¿cuál sería la calidad del bien cuyo precio, no obstante que fue
adquirido antes del matrimonio, es pagado durante el mismo? o, ¿cuál es la naturaleza del bien adquirido
durante el matrimonio, cuyo precio es pagado con dinero propio de un cónyuge y con dinero social?
Con relación a la primera pregunta, la consideración al principio de la época de adquisición determinará el
carácter propio del bien, no obstante que su precio es pagado durante el matrimonio. Ello es así, por cuanto
antes del matrimonio rigen las normas del derecho común: el adquirente de bien mueble es propietario desde
que se lo entregan (tradición); el adquirente de bien inmueble es propietario desde que surge la sola obligación
de enajenárselo (consensual), de conformidad con los artículos 947 y 949 del Código Civil. La regla del origen
de los fondos, que tiene relevancia sobre el precio pagado, resulta inaplicable para determinar la titularidad
del bien, por no estar vigente sino después de celebrado el matrimonio. No obstante, se presenta como una
norma complementaria encaminada a nivelar los patrimonios propios con el social. En tal virtud, se reconoce
a los cónyuges y a la sociedad el derecho recíproco al reembolso de las cantidades anticipadas, a fin de dejar
indemne el patrimonio que proporcionó dinero para adquisiciones a favor de otra masa patrimonial. De esta
manera, se conserva íntegro un patrimonio a través de los sucesivos actos de disposición realizados sobre el
mismo. Por ello, se concluye que en nuestro sistema jurídico el bien adquirido antes del matrimonio es propio
del adquirente (artículo 302, inciso 2, del Código Civil); quien quedará obligado a reembolsar al patrimonio
que proporcionó el dinero para el pago del precio, si no fue el suyo propio.
Respecto de la segunda pregunta y por las consideraciones anteriores, el bien adquirido durante el matrimonio
y cuyo precio es pagado con dinero propio y dinero social tiene naturaleza dual: es propio y social, a la vez,
en proporción a los respectivos aportes.
No existe en nuestro Código Civil una regla especial para estos casos que establezca que el primer desembolso
marca el carácter social o propio de la adquisición, como se dispone en el artículo 1356 del Código Civil
español. Tampoco se ha sostenido el criterio que deberá determinarse el carácter propio o social de acuerdo a
cuál es la masa, propia o social, de la que salió la suma mayor para integrar el precio; y, en caso de que los
aportes fueran iguales, se les otorgaría carácter social en virtud de la presunción de sociabilidad de los bienes.
En cambio, sí se ha expuesto la teoría del condominio entre el cónyuge, por la suma propia que aportó, y la
sociedad conyugal. Se explica que las adquisiciones que se efectúan en parte con el caudal propio de los
cónyuges y en parte con el de la comunidad, dan lugar a un condominio que es proporcional a los valores
invertidos. Disentimos de este criterio porque se funda en la admisión de la personalidad jurídica de la sociedad
conyugal, no admitida en nuestro derecho. La sociedad conyugal está conformada por los propios cónyuges y
son ellos la "sociedad conyugal". En, Plácido V. Op cit. p. 145-146.
42
patrimonios propios con el de la comunidad. El principio complementario anotado
es el de la conservación del equilibrio patrimonial. De los principios rectores se
concluye que los patrimonios iniciales de los cónyuges y el que va formando la
comunidad se deben mantener equilibrados conforme a su ratio; por lo que las
adquisiciones onerosas serán comunes, y las a título gratuito, propias (artículo
302, inciso 3). Además, este equilibrio inicial deberá mantenerse atribuyendo a
cada masa patrimonial los bienes adquiridos por causa anterior al matrimonio
(artículo 302, inciso 2), o a costa o en sustitución de bienes de cada patrimonio
(artículo 311, incisos 2 y 3), por efecto o aplicación del principio de subrogación
real.
Pero, el principio de la subrogación real sirve, además, para nivelar los patrimonios
propios con el de la comunidad cuando para la adquisición de determinados
bienes calificados como propios o sociales, se utilizaron dineros o fondos de
diferente naturaleza a la calificación legal. La conservación del equilibrio
patrimonial exige dejar indemne el patrimonio que proporcionó dinero para
adquisiciones a favor de otra masa patrimonial a fin de mantenerlo íntegro, a pesar
de los sucesivos actos de disposición realizados sobre el mismo. Para tal efecto,
43
se reconoce a los cónyuges y a la sociedad el derecho recíproco al reembolso o
recompensa de las cantidades anticipadas.
64
Vidal Taquini. Op cit. p. 413.
44
El artículo 1358 del Código Civil español resume lo explicado: "Cuando conforme
a este Código, los bienes sean privativos o gananciales, con independencia de la
procedencia del caudal con que la adquisición se realice, habrá de reembolsarse
el valor satisfecho a costa, respectivamente, del caudal común o del propio,
mediante el reintegro de su importe actualizado al tiempo de la liquidación".
65
Con el propósito de considerarla como una regla general, en el proyecto de Ley de Enmiendas al Código
Civil, publicado en separata especial del Diario Oficial El Peruano el 7 de Enero de 1995, se contempla -
en el artículo 311-A- la regulación de la teoría del reembolso con evidente influencia de su similar del
derecho español. La Subcomisión de Derecho de Familia de la Comisión de Reforma del Código Civil del
Congreso de la República ha mantenido la propuesta sugerida.
66
Valverde. Op cit. p. 474.
45
de la teoría del reembolso debe realizarse una vez concluida la vigencia de la
sociedad de gananciales, durante su liquidación; así:
67
Ejecutoria Suprema N°1755-88 Arequipa, del 22 de Diciembre de 1988. En, CD Explorador
Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica.
46
El artículo 302 del Código Civil trata de los bienes propios, o sea los que son
adquiridos con antelación al casamiento y otros durante éste, en casos y
circunstancias que los hacen incomunicables, constituyendo todos ellos el
patrimonio personal de cada cónyuge. El Código vigente siguiendo la técnica en
esta parte del derogado de 1936, ha tratado de completar al máximo la
enumeración de los bienes propios; incurriendo en omisiones, inherentes a este
tipo de enumeraciones, las que -como veremos- se salvan con los principios
rectores para la calificación de los bienes. En este mismo, sentido se ha
pronunciado el Tribunal Registral cuando señala que:
"Si bien el artículo 302 del Código Civil contiene una enumeración detallada de
aquellos bienes que la ley califica como propios y sanciona como sociales a
todos aquellos no comprendidos en dicha relación según el artículo 310 del
citado cuerpo legal, no es menos cierto que dicha regulación no agota la totalidad
de supuestos relacionados con el régimen patrimonial de sociedad de
gananciales, pues resulta claro que siempre la realidad supera cualquier
previsión normativa presentando una serie de supuestos en los que la
calificación de los bienes no es tan clara o cuya probanza resulta compleja" 68.
68
Considerando Octavo de la Resolución N°298-98-ORLC/TR del 10 de Agosto de 1998. En, Diálogo con
la Jurisprudencia. Año 7. Número 30. Marzo 2001. p. 175.
47
El término "aporte" es equívoco a la naturaleza del régimen. No obstante la
denominación empleada, el régimen no se identifica con el contrato de sociedad.
En tal sentido, debería utilizarse el vocablo "tenga", por cuento el régimen
patrimonial comprende los bienes presentes y futuros de los cónyuges.
La carga de la prueba recaerá sobre aquel cónyuge que alega el carácter propio
del bien, pudiendo recurrir a cualquier medio probatorio para tal efecto. Entre
otros, se considerará la relación de bienes que cada cónyuge tenía antes del
matrimonio que fuera incorporada a la escritura pública por la que se eligió el
régimen patrimonial; apreciándosela como una reserva de la propiedad de los
mismos.
a) "...el departamento sub litis fue comprado por Guillermo Cribillero Aburto por
escritura pública de seis de julio de mil novecientos sesentiseis, antes de
contraer matrimonio con la actora el once de agosto de mil novecientos
sesentisiete, por lo que es un bien propio del marido en virtud de lo dispuesto
por el inciso primero del artículo ciento setentisiete del Código Civil anterior
(inciso 1 del artículo 302 del Código Civil vigente), aplicable porque los
hechos sucedieron bajo su imperio; que si bien, el precio se pactó en ciento
69
En el Código Civil español establece que "los bienes comprados a plazos por uno de los cónyuges antes
de comenzar la sociedad, tendrán siempre carácter privativo, aun cuando la totalidad o parte del precio
aplazado se satisfaga con dinero ganancial. Se exceptúa la vivienda y ajuar familiares", que se rigen por la
de la proindivisión entre la sociedad y el cónyuge que pagase parte del precio (artículo 1357).
48
ochenta armadas mensuales, y el mismo se terminó de pagar durante la
vigencia del matrimonio, ello no convierte en un bien común al referido
inmueble, pues la calificación de su condición de bien propio resulta clara a
tenor de lo que señalan el inciso primero de la mencionada disposición
legal"70.
b) "El artículo trescientos dos del Código Civil enumera, en forma taxativa cuales
son los bienes propios de cada cónyuge: en el inciso primero se contemplan
los bienes adquiridos antes de la vigencia del matrimonio, mientras que el
inciso segundo se refiere a aquellos bienes sobre los cuales uno de los
esposos ya tenía un derecho antes de casarse. En consecuencia, considerar
un bien como propio porque fue adquirido por compraventa con anterioridad
al matrimonio en aplicación del inciso segundo del artículo trescientos dos del
Código Civil constituye un error de interpretación, siendo la correcta la
enunciada en el inciso primero de la norma legal acotada”71.
70
Ejecutora Suprema N°495-91Lima, del 7 de Diciembre de 1992. En este sentido, disentimos de lo
expuesto por Milagritos Lúcar Villar cuando sostiene que "la causa de adquisición es cualquier acto que
origine el derecho a obtener el título de adquisición, importando la fecha en que se produce la causa pues
ella será determinante para establecer el carácter de bien propio o social. La adquisición de un inmueble
vía sorteo para ser pagado a plazos, antes de la celebración del matrimonio, es la causa de adquisición
suficiente para determinar la condición de bien propio". En, "Los bienes propios y la causa de adquisición
en la Sociedad de Gananciales". Diálogo con la Jurisprudencia. Tomo 6. Gaceta Jurídica.
71
Considerandos Cuarto y Quinto de la Casación N°1715-96 Piura, del 11 de Mayo de 1998. En, "El Código
Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 296-297.
49
documentos públicos notariales; en consecuencia, al no haberse desvirtuado la
presunción del artículo 311 inciso 1 del Código Civil (presunción de sociabilidad),
no procede registrar el bien como propio. Así lo ha establecido el Tribunal
Registral en reiterada jurisprudencia, con la siguiente precisión:
72
Resolución Nº219-98-ORLC/TR del 11 de Junio de 1998. En, Jurisprudencia Registral. Año III. Volumen
VI. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1998. p. 257-259; en idéntico sentido, la Resolución Nº433-
98-ORLC/TR del 24 de Noviembre de 1998. En, Jurisprudencia Registral. Año IV. Volumen VII. Lima,
Oficina Registral de Lima y Callao, 1999. p. 118-121; la Resolución N°338-2000-ORLC/TR del 17 de
Octubre de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año VI. Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral de
Lima y Callao, 2001. p. 328-331; la Resolución N°369-2000-ORLC/TR del 3 de Noviembre de 2000. Op
cit. p. 332-334.
La Resolución Nº016-99-ORLC/TR del 28 de Enero de 1999 señala “Que, para los efectos de la clara
diferenciación entre un documento público y un documento fehaciente, resulta conveniente, atendiendo a
su similitud existente entre el artículo 245 de nuestro Código Procesal Civil y el artículo 1227 del Código
Civil Español, señalar lo expresado por Antonio Manzano Solano (Derecho Registral Inmobiliario: para
iniciación y uso de universitarios. Volumen II. Colegio de Registradores de la Propiedad y Mercantiles de
España. Madrid, 1994, pág. 446), cuando indica que “(…) El carácter público o auténtico de un documento
hace alusión a su formalización pública: intervención de notario o funcionario. La fehaciencia, en cambio,
alude a su valor como prueba y, en este sentido, puede ser fehaciente un documento privado, cuya fecha se
cuenta respecto a terceros cuando se dan algunas de las circunstancias previstas en el artículo 1227 del
Código Civil: su incorporación o inscripción en un registro público; la muerte de cualquiera de los que lo
firmaron o su entrega a un funcionario público por razón de su oficio. Sin embargo, al no ser fehaciente el
documento privado en cuanto al contenido que sea objeto de la inscripción (como exige el art. 33 del
Reglamento Hipotecario), no es idóneo, como regla general, para el Registro de la Propiedad (…).
Que, de otro lado, es necesario precisar que la totalidad de los supuestos regulados en el artículo 245 del
Código Procesal Civil, para determinar la fecha cierta de un instrumento privado, no resultan directamente
aplicables a la calificación registral, atendiendo precisamente a que la utilización supletoria de las normas
que rigen el proceso civil debe tener en cuenta las diferencias existentes con el procedimiento registral, en
especial considerando que en este último no resulta factible la actuación de medios probatorios diferentes
a los documentos en que los solicitantes funden su derecho ni resulta admisible la oposición o intervención
de terceros, dada su naturaleza no contenciosa.
50
Situación diferente es la compraventa con pacto de reserva de propiedad, por
cuanto recién cuando se cancele el precio -aunque el bien haya sido entregado-
el comprador adquiere automáticamente el derecho de propiedad. Si esto último
ocurriese durante el matrimonio, el bien será social. La Corte Suprema se ha
pronunciado en el mismo sentido, cuando señala que:
"El bien cuya declaración de bien propio pretende el recurrente fue adquirido con
anterioridad a contraer matrimonio, mediante contrato de compraventa a plazos
y con pacto de reserva de propiedad, es decir que el vendedor se reservó el
derecho de propiedad, hasta que el comprador demandante cumpla con pagar
totalmente el precio convenido. Habiéndose cumplido con cancelar dicho precio
Que, en tal razón puede advertirse que en los casos previstos en los incisos 2 y 3 del artículo 245 del Código
Procesal Civil, es la intervención de un tercero distinto a las partes (funcionario público o notario), que en
ejercicio de una función legalmente establecida, da fe de la existencia del documento en una fecha
determinada e inclusive (en el caso de la legalización de firmas) de la suscripción por sus otorgantes, lo que
sin darles calidad de documento público como advierte el artículo 236 de la misma norma adjetiva, garantiza
su fehaciencia sin probanza adicional alguna.
Que, en los otros supuestos contemplados en el artículo 245 del Código Procesal Civil, tales como la muerte
del otorgante, la difusión a través de un medio público, otros análogos o el uso excepcional de medios
técnicos, la fehaciencia de la existencia y autenticidad del documento privado no se acredita de forma
instrumental ni a través de fe producida por un actuación heterónoma, sino que la misma se complementa
con otros mecanismos procesales como el reconocimiento, tacha, cotejo; apreciándose que aún en caso de
ser reconocidos, los documentos privados tendrán, según el artículo 246 del Código adjetivo, el valor que
el Juez le asigne; actuaciones que no resultan compatibles con la naturaleza del procedimiento registral, en
el que, además, no puede otorgarse al Registrador facultades propiamente jurisdiccionales respecto a la
libre valoración del mérito probatorio de un documento, por cuanto, como establece el artículo 5 del
Reglamento de Inscripciones, el título para los efectos de inscripción debe, por sí solo o con otros
complementarios, hacer fe del derecho que se pretende registrar”. En, Jurisprudencia Registral. Año IV.
Volumen VIII. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1999. p. 130-135.
Conforme a los criterios expuestos, en la Resolución Nº020-99-ORLC/TR del 2 de Febrero de 1999, se ha
indicado “Que, en el presente caso, cabe advertir que el documento privado ha sido valorado en sede
judicial, en cuyo mérito se decidió amparar la pretensión del demandante tal como se corrobora con lo
expresado en el quinto considerando de la sentencia consentida del 21 de Abril de 1997, inserta en el
instrumento público venido en grado, en tanto consigna que la parte actora ha demostrado que adquirió el
inmueble materia delitis por contrato de compra venta de facha 17 de Marzo de 1982 y que obra en autos,
correspondiéndole el derecho de que se le otorgue la correspondiente escritura pública.
Que, en ese sentido, resulta incuestionable en sede registral la autenticidad y el valor probatorio que mereció
el citado instrumento, que coadyuvó a la decisión judicial y su posterior formalización, consecuentemente,
toda vez que el comprador contrajo matrimonio civil con posterioridad a la suscripción de la minuta (3 de
agosto de 1994), conforme se acredita con la copia certificada de la partida de matrimonio que acompaña
al título alzado, se puede colegir que dicha adquisición se efectuó cuando el comprador mantenía la
condición de soltero, por lo que dicho extremo de la observación deviene infundada”. En, Jurisprudencia
Registral. Año IV. Volumen VIII. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1999. p. 107-110.
51
con posterioridad a la celebración del matrimonio en vigencia del régimen de
gananciales, el bien resulta ser común”73.
Se trata de una fórmula amplia que comprende diversos supuestos en los que el
acto jurídico generador de la adquisición sea anterior al matrimonio, tales como,
el de los bienes habidos bajo condición suspensiva, que se cumple durante el
matrimonio; el de los reivindicados por acción iniciada antes o durante del
casamiento; el de los que vuelven a uno de los cónyuges por nulidad o resolución
de un contrato; el de los adquiridos por usucapión, cuando la posesión sea
anterior al matrimonio; o el de otras adquisiciones realizadas en análogos
supuestos.
73
Considerandos Tercero, Cuarto y Quinto de la Casación N°838-96 Lima, del 5 de Noviembre de 1997.
En, "El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 294-295.
74
Considerando Tercero y Cuarto de la Casación N°1715-96 Piura, del 11 de Mayo de 1998. En, "El Código
Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 296-297.
52
declarativo de la sentencia, a través de la posesión continua, pacífica y pública
como propietario.
75
Basset, Ursula Cristina. La calificación de bienes en la sociedad conyugal”. Buenos Aires, AbeledoPerrot,
2010. Página 607. Bossert – Zannoni también concluyen que ”el bien que uno de los cónyuges empezó a
poseer antes del matrimonio es propio de él, aunque la posesión se complete después y la sentencia que
declara la prescripción adquisitiva se dictara durante el matrimonio”. En, Op cit. p. 194.
53
liberalidad; por el contrario, es el reconocimiento de un derecho que le da esa
posesión que es de cinco años cuando se trata de un bien rústico y de diez años
si es un inmueble urbano. Si la posesión la ejerció por el tiempo requerido
durante la unión matrimonial, vale decir, con la tenencia de la sociedad conyugal,
es forzoso colegir que se trata de un bien social, lo que concuerda con lo
dispuesto en los artículos trescientos diez y trescientos once del Código Civil"76.
4.3.3 Los que adquiera durante la vigencia del régimen a título gratuito.
76
Considerandos Segundo y Tercero de la Casación N°2176-99 Lambayeque, del 7 de Diciembre de 1999.
En, "El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 567-568.
77
Bossert – Zannoni. Op cit. p. 194.
54
Las donaciones remuneratorias son aquellas que se hacen en pago de servicios
prestados al donante por el donatario, estimables en dinero, y por los cuales éste
podía pedir judicialmente el pago al donante. En estos casos, el acto es oneroso
y se gobierna por las reglas del pago. En consecuencia, es una adquisición a
título oneroso.
78
Así ha expuesto: "Las sentencias de mérito consideran que la adquisición por prescripción es a título
gratuito y como tal está comprendida en el inciso tercero del artículo trescientos dos del Código Civil, esto
es, que se trata de una asunción de dominio a título gratuito y como tal constituye un bien propio. No
obstante, la declaración judicial efectuada a favor del que adquiere el dominio de un bien por prescripción
a base de la posesión directa y pacífica, no puede considerarse un acto de liberalidad; por el contrario, es el
reconocimiento de un derecho que le da esa posesión que es de cinco años cuando se trata de un bien rústico
y de diez años si es un inmueble urbano. Si la posesión la ejerció por el tiempo requerido durante la unión
matrimonial, vale decir, con la tenencia de la sociedad conyugal, es forzoso colegir que se trata de un bien
social, lo que concuerda con lo dispuesto en los artículos trescientos diez y trescientos once del Código
Civil”. Considerandos Segundo y Tercero de la Casación N°2176-99 Lambayeque, del 7 de Diciembre de
1999. En, "El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 567-568
55
de fondos que son sociales, es natural que se halle obligado a su reembolso, en
la misma medida que se afecta para ese objeto el patrimonio social.
Se trata en este dispositivo dos derechos -de autor y de inventor- que están
íntimamente vinculados y son indesligables de la persona del creador o inventor;
en ello, radica el carácter propio del bien.
79
En el Código Civil español se precisa que es bien propio "el resarcimiento por daños inferidos a la persona
de uno de los cónyuges o a sus bienes privativos" (artículo 1346, numero 6).
56
Por ello, la regla debería considerar como bienes propios a todos los derechos
inherentes a la persona, y no solamente a los derechos intelectuales80.
De otra parte, se dispone que no son bienes propios los instrumentos que sean
accesorios de una empresa que tiene la calidad de social. Ello es así por el
80
El Código Civil español precisa que tiene carácter privativo "los bienes y derechos patrimoniales
inherentes a la persona y los no transmisibles inter vivos" (artículo 1346, número 5).
57
principio de que las partes accesorias de un bien siguen la condición de éste.
Conviene precisar que una empresa tiene la calidad de bien social cuando ha
sido constituida o fundada con fondos sociales. Aquí se comprenden las figuras
de la empresa unipersonal y de la empresa individual de responsabilidad
limitada. De otra parte, los accesorios de una empresa son todos aquellos bienes
que coadyuvan a la obtención del giro al que está destinado la empresa.
58
Respecto de la capitalización de utilidades, como no hay dividendos por haber
resuelto la sociedad la no distribución de la ganancia, el cónyuge reembolsará a
la sociedad el valor de los beneficios que se capitalizaron para reservar el
derecho del otro consorte.
Por la aplicación de la subrogación real, son estas últimas apreciaciones las que
prevalecen en nuestro Código Civil.
4.3.9 Los vestidos y objetos de uso personal, así como los diplomas,
condecoraciones, correspondencia y recuerdos de familia.
59
Este dispositivo se refiere a bienes propios que sirven a la persona para
satisfacer las necesidades de vestido y a objetos vinculados a los méritos y
afectos de un cónyuge; razones por las cuales se les califica como bienes
propios.
Respecto de los primeros, es claro que las necesidades de vestido son atendidas
con bienes que no tienen un valor extraordinario. En estos casos y como están
destinados a levantar una carga familiar, resulta evidente no exigir reembolso
alguno por estar destinados los bienes propios y sociales al sostenimiento de los
cónyuges; dependiendo, también, del entorno económico y social en el que
vivan81.
Esto es más resaltante con relación a los segundos, que ordinariamente carecen
de valor pecuniario y no requieren la utilización de fondo alguno para su
adquisición.
81
En el Código Civil español se indica que son bienes propios "las ropas y objetos de uso personal que no
sean de extraordinario valor" (artículo 1346, número 7).
60
enunciación legislativa del artículo 302 que, por descarte, podría atribuir una
errónea calificación del bien como social, como se vio al analizar el citado
dispositivo.
"Segundo.- que, la demanda tiene por objeto la nulidad del acto jurídico
celebrado el veintitrés de marzo de mil novecientos noventicuatro, pues según
alega la demandante el contrato de compraventa materia de litis es nulo ya que
se dispuso de un bien inmueble que pertenece a la sociedad de gananciales sin
el consentimiento de la accionante.
82
El artículo 941 del Código Civil establece que “cuando se edifique de buena fe en terreno ajeno, el
dueño del suelo puede optar entre hacer suyo lo edificado u obligar al invasor a que le pague el terreno.
En el primer caso, el dueño del suelo debe pagar el valor de la edificación, cuyo monto será el promedio
entre el costo y el valor actual de la obra. En el segundo caso, el invasor debe pagar el valor comercial
actual del terreno”.
61
materia del proceso en copropiedad con sus hermanos y como herederos de su
causante común, asimismo, la transferencia de los derechos y acciones que
sobre el mismo bien hizo aquél a éstos.
Sétimo.- que, de lo dicho no son aplicables al caso los supuestos de los Artículos
trescientos diez y trescientos quince del Código Sustantivo relativos a los bienes
sociales y al acuerdo de los cónyuges sobre su disposición...”83.
Por estar en la esencia del régimen -la comunicación del carácter social entre
quienes, por la naturaleza y proyecciones del estado matrimonial que los une,
deben ser solidarios en la fortuna como en la adversidad- se determina
considerar como bienes sociales las ganancias obtenidas por hechos fortuitos
83
Casación N°102-98-PUNO, del 17 de Junio de 1998. En, CD Explorador Jurisprudencial 2001-2002.
Gaceta Jurídica.
62
como la lotería, rifas, juegos, apuestas, etc. A esa conclusión se llega por la
aplicación del principio general de que son sociales todos los bienes no
comprendidos en la enumeración del artículo 302.
Los aumentos materiales y mejoras útiles de bienes propios o sociales, sea por
causas naturales o por la obra del hombre tienen el carácter de social. La esencia
del régimen y la aplicación del principio general enunciado, determinan tal
conclusión.
63
A pesar que la aplicación del principio general exige concluir lo contrario, por su
naturaleza no deben ser consideradas las mejoras necesarias porque ellas
tienen por exclusivo objeto la conservación del bien, que es una carga de la
sociedad de gananciales, en atención a que su destino es servir al
mantenimiento del regular disfrute del bien propio, cuyos productos ingresan al
caudal de la comunidad. Las mejoras de simple recreo deben también ser
excluidas porque su objeto no es aumentar el rendimiento del bien, ya que se
hacen sólo para ornato, lucimiento o mayor comodidad.
Sin embargo, el principio por el cual el propietario de un bien corre con el riesgo
de su destrucción o deterioro (periculum), así como en su beneficio serán los
aumentos de valor del bien (commodum), determina que si es un bien propio el
que aumenta materialmente, por aluvión, anexión, etc, se extienda a estos
aumentos su carácter propio, y lo mismo sucede con el mayor valor que, por
hechos de la naturaleza o por actos de terceros, obtenga el bien propio durante
la sociedad de gananciales. Lo mismo cabe decir de un bien social. Es por ello,
que este punto debe ser objeto de una revisión legislativa; considerando,
además, que si se emplearon fondos sociales para aumentar el valor de un bien
propio, el cónyuge propietario de éste debe reembolsar del valor de la inversión
a la sociedad y viceversa.
En ese sentido, la calificación como social a los edificios construidos a costa del
caudal social en suelo propio de uno de los cónyuges (artículo 310) debe ceder
al concepto expuesto en el párrafo anterior y considerar a toda la unidad
inmobiliaria como bien propio, reconociendo el reembolso del aumento de valor
a favor de la sociedad.
64
de bienes propios se les debe reputar, también, propio. Se requiere de una
revisión de nuestra legislación en esta materia.
84
Con este criterio, se califica como bien social a la compensación por tiempo de servicios sólo a partir del
matrimonio civil y hasta la fecha de la escritura pública en que se pacte el régimen de separación de
patrimonios o de la resolución judicial consentida o ejecutoriada que ponga fin al régimen de sociedad de
gananciales (artículo 39, segundo párrafo, del Texto Único Ordenado de la Ley de Compensación por
Tiempo de Servicios).
65
adquisición, a la que hubiese seguido otra equivalente. A partir de esto, se
considera que la adquisición posterior es hecha con el resultado de la enajenación
anterior y, por tanto, será propio o social el bien dependiendo del carácter de los
fondos empleados (artículo 311, inciso 3). Esta última es regulada como una
presunción iuris tantum.
Mas la prueba debe ser rotunda y categórica, pues en caso contrario regirá la
presunción de bien social contemplada en el inciso 1 del artículo 311. Verdad es
que la subrogación real no se agota en una operación. No obstante, no está
condicionado a formalidad alguna, bastando por toda prueba el hecho mismo de
la subrogación.
66
pues tales ahorros o trabajos podían ser tanto anteriores al matrimonio como
posteriores”85. Así, el Tribunal Registral ha precisado que:
a) "La ley ha consagrado en el artículo 311 del Código Civil tres presunciones
sobre la naturaleza de los bienes en la sociedad, siendo relevante para el caso
que nos ocupa las presunciones desarrolladas en los dos últimos incisos del
citado artículo. De los antecedentes registrales así como de los documentos
contenidos en el título alzado se puede concluir que don XXX transfirió la
propiedad de un bien propio según escritura pública del 17 de Junio de 1996
recibiendo como precio de venta la suma de US$180,000.00 dólares
americanos mientras que, la compraventa materia de rogatoria se formalizó el
día 4 de Julio de 1997 habiendo cancelado el precio de venta ascendente de
US$55,000.00 dólares americanos. Por tanto, dado el mayor valor del inmueble
transferido resulta razonable presumir que parte de dicho monto haya sido
destinado a la adquisición del bien cuya inscripción se pretende, máxime si la
única limitación prevista por el inciso 3 del artículo 311 del Código Civil alude a
la existencia de una correspondencia aproximada entre el precio de lo que se
vendió y el del bien que luego fue comprado, tal como se puede colegir que
existe en el caso subexámine. Sin embargo, el registrador público encargado
de la calificación del título alzado, denegó la inscripción en aplicación de un
"criterio de temporalidad" que no resulta admisible habida cuenta que la norma
legal no lo ha previsto, pues ésta no exige expresamente que la nueva
adquisición se realice en forma "inmediata" o en un plazo temporal próximo a
la venta del bien propio, exigiendo sólo que no se pruebe haber invertido el
precio, no acreditándose con el mero transcurso del tiempo la inversión del
monto de la primera compraventa"86.
b) “La cláusula séptima del contrato de compraventa celebrado por XXX con doña
ZZZ según escritura pública de fecha 01 de Febrero de 1994, otorgado por ante
Notario Público Dr. Julio Antonio del Pozo Valdez sobre el inmueble ubicado
en el departamento Nº102 Primer Piso, con acceso por la calle Cabo Blanco
85
Belluscio. Op cit. p. 71.
86
Resolución N°298-98-ORLC/TR del 10 de Agosto de 1998. En, Diálogo con la Jurisprudencia. Año 7.
Número 30. Marzo de 2001. p. 176.
67
Nº356, distrito de San Isidro, Lima, por el precio de veinticinco mil dólares
americanos contiene la declaración de la adquirente reconociendo que la
compra del inmueble referido la efectúa con el dinero proveniente de la venta
de una casa habitación ubicada con frente a la calle Bolognesi Nº345 del distrito
de San Isidro, que adquirió por herencia de su causante doña JJJ a favor de
CCC y su esposa DDD por escritura pública del 29 de noviembre de 1993,
extendida ante Notario Dr. Ramón Espinoza Garreta.
Que la causa de adquisición del bien adquirido que pudo obedecer a una de
las dos condiciones propuestas por los incisos 2 y 3 del artículo 311 del Código
Civil, se hala corroborada por el asiento 12 de fojas 113 del Tomo 654 del
Registro de la Propiedad Inmueble de Lima en la cual consta que la adquisición
del inmueble de parte de doña ZZZ obedeció a su condición de heredera
universal de quien fuera su anterior propietaria doña JJJ, y por el siguiente
asiento 13 en el que aparece la venta a favor de la sociedad conyugal formada
por CCC y DDD por un valor de noventa mil dólares americanos”87.
87
Resolución Nº001-96-ORLC/TR del 01 de Enero de 1996. En, Jurisprudencia Registral. Año I, Volumen
II. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1996. p. 204-206.
88
Resolución Nº255-96-ORLC/TR del 30 de Julio de 1996. En, Jurisprudencia Registral. Año II, Volumen
III. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1997. p. 71-72. En idéntico sentido la Resolución Nº286-96-
ORLC/TR del 12 de Agosto de 1996. Op cit. p. 73-75: en este caso se alude a la insuficiencia a la mención
de un contrato de promesa de venta por no estar inserto en la escritura pública de compra venta; la
Resolución Nº384-96-ORLC/TR del 11 de Noviembre de 1996. Op cit. p. 76-77: en este caso se menciona
que un contrato de compraventa anterior a la fecha de la escritura pública no constituye título suficiente
para rectificar la calidad del bien, más aún si no ha adquirido fecha cierta, cuya declaración corresponde al
órgano jurisdiccional; la Resolución Nº247-97-ORLC/TR del 23 de Junio de 1997. En, Jurisprudencia
Registral. Año II. Volumen IV. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1997. p. 91-93.
68
del Código Civil, admitiendo en su inciso 3 que vendidos algunos bienes cuyo
precio no consta haberse invertido y se compran después otros equivalentes,
se presume que la una es hecha de la otra, salvo prueba en contrario”89.
e) “El inciso 3 del artículo 311 del Código Civil establece que si vendidos algunos
bienes, cuyo precio no consta haberse invertido, se compran después otros
equivalentes, se presume mientras no se pruebe lo contrario, que la
adquisición posterior es hecha con el producto de la enajenación anterior; lo
que supone que la presunción no se refiere a la existencia de dichos bienes,
sino a que, una vez acreditada fehacientemente la existencia y venta de los
mismos, el precio de dicha operación se ha utilizado en la adquisición posterior.
Que, la fecha del instrumento público de venta del inmueble inscrito a fojas 163
del tomo 374 del Registro de la Propiedad Inmueble de Lima, el 12 de
Diciembre de 1994 y la posterior adquisición del inmueble submateria por el
precio de US$120,000.00 por escritura pública del 16 de Diciembre de 1994,
89
Resolución Nº420-96-ORLC/TR del 29 de Noviembre de 1996. En, Jurisprudencia Registral. Año II.
Volumen III. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1997. p. 101-103.
69
hace presumir que la adquirente compró el inmueble con bienes propios, esto
es, con el dinero proveniente de la previa transferencia de otro inmueble”90.
f) "Los derechos y acciones que adquiere uno de los cónyuges sobre el inmueble
vía adjudicación en pago, conserva la calidad de bien propio, si la deuda
materia de dicha cobranza lo es, toda vez que en el presente caso se ha
configurado una sustitución de bienes conforme a lo preceptuado en el inciso
2 del artículo 311 del Código Civil. En estos casos, para la adquisición del
inmueble no ha existido aporte dinerario proveniente de la sociedad
conyugal”91.
Se aprecia, pues, que la subrogación real tiene como principal objeto la definición
de un bien como propio, por cuanto la presunción de bien social será suficiente
para calificarlo con ésta calidad. Ya se ha afirmado que "este precepto se dicta a
favor de los cónyuges más que de la sociedad porque las subrogaciones de los
bienes sociales están amparadas por la presunción de ganancialidad”92.
Puede ocurrir que un bien sea adquirido con dinero que sea en parte propio y en
parte social. Conforme a un criterio, deberá determinarse el carácter propio o
social de acuerdo a cuál es la masa, propia o social, de la que salió la suma mayor
para integrar el precio; y, en caso de que los aportes fueran iguales, se le otorgaría
carácter social en virtud de la presunción de bien social.
Conforme a otro criterio, surge en este caso un condominio entre el cónyuge, por
la suma propia que aportó, y la sociedad conyugal. Desde esta perspectiva,
fundada en la admisión de la personalidad jurídica de la sociedad de gananciales,
se señala que si se admite que ésta es titular íntegramente de un bien, resulta
90
Resolución Nº223-98-ORLC/TR del 12 de Junio de 1998. En, Jurisprudencia Registral. Año III. Volumen
VI. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1998. p. 155-158.
91
Resolución N°300-2000-ORLC/TR del 26 de Setiembre de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año VI.
Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2001. p. 198-200. En idéntico sentido, la
Resolución N°419-2000-ORLC/TR del 29 de Noviembre de 2000. Op cit. p. 317-319.
92
Valverde. Op cit. p. 488.
70
admisible también que sea condómina. Al respecto, Valverde ha sostenido que
"en armonía con esos conceptos, y como su lógica consecuencia, las
adquisiciones que se efectúan en parte con el caudal privativo de los cónyuges y
en parte con el de la comunidad, dan lugar a un condominio que es proporcional
a los valores invertidos”93.
Puede ocurrir que un cónyuge sea dueño de una parte indivisa de un bien con
carácter propio y adquiera luego las restantes partes indivisas con dinero social.
En este caso se ha sostenido que las nuevas porciones toman también carácter
propio, naciendo para la sociedad un derecho de reembolso.
De otra parte, como una regla de prueba, sin referirse a la naturaleza de los bienes,
se presume que todos los bienes son sociales si no se prueba su carácter propio.
Se trata de una presunción basada en razones de utilidad y verosimilitud. Juega
93
Valverde. Op cit. p. 468. Disentimos del criterio del condominio porque se funda en la admisión de la
personalidad de la sociedad conyugal, lo que no ha sido admitido en nuestro Derecho.
94
Es la solución del Código Civil español, artículo 1356.
71
en favor de ambos cónyuges, y no de uno solo de ellos, y es susceptible de prueba
en contrario (artículo 311, inciso 1).
En Derecho romano existía una presunción por la que se estimaba que los bienes
que la mujer casada adquiriese, sin constar su origen, procedían de donación de
su marido, para salvaguardar así su honorabilidad, presunción que por haber sido
formulada por Quinto Mucio Scaevola ha pasado a ser denominada "presunción
muciana”95.
95
Espín Cánovas. Op cit. p. 277.
72
enajenaciones posteriores, no es correcto señalar que previamente es en otro
proceso donde se definiría si los bienes son o no sociales, después de lo cual
recién podrá hacer valer la pretensión sobre indemnización; por cuanto, por la
aplicación del inciso primero del artículo trescientos once del Código Civil,
salvo prueba en contrario, todos los bienes adquiridos durante la vigencia del
matrimonio se presumen sociales"96.
Segundo.- Que si bien dicha presunción admite prueba en contrario, ésta sólo
podrá realizarse en el proceso que se inicie para controvertir la presunción,
pretensión que no es materia del presente proceso ni ha sido invocada por la
cónyuge demandada, quien es la única con interés para obrar en tal sentido;
96
Considerandos Primero, Tercero y Cuarto de la Casación N°746-97 La Libertad, del 26 de Agosto de
1998. En, "El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 567-568.
97
Resolución de la Primera Sala Civil de la Corte Superior de Lima, de fecha 30 de Abril de 1997, recaída
en el expediente 135-7-97. En, CD Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica.
73
de atribuir de común acuerdo el carácter social a cualquier adquisición onerosa98,
o de considerar suficiente la confesión conyugal para considerar un bien como
propio, sin perjudicar a terceros99, y la expresa prohibición de contratar respecto
de bienes sociales con la circunstancia que es la ley la que determina la naturaleza
de los bienes, evidencian lo acentuado del carácter de esta presunción a favor de
la sociabilidad y el porqué se exige de modo riguroso la prueba de que
determinados bienes son propios de los esposos. Por ello y tratando de
salvaguardar el derecho de los terceros, no se admite que la propia declaración
(confesión) -aún por escritura pública- de un cónyuge de haber realizado una
adquisición con dinero del otro sea bastante para dar al bien adquirido carácter
propio, por no ser suficiente dicha confesión para destruir la presunción. En ese
sentido, el Tribunal Registral ha establecido como precedente de observancia
obligatoria que:
98
Así, el artículo 1355, apartado 1, del Código Civil español.
99
Así, el artículo 1324 del Código Civil español. Espín Cánovas señala que estas disposiciones amplían
considerablemente el ámbito de la autonomía de la voluntad en una materia especialmente difícil de regular
sólo por ley, y evita posibles cuestiones en el momento de la disolución y liquidación de la sociedad de
gananciales. Op cit. p. 276.
100
Resolución del Tribunal Registral N°003-2002-ORLC/TR del 4 de Enero de 2002. En, Diálogo con la
Jurisprudencia. Año 8. Número 42. Marzo 2002. p. 254-257. El Tribunal Registral señala, en el duodécimo
punto de la resolución, que "Este órgano colegiado ha expresado, en reiterada y uniforme jurisprudencia,
que si bien la manifestación del adquirente del inmueble, acompañada del asentimiento del otro cónyuge
constituye un acto de reconocimiento de la calidad de inmueble como un bien propio, no es menos cierto
que dicha manifestación se efectúa desprovista de pruebas, incumpliéndose por ende con los requisitos
necesarios para enervar los alcances de la presunción iuris tantum contenida en el artículo 311 del Código
Civil; y siendo que en el presente caso sólo consta la declaración del cónyuge para señalar que el bien que
se adquiere tiene la calidad de bien propio del otro cónyuge, no habiéndose adjuntado en cambio los títulos
idóneos que acrediten que el dinero que sirve para cancelar el precio del bien, tenga la calidad de propio,
debe concluirse que el bien adquirido por compraventa deberá inscribirse con la calidad de bien social a
favor de la sociedad conyugal". El Tribunal Registral llega a esa conclusión luego de analizar
comparativamente la doctrina (Luis Díez-Picazo y Antonio Gullón) y legislación (artículo 1324 del Código
Civil) española con la doctrina (Héctor Cornejo Chávez y Alex Plácido V.) y legislación (artículo 311 del
Código Civil) peruana, para concluir que en nuestro sistema jurídico no está permitido que para efectos
registrales la presunción de sociabilidad sea enervada mediante la declaración o confesión del otro cónyuge
en tal sentido. En idéntico sentido, la Resolución Nº078/92-ONARP-JV del 26 de Noviembre de 1992. En,
Jurisprudencia Registral. Año I, Volumen I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1996. p. 39; la
Resolución Nº020-96-ORLC/TR del 22 de Enero de 1996. En, Jurisprudencia Registral. Año I, Volumen
II. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1996. p. 207-209; la Resolución Nº275-97-ORLC/TR del 30
de Junio de 1997. En, Jurisprudencia Registral. Año II. Volumen IV. Lima, Oficina Registral de Lima y
Callao, 1997. p. 89-90; la Resolución Nº391-97-ORLC/TR del 26 de Setiembre de 1997. En, Jurisprudencia
74
La confesión es mirada tradicionalmente con desconfianza por el temor de fraude
que pueda perjudicar a terceros acreedores o a herederos al atribuir carácter
privativo a bienes comunes. Puede constituir grave riesgo para acreedores si la
confesión del marido atribuye a la mujer el dominio de bienes comunes, resultando
defraudados aquéllos. También este peligro podía existir para los hijos del
cónyuge que atribuye al otro ciertos bienes, si no eran hijos comunes.
No debe perderse de vista que las pretensiones que puedan los cónyuges ejercer
para discutir el carácter propio de determinados bienes, que se presumen sociales,
se pueden intentar, en todo momento, durante la vigencia de la sociedad de
gananciales; suspendiéndose la prescripción extintiva de conformidad con el
Registral. Año III. Volumen V. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1998. p. 31-34; la Resolución
Nº239-99-ORLC/TR del 21 de Setiembre de 1999. En, Jurisprudencia Registral. Año IV. Volumen IX.
Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2000. p. 108-111.
101
Valverde ha sostenido: “La prueba para destruir esta presunción será diversa según que el litigio sea
entre los cónyuges, o entre ellos y sus sucesores hereditarios o con los terceros propiamente dichos, porque
mientras en el caso de los primeros, dada la relación del vínculo que los une podrá tener importancia la
confesión, en el de los otros dicha prueba carecerá de eficacia, ya que de lo contrario se daría a los
cónyuges sobre los extraños, un poder decisivo en las divergencias u oposiciones de intereses que se
suscitaran, por lo que deberá aportarse entonces todos los otros suficientes elementos de convicción que
produzcan certidumbre”. Op cit. 485.
75
artículo 1994, inciso 2, del Código Civil. La previsión legal tiene por objeto no crear
en un cónyuge la necesidad de actuar contra el otro, por temor a la prescripción,
dada la incidencia negativa que una acción patrimonial entre cónyuges puede
tener sobre la convivencia; además, se impide que a través de la prescripción
extintiva se modifique los patrimonios que corresponden a uno y otro cónyuge.
El cónyuge que invoque el carácter propio del bien debe probarlo; pudiendo actuar
cualquier medio probatorio que tenga por objeto acreditar tal carácter, recurriendo
a los criterios legales para la calificación. Al respecto, el Tribunal Registral ha
precisado que:
102
Resolución N°290-2000-ORLC/TR del 18 de Setiembre de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año VI.
Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2001. p. 260-263. El artículo 61 del
Reglamento de Inscripciones señala: "La inscripción de los inmuebles y derechos inscribibles adquiridos
durante el matrimonio, se extenderá siempre con la calidad de comunes, debiendo hacerse constar en el
asiento los nombres y apellidos de los cónyuges, salvo que se presente el título que justifique la calidad de
propios en los casos de los incisos primero y segundo del artículo 177 del Código Civil -de 1936-, o
resolución judicial que les asigne esa calidad en los demás casos del citado artículo, o la de reservados en
el caso del artículo 206 del mismo Código".
76
que aparece registrado a nombre de uno de los cónyuges, aun cuando en la
sentencia no se haya señalado ello en forma expresa. Así lo ha establecido el
Tribunal Registral cuando dispone que:
103
Resolución Nº071/92-ONARP-JV del 26 de Noviembre de 1992. En, Jurisprudencia Registral. Año I,
Volumen I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1996. p. 37.
104
Resolución Nº294-96-ORLC/TR del 19 de Agosto de 1996. En, Jurisprudencia Registral. Año II.
Volumen III. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1997. p. 98-100. En idéntico sentido, la Resolución
Nº336-96-ORLC/TR del 27 de Setiembre de 1996. En, Jurisprudencia Registral. Año II. Volumen III. Lima,
Oficina Registral de Lima y Callao, 1997. p. 252-254; la Resolución N°368-2000-ORLC/TR del 3 de
Noviembre de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año VI. Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral
de Lima y Callao, 2001. p. 270-273.
La Resolución Nº138-98-ORLC/TR del 30 de Marzo de 1998 ha precisado que: “No procede atribuir la
calidad de bien propio de un bien en mérito a resoluciones judiciales sobre divorcio que no contienen
pronunciamiento alguno sobre la situación de los bienes patrimoniales sino únicamente sobre la disolución
del vínculo matrimonial”. En, Jurisprudencia Registral. Año III. Volumen VI. Lima, Oficina Registral de Lima
y Callao, 1998. p. 236-239.
La Resolución Nº205-99-ORLC/TR del 23 de Agosto de 1999 ha señalado que: “No procede la rectificación
de un asiento registral respecto a la calidad de bien social o bien propio de un inmueble, mientras no se
presenten documentos probatorios que desvirtúen la presunción juris tantum establecida en el inciso primero
del artículo 311 del Código Civil. Si bien se consigna en la copia certificada de la escritura pública que la
compradora procedió por su propio derecho, ello no implica que el bien tenga la calidad de propio, sino
únicamente que la compradora ha intervenido por sí misma, es decir sin mediar representación alguna”. En,
Jurisprudencia Registral. Año IV. Volumen IX. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2000. p. 104-107.
77
V. Deudas de los cónyuges y de la sociedad conyugal.
78
De otro lado, el mismo criterio de la finalidad de la obligación, determina
tener presente que, así como se presume que el activo es social (presunción de
sociabilidad de los bienes), debe presumirse propio el pasivo (presunción de la
privatividad de las deudas). Ello se deduce desde que el provecho o beneficio
común de la deuda debe ser objeto de probanza por aquel que lo alega; en caso
de no acreditarlo, la deuda será propia.
a) Las deudas contraídas antes del matrimonio (artículo 307 del Código Civil);
El artículo 307 del Código Civil establece: "Las deudas de cada cónyuge anteriores
a la vigencia del régimen de gananciales son pagadas con sus bienes propios, a
menos que hayan sido contraídas en beneficio del futuro hogar, en cuyo caso se
pagan con bienes sociales a falta de bienes propios del deudor". En este caso,
79
para que la responsabilidad subsidiaria de los bienes sociales se haga efectiva se
requiere:
El artículo 308 del Código Civil señala: "Los bienes propios de uno de los
cónyuges, no responden de las deudas personales del otro, a menos que se
prueben que se contrajeron en provecho de la familia". Los criterios expuestos
para el caso del artículo 307 son aplicables a la presente circunstancia; con la
precisión que también aquí la responsabilidad es subsidiaria, desde que la
solidaridad no se presume debiendo ser expresa, de acuerdo con el artículo 1183
del Código Civil. Nuevamente es el beneficio de la común necesidad e intereses
de los que conviven en el hogar conyugal la que hace comunicable la deuda
personal. "Si no fuese así se autorizaría el enriquecimiento indebido por el
cónyuge que no contrató, pero que goza de las ventajas del contrato,
enriquecimiento más resaltante que en otros casos, porque está impuesto a
80
ambos consortes, como precepto legal, que se deben recíproca asistencia”105. Es
condición necesaria acreditar que la deuda se contrajo en provecho de la familia.
Si esto no se comprueba, la responsabilidad patrimonial gravitará exclusivamente
sobre los bienes propios del cónyuge deudor y sobre la parte de los de la sociedad
que le corresponderían en caso de liquidación. Sin embargo, si como queda dicho
es el beneficio de la común necesidad e intereses de los que conviven en el hogar
conyugal la que hace comunicable la deuda personal, debe concluirse que los
bienes sociales también deben responder, no obstante que el artículo 308 no los
refiere. En ese sentido, el orden debe ser el siguiente: primero los bienes propios
del cónyuge deudor. En segundo término y a falta o insuficiencia de bienes propios
del cónyuge deudor, los bienes sociales. Finalmente y a falta o insuficiencia de
bienes sociales, los bienes propios del cónyuge no deudor.
a) "Los artículos trescientos siete y trescientos ocho del Código Civil regulan como
se cubren las obligaciones contraídas por los cónyuges antes de la vigencia de
la sociedad de gananciales. Siendo así, no corresponde discutir si los bienes
propios de uno de los cónyuges o los bienes de la sociedad conyugal
responderán por las deudas contraídas por el otro cónyuge. Lo que
corresponde determinar es si la obligación se contrajo en beneficio del futuro
hogar o en provecho de la familia. Por tanto, al no estar acreditado este
extremo no es procedente que los bienes propios de uno de los cónyuges o
los bienes de la sociedad respondan por las obligaciones personales del otro
cónyuge”106.
b) "No estando probado que la deuda contraída por el marido demandado haya
redundado en provecho de la sociedad conyugal, ni que ésta haya servido
para atender las cargas del hogar; en tal virtud, por interpretación contrario
sensu a lo dispuesto en el artículo trescientos diecisiete del Código Civil, los
105
Valverde. Op cit. p. 464-465.
106
Considerandos Segundo y Tercero de la Casación N°1953-97 Piura, del 7 de Octubre de 1998. En, "El
Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 302-303.
81
bienes adquiridos dentro de la sociedad conyugal no pueden responder por
la deuda adquirida sólo por el marido”107.
El caso que se está analizando es un evento que puede darse en los hechos y
que no debe confundirse con las adquisiciones destinadas a la satisfacción de las
necesidades inmediatas de la familia o cargas sociales que cualquier cónyuge
puede realizar en ejercicio del poder doméstico, de conformidad con el artículo
292. Se trata de aquellas obligaciones que se adquieren personalmente y sin
intervención del otro cónyuge, para comprar bienes no comprendidos en el menaje
de la familia; como ocurre, por ejemplo, cuando se obtiene un préstamo para
adquirir un automóvil -que la ley no comprende en el menaje ordinario del hogar-
que sirve para el traslado de la familia, ya sea con motivo de trabajo o de
esparcimiento.
Situación diferente es la del artículo 309 del Código Civil que se refiere las deudas
que derivan de la responsabilidad extracontractual de uno de los cónyuges: "La
responsabilidad extracontractual de un cónyuge no perjudica al otro en sus bienes
propios ni en la parte de los de la sociedad que le correspondería en caso de
liquidación". El carácter personalísimo determina la aplicación del principio de
irresponsabilidad patrimonial de los bienes personales del otro consorte y de los
de la parte de la sociedad que le correspondería en caso de liquidación; por tanto
la responsabilidad solo puede pesar individualmente sobre el autor del hecho
dañoso, sin tener en cuenta el beneficio que para la familia se hubiera producido.
De esta misma manera se ha pronunciado la Corte Suprema, cuando ha señalado
que:
107
Expediente 1377-98. Sala Nº 2. Lima, veinticuatro de julio de mil novecientos noventiocho. En, CD
Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica.
82
eventualmente le correspondería por concepto de gananciales. En ese sentido,
siendo un acto propio de un cónyuge, no puede afectar los derechos y acciones
que corresponden a la cónyuge en el inmueble embargado, ya que no se trata
de obligación que la sociedad conyugal debe responder”108.
b) "La obligación de pagar el monto de una reparación civil, impuesta a uno de los
cónyuges en virtud de una sentencia penal, constituye una obligación personal
por la que no pueden responder los bienes sociales, ya que éstos sólo
responden por obligaciones asumidas por ambos cónyuges o por deudas
asumidas por uno de ellos en beneficio del hogar"109.
El principio contenido en el artículo 309 del Código Civil y siempre que se acredite
el provecho o beneficio de la deuda para la familia, determina la garantía
patrimonial de los acreedores por la deudas personales de uno de los cónyuges:
por éstas responden sus bienes propios y la parte de los de la sociedad que le
corresponderían en caso de liquidación. Para que esto último ocurra, debe
producirse alguna de las causales de fenecimiento de la sociedad de gananciales
a que se refiere el artículo 318. De ellas, cuatro de ellas dependen de la voluntad
de los cónyuges (que se invalide el matrimonio, que se separen de cuerpos, que
se divorcien, que sustituyan su régimen patrimonial) y dos del azar (que se muera
o ausente uno de los cónyuges); no pudiendo el acreedor promover la disolución
del régimen patrimonial del matrimonio.
A partir de ello, es evidente que el acreedor podrá dirigirse contra los bienes
propios del cónyuge deudor e inclusive embargarlos y ejecutarlos: el patrimonio
responsable se forma inicialmente con sus bienes propios. Si éstos no fuesen
108
Considerando Cuarto y Quinto de la Casación N°50-96 Cajamarca, del 11 de Noviembre de 1996. En,
"El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 304-305.
109
Considerando Sexto de la Casación N°1895-98 Cajamarca, del 6 de Mayo de 1999. En, "El Código Civil
a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 298-299.
83
suficientes, el acreedor tiene la posibilidad subsidiaria110 de dirigirse contra la
parte los bienes sociales que le corresponderá a su deudor en caso de liquidación
de la sociedad de gananciales.
110
La responsabilidad es subsidiaria, desde que la solidaridad no se presume debiendo ser expresa, de acuerdo
con el artículo 1183 del Código Civil.
111
En el apartado 2.4 de este capítulo nos hemos referido a la consideración de la sociedad de gananciales
como un patrimonio de afectación, de destino o autónomo y su recepción en nuestro sistema jurídico.
En el Pleno Jurisdiccional Civil, celebrado en Trujillo en Noviembre de 1997, se adoptó -en el acuerdo
N°1- como criterio por mayoría que se debe "admitir como medida cautelar, el pedido formulado por el
acreedor demandante en un proceso seguido contra uno solo de los cónyuges en el sentido que se afecte el
derecho o espectativa que tiene el cónyuge deudor demandado en determinado bien social, el que sólo podrá
realizarse luego de producida la liquidación de sociedad de gananciales"; recomendándose "a la Corte
Suprema de Justicia que, en uso de la iniciativa legislativa que detenta, presente un proyecto de ley para
incluir en el Código Civil una norma que permita solucionar las controversias vinculadas al tema". Por
minoría consideró "que sí procedía el embargo sobre los derechos y acciones de uno de los cónyuges
respecto de bienes sociales, en razón que de lo contrario significaría dejar desprotegida la acreencia del
demandante, y porque existe un derecho espectaticio del demandado respecto de dichos bienes. Se expuso
que lo que no resulta posible es rematar los derechos y acciones embargados, porque ello implicaría atentar
contra lo dispuesto en el artículo 318 del Código Civil que señala las causales de fenecimiento de la
sociedad de gananciales". En, Diálogo con la Jurisprudencia. Año 7. Número 39. Diciembre 2001. p. 268.
112
En, CD Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica. En idéntico sentido: la resolución de
recaída en el Expediente 1145-95. PRIMERA SALA. Lima, siete de diciembre de mil novecientos
noventicinco; Expediente 175-1-97. Sala 1. Lima, diecinueve de mayo de mil noveciento noventisiete;
Expediente 161-95. Segunda Sala. Lima, dos de mayo de mil novecientos noventicinco; Expediente 1546-
98. Tercera Sala. Lima, treinta de julio de mil novecientos noventiocho; Casación N°158-2000 San Martin.
En, "El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria" Tomo II.: Casación N°3109-98 Cusco-Madre
de Dios, del 28 de Mayo de 1999; Casación N°1895-98 Cajamarca, del 6 de Mayo de 1999; Casación
N°938-99 Lima, del 3 de Setiembre de 1999; Casación N°50-96 Cajamarca, del 11 de Noviembre de 1996.
84
Segundo.- A que, este tipo de sociedad se forma por mandato legal y ante la
ausencia de elección de otra modalidad por los futuros cónyuges, elección que
pueden hacer valer de conformidad con lo dispuesto en el artículo doscientos
noventicinco del Código Civil;
Tercero.- A que, hay que tener en cuenta que el artículo trescientos dieciocho
del acotado es muy puntual al señalar cuáles son las causales que originan el fin
de la sociedad de gananciales;
Sexto.- A que, no está probado que el dinero haya servido para atender las
cargas del hogar, ni que haya redundado en provecho de la sociedad conyugal,
por lo que por interpretación contrario sensu a lo dispuesto en el artículo
trescientos diecisiete del Código Civil, los bienes de la sociedad conyugal no
pueden responder por la deuda adquirida sólo por uno de los cónyuges;
Séptimo.- A que, admitir la posibilidad que pueda afectarse con una medida
cautelar el cincuenta por ciento del patrimonio que conforma la sociedad de
gananciales, como consecuencia de las obligaciones contraídas por uno sólo de
los cónyuges, equivaldría a abrir el camino para que en forma indirecta y usando
una modalidad no establecida por la ley, el acreedor pudiese lograr el afectar
bienes de la referida sociedad;
85
Octavo.- A que, en el supuesto negado que procediese el embargo se daría el
caso que el acreedor podría solicitar la venta judicial del inmueble para con el
producto de ésta, hacerse pago de su acreencia;
Décimo Primero.- A que, el derecho de familia que debe ser protegido sin
limitación alguna, no permite que se establezca porcentajes respecto de los
bienes sociales, mientras no se extinga la sociedad de gananciales".
113
En CD Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica. En idéntico sentido: la resolución
recaíad en el Expediente 1377-98. Sala Nº 2. Lima, veinticuatro de julio de mil novecientos noventiocho;
Expediente 78-97-N. Resolución Nº 2 del siete de julio de mil novecientos noventisiete; Expediente 3559-
97. Sala Nº 3. Lima, catorce de abril de mil novecientos noventiocho; Expediente 202-1-97. Primera Sala.
Lima, catorce de mayo de mil novecientos noventisiete; Expediente 7471-97 B. Lima, nueve de noviembre
de mil novecientos noventiocho; Expediente 6189-97 B. Lima, diecinueve de octubre de mil novecientos
noventiocho; Expediente 47-97. Lima, veintinueve de setiembre de mil novecientos noventisiete;
Expediente 198-97. Cuarta Sala. Lima, trece de octubre de mil novecientos noventisiete; Expediente N-
486-97. Primera Sala. Lima, veinticuatro de setiembre de mil novecientos noventisiete. En, "El Código
Civil a través de la jurisprudencia casatoria", Tomo II: Casación N°2150-98 Lima, del 20 de Enero de 1999.
Tomo III: Casación N°1718-99 Lima, del 9 de Noviembre de 1999; Casación N°938-99 Lima, del 3 de
Setiembre de 1999.
86
"Segundo.- Que el caso objeto de estudio ha sido motivo de debate en el pleno
jurisdiccional civil llevado adelante en el que se consideró lo siguiente: a) que en
concordancia con el artículo trescientos veintitrés del Código Civil, y conforme
ha sido reconocido por la Corte Suprema de Justicia por Resolución Casatoria
de fecha once de octubre de mil novecientos noventiséis, los bienes de la
sociedad de gananciales son de naturaleza autónoma con garantía institucional,
por cuanto sus normas son de orden público, sin que puedan ser modificados
por la sola voluntad de los cónyuges; b) que los bienes sociales no constituyen
copropiedad de los cónyuges, sino un patrimonio autónomo previsto y regulado
por el artículo sesenticinco del Código Procesal Civil, el que sin constituirse en
persona jurídica es distinto de los sujetos que lo integran, por lo que las reglas
aplicables a los bienes sociales no pueden confundirse con las correspondientes
a la copropiedad; c) que en este entendido, respecto de los bienes sociales o de
la sociedad conyugal, cada uno de los cónyuges no es titular de derechos y
acciones como los reconocidos para la copropiedad en los artículos novecientos
sesentinueve y siguientes del Código Civil, que puedan ser dispuestos o
gravados por cada uno de los partícipes de la sociedad conyugal; d) que la
propiedad de los cónyuges respecto de los bienes sociales, no es actual, sino
virtual y sólo se concretiza, fenecida que la sociedad conyugal, previa liquidación;
en consecuencia no es posible asignar porcentaje alguno de propiedad, respecto
de los bienes sociales, a cada cónyuge pues éste se asignará sólo cuando hayan
quedado establecidas las gananciales; e) que así como es imprescindible
proteger a la familia y el matrimonio, no puede dejar de pensarse en la protección
de los acreedores que no pueden ver satisfecho su legítimo derecho de crédito,
al no contar sus deudores con patrimonio individual suficiente para responder
por sus obligaciones, lo cual ha traído como consecuencia múltiples pedidos de
embargos sobre pretendidos derechos y acciones del cónyuge deudor respecto
de bienes de la sociedad conyugal que conforma, los mismos que han venido
siendo concedidos y trabados;
Tercero.- Que en tal sentido, el bien objeto de medida cautelar, no puede ser
objeto en la situación de hecho que en la actualidad ostenta de ejecución forzada
vía remate judicial; por tales fundamentos CONFIRMARON la resolución de fojas
ciento cincuentisiete, su fecha diez de marzo de mil novecientos noventiocho,
87
que declara Improcedente el remate del inmueble sub-litis, con lo demás que
contiene".
Por este motivo y de lege lata, admitimos la tesis del embargo sin posibilidad de
ejecución. Ello responde a que, por un lado, no cabe duda que el cónyuge deudor
goza de derechos expectaticios sobre el bien que le pudiera corresponder a la
liquidación del patrimonio social existente con su cónyuge y que el embargo es
una medida cautelar que, por su naturaleza, apunta a asegurar el cumplimiento
de las obligaciones; y, por el otro, un sentido de justicia nos exige impedir la
elusión del pago de dichas obligaciones por parte de los deudores morosos que
intenten ampararse en su condición patrimonial de cónyuge para evitar la
ejecución de las acreencias existentes en su contra. Debe, entonces, permitirse
el embargo precisando que dicho gravamen se extiende sólo sobre la parte que
le correspondería al cónyuge deudor al fenecimiento de la sociedad de
gananciales y que se hará efectivo al momento de la disolución del régimen. De
88
esta manera, se respeta la naturaleza jurídica del régimen y se concilian los
intereses de los acreedores114.
114
No obstante, el Tribunal Registral ha dispuesto la inscripción de la adjudicación por remate judicial del
50% de acciones y derechos de inmueble de titularidad de la sociedad conyugal que previamente fue
embargado por el acreedor; remate efectuado estando vigente el régimen patrimonial, por cuanto "resulta
improcedente, en base a una interpretación distinta a la establecida por las autoridades jurisdiccionales
como a la interpretación judicial que la sustenta, denegar la admisión registral del mandato de adjudicación
venido en grado, puesto que esto implicaría privar de sus efectos al mismo, más aún si no se aprecia que
dicha adjudicación haya sido tachada o impugnada de modo alguno dentro del proceso". Previamente, el
Registrador Pública había observado el título por cuanto "para la inscripción de la adjudicación solicitada,
es necesario que se proceda a la individualización del derecho de propiedad de doña CCC sobre el inmueble
antes mencionado, debiendo configurarse, para ello, alguno de los supuestos de fenecimiento de la sociedad
de gananciales". Resolución N°435-2000-ORLC/TR del 13 de Diciembre de 2000. En, Jurisprudencia
Registral. Año VI. Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2001. p. 165-168.
115
Espín Cánovas. Op cit. p. 284.
116
Espín Cánovas. Op cit. p. 285. El artículo 1373 del Código Civil español señala: “Cada cónyuge
responde con su patrimonio personal de las deudas propias y, si sus bienes privativos no fueran suficientes
para hacerlas efectivas, el acreedor podrá pedir el embargo sobre bienes gananciales que será
inmediatamente notificado al otro cónyuge y éste podrá exigir que en la traba se sustituyan los bienes
comunes por la parte que ostenta el cónyuge deudor en la sociedad conyugal, en cuyo caso el embargo
llevará consigo la disolución de aquélla. Si se realizase la ejecución sobre bienes comunes, se reputará que
el cónyuge deudor tiene recibido a cuenta de su participación el valor de aquéllos al tiempo en que los
abone con otros caudales propios o al tiempo de liquidación de la sociedad conyugal”. En su momento, el
artículo 1374 precisa: “Tras la disolución a que se refiere el artículo anterior se aplicará el régimen de
separación de bienes, salvo que en el plazo de tres meses el cónyuge del deudor opte en documento público
por el comienzo de una nueva sociedad de gananciales”.
117
En idéntico sentido se pronuncia Rómulo Arata Solís, cuando sostiene que: “Creemos que disposiciones
como las antes indicadas rescatan en favor de los cónyuges tanto su condición de sujetos de crédito como
el libre ejercicio de sus actividades económicas y consiguientemente su derecho al libre desarrollo de su
personalidad. En efecto, en países como el nuestro en que el patrimonio privativo de los cónyuges no suele
ser significativo y que por las necesidades económicas resulta siendo absorbido por el patrimonio común,
resulta evidente que si éste no responde ni siquiera subsidiariamente por las obligaciones que aquéllos
asuman en ejercicio de la capacidad que la ley les reconoce, éstos terminan colocados en la disyuntiva
siguiente: o pierden parte de su libertad y se ven precisados a contar con el asentimiento de su cónyuge
incluso para el ejercicio de sus actividades económicas o aceptan dejar de ser sujetos de crédito para un
mercado que exige la acreditación de bienes que eventualmente puedan respaldar el cumplimiento de las
89
En el aspecto procesal, debe determinarse la forma y condiciones en la que debe
ser emplazada la sociedad conyugal para efectos de la responsabilidad del
patrimonio común por deudas propias de uno de los cónyuges. Es claro que la
sociedad conyugal no puede ser considerada en la demanda como obligada
principal, sino en la condición de responsable. Por lo que, el proceso tendrá dos
emplazados: el cónyuge deudor en calidad de demandado y la sociedad
conyugal, como un patrimonio autónomo, en la calidad de citada con la
demanda118.
obligaciones asumidas. En, “Cuidado con lo que gasta su cónyuge”, publicada en el Tomo N° 8 de Diálogo
con la Jurisprudencia. Gaceta Jurídica.
118
De acuerdo con Rómulo Arata Solís, “evidentemente lo dicho vale para aquellos procesos en que por la
naturaleza de la pretensión es posible debatir y demostrar el destino común de la deuda, pero no para
procesos en los que por el carácter abstracto de la pretensión, como sucede en las denominadas acciones
cambiarias, no es posible acreditar la causa de la obligación cartular puesta a cobro y mucho menos
emplazar a quienes no han suscrito el título respectivo”. Op cit.
119
“El juez puede integrar la relación procesal emplazando a una persona distinta a las partes, si de la
demanda o de la contestación aparece evidente que la decisión a recaer en el proceso le va a afectar. Si el
inmueble hipotecado ha sido adquirido por la sociedad conyugal y la cónyuge no ha sido emplazada para
la ejecución, el Juez debe integrar la relación procesal con ella, pues resulta evidente que la decisión a
recaer en autos también le va afectar”. Expediente 276-97. Sala Nº [Link], once de noviembre de mil
novecientos noventisiete. En, CD Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica.
90
que cualquier cónyuge no puede devenir propietario de su cuota de ningún bien
social hasta que no se disuelva la sociedad; "de esta manera, no habiendo
cuotas, el cónyuge no deudor no puede ser dueño y, por tanto, tercero, aunque
sea un cónyuge no responsable de la deuda. La razón de la inexistencia de
cuotas es que hasta la disolución de la sociedad de gananciales los cónyuges
no saben cuál es el activo de la sociedad para proceder a su reparto final o
liquidación: mientras no se disuelva y liquide la misma, el cónyuge del deudor no
puede tener sino un "derecho expectante" sobre ese bien ganancial”120. Si la
sociedad de gananciales se ha disuelto, resultaría procedente una tercería de
propiedad siempre que el origen de la deuda sea posterior a la disolución, ya que
la noción de tercero se ha de referir al momento de la exigibilidad de la misma;
o lo que es lo mismo, el tercero o tercerista ha de ser, a la vez que titular del bien
objeto de embargo, ajeno por completo a la deuda origen del embargo; es decir,
no responsable de la deuda ni solidaria ni subsidiariamente. En ese mismo
sentido, también se ha pronunciado la Corte Suprema cuando señala que:
120
María Teresa Bendito Cañizares. Marido y mujer frente a las deudas del otro cónyuge: la tercería de
dominio. Madrid. Editorial Tecnos S.A., 1996. p. 21.
121
Ejecutoria Suprema del 11 de Enero de 1983, recaída en el expediente 1384-81-LORETO. En, CD
Explorar Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica.
91
compatible con el título de propiedad ya inscrito. En este último caso, el embargo
es comunicado a los Registros Públicos mediante partes judiciales.
Ello significa que la tarea calificadora del registrador no debe representar una
revisión de aquellos aspectos que son de competencia jurisdiccional, como sería,
por ejemplo, el cuestionar la competencia del Juzgado oficiante, la legalidad de
una actuación judicial, la validez de una notificación, etc.
92
corresponde es entender que el título expresa aquello que por error se omitió o
se expresó inadecuadamente. Con este criterio, el Tribunal Registral ha
señalado que:
122
Resolución Nº039-96-ORLC/TR, del 02 de Febrero de 1996. En CD Explorado Jurisprudencial 2001-
2002. Gaceta Jurídica. En idéntico sentido, la Resolución Nº010-93/JUS-JVR del 18 de Noviembre de
1993. En, Jurisprudencia Registral. Año I. Volumen I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1996. p.
31.; Resolución Nº076-96-ORLC/TR, del 1 de Marzo de 1996. En, Jurisprudencia Registral. Año I.
Volumen II. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1996. p. 128-130; Resolución Nº328-96-ORLC/TR
del 16 de Setiembre de 1996 y Resolución Nº402-96-ORLC/TR del 25 de Noviembre de 1996. En,
Jurisprudencia Registral. Año II. Volumen III. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1997. p. 155-157.
93
una carga social contemplada en el inciso 7 del artículo 316 del Código Civil:
“Los atrasos o réditos devengados de las obligaciones a que estuvieses afectos
tanto los bienes propios como los sociales, cualquiera que sea la época a que
correspondan”. Esta carga se funda en el hecho de que los frutos y productos de
los bienes propios y sociales ingresan al patrimonio social; frutos o productos
con los cuales se atiende ese pago. En ello queda comprendido las utilidades y
pérdidas de una actividad comercial, las que –como se indicado- corresponden
a la sociedad de gananciales, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo
trescientos diez del Código sustantivo. Ello concuerda con lo dispuesto en el
artículo 19 del Código Tributario, aprobado por Decreto Legislativo Nº 816,
cuando establece que son responsables solidarios aquellas personas respecto
de las cuales se verifique un mismo hecho generador de obligaciones tributarias,
como lo es el presente caso. En este caso, el embargo que pueda decretar la
Administración Tributaria recaerá sobre bienes sociales y, a falta o por
insuficiencia de ellos, en bienes propios de cada cónyuge, a prorrata, conforme
al artículo 317 del Código Civil; pudiéndose, en su caso, ejecutar la medida
cautelar decretada.
94
El Tribunal Fiscal se ha pronunciado sobre el particular. Cuando analizó la
actuación comercial a título personal del cónyuge deudor, no advirtió que se
trataba de una carga social por la que la responsabilidad patrimonial gravitaba
sobre los bienes sociales y, subsidiariamente, sobre los bienes propios de cada
cónyuge. Para no levantar el embargo decretado sobre bienes sociales, se
sustentó en la imposibilidad de distinguir, en éstos, partes alícuotas o porcentajes
que por separado pertenezcan a cada uno de los cónyuges de manera individual.
Así:
a) ”Que sobre este punto debemos indicar que la Tercerista no puede interponer
Recurso de Tercería contra bienes que como ella misma indica son de
propiedad de la sociedad conyugal, la cual, en este caso, se rige bajo el
Régimen de Sociedad de Gananciales, en consecuencia, los fundos sobre
los cuales recayeron las inscripciones ordenadas por las Resoluciones del
Ejecutor Coactivo, son de propiedad tanto de ella como de su esposo, el señor
Aníbal Alejandro Vásquez Nacarino, en su totalidad, es decir, no existe bajo
este régimen, partes alícuotas o porcentajes que por separado pertenezcan
a cada uno de los cónyuges de manera individual;
123
Resolución del Tribunal Fiscal Nº0526-3-98 del 15 de Junio de 1998, recaída en el expediente Nº2177-
98 La Libertad, asunto Tercería. Dictamen Nº181-3-98 Vocal Parra Rojas.
95
porcentajes que por separado pertenezcan a cada uno de los cónyuges de
manera individual;
96
por dolo, negligencia grave o abuso de facultades se dejen de pagar deudas
tributarias, situación que no fluye del expediente;
De otro lado, son obligaciones sociales las asumidas por cualquiera de los
cónyuges en el ejercicio del poder doméstico (artículo 292 del Código Civil) y
también las contraídas por ambos por actos de administración y disposición que
exceden de tal potestad (artículos 313 y 315 del Código Civil).
Las cargas sociales son las obligaciones contraídas para atender al sostenimiento
de la familia y a la conservación de su patrimonio. En nuestro Código Civil
aparecen taxativamente señaladas en el artículo 316, pueden ser contraídas por
cualquiera de los cónyuges para atender el sostenimiento de la familia y a la
125
Resolución del Tribunal Fiscal Nº1015-3-98 del 27 de Noviembre de 1998, recaída en el expediente
Nº5303-98 Tacna, sobre tercería. Dictamen Nº352-3-98 Vocal Parra Rojas.
97
conservación de su patrimonio y, por tanto, circunscriben el poder doméstico
conyugal:
El carácter social de esta carga se deriva del deber de asistencia que se extiende
a toda la agrupación familiar.
[Link] Los alimentos que uno de los cónyuges esté obligado por ley a
proporcionar a otras personas.
El carácter social de esta carga se explica por la misma razón anterior. Con
relación al Código derogado que se refería a los alimentos a favor de parientes,
la fórmula textual del artículo vigente es mucho más amplia y comprende los
casos de los alimentos debidos al ex-cónyuge por el divorcio, conforme al artículo
350; al ex-conviviente abandonado que opta por una pensión de alimentos,
conforme al artículo 326; y, al caso del artículo 415, referido a los hijos
alimentistas, supuesto en el cual no hay relación de parentesco entre alimentante
y alimentista.
Se comprenden las liberalidades que realicen los cónyuges a favor de sus hijos
con cargo a los bienes sociales. El carácter social de esta carga se fundamente
en el beneficio que tales actos importa a los hijos, herederos forzosos de sus
padres.
98
Se trata de actos de conservación de los predios propios, de los cuales
usufructúa la sociedad: se asume este pago en calidad de carga social como
correlativo del aprovechamiento que se tiene de esos bienes.
99
que son de cargo de la sociedad de gananciales, por lo que por contrario sensu
los bienes de la sociedad conyugal no responden por las deudas contraídas por
uno de los cónyuges, por aplicación del artículo trescientos quince del Código
acotado. Por ello es necesario establecer si la deuda que dio origen al embargo
contra el que se ha interpuesto la demanda de tercería, corresponde a la
sociedad conyugal o se trata de una deuda particular del esposo. Visto el juicio
ejecutivo acompañado, se aprecia que éste fue para el cobro de arrendamientos
de un hotel. Siendo así, debe tenerse presente que la explotación de un hotel es
una actividad comercial cuya utilidades y pérdidas corresponden a la sociedad
de gananciales, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo trescientos diez del
Código sustantivo. En consecuencia, es de aplicación lo establecido por el
artículo trescientos diecisiete del mismo Código de que los bienes sociales
responden por las deudas de la sociedad”126.
[Link] Las cargas que pesan sobre los usufructuarios respecto de los
bienes propios de cada cónyuge.
126
Considerandos Segundo, Tercero, Cuarto, Quinto y Sexto de la Casación N°04-95 Ica, del 8 de Julio de
1996. En, "El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 306-307.
100
Las deudas sociales son aquellas otras obligaciones que, sin estar dirigidas a los
fines anteriores, han sido contraídas por los cónyuges dentro de su común
facultad de disposición de bienes sociales.
De las deudas sociales responden los bienes sociales y, a falta o por insuficiencia
de éstos, los propios de ambos cónyuges, a prorrata (artículo 317 del Código Civil).
Siendo así, resulta evidente la procedencia del embargo y remate de bienes
sociales y, en su caso, de los propios de cada cónyuge, para responder de las
indicadas deudas sociales.
Con relación a los bienes propios, la regla general es que cada cónyuge conserva
la libre administración de éstos y puede disponer de ellos o gravarlos (artículo 303
del Código Civil). Es claro que el ejercicio de estas facultades del cónyuge
propietario debe realizarse en armonía con el interés familiar; éste se constituye
en la medida para afectar patrimonialmente a la familia y es el argumento para
restringir o suprimir algún acto de gestión de los bienes propios, que lo perjudica
o para verificar la realización de uno, que demanda.
101
Legislaciones como la española (apartado 1 del artículo 1320 del Código Civil) y
la argentina (artículo 456 del Código Civil y Comercial) contemplan
expresamente una limitación al poder dispositivo de bienes propios a fin de
proteger el hogar familiar. Establecen que para disponer o gravar el inmueble
donde está constituido el domicilio conyugal y de los muebles de uso ordinario
de la familia, se requiere la intervención de ambos cónyuges, aunque tales
bienes pertenezcan a uno solo de ellos. Por ello es que admiten por vía de
autorización judicial supletoria, ante la oposición del otro esposo, la enajenación
del inmueble o de los muebles comprendidos en el menaje ordinario del hogar,
si el propietario asegura otro ámbito suficiente, según el nivel económico del
matrimonio. Agregan que la pretensión conferida se mantiene aún después de
disuelto el matrimonio, cuando hay hijos menores o incapaces por cuanto la
necesidad de éstos de contar con vivienda, no puede estar sometida a la
frustración de la relación matrimonial y la consecuente disolución del matrimonio.
Finalmente, señalan que el acto al que le falta el concurso de la voluntad del otro,
está viciado de anulabilidad por estar comprometido el interés patrimonial de
aquél, o el interés de los hijos, según el supuesto; siendo, entonces, susceptible
de confirmación por el que no interviene.
De otro lado, el artículo 304 del Código Civil limita el derecho de uno y otro
cónyuge a renunciar a una herencia o legado o a no aceptar una donación, por la
afectación desfavorable para la formación o incremento del patrimonio social, si
se considera que son bienes sociales los frutos y productos de los bienes propios,
cuya conservación y mayor valía interesa a ambos cónyuges. Por lo que, de no
mediar el consentimiento conyugal para renunciar, se debe considerar que se ha
producido la aceptación de la herencia, legado o donación. En cambio, no se exige
la intervención del cónyuge en el caso de aceptación, por cuanto tal manifestación
de voluntad es acorde al propósito de la norma.
102
sostenimiento de la familia. Esta transferencia tiene tres modalidades diversas
según opere por resolución judicial, por simple permiso del cónyuge y por
ministerio de la ley.
a) La administración transferida por vía judicial ocurre cuando uno de los cónyuges
no contribuye con los frutos o productos de sus bienes propios al sostenimiento
del hogar; administración que se producirá en forma total o parcial (artículo 305
del Código Civil). También por ignorarse el paradero del mismo o se
encuentre en lugar remoto, y por haber abandonado el domicilio conyugal, sin
que se requiera que el alejamiento unilateral de uno de los consortes sea
justificado o no, pues de lo que se trata es demostrar la dejación del hogar y
la sustracción de las obligaciones familiares (artículo 314 del Código Civil).
c) La administración transferida por ministerio de la ley funciona cuando uno de los cónyuges
está impedido por interdicción u otra causa (artículo 314 del Código Civil).
103
causas justificadas de necesidad o utilidad sean requeridos para atender al interés
familiar. En tal eventualidad, puede recurrirse al juez para que autorice el acto;
situación expresamente prevista para el cónyuge curador del interdicto, en su
condición de representante legal de éste, supuesto en el que se autoriza la
transferencia de la administración por ministerio de la ley.
104
la disposición de los fondos necesarios para efectuar los pagos respectivos.
También están incluidas las necesidades urgentes, aun cuando sean de carácter
extraordinario127.
127
En el punto 1.4 del Capítulo IV se ha tratado también acerca de la potestad doméstica o gestión ordinaria.
128
El artículo 1319 del Código Civil español indica que “cualquiera de los cónyuges podrá realizar los
actos encaminados a atender las necesidades ordinarias de la familia, encomendadas a su cuidado,
conforme al uso del lugar y a las circunstancias de la misma”.
129
Espín Cánovas. Op cit. p. 309.
105
La asunción de una deuda social130 es un acto que excede la administración
ordinaria, requiriéndose por eso el otorgamiento de poder expreso, puesto que
no puede presumirse el consentimiento tácito del otro cónyuge al no atribuirle
la ley expresamente a dicho silencio el carácter de manifestación de voluntad,
conforme lo exige el artículo ciento cuarentidós del Código Civil"131.
d) "La acción de desahucio tiene por objeto la recuperación del bien inmueble
arrendado por las causales de resolución del contrato y otras, de lo que se
130
Son obligaciones sociales las asumidas por cualquiera de los cónyuges en el ejercicio del poder
doméstico (artículo 292 del Código Civil) y también las contraídas por ambos por actos de administración
y disposición que exceden de tal potestad (artículo 315 del Código Civil). Debemos precisar que, en el
régimen de sociedad de gananciales, el poder doméstico se circunscribe a las cargas sociales; por tanto, las
obligaciones contraídas por ambos cónyuges por actos que sobrepasan tal potestad, son las deudas sociales
propiamente. Vale decir, que en nuestro régimen se distinguen las cargas y las deudas sociales propiamente
dichas.
131
Considerandos Quinto, Sexto y Sétimo de la Casación N°911-99 Ica, del 7 de Diciembre de 1999. En,
"El Código Civil a través de la Jurisprudencia". Tomo III. p. 689.
132
Ejecutoria Suprema recaída en el expediente 1301-85-APURIMAC, del diecinueve de agosto de mil
novecientos ochentiséis. En, CD Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica.
133
Ejecutoria Suprema recaída en el expediente 2583-87-AREQUIPA, del dieciocho de julio de mil
novecientos ochentainueve.
106
deduce claramente que se trata de una acción que beneficia a la sociedad
conyugal; que esta acción ha sido admitida sin duda alguna en favor del
condómino por lo que de la misma manera, tratándose de un bien social de
un matrimonio, es suficiente la acción que interpone el esposo o la esposa
individualmente considerados”134.
134
Ejecutoria Suprema recaída en el expediente 1230-87-Arequipa, del nueve de febrero de mil novecientos
noventa. En, CD Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica.
107
dispone del bien social; siendo la intervención del otro cónyuge un asentimiento
que legitima el negocio realizado por el otro. Así, la intervención conyugal es un
elemento ajeno a la estructura del acto de disposición, por lo que su no
concurrencia determina su ineficacia funcional.
Por su parte, cuando se comenta el artículo 1277 del derogado Código Civil
argentino se afirma el asentimiento uxorio no constituye una incapacidad para los
135
Sentencias del Tribunal Supremo Español del 13 de Marzo de 1964; del 21 de Abril de 1964 y del 3 de
Marzo de 1969. Citadas por Espín Cánovas. Op cit. p. 293.
136
Espín Cánovas. Op cit. p. 300.
108
cónyuges, sino una restricción o limitación a su legitimación para disponer de
determinados bienes del matrimonio. “El acto de disposición lo realiza el cónyuge
titular del dominio, quien adquiere la titularidad del precio o contraprestación, en
su caso. Su consentimiento será elemento esencial del acto. En cambio, el
cónyuge no administrador, no titular, prestará asentimiento con el acto,
transformándose así dicho asentimiento en un elemento de eficacia del acto, con
la fundamental consecuencia de que este cónyuge no adquirirá ni administrará la
contraprestación, pues respecto de él no se opera la subrogación real”137. Esta
conclusión fluye de la separación de bienes impuesta por la ley en el régimen
patrimonial legal. En cuanto a la sanción por la falta de asentimiento uxorio, existe
dos posiciones en el sistema jurídico argentino: por un lado, se considera que el
acto adolece de nulidad relativa138; por el otro, se sostiene la inoponibilidad del
acto139.
Analizando el actual artículo 470 del Código Civil y Comercial argentino se señala
que “el cónyuge titular del bien ganancial y su consorte no intervienen en un pie
de igualdad en el acto de disposición o de gravamen, ya que no actúan
conjuntamente, no lo otorgan ambos ni codisponen de la misma forma en que los
condóminos codisponen de la cosa común; mientras al cónyuge titular le
corresponde la iniciativa y la disposición, el no titular debe prestar su
asentimiento”140. El actual régimen de comunidad argentina mantiene el principio
general de la libre administración y disposición de los bienes gananciales por parte
137
Carlos A. Pelosi. Cuestiones relativas al consentimiento: artículo 1277 del Código Civil. Buenos Aires,
Abeledo-Perrot, 1969. p. 26 y ss.; Guillermo A. Borda, Tratado de derecho civil. Familia, Tomo I. Buenos
Aires, Perrot, 1962. p. 285; Elías P. Guastavino. Modificación al régimen jurídico conyugal. Buenos Aires,
Ediar, 1968. p. 17; María J. Ménez Costa. Derecho de Familia. Tomo I. Santa Fe, Rubinzal-Culzoni,1982.
p. 375; Belluscio, en Augusto C. Belluscio-Eduardo A. Zannoni. Código Civil y leyes complementarias.
Comentado, anotado y concordado. Tomo 6. Buenos Aires, Astrea, 1986. p. 172; Vidal Taquini, Op cit. p.
339. Fassi, en Fassi-Bossert, Sociedad conyugal. Tomo II. p. 53, no se suma a la observación de que es un
asentimiento, pues la concurrencia del cónyuge no administrador es la exteriorización de un verdadero
derecho de copropiedad sobre el bien de la administración del otro cónyuge, puesto que se trata de bienes
gananciales, es decir pertenencientes a la sociedad conyugal, que es una sociedad sui generis, pero sociedad
al fin. Afirma que en realidad no es que el uno enajene y el otro asienta, sino que ambos de consuno,
enajenan.
138
Por esta solución se han inclinado Llambías, Borda, Guastavino, Fanzolato, Zannoni, Méndez Costa,
Mazzinghi, Belluscio y Cornejo. En ,Vidal Taquini. Op cit. p. 360.
139
Concuerda Cafferata, Pulero, Cichero, López de Zavalía, Jorge Alterini, Venini, Tobías, Vaz Ferreira.
En, Vidal Taquini. Op cit. 363.
140
MEDINA, Graciela. Bienes gananciales. Comentario al artículo 470 del Código Civil y Comercial
argentino. En, KEMELMAJER DE CARLUCCI, Aída. HERRERA, Marisa. LLOVERAS, Nora
(Directoras). Tratado de Derecho de Familia según el Código Civil y Comercial de 2014. Tomo I. Arts. 401
a 508. Santa Fe, Rubinzal-Culzoni Editores, 2014. Página 778.
109
del cónyuge titular conforme a la libertad contractual que rige en materia
patrimonial en general y que se refleja en el ámbito patrimonial-matrimonial;
contemplándose excepciones para los que se requiere el asentimiento uxorio a fin
de evitar que la libre administración se convierta en un instrumento de fraude en
detrimento del otro, privándolo de la mitad que le pudiera corresponder al tiempo
de la disolución de la sociedad conyugal. Conforme a ello, se explica que “el
asentimiento conyugal implica una declaración unilateral de voluntad por medio de
la cual el cónyuge no titular del bien presta su “conformidad” para que el titular
realice un acto de disposición que implica una afectación o compromiso de los
derechos que tiene sobre ese bien. Su otorgamiento no afecta el principio de
administración separada, pues no hay codisposición, sino solamente una
manifestación de conformidad para la realización del acto, y con ello viene a
integrar el acto realizado por el disponente”141; manteniéndose la idea que se trata
de una restricción o limitación a la legitimación para disponer de determinados
bienes del matrimonio. En cuanto a la sanción por la falta de asentimiento uxorio,
el actual sistema jurídico argentino precisa que el acto adolece de nulidad relativa:
“la falta de asentimiento conyugal o de poder conferido por el cónyuge que debe
prestar el consentimiento es un acto que adolece de nulidad relativa y es invocable
por el cónyuge preterido; no obstante, el acto puede ser confirmado por éste”142.
141
MOLINA DE JUAN, Mariel. Actos que requieren asentimiento. Comentario al artículo 457 del Código
Civil y Comercial argentino. En, KEMELMAJER DE CARLUCCI, Aída. HERRERA, Marisa.
LLOVERAS, Nora (Directoras). Tratado de Derecho de Familia según el Código Civil y Comercial de
2014. Tomo I. Arts. 401 a 508. Santa Fe, Rubinzal-Culzoni Editores, 2014. Página 635.
142
MEDINA, Graciela. Op cit. Página 778.
143
MORALES HERVIAS, Rómulo. Validez y eficacia de los actos de disposición y de gravamen en la
sociedad de gananciales. El concepto oculto en el artículo 315 del Código Civil. Disponible en Internet:
<[Link] Para quien el acto resulta inoponible para el cónyuge no interviniente.
110
párrafo del artículo 315 del CC es la de compraventa de bien ajeno mediante la
aplicación del concepto de legitimación y sus consecuencias jurídicas. El
cónyuge “culpable” dispone o grava un bien ajeno, que pertenece a la sociedad
conyugal, y por consiguiente carece de legitimación”144. Por ello, se concluye que
“el efecto jurídico del primer párrafo del artículo 315 del CC cuando no hay
asentimiento de uno de los cónyuges es la ineficacia por ausencia de
legitimación”145.
De otro lado, se expone que “cuando se analiza el artículo 315 del Código Civil
peruano, en primer lugar, debe tenerse presente que esta norma recoge lo que
se conoce en la doctrina nacional como una “obligación en mano común” (o
mancomunada para los sistemas europeos) y, por ende, es claramente una
norma que se ubica en el plano de los efectos del negocio jurídico: la actuación
de los sujetos obligacionales. Por esto no es aplicable el artículo 978 del Código
Civil ni el artículo 1540 del mismo cuerpo legal y se exige la intervención de
ambos cónyuge para disponer de los bienes comunes. Se trata, pues, de una
norma que se sitúa en el plano de los efectos del contrato: la obligación y su
forma de cumplimiento. Al acogerse entonces un problema de “titularidad” y
“legitimidad”, su afectación solo puede producir la ineficacia del acto de
disposición” 146. Se añade que “la afectación al supuesto de hecho previsto en el
artículo 315 del Código Civil puede darse, entonces, por dos vías: a) Cuando uno
de los dos cónyuges actúa en nombre propio y en nombre ajeno respecto a su
otro cónyuge; y respecto a esta última actuación se presenta un supuesto de
exceso o ausencia de poder. La circunstancia de estar actuando excediendo el
poder conferido por el otro cónyuge; o sin que exista tal poder, pero arrogándose
una representación que no posee (es decir, actuando a nombre ajeno), activa el
remedio/sanción previsto en el artículo 161 del Código Civil peruano: la ineficacia
del acto celebrado (y en donde por ello cabe la posibilidad de su ratificación, con
arreglo a lo dispuesto por el artículo 162 del Código Civil peruano)… b) Cuando
144
Ibídem.
145
Ibídem.
146
FERNÁNDEZ CRUZ, Gastón. La disposición de bienes conyugales. Reflexiones sobre dos
instituciones encontradas: la nulidad y la ineficacia sobre la venta de bienes conyugales. Ponencia amicus
curiae del VIII Pleno Casatorio. En, Actualidad Civil N°19. Enero 2016. Lima, Instituto Pacífico. Página
30 y siguientes.
111
uno de los cónyuges actúa en nombre propio haciendo pasar como suyo el
patrimonio común y el comprador ignora que el bien es un bien social, se activa
el remedio/sanción previsto en el artículo 1539 del Código Civil peruano: la
rescisión del contrato (que es un supuesto de ineficacia genética no estructural)
en donde acontecen circunstancias extrínsecas al negocio que están presentes
al momento de su celebración: la falta de legitimidad o poder de disposición; y
que supone un contrato válido (pues no existe ningún defecto intrínseco del
negocio)”147.
También se indica que “la hipótesis normativa del artículo 315 es, en realidad, un
supuesto de representación sin poder (falsus procurator) consagrado en el artículo
161, regulado en la teoría de la representación presente en el Libro II – Acto
Jurídico del Código Civil”. Añade que “la actuación del falsus procurator (vid.
cónyuge) se caracteriza por su intromisión en la esfera jurídica ajena por disponer
de bienes o derechos de un dominus (sociedad conyugal) de quien no tiene poder
para ello. El cónyuge que celebra una compraventa sin autorización del otro,
respecto de un bien de la sociedad de gananciales, carece de facultades de
representación (falsus procurator) y de legitimidad para contratar”148. Se concluye,
entonces, que “la disposición de los bienes sociales por un solo cónyuge es un
negocio válido, pues la declaración de voluntad del cónyuge en sí es íntegra; el
consentimiento se ha formado y concurren una causa y los otros requisitos
previstos en el artículo 140; sin embargo, resulta un negocio ineficaz o, con más
precisión, un negocio con eficacia suspendida, pues, en todo caso, se atribuye al
interesado un derecho de ratificación”149.
147
Ibídem.
148
VARSI ROSPIGLIOSI, Enrique. La disposición de los bienes conyugales es de interés familiar.
Conclusiones y recomendaciones en el VIII Pleno Casatorio Civil. En, Actualidad Civil N°19. Enero 2016.
Lima, Instituto Pacífico. Página 112 y siguientes.
149
Ibídem.
112
previsto expresamente en el artículo 315 del Código Civil, la consecuencia debe
ser la que la legislación civil peruana le da a casi todos los supuestos de falta de
legitimación, es decir, la ineficacia del acto jurídico, por ser esta una solución
adecuada para dicho problema”150.
150
PRIORI POSADA, Giovanni F. El juez debe diferenciar las diversas hipótesis advirtiendo casos en que
exista la buena fe del tercero y la mala fe del cónyuge supuestamente perjudicado. Ponencia del Octavo
Pleno Casatorio Civil. En, Actualidad Civil N°19. Enero 2016. Lima, Instituto Pacífico. Página 116 y
siguientes.
113
gestión de los bienes sociales. Aquí la igualdad se la entiende en sentido de
necesidades de la justicia distributiva.
114
Siendo así, en el régimen de sociedad de gananciales peruano la administración
no corresponde sólo al cónyuge con facultades de disposición (este era el sistema
español antes de la Ley del 13 de Mayo de 1981) ni se ha impuesto la
administración separada respecto de los bienes que cada cónyuge adquiera
durante el matrimonio (este el actual sistema argentino).
151
MORALES HERVIAS, Rómulo. Validez y eficacia de los actos de disposición y de gravamen en la
sociedad de gananciales. El concepto oculto en el artículo 315 del Código Civil. Disponible en Internet:
<[Link] Para quien el acto resulta inoponible para el cónyuge no interviniente.
152
Ibídem.
115
[Link].2 Acto de consentimiento.
153
Alberto G. Spota, citado por Vidal Taquini. Op cit. p. 335.
116
coparticipación en la administración y disposición de bienes sociales. De no
mediar tal coparticipación conyugal, el acto es nulo por falta de manifestación de
voluntad.
Este es el criterio que sigue el Código Civil español después de la Ley del 13 de
Mayo de 1981. Señala Espín Cánovas, “el espíritu de la reforma consiste en la
atribución por igual a los cónyuges del poder doméstico, que ya consagró con
dicha igualdad la Ley de 1975, ahora completada en importantes puntos, y la
exigencia de actuación conjunta de los cónyuges cuando se trate de actos que
excedan del poder doméstico. Cabe distinguir así el ámbito de administración
ordinaria y de la extraordinaria”154. Aunque contempla –desde la Ley del 2 de Mayo
de 1975- como sanción en caso de inobservancia de su artículo 1386, la
anulabilidad: “cuando la ley requiera para actos determinados que uno de los
cónyuges actúe con el consentimiento del otro, los actos realizados sin él y que
no hayan sido expresa o tácitamente confirmados, podrán ser anulados a instancia
del cónyuge cuyo consentimiento se haya omitidos o de sus herederos” (artículo
65).
154
Espín Cánovas. Op cit. p. 308.
155
Vidal Taquini. Op cit. p. 339.
156
Guastavino. Modificación. p. 13.
117
durante el matrimonio, burlando así los derechos del primero. En resumidas
cuentas, la necesidad del acuerdo de ambos cónyuges estrecha los vínculos al
conocerse la situación económica de la familia, por participar activa y
permanentemente en el manejo de sus bienes y de los sociales.
157
Considerando Segundo de la Casación N°837-97 Lambayeque, del 5 de Noviembre de 1998. En, "El
Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 260-261.
118
coincidente de ambos cónyuges constituye la voluntad de la sociedad de
gananciales"158.
c) "El carácter obligatorio del artículo trescientos quince del Código Civil impide
que cualquiera de los cónyuges pueda disponer de los bienes sociales sin la
intervención del otro, o sin poder especial de éste"159.
158
Considerando Tercero de la Casación N°3109-98 Cusco-Madre de Dios, del 28 de Mayo de 1999. En.
"El Código Civil a través dela jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 262-263.
159
Considerando Cuarto de la Casación N°513-96 Piura del 16 de Octubre de 1997. En, En. "El Código
Civil a través dela jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 262-263.
160
Conforme al artículo 141 del Código Civil, “la manifestación de voluntad puede ser expresa o tácita. Es
expresa cuando se realiza en forma oral o escrita, a través de cualquier medio directo, manual, mecánico,
electrónico u otro análogo. Es tácita cuando la voluntad se infiere indubitablemente de una actitud o de
circunstancias de comportamiento que revelan su existencia. No puede considerarse que existe
manifestación tácita cuando la ley exige declaración expresa o cuando el agente formula reserva o
declaración en contrario”.
119
instancia se ha pronunciado en reiterada jurisprudencia en relación a la exigencia
de la intervención de la cónyuge del comprador en la adquisición de bienes
inmuebles en aplicación del artículo 315 del Código Civil, también es cierto que
se han emitido resoluciones de carácter vinculante en cuanto a la manifestación
de voluntad expresa o tácita de los contratantes, en base al sustento de que en
el sistema jurídico peruano no resulta posible la atribución del derecho de
propiedad sin la manifestación de voluntad tanto del transferente como del
adquirente, siendo que para estos efectos resulta de aplicación lo previsto en el
artículo 141 del Código sustantivo, que establece que la manifestación de
voluntad es tácita, cuando de ésta se infiere indubitablemente una actitud o
circunstancias de comportamiento que revelen su existencia;
Estableciendo el artículo 313 del Código Civil que cualquiera de los cónyuges
puede facultar al otro para que asuma exclusivamente la administración de todos
o de algunos de los bienes sociales, será suficiente el otorgamiento de un poder
general162; el cual –no obstante ser de naturaleza revocable- puede ser
considerado con carácter irrevocable, por ser otorgado en interés común de los
cónyuges, aunque contemplando el plazo para su vigencia del artículo 153163.
161
Resolución del Tribunal Registral N°430-98-ORLC/TR del 20 de Noviembre de 1998. En, CD
Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica. También se la encuentra en Jurisprudencia
Registral. Año IV. Volumen VII. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1999. p. 62-66.
162
Conforme a la primera parte del artículo 155 del Código Civil, “el poder general sólo comprende los
actos de administración”.
163
Conforme al artículo 153 del Código Civil, “el poder es irrevocable siempre que se estipule para un acto
especial o por tiempo limitado o cuando es otorgado en interés común del representado y del representante
o de un tercero. El plazo del poder irrevocable no puede ser mayor de un año”.
120
Para los actos de disposición, el poder debe ser especial conforme al artículo 315
del Código Civil. Como se sabe, para disponer de la propiedad del representante
o gravar sus bienes se requiere que el encargo conste en forma indubitable y por
escritura pública, bajo sanción de nulidad164. Ello importa la individualización del
bien motivo del acto y la mención de la naturaleza del encargo. Siendo así, no es
válido otorgar un poder general anticipado para realizar actos de disposición. Se
requiere, pues, de un poder especial para cada acto de disposición: el poder
especial se debe limitar a los actos para los cuales ha sido dado, y no se lo puede
extender a otros actos análogos, aunque éstos se puedan considerar como
consecuencia natural de los que se han encargado.
164
Así lo establece el artículo 156 del Código Civil.
165
Conforme al artículo 166 del Código Civil, “es anulable el acto jurídico que el representante concluya
consigo mismo, en nombre propio o como representante de otro, a menos que la ley lo permita, que el
representado lo hubiese autorizado específicamente, o que el contenido del acto jurídico hubiera sido
determinado de modo que excluya la posibilidad de un conflicto de intereses. El ejercicio de la acción le
corresponde al representado”.
121
Nuestro Código Civil establece las reglas de que corresponde, sobre los bienes
sociales, a ambos cónyuges practicar los actos de administración y de disposición
que exceda de la potestad doméstica (artículos 313 y 315). Sin embargo, no
contempla expresamente una solución legislativa a los supuestos en que uno de
los cónyuges no pueda o no quiera intervenir. Estimamos, que ella debe
encontrarse en el principio rector de la gestión de los bienes, cualquiera que sea
el régimen patrimonial en rigor: el interés familiar, el cual está implícito en nuestros
ordenamientos por el precepto constitucional de protección de la familia. A partir
de ello, puede recurrirse al órgano jurisdiccional para que autorice supletoriamente
la realización del acto. La imposibilidad de intervención de un cónyuge, que
provoca la no atención de una necesidad de vida, y la negativa injustificada del
mismo, que constituye una omisión abusiva del derecho de disposición del bien
social, perjudican gravemente el interés familiar. Sostener la posición prohibitiva,
en el sentido de que si un cónyuge no puede o no quiere realizar el acto, éste
nunca se verificará, es contrariar el interés familiar.
166
El artículo 1376 del Código Civil español dispone: "Cuando en la realización de actos de administración
fuere necesario el consentimiento de ambos cónyuges y uno se hallare impedido para prestarlo, o se negare
injustificadamente a ello, podrá el Juez suplirlo si encontrare fundada la petición"; por su parte, el apartado
2 del artículo 1377 precisa: "Si uno lo negare o estuviere impedido para prestarlo para prestarlo, podrá el
Juez, previa información sumaria, autorizar uno o varios actos dispositivos cuando lo considere de interés
para la familia. Excepcionalmente acordará las limitaciones o cautelas que estime convenientes".
167
El artículo 458 del Código Civil y Comercial argentino señala: "Uno de los cónyuges puede ser
autorizado judicialmente a otorgar un acto que requiera el asentimiento del otro, si éste está ausente, es
persona incapaz, está transitoriamente impedido de expresar su voluntad, o si su negativa no está justificada
por el interés de la familia. El acto otorgado con autorización judicial es oponible al cónyuge sin cuyo
asentimiento se le otorgó, pero de él no deriva ninguna obligación personal a su cargo".
122
bases de la justa oposición del cónyuge, sin perjuicio de la alegación de causas
que puedan surgir de la operación en sí misma.
168
Coincide con la solución expuesta Lizardo Taboada Córdova quien señala que la causal de nulidad es la
“referida a la falta de manifestación de voluntad del agente, contemplada en el primer inciso del artículo
123
Así, el acto practicado sin intervención de uno de ellos y, aún, sin la autorización
supletoria judicial, es nulo por falta de manifestación de voluntad: esta se configura
con la intervención de ambos cónyuges, por el conjunto de sus declaraciones de
voluntad (artículo 219, inciso 1, del Código Civil). Vale decir, la falta de intervención
conyugal determina la inexistencia de manifestación de voluntad. No hay voluntad
declarada ni voluntad de declarar, elementos que configuran la declaración de
voluntad169.
Claro está, que la nulidad no podrá ser alegada contra las normas de protección
a terceros adquirentes contempladas en nuestro Código Civil: “los terceros que
adquieren guiados por los signos de recognoscibilidad que nuestro ordenamiento
jurídico reconoce (la posesión y el registro) mantienen a su favor la propiedad del
219 del Código Civil. Sin embargo, además, de esta causal, la discusión debe girar también sobre la nulidad
virtual por actos jurídicos con contenido ilícito por atentar contras las normas imperativas, en este caso las
normas sobre disposición de bienes comunes contenidas en el mismo Código Civil”. En: TABOADA
CÓRDOVA, Lizardo, Nulidad del Acto Jurídico, Lima, Editora Jurídica Grijley, 2002, p. 180.
169
Cfr. TABOADA CÓRDOVA, Lizardo, Op cit. p. 106.
170
Para José Almeida Briceño, quien descarta el supuesto de falta de manifestación de voluntad, se trata de
un acto contrario a norma de orden público. “Desde nuestro punto de vista, nos parece más lógico que la
nulidad del acto de disposición arbitrario del patrimonio social, en nuestro ordenamiento legal, obedece a
que dicho acto es contrario al orden público, a pesar de poseer los elementos esenciales de todo acto
jurídico”. En, ALMEIDA BRICEÑO, José, La sociedad de gananciales, Lima, Editorial Jurídica Grijley, 2008,
p. 199.
171
G. SPOTA, Alberto, citado por VIDAL TAQUINI, Op cit. p. 335.
124
bien, aunque éste haya pertenecido al patrimonio social de los cónyuges y se
declara la anulabilidad del acto de disposición arbitrario del patrimonio social”172.
Así, la adquisición a non domino prevista en el artículo 948 del Código Civil: “Quien
de buena fe y como propietario recibe de otro la posesión de una cosa mueble,
adquiere el dominio, aunque el enajenante de la posesión carezca de facultad para
hacerlo. Se exceptúan de esta regla los bienes perdidos y los adquiridos con
infracción de la ley penal”. Igualmente, la adquisición amparada en el principio de
buena fe registral a que se refiere el artículo 2014 del Código Civil: “El tercero que
de buena fe adquiere a título oneroso algún derecho de persona que en el registro
aparece con facultades para otorgarlo, mantiene su adquisición una vez inscrito
su derecho, aunque después se anule, rescinda, cancele o resuelva el del
otorgante por virtud de causas que no consten en los registros públicos”. Sobre
este último, la Corte Suprema ha precisado que:
a) "La nulidad del acto jurídico de compraventa celebrado por el cónyuge a cuyo
nombre se hallaba inscrito un bien social, no perjudica el derecho de la persona
que adquirió dicho bien del primer comprador, cumpliendo con los requisitos
contenidos en el artículo 2014 del Código Civil"173.
b) "En aplicación de los principios registrales que contienen los artículos dos mil
trece y dos mil catorce del Código Civil, se tiene que el Banco acreedor al
momento de ser otorgada la fianza con garantía hipotecaria sobre el inmueble
comprado e inscrito a favor de don XXX como titular del derecho en calidad de
soltero, y no en nombre de la sociedad conyugal que conforma con la actora,
se tiene protegido su derecho por los principios registrales contenidos en las
normas sustantivas anotadas, de legitimidad, fe pública registral y prioridad;
esto significa que al suscribirse la garantía hipotecaria, la entidad acreedora
respecto del bien inscrito a nombre de una persona facultada para hacerlo,
mantiene su derecho una vez inscrito aunque el titular sea casado y se trate
172
ALMEIDA BRICEÑO, José, Op cit. p. 220.
173
Casación N°2273-97 Lambayeque, del 4 de Noviembre de 1998. En, "El Código Civil a través de la
Jurisprudencia Casatoria". Tomo II. p. 316-317.
125
de un bien social, quedando sin efecto entonces la presunción iuris tantum de
calificar el bien hipotecado como bien social, ya que como se ha señalado, el
bien no se encuentra inscrito a nombre de la sociedad conyugal"174.
Pero, como el interés afectado no es otro que el del cónyuge que no interviene
para controlar el poder administrativo o dispositivo de bienes sociales y puede
suceder, por el contrario, que, aun sin su consentimiento, no tenga nada que
oponer el acto realizado, que tal vez estime ventajoso, o bien que prefiera proteger
su interés de algún otro modo, de acuerdo con su consorte, no parece adecuado
caracterizar esta situación como una acción de nulidad radical e insalvable, sino
más bien como una acción de anulabilidad175 –para lo cual, debería ser
sancionada expresamente por la ley-, cuyo ejercicio depende del arbitrio del
cónyuge no interviniente. En tal sentido, sólo éste puede decidir sobre su
impugnación o convalidación expresa o tácita. Esta última se produce cuando el
cónyuge no interviniente asume un comportamiento acorde con los efectos del
acto realizado sin su participación. La legitimación para ejercer esta acción de
anulabilidad corresponderá al cónyuge no interviniente y, a su muerte, a sus
herederos, por no ser un derecho personalísimo; no siendo admisible que lo
realice el cónyuge infractor, ni el tercero que contrató. A este respecto, se opone
el principio general en materia de anulabilidad, que niega la acción a quienes la
ocasionaron, conforme al último párrafo del artículo 222 del Código Civil.
174
Considerando Cuarto de la Casación N°2299-98 Lambayeque, del 5 de Mayo de 1999. En, "El Código
Civil a través de la Jurisprudencia Casatoria". Tomo II. p. 323-324.
175
Así lo hemos venido sosteniendo en Alex F. Plácido V. Manual de Derecho de Familia. p. 161; antes en
Max Arias-Schreiber Pezet - Angela Arias-Schreiber Montero - Alex F. Plácido V. Exégesis del Código
Civil Peruano de 1984. Derecho de Familia. Tomo VII. Lima, Gaceta Jurídica, 1997. p. 195. Coincide con
este criterio, José Almeida Briceño cuando señala que “en atención a que la solución que debe asumir
nuestro ordenamiento jurídico debe tener en cuenta, por un lado, las características que son propias del
régimen jurídico que gobiernan las relaciones económicas de los cónyuges y, por otro lado, debe ajustarse
al ordenamiento jurídico que señala las causales de ineficacia de los actos jurídicos, consideramos que la
opción que debe optar el legislador nacional es la anulabilidad de los actos de disposición arbitraria del
patrimonio social”. En: Op cit. p. 216.
126
No será necesario, para el ejercicio de la pretensión de anulabilidad, la
demostración del perjuicio causado por el acto: es una facultad de libre
apreciación sobre la convivencia u oportunidad del mismo. Pero si en caso de
negativa injustificada se faculta a pedir la supletoria autorización judicial por
convenir al interés familiar, igualmente ante la demanda de anulabilidad, el
cónyuge demandado debería poder alegar la procedencia y utilidad del mismo,
ante cuya prueba podrá concederse por el juez la autorización convalidatoria, si
queda demostrada la inexistencia de perjuicio y la conveniencia del acto.
176
Por esta solución se han inclinado Llambías, Borda, Guastavino, Fanzolato, Bossert-Zannoni, Méndez
Costa, Mazzinghi, Belluscio y Cornejo. En ,Vidal Taquini. Op cit. p. 360.
177
En su fundamento jurídico tercero se expone: “Que, entre los expedientes elevados en casación ante
este Supremo Tribunal, en los casos de actos de disposición de bienes de la sociedad de gananciales por
127
objeto “dilucidar si el acto jurídico por el que uno de los cónyuges dispone de
bienes de la sociedad de gananciales sin la intervención del otro es un acto jurídico
nulo, anulable o ineficaz, lo que presupone establecer los alcances de los prescrito
en el artículo 315 del Código Civil”. Y es que de admitirse que la sanción general
es la nulidad, podrían alegarla todos aquellos que tuvieran interés para hacerlo
y aun declararla el juez de oficio, cuando en realidad sólo cabe la alegación del
vicio por el cónyuge o sus herederos. Se afirma que el acto que efectúa el
cónyuge es válido y eficaz entre las partes, pero es ineficaz para el cónyuge que
debió también intervenir, para quien el acto es como si no existiese. Si el acto
fuese considerado nulo, sería inválido e ineficaz; si fuese anulable, se tornaría
inválido e eficaz hasta su anulación. Más si se lo considera ineficaz, es inoponible
frente a terceros. Inoponibilidad que como forma de ineficacia se coloca junto a
la impugnabilidad178.
uno de los cónyuges sin la intervención del otro, están resolviéndolos con criterios distintos y hasta
contradictorios, señalando e algunas oportunidades que se tratan de actos jurídicos nulos y en otros de
actos jurídicos ineficaces, tal como se evidencia del análisis de las Casaciones números: 111-
2006/Lambayeque, 336-20006/Lima, 2535- 2003/Lima, 2893/Lima, 835.2014/Lima, entre otras (…)”;
agregándose, en el fundamento jurídico cuarto que: “Que, el presente caso se trata de un proceso de nulidad
de acto jurídico, en el que el tema materia de casación implica dilucidar si el acto jurídico por el cual uno
de los cónyuges dispone de bienes de la sociedad de gananciales sin la intervención del otro es un acto
jurídico nulo, anulable o ineficaz, lo que presupone establecer los alcances de lo prescrito en el artículo
315 del Código Civil; en consecuencia, resulta necesario establecer pautas interpretativas con efectos
vinculantes para las decisiones que en el futuro adopten los órganos jurisdiccionales del país sobre el
mismo tema (…)”. Sin embargo, a la fecha de la presente edición, no se ha publicado la posición asumida
por las Salas Civiles de la Corte Suprema de Justicia de la República.
178
Emilio Betti. Teoría General del negocio jurídico. Madrid, Revista de Derecho Privado, 1959. p. 351,
sostiene que la inoponibilidad es una defensa pasiva y preventiva, mientras que la impugnabilidad es un
defensa activa y sucesiva, es decir, reactiva.
128
lo priva de ellos un hecho posterior, tal vez extraño a la voluntad de las partes.
Considera que corresponde hablar de negocios impugnables, que producirán
sus efectos hasta que fueran privados de eficacia, y el derecho de promover la
acción corresponde a las personas que la ley determina179.
179
Giuseppe Stolfi. Teoría del negocio jurídico. Madrid, Revista de Derecho Privado, 1959. p. 77. Zannoni
formula la distinción desde dos perspectivas: una estática, que se sitúa ante el negocio como fuente de la
relación jurídica (ineficacia en razón de defectos o vicios en su estructura: capacidad, poder de actuar o
legitimación de los sujetos, inidoneidad del objeto, ilicitud causal, vicios de la voluntad, inobservancia de
la forma), en donde la privación de efectos incide ab origine impidiendo la configuración de una relación
idónea (prima la idea de nulidad del negocio); otra dinámica, que se ubica ante la relación constituida por
el negocio (ineficacia en razón de que la pervivencia de la voluntad negocial, su valor vinculante, conduciría
o bien a obtener un resultado contrario a derecho, o a los fines o intereses prácticos de los sujetos del
negocio), en donde la privación de efectos es sobreviniente a su celebración (es el caso de la resolución,
revocación, rescisión, etc). Sintetiza su criterio de la siguiente manera: "la nulidad -en sentido lato,
comprendiendo también la anulabilidad- predica solo la ineficacia derivada de la inidoneidad estructural
del negocio, y la ineficacia, en sentido amplio, abarca diversos supuestos de inidoneidad funcional del
negocio". En, Ineficacia y nulidad de los actos jurídicos. p. 127.
180
En el punto [Link].1 de este capítulo nos hemos pronunciado por no admitir, en nuestro sistema jurídico,
la consideración de la intervención uxoria como un acto de autorización o asentimiento.
181
Belluscio. Op cit. p. 91. En idéntico sentido, Guaglione. Op cit. Tomo II. p. 389 y Jorge Mosset Iturraspe,
Omisión del asentimiento conyugal: ¿nulidad o inoponibilidad?, JA, 1982-II-396.
129
Dentro de la ineficacia, en nuestra doctrina se ha sostenido que la compraventa
de un bien social realizado por un solo cónyuge recae sobre un bien parcialmente
ajeno182 y que la falta de intervención del otro consorte se debe sancionar con la
rescisión del contrato, conforme al artículo 1540 del Código Civil: "En el caso del
artículo 1539, si el bien es parcialmente ajeno, el comprador puede optar entre
solicitar la rescisión del contrato o la reducción del precio". Disentimos de este
criterio, por cuanto la alternativa de reducir el precio supone admitir la disposición
de una cuota ideal del bien social y el surgimiento de una copropiedad entre el
tercero y el cónyuge que no intervino en la compraventa; aspectos que son
contrarios a la naturaleza del régimen de sociedad de gananciales, en donde los
gananciales de cada cónyuge recién se define en la liquidación y no antes. A ello
debe agregarse que la titularidad de los bienes sociales corresponde en conjunto
a ambos cónyuges, de manera que la sociedad conyugal se comporta como una
entidad abstracta "que obra como tercero distinto de los individuos que la
componen"183.
182
Nelson Ramirez Jiménez. La venta de bien ajeno. El caso de la sociedad de gananciales. En, El Peruano-
sección derecho. Edición del 19 de Mayo de 1993. p. B-15. Ramírez parte de considerar a la intervención
conyugal como un acto de autorización o asentimiento y que, por tanto, el acto que realiza el cónyuge que
dispone de un bien social no le será oponible al consorte que no interviene; quien no ve afectado sus
derechos, pues el patrimonio suyo y el de la sociedad conyugal sigue intacto. Agrega que, en todo caso, los
derechos del cónyuge no interviniente no han sido objeto de venta alguno y sólo se ha dispuesto de los
derechos del cónyuge vendedor. Aprecia que, en tal acto, existe la disposición de un bien totalmente ajeno
(si se considera que los bienes de la sociedad de gananciales integran un patrimonio autónomo de las
personas que la componen) o, la disposición de un bien parcialmente ajeno (si se considera que se trata de
una forma especial de copropiedad); "sea lo uno o lo otro, caemos en el campo de lo que no es nuestro, y
por tanto, tales conductas se subsumen en la venta de lo ajeno".
183
Enrique Silva Segura. Acciones, actos y contratos sobre cuotas. El problema jurídico y práctico de las
acciones y derechos. Santiago, Editorial Jurídica de Chile, 1985. p. 46.
184
Algunos pronunciamientos caracterizan la falta de intervención uxoria como un caso de nulidad virtual
(artículo V del Título Preliminar del Código Civil) por considerar que el artículo 315 del Código Civil, por
el que se requiere la intervención conjunta de los cónyuges para los actos de disposición, es una norma de
orden público. Así se expone en Luciano Barchi. Disposición de un bien social por el cónyuge que aparece
como titular en el registro de propiedad inmueble. Diálogo con la jurisprudencia. Año II / n° 3. p. 62.
Gaceta Jurídica. La Corte Suprema ha aclarado el concepto cuando precisa que "Una norma es de orden
público cuando su observancia es obligatoria para todas las personas y se diferencia de las normas
imperativas, que son normas de observancia obligatoria sólo para todas las personas que se encuentran
dentro del supuesto de hecho de tales normas; en tal sentido, las normas de derecho de familia, y en
particular las normas referidas al régimen patrimonial del matrimonio no son normas de orden público,
sino normas imperativas, porque sólo son obligatorias para aquellas personas que se encuentran dentro
de una relación jurídica matrimonial". Casación N°3702-2000 Moquegua, del 8 de Junio de 2001. En,
Diálogo con la Jurisprudencia. Año 7. Número 37. Octubre de 2001. p. 291.
130
a) "Conforme lo establece parte del artículo trescientos quince del Código Civil,
para disponer de los bienes sociales o gravarlos se requiere la intervención del
marido y la mujer, empero cualquiera de ellos puede ejercitar tal facultad, si
tiene poder especial del otro. Como lo han establecido las instancias inferiores,
la demandada XXX al momento de la celebración de la escritura pública de
constitución de hipoteca con relación al inmueble denominado BBB ubicado en
..., tenía la condición de casada, asimismo, al momento de disponer de dicho
bien no tenía poder especial para actuar en representación de la sociedad
conyugal que conforma con ZZZ, en consecuencia, al no haber ese último
expresado su manifestación de voluntad en dicha transferencia, el acto de
disposición deviene en nulo, de conformidad con el artículo doscientos
diecinueve inciso primero del Código Civil"185.
De otro lado, el Pleno Jurisdiccional de Familia, celebrado en Cajamarca del 23 al 26 de Setiembre de 1998,
adoptó -en su acuerdo N°6- el criterio que el acto de disposición unilateral de los bienes sociales que pueda
hacer uno de los cónyuges sin la intervención del otro es un acto jurídico nulo: "se incurriría en la causal
de nulidad de acto jurídico prevista en el artículo doscientos diecinueve inciso uno del Código Civil, por
falta de manifestación de voluntad de los titulares de dominio del bien y por ser contrario a las leyes que
interesan al orden púbico según el artículo V del Título Preliminar del Código Civil". En, Diálogo con la
Jurisprudencia. Año 7. Número 38. Noviembre 2001. Lima, Gaceta Jurídica. p. 268.
Por su parte, el Pleno Jurisdiccional Civil, celebrado en la Trujillo en el mes de Noviembre de 1997, adoptó
-en su acuerdo N°2- la consideración que el acto de disposición unilateral de los bienes sociales que pueda
hacer uno de los cónyuges sin la intervención del otro es un acto jurídico nulo por falta de manifestación
de voluntad del agente; por cuanto, "para disponer de los bienes sociales se requiere la participación del
marido y la mujer, que conjuntamente constituyen un patrimonio autónomo". En ese sentido, "el agente es
la sociedad conyugal y no uno solo de sus partícipes". En, Diálogo con la Jurisprudencia. Año 7. Número
39. Diciembre 2001. Lima, Gaceta Jurídica. p. 268.
En la actualidad, el IV Pleno Jurisdiccional Nacional Civil y Procesal Civil, celebrado en Arequipa en el
mes de agosto de 2015, adoptó el criterio que “en los actos jurídicos en los que uno de los cónyuges dispone
de bienes de la sociedad de gananciales sin la intervención del otro, se advierte la falta del requisito de la
manifestación de voluntad del cónyuge preterido en la celebración del acto, siendo la manifestación de
voluntad un elemento primordial para su validez (inciso 1 del artículo 219 del Código Civil). El objeto del
acto es jurídicamente imposible, toda vez que la ley establece que para disponer de bienes de la sociedad
de gananciales se necesita el consentimiento de ambos cónyuges (artículo 315 del Código Civil).
Finalmente, el acto jurídico podría contener un fin ilícito, pues existiría la voluntad de engañar y
perjudicar al cónyuge que no interviene en dicho acto jurídico”.
185
Considerandos Segundo y Tercero de la Casación N°1666-01 Junín, del 10 de Octubre de 2001. En,
Diálogo con la Jurisprudencia. Año 8. Número 42. Marzo 2002. p. 154.
131
produzca la liquidación de dicha sociedad. Por lo tanto, su disposición debe
efectuarse por ambos cónyuges, caso contrario el acto jurídico del que se
tratase es nulo de conformidad con el artículo doscientos diecinueve inciso
primero del Código Civil"186.
186
Casación N°941-95 La Libertad, del 14 de Octubre de 1996. En, "El Código Civil a través de la
jurisprudencia casatoria". Tomo II. p. 310-311.
187
Casación N°1634-99-PUNO, del 12 de Octubre de 1999. En, CD Explorador Jurisprudencial 2001-2002.
Gaceta Jurídica.
132
d) “Cuarto.- Que, en tal virtud, para disponer bienes sociales o gravarlos, se
requiere la intervención del marido y la mujer, salvo que uno de ellos de poder
al otro para ese efecto, de acuerdo al artículo trescientos quince del Código
Civil, por lo que están prohibidos los actos de disposición unilateral de bienes
inmuebles o los bienes muebles registrables sin intervención de ambos
cónyuges; de modo tal que si, contraviniendo dicha norma, se practica actos
de disposición de bienes sociales por uno solo de los cónyuges se incurra en
la causal de nulidad absoluta de acto jurídico prevista en el artículo
doscientos diecinueve inciso primero del Código Civil, por falta de
manifestación de voluntad de los titulares del dominio del bien y por ser
contrario a las leyes que interesan el orden público según el artículo V del
Título Preliminar del Código Civil (…)”188.
188
Casación N° 336-2006-Lima. En, El Peruano. Separata de Casaciones. 01 de febrero de 2007.
189
Casación N° 835-2014-Lima Norte. En, El Peruano. Separata de Casaciones. 30 de setiembre de 2015.
133
siendo que con esta Sentencia Suprema, se procede a variar criterios
anteriormente establecidos, a fin de concluir que, el supuesto previsto en la
referida norma no recoge un supuesto de nulidad del acto jurídico, sino uno
de ineficacia, el mismo que origina que el acto jurídico cuestionado no sea
oponible al patrimonio de la sociedad de gananciales (…)
[Link] Actos que exceden la potestad doméstica para los que se requiere
la intervención conyugal.
Resulta importante establecer el criterio que permita distinguir para que actos se
requiere o no la intervención conyugal; vale decir, definir cuando se excede o no
190
Casación N° 111-2006-Lambayeque. En, El Peruano. Separata de Casaciones. 31 de enero de 2007.
191
Casación N° 2893-2013-Lima. En, El Peruano. Separata de Casaciones. 30 de mayo 2014.
134
la potestad doméstica. Ya se ha explicado192 que la administración de un
patrimonio -en un sentido lato- comprende la suma de la actividad de
administración y de disposición que un sujeto puede cumplir en relación a un
patrimonio; y que, los actos de administración o de disposición, en otros términos
constituyen la totalidad de la actividad susceptible de ser realizada por quien tiene
la administración del patrimonio. Pero en sentido restringido, el criterio clásico o
tradicional ha sido distinguirlos a partir de la función que aquél cumple en relación
al patrimonio. Así, el acto de administración es aquel que sin alterar la integridad
del patrimonio, tiende a su mantenimiento, mejoramiento o generación de frutos;
mientras que el acto de disposición es aquel que altera la integridad del patrimonio.
De ese modo, la actividad de "administración" excluiría todo acto que pudiera
afectar, directa o indirectamente los bienes singulares que lo componen: cualquier
acto del que resulte la sustitución de un bien por otro o un derecho por otro, aunque
derivara, en los hechos, en una ventaja patrimonial, excedería el concepto de
"administración" así entendido. La idea central es, por lo tanto, la mantención del
patrimonio en un idéntico estado, conservando inalterable la individualidad de los
bienes singulares que lo componen.
192
Punto 1.4 del Capítulo IV.
135
debido a trabas (asentimientos, autorizaciones judiciales, etc.). El resultado de la
gestión está íntimamente vinculado, en esos supuestos, con la "dinámica" de la
misma gestión. Aparece clara, por lo tanto, la imposibilidad de aplicar a la gestión
de estructuras patrimoniales como las descriptas, la distinción tradicional: la
administración "ordinaria o regular" de esos patrimonios, caracterizados por la
finalidad de lucro, por su funcionalidad y por el estrecho ligamen entre los bienes
y servicios, requiere una dinámica particular que la torna incompatible con la
existencia de ataduras o vínculos externos.
136
teoría del riesgo determina que cualquiera de los cónyuges pueda realizar aquellos
actos que conducen a la renovación periódica y regular de los bienes del
patrimonio; en tal supuesto, se está ante un acto de administración ordinaria. De
otra parte, en esta última tesis, los "actos de conservación" serían una subespecie
de actos de administración y que es aquel que, importando o no una enajenación,
por ser urgente o necesario tiende a resguardar un bien patrimonial en peligro.
137
En el formulario de declaratoria de fábrica deben intervenir ambos cónyuges,
conforme se desprende del artículo 315 del Código Civil, en razón a que
mediante aquella se formaliza un acto de disposición y no de administración,
por cuanto a través de la construcción de una edificación se está modificando
sustancialmente la composición del inmueble, acto que implica un egreso
anormal del patrimonio"193.
b) "La doctrina reconoce tres especies de actos dispositivos, esto es: los actos
traslativos como el de la compraventa; los actos constitutivos, tal como los
derechos reales de hipoteca, servidumbre o habitación; y, los actos extintivos,
como el levantamiento de una hipoteca. Asimismo, se ha determinado que el
levantamiento de hipoteca no es un acto de administración, definido este último
por Spota como aquellos que "tienen como finalidad gobernar normal y
dinámicamente el patrimonio, sin implicar un riesgo sobre la sustancia del
mismo", por cuanto, el desgravamen de un bien conlleva la desprotección del
patrimonio, a tenor de los expuesto en la Resolución N°305-96-ORLC/TR del
21 de agosto de 1996.
c) "La adjudicación del bien inmueble tuvo como razón de ser el efectuar la
devolución de los ahorros a cada uno de los asociados de la cooperativa,
entendiéndose que el pago se hizo efectivo con una prestación distinta,
aceptada a satisfacción de los adjudicatarios y en virtud de lo cual el citado
predio ha pasado a integrar el patrimonio de estos últimos.
193
Resolución N°445-2000-ORLC/TR del 15 de Diciembre de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año VI.
Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2001. p. 65-69.
194
Resolución N°248-2000-ORLC/TR del 21 de Agosto de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año VI.
Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2001. p. 70-72.
138
Asimismo, debe advertirse del instrumento público que algunos de los
ahorristas son casados, razón por la cual, al haber operado la trasferencia
dentro del régimen de sociedad de gananciales se colige que el bien tiene la
calidad de bien social en concordancia con lo establecido por el artículo 310 y
la presunción contenida en el artículo 311 del Código Civil.
195
Resolución N°415-2000-ORLC/TR del 24 de Noviembre de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año
VI. Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2001. p. 73-79.
139
Esta norma de excepción no se justifica no sólo porque en todo acto de adquisición
de un bien existe uno de disposición del dinero con que se adquiere, si no y
sobretodo porque nos encontramos fuera del ámbito del poder doméstico y, en
esta situación, cualquier acto de disposición que se realice tiene una repercusión
patrimonial para la familia mayor que la ordinariamente producida para levantar
las cargas sociales. A ello, hay que agregar, el valor económico o trascendencia
patrimonial de los bienes muebles que es, hoy en día incluso, hasta superior al de
los bienes inmuebles. Estas consideraciones descartan que la sola voluntad de
uno de los cónyuges pueda afectar la economía de la familia para adquirir bienes
de uso no doméstico. Por todo ello, se requiere el mantenimiento de la regla que
exige la codisposición conyugal cuando se trata de bienes muebles valiosos.
Esta postura no perjudica el tracto comercial, ya que para ello se autoriza (artículo
315 del Código Civil) que leyes especiales puedan establecer excepciones; como
ocurre, por ejemplo, en la reciente legislación sobre títulos valores (Ley 27287) en
cuya sexta disposición final se estable que en "la transferencia o constitución de
gravámenes sobre títulos valores emitidos o transferidos a favor de una persona
natural, no se requiere la intervención del cónyuge", rigiendo la misma norma para
los valores representativos mediante anotación en cuenta; asimismo, en la
legislación bancaria, financiera y de seguros (Ley 26702), respecto del contrato de
cuenta corriente bancaria, se dispone en su artículo 227 que "en el establecimiento
de cuentas corrientes por personas naturales y en las operaciones que se efectúe
con las mismas, se presume de pleno derecho el consentimiento del cónyuge del
titular de la cuenta"; o en la legislación laboral sobre la compensación por tiempo
de servicios (Decreto Legislativo 650), en cuyo artículo 39 se establece que "la
compensación por tiempo de servicios tiene la calidad de bien común sólo a partir
del matrimonio civil... y mantendrá dicha calidad hasta la fecha de la escritura
pública en que se pacte el régimen de separación de patrimonios o de la resolución
judicial consentida o ejecutoriada que ponga fin a dicho régimen"; y, sobre la
afectación en garantía, el retiro parcial o total del depósito en caso de cese, "se
presume, salvo prueba en contrario, que el trabajador cuenta con el
consentimiento correspondiente para realizar tales actos", estableciéndose que
140
"para desvirtuar esta presunción basta que el cónyuge ... que acredite su calidad
de tal, lo manifieste por escrito al empleador y al depositario".
Como se ha visto, el artículo 315 del Código Civil expresamente autoriza que la
adquisición de bienes muebles puede ser realizada por cualquiera de los
cónyuges. La falta de mención a los bienes inmuebles, concluye que para su
adquisición se siga la regla general de exigir la intervención uxoria196. En ese
sentido, también se ha pronunciado el Tribunal Registral, cuando dispone que:
Que, el Art. 315º en revisión es concordante con el Art. 290º del Código Civil que
reconoce la igualdad de derechos y deberes entre cónyuges señalando que las
196
Por Resolución de la Superintendencia Nacional de los Registros Públicos N°033-96-SUNARP, se ha
declarado que "la intervención conjunta de ambos cónyuges en los actos de adquisición, disposición o
gravamen de bienes sociales inmuebles es requisito ineludible para la inscripción de tales actos en el
Registro de la Propiedad Inmueble. Lo dispuesto en el párrafo anterior no es de aplicación en los casos en
que uno de los cónyuges tenga poder especial del otro para la realización de alguno de tales actos".
Por Resolución de la Superintendencia Nacional de los Registros Públicos N°047-2000-SUNARP-SN se
modificó el criterio establecido en la resolución anterior respecto de la adquisición a título gratuito de bienes
inmuebles, para lo que no se requiere la intervención conjunta "toda vez que en este supuesto no egresa
patrimonio alguno de la sociedad conyugal".
141
cuestiones referentes a la economía del hogar deben ser tomadas por ambos,
precepto dentro del cual se explica las restricciones de disposición de bienes
inmuebles impuestas a los cónyuges;
Que, debe agregarse que el Art. 315º concuerda con el Art. 292º del Código Civil
que reconoce la capacidad de cada cónyuge para actuar por separado en la
atención de las necesidades ordinarias del hogar y los actos de administración y
conservación, siendo que la compra de un bien inmueble a título oneroso no se
condice con estas condiciones, conociendo en particular que tal necesidad
ordinaria, de simple acto administrativo o de conservación, obró en la voluntad
de los legisladores para flexibilizar la capacidad de los cónyuges para adquirir en
forma separada únicamente bienes muebles"197.
197
Resolución del Tribunal Registral N°053-96-ORLC/TR, del 9 de febrero de 1996. En, CD Explorador
Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica.
142
c) La administración transferida por ministerio de la ley funciona cuando uno de
los cónyuges está impedido por interdicción u otra causa (artículo 314 del
Código Civil).
198
El artículo 1383 del Código Civil español señala que "Deben los cónyuges recíproca y periódicamente
sobre la situación y rendimientos de cualquier actividad económica suya".
143
La disolución o fenecimiento de la sociedad de gananciales supone el
término del régimen patrimonial y se produce en los casos taxativamente
señalados en la ley (artículo 318 del Código Civil). Éstos se derivan de la disolución
del vínculo matrimonial, como ocurre con la invalidación del matrimonio, el divorcio
y la muerte de uno de los cónyuges; como también de supuestos en que,
manteniéndose el vínculo matrimonial, se produce la interrupción de la vida
común, como acontece con la separación de cuerpos y la declaración de ausencia
de uno de los cónyuges. A ellos hay que agregar el cambio que puede
experimentar el régimen patrimonial por el de separación de patrimonio, ya sea
que lo convengan los cónyuges, lo establezca el juez o por ministerio de la ley,
como es el caso de la insolvencia199.
199
En el sistema español, la sociedad de gananciales concluye de pleno derecho y por decisión judicial. En
el primer caso, las causas son: cuando se disuelva el matrimonio, cuando sea declarado nulo, cuando
judicialmente se decrete la separación de los cónyuges, cuando los cónyuges convengan un régimen
económico distinto en la forma prevenida en el Código Civil. El segundo se presente en los siguiente casos:
haber sido el otro cónyuge judicialmente incapacitado, declarado ausente o en quiebra o concurso de
acreedores, o condenado por abandono de familia; venir el otro cónyuge realizando por sí solo actos
dispositivos o de gestión patrimonial que entrañen fraude, daño o peligro para los derechos del otro en la
sociedad; llevar separado de hecho más de un año por acuerdo mutuo o por abandono del hogar; incumplir
grave y reiteradamente el deber de informar sobre la marcha y rendimientos de sus actividades económicas;
por el embargo de bienes sociales, en la parte de uno de los cónyuges, por deudas propias.
En el sistema argentino, la sociedad de gananciales termina por muerte de uno de los cónyuges; por la
separación personal y el divorcio vincular, sin atención a la inocencia o culpabilidad de los cónyuges; por
la nulidad del matrimonio; por separación de bienes, cuando el concurso o la mala administración de un
cónyuge acarree al otro peligro de perder su eventual derecho sobre los bienes gananciales, y cuando
mediare abandono de hecho de la convivencia matrimonial por parte del otro cónyuge; por interdicción y
presunción de fallecimiento de uno de los cónyuges.
144
produzcan o no la cesación definitiva de todo régimen matrimonial; b) en cuanto
actúen de pleno derecho o constituyan una facultad para uno o ambos cónyuges;
c) en cuanto admitan o no la posibilidad de posterior restablecimiento de la
sociedad de gananciales200.
200
Seguimos las clasificaciones propuestas por Aquiles Horacio Guaglianone. Disolución y Liquidación de
la Sociedad Conyugal. Buenos Aires, Ediar, 1965. p. 16. Los criterios de clasificación son diversos. Así,
también se distingue entre las que actúan por vía de consecuencia de las que obran por vía principal. Planiol
- Ripert - Nast. Op. cit. n°654, p. 2 y 3.
201
Vaz Ferreira. Op cit. p. 606 y siguientes.
202
Segovia infería que la sociedad conyugal continuaba de hecho con los herederos si no se efectuaba la
liquidación y partición de la misma. Lisandro Segovia. El Código Civil de la República Argentina con su
explicación y crítica bajo la forma de [Link] I. Buenos Aires, Coni, 1881. p. 365.
145
iguales derechos y extensión que si la sociedad de gananciales se hubiese
disuelto por otra causa.
146
vínculo que le dio origen203. Se aprecia, entonces, que la sociedad de
gananciales subsiste hasta la sentencia definitiva.
Si en la sentencia que declara la invalidez del matrimonio, sea por nulidad o por
anulabilidad, se señala que ha habido buena fe por parte de ambos cónyuges,
éstos conservan su derecho a los gananciales y se procede a la liquidación del
régimen204.
203
Guaglianone sostiene que "es preciso observar, enseguida, que la fórmula aparece demasiado general y
resulta por ello en gran parte errónea. No en toda hipótesis, en efecto, se produce la consecuencia anunciada
en el artículo, pues es presupuesto para esta causal que el matrimonio nulo haya generado, durante su
precaria vida, una masa patrimonial caracterizable (aunque con exceso de lenguaje) con la expresión
sociedad conyugal. Y esto ocurre tan sólo cuando ha mediado buena fe de ambos contrayentes". Op cit. p.
30.
204
La ley pudo elegir una solución distinta, que atendiera exclusivamente a la necesidad de disolver y
liquidar una comunidad de bienes constituida sobre un título inoperante, y apartar el matiz de orden personal
que prepondera en esta suerte de unión y del cual el aspecto económico puede juzgarse sólo accesorio. Pero
la institución del matrimonio putativo, organizada y desarrollada por los canonistas, hace prevalecer
motivos de jerarquía moral y protección de la buena fe.
205
En el Código Civil español se señala que: "Cuando la sociedad de gananciales se disuelva por nulidad
del matrimonio y uno de los cónyuges hubiera sido declarado de mala fe, podrá el otro optar por la
liquidación del régimen matrimonial, según las normas de esta Sección (las del régimen de sociedad de
gananciales), o por las disposiciones relativas al régimen de participación, y el contrayente de mala fe no
tendrá derecho a participar en las ganancias obtenidas por su consorte" (artículo 1495).
En el Código Civil argentino se contempla un triple opción para el cónyuge de buena fe (artículo 222): a)
la conservación por cada uno de los cónyuges, de los bienes por él adquiridos o producidos antes y después
del matrimonio; b) liquidar la comunidad integrada con el de mala fe mediante, dividiéndose por mitades
los bienes; c) exigir la demostración de los aportes de cada cónyuge, a efectos de dividir los bienes en
proporción a ellos, como si se tratase de una sociedad de hecho.
147
Más si medió mala fe en ambos cónyuges y como esta circunstancia determina
que el matrimonio invalidado no produzca efecto civil alguno, no habrá surgido
el régimen de sociedad de gananciales y no hay derecho a gananciales. Se
procederá como en los casos de división y partición de comunidad de bienes,
pero solamente si se probaran que han habido aportes de los cónyuges. Ya no
nos hallamos en la órbita del derecho matrimonial, sino dentro de un campo civil
mucho más amplio: ante la necesidad de resolver y partir una comunidad de
bienes e intereses.
148
No parece concordante con el régimen de la separación de cuerpos y divorcio
sanción -que es la regla en nuestro sistema jurídico- que no exista para este
supuesto una disposición como la del artículo 352 del Código Civil que, en sede
de separación de cuerpos, precise que el separado por su culpa pierde los
gananciales que procedan de los bienes del otro; lo que no es posible aplicar por
analogía por tratarse de una norma restrictiva de derechos. Sin embargo, los
mismos argumentos por los que se contempla tal posibilidad para el divorcio
culpable son aplicables al caso de la separación de cuerpos culpable. "Se han
aniquilado los derechos del inocente; de nada vale serlo"206.
En este caso, el cónyuge culpable sólo pierde los gananciales que procedan de
los bienes propios del inocente -vale decir, los frutos y productos de aquéllos-
(artículo 352) y, si se demostraron las causales separación de hecho o de
abandono injustificado del domicilio conyugal, también perderá los gananciales
proporcionalmente a la duración de la separación de hecho (artículo 324). Ese
mismo sentido, la Corte Suprema ha declarado que:
206
Vidal Taquini. Op cit. p. 383. Belluscio dice que mediante la admisión de la reparación de los daños,
que para el inocente derivan de la disolución de la sociedad conyugal motivadas por la culpa de su cónyuge,
se da la solución justa para todas las más diversas circunstancias especiales que los casos que presenta la
vida real pueden dar lugar. Augusto C. Belluscio. Los daños y perjuicios derivados del divorcio frente a la
reforma del Código Civil. LL. 134-1429. Independientemente de la procedencia de la acción, cabe señalar
que se trata de dos cuestiones que se conjugan en campos diferentes.
149
trescientos cincuentidós del Código Civil, el cónyuge divorciado por su culpa
pierde los gananciales que procedan de los bienes propios del otro. Existe
aplicación indebida de la norma contenida en el artículo trescientos cincuentidós
del Código Civil cuando se aplica dicha norma a la pretensión de pérdida de
gananciales como producto de la separación de hecho, supuesto que se
encuentra previsto en el artículo trescientos veinticuatro del Código Civil”207.
En este caso, los bienes del ausente quedan bajo la curatela de sus herederos
forzosos, quienes asumirán la posesión temporal de aquéllos; no pudiendo
enajenarlos ni gravarlos, salvo autorización judicial por necesidad o utilidad
(artículo 52 del Código Civil). No obstante que el administrador judicial de los
bienes del ausente está autorizado a distribuir entre los herederos los saldos
disponibles de la administración, en proporción a sus eventuales derechos
sucesorios; se comprueba que, mientras dure el estado de ausencia, los bienes
se mantienen indivisos ante el eventual regreso del ausente; en cuyo caso, se le
restituyen los bienes, en el estado en que se encuentren (artículo 60 del Código
Civil). Ello evidencia que, al terminar la vigencia de la sociedad de gananciales
por esta causa, no se procede necesariamente a su liquidación; constituyendo
una excepción a la regla contenida en el artículo 298 del Código Civil. Argumenta
a favor de este criterio el carácter provisorio de la administración de los bienes
del ausente, ante su eventual regreso. Por ello que, si la curatela de los bienes
del ausente cesa de pleno derecho por desaparecer los motivos que la
determinaron -esto es, por su regreso- (artículo 615 del Código Civil), se
restablecerá consecuentemente también de pleno derecho la sociedad de
207
Considerando Tercero de la Casación Nº1301-96 Lima, del 22 de Diciembre de 1997. En, “El Código
Civil a través de la jurisprudencia casatoria”. Tomo II. p. 338-339.
150
gananciales, conservando los bienes el mismo carácter que tenían antes de la
desaparición. La opinión contraria significaría considerar definitivo y no
provisional, mientras subsisten las causas que lo determinaron, la administración
judicial de los bienes del ausente.
208
En nuestro sistema se admite que determinados patrimonios autónomos, como son la sociedad de
gananciales y la herencia (sucesión), tengan cierta sustancialidad jurídica para ser considerados "sujetos de
derecho" respecto de determinadas circunstancias excepcionales de carácter patrimonial. Ello se aprecia,
básicamente, en el aspecto tributario y concursal. Sin embargo, ello no desvirtúa su naturaleza de
comunidad de bienes. En estos casos, ingresan en el tercius genus que, afirma Messineo, se presente en el
punto de contacto entre la comunidad de bienes y la persona jurídica. Así lo hemos sostenido en Alex F.
Plácido V. La quiebra y la herencia en situación de insolvencia. La quiebra de la sucesión. Tesis para optar
el grado académico de bachiller en derecho. Universidad de Lima, 1988.
209
En el año 2017, la Unidad Impositiva Tributaria equivale a S/.4,050.00. Ello significa que el valor total
del pasivo impago debe ser de S/.202,500.00.
151
propio deudor cuando más de las dos terceras partes del total de sus
obligaciones se encuentren vencidas e impagas mayor a 30 días.
152
Si se declara la insolvencia de un cónyuge, formarán la masa concursal sus
bienes propios y, de ser el caso, la parte de los de la sociedad conyugal que le
corresponde210.
210
Así lo establece el artículo 115 del Texto Único Ordenado de la Ley de Reestructuración Patrimonial.
Debe ser concordado con el artículo 120 del mismo dispositivo legal: "constituirán la masa concursal todos
los bienes del insolvente menos aquellos bienes que de conformidad con lo establecido en el artículo 648
del Código Procesal Civil tengan la naturaleza de inembargables. La masa concursal se determinará, en
cada caso, según el estado del patrimonio del insolvente al momento de declararse el estado de
insolvencia".
211
Así lo ha precisado el Tribunal Registral en la Resolución N°476-2000-ORLC/TR del 28 de Diciembre
de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año VI. Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral de Lima y
Callao, 2001. p. 278-283.
153
La Corte Suprema ha considerado que el artículo 319 del Código Civil no se refiere
a la separación de cuerpos por la causal de separación convencional; por lo que
estima que, en tal supuesto, la sociedad de gananciales fenece en la fecha del
convenio.
“El artículo trescientos diecinueve del Código Civil, contiene dos supuestos
referentes al fenecimiento de la sociedad de gananciales, uno que rige para los
cónyuges y otro para los terceros. Respecto de los cónyuges establece que la
sociedad de gananciales fenece en la fecha de la muerte o de la declaración de
muerte presunta o ausencia; en la fecha de la notificación con la demanda de
212
El artículo 575 del Código Civil establece que: “A la demanda debe anexarse especialmente la propuesta
de convenio, firmada por ambos cónyuges, que regule los regímenes de ejercicio de la patria potestad, de
alimentos y de liquidación de la sociedad de gananciales conforme a inventario valorizado de los bienes cuya
propiedad sea acreditada. El inventario valorizado sólo requerirá de firma legalizada de los cónyuges”.
213
El artículo 177 del Código Civil precisa que: “La condición no opera retroactivamente, salvo pacto en
contrario”.
154
invalidez del matrimonio (nulidad), divorcio, de separación de cuerpos o de
separación judicial de bienes; y en la fecha de la escritura pública, cuando la
separación de bienes se establece de común acuerdo.
Siguiendo el sentido de la norma bajo análisis su “ratio juris”, debe concluirse que
en el caso de separación convencional de cuerpos, formulado por ambos
cónyuges, para el efecto de las relaciones entre ellos, la sociedad de gananciales
fenece en la fecha de su acuerdo, lo que importa una aplicación por analogía.
Confirma este criterio lo dispuesto por el artículo quinientos setentiséis del Código
Adjetivo, que si bien no es aplicable al caso de autos por ser norma posterior
informa el mismo criterio de acuerdo al cual, expedido el auto admisorio, tienen
eficacia jurídica los acuerdos del convenio anexado a la demanda, lo que ratifica,
que la sociedad de gananciales en la relación de los cónyuges, fenece en la fecha
en que se suscribe el acuerdo de separación convencional”214.
214
Considerandos Primero, Segundo, Tercero, Cuarto y Quinto de la Casación Nª2754-98 Lima, del 14 de
Mayo de 1999. En, “El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria”. Tomo II. p. 329-330.
155
no es correcto identificar la liquidación de la sociedad de gananciales con un
contrato entre los consortes sobre bienes de ésta; por cuanto, la liquidación
importa una partición y adjudicación por mitades del saldo del activo
postcomunitario, una vez concluida la liquidación, o sea, una vez pagados los
acreedores sociales.
156
de éstos, está supeditada a la efectiva liquidación de la sociedad de gananciales215
y al posterior cumplimiento de las formalidades legales para acceder al registro
(otorgamiento de escritura pública en caso de donación o compraventa de
inmuebles, por ejemplo)216. En este sentido y resolviendo otro caso, la Corte
Suprema ha precisado:
Que, con estos antecedentes don YYY, solicita a sus padres don ZZZ y doña XXX
el otorgamiento de la escritura pública de traslación de dominio de los inmuebles
que según el convenio de la separación de cuerpos le correspondían.
215
Y, en última instancia, a la aprobación judicial de la “separación convencional”, por cuanto de no
producirse ello los acuerdos contenidos en el convenio dejan de producir sus efectos y se restablece la sociedad
de gananciales.
216
El Tribunal Registral ha señalado que “no existe impedimento alguno para que los padres puedan
otorgar liberalidades de los bienes comunes a favor de sus hijos, dentro del convenio que deben presentar
al Juez cuando opten por la separación convencional, empero, dicho acto de disposición ad solemnitatem
debe requerir siempre de su formalización mediante la escritura pública correspondiente que contenga el
acto mismo de liberalidad…”. Resolución Nº059-99-ORLC/TR del 16 de Marzo de 1999. En,
Jurisprudencia Registral. Año IV. Volumen VIII. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1999. p. 67-
70.
157
que realizar el inventario, luego pagar las obligaciones sociales y las cargas y
después se reintegra a cada cónyuge los bienes propios que quedaren y según
su artículo trescientos veintitrés son gananciales los bienes remanentes después
de efectuados los actos indicados en el artículo trescientos veintidós.
217
Considerandos Segundo, Cuarto, Quinto, Sexto y Sétimo de la Casación Nº905-95 Norte – Lima, del 16
de Octubre de 1996. En, “El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria”. Tomo II. p. 292-293.
El Tribunal Registral ha precisado que, cuando en un convenio regulador se establezca que el inmueble de
la sociedad conyugal “queda en poder” o “queda en beneficio” de los hijos, de dichas expresiones no resulta
indubitable que la voluntad de los excónyuges manifestada en el convenio haya sido la de transferir la
propiedad del inmueble submateria; por lo que, “si la voluntad real de los cónyuges fue donar a favor de
sus hijos el inmueble submateria, ya que mediante dicho contrato el donante se obliga a transferir
gratuitamente al donatario la propiedad de un bien, previamente deberá cumplir con las formalidades que
el artículo 1625 del Código Civil establece para la donación de bienes inmuebles”. Resolución Nº139-98-
ORLC/TR del 30 de Marzo de 1998. En, Jurisprudencia Registral. Año III. Volumen VI. Lima, Oficina
Registral de Lima y Callao, 1998. p. 182-184.
158
A pesar de la redacción, no se trata de una nueva causal -en sí misma- de
disolución de la sociedad de gananciales. Ello se comprueba cuando la
modificación legislativa se refiere al artículo 319 y no al artículo 318, que regula
las causales de fenecimiento. Así lo hemos expuesto: "se debe precisar que se
mantienen inalterables los casos taxativos señalados en la ley (artículo 318 del
Código Civil) por los que se produce el fenecimiento del régimen de sociedad de
gananciales, desde que el artículo 333 -citado en su texto- del Código sustantivo
se refiere a las causas por las que se puede decretar la separación de cuerpos;
siendo ésta una causa expresa que pone fin al citado régimen patrimonial (inciso
2 del artículo 318). Lo mismo se puede sostener cuando se invoquen las causales
de abandono injustificado del domicilio conyugal y de separación de hecho para
demandar el divorcio, por cuanto el artículo 349 autoriza alegar alguna de las
causales contempladas en el ya citado artículo 333; siendo también el divorcio una
causa expresa que pone fin a la sociedad de gananciales (inciso 3 del artículo
318)"218. Vale decir, que ni el abandono injustificado del domicilio conyugal ni la
separación de hecho -por sí solos- son causas suficientes para disolver la
sociedad de gananciales; son la separación de cuerpos y el divorcio, basados en
tales supuestos de hecho, los que producen tal consecuencia.
Siendo así, no resulta ajustada a derecho sostener que, por existir una
separación de hecho entre los cónyuges, se encuentra fenecida la sociedad de
gananciales; más aún, cuando no existe sentencia que declare la separación de
cuerpos o el divorcio por dichas causales.
218
Alex F. Plácido V. Divorcio. p. 115-116.
159
gananciales, evidenciando la supresión de la comunidad de intereses entre los
cónyuges que constituye su basamento.
Esta modificación presenta una diferencia fundamental que la torna sui generis,
singularmente en cuanto al momento de la disolución, que en las otras hipótesis
tiene certeza, por referirse a un hecho jurídico determinado o a una actuación
judicial o notarial. No es necesario abundar en razones demostrativas de la
trascendencia que supone el conocimiento del momento en que se produce el
abandono o la separación. Por ello, para fijar el momento disolutorio debe
atenderse a un hecho externo y a una intención individual o conjunta.
Sin embargo y con la modificación producida al artículo 319 del Código Civil por
la Ley 27495, para las relaciones entre los cónyuges se considera que el régimen
160
de sociedad de gananciales ha fenecido desde el momento en que se produce
la separación de hecho. Conforme a esta disposición legal, desde el momento
en que se produce la separación de hecho ya no se generan gananciales al estar
fenecido el régimen de sociedad de gananciales.
Vale decir, mientras que el artículo 324 del Código Civil admite la continua
generación de gananciales desde el momento que se produce la separación de
hecho; por el contrario, el artículo 319 del Código Civil modificado por la Ley
27495, rechaza esa posibilidad por cuanto desde el momento que se produce la
separación de hecho se considera fenecido el régimen de sociedad de
gananciales entre los cónyuges.
161
contenido en el artículo 4 de la Constitución de 1993; resultando, manifiesto, que
se busca proteger a la familia monoparental.
162
Deben analizarse, entonces, los efectos patrimoniales de la reconciliación si los
cónyuges se encuentran en un proceso de separación de cuerpos o de divorcio;
así como, si los cónyuges se encuentran ya separados de cuerpos, de acuerdo
con el artículo 346 del Código Civil: "Cesan los efectos de la separación por la
reconciliación de los cónyuges". Al respecto, hemos señalado que "si la
reconciliación se produce durante el proceso de separación de cuerpos o de
divorcio, cesan los efectos relativos al fenecimiento de la sociedad de
gananciales entre los cónyuges que dispone el artículo 319 del Código Civil, y
ellos continuarán en aquel régimen, que tenían antes de interponer la respectiva
demanda. Si la reconciliación conyugal se produce después del proceso de
separación de cuerpos por causal o convencional, el efecto patrimonial que
producirá hacia el futuro será restablecer de pleno derecho la sociedad de
gananciales, cesando la separación de patrimonios impuesta por el artículo 332
del Código Civil. En consecuencia, si la sociedad de gananciales fue ya
liquidada, los bienes partidos quedarán en el patrimonio de cada cónyuge como
propios e ingresaran en tal condición a la sociedad de gananciales restablecida.
Por el contrario, mantienen su carácter propio o social los bienes que
permanecieron en estado de indivisión postcomunitaria -esto es, la sociedad de
gananciales fenecida pero no liquidada- hasta el momento de la reconciliación.
Para que la reconstitución o el nacimiento de la nueva sociedad de gananciales
sea oponible a terceros, debe inscribirse la reconciliación en el Registro
Personal"219.
219
Alex F. Plácido V. Divorcio. Reforma del régimen de decaimiento y disolución del matrimonio.
Cuestiones sustantivas y aspectos procesales de la Ley 25495. Lima, Gaceta Jurídica, 2001. p. 71-72.
163
“Que la impugnada ha declarado infundada la demanda en aplicación del artículo
trescientos treintidós del Código Civil, según el cual la separación de cuerpos pone
fin al régimen patrimonial de sociedad de gananciales, concluyendo que la
adquisición por el demandado del inmueble materia de la división y partición con
posterioridad a la sentencia firme que lo declara legalmente separado de la actora
determina que el terreno es bien propio de éste.
Que frente a esta unión de hecho atípica entre cónyuges, por estar legalmente
separados, no es correcto interpretar literalmente el artículo trescientos veintiséis
del Código Civil pretendiendo, en este caso sui generis exigir que éstos se
encuentren libres de impedimento matrimonial para dar origen a una sociedad
de bienes que se sujeta al régimen de la sociedad de gananciales; requisito que
es menester demostrar en el supuesto de aquellos a quienes no los une el
vínculo matrimonial”220.
220
Considerando Primero, Segundo y Tercero de la Casación Nº2732-98 Lima, del 31 de Mayo de 1999.
En, “El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria”. Tomo II. p. 300-301. Es un absurdo jurídico
identificar la reconciliación conyugal con una "unión de hecho atípica" entre cónyuges separados
judicialmente pero no divorciados, por cuanto el restablecimiento de la sociedad de gananciales es
precisamente un efecto de la cesación de los efectos de la separación de cuerpos por la reconciliación
conyugal. Así lo dispone el artículo 346 del Código Civil: "Cesan los efectos de la separación por la
reconciliación de los cónyuges". En ese sentido, disentimos de lo opinado por Emilia Bustamante Oyague
cuando, coincidiendo con el criterio de la Corte Suprema, estima "que una unión de hecho atípica puede
darse entre los esposos declarados judicialmente como separados, quienes conviven tal como si
continuaran siendo esposos en todos los actos de su vida, y por un lapso que supere el mínimo establecido
en el primer párrafo del artículo 236 del Código Civil"; agrega "que cuando los esposos declarados
judicialmente separados de cuerpos convivan, no es necesario exigirles que se encuentren libres de
impedimento matrimonial, ya que este requisito debe demostrarse en el supuesto de aquellos a quienes no
les une el vínculo matrimonial". En, "Constitución de una unión de hecho atípica realizada por cónyuges
separados legalmente". Diálogo con la Jurisprudencia. Año 7. Número 37. Octubre de 2001. Lima, Gaceta
Jurídica. p. 74.
164
VIII. Liquidación de la sociedad de gananciales.
Por ello, se sostiene con acierto, que tras la disolución de la sociedad conyugal,
hasta la partición, existe un estado de indivisión postcomunitario. "Desde el mismo
modo que la comunidad constituía una universalidad jurídica distinta de los bienes
propios, la indivisión que le suceda conservará ese carácter. Los antiguos bienes
comunes continuarán formando un patrimonio distinto de los bienes propios de
cada copartícipe, sujeto en adelante a las reglas de la indivisión"221. En suma, la
naturaleza de la sociedad de gananciales es también la de la indivisión
postcomunitaria que sigue a la disolución, aunque cabe advertir que ello no
significa sostener la antigua idea de continuación que predominó en el derecho
francés anterior al Código Napoleón. Es una nueva universalidad la que aparece,
regida por reglas no coincidentes por entero con las aplicables a la sociedad de
gananciales vigente, quizás porque no es, como ésta, un régimen estable de
relaciones patrimoniales entre los cónyuges, sino una situación transitoria,
impuesta por las circunstancias y dirigida a resolverse cuanto antes en la partición.
En ese sentido, la Corte Suprema también ha admitido el surgimiento de la
indivisión postcomunitaria, aunque la denomina "estado de copropiedad"; así:
221
Capitant, citado por Guaglianone. Op cit. p. 210.
165
por consiguiente nacido un estado de copropiedad entre los cónyuges en
relación a los bienes comunes"222.
222
Ejecutoria Suprema del 11 de Enero de 1985, recaida en el expediente 1384-84-LORETO. En, CD
Explorador Jurisprudencial 2001-2002. Gaceta Jurídica.
223
Considerando Tercero de la Casación Nº1850-96 Lima, del 8 de Junio de 1998. En, “El Código Civil a
través de la jurisprudencia casatoria”. Tomo II. p. 325-326.
Considerando Tercero de la Casación Nº837-97 Lambayeque, del 5 de Noviembre de 1998. En, “El
224
166
La indivisión postcomunitaria se integra, como queda dicho, en primer término con
todos los bienes que en el momento de producirse el hecho transformador del
sistema formaban parte del haber conyugal; vale decir, los bienes sociales. Para
su determinación concreta, la presunción de sociabilidad cobra mayor vigencia: se
consideran sociales a los bienes existentes a la disolución de la sociedad de
gananciales, si no se prueba su carácter propio. El principio de la época de la
adquisición también resulta importante: ser consideran adquiridos durante la
sociedad de gananciales, los bienes que durante él debieron adquirirse y que de
hecho no se adquirieron sino después de la disolución, cuando la causa de
adquisición ha precedido a ésta. A ellos se deben sumar: "los adquiridos por
subrogación real; los créditos de cada cónyuge, y los frutos y productos de los
gananciales existentes"225. Esto último, por el principio que lo accesorio sigue la
condición del principal.
225
Vidal Taquini. Op cit. p. 404; Guaglianone. Op cit. p. 216-217.
226
Resolución Nº255-97-ORLC/TR del 23 de Junio de 1997. En, Jurisprudencia Registral. Año II. Volumen
IV. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1997. p. 33-35.
167
que la adquisición del bien tuvo lugar después de la notificación, esto es, que
el citado inmueble se adquirió en calidad de bien propio y no social”227.
227
Resolución Nº019-2000-ORLC/TR del 28 de Enero de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año V.
Volumen X. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2001. p. 61-63.
228
Resolución N°210-2000-ORLC/TR del 3 de Julio de 2000. En, Jurisprudencia Registral. Año VI.
Volumen XI. Tomo I. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 2001. p. 313-316.
168
La vocación a la mitad ganancial que un cónyuge tiene sobre los bienes sociales
no significa, hasta la partición, que se transforme en titular de esa mitad, ni hay
materialización sobre ella ni de cada bien en particular. En consecuencia, todo
acto de administración ordinaria de los bienes requiere el acuerdo y
consentimiento de ambos cónyuges o de uno de ellos con los herederos del otro.
Durante la indivisión postcomunitaria, el acto disposición practicado por uno de los
cónyuges respecto del activo indiviso es también nulo por falta de manifestación
de voluntad.
Una vez disuelta la sociedad de gananciales, lo que era para el cónyuge una
simple expectativa, una mera eventualidad, se transforma en un derecho actual
sobre los bienes sociales, cuyo monto exacto dependerá de la liquidación a
practicarse, pero que de todos modos se refleja, mientras dura la indivisión
postcomunitaria, sobre cada uno de los elementos singulares del activo.
229
Ya hemos señalado que la disolución de la sociedad de gananciales por declaración de ausencia
constituye una excepción a esta regla por el carácter temporal e indiviso de la administración de los bienes
del ausente y por su eventual retorno, que determina el restablecimiento de la sociedad de gananciales.
169
inventario valorizado de todos los bienes". Ello, además, importa la invalidez de
los convenios que prolongan la indivisión postcomunitaria.
Que, habiendo fenecido dicho régimen por virtud del divorcio por causal de
adulterio imputable al actos, cualquiera de los excónyuges está legitimado para
solicitar la liquidación patrimonial de la sociedad de gananciales, la cual tiene su
inicio con el inventario de los bienes aún cuando se trata de un solo bien, una vez
formalizado el inventario se pagan las obligaciones sociales y cargas, después se
reintegra a cada cónyuge los bienes propios que quedaren; luego de lo cual los
bienes gananciales remanentes se dividen por mitad entre ambos cónyuges, tal
como lo disponen lo artículos trescientos veinte, trescientos veintidós y trescientos
veintitrés del Código Civil.
Que, sin embargo, el accionante pretende directamente la partición del bien sub-
litis sin que previamente se haya cumplido con las formalidades antes citadas, lo
cual, además de no estar previsto en la ley sustantiva, contraviene la seguridad
que deben prestarse entre los mismos excónyuges y a estos con terceros respecto
de los actos jurídicos que hayan llevado a cabo la sociedad conyugal durante su
vigencia”230.
230
Considerandos Tercero, Cuarto, Quinto y Sexto de la Casación Nº848-96 Amazonas, del 5 de Noviembre
de 1997. En, “El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria”. Tomo II. p. 332-333. En ese mismo
sentido, el Tribunal Registral ha precisado que mientras no sea liquidada la sociedad de gananciales los
cónyuges no pueden alegar derecho de propiedad sobre los bienes gananciales: “no es inscribible la venta
170
También puede ser privada o judicial. Ante este último se debe destacar que la
privada sólo procede cuando media unanimidad de ambos cónyuges o de sus
herederos. De no haber conformidad de todos, será judicial (artículo 320), o
cuando haya menores o incapaces (artículo 987).
del 50% de derechos y acciones sobre inmueble conyugal adjudicado por divorcio a la vendedora si antes
no se inscribió la adjudicación a su favor, máxime si no se puede determinar que lo que se vende es el 50%
de los derechos y acciones que le corresponden al vendedor en el inmueble o la totalidad de los derechos y
acciones que posee en el inmueble materia de inscripción”. En, Jurisprudencia Registral. Año II Volumen
III. Lima, Oficina Registral de Lima y Callao, 1997. p. 112-113.
231
Vidal Taquini. Op cit. p. 407.
171
jurisdiccional pronunciándose sobre la existencia de la causal legal que produce
el fenecimiento de la sociedad de gananciales, como ocurre en el caso de la
muerte natural de uno de los cónyuges. A propósito, el artículo 298 del Código
Civil refuerza el razonamiento expuesto: al terminar la vigencia de un régimen
patrimonial se procederá necesariamente a su liquidación.
232
El artículo 321 del Código Civil señala: "El menaje ordinario del hogar no comprende: 1) Los vestidos
y objetos de uso personal; 2) El dinero; 3) Los títulos valores y otros documentos de carácter patrimonial;
4) Las joyas; 5) Las medallas, condecoraciones, diplomas y otras distinciones; 6) Las armas; 7) Los
instrumentos de uso profesional u ocupacional; 8) Las colecciones científicas o artísticas; 9) Los bienes
culturales-históricos; 10) Los libros, archivos y sus contenedores; 11) Los vehículos motorizados; 12) En
general, los objetos que no son de uso doméstico.
172
gananciales (artículo 323 del Código Civil); cuya partición está impuesta por las
leyes en parte iguales. Esto último es interpretado como esencial de la partición
de la sociedad de gananciales disuelta: la observancia de la igualdad cualitativa y
cuantitativa. De tal manera que, la violación este principio de igualdad es en sí
causa de nulidad, con acción propia y autónoma, y la sanción no puede ser otra,
ya que se origina en la esencia del acto y cuando de gananciales se trata
imperiosamente se ordena que se los dividirá por iguales partes entre marido y
mujer o sus herederos, y porque es de ningún valor toda renuncia de un cónyuge
a favor del otro, o del derecho a los gananciales.
“El pago indebido se cumple entre personas verdaderamente vinculadas por una
relación obligacional como acreedor y deudor, siendo lo indebido el cumplimiento
de una prestación que no se ajusta a los términos pactados.
También hay que considerar para este caso concreto que la fábrica constituía un
bien social, por haber sido edificada durante el matrimonio y que consistía en una
vivienda familiar y un taller, y que en la liquidación de sociedad de gananciales se
adjudicó a la demandante la vivienda y al demandado el taller y que la actora
reconoció, al prestar su declaración de parte, que la casa era más grande que el
taller, lo que indudablemente tenía que originar una compensación al demandado
en el terreno y para el hipotético caso de que pudiera existir el pago indebido, la
173
actora hubiera tenido que probar hasta que punto le afectaba dicha
compensación”233.
Sin embargo, consideramos que los cónyuges pueden acordar que la repartición
de los gananciales se realice por valores diferentes a la previsión legal de la
división por mitades. Basta con recordar que, desde la fecha de fenecimiento del
régimen de sociedad de gananciales, los cónyuges regulan sus relaciones
patrimoniales conforme a las reglas del régimen de separación de patrimonios.
Siendo así, desde ese momento los consortes recuperan su plena autonomía
patrimonial para negociar entre sí los gananciales, transar y hasta hacer renuncia
de los mismos, sin que el orden público se encuentre comprometido por el ejercicio
de esta libertad de concertación.
En efecto, los consortes pueden disponer con absoluta libertad y reglar sus
cuestiones patrimoniales como mejor satisfaga sus intereses, desde que la
institución (régimen de sociedad de gananciales) que la ley quiere substraer al
poder dispositivo de los cónyuges, ya no existe; sólo resta un conjunto de bienes
que entre ellos se deben repartir. En ese sentido, nada se opone a que uno de los
esposos reciba una porción menor como consecuencia del acuerdo de voluntades,
porque la división por mitades no es de orden público cuando ya se ha producido
el fenecimiento de la sociedad de gananciales.
233
Considerandos Sexto, Octavo y Undécimo de la Casación Nº1496-98 Lima, del 4 de Diciembre de
1998. En, “El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria”. Tomo II. p. 334-335.
174
artesanal, industrial o comercial de carácter familiar, en los casos de
declaración de ausencia o muerte de uno de los cónyuges.
175
y el de sus derechos por concepto de legítima y gananciales los demás derechos
inherentes al usufructuario. Si se extingue el arrendamiento, el cónyuge
sobreviviente podrá readquirir a su sola voluntad el derecho de habitación.
Al respecto, el segundo párrafo del artículo 345-A del Código Civil, incorporado
por el artículo 4 de la Ley 27495, que dispone: "El juez velará por la estabilidad
económica del cónyuge que resulte perjudicado por la separación de hecho, así
como la de sus hijos. Deberá señalar una indemnización por daños, incluyendo
el daño personal, u ordenar la adjudicación preferente de bienes de la sociedad
conyugal, independientemente de la pensión de alimentos que le pudiera
corresponder"; agrega, que "son aplicables a favor del cónyuge que resulte más
perjudicado por la separación de hecho, las disposiciones contenidas en los
artículos 323, 324, 343, 351 y 252, en cuanto sean pertinentes".
234
Alex F. Plácido V. Divorcio. p. 125.
176
Se ha contemplado la fijación de una indemnización o la adjudicación preferente
de bienes sociales -independientemente de la pensión de alimentos que le
pudiera corresponder- con el carácter de no concurrentes: si el juzgador fija una
indemnización, no procede la adjudicación preferente de bienes sociales y, de
igual manera, a la inversa.
Si bien el aludido artículo 345-A del Código Civil, incorporado por la Ley 27495,
no contiene una solución a las cuestiones planteadas precedentemente, en su
último párrafo –como ya se indicó- expresamente se cita al artículo 323 del
Código sustantivo, disponiendo su aplicación a este supuesto, en lo que fuere
235
El último párrafo del artículo 323 del Código Civil establece que “cuando la sociedad de gananciales
ha fenecido por muerte o declaración de ausencia de uno de los cónyuges, el otro tiene preferencia para
la adjudicación de la casa en que habita la familia y del establecimiento agrícola, artesanal, industrial o
comercial de carácter familiar, con la obligación de reintegrar el exceso de valor, si lo hubiera”.
177
pertinente. En consecuencia y considerando el fundamento asistencial de la
norma, de una interpretación extensiva y concordada de las disposiciones
citadas se concluye: a) que la adjudicación preferente está principalmente
referida al inmueble constituido en la casa habitación de la familia o destinado a
establecimiento agrícola, artesanal, industrial o comercial de carácter familiar 236;
y, b) que la adjudicación no se realiza con cargo a los gananciales que le
corresponden de la liquidación al cónyuge perjudicado; por tanto, no tiene la
obligación de reintegrar el exceso de valor del bien adjudicado no cubierto por
sus gananciales237.
Sobre lo primero, la entrega directa del menaje ordinario del hogar se admite en
nuestra legislación a favor del cónyuge del ausente o al sobreviviente 238, en caso
que la sociedad de gananciales fenezca por la ausencia o muerte del otro
consorte, respectivamente. Al respecto, la Ley 27495 no ha introducido
modificación alguna al artículo 320 del Código Civil, que contempla tal
posibilidad, ni tampoco lo ha mencionado para su consideración extensiva. Sin
embargo, como lo que se pretende es velar por la estabilidad económica del
cónyuge perjudicado, es evidente que, por ejemplo, la sola adjudicación del
236
En este mismo sentido se pronunció la Corte Suprema de Justicia de la República en el Tercer Pleno
Casatorio Civil Supremo. Así, en el fundamento jurídico 76 se precisa: “Con respecto a la adjudicación
preferente de bienes de la sociedad conyugal, debe hacerse una interpretación sistemática y teleológica de
las normas contenidas en los artículos 345-A y 323 del Código Civil y, en consecuencia, debe concluirse
que el Juez al adjudicar un bien al cónyuge perjudicado, deberá hacerlo con preferencia sobre la casa en
que habita la familia y, en su caso, el establecimiento agrícola, artesanal, industrial o comercial de
carácter familiar”.
237
En este mismo sentido se pronunció la Corte Suprema de Justicia de la República en el Tercer Pleno
Casatorio Civil Supremo. Así en el fundamento jurídico 76 se señaló: “La adjudicación de un bien social
se hace en satisfacción de las consecuencias dañosas y no debe imputarse a los gananciales que le
corresponden de la liquidación al cónyuge beneficiado por el carácter asistencial de la indemnización115.
De adjudicarse un bien imputando a los gananciales que le corresponderán de la liquidación de la
sociedad, no se estaría protegiendo su estabilidad económica ni la de sus hijos”.
238
En el último párrafo del artículo 320 del Código Civil se establece que “no se incluye en el inventario el
menaje ordinario del hogar en los casos del artículo 318, incisos 4 y 5, en que corresponden al cónyuge del
ausente o al sobreviviente.
178
inmueble donde se constituyó la casa habitación de la familia no cumpliría la
finalidad asistencial buscada sin el menaje ordinario u objetos de uso doméstico
existentes en él. Es por ello que, atendiendo a ese propósito establecido en la
ley, corresponde también entregar directamente el menaje ordinario del hogar al
cónyuge perjudicado por la separación de hecho239.
239
En ese mismo sentido se ha pronunciado la Corte Suprema de Justicia en el Tercer Pleno Casatorio Civil
Supremo. Así, en el fundamento jurídico 36 se indica: “Dentro de la adjudicación de bienes, el Juez puede
disponer también la adjudicación del menaje ordinario del hogar a favor del cónyuge beneficiado siempre
que considere que con ello vela por la estabilidad económica de éste, sin perjuicio de la norma contenida
en el último párrafo del artículo 320 del Código Civil”.
240
En ese mismo sentido se ha pronunciado la Corte Suprema de Justicia de la República en el Tercer Pleno
Casatorio Civil Supremo. Así, en el fundamento jurídico 76 precisa que: “De otro lado, para la
179
Al respecto, debe tenerse presente que, por la adjudicación, se transfiere la
propiedad del bien al cónyuge perjudicado por la separación de hecho; mientras
que, por la atribución, se le otorga sólo su uso y disfrute241. De otro lado, debe
estimarse que, la consideración genérica de la función de velar por la estabilidad
económica del cónyuge perjudicado y la de sus hijos, no se agota –y en ningún
otro aspecto- en la adjudicación y que corresponde al juzgador disponer la mejor
solución a la necesidad de vida en particular, atendiendo a los fines del proceso.
adjudicación no se requiere necesariamente que existan otros bienes de la sociedad de gananciales, que
aquel que se adjudica. Para hacer efectiva a cabalidad esta adjudicación, el Juez puede ordenar, si fuese
el caso, el retiro del hogar de parte del cónyuge que motivó la ruptura de la vida en común y el retorno del
cónyuge perjudicado con sus hijos menores”.
De idéntico parecer también se pronuncia Aída Kemelmajer de Carlucci cuando explica que, “para resolver
la cuestión creemos que debe tenerse esencialmente en cuenta el fundamento asistencial de la norma”. A
esa conclusión arriba al preguntarse si se aplica el artículo 3573 bis del Código Civil argentino –que regula
el derecho de habitación a favor del cónyuge supérstite sobre el único inmueble en el que se constituyó el
hogar conyugal- cuando los cónyuges estaban separados de hecho y el único inmueble habitable del acervo
es aquél donde vive el supérstite. Aída Kemelmajer de Carlucci. Op. cit. pág. 217.
241
Evidentemente que la atribución del inmueble donde se constituyó el hogar conyugal implica reconocer
a favor del cónyuge perjudicado el derecho de habitación sobre el mismo desde que el artículo 1027 del
Código Civil establece que: "Cuando el derecho de uso recae sobre una casa o parte de ella para servir de
morada, se estima constituido el derecho de habitación".
180
separación, del derecho a participar de los gananciales proporcionalmente a la
duración de la separación. Así lo establece el artículo 324 del Código Civil: "en
caso de separación de hecho, el cónyuge culpable pierde el derecho a
gananciales proporcionalmente a la duración de la separación"242.
242
No obstante la previsión legal, parece más conveniente considerar a la separación de hecho como una
causal que, por decisión judicial, determine la disolución de la sociedad de gananciales. La falta de
convivencia y colaboración entre los cónyuges que se encuentran en ese estado y la conveniencia de evitar
la producción inmediata de mayores perjuicios económicos al cónyuge no culpable de la separación,
sustentan el criterio. Al respecto, el inciso 3 del artículo 1393 del Código Civil español señala: "También
concluirá por decisión judicial la sociedad de gananciales, a petición de uno de los cónyuges, en alguno de
los casos siguientes: 3. Llevar separados de hecho más de un año por acuerdo mutuo o por abandono del
hogar".
243
Considerando Sexto de la Casación Nº513-96 Piura, del 16 de Octubre de 1997. En, “El Código Civil a
través de la jurisprudencia casatoria”. Tomo II. p. 312-313.
181
Los gananciales que se pierden en esta circunstancia, se determinan
mediante un elemental regla de tres: se considera la relación entre los gananciales
obtenidos y la duración total del régimen y aplicarla al tiempo de duración de la
separación de hecho. De esta manera, se establecen los gananciales generados
en el período de la falta de convivencia; concluyéndose que es la mitad de esa
cantidad la que pierde el cónyuge culpable. Así, por ejemplo, si siendo el cónyuge
A el culpable y B el inocente de la separación de hecho que ha durado 5 de los 20
años de vigencia del régimen patrimonial y se han obtenido un total de
US$10,000.00 de gananciales, la cantidad generada en el período de falta de
convivencia es de US$2,500.00. En consecuencia, el cónyuge A pierde
US$1,250.00. Por tanto, en esta situación, el cónyuge A sólo recibirá US$3,750.00
y B la cantidad de US$6,250.00, a título de gananciales.
“Que el artículo trescientos veinticuatro del Código Civil establece que en el caso
que se produzca una separación de hecho, el cónyuge culpable pierde el derecho
a gananciales proporcionalmente a la duración de la separación.
Que para que la norma referida sea aplicable es necesario que la separación de
hecho se haya producido durante la vigencia de la sociedad de gananciales, ya
244
Bossert - Zannoni. Op cit. p. 236. Consideran que se debe "aguardar hasta que se produjese la disolución
de la sociedad conyugal, por alguna de las causas legales y recién en ese momento determinar las causas
que mediaron para atribuir la culpabilidad a uno de los cónyuges -o a ambos-", a efectos de hacerla
operante.
182
que al producirse la disolución del vínculo matrimonial ya no es de aplicación la
norma en estudio sino la contenida en el artículo trescientos cincuentidós del
Código Sustantivo.
245
Considerandos Primero, Segundo, Tercero, Cuarto y Quinto de la Casación Nº986-96 Cuzco, del 18 de
Noviembre de 1997. En, “El Código Civil a través de la jurisprudencia casatoria”. Tomo II. p. 336-337.
183
Deben analizarse los casos de la culpabilidad concurrente y de la sucesiva,
en la separación de hecho. En caso de culpa concurrente o recíproca, ello produce
que ninguno de los cónyuges tenga derecho a participar en los bienes adquiridos
con posterioridad a la separación; en consecuencia, cada quien percibirá la
pérdida del otro. Con relación a la culpa sucesiva, cabe rechazarla por cuanto la
inocencia o la culpabilidad están referidas a los hechos y no a los tiempos en que
se producen; la precisión de la fecha probable en que se inició la separación de
hecho, descarta cualquier otro suceso posterior.
184
singulares que integran el acervo común. Dependiente de esa indivisión, se halla
la hereditaria de los sucesores universales del cónyuge premuerto. Durante el
segundo matrimonio, el derecho indiviso del bínubo es un bien propio respecto de
la nueva sociedad de gananciales, pero serán sociales los frutos que dé, en la
proporción correspondiente a la cuota que la comunidad indivisa con los herederos
tenía aquél, quien, por lo demás, deberá entregar a sus copartícipes la parte que
a ellos pertenece en sus beneficios. Al producirse la disolución de la segunda
sociedad de gananciales, la indivisión postcomunitaria anterior (que podía estar
ya complicada con una indivisión hereditaria por muerte del primer cónyuge) no
sólo conserva sus vinculaciones con las masas propias y sociales del matrimonio
posterior, sino que entra en relaciones con una nueva masa, la segunda indivisión
postcomunitaria, y aun con la otra indivisión hereditaria que le está agregada por
fallecimiento del bínubo o del último cónyuge de éste.
a) Reclamaciones del primer cónyuge del bínubo, por confusión de sus derechos
en la indivisión postcomunitaria de su matrimonio con los propios del bínubo,
con los propios del segundo cónyuge de éste, con la segunda indivisión
postcomunitaria y con los patrimonios de los herederos de uno y otro.
c) Reclamaciones del segundo cónyuge del bínubo, por confusión de sus bienes
propios y sus derechos en la indivisión postcomunitaria causada por su
matrimonio, con los bienes propios del bínubo, con los propios del primer
cónyuge de éste, con la primera indivisión postcomunitaria y con los
patrimonios de los herederos de uno y otro.
246
Guaglianone. Op cit. p. 353-354.
185
d) Similares reclamaciones de los herederos del segundo cónyuge, en las
mismas hipótesis del párrafo precedente.
e) Reclamaciones del bínubo por confusión de sus bienes propios o sus derechos
en ambas indivisiones postcomunitarias, con los propios de sus cónyuges o
con los patrimonios de los herederos de éstos.
Pero la tarea quedará detenida cuando falten las pruebas necesarias para la
composición de cada activo y pasivo a distribuir. Puede suceder, y es probable
que así ocurra, que haya dudas sobre el carácter que realmente le corresponde a
determinados bienes, es decir, si son gananciales de uno o de la otra sociedad;
para este caso, el artículo 325 del Código Civil ofrece una regla práctica de
solución, estableciendo que se dividirán entre las diferentes sociedades, en
186
proporción al tiempo de su duración y a los bienes propios de los respectivos
cónyuges; criterio que descansa en un ponderado principio de equidad247:
“Siempre que haya de ejecutarse simultáneamente la liquidación de gananciales
de dos o más matrimonios contraídos sucesivamente por una misma persona,
se admitirá, en defecto de inventarios previos a cada matrimonio, toda clase de
pruebas para determinar los bienes de cada sociedad; y, en caso de duda, se
dividirán los gananciales entre las diferentes sociedades, teniendo en cuenta el
tiempo de su duración y las pruebas que se haya podido actuar acerca de los
bienes propios de los respectivos cónyuges”.
247
Solución similar se aprecia en el Código Civil español (artículo 1409) y en el argentino (1314).
Guaglianone critica esta solución de sus sistema jurídico: "pudo parecer equitativa..., pero no lo es
realmente, porque recostándose sobre lo que pasaría en las sociedades ordinarias, no se acomoda al
sistema de gananciales del Código, que para nada tiene en cuenta la existencia de bienes propios de los
cónyuges al distribuir el acervo conyugal". Agrega, "los bienes deberían distribuirse simplemente en
relación al tiempo de duración de cada sociedad conyugal. La frase "... en proporción... a los bienes propios
de cada uno de los socios" rompe la uniformidad del sistema del Código". Op cit. p. 355.
De otro lado, en el Código Civil argentino existe una disposición a propósito del caso de bigamia. Así, se
establece que: "Si ha habido bigamia, y en el segundo matrimonio aparente, la mujer ha sido de buena fe,
la esposa legítima tiene el derecho a la mitad de los gananciales adquiridos hasta la disolución del
matrimonio. La segunda mujer podrá repetir contra la parte de gananciales del bígamo y contra los bienes
introducidos por él durante el matrimonio legítimo, los gananciales que le hubiesen correspondido durante
su comunidad con él, si el matrimonio hubiese sido legítimo".
187
Capítulo VI
248
Espín Canóvas. Op cit. p. 324; Guaglianone. Op cit. p. 415, quien señala que el régimen derivado preside
las relaciones patrimoniales entre los cónyuges y frente a terceros, luego de extinguida la comunidad, pero
vigente aún el vínculo.
188
por abandono de familia, la realización por sí solo de actos que exceden de la
potestad doméstica que entrañan fraude o peligro a los derechos del otro cónyuge,
la separación de hecho por más de un año, el incumplir grave y reiteradamente
con el deber de informar sobre los rendimientos de sus actividades económicas y
el embargo de bienes sociales por deudas personales de uno de los cónyuges.
Basta comparar para apreciar la mayor amplitud que ahora se concede a la
situación separatista y la repercusión que para lograrla tiene el incumplimiento de
deberes familiares.
189
de administración y disposición del cónyuge propietario debe realizarse en
armonía con el interés familiar; lo cual se aprecia marcadamente respecto del
inmueble donde está constituido el domicilio de la familia. Para estos casos, como
se expuso para la gestión de los bienes propios en el régimen de sociedad de
gananciales, debe requerirse la intervención de ambos cónyuges.
190