SEGURIDAD HUMANA.
LA RESPONSABILIDAD
DE PROTEGER
Leticia LEAL MOYA*
RESUMEN: En el presente artículo la ABSTRACT: In the present article the author
autora nos ofrece una reflexión sobre presents a reflection on the evolution of human
la evolución de la seguridad humana security as one of the contemporary priorities of
como una de las prioridades actuales de the State. The essay discusses several issues
los Estados. En el ensayo se plantean on the importance or priority that must be
varias cuestiones sobre la importancia o recognized to personal security in relation, for
el nivel de prioridad que debe tener la example, to state security. As part of her find-
seguridad individual respecto de la se- ings, the author shows the different positions
guridad nacional, por ejemplo. Dentro that some states like Canada, Chile, Japan
de sus observaciones, la autora muestra and Mex ico have assumed on this matter,
varios casos de países que han tomado ranging from an active recognition and protec-
posturas diferentes respecto del tema tion of the right to personal security, to the ne-
como Canadá, Chile, Japón y México, gation of such right.
ya sea por una participación activa en
la preconización de éste derecho o por
su negación a aceptarlo.
Palabras clave: seguridad, per sona, Descriptors: security, person, State, funda-
Estado, derechos fundamentales. mental rights.
* Doctora en derecho por la Universidad de Wisconsin-Madison, EUA.
Boletín Mexicano de Derecho Comparado,
nueva serie, año XXXVIII, núm. 114,
septiembre-diciembre de 2005, pp. 1117-1138
1118 LETICIA LEAL MOYA
SUMARIO: I. Introducción. II. Antecedentes. III. Seguridad humana como
eje de política exterior. IV. Aplicación de políticas orientadas a consolidar la
seguridad humana. V. Dificultades de la seguridad humana. VI. A manera
de conclusión. México y la seguridad humana. VII. Bibliografía.
I. INTRODUCCIÓN
El planteamiento de que ahora la prioridad del Estado es proteger la se-
guridad de las personas, por encima de la seguridad nacional y la seguri-
dad territorial, resulta, para algunos, una novedosa atracción. Sin em-
bargo, ésta también parece ser una idea contradictoria e incierta. Para
países como Canadá, Chile, Japón, Noruega, entre otros, la seguridad y
el bienestar de los individuos se ha transformado en el nuevo parámetro
de seguridad mundial, tanto que han reconfigurado sus sistemas de polí-
tica exterior a la luz del tan debatido concepto de seguridad humana.
De acuerdo a los informes del Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD), la seguridad humana implica la protec-
ción de las personas de las amenazas a sus derechos, su seguridad y
su vida; ello engloba procurar la seguridad del individuo en distintas
dimensiones como la económica, alimentaria, de salud, ambiental,
personal, comunitaria y política, para alcanzar una estabilidad dura-
dera. El responsable de proporcionar o propiciar la seguridad huma-
na es el Estado, pero si éste no cumple o no puede cumplir con tal
obligación, según el Informe de la Comisión Internacional sobre
Intervención y Soberanía de los Estados (CIISE), la comunidad inter-
nacional tiene el deber moral de procurar la protección de las comu-
nidades de la aniquilación, de las violaciones sistemáticas a mujeres,
de la muerte por inanición a la niñez. Así, el interés por la seguridad de
las personas se extiende más allá de las fronteras mediante la inter-
vención o ayuda humanitaria, justificándose de ésta manera el polé-
mico derecho de injerencia en detrimento de otros principios de de-
recho internacional como lo son la soberanía de los Estados, la no
intervención, o la autodeterminación de los pueblos.
Este breve análisis tratará de dilucidar las implicaciones de la apli-
cación de la complicada agenda de seguridad humana en el ámbito
nacional e internacional, cuando el término no ha logrado una defi-
SEGURIDAD HUMANA. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER 1119
nición consensuada ni concluyente en foros tan importantes como la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de
los Estados Americanos (OEA).
II. ANTECEDENTES
Especialistas y académicos en seguridad internacional han denomi-
nado a la seguridad humana como una noción más allá del espectro
de la seguridad.1 El debate actual sobre la reconceptualización de la
seguridad, a raíz del fin de la guerra fría, ha generado una intensa
discusión que incluye nuevos sectores, nuevos actores, y novedosas
concepciones. En ese sentido, se han desarrollado tres posturas que
auxilian en la comprensión de la evolución de la noción de seguri-
dad: a) Clásica o tradicional, orientada a privilegiar la seguridad del
Estado, básicamente por medios militares; b) Ampliacionista, engloba
aspectos militares, políticos, económicos, sociales y medioambientales
con un enfoque antropocéntrico; y c) Crítica, cuestiona las dos ante-
riores al señalar que se sustentan en el principio de seguridad como
una realidad objetiva, sin objetar su carácter subjetivo.2
La tendencia ampliacionista es la que permite la acuñación del sig-
nificado de seguridad humana, al incorporar en el área de seguridad
nuevos actores (el individuo) y nuevas problemáticas (pobreza, migra-
ciones indocumentadas, tráfico de drogas ilícitas, violaciones a los de-
rechos humanos, regímenes autoritarios, proliferación de armas de
destrucción en masa, terrorismo, enfermedades infecciosas y deterioro
ambiental). En opinión de los países más poderosos, los causantes de
esos problemas, que contribuyen a la inestabilidad del sistema inter-
nacional en detrimento de su bienestar y prosperidad, son los Estados
más pobres y marginados.
1 Gon zález, Guadalupe, “Enfoques teóricos sobre la seguridad internacional”, conferencias
acerca de las “Perspectivas de Seguridad Internacional y Hemisférica. Su impacto en México”,
México, Instituto Matías Romero, 24 de marzo de 2003, ponencia. Para González, la seguridad
cooperativa y la seguridad en comunidad (Unión Europea) constituyen también otras nociones
de la seguridad fuera de su dimensión convencional. Bárcena Coqui, Martha, “La reconceptuali-
zación de la seguridad: el debate contemporáneo”, Revista Mexicana de Política Exterior, México,
Instituto Matías Romero de la Secretaría de Relaciones Exteriores, núm. 59, febrero de 2000,
pp. 9-31.
2 Bárcena Coqui, Martha, op. cit., nota anterior, pp. 10-19.
1120 LETICIA LEAL MOYA
Con el fin de resolver esos problemas de manufactura tercermundista, a
partir de 1990 y por presión de los países desarrollados, la ONU in-
cursiona la idea del “desarrollo” en la agenda de seguridad a través
de los informes anuales sobre desarrollo humano del PNUD.3 A su
vez, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional enfocaron
sus políticas hacia el combate a la pobreza, dejando un poco de lado
rubros como el crecimiento económico y crisis financieras. Como re-
sultado, en el Informe sobre Desarrollo Humano 1993, el PNUD
concibe por primera vez la seguridad humana como la necesidad de
avocarse a la seguridad de la gente, en lugar de la seguridad nacio-
nal; de darle mayor énfasis a la seguridad sustentada en el desarrollo
humano, en vez de la seguridad por medio de las armas; y de procu-
rar la seguridad alimentaria, laboral y ambiental, en lugar de la
seguridad territorial.
En el informe de 1994 del PNUD, con el objeto de ampliar su co-
bertura, el término de seguridad humana sufre alteraciones. El infor-
me indica que la seguridad humana entraña una preocupación uni-
versal por la vida y la dignidad del hombre, que sus componentes
son interdependientes y que la mejor forma para hacerla efectiva es
mediante la prevención de amenazas.4 El informe afirma que la segu-
ridad humana es una categoría de carácter integrativo y que se apar-
ta de un concepto de seguridad defensivo de carácter militar. En ese
sentido, la seguridad humana se basa en la protección y desarrollo
del individuo. El documento identifica siete categorías para garantizar
la seguridad humana desde un punto de vista global: seguridad eco-
nómica, alimentaria, de salud, ambiental, personal, comunitaria y
política.
Durante la década de los noventa, ocurren diferentes sucesos en el
ámbito internacional que alimentan la idea de la seguridad humana.
Existe la tendencia de instrumentar mecanismos encaminados a com-
batir las amenazas a la seguridad humana en crisis como las de So-
malia, Ruanda, Sierra Leona, Bosnia-Herzegovina y Kosovo, entre
otras. Estas intervenciones, ejecutadas por razones humanitarias y ba-
jo el amparo del llamado derecho de injerencia, han sido fuertemente
3 Rosas, María Cristina, Terrorismo, democracia y seguridad, México, UNAM-Australian National
University-Editorial Quimera, 2002, p. 134.
4 Human Development Report, PNUD, Oxford University Press, 1994, pp. 22-33.
SEGURIDAD HUMANA. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER 1121
criticadas, no sólo por lo que se ha juzgado como un proceder erró-
neo de los cascos azules, sino por la percepción de que sus acciones
constituyen una intervención en los asuntos internos de los Estados.
III. SEGURIDAD HUMANA COMO EJE
DE POLÍTICA EXTERIOR
Austria, Canadá, Chile, Irlanda, Japón, Jordania, Suiza, Tailandia,
Noruega, entre otros, han incorporado la expresión de seguridad hu-
mana en sus agendas de política exterior y de seguridad. Sin embar-
go, ello ha generado inconsistencias en la conceptualización del tér-
mino, así como perspectivas pobremente definidas.
Por ejemplo, mientras Canadá le ha dado una definición limitada
a la locución, Japón y Chile han hecho suya una connotación más
amplia y parecida a la que contemplan los informes del PNUD.5 Pa-
ra Canadá, principal promotor de la seguridad humana en la agenda
internacional, ésta constituye la responsabilidad del Estado de asegu-
rar la protección de la vida y los derechos de toda la población me-
diante acciones concretas dirigidas a prevenir y resolver conflictos,
promover y proteger los derechos humanos, construir instituciones
fuertes y transparentes, y combatir el crimen organizado y el tráfico
ilícito de drogas. Los canadienses sostienen, además, que la seguridad
humana no subroga a la seguridad nacional, al contrario, se comple-
mentan. Otra característica importante de la seguridad humana plan-
teada por Canadá es que aprueba la intervención humanitaria como
herramienta para la solución de conflictos en atención a la seguridad
de las personas, sin considerar las disyuntivas que se han generado
entre ésta y la soberanía de los Estados intervenidos.6
Fue en 1996 cuando por primera vez Canadá presentó ante la
Asamblea General de la ONU su noción de la seguridad humana,
hecho que careció del acogimiento esperado.7 En el ámbito hemisféri-
5 King, Gary y Murray, Christopher J. L., “Rethin king Human Security”, Political Science
Quarterly, vol. 116, núm. 4, 2001-2002, pp. 585-610.
6 Liberados del Temor. La Política Exterior de Canadá y la Seguridad Humana, Ministerio
de Relaciones Exteriores y Comercio Internacional de Canadá, 2000.
7 En el ámbito de las Naciones Unidas, el gobierno canadiense no ha lo grado explicar satis-
factoriamente el concepto de seguridad humana, respecto al cual se aprecia una clara división de
opiniones en la Asamblea General. Cabe recordar que los canadienses insistieron en incorporar
1122 LETICIA LEAL MOYA
co, Canadá ha buscado que la OEA y la Cumbre de las Américas
contribuyan a desarrollar el concepto de la seguridad humana y que
éste se constituya en un instrumento, a nivel hemisférico, “para mejo-
rar las condiciones de bienestar y de seguridad de los ciudadanos de
las Américas”. En el seno de la OEA, la iniciativa no ha encontrado
el suficiente respaldo para formalizar acuerdos en torno al tema.
En la III Cumbre de las Américas (Québec, 2001), Canadá, durante
los preparativos de la reunión, propuso que las deliberaciones de los
mandatarios se centraran en el tema de la Seguridad Humana en las
Américas. En los documentos finales de la Cumbre (Declaración de
Québec y Plan de Acción) se hace alusión a la seguridad humana, no
de la manera que quizá hubiera deseado el gobierno canadiense.
La declaración dice:
Reconocemos la necesidad de continuar enfrentando las vulnerabilida-
des de nuestros procesos de desarrollo y de aumentar la seguridad huma-
na. Estamos conscientes de que aún queda mucho por lograr para que
el proceso de Cumbres de las Américas sea relevante en la vida cotidia-
na de nuestros pueblos y contribuya a su bienestar. . . Reconocemos,
asimismo, la necesidad de mejorar las condiciones de seguridad humana
en el Hemisferio.
El plan de acción, en su apartado “4. Seguridad Hemisférica” del
rubro sobre “Fortalecimiento de la Confianza Mutua”, establece que
los Estados continuarán con las actividades prioritarias de prevención
de conflictos y de solución pacífica de controversias, responderán a
las preocupaciones comunes de seguridad y defensa tanto tradiciona-
les como no tradicionales, y apoyarán las medidas adecuadas para
aumentar la seguridad humana.
En la actualidad, Canadá emprende una serie de iniciativas en to-
do el mundo de acuerdo a su Programa de Seguridad Humana. El
programa, dirigido por el Ministerio de Relaciones Exteriores, con-
templa cinco prioridades de la política exterior: Protección de los ci-
viles, operaciones de apoyo a la paz, prevención de conflictos, buen
gobierno y rendición de cuentas y seguridad pública. En la XXXIII
referencias a la seguridad humana en los documentos del grupo de los 16, cuando prepararon
sugerencias y propuestas para la realización de la Cumbre del Milenio, y que su incorporación
no se logró por falta de consensos sobre su alcance y significado.
SEGURIDAD HUMANA. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER 1123
Asamblea General de la OEA, del 8 al 10 de junio de 2003, en Chi-
le, el canciller canadiense, Bill Graham, anunció el financiamiento de
nueve proyectos para promover la democracia, el respeto a los dere-
chos humanos, la paz y la seguridad en el continente americano.8
Por su parte, Japón ha articulado una política exterior centrada en
seguridad humana que se caracteriza por ser incluyente, pero que di-
fiere de la concebida en los informes del PNUD. Para Japón, seguri-
dad humana comprende todas las amenazas que ponen en peligro la
sobrevivencia humana, la vida diaria y la dignidad —degradación
ambiental, violaciones a los derechos humanos, crimen transnacional
organizado, drogas ilícitas, refugiados, pobreza, minas antipersonales,
enfermedades contagiosas—, y el fortalecimiento de los esfuerzos con
el fin de luchar contra esas amenazas.9
En cambio para Chile, en voz de la ministra de Relaciones Exte-
riores de Chile, Soledad Alvear, “la seguridad humana no sólo está
vinculada a una visión humanitaria de los conflictos, sino que se rela-
ciona con el clamor de las personas, cualquiera que sea el lugar en el
que habitan, para tener una calidad de vida adecuada, que satisfaga
sus aspiraciones y de respuestas a sus incertidumbres”. Académicos
chilenos agregan que “la seguridad de las personas depende de facto-
res que trascienden los Estados, entre los que se incluyen factores po-
líticos, económicos, ambientales, culturales y sociales”. Agregan que
en “el caso latinoamericano los aspectos claves que inciden en la se-
guridad de las personas se vinculan a la falta de democracia en lo
político, a la inequidad en lo económico, la discriminación en lo so-
cial y a redes criminales que acrecientan la violencia urbana”. Chile
coincide con Canadá en que la seguridad humana “no substituye a la
seguridad convencional, sino que más bien la complementa, agregán-
dole un elemento: la preocupación prioritaria por el bienestar de las
personas, la ciudadanía y la sociedad civil. No hay duda que sin se-
8 Las iniciativas son las siguientes: Capacitación de jóvenes en la construcción de la paz; Fo-
ro sobre prevención de conflictos en la región andina; Promoción de los derechos de los migran-
tes en República Dominicana; Protección de los derechos humanos y de ciudadanía de afro-pe-
ruanos; Programa nacional de control de armas en Guatemala; Proceso de descentralización en
Perú; Protección de los derechos humanos de comunidades indígenas colombianas; Principios so-
bre la transferencia de armas pequeñas y ligeras; y Zona entre Belice y Guatemala.
9 Obuchi, Keizo, Prime Ministerial Address. “In Quest of Human Security”, Tokio, Japan
Institute for International Affairs 40th Anniversary Symposium, United Nations University, 11
de diciembre de 1999.
1124 LETICIA LEAL MOYA
guridad interestatal la seguridad de las personas corre los riesgos más
altos. De allí la importancia central de la paz”.10
IV. APLICACIÓN DE POLÍTICAS ORIENTADAS
A CONSOLIDAR LA SEGURIDAD HUMANA
El secretario general de la ONU, Kofi Annan, simpatiza con la
noción de seguridad humana al afirmar que:
Si la intervención humanitaria supone un ataque inaceptable contra la
soberanía de los Estados, ¿cómo debemos responder ante una Ruanda
o una Srebrenica, ante las masivas y sistemáticas violaciones de los de-
rechos humanos que vulneran todas las normas de humanidad común-
mente aceptadas?... Ningún principio legal, ni siquiera la soberanía, de-
be ría nun ca am pa rar los crí me nes con tra la hu ma ni dad... Una
intervención armada debe siempre permanecer como una opción de úl-
timo recurso, pero ante una amenaza es una opción a la que no se
puede renunciar.11
En respuesta a tal inquietud, Canadá, en palabras del entonces
primer ministro Jean Chrétien, anunció en septiembre de 2000, la
creación, bajo sus auspicios, de la Comisión Internacional sobre
Intervención y Soberanía Estatal (CIISE). La CIISE se crea con el
propósito de desarrollar políticas de seguridad humana y discutir la
relación existente entre la intervención por razones humanitarias y
la soberanía de los Estados. En diciembre de 2001, la CIISE dio a
conocer el informe La Responsabilidad de Proteger, el cual replantea
el debate sobre la intervención humanitaria como una cuestión referi-
da a la “responsabilidad de proteger”, no al “derecho de intervenir”.
“Cuando una población sufre un serio daño como resultado de la
guerra interna, la insurgencia, la represión o el fracaso del Estado, y
el Estado en cuestión no esté dispuesto o sea incapaz de prevenir o
10 Fuentes Julio, Claudia, “Seguridad humana. Protegiendo a las personas”, El Metropolitano,
Santiago de Chile, 15 de mayo 2002; Fuentes Saavedra, Claudio, conferencia “La responsabili-
dad de proteger”, San José, Costa Rica, Fundación Arias-Ministerio de Relaciones Exteriores de
Canadá, 24 y 25 de mazo de 2003.
11 Annan, Kofi, Infor me del Milenio, “Nosotros, Los Pueblos”, ante la Asamblea General de
las Naciones Unidas, Nueva York, 2000.
SEGURIDAD HUMANA. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER 1125
detenerlo, el principio de la no intervención se somete a la responsa-
bilidad internacional de proteger”.12
En otras palabras, el informe ratifica que la responsabilidad de
proteger la seguridad de las personas reside primeramente en el Esta-
do implicado, y solamente si dicho Estado no puede o no quiere
cumplir con su deber, pasa a ser una responsabilidad moral de la co-
munidad internacional. Para esto se espera que los actores de inter-
venciones por razones humanitarias y ejecutores de políticas encami-
nadas a salvaguardar la seguridad humana cumplan con tres caracte-
rísticas. La primera es la prevención (mediante la diplomacia preven-
tiva), la segunda es la reacción y después la reconstrucción.
Para la CIISE, la responsabilidad de proteger constituye una nue-
va norma internacional en evolución que puede llegar a convertirse
en un principio del derecho e identificó seis criterios a aplicar ante
una posible intervención militar: un mínimo de causa, la recta inten-
ción, ser el último recurso, la proporcionalidad de medios, una pers-
pectiva razonable de éxito y la autoridad competente. El informe es-
tima que cuando se trata de autorizar una intervención militar por
motivos humanitarios las Naciones Unidas, y en especial el Consejo
de Seguridad, debe ser el primer sitio donde acudir. Pero si el Conse-
jo de Seguridad “no logra cumplir con su responsabilidad de protec-
ción, surge la cuestión de cuál es el peor de los dos posibles males: el
daño producido al ordenamiento internacional si se contradice al
Consejo de Seguridad, o el daño que sufre dicho ordenamiento si se
masacra a la población mientras el Consejo de Seguridad permanece
impasible”.
La seguridad humana ha despertado el interés de las potencias me-
dias y pequeñas, cosa que no ha sucedido con las grandes potencias,
quienes se preocupan más de su interés nacional y auto preservación.
Así, los nobles valores e ideales que encierra la seguridad humana,
no han sido atractivos para las superpotencias como elementos de po-
lítica exterior. La creación de la Red de Seguridad Humana, que se
discute a continuación, es prueba de ello.
Con el objeto de mantener un diálogo entre ministros de Relacio-
nes Exteriores sobre cuestiones vinculadas a la seguridad humana,
12 La Responsabilidad de Proteger. Informe de la Comisión Internacional sobre Intervención
y Soberanía de los Estados, diciembre de 2001.
1126 LETICIA LEAL MOYA
Canadá y Noruega crearon la Red de Seguridad Humana durante
una campaña sobre minas terrestres en 1999. La red, posiblemente la
organización internacional más sobresaliente en el tema, cuenta en
la actualidad con la participación de Austria, Canadá, Chile, Grecia,
Irlanda, Jordania, Malí, Países Bajos, Noruega, Suiza, Eslovenia, Tai-
landia, como Estados miembros y Sudáfrica como observador. De
acuerdo a la red, el principal objetivo de la seguridad humana es evi-
tar que el ser humano sea víctima de eventos sociales que escapan a
su control individual, como crisis económico-financieras, guerras, te-
rrorismo, contaminación, conflictos laborales, entre otros. Algo que
resulta bastante interesante es el planteamiento de la red de cómo re-
solver los asuntos de la seguridad de las personas. Según la red, todos
esos factores están relacionados con la supervivencia y la dignidad del
individuo, o la comunidad, por lo que no conciernen directamente a
los Estados atenderlos, sino a la sociedad internacional en su con-
junto.13
En ese sentido, la Red de Seguridad Humana considera que es
crucial impulsar y generar acciones a nivel internacional mediante el
diálogo como instrumentos para moderar el hard power, ya que, dadas
las características de sus países miembros, se puede utilizar el soft po-
wer como una vía efectiva de influir en la agenda internacional. En el
primer encuentro ministerial, (Lysøen, Noruega, 1999), los ministros
se comprometieron a establecer un marco de cooperación flexible y
acciones concretas para promover la seguridad humana. En este con-
texto, la red ha trabajado en una agenda que ha incluido: minas an-
tipersonales, armas ligeras, niños en conflictos armados, educación en
derechos humanos, refugiados, operaciones de paz, entre otros. Sin
duda esta gran variedad de temas ha dificultado el desarrollo de ac-
ciones concretas en el ámbito internacional, aunque la asociación re-
conoce que sí ha tenido importantes logros, particularmente en la
13 http:\\www.humansecuritynetwork. La red promueve en cada país la seguridad humana me-
diante la protección y defensa de los derechos humanos, el Estado de derecho, el sistema de go-
bierno democrático y sus estructuras, la cultura de la paz y la solución pacífica de los conflictos.
Los mecanismos que la red identifica para fomentar la seguridad humana son el desarrollo hu-
mano sostenible mediante la paliación de la pobreza absoluta, la prestación de servicios sociales
básicos para todos, y el logro de objetivos de desarrollo centrado en las personas. Para esto, la
red sostiene que se requieren políticas internacionales innovadoras para hacer frente a las causas
de inseguridad, aliviar los síntomas y prevenir la reaparición de las amenazas que afectan la vida
diaria de las personas.
SEGURIDAD HUMANA. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER 1127
campaña para eliminar minas terrestres por medio de la promoción
de la ratificación de la Convención de Ottawa.
La Red de Seguridad Humana sostiene estrechos vínculos con la
sociedad civil y el mundo académico. Ha celebrado cinco conferen-
cias ministeriales y ha suscrito alrededor de 12 declaraciones para
sentar su posición en asuntos relativos a los derechos de los niños en
conflictos armados, protección de civiles, promoción de la Conven-
ción de Ottawa, desarrollo sostenible, trafico ilícito de armas peque-
ñas y ligeras, entre otros. La red promueve la seguridad humana a
través de seminarios, talleres, publicaciones y eventos culturales.
Inspirados también en el Informe del Milenio del secretario gene-
ral y por iniciativa del gobierno de Japón, en enero de 2001 se esta-
bleció la Comisión de Seguridad Humana (CSH) conformada por 12
prominentes figuras internacionales. Los objetivos de la comisión son
promover internacionalmente la noción de la seguridad humana y
apoyar su fortalecimiento, desarrollar un concepto de la misma como
instrumento operacional en políticas públicas y proponer un progra-
ma de acción concreto que atienda las problemáticas más graves que
amenazan la seguridad humana.
El primero de mayo de 2003, la comisión presentó ante el secreta-
rio Kofi Annan un informe sobre el tema. El documento expone que:
La seguridad humana implica libertad frente a las privaciones, libertad
frente al miedo y libertad para actuar en nombre propio. Para procu-
rar dichas libertades se ofrecen dos estrategias generales: protección y
realización del potencial. La protección aísla a las personas de los peli-
gros y la potenciación permite a las personas desarrollar su potencial y
participar plenamente en la toma de decisiones.14
El informe concluye con una lista de prioridades de la seguridad
humana, entre los cuales podemos destacar los siguientes: Proteger a
las personas en conflictos violentos y frente a la proliferación de ar-
mamento, apoyar a las personas que se trasladan (migraciones), alen-
tar un comercio justo en beneficio de las personas en condición de
pobreza extrema, conceder una mayor prioridad a garantizar un ac-
ceso universal a la atención básica de la salud, potenciar a todas las
14 http//www.humansecurity-chs.org/finalreport/index.html: fue consultada el 12 de mayo de 2004.
1128 LETICIA LEAL MOYA
personas mediante una educación básica universal, aclarar la necesi-
dad de una identidad humana mundial, y finalmente propone la in-
clusión oficial de la seguridad humana en el programa de las organi-
zaciones que se ocupan de cuestiones de seguridad, en todos los
niveles.
V. DIFICULTADES DE LA SEGURIDAD HUMANA
1. Ambigüedades del concepto de seguridad humana
Ante los elementos aportados, podríamos considerar que la noción
de seguridad humana significa distintas cosas para distintas personas.
Si bien es cierto que existe el consenso de que la seguridad humana
es un concepto que privilegia la seguridad de las personas, hay una
serie de variaciones y articulaciones que desvirtúan dicho consenso al
momento de definir lo que amenaza la seguridad de las personas y
las sociedades.
Del mismo modo, podemos constatar que abundan definiciones al-
ternativas relativas a la seguridad humana y que los diferentes actores
proponen agendas diversas e ininteligibles. Incluso, fuertes impulsores
de la seguridad humana reconocen que ésta se encuentra todavía po-
bremente definida y que lo único que se ha logrado es un término
universalmente inconsistente.15 Lo cierto es que no se han logrado
generar puntos de acuerdo en torno a esta noción, ni adoptar estrate-
gias realmente efectivas con relación a su vasta agenda.
Mientras no exista un aquiescencia sobre un marco general dentro
del cual se sumen rasgos diversos que den por resultado una concep-
tualización universalmente aceptable, y mientras la carencia de tal
concepto no constituya el inicio de un esfuerzo con resultados prácti-
cos y homogéneos en los diferentes casos en los que sea necesaria la
responsabilidad de proteger, el objetivo de lograr una seguridad hu-
mana genuina y legítima a los ojos de todos los países será una meta
por satisfacer.
La ausencia de acuerdos sobre una conceptualización clara podría
repercutir también en dificultar la cooperación bilateral y multilateral
15 King, Gary y Murray, Christopher J. L., op. cit. nota 5, pp. 591-592.
SEGURIDAD HUMANA. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER 1129
entre Estados y con los diversos organismos internacionales y regio-
nales, dada la negativa de los Estados para asumir compromisos cu-
yos planteamientos estén vagamente definidos.
Basta recordar que en la OEA, el tema sobre seguridad humana
fue abordado por primera vez, por iniciativa de Canadá, en el Diálo-
go de Cancilleres, en el marco de la XXX Asamblea General de la
Organización (2000). El tema mereció diversos comentarios de los
cancilleres y jefes de delegación participantes. Todos ellos, sin excep-
ción, se refirieron a los méritos de la propuesta canadiense y manifes-
taron su acuerdo en adoptar un concepto como guía para el trabajo
futuro de la organización. No obstante, del debate no surgió ningún
acuerdo o consenso respecto del contenido o alcance real del térmi-
no. Tal es el caso de las Naciones Unidas, donde existe una clara di-
visión de opiniones en la Asamblea General.
Del mismo modo, en la XIV Reunión de Jefes de Estado y de Go-
bierno del Grupo de Río (2000), los “presidentes coincidieron en que
el concepto de seguridad humana demanda un análisis cuidadoso,
destacando que debe ser contextualizado de acuerdo a las realidades
del ciudadano latinoamericano y con apego a los principios del derecho
internacional, en especial la no intervención en los asuntos de los
Estados”.
2. Complicaciones operativas de la seguridad humana
Además de su problema conceptual, la seguridad humana contiene
problemas de operatividad y aplicabilidad. Por un lado, el concepto
que se deriva del informe del PNUD de 1994, que establece que es
necesario liberar a las personas y las sociedades del miedo o sus te-
mores y satisfacer sus diversas necesidades (freedom from fear y freedom
from wanting), envuelve no más que una buena intención difícil de im-
plementar, sobre todo para los países a los que se les imputa mayor
responsabilidad con relación a los nuevos asuntos que amenazan la
seguridad internacional: los tercermundistas. Por otro lado, esta am-
plia definición impide desarrollar políticas concretas y se corre el
riesgo de ignorar amenazas centrales a la seguridad de las personas.
1130 LETICIA LEAL MOYA
Es por ello que este concepto se considera difícil de poner en prácti-
ca y que no aporta mucho al proceso de toma de decisiones.16
Como ejemplo podríamos mencionar el caso de los países centroa-
mericanos, que en 1995 incorporaron el concepto de seguridad hu-
mana bajo la óptica del informe del PNUD-1994, al suscribir el Tra-
tado Marco de Seguridad Democrática de Centroamérica. En el
artículo 10, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicara-
gua y Panamá, coinciden en “que la seguridad democrática es inte-
gral e indivisible y que su solución en la región responderá a una vi-
sión comprensiva e interrelacionada de todos los aspectos del desa-
rrollo sostenible de Centroamérica, en sus manifestaciones políticas,
económicas, sociales, culturales y ecológicas”. Además, reconocen que
“la seguridad democrática es inseparable de la dimensión humana y
que el respeto a la dignidad esencial del ser humano, el mejoramien-
to de su calidad de vida y el desarrollo pleno de sus potencialidades,
constituyen requisitos para la seguridad en todos sus órdenes”.
La instrumentación del tratado marco no ha dado los resultados
esperados y sus avances se han interrumpido “debido a que las dispo-
siciones de tipo militar, con respecto a las medidas enfocadas a la se-
guridad ciudadana, han sido más lentas en su aplicación”.17 Por otra
parte, de los seis países firmantes —Panamá y Costa Rica incluyeron
reservas—, sólo El Salvador lo ha ratificado.
Por otro lado, las concepciones acotadas de seguridad humana que
se enfocan a combatir problemas específicos que afectan a la misma, se
ciñen a una enumeración de fenómenos que no es ni lejanamente ex-
haustiva, pero que por otra parte puede ser adoptada para atender la
agenda de un grupo en el poder o satisfacer los requerimientos im-
puestos por factores externos con la finalidad de congraciarse apoyos
internacionales, pero que no siempre responden a las necesidades
centrales y básicas que demanda la seguridad humana desde una óp-
tica objetiva y desinteresada.
16 Rosas, María Cristina, op. cit., nota 3.
17 Villanueva Ayón, Miriam, “Seguridad humana. ¿Una ampliación del concepto de seguri-
dad global?”, Revista Mexicana de Política Exterior, Instituto Matías Romero, Secretaría de Relacio-
nes Exteriores, núm. 59, febrero de 2000, pp. 122 y 123.
SEGURIDAD HUMANA. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER 1131
La entidad primaria que está llamada a garantizar la seguridad de
las personas y que debería estar mejor provista para aplicar las políti-
cas de seguridad humana es el Estado. Sin embargo, paradójicamen-
te, es el mismo Estado que en muchas de las ocasiones atenta contra
la seguridad de sus habitantes, sea porque quebrante el esquema
democrático, viole los derechos humanos o infrinja el Estado de de-
recho.
Independientemente de la problemática en cuanto a la homogenei-
dad conceptual y puesta en práctica de la seguridad humana, un pro-
blema inequívoco mayor sería el del costo económico para impulsar
su agenda. En la actualidad, los países aportantes están cansados de
destinar recursos para el desarrollo humano cuando sus fondos son
desviados a otros rubros distintos a los que originalmente fueron
otorgados. Es bien sabido que la ONU experimenta problemas finan-
cieros, lo cual podría ser un inconveniente para ejecutar los proyectos
que se diseñan en torno a la amplia agenda de seguridad humana.
Con relación a este punto, cabe recordar que durante la Conferen-
cia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo (Consenso
de Monterrey), las naciones desarrolladas no asumieron ningún com-
promiso para adoptar medidas concretas para dedicar el 0,7% de su
PIB como Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) a los países en
desarrollo, y entre el 0,15% y el 0,20% de su PIB a los países menos
adelantados. Sin embargo, los países pudientes sí demandaron la mo-
vilización de recursos financieros nacionales, es decir, que existan ins-
tituciones jurídicas, sistemas de tributación y una infraestructura fi-
nanciera que funcione de manera eficaz en aquellas naciones que por
sus condiciones paupérrimas no pueden garantizar en su totalidad el
destino de los recursos citados.
3. S-11 y seguridad humana
No cabe duda que los sucesos del 11 de septiembre generaron una
serie de reacomodos en las relaciones y cooperación entre los Esta-
dos, así como en el trazado de políticas de gobierno internas y exter-
nas a nivel global. Tal es el caso de la adopción de las resoluciones
1373 y 1368 (2001) en la ONU, o las reformas de carácter penal y
migratorio adoptadas en diversos países. Lo anterior, provocó que la
1132 LETICIA LEAL MOYA
seguridad humana palideciera ante el resurgimiento de medidas enca-
minadas a fortalecer la seguridad nacional del Estado.
Es de especial interés, por ejemplo, que el documento La Respon-
sabilidad de Proteger pasó inadvertido para muchos de los gobiernos,
dada la preeminencia de políticas militaristas, policiacas y de inteli-
gencia destinadas a salvaguardar la seguridad nacional desplazando
la seguridad de las personas.
La orientación de las medidas hacia la restricción de las libertades
individuales (Patriot Act)18 y los derechos humanos, se aprecia clara-
mente en el caso de Estados Unidos de América al adoptar su nueva
estrategia de seguridad nacional, la cual puntualiza que la “seguridad
sólo se puede lograr a través de la guerra”. Esta noción es claramen-
te un retroceso en la concepción de la seguridad humana.
Un caso que llama la atención es el del principal promotor de la
seguridad humana: Canadá. Este país se colocó a la vanguardia en
la lucha contra el terrorismo, igualando y en algunos casos superan-
do las normas que Estados Unidos de América ha acuñado a partir
de S-11. Es claro que no se critica aquí el interés legítimo de luchar
contra el terrorismo en Canadá o en cualquier otro país. Sin embar-
go, se considera necesario comentar sobre el informe que presentó
Canadá ante el Consejo de Seguridad de la ONU en diciembre de
2001 sobre el estado que guardaba el combate al terrorismo. En esa
ocasión, Canadá explicó que la lucha contra el terrorismo “es la
principal prioridad para el país” y dio a conocer el Bill C-36 que im-
plica reformas a diez estatutos en materia penal que restringen las li-
bertades civiles.19
18 El 26 de oc tubre de 2001, en Estados Unidos de América se aprobó la Ley Patriótica (Re-
solución congresional núm. 3162 USA-Patriot Act). Entre las disposiciones —que violan la Consti-
tución y limitan las libertades individuales— se incluye la instauración de tribunales militares se-
cretos para juzgar y ejecutar a inmigrantes sospechosos de terrorismo, la autorización para que,
sin una orden judicial, agentes federales intercepten comunicaciones telefónicas y electrónicas de
cualquier persona que “pudiera” estar relacionada con actividades terroristas o ingresar a las ba-
ses de datos que contengan información de orden comercial, económico y/o científico; así como
“infiltrarse” en reuniones políticas y religiosas preventivamente, aunque no exista ninguna prue-
ba contra las personas u organizaciones vigiladas. La Patriot Act afectó secciones completas de las
enmiendas primera, cuarta, quinta y octava de la Constitución estadounidense.
19 Entre las medidas que contempla la Ley C-36, figuran las siguientes: permite que la policía
invoque audiencias de investigación que demandan que los individuos que se presume poseen in-
formación acerca de grupos terroristas o delitos terroristas, comparezcan ante un juez para pro-
SEGURIDAD HUMANA. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER 1133
Lo que parece ahora un discurso canadiense en el que se traslapa
seguridad humana y lucha contra el terrorismo en rango de impor-
tancia, aparenta corresponder a lo que fue en la década de los no-
venta el doble discurso en cuanto al debate sobre Québec. Justo
cuando Canadá sufrió un severo desgaste como resultado de este de-
bate, el gobierno canadiense promovió el proyecto de Convención de
Ottawa,20 el cual generó unidad nacional y un gran consenso en la
sociedad canadiense, revirtiendo de alguna manera los efectos que el
asunto sobre la provincia le había generado. De igual forma, la con-
vención sirvió para que en el ámbito internacional Canadá se reco-
brara del revés sufrido en Somalia en 1993, cuando cascos azules, en
su mayoría canadienses, abrieron fuego contra somalíes a los que su-
puestamente iban a proteger.
Abrazando un discurso tolerante y pro-humanitario, Canadá expe-
rimentó un creciente crédito internacional entre 1993 (post-Somalia)
y 1997 (Convención de Ottawa), y es percibida como un país respon-
sable, preocupado por la seguridad de las personas, que invierte tiem-
po y recursos en una agenda que además genera consensos.21 Políti-
camente estas iniciativas buscan regularmente la promoción de la
imagen de quien las impulsa, aunque no siempre se busque la solu-
ción integral de los problemas. La seguridad humana tiene una serie
de motivaciones para satisfacer determinados intereses de los actores
protagonistas, aunque no necesariamente se vaya a la raíz del proble-
ma. ¿Será éste el auténtico interés canadiense que subyace al promo-
ver una agenda de este tipo? Después de todo, abordar una agenda
de seguridad humana hace ver muy bien a quien la promueve.
No podemos dejar de lado que Canadá, junto con otros países ca-
pitalistas, promueve posturas favorables al Consenso de Washington,
que son, ni más ni menos, las políticas que simpatizan con la liberali-
zación de los mercados, desregulación y aperturas. Muchas de estas
porcionar esta información. Posibilita el arresto de personas sobre la base de una sospecha razona-
ble de que el arresto es necesario para prevenir la ejecución de un acto terrorista.
20 La Convención de Ottawa o Convención sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamien-
to, Producción y Transferencia de Minas Antipersonal y sobre su Destrucción se adoptó en
1997, y entre sus propósitos está la de convertir al hemisferio en una Zona Libre de Minas Te-
rrestres Antipersonal.
21 En diciembre de 1997, la mayoría de los países del planeta se unió a Canadá para firmar
la Convención de Ottawa. Véase Rosas, María Cristina, op. cit., nota 3.
1134 LETICIA LEAL MOYA
iniciativas económicas, por la celeridad con la que se producen y por
la disminución del papel del Estado como proveedor del bienestar so-
cial, han sido percibidas como factores que han agudizado ciertos
problemas sociales en países subdesarrollados. Dada la inconsistencia
percibida por expertos en el tema entre la seguridad humana y el
modelo económico por medio del cual se pretende satisfacer, Canadá
junto con otros países occidentales que ofertan las políticas de merca-
do conforme a lo dispuesto en el Consenso de Washington podría da-
ñar sus esfuerzos a favor de la seguridad humana, y a la propia segu-
ridad humana como aspiración universal.
VI. A MANERA DE CONCLUSIÓN. MÉXICO
Y LA SEGURIDAD HUMANA
En México no existe una definición de seguridad humana como
tal, pero, tanto la Constitución Política, diferentes disposiciones jurí-
dicas y el Plan Nacional de Desarrollo contienen principios claros
que reflejan el interés por el desarrollo del individuo como ente prin-
cipal de la actividad del Estado. Nuestra Constitución en su apartado
de garantías individuales hace una vasta enumeración de derechos ci-
viles, políticos, sociales y culturales orientados al bienestar y desarro-
llo humano.
Educación, salud, empleo, seguridad jurídica, igualdad, vivienda,
procreación, medio ambiente, entre muchos otros son derechos y ga-
rantías en los que subyace no sólo la viabilidad de la integridad del
individuo y su desarrollo, sino también se puede encontrar la certi-
dumbre a futuro de que mediante su ejercicio pleno se pueden preve-
nir amenazas sociales futuras que podrían repercutir no sólo en la
vulnerabilidad del bienestar del individuo, sino en el debilitamiento
del Estado de derecho y en el resquebrajamiento del sistema demo-
crático garante de las libertades individuales.
De igual forma, en nuestro sistema jurídico, y en particular en la
Constitución Política que nos rige, tenemos claramente establecidos
los principios de política exterior, mismos que son indiscutiblemente
congruentes con las aspiraciones internacionales de convivencia y so-
lidaridad. El artículo 89, fracción X, señala como principios de
política exterior la autodeterminación de los pueblos; la no interven-
SEGURIDAD HUMANA. RESPONSABILIDAD DE PROTEGER 1135
ción; la solución pacifica de controversias; la proscripción de la ame-
naza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igual-
dad jurídica de los pueblos; la cooperación internacional para el
desarrollo; y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.
México ha sido un firme promotor de estos principios a través de
su historia, y los mismos, unidos con el interés solidario de nuestra
nación y con los mandatos constitucionales que garantizan y promue-
ven la seguridad del individuo dentro de su territorio, hacen pensar
en la compatibilidad de un principio de seguridad humana con los
valores que han regido nuestra vida nacional dentro y fuera de
nuestras fronteras.
En el contexto de un mundo globalizado en el que la integración
internacional va más allá de los esquemas económicos, México no
debería sustraerse a una de las tantas caras de esta dinámica, esto es,
a la globalización de la seguridad humana.
Como parte de nuestros principios de política exterior está el de la
cooperación internacional para el desarrollo, mismo que encierra un
interés nacional de suprema jerarquía. No podemos ignorar que en la
medida en que se realice este principio, protegemos de igual forma
nuestro propio bienestar. Ello, en virtud de que la seguridad de las
naciones ya no radica exclusivamente en criterios de defensa militar,
sino también, y cada día de manera más creciente, se fundamenta en
parámetros que tienen que ver más con factores de desarrollo interno
que tienen aparejadas consecuencias de carácter global. De tal for-
ma que la crisis del vecino próximo o distante, cualquiera que ésta
sea, puede, de una forma u otra, afectar nuestra realidad.
Así pues, es en nuestro interés la defensa de la seguridad humana,
pero desde una perspectiva y desde una posición irrebatiblemente
congruente con nuestros principios de política exterior. Para ello sería
necesario que se luchara por sentar, antes que nada, una definición
clara de lo que significa la seguridad humana para el concierto de
naciones y, posterior mente, deberían de establecerse, de manera
igualmente precisa, los procesos a través de los cuales las operaciones
de auxilio en este rubro se brindarían con el propósito de que no
existiera incertidumbre sobre la objetividad y finalidad de la ayuda
que se ofreciera a tal o cual nación.
1136 LETICIA LEAL MOYA
Por otra parte, con la finalidad de que México pudiera con mayor
certidumbre incursionar en este asunto tan importante pero igual-
mente impreciso, no estaría por demás considerar no sólo las bases
sobre las que la seguridad humana operaría los mecanismos de ayuda
a las naciones que así lo requirieran, sino también sobre quiénes y en
qué foros tendrían la posibilidad de decidir sobre los casos y los crite-
rios de dichos auxilios.
Por lo anterior, de acuerdo a nuestros principios y nuestro marco
jurídico, México podría coincidir en lo sustancial con la intención
original y objetiva que entraña un concepto tan noble y universal-
mente aceptado como el de la seguridad de las personas, como cen-
tro primario de la acepción de seguridad humana. De hecho, es de
nuestro propio interés nacional impulsar el desarrollo humano a nivel
internacional como una estrategia para prevenir amenazas futuras en
este mundo globalizado. Sin embargo, es necesario ponderar sobre
las condiciones en las que actualmente esa política internacional sería
instrumentada, por quiénes y para qué y, en virtud de ello, evaluar si
la participación de México en la agenda de seguridad humana no
vendría a contravenir otros principios de la política exterior mexica-
na, tales como la igualdad jurídica de las naciones, la no interven-
ción, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las rela-
ciones internacionales y la autodeterminación de los pueblos.
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