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Amor y Sexualidad. Valor Ético en Las Opciones Fundamentales

El documento resume una clase sobre ética que aborda temas como el amor, el matrimonio, la paternidad responsable y los métodos de control de natalidad. Explica que existen tres tipos de amor - eros, filia y ágape - y que el amor verdadero se construye a través del esfuerzo de la pareja. También discute la importancia de que los padres tomen decisiones sobre la paternidad de manera responsable, libre y amorosa.

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Amor y Sexualidad. Valor Ético en Las Opciones Fundamentales

El documento resume una clase sobre ética que aborda temas como el amor, el matrimonio, la paternidad responsable y los métodos de control de natalidad. Explica que existen tres tipos de amor - eros, filia y ágape - y que el amor verdadero se construye a través del esfuerzo de la pareja. También discute la importancia de que los padres tomen decisiones sobre la paternidad de manera responsable, libre y amorosa.

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Estimados estudiantes bienvenidos a una nueva master class de ética.

Una vez
terminados y tratados los temas de la afectividad, sexualidad, genitalidad y el
enamoramiento, en esta clase nos corresponde abordar la temática del amor, la
paternidad responsable, el matrimonio y los métodos de control de la natalidad.

Retomamos la temática recordando algunas ideas básicas de lo trabajado en la clase


anterior: somos personas con valor absoluto, seres valiosos, nuestra valía proviene del
solo hecho de ser persona, no necesitamos de nada ni nadie para ser dignos, la dignidad
jamás se la puede perder totalmente, pero si la podemos manchar de una manera cruel;
sin embargo, podemos ponernos de pie y permitir que nuestra dignidad recobre su
brillo y esplendor; somos seres sexuados, todo lo que hacemos, pensamos y vivimos lo
hacemos desde nuestra masculinidad y feminidad, el enamoramiento es una etapa en
la que los enamorados literalmente endiosan a su ser amado, perdiendo totalmente la
objetividad, el juicio crítico.

El error más grande que puede realizar una pareja es casarse enamorados, ese es el
paso más seguro hacia el desastre sentimental. Las parejas deben unir sus vidas, dar un
paso hacia un compromiso serio, casarse; amándose. Única y exclusivamente el amor
es la garantía de que van a permanecer juntos. El problema, es que no logramos
entender claramente qué es el amor.

1. Amor y sexualidad. Valor ético en las opciones fundamentales.


Iniciemos trayendo a colación un poema de Bécquer:

Figura:Poema de Bécquer[Imagen] Fuente:Autor Adaptado de:Gustavo Adolfo Bécquer (1836-


1870)
Definir el amor auténtico es una tarea compleja, difícil, sin embargo, se pueden
tener claros algunos elementos importantes que nos permitirán alcanzarlo con
dedicación y esfuerzo: el conocimiento profundo de nuestra propia realidad
humana, de las fortalezas, limitaciones, gustos, formas de ser, pensar, sentir y
actuar; todo ello, con total honestidad y transparencia; hacer el mejor esfuerzo
por conocer realmente a la otra persona, tal como es, sin ilusiones ni mentiras,
valorando sus cualidades y mirando con objetividad sus limitaciones o
comportamientos; la decisión honesta de trabajar el uno por el otro para
madurar juntos y buscar el máximo bien posible de la persona amada.

Figura:Amor de pareja[Imagen] Fuente:Image by Freepik

El amor de pareja es un camino de dos, una construcción que exige dedicación


amorosa y permanente. En cuanto al amor es relevante distinguir tres tipos
fundamentales: el eros, filia y ágape.

El amor eros, amor erótico, está basado fundamentalmente en el deseo sexual,


en la atracción física de la otra persona, se trata de disfrutar del sexo, del cuerpo
de la otra persona, sin ningún compromiso ni responsabilidad.

Eros es posesivo, dominante, concupiscente y, aun así, imprescindible. Un amor


orientado principalmente a la auto gratificación, pero a través del otro, porque
la excitación ajena excita. Me deleito con tu placer, que es mío, que me
pertenece. No se trata de amarte, sino de ambicionarte, en el sentido de
apetecerte, como un postre. Como el único postre, si prefieres y puedo (Riso,
2015, p.16).

El amor filia es el amor filial de relación con los padres, la familia, los amigos,
aquellas personas que son importantes en la vida, es un amor auténtico que se
preocupa verdaderamente por el otro, pero carece de placer sexual. “La emoción
central no es el placer como deseo acaparador, sino la alegría de los que
comparten: la reciprocidad, pasarla bien, estar tranquilos.” (Riso 2015 p.16).
Figura:Amor de filia[Imagen] Fuente:Image by Freepik

El amor ágape, es el amor de donación total, el amor que es capaz de donar la


vida por el ser amado y se da en todos los niveles, sin egoísmos, ni pensar en
utilizar al otro. Este tipo de amor incluye y supera a las dos anteriores porque
existe intimidad, pasión y compromiso, entrega total. En la vida es muy
importante llegar a un equilibrio sano entre estos tres tipos de amor para tener
una existencia satisfactoria.

El amor verdadero no existe, se construye, es fruto de un esfuerzo decidido de


la pareja para caminar juntos en una misma dirección, buscando dar todo de sí
para construir una vida feliz para sí mismos, la pareja y los hijos. Únicamente
cuando las dos personas están dispuestas a dar el cien por ciento de sí mismas
para construir un nosotros, se puede pensar en un amor maduro que tiene la
capacidad de dar sin miedo el paso definitivo hacia el matrimonio, a la vida
conyugal, encontrando en esta una de las más altas expresiones del amor que
difícilmente puede ser superada por ninguna otra experiencia.

Por ello es que Hortelano (1974) expresa que el amor es una realidad existencial
única, un encuentro personal y fecundo al mismo tiempo. Un darse el yo al tú,
de un modo total y para siempre, para crear con él un nosotros, mirando juntos
en la misma dirección. Y esta dirección es sobre todo la paternidad material y
espiritual que no es puro romanticismo, sino un anhelo antropológico, un deseo
natural de toda pareja que verdaderamente se ama.
Figura:Fecundidad[Imagen] Fuente:Image by prostooleh on Freepik

Es una fecundidad amorosa, pensada, soñada, anhelada; no es


automáticamente biologista, por instinto como los animales, sino racional,
personal y personalizante, porque engloba a tres, para formar el nosotros, la
familia. Los hijos representan para la pareja la plenitud de la unión y del amor
conyugal. Por ello, se insiste en que la paternidad tiene que ser responsable,
consciente, amorosa y comprometidamente libre. El Papa Francisco, en Amoris
Laetitia recalca que:

Desde el comienzo, el amor rechaza todo impulso de cerrarse en sí mismo, y se


abre a una fecundidad que lo prolonga más allá de su propia existencia.
Entonces, ningún acto genital de los esposos puede negar este significado. El hijo
reclama nacer de ese amor, y no de cualquier manera, ya que él «no es un
derecho sino un don», que es «el fruto del acto específico del amor conyugal de
sus padres. (80-85).

Existen exigencias éticas que han de ser respetadas en esa búsqueda de un


hijo/a, puesto que no es posible un derecho ilimitado de todo ser humano a
transmitir la vida por cualquier método y a cualquier precio. No se da un
“derecho absoluto” a tener un hijo. El principal límite ético es el valor que tiene
en sí el hijo que se busca. El hijo no es un bien útil, un objeto o juguete que sirve
para satisfacer las ilusiones y necesidades del individuo o de la pareja conyugal.
El hijo o hija no vienen a tapar vacíos existenciales, mantener unida a la pareja o
a solucionar los problemas del hogar. Tampoco es un enemigo, un problema que
viene a desgraciar la vida de los padres porque se dio un embarazo no deseado,
como suelen pensar algunas personas que promueven el sexo libre sin ningún
tipo de compromiso y responsabilidad.
El hijo debe ser amado, querido, planificado, antes de ser engendrado. Si viene
sin ser planificado es responsabilidad de los padres que lo engendraron, nunca
del niño, que no tuvo ninguna capacidad de decisión en el asunto. La
responsabilidad de los padres es una de las actitudes éticas (virtudes), más
específicamente humanas, es un signo claro de: racionalidad: (los animales no
son responsables), madurez: (los niños no son responsables), sensatez y
criticidad: (las personas con problemas mentales fuertes no son responsables) y
de sinceridad comprometida (los egoístas no son responsables, temen
asumirla).

Para que la paternidad sea una vivencia de humanidad y humanización, se


necesita corregir algunas comprensiones inexactas de la sobre la fecundidad, es
incorrecto:

Entender la fecundidad como justificación del Pensamiento estoico que veía en la pro
matrimonio: de la institución matrimonial.
Entender la fecundidad como justificación o excusa Criterio no bíblico, entender la fecundi
de la intimidad conyugal: de los actos de intimidad de la pareja.
Entender la fecundidad como el fin primario del Visión reduccionista de “naturaleza hu
matrimonio: mucho tiempo.

Estas tres visiones de la sexualidad y matrimonio son inexactas, pobres, cortas,


miopes; ventajosamente el Concilio Vaticano II, en su Constitución Pastoral
Gaudium et spes (50) marcó una variación decisiva en la comprensión del
significado de la fecundidad humana dentro del matrimonio, pensamiento
reforzado por Juan Paulo II en Familiaris Consortio (28):

La fecundidad del amor conyugal no se reduce, sin embargo, a la sola


procreación de los hijos …, la fecundidad está abierta al amor a los más
necesitados, con ello, la fecundidad humana, no solo tiene un significado con
respecto a la pareja, sino también a nivel de la sociedad.

2. Matrimonio como una opción de vida.


El matrimonio, con todas sus fortalezas, falencias, luces y sombras; continúa
siendo la mejor, y quizá la única, opción que más garantiza el crecimiento y
madurez de la pareja y los hijos. Por ello es fundamental analizarlo y buscar las
formas de superar sus limitaciones de tal manera que responda y garantice el
crecimiento integral de las personas, de todos los hombres y mujeres para
construir una sociedad más humana.
Figura:Matrimonio[Imagen] Fuente:Image by gpointstudio on Freepik

Lo más importante es que los esposos decidan responsablemente sobre los


hijos a tener, de acuerdo con los dictados de su conciencia, con una decisión
libre, amorosa, y tomada tras una suficiente y sincera reflexión. La decisión de
tener o no hijos, debe ser fruto de una reflexión profunda, del acuerdo de la
pareja basada en la donación y el amor. No únicamente de la conveniencia, el
instinto sexual, el cálculo económico o técnico. Vidal (2015) expresa que “los
esposos deben ver su situación real, la casa, la salud física y psíquica de los
componentes del hogar, la seguridad social, los carismas de acogida, de bondad”
(pág. 188 sgs)”.

En este contexto es relevante recordar que únicamente los esposos son quienes
deben decidir cuándo y cuántos hijos tener. Pablo VI (1967), en su encíclica
Populorum Progressio (37) expresa con claridad En última instancia, a los padres
corresponde decidir, con pleno conocimiento de causa, sobre el número de sus
hijos; derecho y misión que ellos aceptan ante Dios, ante sí mismos, ante los
hijos ya nacidos y ante la comunidad a la que pertenecen, siguiendo los dictados
de su propia conciencia iluminada por la ley divina, auténticamente interpretada,
y fortificada por la confianza en Él.

El ejercicio responsable de la paternidad conducirá en muchas ocasiones a tener


que regular la natalidad, como una consecuencia y una aplicación: del principio
de paternidad responsable y la bondad / necesidad de la intimidad conyugal, y
de la racionalización y bien de la comunidad social. Éticamente, se excluye todo
método abortivo, porque atenta contra la vida y la dignidad de la persona.

La realidad actual exige que se aborde el tema de los métodos anticonceptivos,


puesto que es una práctica que se va generalizando en el Ecuador, sobre todo
en los jóvenes, de acuerdo la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, ENSANUT
2018, “16 años es la edad promedio de la primera relación sexual en los varones
y 18 años en las mujeres, el 53,8 % de hombres de 12 a 24 años utilizó algún
método anticonceptivo en su primera relación sexual, seguido de un 43,7 % de
las mujeres; la edad promedio de la primera unión o matrimonio en Ecuador es
de 21 años”. El simple uso de los métodos en ningún momento garantiza una
vida sexual saludable, ni abordada desde la ética, este es un gran desafío, puesto
que trata de formar personas éticamente responsables con una vida afectiva y
sexual, sana, equilibrada que permita el crecimiento integral de la persona.
Figura:Planificación Familiar[Imagen] Fuente:Image by vectorjuice on Freepik

Todos los métodos anticonceptivos, con excepción de los naturales, tienen


efectos secundarios que dependen mucho del organismo de cada mujer, los más
comunes suelen ser: dolores de cabeza, disminución del apetito sexual, náusea,
vómito, mareo, dolor de los senos, manchas en el rostro, irregularidades
menstruales como hemorragia o falta de menstruación, incremento del peso,
dolor abdominal, acné, cambios de humor, depresión, manchas en la piel,
calambres, pérdida de densidad ósea, secreción vaginal, irritación, reacción
alérgica.

Es importante expresar con absoluta claridad, que no existe un método 100 %


seguro, todos, sin excepción, tienen la posibilidad de producir un embarazo.
Lamentablemente, existen jóvenes que improvisan el uso de uno u otro
haciendo que el riesgo de estos se incremente, fruto de lo cual se dan los
embarazos no deseados.

La eficacia anticonceptiva de los distintos métodos puede variar enormemente


de una persona a otra, debido a que, según la forma de administración del
método, hay variaciones que son operador dependiente. La eficacia está
relacionada con el empleo correcto y consistente del método anticonceptivo
elegido. (Ministerio de Salud Argentina,2014).

Concluyamos expresando que la afectividad, sexualidad y las relaciones íntimas


con la pareja son un don, algo sagrado, que necesariamente debe nacer de una
decisión libre, jamás obligada. La procreación exige el ejercicio de la paternidad
responsable para construir en pareja una vida afectiva y sexual feliz, llena de
satisfacciones, logrando construir una familia. Un hogar feliz.

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