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Crítica de la Economía Política de Marx

El documento presenta un resumen del libro "Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política" de Karl Marx, también conocido como "Grundrisse". El libro analiza conceptos clave de la economía como la producción, el consumo, la distribución, el cambio, el dinero, el capital y la plusvalía. El documento incluye el índice general del libro con las secciones y páginas correspondientes.

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Crítica de la Economía Política de Marx

El documento presenta un resumen del libro "Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política" de Karl Marx, también conocido como "Grundrisse". El libro analiza conceptos clave de la economía como la producción, el consumo, la distribución, el cambio, el dinero, el capital y la plusvalía. El documento incluye el índice general del libro con las secciones y páginas correspondientes.

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Karl Marx

ELEMENTOS FUNDAMENTALES PARA LA


CRÍTICA DE LA ECONOMIA POLITICA
(BORRADOR) 1857 — 1858

“Grundrisse”
KARL MARX

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Euskal Herriko Komunistak


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Grundrisse

INDICE GENERAL

Páginas

INICIO
VII Presentación
XI El Marx desconocido.
XLI Prólogo de la primera edición en alemán. (Moscú, 1939).

VOLUMEN 1
5 Introducción.
5 I. PRODUCCIÓN, CONSUMO, DISTRIBUCIÓN, CAMBIO (CIRCULACIÓN).
5 1) La producción en general
5 a) El objeto a considerar es en primer término la producción material.
6 Eternización de relaciones de producción históricas. Producción y distribución en general. Propiedad.
10 2) La relación general de la producción con la distribución, el cambio y el consumo.
14 Las identidades entre el consumo y la producción aparecen por lo tanto bajo un triple aspecto.
16 Distribución y producción.
19 Finalmente, cambio y circulación.
19 Cambio y producción.
21 3) El método de la economía política.
29 4) Producción, medios de producción, y relaciones de producción y relaciones de tráfico. Formas del
Estado y de la conciencia en relación con las relaciones de producción. y de tráfico. Relaciones
jurídicas. Relaciones familiares.
30 El arte griego y la sociedad moderna.
31 NOTAS
CUADERNO I
34 La reforma de los bancos de Darimon.
34 II. El capítulo del dinero.
35 Alfred Darimon: de la reforme des banques. París 1856.
50 [Convertibilidad y circulación de los billetes de banco]
55 [Valor y precio].
65 [Cambiabilidad de la mercancía por dinero]
66 [M–D D–M]
66 [Autonomización del cambio respecto de sus sujetos]
68 [Génesis del dinero]
69 [El Economist a propósito del dinero]
71 [Emisión de bonos horarios]
73 [Valor de cambio y producción privada]
74 [El dinero como relación social]
82 [Otra vez sobre la génesis del dinero]
84 [El dinero como medida y como equivalente general] pg.
87 [El tiempo de trabajo como equivalente general] pg.
89 [Tiempo de trabajo y producción social]
90 [Los sujetos materiales de la relación de dinero].
91 a) La relación entre el oro y la plata y los otros metales..
96 b) Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales.
101 [Circulación del dinero y circulación de las mercancías].
102 [Concepto general de la circulación]..
103 [Circulación de los precios].
104 [El precio].
105 [Moneda de cuenta].
108 [Medio de circulación].
108 [Cantidad de dinero circulante].
110 [Cambio y producción de valor de cambio].
111 [La circulación como proceso infinito].
113 [Realización del precio y autonomización del equivalente general].
113 [El equivalente general. Separación entre compra y venta. Dinero y división del trabajo].
115 [M—D—D—M y D—M—M—D].
Karl Marx

117 c) El dinero como representante material de la riqueza (acumulación del dinero; pero antes aun: el dinero
como material general de los contratos, etc.) .
126 [El dinero como medida, como medio de pago y como medio de cambio. Confusión en la determinación
del dinero. Suma de los precios y cantidad de mercancías en relación con la cantidad del medio de
circulación. Medio de circulación]"
129 [Acumulación del dinero. Trabajo asalariado y capital].
CUADERNO II. “El capítulo sobre el dinero” (continuación). pág. 132
137 Moneda y moneda mundial. (Articulación del sistema de la economía burguesa. Representante material y
forma general de riqueza. Acumulación del dinero (atesoramiento)].
144 [Atesoramiento y acumulación del capital. Articulación del capítulo del dinero. Transformación de la ley de
apropiación].
149 III. El capitulo del capital.
151 El dinero como capital.
151 Intercambio simple. Relaciones entre los que intercambian. Armonías de la igualdad, de la libertad, etc.
(Hastial, Proudhon).
162 Capital. Suma de valores. — Propiedad de la tierra y capital. — El capital procede de la circulación.
Contenido del valor de cambio. — Capital comercial, capital monetario e interés del dinero. — La
circulación supone otro proceso. Movimiento entre extremos previamente supuestos.
167 Pasaje de la circulación a la producción capitalista. — El capital, trabajo objetivado, etc. — Suma de valores
para la producción de valores.
170 1) la circulación y el valor de cambio surgido de la circulación, supuesto del cantal.
175 2) El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por
medio del trabajo.
CUADERNO III.
202 El intercambio entre el capital y el trabajo corresponde a la circulación simple. No enriquece al obrero. —
La separación del trabajo y la propiedad, supuesto de este intercambio. Trabajo: pobreza absoluta como
objeto, posibilidad general de la riqueza como sujeto. — El trabajo se contrapone, sin carácter
determina‑ do particular, al capital.
205 El proceso de trabajo, incorporado al capital (capital y capitalista).
211 El proceso de producción como contenido del capital. — Trabajo productivo e improductivo (trabajo
productivo es el que produce capital). — El obrero se comporta con su trabajo como [[con]] un valor de
cambió, el capitalista como [con] un valor de uso, etc. — El obrero enajena el trabajo como fuerza
productiva de la riqueza. (El capital se lo apropia en cuanto tal.). — Transformación del trabajo en capital,
etc. Sismondi, Cherbuliez, Say, Ricardo, Proudhon, etcétera.
217 Proceso de valorización. — (Costos de producción). — (La surplusvalue no puede explicarse por medio del
exchange. Ramsay. Ricardo.) El capitalista no puede vivir de su salario, etc. (Faux frais de productiona.) La
mera conservación y no reproducción del valor, contradice la esencia del capital.
224 El capital entra en los costos de producción como capital. Capital que produce interés. Proudhon.
227 Plusvalía. Tiempo y trabajo excedente. — Bastiat acerca del trabajo asalariado. — Valor del trabajo. ¿Cómo
se determina? — Autovalorización es autoconservación del capital. El capitalista no debe vivir solamente de
su trabajo, etc. Condiciones de la autovalorización del capital, tiempo de plustrabajo, etc. —En qué medida
el capital es productivo (corno creador de plus-trabajo, etc.); esto sólo histórica, transitoriamente. — Los
niggers libres en Jamaica — La riqueza autónoma exige el trabajo esclavo o el trabajo asalariado (en ambos
casos trabajo forzado).
232 Plusvalía. Ricardo. Fisiócratas. A. Smith. Ricardo.
239 Plusvalor y fuerza productiva. Relación en el aumento de las mismos. — Resultado. — La fuerza
productiva del trabajo es fuerza productiva del capital. — En la proporción en que disminuye el trabajo
necesario, se vuelve tanto más difícil la valorización del capital.
247 En torno al incremento del valor del capital.
259 El trabajo no reproduce el valor del material en el que trabaja y del instrumento con el que trabaja.
Conserva el valor de los mismos, sencillamente, comportándose respecto a ellos en el proceso de trabajo
como ante sus condiciones objetivas. Esta fuerza vivificante y sustentadora no le cuesta nada al capital; se
presenta, antes bien, como su propia fuerza, etc.
264 Tiempo de plustrabajo absoluto. Relativo. — No es la cantidad del trabajo vivo, sino su calidad como
trabajo, lo que a la vez conserva el tiempo de trabajo ya existente en el material, etc.– La modificación de
forma y sustancia en el proceso de producción directo. — El proceso de producción simple implica que
la etapa anterior de la producción es conservada por la posterior, etc. — Conservación del viejo valor de
Grundrisse

uso por el nuevo trabajo, etc. — Proceso de producción y proceso de valorización.. La cantidad del trabajo
objetivado se conserva al conservarse su calidad como valores de uso para el nuevo trabajo, mediante
el contacto con el trabajo vivo. — En el proceso de producción real se elimina la separación del trabajo
respecto de sus condiciones objetivas de existencia. Pero en este proceso el trabajo ya está incorporado al
capital, etc. Aparece como fuerza de autoconservación del capital. Perpetuación del valor.
270 El capitalista recibe gratis el plustrabajo y la conservación del valor del material e instrumento. Labour, by
adding a new value to the old one, at the same time maintains, eternizes the lattera. —Al capital no le cuesta
nada la conservación de los valores en el producto. — Mediante la apropiación del trabajo presente, el
capitalista ya posee una asignación sobre el trabajo futuro (y consecuentemente), sobre la apropiación de
éste.
CUADERNO IV.
276 Confusión entre beneficio y plusvalía. Cálculo erróneo de Carey. — El capitalista, que no le paga al obrero la
conservación del viejo valor, exige sin embargo una remuneración por el permiso, que le da, de conservar
el viejo capital. — Plusvalía y beneficio, etc. — Diferencia entre consumo del instrumento y del salario. El
primero, consumido en la producción; el último, fuera de la misma. — Alza de la plusvalía y baja de la tasa
del beneficio. (Bastiat.).
289 Aumento de las jornadas laborales simultáneas. (Acumulación del capital) Maquinaria. —El crecimiento de
la parte constante del capital, con respecto a la parte variable adelantada en salario = crecimiento de la
productividad del trabajo. —Proporción en la que el capital tiene que aumentar al aumentar la
productividad, para ocupar la misma cantidad de obreros.
298 El porcentaje del capital total puede expresar relaciones muy diferentes — El capital (al igual que la
propiedad) se funda en la productividad del trabajo.
302 Aumento del plustiempo de trabajo. Aumento de los días de trabajo simultáneos (población). (La
population puede aumentar en la medida en que el tiempo de trabajo necesario se reduce o el tiempo que
es preciso para la producción de la capacidad de trabajo vivo se vuelve relativamente menor.) Pluscapital y
superpoblación. — Creación de tiempo libre para la sociedad.
305 Pasaje del proceso de producción del capital al proceso de circulación. — Desvalorización del propio capital
a través del aumento de las fuerzas productivas. (Competencia.) (El capital como unidad y contradicción del
proceso de producción y el proceso de valorización.) El capital como barrera para la producción. —
Superproducción. (Demanda de los propios obreros.) — Barreras para la producción capitalista.
326 Superproducción. — Proudhon (cómo es posible que el obrero, en el precio de la mercancía que compra,
pague el beneficio, etc., y no obstante perciba su salario necesario). — Precio de la mercancía y tiempo de
trabajo. Excedente, etc. (Precio y valor, etc.). — El capitalista no vende demasiado caro, aunque
ciertamente por encima de lo que le cuesta el artículo. — Precio (fraccional). Bastiat. Baja del precio
fraccional. — El precio puede caer por debajo del valor sin perjuicio para el capital. El volumen, la cantidad
y la unidad (medida), importantes en la multiplicación de los precios.
336 Acumulación específica del capital (transformación de plus-valor (rédito) en capital). Proudhon.
Determinación del valor y del precio. Entre los antiguos (esclavos), no superproducción, sino
superconsumo.
338 La tasa general del beneficio. — Si el capitalista vende nada más que a sus costos de producción,
transferencia a otros capitalistas. Ello no le reporta prácticamente nada al obrero.
347 Barreras para la producción capitalista. — Proporción entre el plustrabajo y el trabajo necesario.
Proporción entre el excedente consumido por el capital y el excedente transformado en capital. —
Desvalorización en las crisis.
351 Al salir del proceso de producción, el capital se convierte nuevamente en dinero.
354 El plustrabajo o el plusvalor se convierte en pluscapital. Todas las condiciones de la producción capitalista
se presentan ahora como resultados del trabajo (asalariado) mismo. El proceso de realización del trabajo es
a la vez su proceso de desrealización.
360 Formación del pluscapital I. — Pluscapital II. — Trastocamiento del derecho de apropiación. Resultado
fundamental del proceso de producción y valorización: la reproducción y nueva producción de la relación
entre el capital y el trabajo mismos, entre el capitalista y el obrero.
363 Acumulación originaria del capital. (La acumulación real.) —EI capital, una vez desarrollado
históricamente, área el mismo sus condiciones de existencia (no como condiciones de su surgimiento, sino
como resultados de su existencia). — Prestaciones personales de servicios (en oposición al trabajo
asalariado). — Trastrocamiento de la ley de apropiación. Ajenidad real del obrero respecto de su producto.
División del trabajo. Maquinaria, etc.
Karl Marx

375 Formas que preceden a la producción capitalista. (Acerca del proceso que precede a la formation de la
relación de capital o a la acumulación originaria.).
CUADERNO V. “El capítulo del capital”. Continuación. pág. 382
313 El intercambio de trabajo por trabajo descansa sobre la carencia de propiedad por parte del trabajador.

VOLUMEN 2
414 EL CAPITULO DEL CAPITAL (continuación).
415 Circulación del capital y circulación del dinero. — El valor en cuanto supuesto presente dentro de cada
capital individual (instrumento, etc.). — El proceso de producción y el proceso de circulación, momentos de
la circulación. — La productividad en los diversos capitales (ramas de la industria) condiciona la de cada
capital. — Tiempo de circulación. La velocidad de la circulación suple la masa del capital. Dependencia
recíproca de los capitales en la velocidad de su circulación. La circulación, momento de la producción.
Proceso de producción y su duración. Transformación del producto en dinero. Duración de esta operación.
423 Costos de circulación — Medios de comunicación y de transporte. (División de las ramas de trabajo.)
(Asociación de muchos obreros. Fuerza productiva de esta asociación.) (Cooperación masiva.) —
Condiciones generales de la producción, a diferencia de las particulares.
432 Transportar al mercado (condición espacial de la circulación) forma parte del proceso de producción.
Momento temporal de la circulación: el crédito. — El capital es capital circulant. — La circulación
monetaria, mera apariencia. —Sismondi. Cherbuliez. (Capital. Diferentes partes constitutivas del mismo.)
436 Influencia de la circulación sobre la determinación del valor. — Tiempo de circulación = tiempo de la
desvalorización. — Diferencia entre el modo de producción capitalista y todos los anteriores
(universalidad, etc.). La naturaleza del capital lo empuja a propagarse. — Acortamiento de la
circulación (crédito). — Storch. — Lo que anticipa el capitalista es trabajo. (Malthus ). — Barreras a la
producción capitalista. (Thompson)
442 Circulación y creación de valor. (Nivelación entre diferentes capitales en las condiciones de circulación.) El
capital no es ninguna fuente de creación del valor. — Costos de circulación. — La continuidad de la
producción supone el tiempo de circulación [[como]] abolido.
447 Ramsay. Tiempo de circulación. Concluye por tanto que el capital cs fuente autónoma del beneficio. —
Ramsay, Confusión acerca de la plusvalía y el beneficio y la ley de los values. (No surplusvalue según la ley
de Ricardo.) — Ricardo. Competencia. — Quincey. Teoría ricardiana del valor. Salario y beneficio. Quincey.
— Ricardo. — Wakefield. Condiciones de la producción capitalista [en] las colonias.
CUADERNO VI. “El capítulo del capital.” pg. 452
459 Plusvalía y beneficio. Ejemplo (Malthus). — Beneficio y plus‑ valía. Malthus. — Diferencia entre trabajo y
capacidad de trabajo. — La curiosa afirmación— según la cual la injerencia of capital no modificaría nada
en el payment of labour b. —Teoría de Carey sobre el abaratamiento del capital para los obreros. —
(Merma de la tasa del beneficio.) — Wakefield sobre la contradicción entre las teorías ricardianas del
salario y el valor.
476 Dormant capital, Increase of production without previous increase of capital b. Bailey.
478 Definición del capital por Wade. Labour, mera agency a del capital. Capital collective forcé b. Civilización,
con mis observaciones al respecto. (Todas las fuerzas sociales del trabajo en cuanto fuerzas del capital.
Manufactura. Industria. División del trabajo. Asociación formal de diversas ramas del trabajo, etc., por el
capital. Acumulación del capital. Transformación del dinero en capital. Ciencia. Acumulación originaria y
concentración [son] lo mismo. Asociación libre y asociación forzada. El capital, diferente de las formas
anteriores.
485 Rossi. ¿Qué es el capital? ¿La materia prima es capital? ¿Es necesario a tal efecto el salario? ¿El
approvisionnement a es capital?.
489 Malthus. Teoría del valor y del salario. (El capital tiene ll que ver con la proporción, el trabajo sólo con la
porción. Ver mis observaciones sobre el plusvalor y el beneficio.) Teoría de Ricardo. (Carey contra Ricardo.)
Malthus: el salario no [tiene que ver] con la proporción. Teoría maltusiana del valor.
494 [El objetivo de la producción capitalista [es] el valor (dinero), no la mercancía, el valor de uso, etc.
Chalmers. — Economic cycle. — Proceso de circulación. Chamers]
496 Diferencia en la return. Interrupción del proceso productivo (o, más bien, no coincidencia del mismo con el
proceso de trabajo). Duración total del proceso productivo. (Agricultura. Hodgskin.) Inequal periods of
production.
502 Trabajo necesario. Plustrabajo. Población excedente. Pluscapital.
Grundrisse

504 A. Smith. El trabajo como sacrificio. (Teoría de Senior sobre los sacrificios del capitalista.) — (El excedente
prodoniano.) — A. Smith. Génesis del beneficio. Acumulación Originaria. — Wakefield. — Slave y free
tabour. — Atkinson. — Beneficio. — Génesis del beneficio. MacCulloch.
510 Plustrabajo. Beneficio. Salarios. Economistas. Ramsay. Wade.
510 Capital inmovilizado. Return del capital. Capital fijo. John St. Mill.
512 Circulación del capital. Proceso de circulación. Proceso de producción. Rotación. El capital es circulante.
También el capital fijo. Costos de circulación. Tiempo de circulación y tiempo de trabajo. (Tiempo libre del
capitalista. ) (Costos de transporte).
529 Circulación. Storch. — Metamorfosis del capital y metamorfosis de la mercancía. — Cambio de forma y
cambio de sustancia del capital. Diversas formas del capital. — Rotaciones en un período dado. — Capital
circulant como carácter general del capital. —— El año, medida de las rotaciones del capital circulant. El
día, medida del tiempo de trabajo.
534 Capital fijado (inmovilizado) y capital circulant. — (Excedente. Proudhon. Bastiat.) — Mill. Anderson. Say.
Quincey. Ramsay. — Dificultades con el interés compuesto. — Creación de mercados mediante el comercio.
— Capital fijado y capital circulante. Ricardo — Dinero y capital. Eternidad del valor. Necesidad de una
reproducción más rápida o menos. — Sismondi. Cherbuliez. Storch. — Avance del capital al trabajo.
542 Capital constant y variable.
542 Competencia.
546 Plusvalor. Tiempo de producción. Tiempo de circulación. Tiempo de rotación.
549 Competencia.
550 Plusvalor. Tiempo de producción. Tiempo de circulación. Tiempo de rotación. Parte del capital en el tiempo
de producción. Parte en el tiempo de circulación. — Tiempo de circulación. — Plusvalor y fase de
producción. — Cantidad de reproducciones del capital = cantidad de rotaciones — Plusvalor total, etc.
559 En la circulación del capital, cambio de forma y cambio material. —M—D—M. D—M—D.
560 Diferencia entre tiempo de producción y tiempo de trabajo. — Storch. Dinero. El estrato de los comerciantes.
El crédito. La circulación.
565 La pequeña circulación. El proceso del intercambio entre el capital y la capacidad de trabajo en general. El
capital en la reproducción de la capacidad de trabajo.
570 Triple determinación o modo de la circulación. — Capital fixe y capital circulant. — Tiempo de rotación del
capital total dividido en capital circulante y fijo. — Rotación media de tal capital. — Influencia del capital
fixe sobre el tiempo total de rotación del capital. — Capital fijo circulante. Say. Smith. Lauderdale.
(Lauderdale sobre el origen del beneficio.).
582 El proceso de trabajo. — Capital fixe. Medio de trabajo. Máquina. Capital fixe. Transposición de las fuerzas
de trabajo en fuerzas de capital, tanto en el capital fixe como en el circulant. — En qué medida el capital
fixe (máquina) crea valor. — Lauderdale. —— La máquina presupone una masa de obreros.
CUADERNO VII. “El capítulo del capital”, (Continuación) pg. 587
630 Capital fixe y capital circulant como dos clases especiales de capital. — Capital fixe y continuidad del
proceso de producción. — Maquinaria y trabajo vivo. (La invención como actividad económica.)
631 El capital que rinde ganancia. Transformación de la plusvalía en beneficio.
631 Tasa del beneficio. — Caída de la tasa del beneficio. — Tasa del beneficio. — Suma del beneficio. —
Atkinson. A. Smith. Ramsay, Ricardo. — La plusvalía en cuanto beneficio siempre expresa una proporción
menor. — Wakefield. Carey. Bastiat.
644 Capital y rédito (beneficio). Producción y distribución. Sismondi. — Costos de producción desde el punto
de vista del capital. Beneficio, ídem [desde el punto de vista del capital]. — Desigualdad de los beneficios.
Nivelación y tasas generales del beneficio. — Transformación de la plusvalía en beneficio. Leyes.
650 Plusvalía es igual a proporción entre el plustrabajo y el trabajo necesario.
651 Valor del capital fixe y su fuerza productiva. Durabilidad del capital fixe, ídem (que su fuerza productiva). —
Las fuerzas sociales, la división del trabajo, etc., nada le cuestan al capital. — Diferencia de las máquinas a
este respecto (economía de los capitalistas en el empleo de maquinaria). — Beneficio y plusvalía.
653 Maquinaria y plustrabajo. Recapitulación de la teoría de la plusvalía en general.
657 Proporción entre las condiciones objetivas de la producción. Cambio en la proporción entre los
componentes del capital.
664 Money y capital fixe: suponen certain amount of wealtha (Economist.) — Proporción entre el capital fixe y
el capital circulant. Hilanderos de algodón (Economist).
664 Esclavitud y trabajo asalariado (Steuart). — Profit upon alienation Steuart.
669 Inustria lanera en Inglaterra desde Isabel (Tuckett). — Silk manufacture (same). Hierro, ídem. Cotton.
671 Origen del trabajo asalariado libre. Vagabundaje. Tuckett.
Karl Marx

672 Blake sobre la acumulación y la tasa del beneficio. (Muestra que los precios, etc., no son indiferentes,
porque una clase de meros consumers no consume y reproduce a la vez.) —Dormant capital.
674 Domestic agriculture a comienzos del siglo XVI. Tuckett.
674 Beneficio. Interés. Influencia de la maquinaria sobre el fondo de trabajo. Westminster Review.
675 El dinero como medida de los valores y pauta de los precios. Crítica de las teorías sobre la unidad de
medida del dinero. pg.
690 En torno a la crítica de las teorías sobre los medios de circulación y el dinero. Transformación del medio
de circulación en dinero. — Tesaurización. — Medio de pago. — Precio de las mercancías y cantidad del
dinero circulante. — Valor del dinero.
701 El capital, no el trabajo, determina el valor de la mercancía. Torrens.
702 Mínimo del salario.
703 1826 cotton machinery and workingmen. Hodgskin.
703 Cómo la maquinaria crea material en bruto. Industria del lino. Tow yam. Economist.
704 Maquinaria y plustrabajo.
707 Capital y beneficio. La valeur fait le produit a. Relacián del obrero con las condiciones laborales en la
producción capi-talista. — Todas las partes del capital generan beneficio_ — Proporción entre el capital fijo
y el circulante en la cotton-mill, Plustrabajo y beneficio según Senior. Tendencia de la maquinaria a
prolongar el trabajo. — Influjo del transporte sobre la circulación, etc. — El transporte elimina cada vez
más el hoarding. Plustrabajo absoluto y maquinaria. Senior. pg.
711 Fábricas de algodón en Inglaterra. Ejemplo relativo a la maquinaria y el plustrabajo. — Ejemplo de Symons.
— Glasgow Power-loom factory etc. (Estos ejemplos sirven para la tasa del beneficio.) — Maneras diversas
de reducir el trabajo necesario mediante la maquinaria. Gaskell. — Trabajo del immediate market for
eapital.
715 Enajenación de las condiciones laborales del trabajo con el desarrollo del capital. (Inversión.) En la
inversión se funda el modo capitalista de producción, no sólo el de su distribución.
717 Merivale. La dependence natural del obrero en ciertas colonias debe ser sustituida por artificial restrictions.
718 Cómo la máquina, etc., economiza material.Pan. Dureau de la Malle. Dinero romano: œs grave , libra de
cobre (emere per œs et librara)c. Esto es el as. En 485 a. u.c. deniers d'argent = 10 ases (estos denarii 40 à la
livre: en 510 [a.u.c.] , 75 deniers à la livre; cada denarius aún era = 10 ases, pero 10 ases de 4 onzas). En 513
el as se redujo a 2 onzas; el denarius siempre era = 10 ases, pero sólo a 1/84 de la libra de plata. El último
guarismo, 1/84, se mantuvo hasta el término de la República, pero en 537 el denier valía 16 as d'une
once g y en 665 únicamente 16 ases de media onza......
724 Productirc consumption. Newman. Transformations of capital. Economic cycle b. (Newman).
726 Dr. Price. Innate power of capital.
727 Proudhon. Capital y simple échange. Excedente. Necesidad del desposeimiento de los obreros. Townsend.
Galiani. El infinito en el proceso. Galiani.
731 Avances. Storch. Teoría del ahorro. Storch. — MacCulloch. Excedente. — Beneficio. — Periodical destruction
of capital. Fullartorh. — Arnd. Interés natural.
731 Avances. Storch. Teoría del ahorro. Storch. — MacCulloch. Excedente. — Beneficio. — Periodical destruction
of capital. Fullartorh. — Arnd. Interés natural.
739 Cómo el comerciante ocupó el lugar del maestro artesano.
739 Patrimonio mercantil.
745 Commerce con équivalents, imposible. Opdyke.
745 Principal and interest.
755 Dos naciones pueden intercambiar entre sí conforme a las leyes del beneficio, de tal modo que ganen
ambas, aunque una resulte siempre perjudicada.
763 1) Valor.
VOLUMEN 3.
769 De los cuadernos de 1850/51 sobre Ricardo.
769 On the Principies of Political Economy and Taxation. 3 ed. London. 1821.(Teoría del dinero).
781 Notas y extractos sobre el sistema de Ricardo marzo-abril de 1851.
784 [Notas a: Ricardo, On the Principles of Political Economy and Taxation. Thrird Edition. London, 1821. Sobre
la teoría ricardiana acerca de la tributación a la propiedad de la tierra].
785 [Índice de conceptos, confeccionado por Marx, de la obra de Ricardo On the Principles of Political Economy
and Taxation. Third edition. London, 1821.]
787 I) On Value.
792 II) On Rent. pg.
801 III) En torno al precio natural y al de mercado.
Grundrisse

806 Acerca de la influencia de la oferta y la demanda sobre los precios.


807 La production no es determinada por los costos de producción, esto es por el real value, sino por el
market Price (El precio real es el precio al que puede producirse una mercancía; el precio de mercado,
aquel al que se la puede vender).
807 Efecto depreciante de los perfeccionamientos en la agricultura y la maquinaria.
808 El precio del trigo no regula el precio de las demás mercancías.
808 El comercio exterior y el valor de cambio.
811 Determinación del valor de cambio en países diferentes.
812 Influencia del comercio colonial sobre los precios. pg.
814 Efecto de la oferta y la demanda sobre el valor de cambio.
815 IV) Sobre el salario.
815 Diferencia entre el salario y el trabajo empleado en la producción de una mercancía.
817 Influencia del crecimiento del capital sobre el precio de mercado y el precio natural del salario.
817 Variations en el natural price del trabajo. pg.
818 Salario y renta. pg.
818 Aumento del natural price of labour y del precio de las mercancías en dinero.
819 Población y salarios.
820 Influencia del precio del raw produce sobre el salario.
822 Influencia de la maquinaria sobre el salario.
824 Impuestos al salario.
825 Una observación más sobre la relación entre el beneficio y el salario.
825 V) Sobre el beneficio.
825 Variations permanentes en la tasa del beneficio. Partición del precio del producto entre capitalistas y
labourers.
828 Relación entre beneficio y salario.
830 Acumulación del capital.
830 Influencia del trade a sobre los profits.
831 Revulsion in trade.
832 Effects de la acumulación sobre los profits and interest.
833 Del ingreso bruto y el ingreso neto.
834 Impuesto a los beneficios.
835 Maquinaria e impuestos. Influencia sobre los profits.
835 Impuestos sobre mercancía que no son producto en bruto.
837 Impuestos pagados por el producer (pp. 456-459).
837 Impuestos a los edificios.
838 VI) Sobre impuestos.
838 Los impuestos recaen sobre el capital o el rédito.
839 Aumento del precio de las mercancías por obra de los impuestos y el dinero.
839 VII) Extracto del prólogo (comienzo del libro).
843 [Bastiat y Carey].
843 Avant-Propos.
849 XIV. Des Salaires.
INDICE PARA LOS 7 CUADERNOS (PARA LA PRIMERA PARTE).
855 I) Valor.
855 II) Dinero.
859 III) El Capital en general.
860 1) El dinero como medida.
861 2) El dinero como medio de cambio.
866 3) El dinero como dinero.
869 Cuaderno B’.
869 Fragmento de la versión primitiva de la "contribución a la critica de la economía política" (1858).
871 Valor invariable del dinero.
872 Apud Tragicos contraria δí κη y κέδοζ.
878 3) El dinero en cuanto medio internacional de pago y de compra, en cuanto moneda mundial.
895 4) Los metales preciosos en cuanto portadores de la relación monetaria.
901 5) Manifestación de la ley de apropiación en la circulación simple.
919 6) Pasaje al Capital.
CAPTULO III. EL CAPITAL.
Karl Marx

941 Cuaderno B”.


941 A. Proceso de producción del capital.
941 1) Transformación del dinero en capital.
949 Índices de Marx para sus manuscritos de 1857-1858
951 Reseñas de mis propios cuadernos.
969 I El proceso de producción del Capital.
969 1) Transformación de dinero en capital. pg.
972 2) La plusvalía absoluta.
972 3) El plusvalor relativo.
973 4) La acumulación Originaria.
973 5) Trabajo asalariado y capital.
975 II El proceso de circulación del Capital.
978 III Capital y beneficio.
979 MISCELÁNEA.
NOTAS
INDICE BIBLIOGRÁFICO
ANÓNIMOS
PERIÓDICOS Y REVISTAS
OBRAS DE MARX Y DE ENGELS
INDICE DE NOMBRES
INDICE DE MATERIAS
NOTAS
Presentación

VOLUMEN I
VII

PRESENTACION

Los dos volúmenes que el Instituto Marx-Engels-Lenin (IMEL) de Moscú publicó en 1939-41
bajo el título de Grundrisse der Kritik der politischen ó konomie (Rohentwurf) 1857-1858,
recogen un grupo de manuscritos hasta ese entonces inéditos en su casi totalidad, redactados
por Marx en la década del 50. Constituyen la primera síntesis de las investigaciones iniciadas
por Marx en noviembre de 1850, en Londres, cuando después de la derrota de la revolución de
1848 se retira de la escena pública para reanudar sus anteriores estudios de economía política.
El título de la obra pertenece a los editores del IMEL, quienes a su vez lo toman de las
referencias explícitas a esta obra que hace el autor en diversos pasajes de su correspondencia.
En una carta a Engels del 8 de diciembre de 1857, por ejemplo, le dice: "Trabajo como un loco
las noches enteras en coordinar mis estudios económicos, para poner en claro al menos los
elementos fundamentales antes del diluvio". El "diluvio", metáfora con la que Marx hacía
referencia a la agudización de la crisis económica de 1857 y a las probables conmociones
sociales de ella derivadas, impone a su actividad teórica un ritmo febril, del que surgen estos
vastos manuscritos redactados, en lo fundamental, en menos de seis meses de trabajo. Los
"elementos fundamentales" fueron concebidos por el autor como "un conjunto de monografías
escritas con grandes intervalos en distintos períodos para el esclarecimiento de mis propias
ideas y no para su publicación': Sin embargo, a pesar de su estado fragmentario, de su
condición de borradores de una obra que Marx nunca llegó a terminar, constituyen
indudablemente textos de fundamental importancia para comprender el proceso de
elaboración de la crítica marxista de la economía política. Entre otras cosas, porque nos
permiten presenciar la propia gestación de las categorías analíticas con las que Marx develó la
naturaleza mistificatoria de la economía política burguesa y creó las bases de una nueva
ciencia crítica de la sociedad. Corno alguien señalara, los Grundrisse nos abren la posibilidad
de introducirnos en el laboratorio económico de Marx y ante nuestra mirada aparecen
nítidamente recortados todos los refinamientos, todos los sinuosos caminos de su metodología.
Estos escritos, al igual que los de 1861-63 que aún esperan ser exhumados, constituyen el
eslabón perdido que nos permite reconstruir de una manera más acertada el itinerario
intelectual de un Marx que aparece hoy bajo una nueva luz, de un Marx "desconocido", como lo
señala Matan Nicolaus en la introducción a la presente edición en español de los Grundrisse.
VIII

La aparición de esta obra trascendental, producida en plena guerra mundial, pasó inadvertida
hasta para los especialistas y durante mucho tiempo el libro constituyó una rareza
bibliográfica. Recién en 1953, la Dietz Verlag de Berlín Este, la reprodujo en una edición
facsimilar en un solo volumen. Sin embargo, tampoco esta última edición atrajo demasiado la
curiosidad de los investigadores. Podríamos decir que hasta 1960 las discusiones entre los
marxistas no la mencionaban ni tampoco se pensó en traducirla a otros idiomas. Hubo que
esperar otros diez años más para que casi simultáneamente aparecieran las versiones francesa
e italiana, y más recientemente la rusa y la inglesa.

*
La traducción al español de los Grundrisse presenta serias dificultades que esperamos haber
sorteado felizmente. La primera de ellas deriva del carácter fragmentario del texto y del nivel
Presentación

particularmente elevado de abstracción en que se coloca Marx para la primera redacción de


sus Principies de economía política. Hasta para Engels resulta extremadamente difícil su
lectura, como lo señala en una carta a Marx del 9 de abril de 1858: "El estudio de tu resumen. . .
me ha llevado mucho tiempo; es, en verdad, un resumen muy abstracto. . . muchas veces me veo
obligado a tomarme mucho tiempo para buscar las transiciones dialécticas, porque he perdido
totalmente el hábito del razonamiento abstracto."
Otra dificultad reside en que el uso personal que Marx da a su borrador acentúa las
características del lenguaje en que habitualmente redactaba sus notas. Aquí, "el estilo
desaliñado, las expresiones y giros familiares..., la terminología francesa e inglesa, a menudo
con frases enteras .v hasta páginas en inglés", complica infernalmente la tarea de obtener un
texto en español que respetando el carácter de borrador no se torne absolutamente
ininteligible. Ajustándonos al criterio seguido en la traducción de los Resultados del proceso
inmediato de producció n (El capital, capı́tulo VI), hemos optado por acercarnos a una versión
literal, procurando recrear —en la medida más amplia de lo posible el carácter de borrador
del manuscrito. Así, mantenemos en los respectivos idiomas originales no sólo las citas sino
también las innumerables palabras de otros idiomas que salpican el texto alemán y ofrecemos
a pie de página la traducción. Para ser fieles al vocabulario de Marx, mantenemos las
diferenciaciones entre términos alemanes de sentido más o menos próximo pero no
coincidente, sobre todo cuando esto tiene que ver con el proceso mismo de hallazgo de términos
que luego se convertirán en definitivos, apareciendo como términos "técnicos" en El capital,
pero en proceso de elaboración en los Grundrisse. Respetamos además el lenguaje filosófico
hegeliano al que Marx recurre frecuentemente en esta obra, al mismo tiempo que tratamos de
evitar la utilización de términos tales como "estructura" o "totalidad", excepto cuando es el
propio autor el que los usa. De otro modo, hubiera resultado un Marx "estructuralista",
bastante alejado del estilo hegelianizante-ricardiano que caracteriza a toda la obra.
IX

La última de las dificultades, y no la menor, reside en las insuficiencias de la edición preparada


por el IMEL. La complicada letra de Marx. que como dice Engels "a veces ni el propio autor era
capaz de descifrar", torna inevitables los errores de desciframiento. En tal sentido, la edición
original contiene gran cantidad de ellos, algunos de los cuales cambian por completo el sentido
de la oración y hasta del párrafo. Por otra parte, se aplican criterios contradictorios en la
corrección de los errores cometidos por Marx (algunas veces salvados en el texto, y otras a pie
de página, sin que exista una clara razón para ello). Se comprende entonces que la apreciable
cantidad de errores, imprecisiones, confusiones y criterios contradictorios contenidos en la
edic. original compliquen bastante la tarea del traductor. Las versiones francesas de Roger
Dangeville (Fondements de la critique de l'é conomie politique, 2 vols., Anthropos, Paris, 1967-
68) e italiana de Enzo Grillo (Lineamenti fondamentali della critica dell'economia poli-tica, 2
vols., La Nuova Italia Editrice, 1968-69) por estar basadas en la edición que comentamos,
reproducen por tanto sus errores y no constituyen una base segura de confrontación para
lograr una versión más ajustada.
La reciente traducción rusa (K. Marx i F. Engels, Sochinenia, t. 42, 2 vols., 1968-69), en cambio,
nos resultó de suma utilidad pues fue realizada confrontando el texto de la edición original con
las fotocopias de los manuscritos, sometidos a una nueva lectura crítica.
Como resultado de ese meticuloso trabajo de relectura de los manuscritos de 1857-1858,
efectuado por los investigadores del Instituto de Marxismo-Leninismo de Moscú, pudo
confeccionarse una extensa y detallada lista de precisiones en el descifrado del texto y de
corrección de los errores, realizados en el texto de Marx. Para nuestra versión en español la
gentileza del IMEL nos permitió contar con una copia de las observaciones críticas a la edición
Presentación

original, lo que en su momento nos obligó a rehacer la mayor parte del texto ya compuesto.
Aunque retrasó la publicación de la obra, esta feliz circunstancia nos permite ofrecer por
primera vez, luego de la edición rusa, una versión de los Grundrisse depurada de errores y por
lo tanto de incuestionable valor científico.
En el manuscrito original, tanto la Einleitung como los Grundrisse casi no son titulados. Pero
sabemos que el "capítulo del dinero" es anotado sumariamente por Marx en el IUndice de los 7
cuadernos, y el "capítulo del capital", a su vez, mucho más extensamente en las Referencias. La
Redacción IMEL insertó en el "capítulo del capital" y en la "Introducción" los breves sumarios
de las Referencias, pero dejó sin titular el "capítulo del dinero". Este criterio contradictorio,
provoca inconvenientes puesto que en el índice general figuran títulos que no pueden ubicarse
en el texto. Siguiendo el criterio de las ediciones italiana y francesa, hemos volcado en el
"capítulo del dinero" los titulillos extraídos del IUndice de los 7 cuadernos, pero encerrándolos
entre corchetes para diferenciarlos de los que coloca la Redacción IMEL. En el "capítulo del
capital" los títulos se tradujeron de la edic. original sin modificaciones.
A veces fue necesario agregar en el texto algunas palabras que permitieran completar una
frase inconclusa, o aclarar un párrafo oscuro. Cuando el agregado pertenece a la Redacción
IMEL va entre corchetes simples; cuando en cambio pertenece a la edic. esp. va entre corchetes
dobles.
X

En cuanto a las notas, en nuestra edición son de tres órdenes: 1) las que están indicadas con
asteriscos pertenecen a Marx y van a pie de página separadas del texto por una línea corta; 2)
las indicadas con letras alfabéticas pertenecen a la redacción (tanto. del IMEL como nuestra) y
se refieren exclusivamente a problemas técnicos del texto. Van a pie de página y separadas del
texto por una línea completa; 3) las numeradas progresivamente pertenecen a la redacción y
corresponden a referencias bibliográficas completas de obras y autores que son citados
explícitamente por el propio Marx de manera incompleta a imprecisa o pueden ser
determinados fehacientemente por cuanto se deduce una relación directa y no problemática
entre la página de Marx y el autor y la obra mencionados. Siguiendo el criterio de la edic.
italiana nos hemos limitado simplemente a agregar después de la indicación bibliográfica una
escueta información sobre la existencia de extractos de la obra en cuestión en los cuadernos de
Marx. Por ello, en estas notas el lector encontrará sucesivamente: autor y obra citados, con la
página de la edición utilizada por Marx; el título de la eventual edición en español con la
página correspondiente; la información sobre la existencia de extractos en algún cuaderno de
Marx y la referencia a la edic. MEGA para aquellos publicados o cuyo índice se conoce a través
de esa edición, y a "cuaderno londinense" para el grupo de cuadernos inéditos del 1850-1853.
A diferencia de la edic. Dietz y de la francesa, que en sus notas remiten abusivamente a las
obras de Marx anteriores a los Grundrisse, hemos preferido no introducir notas que de alguna
manera predispusieran una forma de lectura. Aceptamos plenamente el criterio del traductor
italiano cuando señala que: ". . al menos en una simple edición de textos, la definición de la
relación entre las formulaciones teóricas logradas por Marx en los trabajos del 1857-1858 y las
existentes en las obras económicas anteriores al 1848 debía permanecer problemática como en
efecto lo es, y dejar abierta toda perspectiva hermenéutica. Una referencia puramente
bibliográfica, en cambio, por su naturaleza, establece a priori una relación unívoca de
coherencia estática entre formulaciones teóricas que tienen vigencia en contextos diversos y
que surgen dentro de horizontes histórico-teóricos diferentes, a menos de que sean
acompañadas de una explícita intervención valorativa y que se transformen así en una nota de
comentario. En ausencia de esto, el hábito de vincular no por homologías reales sino por
analogías presuntas los textos marxianos más dispares, se revela como el fruto de una actitud
Presentación

didascálica y dogmática, y por consiguiente inaceptable."


Los números al margen y encerrados entre corchetes corresponden al comienzo de página de la
edic. Dietz 1953 y están incluidos con el objeto de facilitar la búsqueda de las referencias de la
edición original.
Al publicar hoy la presente versión de los Elementos fundamentales para la crı́tica de la
economı́a polı́tica, confiamos en que las limitaciones que pueda presentar nuestro trabajo no
conspiren contra el estudio apasionado y profundo de esta "obra maestra sin pulir", de este
verdadero modelo de ciencia obrera construido por el genio de Marx.
Buenos Aires, setiembre de 1971.

JOSE ARICO
MIGUEL MURMIS
PEDRO SCARON
El Marx desconocido

XI

EL MARX DESCONOCIDO

Cuando en 1859 Karl Marx evaluó su carrera intelectual, condenó a un merecido olvido a
todas sus obras precedentes, excepto cuatro. Afirmó que en Miseria de la filosofía (1847)
habı́a expuesto por primera vez los aspectos fundamentales de sus opiniones cientı́ficas,
aunque la exposició n fuese polé mica. Y dio a entender que lo mismo podı́a decirse del
Manifiesto del Partido Comunista (1848), del Discurso sobre el libre cambio, del mismo añ o y
de una serie incompleta de artı́culos titulada Trabajo asalariado y capital publicada en 1849.
No mencionó a los Manuscritos económico-filosóficos (1844), a La sagrada familia (1845), ni
a las Tesis sobre Feuerbach (1845) y habló —sin mencionar su tı́tulo— del manuscrito de La
ideología alemana (1846) como de un trabajo que é l y Engels abandonaron alegremente a
los ratones 1. Se dice que tres añ os antes de su muerte, al ser interrogado acerca de la
eventual publicació n de sus obras completas, respondió secamente: "Primero habrı́a que
escribirlas" 2.
Por ese entonces Marx consideraba a la mayorı́a de sus primeras obras —obras que tanto
entusiasmo han suscitado en los inté rpretes contemporá neos— con un escepticismo que
lindaba con el rechazo. Y hacia el final de su vida tenı́a una dolorosa conciencia de que los
trabajos que habı́a presentado o estaba a punto de presentar en pú blico eran tan só lo
fragmentos.
Só lo una vez en su vida habló entusiastamente de uno de sus libros como de una obra
lograda. Só lo una vez anunció que habı́a escrito algo que no só lo abarcaba todos sus puntos
de vista sino que tambié n los presentaba cientı́ficamente. Fue en el Prefacio a la Crítica de la
economía política (1859), obra que tambié n quedó como un simple fragmento debido a
dificultades con su editor.
XII

Só lo dos capı́tulos de la Crítica llegaron al pú blico, pero su contenido, aunque importante,
apenas justificaba las afirmaciones que implı́citamente se hacı́an sobre ellos en el Prefacio.
En é ste se esboza una visió n total del mundo, un conjunto de doctrinas cientı́ficas que
explican el desarrollo de la historia en sus alcances econó micos, polı́ticos y socioló gicos y
que demuestran có mo y por qué la organizació n actual de la sociedad debe derrumbarse a
causa de la tensió n de sus conflictos internos, para ser reemplazada por un orden superior
de civilizació n. No obstante, los capı́tulos allı́ publicados no alcanzan semejante aliento ni se
deriva de su contenido la idea del surgimiento final de un nuevo orden. Se ocupan má s bien
de cuestiones econó micas bastante té cnicas e inician un largo y arduo camino hacia un
objetivo no del todo claro. ¿De qué hablaba Marx, entonces, en el Prefacio? ¿Exponı́a teorı́as
que no habı́a elaborado aú n, ideas que todavı́a no habı́a anotado?
Hasta 1939, esta cuestió n siguió siendo un misterio. Las audaces generalizaciones hechas en
el Prefacio tenı́an antecedentes en declaraciones audaces e igualmente generales incluidas
en Miseria de la filosofía y en el Manifiesto. En cuanto a los volú menes de El capital, tambié n
contienen ecos polé micos y generales. Pero era difı́cil, si no imposible, extraer de las partes
existentes de El capital las respuestas a la cuestió n má s importante, que el Prefacio anuncia
como teó ricamente resuelta: có mo y por qué ha de derrumbarse el orden social capitalista.

1 Cf. Prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política. En MARX-ENGELS, Obras escogidas, Moscú , s/f., I, pp. 346-

357. Utilizo la edició n Werke de los escritos de Marx y Engels, publicada por Dietz, Berlı́n, de 1962 a 1967. [Las citas en españ ol
son nuestras — N. del E.]
2 Citado en MAXIMILIEN RUBEL, Karl Marx. Ensayo de biografía intelectual, Paidó s, Buenos Aires. 1970, p. 14
El Marx desconocido

Ası́, Rosa Luxemburg escribió La acumulación del capital (1912) precisamente con el
propó sito de llenar esta importante brecha en los escritos inconclusos de Marx3, y consiguió
con ello avivar la hoguera de una enconada disputa que todavı́a hoy arde dentro del partido.
Todavı́a sigue siendo un misterio la razó n por la cual el manuscrito en el que Marx se basó
para escribir el Prefacio de 1859, permaneció oculto hasta el estallido de la Segunda Guerra
Mundial.
Pero en 1939 el instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú sacó de sus archivos y publicó un
enorme volumen conteniendo los manuscritos econó micos de Marx de los añ os 1857-58.
Dos añ os despué s apareció un segundo volumen y en 1953 la editorial Dietz de Berlı́n
reeditó los dos volú menes en uno. Titulado por los editores Grundrisse der Kritik der
politischen ókonomie (Rohentwurf) [Elementos fundamentales de la crı́tica de la economı́a
polı́tica (Borrador)], y publicado junto con extractos importantes de los cuadernos de notas
de Marx de 1850-51, este trabajo permite al fin examinar el material del cual las
generalizaciones del Prefacio constituyen un resumen 4.
XIII

Los Grundrisse no han sido ignorados desde su publicació n, pero tampoco se los apreció en
toda su importancia. Considerados inicialmente como material de interé s para una
reconstrucció n del origen de El capital, esta obra vegetó durante largo tiempo en el só tano
de los estudiosos del marxismo 5. Eric Hobsbawm presentó un fragmento, sobre todo los
pasajes histó ricos, bajo el tı́tulo de Formaciones económicas pre-capitalistas, en 1956 6.
Posteriormente aparecieron extractos aislados en las obras de André Gorz y Herbert
Marcuse 7. Juntos, estos fragmentos parecen haber despertado el apetito de un cuerpo cada
vez mayor de intelectuales, particularmente en la amorfa Nueva Izquierda, y el interé s por
examinar má s detenidamente esta obra hasta entonces desconocida pero evidentemente
importante. Este añ o apareció finalmente una traducció n francesa de la primera parte, pero
los lectores que no dominan esa lengua tendrá n que esperar 8, porque no se han hecho aú n
planes definitivos para publicar una versió n inglesa.
XIV

De todas maneras, la obra tiene una significació n histó rica. Los frutos de 15 añ os de
investigació n sobre cuestiones de economı́a, los mejores añ os de la vida de Marx, está n
contenidos en estas pá ginas. Marx creı́a que esta obra no só lo habı́a echado por tierra las
doctrinas centrales de toda la economı́a polı́tica anterior sino que era tambié n la primera
formulació n cientı́fica de la causa revolucionaria 9. Aunque é l no podı́a saberlo entonces, é ste
habrı́a de ser el ú nico de sus trabajos en el cual su teorı́a del capitalismo desde los orı́genes
hasta el derrumbe serı́a presentada en toda su integridad. Aunque oscuros y fragmentarios
puede decirse que los Grundrisse fueron la ú nica obra de economı́a polı́tica verdaderamente
completa que Marx escribió .
Los Grundrisse constituyen la cima de un largo y dificultoso ascenso. Marx habı́a publicado

Cf.. PAUL M. SWEEZY, Teoría del desarrollo capitalista, FCE, Mé xico, 2ª edic. 1958, p. 224.
3

KARL MARX, Grundrisse der Kritik der politischen Okonomie (Rohentwurf), Dietz, Berlı́n, 1953.
4
5 MAXIMILIEN RUB•L, "Contribution à l'historie de la genese du 'Capital' ", en Revue d'Histoire économiqueét sociale, II,

1950, p. 168.
6 Lawrence and Wishart. London, 1965. [Existen tres ediciones en españ ol con el mimo tı́tulo de Formaciones económicas

pre-capitalistas: Platina, Buenos Aires, 1966. Ciencia Nueva, Barcelona, cuadernos de Pasado y Presente N° 20, Có rdoba, 1971].
7 ANDRE GORZ, Estrategia obrera y neocapitalismo, ERA, Mé xico, 1969, pp. 182-183; HERBERT MARCUSE, El hombre

unidimensional, Joaquı́n Mortiz, México, 1968, pp. 57-58.


8 KARL MARX, Les fondements de la critique de l'Economie Politique (Grundrisse), 2 vols., Editions Anthropos, Parı́s, 1967.

[Posteriormente al trabajo de Nicolaus, apareció una edició n italiana: Lincamenti fondamentali della critica dell'econontia
politica, 1857-1858. 2, vols. La Nuova Italia Editrice, Firenze, 1968 y 1969].
9 Grundrisse, p. XIII; cf. tambié n la carta de Marx a Engels del 14 de enero de 1858: ". . . Estoy obteniendo algunos buenos

resultados. Por ejemplo, he tirado por la borda toda la doctrina de la ganancia tal como existı́a hasta ahora". Correspondencia,
Problemas, Buenos Aires, 1947, p. 119.
El Marx desconocido

diez añ os antes la primera de las que é l consideraba sus obras cientı́ficas: Miseria de la
filosofía, y no publicó el primer volumen de El capital hasta una dé cada má s tarde. Para
comprender la significació n de los Grundrisse será necesario revisar brevemente los escritos
econó micos que los precedieron.
Inmediatamente despué s de terminar su crı́tica de la filosofı́a del derecho de Hegel, en la
cual habı́a llegado a la conclusió n de que la anatomı́a de la sociedad no debı́a buscarse en la
filosofı́a, Marx comenzó a leer a los economistas polı́ticos. Le precedió y sin duda le guió en
este proceso el joven Engels, que habı́a publicado ya sti Umrisse zu einer Kritik der National
— ókonomie en el Deutsch-Franzósische Jahrbücher de Marx y Ruge ese mismo añ o, 1844.
Engels sostenı́a en este artı́culo que el desarrollo de la economı́a burguesa durante el ú ltimo
siglo, como ası́ tambié n el desenvolvimiento de la correspondiente teorı́a econó mica, podı́an
resumirse como una prolongada, continua y atroz afrenta a todos los principios
fundamentales de la moral y de la decencia, y que si no se implantaba un sistema econó mico
moral y racionalmente organizado, entonces debı́a y habrı́a de producirse una revolució n
social monstruosa. Todo el peso del ataque de Engels estaba dirigido contra lo que é l
consideraba como el principio fundamental de la economı́a burguesa: la institució n del
mercado. Todos los vı́nculos morales de la sociedad han sido destruidos por la
transformació n de los valores humanos en valores de cambio; todos los principios é ticos han
sido destruidos por los principios de la competencia y todas las leyes existentes hasta este
momento, aun las leyes que regulan el nacimiento y la muerte de los seres humanos, han
sido suplantadas por las leyes de la oferta y la demanda.
La humanidad misma se ha convertido en una mercancı́a 10.
XV

Con una sola diferencia significativa, esta lı́nea de razonamiento fue retomada y desarrollada
por Marx a lo largo de sus escritos econó micos entre 1844 y 1849. La diferencia está en que
(segú n se evidencia en sus Manuscritos de 1844) Marx rechazó inmediatamente el
moralismo unilateral de la crı́tica de Engels y lo reemplazó por una base dialé ctica. Descartó
los imperativos categó ricos que se escondı́an bajo la superficie del trabajo de Engels. La
competencia y el mercado, afirmó , no son tanto una afrenta a la moral cuanto una
fragmentació n y una renuncia de la capacidad de desarrollo inherente a la especie humana.
Dentro de una sociedad basada en la propiedad privada, los productos del trabajo humano
no pertenecen al obrero para que sea é l quien los disfrute, sino que se convierten en
propiedad de personas ajenas, que los utilizan para oprimirlo. El sı́ntoma má s claro de este
hecho, escribió Marx, es que el obrero no produce las cosas que le son má s ú tiles sino
aquellas que aportará n valores de cambio má s elevados al propietario privado. De este
modo, el proceso de la producció n material se torna fragmentario y el producto mismo se
escinde en valor de uso y valor de cambio, de los cuales só lo el ú ltimo es importante.

Es del más alto interés pararse a considerar la división del trabajo y el cambio ya que
son las expresiones ostensiblemente enajenadas de la actividad y la fuerza esencial del
hombre. . .11

En resumen: desde un punto de partida filosó fico completamente diferente, Marx llegó a la

10 FRIEDRICH ENGELS, "Umrisse zu einer Kritik der Nationaló konomie", Werke, I, pp. 449-524. [En españ ol está publicado

en MARX-ENGELS, Escritos económicos varios, Grijalbo, Mé xico, 1962.]


11 Los Manuscritos de 1844 só lo se publicará n como un volumen adicional de la edició n Werke. [La referencia está tomada

de la versió n incluida en Escritos económicos varios cit., p. 103.]


El Marx desconocido

misma perspectiva crı́tica que Engels, es decir, que lo esencial de la sociedad burguesa debı́a
buscarse en la competencia, la oferta y la demanda, en una palabra, en el mercado o sea en
su sistema de cambio.
El concepto de alienació n como categorı́a econó mica contenı́a tambié n el nú cleo de una idea
diferente, pero Marx no la puso suficientemente de relieve hasta los Grundrisse, como
veremos má s adelante. Mientras tanto Marx, junto con la mayorı́a de sus conocidos
intelectuales radicales, continuaba agudizando sus ataques contra la soberanı́a de la
competencia.
XVI

Su polé mica con Proudhon, en Miseria de la filosofía, revela su profundo desacuerdo con
aquella suficiente personalidad sobre casi todos los aspectos de la economı́a y la filosofı́a,
incluyendo especialmente las cuestiones vinculadas a las instituciones del cambio y la
competencia en la sociedad burguesa, con una sola excepció n: que la competencia es
fundamental 12. Si la burguesı́a aboliese la competencia para reemplazarla por el monopolio,
ello só lo servirı́a para agudizar la competencia entre los obreros, Marx escribió en el
Manifiesto:

La condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la


acumulación de la riqueza en manos de particulares, la formación y el acrecentamiento
del capital. La condición de existencia del capital es el trabajo asalariado. El trabajo
asalariado descansa exclusivamente sobre la competencia de obreros entre sí 13.

De lo cual deduce Marx que si los obreros pudiesen, al formar asociaciones, eliminar la
competencia entre ellos, entonces se liquidarı́a "la base misma sobre la cual la burguesı́a
produce los productos y se apropia de ellos". En el Discurso sobre el libre cambio aparece el
mismo tema: si el desarrollo industrial disminuye, los obreros será n arrojados de sus
empleos y sus salarios bajará n; si la industria crece, los obreros disfrutará n de un alza
momentá nea pero só lo para ser descartados nuevamente al ser reemplazados por
maquinarias 14. Tanto aquı́ como en Trabajo asalariado y capital, la "ley" de Marx de que los
salarios deben tender siempre hacia el mı́nimo absoluto necesario para mantener vives a los
obreros, se deriva directamente de los principios de la oferta y la demanda, con los
supuestos adicionales de que la oferta de la fuerza de trabajo debe siempre tender a exceder
a la demanda 15. Encontramos aquı́ atisbos ocasionales de la idea de que tambié n operan
otros procesos, pero las ú nicas doctrinas sistemá ticamente elaboradas son aquellas que
hacen derivar analı́ticamente el rumbo futuro del desarrollo capitalista y el papel de la clase
obrera en é l, de la forma previsible del mercado para la mercancı́a-fuerza de trabajo. El
principal objeto de estudio de Marx fue la economı́a del intercambio de mercancı́as y de
dinero.
XVII

La primera —y la má s importante— aclaració n que es necesario hacer acerca del lugar que
ocuparon los Grundrisse en el desarrollo intelectual de Marx es que esta obra representa una
crı́tica a todas sus ideas anteriores. "Crı́tica" no significa, en este caso, rechazo, sino má s bien
penetració n a un nivel má s profundo. El gran avance que los Grundrisse representan en el
pensamiento de Marx reside en su rechazo, acusá ndola de superficial, de la tesis de que el

12 Werke, 4, p. 161 y Miseria de la filosofía, Ediciones Signos, Buenos Aires, 1970, p. 129.
13 Werke, 4, p. 474 y Obras escogidas de Marx y Engels, 1, p. 31.
14 Werke, 4, p. 455.
15 Werke, 6, pp. 397 y 423 y Obras escogidas, 1, pp. 65-91; vé ase tambié n Werke, 6, pp. 535-556.
El Marx desconocido

mecanismo del mercado es un factor incitador, causal o fundamental; y en su reconocimiento


de que el mercado es un mero dispositivo destinado a coordinar los diversos momentos
individuales de un proceso mucho má s importante que el intercambio. Mientras que los
anteriores escritos econó micos de Marx se habı́an centrado alrededor del movimiento de la
competencia, los Grundrisse analizan sistemá ticamente, por primera vez dentro del conjunto
de su obra, la economı́a de la producción.
Antes de examinar má s detenidamente el texto, conviene citar algunos ejemplos a fin de
obtener una visió n general del problema.

1. La diferencia má s evidente y má s fá cilmente rastreable entre la teorı́a econó mica de Marx
antes y despué s de 1850 es un cambio de terminologı́a. Antes de esta fecha Marx se refiere
constantemente a la mercancı́a que el obrero ofrece en venta, como "trabajo" y aclara que
esta mercancı́a es exactamente igual a cualquier otra. Si se considera a la sociedad burguesa
exclusivamente como un sistema de mercado, esta definició n es correcta. Pero a partir de los
Grundrisse Marx arriba a la conclusió n de que el trabajo no es una mercancı́a como cualquier
otra, sino que en realidad es ú nica y que la mercancı́a que el obrero vende debe ser llamada
"fuerza de trabajo". En posteriores reediciones de sus primeras obras econó micas, Marx y
Engels alteraron debidamente la terminologı́a para ajustarse al nuevo punto de vista y en
diversos prefacios aclaran las razones que tuvieron para hacerlo y destacan la importancia
del cambio 16.
XVIII

2. En los primeros escritos econó micos, el curso del desarrollo capitalista se deriva, como ya
se hizo notar, del movimiento objetivado de la oferta y la demanda. Compá rese este concepto
con la categó rica y reiterada declaració n aparecida en El capital de que en los mecanismos
de la competencia "todo se presenta invertido" 17 y de que las deducciones analı́ticas hechas
só lo en base a la oferta y la demanda son superficiales, má s aú n, contradictorias, con
respecto a los procesos fundamentales ocultos pero esenciales de la producció n capitalista y
la acumulació n. Los Grundrisse establecieron las bases intelectuales para estas
formulaciones posteriores de El capital.
3. Finalmente, se puede obtener una visió n general del progreso analı́tico que
representaron los Grundrisse rastreando la actitud de Marx hacia Ricardo, especialmente
hacia su teorı́a del excedente. En 1844, en ocasió n de su primer encuentro con Ricardo y la
teorı́a del excedente, Marx se limitó a destacar que el é nfasis que Ricardo ponı́a en é l
demostraba que la principal preocupació n de la economı́a burguesa era la ganancia y no los
seres humanos, y que esta teorı́a es la prueba definitiva de la infamia en que se ha hundido la
economı́a polı́tica18. En Miseria de la filosofía Marx trata a Ricardo con má s respeto y cita
extensamente al socialista inglé s Bray, que utiliza la teorı́a ricardiana del excedente para
probar la explotació n de la clase obrera. Pero Marx no cita a Bray para poner de relieve la
importancia fundamental de su teorı́a sino só lo para criticar ciertas deducciones derivadas
de ella 19. Asimismo, en Trabajo asalariado y capital expone simplemente la teorı́a ricardiana
de que el producto del trabajo vale má s que la reproducció n del obrero, pero sin profundizar
el aná lisis 20. En ese momento Marx era plenamente consciente de la existencia de un

16 Vé ase preferentemente el prefacio de Engels a la reedició n de 1891 de Trabajo asalariado y capital, Werke, 6, pp. 593-599

y Obras escogidas, 1, pp. 56-64.


17 El Capital III, en Werke, 25, p. 219. [En la traducción al español, FCE, Méxio, 1959, p. 210]
18 Citado por Rubel en su Biografía intelectual mencionada en nota 2, p. 109.
19 Werke, 4 pp. 98-105 y Miseria de la filosofía, pp. 51-56.
20 Werke, 6, pp. 409-410 y Obras escogidas, I, pp. 82-84.
El Marx desconocido

excedente, pero no era igualmente consciente de las enormes implicaciones de este hecho
para la teorı́a econó mica; en resumen: la teorı́a no es el eje de su aná lisis sino que coexiste
pasivamente con el aná lisis dominante de la oferta y la demanda, y a su sombra. No obstante,
cuando en 1850 Marx comenzó a revisar exhaustivamente sus estudios econó micos, se
sumergió directamente en Ricardo y dedicó por lo menos los dos añ os siguientes a
asimilarlo en detalle.
XIX

Sus apuntes y sus cuadernos de notas de este perı́odo, agregados por los editores al texto de
los Grundrisse, demuestran que por entonces Marx habı́a comenzado a comprender las
implicaciones de la teorı́a del excedente de Ricardo y habı́a concentrado su atenció n sobre
ella21. Finalmente, en los Grundrisse mismos, aunque Marx critica a Ricardo en varios puntos,
se refiere a é l con gran respeto y lo llama el "economista par excellence de la producció n"22.
Este cambio gradual de actitud refleja la creciente conciencia que Marx estaba adquiriendo
de la importancia de la teorı́a de la plusvalı́a, con la cual comienza a fundamentar toda su
teorı́a de la acumulació n capitalista, en los Grundrisse.
Al igual que en cualquier estudio de economı́a comparada, estos, ejemplos cronoló gicos
pueden suscitar la erró nea idea de que la aplicació n de los, conceptos ricardianos
transformó a Marx, de la noche a la mañ ana, de teó rico de la oferta y la demanda en teó rico
de la acumulació n de la plusvalı́a. El cambio fue, por cierto, mucho má s gradual. Como ya
hemos dicho, hay en sus primeros trabajos elementos de la teorı́a del excedente y las obras
posteriores no afirman en modo alguno que el mecanismo de la competencia no tenga
importancia, sino que má s bien formulan lo contrario. Estas sutilezas no deben ocultar el
hecho de que tuvo lugar una ruptura cualitativa, má s allá de la superficie del aná lisis basado
en el mercado, y que esta ruptura es el principal problema analı́tico de que se ocupan los
Grundrisse.
Aunque enfá tica en los detalles, la mayor parte de la estructura del texto de los Grundrisse se
encamina firmemente hacia la solució n de problemas claramente definidos. Despué s de una
brillante "introducció n" inconclusa —en la que no podemos detenernos— el trabajo consta
de dos capı́tulos. El primero trata del dinero y el segundo, mucho má s extenso, del capital. El
segundo está subdividido en tres partes, que se ocupan respectivamente de la producció n, la
circulació n y la transformació n de la plusvalı́a en ganancia. Los problemas y cuestiones que
el texto aborda no son, sin embargo, tan estrechamente econó micos como los tı́tulos de los
capı́tulos parecen indicar. Aquı́, al igual que en otros lugares pero quizá s má s claramente, la
"economı́a" de Marx es tambié n y al mismo tiempo "sociologı́a" y "polı́tica". El primer
capı́tulo lo pone en evidencia inmediatamente.
XX

A cierto nivel, el capı́tulo sobre el dinero es una polé mica contra el proyecto de reforma
monetaria que por aquel entonces habı́a propuesto Alfred Darimon, discı́pulo de Proudhon
y, por lo tanto, encarnizado adversario de Marx. En otro nivel menos superficial, la obra es
meramente un tratado sobre el dinero y puede ser leı́da como el primer borrador de la
teorı́a del dinero de Marx tal como aparece, ya desarrollada, en la Crítica. No obstante, su
aspecto má s importante es su crı́tica socioló gica y polı́tica de una sociedad en la cual el
medio predominante de cambio es el dinero. ¿En qué circunstancias histó ricas puede el
dinero convertirse en la abstracció n de los valores de cambio y é stos a su vez transformarse
en la abstracció n de todas las formas de cambio? ¿Qué premisas sociales deben existir para
que el dinero pueda funcionar como un nexo entre los individuos que establecen relaciones
de cambio? ¿Cuá les son las consecuencias sociales y polı́ticas de este tipo de relaciones de

21 Vé ase Grundrisse, pp. 787-792, 829, del original alemá n.


22 Gnmdrisse, p. 18.
El Marx desconocido

cambio? ¿Cuá les son las formas má s vastas de organizació n social que corresponden a esta
constelació n molecular de individuos dedicados a las transacciones privadas? Estos son los
problemas de que se ocupa Marx, tal como Sombart, Weber, Simmel y Tó nnies investigaron,
casi medio siglo despué s, los efectos del cambio monetario sobre los vı́nculos de la sociedad.
Marx afirma:

La reducció n de todos los productos y de todas las actividades a valores de cambio


presupone tanto la disolució n de todas las rı́gidas relaciones de dependencia
personales (histó ricas) en la producció n, como la dependencia recı́proca general de los
productores. No só lo la producció n de cada individuo depende de la producció n de
todos los otros, sino que tambié n la transformació n de su producto en medios de vida
personales pasa a depender del consumo de todos los demá s. Los precios son cosas
antiguas, lo mismo que el cambio; pero tanto la determinació n progresiva de los unos a
travé s de los costos de producció n, como el predominio del otro sobre todas las
relaciones de producció n se desarrollan plenamente por primera vez, y se siguen
desarrollando cada vez má s plenamente, só lo en la sociedad burguesa, en la sociedad
de la libre concurrencia. Lo que Adam Smith, a la manera propia del siglo XVIII, sitú a en
el perı́odo prehistó rico y hace preceder a la historia, es sobre todo el producto de é sta.
XXI

Esta dependencia recı́proca se expresa en la necesidad permanente del cambio y en el


valor de cambio como mediador generalizado. Los economistas expresan este hecho
del modo siguiente: cada uno persigue su interé s privado y só lo su interé s privado, y de
ese modo, sin saberlo, sirve al interé s privado de todos, al interé s general. Lo vá lido de
esta afirmació n no está en el hecho de que persiguiendo cada uno su interé s privado se
alcanza la totalidad de los intereses privados, es decir, el interé s general. De esta frase
abstracta se podrı́a mejor deducir que cada uno obstaculiza recı́procamente la
realizació n del interé s del otro, de modo tal que, en lugar de una afirmació n general, de
este bellum omnium contra omnes resulta má s bien una negació n general. El punto
verdadero está sobre todo en que el propio interé s privado es ya un interé s
socialmente determinado y puede ser alcanzado solamente en el á mbito de las
condiciones que fija la sociedad y con los medios que ella ofrece; está ligado por
consiguiente a la reproducció n de estas condiciones y de estos medios. Se trata del
interé s de los particulares; pero su contenido, ası́ como la forma y los medios de su
realizació n, está n dados por las condiciones sociales independientes de todos.
La dependencia mutua y generalizada de los individuos recı́procamente indiferentes
constituye su nexo social. Este nexo social se expresa en el valor de cambio... el poder
que cada individuo ejerce sobre la actividad de los otros o sobre las riquezas sociales,
lo posee en cuanto es propietario de valores de cambio de dinero. Su poder social, ası́
como su nexo con la sociedad, lo lleva consigo en el bolsillo.. .
Cada individuo posee el poder social bajo la forma de una cosa. Arrá nquese a la cosa
este poder social y habrá que otorgá rselo a las personas sobre las personas. Las
relaciones de dependencia personal...son las primeras formas sociales en las que la
productividad humana se desarrolla solamente en un á mbito restringido y en lugares
aislados. La independencia personal fundada en la dependencia respecto a las cosas es
la segunda forma importante en la que llega a constituirse un sistema de metabolismo
social general, un sistema de relaciones universales, de necesidades universales. La
libre individualidad, fundada en el desarrollo universal de los individuos y en la
subordinació n de su productividad colectiva, social, como patrimonio social, constituye
El Marx desconocido

el tercer estadio. El segundo crea las condiciones del tercero 23.


XXII

Vemos aquı́ claramente desarrollada la interpretació n de las categorı́as econó micas, sociales
y polı́ticas. Sea lo que fuese lo que Marx pueda haber tenido que decir acerca de las
fluctuaciones especı́ficas del valor del dinero o acerca de los efectos de la metalizació n o de
la moneda fiduciaria, todo ello tiene una importancia menor dentro de su sistema de ideas,
comparado con la tesis fundamental, expresada aquı́, de que el dinero es un objeto que
expresa cierto tipo de relació n entre los seres humanos, producida histó ricamente. El dinero
es un vínculo social; es decir que vincula y rige recı́procamente las má s diversas actividades
de individuos que de otro modo se encuentran aislados. El que posee este vı́nculo social
objetivizado puede dominar las actividades de otros, representa el vı́nculo social per se y
puede por lo tanto actuar como representante de la generalidad, de la colectividad, para
regir las actividades de los individuos dentro de la sociedad.
Hasta este punto, el aná lisis del dinero que hace Marx formula con mayor agudeza y claridad
las ideas desarrolladas en los Manuscritos de 1844 sobre el cambio alienado. En una breve
secció n de transició n que introduce al capı́tulo sobre el capital, Marx logra, no obstante, dar
un significativo paso adelante con respecto al aná lisis anterior. Ya no se detiene en este
punto para lamentarse de la alienació n de los individuos, unos de otros y cada uno de sı́
mismo, lo cual es resultado de las relaciones de cambio burguesas, sino que pasa a examinar
esta forma de las relaciones sociales dentro de una perspectiva histó rica y polı́tica. En este
punto resulta fundamental la comparació n de las relaciones burguesas con las relaciones
feudales. Despué s de todo, el ascenso revolucionario de la burguesı́a trajo consigo la
emancipació n polı́tica del individuo de los vı́nculos de la dominació n estatuida y cambió
positivamente la polı́tica de un cı́rculo cerrado de privilegios y servidumbre connaturales
por un mercado abierto de adultos libremente contractuantes. El obrero no se encuentra
sujeto de por vida a su amo ni existen ya estatutos que despojen a las clases trabajadoras de
un diezmo secular cada vez mayor. El comerciante que vende y el ama de casa que compra
hogazas de pan, el contratista que compra y el obrero que vende horas de trabajo, todos son
personas libres, libremente ocupadas en el libre cambio de equivalentes. Marx creı́a que los
socialistas de su é poca no podı́an refutar sistemá ticamente este razonamiento. Mientras que
los socialistas abominaban de la sociedad de la competencia, las relaciones de mercado y los
nexos constituidos por el dinero, los ideó logos burgueses se alegraban de poder responder
elogiando estas mismas condiciones como base de la libertad polı́tica 24.
XXIII

Por lo demá s, en la determinació n de la relació n monetaria, desarrollada hasta aquı́ en


estado puro y haciendo abstracció n de relaciones productivas má s desarrolladas; en
las relaciones monetarias, decı́amos, concebidas en su forma simple, todas las
contradicciones inmanentes de la sociedad burguesa aparecen borradas. Esto se
convierte en refugio de la democracia burguesa, y má s aun en los economistas
burgueses (é stos por lo menos son tan consecuentes que retroceden hasta definiciones
aun má s elementales del valor de cambio y del intercambio), para hacer la apologı́a de
las relaciones econó micas existentes. En efecto, en la medida en que la mercancı́a o el
trabajo está n determinados meramente como valor de cambio, y la relació n por la cual
las diferentes mercancı́as se vinculan entre sı́ se presenta só lo como intercambio de

Grundrisse, pp. 74-76


23

"El aná lisis de lo que realmente es la libre competencia, es la ú nica respuesta racional a su glorificació n por los profetas
24

de la clase media o su condenació n por los socialistas". Ibid., p. 545.


El Marx desconocido

estos valores de cambio, como su equiparació n, los individuos o sujetos entre los
cuales transcurre ese proceso se determinan sencillamente como intercambiantes. No
existe absolutamente ninguna diferencia entre ellos, en cuanto a la determinació n
formal, que es tambié n la determinació n econó mica, la determinació n ajustá ndose a la
cual se ubican esos individuos en la relació n de intercambio; el indicator de su funció n
social o 'de su relació n social mutua. Cada sujeto es un intercambiante, esto es, tiene
con el otro la misma relació n social que é ste tiene con é l. Considerado como sujeto del
intercambio, su relació n es pues la de igualdad. Imposible es hallar entre ellos
cualquier diferencia o aun contraposició n, ni siquiera una disparidad. Por añ adidura,
las mercancı́as que esos individuos intercambian son equivalentes —en cuanto valor
de cambio—, o al menos pasan por tales (só lo puede producirse un error subjetivo en
la valoració n recı́proca, y si un individuo trampea en algo a otro, ello no se debe a la
naturaleza de la función social en la que ambos se enfrentan, pues é sta es la misma, en
ella son los dos iguales, sino só lo a la astucia natural, al arte de la persuasió n, etc.; en
suma, só lo a la pura superioridad individual de un individuo sobre el otro. De modo
que un individuo acumula y el otro no, pero ninguno lo hace a expensas del otro. Uno
disfruta de la riqueza real; el otro entra en posesió n de la forma general de la riqueza.
Si el uno se empobrece, el otro se enriquece; tal es su libre voluntad y ese hecho en
absoluto deriva de la relació n econó mica, del vı́nculo econó mico mismo en que
aqué llos está n puestos entre sı́25.
XXIV

El argumento que Marx pone aquı́ en boca de un adversario burgué s imaginario es


elocuente. Porque si bien es cierto que el obrero, al vender su trabajo, y el capitalista, al
pagar salarios, está n realizando un cambio recı́proco de mercancı́as que tienen igual valor,
(es decir, siempre que el cambio sea un cambio de equivalentes), entonces la estructura de la
clase capitalista só lo se vincula incidentalmente al sistema econó mico capitalista. El hecho
de que los ricos se enriquezcan cada dı́a má s no se debe a ninguna necesidad estructural
inherente sino só lo a la circunstancia accidental de que poseen un juicio y una persuasió n
superiores. Ni tampoco se explica econó micamente la existencia histó rica de la clase
capitalista al decir que el obrero no recibe el valor total a cambio de su trabajo. Si ası́ fuese, si
el capitalista pagase al obrero menos que el equivalente de su trabajo, entonces el capitalista
podrı́a ganar só lo en la medida en que el obrero perdiera, pero nunca má s. El capitalista
como comprador y el obrero como vendedor só lo podrı́an colocarse en una situació n
mutuamente desventajosa en la misma medida en que pueden hacerlo dos naciones que
comercian. Si una de estas naciones le paga continuamente a la otra menos del valor total, la
primera podrá enriquecerse y la segunda empobrecerse, pero la riqueza total de ambas no
podrá ser mayor al final de lo que era al principio de su intercambio (o al menos ası́ lo creı́an
los mercantilistas). Es evidente que tal proceso no podı́a continuar durante mucho tiempo o
en gran escala porque pronto la parte en desventaja debı́a extinguirse. En consecuencia, el
problema a resolver es el siguiente: ¿có mo puede ser que el obrero reciba el valor de cambio
total por su mercancı́a y sin embargo exista un excedente del cual vive la clase capitalista?
¿Có mo puede ser que el obrero no sea engañ ado en el contrato de trabajo y sin embargo sea
explotado? ¿Cuá l es la fuente de la plusvalı́a? Esa es la pregunta que se plantea Marx en las
primeras cien pá ginas del capı́tulo sobre el capital.
XXV

Despué s de llevar a cabo una revisió n sistemá tica de las formas primarias del capital (capital
mercantil o capital dinero) y despué s de situar el problema dentro del enfoque histó rico

25 Ibid., pp. 153, 158


El Marx desconocido

adecuado, Marx resume el aná lisis condensando el proceso de la producció n capitalista en


dos componentes fundamentales, en dos elementos bá sicos:

1) El trabajador intercambia su mercancı́a —el trabajo, el valor de uso que como


mercancı́a tambié n tiene un precio, como todas las demá s mercancı́as—, por
determinada suma de valores de cambio, determinada suma de dinero, que el capital le
cede.
2) El capitalista recibe en cambio el trabajo mismo, el trabajo en cuanto actividad que
pone valores; es decir, recibe en cambio la fuerza productiva que mantiene y reproduce
al capital y que, con ello, se transforma en fuerza productora y reproductora del capital
en una fuerza perteneciente al propio capital 26.

Al examinarlo, el primer proceso de cambio aparece claramente comprensible; Marx se


limita a decir que el trabajador entrega trabajo y recibe salarios en cambio. Pero el segundo
proceso no parece ser en absoluto un intercambio pues hasta su formulació n es unilateral y
asimé trica. De eso precisamente se trata, dice Marx. En una transacció n de cambio corriente,
lo que cada una de las partes hace con la mercancı́a que recibe es ajeno a la estructura del
cambio en sı́. Al vendedor no le interesa si el comprador utiliza la mercancı́a adquirida para
fines productivos o no: eso es asunto privado y no tiene importancia econó mica en el
proceso de cambio propiamente dicho. En el caso especı́fico del "cambio" entre trabajo y
salarios, sin embargo, el uso que el comprador de trabajo da a su mercancı́a tiene suma
importancia para é l, no só lo en el aspecto privado sino tambié n en su condició n de homo
ceconomicus. El capitalista entrega salarios (valores de cambio) por el uso del trabajo (por su
valor de uso) só lo a fin de convertir este valor de uso en valor de cambio adicional.
XXVI

Aquı́... el valor de uso de lo que se cambia por el dinero se presenta como una relació n
econó mica especial, y la utilizació n determinada de lo que se cambia por el dinero
constituye el fin ú ltimo de los dos procesos. Es esto, por ende, lo que ya en lo formal
diferencia del intercambio simple al intercambio entre el capital y el trabajo; dos
procesos distintos... En el intercambio entre el capital y el trabajo el primer acto es un
intercambio, pertenece enteramente a la circulació n habitual; el segundo es un proceso
cualitativamente diferente y só lo by misuse se le puede considerar como intercambio
del tipo que fuere. Se contrapone directamente al intercambio; categorı́a
esencialmente diferente 27.

Luego de hacer varias digresiones, Marx pasa a examinar extensamente esta "categorı́a
esencialmente diferente". Abordando la cuestió n a travé s de la distinció n entre el valor de
uso y el valor de cambio de la mercancı́a trabajo, señ ala que el valor de cambio del trabajo
está determinado por el valor de los productos y servicios necesarios para mantener y
reproducir al trabajador. Mientras el capitalista pague al trabajador un salario
suficientemente elevado como para permitirle seguir viviendo y trabajando, habrá pagado el
valor total del trabajo y la relació n de cambio definida en el contrato de trabajo será una
relació n equivalente. El capitalista ha pagado el valor de cambio total y justo de la mercancı́a.

26 Ibid. Pp.185.
27 Ibid., pp. 185-186.
El Marx desconocido

Pero lo que ha comprado en realidad es cierto nú mero de horas de control y decisió n sobre
la actividad productiva del obrero, sobre su capacidad creadora, ha comprado su capacidad
de trabajo. Marx introduce aquı́ por primera vez el cambio en la terminologı́a que
corresponde a su descubrimiento de la "categorı́a esencialmente diferente". Lo que el obrero
vende no es "trabajo" sino fuerza de trabajo (Arbeitskraft); no una mercancı́a como cualquier
otra, sino una mercancı́a ú nica28 . Só lo el trabajo tiene la capacidad de crear valores donde
anteriormente no existı́a valor alguno, o la posibilidad de crear valores mayores que los
necesarios para mantenerse a sı́ mismo. En resumen, só lo el trabajo es capaz de crear
plusvalía. El capitalista compra el control sobre ese poder creador y hace que este poder se
ocupe de la producció n de mercancı́as para el cambio durante determinado nú mero de
horas. Marx denomina explotació n a esta renuncia del obrero al control sobre su poder
creador.
XXVII

No es esta la ocasió n má s apropiada para examinar en detalle la teorı́a de la plusvalı́a de


Marx, de la cual las ideas formuladas aquı́ son la piedra angular. Baste pues con decir que
Marx comienza en esta obra no só lo a resolver el problema de có mo puede producirse la
explotació n a pesar del hecho de que el contrato de trabajo sea un cambio de equivalentes,
sino que tambié n inicia la tarea cientı́fica fundamental de la cuantificació n. La explotació n es
para Marx un proceso verificable en variables empı́ricas especı́ficas que, al menos en
principio, está n sujetas a medidas precisas junto con la dimensió n econó mica. Pero las
variables que Marx quisiera que midié semos no son aquellas citadas generalmente en las
revisiones crı́ticas de su teorı́a. La explotació n no consiste en la desproporció n entre el
ingreso de la clase obrera y el ingreso de la clase capitalista. Estas variables só lo miden la
desproporció n entre salarios y ganancias. Puesto que las ganancias son só lo un fragmento de
la plusvalı́a en general, este ı́ndice só lo reflejarı́a un fragmento del significado de Marx.
Tampoco es posible medir totalmente la explotació n considerando los salarios como
porcentaje del PNB pues este ı́ndice só lo mide la tasa de explotació n en un añ o dado. Marx
afirma en los Grundrisse —y lo hace quizá s con mayor claridad que en ningú n otro trabajo—
que el empobrecimiento del obrero debe medirse segú n la potencia del mundo que, en
conjunto, é l mismo construye obedeciendo a la voluntad de los capitalistas:

Má s bien tiene que empobrecerse. . . ya que la fuerza creadora de su trabajo en cuanto
fuerza del capital, se establece frente a é l como poder ajeno.. .Todos los adelantos de la
civilizació n, por consiguiente, o en otras palabras todo aumento de las fuerzas
productivas sociales, if you want de las fuerzas productivas del trabajo mismo —tal
como se derivan de la ciencia, los inventos, la divisió n y combinació n del trabajo, los
medios de comunicació n mejorados, creació n del mercado mundial, maquinaria, etc. —
no enriquecen al obrero sino al capital una vez má s, só lo acrecientan el poder que
domina al trabajo, aumentan só lo la fuerza productiva del capital 29 .
XXVIII

En consecuencia, un ı́ndice de la explotació n y el empobrecimiento, que captase exactamente


las variables a que se referı́a Marx, tendrı́a que ordenar, por una parte, las propiedades
reales de la clase obrera y por la otra el valor de todo el capital de todas las fá bricas,
servicios, inversiones de infraestructura, instituciones y establecimientos militares que se
encuentran bajo el control de la clase capitalista y sirven a sus objetivos polı́ticos. No só lo el
valor econó mico sino tambié n el poder polı́tico y la influencia social de estos patrimonios

28 Cf. Ibid. pp. 193-194. Para "control" y "disposició n", vé ase pp. 193, 195, 201, 215, etc.
29 Ibid., pp. 214, 215.
El Marx desconocido

fijos tendrı́an que ser incluidos en la ecuació n. Solamente una estadı́stica de este tipo serı́a
adecuada para probar si la predicció n de Marx acerca de la explotació n y el
empobrecimiento crecientes ha sido confirmada o no por el curso del desarrollo capitalista.
No es necesario que nos detengamos a examinar aquı́ los diversos pasos a travé s de los
cuales construye Marx su idea fundamental de que la producció n capitalista implica una
categorı́a radicalmente diferente del simple cambio de mercancı́a, dentro de la teorı́a de la
acumulació n capitalista que presenta má s tarde —y ya totalmente desarrollada— en El
capital. La explotació n ocurre "a espaldas del proceso de cambio": he aquı́ la idea
fundamental que señ ala su penetració n má s allá de la crı́tica a la sociedad burguesa como
sociedad mercantil. Podemos pasar ahora a examinar hasta qué punto el texto de los
Grundrisse justifica las arrolladoras afirmaciones hechas por Marx, en su Prefacio de 1859,
acerca de sus nuevos logros cientı́ficos. Nos dedicaremos particularmente a descubrir si los
Grundrisse suministran una mayor dilucidació n del famoso pasaje sobre la revolución
incluido en el Prefacio:

Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la


sociedad chocan con las relaciones de producció n existentes, o, lo que no es má s que la
expresió n jurı́dica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han
desenvuelto hasta allı́. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas
relaciones se convierten en trabas suyas. Se abre ası́ una é poca de revolució n social 30.
XXIX

Pese a que existen reminiscencias de este pasaje en algunos de los primeros trabajos, ası́
como tambié n, en una ocasió n, en El capital 31 , estas referencias son de un orden tan general
que resultan prá cticamente inú tiles. Sobre todo, en ningú n momento se aclara exactamente
qué ha de incluirse en el rubro "fuerzas productivas" o "relaciones de producció n".
¿Debemos entender que "fuerzas productivas materiales" significa só lo el aparato
tecnoló gico y "relaciones de producció n" el sistema polı́tico-legal? En otras palabras: ¿la
expresió n "fuerzas materiales" es só lo otra forma de decir "infraestructura"? ¿"Relaciones"
quiere decir "superestructuras"? ¿A qué exactamente se refieren estos té rminos?
La clave fundamental para descifrar lo que Marx tenı́a in mente cuando hablaba de
"relaciones de producció n" —para comenzar con la primera parte de la dicotomı́a— ya se
encuentra en el Prefacio mismo. Marx escribe que las formas polı́tico-jurı́dicas tales como las
relaciones de propiedad no son estas "relaciones de producció n" en sı́ mismas, sino
simplemente una expresión de estas relaciones. Desde este punto de partida, se pueden
considerar los Grundrisse como un extenso y detallado comentario de la naturaleza de estas
"relaciones". Porque, ¿qué otra cosa es el capı́tulo sobre el dinero? Marx demuestra aquı́,
como ya hemos visto, que en la sociedad burguesa el dinero no es un mero objeto natural
sino má s bien la forma objetivada de la relación social bá sica dentro de la cual la producció n
capitalista tiene lugar. El dinero es el vı́nculo social que une a los productores y
consumidores que de otra forma se encontrarı́an aislados dentro de la sociedad capitalista, y
constituye los puntos de partida y de conclusió n del proceso de acumulació n. La relació n
social sobre la cual descansan todas las relaciones legales y polı́ticas capitalistas, y de la cual
estas ú ltimas son meras expresiones —segú n lo demuestra Marx en el capı́tulo sobre el
dinero— es la relació n de cambio. El imperativo social es que ni la producció n ni el consumo

Werke, 13, p, 9 y Obras escogidas, I, p. 348.


30

Werke, 4, p. 181, y Miseria de la filosofía, p. 174; Manifiesto comunista, W. 4, p. 467 y Obras escogidas, I, p. 25: El capital I,
31

W. 23, p. 791, y El capital I, cit., pp. 648-649.


El Marx desconocido

pueden producirse sin la intervenció n del valor de cambio. O bien, expresado con otras
palabras, que el capitalista no só lo debe extraer plusvalı́a sino que debe tambié n realizar
plusvalı́a mediante la conversió n del producto excedente en dinero, y que el individuo no
só lo debe tener necesidad de bienes de consumo sino que tambié n debe poseer el dinero
necesario para adquirirlos. Lejos de ser leyes naturales inmutables, estos imperativos
paralelos son caracterizados por Marx como relaciones sociales producidas histó ricamente;
relaciones que a la vez son especı́ficas de la forma capitalista de producció n.
XXX

Con respecto al otro té rmino de la dicotomı́a, resulta fá cil confundirse por la palabra
"material" incluida en la frase "fuerzas productivas materiales". En realidad, la expresió n
alemana original (materielle Produktivkrafte) podrı́a tambié n haber sido traducida como
"fuerzas de la producció n material", y en cualquiera de los dos casos es evidente que para
Marx el té rmino "material" no se referı́a meramente a los atributos fı́sicos de masa, volumen
y situació n. Una má quina es siempre una cosa material, pero que se la utilice de manera
productiva, que se convierta o no en una fuerza productiva, depende de la organizació n
social del proceso productivo, segú n señ ala Marx extensamente en los Grundrisse32 . Las
fuerzas de producció n son en sı́ mismas un producto histó rico y social y para Marx el
proceso productivo es un proceso social. Es necesario enfatizar este punto con el fin de
poner en evidencia que el importante papel que Marx asigna al desarrollo de las fuerzas
productivas materiales bajo el capitalismo no lo convierte en un determinista tecnoló gico.
Por el contrario, no es la tecnologı́a la que obliga al capitalista a acumular, sino la necesidad
de acumular la que lo obliga a desarrollar los poderes de la tecnologı́a. La base del proceso
de acumulació n, del proceso por medio del cual las fuerzas productivas se fortalecen, es la
extracció n de plusvalı́a de la fuerza de trabajo. La fuerza de producció n es la fuerza de
explotació n.
Es evidente entonces que la dicotomı́a formulada por Marx en el Prefacio es idé ntica a la que
existe entre los dos procesos perfectamente diferenciados que Marx identifica en los
Grundrisse como fundamentales para la producció n capitalista: por una parte, la producció n
consiste en un acto de cambio y por la otra, consiste en un acto que es precisamente lo
opuesto al cambio. Por un lado, la producció n es un simple cambio de equivalentes y por el
otro, es la apropiació n violenta del poder creador del obrero. Es un sistema social en el cual
el obrero, como vendedor, y el capitalista, como comprador, son jurı́dicamente partes
contractuales iguales y libres pero es tambié n, y al mismo tiempo, un sistema de esclavitud y
de explotació n. Al comienzo y al final del proceso productivo, se encuentra el imperativo
social de los valores de cambio, pero desde el principio al fin el proceso productivo debe
rendir plusvalı́a. El cambio de equivalentes es la relació n social fundamental de la
producció n, pero la extracció n de no-equivalentes es la fuerza fundamental de la producció n.
Esta contradicció n, inherente al proceso de producció n capitalista, es la fuente de las
contradicciones que Marx esperaba abordar en el perı́odo de la revolució n social.
XXXI

El problema de có mo es posible esperar que sea precisamente esta contradicció n la que
conduzca al derrumbe del sistema capitalista ha obsesionado a los estudiosos de Marx
durante por lo menos medio siglo. Los volú menes de El capital no proporcionan una
respuesta clara. Esta deficiencia está en la raı́z de la "controversia sobre el derrumbe" que
agitó a la socialdemocracia alemana y que aú n hoy continú a planteá ndose
intermitentemente. Verdaderos rı́os de tinta se han gastado en un intento de llenar esta
brecha en el sistema teó rico de Marx. Pero la brecha existe no debido a que el problema
fuese insoluble para Marx, no porque no le encontrara respuesta, sino porque las

32 Grundrisse, pp. 169, 216, 579, tec.


El Marx desconocido

conclusiones a que habı́a arribado en los Grundrisse se mantuvieron enterradas e


inaccesibles para los eruditos hasta 20 añ os despué s de la primera guerra mundial. El capital
es una obra que avanza lenta y cuidadosamente, paso a paso, desde las formas puras de las
relaciones econó micas hacia una aproximació n má s cercana a la realidad histó rico-
econó mica. Nada se prejuzga y no se introducen nuevas teorı́as hasta tanto no se hayan
sentado las bases para las mismas. A ese paso, es fá cil advertir que hubieran sido necesarios
varios volú menes má s de El capital para que Marx hubiese podido llegar al punto que habı́a
alcanzado en el bosquejo de su sistema en los Grundrisse. El capital está penosamente
inconcluso, como una novela de misterio que termina antes de que se descifre el enigma.
Pero los Grundrisse contienen las lı́neas generales del argumento, anotadas por el autor.
Desde el comienzo mismo, las cuestiones econó micas encaradas en los Grundrisse son má s
ambiciosas y se refieren má s directamente al problema del derrumbe capitalista que las
contenidas en El capital tal como llegó a nosotros. En sus ú ltimos trabajos, Marx relega la
relació n entre las personas y las mercancı́as (la relació n de utilidad) a un terreno del que en
ese momento no se ocupa, y acepta el nivel de necesidades del consumidor que prevalece en
el sistema econó mico como un hecho histó rico dado, concedié ndole luego poca atenció n 33.
En general, da por sentado el consumo y centra su investigació n sobre el có mo —y no sobre
el sı́— de la realizació n del excedente. Pero en los Grundrisse Marx comienza con la
afirmació n general de que el proceso de producció n, considerado histó ricamente, no só lo
crea el artı́culo de consumo sino tambié n la necesidad y el estilo de tal consumo 34 .
XXXII

Critica especı́ficamente a Ricardo por relegar el problema de la utilidad a la esfera extra-


econó mica y afirma que la relació n entre consumidor y mercancı́a, a causa de que esta
relació n deriva de la producció n, pertenece decididamente al campo de la economı́a polı́tica
35 Marx tiene plena conciencia no só lo de los aspectos cualitativos sino tambié n de los

cuantitativos del problema del consumo, y ello se evidencia en pá rrafos como el siguiente:

...cada capitalista, ciertamente, exige a sus obreros que ahorren, pero só lo a los suyos,
porque se le contraponen como obreros; bien que se cuida de exigirlo al resto del
mundo de los obreros, ya que é stos se le contraponen como consumidores. In spite de
todas las frases "piadosas", recurre a todos los medios para incitarlos a consumir, para
prestar a sus mercancı́as nuevos atractivos, para hacerles creer que tienen nuevas
necesidades, etc. Precisamente este aspecto de la relació n entre el capital y el trabajo
constituye un elemento fundamental de civilizació n; sobre é l se basa la justificació n
histó rica, pero tambié n el poder actual del capital 36.

Estas consideraciones generales son luego dejadas de lado con una advertencia, dirigida a é l
mismo, de que "esta relació n de producció n y consumo debe ser desarrollada
posteriormente" 37 . Unas cien pá ginas má s adelante se retoma el problema. Despué s de
criticar el hecho de que Ricardo ignore el problema del consumo y referirse a las utó picas
panaceas de Sismondi contra la superproducció n, Marx formula la contradicció n inherente
al capitalismo como una "contradiccion entre la producció n y la realizació n" de la plusvalı́a.
"Para comenzar, existe un lı́mite de la producció n, no de la producció n en general, sino de la

33 El capital I, W. 23, pp. 49-50. Secció n primera, cap. I, p. I


34 Grundrisse. Pp, 13-18.
35 Ibid., pp. 178-179 n. 226-227, 763.
36 Ibid., p. 198
37 Ibid.
El Marx desconocido

producció n basada en el capital... Basta demostrar en este punto que el capital contiene una
barrera específica contra la producció n —que contradice su tendencia general a romper
todas las barreras de la producció n— a fin de exponer la base de la superproducció n, la
contradicció n fundamental del capitalismo desarrollado". Segú n se desprende de las lı́neas
siguientes, Marx no quiere decir con el té rmino "super-producció n" simplemente "inventario
excesivo" sino que trata de significar, má s bien, poder productivo excesivo.
XXXIII

Estos lı́mites inmanentes tienen que coincidir con la naturaleza del capital, con sus
determinaciones conceptuales constitutivas. Dichos lı́mites necesarios son:
1) el trabajo necesario como lı́mite del valor de cambio de la capacidad viva de trabajo,
o del salario de la població n industrial;
2) el plusvalor como lı́mite del plustiempo de trabajo y, con respecto al plintiempo
relativo de trabajo, como barrera al desarrollo de las fuerzas productivas
3) lo que es la misma cosa, la transformación en dinero, el valor de cambio en general
como lı́mite de la producció n; el intercambio fundado sobre el valor, o el valor basado
en el intercambio, como lı́mite de la producció n. Esto es:
4) de nuevo lo mismo, como limitación a la producción de valores de uso por el valor de
cambio; o que la riqueza real tiene que adoptar una forma determinada, diferente de sı́
misma y por tanto no absolutamente idé ntica a ella, para transformarse, en general, en
objeto de la producció n 38.

Pese a que un aná lisis exhaustivo de las implicaciones de estas tesis casi crı́pticas requerirı́a
un libro, se hace evidente de inmediato que estos cuatro "lı́mites" só lo representan aspectos
diferentes de la contradicció n entre "fuerzas productivas" y "relaciones sociales de
producció n". La tarea de mantener las enormes potencias de la extracció n de plusvalı́a
dentro de los lı́mites fijados por la necesidad de convertir esta plusvalı́a en valor de cambio
se hace cada vez má s difı́cil a medida que el sistema capitalista avanza hacia sus etapas de
mayor desarrollo. En té rminos prá cticos, estos cuatro "lı́mites" podrı́an formularse como
cuatro alternativas polı́tico-econó micas, vinculadas entre sı́ aunque mutuamente
contradictorias, entre las cuales debe escoger el sistema capitalista, pese a que no le
convenga escoger: 1) los salarios deben ser incrementados para aumentar la demanda
efectiva. 2) Debe extraerse menos plusvalı́a. 3) Los productos deben ser distribuidos sin
tener en cuenta la demanda efectiva. 4) Los productos que no pueden ser vendidos no deben
ni siquiera ser producidos. La primera y la segunda de las alternativas dan por resultado una
reducció n de la ganancia; la tercera es imposible desde el punto de vista del capital (excepto
como subterfugio polı́tico) y la cuarta equivale a la depresió n.
XXXIV

Lo má s notable y lo que má s debe enfatizarse en la teorı́a de Marx acerca del derrumbe
capitalista, segú n advertimos a esta altura, es su gran amplitud y flexibilidad. Las crisis
catastró ficas que se resuelven finalmente en un crescendo revolucionario son só lo una de las
variantes posibles del proceso de derrumbe y, en realidad, Marx hace poco hincapié en este
tipo de crisis en los Grundrisse. Por cada posible tendencia hacia el derrumbe, Marx
menciona una cantidad de tendencias dilatorias. Esta lista incluye el desarrollo del

38 Ibid., pp. 318-319. Un modelo de cinco elementod de un sistema capitalista cerrado, del cual deduce Marx al

imposibilidad de la reproducció n ampliada debido a la imposibilidd de la realizació n, aparece en la pp. 336-347. Sobre la
realizació n vé ase tambié n pp. 438-442
El Marx desconocido

monopolio, la conquista del mercado mundial y, significativamente, Marx menciona tambié n


el pago de "salarios excedentes" a los obreros por parte de los capitalistas 39. Teniendo en
cuenta esto, la teorı́a del derrumbe de Marx en los Grundrisse suministra una importante
ampliació n de la afirmació n hecha en el Prefacio de que "ninguna formació n social
desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de
ella" 40 . Cuando se consideran todos los requisitos que, segú n Marx, deben cumplirse antes
de que el orden capitalista esté listo para ser derrocado, llegamos a preguntarnos si el
fracaso de los movimientos revolucionarios previos en Europa y los Estados Unidos no
podrı́a imputarse só lo a falta de madurez.

El gran sentido histó rico del capital es el de crear este plustrabajo, trabajo superfluo
desde el punto de vista del mero valor de uso, de la mera subsistencia. Su
determinació n histó rica está cumplida, por un lado cuando las necesidades está n tan
desarrolladas que el plustrabajo sobre lo necesario está má s allá de la necesidad
natural, surge de las mismas necesidades individuales; por otra parte, la disciplina
estricta del capital, por la cual han pasado las sucesivas generaciones, ha desarrollado
la laboriosidad general como cualidad general de la nueva generació n; finalmente, por
el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo, a las que azuza continuamente el
capital —en su afá n ilimitado de enriquecimiento y en las ú nicas condiciones bajo las
cuales puede realizarse ese afá n—, esa laboriosidad general ha prosperado tanto que
la posesió n y conservació n de la riqueza general por una parte exigen tan só lo un
tiempo de trabajo menor para la sociedad entera, y que por otra la sociedad laboriosa
se relaciona cientı́ficamente con el proceso de su reproducció n progresiva, de su
reproducció n en magnitud cada vez mayor: por consiguiente, ha cesado de existir el
trabajo en el cual el hombre hace lo que puede hacer que las cosas hagan en su lugar41.
XXXV

En esta larga oració n vale la pena destacar, entre otras cosas, la afirmació n de que el orden
capitalista no se encontrará maduro para la revolució n hasta que la clase obrera —lejos de
verse reducida al nivel de bestias andrajosas y miserables— haya ampliado su consumo por
encima del nivel de la mera subsistencia fı́sica y comience a considerar el disfrute de los
productos del trabajo excedente como una necesidad general. En vez de la imagen de un
proletariado hambriento que muere lentamente como consecuencia de una jornada de 18
horas en una mina o en un taller, Marx presenta aquı́ al proletario bien alimentado,
cientı́ficamente capacitado, para quien una jornada de ocho horas puede hasta llegar a ser
una pé rdida de tiempo. En otro pasaje, Marx va aun má s allá : vislumbra un aparato
productivo capitalista má s totalmente automatizado que el de cualquier sociedad actual y
expresa que, pese a la virtual ausencia —dentro de este orden social— de una "clase obrera"
segú n se la define corrientemente, esta organizació n econó mica debe derrumbarse.

En la medida, sin embargo, en que la gran industria se desarrolla, la creació n de la


riqueza real se vuelve menos dependiente del tiempo trabajado y del cuanto de trabajo
empleado que del poder de los agentes puestos en movimiento durante el tiempo de
trabajo, y cuya powerful effectiveness por su parte no guarda relació n alguna con el
tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producció n, sino que depende má s bien del

39 Ibid., p. 341.
40 Werke, 13, p. 9 y Obras escogidas 1, p. 348.
41 Grundrisse, p. 231.
El Marx desconocido

estado general de la ciencia y del progreso de la tecnologı́a[...]


XXXVI

La riqueza real se manifiesta má s bien —y esto lo revela la gran industria— en la


enorme desproporció n cualitativa entre el trabajo, reducido a una pura abstracció n, y
el poderı́o del proceso de producció n vigilado por aqué l. El trabajo ya no aparece tanto
como estando incluido en el proceso de producció n; el hombre se comporta má s bien
como supervisor y regulador con respecto al proceso productivo [...] Se presenta al
lado del proceso de producció n, en lugar de ser su agente principal. En esta
transformació n lo que aparece como pilar fundamental de la producció n y de la
riqueza no es ni el trabajo directo ejecutado por el hombre ni el tiempo por é l
trabajado, sino la apropiació n de su propia fuerza productiva general, su comprensió n
de la naturaleza y su dominio de la misma, gracias a su existencia como cuerpo de la
sociedad; en una palabra, el desarrollo del individuo social. El robo del tiempo de
trabajo ajeno, sobre el cual se funda la riqueza actual, aparece como una base miserable
comparada con la base recié n desarrollada, creada por la gran industria misma. Tan
pronto como el trabajo en forma directa ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza,
el tiempo de trabajo deja, y tiene que dejar, de ser su medida y por tanto el valor de
cambio [de ser la medida] del valor de uso [...] Con ello se desploma la producció n
fundada en el valor de cambio [...] El capital es la contradicció n en proceso, [puesto]
que se esfuerza por reducir a un mı́nimo el tiempo de trabajo, mientras que por lo
demá s pone al tiempo de trabajo como ú nica medida y fuente de la riqueza. Disminuye
el tiempo de trabajo en la forma de tiempo de trabajo necesario, para aumentarlo en la
forma del superfluo; pone, por tanto, cada vez má s el superfluo como condició n —
question de vie et de mort— del necesario. Por un lado despierta a la vida todos los
poderes de la ciencia y de la naturaleza, ası́ como de la cooperació n social y del
intercambio social, para hacer que la creació n de la riqueza sea (relativamente)
independiente del tiempo de trabajo empleado en ella. Por el otro lado, procura medir
con el tiempo de trabajo esas gigantescas fuerzas sociales creadas de esta suerte y
reducirlas a los lı́mites imprescindibles para que el valor ya creado se conserve como
valor. Las fuerzas productivas y las relaciones sociales —unas y otras, aspectos
diversos del desarrollo del individuo social— se le aparecen al capital ú nicamente
como medios, y no son para é l má s que medios para producir fundá ndose en su
mezquina base. In fact, empero, constituyen las condiciones materiales para hacerla
volar por los aires 42
XXXVII

Este y otros pasajes similares de los Grundrisse demuestran una vez má s, por si fuesen
necesarias má s pruebas, que la aplicabilidad de la teorı́a marxista no está limitada a las
condiciones industriales del siglo XIX. Serı́a sin duda una teorı́a mezquina la que predijera el
derrumbe del orden capitalista, só lo cuando ese orden consistiese en el trabajo de los niñ os,
los talleres de trabajo excesivo con bajos salarios, la desnutrició n cró nica, las pestes y todos
los demá s azotes de sus etapas primitivas. No es necesario poseer genio alguno, y sı́ muy
poca ciencia, para revelar las contradicciones de tal condició n. Sin embargo, Marx continú a
imaginando las mayores posibilidades del sistema capitalista, otorgando al sistema —el
pleno desarrollo de todos los poderes que le son inherentes y exponiendo luego las
contradicciones que deben conducir a su derrumbe.
El gradual descubrimiento de los Grundrisse por parte de los estudiosos y seguidores de

42 Ibid., pp. 592-594.


El Marx desconocido

Marx debe tener una influencia muy estimulante. Este trabajo sacude el esquema mental, el
marco está tico de fó rmulas y consignas a que ha sido reducido gran parte del marxismo
despué s de un siglo de abandono, noventa añ os de socialdemocracia, ochenta añ os de
"materialismo dialé ctico" y setenta añ os de revisionismo. Para expresarlo má s
ené rgicamente, los Grundrisse hacen estallar la mente y entonces parece ineludible extraer
una serie de conclusiones.
En primer lugar, este trabajo hará imposible o al menos desesperadamente frustrante
dicotomizar el trabajo de Marx en "nuevo" y "viejo", en elementos "filosó ficos" y
"econó micos". Los entusiastas de Hegel y los partidarios de Ricardo tambié n encontrará n
estimulante el trabajo o, a la inversa, igualmente frustrante, ya que los Grundrisse son, por
ası́ decirlo, la glá ndula pineal a travé s de la cual estos dos grandes antecedentes de Marx se
entregan a una ó smosis recı́proca 43. Contienen dos pasajes que formulan ideas ricardianas
con lenguaje hegeliano e ideas hegelianas con lenguaje ricardiano; el intercambio es directo
y fructı́fero.
XXXVIII

Pese a que no hemos examinado este problema en detalle, el lector de los Grundrisse
encontrará una lı́nea directa de continuidad que se remonta a muchas de las ideas de los
Manuscritos de 1844 y, desde la perspectiva de los Grundrisse, no estará muy claro si los
manuscritos anteriores eran en efecto un trabajo de filosofı́a o sencillamente una fusió n de
lı́neas de pensamiento econó mico y filosó fico para las cuales no existe un antecedente
moderno. De la misma manera, desde la perspectiva de los Grundrisse, las oscuridades
aparentemente té cnicas de El capital revelará n todo su sentido. Los Grundrisse son el
eslabó n perdido entre el Marx maduro y el Marx joven.
Por otra parte, el hecho de que Marx realice una serie de nuevos descubrimientos y
progresos en los Grundrisse, debe alertar a los estudiosos y seguidores de su obra con
respecto a las deficiencias econó micas de los primeros trabajos. Los Grundrisse contienen el
registro grá fico del descubrimiento y la sistematizació n de Marx sobre la teorı́a de la
plusvalı́a, sobre la cual está construida su teorı́a del derrumbe capitalista. Y si ello no fuese
ya evidente, una lectura de este trabajo aclarará que la teorı́a de la plusvalı́a no era un
elemento funcional del modelo econó mico sobre el cual se basa el Manifiesto. En 1848, Marx
tenı́a conciencia de la existencia de un excedente pero no tenı́a conciencia, por cierto, de la
importancia de este elemento. Existen pruebas de que Marx conocı́a la teorı́a ricardiana del
excedente en otros escritos econó micos anteriores (Miseria de la filosofía y Trabajo
asalariado y capital) pero estos trabajos demuestran igualmente que la teorı́a de la plusvalı́a
no se habı́a convertido en una parte funcional del modelo econó mico sobre el cual basaba
Marx sus predicciones. Por ejemplo, la primera teorı́a de Marx sobre salarios y ganancias es
evidentemente una funció n de un modelo de oferta-demanda del sistema econó mico. Y será
necesario volver a examinar crı́ticamente, a la luz del modelo posterior de la plusvalı́a, esta
primera teorizació n. Al menos en un á rea-problema importante (la cuestió n de la
polarizació n de clases), se puede demostrar que la profecı́a del Manifiesto es refutada
explı́citamente por Marx en un trabajo posterior, sobre la base de su teorı́a de la plusvalı́a 44.
Hay, por otra parte, una cuestió n que debe ser examinada no só lo en funció n de ella misma
sino tambié n para aclarar la confusió n que resulta a menudo de preguntar, por ejemplo, qué
opinaba Marx sobre la posibilidad de incremento de la pauperizació n. Esa cuestió n es:
¿cuá ntas otras discrepancias existen y cuá ntas de entre ellas pueden rastrearse hasta las

43 Los editores han suministrado un ı́ndice exhaustivo de todas las referencias notorias y ocultas a Hegel, ası́ como el ı́ndice

de Marx de las obras de Ricardo.


44 Cf. MARTIN NICOLAUS, "Hegelian Chorcography and the Capitalist Dialectic: Proletariat and Middle Class in Marx", en

Studies on the LO VII: I, Jan-Feb., 1967, pp. 22-49.


El Marx desconocido

diferencias entre el primer modelo de mercado y el modelo posterior de la plusvalı́a?


XXXIX

Se deduce de todo ello que aú n no se ha escrito el manifiesto polı́tico marxista má s
importante. Fuera de la breve Crítica del Programa de Gotha (1875), no existe declaració n
política programá tica alguna basada de lleno en la teorı́a de la plusvalı́a y que incorpore la
teorı́a de Marx sobre el derrumbe capitalista, segú n aparece expuesta en los Grundrisse. No
existen fundamentos para repudiar el Manifiesto de 1848 en su conjunto, aunque sı́ existen
razones para someter a todas sus tesis y puntos de vista a un nuevo examen crı́tico a la luz
de la teorı́a de la plusvalı́a del propio Marx. Podrı́an surgir muchas sorpresas inquietantes si,
por ejemplo, se publicase una edició n del Manifiesto que contuviera anotaciones exhaustivas
y detalladas extraı́das de los escritos posteriores, punto por punto y lı́nea por lı́nea.
Evidentemente, la teorı́a de la plusvalı́a es fundamental para el pensamiento de Marx. Hasta
podrı́a decirse que, junto con sus derivaciones, es la teorı́a de Marx. Pero, ¿cuá ntos grupos
polı́ticos marxistas y cuá ntos crı́ticos marxistas de Marx hacen de la teorı́a de la plusvalı́a el
punto de partida de sus aná lisis? La ú nica obra contemporá nea importante en la cual la
plusvalı́a desempeñ a el principal papel es: El capital monopolista45, de Baran y Sweezy. Pese
a sus deficiencias, este trabajo señ ala el camino marxista correcto y sienta las bases
indispensables para el tipo de aná lisis que debe hacerse si la teorı́a de Marx sobre el
capitalismo ha de afirmar nuevamente su relevancia polı́tica.
Lamentablemente —y ello desde varios puntos de vista— El capital monopolista termina por
llegar a la conclusió n (o quizá sea má s exacto decir que comienza dando por supuesto) de
que no es actualmente previsible la revolució n nacional dentro de los paı́ses capitalistas
desarrollados. Este razonamiento puede y debe ser confrontado con la tesis de Marx,
sustentada en los Grundrisse, de que todos los obstá culos para la revolució n, tales como los
que citan Baran y Sweezy, es decir el monopolio, la conquista del mercado mundial, la
tecnologı́a avanzada y una clase obrera má s pró spera, no son sino las condiciones previas
que posibilitan la revolució n. De la misma manera, no se puede decir que la visió n de Marx
de la contradicció n fundamental del capitalismo —segú n la fó rmula de los Grundrisse— haya
sido nunca explorada exhaustivamente y aplicada a una sociedad capitalista actual. En este
aspecto, El capital monopolista se queda lamentablemente corto. Los resultados de tal
aná lisis pueden tambié n contener algunas ideas sorprendentes. En fin, el trabajo que resta
por hacer es mucho.
XL

Podemos por ú ltimo llegar a afirmar que, despué s de todo, esa es la conclusió n má s
importante que se puede extraer de los Grundrisse. Este trabajo —debido a que subraya las
deficiencias de los primeros escritos econó micos y pone de relieve la naturaleza
fragmentaria de El capital— puede servir para recordar que Marx no era un vendedor de
verdades prefabricadas sino un creador de instrumentos. El mismo no llegó a completar la
ejecució n del diseñ o. Pero los planos de su palanca para mover al mundo se conocen por fin.
Ahora que la obra maestra sin pulir de Marx ha visto la luz, la construcció n del marxismo
como ciencia social revolucionaria que expone las raı́ces de la sociedad industrial, aun de la
má s avanzada, se convierte en una posibilidad.
MARTIN NICOLAUS

45 . PAUL A. BARAN y PAUL M. SWEEZY, El capital monopolista, Siglo XXI, Mé xico, 1968.
Prólogo de la primera edición en alemán (Moscú, 1939)

XLI

PROLOGO DE LA PRIMERA EDICION EN ALEMAN (Moscú, 1939)

El manuscrito de 1857-1858, que se publica en este volumen por primera vez y en forma
completa, señ ala una etapa decisiva en la obra econó mica de Marx.
Hacia 1848 estaban trazadas las lı́neas fundamentales de su teorı́a sobre la plusvalı́a, piedra
angular de su doctrina econó mica; un trabajo gigantesco (desde 1843) quedaba a sus
espaldas. Habı́a escudriñ ado todo el dominio de la economı́a polı́tica y extractado todo lo
importante en esa esfera, consigná ndolo en mú ltiples cuadernos. Los puntos fundamentales
de su concepció n habı́an sido "bosquejados por primera vez cientı́ficamente, aunque só lo de
manera polé mica", en la Misére de la philosophie, publicada por é l en 1847 y dirigida contra
Proudhon.
Con la solució n del problema fundamental, empero, el trabajo distaba de haber finalizado;
má s bien, apenas comenzaba.
En la Misére de la philosophie Marx aceptaba aú n, entre otras, la teorı́a monetaria de Ricardo
(Hume-Montesquieu), ası́ como su teorı́a de la renta, cierto que indicando todo aquello que,
incluso desde el punto de vista de Ricardo, habı́a de falso allı́. Marx era plenamente
consciente de la limitació n burguesa que afectaba el horizonte ricardiano en lo concerniente
a la teorı́a de la renta, y tambié n a la teorı́a monetaria, con respecto a la cual Ricardo estaba
histó ricamente rezagado frente a Tooke, por ejemplo. Quedaba aú n por delante el desarrollo
de los pormenores de su propia doctrina econó mica. Se entregó a esa tarea tras la gran
interrupció n de sus estudios motivada por su participació n activa en la revolució n de 1848-
49.
A fines de 1850 reanudó en Londres sus estudios econó micos, que lo llevaron a dominios
especiales de las ciencias histó ricas y naturales. La reiniciació n del trabajo dio motivo a una
nueva confrontació n crı́tica con Ricardo, y la observació n del desarrollo de la sociedad
burguesa hizo necesarios la puesta al dı́a y estudio a fondo de un inmenso material nuevo.
XLII

El desencadenamiento de la crisis de 1857 brindó el motivo inmediato para la recapitulació n


de sus estudios econó micos: Marx querı́a poner en claro al menos los elementos
fundamentales [Grundrisse] antes de la revolució n que, a su juicio, la crisis podı́a suscitar.
Desde octubre de 1857 hasta marzo de 1858, trabajando sobre todo en horas de la noche,
Marx escribió en siete cuadernos el gran manuscrito que aquı́ publicamos:. La introducció n
con la que se abre este tomo surgió en agosto-setiembre de 1857, con anterioridad al resto
del manuscrito. El trabajo de Marx se efectuó en condiciones difı́cilmente imaginables; debı́a
soportar, junto a su familia, la miseria má s extrema. Se procuraba el sustento escribiendo
para perió dicos. En el curso del añ o que va de octubre de 1857 a noviembre de 1858, Marx
redactó no só lo el manuscrito de los 7 cuadernos, que abarca 50 pliegos, y el manuscrito
econó mico de 10 pliegos que le siguió , sino ademá s "por lo menos dos volú menes impresos
de artı́culos de fondo ingleses de omnibus rebus et quisdam aliis" [de todas las cosas, e
incluso de unas cuantas má s],1 principalmente para la New York Daily Tribune y la New
American Cyclopaedia.
Cuando Marx comenzó a escribir tenı́a una visió n meridianamente clara del punto esencial
de la economı́a polı́tica, el problema de la plusvalı́a, pero en el desarrollo de su trabajo le

1 Marx a Lassalle, 12-X1-1858 (en: Ferdinand Lassalle, Nachgelassene Briefe und Schriften. Editados por Gustav Mayer.

Tercer torno [en lo sucesivo mencionado como Lassalle-Nachlass], p. 136).


Prólogo de la primera edición en alemán (Moscú, 1939)

importunaban nuevos detalles imprevistos que correspondı́a aclarar, "porque temas que
desde añ os uno ha convertido en objeto principal de sus estudios, justo cuando se debı́a
haber terminado definitivamente con ellos revelan siempre nuevos aspectos y requieren
nueva consideració n 2".
Redactar el manuscrito no equivalió simplemente a consignar lo analizado con anterioridad.
En el curso del trabajo, Marx arribó a conclusiones que eran descubrimientos, no só lo si se les
confronta con el nivel alcanzado en ese entonces por la economı́a polı́tica. Se enriquecieron
las concepciones econó micas mismas de Marx3. En el aná lisis de problemas vinculados a la
prá ctica econó mica capitalista y que la literatura especializada no solucionaba, no raras
veces Marx recurrió a los idó neos consejos de Engels4, que durante todo el trabajo, como
siempre, lo apoyó en todo respecto y de la manera má s decidida. Sin la asistencia de Engels,
Marx no habrı́a podido dar cima a la obra iniciada en el otoñ o de 1857. El trabajo
demandaba todas las energı́as, y a su té rmino la fuerte constitució n de Marx se vio
quebrantada: en abril de 1858 se enfermó de extenuació n.
XLIII

El objetivo de la obra era el siguiente:

El trabajo del que se trata, por lo pronto, es la crı́tica de las categorı́as econó micas o, if
you Hice [si prefieres], el sistema de la economı́a burguesa expuesto de manera crı́tica.
Es a la vez la exposició n del sistema y, a travé s de esa presentació n, la crı́tica del
mismo. No tengo una idea clara de cuá ntos pliegos insumirá el total. Si tuviera tiempo,
tranquilidad y los medios para redondear el conjunto antes de entregá rselo al pú blico,
lo condensarı́a en buena proporció n. Pero impreso de esta manera —quizá s ello sea
mejor para la comprensió n del pú blico, aunque seguramente irá en detrimento de la
forma—, en fascı́culos consecutivos, la cosa se extenderá un tanto, necesariamente ... El
todo está dividido en 6 libros: 1) Del capital (contiene algunos chapters [capı́tulos]
preliminares). 2) De la propiedad de la tierra. 3) Del trabajo asalariado. 4) Del Estado.
5) Comercio internacional. 6) Mercado mundial. Naturalmente, no puedo menos de
tomar en consideració n crı́ticamente de vez en cuando, a otros economistas, y
particularmente de polemizar contra Ricardo, por cuanto é l, que [en su condició n de]
burgué s, está obligado a incurrir en errores incluso desde el punto de vista
estrictamente económico... After all [Despué s de todo], tengo el presentimiento de que
ahora, cuando tras quince añ os de estudios he llegado al punto de poner manos a la
obra, probablemente interfere [interfieran] turbulentos movimientos del exterior.
Never mind [No importa].
Si finalizo demasiado tarde como para encontrar un mundo receptivo para tales
problemas, la falta evidentemente es my own [solamente mı́a] 5.
XLIV

Los primeros bosquejos de un plan de exposició n los elaboró Marx a principios de setiembre
de 1857, al té rmino de la introducció n, en la que desarrolló los principios generales para una

2 Marx a Lassalle, 22-11-1858 (Lassalle-Nachlass, p. 111).

« Vé ase, por ejemplo, en este volumen, pp. 58-59, 63, 87. 90, 289 (en este último pasaje Marx pone de relieve, por vez
3

primera, la necesidad de distinguir, en el valor del producto, entre las partes alı́cuotas del capital constante y del variable y de
la plusvalı́a), etc. Compá rense, ademá s, las pp. 217-362 con la carta de Marx a Engels del 14-1-1858 (MEGA, 111/2, p. 274).
4 Compá rense pp. 415-422 de este volumen con la carta de Marx a Engels del 29-1-1858 (MEGA, 111/2, p. 280), pp. 573-

582 y 605-608 con la carta del 2-111-1858 (MEGA, 11112, p. 295); la respuesta de Engels del 4-111-1858 (MEGA, 111/2, pp.
295-297), y Marx sobre ella, 5-111-1858 (MEGA, 111/2, pp. 298-299). Compá rese ademá s la carta de Marx a Engels del 5-111-
1858 (MEGA, 111/2, pp. 298-299) con las pp. 459-461 de este tomo
5 «Marx a Lassalle, 22-11-1858 (Lassalle-Nachlass, isp, 116, 117).
Prólogo de la primera edición en alemán (Moscú, 1939)

distribució n del material (vé ase pp. 26-29)*. Este esbozo de plan sirvió primeramente a
Marx de hilo conductor. Basá ndose en la crı́tica a las concepciones del prudonismo sobre la
naturaleza y las funciones del dinero, Marx elaboró en oposició n a este "falso hermano" del
comunismo cientı́fico su propia teorı́a del dinero, elucidó pormenores que en un comienzo
eran enteramente imprevisibles. Tras resumir los resultados preliminares alcanzados en el
cuaderno I (pp. 130-138), Marx establece la ubicació n de la teorı́a del dinero dentro del
conjunto6 y anota (p. 147) lo que falta por investigar; pese a que llena concienzudamente
todas esas lagunas al final del cuaderno VII7, en los suplementos al "Capı́tulo del dinero",
Marx entendı́a, empero, que en el manuscrito habı́a desarrollado "só lo a muy grandes
rasgos" la teorı́a del dinero 8.
* Las referencias de pá ginas corresponden siempre a la edició n prı́ncipe. El lector de la edició n en españ ol podrá seguirlas a
travé s de la indicació n respectiva que incorporamos al margen y entre corchetes. [N. del E.]

Una vez finalizado el cuerpo principal del "Capı́tulo del dinero" (pp. 35-148), Marx pasó ,
aproximadamente a mediados de noviembre de 1857, a su tema principal, al que desarrolla
en el "Capı́tulo del capital". En las pá ginas 151-175 se investigan las condiciones de la
transformació n del dinero en capital. En este contexto, Marx retorna a la divisió n del
conjunto al delinear un nuevo esquema, el má s ampliamente pormenorizado de todos los
correspondientes a los seis libros del capital, la propiedad de la tierra, el trabajo asalariado,
el Estado, el comercio exterior y el mercado mundial, y un plan particularmente detallado
del libro del capital 9 —subdividido en seis partes—, ası́ como el ú nico esquema
circunstanciado del libro del Estado 10.
XLV

Pero pocas pá ginas má s adelante, tras un aná lisis de los supuestos y condiciones del
intercambio entre el capital y el trabajo asalariado (pp. 177-186) traza un nuevo esquema —
esta vez integrado por tres partes—11 del libro del capital y bosqueja la transició n de la
teorı́a del capital a la teorı́a de la propiedad de la tierra y del trabajo asalariado 12, a cuyo
efecto prevé un apartado sobre el capital en cuanto mercado monetario 13 y, dentro de esta
secció n principal, las de los mercados de productos interior y exterior 14.
El trabajo prosiguió desarrollá ndose conforme a este esquema en tres partes, establecido en
noviembre de 1857, por lo menos hasta mediados de 1862, cuando Marx tomó la decisió n de
no hacer aparecer el libro del capital como continuació n de los dos capı́tulos editados en
1859 bajo el tı́tulo de Contribución a la crítica de la economía política, sino como obra
independiente15: El capital, con el subtı́tulo de Crítica de la economía política.
El tema principal tratado en los cuadernos II al VII del manuscrito es el del capital, o má s
bien el de la primera secció n del libro del capital: "El capital en generar" 16, tal como Marx lo
habı́a previsto en el esquema de la pá gina 186; pero aparte de esta primera secció n, que

Vé ase pp. 138-139.


6

Vé ase pp. 675-701, 717-718, 718-719, 721-723, 745-762.


7
8 Marx a Engels, 29-XI-1858 (MEGA, III/2, p. 349).
9 Veá se p. 175.
10 Vé ase p. 175.
11 Vé ase pp. 186-187
12 Vé ase pp. 187-190.
13 Veá se pp. 186-187, 191.
14 Vé ase pp. 191-192, 434.
15 Compá rese Marx a Lassalle, 28-111-1859 (Lassalle•Nachlass, p. 169), principios de octubre de 1859 (iUd., p. 224) y 30-1-

1860 (ibíd., p. 247), a Kugelmann, 28-X11-1862 (Karl Marx, Briefe an Kugelmann (aus den Jahren von 1862 bis 1864). Con una
introducció n de N. Lenin, 2a edició n corregida y aumentada. Berlı́n, 1927; pp. 15-16) y Theorien über den Mehrwert, tomo 111,
p. VIII, donde se reproduce el plan trazado en enero de 1863, que remplaza al esquema de noviembre de 1857 (p. 186 de este
tomo).
16 Compá rese la carta a Engels del 2 de abril de 1858 (MEGA, 111/2, pp. 308 y 309) con la p. 186 de este tomo.
Prólogo de la primera edición en alemán (Moscú, 1939)

debı́a comprender los capı́tulos del valor (de la mercancı́a), del dinero o de la circulació n
simple y del capital en general (subdividido este ú ltimo en tres partes: 1) Proceso de
producció n del capital; 2) proceso de circulació n del capital y 3) unidad de ambos o capital y
beneficio, interé s) 17 , en el manuscrito se encuentra un riquı́simo material correspondiente
a las otras tres secciones del libro del capital (sobre la competencia o la acció n de los
diversos capitales entre sı́; sobre el cré dito, donde el capital se presenta como elemento
general frente a los capitales individuales; sobre el capital por acciones como la forma má s
acabada del capital (tendiente hacia el comunismo), a la vez con todas sus contradicciones),
ası́ como relativo a los cinco libros restantes: de la propiedad de la tierra, del trabajo
asalariado, del Estado, del comercio exterior, del mercado mundial; no era, por cierto, la
intenció n de Marx "elaborar de manera pareja" "los seis libros en los que" se divide "el
conjunto", "sino en los tres ú ltimos trazar meramente las lı́neas principales, mientras que en
los tres primeros, que contienen el aná lisis econó mico realmente fundamental, no en todas
partes se pueden evitar explicaciones muy prolijas" 18.
XLVI

A fines de marzo de 1858, cuando Marx cayó enfermo de fatiga, el trabajo estaba finalizado,
aunque no en una redacció n definitiva. En el ı́nterin se habı́a encontrado un editor —Franz
Duncker, en Berlı́n— para la publicació n de las dos primeras entregas y, segú n el é xito de la
primera de ellas, tambié n para la continuació n de toda la obra en una serie de fascı́culos, que
Engels estimó en no menos de quince 19. Ahora se trataba, pues, de preparar para la
imprenta los dos primeros capı́tulos, el primer fascı́culo.
Por el momento el trabajo quedó interrumpido a causa del estado de salud de Marx. Para
recuperarse, pero especialmente para discutir punto por punto con Engels el trabajo
pró ximo, Marx viajó a Manchester el 6 de mayo de 1858 y permaneció allı́ hasta el dı́a 20,
aproximadamente. De regreso en Londres, no inició de inmediato la redacció n de ambos
capı́tulos, sino que hizo primero un par de extractos del Economist; en una reseñ a publicada
por é ste se reproducı́an amplios pasajes del libro de Maclaren, que Marx reprodujo al
té rmino del cuaderno VII (pp. 761-762). Hasta el 31 de mayo Marx no se sintió "in working
order" [en condiciones de trabajar], y entonces comenzó "de inmediato con la preparació n
para la imprenta" 20.
Para empezar, a comienzos de junio leyó del principio al fin el texto del borrador, recié n
concluido, y anotó en las ú ltimas pá ginas del cuaderno M todo lo que, en los cuadernos I-VII,
guardaba relació n con los dos primeros capı́tulos. Sin este trabajo no podrı́a ni pensarse en
una "preparació n para la imprenta": "Lo endemoniado es que en el manuscrito (que impreso
formarı́a un tomo bien grueso) todo anda entreverado como un cajó n de mercachifle y
aparecen primero muchas cosas destinadas a partes muy posteriores. Por eso tengo que
hacerme un ı́ndice de en qué cuaderno y en qué pá gina se encuentra, de corrido, toda la
mierda que tengo que utilizar en primer té rmino 21."
XLVII

Ası́ se originó el ı́ndice de conceptos que publicamos en el apé ndice y que Marx tituló "IUndice
de los 7 cuadernos (de la primera parte)".
La primera de las dos versiones de este "IUndice" contiene el esquema estructural —era la
primera vez que se le fijaba por escrito— de toda la primera parte (el proceso de producció n

17 Cf. Marx a Lassalle, 11-11I-1858 (Lassalle-Nachlass, p. 120) y el ı́ndice temá tico de Marx para los 7 cuadernos del

manuscrito [tomo II, de la edic. en esp.].


18 Cf. Marx a Lassalle del 11-111-1858 (Lassalle-Nachlass, p. 120).
19 Vé ase Engels a Marx del 25-V11-1858 (MEGA, 111/2, p. 409) y Marx a Lassalle, del 30-1-1860 (Lassalle-Nachlass, p. 247).
20 Vé ase Marx a Engels, del 31-V-1858 (MEGA, 111/2, P. 320).Prólogo de la primera edición
21 Vé ase la carta anteriormente citada (ibíd., p. 321).
Prólogo de la primera edición en alemán (Moscú, 1939)

del capital) de la primera secció n sobre el capital en general. A diferencia de la segunda


versió n, en la primera se consigna tambié n el material del primer capı́tulo (del valor o de la
mercancı́a). Es de suponer que en la primera versió n del "IUndice" se registran los resultados
del intercambio de opiniones realizado entre Marx y Engels a mediados de 1858 en
Manchester.
Sin embargo, en el verano de 1858 Marx no pudo ir má s allá de la redacció n del "IUndice" y
del comienzo del capı́tulo dedicado al valor (vé ase pp. 763-764). Su salud seguı́a dejando
que desear; su situació n pecuniaria era insoportable: "A mi peor enemigo no le deseo", le
escribió el 15 de julio de 1858 a Engels, "tener que vadear el quagmire [pantano] en el que
forcejeo desde hace ocho semanas, furioso del todo al ver có mo se estropea mi intelecto y se
quebranta mi capacidad de trabajo a causa de esas enormes mezquindades22".
La preparació n para la imprenta no comenzó realmente hasta setiembre de 1858; a
mediados o fines de noviembre estaba finalizada. El resultado fue un nuevo manuscrito, el
texto original de la Contribución a la crítica de la economía política. De los tres cuadernos en
que se hallaba este texto, só lo ha llegado a nosotros la parte final del manuscrito, los
cuadernos B' y B", cuyo contenido ofrecemos en el apé ndice. El final de la parte subsistente
del manuscrito contiene la primera versió n acabada de una exposició n sobre el trá nsito del
dinero a capital; las partes restantes encierran mucho material histó rico nuevo sobre el
surgimiento del modo de producció n capitalista e importantı́simas formulaciones de
diversas tesis —formulaciones que no se encuentran en ningú n otro escrito de Marx o
Engels— ası́ como un capı́tulo especial sobre la "Manifestació n de la ley de apropiació n en la
circulació n simple", tema al que Marx dedicó tanta atenció n en el manuscrito de los siete
cuadernos. Marx estaba disconforme con el trabajo realizado:
XLVIII

En todo. . . lo que escribo observo el influjo de la afecció n hepá tica sobre el estilo. Y
tengo un doble motivo para no permitir qué este escrito se eche a perder por razones
medicinales:
1. Es el resultado de quince añ os de investigaciones, o sea del mejor perı́odo de mi
vida.
2. Expone cientı́ficamente, por primera vez, un importante punto de vista sobre las
relaciones sociales. Al partido le debo, pues, el no dejar que a la obra la desluzca el
estilo rı́gido, desmañ ado, caracterı́stico de un hı́gado enfermo.
No me esfuerzo por realizar una exposició n elegante, sino simplemente por escribir de
mi manera habitual, lo que durante los meses de enfermedad, cuando menos sobre
este tema, me era imposible 23.

De esta suerte en noviembre de 1858 el trabajo en los dos capı́tulos se inició de nuevo; para
acelerarlo, Marx no pasó en limpio el texto, sino que corrigió el estilo del borrador recié n
acabado, y su mujer lo copió —o lo escribió al dictado— para la imprenta. El 21 de enero de
1859 estaba pronto el texto; el 25 se le envió a Duncker en Berlı́n y el 23 de febrero le siguió
el pró logo.
Marx abrigaba la intenció n de preparar para la publicació n, sin má s demora, el capı́tulo
22 Vé ase MEGA, 111/2 p. 330; cf., ademá s, las cartas del 2-VII-1858 p. 324), 15-VII-1858 (iba, pp. 327-330) y 21-1X-1858

(ibı́d., pp. 337-338).


23 Cf. Marx a Lassalle, del 12-X1-1858 (Lassalle-Nachlass, p. 136).
Prólogo de la primera edición en alemán (Moscú, 1939)

tercero sobre el capital en general. A tal efecto comenzó por releer todos los cuadernos
escritos entre agosto de 1857 y noviembre de 1858; esta vez tomó nota de todo el material
contenido en aqué llos y concerniente al libro del capital, particularmente en las tres partes
de la secció n del capital en general, pero tambié n mucho que guardaba relació n con las otras
tres secciones de ese libro. Por el contrario, no anotó nada de aquello que, figurando en el
texto de esos cuadernos, ya habı́a utilizado para los dos capı́tulos de la Contribución a la
crítica de la economía política y consignado en el "IUndice de los 7 cuadernos". El nuevo ı́ndice
surgido de esta forma recibió la denominació n: "Reseñ as de mis propios cuadernos". Merced
a las "Reseñ as", Marx tuvo una clara visió n general sobre el material manuscrito relativo al
capı́tulo del capital en general y, ante todo, a su primera parte: Del proceso de producció n
del capital.
XLIX

Basá ndose en las "Reseñ as" y en la primera versió n del "IUndice de los 7 cuadernos", hacia
febrero o marzo de 1859 delineó Marx el plan del tercer capı́tulo de la Contribución a la
crítica de la economía política, que habı́a anunciado en la ú ltima nota al pie inserta en esa
obra. Ese tercer capı́tulo, pues, no es otra cosa que la primera secció n del libro del capital,
que segú n el esquema de noviembre de 1858 debı́a constar de tres partes: sobre el proceso
de producció n del capital, sobre el proceso de circulació n del capital y en torno a la unidad
de ambos o capital y beneficio, interé s. De modo que a ese tercer capı́tulo aú n no
pertenecı́an las otras tres secciones del libro del capital: sobre la competencia de los
capitales, el cré dito y el capital por acciones. El plan trazado en febrero-marzo de 1859 se
ocupaba solamente, en efecto, del material de los cuadernos I-VII que era aplicable para ese
tercer capı́tulo de la Contribución a la crítica de la economía política. Este plan, que el lector
hallará en el tomo suplementario [en la presente edic. en esp. en el segundo tomo], sirvió a
Marx de hilo conductor para su trabajo en el gran manuscrito siguiente, compuesto de 23
cuadernos y titulado igualmente Contribución a la crítica de la economía política; Marx,
empero, no pudo abordar esa tarea antes del verano de 1861 24.
El manuscrito de 1857-58, contenido en los 7 cuadernos, carece de tı́tulo general. Optamos
por la denominació n Elementos fundamentales para la crítica de la economía política.
(Borrador) 1857-1858, fundá ndonos en diversos pasajes de cartas 25.
Las ú nicas partes de nuestra edició n publicadas anteriormente —a fines del siglo pasado,
tras la muerte de Engels, en la Neue Zeit— son la "Introducció n" y el fragmento sobre Bastiat
y Carey. Del cotejo con el manuscrito se desprende que la publicació n en la Neue Zeit de
ambos documentos, ası́ como las ediciones posteriores basadas en aqué lla, difiere
considerablemente del original de Marx en algunos lugares. Ası́ pues, nuestra edició n del
texto original de Marx no es idé ntica a las precedentes.
L

El fragmento sobre Bastiat y Carey se escribió en julio de 1857, aun antes de la


"Introducció n". Se encuentra en las primeras siete pá ginas del cuaderno que Marx comenzó
a usar, el 29 de noviembre de 1857, como cuaderno III de los siete cuadernos. Hemos
relegado el texto de esas 7 pá ginas al tomo suplementario de esta edició n. [En la edic. en
españ ol se incluyen en el segundo tomo.]
Marx prá cticamente no subdividió , mediante tı́tulos, el manuscrito en los 7 cuadernos. Por el
contrario, en las "Reseñ as de mis propios cuadernos" indicó con suma exactitud el contenido
de los mismos. En lugar de los tı́tulos que faltan en el manuscrito, hemos insertado en los
pasajes correspondientes del texto la§ formulaciones de las "Reseñ as". Como en la

Cf. el pró logo de Engels al segundo tomo de El capital.


24

Cf. Marx a Engels, 8 y 18-XII-1857 y 29-XI-1858 (MEGA, 111/2, pp. 253, 258, 349) y a Lassalle del 21-XII-1857 y 22-11-
25

1858 (Lassalle-Nachlass, pp. 111 y 116).


Prólogo de la primera edición en alemán (Moscú, 1939)

reproducció n impresa nos atenemos exactamente al original en lo tocante a los puntos y


aparte, cuando en el manuscrito no se empezaba un nuevo pá rrafo era imposible que las
diversas formulaciones de las "Reseñ as" precedieran inmediatamente a las partes del texto
cuyo contenido reflejaban. Combinando diversas formulaciones de las "Reseñ as" en grupos
mayores, fue posible anteponerlas correspondientemente a pasajes má s extensos del texto.
Para distinguir los tı́tulos que Marx mismo incluyó en el texto del manuscrito, de aquellos
que Minamos de las "Reseñ as", hicimos imprimir estos ú ltimos en un cuerpo menor 26.
[En la edició n en españ ol hemos subdividido siguiendo las "Reseñ as" el capı́tulo del dinero.
En ese caso los tı́tulos agregados por nosotros van encerrados entre corchetes para
distinguirlos de los agregados en la edició n prı́ncipe.] Entendimos que en esta primera
edició n no procedı́a alterar el orden de diversas partes del texto, pero una serie de pasajes
que Marx habı́a puesto en el original entre corchetes los hacemos figurar como notas al pie;
só lo en los casos, es cierto, en que el fragmento entre corchetes tiene palmariamente el
cará cter de una anotació n marginal o de una digresió n en un texto que sin aqué l es
coherente. En su conjunto, el texto del manuscrito se reproduce exactamente en el orden que
presenta en el original. Otro tanto ocurre en el tomo suplementario con el texto de las
"Reseñ as de mis propios cuadernos", junto a todas las anotaciones marginales, indicaciones
de pá ginas y notas de redacció n de Marx que, al agruparlas en tı́tulos, no fue posible
reproducirlas en su totalidad.
LI

En el "IUndice de los siete cuadernos", las "Reseñ as de mis propios cuadernos" y el esquema
del capı́tulo del capital en general, todo lo cual figura en el tomo suplementario [tomo II de la
edic. en esp.], hemos incluido entre corchetes, junto a las indicaciones de pá gina anotadas
por el propio Marx para esos ı́ndices —las cuales se refieren a la compaginació n de su
manuscrito—, los respectivos nú meros de pá ginas de nuestro texto impreso.
En el original Marx utiliza paré ntesis y corchetes; estos ú ltimos los hacemos reconocibles en
el texto impreso mediante dos corchetes; los simples contienen nuestros agregados
complementarios. [En la edic. en esp. hemos agregado algunas pocas palabras para aclarar
textos un tanto confusos. En ese caso utilizamos dobles corchetes [[ ]].]
[. . .] Las cifras romanas y ará bigas que figuran en el manuscrito al final de las citas utilizadas
por Marx, tienen el siguiente significado: los nú meros romanos designan el número del
cuaderno de extractos de Marx, los ará bigos la página de ese cuaderno de extractos en la que
aparece la cita correspondiente, no la pá gina de la fuente citada. Donde Marx, junto al
nombre del autor citado, só lo anota nú meros romanos o só lo ará bigos, esas cifras significan,
tanto en uno como en otro caso, nú meros de pá gina, o sea de aquellos cuadernos suyos de
extractos que é l no numeró , pero cuyas pá ginas sı́ está n numeradas con signos romanos o
ará bigos.
Con respecto a las citas de la obra fundamental de Ricardo, cabe advertir que Marx cita
exclusivamente la tercera edició n inglesa de 1821. Los extractos de esta obra, en gran parte
traducidos por é l mismo, los hizo Marx guiá ndose por un ı́ndice temá tico especial que habı́a

26 Todos los subtı́tulos en cuerpo menor equivalen, pues, a grupos de formulaciones de Marx tomadas de las "Reseñ as" y

utilizadas por nosotros como subtı́tulos. El subtı́tulo entre corchetes de la p. 11 [p. 10 de la edic. en esp.] de este tomo no se
encuentra en las "Reseñ as"; Marx alude a é l en la "Introducció n" mediante la indicació n "al"; conforme a ello, lo empleamos
como subtı́tulo. El tı́tulo que figura en mayú sculas en la parte superior de la p. 631 procede de las "reseñ as", pero no está en
cuerpo menor porque Marx, en las mencionadas "Reseñ as", lo destaca especialmente, al comienzo de la primera parte de la
primera secció n del capital en general. Los subtı́tulos en cuerpo menor y entre corchetes de las pp. 675 y 690 tampoco son de
las "Reseñ as"; los hemos tomado del texto impreso de la Contribución a la crítica de la economía política de 1859.
Prólogo de la primera edición en alemán (Moscú, 1939)

compuesto a comienzos de 1851 27. En las citas de los Principies de Ricardo, Marx consigna, a
má s del nú mero romano VIII —que indica el de ese cuaderno— dos guarismos ará bigos, de
los cuales el primero señ ala la pá gina de su cuaderno de extractos, el otro la de la edició n de
1821 del escrito de Ricardo.
Los extractos de la obra cumbre de Ricardo —hechos y extensamente comentados por Marx
en 1851, y sin cuyo conocimiento buena parte del manuscrito de 1857-1858 resultarı́a
incomprensible— los reproducimos junto con el ı́ndice temá tico de esos apuntes, en el tomo
suplementario de esta publicació n. [Vé ase tomo II de la edic. en esp.]
Los titulillos de este volumen los hemos formulado teniendo en cuenta el contenido de las
pá ginas subsiguientes y los tı́tulos de Marx en las "Reseñ as".

Moscú , noviembre de 1939

Instituto Marx-Engels-Lenin

27 Lo que Marx afirma en 1862 en las Teorías sobre la plusvalía con respecto a la estructura de la obra de Ricardo, se basa en

sus extractos de 1851 del libro de Ricardo y en la respectiva tabla de materias.


Introducción

VOLUMEN 1

La teoría marxista del capitalismo, desde sus orígenes hasta el derrumbe, presentados por
primera vez en su integridad. Los Grundrisse — aunque oscuros y fragmentarios —
constituyen la única obra de economía política verdaderamente completa escrita por Marx.

INTRODUCCION
Sumario
A. Introducción
1) La producción en general
2) Relación general entre la producción, la distribución, el cambio y el consumo
3) El método de la economía política
4) Medios (fuerzas) de producción y relaciones de producción, relaciones de producción y
relaciones de tráfico, etc.

La introducción se encuentra en un cuaderno inicialado con una M. Se comenzó a redactar el 23 de agosto de


1857 y Marx deja de trabajar en ella a mitad de setiembre.8

1. PRODUCCION, CONSUMO, DISTRIBUCION, CAMBIO (CIRCULACION)

Individuos autónomos. Ideas del siglo XVIII

a) El objeto a considerar es en primer término la producción material.


Individuos que producen en sociedad, o sea la producción de los individuos socialmente
determinada: éste es naturalmente el punto de partida. El cazador o el pescador solos y
aislados, con los que comienzan Smith1 y Ricardo 2 , pertenecen a las imaginaciones

1 Cf. ADAM SMITH, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, With Notes from Ricardo, McCulloch,

Chalmers, and Other Eminent Political Economists, Edited By Edwzrd Gibbon Wakefield etc. A new edition in four volumes,
London, 1843, Vol. I, p. 2 [[Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, FCE, 1958, p. 41. Marx
utilizó a veces la edició n de 1835-39 (cuyos extractos se encuentran en el cuaderno londinense VII) y la traducció n francesa
Recherches sur la nature et les causes de la richesse des nations, traduction nouvelle, avec des notes et des observations; par
Germain Garnier, Paris, 1802. Extractos de esta ú ltima edic. se encuentran en dos cuadernos no datados ni numerados, pero
La producción en general

desprovistas de fantasía que produjeron las robinsonadas dieciochescas, las cuales a


diferencia de lo que creen los historiadores de la civilización, en modo alguno expresan una
simple reacción contra un exceso de refinamiento y un retorno a una malentendida vida
natural. El contrato social de Rousseau3, que pone en relación y conexión a través del
contrato a sujetos por naturaleza independientes, tampoco reposa sobre semejante
naturalismo. Este es sólo la apariencia, y la apariencia puramente estética, de las grandes y
pequeñas robinsonadas. En realidad, se trata más bien de una anticipación de la “sociedad
civil”4 que se preparaba desde el siglo XVI y que en el siglo XVIII marchaba a pasos de
gigantes hacia su madurez. En esta sociedad de libre competencia cada individuo aparece
como desprendido de los lazos naturales, etc., que en las épocas históricas precedentes
hacen de él una parte integrante de un conglomerado determinado y circunscrito. A los
profetas del siglo XVIII, sobre cuyos hombros aún se apoyan totalmente Smith y Ricardo,
este individuo del siglo XVIII — que es el producto, por un lado, de la disolución de las
formas de sociedad feudales, y por el otro, de las nuevas fuerzas productivas desarrolladas a
partir del siglo XVI — se les aparece como un ideal cuya existencia habría pertenecido al
pasado. No como un resultado histórico, sino como punto de partida de la historia. Según la
concepción que tenían de la naturaleza humana, el individuo aparecía como conforme a la
naturaleza en cuanto puesto por la naturaleza y no en cuanto producto de la historia. Hasta
hoy, esta ilusión ha sido propia de toda época nueva. Steuart, que desde muchos puntos de
vista se opone al siglo XVIII y que como aristócrata se mantiene más en el terreno histórico,
supo evitar esta simpleza.
6

Cuanto más lejos nos remontamos en la historia, tanto más aparece el individuo — como
dependiente y formando parte de un todo mayor: en primer lugar y de una manera muy
enteramente natural, de la familia y de esa familia ampliada que es la tribu; más tarde, de las
comunidades en sus distintas formas, resultado del antagonismo y de la fusión de las tribus5.
Solamente al llegar al siglo XVIII, con la “sociedad civil”, y las diferentes formas de conexión
social aparecen ante el individuo como un simple medio para lograr sus fines privados,
como una necesidad exterior. Pero la época que genera este punto de vista, esta idea del
individuo aislado, es precisamente aquella en la cual las relaciones sociales (universales
según este punto de vista) han llegado al más alto grado de desarrollo alcanzado hasta el
presente. El hombre es, en el sentido más literal, un ξώον πoλιτικόν 6 no solamente un
animal social, sino un animal que sólo puede individualizarse en la sociedad. La producción
por parte de un individuo aislado, fuera de la sociedad —hecho raro que bien puede ocurrir
cuando un civilizado, que potencialmente posee ya en sí las fuerzas de la sociedad, se
extravía accidentalmente en una comarca salvaje— no es menos absurda que la idea de un
desarrollo del lenguaje sin individuos que vivan juntos y hablen entre sí. No hay que

cuya fecha de redacció n es de aproximadamente enero-junio de 1844 en Parı́s. Cf. MEGA 1/3, pp. 457-493.
2 Cf. DAVID RICARDO, On the Principies of Political Economy and Taxation. Third Edition, London, 1821, p. 3 [[Principios de

economía política y tributación, FCE, Mé xico, 1959, p. 10]]. Extractos comentados de esta edició n, en los cuadernos londinenses
IV y VIII. Los extractos son publicados como apé ndice en la edic. alemana de los Grundrisse, pp. 765-780, 781-893. Marx utilizó
tambié n la traducció n francesa, Des príncipes de l'économie politique et de l'impót. Traduit de l'anglais por F.-S. Constancio, D. M.
etc., avec des notes explicatives et critiques par J.-B. Say. Seconde édition, Paris 1835. Extractos de esta ú ltima, en un cuaderno
redactado ca. enero-junio de 1844 en Parı́s y mayo-junio de 1845 en Bruselas. Cf. MEGA 1/3, pp. 493-519
3 Un ı́ndice analı́tico de la obra de Rousseau se encuentra en un cuaderno titulado por Marx, "Notizen zur franzö sischen

Geschichte. Kreuznach. JuliAugust 1843". Cf. MEGA I/1, t. 2, pp. 120-121.


4 Aquı́ está dicho en la acepció n de Hegel. (Filosofía del derecho, § 182 ss.)
5 Cf. B. G. NIEBUHR, Rómische Geschichte. Erster Theil, zweite, völlig umgearbeitete Ausgabe, Berlin 1827, pp. 317-351.

Extractos (de la edició n inglesa de 1847-51), en un cuaderno no numerado y sin fecha, pero redactado ca. febrero de 1855 en
Londres.
6 Cf. Aristotelis de republica libri VIII et œconomica ex recensionlè Immanuelis Bekkeri. Oxonii MDCCCXXXVII, tomus X, lib. I,

cap. 2, 9-10. Extractos de esta edició n en un cuaderno no numerado y sin datar, pero cuya redacció n es ca. febrero-marzo de
1858 en Londres.
Introducción

detenerse más tiempo en esto. Ni siquiera habría que rozar el punto si esta tontería, que
tenía un sentido y una razón entre los hombres del siglo XVIII, no hubiera sido introducida
seriamente en plena economía moderna por Bastiat, Carey, Proudhon, etc7. A Proudhon,
entre otros, le resulta naturalmente cómodo explicar el origen de una relación económica
cuya génesis histórica desconoce, en términos de filosofía de la historia, mitologizando que a
Adán y a Prometeo se les ocurrió de repente la idea y entonces fue introducida, etc. Nada
hay más insulso que el locus communis puesto a fantasear.

Eternización de relaciones de producción históricas. Producción y distribución en general.


Propiedad
7

Por eso, cuando se habla de producción, se está hablando siempre de producción en un


estadio determinado del desarrollo social, de la producción de individuos en sociedad.
Podría parecer por ello que para hablar de la producción a secas debiéramos o bien seguir el
proceso de desarrollo histórico en sus diferentes fases, o bien declarar desde el comienzo
que estamos ante una determinada época histórica, por ejemplo, de la moderna producción
burguesa, la cual es en realidad nuestro tema específico. Pero todas las épocas de la
producción tienen ciertos rasgos en común, ciertas determinaciones comunes. La
producción en general es una abstracción, pero una abstracción que tiene un sentido, en
tanto pone realmente de relieve lo común, lo fija y nos ahorra así una repetición. Sin
embargo, lo general o lo común, extraído por comparación, es a su vez algo completamente
articulado y que se despliega en distintas determinaciones. Algunas de éstas pertenecen a
todas las épocas; otras son comunes sólo a algunas. [[Ciertas]] determinaciones serán
comunes a la época más moderna y a la más antigua. Sin ellas no podría concebirse ninguna
producción, pues si los idiomas más evolucionados tienen leyes y determinaciones que son
comunes a los menos desarrollados, lo que constituye su desarrollo esa precisamente
aquello que los diferencia de estos elementos generales y comunesb. Las determinaciones
que valen para la producción en general son precisamente las que deben ser separadas, a fin
de que no se olvide la diferencia esencial por atender sólo a la unidad, la cual se desprende
ya del hecho de que el sujeto, la humanidad, y el objeto, la naturaleza, son los mismos. En
este olvido reside, por ejemplo, toda la sabiduría de los economistas modernos que
demuestran la eternidad y la armonía de las condiciones sociales existentes. Un ejemplo.
Ninguna producción es posible sin un instrumento de producción, aunque este instrumento
sea sólo la mano. Ninguna es posible sin trabajo pasado, acumulado, aunque este trabajo sea
solamente la destreza que el ejercicio repetido ha desarrollado y concentrado en la mano del
salvaje. En capital, entre otras cosas, es también un instrumento de producción, es también
trabajo pasado objetivado. De tal modo, el capital es una relación natural, universal y eterna;
pero lo es si dejo de lado lo específico, lo que hace de un “instrumento de producción”, del
“trabajo acumulado”, un capital. Así, toda la historia de las relaciones de producción aparece,
por ejemplo en Carey, como una falsificación organizada malignamente por los gobiernos.
a “ist”: en edic. 1939 “muss” (“debe”)
b En edic. 1939
8

Si no existe producción en general, tampoco existe una producción general. La producción es


siempre una rama particular de la producción —vg., la agricultura, la cría del ganado, la

7 Cf. FRED. BASTIAT, Harmoniés économiques, 2me é dition, Paris, 1851, pp.16-19. H.C. CAREY, Principies of Political Economy.

Part the first, of the Laws of the Production and Distribution of Wealth, Philadelphia 1837, pp. 7-8. Extractos de la obra de Carey
en el cuaderno londinense X. P.-J. PROUDHON, Système des contradictions économiques ou philosophie de la misère, t. I, Paris
1846, pp. 77-78.
La producción en general

manufactura, etc.–, o bien es una totalidad. Pero la economía política no es la tecnología.


Desarrollar en otro lado (más adelante la relación de las determinaciones generales de la
producción, en un estadio social dado, con las formas particulares de producción.
Finalmente, la producción tampoco es sólo particular. Por el contrario, es siempre un
organismo social determinado, un sujeto social que actúa en un conjunto más o menos
grande, más o menos pobre, de ramas de producción. Tampoco corresponde aquí examinar
la relación entre la representación científica y el movimiento real. Producción en general.
Ramas particulares de la producción. Totalidad de la producción.
Está de moda incluir como capítulo previo a la economía una parte general, que es
precisamente la que figura bajo el título de “Producción” (véase, por ejemplo, J. St. Mill)8, y
en la que se trata de las condiciones generales de toda producción. Esta parte general
incluye o debe incluir: 1) las condiciones sin las cuales no es posible la producción. Es decir,
que se limita solamente a indicar los momentos esenciales de toda producción. Se limita, en
efecto, como veremos, a cierto número de determinaciones muy simples, estiradas bajo la
forma de vulgares tautologías; 2) Las condiciones que hacen avanzar en mayor o en menor
medida a la producción, tales como por ejemplo, el estado progresivo o de estancamiento de
Adam Smith9. Para dar un significado científico a esta consideración, que en él tiene un valor
como aperçu, habría que realizar investigaciones sobre los grados de la productividad en
diferentes períodos, en el desarrollo de los pueblos dados, investigaciones que excederían
de los límites propios de los temas pero que, en la medida en que caen dentro de él, deberán
ser encaradas cuando se trate del desarrollo de la concurrencia, de la acumulación, etc.
Formulada de una manera general, la respuesta conduce a la idea de que un pueblo
industrial llega al apogeo de su producción en el momento mismo en que alcanza su apogeo
histórico. In Fact. Un pueblo está en su apogeo industrial cuando lo principal para él no es la
ganancia, sino el ganar. En esto, los yankees están por encima de los ingleses. O también: que
ciertas predisposiciones racialesa, climas, condiciones naturales, como la proximidad del
mar, la fertilidad del suelo, etc., son más favorables que otras para la producción. Pero esto
conduce nuevamente a la tautología de que la riqueza se crea tanto más fácilmente cuanto
mayor sea el grado en que existan objetiva y subjetivamente los elementos que la crean.
a “Racenanlagen”; en edic. 1939 “Racen, Anlagen” (“razas, predisposiciones”)
Pero no esto lo único que realmente interesa a los economistas en esta parte general. Se
trata más bien — véase por ej. El caso de Mill10 — de presentar a la producción, a diferencia
de la distribución, etc., como regidas por leyes eternas de la naturaleza, independientes de la
historia, ocasión ésta que sirve para introducir subrepticiamente las relaciones burguesas
como leyes naturales inmutables de la sociedad in abstracto.
9

Esta es la finalidad más o menos consciente de todo el procedimiento. En la distribución, por


el contrario, los hombres se habrían permitido de hecho toda clase de arbitrariedades.
Prescindiendo de la separación brutal de producción y distribución y haciendo abstracción
de su relación real, es de entrada evidente que por diversificada que pueda estar la
distribución en los diferentes estadios de la sociedad, debe ser posible también para ella, tal
como se hizo para la producción, extraer los caracteres comunes, así como es posible
confundir o liquidar todas las diferencias históricas formulando leyes humanas universales.
Por ejemplo, el esclavo, el siervo, el trabajador asalariado reciben todos una cierta cantidad
de alimentos que les permite existir como esclavo, siervo o asalariado. El conquistador que

8 J. ST. MILL, Principies of Political Economy with Some of their Applications to Social Philosophy, London 1848, Libro
primero, capı́tulo I (Principios de economía política, FCE, Mé xico, 1943, pp. 53-581.
9 A. SMITH, An Inquiry etc. cit., vol. II, pp. 1-9 [[Riqueza de las naciones, pp. 251-258]]. Cf. MEGA 1/3, pp. 477-478.
10 Cf. J. ST. MILL, Principies etc., cit., vol. I, pp. 25-26 [[Principios, pp. 51-52]].
Introducción

vive del tributo, el funcionario que vive del impuesto, el propietario de la tierra que vive de
la renta, el monje que vive de la limosna o el levita que vive del diezmo, obtienen todos una
cuota de la producción social que está determinada sobre la base de leyes distintas que rigen
para el esclavo, etc. Los dos puntos principales que todos los economistas clasifican bajo
esta rúbrica son: 1) propiedad; 2) su protección por medio de la justicia, la policía, etc. A
esto se ha de responder muy brevemente así:
ad 1. Toda producción es apropiación por parte del individuo en el seno y por medio de una
forma de sociedad determinada. En este sentido, es una tautología decir que la propiedad (la
apropiación) es una condición de la producción. Pero es ridículo saltar de ahí a una forma
determinada de la propiedad, por ejemplo, la propiedad privada. (Lo cual implica además,
como condición, una forma contrapuesta: la no-propiedad). La historia nos muestra más
bien que la forma primigenia es la propiedad común (por ejemplo, entre los hindúes, los
eslavos, los antiguos celtas, etc.), forma que, como propiedad comunal, desempeña un largo
tiempo un papel importante. No está en cuestión todavía en este punto el problema de si la
riqueza se desarrolla mejor bajo esta o aquella forma de propiedad, es una tautología. Una
apropiación que no se apropia nada es una contradictio in subjecto.
10

ad 2. Protección de lo adquirido, etc. Cuando se reducen estas trivialidades a su contenido


real, éstas expresan más de lo que saben sus predicadores. A saber, toda forma de
producción engendra sus propias instituciones jurídicas, su propia forma de gobierno, etc.
La rusticidad e incomprensión consisten precisamente en no relacionar sino fortuitamente
fenómenos que constituyen un todo orgánico, en ligarlos a través de un nexo meramente
reflexivo. A los economistas burgueses les parece que con la policía moderna la producción
funciona mejor que, p. ej., aplicando el derecho del más fuerte. Olvidan solamente que el
derecho del más fuerte se perpetúa bajo otra forma en su “estado de derecho”.
Cuando las condiciones sociales que corresponden a un estadio determinado de la
producción está apenas surgiendo o, cuando está a punto de desaparecer, se manifiestan
naturalmente perturbaciones en la producción, aunque en distintos grados y con efectos
diferentes.
Para asumir: todos los estadios de la producción tienen caracteres comunes que el
pensamiento fija como determinaciones generales, pero las llamadas condiciones generales
de toda producción no son más que esos momentos abstractos que no permiten comprender
ningún nivel histórico concreto de la producción.
La relación general de la producción con la distribución, el cambio y el consumo

2) LA RELACION GENERAL DE LA PRODUCCION CON LA DISTRIBUCION, EL


CAMBIO Y EL CONSUMO

Antes de seguir adelante con el análisis de la producción, es necesario examinar los


diferentes rubros con que los economistas la asocian.
La primera idea que se presenta de inmediato es la siguiente: en la producción los miembros
de la sociedad hacen que los productos de la naturaleza resulten apropiados a las
necesidades humanas (los elaboran, los conforman); la distribución determina la proporción
en que el individuo participa de estos productos; el cambio le aporta los productos
particulares por los que él desea cambiar la cuota que le ha correspondido a través de la
distribución; finalmente, en el consumo de productosa, se convierten en objetos de disfrute,
de apropiación individual. La producción crea los objetos que responden a las necesidades;
la distribución los reparte según leyes sociales; el cambio reparte lo ya repartido según las
necesidades individuales; finalmente, en el consumo el producto abandona este movimiento
social, se convierte directamente en servidor y objeto de la necesidad individual, a la que
satisface en el acto de su disfrute. La producción aparece así como el punto de partida, el
consumo como el punto Terminal, la distribución y el cambio como el término medio que a
su vez es doble ya que la distribución está determinada como momento que parte de la
sociedad, y el cambio, como momento que parte de los individuos.
11

En la producción, la persona es objetiva, en el consumob la cosa se subjetiva. En la


distribución, la sociedad asume la mediación entre la producción y el consumo por medio de
determinaciones generales y rectoras; en el cambio la mediación se opera a través del
fortuito carácter determinado del individuo.
a “Produkte”; en ms, “Produktion”.
b “in der Konsumption”; en edic. 1939, “in der Person” (“en la persona”)

La distribución determina la proporción (el cuanto) en que los productos corresponden al


individuo; el cambio determina la producción, de la cual el individuo desea obtener la parte
que la distribución le asigna.
Producción, distribución, cambio y consumo forman así un silogismo con todas las reglas: la
producción es el término universal; la distribución y el cambio son el término particular; y el
consumo es el término singular con el cual el todo se completa. En esto hay sin duda un
encadenamiento, pero no es superficial. La producción está determinada por leyes generales
de la naturaleza; la distribución resulta de la contingencia social y por ello puede ejercer
sobre la producción una acción más o menos estimulante; el cambio se sitúa entre las dos
como un movimiento formalmente social, y el acto final del consumo, que es concebido no
solamente como término, sino también como objetivo final, se sitúa a decir verdad fuera de
la economía, salvo cuando a su vez reacciona sobre el punto de partida e inaugura
nuevamente un proceso1.
Los adversarios de quienes cultivan la economía política — provengan aquellos del interior
o del exterior de su ámbito —, que les reprochan disociar groseramente las conexiones, se

1 Cf. por ejemplo H. STORCH, Cours d'économie politique, ou exposition des principes qui déterminent la prosperité des

nations. Avec des notes explicatives et critiques par J.-B. Say, Paris 1823, 4 vol.; tomo I. Extractos de los primeros dos tomos en un
cuaderno no numerado ni datado, cuya redacció n es aprox. de abril-mayo de 1845 en Bruselas; cf. MEGA 1/6, p. 615. JAMES
MILL, Eléments d'économie politique, Ir. de l'anglais par J. T. Parisot, Paris 1823. Extractos comentados en dos cuadernos
redactados en el verano de 1844 en Parı́s; cf. MEGA 1/3, pp. 520-550.
Introducción

colocan en su mismo terreno, o bien por debajo de éstos. Nada más común que la acusación
de que los cultores de la economía política consideran a la producción demasiado
exclusivamente como un fin en sí. La distribución tendría una importancia similar. Esta
acusación está basada precisamente en la idea de los economistas según la cual la
distribución está situada al lado de la producción, como una esfera autónoma,
independiente. O los momentos no serían concebidos en su unidad. Como si esta disociación
hubiera pasado no de la realidad a los libros de texto, sino de los libros de texto a la realidad,
¡como si aquí se tratara de una combinación dialéctica de los conceptos y no de la
comprensión de relaciones reales!

[Consumo y producción]
12

a1) La producción es también inmediatamente consumo. Doble consumo, subjetivo y


objetivo: el individuo que al producir desarrolla sus capacidades, las gasta también, las
consume en el acto de la producción, exactamente como la reproducción natural es un
consumo de fuerzas vitales. En segundo lugar: consumo de los medios de producción que se
emplean y se usan, y que se disuelven en parte (como, por ej., en la combustión) en los
elementos generales. Consumo, igualmente de la materia prima que no conserva su forma ni
su constitución natural, sino que más aun se consume. Por lo tanto, el acto mismo de
producción, es también en todos sus momentos un acto de consumo. Pero los economistas
aceptan eso. Llaman consumo productivo a la producción que se identifica directamente con
el consumo, y al consumo que coincide inmediatamente con la producción. Esta identidad de
la producción y del consumo remite a la proposición de Spinoza: determinatio est negatio.
Pero esta determinación del consumo productivo ha sido establecida sólo para separar el
consumo identificado con la producción del consumo propiamente dicho, concebido, por el
contrario, como el opuesto aniquilador de la producción. Consideremos, pues, el consumo
propiamente dicho. Igualmente, el consumo es de manera inmediata producción, del mismo
modo que en la naturaleza el consumo de los elementos y de las sustancias químicas es
producción de plantas. Es claro que en la nutrición, por ej., que es una forma de consumo, el
hombre produce su propio cuerpo. Pero esto es igualmente cierto en cualquier otra clase de
consumo que, en cierto modo, produce el hombre. Producción consumidora. Sólo que
arguye, la economía, esta producción idéntica al consumo es una segunda producción,
surgida del aniquilamiento del primer producto. En la primera, el productor se objetivaba;
en la segunda, la cosa creada por él se personificaba. Por consiguiente, esta producción
consumidora — aún cuando sea una unidad inmediata de producción y consumo — es
esencialmente diferente de la producción propiamente dicha. La unidad inmediata, en la que
la producción coincide con el consumo y el consumo con la producción, deja subsistir su
dualidad inmediata.
En consecuencia, la producción es inmediatamente consumo, el consumo es inmediatamente
producción. Cada uno es inmediatamente su opuesto. Pero al mismo tiempo tiene lugar un
movimiento mediador entre los dos. La producción es mediadora del consumo, cuyos
materiales crea y sin los cuales a éste le faltaría el objeto. Pero el consumo es también
mediador de la producción, en cuanto crea para los productos el sujeto para el cual ellos son
productos. El producto alcanza su finisha final sólo en el consumo. Una vía férrea no
transitada, que no se usa y que por lo tanto no se consume, es solamente una vía férrea
δυνάμειb y no en la realidad. Sin producción no hay consumo pero sin consumo tampoco hay
producción ya que en ese caso la producción no tendría objeto.
La relación general de la producción con la distribución, el cambio y el consumo

a Terminación.
13

El consumo produce la producción de dos maneras: 1) en cuanto el producto se hace


realmente producto sólo en el consumo. Un vestido, p. ej., se convierte realmente en vestido
a través del acto de llevarlo puesto; una casa deshabitada no es en realidad una verdadera
casa; a diferencia del simple objeto natural, el producto se afirma como producto, se
convierte en producto, sólo en el consumo. Disolviendo el producto, el consumo le da el
finishing strokec; pues el [[resultado]] de la producciónd es producto no es cuanto actividad
objetivada, sino sólo como objeto para el sujeto actuante; 2) en cuanto el consumo crea la
necesidad de una nueva producción, y por lo tanto el móvil ideal de la producción, su
impulso interno que es su supuesto. El consumo crea el impulso de la producción y crea
igualmente el objeto que actúa en la producción como determinante de la finalidad de ésta.
Si resulta claro que la producción ofrece el objeto del consumo en su aspecto manifiesto, no
es menos claro que el consumo pone idealmente el objeto de la producción, como imagen
interior, como necesidad, como impulso y como finalidad. Ella crea los objetos de la
producción bajo una forma que es todavía subjetiva. Sin necesidades no hay producción.
Pero el consumo reproduce las necesidades.
b Dynamei: potencialmente.
cLa última mano.
d “Das[[Ergebnis]] der Produktio”; en el ms., “d.d. Produktion” (“e[l] d[e la] producción”); en edic. 1939 “die Produktion” (“la producción”)

Por el lado de la producción a esto corresponde: 1) que ella proporciona al consumoa su


material, su objeto. Un consumo sin objeto no es consumo; en consecuencia, en este aspecto,
la producción crea, produce el consumo. 2) Pero no es solamente el objeto lo que la
producción crea para el consumo. Ella da también al consumo su carácter determinado, su
finish. Del mismo modo que el consumo daba al producto su finish como producto, la
producción da su finish al consumo. En suma, el objeto no es un objeto en general, sino un
objeto determinado, que debe ser consumido de una manera determinada, que a su vez debe
ser mediada por la producción misma. El hambre es hambre, pero el hambre que se satisface
con carne guisada, comida con cuchillo y tenedor, es un hambre muy distinta del que devora
carne cruda con ayuda de manos, uñas y dientes. No es únicamente el objeto del consumo,
sino también el modo de consumo, lo que la producción produce no sólo objetiva sino
también subjetivamente. La producción crea, pues, el consumidor. 3) La producción no
solamente provee un material a la necesidad, sino también una necesidad al material.
14

Cuando el consumo emerge de su primera inmediatez y de su tosquedad natural —y el


hecho de retrasarse en esta fase sería el resultado de una producción que no ha superado la
tosquedad natural— es mediado como impulso por el objeto. La necesidad de éste último
sentida por el consumo es creada por la percepción del objeto. El objeto de arte —de igual
modo que cualquier otro producto— crea un público sensible al arte, capaz de goce estético.
De modo que la producción no solamente produce un objeto para el sujeto, sino también un
sujeto para el objeto. La producción produce, pues, el consumo, 1) creando el material de
éste; 2) determinando el modo de consumo; 3) provocando en el consumidor la necesidad
de productos que ella ha creado originariamente como objetos. En consecuencia, el objeto
del consumo, el modo de consumo y el impulso al consumo. Del mismo modo, el consumo
produce la disposición del productor, solicitándolo como necesidad que determina la
finalidad de la producción.
a “Komsumtion”; en ms. “Produktion” (“producción”)

Las identidades entre el consumo y la producción aparecen por lo tanto bajo un triple aspecto:
Introducción

1) Identidad inmediata: la producción es consumo; el consumo es producción.


Producción consumidora. Consumo productivo. Los economistas llaman a ambos consumo
productivo. Pero establecen no obstante una diferencia. La primera figura como
reproducción, el segundo, como consumo productivo. Todas las investigaciones sobre la
primera se refieren al trabajo productivo y al trabajo improductivo; las que tratan del
segundo tienen por objeto el consumo productivo o no productivo.
2) Cada uno de los dos aparece como medio del otro y es mediado por él: ello se expresa
como dependencia recíproca, como un movimiento a través del cual se relacionan el uno con
el otro y aparecen como recíprocamente indispensables, aunque permaneciendo sin
embargo externos entre sí. La producción crea el material del consumo en tanto que objeto
exterior; el consumo crea la necesidad en tanto que objeto interno, como finalidad de la
producción. Sin producción no hay consumo, sin consumo no hay producción. [[Esto]] figura
en la economía en muchas formas.
3) La producción no es sólo inmediatamente consumo, ni el consumo inmediatamente
producción; ni tampoco es la producción únicamente medio para el consumo y el consumo
fina para la producción, vale decir, que no es el caso que cada término sólo suministre al
otro su objeto: la producción, el objeto externo del consumo; el consumo el objeto
representado de la producción. Cada uno de los términos no se limita a ser el otro, sino que,
realizándose, crea al otro y se crea en cuanto otro. Sólo con el consumo llega a su realización
el acto de la producción, haciendo alcanzar al producto su consumación como producto, en
tanto lo disuelve, consume su forma de cosa, su forma autónoma; en cuanto convierte en
habilidad, por la necesidad de la repetición, la disposición desarrollada en el primer acto de
la producción.
15

El consumo no es, únicamente el acto final gracias al cual el producto se convierte en


producto, sin también el acto en virtud del cual el productor se hace producto. Por otra
parte, la producción engendra el consumo, creando el modo determinado de consumo,
creando luego el atractivo del consumo y a través de éste la capacidad misma de consumo
convertida en necesidad. Esta última identidad mencionada en el apartado 3) es
interpretada de muy diversos modos en la economía a propósito de la relación entre la
oferta y la demanda, los objetos y las necesidades, las necesidades creadas por la sociedad y
las necesidades naturales.
Nada más simple, entonces, para un hegeliano que identificar producción y consumo. Y esto
ocurrió no sólo en el caso de los ensayistas socialista, sino también en el de los economistas
prosaicos como Say, p. ej., que piensan que si se considera a un pueblo su producción sería
su consumo. O también a la humanidad in abstracto. Storch demostró el error de Say
haciendo notar que un pueblo, p. ej., no consume simplemente su producción, sino que
también crea medios de producción, etc., capital fijo, etc.2 Además considerar a la sociedad
como un sujeto único es considerarla de un modo falso, especulativo. En un sujeto,
producción y consumo aparecen como momentos de un acto. Lo que aquí más importa es
hacer resaltar que si se consideran la producción y el consumo como actividades de un
sujeto o de muchos individuos, ambas aparecen en cada caso como momentos de un proceso
en el que la producción es el verdadero punto de partida y por ello también el momento
predominante. El consumo como necesidad es el mismo momento interno de la actividad

2 Cf. H. STORCH, Considérations sur la nature de revenu national, Paris 1824, pp. 144-149. Extractos en un cuaderno no

datado nı́ numerado, pero cuya redacció n es aprox. mayo-junio de 1845 en Bruselas. Se alude aquı́ al desmentido de Storch a la
interpretació n que hiciera Say de sus tesis en la edició n comentada del Cours d'économie politique, y publicada por é l en Parı́s
en 1823, con el desconocimiento de Storch.
La relación general de la producción con la distribución, el cambio y el consumo

productiva. Pero esta última es el punto de partida de la realización y, por lo tanto, su factor
predominante, el acto en el que todo el proceso vuelve a repetirse. El individuo produce un
objeto y, consumiéndolo, retorna a sí mismo, pero como individuo productivo y que se
reproduce a sí mismo. De este modo, el consumo aparece como un momento de la
producción.
En la sociedad, en cambio, la relación entre el productor y el producto, una vez terminado
este último, es exterior y el retorno del objeto al sujeto depende de las relaciones de éste con
los otros individuos. No se apodera de él inmediatamente. Además, la aprobación inmediata
del producto no es la finalidad del sujeto cuando produce en la sociedad. Entre el productor
y los productos se interpone la distribución, que determina, mediante leyes sociales, la parte
que le corresponde del mundo de los productos, interponiéndose por lo tanto entre la
producción y el consumo.
16

Ahora bien, ¿la distribución existe como una esfera autónoma junto a la producción y fuera
de ella?

Distribución y producción

b1) Cuando se examinan los tratados corrientes de economía lo primero que sorprende es el
hecho de que en ellos se presentan todas las categorías de dos maneras. Por ejemplo, en la
distribución figuran la renta territorial, el salario, el interés y la ganancia, mientras que en la
producción. La tierra, el trabajo, el capital figuran como agentes de la producción. En lo que
concierne al capital, es vidente que aparece bajo dos formas: 1) como agente de producción;
2) como fuente de ingresos, como determinante de determinadas formas de distribución. Es
por ello que el interés y la ganancia figuran también como tales en la producción, en cuanto
son formas en que el capital se incrementa, crece, y por eso, son momentos de su producción
misma. En tanto formas de distribución, el interés y la ganancia presuponen el capital como
agente de producción. Son modos de distribución cuya premisa es el capital como agente de
producción. Sin igualmente modos de reproducción del capital.
Del mismo modo el salario es el trabajo asalariado considerado bajo otro título: el carácter
determinado que tiene aquí el trabajo como agente de producción aparece allí como
determinación de la distribución. Si el trabajo no estuviese determinado como trabajo
asalariado, su modo de participar en los productos no aparecería bajo la forma de salario, tal
como, p. ej., en la esclavitud. Finalmente, la renta del suelo, y con esto tomamos justamente
la forma más desarrollada de la distribución en la que la propiedad de la tierra participa de
los productos, presupone la gran propiedad de la tierra (más exactamente, la agricultura en
gran escala) como agente de producción, y no la tierra pura y simple, así como el salario no
presupone el puro y simple trabajo. En consecuencia, los modos y relaciones de distribución
aparecen sólo como el reverso de los agentes de producción. Un individuo que participa en
la producción bajo la forma de trabajo asalariado, participa bajo la forma de salario en los
productos, en los resultados de la producción. La organización de la distribución está
totalmente determinada por la organización de la producción. La distribución es ella misma
un producto de la producción, no sólo en lo que se refiere al objeto — solamente pueden
distribuirse los resultados de la producción —, sino también en lo que se refiere a la forma,
ya que el modo determinado de participación en la producción determina las formas
particulares de la distribución, el modo bajo el cual se participa en la distribución. Es del
todo ilusorio ubicar la tierra en la producción, la renta del suelo en la distribución, etcétera.
17
Introducción

Economistas como Ricardo3, a quienes se les reprocha con frecuencia no tener presente sino
la distribución, han definido como el objeto exclusivo de la economía a la distribución,
precisamente porque concebían instintivamente las formas de la distribución como la
expresión más definida en que se fijan los agentes de la producción en una sociedad dada.
Frente al individuo aislado, la distribución aparece naturalmente como una ley social que
condiciona su posición en el seno de la producción, dentro de la cual él produce, y que
precede por lo tanto a la producción. En su origen el individuo no posee ni capital ni
propiedad territorial. Desde que nace está destinado al trabajo asalariado en virtud de la
distribución social. Pero el hecho mismo de estar destinado es resultado del hecho de que el
capital y la propiedad territorial existen como agentes autónomos de la producción.
Si se considera sociedades globales, la distribución parece desde cierto punto de vista
preceder y hasta determinar la producción: aparece en cierto modo como un facta
preeconómico. Un pueblo conquistador divide al país entre los conquistadores e impone así
una determinada repartición y forma de propiedad territorial; determina, por consiguiente,
la producción. O bien reduce los conquistados a la esclavitud y convierte así el trabajo
esclavo en la base de la producción. O bien un pueblo, mediante la revolución, fragmenta la
gran propiedad territorial y da un carácter nuevo a la producción por medio de esta nueva
distribución. O bien la legislación perpetúa la propiedad del suelo en ciertas familias o
reparte el trabajo [[como]] privilegio hereditario para fijarlo así en un régimen de castas. En
todos estos casos — y todos ellos son históricos — la distribución no parece estar
determinada por la producción, sino, por el contrario, es la producción la que parece estar
organizada y determinada por la distribución.
a Hecho

Según la concepción más superficial, la distribución aparece como distribución de los


productos y de tal modo como más alejada de la producción y casi independiente de ella.
Pero antes de ser distribución de los productos, ella es: 1) distribución de los instrumentos
de producción; 2) distribución de los miembros de la sociedad entre las distintas ramas de la
producción — lo cual es una definición más amplia de la misma relación — (Subsunción de
los individuos en determinadas relaciones de producción). La distribución de los productos
es manifiestamente sólo un resultado de esta distribución que se halla incluida en el proceso
mismo de producción y determina la organización de la producción. Considerar a la
producción prescindiendo de esta distribución que ella encierra es evidentemente una
abstracción huera, mientras que, por el contrario, la distribución de los productos ya está
dada de por sí junto con esta distribución, que constituye originariamente un momento de la
producción.
18

Ricardo, que se ha esforzado por concebir a la producción moderna en su organización


social determinada y que es el economista de la producción par excellenceb, declara
precisamente por esa razón que no es la producción, sino la distribución, el verdadero tema
de la economía moderna. Una vez más se evidencia el absurdo de los economistas, que
presentan a la producción como una verdad eterna y relegan la historia al campo de la
distribución.
b Por excelencia

Qué relación tiene esta distribución determinante de la producción con la producción misma
es sin duda un problema que cae de por sí dentro del marco de ésta. Se podría decir que ya
que la producción debe partir de una cierta distribución de los instrumentos de producción,
por lo menos la distribución así entendida precede a la producción y constituye su premisa.

3 Cf. D. RICARDO, On the Principies etc., cit., p. III [[Principios, p. 5]].


La relación general de la producción con la distribución, el cambio y el consumo

Y será preciso responder entonces que efectivamente la producción tiene sus propias
condiciones y sus supuestos, que constituyen sus propios momentos. En un comienzo estos
supuestos pueden aparecer como hechos naturales. El mismo proceso de producción los
transforma de naturales en históricos; si para un período aparecen como supuesto natural
de la producción, para otro período, en cambio, constituyen el resultado histórico. Ellos se
modifican incesantemente en el interior de la producción misma. El uso de la maquinaria,
por ejemplo, ha modificado tanto la distribución de los instrumentos de producción como la
de los productos. La gran propiedad moderna de la tierra el resultado al mismo tiempo del
comercio y de la industria moderna, y de la aplicación de esta última a la agricultura.
Las cuestiones planteadas se reducen todas, en última instancia, a una sola: ¿cómo inciden
las condiciones históricas generales en la producción y cuál es la relación que mantienen con
el movimiento histórico en general? Esta cuestión ocupa un lugar evidentemente en la
discusión y desarrollo del tema de la producción misma.
Sin embargo, en la forma trivial en que acaban de ser planteadas, pueden ser liquidadas
rápidamente. Todas las conquistas suponen tres posibilidades: el pueblo conquistador
somete al pueblo conquistado a su propio modo de producción (p. ej., los ingleses en este
siglo en Irlanda y, en parte, en la India); o bien deja subsistir el antiguo y se satisface con un
tributo(p. ej., los turcos y los romanos); o bien se produce una acción recíproca de la que
nace una forma nueva, una síntesis (en parte, en las conquistas germánicas). En todos los
casos, el modo de producción — sea el del pueblo conquistador, sea el del pueblo sometido,
o el que resulta de la fusión de los dos — es determinante para la nueva distribución que se
establece. Aunque esta parezca como un supuesto para el nuevo período de producción, ella
misma es a su vez producto de la producción, no solamente de la producción histórica en
general, sino de la producción histórica determinadaa.
a “der bestimmten geschichtlichen Produktion”, en ms. “bestimmt d. Geschichtlichen Prod.”.
19

Los mongoles, p. ej., devastando a Rusia, actuaban de conformidad con su producción que no
exigía más que pasturas, para las cuales las grandes extensiones inhabitadas eran una
condición fundamental. Los bárbaros germanos, para quienes la producción consistía en
agricultura practicada con siervos y en una vida aislada en el campo, pudieron someter
tanto más fácilmente las provincias romanas a estas condiciones, por cuanto la
concentración de la propiedad de la tierra que se había operado en ellas había transformado
por completo las antiguas condiciones agrarias.
Es una noción tradicional la de que en ciertos períodos se ha vivido únicamente del pillaje.
Pero para poder saquear es necesario de que haya algo que saquear, es necesaria una
producción. Y el tipo de pillaje está determinado también por el modo de producción. Una
stock-jobbing nationb, p. ej., no puede ser saqueada de la misma manera que una nación de
vaqueros.
b Nación de especuladores de bolsa.

Cuando se roba el esclavo se roba directamente el instrumento de producción. Pero también


es preciso quec la producción del país para el cual se ha robado esté organizada de manera
que admita el trabajo de los esclavos, o bien (como en América del Sur, etc.) debe crearse un
modo de producción que corresponda a la esclavitud.
c “um” en el ms. “als”

Las leyes pueden perpetuar entre ciertas familias un instrumento de producción, p. ej., la
tierra. Estas leyes adquieren un significado económico únicamente allí donde la gran
propiedad del suela está en armonía con la producción social, como en Inglaterra, p. ej. En
Francia el pequeño cultivo se practicaba a pesar de la gran propiedad del suelo, por ello esta
Introducción

última fase fue destruida por la Revolución. Pero, ¿y la perpetuación por medio de leyes del
parcelamiento de las tierras p. ej.? A pesar de estas leyes la propiedad se concentra de
nuevo. Determinar más en particular la influencia de las leyes sobre la conservación de las
relaciones de distribución y, por consiguiente, su efecto sobre la producción.

FINALMENTE, CAMBIO Y CIRCULACION

Cambio y producción

La circulación misma no es más que un momento determinado del cambio, o también es el


cambio considerado en su totalidad.
20

En tanto el cambio es sólo un momento mediador entre la producción y la distribución que


ella determina, por un lado, y el consumo por el otro, y en cuanto al propio consumo aparece
también como un momento de la producción, es evidente que el cambio está incluido en la
producción como uno de sus momentos.
En primer lugar, resulta claro que el cambio de actividades y de capacidades, que se opera
en la propia producción, pertenece a la producción directamente y es algo constitutivo de
{esta. Esto es válido también, en segundo lugar, respecto del cambio de los productos, en la
medida en que éste es un medio para suministrar el producto acabado, preparado para el
consumo inmediato. En lo visto hasta ahora el cambio es un acto incluido en la producción.
En tercer lugar, el llamado exchangea entre dealersb y dealers4 en razón misma de su
organización está completamente determinado por la producción como actividad también
productiva. El cambio sólo aparece como independiente junto a la producción e indiferente
con respecto a ella en el último estadio, en el cual el producto se cambia directamente para
ser consumido. Pero, 1) no existe cambio sin división de trabajo, sea ésta natural o
constituya un resultado histórico; 2) el cambio privado presupone la producción privada; 3)
la intensidad del cambio, lo mismo que su extensión y su índole están determinados por el
desarrollo y la organización de la producción. Por ejemplo. Cambio entra la ciudad y el
campo, cambio en el campo, en la ciudad, etc. El cambio aparece así, en todos sus momentos,
como directamente incluido en la producción o determinado por ella.
a Cambio, intercambio
b Comerciantes

El resultado al que llegamos no es que la producción, la distribución, el intercambio y el


consumo sean idénticos, sino que constituyen las articulaciones de una totalidad,
diferenciaciones dentro de una unidad. La producción trasciende tanto más allá de sí misma
en la determinación opuesta de la producción, como más allá de los otros momentos. A
partir de ella, el proceso comienza nuevamente. Se comprende que el intercambio y el
consumo no puedan ser lo trascendente. Y lo mismo puede decirse de la distribución en
cuanto distribución de los productos. Pero como distribución de los agentes de la
producción, constituye un momento de la producción. Una producción determinada, por lo
tanto, determina un consumo, una distribución, un intercambio determinados y relaciones
recíprocas determinadas de estos diferentes momentos. A decir verdad, también la
producción, bajo su forma unilateral, está a su vez determinada por los otros momentos. Por

4 Cf. A. SMITH, An Inquiry etc., cit., vol. II, pp. 327-330 [Riqueza de las naciones, pp. 331-333].
La relación general de la producción con la distribución, el cambio y el consumo

ejemplo, cuando el mercado, o sea la esfera de cambio, se extiende, la producción amplía su


ámbito y se subdivide más en profundidad. Al darse transformaciones de la distribución se
dan cambios en la producción en el caso, p. ej., de la concentración del capital o de una
distinta distribución de la población en la ciudad y en el campo, etc. Finalmente, las
necesidades del consumo determinan la producción. Entre los diferentes momentos tiene
lugar una acción recíproca. Esto ocurre siempre en todos los conjuntos orgánicos.
Introducción

21

3) EL METODO DE LA ECONOMIA POLITICA

Cuando consideramos un país dado desde el punto de vista económico-político comenzamos


por su población, la división de ésta en clases, la ciudad, el campo, el mar, las diferentes
ramas de la producción, la exportación y la importación, la producción y el consumo anuales,
los precios de las mercancías, etcétera.
Parece justo comenzar por lo real y lo concreto, por el supuesto efectivo; así, por ej., en la
economía, por la población que es la base y el sujeto del acto social de la producción en su
conjunto. Sin embargo, si se examina con mayor atención, esto se revela [[como]] falso. La
población es una abstracción si dejo de lado, p. ej., las clases de que se compone. Estas clases
son, a su vez, una palabra huera si desconozco los elementos sobre los cuales reposan, p. ej.,
el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos últimos suponen el cambio, la división del trabajo,
los precios, etc. El capital, por ejemplo, no es nada sin trabajo asalariado, sin valor, dinero,
precios, etc. Si comenzara, pues, por la población tendría una representación caótica del
conjunto y, precisando cada vez más, llegaría analíticamente a conceptos cada vez más
simples: de lo concreto representado llegaría a abstracciones cada vez más sutiles hasta
alcanzar las determinaciones más simples. Llegado a este punto, habría de reemprender el
viaje de retorno, hasta dar de nuevo con la población, pero esta vez no tendría una
representación caótica de un conjunto, sino una rica totalidad con múltiples
determinaciones y relaciones. El primer camino es el que siguió históricamente la economía
política naciente. Los economistas del siglo XVII, p.ej., comienzan siempre por el todo
viviente, la población, la nación, el estado, varios estados, etc.; pero terminan siempre por
descubrir, mediante el análisis, un cierto número de relaciones generales abstractas,
determinantes, tales como la división del trabajo, el dinero, el valor, etc. Una vez que esos
momentos fueron fijados y abstraídos, comenzaron [[a surgir]] los sistemas económicos que
se elevaron desde lo simple — trabajo, división del trabajo, necesidad, valor de cambio —
hasta el estado, el cambio entre las naciones y el mercado mundial. Este último es,
manifiestamente, el método científico correcto. Lo concreto es concreto porque es la síntesis
de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso. Aparece en el pensamiento
como proceso de síntesis, como resultado, no como punto de partida, aunque sea el
verdadero punto de partida, y, en consecuencia, el punto de partida también de la intuición y
de la representación.
22

En el primer camino, la representación plena es volatilizada en una determinación


abstracta; en el segundo, las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo
concreto por el camino del pensamiento. He aquí por qué Hegel cayó en la ilusión de
concebir lo real como resultado del pensamiento que, partiendo de sí mismo, se concentra
en sí mismo, profundiza en sí mismo y se mueve por sí mismo, mientras que el método que
consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto es para el pensamiento sólo la manera de
apropiarse de lo concreto, de reproducirlo como un concreto espiritual. Pero esto no es de
ningún modo el proceso de formación de lo concreto mismo. Por ejemplo, la categoría
económica más simple, como p. ej. el valor de cambio, supone la población, una población
que produce en determinadas condiciones, y también un cierto tipo de sistema familiar o
comunitario o político, etc. Dicho valor no puede existir jamás de otro modo que bajo la
forma de relación unilateral y abstracta de un todo concreto y viviente ya dado. Como
categoría, por el contrario, el valor de cambio posee una existencia antediluviana. Por lo
tanto, a la conciencia, para la cual el pensamiento conceptivo es el hombre real y, por
El método de la economía política

consiguiente, el mundo pensado es como tal la única realidad — y la conciencia filosófica


está determinada de este modo —, el movimiento de las categorías se le aparece como el
verdadero acto de producción (el cual, aunque sea molesto reconocerlo, recibe únicamente
un impulso desde el exterior) cuyo resultado es el mundo; esto es exacto en la medida en
que — pero aquí tenemos de nuevo una tautología — la totalidad concreta, como totalidad
del pensamiento, como un concreto del pensamiento, es in facta un producto del
pensamiento y de la concepción, pero de ninguna manera es un producto del concepto que
piensa y se entrega a sí mismo, desde fuera y por encima de la intuición y de la
representación, sino que, por el contrario, es un producto del trabajo de abstracción que
transforma intuiciones y representaciones en conceptos. El todo, tal como aparece en la
mente como todo del pensamiento, es un producto de la mente que piensa y que se apropia
el mundo del único modo posible, modo que difiere de la apropiación de ese mundo en el
arte, la religión, el espíritu práctico. El sujeto real mantiene, antes como después, su
autonomía fuera de la mente, por lo menos durante el tiempo en que el cerebro se comporte
únicamente de manera especulativa, teórica. En consecuencia, también en el método teórico
es necesario que el sujeto, la sociedad, esté siempre presente en la representación como
premisa.
a En los hechos
23

Pero estas categorías simples, ¿no tienen una existencia histórica o natural autónoma,
anterior a las categorías concretas? Ça dépendb. Por ejemplo, Hegel tiene razón en comenzar
la filosofía del derecho con la posesión1, ya que constituye la relación jurídica más simple del
sujeto. Pero no existe posesión ante de la familia o de las relaciones de dominación y
servidumbre, que son relaciones mucho más concretas. En cambio, sería justo decir que
existen familias, tribus que se limitan a poseer, pero que no tienen propiedad. Frente a la
propiedad, la relación de simples comunidades de familias o de tribus aparece como la
categoría más simple. En la sociedad de un nivel más elevado la propiedad aparece como la
relación más simple dentro de una organización desarrollada. Pero el sustrato másc
concreto, cuyo vínculo es la posesión, está siempre supuesto. Puede imaginarse un salvaje
aislado que sea poseedor.
b Depende, según
c “konkretere”; edic. 1939, “konkrete” (“concreto”)

Pero en este caso la posesión no es una relación jurídica. No es exacto que la posesión
evolucione históricamente hacia la familia. Por el contrario, ella presupone siempre esta
“categoría jurídica más concreta”2 Sin embargo, quedaría siempre en pie el hecho de que las
categorías simples expresan relaciones en las cuales lo concreto no desarrollado pudo
haberse realizado sin haber establecido aún la relación o vínculo más multilateral que se
expresa espiritualmente en la categoría más concreta; mientras que lo concreto más
desarrollado conserva esta misma categoría como una relación subordinada. El dinero
puede existir y existió históricamente antes que existiera el capital, antes que existieran los
bancos, antes que existiera el trabajo asalariado. Desde este punto de vista, puede afirmarse
que la categoría más simple puede expresar las relaciones dominantes en un todo no
desarrollado o las relaciones subordinadas de un todo más desarrollado, relaciones que
existían ya históricamente antes de que el todo se desarrollara en el sentido expresado por
una categoría más concreta. Sólo entonces el camino del pensamiento más abstracto, que se
eleva de lo simple a lo complejo, podría corresponder al proceso histórico real.

1 Cf. HEGEL, Filosofía del derecho, § 40.


2 Ibídem, §§ 32 y 33.
Introducción

Por otra parte, puede decirse que existen formas de sociedad muy desarrolladas, y sin
embargo históricamente inmaduras, en las que se encuentran las formas más elevadas de la
economía — p. ej., la cooperación, una división desarrollada del trabajo, etc. — sin que exista
tipo alguno de dinero, como por ejemplo en el Perú3. También en las comunidades eslavas el
dinero y el intercambio que lo condiciona no aparecen o lo hacen muy raramente en el seno
de cada comunidad, mientras que aparecen en cambio en sus confines, en el tráfico con otras
comunidades; de allí que sea en general erróneo situar el cambio en el interior de las
comunidades como el elemento constitutivo originario. Al principio aparece más bien en la
relación de las diversas comunidades entre sí, antes que en las relaciones de los miembros
en el interior de una misma y única comunidad. Además: aunque el dinero haya
desempeñado desde muy temprano un papel múltiple, sin embargo, como elemento
dominante, pertenece en la antigüedad sólo a naciones unilateralmente determinadas, a
naciones comerciales. Y hasta en la antigüedad más culta, entre los griegos y los romanos,
sólo en el período de su disolución alcanza el dinero su pleno desarrollo, el cual en la
moderna sociedad burguesa constituye un presupuesto.
24

Esta categoría totalmente simple aparece históricamente en toda su plena intensidad sólo en
las condiciones más desarrolladas de la sociedad. Pero de ninguna manera impregna todas
las relaciones económicas. Por ejemplo, el impuesto en especie y las prestaciones en especie
continuaron siendo el fundamento del Imperio romano en su punto de mayor desarrollo.
Allí, el sistema monetario propiamente dicho sólo se había desarrollado completamente en
el ejército. Jamás llegó a dominar en la totalidad de la esfera del trabajo. De modo que,
aunque la categoría más simple haya podido existir históricamente antes que la más
concreta, en su pleno desarrollo intensivo y extensivo ella puede pertenecer sólo a una
forma social compleja, mientras que la categoría más concreta se hallaba plenamente
desarrollada en una forma social menos desarrollada.
El trabajo parecer ser una categoría totalmente simple. También la representación del
trabajo en su universalidad — como trabajo en general — es muy antigua. Y sin embargo,
considerado en esta simplicidad desde el punto de vista económico, el “trabajo” es una
categoría tan moderna como las relaciones que dan origen a esta abstracción simple. El
monetarismo, p. ej., pone todavía, de un modo completamente objetivo, la riqueza en el
dinero, como cosa exterior a sí misma. Frente a este punto de vista se dio un gran progreso
cuando el sistema manufacturero o comercial transfirió la fuente de la riqueza del objeto a la
actividad subjetiva, al trabajo comercial o manufacturero, pero concibiendo todavía esta
actividad siempre bajo el aspecto limitado a una actividad productora de dinero. Frente a
este sistema, [[se produjo otro progreso con]] el sistema fisiocrático que considera como
creadora de la riqueza una forma determinada de trabajo — la agricultura — y concibe el
objeto mismo no ya bajo el disfraz del dinero, sino como producto en general, como
resultado general del trabajo. Todavía este producto, en razón de la naturaleza limitada de la
actividad, es siempre un producto determinado de la naturaleza, un producto agrícola, un
producto par excellence de la tierra.
Un inmenso progreso se dio cuando Adam Smith rechazó todo carácter determinado de la
actividad creadora de riqueza considerándola simplemente como trabajo; ni trabajo
manufacturero, ni trabajo comercial, ni agricultura, sino tanto uno como otro. Con la
universalidad abstracta de la actividad creadora de riqueza, se da al mismo tiempo la
universalidad del objeto determinado como riqueza, como producto en general, o, una vez

3 Cf. W. H. PRESCOTT, History of the Conquest of Perú, vol. I, London 1850, libro primero [Historia de la conquista del Perú],

Krarner Editor, Buenos Aires, 1944, pp. 1-82.1 Extractos en el cuaderno londinense XIV.
El método de la economía política

más, [[como]] trabajo en general, pero como trabajo pasado, objetivado. La dificultad o
importancia de esta transición la prueba el hecho de que el mismo Adam Smith vuelve a caer
de cuando en cuando en el sistema fisiocrático. Podría parecer ahora que de este modo se
habría encontrado simplemente la expresión abstracta de la relación más simple y antigua,
en que entran los hombres en tanto productores, cualquiera que sea la forma de la sociedad.
25

Esto es cierto en un sentido. Pero no en el otro. La indiferencia frente a un género


determinado de trabajo supone una totalidad muy desarrollada de géneros reales de
trabajo, ninguno de los cuales predomina sobre los demás. Así, las abstracciones más
generales surgen únicamente allí donde existe el desarrollo concreto más rico, donde un
elemento aparece como lo común a muchos, como común a todos los elementos. Entonces,
deja de poder ser pensado solamente bajo una forma particular. Por otra parte, esta
abstracción del trabajo en general no es solamente el resultado intelectual de una totalidad
concreta de trabajos. La indiferencia por un trabajo particular corresponde a una forma de
sociedad en la cual los individuos pueden pasar fácilmente de un trabajo a otro y en la que el
género determinado de trabajo es para ellos fortuito y, por lo tanto, indiferente. El trabajo se
ha convertido entonces, no sólo en cuanto categoría, sino también en la realidad, en el medio
para crear la riqueza en general y, como una particularidad suya. Este estado de cosas
alcanza su máximo desarrollo en la forma más moderna de sociedad burguesa, en los
Estados Unidos. Aquí, pues, la abstracción de la categoría “trabajo”, el “trabajo en general”, el
trabajo sans phrase, que es el punto de partida de la economía moderna, resulta por primera
vez prácticamente cierta. De este modo, la abstracción más simple que la economía coloca
en el vértice, y que expresa una relación antiquísima y válida para todas las formas de
sociedad, se presenta no obstante como prácticamente cierta en este [[grado de]]
abstracción sólo como categoría de la sociedad moderna. Podría decirse que aquello que en
los Estados Unidos se presenta como un producto histórico — me refiero a esta indiferencia
hacia un trabajo determinado —, entre los rusos, por ejemplo, se presenta como una
disposición natural. Pero, en primer lugar, existe una diferencia enorme entre bárbaros con
disposición para ser empleados en cualquier cosa y civilizados que se dedican ellos mismos
a todo. Además, entre los rusos, a esta diferencia hacia el carácter determinado del trabajo
corresponde prácticamente la sujeción tradicional a un trabajo enteramente determinado,
del que sólo pueden arrancarlos las influencias exteriores.
Este ejemplo de trabajo muestra de una manera muy clara cómo incluso las categorías más
abstractas, a pesar de su validez — precisamente debida a su naturaleza abstracta — para
todas las épocas, son no obstante, en lo que hay de determinado en esta abstracción, el
producto de condiciones históricas y poseen plena validez sólo para estas condiciones y
dentro de sus límites.
26

La sociedad burguesa es la más compleja y desarrollada organización histórica de la


producción. Las categorías que expresan sus condiciones y la comprensión de su
organización permiten al mismo tiempo comprender la organización y las relaciones de
producción de todas las formas de sociedad pasadas, sobre cuyas ruinas y elementos ella fue
edificada y cuyos vestigios, aún no superados, continúa arrastrando, a la vez que meros
indicios previos han desarrollado en ella su significación plena, etc. La anatomía del hombre
es una clave para la anatomía del mono. Por el contrario, los indicios de las formas
superiores en las especies animales inferiores pueden ser comprendidos sólo cuando se
conoce la forma superior. La economía burguesa suministra así la clave de la economía
antigua, etc. Pero no ciertamente al modo de los economistas, que cancelan todas las
diferencias históricas y ven la forma burguesa en todas las formas de sociedad. Se puede
comprender el tributo, el diezmo, etc., cuando se conoce la renta del suelo. Pero no hay por
Introducción

qué identificarlos. Además, como la sociedad burguesa no es en sí más que una forma
antagónica aparecen en ella sólo de manera atrofiada o hasta disfrazadas. Por ejemplo la
propiedad comunal. En con secuencia, si es verdad que las categorías de la economía
burguesa poseen cierto grado de validez para todas las otras formas de sociedad, esto debe
ser tomado cum grano salisa. Ellas pueden contener esas formas de un modo desarrollado,
atrofiado, caricaturizado, etc., pero la diferencia será siempre esencial. La así llamada
evolución histórica reposa en general en el hecho de que la última forma considera a las
pasadas como otras tantas etapas hacia ella misma, y dado que sólo en raras ocasiones, y
únicamente en condiciones bien determinadas, es capaz de determinarse a sí misma — aquí
no se trata, como es natural, de esos períodos históricos que se consideran a sí mismos como
una época de decadencia — las concibe de manera unilateral.
a Con indulgencia

La religión cristiana fue capaz de ayudar a comprender de una manera objetiva las
mitologías anteriores sólo cuando llegó a estar dispuesta hasta cierto punto, por así decirlo
δυναμει, a su propia autocrítica. Del mismo modo, la economía burguesa llegó a comprender
la sociedad feudal, antigua y oriental cuando comenzó a criticarse a sí misma. Precisamente
porque la economía burguesa no se identificó pura y simplemente con el pasado
fabricándose mitos, su crítica de las sociedades precedentes, sobretodo del feudalismo
contra el cual tuvo que luchar directamente, fue semejante a la crítica dirigida por el
cristianismo contra el paganismo, o también a la del protestantismo contra el catolicismo.
Como en general en toda ciencia histórica, social, al observar el desarrollo de las categorías
económicas hay que tener siempre en cuenta que el sujeto — la moderna sociedad burguesa
en este caso — es algo dado tanto en la realidad como en la mente, y que las categorías
expresan por lo tanto formas de ser, determinaciones de existencia, a menudo simples
aspectos, de esta sociedad determinada, de este sujeto, y que por lo tanto aun desde el punto
de vista científico, su existencia de ningún modo comienza en el momento en que se
comienza a hablar de ella como tal.
27

Este hecho debe ser tenido en cuenta porque ofrece elementos decisivos para la división de
nuestro estudio]]. Nada parece más natural, por ejemplo, que comenzar por la renta del
suelo, la propiedad de la tierra, desde el momento que se halla ligada a la tierra, fuente de
toda producción y de toda existencia, así como a la primera forma de producción y de toda
existencia, así como a la primera forma de producción de todas las sociedades más o menos
estabilizadas: la agricultura. Y sin embargo, nada sería más erróneo. En todas las formas de
sociedad existe una determinada producción que asigna a todas las otras su
correspondiente rango [e] influencia, y cuyas relaciones por lo tanto asignan a todas las
otras el rango y la influencia. Es una iluminación general en la que se bañan todos los colores
y [que] modifica las particularidades de éstos. Es como un éter particular que determina el
peso específico de todas las formas de existencia que allí toman relieve. Entre los pueblos
pastores, por ejemplo (los pueblos dedicados exclusivamente a la casa y a la pesca están
fuera de la esfera donde comienza el verdadero desarrollo). Existe entre ellos cierta forma
esporádica de agricultura. De ese modo se determina la propiedad de la tierra. Esta
propiedad es común y conserva esta forma en mayor o menor grado según que esos pueblos
están más o menos adheridos a sus tradiciones, por ejemplo la propiedad comunal entre los
eslavos. Entre los pueblos que practican la agricultura sedentaria — esta sedentariedad es
ya un gran paso —, donde ésta predomina como en la sociedad antigua y feudal, la propia
industria y su organización, y las formas de propiedad que le corresponden, tienen en mayor
o menor medida el carácter de propiedad de la tierra. [La industria]depende completamente
de la agricultura, como entre los antiguos romanos, o bien, como en el Medioevo, reproduce
El método de la economía política

en la ciudad y en sus relaciones la organización rural. En el Medioevo, el capital mismo — en


la medida en que no es simplemente capital monetario —, como instrumental artesanal, etc.,
tiene dicho carácter de propiedad de la tierra. En la sociedad burguesa ocurre lo contrario.
La agricultura se transforma cada vez más en una simple rama de la industria y es dominada
completamente por el capital. Lo mismo ocurre con la renta del suelo. En todas las formas en
las que domina la propiedad de la tierra la relación con la naturaleza es aún predominante.
En cambio, en aquellas donde reina el capital, [[predomina]] predomina el elemento
socialmente, históricamente creado. No se puede comprender la renta del suelo sin el
capital, pero se puede comprender el capital sin la renta del suelo. El capital es la potencia
económica, que lo domina todo, de la sociedad burguesa. Debe constituir el punto de partida
y el punto de llegada, y debe considerársele antes que la propiedad de la tierra. Una vez que
ambos hayan sido considerados separadamente, deberá examinarse su relación recíproca.
28

En consecuencia, sería impracticable y erróneo alinear las categorías económicas en el


orden en que fueron históricamente determinantes. Su orden de sucesión está, en cambio,
determinado por las relaciones que existen entre ellas en la moderna sociedad burguesa, y
que es exactamente el inverso de lo que parece ser su orden natural o del que
correspondería a su orden de sucesión en el curso del desarrollo histórico. No se trata de la
posición que las relaciones económicas asumen históricamente en la sucesión de las
distintas formas de sociedades. Mucho menos de su orden de sucesión “en la idea”
(Proudhon) (una representación nebulosa del movimiento histórico). Se trata de su
articulación en el interior de la moderna sociedad burguesa.
La pureza (el carácter determinado abstracto) con que los pueblos comerciantes — fenicios,
cartagineses — se presentan en el mundo antiguo, está dada precisamente por el
predominio de los pueblos agricultores. El capital, como capital comercial o monetario, se
presenta justamente bajo esta forma abstracta, allí donde el capital no es todavía el
elemento dominante de las sociedades. Los lombardos, los judíos, ocupan la misma posición
respecto de las sociedades medievales dedicadas a la agricultura.
Otro ejemplo de las distintas posiciones que ocupan las mismas categorías en los diversos
estadios de la sociedad: una de las más recientes instituciones de la sociedad burguesa, las
joint-stock-companiesa. Aparecen, no obstante, también en sus comienzos, en las grandes
compañías comerciales que gozan de privilegios y de monopolios.
a Sociedades por acciones

El concepto mismo de riqueza nacional se insinúa entre los economistas del siglo XVII — y
esta concepción subsiste en parte en los economistas del siglo XVIII — bajo un aspecto tal
que la riqueza aparece creada únicamente para el estado, cuya potencia aparece
proporcional a esta riqueza4. Era esta una forma todavía inconscientemente hipócrita bajo la
cual la riqueza misma y la producción de la riqueza se anunciaba como la finalidad de los
estados modernos, considerados en adelante únicamente como medios para la producción
de riqueza.
Efectuar claramente la división [[de nuestros estudios]] de manera tal que [[se traten]]: 1)
las determinaciones abstractas generales que corresponden en mayor o menor medida a
todas las formas de sociedad, pero en el sentido antes expuesto; 2) las categorías que
constituyen la articulación interna de la sociedad burguesa y sobre las cuales reposan las
clases fundamentales. Capital, trabajo asalariado, propiedad territorial. Sus relaciones
recíprocas. Ciudad y campo. Las tres grandes clases sociales. Cambio entre ellas. Circulación,

4 Cf. J. STEUART, An Inquiry into the Principies of Political Economy etc., vol. I, Dublin 1770, p. 327. Extractos de esta segunda

edic. en 3 vol. (10 en 2 vol., London 1767) en el cuaderno londinense VIII.


Introducción

Crédito (privado). 3) Síntesis de la sociedad burguesa bajo la forma del Estado. Considerada
en relación consigo misma. Las clases “improductivas”. Impuestos. Deuda pública. Crédito
público. La población. Las colonias. Emigración. 4) Relaciones internacionales de la
producción. División internacional del trabajo. Cambio internacional. Exportación e
importación. Curso del cambio. 5) El mercado mundial y las crisis.
Producción, medios de producción y relaciones de producción.

29

4) PRODUCCION, MEDIOS DE PRODUCCION Y RELACIONES DE PRODUCCION.


RELACIONES DE PRODUCCION Y RELACIONES DE TRAFICO. FORMAS DEL ESTADO Y DE
LA CONCIENCIA EN RELACIÓN CON LAS RELACIONES DE PRODUCCION Y DE TRAFICO.
RELACIONES JURIDICAS. RELACIONES FAMILIARES

Nota bene acerca de puntos que han de mencionarse aquí y que no deben se olvidados.
1) La guerra se ha desarrollado antes que la paz: mostrar la manera en que ciertas
relaciones económicas tales como el trabajo asalariado, el maquinismo, etc., han sido
desarrolladas por la guerra y en los ejércitos antes que en el interior de la sociedad
burguesa. Del mismo modo, la relación entre fuerzas productivas y relaciones de tráfico,
particularmente visibles en el ejército.
2) Relación de la historiografía ideal, tal como ella se ha desarrollado hasta ahora, con la
historiografía real. En particular, de las llamadas historias de la civilización, que son todas
historias de la religión y de los estados. )Con esta ocasión decir algunas palabras sobre los
distintos géneros de historiografía practicados hasta ahora. El género llamado objetivo. El
subjetivo (moral, entre otros). El filosófico)
3) Relaciones de producción derivadas en general, relaciones transmitidas, no originarias,
secundarias y terciarias. Aquí entran en juego las relaciones internacionales.
4) Objeciones sobre el materialismo de esta concepción. Relación con el materialismo
naturalista.
5) Dialéctica de los conceptos fuerza productiva (medios de producción) y relaciones de
producción, una dialéctica cuyos límites habrá que definir y que no suprime la diferencia
real.
6) La desigual relación entre el desarrollo de la producción material y el desarrollo, p. ej.,
artístico. En general, el concepto de progreso no debe ser concebido de la manera abstracta
habitual.
30 Con respecto al arte, etc.a, esta desproporción no es aún tan importante ni tan difícil de
apreciar como en el interior de las relaciones práctico-sociales mismas. P. ej., de la cultura.
Relación de los United States con Europa. Pero el punto verdaderamente difícil que aquí ha
de ser discutido es el de saber cómo las relaciones de producción, bajo el aspecto de
relaciones jurídicas, tienen un desarrollo desigual. Así, p. ej., la relación del derecho privado
romano (esto es menos válido para el derecho penal y el derecho público) con la producción
moderna.
7) Esta concepción se presenta como un desarrollo necesario. Pero justificación del azar.
Cómo. (Entre otras cosas también la libertad). Influencia de los medios de comunicación. La
historia universal no siempre existió; la historia como historia universal es un resultado.)
8) El punto de partida está dado naturalmente por las determinaciones naturales;
subjetiva y objetivamente. Tribus, razas, etc.
a “Mit der Kunst etc. Diese Disproportion”; en edic. 1939, “Moderne Kunst etc. Diese Disproportion” (“Arte moderno, etc. Esta

desproporción”)

[El arte griego y la sociedad moderna]


Introducción

1) En lo concerniente al arte, ya se sabe que ciertas épocas de florecimiento artístico no


están de ninguna manera en relación con el desarrollo general de la sociedad, ni, por
consiguiente, con la base materia, con el esqueleto, por así decirlo, de su organización. Por
ejemplo, los griegos comparados con los modernos, o también Shakespeare. Respecto de
ciertas formas del arte, la épica por ejemplo, se reconoce directamente que, una vez que
hace su aparición la producción artística como tal, ellas no pueden producirse nunca en su
forma clásica, en la forma que hace época mundialmente; se admite así que en la propia
esfera del arte, algunas de sus creaciones insignes son posibles son posibles solamente en un
estadio poco desarrollado del desarrollo artístico. Si esto es verdad en el caso de la relación
entre los distintos géneros artísticos en el ámbito del propio arte, es menos sorprendente
que lo mismo ocurra en la relación entre el dominio total del arte y el desarrollo general de
la sociedad. La dificultad consiste tan solo en formular una concepción general de estas
contradicciones. No bien se las específica, resultan esclarecidas.
Tomemos, p. ej., la relación del arte griego y luego, del de Shakespeare, con la actualidad. Es
sabido que la mitología griega fue no solamente el arsenal del arte griego, sino también su
tierra nutricia. La idea de la naturaleza y de las relaciones sociales que está en la base de la
fantasía griega, y, por lo tanto, del [[arteb]] griego, ¿es posible con los self-actors, las
locomotoras y el telégrafo eléctrico? ¿A qué queda reducido Vulcano al lado de Roberts et
Co., Júpiter al lado del pararrayos y Hermes frente al Crédit mobilier? Toda mitología
somete, domina, moldea las fuerzas de la naturaleza en la imaginación y mediante la
imaginación y desaparece por lo tanto cuando esas fuerzas resultan realmente dominadas.
¿En qué se convierte Fama frente a Printinghouse square?
31

El arte griego tiene como supuesto la mitología griega, es decir, la naturaleza y las formas
sociales ya modeladas a través de la fantasía popular de una manera inconscientemente
artística. Esos son sus materiales. No una mitología cualquiera, es decir, no cualquier
transformación inconscientemente artística de la naturaleza (aquí la palabra naturaleza
designa todo lo que es objetivo, comprendida la sociedad). La mitología egipcia no hubiese
podido jamás ser el seno materno del arte griego. Pero de todos modos era necesaria una
mitología. Incompatible con el desarrollo de una sociedad que excluye toda relación
mitológica con la naturaleza, toda referencia mitologizante a ella, y que requiera por tanto
del artista una fantasía independiente de la mitología.
b [[Kunst]], edic. 1939, [[“Mythologie”]], (“mitología”)

Por otra parte, ¿sería posible Aquiles con la pólvora y las balas? ¿O, en general, la Ilíada con
la prensa o directamente con la impresora? Los cantos y las leyendas, las Musas, ¿no
desaparecen necesariamente ante la regleta del tipógrafo y no se desvanecen de igual modo
las condiciones necesarias para la poesía épica?
Pero la dificultad no consiste en comprender que el arte griego y la epopeya estén ligadas a
ciertas formas del desarrollo social. La dificultad consiste en comprender que puedan aún
proporcionarnos goces artísticos y valgan, en ciertos aspectos, como una norma y un modelo
inalcanzables.
Un hombre no puede volver a ser niño sin volverse infantil. Pero, ¿no disfruta acaso de la
ingenuidad de la infancia, y no debe aspirar a reproducir, en un nivel más elevado, su
verdad? ¿No revive en la naturaleza infantil el carácter propio de cada época en sua verdad
natural? ¿Por qué la infancia histórica de la humanidad, en el momento más bello de su
desarrollo, no debería ejercer un encanto eterno, como una fase que no volverá jamás? Hay
niños mal educados y niños precoces. Muchos pueblos antiguos pertenecen a esta categoría.
Los griegos eran niños normales. El encanto que encontramos en su arte no está en
Producción, medios de producción y relaciones de producción.

contradicción con el débil desarrollo de la sociedad en la que maduró. Es más bien su


resultado; en verdad está ligado indisolublemente al hecho de que las condiciones sociales
inmaduras en que ese arte surgió, y que eran las únicas en que podía surgir, no pueden
volver jamás.
a Omitido en edic. 1939

Glosario:
Silogismo: Es una forma de razonamiento lógico que consta de dos proposiciones y una conclusión,
la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos.
Subsunción: Tipo de silogismo.
Tautología: En lingüística, una tautología es una redundancia debida a una cualificación superflua
(p. ej. "innovación novedosa", "mundo mundial"). Suele entenderse como una falta de estilo, aunque
a veces se utiliza intencionadamente para dar énfasis
II. El capítulo del dinero

34

CUADERNO I — La reforma de los bancos de Darimon

II. EL CAPITULO DEL DINERO

"El capítulo del dinero" comprende el cuaderno I y las siete primeras páginas del cuaderno IL El cuaderno I fue
redactado en octubre de 1857, pero Marx no lo dató.
35

ALFRED DARIMON: DE LA REFORME DES BANQUES. PARIS 1856.

"Tout le mal vient de la prédominance que l'on s'obstine à conserver aux métaux précieux
dans la circulation et les échanges" (p. 1,2)a .
Darimon comienza con el examen de las medidas tomadas por el Banque de France en
octubre de 1855 pour remédier à la diminution progressive de son encaisse (p. 2)b. Intenta
ofrecernos un Tableau estadístico de la situación de este banco durante los últimos seis
meses que precedieron las medidas de octubre. Compara a tal efecto su reserva metálica
durante cada uno de estos seis meses con las "fluctuations du portefeuille"c, o sea la masa de
discountsd que ha hecho (de títulos comerciales, de letras existentes en su portefeuille). La
cifra que expresa el valor de las securitiese en posesión del banco "représente", según
Darimon, "le plus ou moins de besoin que le public éprouvait de ses services, ou, ce qui
revient au méme, les nécessités de la circulation" (p. 2). Ce qui revient au méme? Du toutf. Si
la cantidad de billsg presentados para el discount se identificara con las "necesidades de la
circulación", de la circulación del dinero en sentido estricto, la circulación de los billetes de
banco debería estar determinada por la cantidad de documentos descontados.
aTodo el mal proviene de la obstinación con que se mantiene el predominio de los metales preciosos en la circulación y en los cambios. —
bPara remediar la disminución progresiva de su reserva. — cFluctuaciones de la cartera. — dDescuentos. — eTítulos. — fLa mayor o menor
necesidad que manifiesta el público de sus servicios o. lo que viene a ser lo mismo, las necesidades de la circulación. ¿Lo que viene a ser lo
mismo? ¡De ningún modo! . — gDocumentos

Ese movimiento no sólo no es paralelo como promedio, sino que muy frecuentemente es un
movimiento inverso. La cantidad de documentos descontados y sus fluctuaciones expresan
las necesidades del crédito, mientras que la cantidad de dinero circulante está determinada
por influencias muy distintas. Para poder llegar a conclusiones sobre la circulación, Darimon
debería haber puesto junto a la columna de la reserva metálica y a la de los documentos
descontados, una columna sobre el monto de los billetes en circulación. Para hablar de las
necesidades de la circulación, lo elemental debe ser comprobar ante todo las fluctuaciones
en la circulación real. La omisión de este imprescindible elemento de la comparación, revela
la ligereza de diletante y la confusión intencional entre las necesidades del crédito y las de la
circulación del dinero —una confusión sobre la cual se apoya, en verdad, todo el secreto de
la sabiduría prudoniana. (Es como si en un cuadro de mortalidad se hiciera figurar por un
lado las enfermedades y por el otro las muertes. olvidándose de los nacimientos.)
36

Las dos columnas (véase p. 3) presentadas por Darimon, o sea por un lado la columna de la
reserva metálica del banco de abril a setiembre, y por el otro la del movimiento de su
cartera, no expresan sino el hecho tautológico —para lo cual no es necesario, por cierto,
armar cuadros estadísticos— de que, en la misma medida en que se ingresan documentos al
banco para retirar metal, su cartera se llenó de documentos y sus arcas se vaciaron de metal.
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

Pero ni siquiera esta tautología, que Darimon quiere demostrar a través de su cuadro, logra
ser expresada claramente. Et muestra, en efecto, que desde el 12 de abril al 13 de setiembre
de 1855, la reserva metálica del banco disminuyó en cerca de 144 millones, mientras que los
títulos de su cartera aumentaron aproximadamente en 101 millonesa. La disminución de la
reserva metálica superó por tanto en 43 millones el aumento de los títulos comerciales
descontados. La identidad de los dos movimientos naufraga frente a este resultado de
conjunto del movimiento semestralb . Una comparación más cuidadosa de las cifras nos
muestra otras incongruencias.
Reserva metálica del banco. Títulos descontados por el bancoc.
12 de abril — 432.614.799 fr. 12 de abril — 322.904.313
10 de mayo — 420.914.028 10 de mayo — 310.744.925
a Debería ser "108". Marx ha tomado la cifra "101" de Darimon
b En realidad. del 12/4 al 13/9 van cinco meses.:
c Las cifras de este cuadro fueron transcritas por Marx con algunos pequeños errores. Deberían figurar las siguientes:

Reserva metálica del banco Títulos descontados por el banco


12 de abril — 432.614.798 12 de abril — 322.904.314
10 de mayo — 420.914.029 10 de mayo — 310.744.926
En otras palabras: desde el 12 de abril al 10 de mayo la reserva metálica disminuye en
11.700.769, mientras que el número de los títulos aumentaa en 12.159.388; es decir que el
aumentob de las securities supera en aproximadamente 1/2 millón (458.619 fr.) la
disminución de la reserva metálica. El fenómeno se invierte, pero con una amplitud
sorprendente, si comparamos el mes de mayo con el mes de junio:
Reserva metálica del banco Títulos descontados por el banco
10 de mayo — 420.914.028c 10 de mayo — 310.744.925d
14 de junio — 407.769.813 14 de Junio — 310.369.439
37

Desde el 10 de mayo al 14 de junio la reserva metálica había disminuido en 13.144.225 fr.°


¿Pero había aumentado en la misma medida sus securities? Todo lo contrario; en el mismo
período ellas habían sufrido una disminución de 375.486 fr. Aquí no se trata por lo tanto de
una desproporción puramente cuantitativa entre disminución por un lado y aumento por el
otro. La propia relación inversa de los dos movimientos ha desaparecido, La enorme caída
por un lado está acompañada de una caída relativamente débil por el otro.
Reserva metálica del banco Títulos descontados por el banco
14 de junio — 407.769.813 14 de junio — 310.369.439
12 de julio — 314.629.614 12 de julio — 381.699.256h
La comparación entre los meses de junio y julio muestra una disminución de la reserva
metálica de 93.140.199 y un aumento de las securities igual a 71.329.817i, vale decir que la
disminución de la reserva metálica supera el aumento de la cartera en 21.810.382 fra.
Reserva metálica del banco Títulos descontados por el banco
12 de julio — 314.629.614 12 de julio — 381.699.256
9 de agosto — 338.784.444 9 de agosto — 458.689.605
a Debería decir en cambio "disminuye": b Debería decir, en cambio, "disminución". Pero debe tenerse en cuenta que no se trata sólo de un

mero error en los términos utilizados por Mane, sino que efectivamente se confunde. Sin embargo, el error en la interpretación de este
primer par de cifras, que Marx reitera en su resumen de la p. 40, no afecta la corrección de su conclusión general. — c Tal como antes
indicamos, las cifras correctas son 420.914.029. — d Aquí debería ser 310.744.926. — e De acuerdo con las cifras que Marx utiliza, la
disminución sería en verdad de 13.144.215; de acuerdo con las cifras corregidas sería de 13.144.216. — f Según cifras corregidas
correspondería 375.487. — g Tal como antes señalamos esa relación inversa no existe; es una confusión de Marx. — h Debería decir
381.699.257. — i De acuerdo con las cifras corregidas, sería 71.329.818 y 21.810.381
II. El capítulo del dinero

Observamos aquí un aumento en ambos sectores: el de la reserva metálica aumenta en


24.154.830 y el de la cartera muestra un aumento mucho más importante: 76.990.349 fr. a .
Reserva metálica del banco Títulos descontados por el banco
9 de agosto — 338.784.444 9 de agosto — 458.689.605
13 de set. — 288.645.333b 13 de set. — 431.390.562b
La disminución de la reserva metálica en 50.139.111 fr.c está acompañada en este caso de
una disminución de las securities de 27.299.043 fr.c (En diciembre de 1855, a pesar de las
medidas restrictivas del Banque de France, su encaisse había disminuido en 24 millones
más.)
La salsa que es buena para el ganso también sirve para la gansa. Las conclusiones que
resultan de una confrontación sucesiva de los seis meses merecen tanta confianza como las
que resultan de la confrontación de los dos extremos de la serie realizada por el señor
Darimon. ¿Y qué muestra esta confrontación? Verdades que se eliminan entre sí. Dos veces
un aumento de la cartera con una disminución de la reserva metálica, pero de modo tal que
la disminución de esta última no alcanza el aumento de la primera (meses de abril-mayo y
junio julio). Dos veces una disminución de la reserva metálica, acompañada de la
disminución de la cartera, pero de modo tal que la disminución de esta última no cubre la de
la primera meses mayo-junio y agosto-setiembre).
38

Finalmente, una vez un aumento paralelo de la reserva metálica y de la cartera, pero de un


modo tal que el primero no cubre el segundo.d
a Sería 76.990.348. — b Según se indicó, 288.645.334 y 431390.563. — c Debería ser 50.139.110 y 27.299.042. — d La confusión de Marx

acerca de lo ocurrido entre abril y mayo, que antes señalamos, se refleja lógicamente en este párrafo de conclusiones. En verdad, debería
decir: "Una vez un aumento de la cartera con una disminución de la reserva metálica, acompañada de la disminución de la cartera, pero
última es mayor que el aumento de la primera (mes junio-julio). Tres veces una disminución de la reserva metálica, acompañada la
disminución de la cartera, pero de modo tal que dos veces la disminución de esta última no alcanza el aumento de la primera (meses mayo-
junio y agosto-setiembre) y una vez la disminución de la cartera es mayor que la de la reserva (mes abril-mayo). Finalmente, una vez un
aumento paralelo de la reserva metálica y de la cartera, pero de modo tal que el primero no cubre el segundo (mes julio-agosto)". Tal como
señalamos antes, estos cambios no afectan las conclusiones generales que Marx deriva a continuación de este párrafo

Disminución por un lado, aumento por el otro; disminución en ambas partes; aumento en
ambas partes. Se dan todos los casos, pero ninguna ley uniforme y sobre todo ninguna
relación inversa ni tampoco una acción recíproca, desde el momento que la disminución de
la cartera no puede ser la causa de la disminución en la reserva metálica, y el aumento en la
cartera no puede ser la causa del aumento en la reserva metálica. La relación inversa y la
acción recíproca nunca se han verificado en la comparación aislada que Darimon establece
entre el primero y el último mes. Si el aumento de 101 millones verificado en la cartera no
cubre la disminución de aproximadamente 144 millones verificada en la reserva metálica, es
preciso admitir la posibilidad de que el aumento por un lado y la disminución por el otro no
tienen entre sí un vínculo causal. El cuadro estadístico, en lugar de suministrar una
respuesta ha suscitado un conjunto de problemas conexos; en lugar de plantear un enigma
nos ha planteado docenas de enigmas. En realidad, los enigmas desaparecerían si el señor
Darimon hubiera puesto junto a sus columnas de la reserva metálica y de la cartera (o sea de
los títulos descontados), las columnas de la circulación de los billetes de banco y de los
depósitos. Una disminución en la reserva metálica inferior al aumento de la cartera se
explicaría entonces por el hecho de que al mismo tiempo aumentó el depósito de metal, o
que una parte de los billetes emitidos al efectuar descuentos no ha sido convertida en metal
y sigue circulando o también a que sin aumentar la circulación, los billetes emitidos
volvieron a entrar inmediatamente bajo la forma de depósitos o sirvieron para pagar los
documentos vencidos. Una disminución de la reserva metálica, acompañada de una
disminución inferior de la cartera se explicaría por el hecho de que fueron retirados del
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

banco depósitos o ingresaron billetes para ser convertidos en metal, y en consecuencia se


contrajo su capacidad de descuento en beneficio de los poseedores de depósitos retirados o
de billetes convertidos en metal.
Finalmente, una disminución inferior de la reserva metálica acompañada de una
disminución inferior de la cartera se explicaría por los mismos motivos (dejamos
completamente de lado el flujo destinado a reemplazar la moneda de plata en el interior del
país, ya que Darimon no lo tuvo en cuenta). Pero las columnas, que de este modo se habrían
esclarecido recíprocamente: habrían también demostrado lo que no se quería que
demostraran, a saber que la satisfacción de las necesidades comerciales crecientes no
presupone forzosamente de parte del banco un aumento de su circulación en billetes; que la
disminución o el aumento de esta circulación no corresponde a la disminución o al aumento
de su reserva metálica; que el banco no controla la masa de los medios de circulación, etc.,
todos ellos resultados muy simples que no pueden encontrar lugar dentro de la mercadería
barata del señor Darimon.
39

En su precipitación por gritar a los cuatro vientos su idea preconcebida, es decir, la antítesis
entre el fondo en metal del banco representado por su reserva metálica, y las necesidades de
la circulación representada según él por la cartera, recorta dos columnas de su contexto
indispensable, las cuales, así aisladas, pierden todo sentido o cuanto más se vuelven contra
él. Nos hemos detenido en este fait para poner en evidencia con un ejemplo el valor de las
ilustraciones estadísticas y positivas de los prudonianos. Sus referencias a hechos
económicos no sólo no ofrecen pruebas para sus teorías, sino que ofrecen muestras de cómo
la no asimilación de estos hechos es lo que les permite jugar con ellos. Y su modo de jugar
con los hechos revela la génesis de su abstracción teórica.
Continuemos con Darimon.
Al comprobar el Banco de Francia que su reserva metálica había disminuido en 144
millones y que su cartera había aumentado en 101 millones, el 4 y el 8 de octubre de 1855
adoptó una serie de medidas protectoras en favor de sus arcas y contra su cartera. Elevó la
tasa de descuento del 4 al 5 y del 5 al 6 % y redujo de 90 a 75 días los plazos de vencimiento
de los documentos presentados para su descuento. En otras palabras, agravó las condiciones
en que colocaba su metal a disposición del comercio. ¿Qué demuestra esto? "Que", dice
Darimon, "un banco organizado según los principios actuales, es decir basado en el
predominio del oro y de la plata, se sustrae al servicio del público en el momento mismo en
que el público tiene más necesidad de sus servicios"1. ¿Pero tenía necesidad de esas cifras el
señor Darimon para demostrar que la oferta encarece sus servicios en la misma medida en
que la demanda aumenta (y la supera)? Y esos señores que frente al banco representaban el
"público", ¿no tienen la "misma agradable manera de existencia"? Los filántropos
comerciantes de trigo que presentaron sus documentos al banco para obtener billetes, para
convertir los billetes en oro del banco, para convertir el oro del banco en trigo del exterior y
convertir el trigo del exterior en dinero del público francés, ¿partieron acaso de la idea de
que dado que el público en aquel momento tenía sobre todo necesidad de trigo, era un deber
suyo cedérselo en condiciones más ventajosas? ¿No se precipitaron en cambio al banco para
explotar el aumento de precios del trigo, la necesidad urgente del público y la desproporción
entre su demanda y su oferta? ¿Y el banco debería escapar a esta ley económica universal?
Quelle idée!a
a¡Qué idea!.
40

1 Cf. A. DARIMON, De la réforme des banques, avec une introduction par M. Emile de Girardin, Paris 1856, p. 3.
II. El capítulo del dinero

Podría ser que la actual organización de los bancos trajera consigo la necesidad de acumular
oro en cantidades tales como para condenar al ocio el medio de compra, que en caso de
escasez de trigo podría ser utilizado muy ventajosamente por la nación, y como para
convertir en general al capital, que debería recorrer las fértiles metamorfosis de la
producción, en una plataforma inerte e improductiva de la circulación. En este caso
estaríamos entonces viendo que en el sistema bancario actual la reserva metálica
improductiva supera su mínimo necesario, ya que el ahorro de oro y plata en el ámbito de la
circulación no ha sido todavía limitado a sus confines económicos. Vale decir, se trataría de
una cuestión de más o de menos, aunque sobre las mismas bases. Pero entonces el problema
se despeñaría desde las cumbres socialistas hasta los llanos burguesamente prácticos sobre
los cuales lo vemos circular entre gran parte de los adversarios anglo-burgueses del Banco
de Inglaterra. Quelle chute!b ¿Y si se tratara, en cambio, no de un mayor o menor ahorro de
metal bajo la forma de billetes o de otros dispositivos bancarios sino de un total abandono
del fondo en metal? Entonces de nuevo no nos serviría ni la fábula estadística, ni tanto
menos su moraleja. A fin de que el banco envíe metales preciosos al exterior en caso de
necesidad, no importa en qué condiciones, es necesario que primero los acumule; y para que
el exterior los acepte a cambio de sus mercancías, es necesario que ellos mantengan su
predominio.
b¡Qué caída!

Según Darimon, las causas que sustrajeron su metal precioso al banco fueron la mala
cosecha y la consiguiente necesidad de importar trigo del exterior 2.Pero él olvida el déficit
en la recolección de la seda y la necesidad de adquirirla en cantidades masivas en China.
Otra causa, según Darimon, se debería a las numerosas e importantes operaciones
empresarias, que coincidieron con los últimos meses de la exposición industrial de París 3.
Pero de nuevo olvida las grandes especulaciones e iniciativas emprendidas en el exterior
por el Credit mobilier y por sus rivales, para mostrar, como dice Isaac Péreire, que el capital
francés se distingue de los otros capitales por la misma naturaleza cosmopolita que
distingue la lengua francesa de las otras lenguas. Otra causa serían también los gastos
improductivos causados por la guerra en Oriente: préstamos por 750 millones.
41

¡Tenemos entonces, por un lado, un importante y súbito déficit en dos de las más
importantes ramas de la producción francesa! ¡Por el otro, un empleo inusitado del capital
francés en los mercados extranjeros, en empresas que no producen un equivalente
inmediato y en parte quizás no cubrirán jamás sus costos de producción! Para cubrir por
una parte la disminución de la producción nacional mediante importaciones, y por la otra el
aumento de las empresas industriales en el exterior, no era suficiente recurrir a los signos
monetarios que sirven para el cambio de equivalente, eran necesarios los propios
equivalentes; no dinero, sino capital. De todos modos, el déficit de la producción nacional
francesa no representaba de ningún modo un equivalente con respecto al empleo del capital
francés en el exterior. Supongamos que el Banco de Francia no se base en un fondo en metal
y que el exterior esté dispuesto a aceptar el equivalente o el capital francés en cualquier
forma, y no sólo en la específica de los metales preciosos: ¿no estaría lo mismo obligado el
banco a elevar las condiciones de su descuento precisamente en el momento en que su
"público" más necesitaba de sus servicios? Los billetes utilizados por el banco para
descontar los documentos de este público, son en la actualidad asignaciones sobre el oro y la
plata. En nuestra hipótesis ellos serían asignaciones sobre la reserva de productos de la
nación y sobre su fuerza de trabajo inmediatamente utilizable: la primera, limitada, la

2 Cf. ibídem, p. 3.
3 Cf. ibídem, pp. 3-4.
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

segunda, aumentable sólo dentro de límites muy estrechos y en determinados períodos. Por
otra parte, la impresora de billetes funcionaría inagotablemente y como por arte de magia.
Al mismo tiempo que las malas cosechas de trigo y de seda disminuyeron enormemente la
riqueza nacional directamente intercambiable, ¡ he aquí que las empresas mineras y
ferroviarias en el exterior inmovilizan esta riqueza bajo una forma que no crea ningún
equivalente inmediato y por consiguiente por el momento la engullen sin sustituirla! En
consecuencia: ¡ disminución absoluta de la riqueza nacional que podría ser directamente
cambiada, circular y ser enviada al exterior! Por otra parte; las asignaciones bancarias que
aumentan ilimitadamente. Consecuencia inmediata: elevación de los precios de los
productos, de las materias primas y del trabajo. Por otro lado, caída de los precios de las
asignaciones bancarias. El banco no habría entonces aumentado la riqueza nacional con un
toque mágico, sino solamente desvalorizado sus propios títulos por medio de una operación
muy usual. ¡ Con esta desvalorización se produce una súbita parálisis de la producción! ¡ De
ningún modo, grita el prudoniano! Nuestro nuevo sistema bancario no se limitaría al mérito
negativo de abolir el fondo en metal, dejando luego todo como antes. El crearía en cambio
condiciones productivas y comerciales totalmente nuevas, es decir, interviniendo sobre la
base de principios totalmente nuevos. ¿No es cierto quizás que la introducción de los bancos
actuales revolucionó en su tiempo las condiciones de la producción? Sin la concentración del
crédito que produjo, sin la renta pública que creó en contraposición con la renta territorial,
creando así las finanzas en contraposición con la propiedad del suelo, el moneyed interesta
en antítesis al landed interestb —sin este nuevo instituto de circulación ¿habrían sido
posibles la gran industria moderna, las sociedades por acciones, etc., las miles de formas de
títulos de circulación, que son al mismo tiempo los productos y las condiciones de
producción del comercio moderno y de la moderna industria?
a Interés monetario. — b Interés de la tierra
42

Hemos llegado así al problema fundamental, que no tiene ya vinculación con el punto de
partida. El problema, se dice, es de naturaleza general: ¿es posible revolucionar las
relaciones de producción existentes y las relaciones de distribución a ellas correspondientes
mediante una transformación del instrumento de circulación, es decir, transformando la
organización de la circulación? Además: ¿es posible emprender una transformación tal de la
circulación sin afectar las actuales relaciones de producción y las relaciones sociales que
reposan sobre ellas? Si toda transformación en tal sentido de la circulación requiriese a su
vez como supuesto previo transformaciones dé las otras condiciones de producción y
sacudimientos sociales, es evidente que esto refutaría a priori tal doctrina, que propone
realizar malabarismos en materia de circulación precisamente para evitar, por un lado, el
carácter violento de las transformaciones, y por el otro, para hacer de estas
transformaciones mismas no un supuesto, sino viceversa un resultado gradual de la
transformación de la circulación. Bastaría la falsedad de esa premisa fundamental para
demostrar una incomprensión igual de la conexión interna de las relaciones de producción,
de distribución y de circulación. La referencia histórica citada arriba no es en modo alguno
decisiva, ya que las instituciones modernas de crédito fueron en un tiempo tanto efecto
como causa de la concentración del capital, constituyendo solamente un momento de ella; la
concentración del patrimonio es acelerada tanto por una circulación defectuosa (como en la
Roma antigua) como por una circulación facilitada. Además, sería necesario examinar —
aunque esto correspondería más bien al planteo general del problema— si las distintas
formas civilizadas del dinero —moneda metálica, papel moneda, moneda de crédito,
moneda de trabajo (como forma socialista)— pueden lograr lo que se pretende de ellas sin
suprimir la relación misma de producción expresada en la categoría dinero y preguntarse
luego si no es por otra parte una exigencia que se niega a sí misma el querer prescindir, a
II. El capítulo del dinero

través de la transformación formal de una relación, de las condiciones esenciales de la


misma.
43

Las distintas formas del dinero pueden también corresponder mejor a la producción social
en los distintos niveles; una puede eliminar inconvenientes para los cuales otra no está
madura; pero mientras ellas sigan siendo forma del dinero y mientras el dinero permanezca
como una relación de producción esencial, ninguna puedea suprimir las contradicciones
inherentes a la relación del dinero: cuanto más, una forma puede representarlas de modo
diferente que otra. Aunque alguna forma de trabajo asalariado pueda eliminar los
inconvenientes de otra, ningunab puede eliminar los inconvenientes del trabajo asalariado
mismo. Una palanca puede vencer mejor que otra la resistencia de la materia inerte. Pero
todas se basan en el hecho de que la resistencia permanece. Este problema general de la
relación de la circulación respecto de las otras relaciones de producción puede ser
planteado, como es natural, sólo al final. Sin embargo, es curioso el hecho de que Proudhon y
sus compañeros ni siquiera lo planteen en su forma pura y se limiten a declamar sobre él
muy ocasionalmente. Cuando hagan alusión a él, será necesario prestar el máximo de
atención.
a"kann"; en el ms. "khnnen". — b"keine", en el ms. "Jede" ("Toda")

Ya desde el comienzo mismo se ve entonces que Darimon identifica completamente la


circulación del dinero con el crédito, lo cual es falso desde el punto de vista económico. (El
crédit gratuit, sea dicho al pasar, es sólo una temerosa e hipócrita forma pequeño-burguesa
en sustitución de la propiete c'est le vol.4 En lugar de que los obreros les saquen el capital a
los capitalistas, los capitalistas deberían ser obligados a dárselo a los obreros.) También
habrá que volver sobre este punto.
Incluso en el tema del que efectivamente se ocupa, Darimon arriba sólo a lo siguiente: que
los bancos que comercian con crédito, así como los comerciantes que comercian con
mercancías y los obreros que comercian con trabajo, venden más caro cuando la demanda
aumenta respecto a la oferta, vale decir, dificultan el acceso del público a sus servicios
justamente en el momento en que éste tiene más necesidad de ellos. Hemos visto que el
banco debe actuar así, tanto si emite billetes convertibles o billetes que no lo son.
El comportamiento del Banco de Francia en octubre de 1855 provocó un "immense
clameur"a (p. 4) y un "grand débat"b entre el propio banco y los portavoces del público.
Darimon resume o pretende resumir tal debate. Nosotros lo seguimos sólo ocasionalmente,
ya que su resumen, que no hace más que asumir una y otra posición, muestra la debilidad de
ambos adversarios. Un andar a tientas que sólo atina a dar razones superficiales. Cada uno
de los dos contendientes abandona a cada momento sus armas para buscar otras. No llegan
a las manos no sólo porque cambian continuamente las armas con las cuales podrían
aporrearse, sino también porque no bien se enfrentan en un terreno, escapan súbitamente a
otro.
44

(Desde 1806 hasta 1855 la tasa de descuento en Francia no superó el 6%: durante 50 años
immuable h 90 jours le maximum de l'echéanee des effets de commeree)c 5.
La debilidad con que Darimon presenta la defensa del banco y la falsedad del cuadro que
ofrece, resultan p. ej. claramente de este fragmento de su diario imaginario.

4 Cf. Gratuité du crédit. Discussion entre M. Ñ. Bastiat et M. Proudhon, Paris 1850, pp. 60-74, 286-287. Extractos, en el

cuaderno londinense XVI.


5 Cf. DARIMON, De la réforme etc., cit., p. 4.
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

Dice el adversario del banco: "Vous étes gráce à votre monopole, la dispensatrice et la
régulatrice du crédit. Quand vous vous montrez rigoureuse, non-seulement les escompteurs
vous imitent, mais encore ils exagérent vos rigueurs... Par vos mesures vous avez jeté l'arrét
dans les affaires' (p. 5)d .
Y el banco responde "humblement": "Que voulez-vous qur je frase? dit humblement la
Banque... Pour me garer de l'étranger, il faut que je me gare des nationaux. . . Avant tout, il
faut que j'empéche la sortie du numéraire, sans lequel je ne suis ni ne puis ríen" (p. 5). e
aInmenso clamor. — bGran debate. — cEl tiempo máximo de vencimiento de los efectos comerciales fue fijado en 90 días. — dGracias a
vuestro monopolio, sois los otorgadores y reguladores del crédito. Cuando vosotros os mostráis rigurosos, vuestros descontadores no sólo
os imitan, sino que hasta exageran rigores... Con vuestras medidas habéis paralizado los negocios. — e¿Qué queréis que haga, dice
humildemente el banco. . . para defenderme del extranjero, debo defenderme también de los de casa... Sobre todo debo impedir la salida
del numerario, en ausencia del cual no soy ni miedo nada

Se le hace decir .al banco una estupidez. Se le hace eludir el problema y se lo lleva a
perderse en una frase genérica para poder responderle con otra frase igualmente genérica.
En este diálogo el banco participa de la ilusión de Darimon de que a través de su monopolio
él regula verdaderamente el crédito. En realidad, el poder del banco comienza sólo allí
donde termina el de los "escompteurs" privados, en un momento pues en que su propio
poder es ya considerablemente limitado. Dejad que el banco mantenga una tasa del 5 % en
un momento de easy state del money market,a cuando todos descuentan al 2 y 1/2 %, y
veréis que los descontistas, en lugar de imitarlo le refregarán por la nariz todos los negocios
haciendo ellos todos los descuentos. Pero esto fue bastante evidente en la historia del Banco
de Inglaterra a partir de la ley de 1844: en las operaciones de descuento, etc., él fue el
verdadero rival de los banqueros privados. El Banco de Inglaterra, a fin de asegurarse una
participación, y una participación siempre creciente en las operaciones de descuento,
durante los períodos de easinessb del mercado monetario, se vio obligado a reducir
constantemente su tasa de descuento a la medida de los private bankers,c pero con
frecuencia por debajo de ella. Su "regulación del crédito" debe ser tomada por lo tanto cum
grano salisd, mientras que Darimon hace de su personal fe supersticiosa en el control
absoluto del mercado y del crédito por parte del banco, un punto de partida.
45

En lugar de indagar críticamente las condiciones efectivas del poder del banco sobre el
mercado de dinero, Darimon se adhiere inmediatamente a la frase de que el cashe es todo
para él y que el banco debe impedir su salidaf al exterior. Un profesor del Collége de France
(Chevalier) responde:6 "El oro y la plata son mercancías como las otras... Vuestra reserva
metálica es buena sólo para ser enviada al exterior para compras en momentos de
urgencia." El banco responde a su vez: "La moneda metálica no es una mercancía como las
otras; es un medio de cambio, y en virtud de este título goza del privilegio de dictar las leyes
a todas las otras mercancías". 7 En este momento, Darimon se interpone entre los
contendientes: "Si es así, es necesario atribuir no sólo la crisis actual, sino todas las crisis
comerciales periódicas, a este privilegio del cual el oro y la plata gozan, esto es el privilegio
de ser los únicos auténticos instrumentos de circulación" 8 . Para obviar todos los
inconvenientes de las crisis "sería suficiente que el oro y la plata fuesen mercancías como las
otras, o, más exactamente, que todas las mercancías fueran medios de cambio con el mismo
rango (au méme titre) (en virtud de los mismos títulos) que el oro y la plata; es decir, que los
productos se cambiaran verdaderamente por productos" (pp. 5-7)9.
aDe fácil situación del mercado monetario. — bFacilidad. — cBanqueros privados. — dCon las debidas reservas. — e Efectivo. — f"Efflux",
edic. 1939, "afflux"

6 Cf. ibídem, p. 5.
7 Cf. ibídem, p. 6.
8 Cf. ibídem, p. 6.
9 Cf. ibídem, pp. 6
II. El capítulo del dinero

Con superficialidad: así es presentada aquí la cuestión. Si el banco emite asignaciones sobre
dinero (billetes) y obligaciones sobre el capital reembolsables en oro y en plata (depósitos),
se comprende por sí mismo que sólo puede comprobar y 'admitir la disminución de su
reserva metálica sin reaccionar en tanto ésta no baje más allá de un cierto punto. Pero esto
no tiene nada que ver con la teoría de la moneda metálica. Sobre la teoría de la crisis de
Darimon volveremos más adelante.
En el capítulo "Petite histoire des crises de circulation" 10 el señor Darimon pasa por alto la
crisis inglesa del 1809-1811 y se limita a anotar la designación del Bullion-Committee en
1810; en cuanto a 1811 omite de nuevo la crisis real (que comenzó en 1809), y se limita a
registrar la adopción por la Cámara de los Comunes de la resolución según la cual "la
depreciación de los billetes respecto a los metales preciosos deriva no de una depreciación
del papel moneda sino de un aumento del precio del bullion"11 y el pamphlet de Ricardo que
sostenía la tesis opuesta, cuya conclusión sería la de que "el dinero, en su estado más
acabado, es el papel moneda" (pp. 22. 23)12. Las crisis de 1809 y 1811 eran en cambio
importantes en tal sentido, porque el banco emitió entonces billetes no convertibles, de
modo tal que las crisis no derivaron de ningún modo de la convertibilidad de los billetes en
oro (metal) y no podían por lo tanto ser frenadas ni siquiera abrogando tal convertibilidad.
Darimon pasa elegantemente sobre estos hechos que refutan su teoría de las crisis, y se
adhiere al aforismo de Ricardo que no tiene nada que ver con el asunto específico en
cuestión ni con el tema del pamphleta —el problema de la depreciación del papel moneda.
46

Ignora que la teoría del dinero de Ricardo ha sido refutada totalmente en sus falsas
premisas, según las cuales el banco controla la cantidad de billetes circulantes y la cantidad
de medios de circulación determina los precios, mientras que en cambio son los precios los
que determinan la cantidad de medios de circulación, etc. En la época de Ricardo, faltaban
todavía las investigaciones detalladas sobre los fenómenos de circulación del dinero. Esto,
dicho sea de paso.
a"in Frage und des Pamphlets"; edic. 1939 "der Frage in den Painphlets", lo que constituye una construcción con errores de concordancia

El oro y la plata son mercancías como las otras. El oro y la plata no son mercancías como las
otras: como medio universal de cambio ellas son mercancías privilegiadas y precisamente
en virtud de este privilegio degradan a las demás mercancías. He aquí a lo que reduce
Darimon en última instancia el antagonismo. Suprimid el privilegio del oro y de la plata,
degradadlos al rango de todas las otras mercancías: he aquí lo que exige Darimoi en última
instancia. No tendríais más entonces el mal específico del dinero-oro y del dinero-plata, o de
los billetes convertibles en oro y en plata. Habríais eliminado el mal definitivamente. O
también: elevad todas las mercancías al monopolio que ahora poseen exclusivamente el oro
y la plata. Dejad que el papa subsista, pero haced de cada uno un papa. Abolid el dinero
haciendo de cada mercancía dinero y confiriéndoles las propiedades específicas del dinero.
A esta altura surge la cuestión de si el problema mismo no revela su propio absurdo, y si por
consiguiente la imposibilidad de la solución no está ya en las propias condiciones del
problema. A menudo la respuesta sólo puede consistir en la crítica del problema y la
solución sólo puede encontrarse negando el problema mismo. El verdadero problema es el
siguiente: el sistema burgués de cambio, ¿no hace necesario un instrumento de cambio
específico? ¿No crea necesariamente un equivalente particular para todos los valores? Una
forma de este medio de cambio o de este equivalente puede ser más manejable, más
adecuada, y provocar menos inconvenientes que otras formas. Pero los inconvenientes que

10 En realidad, en la obra de Darimon este cap. III es titulado: "Petite histoire des banques de circulation".
11 Cf. ibídem, p. 22.
12 Cf. ibídem, p. 23.
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

derivan de la propia existencia de un medio específico de cambio, de un equivalente


particular y no obstante universal, se reproducirían en todas las formas, aunque de manera
distinta. Como es natural, Darimon pasa con entusiasmo por encima de este problema. ¡
Abolid el dinero sin abolirlo! Abolid el privilegio exclusivo que poseen el oro y la plata en
virtud de su exclusividad para ser dinero, pero proclamad a todas las mercancías, dinero:
vale decir, conferid a todas en común una propiedad que privada de la exclusividad deja de
existir.
47

En las drainsa de metales preciosos aparece una contradicción que Darimon advierte y
resuelve con igual superficialidad. Se revela que el oro y la plata no son mercancías como las
otras y que la economía moderna vuelve a recaer, repentinamente y con terror, aunque de
manera temporaria, en los prejuicios del mercantilismo. Los economistas ingleses tratan de
resolver la dificultad con la ayuda de una distinción. Lo que se requiere en los momentos de
tales crisis monetarias, dicen, no es el oro y la plata como dinero, el oro y la plata como
moneda, sino el oro y la plata como capital. Ellos olvidan agregar: capital, pero bajo la forma
determinada del oro y de la plata. Si el capital pudiera ser exportado bajo todas sus formas,
¿cuál sería entonces la razón de la salida de metales preciosos, mientras que la mayoría de
las otras mercancías se deprecian por la falta de salida?
aEvasiones

Veamos algunos ejemplos: drain a consecuencia de una mala cosecha de un alimento


fundamental (trigo, p. ej.) en el interior de un país, o luego que una mala cosecha en el
exterior encarece un objeto de consumo primario importado (té, p. ej.); drain luego de una
mala cosecha en las materias primas fundamentales para la industria (algodón, —lana, seda,
lino); drain causado por exceso de importación (por especulación, guerra, etc.). En caso de
mala cosecha en el interior, la compensación de un déficit imprevisto y duradero (de trigo,
té, algodón, lino, etc.), despoja doblemente a la nación. Una parte de su capital o de su
trabajo invertido no se reproduce: déficit real en la producción. Una parte del capital
reproducido debe ser destinado a cubrir estas carencias y se trata de una parte que no está
simplemente en proporción aritmética con el déficit, ya que el producto deficitario, debido a
la disminución de la oferta y al aumento de la demanda, aumenta y debe aumentar de precio
en el mercado mundial. Es preciso indagar cuidadosamente qué aspectos asumirían tales
crisis prescindiendo del dinero y qué determinación introduce el dinero en las relaciones
dadas. (Mala cosecha de trigo y exceso de importación [[constituyen]] los casos principales.
[[El caso de la]] guerra es comprensible por si mismo, ya que desde el punto de vista
económico es como si la nación echara al agua una parte de su capital).
Caso de una mala cosecha de trigo: considerada la nación respecto a otra nación, resulta
claro que su capital (y no sólo su riqueza real) ha disminuido, así como es claro que un
campesino que ha quemado su pan y debe por ello comprarlo al panadero, se empobrece en
una suma equivalente al monto de su adquisición. En el interior de la nación, al parecer, la
elevación del precio del trigo, en lo que tiene que ver con el valor deja todo como estaba.
Salvo por el hecho de que la cantidad de trigo reducida, multiplicada por el precio
aumentado durante la cosecha realmente mala, no es nunca igual a la cantidad normal
multiplicada por el precio inferior.
48

Supongamos que en Inglaterra se produzca solamente 1 quarter, y este 1 quarter alcance el


mismo precio que tenían precedentemente 30 millones de quarters de trigo. En tal caso la
nación —prescindiendo del hecho de que le faltarían los medios para reproducir tanto la
vida como el trigo— si partimos de que la jornada de trabajo necesaria para reproducir 1
quarter es = a, la nación cambiaría a x 30 millones de jornadas de trabajo (costos de
producción) por 1 x a jornadas de trabajo (producto). La capacidad productiva de su capital
II. El capítulo del dinero

se vería disminuida millones de veces, y disminuiría la suma de los valores poseídos en el


país, desde el momento que cada una de las jornadas de trabajo sería depreciada en 30
millones de veces. Cada parte del capital representaríaa ahora 1/30.000.000 de su valor
precedente, de su equivalente en costos de producción, aunque en el caso presente el valor
nominal del capital nacional no habría disminuido en nada (prescindiendo de la
depreciación de la tierra) ya que el valor inferior de los otros productos estaría compensado
exactamente por el valor mayor de 1 quarter de trigo. La elevación del precio del trigo igual
a a x 30 millones de veces sería la expresión de una depreciación igual de todos los demás
productos. Por otra parte, esta distinción entre interior y exterior es del todo ilusoria. La
relación entre la nación que sufre el déficit de trigo, y la nación extranjera de donde lo
adquiere, es idéntica a la relación entre cada individuo de la nación y el agricultor o el
comerciante de grano. La suma de más que debe pagar en la adquisición del trigo representa
una disminución directa de su capital, de los medios de que dispone.
Para no confundir el problema introduciendo elementos accesorios, es preciso imaginar
una nación en la que existe el free tradeb del grano. Hasta si el trigo importado lo fuera a un
precio tan barato como el de la producción nacional, la nación resultaría empobrecida del
capital no reproducido por los agricultores. Sólo que en la hipótesis imaginada la nación
importa siempre tanta cantidad de trigo extranjero como es importable al precio normal. El
aumento' de la importación presupone por consiguiente el aumento del precio.
a “repräsentierte!; edic. 1939 “repräsentiert” (“representa”). — bLibre cambio

El aumento del precio del trigo es =a la caída del precio de todas las otras mercancías. El
aumento de los costos de producción (representados en el precio) con que se obtiene el
quarter de trigo es = a la productividad disminuida del capital existente en todas las otras
formas. Al surplus gastado para la adquisición del trigo, debe corresponder un minus en la
adquisición de todos los demás productos, y por ello mismo una caída de sus precios. Con o
sin moneda metálica o de cualquier otra especie, la nación se encontraría en una crisis que
se extendería no sólo al trigo, sino a todas las otras ramas de producción, ya que no sólo
positivamente su productividad disminuiría y el precio de su producción sería depreciado
respecto al valor determinado por los costos de producción normales, sino también todos
los contratos, todas las obligaciones, etc., que reposan sobre los precios medios de los
productos. Por ejemplo, hay que entregar X fanegas de trigo para la deuda pública, pero los
costos de producción de esa cantidad de trigo habrán aumentado en una proporción
determinada. Independientemente del dinero, la nación se encontraría entonces ante una
crisis general. Al margen no sólo del dinero, sino también del mismo valor de cambio de los
productos, éstos se habrían depreciado y la productividad de la nación habría disminuido,
dado que todas sus relaciones económicas se apoyan sobre una productividad media de su
trabajo.
49

La crisis causada por un déficit de trigo no es producida, por lo tanto, por una drain of
bulliona, aunque puede ser agravada por los obstáculos que son interpuestos a esta drain.
aEvasión de oro.-

En todo caso no se puede en modo alguno decir con Proudhon que la crisis proviene del
hecho de que solamente los metales preciosos poseen un valor auténtico, a diferencia de las
otras mercancías, ya que la elevación del precio del trigo significa que de inmediato hay que
dar más oro y plata a cambio de una determinada cantidad de trigo, o sea que el precio del
oro y de la plata ha caído con relación al precio del trigo. Oro y plata, por consiguiente,
participan al igual que todas las otras mercancías de la depreciación, de la que ningún
privilegio las protege. La depreciación del oro y de la plata con relación al trigo es idéntica al
encarecimiento del propio trigo. (Pero esto no es del todo exacto. El quarter de trigo
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

aumenta de 50 a 100 sh., es decir en un 100 %, mientras que las mercancías de algodón
bajan en un 80 %. Respecto al trigo, la plata ha bajado solamente el 50 %, las mercancías de
algodón (debido a una paralizaciónb de la demanda) en un 80 %. Esto significa que los
precios de las otras mercancías bajan más de cuanto aumenta el precio del trigo. Pero se
verifica también el fenómeno opuesto. Por ejemplo, en los últimos años, en los que el trigo
aumentó temporariamente en un 100 %, los productos industriales no bajan en la misma
proporción en la que bajó el oro con respecto al trigo. Este caso no invalida todavía el
principio general.) Tampoco se puede decir que el oro posee un privilegio por el hecho de
que, como moneda, su cantidad es exacta y auténticamente fijada. Un tálero (plata) sigue
siendo un tálero en cualquier circunstancia. Y así también ocurre con una fanega de grano,
que sigue siendo una fanega, y una vara de tela, que sigue siendo una vara.
b ”stackender”; edic. 1939, “sinkender” (“disminución”)
La depreciación de la mayor parte de las mercancías (comprendido el trabajo) y la
consiguiente crisis en el caso de la mala cosecha de trigo no pueden por lo tanto ser
atribuidas primariamente a la exportación de oro, visto que la depreciación y la crisis se
producirían igualmente si no existiera ninguna exportación de oro del país y ninguna
importación de trigo extranjero.
50

La crisis se reduce simplemente a la ley de la oferta y la demanda, que como se sabe actúa de
manera incomparablemente más aguda y enérgica en el sector de las necesidades primarias
—consideradas a escala nacional— que en los otros sectores. La exportación de oro no es la
causa de la crisis del trigo, sino que, por el contrario, la crisis del trigo es la causa de la
exportación de oro.
Considerados en sí mismos el oro y la plata pueden tener una influencia en la crisis y
agravar sus síntomas sólo en dos sentidos: 1) en la medida en que la exportación de oro se
vuelvea más difícil a causa de las condiciones con respecto al metal a las que están ligados
los bancos; en cuanto las medidas que toma el banco contra esta exportación del oro
reaccionan desfavorablemente sobre la circulación interna; 2) en cuanto la exportación de
oro se vuelve necesaria, porque las naciones extranjeras aceptan capitales sólo y
exclusivamente bajo la forma de oro.
a"erschwert wird"; edic. 1939, "erschwert ware" ("se hubiera vuelto más difícil")

La dificultad nº 2 puede seguir subsistiendo aunque la dificultad nº 1 haya sido superada. El


Banco de Inglaterra la experimentó durante los períodos en los que estaba legalmente
autorizado a emitir billetes no convertibles. Bajaron los billetes respecto al oro en lingotes,
pero bajó también el precio del oro acuñado por la Casa de la Moneda con respecto a su
precio en lingote. El oro se había convertido en un tipo especial de mercancía con respecto a
los billetes. Se puede decir entonces que los billetes continuaron dependiendo del oro en
cuanto representaban nominalmente una determinada cantidad de oro, que no era de hecho
canjeable por ellos. El oro había permanecido como denominador suyo, aunque legalmente
ellos no tenían ya la posibilidad de ser cambiados en el banco por tal cantidad de oro.

[Convertibilidad y circulación de los billetes de banco]

No hay ninguna duda (? ) (pero este punto ha de ser analizado más adelante y no se refiere
directamente al object in question)a , que mientras el papel moneda recibe su título del oro
(por ejemplo, un billete de 5 esterlinas es el representante en papel de 5 sovereigns)b la
convertibilidad de los billetes sigue siendo una ley económica que puede tener realidad
II. El capítulo del dinero

política o no tenerla. Los billetes del Banco de Inglaterra decían oficialmente, también
durante el período 1799/1819, representar el valor de una determinada cantidad de oro.
¿Cómo poner a prueba esta afirmación sino a través del hecho de que el billete permite
obtener efectivamente tal o cual cantidad de metal? A partir del momento en que por un
billete de 5 £ no era posible obtener un valor en bullion = a 5 sovereigns, el billete quedaba
depreciado a pesar de su inconvertibilidad. La igualdad entre el valor de los billetes y un
determinado valor en oro fiel a su título entró inmediatamente en contradicción con la
desigualdad de hecho entre billete y oro.
51

La polémica surgida entre los ingleses, quienes mantienen al oro como denominador del
billete, versa en efecto no sobre la convertibilidad en oro del billete —la cual es sólo la
identidad práctica expresada teóricamente por el 'título del billete—, sino sobre los modos
de asegurar esta convertibilidad, vale decir, si esta convertibilidad debe ser asegurada
mediante limitaciones impuestas legalmente al banco o en cambio confiada a sí misma.
Estos últimos afirman que esta convertibilidad, en un banco de emisión que da anticipos
sobre documentos y cuyos billetes tienen por lo tanto un reflujo asegurado, está garantizada
on an averagec y que además sus adversarios nunca van más allá de esta seguridad media.
a Objeto en cuestión. — b Soberano, moneda de oro inglesa equivalente a una libra esterlina. — c Como promedio

Esto último es un factor: el average, sea dicho al pasar, no es desdeñable, y los cómputos de
promedio constituyen necesariamente la base fundamental tanto para los bancos como para
todas las compañías de seguros, etc. En este sentido los bancos escoceses son considerados,
con justa razón, como modelos. Por su parte, los metalistas rigurosos afirman que ellos
consideran seriamente este problema de la convertibilidad, que la necesidad de esta
convertibilidad está dada por la denominación misma del billetea, que la obligación del
banco de convertir mantiene la convertibilidad del billetes y constituye un límite al
overissueb, y que sus adversarios son los seudo partidarios de la inconvertibilidad.c Entre
estos dos extremos [[ existen]] varios matices, y una gran cantidad de "especies" menores.
Los defensores de la inconvertibilidadd, en fin, los definidamente antimetalistas, son sin
saberlo seudo partidarios de la inconvertibilidad c del mismo modo que sus adversarios lo
son de la convertibilidad,d en la medida en que dejando subsistir el título de los billetes,
aceptan de hecho la equiparación del billete con un título determinado y una determinada
cantidad de oro, como medida del valor total de sus billetes.
a En la edic. 1939, el orden de las dos oraciones precedentes está invertido. — b Exceso de emisión. — c "Inkonvertibilitát"; en el ms. y en

edic. 1939, "Konvertibilitát" ("convertibilidad"). — d "Konvertibilitát"; en el ms. y en edic. 1939, "Inkonvertibilitát" ("inconvertibilidad")

En Prusia existe el papel moneda de curso forzoso. (En tal caso el reflujo está asegurado por
el hecho de que una alícuota de los impuestos debe ser pagada en papel moneda.) Estos
táleros de papel no son asignaciones sobre la plata, no son legalmente convertibles en
ningún banco, etc. Ningún banco comercial los presta sobre documentos, pero son
reembolsados por el gobierno en caso de rechazo de sus emisiones. Sin embargo, su
denominación es la de la plata. Un tálero de papel dice representar el mismo valor de un
tálero de plata. En el caso de que fuera quebrantada seriamente la confianza en el gobierno,
o que dicho papel moneda fuera emitido en proporciones superiores a las necesidades de la
circulación, el tálero de papel dejaría de equivaler en la práctica al tálero de plata y se
depreciaría en cuanto ha caído por debajo del valor expresado por su título. Se depreciaría
también si no existiendo ninguna de las circunstancias señaladas, una necesidad particular
de plata le confiriese a ésta, a los fines de la exportación, p. ej., un privilegio respecto al
tálero de papel. La convertibilidad en oro y plata es por consiguiente la medida práctica del
valor de cualquier papel moneda que recibe su título del oro y de la plata, sea o no
legalmente convertible. Dado que el valor nominal es solamente como la sombra al cuerpo,
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

la posibilidad de que ambos se superpongan debe ser demostrada por su convertibilidad


(cambiabilidad) real.
52

Caída del valor real por debajo del valor nominal, equivale a depreciación. Paralelismo real,
permutabilidad real, equivale a convertibilidad. Para los billetes no convertibles la
convertibilidad no se comprueba en la caja del banco, sino en el cambio cotidiano entre el
papel moneda y la moneda metálica de la que aquélla lleva el título. En realidad, la
convertibilidad de los billetes convertibles está ya comprometida cuando no es confirmada
por el comercio cotidiano en cada rincón del país, sino por las magnas experiencias
especialmente realizadas en la caja del banco. En el campo escocés se prefiere el papel
moneda a la moneda de metal. Antes de 1845, cuando le fue impuesta la ley inglesa de 1844,
Escocia compartió como es natural todas las crisis sociales inglesas y algunas en medida
mayor, en cuanto el clearing of the land 13 se desarrolló allí más brutalmente. Sin embargo,
Escocia no conoció ninguna crisis monetaria propiamente dicha (la bancarrota de algunos
bancos fue una excepción, debida a la excesiva ligereza en el otorgamiento de créditos, y por
ello no se vincula a esta cuestión); no tuvo ninguna depreciación de los billetes, ninguna
acusación y ninguna investigación sobre la suficiencia o no del currencya circulante, etc.
a Dinero

Aquí Escocia es importante porque muestra por un lado de qué modo el sistema monetario
puede ser regulado plenamente sobre la base actual —y pueden ser eliminados todos los
inconvenientes de los que se lamenta Darimon— sin abandonar esta misma base social
actual; mientras al mismo tiempo sus contradicciones, sus antagonismos, la oposición entre
las clases, alcanzan simultáneamente un grado todavía más elevado que en cualquier otro
país del mundo. Es significativo que tanto Darimbn como el protector que hace la
introducción a su libro —Emite Girardin, quien integra sus engaños prácticos con un
utopismo teórico—, en lugar de encontrar en Escocia la antítesis de los bancos
monopolistas, como el Banco de Inglaterra y de Francia, la busquen en los Estados Unidos,
donde el sistema bancario, por exigencias estatales, es libre sólo nominalmente, y donde no
existe libre competencia entre los bancos sino un sistema federativo de bancos
monopolistas. Es evidente que el sistema monetario y bancario escocés constituía el escollo
más peligroso para las ilusiones de los manipuladores de la circulación. ¿No se dice que la
moneda de oro o de plata (donde no exista bimetalismo legal) sufre una depreciación cada
vez que su valor relativo cambia con respecto a todas las otras mercancías? ¿Y por qué no?
53

Porque ellas constituyen su propio denominador, porque su título no es el de un valor, vale


decir, porque ellas no son medidas por una tercera mercancía, sino que expresan solamente
partes alícuotas de su materia intrínseca: 1 sovereign = a equis cuanto de oro de tal o cual
peso. Nominalmente, el oro no puede por lo tanto depreciarse no porque sea el único que
expresa un valor auténtico, sino porque como dinero no expresa ningún valor at alla, y sí un
cuanto determinado de su propia materia: lleva en la frente su propio carácter determinado
cuantitativob. (Más adelante será necesario indagar con más detención si esta característica
distintiva de la moneda de oro y plata no constituye en última instancia una propiedad
inmanente de toda moneda.) Engañados por esta imposibilidad nominal de depreciación de
la moneda metálica, Darimon y compañía sólo ven aquel aspecto que aparece en las crisis, o
sea el aumento de precio del oro y de la plata respecto a casi todas las otras mercancías; no
advierten en cambio el otro aspecto, o sea la depreciación del oro y de la plata o del dinero
respecto a todas las otras mercancías (a excepción quizás del trabajo, pero no siempre) en
períodos llamados de prosperidad, vale decir en períodos de temporaria elevación general

13 Cf. J. STEUART, An Inquiry etc., cit., vol. I, pp. 45, 50, 153.
II. El capítulo del dinero

de los preciosc. Ya que esta depreciación del dinero metálico. (y de todo tipo de dinero
basado en el metal) precede siempre su aumento de precio, ellos deberían haber planteado
el problema de manera inversa: cómo prevenir el retomo periódico de la depreciación del
dinero (o, en su lenguaje, cómo abolir los privilegios de las mercancías frente al dinero). En
esta formulación se habría resuelto inmediatamente el problema de la supresiónd del alza y
de la baja de los precios. Este último [[lleva a]] suprimir los precios. En cambio ]] con esta
[[nueva formulación se trata del abolir el valor de cambio. Así este problema [[lleva a
abolir]] el cambio, en sus formas correspondientes a la organización burguesa de la
sociedad. [y] este último problema [[lleva a]] revolucionar económicamente a la sociedad
burguesa. Se habría visto entonces desde el comienzo que los males de la sociedad burguesa
no se remedian mediante "transformaciones" bancarias o mediante la fundación de un
"sistema monetario" racional.
a En absoluto. b Corrección de este párrafo con respecto a edic. 1939; con la eliminación de una palabra y modificaciones en la puntuación,

el párrafo queda redactado de manera distinta. c "der Preise"; en el ms. dice "des Geldes" ("del dinero"). d "aufzuheben". en el ms.
"aufzulósen" ("solución")
La convertibilidad —legal o no— sigue siendo una exigencia de aquel dinero cuyo título lo
convierte en un signo de valor, o sea lo equipara, cuantitativamente, a una tercera
mercancía. Pero la equiparación implica ya la contraposición, su posible desigualdad; la
convertibilidad implica por consiguiente su opuesto, la inconvertibilidad; el aumento de
precio incluye, digamos, como diría Aristóteles, la depreciación. Supongamos, p. ej., que el
sovereign se llame no sólo "sovereign" —que es simplemente un título honorífico que se le
otorga a una parte alícuota x de una onza de oro (denominación de cómputo), como el
"metro" lo es de una determinada longitud—, sino que represente, say, x horas de tiempo de
trabajo. 1/x onza de oro, en realidad no es sino l/x horab de tiempo de trabajo materializado,
objetivado.
54

Pero el oro es un tiempo de trabajo pasado, un tiempo de trabajo determinado. Su título


convertiría en su criterio de medida a una determinada cantidad de tiempo de trabajo en
general. La libra de oro debería ser convertible en x horas de tiempo de trabajo, y poderlas
comprar en cualquier momento: apenas se pudiera comprarlas en un precio mayor o menor,
la libra de oro se habría valorizado o depreciado; en este último caso su convertibilidad
habría cesado. Lo que determina el valor no es el tiempo de trabajo incorporado en los
productos, sino el tiempo de trabajo actualmente necesario. Consideremos la libra de oro
misma y, supongamos que equivalga al producto de 20 horas de tiempo de trabajo.
Supongamos ahora que por cualquier circunstancia se necesiten 10 horas para producir una
libra de oro. La libra de oro, cuyo título afirma que es = a 20 horas de tiempo de trabajo,
sería ahora solamente = a 10 horas de tiempo de trabajo, mientras que 20 horas de tiempo
de trabajo serían = 2 libras de oro. Si de hecho 10 horas de trabajo se cambian por 1 libra de
oro, 1 libra de oro no puede ya cambiarse por 20 horas de trabajo. La moneda de oro con el
título plebeyo de x horas de trabajo, estaría expuesta a más oscilaciones que cualquier otro
tipo de moneda y especialmente que la moneda de oro actual...dado que si el oro no puede
aumentar o disminuir respecto al oro (es idéntico a sí mismo), el tiempo de trabajo pasado
contenido en una determinada cantidad de oro debe o bien aumentar o bien disminuir
respecto al tiempo de trabajo vivo presente. Para mantener su convertibilidad sería preciso
conservar estacionaria la productividad de la hora de trabajo.
b Debería decir "x horas"

Más aún, según la ley económica general de que los costos de producción disminuyen
constantemente y de que el trabajo vivo deviene constantemente más productivo, y que por
lo tanto el tiempo de trabajo objetivado en los productos se deprecia constantemente, una
depreciación constante sería el destino inevitable de este dinero-trabajo áureo. Para obviar
este inconveniente se podría sostener que lo que debe recibir el título de "horas de trabajo"
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

debe ser no el oro sino el papel moneda, o sea un simple signo de valor, según la propuesta
de Weitling, y antes de él de los ingleses, y después de él, de los franceses, entre ellos
Proudhon y compañía. El tiempo de trabajo ,incorporado en el papel contaría tan poco como
el valor dele papel de los billetes de banco. Uno sería un mero representante de las horas de
trabajo, así como el otro del oro y de la plata. Si la hora de trabajo se volviera más
productiva, el bono que la representaa aumentaría su poder de adquisición y viceversa,
exactamente como en la actualidad, con un billete de 5 libras esterlinas se compra más o
menos según el aumento o la disminución del valor relativo del oro respecto a las otras
mercancías.
55

De acuerdo con la misma ley según la cual el dinero-trabajo de oro sufriría una depreciación
constante, el dinero-trabajo papel gozaría de una constante elevación de precio. Pero es esto
justamente lo que queremos, afirman los socialistas: el trabajador sería feliz por la creciente
productividad de su trabajo, en lugar de crear, como hace actualmente con relación a esto,
riqueza ajena y depreciación de sí mismo. But, unfortunately, there arise some small
scruples. D'abord:b una vez supuesto el dinero, aunque sólo sea bajo la forma de bono-
horario, debemos suponer también una acumulación de este dinero, y los contratos, las
obligaciones, los gravámenes fijos, etc., que se cancelarían con esta forma de dinero. Los
bonos acumulados se valorizarían constantemente de igual modo que las nuevas emisiones:
la productividad creciente del trabajo beneficiaría por lo tanto a quienes no trabajan;
además, tos gravámenes precedentemente contraídos seguirían el mismo camino con la
acrecentada productividad del trabajo. La caída y la elevación del valor del oro y de la plata
no significarían nada si fuera posible comenzar todo de nuevo en cualquier momento y
pagar las obligaciones contraídas con una determinada cantidad de oro sin que ellas estén
sometidas a las oscilaciones del valor del oro. Así ocurre precisamente con el bono —
horario y la productividad horaria.
a ”repräsentiert”; en el manuscrito “produziert” (“produce”). — b Pero desafortunadamente sugen algunos pequeños escrúpulos. En primer

lugar

El punto que se hace necesario analizar aquí es el de la convertibilidad del bono-horario.


Alcanzaremos la misma meta (tintando un atajo. Aunque sea demasiado prematuro, pueden
hacerse algunas observaciones sobre las delusionsa que están en la base del bono-horario y
que nos permiten lanzar una mirada al más profundo secreto que une la teoría de la
circulación de I'roudhon con su teoría general, la teoría de la determinación del valor. Esta
conexión la encontramos, p. ej., también en Bray y Gray. Los eventuales elementos de verdad
que pueden encontrarse allí deben ser examinados a continuación (pero antes debe decirse,
aun incidentally,b que si los billetes de banco son considerados meramente como
asignaciones sobre oro, nunca se debería emitir más allá de la moneda de oro que ellos
declaran sustituir, a menos de exponerlos a la depreciación. Tres asignaciones de 15 £ que
pago a tres distintos acreedores sobre las mismas 15 £ en oro, cada una de ellas sería en
efecto sólo una asignación sobre 15/3 £ = 5 £. Cada uno de estos billetes sería depreciado
desde el comienzo en un 33 1/3 %).
aEngaños. — bIncidentalmente

[Valor y precio]

El valor (el real valor de cambio) de todas las. mercancías (Incluso el trabajo) está
determinado por sus costos de producción, en otros términos, por el tiempo de trabajo
requerido para su producción. El precio es este valor de cambio expresado en dinero.
56
II. El capítulo del dinero

La sustitución del dinero metálico (y del papel moneda o moneda de crédito que recibe de él
su denominación) por dinero-trabajo, que recibiría su denominación del tiempo de trabajo
mismo, equipararía por lo tanto el valor real (valor de cambio) de las mercancías y su valor
nominal, su precio, su valor monetario. Equiparación del valor real y del valor nominal, del
valor y del precio. Pero a esto se llegaría solamente si se presupone que valor y precio son
distintos sólo nominalmente. Pero tal cosa de ningún modo es cierta. El valor de las
mercancías determinado mediante el tiempo de trabajo es sólo su valor medio. Un promedio
que aparece como una abstracción extrínseca en tanto sólo representa el resultado de un
cálculo que nos da la cifra media de un período —p. ej., 1 libra de café [[vale]] 1 sh., haciendo
por ejemplo el promedio de los precios del café durante un período de 25 años—, pero que
es muy real cuando es individualizada al mismo tiempo como la fuerza impulsora y el
principio motor de las oscilaciones a las que están sujetos los precios de las mercancías
durante un período determinado. Esta realidad no tiene solamente una importancia teórica;
más aún, constituye la base de la especulación comercial, cuyo cálculo de probabilidad
deriva tanto de los precios medios centrales considerados como centro de oscilación, como
de los ascensos y descensos medios de la oscilación por encima o por debajo de este centro.
El valor de mercado de las mercancías es siempre distinto de este valor medio y es siempre
inferior o superior a él. El valor de mercado se nivela con el valor real a través de sus
oscilaciones constantes: nunca a través de una ecuación con el valor real como tercer
elemento, sino a través de una continua diferenciación (Hegel diría: no mediante una
identidad abstracta, sino mediante una constante negación de la negación, o sea, de sí mismo
como negación del valor real.) Que el valor real —independientemente de su control de las
oscilaciones del precio de mercado (es decir, prescindiendo de él en cuanto es la ley de estas
oscilaciones)— se niega a su vez a sí mismo y pone el valor real de las mercancías en
contradicción constante con la propia determinación, depreciando o haciendo subir el valor
real de las mercancías existentes —todo esto yo lo he mostrado en mi folleto contra
Proudhon y no es necesario entrar aquí en más detalles al respecto. El precio se distingue
por lo tanto del valor no sólo como lo que es nominal se distingue de lo real; no solamente
por la denominación en oro y plata, sino por este motivo: que el segundo se presenta como
la ley de los movimientos recorridos por el primero. Sin embargo, ellos son constantemente
distintos y nunca coinciden o sólo lo hacen de modo accidental y por excepción. El precio de
las mercancías es constantemente superior o inferior a su valor, y el mismo valor de las
mercancías existe solamente en el up and downa de los precios de las mercancías. Demanda
y oferta determinan de modo constante los precios de las mercancías; nunca coinciden o
sólo lo hacen accidentalmente; pero los costos de producción por su parte determinan las
oscilaciones de la demanda y de la oferta.
aAscenso y descenso
57

El oro o la plata en los que se expresa el precio de una mercancía, su valor de mercado, son
ellos mismos una determinada cantidad de trabajo acumulado, una determinada cantidad de
tiempo de trabajo materializado. Bajo el supuesto do que los costos de producción de la
mercancía y los del oro y de la plata permanezcan idénticos, el aumento o la disminución de
su precio de mercado no significa sino que una mercancía, = x tiempo de trabajo, es
constantemente) (que el tiempo de trabajo x requerido en el mercado, o sea es superior u
inferior a su valor medio determinado por el tiempo de trabajo. La primera ilusión
fundamental de los bonos-horarios consiste en el hecho de que, al eliminar la diversidad
nominal entre valor real y valor de mercado, entre valor de cambio y precio —expresando el
valor no ya en una determinada objetivación del tiempo de trabajo, say oro y plata, sino
directamente en el tiempo de trabajo—, eliminan también la diferencia y contradicción real
entre precio y valor. Y así se comprende por al mismo de qué modo la simple introducción
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

del bono-horario eliminaríaa todas las crisis y todos los inconvenientes de la producción
burguesa. El precio monetario de las mercancías = a su valor real; la demanda = a la oferta;
la producción = al consumo; el dinero, al mismo tiempo, abolido y conservado; bastaría
solamente verificar el tiempo de trabajo, cuyo producto es la mercancía, y que se materializa
en la mercancía, para generar su correspondiente contrafigura en un signo de valor, en
dinero, en bono-horario. Cada mercancía sería de tal manera transformada directamente en
dinero y, a su vez, el oro y la plata serían reducidos al rango de todas las otras mercancías.
No es necesario un análisis circunstanciado para decir que la contradicción entre valor de
cambio y precio —entre el precio medio y los precios de los que aquél constituye el
promedio—, le diferencia entre las magnitudes y sus magnitudes medias no he elimina
eliminando la mera diferencia nominal entre las dos, de modo tal que en lugar de decir: 1
libra de pan cuesta 8 d., se dice: 1 libra de pan. l/x horas de trabajo. Al contrario, el 8 d. =1/x
horas de trabajo, y si el tiempo de trabajo materializado en una libra de pan es mayor o
menor que l/x horas de trabajo, como la medida de valor sería al mismo tiempo el elemento
en el que se expresa el precio, así y sólob así resaltaría con toda claridad la diferencia entre
valor y precio, esa diferencia que en el precio en oro o en plata queda oculta. De aquí
derivaría una ecuación infinita. 1/x horas de trabajo (contenida en 8 d. o expresada
mediante un bono sería) ( que 1/x horas de trabajo (contenida en la libra de pan).
a"beseitigte"; edic. 1939, "beseitigt" ("elimina"): b"nur"; edic. 1939, "nie" ("nuncu")
58

El bono-horario, que representa el tiempo de trabajo medio, no correspondería jamás al


tiempo de trabajo real y no sería nunca convertible en él; vale decir, el tiempo de trabajo
objetivado en una mercancía nunca movilizaría una cantidad de dinero-trabajo igual a sí
mismo y viceversa, sino una cantidad mayor o menor, así como actualmente toda oscilación
de los valores de mercado se expresa en un aumento o disminución de sus precios en oro o
plata.
La depreciación constante de las mercancías —en períodos bastante prolongados— con
respecto a los bonos-horarios, de la que antes hemos hablado, resultaba de la ley de la
productividad creciente del tiempo de trabajo, de las perturbaciones en el propio valor
relativo generadas por su principio inherente, o sea por el tiempo de trabajo. La
inconvertibilidad del bono-horario de la que estamos hablando, no es sino otra expresión de
la inconvertibilidad entre valor real y valor de mercado, entre valor de cambio y precio. El
bono-horario representaría, en contraposición a todas las demás mercancías, un tiempo de
trabajo ideal que se cambiaría ora por más, ora por menos tiempo que el real, y en el bono
adquiriría una existencia propia separada, correspondiente a esta desigualdad real. El
equivalente general, medio de circulación y medida de las mercancías, se presentaría a su
vez frente a ellas como individualizado, con leyes propias, enajenado, o sea con todas las
propiedades del dinero actual sín prestar, por otra parte, sus servicios. Pero la confusión
alcanzaría muy otro nivel por el hecho de que el medio a través del cual las mercancías —
estas cantidades objetivadas de tiempo de trabajo— son comparadas, no sería una tercera
mercancía, sino su misma medida de valor, o sea el tiempo de trabajo. La mercancía a,
objetivación de 3 horas de tiempo de trabajo, es. 2 bonos de horas de trabajo; la mercancía
b, objetivación también ella de 3 horas de trabajo, es. 4 bonos de horas de trabajo. Esta
contradicción en realidad es expresada, sólo que de manera oculta, en los precios
monetarios. La diferencia entre precio y valor, entre la mercancía medida a través del
tiempo de trabajo de la que es producto, y el producto del tiempo de trabajo por el cual ella
se cambia, crea el requerimiento de una tercera mercancía como medida en la que se
expresa el valor de cambio real de la mercancía. Dado que el precio no es idéntico al valor, el
elemento que determina el valor —el tiempo de trabajo— no puede ser el elemento en el que se
II. El capítulo del dinero

expresan los precios, ya que el tiempo de trabajo debería expresarse al mismo tiempo como lo
determinante y lo no-determinante, como lo igual y lo no igual a sí mismo.
59

Dado que el tiempo de trabajo como medida de valor existe sólo idealmente, no puede servir
como materia de confrontación de los precios. (Esto también arroja luz sobre cómo y por
qué la relación del valor recibe en el dinero una existencia material y particularizada. Este
punto debe ser desarrollado ulteriormente.) La diferencia entre precio y valor crea el
requerimiento de que los valores entendidos como precios sean medidos con un patrón de
medida distinto del suyo propio. El precio distinto del valor es necesariamente el precio
monetario. Aquí se ve que la diferencia nominal entre precio y valor es condicionada por su
diferencia real.
La mercancía a =1 sh. (i. e.= 1/x plata); la mercancía b = 2 sh. (o sea 2/x plata). Por ello la
mercancía b tiene un valor doble que la mercancía a. La relación de valor entre a y b es
expresada mediante la proporción en la que ambas se cambian por una cantidad de una
tercera mercancía, por plata; por consiguiente, no por una relación de valor.
Toda mercancía (sea ella un producto o un instrumento de producción) es = a la
objetivación de un determinado tiempo de trabajo. Su valor, o sea la relación en la cual ella
se cambia por otra mercancía o en la que otras mercancías se cambian por ella, es igual a la
cantidad de tiempo de trabajo realizado en ella. Si, por ejemplo, la mercancía es igual a 1
hora de tiempo de trabajo, ella se cambia por todas las otras mercancías que son el producto
de 1 hora de tiempo de trabajo. (Todo este razonamiento [[está hecho]] bajo el supuesto de
que el valor de cambio = al valor de mercado, que el valor real = al precio.) El valor de la
mercancía es distinto de la mercancía misma. Valor (valor de cambio), la mercancía lo es
solamente en el cambio (real o imaginario); valor es no sólo el carácter intercambiable de la
mercancía en general, sino la intercambiabilidad específica de mercancía. El valor es al
mismo tiempo el exponen-le de la proporción en la que una mercancía se cambia por otra, y
el exponente de la proporción en la que una mercancía ha sido ya Cambiada, en la
producción, por otras mercancías (tiempo de trabajo materializado); él es su
intercambiabilidad cuantitativamente determinada. Las mercancías —p. ej., una vara de
algodón y una medida de aceite consideradas como algodón y aceite son naturalmente
distintas, poseen distintas cualidades, son medidas de manera distinta, son
inconmensurables. En cuanto valores todas las mercancías son cualitativamente iguales y
sólo cuantitativamente diferentes, en consecuencia, se miden todas recíprocamente y se
sustituyen (se cambian, son recíprocamente convertibles) en determinadas proporciones
cuantitativas. El valor es su relación social, su cualidad económica. Un libro que posee un
determinado valor y un panecillo que posee el mismo valor se intercambian recíprocamente,
son del mismo valor sólo que en distinto material.
60

Como valor la mercancía es al mismo tiempo un equivalente de todas las otras mercancías
en una determinada relación. Como valor la mercancía es un equivalente; como equivalente,
todas sus cualidades naturales están canceladas en ella; la mercancía no mantiene ya
ninguna relación cualitativa particular con las otras mercancías; ella es tanto la medida
universal como el representante universal, como el medio universal de cambio de todas las
otras mercancías. Como valor ella es dinero. Pero si la mercancía, o sobre todo el producto o
instrumento de producción, es distinto de sí mismo como valor, como valor la mercancía es
distinta de sí misma en tanto que producto. Su cualidad como valor no sólo puede, sino que
al mismo tiempo debe adquirir una existencia distinta de la de su existencia natural. ¿Por
qué? Porque siendo las mercancías como valores distintas la una de la otra sólo
cuantitativamente, cada mercancía debe ser cualitativamente distinta de su propio valor. Su
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

valor debe, por ello, poseer también una existencia cualitativamente distinguible de ella, y
en el intercambio real esta posibilidad de existir separadamente debe convertirse en una
separación real, porque la diversidad natural de las mercancías debe entrar en
contradicción con su equivalencia económica, y una y otra pueden subsistir una junto a la
otra sólo en cuanto la mercancía adquiere una existencia doble; junto a la suya natural,
adquiere una existencia puramente económica en la cual ella es un mero signo, una letra que
representa a una relación de producción, un mero signo de su propio valor. En cuanto valor,
toda mercancía es divisible en partes iguales; en su existencia natural, en cambio, ya no lo es.
En cuanto valor, ella sigue siendo siempre la misma, no obstante las metamorfosis y formas
de existencia por las que pueda pasar sucesivamente: en la realidad hay intercambio de
mercancías sólo porque ellas son diferentes y corresponden a distintos sistemas de
necesidades. Como valor ella es universal, como mercancía real es una particularidad. Como
valor es siempre intercambiable; en el cambio real sólo lo es cuando satisface ciertas
condiciones particulares. Como valor, la medida de su cambiabilidad está determinada por
ella misma; el valor de cambio expresa precisamente la relación en la que ella sustituye otra
mercancía. En el cambio real ella es intercambiable solamente en cantidades fijadas por sus
cualidades naturales y correspondientes a las necesidades de quienes la cambian. (En suma,
todas las cualidades que son enumeradas como cualidades particulares del dinero, son
cualidades de la mercancía como valor de cambio, del producto como valor, distinto del
valor como producto.) (El valor de cambio de la mercancía como existencia particular junto
a la propia mercancía, es dinero; la forma en la cual todas las mercancías se Igualan, se
comparan, se miden; a la cual todas las mercancías se reducen y que a su vez se reduce a
todas las mercancías; el equivalente general.) En cada instante, en el cálculo, en la
contabilidad, etc., nosotros transformamos las mercancías en signos del valor, las fijamos
como simples valores de cambio, haciendo abstracción de su materia y de todas sus
cualidades naturales. 14
61

En el papel y mentalmente esta metamorfosis se efectúa por simple abstracción; pero en el


cambio real es precisa una mediación real, un medio, para poner en acto esta abstracción. En
sus cualidades naturales la mercancía no es siempre intercambiable ni tampoco
intercambiable con cualquier otra mercancía; no lo es en su natural identidad consigo
misma, sino que es puesta como no igual a sí misma, como algo desigual a sí misma, como
valor de cambio. Debemos ante todo convertirla en sí misma como valor de cambio, para
luego comparar este valor de cambio con otros e intercambiarlo. En lit forma más primitiva
del trueque, cuando dos mercancías se cambian entre sí, cada una es ante todo equiparada a
un si no que expresa su valor de cambio; p. ej., entre ciertos pueblos negros de las costas de
África occidental ellas son= x barsa. Una mercancía es = 1 bar; la otra = 2 bars. Ambas son
intercambiadas según esta relación. Antes de intercambiarse recíprocamente, las
mercancías son transformadas en bars, primero mentalmente y luego en el lenguaje. Es
preciso evaluarlas antes de ser cambiadas, y para evaluarlas es necesario ponerlas entre sí
en determinadas relaciones numéricas. Para ponerlas en tales relaciones numéricas y
volverlas conmensurables, ellas deben recibir una misma denominación (unidad). El bar
posee una existencia puramente imaginaria, ya que en general una relación sólo mediante
una abstracción puede recibir una corporización particular y ser a su vez individualizada15.

14 .
15 Cf. por ej. F. GALIANI, Della moneta, en Scrittori classici italiani di economia politica. Parte moderna. Tomo III, Milano
1803, p. 152. Extractos en el cuaderno londinense XX. J. STEUART, An Inquiry etc., cit., vol. II, pp. 106-107. H. STORCH, Cours etc.,
cit., t. I, pp. 84-88. D. URQUHART, Familiar Words as Effecting England and the English, London 1856, p. 112. W. JACOB, An
Historical Inquiry into the Production and Consumption of the Precious Metals, 2 vol., London 1831, vol. II, p. 326. Extractos, en
los cuadernos londinenses III, IV, V.
II. El capítulo del dinero

Para cubrir el saldo excedente de un valor sobre otro en el cambio, y equilibrar el balance, se
requiere, tanto en la más primitiva forma de trueque como en el comercio mundial actual, el
pago en dinero.
aLingotes, barras

Los productos (o actividades) se intercambian solamente como mercancías; las mercancías


en el propio cambio existen sólo como valores; sólo en cuanto tales ellas se equiparan. Para
determinar el volumen de pan que puedo cambiar por una vara de tela, establezco primero
una ecuación entre la vara de tela y su valor de cambio, o sea 1 vara = l/x tiempo de trabajo.
Vale decir, establezco una ecuación entre cada mercancía y un tercer elemento, o sea la
pongo como no igual a sí misma. Este tercer elemento distinto de ambas expresa una
relación y existe ante todo en la mente, en la representación, ya que en general las
relaciones, si han de adquirir fijeza, sólo pueden ser pensadas diferenciándolas de los
sujetos que ellas relacionan.
62

Apenas un producto (o una actividad) se convierte en valor de cambio, no sólo es


transformado en una determinada relación cuantitativa, en una proporción —vale decir, en
un número que expresa qué cantidad de otras mercancías le es igual, es su equivalente, o en
qué relación él es el equivalente de otras mercancías—, sino que debe al mismo tiempo ser
transformado cualitativamente, convertido en otro elemento, a fin de que ambas mercancías
se conviertan en magnitudes concretas, es decir, tengan la misma unidad, y se vuelvan por
tanto conmensurables. La mercancía debe ser ante todo convertida en tiempo de trabajo, o
sea en algo cualitativamente distinto de ella (cualitativamente distinto: 1) porque ella no es
tiempo de trabajo en cuanto tiempo de trabajo, sino tiempo de trabajo materializado; tiempo
de trabajo no en forma de movimiento, sino de reposo, no en forma de proceso, sino de
resultado; 2) porque ella no es la objetivación del tiempo de trabajo en general, el cual existe
solamente en la representación —es únicamente el trabajo separado de su cualidad, distinto
sólo cuantitativamente—, sino que es el resultado determinado de un trabajo determinado,
determinado naturalmente, cualitativamente distinto de los otros trabajos), para ser luego
comparada, como determinada cantidad de tiempo de trabajo, como determinada magnitud
de trabajo, con otras cantidades de tiempo de trabajo, a otras magnitudes de trabajo. A los
fines de la pura comparación —evaluación— de los productos, a los fines de la
determinación ideal de su valor, es suficiente efectuar esta transformación mentalmente
(una transformación en la que el producto existe simplemente como expresión de las
relaciones de producción cuantitativas). Cuando se trata de comparar mercancías entre sí
esta abstracción es suficiente; en el cambio real, la abstracción debe ser de nuevo objetivada,
simbolizada, realizada mediante un signo. Esta necesidad se plantea porque:
1) como ya habíamos dicho, las mercancías a cambiar son transformadas mentalmente en
relaciones de magnitudes ahoraa comunes, en valores de cambio, y de tal manera evaluadas
una respecto a la otra. Sin embargo, cuando se trata de cambiarlas realmente, he aquí que
sus cualidades naturales entran en contradicción con su determinación de valores de
cambio y de simples números concretos. Ellas no son divisibles a voluntad, etc.; 2) en el
cambio real se da siempre un cambio entre mercancías particulares, y el carácter
intercambiable de cada mercancía, así como la relación en la que ella es intercambiable,
depende de condiciones locales y temporales, etc.
a"nun-; odie. 1939, no figura

Pero la transformación de las mercancías en valor de cambio no la iguala a otra mercancía


determinada, sino que la expresa como un equivalente, expresa su relación de
intercambiabilidad respecto de todas las otras mercancías, etc. Esta comparación, efectuada
mentalmente de un solo golpe, en la realidad tiene lugar dentro de un conjunto
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

determinado, determinado por las necesidades, y sólo a través de fases sucesivas. (Por
ejemplo, yo cambio sucesivamente, en razón de mis necesidades, un ingreso de 100 táleros
por todo un conjunto de mercancías cuya suma al valor de cambio de 100 táleros.)
63

Por consiguiente, para realizar de un solo golpe la mercancía como valor de cambio y
otorgarle la efectividad general del valor de cambio, no es suficiente el cambio con una
mercancía particular. Ella debe ser cambiada por una tercera cosa que no sea a su vez una
mercancía particular, sino que sea en cambio el símbolo de la mercancía como mercancía,
del valor de cambio de la propia mercancía; que represente, quiero decir, el tiempo de trabajo
en cuanto tal, bajo la forma, supongamos, de un pedazo de papel o de cuero, el cual
represente una parte alícuota de tiempo de trabajo. (Un símbolo de tal tipo presupone un
reconocimiento general; no puede menos que ser un símbolo mochil y efectivamente no
representa sino una relación social.) Este símbolo representa las partes alícuotas del tiempo
de trabajo, representa el valor de cambio en partes alícuotas tales como para ser capaces de
expresar a través de una simple combinación aritmética todas las relaciones recíprocas de
los valores de cambio; este símbolo, este signo material del valor de cambio, es un producto
del cambio mismo y no la puesta en obra de una idea a priori. (In fact la mercancía que es
usada como mediadora del cambio se transforma sólo gradualmente en dinero, en un
símbolo; cuando esta transformación se ha consumado, puede a su vez ser sustituida por un
símbolo de ella misma. Ella se convierte entonces en un signo consciente del valor de
cambio.)
El proceso es simplemente el siguiente: el producto se convierte en mercancía, es decir, en
un simple momento del cambio. La mercancía es transformada en valor de cambio. Para
equipararla a sí misma en cuanto valor de cambio, ella es permutada por un signo que la
representa como el valor de cambio en cuanto tal. Como valor de cambio así simbolizado ella
puede ser cambiada nuevamente en determinadas proporciones por cualquier otra
mercancía. Dado que el producto se convierte en mercancía, y la mercancía en valor de
cambio, el primero adquiere en el pensamiento una doble existencia. Esta duplicación ideal
comporta (y debe además seguir comportando) que la mercancía se presente en el cambio
real bajo una doble forma: por un lado, como producto natural, por el otro, como valor de
cambio. Vale decir que su valor de cambio adquiere una existencia materialmente separada
de ella.
La determinación del producto como valor de cambio supone por lo tanto necesariamente
que el valor de cambio reciba una existencia separada, escindida del producto. El valor de
cambio escindido de las mercancías mismas y existente él mismo como una mercancía junto
a ellas, es: dinero. Todas las propiedades de la mercancía en cuanto valor de cambio se
presentan en el dinero como un objeto distinto de ella, como una forma de existencia social
escindida de su forma de existencia natural.
64

(Desarrollar más este punto, enumerando las propiedades habituales del dinero.) (El
material en el que es expresado este símbolo no es de ningún modo indiferente, por más
variedad que haya mostrado históricamente. La evolución de la sociedad elabora, junto con
el símbolo, también el material que cada vez lo expresa mejor y del que se trata luego de
desvincularse; un símbolo, si no es arbitrario, requiere determinadas condiciones del
material en el que se expresa. Así, p. ej., los signos lingüísticos tienen su historia.a Escritura
alfabética, etc.) El valor de cambio del producto general, por consiguiente, junto al producto,
el dinero. Así como es imposible eliminar complicaciones y contradicciones, derivadas de la
existencia del dinero junto a las mercancías particulares, transformando la forma del dinero
(aunque algunas dificultades relativas a una forma inferior pueden ser evitadas mediante
II. El capítulo del dinero

una forma superior), del mismo modo es imposible eliminar el dinero mientras el valor de
cambio siga siendo la forma social de los productos. Es necesario entender claramente este
punto para no plantearse tareas imposibles y reconocer los límites dentro de los cuales las
reformas monetarias y las transformaciones en el ámbito de la circulación pueden
reorganizar las relaciones de producción y las relaciones sociales que descansan sobre ellas.
aEn edic. 1939 figura aquí una coma y la forma verbal "haben" ("tienen") ocupa otro lugar en la oración

Las propiedades del dinero 1) como medida del cambio de mercancías; 2) como medio de
cambio; 3) como representante de las mercancías (y por ello, como objeto de los contratos);
4) como mercancía universal —junto a las mercancías particulares— derivan todas
simplemente de su determinación como valor de cambio objetivado y separado de las
mercancías mismas. (La propiedad del dinero de ser mercancía universal frente a todas las
otras, corporización de su valor de cambio, lo convierte al mismo tiempo en la forma
realizada y siempre realizable del capital; en la forma de aparición siempre válida del
capital; en una propiedad que se revela en los drains del bullion. Esta forma hace que el
capital se presente históricamente al principio sólo bajo la forma de dinero, y explica
finalmente el nexo que existe entre dinero y tasa de interés y la influencia del primero sobre
la segunda.)
Cuanto más la producción se configura de manera tal que cada productor .pasa a depender
del valor de cambio de su mercancía, vale decir, cuanto más el producto se convierte
realmente en valor de cambio y el valor de cambio deviene objeto inmediato de la
producción, tanto más deben desarrollarse las relaciones de dinero y las contradicciones que
son inmanentes a la relación de dinero, o sea a la relación del producto consigo mismo en
cuanto dinero. La necesidad del cambio y la transformación del producto en puro' valor de
cambio avanzan en la misma medida que la división del trabajo, es decir, avanzan con el
carácter social de la producción. Pero en la misma medida en que este último crece, crece el
poder del dinero, o sea la relación de cambio se fija como un poder externo a los
productores e independiente de ellos.
65

Lo que originariamente se presentaba como medio para promover la producción, se


convierte en una relación extraña a los productores. En la misma proporción en que los
productores se convierten en dependientes del cambio, éste parece devenir independiente
de ellos, y parece crecer el abismo entre producto como tal y producto como valor de
cambio. El dinero no produce estas antítesis y contradicciones, sino que el desarrollo de
estas oposiciones y contradicciones produce el poder aparentemente trascendental del
dinero. (Analizar la influencia de la transformación de todas las relaciones en relaciones de
dinero: del impuesto en especie al impuesto en dinero, de la renta en especie a la renta en
dinero, de la prestación militar a tropa mercenaria, y en general de todas las prestaciones
personales a prestaciones en dinero, del trabajo patriarcal, esclavista, servil, corporativo, a
trabajo asalariado puro.)
El producto deviene mercancía; la mercancía deviene valor de cambio; el valor de cambio
de la mercancía es su cualidad inmanente de dinero; esta cualidad suya de dinero se separa
de ella como dinero, adquiere una existencia social universal, separada de todas las
mercancías particulares y de su forma de existencia natural; la relación del producto consigo
mismo como valor de cambio se convierte en su relación con un dinero que existe junto a él,
o dicho de otra manera, de todos los productos con el dinero existente fuera de todos ellos.
Así como el cambio real de los productos genera su valor de cambio, así también su valor de
cambio genera el dinero.
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

La pregunta inmediata que ahora surge es la siguiente: la existencia del dinero junto a las
mercancías, ¿no contiene desde un comienzo contradicciones, que están dadas junto con
esta misma relación?

[Cambiabilidad de la mercancía por dinero]

Primero: El simple hecho de que la mercancía tenga una doble existencia, una vez como
producto determinado que contiene idealmente (contiene de modo latente) su valor de
cambio en su forma de existencia natural, y luego como valor de cambio manifiesto (dinero),
que a su vez ha cercenado toda vinculación con la forma de existencia natural del producto,
esta doble y distinta existencia debe pasar a ser diferencia, y la diferencia debe pasar a ser
oposición y contradicción. La propia contradicción entre la naturaleza particular de la
mercancía como producto y su naturaleza universal como valor de cambio, la cual ha creado
la necesidad de considerarla de manera doble, una vez como esta mercancía determinada, la
otra como dinero, la contradicción entre sus propiedades naturales particulares y sus
propiedades sociales universales, implica desde el principio la posibilidad de que estas dos
formas de existencia separadas de la mercancía no sean recíprocamente convertibles. La
cambiabilidad de la mercancía existe como una cosa exterior a ella bajo la forma de dinero,
como algo distinto de ella, no ya inmediatamente idéntico.
66

Apenas el dinero se ha convertido en una cosa exterior junto a la mercancía, el carácter


cambiable por dinero de la mercancía está ligado directamente condiciones externas que
pueden verificarse o no: está bajo el poder de condiciones externas. En el cambio la
mercancía es reclamada en razón de sus propiedades naturales y de las necesidades cuyo
objeto ella es. El dinero, en cambio, lo es libio en razón de su valor de cambio, solamente
como valor de cambio. De modo tal que la convertibilidad de la mercancía en dinero, su
cambiabilidad por él, y la posibilidad de que ella se encuentre con su valor de cambio,
dependen de circunstancias que en primer lugar no tienen nada que ver con la mercancía
como valor de cambio y que son independientes de ella. La convertibilidad de la mercancía
depende de las propiedades naturales del producto; la del dinero coincide con su existencia
de valor de cambio simbolizado. Puede ocurrir entonces que la mercancía bajo su forma
determinada de producto no pueda ya ser cambiada, equiparada con su forma universal de
dinero.
Dado que la cambiabilidad de la mercancía existe fuera de la mercancía misma bajo la forma
de dinero, ella se ha convertido en algo distinto de la mercancía, extrañe a la misma, algo con
lo cual la mercancía debe ser primeramente equiparada, algo con respecto a lo cual es
d'abord desigual. Pero la propia equiparación pasa a depender de condiciones externas,
deviniendo por lo tanto fortuita.

[M–D D–M]

Segundo: Así como el valor de cambio de la mercancía tiene una doble existencia, como
mercancía determinada y como dinero, así también el acto del cambio se escinde en dos
actos recíprocamente independientes: cambio de la mercancíaa por dinero, y cambio del
dinero por mercancíaa ; compra y venta. Como estos actos han alcanzado formas de
existencia espacial y temporalmente separadas una de la otra e indiferentes entre sí, deja de
II. El capítulo del dinero

existir su identidad inmediata. Ellos pueden corresponderse o no: pueden adecuarse o no;
pueden entrar en relaciones de desproporción recíproca. Es cierto que tratarán
permanentemente de igualarse, pero en lugar de la precedente igualdad inmediata aparece
ahora el movimiento constante de igualación, el cual presupone precisamente una posición
constante de desigualdad. La consonancia puede ahora ser eventualmente alcanzada sólo a
través del camino de las disonancias más extremas.
a"Ware"; edic. 1939, "Waren" ("mercancías")

[Autonomización del cambio respecto de sus sujetos]

Tercero: Con la separación de la compra y de la venta, con la escisión del cambio en dos
actos espacial y temporalmente independientes el uno del otro, aparece además otra nueva
relación.
67

Así como el cambio se escinde en dos actos recíprocamente independientes, el mismo


movimiento de conjunto del cambio se separa de los sujetos del cambio, es decir, de los
productores de mercancías. El cambio en función del cambio [mismo] se separa del cambio
en función de las mercancías. Entre los consumidores se inserta una capa mercantil, una
capa que no hace sino comprar para vender y vender para volver a comprar, y que en tal
operación no tiene por finalidad la posesión de las mercancías como productos, sino
simplemente obtener valores de cambio como tales, dinero. (También en el trueque más
simple puede formarse una capa mercantil. Pero dado que sólo tiene a su disposición el
excedente de la producción de los dos lados, su influencia sobre la misma producción es
secundaria, al igual que su importancia.) A la autonomización del valor de cambio en el
dinero, desvinculado de los productos, corresponde la autonomización del cambio (del
comercio) como función desvinculada de quienes cambian. El valor de cambio era la medida
del cambio de las mercancías; pero su finalidad era la posesión de la mercancía cambiada, su
consumo (sea que este consumo consista en su servir como producto directamente para
satisfacer necesidades, o bien a su vez como instrumento de producción). La finalidad del
comercio no es directamente el consumo, sino la adquisición de dinero, de valores de
cambio. Mediante esta duplicación del cambio —del cambio en función del consumo y del
cambio en función del cambio—nace una nueva desproporción. El comerciante, en su
cambio, está determinado simplemente por la diferencia entre compra y venta de las
mercancías; pero el consumidor debe desembolsar definitivamente el valor de cambio de las
mercancías que compra. Por más que la circulación, o sea el cambio en el ámbito de lo capa
mercantil, y el punto final de la circulación, es decir el cambio entre capa mercantil y
consumidores, deban finalmente condicionarse entre sí; son determinados por leyes y
motivos del todo diversos y pueden entrar en las mayores contradicciones. En esta
separación está ya contenida la posibilidad de las crisis comerciales. Pero dado que la
producción trabaja de manera inmediata para el comercio y sólo media-lamente para el
consumo, ella está obligada tanto a sufrir esta incongruencia entre comercio y cambio, como
a generarla por su lado. (Las relaciones entre demanda y oferta resultan completamente
trastocadas.) (Del comercio propiamente dicho se separan a su vez los negocios que tienen
por finalidad el dinero.)
Aforismos. (Todas las mercancías son dinero efímero; el dinero es la mercancía
imperecedera. Cuanto más se desarrolla la división del trabajo, tanto más el producto
inmediato deja de ser un medio de cambio. Aparece la necesidad de un medio de cambio
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

universal, es decir, de un medio de cambio que sea independiente de la producción


específica de cada uno. En el dinero, el valor de las cosas está separado de su sustancia.
68

El dinero es originariamente el representante de todos los valores; en la práctica las cosas se


invierten y todos los productos y los trabajos reales devienen los representantes del dinero.
En el trueque directo cada artículo no puede ser cambiado por cualquier otro artículo y una
determinada actividad puede ser cambiada solamente por determinados productos. El
dinero sólo puede superar las dificultades inherentes al trueque generalizándolas,
tomándolas universales. Es absolutamente necesario que los elementos separados
violentamente y que son esencialmente homogéneos, se muestren a través de una violenta
erupción, como separación de algo que es esencialmente homogéneo. La unidad se
restablece violentamente. Cuando la escisión antagónica lleva a erupciones, los economistas
hacen notar la unidad esencial y hacen abstracción de la enajenación. Su sabiduría
apologética consiste en olvidarse en todos los momentos decisivos de sus propias
definiciones. El producto, como medio de cambio inmediato, se caracteriza por lo siguiente:
1) está aún ligado inmediatamente a su cualidad natural y, por consiguiente, limitado en
todas formas por la misma, p. ej.; puede deteriorarse, etc.; 2) está aún inmediatamente
ligado a la necesidad inmediata que otro tiene o no precisamente de este producto, o
también que podría tener de su producto. Cuando el producto del trabajo y el propio trabajo
están subordinados al cambio, llega un momento en que son separados de su poseedor. El
hecho de que de esta separación ellos vuelvan de nuevo a su poseedor bajo otra forma,
resulta algo accidental. Una vez que en el cambio interviene el dinero, yo estoy obligado a
cambiar mi producto por el valor de cambio universal o por la capacidad universal de
cambio, mi producto pasa a depender del commercea general y es arrancado de sus límites
locales, naturales e individuales. Precisamente por esta vía puede dejar de ser un producto.)
aComercio a Comercio

[Génesis del dinero]


Cuarto: En el momento mismo en que el valor de cambio se hace presente en el dinero como
mercancía universal al lado de todas las mercancías particulares, el valor de cambio se hace
presente como mercancía particular en el dinero al lado de todas las otras mercancías (ya
que el dinero posee una existencia particular). Surge ya una incongruencia por el hecho de
que el dinero, aun existiendo solamente en el cambio, se contrapone como capacidad
universal de cambio a la capacidad particular de cambio propia de las mercancías y la anula
inmediatamente, aunque ambas siempre deban permanecer recíprocamente convertibles.
69

Y no sólo esto: el dinero entra también en contradicción consigo mismo y con su


determinación por el hecho de que él mismo es una mercancía particular (aunque sólo sea
un signo), y por lo tanto en su cambio por otras mercancías está sometido a su vez a
condiciones de cambio particulares, las cuales contradicen su cambiabilidad universal e
incondicionada. (Aquí no se habla todavía del dinero fijado en la sustancia de un producto
determinado, etc.) El valor de cambio ha adquirido, junto a su existencia en la mercancía,
una existencia propia en el dinero, ha sido separado de su sustancia precisamente porque el
carácter determinado natural de esta sustancia contradecía su determinación universal de
valor de cambio. Cada mercancía es igual (ob comparable) a otra como valor de cambio
(cualitativamente: cada una representa sólo un más o un menos cuantitativo de valor de
cambio).
b"oder"; edic. 1939, "und" ("y")
II. El capítulo del dinero

Por ello esta identidad suya, esta unidad suya es distinta de su diversidad natural y de ahí
que en el dinero aparezca no sólo como su elemento común, sino también como un tercer
elemento opuesto a ella. Pero por un lado el valor de cambio permanece naturalmente a la
vez como una cualidad inherente a las mercancías y como algo existente fuera de ellas; por
el otro lado, el dinero, no existiendo ya como propiedad de las mercancías, como algo común
a ellas, y existiendo en cambio junto a ellas de manera individualizada, se convierte él
mismo en una mercancía particular junto a las otras mercancías (determinable por la oferta
y la demanda, subdivisible en distintos tipos de dinero, etc.). El dinero se convierte en una
mercancía como las otras y al mismo tiempo no es una mercancía como las otras. No
obstante su determinación universal, él es algo cambiable junto a las otras cosas cambiables.
No es solamente el valor de cambio universal, sino al mismo tiempo un valor de cambio
particular junto a los otros valores de cambio particulares. De aquí surge una nueva fuente
de contradicciones que se manifiestan en la práctica. (En la separación del negocio en dinero
y valores frente al comercio real sale a luz la naturaleza particular del dinero.)
Vemos entonces cómo es inmanente al dinero el hecho de alcanzar sus fines negándolos al
mismo tiempo, el volverse autónomo respecto de las mercancías; el pasar de medio a fin; el
realizar el valor de cambio de las mercancías desvinculándose de ellas, el facilitar el cambio
introduciendo en él un elemento de escisión, el superar las dificultades del cambio
inmediato de mercancías generalizándolas, el convertir el cambio en autónomo con respecto
a los productores en la misma medida en que los productores se convierten en dependientes
del cambio.
(En otro momento, antes de dejar este problema, será necesario corregir la manera idealista
de exponerlo, que da la impresión de tratarse de puras definiciones conceptuales y de la
dialéctica de estos conceptos. Por consiguiente, deberá criticarse ante todo la afirmación: el
producto (o actividad) deviene mercancía; la mercancía, valor de cambio; el valor de cambio,
dinero.)

[El Economist a propósito del dinero]


70

(Economist. 24 de enero de 1857. A propósito de los bancos, tener en cuenta en su


oportunidad el siguiente párrafo:
"So far as the mercantile classes share, which they now do very generally. in the profits of
banks —and may to a still greater extent by the wider diffusion of joint-stock banks, the
abolition of all corporate privileges, and the extension of pertect Freedom to the business of
banking— they have been enrichcd by the increased rates of money. In truth, the merenfile
classes by the extent of their deposits, are virtually their own bankers; and so far as that is
the case, the rate of discount must be to them of little importante. All banking and other
reserves must of course be the results of continual industry, and of savings laid by out of
profits; and consequently, taking the mercantile [or]a industrious classes as a whole, they
must be their own bankers, and it requires only that the principies of free trade should be
extended to all businesses, to equalize or neutralizeb for them the advantages and
disadvantages of all the fluctuations in the money market".)c 16

16 Cf. The Etonomist, XV (1857), Saturday, January 24, n. 700, p. 86, col. 1-2, artı́culo "Trade of 1856 — Decrease of

Consumption". [Extractos de los añ os 1844, 1847, 1850, 1851, 1853, respectivamente, en los cuadernos londinenses VI, V y VII,
III, V y XVII, XXI.]
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

Todas las contradicciones del sistema monetario y del cambio de productos en el ámbito del
sistema monetario representan el desarrollo de la condición de los productos en tanto
valores de cambio, de su determinación de valor de cambio o valor simplemente.
(Morning Star. 12 de Febrero de 1857. "The pressure of money during last year, and the higt
rate of discount which was aoopted in consequence, has been very beneficial to the profit
account of the Bank of France. Its dividend has gone on increasing: 118 fcs. in 1852, 154 fcs.
in 1853, 194 fcs. in 1854, 200 fcs. in 1855, 272 fcs. in 1856".)d
Tomar nota también del siguiente párrafo: "Las English silveraree coins issued at .a price
higher than the value of the silver they contain. A pound silver in intrinsic value de 60-62 sh.
(3.1 £. on an average in gold) fue coined finto 66 sh. [[...]]e The Mint pays the "market price
of the day, from 5 sh. to 5 sh. 2 d. The ounce and issues at the rate of 5 sh. 6 d. the ounce.
a"or"; edic. 1939, "and" ("y"): b"neutralize"; edic. 1939, "Naturalize" ("hacer naturales"). — c"En la medida en que las clases mercantiles

participan en las ganancias de los bancos,tal como muy generalmente participan en la actualidad —y pueden hacerlo aun en mayor medida
gracias a la extensión del capital bancario por acciones, a la abolición de todos los privilegios corporativos y a la extensión al negocio
bancario de la perfecta libertad—, ellas se han enriquecido por el elevado costo del dinero. En realidad, las clases mercantiles, por la
extensión de sus depósitos, son virtualmente sus propios banqueros. En consecuencia, la tasa de descuento deberá ser para ellas de poca
importancia. Toda la actividad bancaria y las otras reservas deben ser naturalmente el resultado de una actividad constante y de ahorros
extraídos de las ganancias; en consecuencia, considerando globalmente a las clases mercantiles [[o]] industriosas, éstas deben ser sus
propios banqueros, lo cual exige solamente la extensión de los principios del libre cambio a toda la esfera de los negocios, para compensar
o neutralizar para ellos las ventajas y desventajas de todas las fluctuaciones del mercado monetario". — d"La presión del dinero el año
pasado y la elevada tasa de descuento adoptada en consecuencia, fueron muy ventajosas para las ganancias del Banco de Francia. Sus
dividendos fueron aumentando continuamente: 118 fr. en 1852, 154 en 1853, 194 en 1854, 200 en 1855, 272 en 1856". — eOmitido en
edie. 1939

There are two reasons which prevent any practical inconveniente resulting from this
arrangement" (of silvertokens, not of intrinsic value): "first, the coin can only be procured at
the Mint, and at that price; as home circulation, then, it cannot be depreciate, and it can not
be sent abroad because it circulates here for more than its intrinsic value; and secondly, as it
is a legal tender only up to 40 sh., it never interferes with the gold coins, nor affects their
value".a
71

Aconseja también a Francia que issue subordinate coins of silver tokens, not of intrinsic
value, and limiting the amount to which they should be a legal tender. Pero, al mismo
tiempo: in fixing the quality of the coin, to take a larger margin between the intrinsic and the
nominal value than we have in England, because the increasing value of silver in relation to
gold may very probably, before long, rise up to our present Mint price, when we may be
obliged again to alter it. Our silver coin is now little more than 5 0/0 below the intrinsic
value: a short time since it was 10 %b. ( Economist, 24 de enero de 1857)17.
a Las monedas de plata inglesa son puestas en circulación a un precio más elevado que el de su valor intrínseco en plata. Una libra de plata

de valor intrínseco de 60-62 ch. (equivalente, como promedio, a 3 esterlinas de oro) fue amonedada en 66 ch. La Casa de Moneda paga el
"precio del mercado corriente, que es de 5 ch. y 2 p. la onza y emite al precio de 5 ch. y 6 p la onza. Dos son las razones que impiden que se
derive algún inconveniente práctico de esta operación" (con monedas de plata. no valor intrínseco): "la primera es la de que la moneda
sólo puede ser obtenida en la Casa de Moneda y a ese precio; como moneda de circulación interna, por lo tanto, no puede ser depreciada ni
enviada al exterior porque en el interior circula a un valor mayor que el intrínseco. La segunda razón es la de que, siendo moneda que
tiene un valor legal sólo hasta 40 ch., jamás interfiere con la moneda de oro, ni afecta su valor" — b Ponga en circulación monedas de plata
subordinadas cuyo valor nominal no corresponda al intrínseco y que limite la suma al nivel de la cual deberían tener curso legal. Pero al
mismo tiempo, [[afirma]]: al fijar la calidad de la moneda. es preciso dejar entre el valor intrínseco y el nominal un margen más amplio que
el que tenemos en Inglaterra, ya que el valor de la plata, que está en aumento con respecto al del oro, con bastante probabilidad puede
aumentar dentro de poco tiempo por encima del precio actual de nuestra Casa de Moneda, lo que nos obligaría nuevamente a modificarlo.
Nuestra moneda de plata está actualmente un poco más de un 5 % por debajo del valor intrínseco. No hace mucho tiempo estaba un 10 %
por debajo

17 Cf. Suplemento a The Economist, XV (1857), Saturday, January 24, n. 700, p. 24, col. 1, artı́culo "The Double Standard in

France".
II. El capítulo del dinero

[Emisión de bonos horarios]

Se podría pensar ahora que la emisión de bonos horarios resuelve todas estas dificultades.
(La existencia del bono horario presupone naturalmente condiciones que no están dadas de
inmediato en el análisis de la relación entre valor de cambio y dinero, y sin las cuales ambos
pueden existir y existen: crédito publico, banco, etc.; pero no es necesario seguir hablando
de todo esto ya que, como es natural, los partidarios del bono horario lo consideran como el
producto ultimo de la "serie", el cual, aunque corresponde en máximo grado al concepto
"puro" del dinero, "aparece" ultimo en la realidad.) Ante todo: si se dan por realizados los
presupuestos en base a los cuales el precio de las mercancías es=a su valor de cambio, si hay
una adecuación entre demanda y oferta, entre producción y consumo, y en ultima instancia
una proportionate productiona 18 (las llamadas relaciones de distribución son ellas mismas
relaciones de producción), entonces se vuelve totalmente secundario el problema del
dinero, y en especial el problema de la ci nisi on de los tickets, sean ellos azules o verdes, de
lata o de papel, o de las dis-tintas formas posibles de mantener la contabilidad social. Y
entonces verdaderamente resulta absurdo continuar flngiendo que se realizan
investigaciones sobre relaciones monetarias reales.
El banco (any bank)b emite los bonos horarios. La mercancía a = al valor de cambio x, es
decir, = x tiempo de trabajo, se cambia por dinero representante de x tiempo de trabajo. El
banco debería también comprar las mercancías, o sea cambiarlas por sus representantes
monetarios, así como ahora el Banco de Inglaterra, p. ej., debe dar billetes de banco a cambio
de oro. La mercancía, la existencia sustancial y por ello accidental del valor de cambio, es
cambiada por la existencia simbólica del valor de cambio como tal. De esa manera no existe
ninguna dificultad para convertirla de la forma de mercancía a la de dinero. El tiempo de
trabajo en ella con-tenido tiene necesidad solamente de una verificación de autenticidad (lo
cual, sea dicho al pasar, no es tan fácil como establecer la pureza y el peso del oro y de la
plata) para generar inmediatamente su contrevaleur,c su existencia monetaria.
aProducción proporcionada. — cCualquier banco.-cContravalor-
72

Por más vueltas que le demos a la cuestión, en ultima instancia llegamos a lo siguiente: que
el banco que emite los bonos horarios compra la mercancía a su costo de producción,
compra todas las mercancías. y la adquisición no le cuesta más que la producción de
recortes de papel, y al vendedor, en sustitución del valor de cambio que él posee en una
determinada forma sustancial, le da el valor de cambio simbólico de las mercancías, en otras
palabras una asignación sobre todas las otras mercancías por el importe del mismo valor de
cambio. El valor de cambio como tal puede tener naturalmente sólo una existencia
simbólica, aunque este símbolo, para poder ser usado como una cosa —y no sólo como
forma representativa—, posee una existencia material, es decir no solamente una
representación ideal, sino que está realmente representado de manera objetiva. (Una
medida puede tenerse en la mano; el valor de cambio mide, pero cambia sólo en cuanto la
medida pasa de una mano a otra.)19 Por consiguiente, el banco da dinero a cambio de la
mercancía, dinero que es exactamente una asignación sobre el valor de cambio de la

18 Cf. J. GRAY, Lectures on the Nature and Use of Money etc., Edinburgh 1848, p. 250. Extractos en el cuaderno londinense VI.

W. ATKINSON, Principies of Political Economy; or the Laws of the Formation of National Wealth etc., London 1840, pp. 171-196.
Extractos con glosas, en un cuaderno no numerado ni datado, pero cuya redacció n es aprox. de setiembre de 1845 en Bruselas;
cf. MEGA 1/6, pp. 600-601.
19 Cf. J. LOCKE, The Works, London 1768, 70 ed., vol. II, p. 92. Extractos de dos ensayos allı́ contenidos: Some Considerations

of the Consecuentes of the Lowering of Interest and Raising the Value of Money, y Further Considerations Concerning Raising the
Value of Money, en el cuaderno londinense VI.
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

mercancía, o sea sobre todas las mercancías del mismo valor; el banco compra. El banco es
el comprador universal, el comprador no sólo de esta o aquella mercancía, sino de todas las
mercancías. El banco, en efecto, debe realizar precisamente la conversión de toda mercancía
a su existencia simbólica de valor de cambio. Pero si es el comprador universal, debe ser
también el vendedor universal, debe ser no sólo el depósito donde se almacenan todas las
mercancías, no sólo el almacén general, sino también el poseedor de las mercancías en el
mismo sentido en que lo es cualquier otro comerciante. Yo he cambiado mi mercancía a por
el bono horario b que representa su valor de cambio, pero sólo porque puedo luego
transformar de nuevo a mi gusto este b en todas las mercancías reales c, d, e, etc. ¿Pero
puede este dinero circular fuera del banco? ¿Puede darse otra circulación fuera de la que se
da entre el poseedor del bono y el banco? ¿Qué es lo que garantiza la convertibilidad de este
bono? Sólo hay dos casos posibles. O bien todos los poseedores de mercancías (sean ellas
productos o trabajos) quieren vender su mercancía a su valor de cambio, o bien algunos
quieren y otros no. Si todos quieren venderla a su valor de cambio, no esperarán la
eventualidad de encontrar o no un comprador, sino que van de inmediato al banco, le ceden
la mercancía y reciben el signo del valor de cambio, el dinero: la canjean por su propio
dinero. En este caso, el banco es en una sola persona el comprador y el vendedor universal.
O bien ocurre lo contrario. En este caso el bono bancario es un simple papel que afirma ser
el símbolo universalmente reconocido del valor de cambio, pero no tiene ningún valor. En
efecto, este símbolo tiene la propiedad no sólo de representar el valor de cambio, sino
también de serlo en el cambio real. En el último caso el bono bancario no sería por lo tanto
dinero, o sería sólo dinero convencional válido entre el banco y sus clientes, y no en el
mercado corriente.
73

Tendría el mismo valor que un abono a doce comidas en una cantina o a doce
representaciones teatrales: ambas representan dinero, pero dinero válido en un caso sólo
para una cantina determinada y en el otro sólo para un teatro determinado. De tal modo, el
bono bancario habría dejado de corresponder a los requisitos del dinero desde el momento
que la suya no sería una circulación válida para el general publica, sino solamente una
circulación entre el banco y sus clientes. Podemos así dejar de lado este último supuesto.
El banco sería por lo tanto el comprador y el vendedor universal. En lugar de los billetes
podría emitir también cheques, y en lugar de estos últimos podría llevar simples book
accountsb.
aPúblico en generaL— bCuentas en libros Libros de contabilidad. En edic. 1939, "Bankaccounts" ("Cuentas de banco")

Según la suma de los valores-mercancías que X le ha cedido, el banco resultaría deudor a su


respecto de una suma equivalente de valores en otras mercancías. Un segundo atributo del
banco sería necesariamente el de fijar de manera auténtica el valor de cambio de todas las
mercancías, o sea el tiempo de trabajo materializado en ellas. Pero sus funciones no podrían
terminar aquí. Debería fijar el tiempo de trabajo en el que pueden ser producidas las
mercancías, con los instrumentos medios de la industria; fijar el tiempo en que ellas deben
ser producidas. Pero esto tampoco sería suficiente. Al banco le correspondería no sólo la
tarea de fijar el tiempo en que debe ser producida una cierta cantidad de productos, y de
poner a los productores en condiciones tales que su trabajo sea igualmente productivo (y
por lo tanto efectuar una distribución equilibrada y ordenada de los instrumentos de
trabajo), sino también la de fijar la cantidad de tiempo de trabajo que debe ser aplicada a las
distintas ramas de la producción. Esto último sería necesario desde el momento en que, para
realizar el valor de cambio y hacer realmente convertible el propio dinero, la producción
general debería estar garantizada y realizarse en proporciones tales como para satisfacer las
necesidades de los que cambian. Y esto no es todo. El cambio más importante no es el de las
II. El capítulo del dinero

mercancías, es el del trabajo por las mercancías. (Ver esto luego más detenidamente.) Los
trabajadores no venderían al banco su trabajo sino que recibirían el valor de cambio de todo
el producto de su trabajo, etc. El banco sería, entonces, además del comprador y vendedor
universal también el productor universal. En realidad, sería o bien el gobierno despótico de
la producción y el administrador de la distribución, o bien sólo un boarda que llevaría los
libros y la contabilidad de la sociedad trabajadora colectiva. La colectividad de los medios de
producción está aquí presupuesta, etc.20 Los sansimonianos hacían de su banco el papado de
la producción.
aConsejo; junta.

[Valor de cambio y producción privada]


74

La reducción de todos los productos y de todas las actividades a valores de cambio


presupone tanto la disolución de todas las rígidas relaciones de dependencia personales
(históricas) en la producción, como la dependencia recíproca general de los productores. No
sólo la producción de cada individuo depende de la producción de todos los otros, sino
[[también]] la transformación de su producto en medios de vida personales pasa a depender
del consumo de todos los demás. Los precios son cosas antiguas, lo mismo que el cambio;
pero tanto la determinación progresiva de los unos a través de los costos de producción,
como el predominio del otro sobre todas las relaciones de producción se desarrollan
plenamente por primera vez, y se siguen desarrollando cada vez más plenamente, sólo en la
sociedad burguesa, en la sociedad de la libre concurrencia. Lo que Adam Smith, a la manera
tan propia del siglo XVIII, sitúa en el período prehistórico y hace preceder a la historia, es
sobre todo el producto de ésta.
Esta dependencia recíproca se expresa en la necesidad permanente del cambio y en el valor
de cambio como mediador generalizado. Los economistas expresan este hecho del modo
siguiente: cada uno persigue su interés privado y sólo su interés privado, y de ese modo, sin
saberlo, sirve al interés privado de todos, al interés general. Lo válido de esta afirmación no
está en el hecho de que persiguiendo cada uno su interés privado se alcanza la totalidad de
los intereses privados, es decir, el interés general. De esta frase abstracta se podría mejor
deducir que cada uno obstaculiza recíprocamente la realización del interés del otro, de
modo tal que, en lugar de una afirmación general, de este bellum omnium contra omnésb
resulta más bien una negación general, El punto verdadero está sobre todo en que el propio
interés privado es ya un interés socialmente determinado y puede alcanzársele solamente
en el ámbito de las condiciones que fija la sociedad y con los medios que ella ofrece; está
ligado por consiguiente a la reproducción de estas condiciones y de estos medios. Se trata
del interés de los particulares; pero su contenido, así como la forma y los medios de su
realización, están dados por las condiciones sociales independientes de todos.
b Guerra de todos contra todos

[El dinero como relación social]

20 Cf. J. GRAY, The Social System. A Treatise on the Principie of Exchange, Edinburgh 1831, pp. 62-88. Extractos en el cuaderno

londinense XVII.
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

La dependencia mutua y generalizada de los individuos recíprocamente indiferentes


constituye su nexo social. Este nexo social se expresa en el valor de cambio, y sólo en éste la
actividad propia o el producto se transforman para cada individuo en una actividad o en un
producto para él mismo. El individuo debe producir un producto universal: el valor de
cambio o, considerado éste en sí aisladamente e individualizado, dinero. Por otra parte el
poder que cada individuo ejerce sobre la actividad de los otros o sobre las riquezas sociales,
lo posee en cuanto es propietario de valores de cambio, de dinero. Su poder social, así como
su nexo con la sociedad, lo lleva consigo en el bolsillo.
75

La actividad, cualquiera que sea su forma fenoménica individual, y el producto de la


actividad, cualquiera que sea su carácter particular, es el valor de cambio, vale decir, algo
universal en el cual toda individualidad, todo carácter propio es negado y cancelado. En
realidad esta es una situación muy distinta de aquella en la cual el individuo, o el individuo
natural o históricamente ampliado en la familia o en la tribu (y luego en la comunidad), se
reproduce sobre bases directamente naturales, o en las que su actividad productiva y su
participación en la producción está orientada hacia una determinada forma de trabajo y de
producto, y su relación con los otros está determinada precisamente de ese modo.
El carácter social de la actividad, así como la forma social del producto y la participación del
individuo en la producción, se presentan aquí como algo ajeno y con carácter de cosa frente
a los individuos; no como su estar recíprocamente relacionados, sino como su estar
subordinados a relaciones que subsisten independientemente de ellos y nacen del choque
de los individuos recíprocamente indiferentes. El intercambio general de las actividades y
de los productos, que se ha convertido en condición de vida para cada individuo particular y
es su conexión recíproca [[con los otros]], se presenta ante ellos mismos como algo ajeno,
independiente. como una cosa. En el valor de cambio el vínculo social entre las personas se
transforma en relación social entre cosas; la capacidad personal, en una capacidad de las
cosas. Cuanto menor es la fuerza social del medio de cambio, cuanto más está ligado todavía
a la naturaleza del producto inmediato del trabajo y a las necesidades de aquellos que
intercambian, tanto mayor debe ser la fuerza de la comunidad que vincula a los individuos,
la relación patriarcal, la comunidad antigua, el feudalismo y la corporación. (Véase mi
cuaderno, XII, 34b)21. Cada individuo posee el poder social bajo la forma de una cosa.
Arránquese a la cosa este poder social y habrá que otorgárselo a las personas sobre las
personas22. Las relaciones de dependencia personal (al comienzo sobre una base del todo
natural) son las primeras formas sociales, en las que la productividad humana se desarrolla
solamente en un ámbito restringido y en lugares aislados. La independencia personal
fundada en la dependencia respecto a las cosas es la segunda forma importante en la que
llega a constituirse un sistema de metabolismo social general, un sistema de relaciones
universales, de necesidades universales y de capacidades universales. La libre
individualidad, fundada en el desarrollo universal de los individuos y en la subordinación de

21 La menció n se refiere a un manuscrito perdido de Marx, probablemente anterior a otro titulado Das vollendete

Geldsystem (sobre el cual v. nota 40), ya que en este ú ltimo se remite tambié n a una p. 34. La Redacció n del IMEL adelanta la
hipó tesis de que la p. "34b" puede ser la pá gina sucesiva, ausente, del cuaderno redactado en Parı́s en el verano de 1844 y que
contiene largos extractos comentados sobre J. Mill (cf. MEGA 1/3, p. 547).
22 Estas tesis son formuladas por primera vez en un manuscrito iné dito de Marx de 1851, Das vollendete Geldsystem ("El

sistema monetario perfecto"), en cuya p. 41 se lee la siguiente conclusió n de un texto precedente que se extravió : "Lo que cada
individuo posee en el dinero es una gené rica capacidad de cambio, mediante la cual establece a su gusto y por su propia cuenta
su participació n en los productos sociales. Cada individuo posee el poder social en su bolsillo bajo la forma de una cosa. Quitad
a la cosa este poder social y deberé is ceder este poder inmediatamente a la persona sobre la persona. Por consiguiente, sin el
dinero no es posible desarrollo industrial alguno.
"Las vinculaciones deben estar organizadas sobre bases polı́ticas, religiosas, etc., mientras el poder del dinero no sea el
nexus rerum et hominum (p. 34)."
II. El capítulo del dinero

su productividad colectiva, social, como patrimonio social, constituye el tercer estadio. El


segundo crea las condiciones del tercero. Tanto las condiciones patriarcales como las
antiguas (y también feudales) se disgregan con el desarrollo del comercio, del lujo, del
dinero, del valor de cambio, en la misma medida en que a la par va creciendo la sociedad
moderna.
76

Cambio y división del trabajo se condicionan recíprocamente. Cuando cada [[individuo]]


trabaja para sí y su producto no representa nada para sus propios fines, debe naturalmente
realizar intercambios, no sólo para participar en el patrimonio productivo general, sino
también para transformar el propio producto en un medio de vida para sí mismo. (Véase mis
"Observaciones sobre la economía", p. V (13, 14)23. Es cierto que el cambio, en cuanto está
mediado por el valor de cambio y por el dinero, presupone la dependencia recíproca
universal de los productos, pero presupone al mismo tiempo el aislamiento completo de sus
intereses privados y una división del trabajo social, cuya unidad e integración recíprocas
existen, por así decirlo, como una relación natural externa a los individuos, independiente
de ellos. Es la presión sucesiva de la oferta y la demanda generales la que media la conexión
de los [[individuos]] recíprocamente indiferentes.
La necesidad misma de transformar el producto o la actividad de los individuos ante todo
en la forma de valor de cambio, en dinero, y de que sóloa en esta forma de cosa ellas
adquieran y manifiesten su poder social, demuestra dos cosas distintas: 1) que los
individuos siguen produciendo sólo para la sociedad y en la sociedad; 2) que su producción
no es inmediatamente social, no es the offspring of associationb, que reparte en su propio
interior el trabajo. Los individuos están subordinados a la producción social, que pesa sobre
ellos como una fatalidad; pero la producción social no está subordinada a los individuos y
controlada por ellos como un patrimonio común. Por consiguiente, nada es más falso y
absurdo que presuponer, sobre la base del valor de cambio, del dinero, el control de los
individuos asociados sobre su producción global, como ocurría en el caso ya tratado más
arriba con el banco de bonos horarios.
a “und dass sie erst"; edic 1939, "dass sie". — b El fruto de una asociación. — c "Oder"; edic. 1939, "Und" ("Y")

El cambio privado de todos los productos del trabajo, de las capacidades y de las actividades,
está en antítesis tanto con la distribución fundada en las relaciones de dominación y de
sujeción (naturales oc políticas) (sean ellas de carácter patriarcal, antiguo o feudal) de los
individuos entre sí (donde el cambio propiamente dicho es sólo accesorio o verdaderamente
afecta poco la vida de toda la comunidad, pues interviene sobre todo en las relaciones entre
comunidades diferentes y no somete al cambio a todas las relaciones de producción y de
distribución), como con el libre cambio entre individuos asociados sobre la base de la
apropiación y del control común de los medios de producción.
77

(Esta última asociación no tiene nada de arbitrario: ella presupone el desarrollo de


condiciones materiales y espirituales que no nos detendremos a analizar aquí.) Así como la
división del trabajo genera aglomeración, coordinación, cooperación, y genera la antítesis de
los intereses privados, [[o sea]] los intereses de clase, [[y del mismo modo]] la competencia
genera concentración del capital, monopolio y sociedades por acciones —todas formas
antitéticas de la unidad, la cual es fuente de la antítesis misma—, así el cambio privado
genera el comercio mundial, la Independencia privada una dependencia completa con
respecto al llamado mercado mundial, y los actos de cambio fragmentados, un sistema

23 Cf. nota 39. Probablemente la indicació n se refiere a una parte perdida de aquel conjunto de escritos del 1845-1847 que

fueron publicados con el tı́tulo de Kritik der Politik und Nationalökonomie, y cuyos fragmentos son incluidos en MEGA 1/3, pp.
33-172, 437-583, 592-596.
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

bancario y crediticio cuya contabilidad cuanto menos verifica los saldos del cambio privado.
En el curso cambiario —por más que los intereses privados de cada nación la subdividan en
tantas naciones como fullgrown individualsa tenga, y los intereses de los Exporters e
Importersb de una misma nación estén en recíproca oposición— el comercio mundial
adquiere una apariencia de existencia, etc. Pero nadie por esto creerá poder suprimir las
bases del comercio privado interno o externo a través de una reforma de la bolsa. Pero en el
ámbito de la sociedad burguesa fundada en el valor de cambio se generan tanto relaciones
de producción como comerciales que son otras tantas minas para hacerlas estallar. (Una
gran cantidad de formas antitéticas de la unidad social, cuyo carácter antitético, sin
embargo, no puede ser nunca hecho estallar a través de una metamorfosis pacífica. Por otra
parte, si la sociedad tal cual es no contuviera, ocultas, las condiciones materiales de
producción y de circulación para una sociedad sin clases, todas las tentativas de hacerla
estallar serían otras tantas quijotadas.)
Hemos visto que, si bien el valor de cambio es = al tiempo de trabajo relativo materializado
en los productos, por su parte el dinero es = al valor de cambio de las mercancías
desvinculado de su sustancia; en este valor de cambio o relación monetaria están contenidas
las contradicciones entre las mercancías y su valor de cambio, entre las mercancías como
valores de cambio y el dinero. Hemos visto que un banco que produzca inmediatamente la
contrafigura de las mercancías bajo forma de dinero-trabajo es una utopía. Por consiguiente,
si bien el dinero es solamente el valor de cambio desvinculado de la sustancia de las
mercancías y debe su origen sólo a la tendencia de este valor de cambio a ponerse como algo
puro, sin embargo la mercancía no puede ser transformada de inmediato en dinero; o sea el
certificado auténtico de la cantidad de tiempo de trabajo realizado en ella no puede valer
como su precio en el mundo de los valores de cambio. ¿How is this?c.
aIndividuos adultos. — b Exportadores e importadores. — c¿Cómo es esto?
78

(Una forma del dinero —en tanto éste es medio de cambio, [[no medida del valor de
cambio]], o sea en tanto el dinero aparece como prenda que uno debe depositar en las
manos de otro para obtener de él una mercancía— le permite a los economistas ver
claramente que la existencia del dinero presupone la reificación del nexo social. A esta altura
los propios economistas dicen que los hombres depositan en la cosa [[ material]] (en el
dinero) aquella confianza que no están dispuestos a depositar en ellos mismos como
personas. ¿Pero por qué tienen confianza en la cosa [[material]]? Evidentemente sólo
porque ella es una relación reificada entre las personas, o sea un valor de cambio reificado;
un valor de cambio no es más que una relación recíproca de la actividad productiva de las
personas. Cualquiera otra prenda puede ayudar directamente a su poseedor en cuanto tal: el
dinero le ayuda sólo como "prenda de garantía social"24. Pero el dinero es tal prenda de
garantía sólo en virtud de su (simbólica) cualidad social; y puede tener una cualidad social
sólo porque los individuos han enajenado, bajo la forma de objeto, su propia relación social.)
En las listas de precios corrientes, en las cuales todos los valores son medidos en dinero, la
independencia del carácter social de los objetos con relación a las personas —así como
también, la actividad comercial practicada sobre la base de la exterioridad, donde las
relaciones de producción y las relaciones de circulación en su conjunto aparecen
enfrentadas al individuo, a todos los individuos—, parecea a su vez someter de nuevo los
objetos a losb individuos. Dado que la autonomización del mercado mundial, if you pleasec

24 "Faustpfand der Gesellschaft". Como resulta del "Indice de los 7 cuadernos" (cf. Grundrisse, p. 866), donde en relació n a

esta definició n Marx anota entre paré ntesis "Sichereit beim Aristoteles" ["seguridad en Aristó teles"1, é l tenı́a en cuenta la
expresió n aristoté lica; cf. Eth. Nic. V, 8.
II. El capítulo del dinero

(en el que la actividad de cada individuo está encerrada), se acrecienta con el desarrollo de
las relaciones monetarias (del valor de cambio) y que, viceversa, la conexión y la
dependencia de todos en la producción y en el consumo se desarrollan a la par de la
independencia y la indiferencia recíproca de los consumidores y de los productores, dado
que tal contradicción conduce a la crisis, etc., se intenta suprimir esta enajenación a medida
que ella se desarrolla: de allí las listas de precios corrientes, los cursos cambiarios, la
correspondencia comercial, telegráfica, etc., entre los comerciantes (naturalmente los
medios de información se desarrollan paralelamente), a través de los cuales cada individuo
obtiene informaciones sobre la actividad de todos los demás tratando de adecuar a ella la
suya propia.
a”schint”, en el ms. “erscheint” (aparece”). — b”den””; edic 1939, “dem” (“al”). — cSi se me permite

(Vale decir que, si bien la oferta y la demanda y de todos con respecto a todos proceden de
modo independiente, cada uno trata de informarse sobre el estado de la oferta y la demanda
generales, y esta información influye a su vez prácticamente sobre ellas.
79

Aunque sobre la base dada todos estos procedimientos no suprimen la ajenidad, dan lugar
no obstante a relaciones y contactos que una estadística general, etc.) (Por lo demás, esta
cuestión deberá ser desarrollada bajo las categorías de "precios, oferta y demanda". Aquí
basta señalar que el cuadro de conjunto del comercio y de la producción, en la medida en
que está efectivamente presente en las listas de los precios corrientes, suministra en
realidad la mejor demostración de cómo los individuos se enfrentan a su propio cambio y a
su propia producción como si se enfrentaran a una relación material, independiente de ellos.
En el mercado mundial, el nexo del individuo con el conjunto, pero al mismo tiempo también
la independencia de este nexo respecto de los propios individuos, se han desarrollado a un
nivel tal que su formación contiene ya simultáneamente la condición para su superación.) La
equiparación en lugar de la verdadera comunidad y de la verdadera universalidad.
(Se dijo y se puede volver a decir que la belleza y la grandeza de este sistema residen
precisamente en este metabolismo material y espiritual, en esta conexión que se crea
naturalmente, en forma independiente del saber y de la voluntad de los individuos, y que
presupone precisamente su indiferencia y su independencia recíprocas. Y seguramente esta
independencia material es preferible a la ausencia de relaciones o a nexos locales basados
en los vínculos naturales de consanguinidad, o en las [[relaciones]] de señorío y
servidumbre. Es igualmente cierto que los individuos no pueden dominar sus propias
relaciones sociales antes de haberlas creado. Pero es también absurdo concebir ese nexo
puramente material como creado naturalmente, inseparable de la naturaleza de la
individualidad e inmanente a ella (a diferencia del saber y de la voluntad reflexivas). El nexo
es un producto de los individuos. Es un producto histórico. Pertenece a una determinada
fase del desarrollo de la individualidad. La ajenidad y la autonomía con que ese nexo existe
frente a los individuos demuestra solamente que éstos aún están en vías de crear las
condiciones de su vida social en lugar de haberla iniciado a partir de dichas condiciones. Es
el nexo creado naturalmente entre los individuos ubicados en condiciones de producción
determinadas y estrechas. Los individuos universalmente desarrollados, cuyas relaciones
sociales en cuanto relaciones propias y colectivas están ya sometidas a su propio control
colectivo, no son un producto de la naturaleza, sino de la historia. El grado y la universalidad
del desarrollo de las facultades, en las que se hace posible esta individualidad, suponen
precisamente la producción basada sobre el valor de cambio, que crea, por primera vez, al
mismo tiempo que la universalidad de laa enajenación del individuo frente a sí mismo y a los
demás, la universalidad y la multilateridad de sus relaciones y de sus habilidades.
80
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

En estadios de desarrollo precedentes, el individuo se presenta con mayor plenitud


precisamente porque no ha elaborado aún la plenitud de sus relaciones y no las ha puesto
frente a él como potencias y relaciones sociales autónomas. Es tan ridículo sentir nostalgias
de aquella plenitud primitiva25 como creer que es preciso detenerse en este vaciamiento
completo. La visión burguesa jamás se ha elevado por encima de la oposición a dicha visión
romántica, y es por ello que ésta lo acompañará como una oposición legítima hasta su
muerte piadosa.)
a”der” (de la); edic. 1939, “die” (“la”)

(Aquí se puede tomar como ejemplo la relación del individuo con la ciencia.)
(Parangonar el dinero con la sangre —la palabra circulación dio motivo para ello— es tan
exacto como el parangón de Menenio Agripa entre los patricios y el estómago.) (No menos
falso es el parangonar el dinero con el lenguaje. Las ideas no son transformadas en lenguaje,
así como si su carácter propio existiera separado y su carácter social existiera junto a ellas
en el lenguaje, como los precios junto a las mercancías. Las ideas no existen separadas del
lenguaje. Las ideas que para circular, para poder ser cambiadas, deben ser ante todo
traducidas de la lengua materna a una lengua extranjera, ofrecen ya una analogía mayor;
pero entonces la analogía no está en la lengua, sino sobre todo en su carácter de lengua
extranjera.)26
(La cambiabilidad de todos los productos, actividades y relaciones por un tercer elemento,
por algo que sea una cosa que pueda a su vez ser cambiada indistintamente por todo, es
decir, el desarrollo de los valores de cambio (y de las relaciones monetarias), se identifica
con la venalidad y corrupción generales. La prostitución general se presenta como una fase
necesaria del carácter social de las disposiciones, capacidades, habilidades y actividades
personales. En términos más corteses se dice: la relación universal de utilidad y de
utilizabilidad. La equiparación de lo heterogéneo: así, magníficamente, caracteriza
Shakespeare la naturaleza del dinero. La sed de enriquecimiento como tal es imposible sin el
dinero; todo otro tipo de acumulación y de sed de acumulación aparece natural, limitada,
condicionada por un lado por las necesidades, por el otro por la naturaleza limitada de los
productos (sacra auri famesa ).)
aDespreciable sed de oro

(El sistema monetario, en su desarrollo, ya supone evidentemente otros desarrollos


generales.)
81

Cuando se consideran relaciones sociales que producen un sistema no desarrollado de


cambio, de valores de cambio y de dinero, o a las cuales corresponde un grado no
desarrollado de estos últimos, es claro desde el principio que los individuos, aun cuando sus
relaciones aparezcan como relaciones entre personas, entran en vinculación recíproca
solamente como individuos con un carácter determinado, como señor feudal y vasallo,
propietario territorial y siervo de la gleba, etc., o bien como miembro de una casta, etc., o
también como perteneciente a un estamento, etc. En las relaciones monetarias, en el sistema
de cambio desarrollado (y esta apariencia es seductora para los demócratas) los vínculos de
dependencia personal, las diferencias de sangre, de educación, etc., son de hecho destruidos,

25 Cf. A. H. MULLER, Die Elemente der Staatkunst, Berlin 1809, parte II, pp. 72-207. Extractos en un cuaderno no numerado

ni datado, pero cuya redacció n aprox. es en febrero-marzo de 1858, en Londres. T. CARLYLE, Chartism, London 1844, pp. 49-88.
Extractos en un cuaderno no numerado ni datado, pero cuya redacció n es de julio de 1845 en Manchester; cf. MEGA 1/6, p.
603.
26 Cf. J. F. BRAY, Labour's Wrongs and Labour's Remedy etc., Leeds-Manchester 1839, p. 141. Extractos en un cuaderno no

numerado ni datado, pero cuya redacció n es de agosto de 1845 en Manchester; cf. MEGA 1/6, p. 602.
II. El capítulo del dinero

desgarrados (los vínculos personales se presentan todos por lo menos como relaciones
personales); y los individuos parecen independientes (esta independencia que en sí misma
es sólo una ilusión que podría designarse más exactamente como indiferencia), parecen
libres de enfrentarse unos a otros y de intercambiar en esta libertad. Pero pueden aparecer
como tales sólo ante quien se abstrae, de las condiciones de existencia bajo las cuales estos
individuos entran en contacto (estas condiciones son a su vez independientes de los
individuos, y aunque son ponderadas por la sociedad, se presentan por así decirlo como
condiciones de la naturaleza, o sea incontrolables por parte de los individuos). El carácter
determinado que en el primer caso aparece como una limitación personal del individuo por
parte de otro, en el segundo caso se presenta desarrollado como una limitación material del
individúo resultante de relaciones que son independientes de él y se apoyan sobre sí
mismas. (Dado que el individuo no puede eliminar su carácter determinado personal, pero
puede superar y subordinar a él las relaciones externas, en el segundo caso su libertad
parece ser mayor. Pero un análisis más preciso de esas relaciones externas, de esas
condiciones, muestra la imposibilidad por parte de los individuos de una clase, etc., de
superar en masseb tales relaciones y condiciones sin suprimirlas.
bEn masa

Un individuo aislado puede accidentalmente acabar con ellas, pero esto no ocurre con la
masa de quienes son dominados por ellas, ya que su mera persistencia expresa la
subordinación, y la subordinación necesaria de los individuos a las propias relaciones.)
Hasta tal punto estas relaciones externas no ton una remoción de las "relaciones de
dependencia". que más bien constituyen incamente la reducción de éstas a una forma
general: son ante todo la elaboración del principio general de las relaciones de dependencia
personales. Aquí también los individuos entran en relación recíproca solamente como
individuos determinados. Estas relaciones de dependencia materiales, en oposición a las
personales (la relación de dependencia material no es sino [[el conjunto de]] vínculos
sociales que se contraponen automáticamente a los individuos aparentemente
independientes, vale decir, [[al conjunto de los]] vínculos de producción recíprocos
convertidos en autónomos respecto de los indiviuos) se presentan también de manera tal
que los individuos son ahora dominados por abstracciones, mientras que antes dependían
unos de otros.
82

La abstracción o la idea no se sin embargo nada más que la expresión teórica de esas
relaciones materiales que los dominan. Como es natural las relaciones materiales que los
dominan. Como es natural la relaciones pueden ser expresadas sólo bajo la forma de ideas, y
entonces los filósofos han concebido como característica de la era moderna la del dominio
de las ideas, identificando la creación de la libre individualidad con la ruptura de este
dominio de las ideas. Desde el punto de vista ideológico el eror era tanto más fácil de
cometer por cuanto ese dominio de las relaciones (esta dependencia material que, por otra
parte, se trasforma de nuevo en relaciones de dependencia personales determinadas, pero
despojadas de toda ilusión) se presenta como dominio de ideas en la misma conciencia de
los individuos, y la fe en la eternidad de tales ideas, es decir de aquellas relaciones
materiales de dependencia, es of course,a consolidada, nutrida, inculcada de toas las formas
posibles por las clases dominantes.
aObviamente, por supuesto

(Frente a la ilusión de las “relaciones puramente personales” de la edad feudal, etc., no debe
naturalmente olvidarse ni siquiera por un instante que 1) estas mismas relaciones, en una
fase determinada, revistieron en el interior de su esfera un carácter material, como lo
demuestra por ejemplo el desarrollo de las relaciones de propiedad de la tierra a partir de
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

las relaciones de subordinación puramente militares; 2) la relación material que las cancela
tiene ella misma un carácter limitado, un carácter determinado por la naturaleza, y por ello
aparece como relación personal, mientras que en el mundo moderno las relaciones
personales se muestran como una simple emanación de las relaciones de producción y de
cambio.)

[Otra vez sobre la génesis del dinero]

El producto deviene mercancía. La mercancía deviene valor de cambio. El valor de cambio


de la mercancía recibe una existencia particular junto a la mercancía; es decir bajo la forma
en que la mercancía 1) es cambiable por todas las otras; 2) ella es por esto mercancía
general y su particularidad natural es cancelada; 3) se ha establecido la medida de su
cambiabilidad, o sea la relación determinada en la que ella se equipara a todas las otras
mercancías; bajo esa forma ella es la mercancía como dinero, a decir verdad no como dinero
en general, sino como una determinada suma de dinero, ya que para representar el valor de
cambio, en todas sus distinciones, el dinero debe ser numerable, cuantitativamente divisible.
El dinero, la forma común en la que todas las mercancías como valores de cambio se
transforman, la mercancía universal, debe existir ella misma como mercancía particular
junto a las otras, ya que éstas no deben ser medidas con él sólo mentalmente, sino que
deben ser cambiadas y trocadas por dinero en el cambio real. La contradicción que resulta
de esto debe ser desarrollada en otra parte.
83

El dinero no nace de una convención, así como tampoco nace de una convención el estado.
Nace naturalmente del cambio y en el cambio, es su producto. En los orígenes, la mercancía
que servirá de moneda —o sea que será aceptada no como objeto de necesidad y de
consumo, sino para cambiarla a su vez por otras mercancías—, es aquella que en mayor
grado es cambiada como objeto de necesidad, que más circula; vale decir, aquella mercancía
que ofrece la mayor seguridad de poder ser cambiada a su vez por otras mercancías
particulares: aquella mercancía que en una determinada organización social representa la,
riqueza kar' εξοΧηνa, que es el objeto más universal de la oferta y la demanda y que posee un
valor de uso particular.
aPor excelencia

Tales son la sal, los cueros, el ganado, los esclavos27. En efecto, una mercancía semejante, en
su conformación particular de mercancía se presta fácticamente mucho más— que las otras
para funcionar como valor de cambio (es una lástima que en alemán no se pueda expresar
adecuadamente la diferencia entre denrée y marchandisea). En este caso es la utilidad
particular de la mercancía, sea como objeto particular de consumo (cueros), sea como
instrumento de producción inmediato (esclavos), lo que la marca como dinero. Pero a
medida que el desarrollo avanza se dará el fenómeno exactamente inverso, o sea es
precisamente la mercancía que menos inmediatamente es objeto de consumo o instrumento
de producción, la que representará mejor aquel aspecto, porque responde a las necesidades
del cambio como tal. En el primer caso la mercancía se convierte en dinero en razón de su
valor de uso particular; en el segundo caso, recibe su valor de uso particular del hecho de
servir como dinero. Durabilidad, inalterabilidad, aptitud para ser divididos y recompuestos,

27 Cf. por ej. A. SMITH, An Inquiry etc., cit., vol. I, 1. 1, cap. IV, pp. 85-86 [Riqueza de las naciones, pp. 24-251. J. WADE, History

of the Middle and Working Classes, London 1833, p. 3. Extractos en un cuaderno no numerado ni datado, pero cuya redacció n es
de julio de 1845 en Manchester; cf. MEGA I/6, p. 617.
II. El capítulo del dinero

transporte relativamente fácil por contener un valor de cambio máximo en un mínimo


espacio: todo esto vuelve a los metales preciosos particularmente aptos en este último
estadio. Al mismo tiempo constituyen la superación natural de la primera forma de moneda.
En un estadio algo más elevado de la producción y de los cambios el instrumento de
producción supera a los productos; los metales (primero las piedras) son los primeros
instrumentos de producción, y los más indispensables. El cobre, que desempeñó un papel
tan importante en el dinero de los antiguos, reúne todavía los dos caracteres, el valor de uso
particular como instrumento de producción, y las otras propiedades, que no derivan del
valor de uso de la mercancía sino que corresponden a su determinación como valor de
cambio (en el que está incluido el de medio de cambio). Luego, los metales preciosos se
separan a su vez de los otros metales porque ellos son inoxidables, etc., de calidad constante,
etc., y también porque corresponden mejor al estadio más desarrollado, ya que si su utilidad
inmediata a los fines del consumo y de la producción disminuye, por su misma rareza ellos
representan en mayor medida el valor fundado únicamente en el cambio.
84

Desde el comienzo representan la abundancia, la forma bajo la cual se presenta


originariamente la riqueza. Además, se prefiere cambiar metales por metales más que por
otras mercancías.
a "Denrée":mercancía del valor de un "denier" [[denario]]. Todo producto comestible que sirve para la alimentación del hombre o del
ganado. "Marchandise": mercancía. Todo artículo que puede ser objeto de un comercio, de un mercado. También es un objeto mobiliario
destinado a la venta, con exclusividad de los producto• alimenticios, para los cuales se reservaría la designación de "denrées"

[El dinero como medida y como equivalente general]

La primera forma del dinero corresponde a un nivel inferior de cambio y de trueque, cuando
el dinero aparece todavía más en su determinación como medida que como instrumento de
cambio efectivo. En este estadio la medida puede ser todavía puramente imaginaria (sin
embargo, el bara de los negros está compuesto de hierro) 28 (las conchillas, etc.,
corresponden en cambio mucho más a la serie cuyo último término está dado por el oro y la
plata.)
aLingote, barra

Dado que la mercancía deviene valor de cambio general. de aquí resulta que el valor de
cambio deviene una mercancía particular: esto debido únicamente al hecho de que una
mercancía particular frente a todas las otras recibe el privilegio de representar, de
simbolizar el valor de cambio de éstas, sale decir, el privilegio de convertirse en dinero. El
hecho de que una mercancía particular se presente como sujeto-dinero de la cualidad-
dinero de todas las mercancías, se desprende de la esencia misma del valor de cambio, A
medida que el desarrollo avanza, el valor de cambio del dinero puede recibir de nuevo una
existencia separada de su materia, de su sustancia, como ocurre con el papel moneda, sin
suprimir no obstante el privilegio de esta mercancía particular, ya que la existencia
particularizada debe continuar recibiendo su denominación de la mercancía particular.
Puesto que la mercancía es valor de cambio, ella es cambiable por dinero, es equiparada con
el dinero. La relación en que ella es equiparada con el dinero, o sea el carácter determinado
de su valor de cambio, es el supuesto de su conversión en dinero. La relación en que la
mercancía particular es cambiada por dinero, o sea la cantidad de dinero en que una
determinada cantidad de mercancía es convertible, está determinada por el tiempo de

28 Cf. D. URQUHART, Familiar Words etc., cit., p. 112.


Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

trabajo objetivado en la mercancía. Como realización de un determinado tiempo de trabajo


la mercancía es valor de cambio; en el dinero la cuota de tiempo de trabajo que ella
representa es al mismo tiempo medida y colocada en su forma intercambiable universal,
correspondiente al concepto. El dinero es el medio material en el cual los valores de cambio
son sumergidos y reciben una configuración correspondiente a su determinación universal.
Adam Smith dice que el trabajo (tiempo de trabajo) es el dinero originario con el que se
adquieren todas las mercancías29. Si se considera el acto de la producción, esta afirmación
sigue siendo exacta (también en relación con la determinación de los valores relativos). En
la producción toda mercancía es cambiada continuamente por tiempo de trabajo. La
necesidad de un dinero distinto del tiempo de trabajo surge precisamente de la necesidad de
expresar la cuotaa de tiempo de trabajo no en su producto inmediato y particular, sino en un
producto mediato y universal, en su producto particular en cuanto es igual y convertible a
todos los demás productos correspondientes al mismo tiempo de trabajo, correspondientes
al tiempo de trabajo presente no en una mercancía, sino simultáneamente en todas las
mercancías, y por ello en una mercancía particular que representa a todas las otras.
85

El tiempo de trabajo no puede él mismo ser inmediatamente el dinero (postulado que, en


otras palabras, coincide con el de que toda mercancía es inmediatamente dinero en sí
misma), precisamente porque de hecho él existe siempre sólo en productos particulares
(como objeto): como objeto universal, el tiempo de trabajo puede existir sólo
simbólicamente, y a su vez precisamente en una mercancía particular que es puesta como
dinero. El tiempo de trabajo no existe como objeto universal del cambio, independiente y
desvinculado (desprendido) de las particularidades naturales de las mercancías. Para
satisfacer inmediatamente las condiciones del dinero debería existir de ese modo. La
objetivación del carácter general, social del trabajo (y por tanto del tiempo de trabajo que
está contenido en el valor de cambio) hace precisamente de su producto un valor de cambio
y confiere a la mercancía la cualidad de dinero, la cual implica a su vez un sujeto-dinero que
exista fuera de ella de manera autónoma.
a"Quotum"; cdic. 1939, "Quantum" ("cuanto, cantidad")

El tiempo de trabajo determinado es objetivado en una mercancía determinada y particular


dotada de cualidades particulares y con particulares relaciones con las necesidades. Pero
como valor de cambio el tiempo de trabajo debe ser objetivado en una mercancía que
expresa solamente su carácter de cuota o su cantidad, que es indiferente a sus cualidades
naturales, y puede por ello ser metamorfoseada en —o sea cambiada por—cualquier otra
mercancía que sea objetivación de un mismo tiempo de trabajo. Como objeto él debe poseer
este carácter universal que contradice su particularidad natural. Esta contradicción puede
ser resuelta sólo objetivando la contradicción misma; es decir, si la mercancía es puesta de
manera doble, una vez en su inmediata forma natural, y luego en su forma mediata, o sea
como dinero. Esto último es posible sólo en la medida en que una mercancía particular
deviene por así decirlo la sustancia universal de los valores de cambio, o en cuanto el valor
de cambio de las mercancías es identificado con una sustancia particular, como una
mercancía particular distinta de todas las otras. Es decir que la mercancía debe ser ante todo
canjeada por una mercancía universal, producto simbólico universal u objetivación del
tiempo de trabajo, para ser luego valor de cambio intercambiable a voluntad e
indiferentemente por todas las otras mercancías y para poder metamorfosearse
convirtiéndose en cualquiera de ellas. El dinero es el tiempo de trabajo como objeto

29 Cf. A. SMITH, An Inquiry, etc., cit., vol. I, pp. 100-101 [Riqueza de las naciones, p. 47].
II. El capítulo del dinero

universal, o la objetivación del tiempo de trabajo universal, el tiempo de trabajo como


mercancía universal .
86

Si parece por ello muy simple que el tiempo de trabajo, en cuanto regula los valores de
cambio, sea en efecto no sólo su medida inherente, sino su propia sustancia (dado que como
valores de cambio las mercancías no poseen ninguna otra sustancia, ninguna cualidad
natural) y pueda también servir inmediatamente como su dinero —o sea prestarse a ser el
elemento en el que se realizan los valores de cambio en cuanto tales—, esta impresión de
simplicidad es engañosa. Todo lo contrario, la relación de los valores de cambio —de las
mercancías como objetivaciones recíprocamente iguales e igualables del tiempo de
trabajo— encierra contradicciones que tienen su expresión material en un dinero distinto
del tiempo de trabajo.
En Adam Smith esta contradicción aparece todavía como una yuxtaposición. Junto al
producto particular del trabajo (al tiempo de trabajo como objeto particular), el trabajador
debe producir un volumen de mercancía universal (el tiempo de trabajo como objeto
universal). Las dos determinaciones del valor de cambio aparecen en Smith exteriores y
yuxtapuestas30. No se ve aún al núcleo interno de la mercancía en su conjunto preso de la
contradicción y penetrado por ésta. Esto corresponde al nivel de la producción que tenía
ante sus ojos, donde el trabajador poseía todavía directamente en su producto una parte de
su subsistencia: donde ni el conjunto de su actividad, ni todo su producto habían llegado a
ser dependientes del cambio; es decir, donde dominaban todavía en gran medida tanto la
agricultura de subsistencia (o algo similar, como Steuart la llama)31 como la industria
patriarcal (tejido a mano, hilado a domicilio y vinculado a la agricultura). Todavía en gran
parte de la nación el cambio se hacía solamente con los excedentes. Valor de cambio y
determinación a través del tiempo de trabajo no se habían desarrollado todavía plenamente
a escala nacional.
(Incident. Para el oro y la plata es menos justo que para cualquier otra mercancía decir que
su consumo puede crecer solamente en relación con la disminución de sus costos de
producción. Tal consumo crece sobre todo en proporción al crecimiento de la riqueza en
general, ya que su uso representa específicamente la riqueza, la abundancia, el lujo, y ellos
mismos representan la riqueza general. Prescindiendo de su uso como dinero, el oro y la
plata son consumidos en mayor medida en proporción al crecimiento de la riqueza general.
Si por ello su oferta aumenta súbitamente, aun sin que los costos de producción o su valor se
restrinjan proporcionalmente, ellos encuentran un mercado en rápida expansión que
detiene su depreciación. Resultan así explicadas muchas cosas que para los economistas —
que hacen depender el consumo general de oro y plata sólo de la disminución de sus costos
de producción— son inexplicables en el caso australiano-californiano, en torno al cual dan
vueltas en círculo. Esto se conecta precisamente con el hecho de que [[el oro y la plata]]
representan la riqueza y por tanto con la propiedad de ser dinero que ellos tienen.)
87

(La antítesis propia del oro y la plata de ser la mercancía eterna, en oposición a todas las
otras, esta antítesis que encontramos en Petty,32 existía ya en Jenofonte, de Vectigalibus, c. 1
a propósito del mármol y de la plata. Ού μόνον δέ κρατεΐ τοΐς έπ` `ενιαυτόν θάλλουοι τε καί
γηράσκονοι, άλλά και άϊδια αγαθα έ΄χει ή χώρα. Πέφυκε μέν γάρ λιθος [[o sea el mármol]] έν

30Cf. ibídem, vol. I, pp. 102-105 [ibídem, pp. 49-531.


31Cf. J. STEUART, An Inquiry etc., cit., vol. I, p. 88.
32 Cf. W. PETTY, Political Arithmetick, or a Discourse Concerning the Extent and Value of Lands, etc., en Several Essays in

Political Arithmetick etc., London 1699, pp. 178-179, 195-196. Extractos en un cuaderno no numerado ni datado, pero cuya
redacció n es de julio de 1845 en Manchester; cf. MEGA 1/6, p. 612.
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

αύτή άφθονς . . Εσπ δέ καί γή ή σπειρομένη μέν όυ φέρει καρπόν, όρυπομενη δέ πολλπλασιους
τρέφει ή εί σίπον έφερε.) 33
a"Estepaís [[el Ática]] no sólo es poderoso en bienes que crecen y se agotan todos los años sino que posee además bienes perdurables.
Pues hay en él piedra, etc. (o sea el mármol) en abundancia. . . Y sucede a veces que la tierra, sembrada, no da fruto; pero si se la excava,
alimenta a más personas que si produjera trigo"

(Vale la pena observar que el cambio entre tribus o pueblos distintos —y ésta, y no el
cambio privado, es su primera forma—comienza sólo cuando a una tribu no civilizada se le
compra (sacado con engaños) un excedente que no es el producto de su trabajo, sino el
producto natural del suelo y de la naturaleza que ella ocupa).
A partir del hecho de que el dinero debe ser simbolizado en una mercancía determinada y
luego esta misma mercancía (oro, etc.), desarrollar las ordinarias contradicciones
económicas que de allí derivan. Esto, n° II. Luego, dado que todas las mercancías deben ser
cambiadas por dinero para ser determinadas como precios, sea que este cambio se produzca
realmente o bien sólo mentalmente, determinar la relación entre volumen de oro y precios
de las mercancías. Esto, n° III. Es claro que si se mide solamente en oro y plata, su cantidad
no ejerce influencia alguna sobre el precio de las mercancías; la dificultad proviene del
cambio real, en tanto el dinero sirve realmente como instrumento de circulación; las
relaciones entre oferta y demanda, etc. Pero lo que afecta su valor como instrumento de
circulación, afecta evidentemente también su valor como medida.)

[El tiempo de trabajo como equivalente general]

El tiempo de trabajo mismo existe como tal sólo subjetivamente, bajo la forma de la
actividad. En la medida en que bajo esta forma es intercambiable (siendo él mismo
mercancía), es tiempo de trabajo no sólo cuantitativa sino también cualitativamente
determinado y diferente, y de ningún modo universal e idéntico a sí mismo. Como sujeto él
no corresponde al tiempo de trabajo universal que determina los valores de cambio en igual
grado en que las mercancías y los productos particulares no le corresponden como objeto.
La tesis de Adam Smith de que el trabajador debe producir, junto a su mercancía particular,
una mercancía universal, en otras palabras, que él debe dar la forma de dinero a una parte
de sus productos, y en general a su mercancía, en la medida en que esta última está
destinada a servirle no como valor de uso sino como valor de cambio, esta tesis, expresada
subjetivamente, significa sólo que su tiempo de trabajo particular no puede ser cambiado
inmediatamente por cualquier otro tiempo de trabajo particular, sino que esta posibilidad
de cambio universal debe er ante todo mediada, que él debe ante todo asumir una forma
objetiva distinta de sí mismo para conseguir esta cambiabilidad universal.
88

El trabajo del individuo, considerado en el acto mismo de la producción, es el dinero con el


que compra inmediatamente el producto, el objeto de su actividad particular; pero se trata
de un dinero particular que compra precisamente sólo este determinado producto. Para ser
inmediatamente el dinero general, debería ser desde el principio no un trabajo particular,
sino un trabajo general, vale decir, ser puesto desde el comienzo como un elemento de la
producción general. En tal supuesto, sin embargo, no sería el cambio el que le conferiría el
carácter universal, sino que sería su presupuesto carácter colectivo lo que determinaría su

33 Cf. Xenophontis opuscula politica equestria et venatica cum Arriani libello de venatione, ed. Jo. Gottlob Schneider. Saxo.

Lipsiae 1815, Tomus sextus. De vectigalibus, Caput I, 4 et 5, p. 143. Extractos en un cuaderno no datado ni numerado, pero cuya
redac. aprok. es de febrero-marzo de 185 8 en Londres.
II. El capítulo del dinero

participación en los productos. El carácter colectivo de la producción convertiría al producto


desde un principio en un producto colectivo, universal. El cambio que se realiza
originariamente en la producción —el cual no sería un cambio de valores de cambio, sino de
actividades determinadas por necesidades colectivas, por fines colectivos— incluiría desde
el principio la participación del individuo en el mundo colectivo de los productos. Sobre la
base de los valores de cambio, el trabajo es puesto como trabajo general sólo mediante el
cambio. Sobre esta base el trabajo sería puesto como tal anteriormente al cambio; o sea el
cambio de los productos no sería en general el medium que mediaría la participación del
individuo en la producción general. Es claro que debe tener lugar una mediación. En el
primer caso, que deriva de la producción autónoma de los individuos —aunque estas
producciones autónomas se determinen y se modifiquen post festum a través de sus
relaciones recíprocas—, la mediación tiene lugar a través del cambio de las mercancías, a
través del valor de cambio, del dinero, que son todas expresiones de una única y misma
relación. En el segundo caso es mediado el supuesto mismo; o sea está presupuesta una
producción colectiva, el carácter colectivo como base de la producción. El trabajo del
individuo es puesto desde el inicio como trabajo social. Cualquiera que sea la forma material
del producto que él crea o ayuda a crear, lo que ha comprado con su trabajo no es un
producto particular y determinado, sino una determinada porción de la producción
colectiva. No tiene entonces producto particular alguno para cambiar. Su producto no es un
valor de cambio. El producto no debe ser ante todo convertido en una forma particular para
recibir un carácter general para el individuo.
89

En lugar de una división del trabajo, que se genera necesariamente en el cambio de valores
de cambio, se tendrá una organización del trabajo que tiene como consecuencia la porción
que corresponde al individuo en el consumo colectivo. En el primer caso el carácter social de
la producción es puesto solamente a través de la elevación de los productos a valores de
cambio, y el cambio de estos valores de cambio es puesto post festum. En el segundo caso el
carácter social de la producción es presupuesto, y la participación en el mundo de los
productos, en el consumo, no es mediada por el cambio de productos de trabajo o de
trabajos recíprocamente independientes. Es mediado por las condiciones sociales de la
producción dentro de las cuales acciona el individuo. Querer transformar el trabajo del
individuo (o sea también su producto) inmediatamente en dinero, en valor de cambio
realizado, significa determinarlo inmediatamente como trabajo general, es decir, negar
precisamente las condiciones bajo las cuales debe ser transformado en dinero y en valores
de cambio, y bajo las cuales depende del cambio privado. La exigencia puede ser satisfecha
sólo en condiciones en que ya no puede plantearse. El trabajo, sobre la base de los valores de
cambio, supone precisamente que ni el trabajo del individuo ni su producto sean
inmediatamente universales, y que este último obtenga su forma universal sólo a través de
una mediación objetiva, a través de un dinero distinto de él.

[Tiempo de trabajo y producción social]

Una vez supuesta la producción colectiva, la determinación del tiempo, como es obvio, pasa
a ser esencial. Cuanto menos es el tiempo que necesita la sociedad para producir trigo,
ganado, etc., tanto más tiempo gana para otras producciones, inateriales o espirituales. Al
igual que para un individuo aislado, la plenitud de su desarrollo, de su actividad y de su goce
depende del ahorro de su tiempo. Economía del tiempo: a esto se reduce finalmente toda
economía. La sociedad debe repartir su tiempo de manera planificada para conseguir una
Alfred Darimon: de la reforma de los bancos. París

producción adecuada a sus necesidades de conjunto, así como el individuo debe también
dividir el suyo con exactitud para adquirir los conocimientos en las proporciones adecuadas
o para satisfacer las variadas exigencias de su actividad. Economía del tiempo y repartición
planificada del tiempo del trabajo entre las distintas ramas de la producción resultan
siempre la primera ley económica sobre la base de la producción colectiva. Incluso vale
como ley en mucho más alto grado. Sin embargo, esto es esencialmente distinto de la medida
de los valores de cambio (trabajos o productos del trabajo) mediante el tiempo de trabajo.
Los trabajos de los individuos en una misma rama y los diferentes tipos de trabajo varían no
sólo cuantitativamente sino también cualitativamente.
90

¿Qué supone la distinción puramente cuantitativa de los objetos? Su identidad cualitativa.


Así, la medida cuantitativa de los trabajos presupone su igualdad cualitativa, la identidad de
su cualidad.
(Estrabón, libro XI, dice de los albanos del Cáucaso:
Και οι άνϑρωποι κάλλει και μεθέϑει διαφέροντες άπλοί δέ και ού καπηλικοι. ούδε γάρ
νομισματι τά πολλά χρώνται, ούδέ άριϑμόν ισασι μειζω τών έκατόν. άλλά φορτιος τάς
άμοιβάς. ποιοϋνται. Dice además: Απειροι δ΄ έιοι καί μετρών τών έπ` άκριβές καί σταϑμών
34.)a

El dinero aparece primero como medida (en Hornero, por ejemplo, los bueyes) antes que
como medio de cambio, porque en el trueque cada mercancía es todavía su propio medio de
cambio. Pero ella no puede ser medida o standard comparativo de sí misma.
a Estos
hombres son de talla y hermosura sobresalientes. Son incultos y no practican el comercio. Pues generalmente no usan el dinero ni
conocen números mayores de cien. Hacen sus intercambios en especie." Dice además: "No conocen ni las medidas exactas ni los pesos".

[Los sujetos materiales de la relación de dinero]

2)35 El resultado del análisis realizado hasta aquí es el siguiente: un producto particular (una
mercancía) (un material) debe convertirse en el sujeto del dinero, que existe como cualidad
de todo valor de cambio. El sujeto en el que este símbolo es representado no es un sujeto
indiferente, ya que los requisitos para ser el representante están contenidos en las
condiciones —determinaciones conceptuales, relaciones determinadas— de aquello que
debe ser representado. La investigación sobre los metales preciosos como sujetos de la
relación de dinero y sus encarnaciones, no es exterior, como cree Proudhon, al ámbito de la
economía política, así como la naturaleza física de los colores y del mármol no es exterior
al ámbito de la pintura y de la escultura. Las cualidades que posee la mercancía como valor
de cambio, y respecto a las cuales sus cualidades naturales son inadecuadas, expresan los
requisitos que exigen de aquellas mercancías que constituyen Kar' éloxilvb el material del
dinero. Por lo menos en el estado del cual hasta ahora podemos hablar, tales requisitos son
satisfechos en grado máximo por los metales preciosos. Los metales en sí mismos, como
instrumentos de producción, [[gozan]] de una preeminencia respecto a las otras mercancías,
y el oro es entre ellos el primero que se encuentra en su estado de perfección y pureza física;
le sigue el cobre, y luego la plata y el hierro.
bPor excelencia

34 Cf. Strabonis rerum geographicarum libri XVII... Editio stereotypa. Lipsiae 1829. Tomus I, liber XI, caput IV, pp. 415-416.

Marx cita de DUREAU DE LA MALLE, Economie Politique des Romains, Paris, 1840.
35 Probablemente este punto 2) se vincula con el aná lisis comenzado en la p. 98.
II. El capítulo del dinero

Los metales preciosos a su vez, con preeminencia respecto a los otros metales, realizan el
metal, como diría Hegel. The precious metals uniform in their physical qualities, so the equal
quantities of it should be so far identical as to present no ground for prefering the one for
the other.a Pero esto no tiene validez, por ejemplo, para equal numbers of cattle and equal
quantities of grainb 36.
a"preferingthe one for the other"; edic. 1939, "prefenng those one for the others". Los metales preciosos son
uniformes en sus cualidades físicas, de tal modo que cantidades iguales de ellos deberían ser idénticas en un
grado tal como para no ofrecer ningún motivo para preferir unos en lugar de otros. — blgual número de
ganado e iguales cantidades de cereal

36 Cf. Govemment School of Mines and Science Applied to the Arts. Lectures on Gold etc., London 1852, y cf. nota 56.
La relación entre el oro y la plata y los otros metales

91

a) LA RELACION ENTRE EL ORO Y LA PLATA Y LOS OTROS METALES

Los metales no preciosos se oxidan con el aire; los preciosos (mercurio, plata, oro, platino)
no se alteran por contacto con el aire.
Aurum (Au). Densidad = 19,5; punto de fusión: 1200°C. "De todos los metales el
resplandeciente oro es el más espléndido, y por esta razón ya los antiguos lo llamaban el sol
o el rey de los metales. Está bastante difundido, pero nunca en grandes cantidades y por ello
es también más costoso que los otros metales. Por lo general se lo encuentra en estado puro,
a veces en grandes pedazos, otras incrustado en forma de pequeños granos en otro mineral,
de cuya descomposición se forma la arena aurífera, que se encuentra en muchos ríos, y de la
cual es posible separar el oro mediante el lavado a causa de su peso específico elevado.
Tiene una extraordinaria maleabilidad; con un grano es posible formar un hilo de hasta 500
pies de longitud y se puede prensarlo en láminas de espesor de 1/200.000 [[pulgadas]]. El
oro no es atacado por ningún ácido; es soluble sólo en el cloro libre (agua regia, un
compuesto de ácido nítrico y ácido clorhídrico). Dorar".
Argentum (Ag.). Densidad = 10. Punto de fusión = 1000°C. Aspecto muy brillante; de todos
los metales es el más agraciado, muy claro y maleable; puede ser bellamente labrado y
estirado en hilos muy finos. Se lo encuentra en estado puro; con frecuencia está mezclado
con plomo.
Hasta aquí vimos las propiedades químicas del oro y de la plata. (La divisibilidad, la
posibilidad de recomposición, la uniformidad, etc., del oro y de la plata son conocidas.) Las
mineralógicas:
Oro: es verdaderamente notable que los metales, cuanto más preciosos son, tanto más
aparecen aislados y separados de los cuerpos en que se encuentran habitualmente, como
naturalezas superiores alejadas de las vulgares. Así, al oro lo encontramos habitualmente en
estado puro, cristalino, en distintas formas prismáticas o en las formas más variadas: en
pedazos irregulares y en granos, como arena y en polvo, a veces incrustado en muchos tipos
de rocas, por ejemplo en el granito, después de cuyo desmenuzamiento el oro pasa a la
arena de los ríos y a los guijarros de los terrenos aluvionales. Como en este estado la
densidad del oro llega a 19,4, es posible recuperar hasta las más finas de las láminas de oro,
agitando en el agua la arena aurífera. El metal que tiene densidad mayor se deposita en el
fondo: a esto se le llama lavado de oro. Con mucha frecuencia el oro se amalgama con la
plata y se encuentran ligas naturales de los dos metales, que contienen del 0,16 al 38,7 por
ciento de plata, lo que como es natural tiene como consecuencia diferencias de color y de
peso específico.
92

Plata: con una notable variedad de sus minerales, la plata se presenta como uno de los
metales más abundantes, tanto en estado puro como ligado con otros metales o unido con
arsénico y azufre. (Cloruro de plata, bromuro de plata, carbonato básico de plata, mineral de
bismuto y plata, sternbergita, polybasita, etc.)
Principales propiedades químicas: las de todos los metales preciosos son: no se oxidan con el
aire; propiedades del oro (y del platino): indisolubilidad a los ácidos, con excepción del
cloroa (para el oro). La no oxidabilidad por el aire los mantiene puros, privados de
herrumbres; se presentan tal cual son. Resisten la disolución por acción del oxígeno —son
imperecederos (y por esto eran tan apreciados por los antiguos adeptos visionarios del
elevado oro y la plata).
II. El capítulo del dinero

a"im Chlor", en el ms. "im Chrom." ("del cromo")

Propiedades físicas: del elevado peso específico, o sea mucho peso en poco espacio, lo cual es
particularmente importante para un instrumento de circulación. El del oro es 19,5; el de la
plata, 10. Esplendor cromático. Esplendor del oro, blancura de la plata, brillo suntuoso,
maleabilidad; por esto se presta tanto a la joyería y al ornamento de otros objetos. El color
blanco de la plata (que refleja los rayos luminosos en su composición originaria); el color
amarillo-rojizo del oro (que anula todos los rayos cromáticos de la luz compuesta que cae
sobre él, reflejando solamente el rojo). Difícil fusión.
Propiedades geognósticas: el hecho de presentarse (en especial el oro) en estado puro,
separado de los otros cuerpos; aislado, individualizado. Individual, [[ significa]] presentarse
autónomo respecto de lo que es elemental.
De los otros dos metales preciosos: 1) Platino: es incoloro, gris grisáceo (hollín de los
metales); demasiado raro, desconocido por los antiguos; conocido solamente después del
descubrimiento de América; en el siglo XIX descubierto también en los Urales; atacable sólo
por el cloro; siempre en estado puro; peso específico = 21; infusible a las temperaturas más
elevadas; más bien valor científico. 2) Mercurio: se presenta en estado líquido, evaporable,
vapores venenosos, puede mezclarse con otras materias líquidas (amalgama). Densidad =
13,5; punto de ebullición = 360ºC. En consecuencia, ni el platino, ni tanto menos el mercurio
son aptos como dinero.
93

Una de las propiedades geognósticas común a todos los metales preciosos: rareza. Rareza
que (prescindiendo de la oferta y la demanda) es elemento del valor1 solamente en cuanto lo
no raro en sí y para sí, la negación de la rareza, lo elemental, no tiene ningún valor, porque
no aparece como resultado de la producción. En la determinación más originaria del valor,
lo que era más independiente de la producción consciente y voluntaria tenía el máximo
valor, supuesta la demanda. Los guijarros no tienen ningún valor, relativement parlant,a
porque se encuentran sin producción (aunque esta producción consistiera solamente en
buscarlos). Para que un objeto constituya un objeto de cambio, tenga un valor de cambio, no
puede ser que cualquiera lo tenga sin la mediación del cambio; no debe presentarse en una
forma tan elemental como para constituir un bien común. La rareza es en este respecto
elemento del valor de cambio, y por ello tal propiedad en los metales preciosos es
importante, aun prescindiendo de su relación más precisa con la oferta y la demanda.
Si se considera en general el privilegio de los metales como instrumentos de producción,
hace en favor del oro, haber sido au fond el primer metal que fue descubierto como metal. Y
esto por un doble motivo. Primero, porque de todos es el que aparece en la naturaleza como
más metálico, un metal distinto y distinguible; segundo, porque al prepararlo la naturaleza
ha tomado sobre sí la tarea de la técnica, y para su primer descubrimiento sólo es necesario
rough laborb, y no la ciencia ni instrumentos de producción desarrollados.
a Relativamente hablando. — bArduo trabajo

"Certain it is that must take its place as the earliest metal known, and in the first record of
man's progress it is indicated as a standard of man's position"a (en cuanto es lo excedente
que es la primera forma de aparición de la riqueza. La primera forma del valor es el valor de
uso, lo cotidiano, lo que expresa la relación del individuo con la naturaleza; la segunda forma
es el valor de cambio junto al valor de uso, su disposición de valores de uso ajenos, su
relación social: que originariamente, podía ser llamado a su vez valor de uso festivo, que
trasciende la necesidad inmediata).

1 Cf. D. RICARDO, On the Principies etc., cit., p. 2 [Principios, pp. 7-81.


La relación entre el oro y la plata y los otros metales

aEscierto que el oro debe considerarse necesariamente como el primer metal conocido y, en efecto, en los primeros registros del progreso
humano, él es considerado como el indicador de la posición del hombre

Very early discovery of gold by man: "Gold differs remarkably from the other metals, with a
very few exceptions, in the fact, that it is found in nature in its metallic state. Iron and
copper, tin, lead, and silver are ordinarily discovered in chemical combinations with oxigen,
sulphur, arsenic or carbon: and the few exceptional occurrencies of these metals in an
uncombined, or, as it was formerly called, virgin state, are to be cited rather as mineralogical
curiosities than as common productions. Gold is, however, always found native or metallic...
Therefore, as a metallic mass, curious by its yellow colour, it would attract the eye of the
most uneducated man, whereas the other substances likely to lie in his path would offer no
features of attraction to his scarcely awakened powers of observation.
95

Again gold, from the circumstance of its having been formed in those rocks which are most
exposed to atmospheric action, is found in the débris of the mountains. By the disintegrating
influences, of the atmosphere, of changes of temperature, of the action of water, and
particularly by the affects of ice, fragments of rock are continually broken off. These are
borne by floods into the valleys and rolled into pebbles by the constant action of flowing
water. Amongst these, pebbles, or particles, of gold are discovered. The summer heats, by
drying up the waters, rendered those beds which had formed river channels and the courses
of winter torrents paths for the journeys of migratory man; and here we can imagine the
early discovery of gold."
"Gold most frequently occurs pure, or, at all events, so nearly so that its metallic nature can
be at once recognized, tanto en ríos como en las quartz veins."
"The specific gravity of quartz, and of most other heavy coinpact rocks is about 2 1/2, whilst
the specific gravity of gold is 18 oder 19. Gold, therefore, is somewhere about seven times as
heavy as any rock or stone with which it is likely to be associated. A current of water
accordingly having sufficient strength to bear along sand or pebbles of quartz or any other
rock, might not be able to move the fragments of gold associated with them. Moving water,
therefore, has done for the auriferous rocks formerly, just what the miner would do now it,
break it, namely, up, into fragments, sweep away the lighter particles, and leave the gold
behind it. Rivers are, indeed, great natural cradles sweeping off all the lighter and finer
particles at once, the heavier ones either sticking against natural impedimenta, or being left
whenever the current slackens its force or velocity" (véase Gold (Lectures on). London,
1852) (p. 12 y 13).2
"In all probability, from tradition and early history, the dlscovery of gold in the sand and
gravel of streams would appear to have been the first step in the recognition of metals, and in
almost all, perhaps in all, the countries of Europe, Africa, and Asia, greater or smaller
quantities of gold have from very early times been washed by simples contrivances from the
auriferous deposits. Occasionally, the success of goldstreams has been great enough to
produce a pulse of excitement which has vibrated for a while through a district, but has been
hushed down again. In 760 the poor people turned out in numbers to wash gold from the
river sands south of Prague, and three men viere able in the day to extract a mark (1/2 lb.)
of gold; and so great was the consequent rush to the 'diggings' that in the next year the
country was visited by famine. We read of a recurrente of similar events several times
within the next few centuries, although here, as elsewhere, the general attraction to surface-
spread riches has subsided into regular and systematic mining".
95

2 Cf. Government School etc., cit. La referencia de pá gina es erró nea, y la cita no se encuentra en este texto.
II. El capítulo del dinero

"Two classes of deposits in which gold is found, the lodes or veins, which intersect the solid
rock in a direction more or less perpendicular to the horizon; and the drift beds or `streams',
in which the gold mingled with gravel, sand, or clay, has been deposited by the mechanical
action of water, upon the surface of those rocks, which are penetrated to unknown depths
by the lodes. To the former class belongs more specially the art of mining; to the latter the
simple operation of digging. Gold mining, properly so called, is, like other mining, an art
requiring the employment of capital, and of skill only to be adquired by years of experience.
There is no art practised by civilized men which requires for its full development the
application of so many sciences and collateral arts. But although so essential to the miner,
scarcely any of these are necessary to the goldwasher or streamer, who must trust chiefly to
the strength of his arm, or the buoyancy of his health. The apparatus which he employs must
necessarily be simple, so as to be conveyed from place to place, to be easily repaired if
injured, and no to require any of those niceties of manipulation which would cause him to
lose time in the acquiring of small quantities."
Diferencia between the drift-deposits of gold, best exemplified at the present day in Siberia,
California, and Australia; and the fine sands annually brought down by rivers, some of which
are also found to contain gold in workable quantities. The latter are of course found literally
at the surface, the former may be met with under a cover of from 1 to 70 feet in thickness,
consisting of soil, peat, sand, gravel, etc. The modes of working the two must be identical in
principie. For the stream-worksa nature has pulled down the highest, proudest and richest
parts of the lodes, and so triturated and washed up the materials, that the streamer has the
heaviest part of the work already done for him: whilst the miner, who attacksb the poorer,
but more lasting, deep-going lodes, must aid himself with all the resources of the nicest art3.
a"works"; cd. 1939 "worker's" (del trabajador). — b"attacks"; edic. 1939, "attack".-

Gold has justly been considered the noblest of metals from various physical and chemical
properties. It is uuchangeable in air and does not rust. (Carácter imperecedero,
precisamente resistencia a la acción del oxígeno atmosférico.) Of a bright reddish yellow
colour when in a coherent state, and very dense. Highly malleable. Requires a strong heat to
melt it. Specific gravity C 4.
c[[Esta cita traduce el texto en inglés que viene de p. 106.]] Muy temprano descubrimiento del oro: "El oro difiere notablemente de los
otros metales, salvo poquísimas excepciones, por el hecho de que se encuentra en la naturaleza en su estado metálico. El hierro y el cobre,
el estaño, el plomo y la plata, se encuentran habitualmente en combinaciones químicas con el oxígeno, azufre, arsénico o carbono, y los
pocos casos excepcionales de descubrimiento de estos metales en estado de no combinación o, como se decía en un tiempo, en estado
virgen, pueden ser citados más como curiosidades mineralógicas que como acontecimientos normales. El oro, sin embargo, se encuentra
siempre en estado natural o metálico... Es por esta razón que como una masa metálica, curiosa por su color amarillo, atraería también la
mirada del hombre más carente de educación, mientras que las otras sustancias que pudiera encontrar en su camino no le ofrecerían
ningún atractivo especial para sus apenas nacientes poderes de observación. Además, el oro, por el hecho de haberse formado en aquellas
rocas que están más expuestas a la acción atmosférica, se encuentra en los detritos de las montañas. Como consecuencia de las influencias
desintegradoras de la atmósfera, de los cambios de temperatura, de la acción del agua y particularmente por la acción del hielo, se produce
una fragmentación continua de rocas. Estas son arrastradas al valle por las inundaciones y se transforman en guijarros bajo la acción
constante del agua fluyente. Entre estas piedras es donde son descubiertos pequeños guijarros o partículas de oro. Los calores estivales, al
secar las aguas, convertían a los lechos de los ríos y a los cursos de los torrentes invernales, en senderos para las jornadas del hombre
migratorio, y entonces nos podemos imaginar el descubrimiento inicial del oro."
"El oro se presenta con máxima frecuencia en estado puro o, de todos modos, tan próximo a tal estado que su naturaleza metálica puede
ser inmediatamente reconocida tanto en las corrientes de agua como en las vetas de cuarzo."
"El peso específico del cuarzo, y de la mayor parte de las otras rocas pesadas compactas, es de alrededor de 2 1/2 mientras que el peso
específico del oro es de 18 ó 19. Es por ello que el oro pesa alrededor de 7 veces más que cualquier otra roca o piedra con la que
probablemente se encuentre asociado. En consecuencia, una corriente de agua que tenga fuerza suficiente para transportar arena o
guijarros de cuarzo o de cualquier otra roca, podría no ser capaz de arrastrar los fragmentos de oro combinados con ellas. En los tiempos
pasados, las corrientes de agua han hecho con las rocas auríferas exactamente lo mismo que hace hoy el minero, es decir, reducirlas a
fragmentos, expulsando las partículas más ligeras y dejando el oro. Los ríos son en verdad las grandes cribas naturales que separan

3 Cf. ibídem, pp. 93-98.


4 Cf. ibídem, pp. 72-73.
La relación entre el oro y la plata y los otros metales

inmediatamente todas las partículas más livianas y más finas, mientras que las otras más pesadas o se detienen contra obstáculos
naturales o se depositan cuando la corriente disminuye su fuerza o velocidad."
"Con toda probabilidad, según la tradición y las primeras historias, el descubrimiento del oro en la arena y en la grava de los cursos de agua
parece haber sido el primer paso en el reconocimiento de los metales, y en casi todos y quizás en todos los países de Europa, África y Asia,
cantidades mayores o menores de oro fueron extraídas de los depósitos auríferos con sistemas de lavado muy simples. A veces el éxito de
algunos cursos de aguas auríferas ha sido lo bastante grande como para producir una enorme excitación que sacudió por un cierto tiempo
alguna zona, pero luego se calmó. En el 760, una masa enorme de gente pobre se precipitó a separar con lavados el oro de las arenas
fluviales en el sur de Praga, y tres hombres fueron capaces de extraer en un día un marco (1/2 libra) de oro. Fue tal la carrera a las
'excavaciones' que al año siguiente el país fue presa del hambre. Para épocas inmediatamente posteriores, existen referencias a la
repetición de estos hechos varias veces en el término de pocos siglos, aunque aquí, como en otras partes, a la atracción por las riquezas de
la superficie le haya sucedido la actividad minera regular y sistemática."
"Existen dos categorías de depósitos en los que se encuentra el oro, los filones o venas, que intersectan la roca sólida según una dirección
más o menos perpendicular al horizonte, y lechos de detritos o 'corrientes' en las que el oro, mezclado con grava, arena o arcilla, se
deposita por la acción mecánica del agua sobre la superficie de las rocas que son penetradas hasta grandes profundidades por los filones. A
la primera categoría está ligada más especialmente el arte de la minería; a la segunda, la actividad pura y simple de excavación. La minería
del oro propiamente dicha es, como cualquier otra operación minera, una técnica que requiere el empleo de un capital y de una habilidad
que se adquieren solamente con años de experiencia. No hay otra técnica practicada por el hombre que requiera para su pleno desarrollo
la aplicación de tantas ciencias y técnicas colaterales. Pero aunque son esenciales para el minero, casi ninguna de ellas es necesaria para el
lavador de oro o buscador en corrientes de agua, que debe confiar principalmente en la fuerza de sus brazos o en el vigor de su salud. El
instrumental que emplea debe ser necesariamente simple, de modo de ser transportable de un lugar a otro, fácilmente reparable si sufre
desperfectos y qué no requiera ninguna de las complicaciones en su manipulación que le hiciera perder tiempo para obtener sólo
pequeñas cantidades."
Diferencia entre los depósitos de detritos auríferos, de los que tenemos los mejores ejemplos al día de hoy en Siberia, en California y en
Australia, y las arenas finas anualmente transportadas por los ríos, en algunas de las cuales se junta oro en cantidades utilizables. Estas
últimas se encuentran, por supuesto, literalmente en la superficie, mientras que los primeros se pueden encontrar cubiertos por una capa
que va de 1 a 70 pies de espesor, formada de tierra, arena, turba y grava, etc. El modo de trabajar debe responder en ambos casos a
idénticos principios. Para el trabajo en corrientes de agua, la naturaleza ha enterrado las partes más importantes, más espléndidas y ricas
de los filones, y así ha triturado y lavado los materiales de modo tal que el buscador se encuentra en la parte más pesada del trabajo ya
cumplida, mientras que el minero, que trabaja en los filones más pobres pero más duraderos y profundos, debe ayudarse con todos los
recursos de la técnica más refinada.
El oro ha sido considerado con justicia el más noble de los metales a partir de sus propiedades físicas y químicas. Es inalterable al aire y no
se herrumbra. (Carácter imperecedero, precisamente resistencia a la acción del oxígeno atmosférico.) De un brillante color amarillo rojizo
en estado de cohesión y muy denso. Extremadamente maleable. Requiere una alta temperatura para fundirse. Peso específico.

Por consiguiente, tres modos de producir oro: 1) En la arena de las corrientes de agua.
Simple descubrimiento en la superficie. Lavado. 2) En los bedsa aluvionales. Diggingb. 3)
Miningc. Su producción no requiere, por lo tanto, ningún desarrollo de las fuerzas
productivas. Aquí, la mayor parte del trabajo lo hace la naturaleza.
(Las raíces de las palabras Gold y Silberd, etc. (véase Grimm) 5 ; los conceptos generales más
próximos y referibles directamente a las palabras son los de esplendor, color [[Glanzes,
Farbe]]. Plata, blanco [[Silber weiss]], oro amarillo [[Gold gelb]]; bronce y oro [[Erz und
Gold]], bronce y hierro [[Erz und Eisen]] [[en alemán]] cambian sus nombres. Entre los
alemanes el bronce aparece en uso antes que el hierro. Afinidad inmediata entre aes y
aurume.)
Cobre (bronce: estaño y cobre) y oro, usados antes de la plata y del hierro.
El uso del oro precedió en mucho tiempo al de la plata, porque al primero se lo encuentra en
estado puro y sólo en pequeñas cantidades ligado a la plata; se lo obtiene mediante un
simple lavadof.
aCapas, estratos, yacimiento. — bExcavación. — c Minería. — dEn alemán, oro y plata respectivamente. — eCobre y oro. — flavado

La plata existe generalmente en filons encastrés dans les roches les plus dures des terrains
primitifs: il exige, pour son extraction, des machines et des travaux compliqués. Dans
l'Amerique méridionale el or en filonsa no es explotado, sólo lo es el or disséminé en poudre
et en grains dans les terrains d'alluvionsb . Ocurría lo mismo en tiempos de Herodoto. Los
más antiguos monumentos de Grecia, Asia, el norte de Europa y del Nuevo Mundo
demuestran que el uso del oro en ustensiles et bijouxc fue posible en un estado de

5 Cf. JACOB GRIMM, Geschichte der deutschen Sprache, vol. I, Leipzig 1848, pp. 13-14. Extractos de la edic. 1853, en un

cuaderno no numerado, redactado en mayo de 1856 y en abril de 1857 en Londres.


II. El capítulo del dinero

semibarbarie; mientras que el emploi del argentd para el mismo uso denota par lui seul un
état social assez avancé"e. Cf. Dureau de la Malle, cuaderno. (2.)
Cobre como principal instrumento de guerra y de paz (ibíd. 2)6. (Como dinero en Italia ibíd.)
a ... bajo la forma de filones incrustrados entre las rocas más duras de los terrenos primitivos. Para su extracción son necesarias máquinas

y trabajos complicados. En América meridional el oro en filones. — b El oro diseminado en polvo y en ganos en los terrenos aluvionales. —
c Utensilios y joyas. — d El empleo de la plata. — e Por sí mismo un estado social bastante avanzado

6 Marx se refiere a la p. 2 del cuaderno londinense XVI que contiene extractos de DUREAU DE LA MALLE, Economie

politique des Romains, cit. Todo el excursus histó rico del pará grafo siguiente es un resumen de las pp. 48-96 del tomo primero
de esta obra, que utiliza las investigaciones de Letronne, Bü ckh, Jacob, Humboldt.
Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

b) OSCILACIONES DE LA RELACION DEL VALOR ENTRE LOS DISTINTOS METALES

En general el uso de los metales como cuerpos del dinero, su uso relativo conjunto, su
aparición más temprana o más tardía, problemas que deben ser considerados al mismo
tiempo que las oscilaciones de su valor relativo. (Letronne, Bóckh, Jacob). (En qué medida
este problema se vincula con el de la masa general de los metales circulantes y de su
relación con los precios, debe ser considerado a continuación, como apéndice histórico del
capítulo sobre la relación del dinero-precios.)
El changement successiff entre el oro y la plata y el cobre en las distintas épocas debía
depender ante todo de la nature des gisements de ces trois métaux, et de l'état plus o moins
pur dans lequel ils se trouventg. Y además, de los changementsh
políticos, tel quel l'invasion de l'Asie et d'une portion de l'Afrique par les Perses et les
Macédoniens, plus tard la conquét e par les Romains de la partie des trois continentsi (orbis
Romanus etc.). Depende por consiguiente del relativo estado de pureza en el que se
encuentran, y de su localización.
fCambio sucesivo. — g Naturaleza de los yacimientos de estos tres metales y del estado más o menos puro en el que ellos se encuentran. —
hCambios. — i Tales como la invasión de Asia y de una porción de Africa por los persas y los macedonios, más tarde la conquista romana
de parte de los tres continentes
97

La relación de valor entre los distintos metales puede ser determinada independientemente
de los precios, a través de la simple relación cuantitativa en la que ellos se intercambian
recíprocamente. En esta forma podemos proceder en general comparando entre sí sólo unas
pocas mercancías que tengan una medida homónima; por ejemplo, tantos quarters de
centeno, de cebada, de avena, por tantos quarters de trigo. En el trueque donde en general
se intercambia poco todavía y las mercancías para el cambio son también pocas, se aplica
este método, y por ello el dinero no es todavía necesario.
Según Estrabón, entre los árabes vecinos de los sabeos, el or natif era tan abondant, que se
daban de él 10 libras a cambio de 1 libra de hierro y 2 libras a cambio de 1 libra de plata.
Riqueza áurea de los terrains de Bactriana (Bactara, etc., en suma del Turquestán) y de la
parte de Asia situated entre el Paropamisus (Hindoo-kush) y el Imaus (Mustag-Mountains),
es decir el Descrtum arenosum auro abundansa (Desert of Gobi); eso torna verosímil lo que
señala Dureau de la Malle, o sea que del siglo XV al VI antes de Cristo la relación entre oro y
plata era = 6 : 1 ú 8 : 1, rapport qui a existé dans la Chine et au Japón hasta el
commencement del siglo XIX; para la Persia del rey Darío Hystaspes, Herodoto fija la
relación 13:1. Según el código de Manú, escrito entre el 1300 y el 600 a.C., l'or à l'argent = 2
1/ :1. Les mines d'argent ne se trouvent guére en effet que dans les terrains primitifs,
2
surtout dans les terrains à couches, et dans quelques filons de terrains secondaires. Les
gangues de l'argent au lieu d'étre des sables d'alluvion, sont ordinairement les roches les
plus compactes et les plus dures, telles que le quartz, etc. Ce metal est plus commun dans les
régions froides, soit par leur latitude, soit par leur élévation absolue, que l'or, qui en général
afecte les pays chauds. Au contraire de l'or, etc. (por lo general unido al arsénico y al azufre)
(ácido muriatic, nitric saltpeter). En lo que respecta a la difusión cuantitativa de los dos
metales (antes del descubrimiento de Australia y California): Humboldt, 1811, estima la
relación entre oro y plata en América = 1:46, en Europa (incluida la Rusia asiática) = 1: 40.
Para los minéralogistes de la Académie des Sciences en la actualidad (1840)b la relación es =
1:52; sin embargo, una livre d'or vaut seulement 15 livres d'argent; la relación de valor es
por tanto 15:1.
a"abundans"; edic. 1939, "abondans". — b (1840)"; edic. 1939, "(1842)".
II. El capítulo del dinero

98

Cobre. Densidad = 8,9. Hermoso color arrebol; dureza considerable; se requieren


temperaturas muy elevadas para fundirlo. No es raro encontrarlo en estado puro; con
frecuencia está combinado con oxígeno o azufre. Tiene pour gisement les terrains
prirnordiaux anciens. Pero con frecuencia, más que los otros minerales, se encuentra
también en la superficie de la tierra, soit à des petites profondeurs, aggloméré en masses
pures, quelquefois d'un poids considerable. Employé antes que el fer tanto para la guerra
como para la paz. (En el desarrollo histórico el oro es a la plata, como material del dinero,
tanto como el cobre es al hierro, como instrumento de trabajo.) Circulaba en gran cantidad
en la Italia dominada por los romanos del siglo I al V. Es posible déterminer a priori le degré
de civilisation d'un peuple d'aprés la seule connaissance de l'éspéce de metal, or, cuivre,
argent, ou fer, qu'il emploie pour ses armes, ses outils ou sa parure. Hesíodo escribe en su
poema sobre la agricultura: "χαλκώ δ'έργάξοντο. μέλας δ΄ ούκ έόκε οιδηρος."
Lucrecio: "Et prior iris erat quam ferri cognitus usus". Jacob señala en Nubia y en Siberia la
existencia de antiquísimas minas de cobre (véase Dureau, I, 58); Herodoto afirma que los
masagetas poseían sólo el bronce y no el fer. El hierro, según los marbres de Oxford, no era
conocido antes del 1431 a.C. En Homero se habla raramente del hierro; en cambio usage tres
commun del airain (bronce), de este alliage de cobre, zinc y estaño, dont les sociétés grecque
et romaine se servirent si Iongtemps, méme pour la fabrication des haches et des rasoirs.
L'Italie assez riche en cuivre natif; aussi la monnaie de cuivre forma-t-elle hasta el 247 a.C.,
sinon le numéraire unique, au monis la monnaie normale, l'unité monétaire dans l'Italie
moyenne. Las colonias griegas de la Italia del sur recibieron de Grecia y de Asia,
directamente o a través de Tiro y Cartago, la plata, de la que hicieron dinero a partir de los
siglos V y VI. Parece que los romanos poseían monedas de plata antes de la expulsión de los
reyes, dice Plinio, "interdictum id vetere coiisitlto patrum, Italke parci" (es decir, de sus
minas de plata) "jubentium". Temían las consecuencias de un medio de circulación cómodo
—lujo, incremento de los esclavos, acumulación, concentración de la propiedad de la tierra.
También entre los etruscos el cobre precedió al oro como material del dinero.
Es falso decir, como Garnier (véase cuaderno III, p. 28): "En el campo de los minerales se
busca y se escoge naturalmente la matiére destinée à l'accumulation"1. Es verdad en cambio
lo contrario, es decir la acumulación sólo comenzó después del descubrimiento de la
moneda metálica (sea bajo la forma de dinero propiamente dicho, o como simple medio de
cambio preferido y usado por su peso). De este problema será necesario hablar en detalle,
con relación al oro. Es exacto lo que afirma Reitemeier (véase cuaderno III, p. 34): "Oro, plata
y cobre fueron usados entre los pueblos primitivos primero para hacer martillos y picos, a
pesar de su relativa fragilidad, y esto ocurrió mucho antes de que apareciera el hierro, y
antes de que fueran usados para hacer dinero." (Perfeccionamiento de los instrumentos
cuando, con el procedimiento del templado, se aprendió a dar al cobre una dureza tal como
para desafiar la piedra dura.
99

Los escoplos y martillos que sirvieron para vencer la piedra fueron hechos con un cobre
muy endurecido. Finalmente fue descubierto el hierro.)2 Jacob dice: "En el régimen
patriarcal" (véase cuaderno IV, p. 3), "en el que los metales del que estaban hechas las
armas, como 1) el brass y 2) el iron, eran raros y extremadamente costosos en comparación
con los common food and clothing then used, si bien no se conocía comed money of the

1 Cf. G. GARNIER, Histoire de la monnaie depuis les temps de la plus haute antiquité jusqu'au regne de Charlemagne, Paris

1819, t. I, p. 7. Extractos en el cuaderno londinense III.


2 J. F. REITEMEIER, Geschichte des Bergbaues und Hüttenwesens bey den alten Völkern, Gó ttingen 1785, pp. 14, 15-16, 32.

Extractos en el cuaderno londinense III.


Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

precious metals, yet gold and silver had acquired the faculty de ser cambiados por los otros
metales de modo más fácil y conveniente que el corn and cattle" 3
"D'ailleurs pour obtenir l'or pur ou presque pur des inmenses terrains d'alluvion situés
entre les chaines de l'Indou-Kosh et de l'Himalaya, il ne fallait qu'un simple lavage. La
population de estas contrées de l'Asie era entonces abondante; en consecuencia, main-
d'ceuvre à trés bon marché. La plata era relativamente más costosa a causa de las
dificultades (técnicas) de su explotación. L'effet contraire s'est produit dans l'Asie et dans la
Gréce à partir de la mort d'Alexandre. Les sables auriféres s'épuisérent; le prix des esclaves
et de la main-d'ceuvre augmenta; la mécanique et la géométrie ayant fait d'immenses
progrés depuis Euclide jusqu a'Archiméde, on put exploiter avec profit les riches filons des
mines d'argent de l'Asie, de la Thrace et de l'Espagne, et l'argent étant 52 fois plus abondant
que Por, le rapport de valeur entre les deux métaux dut changer, et la livre d'or qui, du
temps de Xénophon, 350 a. Ch., s'échangeait contre 10 livres d'argent, valut 18 livres de ce
dernier metal l'an 422 aprés Chrisra. Por consiguiente, la relación había ascendido de 10:1 a
18:1.
aSegún Estrabdn, entre los árabes vecinos de los sabeos, el oro local era tan abundante que se daban de él 10 libras a cambio de 1 libra de
hierro y 2 libras a cambio de 1 libra de plata. Riqueza áurea de las regiones de Bactriana (Bactara, etc., en suma de Turquestán) y de la
parte de Asia situada entre el Paropamisus (Ilindookush) y el Imaus (montes Mustag), es decir el Desertum arenosum auro abundans
(Desierto de Gobi): eso torna verosímil lo que señala Dureau de la Malle, o sea que del dglo XV al VI antes de Cristo la relación entre oro y
plata era —6:1 u 8:1, relación que en China y en Japón existió hasta comienzos del siglo XIX; para la Persia del rey Darío Hystaspes,
Herodoto fija la relación 13:1. Según el código de Menú, escrito entre el 1300 y el 600 a. C., la relación oro-plata es= 2,5:1. Las minas de
plata no se encuentran sino en terrenos primitivos, sobre todo en aquellos estratillcados, y en algunos filones de los terrenos secundarios.
Las gangas de plata, en lugar de ser arenas aluvionales, son por lo común las rocas más duras y compactas, como el cuarzo, etc. En las
regiones frías, sea por su latitud, sea por su altura absoluta, este metal es más común que el oro, el cual se encuentra por lo general en los
países cálidos. A diferencia del oro, la plata se encuentra sólo muy raramente en estado puro, etc. (por lo general unida al arsénico y al
azufre) (ácido muriático, ácido nítrico). En lo que respecta a la difusión cuantitativa de los dos metales (antes del descubrimiento de
Australia y California): Humboldt, 1811, estima la relación entre oro y plata en América — 1:46, en Europa (incluida la Rusia asiática) —
1:40. Para los mineralogistas de la Academia de Ciencias en la actualidad (1842) la reladón es — 1:52; .sin embargo, una libra de oro vale
solamente 15 libras de plata: la relación de valor es por tantos 15:1.
Cobre. Densidad = 8,9. Hermoso color arrebol; dureza considerable; se requieren temperaturas muy elevadas para fundirlo. No es raro
encontrarlo en estado puro; con frecuencia está combinado con oxígeno o azufre. Tiene por yacimiento los terrenos primarios antiguos.
Pero con frecuencia, más que los otros minerales, se encuentra también en la superficie de la tierra o a poca profundidad, aglomerado ed
masas puras, con un peso a veces considerable. Empleado antes que el hierro tanto para la guerra como para la paz. (En el desarrollo
histórico el oro es a la plata, como material del dinero, tanto como el cobre es al hierro, como instrumento de trabajo). Circulaba en gran
cantidad en la Italia dominada por los romanos del siglo I al V. Es posible determinar a priori el grado de civilización de un pueblo en base
al simple conocimiento del tipo de metal, oro, cobre, plata o hierro, que emplea para sus armas, sus utensilios o su ornamento. Hesíodo
escribe en su poema sobre la agricultura que "trabajaban el bronce, pues no existía el negro hierro".
Lucrecio: "Y ellos conocían el bronce mucho antes de conocer el uso del hierro". Jacob señala en Nubia y en Siberia la existencia de
antiquísimas minas de cobre (véase Dureau, 1, 58); Herodoto afirma que los masagetas poseían sólo el bronce y no el hierro. El hierro,
según las lápidas de Oxford, no era conocido antes del 1431 a.C. En Hornero se habla raramente del hierro; en cambio es muy común el uso
del bronce, de esta aleación de cobre, zinc y estaño, del que las sociedades griega y romana tanto se sirvieron para la fabricación de hachas
y de cuchillos. Italia era muy rica en cobre puro, de tal modo que la moneda de cobre constituyó hasta el 247 a.C., si no el único numerario
por lo menos la moneda normal, la unidad monetaria en la Italia central. ..."En el campo de los minerales se busca y se escoge naturalmente
la materia destinada a la acumulación" ...lacob dice: "En el régimen patriarcal" (véase cuaderno IV, p.3), "en el que los metales del que
estaban hechas las armas, como 1) el bronce y 2) el hierro, eran raros y extremadamente costosos en comparación con los alimentos y las
vestimentas usados por ese entonces, si bien no se conocía el dinero acuñado de metales preciosos, sin embargo, el oro y la plata habían
adquirido la facultad de ser cambiados por los otros metales de modo más fácil y conveniente que el trigo y el ganado."
"Por otra parte, para obtener el oro puro o casi puro de los inmensos terrenos aluvionales situados entre las cadenas del Indo-Kush y del
Himalaya, era menester simplemente un lavado. La población de estas regiones del Asia era entonces elevada; en consecuencia, la mano de
obra era barata. La plata era relativamente más costosa a causa de las dificultades (técnicas) de su explotación. En Asia y en Grecia, a partir
de la muerte de Alejandro, se produjo el fenómeno contrario. Las arenas auríferas se agotaron; el precio de los esclavos y de la mano de
obra aumentó; la mecánica y la geometría habían hecho progresos inmensos desde Euclides a Arquímedes, de modo tal que fue posible
explotar con provecho los ricos filones de minas de plata del Asia, de Tracia y de España. Y dado que la plata era 52 veces más abundante
que el oro, la relación de valor entre los dos metales debía cambiar, y la libra de oro que desde la época de Jenofonte, 350 a.C., se cambiaba
por 10 libras de plata, valía 18 libras de este último metal en el 422 d.C."

A fines del siglo V d.C. extraordinaria disminución de la cantidad de dinero en efectivo; se


detiene la excavación de las minas. En el Medievo hasta fines del siglo XV una parte

3 Cf. W. JACOB, An Historical Inquiry into the Production and Consumption of the Precious Metals, London 1831, vol. I, p. 142.

Extractos, en los cuadernos londinenses III y IV.


II. El capítulo del dinero

relativamente importante del dinero está constituida por monedas de oro. (La disminución
afectó particularmente a la plata que era hasta ese entonces la que más circulaba.) La
relación entre los dos metales en el siglo XV = 10:1; en el siglo XVIII = 14: 1 en el continente;
en Inglaterra = 15:1. En Asia moderna la plata se encuentra en el comercio más como
mercancía, en especial en China, donde la moneda nacional es de cobre (el tehen, una
aleación de cobre, zinc y plomo). En China el oro (y la plata) valen por su peso como
mercancías para el balance del comercio exterior.4
100

Grandes oscilaciones en Roma entre el valor del cobre y el valor de la plata (en las
monedas). Hasta Servio se adoptó para el cambio el metal en lingotes: la aes rude. La unidad
monetaria, el as de cobre, equivalía a 1 libra de cobre. En la época de Servio, relación plata. y
cobre = 279:1; hasta el comienzo de la guerra púnica = 400:1; en la época de la primera
guerra púnica = 140:1; segunda guerra púnica = 112:1.
En Roma el oro al comienzo muy caro, mientras que la plata, de Cartago (y de España); el
oro usado sólo en lingots hasta el 547. Relación entre el oro y la plata en el comercio =
13,71:1; en las monedas = 17,4:1; bajo César = 12:1 (cuando estalla la guerra civil, a
continuación del saqueo del xrarium por parte de César, = solamente a 8:1); bajo Honorio y
Arcadio (397) fijada = 14,4:1; bajo Honorio y Teodosio el joven (422) = 18:1. Primera
moneda de plata en Roma fundida en el 485 u.c.a; primera moneda de oro: 547. No bien el as,
después de la segunda guerra púnica, se redujo a 1 onza, se convirtió en una monnaie
d'appointb; el sestercec (de plata) en unité monétaired, y todos los grandes pagos fueron
hechos en argente. (En el comercio cotidiano el cobre (más tarde el hierro) continuó siendo
el metal principal. Bajo los emperadores de Oriente y de Occidente el solidus (aureus), o sea
el oro, era la moneda reguladora.)
a u.c.= [ab]urbe conditam: de la fundación de la ciudad (Roma). bDe sostén. — c Sestercio. — dUnidad monetaria. — e Plata. —

En el mundo antiguo por consiguiente, se obtiene el siguiente promedio:


Primero: valor relativo superior de la plata con relación al oro: Prescindiendo de casos
particulares (árabes), donde el oro fue más caro que la plata, y más aun que el hierro, en
Asia, del siglo XV al VI a.C., la relación entre el oro y la plata era = 6:1 u 8:1 (esta última
relación era la existente en China y en Japón hasta comienzos del siglo XIX). Incluso en el
código de Manú la relación es = 2 1/2:1. Esta baja relación deriva de las mismas causas que
hacen descubrir primero al oro como metal. Por aquellos tiempos, el oro provenía
principalmente de Asia y de Egipto. A este período corresponde en la historia italiana la
moneda de cobre. Y en general el cobre, como principal instrumento de paz y de guerra,
corresponde al oro como metal precioso prevaleciente. Todavía en la época de Jenofonte la
relación entre el oro y la plata = 10:1.
Segundo: Después de la muerte de Alejandro se verifica un aumento relativo del valor del
oro respecto al de la plata, en coincidencia con el agotamiento de las sables auriferesf, y con
el progreso de la técnica y de la civilización. En consecuencia, apertura de las minas de plata
y por lo tanto, influencia de la mayor existencia cuantitativa de la plata respecto del oro en la
Tierra. Pero esto ocurre especialmente a causa de la explotación de España por parte de los
cartagineses, explotación que debía revolucionar la relación entre el oro y la plata del mismo
modo que el descubrimiento de la plata americana, hacia fines del siglo XV. Relación antes
de la época de César = 17:1; más tarde 14:1; finalmente, a partir del 422 d.C., = 18:1. (La baja

4 Fuente probable: G. von GULICH, Die gesammten gewerblichen Zusainde in den bedeutendsten Ländem der Erde während

der letzten zwölf Jahre etc., vol III y ú ltimo; está en Geschichtliche Darstellung des Handels, der Gewarbe und des Ackerbaus der
bedeutendsten handeltreibenden Staaten unserer Zeit, vol. V y ú ltimo, Jena 1845; vé ase por ejemplo ibídem, p. 131. Extractos en
un cuaderno redactado aprox. 1846-47 en Bruselas.
Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

del oro en el período de César, por motivos accidentales.) A la caída de la plata respecto del
oro corresponde el hierro como principal instrumento de producción en la guerra y en la
paz. Si en el primer período, oferta del oro del este, en el segundo, oferta de plata del más
frío oeste.
fArenas auríferas
101

Tercero, en el Medievo: la relación retorna al nivel que tenía en tiempos de Jenofonte, 10:1.
(¿En algunos lugares = 12:1? )5.
Cuarto, después del descubrimiento de América: la relación retorna a ser about semejante a
la de la época de Honorio y Arcadio (397): de 14 a 15:1. Aunque la producción de oro
aumentó hacia el 1815-1844, el oro obtenía primas (por ejemplo, en Francia). Es probable
que el descubrimiento de California y de Australia haya tenido como consecuencia:
Quinto: establecer nuevamente una proporción semejante y a veces superior a la existente
en Roma en la época imperial, o sea de 18:1. Tanto en la edad antigua como en la moderna la
relativa depreciación de la plata paralelamente al proceso de la producción de metales
preciosos [[se da]] del este hacia el oeste, hasta que el descubrimiento de California y de
Australia invierte el proceso. Si es verdad que en situaciones particulares se verifican
oscilaciones sensibles, sin embargo, cuando se consideran las diferencias fundamentales,
éstas se repiten de manera sorprendente.
Entre los antiguos el cobre era tres o cuatro veces más caro que hoy (Garnier)6
c) Ahora hay que considerar las fuentes proveedoras de oro y plata, y su relación con la
evolución histórica.
d) El dinero como moneda. Breve esbozo histórico sobre las. monedas. Depreciación y
sobrevaluación, etc.

[Circulación del dinero y circulación de las mercancías]

La circulación o curso del dinero corresponde a una circulación o curso de las mercancías en
sentido inverso. La mercancía de A pasa a las manos de B, mientras que el dinero de B pasa a
las manos de A, etc. La circulación del dinero, como la de la mercancía, parte de puntos
infinitamente distintos y retorna a puntos infinitamente distintos. El movimiento de salida
de un único centro hacia los distintos puntos de la periferia, y el movimiento de retorno de
todos los puntos de la periferia hacia el único centro no tienen lugar en la circulación del
dinero en el nivel en el que aquí lo consideramos, que es el de su circulación inmediata, sino
solamente en la circulación mediada por la banca. Es cierto que esta primera circulación
natural consiste en una cantidad de circulaciones. Pero la circulación propiamente dicha
comienza solamente cuando el oro y la plata dejan de ser mercancías; entre países
exportadores y países importadores de metales preciosos no tiene lugar circulación alguna
en este sentido, sino un simple cambio, ya que el oro y la plata figuran aquí no como dinero
sino como mercancías. En tanto el dinero medie el cambio de las mercancías, o sea, en
nuestro caso su circulación, y sea por tanto medio de cambio, pasa a ser instrumento de
circulación, la rueda de la circulación; pero en tanto él mismo circula en este proceso, y sigue

5 Cf. J. A. LETRONNE, Considérations générales sur l'évaluation des monnaies grecques et romaines et sur la valeur de l'or et de

l'argent avant la découverte de l'Amérique, Paris 1817, p. 112. Cf. ademá s G. GARNIER, op. cit., t. I, pp. 65-66.
6 Cf. G. GARNIER, Historie etc., cit., p. 253.
II. El capítulo del dinero

un movimiento propio, entonces él mismo tiene una circulación propia que se llama
circulación del dinero.
102

Es preciso descubrir en qué medida esta circulación está determinada por leyes
particulares. Una cosa es clara desde el comienzo: que si el dinero es rueda de circulación
para la mercancía, la mercancía lo es igualmente para el dinero. Si el dinero hace circular las
mercancías, las mercancías hacen circular el dinero. De tal modo la circulación de las
mercancías y la circulación del dinero se condicionan recíprocamente. En la circulación del
dinero deben ser observados tres aspectos: 1) la forma del movimiento mismo, la línea que
describe (su concepto); 2) la cantidad de dinero circulante; 3) el grado de velocidad con que
realiza su movimiento, con que circula. Esto sólo puede ocurrir en relación con la circulación
de mercancías. Y aquí es claro desde el comienzo que la circulación de mercancías posee
momentos que son absolutamente independientes de la circulación del dinero, o más aun,
que lo determinan directamente, o bien que las mismas circunstancias que, por ejemplo,
determinan la velocidad de la circulación de las mercancías, determinan también la de la
circulación del dinero. El carácter de conjunto del modo de producción determinará a
ambas, y más directamente a la circulación de mercancías. La masa de aquellos que
intercambian (el volumen de la población): su repartición en ciudad y campo; la cantidad
absoluta de mercancías, de productos y de agentes de la producción; la masa relativa de las
mercancías puestas en circulación; el desarrollo de los medios de comunicación y de
transporte en el doble sentido por el cual él determina tanto el círculo de los que cambian
recíprocamente, es decir, los que entran en contacto entre sí, como la velocidad con que la
materia prima llega a los productores y el producto llega a los consumidores; finalmente, el
desarrollo de la industria, que concentra diferentes ramas de producción, por ejemplo
hilandería, tejeduría, teñidos, etc., volviendo así superflua toda una serie de actos de cambio
mediadores. La circulación de las mercancías es el supuesto originario de la circulación del
dinero. Ver en qué medida esta última es a su vez determinada por la primera.

[Concepto general de la circulación]

Es preciso ante todo establecer el concepto general de la circulación.


Debe observarse, por lo demás, que lo que el dinero hace circular, son valores de cambio, y
por consiguiente, precios. Respecto a la circulación de las mercancías, debe ser considerada
por lo tanto no sólo su masa, sino también sus precios. Una gran cantidad de mercancías de
bajo valor de cambio, de bajo precio, requiere evidentemente para su circulación menol
dinero de cuanto requiere una pequeña masa con el doble de precio. El concepto de precio,
entonces, debe ser analizado antes del de circulación.
103

La circulación es el establecimiento de los precios, el movimiento por el cual las mercancías


son transformadas en precios: su realizarse como precios. La doble determinación del
dinero 1) como medida o elemento en el cual la mercancía es realizada como valor de
cambio, y su determinación, 2) como medio de cambio, instrumento de circulación, actúa en
direcciones completamente diversas. El, dinero hace circular sólo mercancías que
idealmente, no sólo en la mente del individuo sino también en la representación de le
sociedad (e inmediatamente de las partes intervinientes en el proceso de compra y venta),
están ya transformadas en dinero. Esta transformación ideal en dinero, y la real, no son en
efecto' determinadas por las mismas leyes. Es necesario analizar su relación recíproca.
Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

[Circulación de los precios]

a) Una determinación esencial de la circulación es la de que hace circular valores de cambio


(productos o trabajo), o mejor valores de cambio determinados como precios. Cualquier tipo
de cambio de mercancías —por ejemplo, bartera, suministros en especie, prestaciones
feudales, etc. — no constituye todavía la circulación.
a Trueque

Para la circulación son necesarias ante todo dos cosas: primero, el supuesto de las
mercancías en cuanto precios; segundo, no actos de cambio aislados, sino un circuito de
cambio, una totalidad de ellos, en flujo constante, y extendidos en mayor o en menor medida
a toda el área de la sociedad; un sistema de actos de cambio. La mercancía es determinada
como valor de cambio. Como valor de cambio ella es un equivalente de todos los otros
valores (mercancías) en una relación determinada (en relación al tiempo de trabajo en ella
contenido). No obstante, la mercancía no corresponde inmediatamente a este carácter
determinado suyo. Como valor de cambio es distinta de sí misma en su existencia natural.
Para ponerla como tal es menester una mediación. Es por ello que en el dinero el valor (le
cambio se le contrapone como algo distinto. Sólo la mercancía puesta como dinero es la
mercancía como puro valor (le cambio, o también la mercancía como puro valor de cambio
es dinero. Pero al mismo tiempo el dinero existe ahora fuera de la mercancía y junto a ella:
su valor de cambio, el valor de cambio de toda mercancía, ha alcanzado una existencia
independiente de ella, una existencia que se ha vuelto autónoma en un material específico,
en una mercancía específica. El valor de camino de la mercancía expresa el conjunto de las
relaciones cuantitativas dentro de las cuales todas las otras mercancías pueden ser
intercambiadas por ella, [[elaciones]] determinadas por la cantidad desigual de ellas que
pueden ser producidas en un mismo tiempo de trabajo. El dinero, por consiguiente, como
valor de cambio de todas las mercancías, está junto y fuera de ellas. Es ante todo la materia
general en la que ellas deben ser inmersas, doradas y plateadas, para alcanzar su libre
existencia de valores de cambio. Deben ser traducidas a dinero, expresadas en dinero. El
dinero deviene el denominador común de los valores de cambio, de las mercancías en
cuanto valores de cambio. El valor de cambio expresado en dinero, o sea equiparado al
dinero, es el precio.
104

Una vez que el dinero ha sido puesto como elemento autónomo respecto de los valores de
los valores de cambio son puestos en el carácter determinado del dinero que se contrapone
a ellos como sujeto. Pero cada valor de cambio es un determinado cuanto; valor de cambio
cuantitativamente determinado. Como tal equivale a un determinado cuanto de dinero. Este
carácter determinado es otorgado, según la ley general, por el tiempo de trabajo realizado
en el valor de cambio. Por ello un valor de cambio que es el producto saya de una jornada, se
expresa en un cuanto de (no y de plata que es igual a una jornada de tiempo de trabajo, (pie
es el producto de una jornada de trabajo. La medida general de los valores de cambio se
convierte entonces en la medida [[de la relación]] entre cada valor de cambio y el dinero con
el que es equiparado. (Oro y plata están ante todo determinados por sus costos de
producción en los países donde se les produce. "En los mining countriesb, todos los precios
dependen en última instancia de los coitos de producción de los metales preciosos; ...the
remuneration paid to the miner,... affords the scalec con la cual se calcula la remuneración de
todos los otros Droducersd.. El valor en oro y plata de toda mercancía no sometida a
monopolio depende, en un país que no posee minas, del oro y de la plata which can be
obtained by exporting the result of a given quantity of labour, the amount of wages, which
II. El capítulo del dinero

have been paid, and the time for which they have been advanced"e. (Senior)7. En otras
palabras, de la quantity of gold and silver which directly or indirectlyf se puede obtener de
los países poseedores de minas a cambio de una cierta cantidad de trabajo (de productos
exportables). El dinero es ante todo lo que expresa la relación de igualdad de todos los
valores de cambio: en él, éstos son homónimos.)
aSupongamos. — bPaíses mineros. — cLa remuneración pagada al minero. . . proporciona la escala. — dProductores. — e'Que pueden ser
obtenidos exportando el producto de una cantidad de trabajo dada, de la tasa corriente de ganancia y en cada caso individual, del monto de
los salarios pagados y del tiempo por el cual fueron anticipados.-fCantidad de oro y plata que directa o indirectamente...

[El precio]

El valor de cambio puesto en el carácter determinado del dinero es el precio. En el precio, el


valor de cambio se expresa como un cuanto determinado de dinero. En el precio el dinero se
presenta en primer lugar como la unidad de todos los valores de cambio; en segundo lugar
como la unidad de la que ellos contienen una determinada suma, de manera tal que de la
equiparación con el dinero resulta su carácter determinado cuantitativo, su relación
cuantitativa mutua. El dinero, por consiguiente, es puesto aquí como la medida de los
valores de cambio, y los precios como los valores de cambio medidos en dinero. Que el
dinero sea la medida de los precios, y que por tanto los valores de cambio sean equiparados
recíprocamente en relación con el dinero, es una determinación que se impone por sí
misma. Pero lo más importante a los fines de nuestro desarrollo es que en el precio el valor
de cambio es equiparado al dinero. Una vez que el dinero ha sido puesto como el valor de
cambio autónomo, separado de las mercancías, la mercancía particular, el valor de cambio
particular es de nuevo equiparado al dinero, vale decir es igualado a un determinado cuanto
de dinero, es expresado como dinero, traducido en dinero.
105

Por el hecho de haber sido equiparados al dinero, los valores de cambio son puestos
nuevamente en relación recíproca tal como, de acuerdo con el concepto, estaban
relacionados en cuanto valores de cambio: se corresponden y se equiparan entre sí en
determinadas relaciones. El valor de cambio particular, la mercancía, es expresada,
subsumida, puesta bajo el carácter determinado del valor de cambio devenido autónomo, o
sea el dinero. Ya hemos visto cómo ocurre esto (es decir, cómo se establece la relación
cuantitativa entre el valor de cambio determinado cuantitativamente y una cierta cantidad
de dinero). Pero dado que el dinero posee una existencia autónoma exterior a las
mercancías, el precio de la mercancía se presenta como una relación externa de los valores
de cambio o mercancías con el dinero: la mercancía no es precio, así como era valor de
cambio desde el punto de vista de su sustancia social; este carácter determinado no coincide
inmediatamente con ella y más aún, es mediada por su equiparación con el dinero; la
mercancía es valor de cambio, pero tiene un precio. El valor de cambio está directamente
unido a ella, era su carácter determinado inmediato con el que también divergía
directamente, de modo tal que por un lado se daba la mercancía, y por el otro (en el dinero)
su valor de cambio. Ahora, en cambio, en el precio la mercancía por un lado se relaciona con
el dinero como algo que es externo a ella, y por el otro lado, también ella es puesta
idealmente, en tanto el dinero posee una realidad distinta de la suya. El precio es una
propiedad de la mercancía, una determinación en la que ella es representada como dinero. El

7 Cf. W. N. SENIOR, Three Lectures on the Cost of Obtaining Money etc., London 1830, pp. 13-14. Extractos, en el cuaderno

londinense III.
Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

precio ya no es un carácter determinado inmediato, sino un carácter determinado reflejo de


la mercancía. Junto al dinero real existe ahora la mercancía, como dinero puesto idealmente.

[Moneda de cuenta]

Esta determinación más precisa, tanto del dinero como medida, o de la mercancía como
precio, es puesta de manifiesto de la manera más simple por la diferencia entre dinero real y
moneda de cuenta. Como medida, el dinero sirve siempre de moneda de cuenta, y como
precio la mercancía es siempre transformada en dinero pero sólo idealmente.
"La evaluación de la mercancía por el vendedor, la oferta hecha por el comprador, las
cuentas, obligaciones, rentas, inventarios, etc., en suma, todo aquello que conduce al acto
material del pago y lo precede, debe ser expresado en moneda de cuenta. El dinero real
interviene solamente para realizar los pagos y saldar (liquidar) las cuentas. Si debo pagar 24
livres y 12 sous, la moneda de cuenta presenta 24 unidades de una especie y 12 de otra,
mientras que yo pagaré realmente con dos tipos de piezas: una pieza de oro que vale 24
livres y una pieza de plata, que vale 12 sous. La masa total de dinero real tiene límites
necesarios en las necesidades de la circulación. La moneda de cuenta es una [[(unidad del
medida ideal que no tiene otro límite que el de la imaginación.
106

Se la emplea para expresar todo tipo de riqueza, a condición de que sea considerada desde el
punto de vista de su valor de cambio: así, por ejemplo, la riqueza nacional, las rentas del
estado y de los particulares. Los valores de cuenta, cualquiera que sea la forma en que
existan esos valores, son reglados siempre de la misma manera. Así, no existe ningún
artículo en la masse des choses consommablesa , que no haya sido convertido muchas veces
en dinero por el pensamiento, mientras que, comparada con esta masa, la suma total del
dinero existente realmente está a lo máximo en una relación de 1 a 10." Garnier 8. (Esta
última relación es insatisfactoria. Más exacta es la de 1 a muchos millones. Pero en realidad,
esto no puede ser medido.)
a Masa de objetos consumibles
Si en un comienzo el dinero expresa el valor de cambio, ahora la mercancía como precio,
como valor de cambio idealmente puesto, mentalmente realizado, expresa una suma de
dinero: dinero en una proporción determinada. Como precios, todas las mercancías son en
distintas formas representantes del dinero, mientras que antes el dinero, como valor de
cambio vuelto autónomo, era el representante de todas las mercancías. Después que el
dinero ha sido puesto realmente como mercancía, la mercancía es puesta idealmente como
dinero.
Ante todo, está ahora claro que en esta transformación ideal de las mercancías en dinero, o
en la realización de las mercancías como precios, la cantidad de dinero realmente existente
es por completo indiferente, y ello en un doble sentido. Primero: la transformación ideal de
las mercancías en dinero es prima facie independiente y no limitada por la masa de dinero
real. Para este proceso no hace falta ni siquiera una pieza de dinero, así como no es
necesario adoptar realmente una medida de longitud (por ej. una vara) para expresar,
supongamos, el ecuador terrestre [en] varasa. Si por ejemplo toda la riqueza nacional de
Inglaterra fuera estimada en dinero, vale decir se expresara en términos de precio,
cualquiera sabe que no hay bastante dinero en el mundo para realizar tal precio. Para este

8 Cf. G. GARNIER, Histoire etc., cit., pp. 72-73, 77, 78.


II. El capítulo del dinero

fin el dinero es necesario solamente como categoría, como relación pensada. Segundo: Dado
que el dinero vale como unidad, la mercancía es expresada de manera de contener una
determinada suma de partes alícuotas de dinero, vale decir es medida mediante ese dinero,
la medida [[que establece la relación]] entre los dos es la medida general de los valores de
cambio, es decir los costos de producción o el tiempo de trabajo. Si 1/3 de una onza de oro es
el producto de una jornada de trabajo y la mercancía x es el producto de tres jornadas de
trabajo, la mercancía x = 1 onza o 3 £ St, 17 sh. y 4 d. Al medir el dinero y la mercancía
interviene de nuevo la medida originaria de los valores de cambio. En. lugar de ser
expresada en 3 jornadas de trabajo. la mercancía se expresa en la cantidad de oro y de plata
producida en tres jornadas de trabajo. La cantidad de dinero realmente disponible no tiene
manifiestamente nada que ver con esta proporción.
107

(Error de James Mill: pasa por alto el hecho de que son los costos de producción y no la
cantidad de metales preciosos lo que determina el valor de éstos y los precios de las
mercancías measured in metallic valueb .)9
("Las mercancías, en el cambio se miden recíprocamente... Pero este procedimiento exigiría
tantos términos de comparación como mercancías hay en circulación. Si una mercancía
fuera cambiada solamente por otra, y no por otras dos mercancías, ella no podría servir
como término de comparación... De ahí la necesidad de un terme commun de comparaisonc
... Ese término puede ser puramente ideal. . . En los orígenes, la determinación de la [[unidad
de]] medida es más importante que la determinación de la gaged ... En el comercio entre
Rusia y China, la plata sirve para evaluar todas las mercancías, y sin embargo este
commercea se efectúa a través de trocs"f (Storch)10
a "den Erdaequator [[in]] Ellen"; edic. 1939, "das Ideal quantum Ellen" (el cuanto ideal de varas). — b Medidas en valor metálico. — c

Término común de comparación. — d Obligación.-e Comercio. — f Trueques

"La operación de medir mediante el dinero es similar al uso de los pesos para comparar
cantidades materiales. Identidad de nombre de las dos unidades, que estaban destinadas a
calcular tanto el peso como el valor de cada cosa. Medidas de peso y medidas de valor tenían
el mismo nombre. Fue fácil encontrar un étalona que tuviera siempre idéntico peso. Para el
dinero, se trató a su vez del valor de la libra de plata = a sus costos de producción."
(Sismondi11. No sólo los mismos nombres. Oro y plata se pensaban, originariamente. Así, por
ejemplo, entre los romanos el as era = 1 libra de cobre)12.

9 Cf. las pp. 528-531 del cuaderno IV, redactado en Parı́s en 1844 y publicado en MEGA 1/3, pp. 520-547.
10 Cf. H. STORCH, Cours etc., cit., t. I, pp. 84-88.
11 J.-C. L. SISMONDI, Etudes sur l'économie politique, Bruselas 1838, t. II, pp. 264-265, 267, 268. Extractos en un cuaderno

redactado en Bruselas en febrero-marzo de 1845; cf. MEGA 1/6, pp. 614-615.


12 Al margen del manuscrito, Marx anotó : "(Wirth)". Se trata de J. G. A. WIRTH, autor de una Geschichte der Deutschen,

Stuttgart 1846, de las que Marx extractó las pp. 97-99 del vol. I, en un cuaderno redactado en Londres en 1858, el siguiente
fragmento sobre el uso del dinero entre los Germanos: "Entre los Germanos el dinero, en los albores de la antigü edad, no
estaba todavı́a en uso; cuando fue introducido, el metal circulante siguió siendo una rareza durante muchos siglos, y para
algunas tribus hasta el 4° y 5° siglo, al punto tal que con frecuencia nadie estaba en condiciones de pagar con dinero, en todo o
só lo en parte, una indemnizació n. Por este motivo, el beneficiario de la indemnizació n debı́a aceptar con frecuencia como pago,
en lugar de dinero, animales, armas, cereales, y otras cosas materiales que tienen valor venal. A fin de que luego surgieran
discusiones sobre el valor de estos objetos, fue necesario fijar por ley el precio de aquellos objetos que eran usados má s
frecuentemente para las restituciones, en lugar del dinero. El caso es frecuente. Por ejemplo, la ley ripuaria establecı́a que
aqué l que debı́a resarcir una suma de dinero, diera un buey sano, con la vista buena y cuernos, por 2 Gulden (solidi); una vaca
lechera sana, con buena vista y cuernos, por 1 solidus; un caballo sano y con buena vista, por 7; una yegua de la misma calidad,
por 3; una coraza en buen estado, por 12; un yelmo emplumado, por 6; dos buenas rodilleras, por 3; un escudo con lanza, por
2; un halcó n no domesticado, por 3; un halcó n semidomesticado, por 6; un halcó n noble amaestrado, por 12, (etc., entre los
alemanes, los burgundios, anglosajones, etc. vé ase Wirth, Gesch. d. D. I, pp. 98, 99)".
Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

"En Homero y Hesíodo, las ovejas y los bueyes, y no el oro y la plata, servían de dinero, de
medida del valor. En la guerra de Troya regía el trueque" (Jacob). (Lo mismo en el Medievo,
los esclavos; ibídem) 13
El dinero puede ser puesto en la determinación de la medida y del elemento universal de íos
valores de cambio, sin estar realizado en sus ulteriores determinaciones; por consiguiente,
aun antes de que haya adoptado la forma de moneda metálica. En el trueque simple. Sin
embargo, esto presupone que en general tenga lugar poco cambio, vale decir, presupone que
las mercancías no se hayan desarrollado como valores de cambio y por lo tanto tampoco
como precios. ("A common standard en el precio of anything presupone its frequent y
familiar alienationb. Esto no ocurre en las condiciones sociales más simples. En los países no
industriales, muchas cosas sin un precio determinado... Sale alone can determine prices, and
frequent sale alone can fix a standard. La frequent salec de artículos de primera necessityd
depende de la relación entre ciudad y campo", etc.)14
Una determinación de los precios desarrollada presupone que el individuo no produce
directamente sus medios de subsistencia, sino que su producto inmediato es valor de
cambio, o sea que su producto debe ser ante todo mediado por un proceso social para poder
convertirse en su medio de vida.
108

Entre el pleno desarrollo de esta base de la sociedad industrial y la condición patriarcal,


existen muchos niveles intermedios, infinitos matices. El resultado del punto a) es el
siguiente: a un aumento de los costos de producción de los metales preciosos corresponde
una disminución de todos los precios de las mercancías; a una disminución de los costos de
producción de los metales preciosos corresponde un aumento de todos los precios de las
mercancías. Esta es la ley general que, como veremos, sufre modificaciones en casos
particulares.
a Patrón. — b Una medida común en el precio de algo supone su frecuente y habitual enajenación. — c Sólo la

venta puede determinar el precio, y sólo la venta frecuente puede fijar una medida uniforme. La venta
frecuente. . d Necesidad

[Medio de circulación]

b) Si, en los precios, los valores de cambio son transformados idealmente en dinero, en el
cambio, en la compraventa, ellos son realmente transformados en dinero, cambiados por
dinero, para cambiarse luego nuevamente, como dinero, por mercancías. El valor de cambio
particular debe ser ante todo cambiado por el universal, para poder luego cambiarse de
nuevo por el particular. La mercancía como valor de cambio es realizada sólo a través de
este movimiento de mediación en el que el dinero hace de mediador. El dinero, por lo tanto,
circula en una dirección opuesta a la de las mercancías. El se presenta como el mediador del
cambio de las mercancías, como el medio de cambio. Es polea, instrumento de circulación
para la circulación de las mercancías; pero en cuanto tal posee al mismo tiempo su propia
circulación: la circulación del dinero. El precio de la mercancía se realiza solamente en el
cambio de ella por dinero real, o en su cambio real por dinero.

13 Cf. W. JACOS, An Historical Inquiry etc., cit., vol. I, p. 109.


14 Cf. J. STEUART, An Inquiry, etc., cit., vol. I, pp. 395-396.
II. El capítulo del dinero

[Cantidad de dinero circulante]

Este es, por consiguiente, el resultado de lo anterior. Las mercancías son cambiadas
realmente por dinero, transformadas en dinero real, sólo después de haber sido
transformadas previamente de modo ideal en dinero, vale decir, después de haber recibido
la determinación del precio, [[y son cambiadas entonces]] como precios. Los precios son por
consiguiente el supuesto de la circulación del dinero, de tal modo que la realización de ésta
se presenta como resultado de ellos. Las circunstancias que, al hacer subir o bajar el valor de
cambio de las mercancías por encima o por debajo de su valor medio, hacen subir o bajar los
precios de éstas, han de ser desarrolladas en la sección sobre el valor de cambio y preceden
al proceso de su efectiva realización en dinero, presentándose entonces en un comienzo
como completamente independientes de ésta.. Como es natural, las relaciones existentes
entre los números siguen siendo las mismas si las expreso en fracciones decimales. Se trata
sólo de una distinta denominación. Para hacer circular realmente las mercancías se
necesitan medios de transporte: eso no puede efectuarlo el dinero. Si yo he comprado 1000
libras de hierro por un importe de x libras esterlinas, la propiedad del hierro ha pasado a
mis manos. Mis x libras esterlinas han desempeñado su servicio de medio de cambio y han
circulado junto con el título de propiedad. El vendedor, inversamente, ha realizado el precio
del hierro, el hierro como valor de cambio. Pero pata traer el hierro de sus manos a las mías
el dinero no sirve de nada; para eso se necesita un carro, caballos, caminos, etc.
109

La circulación real de las mercancías en el tiempo y en el espacio no es ejecutada por el


dinero. El realiza solamente su precio, transfiriendo así el título sobre la mercancía al
comprador, a aquel que ha ofrecido los medios de cambio. Lo que el dinero hace circular no
son las mercancías sino los títulos de propiedad sobre ellas; y lo que en esta circulación, sea
en la compra, sea en la venta, es realizado a cambio de dinero no son tampoco las
mercancías, sino sus precios. La cantidad de dinero requerida, por lo tanto, para la
circulación está determinada ante todo por el nivel alto o bajo de los precios de las
mercancías puestas en circulación. La suma total de estos precios está determinada, sin
embargo, primero: por los precios de las diferentes mercancías; segundo: por la cantidad de
mercancías a determinados precios que entra en circulación. Por ejemplo: para hacer
circular un quarter de trigo a 60 sh. es necesario el doble de sh. que para hacerlo circular al
precio de 30 sh. Y si se tuviera que hacer circular 500 de estos quarters a 60 sh., serían
necesarios 30.000 sh., mientras que para la circulación de 200 de ellos son necesarios
solamente 12.000 sh. O sea que depende del nivel alto o bajo de los precios de las
mercancías y de las cantidades de mercancías a un determinado precio.
Pero, tercero: la cantidad de dinero requerida para la circulación depende no sólo de la
suma total de los precios a realizar, sino también de la velocidad de circulación del dinero,
de la velocidad con que el comercio opera esta realización. Si 1 tálero realiza en 1 hora 10
compras correspondientes cada vez a su valor, o sea si se cambia 10 veces, él lleva a cabo
quitea las mismas transacciones que llevarían a cabo 10 táleros que efectuasen 1 compra en
una hora. La velocidad es el momento negativo; sustituye la cantidad; gracias a ella una
pieza de dinero se multiplica.
a Exactamente

Las circunstancias que determinan por una parte la masa de los precios de las mercancías a
realizar, por la otra la velocidad de circulación del dinero, han de ser indagadas más
adelante. Por ahora es claro que los precios no son altos o bajos porque circule mucho o
poco dinero, sino que circula mucho o poco dinero porque los precios son altos o bajos. Y
Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

además, que la velocidad del dinero circulante no depende de su cantidad, sino que la
cantidad del medio circulante depende de su velocidad (heavy paymentsa a no se pagan, sino
que se compensan; y esto abrevia el tiempo).
110

Sin embargo, como ya se mencionó, la circulación del dinero no parte de un único centro ni
retorna a un único centro desde todos los puntos de la periferia (como ocurre en el caso de
los banks of issueb y en parte en las finanzas públicas). Parte, en cambio, de infinitos puntos y
retorna a infinitos puntos (este [no] reflujo, y el tiempo en que es realizado, son fortuitos).
La velocidad del medio de circulación sólo hasta cierto punto puede sustituir la cantidad del
medio circulante. (Por ejemplo: fabricantes y arrendatarios pagan a sus trabajadores; éstos
pagan al almacenero, etc.; de aquí el dinero retorna a los fabricantes y a los arrendatarios.)
Una misma cantidad de oro puede efectuar una serie de pagos sólo sucesivamente,
cualquiera sea su velocidad. Pero es necesario efectuar una determinada masa de pagos
simultáneamente. La circulación tiene su punto de partida en una masa de muchos puntos
simultáneamente. Por consiguiente, para la circulación es necesaria una determinada
cantidad de dinero, que estará siempre en circulación, y que está determinada por la suma
total que proviene de los puntos de partida simultáneos de la circulación y de la velocidad
con la que recorre su trayectoria (y retorna). Por más que esta cantidad de medio circulante
esté sometida a flujos y reflujos, se establece no obstante un nivel medio; las
transformaciones permanentes son sólo graduales, proceden a través de largos períodos y,
como veremos, son paralizadas continuamente por tina cantidad de circunstancias
accesorias.
(Con referencia al punto a: "Measurec, usada como atributo del money, quiere decir
indicator of value"d... Es ridículo decir que "prices must fall porque commodities son
valuadas as being worth so many ounces of gold, y la amount of gold is diminished in this
country... The efficiency of gold as an indicator of value is unaffected by its quántity being
greater or smaller in any particular countrye.
aLos pagos importantes. — b Bancos de emisión. — c Medida. — d Indice del valor. — d . . . los precios deben caer porque las mercancías
son valuadas en tantas onzas de oro, y el monto del oro ha disminuido en este país... La eficiencia del oro como índice del valor no está
afectada por su mayor o menor cantidad en un país determinado.-

Si se lograra mediante banking expedieritsb reducir a la mitad la circulación en papel y


metálica de este país, el valor relativo del oro y de las mercancías permanecería idéntico."
Ejemplo del Perú en el siglo XVI y transferencia de Francia a Inglaterra. Hubbard, VIII, 45)15.
("Sobre la costa africana ni el oro ni la plata son una medida del valor; en lugar de tal
standardc ideal, existe un bard imaginario." Jacob V, 15.)16
En su determinación como medida, el dinero es indiferente a su cantidad, o la cantidad de
dinero existente es indiferente. En su carácter determinado de medio de cambio, de medio
de circulación, su cantidad es [[objeto de]] medida. Será preciso ver de inmediato si estas
dos determinaciones del dinero no pueden entrar en contradicción recíproca.
(El concepto de circulación forzosa o no voluntaria (véase Steuart)17 no corresponde todavía
a este punto.)
b Recursos o expedientes bancarios. — c Medida. — d Barra, lingote. — e "die bestándig"; edic. 1939, "als natürliche" ("como. ..natural")

15 Cf. J. G. HUBBARD, The Currency and the Country, London 1843, pp. 44-46. Extractos, en el cuaderno londinense VIII; a é l

se refiere la indicació n "VIII, 45".


16 Cf. W. JACOB, An Historieta Inquiry etc., cit., vol. II, p. 326. "V, 15" se refiere al cuaderno de extractos.
17 Cf. J. STEUART, An Inquiry etc., cit., vol. II, p. 389.
II. El capítulo del dinero

[Cambio y producción de valor de cambio]


111

Es una nota esencial de la circulación el que el cambio se presenta como un proceso, como
un todo fluido de compras y ventas. Su primer supuesto es la circulación misma de las
mercancías, la circulación que parte constantementee de muchos puntos. La condición de la
circulación de las mercancías es la de que ellas sean producidas como valores de cambio, no
como valores de uso inmediatos, sino como valores de usó mediados por el valor de cambio.
La apropiación a través y mediante la enajenación y la venta es un supuesto fundamental. La
circulación como realización de los valores de cambio implica: 1) que mi producto es taI sólo
en cuanto es para otro; por consiguiente, es un individual superado, un universal; 2) que es
un producto para mí sólo en la medida en que ha sido enajenado y se ha convertido en un
producto para otro; 3) que es un producto para otro sólo en la medida en que este último
enajena su producto, lo cual implica 4) que la producción no se presenta para mí como un
fin en sí misma, sino como medio.
La circulación es el movimiento en el que la enajenación general se presenta como
apropiación general y la apropiación general como enajenación general. Aunque ahora el
conjunto de este movimiento se presente como proceso social, y aunque los distintos
momentos de este movimiento provienen de la voluntad consciente y de los fines
particulares de los individuos, sin embargo, la totalidad del proceso se presenta como un
nexo objetivo que nace naturalmente, que es ciertamente el resultado de la interacción
recíproca de los individuos conscientes, pero no está [[presente]] en su conciencia, ni, como
totalidad, es subsumido en ella. Su misma colisión recíproca produce un poder social ajeno
situado por encima de ellos; su acción es recíproca como un proceso y una fuerza
independientes de ellos. La circulación, por ser una totalidad del proceso social, es también
la primera forma, en la que no sólo la relación social —como ocurre por ejemplo en la pieza
de moneda o en el valor de cambio—, se presenta como algo independiente de los
individuos, sino el conjunto del propio movimiento social. La relación social de los
individuos entre sí como poder sobre los individuos, que se ha vuelto independiente —sea
representado como fuerza natural, como azar o en cualquier otra forma— es un resultado
necesario del hecho de que el punto de partida no es el individuo social libre. La circulación
como primera totalidad entre las categorías económicas es buena para poner a la vista este
problema.

[La circulación como proceso infinito]

A primera vista, la circulación se presenta como proceso realmente infinito. La mercancía es


cambiada por dinero; el dinero es cambiado por la mercancía, y así hasta el infinito. Esta
renovación constante del mismo proceso constituye de hecho un momento esencial de la
circulación. Pero, observada con mayor atención, ella presenta también dos fenómenos: los
fenómenos del cerrarse o del retorno del punto de partida a sí [[ mismo]].
112

La mercancía es cambiada por dinero, el dinero es cambiado por mercancía. Se da así un


cambio entre mercancía y mercancía, sólo que éste es un cambio mediado. El comprador
deviene una y otra vez vendedor y. el vendedor a su vez comprador. De tal modo cada uno es
puesto en la determinación doble y opuesta, y se da la unidad viviente de ambas
determinaciones. Pero es totalmente falso hacer como los economistas y fijar de golpe,
apenas surgen las contradicciones del (linero, sólo los resultados finales sin tener en cuenta
Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

el proceso que los media, sólo la unidad sin la diferencia, la afirmación sin la negación. En la
circulación, la mercancía se cambia por la mercancía: pero, igualmente, la mercancía no se
cambia por otra mercancía en cuanto se cambia por dinero. En otras palabras, los actos de
compra y venta se presentan como dos actos recíprocamente indiferentes, separados el uno
del otro en el espacio y en el tiempo. Cuando se dice que quien vende también compra, en
cuanto compra dinero, y que quien compra también vende, en cuanto vende dinero, se deja
de lado precisamente la diferencia, la diferencia específica entre mercancía y dinero. Los
economistas, después de haber mostrado brillantemente que el trueque, en el cual coinciden
los dos actos, no basta en una forma social y en un modo de producción más desarrollados,
de golpe consideran al trueque mediado por el dinero como inmediato, prescindiendo del
carácter específico de esta transacción. Después de habernos mostrado que el dinero es
necesario como algo diferente de la mercancía, sostienen all at oncea que no existe ninguna
diferencia entre dinero y mercancía. La razón por la cual se refugian en esta abstracción está
en el hecho de que en el desarrollo real nacen contradicciones que son desagradables para la
apologética del common sense burgués, y que por ello deben ser ocultadas. En cuanto a la
compra y la venta, los dos momentos esenciales de la circulación, son recíprocamente
indiferentes y separados —en el espacio y en el tiempo, no tienen necesidad alguna de
coincidir. Su indiferencia puede llegar hasta la consolidación y la aparente autonomía de la
una respecto de la otra. Pero en cuanto ellas son dos momentos esenciales de un todo único,
debe haber un momento en el que la figura autónoma es violentamente rota y la unidad
interna es restablecida desde el exterior mediante una violenta explosión. Así, ya en la
determinación del dinero como mediador, y en la escisión del cambio en dos actos, está el
germen de las crisis, por lo menos su posibilidad, la cual no puede ser realizada sino cuando
existen las condiciones fundamentales de la circulación en su desarrollo clásico,
correspondiente a su concepto.
aDe repente
113

[Realización del precio y autonomización del equivalente general]

Por otra parte, se ha visto que en la circulación el dinero solamente realiza los precios. El
precio se presenta primero como una determinación ideal de la mercancía; pero el dinero
cambiado por la mercancía es su precio realizado, su precio real. El precio se presenta por
ello, tanto externa e independientemente junto a la mercancía, como idealmente existente en
ella. Si ella no puede ser realizada en dinero, cesa de ser circulable, y su precio deviene
solamente imaginario; así como en su origen el producto transformado en valor de cambio,
si realmente no es cambiado, deja de ser producto. (Aquí no se habla de aumento y
disminución de los precios.) En la consideración a) el precio se presentaba como
determinación interna a las mercancías; en la consideración b) el dinero, en cambio, se
presenta como precio externo a la mercancía. No se trata sólo de demanda de la mercancía,
sino de demanda en términos de moneda. Por lo tanto, cuando el precio de la mercancía no
puede ser realizado, vale decir cuando no puede ser transformada en dinero, ella se
presenta como mercancía desvalorizada, depreciada. El valor de cambio expresado en su
precio debe ser sacrificado apenas se impone esta transformación específica en dinero. De
aquí los lamentos de Boisguillebert18 , por ejemplo, sobre el dinero como carnicero de todas
las cosas, como Moloch al cual todo es sacrificado, como déspota de las mercancías. En la
18 Cf. BOISGUILLEBERT, Dissertation sur la nature des richesses, de l'argent et des tributs etc., en Economistes financiers du

XVIlle. siécle, al cuidado de E. Daire, Parı́s 1843, pp. 395, 417. Extractos con glosas, en un cuaderno redactado en Bruselas ca.
junio 1845, publicado en MEGA 1/3, pp. 568-579; cf. las pp. 563-568.
II. El capítulo del dinero

época de la monarquía absoluta naciente, con su transformación de todos los impuestos en


impuestos pecuniarios, el dinero figura efectivamente como el Moloch a cuyo altar es
sacrificada la riqueza real. Y así se presenta también en todos los casos de monetary panica .
De esclavo del comercio, dice Boisguillebert, el dinero se ha convertido en su déspota. Pero
en realidad, ya en la determinación de los precios está implícito lo que llega a ser puesto en
el cambio por dinero: ya no es más el dinero el que representa la mercancía, sino que es la
mercancía la que representa al dinero. Las lamentaciones sobre el comercio mediante
dinero como comercio no legítimo llaparecenj en varios escritores que representan el pasaje
de la edad feudal a la edad moderna, y más tarde en los socialistas.
aPánico monetario

[El equivalente general. Separación entre compra y venta. Dinero y división del trabajo]

α) Cuanto más se desarrolla la división del trabajo, tanto más el producto deja de ser un
medio de cambio. Se da entonces la necesidad de un medio de cambio universal,
independiente de la producción específica de cada uno. En la producción directa para la
subsistencia inmediata no es posible que todo artículo se cambie por cualquier otro, y una
determinada actividad puede cambiarse solamente por determinados productos. Cuanto más
se especifican los productos, se diferencian y pierden autonomía, tanto más se hace
necesario un medio de cambio universal. Al comienzo, es el producto del trabajo, o el trabajo
mismo el medio de cambio universal. Pero, cuanto más se especificaba, tanto más iba
dejando de ser medio de cambio universal.
114

Una división del trabajo relativamente desarrollada presupone que las necesidades de cada
uno se hayan vuelto extremadamente multilaterales, y su producto haya devenido
extremadamente unilateral. La necesidad de cambio y el medio de cambio inmediato se
desarrollan en proporción inversa. De ahí la necesidad de un medio de cambio universal, en
el cual el producto determinado y el trabajo determinado se intercambien por la capacidad
de cambiar. El valor de cambio de una cosa no es sino la expresión cuantitativamente
especificada de su capacidad de servir de medio de cambio. En el dinero, el propio medio de
cambio se convierte en una cosa, o el valor de cambio de la cosa adquiere una existencia
autónoma fuera de la propia cosa. Dado que la mercancía frente al dinero es un medio de
cambio de poder sólo limitado, frente al dinero puede dejar de ser medio de cambio.
β)La escisión del cambio en compra y venta da la posibilidad de que yo compre solamente,
sin vender (acaparamiento de mercancías), o bien venda solamente, sin comprar
(acumulación de dinero). Hace posible la especulación. Hace del cambio un negocio
particular, o sea da un fundamento a la capa mercantil19 . Esta escisión hizo posible una
masa de transacciones que se interponen entre el cambio definitivo de las mercancías, y
habilita a una masa de personas para explotar esta separación. Ella hizo posible una masa de
transacciones ficticias. Pero muy rápidamente se revela que lo que figuraba como un acto
esencialmente escindido, es en cambio algo esencialmente coincidente; y lo que se pensaba
era un acto esencialmente coincidente, es en realidad esencialmente escindido. En
momentos en que la compra y la venta se afirman como actos esencialmente distintos, tiene
lugar la depreciación general de todas las mercancías. En momentos en que se poné de
manifiesto que el dinero es sólo medio de cambio, tiene lugar la depreciación del dinero.
Caída o elevación general de los precios.

19 Cf. J. STEUART, An Inquiry etc., cit., vol. I, pp. 177-183.


Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

Con el dinero se da la posibilidad de una absoluta división del trabajo, en razón de la


independencia del trabajo con respecto a su producto específico, es decir con resnecto al
valor de uso inmediato de su producto para el trabajo [[ que lo produjo]]. La elevación
general de los precios en períodos de especulación no puede ser atribuida a un aumento
general de su valor de cambio o de sus costos de producción, ya que si el valor de cambio o los
costos de producción aumentaran proporcionalmente al de todas las otras mercancías, sus
valores de cambio expresados en dinero, o sea sus precios, permanecerían iguales. Tanto
menos puede ser atribuida a una caída del precio de producción del oro. (Aquí no se habla
todavía del crédito.)
115

Pero dado que el dinero no es sólo mercancía universal, sino también una mercancía
particular, y como tal está sujeta a las leyes de la demanda y de la oferta,. entonces la
demanda general de mercancías particulares, en contraposición con la de dinero, debe
hacerlo rebajar.
Vemos asi que está en la naturaleza del dinero resolver las contradicciones tanto del
trueque directo como del valor de cambio, sólo en cuanto las universaliza. Era fortuito que el
medio de cambio particular se cambiara o no por otro; ahora en cambio la mercancía debe
intercambiarse por el medio de cambio universal, respecto al cual su particularidad está en
una contradicción aun mayor. Para asegurar la capacidad de cambio de la mercancía se le
contrapone la capacidad misma de cambio como una mercancía autónoma. (De medio, ella
se convierte en fin.) El problema era si la mercancía particular podía encontrar otra
[[mercancía]] particular. Pero el dinero corta el acto mismo del cambio en dos actos
recíprocamente indiferentes.
(Antes de desarrollar más los problemas de la circulación, fuerte, débil, etc., y en especial el
punto controvertido referente a la cantidad de dinero circulante y a los precios, es necesario
examinar la tercera determinación de dinero.)

[M—D—D—M y D—M—M—D]

El cambio de la mercancía por otra mercancía mediante el dinero es un momento de la


circulación. Pero asimismo tiene lugar el otro momento, en el que no sólo la mercancía se
cambia por dinero y el dinero por mercancía, sino que igualmente el dinero se cambia por la
mercancía y la mercancía por el dinero. De este modo el dinero, a través de la mercancía, es
mediado por sí mismo y se presenta como la unidad que en su circulación converge consigo
misma. El dinero entonces ya no se presenta como medio, sino como fin de la circulación
(por ejemplo, en la capa mercantil) (en general, en el comercio). Si la circulación es
considerada no solamente como un perpetuo movimiento, sino que se atiende a los circuitos
que ella recorre en su interior, este circuito se presenta entonces con un doble aspecto: por
una parte tenemos mercancía-dinero-dinero-mercancía; por la otra, dinero-mercancía-
mercancía-dinero. O sea: si vendo para comprar, puedo de igual modo comprar para vender.
En el primer caso el dinero es sólo medio para obtener las mercancías, y las mercancías son
el fin; en eI segundo caso la mercancía es solamente el medio para obtener dinero y el
dinero es el fin. Y es esto lo que se advierte con facilidad si consideramos al mismo tiempo
todos los momentos de la circulación. Considerada como simple circulación, es
necesariamente indiferente de qué punto arranco para fijarlo como punto de partida.
116

Aquí surge ciertamente una diferencia específica entre la mercancía que está en circulación
y el dinero que está en circulación. La mercancía es expulsada de la circulación en un
II. El capítulo del dinero

determinado punto y cumple con su determinación definitiva no bien es sustraída


definitivamente y es consumida, sea en el acto de la producción o en el del consumo
propiamente dicho. La determinación del dinero, por el contrario, consiste en permanecer
en la circulación como rueda de ésta, o sea consiste en recomenzar siempre desde el
principio su circulación como perpetuum mobile.
Pero en la circulación encontramos esa segunda determinación no menos que la primera. Se
puede entonces decir: cambiar mercancía por mercancía tiene un sentido, en tanto las
mercancías, aunque equivalentes como precios, son cualitativamente distintas, y su cambio,
después de todo, satisface necesidades cualitativamente distintas. Por el contrario, cambiar
dinero por dinero no tiene ningún sentido, a menos que se obtenga una diferencia
cuantitativa, es decir que se cambie menos por más, que se venda más caro de lo que se
compre, pero todavía no tenemos nada que ver con la categoría de ganancia. La secuencia
dinero-mercancía-mercancía-dinero que extraemos como conclusión del análisis de la
circulación aparecería así como una pura abstracción arbitraria e insensata, casi como si se
quisiera describir el ciclo de la vida: muerte-vida-muerte; aunque en este último caso no se
podría negar que la permanente resolución de lo individualizado en lo elemental es un
momento del proceso natural tanto como la permanente individualización de lo elemental.
De igual modo, en el acto de la circulación las mercancías son transformadas
constantemente en dinero, así como el dinero es transformado constantemente en
mercancías*. En el proceso real de la compra con vistas a la venta, el motivo es sin duda la
ganancia que así se obtiene y el objetivo final es cambiar, mediante la mercancía, menos
dinero por más dinero, dado que no hay ninguna diferencia cualitativa entre dinero y dinero
(no hablamos aquí de tal o cual tipo de dinero metálico o de moneda). Sin embargo, es
innegable que la operación puede fracasar, y el cambio de dinero por dinero sin diferencia
cuantitativa se verifica frecuentemente en la realidad y por consiguiente puede ocurrir. Pero
para que sea posible este proceso, sobre el cual reposa el comercio y que representa por lo
tanto un fenómeno fundamental de la circulación, es preciso reconocer al ciclo dinero-
mercancía-mercancía-dinero como una forma particular de la circulación.
117

Esta forma se distingue específicamente de aquella en la que el dinero aparece como simple
medio de cambio de las mercancías, como término medio, como premisa menor del
silogismo. Además del carácter determinado cuantitativo que tiene en el comercio, este
proceso debe ser distinguido en su forma puramente cualitativa, en su movimiento
específico. Aquí se presenta primero como fin absoluto, al servicio de cuya mera realización
están el cambio y el comercio de mercancías. Segundo: esto implica ya que el dinero no vale
ni sólo como medida, ni como medio de cambio, ni como una y otra cosa solamente sino que
posee también una tercera determinación. El aparece aquí ante todo como fin en sí mismo, y
el mercado y el cambio sirven para su simple realización. [en] segundo [[ lugar]], desde el
momento que el ciclo se cierra aquí con el dinero, éste sale del ciclo tal como la mercancía
cambiada por su equivalente, mediante el dinero, es expulsada de la circulación. Es muy
cierto que el dinero, mientras esté determinado sólo como agente de la circulación sigue
encerrado siempre en su ciclo. Pero aquí se revela que él es algo más que un instrumento de
circulación, y que posee también una existencia autónoma fuera de la circulación, y en esta
nueva determinación puede muy bien ser sustraído a ella como la mercancía siempre debe
ser sustraída de manera definitiva. Debemos por lo tanto considerar al dinero en su tercera
determinación; en la cual éste encierra en sí las dos primeras en cuanto determinaciones:
tanto la de servir de medida, como la de ser el medio de cambio universal y por lo tanto la
realización de los precios de las mercancías.
Oscilaciones de la relación del valor entre los distintos metales

* Tachado en el ms.: "En este respecto cabe observar ahora que los dos momentos de •la circulación son generados por el
tercero, que antes llamamos su proceso infinito, y que por intermedio de éste el punto de llegada puede y debe conducir
siempre a retomar el ciclo, sin que importe que tomemos decididamente el dinero o la mercancía como punto de partida.
De tal modo, mercancía-dinero-dinero-mercancía-dinero, pero igualmente dinero-mercancía-mercancía-dinero-mercancía;
de modo que si ninguno de los dos momentos se cierra en sí mismo, no por eso debe dejar de ser considerado en su
carácter determinado. En este contexto ya no resulta tan curioso que un momento del movimiento consista en que el
dinero se intercambie por sí mismo por intermedio de la mercancía y esto aparezca como objetivo final inmediato"
II. El capítulo del dinero

c) EL DINERO COMO REPRESENTANTE MATERIAL DE LA RIQUEZA (ACUMULACIÓN


DEL DINERO; PERO ANTES AUN: EL DINERO COMO MATERIAL GENERAL DE LOS
CONTRATOS, ETC.)

Es propio de la naturaleza del círculo el que cada punto aparezca al mismo tiempo como
punto inicial y como punto final, es decir, que presente un aspecto en cuanto presenta
también el otro. La fórmula D—M—M—D es asimismo tan justa como la otra, M—D—D—M,
que aparece como la originaria. La dificultad reside en que la otra mercancía es distinta
cualitativamente; mientras que esto no ocurre con el otro dinero. Este puede ser distinto
sólo desde el punto de vista cuantitativo. Considerado el dinero como medida, su sustancia
material es esencial, aunque su presencia, y más precisamente su cantidad, o sea el número
de veces en que está presente la porción de oro o de plata que sirve de unidad, le es del todo
indiferente en esta determinación, y aunque en general sea usado solamente como unidad
imaginaria, no existente.
118

Si debe estar presente en esta determinación, lo está sólo como unidad y no como cantidad.
Si yo digo que una libra de algodón vale 8 d., digo que 1 libra de algodón = 1/116 de onza de
oro (valiendo la onza 3£, 17sh., 7d.) (931 d.). Esto expresa por lo tanto al mismo tiempo su
carácter determinado de valor de cambio frente a [[todas las otras mercancías]], de
equivalente de todas las otras mercancías que contienen tantas veces la onza de oro, siendo
todas equiparadas igualmente a la onza de oro. Esta relación originaria de la libraa de
algodón con el oro, mediante la cual se determina la cantidad de oro contenida en una libraa
de algodón, es establecida por la cantidad de tiempo de trabajo realizado en ambos,
sustancia real común de los valores de cambio.
a "Pfund"; en el ms. y edic. 1939, "Unze" ("onza")

Esto ha de ser anticipado en el capítulo que trata del valor de cambio como tal. La dificultad
de encontrar esta ecuación no es tan grande como parece. Por ejemplo, en el trabajo que
produce directamente oro, una determinada cantidad de oro se presenta directamente como
el producto, p. ej., de una jornada de trabajo. La competencia equipara las otras jornadas de
trabajo a ésta, modificandis modificatis . Directa o indirectamente. En una palabra, en la
producción inmediata del oro una determinada cantidad de oro se presenta inmediatamente
como producto y por ello como el valor, el equivalente de un determinado tiempo de trabajo.
Para decir entonces cuánto oro está contenido en una mercancía determinada, es suficiente
determinar el tiempo de trabajo realizado en las distintas mercancías, y equipararlo al
tiempo de trabajo que produce directamente el oro. La determinación de todas las
mercancías como precios —como valores de cambio medidos—es un proceso que se efectúa
sólo progresivamente, que presupone un cambio frecuente y por lo tanto una frecuente
equiparación de las mercancías como valores de cambio; pero una vez que la existencia de
las mercancías como precios se ha convertido en un supuesto —un supuesto que es él
mismo un producto del proceso social, un resultado del proceso social de producción—, la
determinación de nuevos precios se presenta simple, ya que los elementos de los costos de
producción existen ahora en la forma de precios y son por lo tanto fácilmente adicionables.
(Frecuente. Alienation, sale, frequent saleb, Steuarte1 . Más aún, todo esto debe tener una
continuidad, a fin de que los precios tengan una cierta regularidad.) Pero el punto al que
queríamos llegar es el siguiente: la relación del oro con las mercancías, en tanto el oro haya
de constituirse como unidad de medida, es determinada por el barterc, por la compraventa

1 Cf. ibídem, pp. 395-396


El dinero como representante material de la riqueza

inmediata, al igual que la relación de todas las otras mercancías entre sí. En el barter, sin
embargo, el valor de cambio es el producto solamente en sí; es su primera forma fenoménica
y el producto no es puesto todavía como valor de cambio.
a Modificando lo que hay que modificar. — b Alienación frecuente, venta, venta frecuente. — c Trueque
119

Esta determinación no se extiende todavía a toda la producción, sino únicamente a lo


superfluo y por eso es ella misma más —o menos superflua (como el propio cambio); es una
dilatación accidental de la esfera de las satisfacciones, de los goces (relación con nuevos
objetos). En consecuencia, el cambio se produce en pocos puntos (principalmente, en los
límites de las comunidades naturales en su contacto con extraños), está limitado a un
ámbito restringido, constituye algo transitorio, ocasional, respecto de la producción, y
desaparece tan accidentalmente como aparece. El trueque, en el que se cambia
accidentalmente el excedente de la propia producción con el excedente de la producción
ajena, es sólo la primera aparición del producto bajo la forma valor de cambio en general, y
está determinado por necesidades y goces accidentales, etc. Pero si tuviera que proseguir, si
debiera convertirse en un acto continuado que contuviera en sí mismo los medios de su
permanente renovación, entonces gradualmente, de modo también extrín— seco, y
accidental, se introduciría la regulación del cambio recíproco mediante la regulación de la
producción mutua y de este modo los costos de producción, que en última instancia se
resuelven todos en tiempo de trabajo, se convertirían en la medida del cambio. Esto nos
muestra cómo nace el cambio y el valor de cambio de la mercancía. Las condiciones bajo las
cuales una relación aparece por primera vez nos la han hecho visible, pero en modo alguno
en su pureza ni en su totalidad. Un producto, puesto como valor de cambio, esencialmente
ya no está más determinado como algo simple, es puesto como algo distinto de su cualidad
natural, es puesto como relación, y esta relación es ciertamente universal, es una relación no
con una mercancía sino con todas las mercancías, con todos los productos posibles. Él
expresa por consiguiente una relación universal; el producto que se relaciona consigo
mismo como realización de una determinada cantidad del trabajo universal, del tiempo de
trabajo social, y por lo tanto es el equivalente de todo otro producto en la proporción
expresada en su valor de cambio. El valor de cambio presupone el trabajo social como
sustancia de todos los productos con prescindencia total de sus cualidades naturales. No se
puede expresar una relación sin referirse a algo, ni una relación universal sin referirse a algo
general. Dado que el trabajo es movimiento, su medida natural es el tiempo. El barter en su
forma más primitiva supone al trabajo como sustancia y al tiempo de trabajo como medida
de las mercancías; y esto tiene aun más validez apenas el trueque es regularizado, apenas se
torna. continuo y contiene en sí mismo las condiciones recíprocas de su reiteración. La
mercancía es valor de cambio sólo en cuanto se expresa en otra cosa, y por lo tanto, como
relación. Una fanega de trigo vale tantas fanegas de centeno; en este caso el trigo es valor de
cambio en tanto se lo expresa en centeno, y el centeno es valor de cambio en tanto se lo
expresa en trigo.
120

Mientras cada uno de ellos está en relación sólo consigo mismo, no es valor de cambio. Y en
la relación en la que el dinero aparece como medida, éste no es por eso expresado como
relación, como valor de cambio, sino únicamente como una cantidad natural de una cierta
materia, como una porción natural de oro y plata que tiene un cierto peso. En general, la
mercancía en la que se expresa el valor de cambio de otra no es nunca expresada como valor
de cambio, nunca como relación, sino como una determinada cantidad de su sustancia
natural. Si 1 fanega de trigo vale 3 fanegas de centeno, solamente la fanega de trigo es
expresada como valor, y no la fanega de centeno. Es verdad que, en sí, el otro también está
puesto: en este caso a 1 fanega de centeno equivale 1/3 de fanega de trigo; pero esto no está
II. El capítulo del dinero

puesto, ya que es solamente una segunda relación inmediatamente implícita en la primera. Si


una mercancía es expresada en otra, ella es puesta como relación, mientras que la otra es
puesta como una simple cantidad de cierta materia. 3 fanegas de centeno no constituyen en
sí ningún valor, sólo son centeno que ocupa una determinada cantidad de espacio, vale decir,
que es medido con una medida especial. Lo mismo ocurre con el dinero como medida, como
la unidad que sirve para medir los valores de cambio de las otras mercancías. Es un peso
determinado de la sustancia natural que lo representa: oro, plata, etc. Si 1 fanega de wheata
[[tiene]] el precio de 77 sh. y 7 d., éste es expresado coma otra cosa a la que es igual, como 1
onza de oro, como relación, como valor de cambio.
a Trigo

Pero una onza de oro en sí no es un valor de cambio; no está expresada como valor de
cambio, sino como una determinada cantidad de sí misma, de su sustancia natural, o sea del
oro. Si una fanega de trigo tiene el precio de 77 sh. y 7 d. o de 1 onza de oro, éste puede ser
un valor mayor o menor, desde el momento que 1 onza de oro aumentará o disminuirá de
valor con relación a la cantidad de trabajo requerido para su producción. Pero esto no
importa a los fines de la determinación de su precio como tal, ya que su precio de 77 sh. y 7
d. expresa exactamente la relación en que es equivalente de todas las otras mercancías, o sea
la proporción en que puede comprarlas. El carácter determinado particular del precio del
quarter a 77 o a 1.780 sh. va más allá de la determinación del precio en general, vale decir,
del hecho de poner al trigo como precio. Tiene un precio, cueste 100 o 1 sh. El precio no hace
más que expresar su valor de cambio en una unidad común a todas las mercancías; y supone
por consiguiente que este valor de cambio ya está regulado por otras relaciones. Como es
natural, para encontrar que 1 quarter de trigo tiene el precio de 1 onza de oro —visto que
oro y trigo, como objetos naturales, no tienen ninguna relación recíproca, que como tales no
son uno la medida del otro, y son mutuamente indiferentes—, es necesario poner la onza de
oro a su vez en relación con el tiempo de trabajo requerido para su producción, de modo tal
que ambos, trigo y oro, sean puestos en relación con un tercer elemento, el trabajo, y
equiparados en tal relación; que ambos sean comparados entre sí como valores de cambio.
121

Pero esto nos muestra solamente cómo se encuentra el precio del trigo, la cantidad de oro a
la que se lo ha de equiparar. En esta misma relación, en la que el dinero figura como precio
del trigo, no es puesto a su vez como relación, como valor de cambio, sino como
determinado cuanto de una materia natural. En el valor de cambio las mercancías (los
productos) son puestos como relaciones respecto a su sustancia social, o sea respecto al
trabajo; pero como precios son expresadas en cantidades de otros productos según su
constitución natural. A esta altura se puede ciertamente decir que también el precio del
dinero es puesto como 1 quarter de trigo, 3 quarters de centeno y todas las otras cantidades
de distintas mercancías cuyo precio es 1 onza de oro. Pero para expresar entonces el precio
del dinero se debería enumerar todo el ámbito de las mercancías, indicando la cantidad en la
que cada una de ellas es igual a 1 onza de oro. El dinero tendría ahora tantos precios como
mercancías cuyo precio él expresara. La determinación principal del precio, la unidad,
desaparecería. Ninguna mercancía expresaríaa el precio del dinero, porque ninguna
expresaría la relación que él mantiene con todas las otras mercancías, su valor de cambio
universal. Pero la especificidad del precio consiste en el hecho de que el valor de cambio
debe ser expresado en su universalidad y sin embargo enb una mercancía determinada.
a”ausdrückte”; edic. 1939, “ausdr¨ckt (“expresa”). — b”in” omitido en edic. 1939

Pero esto mismo también es indiferente. En tanto el dinero se presenta como materia en la
que es expresado, medido el precio de todas las mercancías, el dinero es él mismo puesto
como un determinado cuanto de oro, de plata, etc., en síntesis, de su materia natural; simple
El dinero como representante material de la riqueza

cuanto de una materia determinada y no ya valor de cambio ni relación. Por consiguiente,


toda mercancía en la cual otra se expresa como precio es puesta no ya como valor de cambio,
sino como simple cantidad de sí misma. En la determinación del dinero como unidad de los
valores de cambio, como su medida, como su punto de comparación universal, su materia
natural —oro, plata— aparece como esencial, porque el precio de la mercancía no es un
valor de cambio, ni una relación, sino un peso determinado de oro o de plata: por ejemplo,
una libra con sus subdivisiones; es por ello que el dinero aparece también originariamente
como libra, æs grave. Esto es lo que distingue precisamente al precio del valor de cambio;
pero ya vimos nosotros que el valor de cambio lleva necesariamente a la determinación del
precio. De aquí lo absurdo de aquellos que convierten en dinero al tiempo de trabajo como
tal, con lo cual quieren plantear y la la vez]] no plantear las diferencias entre precio y valor
de cambio.
122

El dinero, como medida, como elemento de la determinación del precio, como unidad de
medida de los valores de cambio, presenta el fenómeno siguiente: 1) que, una vez
determinado el valor de cambio de una onza de oro respecto a una mercancía cualquiera, el
dinero sólo es necesario como unidad imaginaria; que su presencia real es superflua, y aun
más lo es por ello la cantidad en la que está presente; como indicador (indicatora del valor)
su amountb existente en un país no tiene importancia. El dinero es necesario simplemente
como unidad de cálculo; 2) que mientras el dinero necesita ser puesto solamente en forma
ideal, y como precio de la mercancía es puesto en ella sólo de manera ideal, al mismo tiempo,
como simple cantidad de la sustancia natural en la que se presenta, como determinado peso
de oro, de plata, etc.; asumido como unidad, el dinero proporciona el término de
comparación, la unidad, la medida. Los valores de cambio (mercancías) son mentalmente
transformados en porciones de oro o de plata que tienen un cierto peso, e idealmente
equiparados a este cuanto de oro mentalmente representado; como expresiones de tal
cantidad de oro.
aIndice. — bCantidad, monto

Pero si ahora pasamos a la segunda determinación del dinero, que es la de medio de cambio
y realizador de los precios, ya habíamos establecido que el dinero debe estar presente aquí
en una determinada cantidad; que para ser adecuado a tal determinación el peso de oro o de
plata puesto como unidad es necesario en una cantidad determinada. Dada por un lado la
suma de precios a realizar, la cual depende del precio de cada mercancía multiplicado por su
cantidad, y por el otro lado la velocidad de la circulación del dinero, se requiere una cierta
cantidad de medio circulante. Pero si observamos más atentamente la forma originaria,
forma inmediata en la que se presenta la circulación, o sea M—D—D—M, el dinero figura
aquí como un mero medio de cambio. Se cambia mercancía por mercancía y el dinero
aparece simplemente como medio de cambio. El precio de la primera mercancía es realizado
en dinero para realizar con ese dinero el precio de la segunda mercancía y obtenerla así a
cambio de la primera. Una vez realizado el precio de la primera mercancía, el propósito de
aquel que obtuvo su precio en dinero no es el de obtener el precio de la segunda mercancía,
sino de pagar su precio para obtener la mercancía. En esencia, el dinero le sirvió por lo tanto
para cambiar la primera por la segunda mercancía. Como simple medio de circulación el
dinero no tiene otra finalidad. Aquel que vendió su mercancía por dinero quiere volver a
comprar una mercancía y aquel de quien debe comprarla necesita, a su vez, del dinero para
comprar una mercancía, etc. En esta determinación de puro medio de circulación, la
determinación del propio dinero consiste sólo en esta circulación, que él efectiviza en tanto
su cantidad está predeterminada; el número de veces que existe como unidad en las
mercancías, está predeterminado en los precios, y como instrumento de circulación el
II. El capítulo del dinero

dinero aparece simplemente como número de [[ veces en que se da]] esta unidad
presupuesta.
123

En cuanto el dinero realiza el precio de las mercancías, la mercancía es cambiada por su


equivalente real en oro y plata; su valor de cambio es cambiado realmente por el dinero
como por cualquier otra mercancía; pero en la medida en que este proceso se efectúa sólo
para transformar el dinero en mercancía, para cambiar por lo tanto la primera mercancía
por la segunda, el dinero se presenta sólo como algo que desaparece, o dicho de otro modo,
su sustancia consiste únicamente en presentarse siempre como algo que desaparece, como
soporte de la mediación. El dinero como medio de circulación es solamente medio de
circulación. El único carácter determinado que le es esencial para poder servir en este
carácter es el de la cantidad, el del número en que circula. (Del hecho de que la cantidad es
determinada también por la velocidad, no es necesario hacer aquí una mención particular.)
Para realizar el precio, su existencia material como oro y plata, es esencial; pero en la
medida en que esta realización es sólo evanescente y está destinada a suprimirse, esa
materia es indiferente. Es sólo una apariencia que se trate de cambiar la mercancía por oro o
plata en cuanto mercancía particular, una apariencia que desaparece cuando el proceso ha
concluido, apenas se cambia de nuevo el oro y la plata por la mercancía y, por lo tanto, la
mercancía por la mercancía. El oro y la plata como simples medios de circulación, o el medio
de circulación como oro y plata, es por ello indiferente con respecto a su constitución como
mercancía natural particular. Admitamos que el precio total de las mercancías circulantes =
10.000 tálerosa . Su medida es entonces 1 tálero = x cantidad de peso de plata. Supongamos
que se necesitan 100 táleros para hacer circular estas mercancías en 6 horas o, dicho de otro
modo; que cada tálero paga el precio de 100 táleros en 6 horas. El hecho esencial ahora es
que existen 100 táleros, la cantidad 100, de la unidad metálica que mide la suma total de los
precios de las mercancías; 100 de tales unidades. Es indiferente para el proceso mismo que
estas unidades sean de plata. Esto se ve ya en el hecho de que 1 tálero representa, en el
proceso de circulación, una masa de plata cien veces más grande de la que contiene en
realidad, aunque él represente, en cada cambio determinado, únicamente el peso de plata de
1 tálero. Considerado en la totalidad de la circulación 1 tálero representa por lo tanto 100
táleros, o sea un peso de plata cien veces mayor de lo que realmente contiene. El es en
verdad solamente un signo del peso de plata contenido en 100 táleros. El realiza un precio
cien veces mayor que el que realiza realmente, considerado como cantidad de plata.
Supongamos, por ejemplo, que la £ st. sea = 1/3 de onza de oro (en verdad, es menos). Si se
paga el precio de una mercancía de 1£ st., o sea su precio de 1 £ st. es realizado cambiándola
por 1 £ st., es decisivo que la libra esterlina contengab realmente 1/3 de onza de oro.
124

Si ella fuera una £ st. falsa, vale decir, compuesta de metal vil, y fuera por lo tanto una £ st.
sólo en apariencia, el precio de la mercancía no sería efectivamente realizado; para
realizarlo ella debería ser pagada con una cantidad de metal vil = a 1/3 de onza de oro.
a En el ms., "1200". — b "enthált"; en el ms. y en edic. 1939 "erhiilt" ("mantenga")

Desde el punto de vista de este momento aislado de la circulación, es por lo tanto esencial
que la unidad monetaria represente realmente una determinada cantidad de oro y de plata.
Pero Id consideramos la totalidad de la circulación, es decir la circulación como proceso M—
D—D—M, que se cierra en sí mismo, entonces la cuestión es distinta. En el primer caso la
realización del precio sería sólo aparente: únicamente una parte de su precio sería realizada.
El precio idealmente realizado en ella, no sería realizado realmente. La mercancía, que de
modo ideal es equiparada a una porción de oro que tiene un cierto peso, en el cambio real no
recogería a cambio de sí misma estas porciones de oro de un cierto peso. Pero si circula una
£ st. falsa en lugar de una auténtica, la totalidad de la circulación ésta prestaría
El dinero como representante material de la riqueza

absolutamente los mismos servicios que si fuera auténtica. Si una mercancía a que tiene el
precio de 1 £ es cambiada por una libra [[st]] falsa, y esta última fuera cambiada a su vez por
una mercancía b de 1 £ st., la libra [[st.]] falsa ha prestado absolutamente el mismo servicio
que si hubiera sido auténticaa 80.
a El texto que sigue desde aquí hasta la p.155 donde se inicia el cuaderno II, Marx lo escribió en las pp. 1-4 del mismo cuaderno manuscrito

1 y luego las renumeró 45-48. Además escribió en el borde inferior de la p. 44 (véase p. 1 y ss. de este mismo cuaderno) y en el margen
superior de la hoja que antes era p. 1 y se convirtió luego en p. 45: (Continuación del final del cuaderno)

Por consiguiente, en este proceso la libra [[st.]] efectiva es en realidad un mero signo, a
condición de que se considere no el momento en que ella realiza los precios, sino la totalidad
del proceso en el que actúa solamente como medio de circulación y en el cual la realización
de los precios es sólo una apariencia, una mediación. Aquí, la libra [[st.]] de oro sirve
solamente para cambiar la mercancía a por la mercancía b de igual precio. La realización
efectiva del precio de la mercancía a es aquí la mercancía b, y la realización efectiva del
precio [de] b es la mercancía a o c o d, lo que es lo mismo a los fines de la forma de la
relación, puesto que para esta última el contenido particular de las mercancías es
indiferente. Se cambian mercancías de igual precio. En lugar de cambiar directamente la
mercancía a por la mercancía b, se cambia el precio de la mercancía a por la mercancía b y el
precio de la mercancía b por la mercancía a. El dinero representa así, con relación a la
mercancía, solamente su precio. Las mercancías son cambiadas recíprocamente, por sus
precios. El precio de la mercancía misma expresa en ella, idealmente, el hecho de que ella es
la cantidad de una cierta unidad (porción de peso) natural de oro o de plata, o sea de la
materia en la que se corporiza el dinero.
125

En el dinero, o su precio realizado, se le contrapone ahora una cantidad real de esta unidad.
Pero en la medida en que la realización del precio no es el hecho último y no se trata de
tener el precio de la mercancía en cuanto precio, sino en cuanto precio de otra mercancía, la
materia del dinero —oro y plata, por ejemplo— es indiferente. El dinero deviene sujeto
como instrumento de circulación, como medio de cambio, y la materia natural en la que se
expresa se presenta como un accidente cuyo significado desaparece en el acto mismo de
cambio; ya que en el fondo la mercancía cambiada por dinero no debe ser realizada en esta
materia, sino en la materia de la otra mercancía. Vale decir que en la circulación, además de
los momentos en que 1) el dinero realiza los precios y 2) hace circular los títulos de
propiedad, tenemos también el momento 3) en que por su intermedio ocurre lo que
directamente no podía ocurrir, es decir, que el valor de cambio de la mercancía sea
expresado en términos de cualquier otra mercancía. Si Jna vara de tela cuesta 2 sh. y una
libra de azúcar 1 sh., la vara de tela, mediante 2 sh., es realizada [[convirtiéndola]] en 2
libras de azúcar; el azúcar es transformado en la materia de su valor de cambio, en la
materia en la que su valor de cambio es realizado. Como simple medio de circulación en el
papel que desempeña en el proceso de circulación en tanto éste es un flujo constante, el
dinero no es ni medida de los precios, porque como tal él ya está puesto en los mismos
precios, ni medio de la realización de los precios ya que como tal existe en uno de los
momentos de la circulación mientras que desaparece en la totalidad de sus momentos. El
dinero es un simple representante del precio frente a todas las mercancías, y sirve solamente
de medio que permite el cambio de mercancías de igual precio. Puede cambiársele por una
mercancía porque es el representante universal de su valor de cambio y como tal es el
representante de cualquier otra mercancía que tenga igual valor de cambio, el representante
universal, y como tal está presente en la circulación misma. Representa el precio de una
mercancía frente a todas las demás, o el precio de todas las mercancías frente a una de ellas.
En esta conexión, el dinero es no sólo representante de los precios de las mercancías, sino
también signo de sí mismo: es decir que en el acto mismo de la circulación su materia, oro o
II. El capítulo del dinero

plata, resulta indiferente. El es el precio, es una determinada cantidad de oro o plata, pero en
la medida en que esta realidad del precio es aquí solamente una realidad que desaparece,
una realidad constantemente destinada a desaparecer, a ser suprimida, a no valer como
realización definitiva, sino única y permanentemente como intermediaria, mediadora, vale
decir, en cuanto no se trata tanto de la realización del precio, como de la realización del
valor de cambio de una mercancía particular en la materia de otra, su mismo material
intrínseco es indiferente, es algo que como realización del precio desaparece, puesto que ella
misma desaparece.
126

Por eso, mientras se encuentra en este constante movimiento, el dinero es sólo


representante del valor de cambio, el cual se toma real sólo cuando el valor de cambio real
se hace presente continuamente en lugar de su representante, intercambia continuamente
su puesto con él, se cambia continuamente por él. En este proceso su realidad no es la de ser
el precio, sino la de representarlo, la de ser su representante; representante objetivamente
presente de su precio y por tanto de sí mismo, y en cuanto tal del valor de cambio de las
mercancías. Como medio de cambio realiza los precios de las mercancías sólo para poner el
valor de cambio de una mercancía en la otra como su unidad, para realizar su valor de
cambio en la otra mercancía, esto es, para poner la otra mercancía como el material de su
valor de cambio.

[El dinero como medida, como medio de pago y como medio de cambio.
Confusión en la determinación del dinero. Suma de los precios y cantidad de mercancías en
relación con la cantidad del medio de circulación. Medio de circulación]"

Sólo en la circulación presenta el dinero esta forma de signo objetivo: si se lo retira de allí,
vuelve a ser precio realizado. Sin embargo, en el interior del proceso, como ya vimos, la
cantidad, el número, de estos signos objetivos de la unidad monetaria está determinada de
modo esencial. En la circulación el dinero tiene una existencia contrapuesta a la de las
mercancíás: su sustancia material, su sustrato constituido por un determinado cuanto de
oro y de plata importa poco, y por el contrario, su. cantidad está determinada en modo
esencial, puesto que así el dinero es solamente un signo para una determinada cantidad de
esta unidad. En cambio en su determinación como medida, en la que estaba puesto sólo
idealmente, su sustrato material era esencial, mientras que su cantidad y su existencia eran
fundamentalmente indiferentes. De aquí deriva que como simple medio de circulación y de
cambio, la moneda de oro y de plata puede ser reemplazada por cualquier otro signo que
exprese una determinada cantidad de su unidad, y así un dinero simbólico puede sustituir al
dinero real porque el dinero material como simple medio de cambio es él también simbólico.
Estas determinaciones contradictorias del dinero —como medida, como realización de los
precios, y como simple medio de cambio— explican ese fenómeno de otro modo
inexplicable por el cual si el dinero metálico, oro, plata, es falsificado mediante una liga de
metal inferior, se produce la depreciación del dinero y el aumento de los precios. En este
caso la medida de los precios está dada no ya por los costos de producción, supongamos, de
la onza de oro, sino de la onza ligada con 2/3 de cobre, etc. (Las falsificaciones de las
monedas, mientras consistan simplemente en falsificar o cambiar las denominaciones de las
partes alícuotas de peso del metal precioso, denominando por ejemplo 1 sovereign a la
octava parte de la onza, dejan absolutamente intacta la medida y cambian solamente su
denominación.
127
El dinero como representante material de la riqueza

Si antes se llamaba 1 sovereign a la 1/4 parte de la onza, y ahora se le llama así a la 1/8
parte, el precio de 1 sovereign expresa ahora 1/8 de onza de oro. De este modo se necesitan
(about)a 2 sovereigns para expresar el mismo precio que antes se expresaba con 1
sovereign.) O bien, en la simple falsificación nominal de las partes alícuotas del metal
precioso, la medida sigue siendo la misma mientras que la parte alícuota pasa a expresarse
ahora en una cantidad doble de francsb, etc., que untes; por otra parte, si el sustrato del
dinero, oro o plata, es suprimido del todo y sustituido por el papel con el signo de un
determinado cuanto de dinero real, en la cantidad requerida por la circulación, el papel da
curso al valor total del oro y de la plata. En el primer caso, porque el medio de circulación es
al mismo tiempo el material del dinero como medida y el material en el que el precio se
realiza definitivamente; en el segundo caso porque el dinero "opera]] sólo en su
determinaCión de medio de circulación.
Un ejemplo de confusión grosera entre las determinaciones contradictorias del dinero:
"Price is exactly determined by the quantity of money there is to buy it with. All the
commodities in the world can fetch no more than all the money in the world"c. En primer
lugar, la determinación del precio no tiene nada que ver con la venta real; en ésta el dinero
[[actúa]] solamente como medida. En segundo lugar, todas las mercancías (que se
encuentran en circulación) pueden valer miles [de veces] más money que el existente en el
world: bastaría que cada pieza circulara miles de veces (el párrafo es del London Weekly
Dispatch, Nov. 8, [1857]) 2.
aAproximadamente. — bFrancos. — c"El precio está determinado exactamente por la cantidad de dinero que sirve para comprar el dinero

mismo. Todas las mercancías del mundo no pueden valer más que todo el dinero existente en el mundo"

Dado que la suma total de los precios realizables en la circulación cambia con los precios de
las mercancías y con la masa de ellas puesta en circulación, y dado que, por otra parte, la
velocidad del medio circulante que se encuentra en circulación es también determinada por
circunstancias independientes de él, la cantidad de los medios de circulación debe poder
cambiar, expandirse y contraerse: contracción y expansión de la circulación.
Del dinero como simplea medio de circulación se puede decir que deja de ser mercancía
(mercancía particular) en tanto su material es indiferente y él satisface sólo las necesidades
del cambio, con exclusión de toda otra necesidad inmediata: oro y plata dejan de ser
mercancías apenas circulan como dinero. Por otra parte, se puede decir que el dinero es
únicamente mercancía (mercancía universal), la mercancía en su forma pura, indiferente a su
particularidad natural y por ello también a todas las necesidades inmediatas, sin una
relación natural con una determinada necesidad como tal.
128

Los partidarios del monetarismo, y también en parte del proteccionismo (véase por ejemplo
Ferrier, p. 2) 3 se atuvieron al primerb aspecto del dinero, los economistas modernos al
segundoc: por ejemplo, Say, quien dice que el dinero como mercancía "particular" es una
mercancía como cualquier otra o se maneja por igual con todas las mercancías".4 En tanto
medio de cambio, el dinero se presenta como mediador necesario entre producción y
consumo. En el sistema monetario desarrollado se produce solamente para cambiar, o se
produce solamente en cuanto se cambia. Si se eliminara el dinero, se caería en un nivel muy
bajo de producción (al cual corresponde la forma colateral del trueque), o bien se avanzaría

Cf. Weekly Dispatch, London, Sunday, November 8, 1857, N. 2925, p. 1, col. 2, artı́culo "The Panic and the People".
2

Cf. F.-L.-A. FERRIER, Du gouvernement considéré dans ses rapports avec le commerce, Paris 1805, p. 35. La "p. 2" es la del
3

cuaderno de extractos no numerado ni datado, pero cuya redacció n es ca. de abril-mayo de 1845 en Bruselas; cf. MEGA 1/6, p.
605.
4 Cf. LOUIS SAY (DE NANTES), Principales causes de la richesse ou de la misére des peuples et des particuliers, Paris 1818, pp.

31-32. Extractos en un cuaderno no numerado, redactado ca. febrero de 1845 en Bruselas; cf. MEGA 1/6, p. 614.
II. El capítulo del dinero

a un nivel más alto, en el cual el valor de cambio no es más la primera determinación de la


mercancía, porque el trabajo universal, del que es el representante, ya no aparecería como
trabajo privado que sólo a través de una mediación adquiere carácter social.
a "Als von blossem", en el ms. "Als blosses". — b "erste", en el ms., "zweite" ("segundo"). — c "zweite", en el ms. "erste" ("primero")

Igualmente fácil es resolver el problema del carácter productivo o no productivo del dinero
com o medio de circulación. Según Adam Smith5, el dinero es improductivo. Pero Ferrier
dice, por ejemplo: "Es el creador de los valeurs, porque éstos no existirían sin él"6. Es
necesario considerar no sólo "su valor como metal, sino igualmente su cualidad de dinero"7.
Adam Smith tiene razón en la medida en que el dinero no es el instrumento de una rama
particular cualquiera de la producción; Ferrier tiene razón, porqué un momento de la
producción universal fundada en el valor de cambio es aquel que pone al producto y al
agente de la producción en la determinación del dinero, y esta determinación supone un
dinero distinto del producto. En efecto, si se considera la producción en su totalidad, la
relación de dinero en sí misma es una relación de producción.
Si M—D—D—M es descompuesta en sus dos momentos, aunque los precios de las
mercancías se den por supuestos (y esto constituye una diferencia fundamental), la
circulación se escinde en dos actos de trueque inmediato. M—D: el valor de cambio de la
mercancía se expresa en otra mercancía particular, en el material del dinero, así como el
valor de cambio del dinero se expresa en la mercancía; lo mismo ocurre en D—M. Por lo
tanto tiene razón A. Smith cuando dice que el dinero como medio de cambio es sólo un tipo
más complicado de barter (trueque)8
Pero si se considera no ya a ambos actos como actos indiferentes sino la totalidad del
proceso mediante el cual la mercancía se realiza en el dinero y el dinero en la mercancía,
entonces tienen razón los adversarios de A. Smith cuando afirman que desconoció la
naturaleza del dinero y que la circulación del dinero suplanta al barter; ya que el dinero
sirve solamente para saldar la "arithmetical division"a que nace de la división del trabajo.
Estas "arithmetical figures"b tienen tan poca necesidad de ser de oro y de plata como las
medidas de longitud (véase Solly, p. 20)9.
129

Las mercancías, de marchandisesc se convierten en depréesd, entran en el consumo; esto en


cambio no ocurre con el dinero como medio de circulación; éste nunca deja de ser
mercancía, mientras permanece en su determinación de medio de circulación.
aDivisión aritmética. — b Cifras aritméticas. — c Mercancías. — d Géneros

Pasamos ahora a la tercera determinación del dinero, la que resulta inmediatamente de la


segunda forma de la circulación:
D—M—M—D: en esta forma el dinero se presenta no solamente como medio y tampoco
sólo como medida, sino como fin en sí mismo, y por ello sale de la circulación exactamente
como la mercancía determinada que ha cumplido su ciclo, y de marchandise se ha
convertido en denrée.
Pero antes, observar que si se presupone la determinación del dinero como relación
inmanente de la producción fundada universalmente sobre el valor de cambio, es posible

5 Cf. A. SMITH, An Inquiry etc., cit. vol. II, libro II, cap. II, pp. 270-277 [La riqueza de las naciones, pp. 264-268]. Cf. ademá s

MEGA 1/3, pp. 464-465.


6 Cf. F.-L.-A. FERRIER, Du Gouvernement etc., cit., p. 52.
7 Cf. ibídem, p. 18.
8 Cf. A. SMITH, An Inquiry etc., cit., vol. I, libro I, cap. IV [La riqueza de las naciones, pp. 24-30].
9 Cf. E. SOLLY, The Present Distress in Relation to the Theory of Money, London 1830, pp. 5-6. La indicació n "p. 20" se refiere

al cuaderno londinense III.


El dinero como representante material de la riqueza

demostrar también en ciertos aspectos su actuación como instrumento de producción. "La


utilidad del oro y de la plata reside en el hecho de que reemplazan al trabajo" (Lauderdale, p.
11) 10 Sin dinero es necesaria una serie de trocsa antes de obtener en el cambio el objeto
deseado. Además, en cada cambio particular sería imprescindible hacer el análisis del valor
relativo de las mercancías. El dinero como medio de cambio (medio comercial) nos ahorra el
primer problema; como medida del valor y representante de todas las mercancías, el
segundo (ídem, l.c.)11. La afirmación contraria de que el dinero no es productivo, no hace
más que afirmar que es improductivo fuera del carácter determinado en que sí es
productivo, o sea como medida, instrumento de circulación, y representante de los valores,
que su cantidad es productiva solamente mientras es requerida para desempeñar estas
funciones. El hecho de que el dinero se convierta no sólo en improductivo, sino en faux frais
de productionb apenas es utilizado en mayor cantidad que la necesaria para esta
determinación productiva suya, es una verdad que tiene validez para cualquier otro medio
de producción o de cambio, tanto para la máquina como para el medio de transporte. Pero si
con esto quiere entenderse que el dinero cambia sólo riquezas materiales ya existentes,
entonces esto es falso, ya que con el dinero se cambia y se compra también trabajo, o sea la
propia actividad productiva, la riqueza potencial.
aPermutas. — bGastos falsos de producción

[Acumulación del dinero. Trabajo asalariado y capital]

La tercera determinación del dinero en su desarrollo presupone las primeras dos y


constituye su unidad. El dinero tiene, pues, una existencia autónoma fuera de la circulación;
ha salido de ella. Como mercancía particular puede ser transformado de su forma de dinero
a la de objetos de lujo, joyas de oro y de plata (mientras el trabajo artesanal era todavía muy
simple, como lo era por ejemplo en el período inglés más antiguo, la transformación de la
moneda de plata en píatec y viceversa es un hecho constante. Véase Taylor12).
130

Pero también puede —ser acumulado como dinero y constituir un tesoro. En tanto el dinero
en su existencia autónoma surge de la circulación, se presenta en esa existencia misma como
resultado de la circulación. Llega a coincidir consigo mismo a través de la circulación. En
esta determinación está contenido ya, de manera latente, su carácter determinado de
capital. El dinero es negado como simple medio de cambio. Sin embargo, dado que
históricamente puede ser puesto como medida antes de aparecer como medio de cambio, y
puede aparecer como medio de cambio antes de ser puesto como medida —en cuyo último
caso existiría solamente como mercancía privilegiada—, puede así también presentarse
históricamente en la tercera determinación antes de ser puesto en las dos precedentes. Pero
como dinero, el oro y la plata pueden ser acumulados solamente si ya existían en una de las
dos determinaciones, y, en la tercera determinación, sólo puede presentarse en un nivel
desarrollado si se ha desarrollado en las dos precedentes. Si no, su acumulación es sólo
acumulación de oro y plata, no de dinero.

10 Cf. LAUDERDALE [James Maintlandl le comte de: Recherches sur la nature et l'origine de la richesse publique, et sur le

moyens et les causes qui concourent à son accroissement. Trad. de l'anglais par E. Lagentie de Lavaisse, Paris 1808, p. 140. La
indicació n "p. 11" se refiere al cuaderno que contiene los extractos de la obra de Lauderdale, redactado en Parı́s en.1844. Cf.
MEGA 1/3, p. 414.
11 Cf. ibídem, pp. 140-144.
12 Cf. J. TAYLOR, A View of the Money System of England, from the Conquest; with Proposals for Establishing a Secure and

Equable Credit Ciurency, London 1828, pp. 18, 19. Extractos en el cuaderno londinense III.
II. El capítulo del dinero

c Platería

(Como ejemplo particularmente interesante, tratar con más detalle la acumulación de dinero
de cobre en los tiempos más antiguos de la república romana.)
También en esta tercera determinación está el dinero en relación con la circulación, ya que
como representante material universal de la riqueza surge de la circulación, y como tal es
igualmente producto de la circulación, la cual es simultáneamente un cambio elevado a más
alta potencia y una forma particular del cambio mismo; el dinero aquí se contrapone a la
circulación como algo autónomo, pero esta autonomía suya no es más que el mismo proceso
de la circulación. De igual modo surge de la circulación como vuelve a entrar en ella. Fuera
de toda relación con la circulación no sería dinero sino un simple objeto natural, oro y plata.
En esta determinación él es tanto el supuesto como el resultado. Su propia autonomía no
significa caducidad de la relación con la circulación, sino relación negativa con ella. Esto está
presente en tal autonomía como resultado de D—M—M—D. En el dinero como capital está
implícito, 1) que él es tanto supuesto como resultado de la circulación; 2) que su autonomía
es por lo tanto sólo relación negativa, pero siempre relación con la circulación; 3) que él
mismo es puesto como instrumento de producción, en cuanto la circulación no se presenta
más en su primera simplicidad, como permuta cuantitativa, sino como proceso de
producción, como real cambio material. Y así el dinero mismo termina por ser determinado
como momento particular de este proceso de producción. En la producción no se trata sólo
de una simple determinación de los precios, vale decir de una traducción de los valores de
cambio de las mercancías a una unidad colectiva, sino de crear el carácter determinado de
los precios; en suma, no sólo de poner simplemente la forma, sino también el contenido.
131

Si por ello en la circulación simple el dinero se presenta en general como productivo, en


tanto la circulación es en general ella misma un momento del sistema de la producción, esta
determinación es, por otra parte, solamente para nosotros, y no todavía puesta en el dinero.
4) Como capital el dinero se presenta también puesto como relación consigo mismo
mediante la circulación: en la relación de interés y capital. Pero aquí no tenemos todavía
nada que hacer con esta determinación sino que debemos considerar simplemente cómo el
dinero, en su tercera relación, surge como dinero autónomo de la circulación y precisamente
de sus dos determinaciones precedentes.
("Aumento del dinero significa solamente aumento de los medios de cuenta." Sismondi 13
Esto es exacto sólo mientras éste [[el dinero]] está determinado como mero medio de
cambio. En su otro carácter propio significa también aumento de los medios de pago.)
"El comercio ha separado la sombra del cuerpo y ha introducido la posibilidad de poseerlos
separados" (Sismondi) 14. El dinero por consiguiente es ahora el valor de cambio vuelto
autónomo (y en cuanto tal él aparece como medio de cambio pero que siempre ha de
desaparecer) en su forma universal. Posee, es cierto, una corporeidad o sustancia particular,
oro y plata, y es precisamente esto lo que le confiere su autonomía, ya que lo que existe sólo
en relación con otro, como determinación o relación de otro, no es autónomo. Por otra parte,
en esta autonomía corpórea que tiene como oro y plata, representa no solamente el valor de
cambio de una mercancía respecto a otra, sino el valor de cambio respecto a todas las
mercancías; y mientras posee una sustancia propia, figura al mismo tiempo, en su existencia
particular de oro y plata, como el valor de cambio universal de las otras mercancías. Por un
lado se lo posee como valor de cambio de éstas; por el otro, las mercancías figuran como
otras tantas sustancias particulares de ese valor de cambio, de modo tal que éste puede ser

13 Cf. SISMONDI, Etudes etc., cit. t. II, p. 278.


14 Cf. ibídem, p. 300.
El dinero como representante material de la riqueza

transformado igualmente en cada una de estas sustancias mediante el cambio, en cuanto es


indiferente y está por encima del carácter determinado y la particularidad de ellas. Tales
mercancías son por lo tanto sólo existencias accidentales. El dinero, en cambio, es el “précis
de toutes les choses"a 15, en el que el carácter particular de éstas se extingue: es la riqueza
universal como conciso compendio frente a su difusión y fragmentación en el mundo de las
mercancías.
a "Compendio de todas las cosas"

Mientras en la mercancía particular la riqueza se presenta como un momento de ella o ella


como un momento particular de la riqueza, en el oro y en la plata la riqueza universal misma
se presenta concentrada en una materia particular.
132

Cada mercancía particular, en tanto es un valor de cambio, tiene un precio, expresa


solamente un determinado cuanto de dinero en una forma incompleta, ya que ella debe ser
ante todo puesta en circulación para ser realizada y, en razón de su particularidad, el que
sea realizada o no es siempre algo accidental. Pero mientras ella no existe como precio, sino
únicamente en su carácter determinado natural, sólo es entonces un momento de la riqueza
en virtud de su relación con una necesidad particular que ella satisface, y en esta relación
expresa 1) solamente la riqueza de uso; 2) solamente un lado totalmente particular de esta
riqueza. El dinero, en cambio, con prescindencia de su utilizabilidad como mercancía de
valor, es 1) el precio realizado 2) satisface cualquier necesidad en cuanto puede ser
cambiado por el objeto de cualquier necesidad, con absoluta indiferencia hacia cualquier
particularidad suya. La mercancía posee esta propiedad únicamente por mediación del
dinero. El dinero la posee directamente con respecto a todas las mercancías, y por lo tanto,
frente a todo el mundo de la riqueza, a la riqueza como tal. En el dinero, la riqueza universal
es no sólo una forma sino al mismo tiempo el contenido mismo. El concepto de riqueza es
por así decirlo realizado, individualizado en un objeto particular. En la mercancía particular
a, en cuanto ella es precio, la riqueza es puesta solamente como forma ideal, que aún no está

realizada.
a Aquí se inicia el cuaderno II, titulado "El capítulo sobre el dinero (continuación)". En el margen superior derecho de la página 1 se lee:

"(Excedente, acumulación)"

15 Cf. BOISGUILLEBERT, Dissertation etc., cit., p. 399.


CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

CUADERNO II

“El capítulo sobre el dinero (continuación)”

En cuanto posee un determinado valor de uso, la mercancía particular sólo representa un


lado de la riqueza misma, totalmente aislado. En el dinero, en cambio, el precio es realizado,
y su sustancia es la riqueza misma, tanto en su abstracción con respecto a sus modos
particulares de existencia, como en su totalidad. El valor de cambio constituye la sustancia
del dinero y el valor de cambio es la riqueza. El dinero es por ello, además, la forma
corporizada de la riqueza respecto de todas las sustancias particulares en las que ella
consiste. Si por un lado en el dinero, considerado en sí mismo, forma y contenido de la
riqueza son idénticos, por otro lado el dinero, en contraposición con todas las otras
mercancías, es respecto a ellas la forma universal de la riqueza, mientras la totalidad de
estas particularidades constituye su sustancia. Si el dinero de acuerdo con la primera
determinación es la riqueza misma, de acuerdo con la otra es el representante material
universal de la misma, En el propio dinero esta totalidad existe como un compendio mental
de las mercancías. La riqueza (valor de cambio como totalidad y como abstracción), sólo
existe por lo tanto individualizada como tal, con exclusión de todas las otras mercancías, en
el oro y en la plata, como un objeto tangible particular. El dinero es por ello el dios entre las
mercancías.
133

Como objeto tangible particular, el dinero puede ser accidentalmente buscado, encontrado,
robado, descubierto, y la riqueza universal puede llegar a ser tangiblemente posesión de un
individuo particular. De su figura de siervo en la que se presenta como simple medio de
circulación, se vuelve de improviso soberano y dios en el inundo de las mercancías.
Representa la existencia celestial de las mercancías, mientras que éstas representan su
existencia terrena. Cada una de las formas de la riqueza natural, antes de que ésta haya sido
transformada mediante el valor de cambio, supone una relación esencial del indíviduo con el
objeto, al punto que el individuo, por uno de sus aspectos, aparece él mismo objetivado en la
cosa, y al mismo tiempo su posesión de la cosa aparece como un determinado desarrollo de
su individualidad: la riqueza en ovejas, el desarrollo del individuo como pastor; la riqueza en
cereales, su desarrollo como agricultor, etc. El dinero, por el contrario, como el individuo de la
riqueza universal, como proveniente de la circulación y representante sólo de lo universal,
como resultado puramente social, no supone absolutamente ningún vínculo individual con
su poseedor. Su posesión no es el desarrollo de uno cualquiera de los lados esenciales de su
individualidad, sino que es sobre todo posesión de lo que está privado de individualidad, ya
que esta [[relación]] social existe al mismo tiempo como un objeto sensible, externo, del que
uno puede posesionarse mecánicamente o que puede igualmente perderse. Su vínculo con el
individuo se presenta por lo tanto como puramente accidental; mientras que este vínculo
con una cosa que no está conectada en modo alguno con su individualidad le confiere al
mismo tiempo, por el carácter de esa cosa, el dominio absoluto sobre la sociedad, sobre todo
el mundo de los goces, de los trabajos, etc. Es como si, por ejemplo, el hallazgo de una piedra
me procurase, independientemente de mi individualidad, la posesión de todas las ciencias.
La posesión del dinero me coloca respecto de la riqueza (social) completamente en la misma
relación en que me colocaría la piedra filosofal respecto de las ciencias.
El dinero es, por lo tanto, no sólo un objeto, sino el objeto, de la sed de enriquecimiento.
Esta es esencialmente aurisacra famesa, La sed de enriquecimiento en cuanto tal, como
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

forma particular de apetito, es decir como forma diferente del deseo de una riqueza
particular como por ejemplo el deseo de vestidos, armas, joyas, mujeres, vino, etc., es posible
únicamente cuando la riqueza universal, la riqueza como tal, es individualizada en un objeto
particular, es decir, cuando el dinero es puesto en su tercera determinación. El dinero por lo
tanto no es solamente el objeto, sino al mismo tiempo la fuente de la sed de
enriquecimiento. La sed de tener es posible también sin dinero.
134

La sed de enriquecimiento es en cambio ya el producto de un determinado desarrollo social,


no es algo natural, sino algo histórico. Y es por eso que surgen las lamentaciones de los
antiguos sobre el dinero como fuente de todos los males. La sed de placeres en su forma
universal y la avaricia son las dos formas particulares de la avidez de dinero. La sed
abstracta de placeres presupone un objeto que contenga la posibilidad de todos los placeres.
La sed abstracta de placeres efectiviza al dinero en su determinación de representante
material de la riqueza; y la avaricia, solamente en cuanto él es la forma universal de la
riqueza respecto de las mercancías como sustancias particulares suyas. Para retener el
dinero como tal, la avaricia debe sacrificar y renunciar a toda relación con los objetos de las
necesidades particulares, y así satisfacer la necesidad propia de la avidez de dinero como tal.
La avidez de dinero o la sed de enriquecimiento representan necesariamente el ocaso de las
comunidades antiguas. De ahí la oposición a ellas. El dinero mismo es la comunidad, y no
puede soportar otra superior a él. Pero esto supone el pleno desarrollo del valor de cambio y
por lo tanto una organización de la sociedad correspondiente a ellos. Entre los antiguos, el
valor de cambio no era el néxus rerumb; sólo se presenta de ese modo entre los pueblos
dedicados al comercio, los cuales sin embargo tenían sólo un carrying tradec y no una
producción propia. Por lo menos ésta era secundaria entre los fenicios, los cartagineses, etc.
Ellos podían vivir tan bien en los intersticios del mundo antiguo como los — hebreos en
Polonia o en el Medioevo. Más aún, este mismo mundo era el supuesto de la existencia de
tales pueblos comerciantes.
a Despreciable sed de oro. — b Nexo de las cosas. — C Comercio itinerante, que implica transporte de bienes

Esos pueblos, por otra parte, perecen sistemáticamente apenas entran en conflictos serios
con comunidades antiguas. Entre los romanos, los griegos, etc., el dinero aparece primero
naturalmente en sus dos primeras determinaciones, es decir como medida y como medio de
circulación, y en ambas en un grado no muy desarrollado. Pero apenas se desarrolla su
comercio, etc., o, como ocurrió entre los romanos, la conquista les aporta dinero en
cantidades masivas —resumiendo, de repente, en un cierto nivel de desarrollo económico el
dinero se presenta necesariamente en su tercera determinación y tanto más se desarrolla en
ella cuanto más [[se aproxima]] el ocaso de su comunidad. Para actuar productivamente, el
dinero, como hemos visto, debe ser en su tercera determinación no solamente un supuesto,
sino también un resultado de la circulación, y como su supuesto, ser también un momento
de la misma, algo que es puesto por ella. Entre los romanos, por ejemplo, que lo estaban
robando de todo el mundo, no era éste el caso. En la determinación simple del dinero mismo
está implícito que puede existir como momento desarrollado de la producción solamente allí
donde existe el trabajo asalariado, y que allí, en lugar de disolver la forma de la sociedad, el
dinero es más bien una condición de su desarrollo y una rueda motriz para el desarrollo de
todas las fuerzas productivas, materiales y espirituales.
135

En nuestros días, un individuo particular puede llegar por accidente a la posesión del dinero,
y la posesión del dinero puede así tener sobre él un efecto disolvente tal como lo tuvo en las
comunidades de los antiguos. Pero la disolución de este individuo en la sociedad moderna
no es otra cosa que el enriquecimiento de la parte productiva de esta última. El poseedor de
dinero, en el sentido antiguo, es disuelto por el proceso industrial al cual, sabiéndolo y
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

queriéndolo o no, él sirve. La disolución afecta solamente a su persona. Como representante


material de la riqueza universal, como el valor de cambio individualizado, el dinero debe ser
inmediatamente objeto, fin y producto del trabajo universal, del trabajo de todos los
individuos. El trabajo debe producir inmediatamente el valor de cambio, o sea dinero. Por
ello debe ser trabajo asalariado. La sed de enriquecimiento como impulso generalizado por
el cual todos quieren producir dinero, la crea solamente la riqueza universala. Sólo así la sed
universal de enriquecimiento puede convertirse en la fuente de la riqueza universal,
siempre renovadamente creada.
a En esta oración hay en edic. 1939 varios errores en las desinencias, que oscurecen su sentido

En cuanto el trabajo es trabajo asalariado, y su finalidad es inmediatamente el dinero, la


riqueza general es puesta como su objeto y finalidad. (En este contexto hablar de la cohesión
del sistema militar antiguo no bien se convierte en sistema mercenario.) El dinero como
finalidad se convierte aquí en el medio de la laboriosidad universal. La riqueza universal es
producida para posesionarse de su representante. De tal modo se abren las fuentes reales de
la riqueza. Porque al ser la finalidad del trabajo no un producto particular que está en una
relación particular con las necesidades particulares del individuo, sino el dinero, o sea la
riqueza en su forma universal, la laboriosidad del individuo pasa a no tener ningún límite; es
ahora indiferente a cualquier particularidad, y asume cualquier forma que sirva para ese fin;
es rica de inventiva en la creación de nuevos objetos destinados a la necesidad social, etc.
Resulta entonces claro que sobre la base del trabajo asalariado, la acción del dinero no es
disolvente, sino productiva, mientras que la entidad comunitaria antigua ya en sí misma está
en contradicción con el trabajo asalariado como fundamento general. Una industriosidad
universal es posible solamente allí donde cada trabajo produce la riqueza universal, no una
forma determinada de ella, por consiguiente, allí donde la retribución del individuo es
dinero. De otro modo son posibles solamente formas particulares de diligencia en la
producción. El valor de cambio como producto inmediato del trabajo es dinero como
producto inmediato de éste.
136

El trabajo inmediato, que produce el valor de cambio como tal, es por ello trabajo asalariado.
Allí donde el dinero no es él mismo la entidad comunitaria, disuelve necesariamente la
entidad comunitaria. El hombre antiguo podía comprar inmediatamente trabajo, por
ejemplo, un esclavo; pero el esclavo con su trabajo no podía comprar dinero. La difusión del
dinero podía hacer más costosos a los esclavos, pero no más productivo su trabajo. La
esclavitud de los negros —una esclavitud puramente industrial—, que desaparece sin más y
es incompatible con el desarrollo de la sociedad burguesa, presupone la existencia de tal
sociedad: si junto a esa esclavitud no existieran otros estados libres con trabajo asalariado,
todas las condiciones sociales en los estados esclavistas asumirían formas precivilizadas.
El dinero como valor de cambio individualizado, y por lo tanto como encarnación de la
riqueza, ha sido el objeto de la búsqueda alquimista. Es en esta determinación que figura en
el monetarismo (mercantilislno)a. La época antecedente al desarrollo de la sociedad
industrial moderna se inaugura con la sed universal de dinero, tanto de los individuos como
de los estados. El desarrollo real de las fuentes de riqueza avanza por así decirlo a sus
espaldas, como medio para adueñarse del representante de la riqueza. Allí donde el dinero
no deriva de la circulación —como en España— sino que se lo encuentra directamente,
empobrece a la nación, mientras que aquellas naciones que deben trabajar para
arrancárselo a los españoles desarrollan las fuentes de la riqueza y se enriquecen realmente.
El hallazgo, el descubrimiento del oro en nuevas zonas y países del mundo desempeña un
papel tan importante en la historia de la revoluciónb, por el hecho de que en este caso se
improvisa una colonización, que crece como planta de invernadero.
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

aEn el ms., "Merkantil" escrito arriba de "Monetarsystem". — b"Revolution"; edic. 1939, "Revaluation" ("revaluación")

La caza del oro conduce al descubrimiento de nuevas tierras, a la formación de nuevos


estados, y ante todo a la expansión de la masa de las mercancías que entran en circulación,
[[inducen]] nuevas necesidades y hacen entrar a lejanas zonas del mundo en el proceso del
intercambio y del metabolismo material. En este sentido el dinero fue también, como
representante universal de la riqueza, como valor de cambio individualizado, un doble
medio para ampliar la riqueza hasta la universalidad, y para extender las dimensiones del
cambio a toda la Tierra; para crear la verdadera universalidad del valor de cambio tanto en
cuanto a las materias como al espacio. Pero es propio de la determinación en la que aquí se
desarrolla, que la ilusión sobre su naturaleza, es decir, la fijación de una de sus
determinaciones en su abstracción, prescindiendo de las contradicciones en ella contenidas,
le confiera este significado realmente mágico, a espaldas de los individuos.
137

Y es precisamente en virtud de esta determinación íntimamente contradictoria y por ello


ilusoria, es por esta abstracción suya, que el dinero se convierte de hecho en un instrumento
tan formidable del desarrollo real de las fuerzas productivas sociales 1.
El supuesto elemental de la sociedad burguesa es que el trabajo produce inmediatamente el
valor de cambio, en consecuencia dinero, y que del mismo modo, el dinero también compra
inmediatamente el trabajo, y por consiguiente al obrero, sólo si él mismo, en el cambio,
enajena su actividad. Trabajo asalariado, por un lado, capital por el otro, son por ello
únicamente formas diversas del valor de cambio desarrollado y del dinero como su
encarnación. Por lo tanto el dinero es inmediatamente la comunidad, en cuanto es la
sustancia universal de la existencia para todos, y al mismo tiempo el producto social de
todos. Pero en el dinero, como ya vimos, la comunidad es para el individuo una mera
abstracción, una mera cosa externa, accidental, y al mismo tiempo un simple medio para su
satisfacción como individuo aislado. La comunidad antigua supone una relación totalmente
distinta del individuo consigo mismo. Por lo tanto, el desarrollo del dinero en su tercera
determinación la rompe. Toda producción es una objetivación del individuo. Pero en el
dinero (valor de cambio) la objetivación del individuo no se da en cuanto es puesto en su
carácter determinado natural, sino en cuanto es puesto en una determinación (relación)
social, que le es al mismo tiempo externa.

[Moneda y moneda mundial. (Articulación del sistema de la economía burguesa.


Representante material y forma general de riqueza. Acumulación del dinero (atesoramiento)]

El dinero puesto bajo la forma de medio de circulación es moneda. Como moneda ha perdido
su propio valor de uso; su valor de uso coincide con su determinación de medio de
circulación. Para poder servir de dinero como tal, debe, por ejemplo, ser ante todo vuelto a
fundir. Debe ser desmonetizado. Es por ello que, como moneda, es también un signo y es
indiferente a su materia. Pero como moneda pierde también su carácter universal, para
asumir uno nacional, local. Se fragmenta en moneda de distintos tipos según el material del
que está hecha, oro, cobre, plata, etc. Recibe un título político y habla por así decirlo una
lengua distinta en los distintos países. En fin, en un mismo país recibe distintas
denominaciones, etc. El dinero en su tercera determinación, en tanto dinero autónomo que
sale de la circulación y se le contrapone, niega también por consiguiente su carácter de

1 En el margen superior de la pá gina del manuscrito hay la anotació n "(trueque, venta comercio) tres grados del cambio

(Steuart)".
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

moneda. Se presenta de nuevo como oro y plata, tanto si es vuelto a fundir como metal
precioso, como si es estimado según el peso de sus fracciones de oro y de plata.
138 El dinero pierde también su carácter nacional y actúa como medio de cambio entre las
naciones, medio de cambio universal, pero no ya en cuanto signo, sino en cuanto
determinado cuanto de oro y de plata. Por ello, en el sistema de cambio internacional más
desarrollado, el oro y la plata se hacen presentes en la misma forma con la cual ya
desempeñan un papel en el trueque originario. Como ya lo dijimos, el oro y la plata, lo
mismo que el cambio, aparecen originariamente no en el interior de la esfera de una
comunidad social, sino allí donde ella termina, en sus confines, en los escasos puntos de
contacto que ella mantiene con otras comunidades. El metal resulta puesto como la
mercancía en cuanto tal, como la mercancía universal que conserva en todas partes su
carácter de mercancía. Por esa determinación formal vale uniformemente en todos los
lugares. Sólo así resulta el representante material de la riqueza universal. En el
mercantilismo el oro y la plata valen en efecto como medida de la potencia de las distintas
comunidades. "Apenas los precious metalsa se convierten en objects of commerceb, en
universal equivalent for everythingc, se convierten también en measure of power between
nationsd.
a Metales preciosos. — b Objetos de comercio. — c Equivalente universal de todas las cosas. — d Medida del poder de las distintas naciones

De aquí el mercantilismo" (Steuart)2 . Por más que los economistas modernos se sientan
muy superiores frente al mercantilismo, en períodos de crisis general el oro y la plata se
presentan exactamente en esta determinación, en el año 1857 tal como en el 1600. En este
carácter, el oro y la plata [[desempeñan]] un papel importante en la creación del mercado
mundial. Así [[actúa]] la circulación de la plata americana del oeste hacia el este; lo mismo,
el vínculo metálico de América con Europa, por un lado, con el Asia, por el otro, desde los
comienzos de la época moderna. En las comunidades primitivas este comercio con oro y
plata sólo era, al igual que el cambio en general, algo accesorio, ligado al excedente
superfluo. Pero en el comercio desarrollado, está puesto como un momento que se conecta
de manera esencial con toda la producción, etc. Aparece no a los fines del cambio de lo
superfluo, sino como saldo del excedente en todo el proceso del cambio internacional de
mercancías. El oro y la plata son ahora moneda, pero lo son en cuanto moneda mundial.
Como tal, ambos son esencialmente indiferentes a su determinación formal de medio de
circulación, mientras que su materia es todo. En tanto forma, el oro y la plata permanecen en
esta determinación como la mercancía accesible en todos los lugares, la mercancía como tal.
(En esta primera sección en la que consideramos los valores de cambio, el dinero y los
precios, las mercancías se presentan siempre como ya existentes. La determinación formal
es simple. Sabemos que ellas expresan las determinaciones de la producción social, pero que
ésta misma constituye su supuesto. Ellas, sin embargo, no son puestas en tal determinación:
Es así que, en realidad, el primer cambio se presenta como de lo superfluo únicamente, el
cual no engloba ni determina el todo de la producción.
139 Es el excedente tangible de una producción global que está fuera del mundo de los
valores de cambio. Así, incluso en la sociedad desarrollada, esto emerge a la superficie como
mundo de las mercancías inmediatamente tangibles. Pero a través de sí mismo remite más
allá de sí mismo, a las relaciones económicas que están puestas como relaciones de
producción. La articulación interna de la producción constituye por consiguiente la segunda
sección; su síntesis en el estado, la tercera; la relación internacional, la cuarta; el mercado

2 Cf. J. STEUART, An Inquiry, cit., vol. I, p. 327.


CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

mundial, la sección final, en la cual la producción está puesta como totalidad al igual que
cada uno de sus momentos, pero en la que al mismo tiempo todas las contradicciones se ven
en proceso. El mercado mundial constituye a la vez que el supuesto, el soporte del conjunto.
Las crisis representan entonces el síntoma general de la superación de [[ese]] supuesto, y el
impulso a la asunción de una nueva forma histórica.) "The quantity of goods and the
quantity of money may remain the same, and pricesa may rice or fall notwithstanding"b (es
decir, a causa de un aumento de expenditurec por parte de los monied capitalistsd, de los
rentistas de la tierra, de los funcionarios estatales, etc. Malthus, X, 43)3.
a"prices"; edic. 1939 "price" ("precio"). — b "La cantidad de bienes y la cantidad de dinero pueden permanecer constantes y los precios no
obstante pueden aumentar o disminuir". — c gastos. — d capitalistas monetarios

Como vimos, el dinero que como algo autónomo sale de la circulación y se le contrapone es
la negación (unidad negativa) de su determinación de medio de circulación y de medida*.
* En cuanto el dinero es medio de circulación "la cantidad del mismo que circula nunca puede ser utilizada
individualmente; siempre debe circular" (Stotch )4 . El individuo no puede utilizar el dinero sino en tanto lo enajena, en
tanto lo pone como ser para otro, en su determinación social. Tal como Storch señala correctamente, esta es una razón para
que la materia del dinero "no pueda ser indispensable a la existencia del hombre", como p. ej. cueros, sal, etc., que en
algunos pueblos sirven como dinero. Pues la cantidad de éste que se encuentra en circulación se pierde para el consumo.
Por esto los metales en general resultan preferibles como dinero frente a todas las otras mercancías, en primer término, y,
en segundo término, los metales preciosos resultan preferibles a aquellos que son usados como instrumentos de
producción. Storch expresa esto de una manera qüe es característica de los economistas al decir: la materia del dinero
debería "tener valor directo, pero fundado sobre una besoin factice"c(c necesidad de hecho). El economista llama besoin
factice en primer lugar a las besoins que surgen de la existencia social del individuo, en segundo lugar a aquellas que fluyen
de su mera existencia como objeto natural. Esto muestra la íntima y desesperada miseria que constituye el fundamento de
la riqueza burguesa y de su ciencia.

Hasta ahora, hemos desarrollado lo siguiente:


Primero: el dinero es la negación del medio de circulación como tal, de la moneda. Pero al
mismo tiempo la contiene como su determinación. negativamente, en cuanto puede siempre
volver a ser transformado en moneda; positivamente, como moneda mundial; pero como tal
aquél es indiferente a la determinación formal, y es esencialmente mercancía, mercancía
omnipresente, no determinada en el espacio.
140

Esta indiferencia se expresa de dos maneras: primero, en el hecho de que es dinero sólo
como oro y plata, no como signo, no con la forma de moneda. Por ello posee la façona que da
el estado al dinero en tanto lo convierte en moneda, vale decir, no posee ningún valor, salvo
el propio de su contenido metálico. Hasta en el comercio interno el dinero tiene un valor
sólo temporario, local, "porque no es más útil a aquel que lo posee que a quien posea las
mercancías adquiribles" 5. Cuanto más el comercio interno llega a estar globalmente
condicionado por el externo, tanto más se desvanece también el valor de esta façon: no
existe en el cambio privado sino que aparece solamente como impuesto. Luego: en tal calidad
de mercancía universal, de moneda mundial, no es necesario el retorno del oro y de la plata
al punto de partida, y tampoco, en general, la circulación como tal. Ejemplo: Asia y Europa.
De aquí provienen las lamentaciones de los partidarios del monetarismo sobre el hecho de
que entre los paganos el dinero desaparece sin refluir. (Véase Misselden, a [[bout]]b 1600)6 .
Cuanto más condicionada y englobada por la interna se encl!entre la circulación externa,

3 Cf. T. R. MALTHUS, Principies of Political Economy, 2a. ed., London 1836, p. 391, nota del editor William Otter, obispo de

Chichester. [Cf. en españ ol, Principios de Economía Política, F.C.E., 1946, secciones VIII y IX del cap. I del libro II. La nota se
encuentra en p. 327.] La indicació n "X, 43" hace referencia al cuaderno londinense X.
4 Cf. H. STORCH, Cours etc., cit., t. 11, pp. 113-114.
5 Cf. ibídem, p. 175.
6 Cf. [E. MISSELDEN] Free Trade, or, the Means to Make Trade Fiorish etc., London 1622, pp. 19-24. Extractos en un cuaderno

no numerado ni datado en Manchester en 1845; cf. MEGA 1/6, p. 610.


CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

más entra en circulación (rotación) la moneda mundial como tal. Pero este estadio superior
no nos interesa ahora, ni entra todavía en la relación simple que estamos considerando aquí.
Segundo: El dinero es la negación de sí como mera realización de los precios de las
mercancías, en la cual lo esencial sigue siendo siempre la mercancía particular. Se convierte
sobre todo en el precio realizado en sí mismo y, en cuanto tal, es el representante material de
la riqueza y a la vez la forma universal de la riqueza respecto a todas las mercancías como
simples sustancias particulares de ella; pero,
a forma. — b ahí/dador del, hacia el. — c necesidad de hecho

Tercero: el dinero es negado también en la determinación en la que es solamente la medida


de los valores de cambio. Como forma universal de la riqueza y como su representante
material, el dinero no es ya la medida ideal de otros, de los valores de cambio, puesto que él
mismo es la realidad adecuada del valor de cambio, y lo es en su existencia metálica. La
determinación de la medida debe ser puesta aquí en él mismo. El dinero es su propia unidad
y la medida de su valor, la medida de sí en cuanto riqueza, en cuanto valor de cambio, es la
cantidad que él representa de sí mismo. El monto de un cuanto de sí mismo, del cuantoa que
le sirve de unidad. Como medida, su monto era indiferente; como medio de circulación era
indiferente su materialidad, la materia de su unidad; como dinero, en esta tercera
determinación, es esencial su propio monta, como determinado cuanto material.
Presupuesta su cualidad de riqueza universal, no hay en él otra diferencia que la
cuantitativa.
141

Representa una mayor o menor parte de la riqueza universal según que, como cuanto
determinado de ésta, se la posea en mayor o menor monto. Al ser el dinero la riqueza
universal, uno es tanto más rico cuanto más dinero posee, y el único proceso importante es
su acumulación, tanto para el individuo como para las naciones. De acuerdo con su
determinación, se presenta aquí como saliendo de la circulación. Ahora, esta acción de
sustraerlo de la circulación, este amontonarlo, se presenta como el objeto esencial de la sed
de enriquecimiento y el proceso esencial del enriquecimiento. En el oro y en la plata poseo
la riqueza general en su forma pura y cuanto más los acumulo, tanto más me apropio de
riqueza universal. Si el oro y la plata representan la riqueza univei sal, como cantidades
determinadas la representan sólo en un determinado grado que es extensible al infinito.
Esta acumulación de oro y plata que se manifiesta como repetida sustracción de éstos de la
circulación, es al mismo tiempo el poner-a-resguardo la riqueza universal contra la
circulación, donde esa riqueza se va perdiendo continuamente en el cambio por una riqueza
particular, la cual finalmente desaparece en el consumo.
a "das" (relativo referido a "Quantum", "cuanto"); en edic. 1939, "die" (relativo referido a "Anzahl", "monto")

Entre todos los pueblos antiguos la acumulación de oro y de plata se presenta


originariamente como privilegio sacerdotal y real, ya que el dios y el rey de las mercancías
sólo corresponde a quien es dios y rey. Sólo ellos merecen poseer la riqueza como tal. Esta
acumulación sirve, además, de un lado sólo para ostentar la abundancia, o sea la riqueza
como algo extraordinario, festivo; para realizar ofrendas a los templos y a sus dioses; obras
de arte públicas; finalmente, como medio de reserva en el caso de necesidades
extraordinarias, para adquisición de armas, etc. Más tarde, entre los antiguos la acumulación
se convierte en una política. El erario público como fondo de reserva, y el templo son los
bancos primigenios en los que se conserva el Santísimo. El acumular y atesorar [[alcanza]]
su máximo desarrollo en los bancos modernos, pero en este caso con una determinación
más desarrollada. Por otra parte, entre los particulares este atesoramiento adopta la forma
más estricta del poner-a-resguardo la riqueza frente a los acontecimientos cambiantes del
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

mundo externo, vale decir, adopta la forma del enterramiento, etc., adquiriendo así una
relación verdaderamente secreta con el individuo. Esto en escala históricamente aun mayor
en Asia. Se repite en todos los pánicos, guerras, etc., en la sociedad burguesa, la que en estos
casos vuelve a caer en el estado de barbarie. Lo mismo vale para la acumulación de oro, etc.,
bajo la forma de joyas y de objetos preciosos, entre los semibárbaros.
142

Pero una parte muy grande y cada vez mayor de oro bajo la forma de objetos de lujo es
sustraída de la circulación en el nivel más desarrollado de la sociedad burguesa (véase
Jacob, etc.) 7 . En tanto el dinero es representante de la riqueza universal, ya el hecho de
conservarlo sin devolverlo a la circulación, y de dedicarlo a necesidades particulares, es una
testificación de la riqueza de los individuos. Y en la misma medida en la que el dinero se
desarrolla en sus distintas determinaciones, vale decir, en que la riqueza como tal deviene el
criterio de medida general del valor del individuo, se desarrolla también la tendencia a su
ostentación, y por lo tanto una displaya de oro y plata como representante de la riqueza: así,
el señor von Rothschild tiene colgados como su digno blasón creo que dos billetes
enmarcados de 100.000 £. La ostentación bárbara del oro, etc., es sólo una forma más
ingenua que esta moderna, en cuanto está menos ligada al oro como dinero. Aquí se trata
todavía de su simple esplendor. Allí, del brillo reflejado. Y este brillo está en el hecho de que
el oro no es usado como dinero; aquí, lo importante es la forma contrapuesta a la
circulación.
aExposición

La acumulación de todas las otras mercancías es menos originaria que la del oro y la plata:
1) a causa de su carácter perecedero. Frente a todas las otras mercancías, los metales
representan en sí la duración, y también su acumulación ya es preferida [por] su mayor
rareza y [por] su carácter excepcional de instrumentos de producción par excellence. Los
metales preciosos, por no ser oxidables al aire, etc., son a su vez menos perecederos que los
no preciosos. En las otras mercancías lo que se pierde es precisamente su forma, pero esta
forma es también la que les confiere el valor de cambio, mientras que el valor de uso
consiste en la supresión de tal forma, o sea en el consumo. En el dinero, en cambio, es su
sustancia, su materialidad la que constituye la forma misma en la que él representa la
riqueza. Si ya el dinero es en todas partes mercancía universal desde el punto de vista
espacial, lo es ahora también desde el punto de vista temporal. Se conserva como riqueza en
todo tiempo. Posee una duración específica. Es el tesoro que no roen las polillas ni el orín.
Todas las, mercancías son únicamente dinero perecedero; el dinero es la mercancía
imperecedera. El dinero es la mercancía omnipresente; la mercancía es sólo dinero local.
Pero la acumulación es esencialmente un proceso que se desarrolla en el tiempo. En este
sentido, dice Petty:
"El efecto mayor y final del comercio no es la riqueza en general, sino prevalentemente una
abundancia de plata, oro y joyas, los cuales no son perecederos ni tan mutables como las
otras mercancías, sino riqueza en todos los tiempos y en todos los lugares. Vino, grano, aves,
carne, etc., en abundancia son por cierto riquezas, pero hic et nunca... Es por ello que la
producción de aquellas mercancías y los efectos de aquel comercio que procuran oro y plata
a un país son más ventajosos que otros" (p. 3) 8."
aAquí y ahora
143

7 Cf. JACOB, An Historical Inquiry etc., cit., vol. II, pp. 271-273.
8 Cf. W. PETTY, Political Arithmetick etc., cit., pp. 178-179. La indicació n "p. 3" se refiere al citado cuaderno de extractos.
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

Si a través de los impuestos, se toma el dinero de aquel que lo gasta en comer y beber, y se le
da a alguien que lo utiliza en el mejoramiento de la tierra, en la pesca, en la explotación de
minas, en manufacturas y hasta en vestimentas, siempre habrá un beneficio para la
comunidad, puesto que .ni siquiera las ropas son tan perecederas como las vituallas. Si se
utiliza el dinero para el equipamiento de casas, la ventaja es un poco mayor; si es para la
construcción de casas, lo es todavía más; si es para el mejoramiento del campo, la
explotación de minas y la pesca, lo es más aún; y lo es al máximo cuando se invierte en la
introducción al país de oro y de plata, porque únicamente estas cosas no son perecederas,
sino que en todos los tiempos y lugares son consideradas como riqueza" (p. 5). Así opinaba
un escritor del siglo XVII. Se ve cómo la acumulación del oro y de la plata recibía su
verdadero stimulusa al concebírselos como representantes materiales y forma universal de
la riqueza. El culto del dinero tiene su ascetismo, sus renuncias, sus sacrificios: la frugalidad
y la parsimonia, el desprecio por los placeres mundanos, temporales y fugaces, la búsqueda
del tesoro eterno. De aquí deriva la conexión del puritanismo inglés o también del
protestantismo holandés con la tendencia a acumular dinero. Un escritor de comienzos del
siglo XVII (Misselden) expresa con mucha ingenuidad la cuestión en estos términos:
a Estímulo

"La materia natural del comercio es la mercancía, la artificial es el dinero. Aunque el dinero,
en la naturaleza y en el tiempo, viene después de la mercancía, según el uso actual se ha
convertido sin embargo en lo esencial." Compara esto con los dos hijos del viejo Jacob, que
puso la mano derecha sobre el más joven y la izquierda sobre el más viejo (p. 24)9. "Entre
nosotros se consume una excesiva abundancia de vino de España, de Francia, del Rin, del
Levante, de las islas; las pasas de uva de España y de Corinto, las finas telas del Henao, y de
los Países Bajos, las sedas de Italia, azúcar y tabaco de las Indias Occidentales, las especias
de las Indias Orientales, todo esto no nos es necesario, y sin embargo lo comprarnos a
cambio de dinero contante y sonante. Si hubiera menor venta de productos extranjeros y
fuera mayor la de productos nacionales, el excedente debería afluir a nosotros bajo la forma
de oro y de plata, como tesoro" (I.c.)10. Los economistas modernos, como es natural,
ridiculizan tales argumentos en la parte general de la economía. Pero si se considera la
temerosa ansiedad [[presente]] en la doctrina del dinero, en particular, y el miedo febril con
que se vigila en la práctica el flujo y el reflujo del oro y de la plata en los períodos de crisis,
entonces se ve que el dinero, en la determinación ingenuamente unilateral con que la
concebían los partidarios del monetarismo y del mercantilismo, mantiene aún todas sus
prerrogativas, no sólo idealmente sino como categoría económica real.
144

La antítesis que representan las necesidades reales de la producción frente a esta


supremacía del dinero, [[es expresada]] de la manera más convincente por Boisguillebert.
(Véanse los párrafos sorprendentes en mi cuaderno)11

[Atesoramiento y acumulación del capital. Articulación del capítulo del dinero. Transformación
de la ley de apropiación]

2) La acumulación de otras mercancías, con prescindencia de su carácter perecedero,


es, en dos aspectos, esencialmente distinta de la acumulación del oro y de la plata, que se

9 Cf. [E. MISSELDENI Free Trade etc., cit., p. 7. La indicació n "p. 24" se refiere al citado cuaderno de extractos.
10 Cf. ibídem, pp. 12-13.
11 Es el cuaderno VIII, publicado en MEGA 1/3, pp. 563-583. Cf. en particular las pp. 566-567 y 568-579.
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

identifican aquí con el dinero. Primero, la acumulación de otras mercancías no tiene el


carácter de acumulación de riqueza en general, sino de riqueza particular y por esto es ella
misma un acto particular de producción, lo cual no tiene lugar en la simple acumulación.
Amontonar trigo requiere instalaciones especiales, etc., y acumular ovejas no significa
convertirse en pastores. Así, acumular esclavos o tierras hace necesarias relaciones de
dominación y servidumbre. Todo esto requiere por lo tanto actos distintos y relaciones
determinadas no necesarias para el simple acumular, para el aumento como tal de la
riqueza. Por otra parte, para realizar la mercancía acumulada como riqueza universal, para
apropiarse de la riqueza en todas sus formas particulares, debo ejercer el comercio con la
mercancía particular que he acumulado, [[y convertirme en]] comerciante en granos, en
ganado, etc. El dinero me exime de todo esto, porque él es el representante universal de la
riqueza.
La acumulación de oro y de plata, de dinero, es el primer fenómeno histórico del acopio de
capital y es el primer medio para ello; pero como tal ella no es todavía acumulación de
capital. Para esto debería darse la vuelta de lo acumulado a la circulacion como momento y
medio de la acumulación.
En su última y completa determinación el dinero se presenta entonces en todos los sentidos
como una contradicción que se resuelve en sí misma, que impulsa a su propia resolución. A
él, como forma universal de la riqueza, se le contrapone todo el mundo de las riquezas reales.
El es la pura abstracción de esas riquezas, y por ello, fijado de esta forma, es una pum
ilusión. Mientras que la riqueza parece existir bajo una forma del todo material y tangible
como tal, el dinero existe simplemente en mi mente, és una pura quimera. Midas. Por otra
parte, como representante material de la riqueza universal es efectivizado sólo en cuanto es
puesto nuevamente en circulación, y desaparece frente a los distintos modos particulares de
la riqueza.
145

En la circulación el dinero permanece como medio de circulación, pero para el individuo que
acumula aquél se pierde, y esta desaparición es el único modo posible de asegurarlo como
riqueza. La disolución de lo acumulado en goces particulares constituye su realización.
Puede luego ser de nuevo acumulado por otros individuos, pero entonces también el
proceso vuelve a recomenzar. Yo puedo poner realmente su ser para mí sólo en la medida en
que lo dejo ir como ser para otro. Si decido retenerlo se me escurrirá de entre las manos
hasta convertirse en un simple fantasma de la riqueza real. Además: su acrecentamiento a
través de la acumulación, por ser su propia cantidad la medida de su valor, se muestra
también una idea falsa. Si las otras riquezas no se acumulan, él mismo pierde su valor en la
medida en que se acumula. Lo que aparece como su acrecentamiento es en realidad su
disminución. Su autonomía es solamente una apariencia; su independencia de la circulación
no es en realidad otra cosa que una forma de consideración hacia ella, y por lo tanto un
modo de su dependencia. El dinero pretende ser mercancía universal, pero por su
particularidad natural, es de nuevo una mercancía particular, cuyo valor, de un lado,
depende de la oferta y la demanda, del otro, cambia con sus costos de producción
específicos. Y como él mismo se encarna en oro y en plata, en cada forma real deviene
unilateral, de manera tal que si por un lado se presenta como dinero, del otro se presenta
como mercancía particular y viceversa, y así cada lado se presenta en ambas
determinaciones. En tanto es l[a] riqueza del todo independiente de mi individualidad, lo
absolutamente seguro, es, al mismo tiempo, lo absolutamente inseguro y completamente
externo a mí, que puede ser separado de mí por cualquier evento fortuito. Lo mismo vale
para sus determinaciones, del todo contradictorias, de medida, de medio de circulación y
dinero como tal. Finalmente, en esta última determinación el dinero se contradice aun
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

porque debe representar el valor como tal, allí donde en realidad representa solamente un
cuanto idéntico de valor variable. Por ello se suprime a sí mismo como valor de cambio
acabado.
Como simple medida, ya es negado en sí en cuanto medio de circulación; y como medida es
ya negado en sí en cuanto dinero. Su negación en la última determinación es por tanto al
mismo tiempo su negación en las dos precedentes. Negado como mera forma universal de la
riqueza, está obligado a realizarse en las sustancial particulares de la riqueza real. Pero
mientras de este modo se confirmaa realmente como representante material de la totalidad
de la riqueza, al mismo tiempo debe mantenerse como la forma universal. Su entrada en la
circulación debe ser también un momento de su permanecer-dentro-de-sí, y este
permanecer-dentro-de-sí también un entrar en la circulación. Lo cual quiere decir que como
valor de cambio realizado él puede ser puesto al mismo tiempo como proceso en el que se
realiza el valor de cambio.
146

Es al mismo tiempo negación de sí como forma puramente de cosa, como forma de la


riqueza accidental y externa a los individuos. Antes bien, debe presentarse como producción
de la riqueza y ésta como resultado de las relaciones recíprocas de los individuos en la
producción.
a "so sich wicklich", en el ms., "so sich wirkliCh"

El valor de cambio por lo tanto está determinado ahora como proceso, no ya como cosa
simple, para la cual la circulación es solamente movimiento extrínseco o que tiene una
existencia individual en una materia particular: como referencia a sí mismo a través del
proceso de la circulación. Por otra parte la circulación misma no es ya únicamente el simple
proceso de cambio de mercancía por dinero y dinero por mercancía, no es ya simplemente el
movimiento de mediación con vistas a realizar los precios de las diferentes mercancías, a
equipararlas recíprocamente como valores de cambio, movimiento en el que los dos
aspectos aparecen fuera de la circulación: por un lado el valor de cambio presupuesto, la
sustracción definitiva de la mercancía a través del consumo y por tanto la aniquilación del
valor de cambio, por el otro la sustracción del dinero, su autonomización respecto a su
sustancia, que es también una forma distinta de su aniquilación. El valor de cambio mismo
—y no ya el valor de cambio en general sino el valor de cambio medido—, en cuanto
supuesto debe presentarse como puesto por la circulación, y en cuanto puesto por esta
última debe presentarse como su supuesto. El proceso de circulación debe presentarse
igualmente como proceso de producción de los valores de cambio. Tenemos por
consiguiente por un lado el retorno del valor de cambio al trabajo, por el otro el retorno del
dinero al valor de cambio, el cual sin embargo es puesto ahora en una determinación
profundizada. En la circulación el precio determinado está supuesto, y ella lo pone en
términos de dinero sólo formalmente. El carácter determinado del valor de cambio mismo, o
la medida de los precios, debe ahora presentarse él mismo como acto de la circulación.
Puesto así, el valor de cambio es el capital, y la circulación es puesta al mismo tiempo como
acto de la circulación.
A retomar: En la circulación, tal como se ha presentado en tanto circulación del dinero, está
siempre supuesta la simultaneidad de los dos polos del cambio. Pero puede surgir una
diferencia temporal entre la existencia de las mercancías a cambiar. Puede estar en la
naturaleza de los procesos recíprocamente referidos que uno ocurra hoy mientras que el
correlativo se produzca un año después, etc. "En la mayor parte de los contratos", dice
Senior, "es solamente una de las partes contratantes la que dispone de la mercancía y la
cede; y para que el cambio se produzca es necesario cederla de inmediato bajo la condición
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

de recibir el equivalente sólo en una fecha posterior. Y dado que el valor de todas las cosas
cambia en un determinado espacio de tiempo, se adopta como medio de pago aquella cosa
cuyo valor cambia mínimamente, que conserva el mayor tiempo posible una capacidad
media dada de adquirir cosas.
147

De tal manera, el dinero se convierte en expresión o representante del valor"12 . Según esto, la
última determinación del dinero no se conectaría para nada con las precedentes. Pero esto
es falso. Sólo cuando el dinero es puesto como representante autónomo del valor, los
contratos no son más estipulados, por ejemplo, en cantidad de trigo o en servicios a
prestarse. (Esto último, por ejemplo, caso general en el feudalismo). Según una reflexión del
señor Senior el dinero posee una "capacidad media más amplia" de afirmar su valor. The fact
isa que como material universal de los contratos (mercancía universal de los contratos, lo
llama Bailey)13 el dinero es asumido como mercancía universal, representante de la riqueza
universal (dice Storch)14 , valor de cambio autonomizado. El dinero debe estar ya muy
desarrollado en sus dos primeras determinaciones para poder presentarse en la tercera con
este papel en tal grado de universalidad. Pero de hecho nosotros vemos que si bien la
cantidad de dinero permanece uniformemente igual, su valor cambia; que en general como
cuanto determinado está subordinado a la variabilidad de todos los valores. Aquí su
naturaleza de mercancía particular se hace valer contra su determinación universal. [[Al
dinero]] como medida, el cambio le es indiferente ya que "en un medio cambiante pueden
siempre expresarse dos relaciones distintas respecto a él, del mismo modo que en un medio
constante"15. También como medio de circulación el cambio le es indiferente, ya que su
cantidad como tal es puesta a través de la medida. Pero como dinero, tal cual figura en los
contratos, el cambio le es esencial ya que es en esta determinación donde se ponen de
manifiesto sus contradicciones.
A retomar en secciones particulares:
1) Dinero como moneda. Breve sumario sobre la naturaleza del numerario; 2) Noticias
históricas sobre las fuentes de aprovisionamiento de oro y de plata, sobre su
descubrimiento, etc. Historia de su producción; 3) Causas de las variaciones del valor de los
metales preciosos y por consiguiente del dinero metálico; efectos de estas variaciones sobre
la industria y sobre las distintas clases; 4) Sobre todo: quantity de la circulación con
referencia al aumento y a la disminución de los precios (siglo XVI, siglo XIX). Pero ver
también de qué modo el dinero como medida es afectado por un aumento de quantity, etc.;
5) Sobre la circulación: velocidad, cuanto necesario, efecto de la circulación; más, menos
desarrollada, etc.; 6) Efectos disolventes del dinero.
(Esto a retomar.) (Incluir aquí las investigaciones específicamente económicas.)
148

(El peso específico del oro y de la plata, su capacidad de contener mucho peso en un
volumen relativamente pequeño, as compared with other metalsa , se repite en el mundo de
los valores como capacidad de contener un gran valor (tiempo de trabajo) en un espacio
proporcionalmente pequeño. El tiempo de trabajo realizado en ellos, el valor de cambio, es
el peso específico de la mercancía. Esto convierte a los metales preciosos en particularmente
aptos para los fines de la circulación (ya que se puede llevar en el bolsillo una porción

12 Cf. N. SENIOR, Principes fondamentaux de l'économie politique, tirés de leeons édites et inédites. Par le comte J. Arrivabene,

Paris 1836, pp. 116-117. Extractos en un cuaderno no numerado y redactado ca. febrero-marzo de 1845 en Bruselas: cf. MEGA
1/6, p. 614.
13 Cf. [S. BAILEYI Money and Its Vicissitudes in Value etc., London 1837, pp. 9-11. Extractos en el cuaderno londinense V.
14 Cf. H. STORCH, Cours etc., cit., t. II, p. 135.
15 Cf. [S. BAILEYI Money etc., cit., pp. 9-11.
CUADERNO II. El capítulo sobre el dinero (continuación)

significativa de valor) y de la acumulación, ya que se puede poner a resguardo y acumular


un gran valor en un espacio restringido. El oro [no] se transforma durante la acumulación,
como el hierro, el plomo, etc. Sigue siendo lo que es.)
"Si España nunca hubiera poseído las minas de México y del Perú no habría tenido nunca
necesidad del grano de Polonia" (Ravenstone)16 .
"Illi unum consilium habent et virtutem et potestatem suam bestia. tradentb . . Et ne quis possit
emere aut vendere, nisi qui habet characterem aut nomen bestiœ, aut numerum nominis ejus"
(Apocalipsis, Vulgata)c. "Las cantidades correlativas de mercancías que se ceden una a
cambio de la otra constituyen el precio de la mercancía" (Storch). "El precio es el degré de la
valeur échangeable"d. (I.c.)17
a En comparación con otros metales. — b "tradunt"; edic. 1939 "tradent". — c "Estos tienen un consejo y darán su potencia y autoridad a la

bestia... Y que ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviera la señal, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre". — d
Grado del valor cambiable

Como hemos visto, en la circulación simple como tal (en el valor de cambio en su
movimiento) la acción recíproca de los individuos es, desde el punto de vista del contenido,
sólo una mutua e interesada satisfacción de sus necesidades, y desde el punto de vista de la
forma es un intercambio, un poner como iguales (equivalentes). De tal modo la propiedad
también es puesta aquí únicamente como apropiación del producto del trabajo a través del
trabajo y del producto del trabajo ajeno a través del propio trabajo, en cuanto el producto
del trabajo propio es comprado mediante el trabajo ajeno. La propiedad del trabajo ajeno es
mediada por el equivalente del propio trabajo. Esta forma de propiedad —así como la
libertad y la igualdad— está puesta en esta simple relación. En el desarrollo ulterior del
valor de cambio todo esto cambiará y se mostrará finalmente que la propiedad privada del
producto del propio trabajo se identifica con la separación de trabajo y propiedad. De este
modo el trabajo será = a crear propiedad ajena, y la propiedad, a dominar trabajo ajeno.

16 Cf. P. RAVENSTONE, Thoughts on the Funding System, and Its Effects, London 1824, p. 20. Extractos en el cuaderno

londinense IX.
17 Cf. H. STORCH, Cours etc., cit., t. I, pp. 72-73.
El dinero como Capital

[III.] EL CAPITULO DEL CAPITAL


150

"El capı́tulo del capital" (inicialmente denominado "El capı́tulo del dinero en cuanto capital") comprende los
cuadernos II (excepto las primeras 7 pá ginas), III, IV, VI y VII.

Las fechas de redacció n de los cuadernos son:


Cuaderno II : ca. noviembre de 1857.
Cuaderno III : 29 de noviembre a ca. mediados de diciembre de 1857.
Cuaderno IV : ca. mediados de diciembre de 1857 hasta el 22 de enero de 1858.
Cuaderno V : 22 de enero de 1858 hasta ca. comienzos de febrero de 1858.
Cuaderno VI : ca. febrero de 1858.
Cuaderno VII : Fines de febrero. Marzo y fines de mayo/comienzos de junio de 1858.

151

EL DINERO COMO CAPITAL

"Dé s les premiers pas de la civilisation les hommes ont fixé la valeur d'é change des produits
de leur travail, non par comparaison avec les produits offerts en échange, mais par leur
comparaison avec un produit pré fé ré ." (Ganilh, 13, 9.)a 1.
a "Desde los primeros pasos de la civilizació n los hombres han fijado el valor de cambio de los productos de su
trabajo, compará ndolos no con los productos ofrecidos en cambio, sino con un producto preferido"

Intercambio simple. Relaciones entre los que intercambian. Armonías de la igualdad, de la


libertad, etc. (Hastial, Proudhon)
Lo que vuelve particularmente difı́cil la comprensió n del dinero en su pleno cará cter
determinado consiste en que aquı́ una relació n social, determinado vı́nculo entre los
individuos, aparece como metal, como piedra, como objeto plenamente corpó reo, existente
al margen de esos individuos y al que se encuentra como tal en la naturaleza; resulta
imposible, en su estado natural, distinguir en é l aquella determinació n formal. La economı́a
polı́tica procura eludir esas dificultades mediante el olvido de una de las determinaciones
del dinero tras la otra: cuando se le presenta la de má s aquı́, echa mano a la de má s allá . El
oro y la plata no son dinero en sı́ y para sı́. La naturaleza no produce dinero alguno, de— la
misma manera que no produce un curso cambiario ni banqueros. Aunque en Perú y Mé xico
encontramos un sistema de producció n desarrollado, el oro y la plata no servı́an como
dinero, sino que aparecen como adorno. Entre las propiedades naturales del oro y de la plata
no se cuenta la de ser dinero, y por ello el fı́sico, el quı́mico, etc., desconocen totalmente esa
cualidad. El dinero no obstante, es directamente oro y plata. En cuanto medida, la

1 Cf. CH. GANILH, Des systémes d'économie politique etc., Paris 1809, t. II, pp. 64-65. Extractos en un cuaderno no numerado

ni datado, pero cuya redacció n es aproximadamente de abril-mayo de 1846 en Bruselas, y titulado por Marx "Geschichte der
Nationakö konomie"; cf. MEGA 1/6, p. 605.
III. El capítulo del capital

determinació n formal del dinero es decisiva; aun má s como moneda, donde esto se
manifiesta exteriormente en su cuñ o; pero en su tercera determinació n, vale decir en su
plenitud, cuando ser medida y moneda aparecen só lo como funciones del dinero, toda
determinació n formal se desvanece o coincide directamente con la condició n metá lica del
dinero. En el dinero no se pone en absoluto de manifiesto que la determinació n de ser
difiero sea meramente el resultado del proceso social; el metal es dinero. Y ello tanto má s
categó ricamente, por cuanto su valor directo de uso, desde el punto de vista del individuo
vivo, no guarda relació n alguna con su funció n; en general só lo se ve el dinero como la
encarnació n del valor de cambio puro, de la cual se ha borrado el recuerdo mismo de otro
valor, el de uso. Se presenta aquı́, en toda su pureza, la contradicció n fundamental contenida
en el valor de cambio y en el modo de producció n social correspondiente al mismo.
152

Ya se han criticado má s arriba los intentos de superar esa contradicció n, intentos de los
cuales es el ú ltimo el bono de trabajo y que consiste en despojar al dinero de su forma
metá lica y ponerlo, incluso exteriormente, como algo puesto por la sociedad, como expresió n
de una relació n social. Hoy en dı́a debe quedar completamente claro que mientras se
conserve la base del valor de cambio esos proyectos no pasará n de chapucerı́as y que, la
ilusió n de que el dinero metá lico falsea el intercambio deriva de un desconocimiento total en
lo que se refiere a la naturaleza del dinero. Igualmente claro es, por otra parte, que a medida
que crece la contradicció n entre las relaciones de producció n dominantes, a Medida que
é stas pugnan má s violentamente por mudar de envoltura, la polé mica se centra en el dinero
metá lico o en el dinero en general, ya que, de los fenó menos en que se manifiesta
tangiblemente el sistema, es el del dinero el má s palpable, contradictorio y crı́tico. Mediante
toda suerte de artificios aplicados al dinero, simple manifestació n meridiana de las
contradicciones, se deberı́a, pues, abolir é stas. Igualmente claro es que se pueden practicar
las má s variadas operaciones revolucionarias con el dinero, mientras estos ataques dejan
todo lo demá s como está y só lo parecen aspirar a algunas rectificaciones. De modo que se
pega a la bolsa mientras se afirma que se le pega al burro. Pero si el burro en la bolsa no
siente los golpes, só lo se le pega a la bolsa, no al burro. Si los siente, al que se aporrea es al
burro, no a la bolsa. Mientras las medidas se dirijan contra el dinero como tal, se trata tan
só lo de un ataque a consecuencias cuyas causas subsisten; de ahı́ una perturbació n del
proceso productivo, que posee la base só lida y tambié n la fuerza para enfrentar y dominar
meras perturbaciones pasajeras, mediante una reacció n má s o menos violenta.
Por lo demá s, en la determinació n de la relació n monetaria, desarrollada hasta aquı́ en
estado puro y haciendo abstracció n de relaciones productivas má s desarrolladas; en las
relaciones monetarias, decı́amos, concebidas en su forma simple, todas las contradicciones
inmanentes de la sociedad burguesa parecen borradas. Esto se convierte en refugio de la
democracia burguesa, y má s aú n de los economistas burgueses (é stos por lo menos son tan
consecuentes que retroceden hasta definiciones aun má s elementales del valor de cambio y
del intercambio), para hacer la apologı́a de las relaciones econó micas existentes. En efecto,
en la medida en que la mercancı́a o el trabajo está n determinados meramente como valor de
cambio, y la relació n por la cual las diferentes mercancı́as se vinculan entre sı́ se presenta
só lo como intercambio de estos valores de cambio, como su equiparació n, los individuos o
sujetos entre los cuales transcurre ese proceso se determinan sencillamente como
intercambiantes. No existe absolutamente ninguna diferencia entre ellos, en cuanto a la
determinació n formal, que es tambié n la determinació n econó mica, la determinació n
ajustá ndose a la cual se ubican esos individuos en la relació n de intercambio; el indicatora de
su funció n social o de su relació n social mutua.
a Indice, indicador
153
El dinero como Capital

Cada sujeto es un intercambiante, esto es, tiene con el otro la misma relació n social que é ste
tiene con é l. Considerado como sujeto del intercambio, su relació n es pues la de igualdad.
Imposible es hallar entre ellos cualquier diferencia o aun contraposició n, ni siquiera una
disparidad. Por añ adidura, las mercancı́as que esos individuos intercambian son
equivalentes —en cuanto valores de cambio—, o al menos pasan por tales (só lo puede
producirse un error subjetivo en la valoració n recı́proca, y si un individuo trampea en algo a
otro, ello no se debe a la naturaleza de la función social en la que ambos se enfrentan, pues
é sta es la misma, en ella son los dos iguales, sino só lo [a] la astucia natural, el arte de la
persuasió n, etc.; en suma, só lo a la pura superioridad individual de un individuo sobre el
otro. La diferencia serı́a natural, no afectarı́a la ı́ndole de la relació n en cuanto tal; como se
señ alará en el curso ulterior de esta exposició n, esa diferencia incluso se debilita con la
competencia, etc., y se la despoja de su fuerza original). En lo tocante a la forma pura, a la
cara econó mica de la relació n, nos encontramos con tres elementos formalmente diferentes
(acotemos que el contenido, fuera de esa forma, cae aquı́ completamente al margen de la
economı́a, o es puesto como contenido natural, diferente del econó mico, y de é l puede
decirse que está completamente separado de la relació n econó mica, porque aú n coincide
inmediatamente con ella): los sujetos de la relació n, o sea los individuos que intercambian,
puestos en idé ntica determinació n; luego los objetos de su intercambio, o sea los valores de
cambio o equivalentes, que no só lo son iguales, sino que deben serlo expresamente, y que
como iguales está n puestos; por ú ltimo, el propio acto del intercambio, la mediació n a travé s
de la cual los sujetos está n puestos precisamente como individuos que intercambian, como
iguales, y sus objetos como equivalentes, tambié n iguales. Los equivalentes constituyen la
objetivació n de un sujeto para el otro; vale decir que é stos valen igual y se confirman en el
acto del intercambio como equivalentes y, al mismo tiempo, como indiferentes entre sı́. Los
sujetos existen mutuamente en el intercambio só lo merced a los equivalentes; existen como
seres de valor igual y se confirman en cuanto tales mediante el cambio de la objetividad, en
donde uno existe para el otro. Existen unos para los otros só lo como sujetos de igual valor,
como poseedores de equivalentes y como garantes de esta equivalencia en el intercambio, y
al mismo tiempo que equivalentes, son indiferentes entre sı́; sus restantes diferencias
individuales no les atañ en; todas sus demá s cualidades individuales les son indiferentes.
154

En lo que se refiere al contenido exterior al acto del cambio —acto que a la vez pone y
garante los valores de cambio y los sujetos como individuos que intercambian-1 ese
contenido, que cae fuera de la categorı́a econó mica formal, só lo puede ser: 1) la
particularidad natural de la mercancı́a cambiada; 2) la necesidad natural especı́fica de los
individuos que intercambian; o ambas, resumidas en el diferente valor de uso de las
mercancı́as intercambiadas. Este contenido del intercambio, completamente ajeno a su
determinació n econó mica, lejos de amenazar la igualdad social de los individuos, convierte
má s bien su disparidad natural en fundamento de su igualdad social. Si el individuo A
tuviera la misma necesidad que el individuo B y su trabajo se hubiera realizado en el mismo
objeto que el del individuo B, no existirı́a entre ellos relació n econó mica alguna; desde el
punto de vista de su producció n, ho se tratarı́a de individuos diferentes. Ambos tienen la
necesidad de respirar; para ambos existe .el aire como atmó sfera; esto no suscita contacto
social alguno entre el uno y el otro. Como individuos que respiran, la vinculació n que se crea
entre los dos es meramente la de cuerpos naturales, no la de personas. Es la diversidad de
sus necesidades y de su producció n lo que da margen a su intercambio y a su igualació n
social. Esta disparidad natural constituye, pues, el supuesto de su igualdad social en el acto
del intercambio y de la propia vinculació n que establecen entre sı́ como productores. Desde
el punto de vista de esta diversidad natural el individuo [a] es considerado como poseedor
de un valor de uso para B, y B como poseedor de un valor de uso para A. De esta manera la
III. El capítulo del capital

diversidad natural los pone correlativamente en la relació n de la igualdad. Por consiguiente,


ambos individuos no son indiferentes uno para el otro, sino "que se integran, se necesitan
recı́procamente; el individuo B, al objetivarse en la mercancı́a, constituye una necesidad para
el individuo A, y viceversa. La relació n que se establece entre ellos no só lo es de igualdad,
sino social. Esto no es todo. Si esa necesidad de uno puede ser satisfecha por el producto del
otro y viceversa; si cada uno de los dos es capaz de producir el objeto de la necesidad del
otro y cada uno se presenta como propietario del objeto de la necesidad del otro, ello
demuestra que cada uno trasciende como hombre su propia necesidad particular, etc., y que
se conducen entre sı́ como seres humanos, que son conscientes de pertenecer a una especie
comú n. No ocurre que los elefantes produzcan para los tigres o que animales lo hagan para
otros animales. A tı́tulo de ejemplo. Un enjambre de abejas au fond constituye una sola
abeja; todas ellas producen lo mismo.
155

(Los productos, el trabajo, etc., aú n no difieren entre sı́, sino que existen bajo la forma de
mercancı́as o, como lo quiere el señ or Bastiat, tras los pasos de Say2 , de servicios. Bastiat, al
reducir la condició n econó mica del valor de cambio al contenido natural del mismo, a
mercancı́a o servicio, o sea al mostrarse incapaz de captar la relació n econó mica del valor de
cambio en cuanto tal, se imagina que ha dado un gran paso adelante respecto a los
economistas clá sicos de la escuela inglesa, que pueden comprender las relaciones de
producció n en su especificidad como tales, en su forma pura.) En la medida en que esta
disparidad natural de los individuos y de las mercancı́as de los mismos constituye el motivo
de la integració n de estos individuos, la causa de su relació n social como sujetos que
intercambian, relació n en la cual está n presupuestos como iguales y se confirman como tales,
a la noció n de la igualdad se agrega la de la libertad. Aunque el individuo A siente la
necesidad de poseer la mercancı́a del individuo B, no se apodera de la misma por la
violencia, ni viceversa, sino que ambos se reconocen mutuamente como propietarios, como
personas cuya voluntad impregna sus mercancı́as. En este punto aparece la noció n jurı́dica
de la persona y, en la medida en que se halla contenida en aqué lla, la de la libertad. Nadie se
apodera de la propiedad de otro por la violencia. Cada uno enajena la misma
voluntariamente. Pero esto no es todo: el individuo A satisface la necesidad del individuo B
por medio de la mercancı́a a, só lo en tanto que y porque el individuo B satisface la necesidad
del individuo A mediante la mercancı́a b y viceversa. Cada uno sirve al otro para servirse a sı́
mismo; cada cual se sirve del otro, y recı́procamente, como de un medio. En la conciencia de
ambos individuos está n presentes los siguientes puntos: 1) que cada cual alcanza su objetivo
só lo en la medida en que se sirva del otro como medio; 2) que cada uno se vuelve un medio
para el otro (ser para otro) só lo en cuanto fin para sı́ mismo (ser para sı́); 3) que es un fact
necesario la reciprocidad segú n la cual cada uno es simultá neamente medio y fin y só lo
alcanza su fin al volverse medio, y só lo se vuelve medio en tanto se ubique como fin para sı́
mismo; cada uno, pues, se pone como ser para el otro cuando es ser para sı́, y el otro se pone
como ser para aqué l cuando es ser para sı́. Esa reciprocidad es el supuesto, la condició n
natural del intercambio, pero en cuanto tal es indiferente a cada uno de los sujetos del
intercambio. A cada uno de esos sujetos só lo le interesa la reciprocidad en la medida en que
satisface su interé s, que excluye al del otro y no tiene relació n con é l.
156

Vale decir que el interé s comú n, lo que aparece como mó vil del acto conjunto, es,
ciertamente, reconocido por ambas partes como fact, pero en sı́ no es el mó vil; se produce,
por decirlo ası́, a espaldas de los intereses particulares reflejados en sı́ mismos y
contrapuesto el del uno al del otro. Segú n esto ú ltimo, el individuo a lo sumo puede

2 Cf. J.-B. SAY, Traité d'économie politique, ou simple exposition de la maniére dont se forment, de distribuent et se consomment

les richesses, III é d., Paris 1817; t. II, pp. 480-482. Extractos en el cuaderno I, publicado en MEGA 1/3, pp. 437-455.
El dinero como Capital

consolarse pensando que la satisfacció n de su antité tico interé s particular constituye


precisamente la consumació n de la antı́tesis superada, del interé s general de la sociedad.
Mediante el propio acto del intercambio, el individuo, cada uno de ellos, se refleja en sı́
mismo como sujeto exclusivo y dominante (determinante) de aquel acto. Con ello está dada
la libertad total del individuo: transacció n voluntaria; ninguna violencia de ambas partes; el
ponerse a sı́ mismo como medio, o en esta funció n de servicio, ú nicamente como medio, y
ello con la finalidad de ponerse a sı́ mismo como fin para sı́, como ser dominante,
prevaleciente; por ú ltimo, el interé s egoı́sta, que no realiza ningú n interé s que esté por
encima de é l; se sabe y se reconoce tambié n que el otro realiza del mismo modo su interé s
egoı́sta, con lo cual ambos saben que el interé s comú n radica ú nicamente en la dualidad,
multiplicidad, autonomı́a multilateral e intercambio del interé s egoı́sta. El interé s general es
precisamente la generalidad de los intereses egoı́stas. De modo que ası́ como la forma
econó mica, el intercambio, pone en todos los sentidos la igualdad de los sujetos, el contenido
o sustancia —tanto individual como colectivo— pone la libertad. No só lo se trata, pues, de
que la libertad y la igualdad son respetadas, en el intercambio basado en valores de cambio,
sino que el intercambio de valores de cambio es la base productiva, real, de toda igualdad y
libertad. Estas, como ideas puras, son meras expresiones idealizadas de aqué l al
desarrollarse en relaciones jurı́dicas, polı́ticas y sociales, é stas son solamente aquella base
elevada a otra potencia. Por lo demá s, ello ha sido confirmado histó ricamente. La igualdad y
la libertad en este sentido constituyen precisamente lo contrario de la libertad e igualdad en
la Antigü edad, que no tenı́an como base el valor de cambio desarrollado; antes bien, fueron
arruinadas por el desarrollo de aqué l. La igualdad y la libertad presuponen relaciones de
producció n que aú n. no estaban realizadas en el mundo antiguo; tampoco en la Edad Media.
El trabajo forzado directo es la base del primero; la comunidad se basa en ese tipo de
trabajo, que es el fundamento existente; el trabajo mismo como privilegio, sumido aú n en la
singularidad —no en general como productor de valores de cambio—, vale [[como]] base de
la segunda. El trabajo no es trabajo ?orzado, ni, como en el segundo caso, se efectú a bajo la
é gida de una entidad comunal considerada como algo superior (corporaciones).
157

Ahora bien: desde el punto de vista de los mó viles, esto es, de los mó viles naturales,
exteriores al proceso econó mico, la verdad es que el [[vı́nculo entre los]] individuos que
intercambian se funda en cierta coerció n. Pero esta coerció n só lo es, por un lado, la
indiferencia de los otros ante mi necesidad en cuanto tal, ante mi individualidad natural, por
consiguiente ante su igualdad conmigo y su libertad, las cuales, empero, son ni má s ni menos
que el supuesto de las mı́as. Por otra parte, en la medida en que estoy determinado y forzado
por mis necesidades, es só lo mi propia naturaleza —que es un conjunto de necesidades e
impulsos— lo que me coacciona, y no algo ajeno a mı́ (ni tampoco mi interés, considerado en
su forma general, refleja). Precisamente desde este punto de vista, tambié n yo violento al
otro, lo empujo al sistema del cambio.
De ahı́ que el derecho romano defina correctamente al servusa como aquel que no puede
adquirir nada para sı́ mediante el intercambio (ver Institutiones). Es igualmente claro, por
consiguiente, que este derecho, aunque corresponde a una situació n social en la que el
intercambio no estaba desarrollado, por el hecho de estarlo en algunas esferas pudo exponer
las determinaciones de la persona jurídica, es decir del individuo que participa en el
intercambio. De esta suerte pudo anticipar (en sus rasgos fundamentales) el derecho de la
sociedad industrial, pero es sobre todo si se le confronta con la Edad Media que debı́a
abrirse paso como el derecho de la sociedad burguesa naciente. Su propio desarrollo
coincide cabalmente, por otra parte, con la disolució n de la entidad comunitaria romana.
a Siervo
III. El capítulo del capital

Como el dinero no es sino la realizació n del valor de cambio, y como el sistema de los valores
de cambio só lo se ha realizado dentro de un sistema monetario desarrollado, o viceversa, de
hecho el sistema monetario só lo puede ser la realizació n de este sistema de la libertad y la
igualdad. Como medida, só lo el dinero da al equivalente la expresió n precisa, hace de é l por
primera vez un equivalente tambié n en cuanto a la forma. En la circulació n, no obstante, se
manifiesta aun una diferencia en lo que toca a la forma: los dos individuos que participan en
el intercambio se presentan bajo las determinaciones diferentes de comprador y vendedor;
el valor de cambio aparece una vez como universal, bajo la forma del dinero, luego como
particular en la mercancı́a natural, que ahora tiene precio. Pero, para empezar, estas
determinaciones se cambian; la circulació n misma no consiste en poner una desigualdad,
sino simplemente una igualdad, una eliminació n de la diferencia, simplemente pensadab.
b "vermeinten", ed. 1939, `'verneinten" ("negada")

La desigualdad es tan só lo puramente formal. Por ú ltimo, en el propio dinero, en cuanto
circulante que se presenta ora en unas manos ora en otras, y es indiferente a este [[modo
de]] presentar [[se]], la igualdad pone ahora materialmente incluso la igualdad como cosa.
Cada uno aparece ante el otro como poseedor del dinero, como dinero personificado, si se
tiene en cuenta el proceso del intercambio.
158

Por ello, la indiferencia y la equivalencia existen expresamente en la forma de la cosa. La


diferencia natural y especı́fica existente en la mercancı́a se desvanece; constantemente la
borra la circulació n. Un trabajador que compra una mercancı́a por valor de 3 sh. se presenta
ante el vendedor en la misma funció n, en la misma igualdad —bajo la forma de 3 sh. — que
el rey que hace otro tanto. Se disipa toda diferencia entre ellos. El vendedor, en cuanto tal,
aparece só lo como poseedor de una mercancı́a cuyo precio es de 3 sh., de modo que ambos
son perfectamente iguales; só lo que los 3 sh. existen una vez bajo la forma de plata, la otra
bajo la forma de azú car, etc. Bajo la tercera forma del dinero parecerı́a que surge una
determinació n diferente entre los sujetos del proceso. Pero en la medida en que el dinero se
presenta aquı́ como material, como mercancı́a general de los contratos, se borra má s bien
toda diferencia entre partes contratantesa y partes contratantes.
a"Kontrahenten und Kontrahenten"; en el ms. "Kontrakten und Kontrahenten" ("contratos y partes contratantes")

Si el dinero se vuelve objeto de la acumulació n, el sujeto parece retirar de la circulació n só lo


dinero, la forma general de la riqueza, por cuanto retira mercancı́as por el mismo precio. De
modo que un individuo acumula, y el otro no, pero ninguno lo hace a expensas del otro. Uno
disfruta de la riqueza real; el otro entra en posesió n de la forma general de la riqueza. Si el
uno se empobrece, el otro se enriquece; tal es su libre voluntad y ese hecho en absoluto
deriva de la relació n econó mica, del vı́nculo econó mico mismo en que aqué llos está n puestos
entre sı́. Incluso la herencia y otras relaciones jurı́dicas similares, que perpetú an las
desigualdades ası́ surgidas, no afectan en nada esa libertad e igualdad naturales. Si la
situació n original del individuo A no entra en contradicció n con este sistema, tal
contradicció n de ningú n modo puede producirse porque el individuo B haga su aparició n en
lugar del individuo A, porque perpetú e aquella situació n. Se trata, por el contrario, de hacer
valer la determinació n social por encima de los lı́mites naturales de la vida; de un
fortalecimiento de ese orden social contra la acció n fortuita de la naturaleza, cuya
intervenció n en cuanto tal serı́a má s bien una abolició n de la libertad del individuo. Ademá s,
como el individuo en esta relació n es tan só lo la personificació n del dinero, en cuanto tal es
tan inmortal como el propio dinero. Su actualizació n por la herencia es má s bien la
realizació n de esta determinació n.
159

No poner de relieve en esta concepció n las connotaciones histó ricas, sino contraponerla,
El dinero como Capital

como refutació n, a las relaciones econó micas má s desarrolladas —en las cuales los
individuos ya no se vinculan entre sı́ meramente como sujetos del intercambio o
compradores o vendedores, sino que establecen entre sı́ relaciones determinadas y ya no
pueden ser incluidos todos bajo un solo cará cter determinado—, es lo mismo que afirmar
que no existe diferencia alguna, y menos aú n contraposició n y contradicció n, entre los
cuerpos naturales, ya que é stos, por ejemplo en lo relativo a la pesantez, son todos pesados y
por tanto iguales; o son iguales porque todos adoptan las tres dimensiones del espacio. De la
misma manera, se toma aquı́ al valor de cambio en su cará cter determinado simple, y no en
sus formas má s desarrolladas, que son contradictorias. En la evolució n de la ciencia esas
determinaciones abstractas son las primeras en aparecer y las má s pobres, tal como tambié n
ocurre, en parte, histó ricamente; lo má s desarrollado es lo posterior. En el conjunto de la
sociedad burguesa actual, esta reducció n a precios y a su circulació n, etc., aparece como el
proceso superficial bajo el cual, empero, ocurren en la profundidad procesos completamente
diferentes, en los cuales aquella igualdad y libertad aparentes de los individuos se
desvanecen. Por un lado se olvida desde un principio que el supuesto del valor de cambio, en
cuanto base objetiva del sistema productivo en su conjunto, ya incluye en sı́ la coerció n al
individuo; que el producto directo de é ste no es un producto para é l, pues só lo llega a serlo a
travé s del proceso social y tiene que adoptar esa forma general aunque exterior; que el
individuo só lo existe en cuanto productor de valor de cambio, lo que implica la negació n
absoluta de su existencia natural; el individuo, pues, está completamente determinado por la
sociedad. Se olvida, asimismo, que todo ello presupone ademá s la divisió n del trabajo, etc.,
en la cual el individuo aparece inserto en relaciones diferentes a las de los meros sujetos del
intercambio, etc.; que no só lo el supuesto de ningú n modo surge de la voluntad ni de la
naturaleza inmediata del individuo, sino que es histórico; el individuo se encuentra puesto ya
por la sociedad. Se desconoce, por otra parte, que las formas superiores en las cuales [[se
realiza]] ahora el intercambio o las relaciones de producció n que en é l se realizan, de
ninguna manera quedan fijas en ese cará cter determinado simple donde la mayor diferencia
a la que se llegaba era má s formal, y por ende má s indiferente. No se ve, por ú ltimo, que ya
en la determinació n simple del valor de cambio y del dinero se encuentra latente la antı́tesis
entre el trabajo asalariado y el capital, etc. Toda esta sabidurı́a consiste pues en quedar
atados a las relaciones econó micas má s simples, las cuales, consideradas aisladamente, son
abstracciones puras, mientras que en la realidad se manifiestan má s bien a travé s de las
antı́tesis má s profundas y só lo presentan, un lado en el que su expresió n se ha esfumado.
160

Por otro lado, queda en evidencia igualmente la tonterı́a de aquellos socialistas (en
particular los franceses, quienes procuran demostrar que el socialismo es la realizació n de
las ideas de la sociedad burguesa proclamadas por la Revolució n Francesa) segú n los cuales
el intercambio, el valor de cambio, etc., originariamente (en el tiempo) o atenié ndose a su
concepto (en su forma apropiada) constituyen un sistema de libertad e igualdad para todos,
pero que han sido desnaturalizados por el dinero, el capital, etc. O tambié n que la historia ha
hecho hasta nuestros dı́as intentos aú n fallidos de realizar esas ideas con arreglo a su
verdadera naturaleza —descubierta hoy por esos socialistas, entre ellos Proudhon, o
Santiago el Mayor—; por ese motivo se debe proporcionar la historia auté ntica de estas
relaciones en lugar de la falsa. Cabe responderles lo siguiente: el valor de cambio o, má s
ajustadamente, el sistema monetario, es en los hechos el sistema de la igualdad y la libertad;
las perturbaciones que se presentan en el desarrollo reciente del sistema son
perturbaciones inmanentes al mismo, precisamente la realizació n de la igualdad y la
libertad, que se acreditan como desigualdad y carencia de libertad. El deseo de que-el valor
de cambio no se desarrolle en capital, o que el trabajo que produce valor de cambio no se
vuelva trabajo asalariado, es tan piadoso como estú pido. Lo que distingue a estos señ ores de
III. El capítulo del capital

los apologistas burgueses es por un lado el atisbo de las contradicciones insertas en el


sistema; por el otro el utopismo, el no comprender la diferencia necesaria entre la
conformació n real y la conformació n ideal de la sociedad burguesa y, de ahı́, el querer
acometer la vana empresa de realizar la expresió n ideal de esa sociedad, expresió n que es
tan só lo la imagen refleja de tal realidad. A estos socialistas se opone el" insulso argumento
de la economı́a má s moderna y corrompida, el cual demuestra que las relaciones econó micas
expresan por doquier las mismas determinaciones simples. Esta economı́a encuentra en
todas partes la igualdad y libertad del intercambio de valores de cambio, determinado de
manera simple, y lo reduce todo a pueriles abstracciones. (Como su representante clá sico
puede considerarse, en lo que [[se refiere]] a insipidez, afectació n de dialé ctica, petulancia
ñ oñ a, satisfecha y ridı́cula repetició n de lugares comunes y una cabal incapacidad de
comprender los procesos histó ricos, a Fredericka Bá stiat, pues el norteamericano Carey por
lo menos hace valer, contra las europeas, las condiciones norteamericanas especı́ficas.)
a Ası́ en el original (Frederick), en lugar de Frédéric

En esta economı́a, por ejemplo, la relació n entre el capital y el interé s se reduce al


intercambio de valores de cambio. Aunque de los datos empı́ricos se desprende que el valor
de cambio no só lo existe en ese cará cter determinado simple, sino tambié n bajo aquel
esencialmente diferente de capital, se reduce nuevamente el capital al concepto simple del
valor de cambio.
161

Otro tanto ocurre con el interé s, al cual, pese a expresar ahora una determinada relació n del
capital como tal, se le arranca de su cará cter determinado, se le equipara con el valor de
cambio. Se abstraen de todas las relaciones en su cará cter determinado especı́fico y retornan
a la relació n, aú n no desarrollada, de intercambio de una mercancı́a por otra. Si abstraigo de
un concreto lo que lo distingue de su abstracto, no obtengo otra cosa que lo abstracto. De
este modo todas las categorías económicas se convierten en más y más nombres para la misma
relación de siempre, y esta burda incapacidad de captar las–diferencias reales termina por ser
la presentación del common sensea puro, del common sense como tal. Las "armonías
económicas" del señor Bastiat significan au fond que existe una sola relación económica, la
cual adopta diversos nombres, o que sólo en cuanto a los nombres se produce una diferencia.
La reducció n ni siquiera es formalmente cientı́fica, como cuando se reduce todo a una
relació n econó mica real de manera tal que la diferencia producida por el desarrollo sea
puesta a un lado. No: ora se escamotea este aspecto, ora aquel otro, para que la identidad
aparezca bien por aquı́, bien por allá . A tı́tulo de ejemplo: el salario es el pago por un servicio
que un individuo presta a otro. (Aquı́ se deja de lado la forma econó mica en cuanto tal, como
ya se observó má s arriba.) El beneficio tambié n es el pago por un servicio que un individuo
presta a otro. Por consiguiente el salario y el beneficio son idé nticos, y es una primera
confusió n idiomá tica que llamemos a un pago salario, y al otro beneficio. Vayamos ahora al
beneficio y el interé s. En el beneficio el pago del servicio está sujeto a contingencias; en el
interé s ese pago es fijo. Ahora bien: como en el salario, relativement parlantb , el pago es fijo,
mientras que en el beneficio, en contraposició n con el trabajo, está expuesto a contingenciasc
, la relació n entre el interé s y el beneficio es la misma que la existente entre el salario y el
beneficio, la cual constituye d, como hemos visto, un intercambio recı́proco de equivalentes3 .
162

Los contrarios aceptan pues esta fadaisee (conforme a la cual se retrocede de las relaciones
econó micas en las que se manifiesta la antı́tesis, a aquellas en las cuales la misma todavı́a
está meramente latente, encubierta)f al pie de la letra. Muestran, por ejemplo, que en el caso
del capital y el interé s no se produce un simple cambio, ya que el capital no es sustituido por

3 Cf. Gratuité du crédit., cit., pp. 285-286.


El dinero como Capital

un equivalente. Una vez que el propietario, en efecto, ha engullido 20 veces el equivalente


bajo la forma de intereses, lo conserva siempre bajo la forma de capital y de nuevo lo puede
cambiar contra otros 20 equivalentes má s. Y ası́ se entabla un latoso debate, en el que el uno
asevera que entre el valor de cambio desarrollado y el no desarrollado no existe diferencia
alguna, mientras que el otro afirma que por desgracia sı́ la hay, pero que en justicia no
debiera haberla4.
aSentido comú n. — bHablando relativamente. — cEn el ms. y en edic. 1939, aparece el salario como "sujeto a contingencias" y el beneficio
como "fijo". Cf. en el vol. II el fragmento sobre Bastiat y los salarios. dEn el manuscrito, "constituyen" en lugar de "constituye": eVaciedad. —
fEn el ms. se repite aquı́ la palabra "pues"

Capital. Suma de valores. — Propiedad de la tierra y capital.


— El capital procede de la circulación. Contenido del valor de cambio. — Capital comercial,
capital monetario e interés del dinero. — La circulación supone otro proceso. Movimiento
entre extremos previamente supuestos.

El dinero como capital es una determinació n del dinero que va má s allá de su determinació n
simple como dinero. Puede considerá rsele como una realizació n superior, del mismo modo
que puede decirse que el desarrollo del mono es el hombre. De esta manera, sin embargo, se
coloca la forma inferior, como un sujeto dominante, sobre la superior. Sea como fuere, el
dinero como capital se diferencia del dinero como dinero. Es menester desarrollar la nueva
determinació n. Por otra parte, el capital como dinero parece ser la regresió n del capital a una
forma inferior. No obstante, se trata solamente del mismo que es puesto en una
particularidad, que existı́a ya antes de é l como no-capital y que constituye uno de sus
supuestos. El dinero reaparece dé nuevo en todas las relaciones posteriores pero ya no
opera entonces como simple dinero. Si, como se hará aquı́ en un primer momento, lo
seguimos hasta su plenitud en el mercado monetario, se presupondrá el resto de su
desarrollo e incidentalmente nos referiremos a é ste. Otro tanto se hará aquı́ con la
determinació n universal del capital, antes de que pasemos a su particularidad como dinero.
Si afirmo, como por ejemplo lo hace Say5 , que el capital es una suma de valores, no hago má s
que decir que el capital valor de cambio. Toda suma de valores es un valor de cambio, y todo
valor de cambio es una suma de valores. Por adició n simple no puedo pasar del valor de
cambio al capital. En la mera acumulació n de dinero aú n no se incluye, como hemos visto, la
relació n de la capitalizació n.
163

En el llamado comercio al por menor, el trá fico cotidiano de la vida burguesa, tal como se
practica directamente entre productores y consumidores, en el comercio al menudeo,
decı́amos, el objetivo de una parte es intercambiar mercancı́as por dinero y el de la otra
parte intercambiar dinero por mercancı́as, para satisfacer necesidades individuales. Tan só lo
en este proceso —que tiene lugar en la superficie del mundo burgué s— se efectú a de
manera pura el movimiento de valores de cambio, su circulació n. Un trabajador que compra
una hogaza de pan y un millonario que hace otro tanto, en este acto aparecen meramente
como simples compradores, del mismo modo que el panadero se presenta ante ellos só lo
como vendedor. Todas las demá s determinaciones se han borrado aquı́. Tanto el contenido de
sus compras como el volumen de las mismas resultan absolutamente indiferentes respecto a
esta determinació n formal.

4Cf. ibídem. pp. 1-20, 32-47 y passim.


5Cf. J.-B. SAY, Traité etc., cit., t. II, pp. 428-430, 478-480. Ademá s, Cours complet d'économie politique pratique, II é d., Paris, t.
I, p. 150. Extractos del Cours, en el mismo cuaderno que contienen extractos del D'airé; cf. MEGA 1/3, p. 455.
III. El capítulo del capital

Si en teorı́a el concepto de valor precede al de capital —aunque para llegar a su desarrollo


puro deba suponerse un modo de producció n fundado en el capital—, lo mismo acontece en
la prá ctica. Por ello los economistas se ven forzados ora a considerar el capital como creador
de valores, fuente de los mismos, ora a dar por sentado que los valores son anteriores a la
formació n del capital y é ste no es má s que una suma de valores en una funció n determinada.
La existencia del valor en su pureza y universalidad presupone un modo de ,producció n en el
cual el producto, considerado de manera aislada, ha cesado de ser tal para el productor y
muy particularmente para el trabajador individual. En este modo de producció n el producto
no es nada si no se realiza a travé s de la circulació n. Para quien produce una parte
infinitesimal de una vara de cotó n, de ningú n modo constituye una cuestió n formal que
aqué lla sea valor, valor de cambio. Si no creara un valor de cambio, dinero, no habrı́a
producido absolutamente nada. Esta propia determinació n de valor tiene como supuesto
determinado nivel histó rico del modo de producció n social; está dada conjuntamente con
é ste, constituye pues una relació n histó rica.
Por lo demá s, diversos elementos de la determinació n del valor se desarrollan en etapas má s
tempranas del proceso productivo histó rico de la sociedad y se presentan como resultado de
é ste.
En el seno del sistema social burgué s, por consiguiente, el capital acompañ a inmediatamente
al valor. En la historia se presentan otros sistemas que constituyen la base material de un
desarrollo inacabado del valor. Como el valor de cambio en esos sistemas desempeñ a tan
só lo un papel secundario respecto al valor de uso, la base real de aqué l no es el capital, sino
las relaciones inherentes a la propiedad de la tierra.
164

La moderna propiedad de la tierra, por el contrario, no se puede incluir aquı́, ya que no


puede existir sin el supuesto del capital; histó ricamente aparece, en efecto, como una forma
de la precedente conformació n histó rica de la propiedad de la tierra, pero como una forma
producida por el capital, modelada adecuadamente por é ste. Es por ello que se puede
estudiar en el desarrollo de la propiedad de la tierra la gradual afirmació n y formació n del
capital. Y a ello se debe que Ricardo, el economista de la é poca moderna, con gran sentido
histó rico haya considerado en el marco de la propiedad de la tierra las relaciones entre el
capital, el trabajo asalariado y la propiedad de la tierra, para captarlas en su forma
especı́fica. La relació n entre el capitalista industrial y el propietario de la tierra se presenta
como al margen de la relació n inherente a la propiedad de la tierra. Pero como relació n del
moderno farmera con el arrendador de la tierra se manifiesta como relació n inmanente de la
propiedad de la tierra misma, mientras que la otra está puesta como existiendo solamente
en su conexió n con el capital. La historia de la propiedad de la tierra —que muestra la
transformació n paulatina del landlordb feudal en el arrendador rural, del arrendatario
vitalicio, asentado hereditariamente, semitributario y a menudo privado de libertad, en el
moderno farmer, y de los siervos de la gleba y campesinos sujetos a prestaciones en
jornaleros agrı́colas— serı́a de hecho la historia de la formació n del capital moderno.
Incluirı́a en sı́ la relació n entre el capital urbano, el comercio, etc. Pero aquı́ nos ocupamos de
la sociedad burguesa ya constituida, que funciona sobre su propia base.
a Granjero. — b Terrateniente

El capital procede en un principio de la circulació n, y concretamente tiene al dinero como


punto de partida. Hemos visto que el dinero que entra en la circulació n y a la vez de ella
vuelve a sı́, constituye la ú ltima forma a de la negació n y superació n del dinero.
a"Form", en ms. y edic. 1939, "Forderung" ("requisito")

Es al mismo tiempo el primer concepto del capital y la primera forma en que é ste se
El dinero como Capital

manifiesta. Al dinero se le ha negado como entidad que meramente se disuelve en la


circulació n; se le ha negado tambié n como ente que se contrapone de manera autó noma a la
circulació n. En sus determinaciones positivas, esta doble negació n, sintetizada, contiene los
primeros elementos del capital. El dinero es la primera forma bajo la cual el capital se
presenta como tal. D — M — M —D; se cambia el dinero por una mercancı́a y la mercancı́a
por dinero; este proceso de la compra con vistas a la venta, que constituye la forma
característica del comercio, el capital como capital comercial, se encuentra en las fases má s
tempranas del desarrollo econó mico. Es el primer movimiento en el cual el valor de cambio
en cuanto tal constituye el contenido; no só lo la forma, sino su propia sustancia.
165

Este movimiento puede ocurrir dentro de pueblos, o entre pueblos, aun cuando todavı́a el
valor de cambio no haya de ninguna manera llegado a ser el supuesto de su producció n. El
movimiento no afecta má s que al excedente de esa producció n, calculada para el uso directo,
y só lo se desarrolla a su vera. Ası́ como los judı́os dentro de la vieja sociedad polaca, o en
general dentro de la sociedad medieval, pueblos comerciantes enteros de la Antigü edad, y
despué s los lombardos, asumieron esta posició n entre pueblos cuyo modo de producció n no
estaba condicionado por el valor de cambio como supuesto bá sico. El capital comercial es
meramente capital circulante y el capital circulante es la primera forma del mismo 6; en é sta
el capital de ningún modo ha llegado aún a ser la base de la producción. Una forma má s
desarrollada es el capital monetario y el interés del dinero, la usura, cuya aparició n autó noma
pertenece asimismo a una fase temprana. Por ú ltimo, la forma M — D — D — M —en la cual
el dinero y la circulació n en general se presentan como simple medio para la mercancía
circulante, que a su vez sale de nuevo de la circulació n y satisface directamente una
necesidad— constituye el supuesto de aquel surgimiento originario del capital comercial.
Tales supuestos aparecen distribuidos en diversos pueblos, mientras que en el interior de la
sociedad el capital comercial propiamente dicho só lo está condicionado por esa circulació n
orientada de manera exclusiva hacia el consumo. Por otra parte, la mercancía circulante, la
mercancı́a que só lo se realiza al adoptar lá forma de otra mercancı́a y que sale de la
circulació n para servir necesidades inmediatas, constituye igualmente una primera forma
del capital, esencialmente el capital-mercancía.
Por lo demá s, es cları́simo que el movimiento simple de los valores de cambio, tal como se
realiza en la circulació n pura, nunca puede realizar capital. Puede llevar al retiro y a la
acumulació n del dinero, pero no bien el. dinero reingresa a la circulació n, se disuelve en una
serie de procesos de cambio con mercancı́as que son consumidas, y por tanto se pierde
apenas se agota su capacidad de compra. Del mismo modo la mercancı́a, que por intermedio
del dinero ha sido cambiada por otra mercancı́a, sale de la circulació n para ser consumida,
destruida. Pero si, en el dinero, logra su autonomı́a respecto a la circulació n, ya no
representa má s que la forma universal e inmaterial de la riqueza. Como los equivalentes se
cambian entre sı́, la forma de la riqueza fijada como dinero desaparece no bien se la cambia
por mercancı́as, y otro tanto ocurre con el valor de uso existente en las mercancı́as no bien
se le cambia por dinero. A travé s del simple acto del intercambio cada uno só lo puede
perderse en su determinació n respecto al otro cuando se realiza en é l. Ninguno puede
conservarse en su determinació n cuando pasa al otro.
166

A los sofismas de los economistas burgueses, que embellecen el capital al querer reducirlo a
un intercambio puro, se ha contrapuesto la exigencia igualmente sofı́stica 7, pero justificada
respecto a aqué llos, de reducir realmente el capital a un intercambio puro, con lo cual

6 Cf. A. SMITH, An Inquiry etc., cit., vol. II, pp. 255, 261 [Riqueza de las naciones, pp. 253, 255-256]. cf. MEGA 1/3, p. 475.
7 Aquı́ se alude directamente a J. Gray y a Proudhon.
III. El capítulo del capital

desaparecerı́a como poder y serı́a destruido tanto bajo la forma de mercancı́a como bajo la
del dinero*.
* Ası́ como el valor de cambio, vale decir todas las relaciones de las mercancı́as como valores de cambio, aparece como cosa
en el dinero, en el capital se presentan todas las caracterı́sticas de la actividad que crea los valores de cambio: el trabajo.

La repetició n del proceso de los dos puntos, dinero o mercancı́a, no se incluye entre las
condiciones del intercambio. Este acto só lo puede repetirse hasta que está consumado, es
decir, hasta que el importe del valor de cambio haya sido intercambiado. No puede
desencadenarse de nuevo por sus propias fuerzas. La circulación, pues, no lleva en sí misma el
principio de la autorrenovación. Sus elementos le están presupuestos, no los pone ella. Las
mercancı́as deben ser lanzadas permanentemente en ella, de nuevo y desde afuera, al igual
que el combustible al fuego. Caso contrario, se extinguirı́a en la indiferencia. Se extinguirı́a
en el dinero como resultado indiferente que, al no estar ya en relació n con las mercancı́as,
los precios y la circulació n, cesarı́a de ser dinero, dejarı́a de expresar una relació n de
producció n; só lo restarı́a de é l su existencia metá lica, pero la econó mica habrı́a sido
destruida. La circulació n, que se presenta como lo inmediatamente existente en la superficie
de la sociedad burguesa, só lo existe en la medida en que se la mantiene. Considerada en sı́
misma, es la intermediació n entre extremos que le está n presupuestos. No pone a esos
extremos. Por ende no só lo debe medı́rsele en cada uno de sus momentos, sino como
totalidad de la intermediació n, como proceso total. Su ser inmediato es, pues, apariencia
pura. Es el fenómeno de un proceso que ocurre por detrás de ella. Se le niega ahora en cada
uno de sus momentos; como mercancı́a, como dinero y como vı́nculo entre ambos, como
intercambio y circulació n simples de ambos. Si en un principio el acto de la producció n
social aparecı́a como creació n de valores de cambio y esto, en su desarrollo ulterior, como
circulació n —como movimiento plenamente desarrollado y recı́proco de los valores de
cambio—, actualmente la propia circulació n retorna a la actividad que produce y pone el
valor de cambio. Retorna pues a su fundamento.
167

Supuestos de la circulació n son las mercancı́as (ya sea en su forma particular, ya en la


universal de dinero) que constituyen la realizació n de un tiempo de trabajo determinado y
que como tales son valores; su premisa es, pues, tanto la producció n de mercancı́as por el
trabajo, como su producció n en cuanto valores de cambio. Este es su punto de partida, y
merced a su propio movimiento retorna, como a su resultado, a la producció n creadora de
valores de cambio. De modo que hemos alcanzado nuevamente el punto de partida, la
producción que crea y pone valores de cambio. Pero esta vez de tal manera que la producción
presupone la circulación como momento desarrollado y aparece como proceso permanente
que pone en marcha a la circulació n y vuelve continuamente de é sta a sı́ misma, para ponerla
en marcha nuevamente. El proceso que pone al valor de cambio se presenta aquı́ y ahora,
pues, bajo una forma harto má s complicada, porque ya no es só lo el movimiento de los
valores de cambio presupuestos, o a los que ponı́a formalmente como precios, sino que al
mismo tiempo los crea, los produce como supuestos. La propia producció n ya no existe aquı́
antes de sus resultados, esto es, presupuesta, sino que se presenta como la productora de
esos resultados y, al mismo tiempo, de sı́ misma. Pero ya no los produce, como en el primer
estadio, en cuanto destinados meramente a la circulació n, sino que en su propio proceso
subordina a la circulació n desarrollada. (La circulació n consiste au fond só lo en el proceso
formal que pone una vez al valor de cambio bajo la determinació n de mercancı́a, la otra bajo
la determinació n de dinero.)
El dinero como Capital

Pasaje de la circulación a la producción capitalista.


— El capital, trabajo objetivado, etc. — Suma de valores para la producción de valores

Este movimiento se presenta bajo formas diversas, tanto histó ricamente, en cuanto conduce
al trabajo productor de valores, como tambié n, por otra parte, en el seno del sistema
productivo burgué s, esto es, de la misma producció n que pone valor de cambio. Entre
pueblos totalmente bá rbaros y semi-bá rbaros actú an como intermediarios pueblos que
practican el comercio; o tribus cuya producció n es naturalmente diferente, entran en
contacto e intercambian su excedente. El primer caso constituye la forma má s clá sica, y por
lo tanto nos ocuparemos de é l. El intercambio del excedente es una relació n que pone el
valor de cambio y el intercambio. Se extiende, empero, solamente al excedentea y desempeñ a
un papel secundario respecto a la producció n.
a En el manuscrito "Austausch" ("intercambio") en lugar de "ü berfluss" ("excedente")
168

Pero si se repite la aparició n de los comerciantes que promueven el intercambio (los


lombardos, normandos, etc., desempeñ aron ante casi todos los pueblos europeos ese papel)
se desarrolla un comercio regular; el pueblo productor aú n practica aquı́ tan só lo el llamado
comercio pasivo, ya que el impulso a la actividad que pone valor de cambio procede del
exterior, no de adentro; el excedente de la producció n ya no puede ser casual,
accidentalmente existente, sino que se le debe renovar de continuo, con lo cual se imprime a
la producció n local una tendencia orientada hacia la circulació n, hacia la creació n de valores
de cambio. Al principio el efecto es má s material. Se amplı́a el cı́rculo de las necesidades; el
objetivo es la satisfacció n de las nuevas necesidades, y por tanto. una mayor regularidad de
la producció n y el aumento de la misma. La organizació n de la propia producció n interior se
modifica ya por obra de la circulació n y del valor de cambio; con todo, é stos no afectan aú n
ni toda la superficie de aqué lla ni toda su profundidad. Es a eso a lo que se llama el efecto
civilizador del comercio exterior. La medida en que el movimiento que pone el valor de
cambio afecta al conjunto de la producció n, depende en parte de la intensidad de esa acció n
exterior, en parte del grado en que los elementos de la producció n interior —la divisió n del
trabajo, etc. — se hayan desarrollado ya. En Inglaterra, por ejemplo, en el siglo XVI y
comienzos del XVII la importació n de mercancı́as holandesas hizo que fuera esencialmente
decisivo el surplus de lana ofrecido por Inglaterra en intercambio. Para producir má s lana se
convirtió a las tierras de labranza en pasturas para las ovejas, se desmanteló el sistema del
pequeñ o arrendamiento, etc., se produjo el clearing de estatesa. La agricultura perdió
entonces el cará cter de trabajo con vistas al valor de uso y elb intercambio de su excedente
perdió el cará cter de indiferente respecto a la estructura interna de la agricultura. En ciertos
aspectos la agricultura fue determinada ú nicamente por la circulació n y transformada en
producció n creadora de valores de cambio. Con ello no só lo se modificó el modo de
producció n, sino que se disolvieron todas las relaciones de població n, de producció n y
econó micas correspondientes a aqué l. De modo, pues, que el supuesto de la circulació n era
aquı́ una producció n que só lo creaba valores de cambio como excedente, pero se transformó
en una producció n que só lo existı́a en dependencia de la circulació n, en una producció n cuyo
ú nico contenido era crear valores de cambio.
a Literalmente,despejo o limpieza de las fincas: nombre dado a la expulsió n de los campesinos y el despojo de sus tierras por parte de los
grandes terratenientes ingleses. — b "der", edic. 1939, "den", cambio de caso con consecuencias sobre la redacció n

Por lo demá s, en la producció n moderna, que presupone el valor de cambio y la circulació n


desarrollada, por un lado los precios determinan la producció n, y por el otro la producció n
determina los precios.
III. El capítulo del capital

Cuando se dice que el capital "es trabajo acumulado (realizado)" —hablando con propiedad
trabajo objetivado— "que sirve de medio al nuevo trabajo (producció n)" 8, se toma en cuenta
la simple materia del capital y se prescinde de la determinació n formal, sin la cual no es
capital.
169

Equivale a decir que el capital no es sino instrumento de producció n, pues en el má s amplio
sentido, antes de que un objeto pueda servir de instrumento, de medio de producció n, es
necesario apropiá rselo mediante una actividad cualquiera, aunque sea un objeto
suministrado ı́ntegramente por la naturaleza, como por ejemplo las piedras. Segú n lo cual, el
capital habrı́a existido en todas las formas de la sociedad, lo que es cabalmente ahistó rico.
Conforme a esta tesis cada miembro del cuerpo serı́a capital, ya que debe ser no só lo
desarrollado sino tambié n nutrido y reproducido por la actividad, por el trabajo, para poder
ser eficaz como ó rgano. El brazo, sobre todo la mano, serı́an capital, pues. El capital serı́a un
nuevo nombre para una cosa tan vieja como el gé nero humano, ya que todo tipo de trabajo,
incluso el menos desarrollado, la caza, la pesca, etc., presupone que se utilice el producto del
trabajo precedente como medio para el trabajo vivo e inmediato. Otra determinació n de la
definició n citada má s arriba es que se abstrae totalmente la sustancia material de los
productos y se considera al trabajo pasado como su ú nico contenido (sustancia). De igual
modo se hace abstracció n del objetivo determinado, especı́fico, para cuya formació n este
producto debe servir ahora nuevamente como medio, y en calidad de objetivo se establece
tan só lo una producció n en general. Todo esto aparenta ser ú nicamente la obra de la
abstracció n, que es igual en todas las condiciones sociales y que só lo lleva má s adelante el
aná lisis y lo formula de manera má s abstracta (má s general) de lo que hasta entonces solı́a
ocurrir. Si de este modo se hace abstracció n de la forma determinada del capital y só lo se
pone el é nfasis en el contenido, que como tal es un momento necesario de todo trabajo, nada
más fácil, natural-Mente, que demostrar que el capital es una condición necesaria de toda
producción humana. Se aporta la prueba correspondiente mediante la abstracció n de las
determinaciones especı́ficas que hacen del capital el elemento de una etapa histórica,
particularmente desarrollada, de la producció n humana. El quid de la cuestió n reside en que,
si bien todo capital es trabajo objetivado que sirve como medio para una nueva producció n,
no todo trabajo objetivado que sirve como medio para una nueva producció n, es capital. El
capital es concebido como cosa, no como relación.
Si se dice, por otra parte, que el capital es una suma de valores aplicada a la producció n de
valores, esto significa que el capital es el valor de cambio que se reproduce a sı́ mismo. Pero
formalmente el valor de cambio se reproduce tambié n en la circulació n simple. En esta
definició n se mantiene, sı́, la forma que convierte al valor de cambio en punto de partida,
pero se soslaya la relació n con el contenido (que en el capital, a diferencia del caso del valor
de cambio simple, no es indiferente).
170

Si se afirma que el capital es valor de cambio que produce beneficio, o que por lo menos se
utiliza con la intenció n de producir un beneficio, el capital está ya incluido en su propia
definició n, pues el beneficio es una relació n determinada del capital consigo mismo 9. El
capital no es una relació n simple, sino un proceso, en cuyos diversos momentos nunca deja
de ser capital. Desarrollar esto, pues. En el [[concepto del trabajo]] acumulado hay ya algo
subrepticio, pues segú n la determinació n conceptual só lo debiera existir trabajo objetivado,

8 Cf. entre otros a A. SMITH, An Inquiry etc., cit., vol. II, pp. 355-356 [Riqueza de las naciones, p. 3001. (Smith dice "a certain

quantity of labour stocked and stored up to be employed, if necessary, upon some other occasion"). Vé ase ademá s sobre todo
este pará grafo a J. F. BRAY, Labour Wrong and Labour's Remedy etc., Leeds 1839, pp. 140-141.
9 Cf. T. R. MALTHUS, Principies etc., cit., p. 264 [Principios, pp. 221-2221 y D. RICARDO, On the Principies etc., cit., p. 372

[Principios, y pp. 216-2241.


El dinero como Capital

en el cual, efectivamente, hay acumulado un cuanto determinado de trabajo. Pero el trabajo


acumulado ya abarca un cuanto de esos objetos, en los cuales el trabajo está realizado 10.
"En el comienzo cada uno se bastaba a sı́ mismo, l'é change ne portant que sur des objets
sans valeur pour chaque echan-giste; on n'y mit pas d'importance,a et chacun se trouva
satisfait de recevoir une chose utile en é change d'une chose sans utilité b. Pero cuando la
divisió n del trabajo hizo de cada uno un comerciante y de la sociedad una sociedad y-
omercial, chacun ne voulut livrer ses produits que contre' leur é quivalent; il fallut donc, pour
dé terminer cet é quivalent, connaitre la valeur de ce qu'on donnait etc de ce qu'on recevait"d
(Ganilh, 12, b)11. Esto significa, en otras palabras, que el intercambio no se detuvo en la
creació n formal de valores de cambio, sino que de manera necesaria evolucionó hasta
someter la propia producció n al valor de cambio.
a En edic. 1939, se repite aquı́ el rengló n anterior. — b Pues el intercambio só ld comprendı́a objetos sin valor para cada uno de los que
intercambiaban, no se le daba importancia y cada cual se tenı́a por satisfecho de recibir una cosa útil en trueque por otra sin utilidad. — c
"de ce qu'on donnait et", omitido en edic. 1939. — d Cada uno só lo aceptó entregar sus productos contra el equivalente de los mismos; fue
necesario, entonces, para establecer ese eq,uivalerite, conocer el valor de lo que se daba y de lo que se recibı́a

10 Cf. nota 119 y L-C.-L. S. DE SISMONDI, De la richesse commerciale, ou principes d'économie politique appliqués d la

législation du commerce, t. I, Geneve 1803, p. 19.


11 Cf. CH. GANILH, Des systémes etc., cit., t. II, pp. 11-12. La pá gina "12, b" se refiere al citado cuaderno de extractos.
III. El capítulo del capital

1) LA CIRCULACION Y EL VALOR DE CAMBIO SURGIDO DE LA CIRCULACION,


SUPUESTO DEL CANTAL

Para alcanzar el concepto de capital, es necesario partir del valor y no del trabajo, y
concretamente del valor de cambio ya desarrollado en el movimiento de la circulació n. Es
tan imposible pasar directamente del trabajo al capital, como pasar directamente de las
diversas racesa humanas al banquero o de la naturaleza a la má quina de vapor.
aRazas

Hemos visto que en el dinero en cuanto tal el valor de cambio ya ha adoptado una forma
autó noma respecto a la circulació n, pero una forma que, cuando se le fija, es só lo negativa,
fugitiva o ilusoria. El dinero só lo existe con respecto a la circulació n y como posibilidad de
introducirse en ella, pero pierde esta determinació n no bien se realiza; retorna entonces a
sus dos determinaciones anteriores como valor de cambio y como medio de cambio.
171

Tan pronto como el dinero se pone como valor de cambio que no só lo se vuelve autó nomo
respecto a la circulació n, sino que se mantiene en ella, deja de ser dinero, pues é ste en
cuanto tal no va má s allá de su funció n negativa: es capital. Es un fact histó rico que el dinero
es la primera forma en la cual el valor de cambio adopta la caracterı́stica de capital. De ahı́
que se confunda la primera forma de manifestación del capital con el propio capital, o que se
le considere como la ú nica forma propia del mismo. Lejos de contradecir nuestra posició n,
este hecho la confirma. La primera determinació n del capital consiste pues en que el valor
de cambio salido de la circulació n y premisa de é sta, se conserva en ella y mediante ella; no
se pierde al entrar en ella; la circulació n no es el movimiento en que desaparece el valor de
cambio, sino, antes bien, el movimiento de su propia presentació n como valor de cambio, su
propia realizació n como valor de cambio. No se puede decir que en la circulació n simple se
realice el valor de cambio en cuanto tal. Está condenado a realizarse siempre en el momento
de su desaparició n. Si la mercancı́a se cambia, dinero mediante, por otra mercancı́a, su
determinació n de valor desaparece en el momento en que se realiza; sale de la relació n, se
vuelve indiferente con respecto a la misma y ya no es má s que el objeto directo de una
necesidad. Si se cambia dinero por una mercancı́a, se produce incluso la desaparició n de la
forma del cambio, como simple intermediació n formal, para apoderarse del material natural
de la mercancı́a. Si se cambia una mercancı́a por dinero, subsiste la forma del valor de
cambio, el valor de cambio puesto como tal, el dinero, pero só lo subsiste mientras se
mantiene al margen del cambio, se sustrae de é l; su realizació n es pues puramente ilusoria,
puramente ideal, bajo esta forma en la cual existe palmariamente la autonomı́a del valor de
cambio. Por ú ltimo, si se cambia dinero por dinero —la cuarta forma bajo la cual puede
analizarse la circulació n, pero au fond só lo la tercera, expresada bajo la forma del cambio—,
tampoco aparece una distinció n formal entre los té rminos diferentes; distinction without a
differencea ; no só lo desaparece el valor de cambio, sino tambié n el movimiento formal de su
desaparició n.
a Distinció n sin diferencia

Estas cuatro determinaciones formales de la circulació n simple se pueden reducir, au fond, a


dos, que por otra parte coinciden entre sı́. La diferencia consiste en sobre cuá l de las dos se
hace hincapié o se carga el acento; en cuá l de los dos momentos —el dinero o la mercancı́a—
constituye el punto de partida. Pongamos que dinero por mercancı́a: desaparece el valor de
cambio de la mercancı́a ante su contenido material (sustancia); o mercancı́a por dinero: su
contenido (sustancia) desaparece ante su forma como valor de cambio.
172
La circulación y el valor de cambio surgido de la circulación, supuesto del capital

En el primer caso se desvanece la forma del valor de cambio, en el segundo su sustancia; en


ambos, por lo tanto, su realizació n es evanescente. Es en el capital, por vez primera, donde el
valor de cambio se pone como tal, y de tal manera que se conserva en la circulació n; vale
decir, no pierde su sustancia, sino que se transforma siempre en otras sustancias, se realiza
en una totalidad de las mismas. Y no pierde tampoco su determinació n formal, sino que
mantiene, en cada una de las diferentes sustancias, su identidad consigo mismo. Permanece
siempre como dinero y como mercancı́a. En cada momento, é l representa los dos momentos
que en la circulació n desaparecen el uno en el otro. Pero es esto, só lo en tanto constituye un
ciclo de intercambios que permanentemente se renueva. Tambié n a ese respecto se
distingue su circulació n de la de los valores de cambio simples, en cuanto tales. La
circulació n simple, de hecho só lo es circulació n desde el punto de vista del observador, o en
sí, pero no está puesta como tal. No es el mismo valor de cambio —precisamente porque su
sustancia es una mercancı́a determinada—que primero se convierte en dinero y luego
nuevamente en mercancı́a, sino que son siempre otros valores de cambio, otras mercancı́as,
los que aparecen ante el dinero. La circulació n consiste meramente en la repetició n simple o
la alternancia de la determinació n de mercancı́a y de dinero, y no porque el verdadero punto
de partida sea tambié n el punto de retorno. A ello se debe que, cuando se considera la
circulació n simple como tal, y siendo el dinero el ú nico elemento duradero, se la denomine
simplemente circulación monetaria o del dinero.
"Les valeurs capitales se perpétuent"a. (Say, 21.)1 "El capital es un valor permanente" (aún
no corresponde decir aquí "que se multiplica a sí mismo") "que ya no perece; este valor se
desprende de la mercancía que lo ha creado; permanece, como una cualidad metafísica e
insustancial, siempre en poder del mismo cultivateur"b (aquí tanto da decir propietario),
"para el cual reviste diversas formas" (Sismondi, VI)2.
a Los valores capitales se perpetúan. — b Cultivador

El carácter imperecedero a que aspira el dinero, al ponerse negativamente ante la


circulación y retirarse de ella, lo alcanza el capital, que se conserva precisamente al
entregarse a la circulación. El capital, en cuanto valor de cambio que presupone a la
circulación o es presupuesto por ella, y se conserva en la misma, es en cada momento,
idealmente, cada uno de los momentos contenidos en la circulación simple; pero además
adopta alternativamente la forma del uno y del otro. Ya no lo hace, sin embargo, tal como en
la circulación simple pasaba del uno al otro, sino que en cada una de las determinaciones es
al mismo tiempo la relación con la determinación contrapuesta, esto es, la conserva
idealmente en sí misma.
173

El capital se transforma alternativamente en mercancía y dinero, pero 1) es él mismo la


mutación de estas dos determinaciones; 2) deviene mercancía, pero no ésta o aquella
mercancía, sino una totalidad de mercancías. No es indiferente con respecto a la sustancia,
sino con relación a la forma determinada; según esto, aparece como una perpetua
metamorfosis de esa sustancia; en tanto se pone como contenido particular del valor de
cambio, esta particularidad misma es una totalidad de particularidad. De ahí que sea
indiferente no respecto a la particularidad en cuanto tal, sino con relación a la particularidad
aislada o dispersa. La identidad, la forma de la universalidad que conserva, es la de ser valor
de cambio y, en calidad de tal, dinero. Por consiguiente se pone aún como dinero, pero se
intercambia in fact como mercancía por dinero. No obstante, puesto como dinero, vale decir

1 Cf. J.B. SAY, Traité etc., t. II, p. 185. La referencia a pá gina "21" corresponde al cuaderno de extractos, en el cual el pá rrafo

citado se encuentra en pá gina 14; cf. MEGA 1/3, p. 447.


2 Cf. S. DE SISMONDI, Nouveaux principes d'économie politique, ou de la richesse dans ses rapports avec la population, II é d.,

Paris 1827, t. I, p. 89. La referencia "VI" corresponde a un cuaderno de extractos no conservado.


III. El capítulo del capital

como forma contradictoria de la universalidad del valor de cambio, está puesto asimismo en
él el que no deba perder, como en la circulación simple, la universalidad, sino su
determinación contradictoria, o que la adopte tan sólo fugazmente. De modo que se cambia
de nuevo por la mercancía, pero como mercancía que, en su particularidad misma, expresa
la universalidad del valor de cambio y por ende cambia constantemente su forma
determinada.
Cuando hablamos aquı́ del capital, é ste es aú n, en el presente contexto, só lo un nombre. La
ú nica determinació n en que el capital está puesto como diferencia del valor de cambio
inmediato y del dinero, consiste en la de ser un valor de cambio que se conserva y se perpetúa
en la circulación y mediante ella. Hasta aquı́ hemos considerado só lo un aspecto, el de la
auto-conservació n en y mediante la circulació n. El otro aspecto igualmente importante es el
de que el valor de cambio está presupuesto. Ya no lo está como valor de cambio simple,
existente como determinació n puramente ideal en la mercancı́a antes de que é sta entrara en
la circulació n —o má s bien como determinació n só lo supuesta, ya que la mercancı́a só lo en
la circulació n se transforma fugazmente en valor de cambio—. Tampoco está presupuesto tal
cual lo está el valor de cambio que existe en calidad de elemento en la circulació n, en cuanto
dinero. Existe aquı́ como dinero, como valor de cambio objetivado, pero de tal manera que
en é l está puesta la relació n recié n descrita. Lo que distingue la segunda determinació n de la
primera es que el valor de cambio 1) existe bajo la forma de objeto; 2) surge de la
circulació n, por tanto la presupone, pero al mismo tiempo parte de sı́ mismo como supuesto
frente a ella.
Hay dos aspectos, conforme a los cuales puede expresarse el resultado de la circulació n
simple:
174

El aspecto simplemente negativo: Las mercancı́as lanzadas a la circulació n han alcanzado su


objetivo; han sido cambiadas recı́procamente; cada una se vuelve objeto de una necesidad y
es consumida. Con ello la circulació n toca a su fin. Só lo subsiste el dinero como simple
residuo. En cuanto tal, ha cesado de ser dinero, pierde su determinació n formal. Sucumbe en
su materia, que subsiste como ceniza inorgá nica del proceso entero.
El aspecto positivamente negativo: El dinero no es negado como valor de cambio objetivado,
[[existente]] para sı́; no meramente como valor de cambio que desaparece en la circulació n;
sino que se niega la autonomı́a contradictoria, la universalidad puramente abstracta en que
se ha situado el dinero, pero,
Tercero: El valor de cambio, en cuanto supuesto y al mismo tiempo resultado de la
circulació n, ası́ como está subordinado a é sta por haber surgido de ella, debe salir
nuevamente de la circulació n. Si esto ocurriera só lo de manera formal, se convertirı́a de
nuevo simplemente en dinero; si saliera como mercancı́a real, como en la circulació n simple,
se tornarı́a en simple objeto de una necesidad, serı́a consumido en cuanto tal y perderı́a
asimismo su determinació n formal. Para que esa salida sea real, el valor de cambio debe
convertirse, sı́, en objeto de la necesidad y ser consumido como tal, pero debe ser consumido
por el trabajo y ası́ reproducirse de nuevo.
Dicho con otras palabras: el valor de cambio era originariamente, por su contenido, una
cantidad objetivada de trabajo o de tiempo de trabajo; como tal, a travé s de la circulació n
proseguı́a su objetivació n hasta existir como dinero, como dinero tangible. Ahora, el propio
valor de cambio debe poner el punto de partida de la circulació n, el punto de partida que era
exterior a é sta y presupuesto a ella, y para el cual la propia circulació n aparecı́a como un
movimiento que se apoderaba de é l y lo transformaba; ese punto de partida es el trabajo.
La circulación y el valor de cambio surgido de la circulación, supuesto del capital

Pero el valor de cambio ya no realiza esa operació n como equivalente simple o como simple
objetivació n del trabajo, sino en calidad de valor de cambio objetivado y vuelto autó nomo,
que se entrega al trabajo y se convierte en su material tan só lo para renovarse a sı́ mismo y
recomenzar a partir de sı́ mismo la circulació n. Por eso, ya no estamos ante una simple
equiparació n, o ante una conservació n de su identidad, como en la circulació n, sino ante una
reproducción de sı́ mismo. El valor de cambio se pone a sı́ mismo só lo como valor de cambio,
mientras se valoriza, es decir aumenta su valor. El dinero (en cuanto salido de la circulació n y
vuelto sobre sı́ mismo) ha perdido como capital su rigidez y se ha transformado, de cosa
palpable, en un proceso. Por lo demá s, el trabajo ha modificado
su relació n con su condició n de objeto: tambié n ha regresado a sı́ mismo. Este retorno
consiste en que el trabajo objetivado en el valor de cambio pone al trabajo vivo como medio
de la reproducció n de ese valor, mientras que originariamente el valor de cambio só lo
aparecı́a como un producto del trabajo.
III. El capítulo del capital

175

2) EL VALOR DE CAMBIO SURGIDO DE LA CIRCULACION PRESUPONE A ESTA Y SE


PERPETUA Y REPRODUCE EN ELLA POR MEDIO DEL TRABAJO

[[I. 1) Concepto general de capital. 2) Particularidad del capital: capital circulant, capital fixe.
(Capital como medio de vida, como materia prima, como instrumento de trabajo). 3) El
capital como dinero. — II. 1) Cantidad del capital. Acumulación. 2) El capital medido sobre sí
mismo. Beneficio. Interés. Valor del capital: vale decir, el capital diferente de sı́ mismo como
interé s y beneficio. 3) La circulación de los capitales. α) Intercambio del capital por capital.
Intercambio del capital por renta. Capital y precios. β) Competencia entre capitales. ϒ)
Concentración de los capitales. — III. El capital como cré dito. —IV. El capital como capital en
acciones. — V. El capital como mercado monetario. — VI. El capital como fuente de la riqueza.
El capitalista. Despué s del capital, habrı́a que ocuparse de la propiedad de la tierra. Tras
é sta, del trabajo asalariado. Una vez analizados estos tres, [[habrı́a que ocuparse]] del
movimiento de los precios, tal cual es determinado por la circulació n en su totalidad interna.
Ademá s estudiar las tres clases, pues la producció n está planteada en sus tres premisas y
formas fundamentales de la circulació n. Luego, el estado. (Estado y sociedad burguesa. —
Los impuestos, o la existencia de las clases improductivas. — La deuda pú blica. — La
població n. — El estado volcado al exterior: colonias. Comercio exterior. El curso carn, biario.
El dinero como moneda internacional. — Por ú ltimo, el mercado mundial. Dominio de la
sociedad burguesa sobre el estado. La crisis. Disolució n del modo de producció n y de la
forma de sociedad fundados en el valor de cambio. El trabajo individual puesto realmente
como social y viceversa.)]]

Producto y capital. Valor y capital. Proudhon.

(Nada má s falso que la manera en que tanto los economistas como los socialistas consideran
la sociedad con relació n a las condiciones. econó micas. Proudhon, por ejemplo, dice contra
Bastiat (XVI, 29) 1: "La diffé rence pour la société entre capital et produit n'existe pas. Cette
diffé rence est toute subjective aux individusa.”
a Para la sociedad no existe la diferencia entre capital y producto. Esta diferencia es enteramente subjetiva en los individuos
176

De modo que llama subjetivo precisamente a lo social, y a la abstracció n subjetiva la


denomina sociedad. La diferencia entre producto y capital es justamente la de que el
producto en cuanto capital expresa una relació n determinada, correspondiente a una forma
histó rica de sociedad. La presunta consideració n desde el punto de vista de la sociedad, no
significa otra cosa que perder de vista las diferencias que precisamente expresan la relación
social (relació n de la sociedad burguesa). La sociedad no consiste en individuos, sino que
expresa la suma de las relaciones y condiciones en las que esos individuos se encuentran
recı́procamente situados. Como si alguien quisiera decir: desde el punto de vista de la
sociedad no existen esclavos y citizensa : é stos y aqué llos son hombres. Má s bien lo son fuera
de la sociedad. Ser esclavo y ser citizen constituyen determinaciones sociales, relaciones
entre los hombres A y B. El hombre A, en cuanto tal, no es esclavo. Lo es en y a causa de la
sociedad. Lo que aquı́ dice del capital y el producto el señ or Proudhon, significa en é l que
desde el plinto de vista de la sociedad no existe diferencia alguna entre capitalistas y

1 Cf. Gratuité du crédit etc., cit., p. 250. La referencia "XVI, 29" corresponde al cuaderno de extractos.
El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por medio del
trabajo

obreros, una diferencia que só lo existe, justamente, desde el punto de vista de la sociedad.)
(En su escrito polé mico contra Bastiat, Gratuité du créditb , Proudhon termina por querer
reducir el intercambio entre el capital y el trabajo al 'intercambio simple de mercancı́as
como valores de cambio, a los elementos de la circulació n simple; esto es, hace caso omiso
de la diferencia especı́fica de la que todo depende. Afirma: "Tout produit devient à un
inoment donné capitalb, porque todo lo que se consume, en un momento determinado se
consomme reproductivementc". Esto es muy falso, pero never mindd 2. "Qu'est ce qui fait que
la motione du produit se transforme tout à coup en celle du capital? C'est l'idee de valeur.
Cela veut dire que le produit, pour devenir capital, doit avoir passé par une é valuation
authentique, avoir é té acheté ou vendu, son prix dé battu et fixé par une sorte de convention
lé gale. Por ejemplo el cuero, sortant de la boucherie, est le produit du boucher. Ce cuir est-il
acheté par le tanneur? Aussitó t celui-ci le porte ou en porte la valeur à son fonds
d'exploitation. Par le travail du tanneur, ce capital redevient produit, etc."3. Todo capital es
aquı́ "une valeur faite"g 4".
177

El dinero es el "valeur la plus par-faiteh 5", el valeur faite a la potencia má s alta. Esto significa,
pues, que: 1) El producto se convierte en capital al convertirse en valor. O que el capital es
nada má s que valor simple. No existe diferencia alguna entre ellos. De ahı́ que
alternativamente una vez lo nombre mercancı́a (el lado natural de é sta expresado como
producto) y otra vez como valor, o má s bien precio, ya que é ste supone el acto de la compra y
la venta. 2) Puesto que el dinero se presenta como la forma acabada del valor, tal como
ocurre en la circulació n simple, el dinero es tambié n el verdadero valeur faite.)
a Ciudadanos. — b Todo producto en un momento determinado se transforma en capital. — c Se consume reproductivamente. — d No
importa. — e En Proudhon, "notion" en el ms., "motion". — f ¿A qué se debe que la moció n del producto se transforme de golpe en la de
capital? A la Idea de valor. Esto quiere decir que el producto para convertirse en capital, tiene que haber pasado por una evaluació n
i;ité ntica, haber sido comprado o vendido, discutido su precio y fijado por una especie de convenció n legal ... al salir del matadero, el
producto del matarife. ¿El curtidor compra ese cuero? Al instante lo lleva o lleva el valor a su fondo de explotació n. Gracias al trabajo del
curtidor, ese capital se convierte nuevamente en producto, etc. — g Un valor realizado. — h Valor má s perfecto

Capital y trabajo. Valor de cambio y valor de uso para el valor de cambio.


— El dinero y su valor de uso (trabajo) en esta relación, capital. Autorreproducción del
valor, su único movimiento. — Lo de que ningún capitalista invertirá su capital sin
obtener ganancia de éste, palabrerío. — El capital, en cuanto a su sustancia, trabajo
objetivado. Contradicción con el trabajo productivo (vale decir, con el que conserva y
acrecienta el valor). — Trabajo productivo y trabajo como prestación de servicios. —
Trabajo productivo e improductivo. A. Smith, etc. — El ladrón, en el sentido de Lauderdale,
et el trabajo productivo.

La transició n que se opera a partir del valor de cambio simple y de su circulació n en el


capital, se puede expresar tambié n de la siguiente manera: en la circulació n del valor de
cambio aparece bajo dos formas: una vez como mercancı́a, la otra como dinero. Si aparece en
una de esas determinaciones, no lo hace en la otra. Esto se aplica a toda mercancı́a
particular. Pero si consideramos en sı́ misma a la circulació n en su conjunto, tenemos que el
mismo valor de cambio, el valor de cambio como sujeto, se pone ora como mercancı́a, ora
como dinero, y que justamente el movimiento consiste en ponerse en esta doble

2 Cf. ibídem, p. 177.


3 Cf. ibídem, pp. 178-180.
4 Cf. ibídem, p. 183.
5 Cf. ibídem, p. 249.
III. El capítulo del capital

determinació n, y en conservarse en cada una de las formas como su contraria, en la


mercancı́a como dinero y en el dinero como mercancı́a. Esto ocurrı́a ya en la circulació n
simple, pero no estaba puesto en ella. El valor de cambio puesto como unidad de la
mercancı́a y el dinero es el capital, y ese propio ponerse se presenta como la circulació n del
capital. (La cual, empero, es una lı́nea en espiral, una curva que se amplı́a, no un simple
cı́rculo 6.)
Analicemos primeramente las determinaciones simples contenidas en la relació n entre el
capital y el trabajo, con vistas a descubrir la conexió n interna tanto de esas determinaciones
como de susa desarrollos ulteriores respecto al precedente.
a "ihrer" ("de sus"), edic. 1939, "Ihre" ("sus")

El primer supuesto consiste en que de un lado esté el capital y del otro el trabajo, ambos
como figuras autó nomas y contrapuestas; ambos, pues, tambié n como recı́procamente
ajenos. El trabajo que se contrapone al capital es trabajo ajeno, y el capital que se enfrenta al
trabajo es capital ajeno. Los extremos aquı́ confrontados son específicamente diferentes. En
la primera creació n del valor de cambio, el trabajo estaba determinado de tal modo que el
producto no constituı́a un valor de uso directo para el trabajador, no era directamente un
medio de subsistencia.
178

Tal era la condició n general para la creació n de un valor de cambio y del intercambio en
general. Caso contrario, el trabajador habrı́a creado un producto, un valor de uso directo
para sı́ mismo, pero ningú n valor de cambio. Este valor de cambio, sin embargo, estaba
materializado en un producto que en cuanto tal tenı́a valor de uso para otros y que en
calidad de tal era objeto de sus necesidades. El valor de uso que el trabajador ha de ofrecer
al capital —valor que el trabajador ha de ofrecer en general a otro— no está materializado
en un producto, de ningú n modo existe fuera del obrero, o sea que no existe realmente, sino
só lo como posibilidad, como capacidad de ese trabajador. No se hace real hasta tanto el
capital no lo solicita, no lo pone en movimiento, ya que la actividad sin objeto no es nada, o
en el mejor de los casos es actividad intelectual, de la que aquı́ no nos ocupamos. No bien el
valor de uso es puesto en movimiento por el capital, se convierte en la actividad productiva
determinada del obrero, en la propia condició n vital de é ste orientada hacia un fin
determinado y que por lo tanto se manifiesta bajo una forma determinada.
En la relació n entre el capital y el trabajo el valor de cambio y el de uso está n puestos en una
relació n recı́proca. Un lado (el capital), por de pronto se contrapone al otro como valor de
cambio*, y el otro (el trabajo) se enfrenta al capital como valor de uso.
* ¿No es menester concebir al valor como la unidad de valor de uso y valor de cambio? ¿En sı́ y para sı́, el valor en cuanto tal
es lo universal con respecto al valor de uso y al valor de cambio como formas particulares suyas? ¿Tiene esto alguna
importancia para la economı́a? El valor de uso está tambié n presupuesto en el intercambio simple o intercambio puro. Pero
aquı́, cuando precisamente el cambio se produce tan só lo con vistas al uso recı́proco de las mercancı́as, el valor de uso —o
sea el contenido, la particularidad natural de la mercancı́a en cuanto tal— no tiene existencia alguna como determinació n
formal econó mica. La determinació n formal de la mercancı́a es, antes bien, el valor de cambio. El contenido al margen de
esta forma es indiferente; no es el contenido de la relació n en cuanto relació n social. ¿Pero este contenido en cuanto tal, no
se desarrolla hasta formar un sistema de necesidades y producció n? ¿El valor de uso, en calidad de tal, no se introduce en la
propia forma, no la determina econó micamente, por ejemplo en la relació n entre capital y trabajo? , ¿en las diversas formas
del trabajo? , ¿en la agricultura, industria, etc., en la renta de la tierra? ¿Influencia de las estaciones sobre el precio de las
materias primas? , etc. ¿Si sólo el valor de cambio en cuanto tal desempeñ ara un papel en la economı́a, có mo podrı́an
aparecer despué s esos elementos que se vinculan ú nicamente al valor de uso, como, tambié n por ejemplo, en el capital
como materia prima, etc.? ¿Có mo es que en Ricardo 7, la constitució n fı́sica de la tierra aparece como caı́da de las nubes? ,
etc. La palabra mercancı́a Gen alemá n, Güter [[bienes, objetos, géneros]] equivaldrı́a tal vez a denrée [[gé neros, alimentos]]
por contraposició n a marchandise [[mercancı́a]]? )a contiene la relació n (a Vé ase nota en p.94. La palabra alemana usada

6 Cf. L-C.-L. S. DE SISMONDI, Nouveaux principes etc., cit., t. I, I. II, c. VI, p. 120.
7 Cf. D. RICARDO, On the Principies etc., cit., p. 55-75 [Principios, pp. 51-631.
El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por medio del
trabajo

siempre en el texto y que será equivalente a marchandise es “Ware”). El precio aparece en ella como mera determinació n
formal. Lo que no contradice, en absoluto, que el valor de cambio sea la determinació n preponderante. Pero el uso,
naturalmente, no desaparece por el hecho de estar determinado sólo por el cambio, aunque desde luego ese hecho fija su
propia orientació n. Sea como fuere, hay que investigar esto concienzudamente al estudiar el valor, y no, como hace Ricardo,
dejarlo sencillamente de lado, ni como el insulso Say8 darse ı́nfulas con el mero empleo de la palabra "utilidad". Ante todo
se debe exponer, y se expondrá en el desarrollo de los diversos capı́tulos, en qué medida el valor de uso en cuanto sustancia
presupuesta queda al margen de la economı́a y de sus determinaciones formales, y en qué medida entra en ella. Inepcias de
Proudhon; ver la "Misé re"9 . Lo seguro es que: en el intercambio (en la circulació n) tenemos la mercancı́a —valor de uso—
como precio; que al margen de su precio es mercancı́a, objeto de una necesidad, se comprende de suyo. Ambas
determinaciones no entran en relació n alguna entre sı́, salvo que el [[valor]] de uso particular se presenta como lı́mite
natural de la mercancı́a; de ahı́ que el dinero, esto es, el valor de cambio de aqué lla, tenga una existencia fuera de ella en el
dinero, pero só lo formalmente. El propio dinero es mercancı́a, tiene por sustancia un valor de uso.
179

En la circulació n simple cada una de las mercancı́as puede ser considerada alternativamente
en una determinació n o en la otra. En ambos casos la mercancı́a, considerada en cuanto tal,
sale de la circulació n como objeto de una necesidad y queda completamente al margen de la
relació n econó mica. Caso que la mercancı́a sea fijada como valor de cambio —dinero—,
tiende a la misma carencia de forma, pero en este caso permanece dentro de la relació n
econó mica. Sea como fuere, en la relació n de cambioa (circulació n simple) las mercancı́as
só lo tienen interé s en tanto tienen valor de cambio. Por lo demá s, su valor de cambio só lo
tiene un interé s pasajero, ya que elimina la unilateralidad del valor de uso —esto es, el valor
de uso, la utilidad referidab só lo al individuo determinado, y por lo tanto existente para é ste
inmediatamente—, pero no elimina a ese propio valor de uso. Má s bien lo pone y le sirve
como mediador; a tı́tulo de valor de uso para otro, etc. Pero cuando el valor de cambio en
cuanto tal se fija en el dinero, respecto a aqué l el valor de uso es tan só lo un caos abstracto.
Precisamente merced a la separació n de su sustancia, el valor de cambio se reencuentra
consigo mismo y tiende a salir de la esfera del valor de cambio simple, cuyo má ximo
movimiento es la circulació n simple y cuya consumació n superior es el dinero. En el interior
de esa misma esfera, empero, in fact la diferencia só lo existe como distinció n superficial,
como diferenciació n puramente formal. El propio dinero, en su má xima fijeza, es de nuevo
mercancı́a, y en cuanto tal só lo se diferencia de las demá s porque expresa más perfectamente
el valor de cambio; pero precisamente por eso, como moneda pierde su valor de cambio en
cuanto determinació n inmanente y se convierte en mero valor de uso, aunque tambié n en
valor de uso para la fijació n de precios, etc., de las mercancı́as.
180

Las determinaciones aú n coinciden directamente, pero, a la par, divergen. Cuando una y otra
se relacionan entre sı́ de manera autó noma, positiva, como en el caso de la mercancı́a que se
vuelve objeto del consumo, é sta cesa de ser un momento del proceso econó mico; si la
relació n es negativa, como en el dinero, se llega a la incoherencia; a la incoherencia,
ciertamente, en cuanto momento de la economı́a y determinante de la vida prá ctica de los
pueblos.
Como ya hemos visto, no se puede sostener que el valor de cambio se realice en la
circulació n simple. Ello se debe a que el valor de uso no se le contrapone en cuanto tal, como
un valor de uso determinado por é l mismo. Por el contrario, el valor de uso en cuanto tal no
está en relació n con el valor de cambio; só lo se convierte en valor de cambio determinado si
se le aplica como patró n exterior a é l lo que es comú n a todos los valores de uso: ser tiempo
de trabajo. Su unidad diverge ahora directamente, y su diferencia coincide directamente con
la unidad. Aun debe plantearse que el valor de uso en cuanto tal deviene a travé s del valor de
cambio, y que é ste, a su vez, es mediado a travé s del valor de uso. En la circulació n monetaria
só lo tenı́amos las diferentes formas del valor de cambio (precio de la mercancı́a — dinero) o

8 Cf. J.-B. SAY, Cours complet etc., cit., t. I, pp. 80-83 y D'airé etc., cit., t. I, pp. 2-7; cf. MEGA 1/3, p. 438.
9 Cf. MEGA 1/6, pp. 122-131 [Miseria de la filosofía, edic. Signos, Buenos Aires, 1970, pp. 11-231.
III. El capítulo del capital

só lo diversos valores de uso (M — M), para los cuales el dinero, el valor de cambio, no es
má s que una intermediació n fugaz. No se establecı́a una relació n efectiva entre el valor de
cambio y el de uso. La mercancı́a como tal —su particularidad— tambié n es por ende un
contenido indiferente, meramente fortuito y en general imaginado, que se sitú a al margen de
la relació n econó mica formal. O esta relació n es tan só lo una forma superficial, una
determinació n formal, fuera de cuyo dominio existe la sustancia real, con la cual —en cuanto
tal— aqué lla no tiene vinculació n alguna. De ahı́ que si esta determinació n formal se debe
asegurar en el dinero, se transforma bajo cuerda en un producto natural indiferente, un
metal, en el cual se disuelve toda relació n, sea con el individuo, sea con el trá fico entre los
individuos. El metal, a tı́tulo de tal, desde luego que no expresa relaciones sociales algunas;
hasta la forma de la moneda, la ú ltima señ al de vida de su significació n social, se desvanece
en é l.
El valor de cambio que, como té rmino de la relació n se contrapone al valor de uso, se le
contrapone como dinero, pero el dinero que de tal suerte se le contrapone ya no es dinero en
su determinació n en cuanto tal, sino en cuanto capital.
181

El valor de uso, o mercancı́a, contrapuesto al capital o al valor de cambio, ya no es la


mercancı́a tal como é sta aparecı́a ante el dinero, o sea la mercancı́a cuyo cará cter
determinado formal era tan indiferente como su contenido, y que se presentaba só lo como
una sustancia cualquiera en general. En primer té rmino como valor de uso para el capital,
vale decir como objeto en el intercambio con el cual el capital no pierde su determinació n de
valor, como por ejemplo ocurre con el dinero cuando se le cambia por una mercancı́a
determinada. La ú nica utilidad que un objeto en general puede tener para el capital, es
conservar o aumentar a é ste. Ya hemos visto, al estudiar el dinero, que el valor en cuanto tal
vuelto autó nomo —o la forma general de la riqueza— no es capaz de otro movimiento que
no sea el cuantitativo, el de acrecentarse. Es, por definició n, el compendio de todos los
valores de uso; pero al ser como siempre tan só lo una cantidad determinada de dinero (en
este caso de capital), su limitació n cuantitativa está en contradicció n con su calidad.
Conforme a su naturaleza, pues, tiende a superar su propia limitació n. (Como riqueza
fruitiva, por ejemplo en la é poca del Imperio Romano, el valor vuelto autó nomo se
presentaba por tanto como despilfarro ilimitado, (lile procuraba incluir al propio disfrute en
la imaginaria carencia de lı́mites, devorando ensaladas de perlas, etc.) Por ello, para el valor
que se conserva como valor en sı́, su aumento coincide con su conservació n, ya que tiende
continuamente a superar su limitació n cuantitativa, la cual contradice su determinació n
formal, su universalidad intrı́nseca. El enriquecimiento se convierte ası́ en finalidad en sı́. La
actividad del capital que determina el objeto de é ste só lo puede ser la del enriquecimiento,
esto es, la del incremento, la del aumento de sı́ mismo. Determinada suma de dinero (y para
su poseedor el dinero existe siempre só lo en una cantidad determinada, existe siempre
como suma determinada de dinero) (desarrollar esto ya en el capı́tulo del dinero) puede ser
plenamente suficiente para un consumo determinado en el cual cesa precisamente de ser
dinero. Pero en cuanto representante de la riqueza universal. no puede ser suficiente. En
cuanto suma cuantitativamente determinada, suma limitada, el dinero tampoco es má s que
un representante limitado de la riqueza universal, o el representante de una riqueza
limitada; alcanza exactamente adonde alcanza su valor de cambio; está exactamente medido
por é ste. Por tanto carece totalmente de la facultad, que conforme a su concepto universal
deberı́a tener, de comprar todos los disfrutes, todas las mercancı́as, la totalidad de las
sustancias materiales de la riqueza; no es un "pré cis de toutes les chosesa 10 ", etc.

10 Cf. nota 94.


El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por medio del
trabajo

Conservado como riqueza, como forma universal de la riqueza, como valor que tiene
vigencia en cuanto valor, manifiesta la tendencia constante de superar su limitació n
cuantitativa: proceso sin fin.
a Compendio de todas las cosas
182

Su propia condició n vital consiste exclusivamente en ello; só lo se conserva como valor de
cambio que vale para sı́ y que difiere del valor de uso, en tanto se reproduce continuamente.
(A los señ ores economistas les resulta condenadamente difı́cil pasar teó ricamente de la
autoconservació n del valor en el capital a su reproducció n; ante todo cuando se trata de é sta
en la determinació n fundamental de aqué l, no só lo como accidente ni só lo como resultado.
Vé ase p. ej., có mo Storch introduce esa determinació n bá sica por medio de la locució n
adverbial "en sentido estricto11 ". Los economistas, por cierto, procuran introducir eso, como
algo esencial, en la relació n del capital; pero cuando ello no ocurre en una forma brutal —
como cuando se define al capital como aquello que reporta beneficibs, con lo cual ya se pone
al aumento del capital como forma económica particular_ en el beneficio—, sucede furtiva y
desmayadamente, como lo mostraremos má s adelante, en una breve reviewa de todo lo que
han aportado los economistas con respecto a la definició n conceptual del capital. La
chá chara segú n la cual nadie invertirı́a su capital si no obtuviera ganancia de ello12 ,
desemboca en la necedad de que los bravos capitalistas seguirá n siendo capitalistas incluso
aunque no inviertan su capital; o, lo que está dicho en una forma muy de entrecasa, que por
definició n el capital se utiliza lucrativamente. Wellb.
Precisamente eso es lo que habrı́a que demostrar.) — El dinero en cuanto suma de dinero se
mide por su cantidad. Que se le mida contradice su determinació n que debe estar orientada
hacia lo ilimitado. Todo lo que aquı́ se ha dicho del dinero, erige aun má s para el capital, en el
cual el dinero se desarrolla en realidad por primera vez hasta alcanzar su determinació n
plena. Como valor de uso, esto es, ú til, só lo puede hacer frente al capital aquello lo aumente,
multiplique y, por ende, lo conserve como capital.
a Revisió n, examen. — b Bien

En segundo lugar. El capital es dinero, por definició n, pero dinero que ya no existe en forma
simple de oro y plata, ni ya tampoco dinero como dinero en contraposició n a la circulació n,
sino bajo la forma de todas las sustancias: mercancı́as. Hasta aquı́, pues, el capital no entra
en contradicció n con el valor de uso, sino que, fuera del dinero, só lo existe precisamente en
los valores de uso. Estas sustancias suyas son ahora, por lo tanto, perecederas, ni siquiera
tendrı́an valor de cambio alguno si no tuvieran valor de uso; como valores de uso pierden su
valor, se disuelven por simples procesos fisicoquı́micos naturales si no se las utiliza
realmente, o si se las utiliza realmente desaparecen de manera total. Desde este punto de
vista lo contrario del capital no puede ser otra vez una mercancı́a particular, pues en cuanto
tal no constituye una antı́tesis con el capital, ya que la sustancia de este mismo es valor de
uso; no es esta mercancı́a o aqué lla, sino toda una mercancı́a.
183

La sustancia comú n a todas las mercancı́as, vale decir, su sustancia no como base material,
como cualidad fı́sica, sino su sustancia comú n en cuanto mercancías y por ende valores de
cambio, consiste en que son trabajo objetivado*.
* Só lo si se busca, algo contrapuesto al capital, es posible ocuparse de esta sustancia econó mica (social) de los valores de
uso, o sea de su funció n como contenido, a diferencia de su forma (pero esta forma es valor por ser una determinada
cantidad de ese trabajo). En lo tocante a sus diferencias naturales, ninguna de é stas impide al capital asentarse en ellas,

11Cf. H. STORCH, Cours etc., cit., t. I, p. 154.


12Cf. A. SMITH, An Inquiry etc., cit., vol. I, pp. 131-132 [Riqueza de las naciones, p. 64], y ademá s R. T. MALTHUS, Principies
etc., cit., p. 302 [Principios, p. 255].
III. El capítulo del capital

convertirlas en su propio cuerpo, ya que ninguna excluye la determinació n de valor de cambio y de mercancı́a.

Lo ú nico diferente al trabajo objetivado es el no objetivado, que aú n se está objetivando, el


trabajo como subjetividad. O, tambié n, el trabajo objetivado, es decir, como trabajo existente
en el espacio, se puede contraponer en cuanto trabajo pasado al existente en el tiempo. Por
cuanto debe existir como algo temporal, como algo vivo, só lo puede existir como sujeto vivo,
en el que existe como facultad, como posibilidad, por ende como trabajador. El ú nico valor de
uso, pues, que puede constituir un té rmino opuesto al capital, es el trabajo (y precisamente el
trabajo que crea valor, o sea el productivo. Esta acotació n es anticipada; hay que desarrollarla
primero; by and bya . El trabajo como mera prestació n de servicios para la satisfacció n de
necesidades directas, nada tiene que ver con el capital, pues a é ste no le interesa. Cuando un
capitalista se hace cortar leñ a para asar su muttonb , no só lo el que la corta se sitú a respecto
a é l, sino é l mismo respecto al leñ ador dentro de una relació n de intercambio simple.
El que corta la leñ a le presta un servicio al capitalista, un valor de uso que no acrecienta el
capital, sino que lo consume, y el capitalista le proporciona en cambio otra mercancı́a, bajo la
forma de dinero. Ası́ ocurre con todas las prestaciones de servicio que los trabajadores
intercambian por el dinero de otras personas y que son consumidas por estas personas. Este
[intercambio]c es un consumo del ré dito, y como tal corresponde siempre a la circulació n
simple, no a la del capital.
a Dentrode un rato; a su tiempo. — b Carne ovina. — c La inclusió n de la palabra “intercambio” soluciona problemas de concordancia
presente en la edic. 1939

Como ninguna de las partes contratantes se enfrenta a la otra como capitalista, esta
prestació n del que sirve no se puede incluir en la categorı́a de trabajo productivo. Desde una
puta hasta el papa hay una buena cantidad de esta gentuza. Pero tambié n se incluye aquı́ el
honesto y "laborioso" lumpemproletariado; por ejemplo, grandes bandas de serviciales
rufianes, etc., en las ciudades portuarias, etc.
184

El representante del dinero só lo exige el servicio en aras de su valor de uso, que desaparece
inmediatamente para é l; pero el rufiá n reclama el dinero, y en tales circunstancias, tanto el
que ofrece el dinero por la mercancı́a, como el que ofrece la mercancı́a para obtener el
dinero, representan recı́procamente tan só lo los dos té rminos de la circulació n simple;
desde luego que el rufiá n, a quien só lo interesa lograr el dinero, o sea directamente la forma
universal de la riqueza, procura enriquecerse a costa de su improvisado amigo, lo que a é ste,
hard calculatora , tanto má s profundamente lo ofende por cuanto esta prestació n de
servicios, que necesita ahora, só lo puede atribuirse a su universal debilidad humana, ya que
de ningú n modo la reclama en su condición de capitalista. A. Smith, en lo esencial, tenía razó n
con su trabajo productivo e improductivo, la tenía desde el punto de vista de la economı́a
burguesa. Lo que en cambio aducen los demá s economistas, es chá chara (f i.b Storch, de
modo aun má s piojoso Senior, etc.), a saber, que toda acció n produce un efecto, sea lo que
fuere —esto es, confunden el sentido natural y el econó mico del producto—; de esta suerte
un bribó n tambié n es un trabajador productivo, ya que indirectamente produce libros de
derecho penal (este razonamiento es, cuando menos, exactamente tan correcto como el que
sirve para llamar trabajador productivo a un juez, porque é ste protege del robo13 ). O bien
los economistas modernos se han convertido en tales sicofantes del burgué s, que quieren
hacerle creer que si alguien le despioja la cabeza, o le frota la cola, estamos ante un trabajo
productivo, ya que por ejemplo la ú ltima actividad le dejará má s despejada su cabezota —

13 Cf. A. SMITH, An Inquiry etc., cit., vol. II, pp. 345-385 [Riqueza de las naciones, pp. 298-316]; v. ademá s MEGA 1/3, p. 474.

H. STORCH, Considérations etc., cit., pp. 38-50. W. N. SENIOR, Principes fondamentaux etc., cit., pp. 284-308. J. M. LAUDERDALE,
Recherches etc., cit., pp. 109-111, donde por otra parte no se habla del "ladró n" al que hace referencia Marx en el tı́tulo-sumario
de este pará grafo.
El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por medio del
trabajo

blockheadc— para cuando el dı́a siguiente esté en su despacho. Por ello es completamente
ló gico —aunque al mismo tiempo caracterı́stico—, que segú n los economistas consecuentes
aquellos que trabajan en fá bricas de artı́culos suntuarios, por ejemplo, sean trabajadores
productivos, aunque a los tipos que consumen tales objetos se les tache expresamente de
derrochadores improductivos. El fact es que estos trabajadores indeedd, son productivos as
far as they increase the capital of their master14 ; unproductive as to the material result of
their labour. In fact e este trabajador "productivo" está tan poco interesado en la mierda que
tiene que fabricar, como el propio capitalista que lo emplea, a quien le importan tres ardites
esos cachivaches.
Con mayor exactitud, tenemos que de hecho la verdadera definició n de trabajador
productivo consiste en lo siguiente: un hombre que no necesita ni exige nada má s que lo
estrictamente necesario para estar en condiciones de procurar a su capitalista el mayor
beneficio posible. All this nonsense f . Digresió n. Pero volver, má s de cerca, a esto de lo
productivo y no productivo.)
a Calculador avezado. — b "For instance": por ejemplo. — c Cabeza de leñ o, tonto, alcornoque. — d
Verdaderamente. — e En la medida en que acrecientan el capital de su patró n; improductivos en lo que
concieme al resultado material de su trabajo. De hecho ... — f Todo esto es descabellado
185

Los dos procesos diferentes en el intercambio del capital con el trabajo.


(Aquí cae dentro del carácter determinado económico formal, etc., lo que se intercambia.
con su valor de uso, por el capital)

El valor de uso opuesto al capital en cuanto valor de cambio puesto, es el trabajo. El capital se
intercambia, o, en este cará cter determinado, só lo está en relació n, con el no-capital, con la
negació n del capital, respecto a la cual só lo é l es capital; el verdadero no-capital es el trabajo.
Si consideramos el intercambio entre capital y trabajo, tenemos que se descompone en dos
procesos contrapuestos, diferentes no só lo desde el punto de vista formal, sino tambié n
cualitativamente:
1) El trabajador intercambia su mercancı́a —el trabajo, el valor de uso que como mercancı́a
tambié n tiene un precio, como todas las demá s mercancı́as—, por determinada suma de
valores de cambio, determinada suma de dinero, que el capital le cede.
2) El capitalista recibe en cambio el trabajo mismo, el trabajo como actividad creadora de
valores; es decir, recibe en cambio la fuerza productiva que mantiene y reproduce al capital y
que, con ello, se transforma en fuerza productora y reproductora del capital, en una fuerza
perteneciente al propio capital.
La disociació n entre ambos procesos salta tanto a la vista que se pueden separar en el
tiempo, y en forma alguna han de coincidir. El primer proceso puede estar consumado, y en
cierta medida lo está las má s de las veces, antes de que el segundo ni siquiera haya
comenzado. La consumació n del segundo acto supone que el producto esté terminado. El
pago del salario no puede esperar hasta esa terminació n. Encontraremos que una
determinació n esencial de la relació n consiste en que el pago del salario no puede esperar a
la terminació n del producto.
En el intercambio y circulació n simples, no se verifica ese proceso doble. Si la mercancı́a a se
cambia por el dinero b, y luego é ste por la mercancı́a c destinada al consumo —mercancı́a

14 Cf. nota 150.


III. El capítulo del capital

que era el objeto originario del intercambio de a—, el uso de la mercancı́a c, su consumo,
queda al margen de la circulació n; no afecta en nada la forma de la relació n; está situado má s
allá de la circulació n misma y es un interé s puramente material que só lo expresa una
relació n del individuo A, en su condició n natural, con un objeto de su necesidad singular. Lo
que hará con la mercancı́a c es una cuestió n exterior a la relació n econó mica. Aquı́, por el
contrario, el valor de uso de lo que se cambia por el dinero se presenta como una relación
económica especial, y la utilización determinada de lo que se cambia por el dinero constituye el
fin último de los dos procesos. Es esto, por ende, lo que ya en lo formal diferencia del
intercambio simple al intercambio entre el capital y el trabajo; dos procesos distintos.
186

Si, a má s de esto, comprendemos ahora có mo el intercambio entre el capital y el trabajo se
diferencia del intercambio (circulació n) simple, en cuanto al contenido, encontraremos que
esa diferencia no surge de una relació n o comparació n exterior, sino que en la totalidad del
ú ltimo proceso la segunda forma se diferencia de la primera, que esa comparació n misma
está allı́ incluida. La diferencia del segundo acto respecto del primero —o sea que el proceso
particular de apropiació n del trabajo por parte del capital es el segundo acto— es exactlya la
diferencia que va del intercambio entre capital y trabajo al intercambio en el cual el dinero
oficia de intermediario entre mercancı́as. En el intercambio entre el capital y el trabajo el
primer acto es un intercambio, pertenece enteramente a la circulación habitual; el segundo es
un proceso cualitativamente diferente y sólo by misuseb se le puede considerar como
intercambio del tipo que fuere. Se contrapone directamente al intercambio; categorı́a
esencialmente diferente.
a Exactamente. — b Por error

Capital y moderna propiedad de la tierra — Wakefield

[(Capital. I. Universalidad: 1) Devenir del capital a partir del dinero. b) Capital y trabajo
(intermediá ndose a travé s del trabajo ajeno). c) Los elementos del capital analizados segú n
su relació n con el trabajo (producto, materia prima, instrumento de trabajo). 2)
Particularización del capital: a) capital circulant, capital fixea . Circulació n del capital. 3) La
singularidad del capital: capital y beneficio. Capital e interé s. El capital como valor, diferente
del capital como interé s y beneficio. II. Particularidad: 1) Acumulació n de los capitales. 2)
Competencia de los capitales. 3) Concentració n de los capitales (diferencia cuantitativa del
capital, y a la vez cualitativa, como medida de su magnitud y de su acció n)b. III. Singularidad:
1) El capital como cré dito. 2) El capital como capital por acciones. 3) El capital como
mercado monetario. En el mercado monetario el capital está puesto en su totalidad; en é l,
determina los precios, da trabajo, regula la producción, en una palabra, es fuente productiva;
pero el capital, no só lo como productor de sı́ mismo (materialmente por medio de la
industria, etc., de la fijació n de los precios, del desarrollo de las fuerzas productivas), sino al
mismo tiempo como creador de valores, debe poner una forma de riqueza o un valor
especı́ficamente diferente del capital.
a Capitalcirculante, capital fijo. — b Tachado aquı́: b) El capital como cré dito. c) El capital por acciones. d) El mercado monetario. e) El
capital como determinante de los precios
187

Esa forma es la renta de la tierra. Constituye el ú nico caso en el cual el capital crea un valor
diferente del propio capital, de su propia producció n. Tanto por su naturaleza como
histó ricamente, el capital es el creador de la moderna propiedad de la tierra, de la renta de la
tierra; por ende su acció n se presenta asimismo como disolució n de la vieja forma de la
propiedad de la tierra. La nueva surge a consecuencia de la acció n del capital sobre la vieja.
El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por medio del
trabajo

El capital —considerado bajo cierto aspecto— es el fundador de la agricultura moderna. En


las relaciones econó micas de la moderna propiedad de la tierra, lo que aparece como un
proceso: renta de la tierra — capital —trabajo asalariado (la forma de la serie puede ser
concebida de otra manera, como trabajo asalariado — capital — renta de la tierra, pero el
capital debe aparecer siempre como el té rmino medio activo), constituye por ende la
estructura interna de la sociedad moderna, o el capital puesto en la totalidad de sus
relaciones. Cabe preguntarse ahora, có mo se produce el pasaje de la propiedad de la tierra al
trabajo asalariado. (El pasaje del trabajo asalariado al capital se produce de por sı́; en este
caso el capital retorna a su origen activo.) Histó ricamente la transició n es indiscutible. La
transició n está implı́cita en el hecho de que la propiedad de la tierra es producto del capital.
En todas partes encontramos, pues, que allı́ donde por la reacció n de1 capital sobre las
viejas formas de la propiedad de la tierra é stas se transforman en renta en dinero (lo mismo
ocurrió , de Otra manera, donde fue creado el campesino moderno) y donde, paralelamente,
la agricultura explotada por el capital se convierte en agronomı́a industrial, necesariamente
los cottiersa , siervos de la gleba, campesinos sujetos a prestaciones, enfiteutas, inquilinos,
etc., se transforman en jornaleros, en asalariados. Vale decir que el trabajo asalariado no es
creado en su plenitud sino por la acció n del capital sobre la propiedad de la tierra, y luego,
una vez que é sta se ha consolidado como forma, por el propietario mismo de la tierra. Este,
como dice Steuar15 clearsb la tierra entonces de sus bocas superfluas, a los hijos de la tierra
los arranca del pecho que los crió y transforma de este modo la propia agricultura, que
conforme a su naturaleza se presenta como fuente directa de subsistencia, en fuente
mediada de subsistencia, completamente dependiente de relaciones sociales.
a Enla Inglaterra medieval, villano al que, en compensació n por su trabajo, el señ or le permitı́a el usufructo de una choza ("cot") y una
parcela. — b Despeja, libera
188

(La dependencia recı́proca debe haber alcanzado todo su relieve antes de que se pueda
pensar en una verdadert comunidad social. Todas las relaciones como puestas por la
sociedad; no como determinadas por la naturaleza.) Por ello, só lo entonces es posible la
aplicació n de la ciencia y se desarrolla plenamente la fuerza productiva. No cabe duda
alguna, pues, de que el in.zbajo asalariado en su forma clásica, como aquello que impregna a
la sociedad en toda su amplitud y se convierte en base de la misma, en lugar de la tierra; no
es creado sino por la moderna propiedad de la tierra, esto es, por la propiedad de la tierra en
cuanto valor creado por el capital mismo. De ahf que la propiedad de la tierra nos vuelva a
llevar al trabajo asalariado. Se trata, desde un punto de vista, simplemente de la
transferencia del trabajo asalariado desde las ciudades hacia la campañ a, o sea del trabajo
asalariado extendido a la superficie entera de la sociedad. Si es rico, el antiguo propietario
de la tierra no necesita de capitalista alguno para convertirse en terrateniente moderno. Le
basta con transformar a sus trabajadores en asalariados y con producir con vistas al
beneficio, en lugar de hacerlo con vistas al ré dito. En su persona está n presupuestos el
arrendatario y el terrateniente modernos. Que la forma en que percibe su renta se
modifique,. o la forma en que se paga al trabajador, no es por cierto una diferencia formal,
sino que supone un trastrocamiento total del modo mismo de producción (de la agricultura);
tiene, pues, supuestos que se basan en determinado desarrollo de la industria, del comercio
y de la ciencia, en suma, de las fuerzas productivas. Así como, en general, la producción
fundada en el capital y el trabajo asalariado no sólo es formalmente distinta de otros modos
de producción, sino que presupone igualmente una revolución total y el desarrollo de la
producción material. Aunque el capital bajo la forma de capital comercial puede
desarrollarse plenamente (salvo que cuantitativamente no en el mismo grado) sin ese

15 Cf. nota 31.


III. El capítulo del capital

trastrocamiento de la propiedad de la tierra, no ocurre otro tanto con el capital industrial.


Incluso el desarrollo de la manufactura presupone una disolución incipiente de las viejas
relaciones económicas de la propiedad de la tierra. Por otra parte, la nueva forma, en su
plenitud y amplitud no surge de rata disolución paulatina hasta tanto el desarrollo de la
industria moderna no haya alcanzado un alto grado de perfeccionamiento; lo cual, empero,
ocurre tanto más rápidamente, cuanto más se hayan desarrollado la agricultura moderna, fa
forma de propiedad y las relaciones económicas correspondientes a esa agricultura. De ahí
que Inglaterra sea, en este respecto, el país modelo para los otros países continentales, Del
mismo modo, así como la primera forma de la industria, la gran manufactura, presupone ya
la disolución de la propiedad de la tierra, ésta se. halla condicionada a su vez por el
desenvolvimiento precedente e imperfecto del capital en las ciudades, incluso en sus formas
aún poco desarrolladas (medievales), y al mismo tiempo por la acción de la manufactura que
en otros países prospera conjuntamente con el comercio (Holanda influyó de este modo
sobre Inglaterra en el curso del siglo XVI y de la primera mitad del XVII).
189

En esos mismos países el proceso ya se había consumado y la agricultura había sido


sacrificada a la ganadería, y el trigo se obtenía de países atrasados, como Polonia, etc., me-
diante la importación (Holanda again)a.
a De nuevo

Hay que hacerse cargo de que las nuevas fuerzas productivas y relaciones de producción no
se desarrollaron a partir de la nada, ni del aire, ni de las entrañas de la idea que se pone a sí
misma; sino en el interior del desarrollo existente de la producción y de las relaciones de
propiedad tradicionales y contraponiéndose a ese desarrollo y esas relaciones. Si en el
sistema burgué s acabado cada relació n econó mica presupone a la otra bajo la forma
econó mico-burguesa, y ası́ cada elemento puesto es al mismo tiempo supuesto, tal es el caso
con todo sistema orgá nico. Este mismo sistema orgá nico en cuanto totalidad tiene sus
supuestos, y su desarrollo hasta alcanzar la totalidad plena consiste precisamente [en que]
se subordina todos los elementos de la sociedad, o en que crea los ó rganos que aú n le hacen
falta a partir de aqué lla. De esta manera llega a ser histó ricamente una totalidad. El devenir
hacia esa totalidad constituye un momento de su proceso, de su desarrollo. Por otra parte,
cuando en el interior de una sociedad las modernas relaciones de producció n. vale decir el
capital, se han desarrollado hasta su plena totalidad, y esta sociedad se ha apoderado de un
nuevo terreno, como por ejemplo en las colonias, la misma, y principalmente su
representante, el capitalista, se encuentra con que, en ausencia del trabajo asalariado, su
capital cesa de ser capital, y con que uno de los supuestos de é ste no es tan só lo la propiedad
de la tierra en general, sino la moderna propiedad de la tierra; propiedad de la tierra que, en
cuanto renta capitalizada, es má s cara y en cuanto tal excluye la utilizació n directa de la
tierra por los individuos. De ahı́ la teorı́a de Wakefield16 sobre las colonias, aplicada
prá cticamente por el gobierno inglé s en Australia. La propiedad de la tierra se encarece aquı́
artificialmente para transformar a los trabajadores en asalariados, hacer que el capital opere
como tal y ası́ volver productiva la nueva colonia; en ella debe desarrollarse la riqueza, en
lugar de emplearla, como en Amé rica, para su entrega transitoria a los asalariados. La teorı́a
de Wakefield es tremendamente importante para la comprensió n correcta de la moderna
propiedad de la tierra. El capital en cuanto creador de la renta del suelo, se reduce a la
producció n del trabajo asalariado como su fundamento creador universal. El capital surge de
la circulació n y pone al trabajo como trabajo asalariado; se constituye de esta manera y se
desarrolla como un todo y pone a la propiedad de la tierra como su condició n y al mismo

16 Cf. E. G. WAKEFIELD, A View of the Art of Colonization etc., London 1849. Extractos, en el cuaderno londinense XIV.
El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por medio del
trabajo

tiempo como su antı́tesis.


190

Se deja ver, empero, que con ello só lo ha creado al trabajo asalariado como su supuesto
universal. Es necesario considerar a é sta aparte, pues. Por otro lado, la propiedad moderna
de la tierra se manifiesta de la manera má s imponente en el proceso del clearing of estatesa
17 y en la transformació n de los trabajadores rurales en asalariados.

a Vé ase nota de la pá gina 196

Doble transició n, pues, en el trabajo asalariado. Esto en cuanto al aspecto positivo. El


negativo, luego que el capital ha puesto la propiedad de la tierra, y con ello su objetivo doble:
1) Agricultura industrial y, con ella, desarrollo de la fuerza productiva de la tierra; 2) Trabajo
asalariado, es decir dominació n del capital en general sobre la campañ a; la existencia de la
propiedad misma de la tierra se considera como una manifestació n puramente transitoria,
necesaria en cuanto acció n del capital sobre las viejas relaciones de propiedad de la tierra, y
como un producto de la disolución de esas relaciones; pero en cuanto tal, una vez alcanzado
ese objetivo, la propiedad de la tierra no constituye otra cosa que una traba para el beneficio,
en absoluto es necesario para la producció n. El capital, pues, procura disolver la propiedad
de la tierra en cuanto propiedad privada y transferirla al estado. Este es el aspecto negativo.
Transformar internamente toda esa sociedad en capitalistas y asalariados. Cuando el capital
ha llegado a este punto, tambié n el trabajo asalariado ha ido tan lejos que por un lado
intenta, de la misma manera que el burgué s, quitar de en medio a los terratenientes como
superfetació n, y ello con vistas a que se simplifique la relació n, se reduzcan los impuestos,
etc.; por el otro lado, para ponerse a salvo del trabajo asalariado y convertirse en productor
independiente —para el uso directo— exige el parcelamiento de la gran propiedad de la
tierra. De modo que a la propiedad de la tierra se la niega desde dos lados; la negació n por
parte del capital es tan só lo modificació n formal, con vistas a su dominació n exclusiva.
(Renta del suelo como la renta (impuesto) general del estado, de tal manera que la sociedad
burguesa reproduce de otro modo el sistema medieval, pero como cabal negació n del
mismo.) La negació n por parte del trabajo asalariado es meramente una negació n encubierta
del capital, y por ende tambié n de sı́ mismo. Se la debe considerar ahora, pues, como
autó noma respecto del capital. De esta manera hay una doble transició n: 1) Transición
positiva a partir de la moderna propiedad (le la tierra, o del capital por medio de la
propiedad de la tierra, ¡hacia]] el trabajo asalariado general; 2) transición negativa: negació n
de la propiedad de la tierra por el capital, o sea, pues, negació n del valor autó nomo por el
capital, o sea negació n del capital por sı́ mismo. Pero la negació n de é ste es el trabajo
a'alariado. Acto continuo, negació n de la propiedad de la tierra y mediante aqué lla, negació n
del capital por parte del trabajo asalariado. Vale decir, el trabajo asalariado procura ponerse
como independiente.]]
191

[[El mercado, que al principio aparecı́a en la economı́a como determinació n abstracta,


adquiere dimensiones totales. En primer té rmino, el mercado monetario. Este abarca el
mercado de cambios; en general el mercado de pré stamos; por tanto comercio del dinero,
mercado de los metales preciosos. Como mercado de pré stamos monetarios, se presenta por
un lado como bancos, for instancea de descuento, para lo cual descuentan: loan-market,
billbrokersb , etc.; pero tambié n, má s adelante, como mercado de todos los títulos que
producen interés: funds` del estado y share marketd . Los ú ltimos se dividen en varios grupos
importantes (en primer lugar las sharese de los propios institutos monetarios; bank shares;
joint-stock bank sharesf ; shares de los medios de comunicació n (railway sharesg las má s
importantes; canal shares; steam navigation shares, telegraph shares, omnibus shares)h

17 Cf. R. SOMERS, Letters from the Highland; or the Famine of 1847, London 1848.
III. El capítulo del capital

shares de enterprisesi industriales generales (mining sharesj las principales). Luego elementos
generales de abastecimiento (gas shares, shares de alcantarillado y agua corriente). Otras
mil cosas bajo el rubro varios. Para la conservación de las mercancías (dock sharesk , etc.).
Varios hasta el infinito, como las enterprises por acciones, compañ ı́as industriales o
comerciales. Por ú ltimo, como afianzamiento del conjunto, insurance sharesl de todo tipo).
Ası́ como el mercado, en lı́neas generales, se divide en home market y foreign market" , el
mercado interno a su vez se divide en market of home shares, national funds, etc., y foreign
funds, foreign shares, etc.m En rigor, este desarrollo corresponde al mercado mundial, que no
só lo es el mercado interno en relació n a todos los foreign markets que existen fuera de é l,
sino al mismo tiempo el mercado interno de todos los foreign markets como partes
componentes a su vez del home market.
a Porejemplo. — b Mercado crediticio, corredores de cambios. — c Fondos (pú blicos). — d Mercado de acciones, bolsa de valores. — e
Acciones. — f Accionds bancarias; acciones del capital social de un banco. — g Acciones ferrocarrileras. — h Acciones de canales, acciones de
navegació n a vapor, acciones de telé grafos, acciones de compañ ı́as de ó mnibus.-i Empresas. — j Acciones mineras. — k Acciones portuarias.
— lAcciones de compañ ı́as de seguros. — Mercado interno y mercado exterior. — m Mercado de acciones nacionales, fondos pú blicos, etc., y
valores extranjeros, acciones extranjeras, etc.

La concentración del mercado monetario en una sede principal dentro de un paı́s, mientras
que los demá s mercados se distribuyen má s de acuerdo con la divisió n del trabajo; aunque
tambié n en este caso, gran concentració n en la capital, si é sta es al mismo tiempo un puerto
de exportació n. —Los mercados diferentes del mercado monetario son en primer té rmino
tan diferentes como productos y ramas de producció n existan, y constituyen asimismo
mercados diferentes. Los principales mercados de estos productos diferentes forman
centros que, o lo son respecto a la importació n o la exportació n, o porque son centros de una
producció n determinada, a lugares de abastecimiento directo de tales centros. Estos
mercados, empero, pasan de la mera diversidad a una divisió n má s o menos orgá nica, que
necesariamente se realiza con arreglo a los elementos fundamentales del capital: mercado
de productos y mercado de materias primas.
192

El instrumento de producció n en cuanto tal no forma mercado especial alguno; como tal,
existe principalmente y por vez primera en las materias no elaboradas, que se venden como
medio de producció n; despué s, en los metales, particularmente, ya que estos excluyen toda
idea de consumo directo, y luego en productos como el carbó n, el aceite, las sustancias
quı́micas, destinadas a desaparecer en su calidad de medios accesorios de la producció n. Lo
mismo con los colores, la madera, drugsa, etc. Segú n ello:
I. Productos. 1) Mercado cerealero, con sus diversas subdivisiones. Por ejemplo, mercado de
seedsb: arroz, tapioca, papas, etc. Muy importante econó micamente; al mismo tiempo
mercado para la producció n y para el consumo directo. 2) Colonial produce-marketc . Café , té ,
cacao, azú car; spicesd (pimienta, tabaco, pimienta de Jamaica, cinnamon, cassia lignea,
cloves,e ginger, mace, nutmegs, etc.)f ; 3) Frutas. Almonds, currants, figs, plums, prunes,
raisins, oranges, lemons, etc. Molassesg (para la producció n, etc.); 4) Provisions. Butter;
cheese, bacon, hams; lard; pork; beefh (ahumada), pescado, etc. Spiritsi. Vino, ron, cerveza,
etc. II. Productos sin elaborar. 1) Las materias primas de la industria mecánica. Lino; cá ñ amo;
algodó n; seda; lana; pieles; cueros; gutapercha, etc. 2) Materias primas de la industria
química. Potasa, salitre; trementina; nitrat of soda, etc. III. Materias primas que al mismo
tiempo son instrumentos de producción. Metales (cobre, hierro, estañ o, zinc, plomo, acero,
etc.), madera. Wood. Timberj . Maderas tintó reas. Madera para construcciones navales, etc.
Medios de producción y materias primas accesorios. Drugs y dyesk.
(Cochenillel, ı́ndigo, etc. Alquitrá n. Sebo. Aceites. Carbó n, etc.). Cada producto, naturalmente,
tiene que ir al mercado; pero los mercados realmente grandes, a diferencia del comercio al
por menor, los constituyen solamente los grandes productos de consumo (econó micamente
El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por medio del
trabajo

importantes só lo los mercados cerealero, del té , del azú car, el mercado del café (el mercado
de vinos en cierta medida, y el de las bebidas espirituosas en general) o los constituidos por,
las materias primas de la industria: mercado lanero, de la seda, maderero, de los metales,
etc.). En qué lugar debe introducirse la categorı́a abstracta del mercado, ya se encontrará .]]
a Drogas. — b Semillas, granos. — c Mercado de productos coloniales. — d Especias. — e "cloves' ; en edic. 1939, "gloves" ("guantes"). f Canela,
cañ afı́stula, clavos de olor, jenjibre, macis, nuez moscada, etc. — g Almendras, pasas de Corinto, higos, ciruelas, pasas de ciruelas, uvas,
naranjas, limones, etc. — Melaza. — h Comestibles. Manteca; queso, tocino, jamó n, manteca de cerdo, carne de cerdo, carne de vaca. —
iBebidas espirituosas. — j Madera y leñ a. Madera de construcció n. — k Drogas (o productos farmacé uticos) y tinturas. — l Cochinilla

Intercambio entre el capital y el trabajo. Salario por piezas.


–Participación del obrero asalariado en la riqueza general, determinada sólo
cuantitativamente. — Equivalente del obrero, dinero. Por lo tanto, enfrentado como
opuesto al capital. — Pero objetivo de su intercambio, satisfacción de su necesidad. Dinero,
para él sólo medio de circulación. — Ahorro, el renunciamiento como medio de
enriquecimiento del obrero. — Carencia de valor y desvalorización del obrero condición
del capital.
193

El intercambio del obrero con el capitalista es un intercambio simple; cada uno obtiene un
equivalente; el uno, dinero, el otro, una mercancı́a cuyo precio es exactamente igual al dinero
pagado por ella; lo que el capitalista obtiene en este intercambio simple es un valor de uso:
disposició n del trabajo ajeno. Por parte del obrero —y é steb es el intercambio en el que
aparece como vendedor— es evident que a é l la determinació n formal de la relació n le
interesa tan poco como al comprador de cualquier otra mercancı́a, de un valor de uso, el uso
que el comprador haga de la mercancı́a vendida. Lo que vende es la disposició n de su
trabajo, el cual es un trabajo determinado, determinada pericia, etcé tera.
b “diez”, edic. 1939, “Diesnst” (“servicio”)

Es completamente indiferente lo que haga el capitalista con su trabajo, aunque, desde luego,
só lo pueda usarlo conforme a la determinació n de é ste y el disponer del obrero se limite
ú nicamente a un trabajo determinado y a una disposició n temporalmente determinada de ese
trabajo (tanto y tanto tiempo de trabajo). El sistema de pago por piezas, sin duda, introduce
la apariencia de que el obrero recibe cierta parte en el producto. Pero se trata tan só lo de
otra forma de medir el tiempo (en vez de decir: tú trabajas doce horas, se dice: recibes tanto
por pieza, esto es, medimos por la cantidad de los productos el tiempo que has trabajado);
esto nada tiene que ver con el tratamiento de la relació n general. Si el capitalista se
conformara con la mera facultad de disposició n, sin hacer trabajar realmente al obrero, por
ejemplo para tener su trabajo como una reserva, etc., o para despojar a su competidor de la
facultad de disposició n (ası́ como, pongamos por caso, los directores de espectá culos
contratan cantantes por una seasona, no para hacerlas cantar, sino para que no canten en
una sala competidora), el intercambio se habrı́a realizado plenamente.
a Temporada

Con el dinero el obrero recibe ciertamente el valor de cambio, la fó rmula universal de la
riqueza en una cantidad determinada, y el má s o el menos que reciba, le proporciona una
participació n mayor o menor en la riqueza universal. El modo en que se determine ese má s o
ese menos, en que se mida la cantidad de dinero que recibe, depende tan poco de la relació n
general, que no se le puede desarrollar a partir de la misma en cuanto tal. Hablando en
té rminos generales, el valor de cambio de su mercancı́a só lo puede ser determinado no por
la forma en que el comprador usa su mercancı́a, sino por la cantidad de trabajo objetivado
que existe en ella; o sea, en este caso, por la cantidad de trabajo que cuesta producir al
III. El capítulo del capital

propio obrero. El valor de uso, en efecto, que ofrece el obrero, existe ú nicamente como
facultad, como capacidad de su constitució n corporal; fuera de la misma no tiene existencia
alguna. El trabajo objetivado, que es necesario tanto para conservar corporalmente la
sustancia universal en la que existe la facultad de trabajo del obrero, o sea este mismo, como
para modificar esta sustancia universal con vistas al desarrollo de su facultad particular, es
el trabajo objetivado en la sustancia.
194

Este trabajo mide en general la cantidad del valor, la suma de dinero, que el obrero recibe en
el intercambio. El aná lisis ulterior de có mo se mide el salario, al igual que todas las demá s
mercancı́as, por el tiempo de trabajo necesario para producir al obrero en cuanto tal, aú n no
viene al caso. En la circulació n, si cambio una mercancı́a por dinero y con é ste compro una
mercancı́a y satisfago mi necesidad, el acto se ha agotado. Lo mismo ocurre con el obrero.
Pero el mismo tiene la posibilidad de recomenzar ese acto, ya cine su constitució n corporal
es la fuente de la que su valor de uso —hasta un momento determinado, hasta que se
consume— surge siempre de nuevo y se enfrenta permanentemente al capital, para
comenzar una vez má s el mismo intercambio. Como— cualquier otro individuo presente
como sujeto en la circulació n, el obrero es poseedor de un valor de uso; lo cambia por
dinero, la forma universal de la riqueza, pero só lo para cambiar a é ste a su vez por
mercancı́as como objetos de su consumo directo, como medios para la satisfacció n de sus
necesidades. Como el obrero cambia su valor de uso por la forma universal de la riqueza, se
convierte en copartı́cipe del disfrute de la riqueza universal, hasta el lı́mite de su equivalente
(un lı́mite cuantitativo, que por cierto se transforma en uno cualitativo, como en todo
intercambio). El obrero, sin embargo, no está ligado a objetos particulares, ni a un modo
particular de la satisfacció n. No está excluido cualitativamente... de la esfera de sus disfrutes,
sino só lo cuantitativamente. Ello lo diferencia del esclavo, del siervo de la gleba, etc. El
consumo, certainlya , reactú a sobre la producció n misma; pero esta retroacció n no afecta al
obrero en su intercambio, ası́ como tampoco a cualquier otro vendedor de una mercancı́a;
má s bien, desde el punto de vista de la circulació n simple —y por ahora no hay ante
nosotros ninguna otra relació n desarrollada—, está al margen de la relació n econó mica.
a Ciertamente

Pero incidentalmente se puede observar, desde ya, que la relativa limitació n —só lo
cuantitativa, no cualitativa, y só lo puesta por la cantidad— de la esfera que abarcan los
disfrutes de los obreros, les concede tambié n como consumidores una importancia
completamente diferente, en cuanto agentes de la producció n, a la que tienen y tenı́an por
ejemplo en la Antigü edad, la Edad Media o en Asia (en el aná lisis ulterior del capital habrá
que ponderar má s de cerca la relació n entre el consumo y la producció n). Pero esto, como
hemos dicho, aú n no tiene nada que hacer aquı́. Del mismo modo, al recibir el obrero el
equivalente bajo la forma del dinero, bajo la forma de la riqueza universal, se enfrenta al
capitalista como igual a é ste, tal cual sucede con cualquier otro participante en el
intercambio; por lo menos en apariencia.
195

En fact, esta igualdad ya se halla alterada porque su relació n como obrero con el capitalista,
como valor de uso en la forma especı́ficamente diferente del valor de cambio, en
contraposició n con el valor puesto en cuanto valor, está presupuesta para este intercambio
aparentemente simple; porque el obrero se encuentra ya en una relació n determinada
econó micamente de otra manera; exterior a la del intercambio, en la cual es indiferente la
ı́ndole del valor de uso, el valor de uso particular de la mercancı́a en cuanto tal. Esa
apariencia existe empero como ilusió n por parte del obrero, y en cierta medida por la otra
parte, y por ende modifica tambié n esencialmente su relació n, con respecto a la de los
trabajadores en otros modos de producció n social. Pero lo esencial es que para é l el objeto
El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por medio del
trabajo

del intercambio es la satisfacció n de su necesidad. El objeto de su intercambio es objeto


directo de la necesidad, no el valor de cambio en cuanto tal. Recibe dinero, por cierto, pero
só lo en su determinació n como moneda, só lo en cuanto intermediació n que se elimina a sı́
misma y desaparece. Lo que intercambia, por ende, no es el valor de cambio, no es la riqueza,
sino medios de subsistencia, objetos para mantener su condició n vital, satisfacció n de sus
necesidades en general, fı́sicas, sociales, etc. Se trata de determinado equivalente en medios
de subsistencia, de trabajo objetivado, medido por los costos de producció n de su trabajo. Lo
que el obrero vende, es la disposició n de su trabajo. Por otra parte, es verdad que incluso en
la circulació n simple la moneda llega a ser dinero y que, por ende, al recibir moneda en el
intercambio, el obrero puede transformarla en dinero, acumulá ndola, etc., retirá ndola de la
circulació n; la moneda queda fija como forma universal de la riqueza, y no como medio de
cambio efı́mero. En este sentido se podrı́a decir, pues, que el objetivo del obrero en su
intercambio con el capital —y por lo tanto tambié n el producto del intercambio para é l— no
es el medio de subsistencia, sino la riqueza; no un valor de uso particular, sino el valor de
cambio en cuanto tal. Ası́ como la riqueza en general só lo puede aparecer como producto de
la circulación simple, en la que se intercambian equivalentes, el obrero, segú n esto, só lo
podrı́a convertir el valor de cambio de su propio producto si sacrifica la satisfacció n
sustancial a la forma de la riqueza; o sea, si, mediante la abstinencia, el ahorro y apretá ndose
el cinturó n retira de la circulació n para su consumo menos de los bienes que entrega a ella.
Es é sta la ú nica forma posible de enriquecerse puesta por la propia circulació n. El
renunciamiento, ademá s, podrı́a presentarse tambié na bajo una forma má s activa, que no
está puesta en la circulació n simple y que consiste en que el obrero se prive del descanso en
grado mayor aú n, se prive en general de su ser en cuanto separado de su ser como
trabajador, y en lo posible sea só lo un trabajador; o sea que renueve má s a menudo el acto
del intercambio, o lo prolongue cuantitativamente, es decir, mediante la diligencia18 .
a "Auch", edic. 1939, "noch" ("aú n")
196

De modo que en la sociedad de hoy se formula la demanda de la diligencia, y


particularmente tambié n la del ahorro, la de la abstinencia, no a los capitalistas, sino a los
obreros, y precisamente la formulan los capitalistas. La sociedad actual formula justamente
la exigencia paradojal de que quien debe practicar la abstinencia, es aqué l para el cual el
objeto del intercambio son los medios de subsistencia, no aquel para el cual ese objeto es el
enriquecimiento. Todos los economistas modernos responsables19 han abandonado el error
de que los capitalistas realmente habrı́an "practicado la abstinencia" —merced a la cual
habrı́an llegado a ser capitalistas—, postulado y representació n que en general só lo tuvieron
sentido en los lejanos tiempos en que el capital se constituyó a partir de las relaciones
feudales, etc. Los obreros deben ahorrar, y se hace mucho ruido con las cajas de ahorro, etc.
(Hasta los economistas admiten, respecto a estas ú ltimas, que su verdadero objetivo
tampoco es la riqueza, sino una distribució n má s racional de los gastos, de tal suerte que en
la vejez, o cuando sobrevienen enfermedades, crisis, etc., esos obreros no dependan de los
hospicios, del estado, de la mendicidad (en una palabra, que vegeten a expensas de sus
bolsillos, que sean una carga para la propia clase trabajadora, nunca para los capitalistas);
ahorran, pues, para los capitalistas; para é stos, los costos de producció n de los obreros
disminuyen). Ningú n economista negará que si los obreros, en general, o sea en cuanto
obreros (lo que haga o pueda hacer el obrero individual, a diferencia de su genusa ,
justamente só lo puede existir como excepción, no como regla, ya que no está comprendido
en la determinació n de la propia relació n), vale decir como regla cumplen esas demandas (al

18 Cf. A. SMITH, An Inquiry etc., vol. 1, pp. 104-105 [Riqueza de las naciones, p. 311; cf. MEGA 1/3, p. 461.
19 Cf. W. N. SENIOR, Principes fondamentaux etc., cit., pp. 307-308.
III. El capítulo del capital

margen del dañ o que infligirı́an al consumo general —la pé rdida serı́a enorme—, por ende
tambié n a la producció n, por tanto tambié n a la cantidad y el volumen de los intercambios
que podrı́an realizar con el capital, por tanto a sı́ mismos como trabajadores), aplicarı́an un
medio que, terminantemente, negarı́a su propio fin.
a Gé nero

Ellos se tendrı́an que degradar al nivel de irlandeses, de los asalariados para los cuales el
mı́nimo má s bestial de necesidades, de medios de subsistencia, se presenta como el ú nico
objeto y fin de su intercambio con el capital. Al fijar como su objetivo la riqueza, en lugar del
valor de uso, el obrero no só lo no lograrı́a riqueza alguna, sino que en el negocio perderı́a
ademá s el valor de uso. Como regla, en efecto, el má ximo de diligencia, de trabajo, y el
mı́nimo de consumo —y é ste constituye el má ximo de su renunciamiento y de su obtenció n
de dinero— no pueden llevar a otra cosa que no sea a que el obrero reciba por un má ximo de
trabajo un mı́nimo de salario.
197

Merced al esfuerzo, só lo lograrı́a disminuir el nivel general de los costos de producció n de su
propio trabajo, y con ello el precio general del mismo. UU nicamente como excepció n el obrero,
merced a la fuerza de voluntad, fuerza fı́sica y resistencia, tacañ erı́a, etc., puede transformar
su moneda en dinero, como excepció n respecto a su clase y a las condiciones generales de su
existencia. Si todos o la mayorı́a trabajan con la má xima diligencia (en la medida en que en la
industria moderna en general se deje la diligencia a criterio de los obreros, lo que no es el
caso en las ramas productivas má s importantes y desarrolladas), con ello no aumentan el
valor de su mercancı́a, sino solamente su cantidad, y por tanto las exigencias que se les
planteará n a ellos en tanto valor de uso. Si todos ahorran, se producirá una reducció n
general del salario hasta el nivel correspondiente, ya que el ahorro general mostrará al
capitalista que en general el salario está muy alto, que los obreros reciben por su mercancı́a,
por la capacidad de disponer de su trabajo, má s que su equivalente; precisamente la esencia
de la circulació n simple —y en esta relació n se encuentran los obreros respecto al
capitalista— consiste en que nadie lanza a la circulació n má s de lo que retira; pero, a su vez,
só lo se puede retirar de ella la que en ella se ha echado. Un obrero individual só lo puede ser
diligente por encima del nivel, má s de lo que tiene que serlo para vivir como obrero, si otro
está por debajo del nivel, es má s perezoso; só lo puede ahorrar, si otro y porque otro
derrocha. El má ximo que, té rmino medio, puede lograr con su espı́ritu ahorrativo, es poder
soportar mejor la compensació n de los precios —altos y bajos, el ciclo de los mismos—; o
sea, distribuir má s racionalmente sus disfrutes, pero no adquirir riqueza. Y es é sta, tambié n,
la verdadera exigencia de los capitalistas. Durante el perı́odo de buenos negocios, los
obreros deben ahorrar lo suficiente _como para poder vivir má s o menos en el mal perı́odo,
soportar el short timea. o la rebaja de los salarios. (En ese caso bajarı́an aun má s.) Es decir la
consigna de que los obreros deben mantenerse siempre en un mı́nimo de disfrute vital y
aliviarles las crisis a los capitalistas. Reducirse a simples má quinas de trabajo y, en lo
posible, pagar su propio tear and wearb 20 .
a Perı́odo en que escasea el trabajo. — b Desgaste, deterioro

Dejando de lado la bestializació n pura a la que esto conduce —bestializació n que


imposibilita incluso el mero esfuerzo en pos de la riqueza en su forma universal, como
dinero, como dinero acumulado—; dejando de lado que la participació n del obrero en
disfrutes superiores, incluso espirituales —la agitació n en favor de sus propios intereses, el

20 Cf. p. ej. J. WADE, History of the Middie and Working Classes; with a Popular Exposition of the Economical and Political

Principies which have influencefl the Post and the Present Condition of the Industrious Orders, III ed., Londc(nDublin-Edinburgh
1833, pp. 294-297. Extractos en un cuaderno no datado ni numerado, pero cuya redacció n es aproximadamente de julio de
1845 en Manchester; cf. MEGA 1/3, pp. 617-618.
El valor de cambio surgido de la circulación presupone a esta y se perpetua y reproduce en ella por medio del
trabajo

suscribirse a perió dicos, asistir a conferencias, educar a los hijos, formar sus gustos, etc., la
ú nica participació n suya en la civilizació n, participació n que lo distingue del esclavo— só lo
es posible econó micamente si amplı́a la esfera de sus disfrutes durante la é poca de los
buenos negocios, esto es, en el perı́odo en que hasta cierto punto es posible el ahorro;
[dejando] de lado todo ello, si ahorra ascé ticamente acumula primas para el
lumpemproletariado, los rufianes, etc., que aumentarı́an en proporció n a la demanda.
198

Si sus ahorros van a parar a las alcancı́as de las cajas oficiales de ahorros, é stas le pagan un
interé s mı́nimo, a fin de que los capitalistas obtengan grandes intereses de sus ahorros o que
el estado se atiborre, con lo cual meramente lo que ha hecho es aumentar el poder de sus
enemigos y su propia dependencia. Só lo podrá conservar y hacer fructificar sus ahorros si
los coloca en bancos, etc., de suerte que cuando llegan los tiempos de crisis perderá sus
depó sitos, mientras que en los perı́odos de prosperidad habrá renunciado enteramente, para
aumentar el poder del capital, a .disfrutar de la vida. En cualquier caso, habrá ahorrado para
el capital, no para sı́ mismo.
Por lo demá s —en la medida en que todo eso no es mero palabrerı́o de la "filantropı́a"
burguesa, que en sustancia consiste en alimentar a los obreros con "deseos piadosos"—,cada
capitalista, ciertamente, exige a sus obreros que ahorren, pero só lo a los suyos, porque se le
contraponen como obreros; bien que se cuida de exigirlo al resto del mundo de los obreros,
ya que é stos se le contraponen como consumidores. In spite a de todas las frases "piadosas",
recurre a todos los medios para incitarlos a consumir, para prestar a sus mercancı́as nuevos
atractivos, para hacerles creer que tienen nuevas necesidades, etc.
a A pesar

Precisamente este aspecto de la relació n entre el capital y el trabajo constituye un elemento


fundamental de civilizació n; sobre é l se basa la justificació n histó rica, pero tambié n el poder
actual del capital. (Desarrollar esta relació n entre producció n y consumo en: Capital y
beneficio, etc.) (o tambié n en la Acumulació n y competencia de los capitales.) Todas estas
consideraciones, empero, son exoté ricas, aunque oportunas para mostrar có mo las
demandas de la hipó crita filantropı́a burguesa se disuelven de por sı́ y confirman
precisamente lo que debieran refutar, o sea que el obrero, en su intercambio con el capital,
se encuentra en una relació n de circulació n simple y por ende no recibe riqueza, sino
ú nicamente medió s de subsistencia, valores de uso para el consumo directo. Como la
demanda contradice la relació n misma, surge de la simple reflexió n que si el ahorro del
obrero no ha de quedar en mero producto de la circulació n —dinero puesto al margen, que
só lo puede realizarse cuando, tarde o temprano, se le cambie por el contenido sustancial de
la riqueza, los disfrutes—, el propio dinero acumulado debe convertirse en capital, esto es,
comprar trabajo, vincularse con trabajo como valor de uso.
199

(En la secció n del salario deberá hablarse de la reciente demanda, formulada a veces con
fatuidad, de conceder a los obreros cierta participació n en los beneficios; en cuanto prima'
especial só lo como excepció n a la regla puede alcanzar su objetivo, e in fact se limita
tambié n, en la prá ctica digna de menció n, a la compra de tal o cual overlookera, etc., en
interé s del patró n y contra el interé s de su clase, o a dependientes de comercio, etc., en suma,
a personas que ya no son simples obreros, o sea tampoco a la relació n general, o es una
manera especial de estafar a los trabajadores y de retenerles una parte de su salario bajo la
forma precaria de un beneficio dependiente de la situació n del negocio.21 ) Por ende, la

21 Cf. CH. BABBAGE, Traité sur l'économie des machines et des manufactures. Traduit de l'anglais sur la troisiéme édition, par

Ed. Biot, Paris 1833, pp. 329-351. Extractos en un cuaderno no numerado ni datado, pero cuya redacció n es ca. setiembre de
1845 en Bruselas; cf. MEGA 116, p. 601.
III. El capítulo del capital

demanda del ahorro supone a su vez un trabajo que no es capital, y supone que el trabajo se
ha convertido en su contrario: el no-trabajo.
a Sobrestante, contramaestre, capataz

Para convertirse en capital, supone que el trabajo se enfrenta como no-capital al capital; o
sea que la antı́tesis, que debı́a ser abolida en un punto, se restaura en otro punto. De modo
que si en la relació n original el objeto y el producto del intercambio del obrero —como
producto del intercambio simple no puede ser ningú n otro producto— no fuera el valor de
uso, los medios de subsistencia, la satisfacció n de las necesidades directas, el retirar de la
circulació n el equivalente que se ha introducido en ella, para eliminarlo mediante el
consumo, el trabajo se presentarı́a ante el capital no como trabajo, no como no-capital, sino
como capital. Pero el capital tampoco puede enfrentarse al capital, si al capital no se le
enfrenta el trabajo, ya que el capital só lo es capital como no-trabajo, en esta relació n
antité tica. En tal caso el concepto y la relació n del capital mismo quedarı́an destruidos. No
puede negarse, certainly, que existen situaciones en las que propietarios que trabajan ellos
mismos, intercambian entre sı́. Pero tales situaciones no son las situaciones de la sociedad
en las cuales existe el capital como tal, desarrollado; son eliminadas tambié n en todos los
aspectos por el desarrollo de aqué l. Como capital, só lo puede ponerse al poner al trabajo
como no-capital, como valor de uso puro. (En cuanto esclavo, el trabajador tiene valor de
cambio, un valor; como trabajador libre no tiene ningún valor; sino que solamente la
disposició n sobre su trabajo, por el intercambio que se opera con é l mismo, tiene valor. El
obrero se contrapone al capitalista no como valor de cambio, sino que es el capitalista quien
se contrapone a aqué l en tal cará cter. Su carencia de valor y su desvalorización constituyen la
premisa del capital y la condició n del trabajo libre en general.
200

Linguet22 tiene a esto por un retroceso; olvida que con ello se pone al trabajador
formalmente como persona que aun al margen de su trabajo es algo para sı́ misma y cuya
expresió n vital só lo se enajena como medio para su propia vida. Mientras el trabajador en
cuanto tal tiene valor de cambio, el capital industrial en cuanto tal no puede existir, o sea, en
general, no puede existir el capital desarrollado. A é ste, el trabajo tiene que contraponé rsele
como puro valor de uso, que su propio poseedor ofrece, como mercancı́a, por su valor de
cambio, [[la moneda]], que por cierto en las manos del obrero só lo llega a ser real en su
determinació n como medio de cambio universal; caso contrario, desaparece.) Well. De modo
que el obrero se encuentra ú nicamente en la relació n de la circulació n simple, del
intercambio simple, y só lo recibe moneda por el valor de uso de sı́ mismo; medios de
subsistencia, pero mediatamente. Esta forma de la mediació n es, como hemos visto, esencial
y caracterı́stica de la relació n. Que el obrero pueda pasar a la transformació n de la moneda
en dinero, al ahorro, demuestra tan só lo que su relació n es la de la circulació n simple; puede
ahorrar má s o menos, pero no puede pasar de esto; ú nicamente puede realizar lo ahorrado
si amplı́a momentá neamente el cı́rculo de sus disfrutes. Pero lo importante —y lo que
influye en la determinació n de la relació n misma—es que en la medida en que el dinero es el
producto de su intercambio, la riqueza universal, en cuanto ilusió n, lo estimula, lo hace
laborioso. Al mismo tiempo, a ello se debe que no só lo formalmente... un margen de albedrı́o
para la realiz [. ..]a
a Falta la pá gina siguiente. Se interrumpe el cuaderno II

22 Cf. S.-N.-H. L1NGUET Theorie des lois civiles, ou príncipes fondamentaux de la société, Londres 1767, t. II, pp. 462-468.
Cuaderno III. El capítulo del capital (continuación)

CUADERNO III
El capital, respecto al obrero, sólo violencia objetiva. Sin valor personal. —
Diferente de la prestación de servicios. — Finalidad del obrero en el intercambio con el
capital. — Consumo. Tiene que comenzar siempre de nuevo: trabajo como capital del
obrero. ( ¡Capacidad de trabajo como capital! ) — Salario no productivo.

[. . ]a es proceso del mismo sujeto; por ejemplo, la sustancia del ojo es el capital de la vista,
etc. Semejantes frases literarias, que, con arreglo a una analogı́a cualquiera, clasifican todo
dentro de todo, pueden hasta parecer ingeniosas cuando son dichas por primera vez, y tanto
má s cuanto má s identifiquen cosas contradictorias entre sı́.
a Lo que sigue es la continuació n de la pá gina que falta, ya mencionada, del final del cuaderno anterior (II), cuyo contenido se indica en el
epı́grafe. El manuscrito recomienza en la pá gina 8 del cuaderno III. Las primeras 7 pá ginas contienen el ensayo sobre Bastiat y Carey que
publicamos en el vol. II de los Grundrisse
201

Repetidas, e incluso con presunció n, repetidas como apotegmas de valor cientı́fico, son tout
bonnementb necias. Só lo buenas para cá ndidos literatos y charlatanes visionarios, que
enchastran todas las ciencias con su empalagosa mierda. Que el trabajo es siempre una
fuente del intercambio para el obrero, en tanto é ste se halle capacitado para el trabajo —es
decir, no del intercambio sin má s ni má s, sino del intercambio con el capital—, se funda en la
determinació n conceptual de que el obrero só lo vende la disposició n transitoria de su
capacidad de trabajo. El obrero puede, por ende, recomenzar siempre el intercambio no bien
haya ingerido el volumen correspondiente de sustancia para poder reproducir nuevamente
su manifestació n vital. Los sicofantes de la economı́a burguesa, que ven todo pintado de
rosa, en lugar de asombrarse de que el obrero subsista —o sea que pueda repetir a diario
ciertos procesos vitales despué s de haber dormido y comido— y en vez de considerar esto
como un gran mé rito del capital respecto al obrero, debieran centrar má s bien su atenció n
en el hecho de que el obrero, tras un trabajo siempre repetido, sólo tiene, para el
intercambio, su trabajo vivo y directo. La propia repetició n, in fact, es só lo aparente. Lo que
intercambia con el capital es toda su capacidad de trabajo, que gasta, sayc, en 20 años.
b Campechanamente. — c Digamos

En lugar de pagá rsela de una sola vez, el capital lo hace por dosis, a medida que el obrero la
pone a su disposició n, digamos semanalmente. Esto no modifica para nada la naturaleza de
la relació n, ni justifica, aun menos, la conclusió n segú n la cual, por tener que dormir el
obrero 10 a 12 horas antes de estar en condiciones de reiniciar su trabajo y su intercambio
con el capital, el trabajo constituye su capital 1 . Por consiguiente, lo que aquı́ se concibe
como capital, in fact, es la traba, la interrupció n de su trabajo, el hecho de que el obrero no es
ningú n perpetuum mobile. La lucha por el bill de las diez horas, etc., demuestra que el
capitalista lo que má s anhela es que el obrero disipe, lo más posible y sin interrupción, sus
dosis de fuerza vital. Llegamos ahora al segundo proceso, que forma la relació n entre el
capital y el trabajo después de este intercambio. Só lo queremos agregar aú n, que los mismos
economistas enuncian ası́ la frase arriba mencionada: que el salario no es productivo. Ser
productivo significa para ellos, of coursea, productivo de riqueza.
a Desde luego

Como el salario es el producto del intercambio entre el obrero y el capital —y el ú nico


producto que es puesto en este acto mismo–, esos economistas convienen en que el obrero

1 P. GASKELL, Artisans and Machinery: The Moral and Physical Condition of the Manufacturing Population Considered with

Reference to Mechanical Substitures for Numen Labour, London 1836, pp. 261-262. Extractos, en los cuadernos londinenses XI y
XII.
Cuaderno III. El capítulo del capital (continuación)

en tal intercambio no produce riqueza alguna: ni para el capitalista, pues para é ste el pago
de dinero por un valor de uso —pago que en esta relació n constituye la ú nica funció n del
capital— significa una cesió n de riqueza, no una creació n de la misma, por lo cual procura
pagar lo menos posible; ni para el obrero, pues el salario só lo le proporciona a é ste, en
mayor o menor grado, medios de subsistencia, satisfacció n de necesidades individuales, pero
nunca la forma universal de la riqueza, nunca riqueza.
202

Tampoco se la puede proporcionar, ya que el contenido de la mercancı́a que vende [[el


obrero]] de ninguna manera está por encima de las leyes generales de circulació n, [[esto
es:]] a travé s del valor por é l puesto en circulació n, obtener, mediante la moneda, un
equivalente en otro valor de uso, al que consume. Una operació n de esta ı́ndole, of course,
nunca puede enriquecer a su ejecutante, sino que al fin del proceso tiene que llevarlo de
nuevo exactamente al punto donde se encontraba al principio. Ello, como hemos visto, no
excluye, sino que má s bien supone que el cı́rculo de sus satisfacciones directas sea capaz de
cierto estrechamiento o ampliaciones. Por otra parte, si el capitalista —que en este
intercambio aú n no está puesto como capitalista, sino solamente como dinero— repitiera
siempre de nuevo este acto, su dinero pronto serı́a comido por el obrero y lo derrocharı́a en
una serie de otros disfrutes, pantalones remendados, botines lustrados, en suma:
prestaciones de servicios recibidas. En todo caso, la repetició n de esta operació n se medirı́a
exactamente por el lı́mite de su bolsa. Tal repetició n no lo enriquecerı́a má s que el dé pensea
de dinero en otros valores de uso para su apreciada persona, todos los cuales, como es
sabido, nada le aportan, sino que le cuestan.
a Gasto, desembolso

El intercambio entre el capital y el trabajo corresponde a la circulación simple. No enriquece al


obrero
. — La separación del trabajo y la propiedad, supuesto de este intercambio.
Trabajo: pobreza absoluta como objeto, posibilidad general de la riqueza como sujeto.
— El trabajo se contrapone, sin carácter determina‑ do particular, al capital.

Como en la relació n entre el trabajo y el capital, y asimismo en esta primera relació n del
intercambio entre ambos, el obrero compra el valor de cambio y el capitalista el valor de uso
—con lo cual el trabajo no se contrapone al capital como un valor de uso, sino como el valor
de uso por antonomasia–, puede resultar extrañ o que el capital deba recibir riqueza y el
trabajador só lo un valor de uso que desaparece en el consumo. [[ En la medida en que ello se
refiere al capitalista, no examinarlo hasta el segundo proceso. ]] Esto se presenta como una
dialé ctica que se transforma precisamente en lo contrario de lo que se debiera esperar.
Considerá ndolo má s a fondo, tenemos que en el proceso de intercambio el trabajador que
cambia su mercancı́a pasa por la forma M–D–D–M. Si en la circulació n de la mercancı́a se
parte del valor de uso en cuanto principio del cambio, necesariamente se arriba de nuevo a
la mercancı́a, proceso en el cual el dinero só lo se presenta como moneda y como medio de
cambio constituye tan só lo una intermediació n transitoria; pero la mercancı́a en cuanto tal,
una vez que ha recorrido su ó rbita, es consumida como objeto directo de la necesidad. Por
otra parte, el capital representa D–M–M —D: el momento contrapuesto.
203

La disociación entre la propiedad y el trabajo se presenta como ley necesaria de este


intercambio entre el capital y el trabajo. El trabajo, puesto como no-capital en cuanto tal, es:
Cuaderno III. El capítulo del capital (continuación)

1) Trabajo no-objetivado, concebido negativamente (aun en el caso de ser objetivo; lo


no-objetivo en forma objetiva). En cuanto tal, es no-materia prima, no-instrumento de
trabajo, no-producto en bruto: el trabajo disociado de todos los medios de trabajo y objetos
de trabajo, de toda su objetividad; el trabajo vivo, existente como abstracción de estos
aspectos de su realidad efectiva (igualmente no-valor); este despojamiento total, esta
desnudez de toda objetividad, esta existencia puramente subjetiva del trabajo. El trabajo
como miseria absoluta: la miseria, no como carencia, sino como exclusió n plena de la riqueza
objetiva. O tambié n —en cuanto es el no-valor existente, y por ello un valor de uso
puramente objetivo, que existe sin mediació n, esta objetividad puede ser solamente una
[[objetividad]] no separada de la persona: solamente una [[objetividad]] que coincide con su
inmediata existencia corpó rea. Como la objetividad es puramente inmediata, es, asimismo,
no-objetividad inmediata. En otras palabras: una objetividad que de ningú n modo está al
margen de la existencia inmediata del individuo mismo.
2) Trabajo no-objetivado, no valor, concebido positivamente, o negatividad que se
relaciona consigo misma; es la existencia no-objetivada, es decir inobjetiva, o sea subjetiva,
del trabajo mismo. El trabajo no como objeto, sino como actividad; no como auto valor, sino
como la fuente viva del valor. La riqueza universal, respecto al capital, en el cual existe
objetivamente, como realidad, como posibilidad universal del mismo, posibilidad que se
preserva en la acció n en cuanto tal. No es en absoluto una contradicció n afirmar, pues, que el
trabajo por un lado es la miseria absoluta como objeto, y por otro es la posibilidad universal
de la riqueza como sujeto y como actividad; o má s bien, que ambos lados de esta tesis
absolutamente contradictoria se condicionan recı́procamente y derivan de la naturaleza del
trabajo, ya que é ste, como antı́tesis, como existencia contradictoria del capital, está
presupuesto por el capital y, por otra parte, presupone a su vez al capital.
204

El ú ltimo punto sobre el cual debe llamarse la atenció n, en lo tocante al trabajo que se
contrapone al capital, es que [[el trabajo]] como aquel valor de uso que se contrapone al
dinero puesto como capital, no es tal o cual trabajo, sino el trabajo por antonomasia, el
trabajo abstracto: absolutamente indiferente ante su cará cter determinado particular, pero
capaz de cualquier cará cter determinado. A la sustancia particular que constituye un capital
determinado, tiene que corresponder, desde luego, el trabajo en cuanto particular. Pero
como el capital en cuanto tal es indiferente respecto a toda particularidad de su sustancia —
tanto en calidad de totalidad plena de la misma, como en cuanto abstracció n de todas sus
particularidades—, el trabajo contrapuesto a é l posee subjetivamente la misma plenitud y
abstracció n en sı́. En el trabajo corporativo, artesanal, por ejemplo —en el cual el propio
capital tiene aú n una forma limitada, todavı́a completamente sumergida en determinada
sustancia, o sea, que aú n no es capital propiamente dicho—, tambié n el trabajo se presenta
como sumergido aú n en su cará cter determinado particular; no en la plenitud y abstracció n,
no como el trabajo, tal cual é ste se enfrenta al capital. Vale decir que si bien el trabajo, en
cada caso singular, es un trabajo determinado, el capital se puede contraponer a todo trabajo
determinado; la totalidad de todos los trabajos se contrapone δυνάμει, y resulta fortuito
exactamente cuá l de ellos me le enfrenta. Por otra parte, el trabajador mismo es
absolutamente indiferente respecto al cará cter determinado de su trabajo; para é l, é ste
carece en cuanto tal de interé s, salvo, ú nicamente, por ser trabajo en general y, como tal,
valor de uso para el capital. Ser titular del trabajo en cuanto tal —o sea, del trabajo como
valor de uso para el capital— constituye, pues, la caracterı́stica econó mica del obrero: es
obrero en oposició n al capitalista. No es é sta la caracterı́stica del artesano, del miembro de
una corporació n, etc., cuyo cará cter econó mico se funda en el carácter determinado de su
trabajo y en la relació n con un maestro determinado, etc. Esta relació n econó mica —la
caracterı́stica que el capitalista y el obrero presentan como extremos de una relació n de
Cuaderno III. El capítulo del capital (continuación)

producció n— se desarrolla por consiguiente con tanta má s pureza y adecuació n, cuanto má s
pierde el trabajo todo cará cter artesanal; su destreza particular se convierte cada vez má s en
algo abstracto, indiferente, y se vuelve, má s y má s, una actividad puramente abstracta,
puramente mecá nica, y por ende indiferente, indiferente ante su forma particular; actividad
meramente formal, o, lo que es lo mismo, meramente sustancial, actividad en general,
indiferente respecto a la forma. Aquı́ se muestra nuevamente, pues, có mo la determinació n
particular de la relació n de producció n, de la categorı́a —aquı́ capital y trabajo—, se vuelve
por primera vez auté ntica con el desarrollo de determinado modo material de la producción
y un estadio determinado del desarrollo de las fuerzas productivas industriales.
205

(Desarrollar este punto separadamente, en esta relació n, má s adelante, pues aquı́ está puesto
ya en la relació n misma, mientras que en las determinaciones abstractas valor de cambio,
circulació n, dinero, encaja mejor en nuestra reflexió n subjetiva.)

El proceso de trabajo, incorporado al capital (capital y capitalista).

2) Llegamos ahora a la segunda fase del proceso. El intercambio entre el capital o


capitalista y el obrero está ahora terminado, en la medida en que se trata en general del
proceso del intercambio. Pasamos ahora a la relació n del capital con el trabajo en cuanto
valor de uso del primero. El trabajo no es tan só lo el valor de uso enfrentado al capital, sino
que es el valor de uso del capital mismo. Como no-ser de los valores en cuanto objetivados, el
trabajo es su ser en cuanto no-objetivados, su ser ideal: la posibilidad de los valores, y como
actividad, lo que pone los valores. Frente al capital, el trabajo es la mera forma abstracta, la
mera posibilidad de la actividad que pone los valores, la cual só lo existe como capacidad,
como facultad, en la constitució n corporal del obrero. Pero llevado a una actividad real por
medio del contacto con el capital —por sı́ só lo, como es inobjetivo, no puede llegar a
aqué lla—, se convierte en una actividad productiva, real, que pone valores. Respecto al
capital, la actividad puede consistir ú nicamente en la reproducció n de aqué l, en la
conservació n y aumento del capital como el valor real y eficaz, no del valor meramente
supuesto, como en el dinero en cuanto tal. Mediante el intercambio con el obrero, el capital
se ha apropiado del trabajo mismo; é ste se ha convertido en uno de sus elementos y opera
ahora, como vitalidad fructı́fera, sobre la objetividad del capital, meramente existente y por
lo tanto muerta. El capital es dinero (valor de cambio puesto para sı́). Pero ya no es dinero
como sustancia particular, y por tanto excluida de las demá s sustancias de los valores de
cambio que existen junto a ella, sino que al recibir su determinació n ideal existe en todas las
sustancias, en los valores de cambio de toda forma y modo de existencia del trabajo
objetivado. En la medida en que el capital, como dinero existente bajo todas las formas
particulares del trabajo objetivado, entra ahora en el proceso con el trabajo no objetivado,
sino vivo, existente como proceso y acto, en esa medida hay que diferenciar cualitativamente
la sustancia que compone al capital, de la forma bajo la cual se presenta ahora también como
trabajo. Es en el proceso de esta diferenciació n y de la eliminació n y superació n de la misma,
donde el capital mismo se transforma en proceso.
206

El trabajo es la levadura que, echada al capital, lo hace entrar en fermentació n. Por una
parte, la objetividad de que se compone el capital debe ser elaborada, vale decir, consumida
por el trabajo; por la otra, la mera subjetividad del trabajo en cuanto forma pura debe ser
eliminada y superada, ası́ como objetivada en el material del capital. La relació n del capital,
conforme a su contenido, con el trabajo, o sea la del trabajo objetivado con el trabajo vivo —
Cuaderno III. El capítulo del capital (continuación)

en esta relació n donde el capital se presenta de manera pasiva ante el trabajo, es su


existencia pasiva, en cuanto sustancia particular, la que respecto al trabajo aparece como
actividad formativa— ú nicamente puede ser la relació n del trabajo con su objetividad, con
su sustancia. (Lo que habrá que desarrollar ya en el primer capı́tulo, el cual debe anteceder
al [del] valor de cambio y ocuparse de la producció n en general.) Con el trabajo como
actividad, la sustancia, el trabajo objetivado, solamente tiene dos relaciones: la de la materia
prima, es decir la de la sustancia amorfa, del simple material para la actividad formativa y
finalista del trabajo, y la del instrumento de trabajo, del medio objetivo por sı́ mismo, merced
al cual la actividad subjetiva interpone entre sı́ misma y el objeto, otro objeto como su
mediador. La determinació n como producto, introducida aquı́ por los economistas, en cuanto
determinació n diferente de la materia prima y el instrumento de trabajo, nada tiene que
hacer aquı́ todavı́a. El producto se presenta como resultado, no como supuesto del proceso
entre el contenido pasivo del capital y el trabajo como actividad. Como supuesto, d producto
no es una relació n del objeto con el trabajo, diferente de la materia prima y el instrumento
de trabajo, ya que estos ú ltimos, por ser en sı́ sustancia de valores, son ya trabajo objetivado,
productos. La sustancia del valor de ningú n modo es la sustancia natural particular, sino el
trabajo objetivado. Este mismo se presenta de nuevo, con relació n al trabajo vivo, como
materia prima e instrumento de trabajo. Considerado en sı́ mismo, el simple acto de la
producció n hace que el instrumento de trabajo y la materia prima parezcan como si
hubiesen sido simplemente encontrados en la naturaleza, de tal manera que habrı́a bastado
meramente con apropiárselos, o sea convertirlos en objeto y medio del trabajo, lo cual en sı́
mismo no constituye un proceso del trabajo. Frente a ellos, pues, el producto se presenta
como cualitativamente diferente y es producto no só lo como resultado del trabajo realizado
con el instrumento sobre la materia, sino como primera objetivación del trabajo
paralelamente a ellos. Como partes componentes del capital, empero, la materia prima y el
instrumento de trabajo mismos ya son trabajo objetivado, o sea, producto.
207

Esto no agota aú n la relació n. Efectivamente, por ejemplo en la producció n en la que no


existen valores de cambio ni capital alguno, el producto del trabajo puede llegar a ser medio
y objeto de un nuevo trabajo. Verbigracia en la agricultura que produce exclusivamente con
vistas al valor de uso. El arco del cazador, la red del pescador, en suma, las situaciones má s
primitivas presuponen el producto que deja de ser tenido por producto y se transforma en
materia prima o, má s aun, en instrumento de producción, pues é ste es, bien mirado, la
primera forma especı́fica bajo la cual el producto se presenta como medio de reproducció n.
Esta relació n, pues, de ningú n modo agota la vinculació n en la cual la materia prima y el
instrumento de trabajo entran en escena como momentos del capital mismo. Por lo demá s,
los economistas introducen el producto como tercer elemento de la sustancia del capital, en
otra relació n completamente diferente. Es el producto, en la medida en que tiene la
determinació n de salir tanto del proceso de producció n como de la circulació n y de ser
objeto directo del consumo individual, lo que Cherbuliez2 llamaba approvisionnementa.
a Aprovisionamiento, medios de subsistencia

O sea, los productos que está n presupuestos para que el obrero viva como obrero y esté en
condiciones de vivir durante la producció n, antes de que se cree un nuevo producto. Que el
capitalista posee esta facultad, está implı́cito en el hecho de que todo elemento del capital es
dinero y, como tal, como forma universal de la riqueza, puede transformarse sin má s ni má s
en la sustancia de la misma, en objeto de consumo. El approvisionnement de los economistas,

2 Cf. A. CHERBULIEZ, Richesse ou pauvreté. Exposition des causes et des effects de la distribution actuelle des richesses sociales

etc., Paris 1841, p. 16. Extractos en el cuaderno extraviado que contenı́a los extractos de losNouveaux principes de SISMONDI y
de la Economie politique de F.-X.-J. DROZ.
Cuaderno III. El capítulo del capital (continuación)

pues, se refiere tan só lo a los obreros; o sea, es el dinero bajo la forma de objetos de
consumo, el dinero expresado como valor de uso, que los obreros reciben del capitalista en
el acto del intercambio entre uno y otros. Pero esto corresponde al primer acto. Aú n no
corresponde tratar aquı́ la relació n entre el primer acto y el segundo. La ú nica escisió n
puesta por el propio proceso de producció n es la escisió n originaria puesta por la diferencia
misma entre el trabajo objetivado y el trabajo vivo, esto es, entre la materia prima y el
instrumento de trabajo. Que los economistas entremezclen estas determinaciones no tiene
nada de particular, ya que deben embarullar los dos elementos de la relació n entre el capital
y el trabajo y no les está permitido reconocer su diferencia especı́fica.
Ahora bien: la materia prima se consume al ser modificada, formada por el trabajo, y el
instrumento de trabajo se consume al ser desgastado, utilizado en ese proceso. Por otra
parte, tambié n el trabajo se consume al ser aplicado, puesto en movimiento, con lo cual se
gasta cierta cantidad de fuerza muscular, etc., del obrero, agotá ndolo.
208

Pero el trabajo no só lo se consume, sino que, al mismo tiempo, se fija, se materializa, al pasar
do la forma de la actividad a la del objeto; en cuanto transformació n en objeto, modifica su
propia figura y se convierte, de actividad que era, en ser. El té rmino del proceso es el
producto, en el cual la materia prima se presenta como ligada ul trabajo, y el instrumento de
trabajo, de mera posibilidad, deviene realidad al convertirse en verdadero mediador del
trabajo, con lo cual, empero, por su relació n mecá nica o quı́mica con el material de trabajo,
es consumido é l mismo incluso en va: forma está tica. Los tres momentos del proceso, el
material, el instrumento y el trabajo, convergen en un resultado neutro: el producto. En el
producto se reproducen simultá neamente los momentos del proceso de producció n
consumidos en su transcurso. El proceso entero se presenta, por consiguiente, como
consumo productivo, es decir, como consumo que no termina ni en la nada, ni en la mera
subjetivació n de lo objetivo, sino que é l mismo es puesto, finalmente, como objeto. El
consumo no es mero consumo de lo sustancial, sino consumo del consumo mismo; en la
eliminació n de lo sustancial, [[es]] eliminació n de esta eliminació n y por tanto puesta de lo
sustancial. La actividad formativa consume el objeto y se consume a sı́ misma, pero consume
solamente la forma dada del objeto para ponerlo en una nueva forma objetiva, y se consume
a sı́ misma ú nicamente en su forma subjetiva como actividad. Consume lo objetivo del objeto
—la indiferencia respecto a la forma— y lo subjetivo de la actividad; forma el uno,
materializa la otra. Como producto, empero, el resultado del proceso de producció n es valor
de uso.
Si consideramos el resultado obtenido hasta el momento, tenemos que:
Primero: Por medio de la apropiació n, de la incorporació n del trabajo en el capital, é ste
entra en fermentació n y se transforma en proceso, en proceso de producción, en el cual el
capital, como totalidad plena, como trabajo vivo, se relaciona consigo mismo no só lo como
trabajo objetivado, sino, por ser objetivado., [[como]] mero objeto del trabajo (el dinero, esto
es, el acto de la compra de la capacidad de disponer del obrero, se presenta aquı́ só lo como
un medio de originar este proceso, no como un momento de sı́ mismo).
Segundo: En la circulació n simple la sustancia de la mercancı́a y del dinero era indiferente
respecto a la determinació n formal, vale decir, siempre y cuando la mercancı́a y el dinero
siguieran siendo momentos de la circulació n. En lo tocante a su sustancia la mercancı́a
quedaba al margen de la relació n econó mica como objeto de consumo (de la necesidad); el
dinero, en la medida en que su forma se volvı́a autó noma, se relacionaba aú n con la
circulació n, pero só lo negativamente y no era otra cosa que esta relació n negativa. Fijado
para sı́, se disolvı́a del mismo modo en materialidad muerta, dejaba de ser dinero. Mercancı́a
Cuaderno III. El capítulo del capital (continuación)

y dinero eran, una y otro, expresiones del valor de cambio y se diferenciaban tan só lo como
valor de cambio universal y particular.
209

Esta misma diferencia era, a su vez, meramente imaginada, ya que en la circulació n real se
intercambiaban ambas determinaciones; considerados separadamente. el dinero era una
mercancı́a particular, y la mercancı́a, como precio, dinero universal. La diferencia era só lo
formal. Cada uno estaba puesto solamente en una de las determinaciones, porque y en la
medida en que no estaba puesto en la otra. Pero ahora, en el proceso de producció n, el
capital en cuanto sustancia se distingue de sı́ mismo en cuanto forma. El capital es ambas
determinaciones a la vez y a la vez la relació n de ambas entre sı́. Pero:
Tercero: El capital se presentaba ú nicamente, aú n, como esta relació n en sí. Esta no está
puesta aú n, o lo está só lo bajo la determinació n de los dos momentos, del sustancial, que se
divide en materia (materia prima e instrumento) y forma (trabajo), y como relació n de
ambos, como proceso real nuevamente es tan só lo relació n sustancial; relació n de ambos
elementos sustanciales, que constituyen el contenido del capital, diferente de su relació n
formal en cuanto capital. Si consideramos el capital desde el á ngulo en el que
originariamente se presenta en oposició n al trabajo, tendremos que en el proceso es só lo
existencia pasiva, só lo objetiva, en la cual la determinació n formal segú n la cual es capital —
o sea una relació n social existente para sı́— está completamente extinguida. En el proceso se
introduce ú nicamente un aspecto de su contenido —en cuanto trabajo objetivado en
general—; pero que sea trabajo objetivado es completamente indiferente para el trabajo,
cuya relació n con el capital constituye el proceso; es má s bien só lo como objeto, no como
trabajo objetivado, que el capital entra en el proceso, es elaborado. El algodó n que se
transforma en hilo de algodó n, o el hilo de algodó n que se convierte en tela, o la tela que
llega a ser objeto de estampados y teñ idos, para el trabajo só lo existe como algodó n, hilo de
algodó n y tela existentes. En la medida en que ellos mismos son productos del trabajo,
trabajo objetivado, no entran en proceso alguno, sino solamente como existencias materiales
con determinadas propiedades naturales. A la relació n del trabajo vivo no le atañ e en
absoluto el modo en que esas propiedades han sido puestas en aquellas existencias; para ella
só lo existen en la medida en que existen a diferencia de ella, es decir como sustancia de
trabajo. Esto en la medida en que se arranque del capital en su forma objetiva, presupuesta
al trabajo.
210

Por otra parte, en tanto el trabajo mismo se ha convertido en uno de sus elementos
objetivos, mediante el intercambio con el obrero, su diferencia con los elementos objetivos
del capital mismo es ú nicamente objetiva; los unos bajo la forma del reposo, los otros bajo la
forma de la actividad. La relació n consiste en la relació n sustancial de uno de sus elementos
con el otro; pero no su propia relació n con ambos. El capital por un lado se presenta só lo
como sujeto pasivo, en el que toda relació n formal ha desaparecido; por otro, se presenta
como proceso simple de producción en el cual no entra el capital en cuanto tal, en cuanto
diferente de su sustancia. No se presenta ni siquiera en su sustancia, en la que le
corresponde —como trabajo objetivada, pues é sta es la sustancia del valor de cambio—, sino
ú nicamente bajo la forma de existencia natural a esta sustancia, forma en la cual se disuelve
toda relació n con el valor de cambio, con el trabajo objetivado, con el trabajo mismo como
valor de uso del capital; y por tanto toda relació n con el capital mismo. Considerado desde
este á ngulo, el proceso del capital coincide con el proceso simple de producció n en cuanto
tal, en el cual su determinació n como capital se disuelve en la forma del proceso,
exactamente de la misma manera que el dinero en cuanto dinero se habı́a disuelto en la
forma del valor. Tal como hemos considerado el proceso hasta aquı́, el capital que existe para
sı́ mismo —es decir el capitalista— nada tiene que hacer en aqué l. No es el capitalista lo que
Cuaderno III. El capítulo del capital (continuación)

el trabajo consume como materia prima e instrumento de trabajo. Tampoco es el capitalista


el que consume, sino el trabajo. De este modo el proceso de producció n del capital no se
presenta como proceso de producció n del capital, sino como proceso de producció n sin má s
ni má s, y, a diferencia del trabajo, el capital se presenta tan só lo .en la determinació n
sustancial de materia prima e instrumento de trabajo. Es este aspecto —que no es só lo una
abstracció n arbitraria, sino una abstracció n que ocurre en el proceso mismo—, el que fijan
los economistas para presentar al capital como elemento indispensable de todo proceso de
producció n. Incurren en ello, naturalmente, porque se olvidan de prestar atenció n a su
comportamiento como capital durante este proceso.
Debe llamarse la atenció n en este lugar respecto a un elemento que no surge aquı́ sola y
principalmente desde el punto de vista de la observació n, sino que está puesto en la relació n
econó mica misma. En el primer acto, en el intercambio entre el capital y el trabajo, el trabajo
en cuanto tal, existente para sí, entra en escena necesariamente como obrero. Otro tanto
ocurre aquı́ en el segundo proceso: el capital en general está puesto en cuanto valor
existente para sı́, egoísta, por ası́ decirlo (a lo que en el dinero solamente se tendı́a). Pero el
capital que existe para sı́ es el capitalista 3.
211

Los socialistas dicen, ciertamente, que necesitamos capital pero no a los capitalistas. El
capital aparece aquı́ como una mera cosa, no como relació n de producció n que, reflejada en
sı́ misma, es justamente el capitalista. Puedo, por cierto, separar de este capitalista
individual el capital y transferirlo a otro. Pero al perder el capital, pierde la cualidad de ser
capitalista. El capital, por consiguiente, es perfectamente separable de tal o cual capitalista,
pero no del capitalista que en cuanto tal se contrapone al obrero. De igual modo, el obrero
individual tambié n puede dejar de ser el ser-para-sı́ del trabajo: puede heredar dinero,
robarlo, etc. Pero entonces deja de ser obrero. Como obrero, es solamente el trabajo que
existe para sı́. (Desarrollar esto má s adelante).

El proceso de producción como contenido del capital. — Trabajo productivo e improductivo


(trabajo productivo es el que produce capital)
. — El obrero se comporta con su trabajo como [[con]] un valor de cambió, el capitalista
como [[con]] un valor de uso, etc. — El obrero enajena el trabajo como fuerza
productiva de la riqueza. (El capital se lo apropia en cuanto tal.) — Transformación del
trabajo en capital, etc. Sismondi, Cherbuliez, Say, Ricardo, Proudhon, etcétera

Al té rmino del proceso no puede surgir nada que, al principio del mismo, no apareciera
como premisa y condició n suyas. Por otra parte, sin embargo, debe tambié n surgir todo lo
que allı́ estaba presupuesto. Por consiguiente, si al té rmino del proceso de producció n
comenzado bajo el supuesto del capital, é ste, como relació n formal, parece haber
desaparecido al final, ello puede haber ocurrido ú nicamente porque se pasaron por alto losa
hilos invisibles que cruzan por el proceso. Consideremos, pues, este aspecto.
a En el ms,: “porque se pasaron por alto de los ...”

El primer resultado por tanto, es é ste:


α) mediante la incorporació n del trabajo al capital, é ste se vuelve proceso de producció n;
pero en primer té rmino" proceso de producció n material; proceso de producció n en general,

3 C. p. ej. J. GRAY, The Social System etc., cit., p. 36 y J. F. BRAY, Labour's Wrongs etc., cit., pp. 157-176.
Cuaderno III. El capítulo del capital (continuación)

de tal suerte que el proceso de producció n del capital no se diferencia del proceso de
producció n material en general. Su determinació n formal queda completamente extinguida.
Habiendo intercambiado el capital una parte de su ser objetivo por trabajo, su propia
existencia objetiva se divide en objeto y trabajo; la relació n entre ambos constituye el
proceso de producció n o, má s exactamente, el proceso de trabajo. Con lo cual el proceso de
trabajo —que debido a su cará cter abstracto, a su sustancialidad pura, es inherente a todas
las formas de producció n por igual — como punto de partida puesto antes del valor se
presenta nuevamente dentro del capital, como un proceso que ocurre dentro de su sustancia,
que constituye su contenido.
212

(Se verá que tambié n en el interior del proceso de producció n mismo, esta desaparición de la
determinación formal es só lo aparente.)
En la medida en que el capital es valor —sin embargo como proceso se presenta, al
principio, bajo la forma de proceso simple de producció n, de proceso de producció n que no
está puesto en ningú n cará cter determinado económico particular, del proceso de
producció n en general—, puede decirse que el capital se transforma en producto o que es
instrumento de trabajo o incluso materia prima del trabajo. Lo cual depende de cuá l sea el
aspecto particular del proceso de producció n simple que se examine (proceso que, en cuanto
tal, y como lo hemos visto, de ninguna manera presupone capital, sino que es inherente a
todos los modos de producció n). Si, a má s de esto, se concibe al capital como uno de sus
aspectos, como el que se contrapone al trabajo en cuanto sustancia o meramente en cuanto
medio, se puede decir con razó n que el capital no es productivo*, porque, por consiguiente,
se le considera tan só lo como el objeto o materia contrapuesto al trabajo, meramente como
algo pasivo. Por el contrario, lo real es que el capital no se presenta como uno de sus
aspectos, o como diferencia de un aspecto consigo mismo, ni como mero resultado
(producto), sino como el proceso de producció n simple; o sea que é ste se presenta ahora
como el contenido en automovimiento del capital.
* Del aná lisis de los diversos aspectos del capital mismo, tiene que desprenderse qué cosa es trabajo productivo o no, un
punto en torno al cual se ha disputado hasta el cansancio desde que Adam Smith hizo esta distinció n. Trabajo productivo es
ú nicamente aquel que produce capital. ,,No es absurdo, pregunta por ejemplo el señ or Senior (o cosa por el estilo), que el
fabricante de pianos deba ser un trabajador productivo, pero no ası́ el pianista, aunque sin el pianista el piano serı́a un
nonsens?a 4. Pero ası́ es, exactamente. El fabricante de pianos reproduce capital; el pianista cambia su trabajo solamente por
un revenue.b (a Desatino, despropó sito. — bRé dito)
Pero el pianista produce mú sica y satisface nuestro sentido musical, ¿no produce, entonces, en cierta manera? In fact, lo hace: su trabajo
produce algo, pero no por ello es trabajo produc