El beato
Rafael Guizar y Valencia:
colisiones de la religión y
la política en Veracruz.
Félix Báez-Jorge*
A
l igual que a San Ramón Nonato, al beato Rafael Guizar y Valencia se
le invoca en trance de alumbramiento. El que fuera V obispo de
Veracruz (llevado a los altares por Juan Pablo II en 1995) también se
equipara a San Ciriaco como sanador de las enfermedades de los ojos, y a San
Segismundo, santo que cura las fiebres, según el Diccionario hagiográfico de
Migne. Los miles de devotos del clérigo nacido en 1878 en Cotija (pueblo se-
rrano de Michoacán) le atribuyen, además, otros poderes milagrosos, fanta-
sías de la fe que alimenta el hecho de no haber hallado signos de putrefacción
en su cuerpo (al exhumarlo el 28 de mayo de1950), 12 años después de sepul-
tado en el cementerio xalapeño. A las leyendas piadosas en torno al obispo
que enfrentaría la persecución anticlerical del gobernador Adalberto Tejeda,
se sumaría una nueva faceta: la fama de santidad que propiciaría la causa de
canonización planteada por la arquidiócesis de Xalapa. El texto biográfico es-
crito por Loret de Mola nos acerca al inicio de la saga, enriquecida años des-
pués por el embarazo pretendidamente milagroso de Ciriana Rivera de Montiel,
atribuido a la intercesión de Guizar y Valencia. Habla la religiosa Inés, supe-
riora de las Monjas Adoratrices, a cuyo convento trasladaron el ataúd del
obispo, después de exhumado:
Cuando llevaron al señor Guizar a nuestra morada, salía de la caja un agua de color de rosa,
que, puesta en la botella donde la recogimos, quedaba cristalina. Me dicen que una se curó de
∗ Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana. Miembro del SNI. Estas
reflexiones son parte de un estudio mayor sobre el tema.
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la parálisis con el agua… Y ahora muchas gentes van a pedirnos un poco… Les damos gotas
nada más. 1
En tono íntimo, Loret de Mola acota el relato anterior, apuntando: “Luego
supe que algunas gentes hasta bebían el líquido que escurrió del ataúd
episcopal”. La versión de monseñor Ignacio Leonor Arroyo (cercano colaborador
de Guizar y Valencia, y miembro de la comisión encargada de la exhumación)
amplía los perfiles de la leyenda:
Mientras tanto las monjitas Adoratrices seguían tirando el agua que despedía la caja. En la
misma noche una señora de las confianzas de las madres estuvo rezando al pie de la caja y al
ver que salía tanta agua, llenó una pequeña botella, se le ocurrió llevarla a su casa. Al día
siguiente apareció en la superficie una costra. Admirada llevó esa costra a un laboratorio
químico, ordenaron que la analizaran. Es sangre humana, le dijeron por escrito (…) Entiendo
que era una de las reliquias que luego se exhibían (…). Para muchos esa agua fue motivo de
conseguir numerosos favores.2
Como se sabe, en la doctrina de la Iglesia católica el agua tiene especial
importancia simbólica, de contenido ambivalente. Representa las funciones
religiosas de purificación, iniciación y regeneración; y es referida como símbolo
de castigo, sea como ausencia (aridez, desierto) o abundancia (diluvio). En la
liturgia tiene usos fundamentales: agua bendita, bautismal o lustral. En una
perspectiva más amplia debe considerarse la difundida relevancia del líquido
vital en diversas cosmovisiones, particularmente como mediador entre la vida
y la muerte, “en la doble corriente positiva y negativa, de creación y
destrucción”, en palabras de Cirlot.3 Es esta complejidad simbólica la que
llevaría a Bachelard a plantear una psicología de “la imaginación material del
agua”, reconociendo en ella un tipo de intimidad y un tipo de destino esencial
“que sin cesar transforma la sustancia del ser”.4 A este intrincado tramado
ideacional precisa asomarse para examinar el significado profundo del
simbolismo acuático asociado al cuerpo incorrupto de Rafael Guizar y Valencia.
Otro plano de esta dimensión remite a las reiteradas noticias relativas al
supuesto control milagroso que el beato ejercía sobre la lluvia, mencionado en
distintos textos hagiográficos. En este sentido, lo expuesto por Correa
ejemplifica con amplitud lo expresado. Señala este autor que durante una
1
C. Loret de Mola. Ángel sin ojos. Biografía de monseñor Rafael Guizar y Valencia. Editorial
Impresiones Modernas. México, 1950 pp.14-15.
2
I. Lehonor Arroyo. Testigo Fiel. Mis recuerdos de monseñor Guizar y Valencia. Ediciones
Rafael Guizar y Valencia. Xalapa, 1995 p. 109.
3 E. Cirlot. Diccionario de símbolos. Nueva Colección Labor. Barcelona, 1985.
4
C. Bachelard. El agua y los sueños . Fondo de Cultura Económica; Breviarios, 279. México,
1978 pp 14-15.
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misión que el obispo predicara en Chihuahua, invitado por su hermano Antonio
(obispo de la diócesis):
Llegó mons. Guizar a un pueblecillo, encontrando a sus moradores en suma pobreza y
angustiados por la sequía; los campos se veían áridos y una nube no entoldaba el firmamento;
el calor asfixiaba y los pocos animales con que contaban iban pereciendo por falta de aguajes
y de pastos; le expusieron su necesidad y su angustia, y los confortó diciéndoles que Dios era
el más bondadoso de los padres y que no dejaría perecer a sus hijos; hizo sonar la campana de
la iglesia para que todos concurrieran y allí les insistió en que las misericordias de Dios eran
infinitas, que le pidieran con fe, con confianza, prometiéndole amarlo mucho, ser siempre
buenos cristianos, dispuestos a perder la vida antes que ofenderlo, y verían como sus oraciones
llegaban al cielo para ser atendidas. Cuando empezó el piadoso ejercicio la sequedad del
ambiente cálido era completa, el azul del horizonte parecía reverberar sin que hubiera indicio
de lluvia. Dispuso don Rafael hacer una procesión en el campo con el Santísimo, y al salir a la
puerta de la capilla rural se desató un aguacero torrencial, continuando la lluvia los días que
permaneció en el burgo5 .
La fe alimenta los planos de la imaginación entre los devotos del beato. Hay
dispersos cientos de relatos que, acaso, lleguen a formar parte del banco de
datos de los balondistas, jesuitas encargados de publicar las acta sanctorum
(la vida de los santos), según el proyecto concebido por el flamenco Herbert
Rosweyd a principios del siglo XVII. Como ejemplo imprescindible cito a
continuación parte de la entrevista con una fervorosa creyente de 82 años:
Vivo en la colonia Revolución, aquí mismo en Xalapa; nomás vengo a visitar a Guizar y
Valencia porque tiene tiempo, desde cuando habló en el panteón. Yo lo oí, yo lo oía cuando
hablaba, quería que lo sacaran, tenía doce años de estar sepultado.
El propio prelado contribuiría a tejer los hilos de la leyenda referida a su
santidad. El canónigo Justino de la Mora (uno de sus alumnos predilectos)
señala que “en muchísimas ocasiones” escucho de los labios del obispo el relato
de su enfrentamiento con el Diablo en la parroquia de su natal Cotija, a
principios del siglo XX. De este fantasioso hecho ubicaría como testigo a doña
Agapita, mujer virtuosa que “pasaba las noches postrada delante del santuario”,
hasta recibir a las seis de la mañana la comunión. Rafael Guizar y Valencia
fue invitado a predicar por el párroco del lugar ante el retiro de los fieles
propiciado por la supuesta presencia del Demonio. La misión del entonces
joven sacerdote dio resultado, restituyendo la frecuencia de los sacramentos,
por lo cual (según escribe el clérigo mencionado), “el enemigo del género
5 E. J. Correa. Mons. Rafael Guizar y Valencia. El obispo Santo de Veracruz. Librería Manuel
Porrúa. México, 1951. pp. 133-134.
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humano procuró tomar venganza”6 . El relato es semejante a los testimonios
medievales sobre las presencias diabólicas:
Escuché de repente un ruido extraño y empezaron a moverse candeleros y demás utensilios
del altar mayor. El misionero creyó al principio que se trataba de un terremoto; pero pronto
observó que los objetos entraban en una danza infernal (…) En forma inesperada abrióse una
sima en el pavimento de la iglesia donde se hundieron inmediatamente los objetos precipitados
(…) Volvían luego como vomitados a la superficie, se elevaban y estallaban, saltando en mil
pedazos por los aires (…) escuchábanse alaridos tan melancólicos y lastimeros que por muchos
años quedaron grabados en la memoria del padre Rafael. Cuando el misionero cayó en la
cuenta de que aquello era una manifestación diabólica como venganza porque se había
desenmascarado el embuste de Satanás en una parroquia, hizo un exorcismo y todo quedó en
perfecta paz y en absoluta integridad (…).7
Nacido en el seno de una rica y católica familia de terratenientes, Rafael Guizar
y Valencia tuvo 9 hermanos. De ellos uno (Antonio) fue también obispo; dos
rectos y potentados cristianos; dos hermanas casadas, una soltera (consagrada
al servicio de monseñor Antonio), y tres monjas teresianas. Fue hijo de
potentados y padre de pobres. Su progenitor Prudencio Guizar González es
recordado por ocupar numerosas veces la alcaldía de Cotija; simpatizaba con
Maximiliano, el efímero emperador. Le recuerdan también por acribillar a
tres bandoleros que lo asaltaron en el camino de México a Puebla, así como
por su carácter
serio, valeroso, viril, en extremo celoso y exigente, al grado de no permitir que su esposa
levantara la mirada cuando, cogidos del brazo, cruzaban el parque principal, de la casa (…) a
la iglesia.8
A los 18 años Rafael Guizar y Valencia ingresaría en el Seminario Mayor de
Zamora, recibiendo en 1901 las órdenes sacerdotales. Vendrían después sus
misiones en Tabasco y Guatemala y su exilio en Cuba (donde se hacía llamar
Rafael Ruiz) por la persecución religiosa. El 30 de noviembre de 1919 en La
Habana sería consagrado obispo de Veracruz por el nuncio apostólico monseñor
Tito Trochi, en la iglesia de San Felipe Neri. El 9 de enero de 1920 toma
posesión canónica del obispado de Veracruz, en la catedral de Xalapa, durante
el inicio del gobierno del coronel Adalberto Tejeda (en su primera gubernatura),
6
J. de la Mora Apuntes biográficos del beato Mons. Guizar y Valencia. “Editorial” Mons.
Rafael Guizar y Valencia.
7 Ibid. p. 34
8
Relato del presbítero Celso Gracián (parroquia de Cotija), incluido en el libro de Loret de
Mola, [Link]. p. 39.
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político anticlerical al que se enfrentaría de manera irreconciliable. Como bien
lo han escrito Romana Falcón y Soledad García Morales:
Tejeda achacaba a la nefasta labor del clero, infinidad de males que representaban la
ignorancia, sumisión y pobreza de las grandes capas humildes de la población. Con su postura
anticlerical (…) ponía al desnudo como, en su opinión el mejoramiento de la sociedad estaba
íntimamente ligado a la ilustración e intención de las autoridades.9
La pugna entre Guizar y Valencia-Tejeda alcanza su climax en 1931 (durante
el segundo periodo gubernamental del político nacido en Chicontepec). En
marzo de ese año una bomba estalló en la catedral de Xalapa; el 16 de junio el
congreso local aprobó la ley 197 que limitaba el número de sacerdotes en la
entidad (1 por cada 100 mil habitantes); el 25 de julio Tejeda es baleado por
Rafael Ramírez Frías (joven fanático ex seminarista) al salir de su despacho
en el palacio de gobierno. La misma tarde del atentado seis empistolados
irrumpieron en el templo principal del puerto de Veracruz, matando al
sacerdote Darío Acosta e hiriendo a otros dos curas que impartían la doctrina.
Ante tal hecho, el obispo Guizar y Valencia cuestionaría la “ley inicua y
tiránica”, culpando a Tejeda del atropello. El gobernador le respondería
indignado:
No me extraña el cinismo e hipocresía de que hace usted alarde al protestar por hechos que
fueron provocados por usted y por los demás representantes de esa vasta negociación mercantil
que denominamos Iglesia católica; enemiga de toda obra de redención humana (…).10
Las acciones anticlericales y la propaganda antirreligiosa alcanzaron niveles
de extrema intolerancia. El 10 de julio el gobernador Tejeda firmó el cese de
doce empleados públicos sin que el acuerdo expresara la razón del despido.
Según una nota publicada en El Dictamen (13-VII-1931) los despidos se
cumplieron porque “los afectados se expresaron en contra de la ley que limitaba
el número de sacerdotes en el estado”. En la misma publicación se incluye la
noticia de que en las escuelas del puerto de Veracruz “los profesores han seguido
cumpliendo las órdenes del gobierno del estado de dar conferencias
antirreligiosas”. Consigna, también, que en la Escuela Preparatoria los alumnos
se retiraron antes de que el doctor M. Arroyo Cabrera iniciara una conferencia
contra el clero, caso repetido en Villa Cardel donde los habitantes abandonaron
el salón que ocupaba el cine local ante los “duros ataques a los sacerdotes y a
9 R. Falcón y S. Morales García. La semilla en el surco. Adalberto Tejeda y el radicalismo en
Veracruz (1883-1960). El Colegio de México/Gobierno del Estado de Veracruz. México, 1986
p.170.
10 Ibid. pp. 263-264
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la religión católica” expresados por los miembros de una de las llamadas
Misiones Culturales. Es por demás conocido que Adalberto Tejeda otorgó a la
educación un papel central para lograr consenso popular e indoctrinamiento
ideológico. En este marco de ideologización de la niñez y la juventud se explica
la integración de la “Liga Infantil Anticlerical Adalberto Tejeda”, formada en
las escuelas Prácticas Anexas a la Escuela Normal de Veracruz.
Imaginando un Veracruz libre de ataduras clericales, Tejeda ordenó que la
Dirección de Educación indicara a los docentes de las escuelas elementales las
instrucciones necesarias para erradicar el “virus religioso de las conciencias
infantiles”. Esta orientación educativa se cumplió también en los niveles medio
y superior. El Departamento Universitario y la Escuela Normal organizarían
debates, conferencias y actos culturales para cumplir con tales objetivos. En
los primeros años de la escuela primaria se explicarían los efectos antihigiénicos
de algunas prácticas religiosas (uso de agua bendita, besos a estampas, contacto
con manos de sacerdotes y pisos de templos...), mientras que en los tres cursos
finales se fomentaba la integración y funcionamiento de un comité anticlerical
integrado por alumnos.
El ejercicio político de Adalberto Tejeda en esa coyuntura oscilaba entre la
violencia y el consenso, la legalidad y la ilegalidad. Definido como déspota
enemigo de Dios por unos, era considerado líder de las causas populares,
contrario al dominio de las oligarquías, por otros. Al reflexionar sobre estos
juicios contrarios es pertinente señalar (como lo advierte Bobbio,11 examinando
el pensamiento político de Hobbes) que el fundamento del poder despótico, la
razón de su legitimación, “es el mismo consenso de quien se somete”. Hombre
de indudable talento en el manejo de las fuerzas sociales, Tejeda logró el
reconocimiento incondicional de miles de adeptos: entre las múltiples cartas
de felicitación que recibiera con motivo de la aprobación de la ley 197, se
conserva la que signara León Barradas (empleado de la Secretaría de Guerra
y Marina y miembro de la LAR) a la cual anexó un “poema a Tejeda”, ejemplo
de intolerancia y extremismo político, que cito parcialmente a continuación:
¡Oh Gran TEJEDA, viril Gobernante
En nombre Veracruz yo te saludo
Por que supiste firme y arrogante
Dar al clero un golpe mortal y rudo.
Yo que soy idealista VERACRUZANO
Te felicito, y tu labor admiro,
Porque castigaste con férrea mano
A ese buitre nefasto y corrompido.
11
N. Bobbio. Teoría de las formas de gobierno en la Historia del pensamiento político. Fondo
de Cultura Económica. México, 2002 (1ra. Reimpresión). 191 pp.
70
Y tembló, el ruin y miserable clero
Ante un hombre que su faz desnuda,
Y lo exhibe como bandido embustero
Que con sotana, para robar se escuda…
Es evidente que la persecución religiosa terminó fortaleciendo a la Iglesia en
Veracruz y la presencia pastoral de Rafael Guizar y Valencia, que emergió de
este conflicto prefigurado (a los ojos de los fieles) como un santo que defendía
a los diocesanos de la agresión tiránica. La organización de una amplísima
red de centros doctrinarios, atendidos por sacerdotes profundamente
comprometidos con su mitrado, se articuló a la dispensa de formalismos en la
administración de los sacramentos, disposición que sitúa al prelado como “un
ilustrado precursor del Vaticano II”, atendiendo las palabras de Cuevas
Cancino. 12 Si Adalberto Tejeda sería paradigma de liderazgo revolucionario
para sus seguidores, el quinto obispo de Veracruz representaría un modelo de
santidad, reconocido en ofrendas de pretendido valor literario, como el “Soneto
acróstico a la noble y bella ciudad de Xalapa”, escrito por el canónigo Salvador
Septién, arcediano de la catedral de Querétaro. En el texto referido se dice:
Jamás te olvidaré ciudad hermosa
Ataviada de encantos y primores
Oh en ti vive —¿quién duda?— el bendecido
Rafael de Dios Siervo Esclarecido,
Imán de muchedumbres, verdadero
Obispo, taumaturgo misionero…
El enfrentamiento Guizar y Valencia-Tejeda se contextúa en el conflicto
suscitado entre la Iglesia y el Estado mexicano a partir de la estricta aplicación
del artículo 130 constitucional, que regula las actividades religiosas en el país.
Sería este uno de los antecedentes directos de la revuelta cristera iniciada en
1926. Un año después, durante la gestión de Adalberto Tejeda al frente de la
secretaría de gobernación, el prelado es desterrado a Estados Unidos de
Norteamérica. Ahí predicaría en San Antonio, Austin y otros poblados de Texas,
continuando después su quehacer misional en Cuba, Colombia y Guatemala,
regresando a México en 1926.
En junio 6 de 1938 Rafael Guizar y Valencia muere en la capital del país.
Miles de fieles se volcarían para recibir el cortejo fúnebre en transito hacia
Xalapa. Del poblado de Banderilla (distante 5 kilómetros de la capital
12 F. Cuevas Cancino. La Senda del amor ilimitado. Cuadernos de la Libélula ; Durandarte
Editores. Xalapa, 2003. 61 pp.
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veracruzana), la caravana mortuoria dilató 2 horas en llegar a la catedral. Al
llegar a este templo, en oportuno fervorín, el sacerdote Juan Valiente diría:
Aquí tenemos a nuestro santo obispo, que era como San Luis Gónzaga por su pureza; como
San Francisco de Asís por su humildad; como San Francisco Javier por su apostolado.13
Desde ese día la leyenda avanzaría apresurada, alimentando el imaginario
colectivo, fuente primada de la religiosidad popular. Aquí es oportuno recordar
que cuando se examina la controvertida noción de “religión popular” conviene
tener presente que sus manifestaciones contribuyen a nuclear las identidades
sociales frente a las colisiones planteadas por la “modernidad”. La religiosidad
popular afirma lo festivo, lo ritualista, lo expresivo, frente al formalismo y el
racionalismo eclesiástico. Como lo advierte Hegel al referirse a la volks religión,
las devociones populares incorporan el “espíritu del pueblo históricamente
determinado” como fundamento de la fe.14
Estoy por concluir una investigación orientada a examinar los procesos
sociopolíticos y simbólicos que concurren en la construcción de la imagen de
santidad del obispo Guizar y Valencia, priorizando el análisis interno de los
procesos sociales, a partir de los factores estructurales e ideológicos que
determinan su configuración histórica. El enfoque metodológico se completa
en sentido crítico al analizar las formas simbólicas de las expresiones
devocionales, superando las apreciaciones limitadas al estudio de las conductas
formales o de corte institucional. En tal perspectiva analítica destaco el papel
del imaginario y de las prácticas de vocación mágica, condicionantes de la
articulación y desarrollo de los cultos populares, como el que se ha desarrollado
en torno a la vida y la muerte del beato Guizar y Valencia. Toda religión,
“muy especialmente la católica”, diría Gramsci, “es en realidad una
multiplicidad de religiones distintas y a menudo contradictorias”.15 Hiatos,
enclaves, oposiciones ideológicas asoman en el análisis de la leyenda dorada y
el quehacer político del que fuera V obispo de Veracruz.
En este estudio Rafael Guizar y Valencia aparece de cuerpo entero; como
tenaz misionero, obispo trashumante precursor de los debates del Concilio
Vaticano II, santo prefigurado por la devoción popular, o activo militante
político ligado a la conformación del Partido Católico Nacional, de oscura
13
I. Lehonor Arroyo, [Link], p.103.
14 G. W. F. Hegel, El concepto de religión. Traducción de A. Guinzo. F. C. E. México, 1986,
pp.299-300.
15
A. Gramsci El materialismo histórico y la filosofía de B. Croce. Juan Pablos Editor. México,
1975 p. 123.
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memoria. Hombre pluridimensional, controvertido por unos y alabado por otros,
el beato Guizar y Valencia es examinado desde la perspectiva de la lente
histórica, salvando las exégesis hagiográficas y los planteamientos de la historia
oficial.
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