Pericles
91 idiomas
Artículo
Discusión
Leer
Editar
Ver historial
Herramientas
Pericles
Busto de mármol, copia romana de un original griego, Museo Pío-Clementino de Roma.
Strategos de Atenas
442 a. C.-429 a. C.
Información personal
Nombre en
Περικλῆς
griego antiguo
Apodo El Olímpico
Nacimiento c. 495 a. C.
Atenas (Grecia)
Fallecimiento 429 a. C.
Atenas (Grecia)
Causa de
Plaga de Atenas
muerte
Religión Religión de la Antigua Grecia
Familia
Familia Alcmeónidas
Padres Jantipo
Agarista
Cónyuge Primera mujer de Pericles (hasta 445 a. C.)
Aspasia de Mileto (desde 445 a. C.)
Hijos Pericles el Joven
Información profesional
Ocupación Político, militar, estadista, orador y oficial de
ejército
Años activo 469–429 a. C. (militar)
Seudónimo Ολύμπιος
Lealtad Antigua Atenas
Rango militar Strategos
Conflictos Primera Guerra del Peloponeso y Guerra de
Samos
[editar datos en Wikidata]
Pericles (c. 495 a. C.- 429 a. C.) (en griego clásico: Περικλῆς, ‘rodeado de gloria’;
en griego moderno: Περικλής; latín: Pericles) fue un
importante jurista, magistrado, general, político y orador ateniense en los
momentos de la edad de oro de la ciudad (en concreto, entre las Guerras
Médicas y las del Peloponeso). Fue hijo de Jantipo, artífice de la victoria helena
sobre los persas en la batalla de Micala (479 a. C.), y de Agaristé, sobrina del
prestigioso legislador ateniense Clístenes y miembro de la familia aristocrática de
los Alcmeónidas. Fue el principal estratega de Grecia. Llamado el Olímpico, por su
imponente voz y por sus excepcionales dotes de orador.
Pericles tuvo tanta influencia en la sociedad ateniense que Tucídides, un
historiador coetáneo, lo denominó como «el primer ciudadano de Atenas».
Pericles convirtió a la Confederación de Delos en el Imperio ateniense, y dirigió a
sus compatriotas durante los primeros dos años de la Guerra del Peloponeso. El
periodo en el que Pericles gobernó Atenas a veces es conocido como el Siglo de
Pericles, aunque ese período a veces puede abarcar fechas tan tempranas como
las Guerras Médicas o tan tardías como el siglo siguiente.
Pericles fomentó las artes y la literatura. Por esta razón Atenas tiene la reputación
de haber sido el centro educacional y cultural de la Antigua Grecia. Comenzó un
ambicioso proyecto que llevó a la construcción de la mayoría de las estructuras
supervivientes en la Acrópolis de Atenas, incluyendo el Partenón, así como de
otros monumentos como los Propileos. Su programa embelleció la ciudad y sirvió
para exhibir su gloria, a la vez que dio empleo a muchos ciudadanos.1 Además,
Pericles defendió hasta tal punto la República griega que algunos de sus críticos le
consideran populista.2 Asimismo, Pericles otorgó gran importancia a los dioses,
fundamentalmente a Atenea, pero sin olvidar a su pueblo. Por ello, dedicó un
templo a dicha diosa, además de estar presente en numerosas monedas e,
incluso, un frontón.3
Fue además rival de Cimón en 459 a. C. y jefe del partido republicano. Después
de la muerte de Cimón, condenó a Tucídides (no el historiador sino un político, hijo
de Melesias) al ostracismo. Fundó en sólidas bases la potencia naval y colonial de
Atenas, sometió la isla de Eubea en 446 a. C., la de Samos en 440 a. C. e hizo
tomar parte a Atenas en la Guerra del Peloponeso.
Discípulo de Anaxágoras de Clazómenes y de Zenón de Elea, fue amigo
de Fidias y atrajo a Atenas al arquitecto Hipodamo de Mileto, al sofista Protágoras,
y al historiador Heródoto. En su época brillaron Sófocles y Eurípides —máximas
figuras del teatro griego— y destacó por el círculo de Aspasia.
Primeros años[editar]
Pericles nació alrededor del 495 a. C., en el demo (demarcación) de Colargos, al
norte de Atenas. Era hijo del político Jantipo, quien, si bien había sido condenado
al ostracismo durante los años 485 o 484 a. C., volvió a Atenas para dirigir el
contingente ateniense en la victoria griega de la Batalla de Mícala solo cinco años
después. La madre de Pericles, Agarista, era parte de la poderosa familia de
los Alcmeónidas, y sus conexiones familiares jugaron un papel crucial en el
comienzo de la carrera política de Jantipo. Agarista era bisnieta
del tirano de Sición, Clístenes, y sobrina del reformista ateniense Clístenes, otro
alcmeónida.4
Según Heródoto y Plutarco, Agarista soñó, algunas noches antes del nacimiento
de Pericles, que daba a luz un león.56 Una interpretación de esta anécdota es que
el león es el símbolo tradicional de la grandeza, aunque la historia también puede
estar haciendo alusión al tamaño inusual del cráneo de Pericles, que se convirtió
en el objetivo habitual de los comediantes contemporáneos,67 llegando a recibir el
apelativo de «cabeza de albarrana» (una especie de cebolla). Si bien Plutarco
asegura que esta deformación era el motivo por el que Pericles siempre era
representado con casco, este no era exactamente el motivo, sino que el casco era
el símbolo de su rango oficial como estratego (general).8
Pericles pertenecía a la tribu local de Acamantis y sus primeros años fueron
silenciosos. Un joven introvertido que huía de apariciones en público y prefería
dedicar su tiempo a los estudios.9
La nobleza de su familia y su nivel económico le permitieron proseguir su
inclinación hacia los estudios. Aprendió música de los maestros de su tiempo
(Damón o Pitocleides podrían haber sido sus profesores)1011 y se considera que
Cronograma de la vida de Pericles (c.495 a. C.–429 a. C.)
fue el primer político en
atribuir una gran
importancia a la filosofía.9
Disfrutó de la compañía de
los
filósofos Protágoras, Zenó
n de Elea y Anaxágoras.
Anaxágoras
particularmente llegó a
convertirse en un buen
amigo y le influyó
enormemente.1012 La forma
de pensar de Pericles, así
como el carisma que tenía
en su retórica podrían
haber sido en parte una
consecuencia del énfasis
filosófico en la calma
emocional al enfrentarse a
los problemas, y del
escepticismo sobre el
fenómeno divino.4 Su
calma y autocontrol
proverbial también se
contemplan como parte de
la influencia de
Anaxágoras.13
Carrera política
hasta 431 a. C.
[editar]
Entrada en
política[editar]
En la primavera de 472 a. C., Pericles presentó la obra de teatro Los
persas de Esquilo en las Dionisias como lo que entonces se conocía
por liturgia (una obra privada financiada por un particular con la finalidad de servir
al bien público). Con ello demostraba que en ese momento era uno de los
hombres más ricos de Atenas.14 Simon Hornblower ha argumentado que la
elección de esta obra y no otra, que presenta una imagen nostálgica de la famosa
victoria de Temístocles en la Batalla de Salamina, muestra que el joven político
estaba apoyando a Temístocles frente a su oponente político, Cimón, cuya facción
había salido victoriosa y había enviado a Temístocles al ostracismo poco
después.15
Plutarco dice que Pericles se mantuvo como el primero entre los atenienses
durante cuarenta años.16 Si esto fue así, entonces Pericles debió haber tomado
una posición de liderazgo hacia la década de 460 a. C. Durante estos años luchó
por mantener su privacidad y trató de presentarse como modelo para sus
conciudadanos. Por ejemplo, a menudo rehuía los banquetes, procurando ser
frugal.17
En el año 463 a. C. Pericles dirigía la acusación contra Cimón, el líder de la
facción conservadora, que había sido acusado de negligencia en la defensa de los
intereses de Atenas en Macedonia.18 Aunque Cimón fue absuelto, esta
confrontación demostró que el principal oponente político de Pericles era
vulnerable.19
El ostracismo de Cimón[editar]
Alrededor de los años 462 y 461 a. C., los líderes del partido republicano
decidieron que era el momento de intentar tomar el control del Areópago, un
Consejo tradicional controlado por la aristocracia ateniense, que en tiempos
pasados había llegado a ser uno de los cuerpos más poderosos del Estado.20 El
líder del partido y mentor de Pericles, Efialtes de Atenas, propuso una brusca
reducción del poder del Aerópago. La Ekklesía (la asamblea ateniense) aceptó la
proposición de Efialtes sin demasiada oposición.21 Esta reforma señaló el
comienzo de una nueva era de «República».20
El partido republicano fue gradualmente volviéndose el partido dominante en la
política ateniense, y Pericles se mostraba dispuesto a seguir una política
republicana de trato igual a los iguales y desigual a los desiguales, para mantener
a la gente de su lado. De acuerdo con Aristóteles, la postura de Pericles se puede
explicar por el hecho de que su principal oponente político, Cimón, era rico y
generoso, y era capaz de asegurarse el apoyo público mediante la utilización de
su fortuna personal.22 El historiador Loren J. Samons II argumenta, sin embargo,
que Pericles tenía suficientes recursos para poder haber hecho lo mismo si
hubiera querido.23
En el año 461 a. C., Pericles consiguió eliminar a su gran oponente mediante la
utilización del ostracismo. La acusación para ello fue que Cimón había traicionado
a la ciudad por haber actuado como un amigo de Esparta, una acusación que era
muy frecuente enarbolar frente a los políticos de la facción conservadora.24
Incluso después del ostracismo de Cimón, Pericles continuó llevando a cabo y
promocionando una política republicana con gran carga social.21 Primero propuso
un decreto que permitía a los pobres acudir a ver las obras de teatro sin tener que
pagar, siendo el estado el que cubriría el coste de su admisión. Mediante otros
decretos redujo los requisitos de propiedad necesarios para formar parte
del arcontado e introdujo el pago de unas generosas cantidades de dinero para
aquellos ciudadanos que sirviesen como jurados en la Heliea (la corte suprema de
Atenas).25 Sin embargo, la medida que más controversia creó fue la ley del
año 451 a. C., que limitaba la ciudadanía ateniense a aquellos que fuesen nacidos
de ciudadanos atenienses por ambos lados.26
Tales medidas impulsaron a los críticos de Pericles, que le veían como el
responsable de la degeneración gradual de la república ateniense. Constantino
Paparrigópulos (1815-1891), uno de los más importantes historiadores griegos
modernos, argumenta que Pericles buscaba la expansión y estabilización de todas
las instituciones republicanas.27 Por ello, impulsó una legislación que garantizaba a
las clases más bajas el acceso al regímen político y a los oficios públicos, de los
cuales habían sido apartados anteriormente debido a sus medios limitados o a su
humilde condición.28 De acuerdo con Samos, Pericles creía que era necesario
elevar al Demos, en el que veía la fuente del poder ateniense y un elemento
crucial en el dominio militar de Atenas.29 La flota, sin duda la espina dorsal del
poder de Atenas desde los días de Temístocles, estaba compuesta casi en su
totalidad por miembros de las clases inferiores.30
Cimón, por el otro lado, parece que ya había dejado de creer que existiera espacio
para la evolución republicana. Estaba seguro de que la república había llegado a
su punto álgido y que las reformas de Pericles llevaban a la instauración de la
democracia, degenerando el régimen establecido. Según Paparrigopoulos, la
historia acabó dando la razón a Cimón, puesto que Atenas, a partir de la muerte
de Pericles, se hundió en un abismo de turbulencia política y democracia.
Paparrigopoulos mantiene que cayó sobre la ciudad una regresión sin
precedentes, y que su gloria fue muriendo como resultado de la muerte de
Pericles el republicano.27 Según otro historiador, Justin Daniel King, la república
benefició al pueblo individualmente, pero hirió al estado.31 Otros autores,
como Donald Kagan defienden que las medidas republicanas de Pericles llevadas
a efecto supusieron la base de una fuerza política inexpugnable.32 Después de
todo, Cimón acabó aceptando la república, y no se opuso a la ley de ciudadanía
tras su retorno del exilio en el año 451 a. C.33
Pericles dirige Atenas[editar]
El asesinato de Efialtes en el año 461 a. C. preparó el camino para que Pericles
consolidara su autoridad. A falta de una oposición fuerte tras la expulsión
de Cimón, el indiscutible líder del partido republicano se convirtió en el gobernante
de Atenas. Se mantuvo en el poder casi de forma ininterrumpida hasta su muerte
en el otoño (septiembre a diciembre) del año 429 a. C.. Según el
historiador Tucídides,
Pericles, que poseía gran autoridad por su prestigio e inteligencia y era inaccesible manifiestamente al
soborno, contenía a la multitud sin quitarle libertad, y la gobernaba en mayor medida que era gobernado
por ella; y esto, debido a que no hablaba de acuerdo con su capricho para buscarse influencia por
medios indignos, sino que, gracias a su sentido del honor, llegaba a oponerse a la multitud. Así pues,
cuando se daba cuenta de que los atenienses ensoberbecidos tenían una confianza injustificada, con
sus palabras los contenía, atemorizándolos, y cuando sin razón temían, les devolvía la confianza. Y era
aquello oficialmente una democracia; pero, en realidad, un gobierno del primer ciudadano.34
Primera Guerra del Peloponeso[editar]
Artículo principal: Primera Guerra del Peloponeso
Nuestra política no copia las leyes de los países vecinos, sino que somos la imagen que otros
imitan. Se llama democracia, porque no solo unos pocos sino unos muchos pueden gobernar. Si
observamos las leyes, aportan justicia por igual a todos en sus disputas privadas; por el nivel social,
el avance en la vida pública depende de la reputación y la capacidad, no estando permitido que las
consideraciones de clase interfieran con el mérito. Tampoco la pobreza interfiere, puesto que si un
hombre puede servir al estado, no se le rechaza por la oscuridad de su condición.
Discurso fúnebre de Pericles tal y como lo recogió Tucídides (II, 37).
Pericles llevó a cabo sus primeras expediciones militares durante la Primera
Guerra del Peloponeso, que fue provocada en parte por la alianza ateniense
con Megara y Argos, y la subsiguiente reacción de Esparta. En el
año 454 a. C. atacó Sición y Acarnania.35 Luego intentó sin éxito tomar Oeniadea,
en el golfo de Corinto, antes de regresar a Atenas.36 En 451 a. C., Cimón se dice
que volvió del exilio y que negoció una tregua de cinco años con Esparta tras una
propuesta de Pericles, lo cual indica un cambio en la estrategia política de
Pericles.37 Pericles pudo haberse dado cuenta de la importancia de la contribución
de Cimón durante los conflictos contra los peloponesios y los persas. Anthony J.
Podlecki argumenta, sin embargo, que ese cambio de postura de Pericles fue un
invento de los historiadores antiguos para fortalecer una visión tendenciosa de su
carácter.38
Plutarco subraya que Cimón consiguió un acuerdo para compartir el poder con sus
oponentes, según el cual Pericles se encargaría de los asuntos internos y Cimón
sería el líder del ejército de Atenas que se encontraba en campaña.39 Si realmente
fue así, este acuerdo habría supuesto una concesión por parte de Pericles en el
hecho de que no era un gran estratega. Kagan opina que Cimón se adaptó a las
nuevas condiciones y llevó a cabo un matrimonio político entre los liberales de
Pericles y los conservadores.33
A mediados de la década de 450 a. C. los atenienses lanzaron un ataque fallido
para ayudar a la revuelta egipcia contra Persia, que llevó a un prolongado asedio
de una fortaleza persa situada en el delta del Nilo. La campaña culminó con un
desastre a gran escala: las fuerzas de asedio fueron derrotadas y destruidas.40 En
451-450 a. C. los atenienses mandaron tropas a Chipre. Cimón derrotó a los
persas en la Batalla de Salamina, pero murió de enfermedad en el
año 449 a. C. Se dice que Pericles comenzó ambas expediciones en Egipto y
Chipre,41 aunque algunos investigadores, como por ejemplo Karl Julius Beloch,
argumentan que el envío de una flota de tal magnitud está más de acuerdo con el
espíritu de la política de Cimón.42
Para complicar aún más el relato de este período tan complejo, se añade la
controversia sobre la Paz de Calias, que supuestamente terminó con las
hostilidades entre griegos y persas. La misma existencia de este tratado está muy
discutida, y los detalles de la negociación son también ambiguos.43 Ernst
Badian cree que la paz entre Atenas y Persia se ratificó por primera vez en el
año 463 a. C. (haciendo que las intervenciones atenienses en Egipto y Chipre
fuesen violaciones del tratado), y renegociado a la conclusión de la campaña en
Chipre, tomando fuerza de nuevo entre los años 450 y 449 a. C., como resultado
del cálculo estratégico de Pericles de que el conflicto con Persia estaba
debilitando la posibilidad ateniense de esparcir su influencia en Grecia y el Egeo.43
Kagan cree que Pericles usó a Calias, un cuñado de Cimón, como símbolo de
unidad, y que le empleó en varias ocasiones para negociar acuerdos
importantes.44
En la primavera de 449 a. C., Pericles propuso el Decreto de Congreso, que llevó
a una reunión (congreso) de todos los estados griegos para considerar la cuestión
de reconstrucción de los templos destruidos por los persas. El congreso no tuvo
éxito por culpa de Esparta, pero las verdaderas intenciones de Pericles todavía no
están claras.45 Algunos historiadores piensan que quería promover una especie de
confederación con la participación de todas las ciudades griegas, y otros que
quería fomentar la preeminencia ateniense.46 De acuerdo al historiador Terry
Buckley, el objetivo del Decreto de Congreso era un nuevo mandato para la Liga
de Delos y para la recaudación de phoros (impuestos).47
Sin embargo, la admiración de las eras actuales y de las que nos sucedan recaerá sobre nosotros,
dado que no hemos dejado nuestro poder sin testigos, y lo hemos mostrado mediante numerosas
pruebas; y más allá de necesitar a Homero para nuestro panegírico, o de alguno cuyos versos
pudieran lucir durante un momento para dar la impresión de que se derretirían al contacto con los
hechos, hemos obligado a todos los mares y tierras a ser la carretera de nuestro atrevimiento, y en
todas partes, ya sea para bien o para mal, hemos dejado monumentos imperecederos a nuestras
espaldas.
Discurso fúnebre de Pericles tal y como lo recogió Tucídides (II, 41).
Durante la Segunda Guerra Sagrada Pericles dirigió a la armada ateniense
contra Delfos y reinstauró a Fócida en sus derechos soberanos sobre el oráculo.48
En 447 a. C. Pericles se involucró en la campaña por la cual se le admira más, la
expulsión de los bárbaros de la península tracia de Gallípolli, con el fin de
establecer colonos atenienses en la región.449 Para entonces, sin embargo, Atenas
se encontraba seriamente amenazada por una serie de revueltas entre sus aliados
(o, para ser más exactos, sus subordinados). En 447 a. C. los oligarcas
de Tebas conspiraron contra la facción democrática. Los atenienses demandaron
su rendición inmediata pero, tras la Batalla de Coronea de ese año, Pericles se vio
obligado a admitir la pérdida de Beocia con el fin de recuperar a los prisioneros
atenienses tomados en esa batalla.9 Con Beocia en manos hostiles, Fócida y
Lócrida eran incontrolables y poco a poco fueron cayendo en manos de los
oligarcas enemigos.50 En 446 a. C. se produjo un levantamiento aún más
peligroso: Eubea y Megara se levantaron en armas. Pericles cruzó hasta Eubea
con sus tropas, pero fue obligado a volver cuando un ejército
espartano invadió Ática. Mediante sobornos y negociaciones, Pericles logró
ahuyentar el peligro inminente, y los espartanos volvieron a su ciudad.51 Cuando
Pericles fue investigado más tarde por la utilización de dinero público no pudo
justificarse suficientemente un gasto de 10 talentos, dado que los documentos
oficiales solo se referían a que ese dinero fue utilizado para «un muy serio
propósito». En cualquier caso, el «serio propósito» (el soborno) era tan obvio que
los auditores aprobaron el gasto sin nombrarlo oficialmente y sin ni siquiera
investigarlo en profundidad.52 Una vez que la amenaza espartana fue eliminada,
Pericles cruzó de nuevo a Eubea para aplastar la revuelta. Infligió un severo
castigo a los propietarios de tierras en Calcis, que perdieron sus propiedades. Los
habitantes de Histiea, por su parte, que habían masacrado a la tripulación de
un trirreme ateniense, fueron desarraigados y sustituidos por 2000 colonos de
Atenas.52 La crisis terminó oficialmente con la Paz de los Treinta Años (invierno de
446 a. C. - 445 a. C.), en la cual Atenas renunciaba a una buena parte de sus
posesiones e intereses en el interior de Grecia que había ido adquiriendo desde
460 a. C., y tanto Atenas como Esparta acordaban no intentar conquistar ninguno
de los estados aliados del otro.50
Batalla final con los conservadores[editar]
Fidias mostrando el friso del Partenón a
Pericles, Aspasia, Alcibíades y amigos, cuadro de Lawrence Alma-Tadema (1868),
Birmingham Museum & Art Gallery.
En el año 444 a. C. la facción democrática y la conservadora se enfrentaron en
una nueva y feroz lucha. El nuevo y ambicioso líder conservador, Tucídides (no
hay que confundirlo con el historiador del mismo nombre), acusó a Pericles de
derrochar el dinero público, criticando la forma en que Pericles utilizaba el dinero
en el plan de construcción que se estaba llevando a cabo. Tucídides consiguió en
un principio poner a la Ekklesía de su parte, pero cuando Pericles tomo la palabra
eclipsó completamente a los conservadores. Pericles respondió proponiendo, si
era necesario, rembolsar a la ciudad todos los gastos con su propiedad privada,
bajo la condición de que haría las inscripciones y dedicatorias a su propio
nombre.53 Su propuesta fue acogida con un gran aplauso y Tucídides se encontró
con una derrota inesperada. En el año 442 a. C., los atenienses condenaron a
Tucídides al ostracismo durante 10 años, y Pericles volvió a convertirse en el líder
político sin rival de Atenas.53
El gobierno de Atenas sobre la alianza[editar]
Pericles quería estabilizar el dominio de Atenas sobre su alianza y con ello
reforzar su preeminencia en Grecia. El proceso a través del cual la Liga de Delos
se transformó en el Imperio ateniense generalmente se considera que comenzó
bastante antes del tiempo de Pericles,54 dado que varios aliados en la liga eligieron
pagar tributo a Atenas en lugar de aportar hombres para las naves de la flota. Sin
embargo, esta transformación se aceleró y llegó a su conclusión mediante una
serie de medidas puestas en práctica por Pericles.55 Los pasos finales en esa
traslación hacia el imperio pudieron haber sido disparadas por la derrota ateniense
en Egipto, que amenazó el dominio de la ciudad en el Egeo y llevó a la revuelta de
varios aliados, como Mileto o Eritrea.56 Ya sea por verdadero temor por su
seguridad tras la derrota en Egipto y por las revueltas, o como pretexto para ganar
el control de la economía de la Liga, Atenas transfirió el tesoro de la Alianza
de Delos a Atenas en los años 454 y 453 a. C.57 Para los años 450-449 a. C. las
revueltas en Mileto y Eritrea habían sido controladas y Atenas había restaurado su
control sobre los aliados.58 Alrededor de 447 a. C. Clearco propuso el Decreto de
Moneda, que imponía el peso y medida de la moneda de plata ateniense a todos
sus aliados.47 De acuerdo con una de las previsiones más drásticas del decreto,
todos los excedentes de la operación de acuñación debía ir a un fondo especial, y
todo aquel que propusiese utilizarlo de otro modo podía ser condenado a pena de
muerte.59
Acordaos, también, de que si vuestro país tiene el nombre más grande de todo el mundo, es porque
nunca se ha doblegado frente a un desastre; porque ha gastado más vida y esfuerzo en la guerra que
cualquier otra ciudad, y ha ganado para sí misma un poder mayor que cualquier otro conocido,
memoria de lo cual descenderá hasta la posteridad.
Tercer discurso de Pericles tal y como la recogió Tucídides (II, 64).
Fue del tesoro de la alianza de donde Pericles sustrajo los fondos necesarios para
llevar a cabo su ambicioso plan de construcción, centrado en la Acrópolis de
Pericles, que incluía los Propileos, el Partenón y la estatua de oro de Atenea
Promacos, esculpida por Fidias, amigo de Pericles.60 En el año 449 a. C. Pericles
propuso un decreto que permitía el uso de 9000 talentos para financiar la
reconstrucción masiva de los templos atenienses.47 Angelos Vlachos, un
académico griego, apunta que la utilización del tesoro de la alianza, iniciada y
ejecutada por Pericles, es una de las más grandes apropiaciones indebidas de la
historia. Esta apropiación financió, sin embargo, algunas de las más maravillosas
creaciones artísticas del mundo antiguo.61
La Guerra contra Samos[editar]
La Guerra contra Samos fue el último evento militar significativo antes de
la Guerra del Peloponeso. Después del ostracismo de Tucídides, Pericles se
encontró en una situación en la que era reelegido anualmente para el puesto
de strategos (general), único cargo que llegó a ocupar oficialmente. Sin embargo,
su influencia política era tal que le convertía en el gobernante de hecho
del Estado. En el año 440 a. C. la isla de Samos se encontraba en guerra con
Mileto por el control de Priene, una antigua ciudad de Jonia en el pie de las colinas
de Mícala. Mileto estaba perdiendo la guerra, y acudió a Atenas para que les
ayudasen en su conflicto con Samos.62 Cuando Atenas ordenó a ambas partes
detener las hostilidades y someter el caso al arbitraje de Atenas, Samos se negó. 63
En respuesta, Pericles hizo promulgar un decreto enviando una expedición a
Samos, «alegando ante su gente que, si bien había sido conminados a detener su
guerra contra Mileto, no estaban cumpliendo». En una batalla naval la flota
ateniense dirigida por Pericles y otros nueve generales derrotó a las fuerzas de
Samos e impuso en la isla una administración de su agrado.63 Cuando Samos se
levantó contra el gobierno ateniense, Pericles obligó a los rebeldes a rendirse tras
un duro asedio de ocho meses que acabó provocando un descontento bastante
importante de los marinos atenienses.64 Pericles entonces terminó con una
revuelta en Bizancio y, cuando volvió a Atenas, pronunció un discurso fúnebre en
honor a los soldados que habían muerto en la expedición.65
Entre los años 438 y 436 a. C. Pericles dirigió a la flota ateniense en el Ponto
Euxino (Mar Negro) y estableció relaciones amistosas con las ciudades griegas de
la región.66 Pericles también se centró en proyectos internos, tales como la
fortificación de Atenas (construyendo la muralla interna alrededor del año
440 a. C.), y en la creación de nuevas colonias,
como Andros, Naxos y Turios (444 a. C.), así como Anfípolis (437–436 a. C.).67
Ataques personales[editar]
Aspasia de Mileto (469–406 a. C.), compañera de Pericles.
Pericles y sus allegados no fueron inmunes a los ataques de las facciones rivales,
puesto que la preemeniencia en la democracia ateniense no era equivalente a un
mando absoluto.68 Justo antes de que estallara la Guerra del Peloponeso, Pericles
y dos de sus socios más cercanos, Fidias y su compañera, Aspasia de Mileto, se
enfrentaron a una serie de ataques personales y judiciales.
Fidias, que había estado al cargo de todos los proyectos de construcción fue
acusado en primer lugar de la apropiación indebida de oro destinado a la estatua
de Atenea y más tarde de ofensa moral. Esta última se basaba en que al crear la
batalla de las amazonas en el escudo de Atenea, dibujó una figura que se parecía
a él mismo en la forma de un viejo hombre calvo, y también insertó a alguien que
se parecía a Pericles luchando con una Amazona.69 Los enemigos de Pericles
también encontraron un testigo (posiblemente falso) en su contra, llamado Menon.
Aspasia, que era conocida por su gran capacidad como conversadora y consejera,
fue acusada de corromper a las mujeres de Atenas con el fin de satisfacer las
perversiones de Pericles.7071 Aspasia era probablemente una hetaira que llevaba
un burdel,7273 aunque esto es algo que los estudiosos modernos discuten.7475 Estas
acusaciones probablemente no fueron más que demandas sin fundamento, pero la
experiencia en sí supuso un trago muy amargo para el líder ateniense. Aunque
Aspasia fue absuelta gracias a uno de los escasos arranques emocionales de
Pericles, su amigo Fidias murió en prisión y otro amigo suyo, Anaxágoras, fue
atacado por la Ekklesia por sus creencias religiosas.
Además de estas persecuciones iniciales, la Ekklesia atacó a Pericles mismo,
demandando una justificación por su ostensible derroche y mala administración de
dinero público.71 Según relata Plutarco, Pericles estaba tan asustado por el juicio
que no permitió a los atenienses hacer concesiones a los lacedemonios.71 Beloch
también opina que Pericles trajo deliberadamente la guerra para proteger su
posición política.76 Con ello, al comienzo de la Guerra del Peloponeso, Atenas se
encontró en la difícil situación de tener que confiar su futuro a un líder cuya
preeminencia se acaba de haber visto amenazada por primera vez en más de una
década.9
La Guerra del Peloponeso[editar]
Artículo principal: Guerra del Peloponeso
Las causas de la Guerra del Peloponeso se han debatido en profundidad, aunque
gran parte de los historiadores antiguos culpan de ella a Pericles y Atenas.
Plutarco parece creer que Pericles y los atenienses incitaron a la guerra, luchando
por imponer sus tácticas con una cierta arrogancia y un amor por la confrontación.
Tucídides también apunta la misma idea, y aunque en general se le contempla
como un admirador de Pericles, el historiador en este punto ha sido criticado por
su parcialidad a favor de Esparta.
Valerio Máximo cita una curiosa anécdota según la cual un triste y meditabundo
Pericles recibió la visita de su sobrino Alcibíades. Este le preguntó qué le
perturbaba, a lo que Pericles contestó que, habiéndole encargado a la ciudad
edificar los Propíleos de la Acrópolis, había gastado tal cantidad de dinero que no
sabía cómo rendir cuentas de su gestión. Entonces le dijo Alcibíades:
Búscate, pues, un medio de no tener que rendirlas.
Así pues, Pericles, colmado de honores pero finalmente irresoluto, siguiendo el
consejo de su joven y temerario sobrino, implicó a los atenienses en una guerra
contra sus vecinos, de modo que no tuvieran ocasión de pedirle cuentas
(431 a. C.).
Preludio[editar]
Anaxágoras y Pericles, por Augustin-Louis Belle
(1757 – 1841)
Pericles estaba convencido de que la guerra con Esparta, que no podía afrontar la
preeminencia ateniense, sería inevitable, e incluso hasta cierto punto bienvenida.77
Por ello no vaciló en enviar tropas a Corcira a reforzar a la flota que ahí se
encontraba en guerra contra Corinto.78 En el año 433 a. C. las flotas enemigas se
enfrentaron en la Batalla de Síbota y un año más tarde los atenienses lucharon
contra los colonos corintos en la Batalla de Potidea, lo cual contribuyó en gran
medida al odio de Corinto contra Atenas. Durante ese mismo periodo, Pericles
propuso el decreto de Megara, que se parecía en gran medida a un embargo
económico moderno. Los mercaderes de Megara quedaban excluidos del mercado
de Atenas y de utilizar los puertos de su imperio. Esta prohibición estranguló la
economía de Megara y amenazó la frágil paz entre Atenas y Esparta, aliada de
Megara. De acuerdo con George Cawkwell, con este decreto Pericles rompió la
Paz de los Treinta Años «aunque, quizás, con la apariencia de una excusa».79 La
justificación ateniense fue que Megara había cultivado la tierra consagrada a la
diosa Deméter, y que había dado refugio a esclavos escapados, un
comportamiento que los atenienses consideraban impío.80
Después de consultar con sus aliados, Esparta envió una comitiva a Atenas para
exigir una serie de concesiones, tales como la expulsión inmediata de la familia
Alcmeónida, incluyendo a Pericles, y la derogación del decreto de Megara,
amenazando con la guerra si no se atendiese a sus demandas. El obvio propósito
de estas condiciones era instigar una confrontación entre Pericles y el pueblo de
Atenas. Esto acabó ocurriendo unos pocos años más tarde,81 pero en este caso
los atenienses siguieron sin dudarlo las instrucciones de Pericles. En el primer
discurso legendario que Tucídides relata, Pericles aconseja a los atenienses no
plegarse ante las demandas espartanas, puesto que ellos eran militarmente más
fuertes.82 Pericles no estaba preparado para hacer concesiones unilaterales,
creyendo que «si Atenas hacía concesiones en ese tema, entonces Esparta
seguramente saldría con nuevas exigencias».83Consecuentemente, Pericles pidió
a los espartanos un quid pro quo: En intercambio por la derogación del decreto de
Megara, los atenienses exigían a Esparta abandonar su práctica de la expulsión
periódica de los extranjeros de su territorio (xenelasia) y reconocer la autonomía
de sus ciudades aliadas, exigencia que implicaba que la hegemonía espartana
tampoco era tal.84 Los términos fueron rechazados por los espartanos y, al no
estar ninguna de las dos partes dispuestas a echarse atrás, los dos bandos se
prepararon para la guerra. De acuerdo con los autores Athanasios G. Platias y
Constantinos Koliopoulos, profesores de estudios estratégicos y política
internacional, «en lugar de plegarse a exigencias coercitivas, Pericles eligió la
guerra».83 Otra consideración que podría haber influenciado a Pericles era la
posibilidad de que las revueltas en el imperio comenzasen a estallar en el
momento en que Atenas se mostrase débil.85
Primer año de guerra (431 a. C.)[editar]
El Partenón, una obra maestra auspiciada por
Pericles, vista desde el sur.
En el año 431 a. C., cuando la paz ya se encontraba en crisis, Arquidamo II, rey de
Esparta, envió una segunda delegación a Atenas exigiendo a los atenienses
plegarse a las exigencias espartanas. Esta delegación no fue admitida en Atenas,
puesto que Pericles ya había hecho promulgar una resolución según la cual
ninguna delegación espartana sería admitida en la ciudad si los espartanos habían
iniciado las hostilidades. La armada espartana se encontraba entonces guarnecida
en Corinto y, viendo esto como una acción hostil, los atenienses rechazaron
admitir a sus emisarios.86 Tras este último intento, Arquidamo invadió Ática, pero
no encontró ningún ateniense en la zona. Pericles, consciente de que la estrategia
espartana sería invadir y saquear el territorio ateniense, ya había organizado la
evacuación de toda la población de la región dentro de las murallas de Atenas.87
No existe ningún documento que recoja exactamente cómo Pericles consiguió
convencer a los habitantes de Ática para que se trasladasen a las ya bastante
abarrotadas áreas urbanas. Para muchos, este desplazamiento significaba
abandonar sus tierras, así como sus ancestrales templos y altares, y cambiar
completamente su estilo de vida.88 Por ello, si bien accedieron a desplazarse,
muchos habitantes de las áreas rurales estaban muy descontentos con la decisión
de Pericles.89 Pericles también aseguró a sus compatriotas que si llegaba el caso
de que el enemigo no saquease sus propias granjas, él ofrecería estas
propiedades a la ciudad. Esta promesa surgió debido a su preocupación por la
posibilidad de que Arquidamo, que era amigo de Pericles, pudiera atravesar el
estado sin asolar sus tierras, ya sea como muestra de amistad o como movimiento
político calculado en busca de separar a Pericles del pueblo.90
En cualquier caso, viendo como sus granjas fueron sometidas al saqueo, los
atenienses se indignaron, y pronto comenzaron a dirigir su descontento contra su
líder, a quien muchos consideraban como el causante de haber traído la guerra.
Sin embargo, incluso sometido a tanta presión, Pericles no cedió a su exigencia de
emprender acciones inmediatas contra el enemigo o de revisar la estrategia inicial.
También evitó convocar a la Ekklesía, temiendo que el pueblo pudiera decidir de
forma apresurada enfrentarse a los espartanos en campo abierto.91 Como las
reuniones de la asamblea se hacían a discreción de los presidentes de turno,
los prytaneis, Pericles no tenía un control formal sobre su agenda. Sin embargo, el
respeto que tenían a Pericles era suficiente para persuadirles de hacer lo que él
quería.92 Mientras que el ejército espartano permanecía en Ática, Pericles envió
una flota de 100 naves a saquear las costas del Peloponeso y encargó a la
caballería la protección de las granjas saqueadas próximas a las murallas de la
ciudad.93 Cuando el enemigo se retiró y finalizó el pillaje, Pericles propuso un
decreto mediante el cual las autoridades de la ciudad deberían apartar 1000
talentos y 100 naves para el caso de que Atenas fuera atacada por fuerzas
navales. Según la provisión más drástica de dicho decreto, la simple proposición
de un uso distinto del dinero o de las naves conllevaría la pena de muerte. Durante
el otoño de ese año, Pericles dirigió las fuerzas atenienses que invadieron Megara
y, unos meses más tarde (invierno de 431-430 a. C.), pronunció su monumental y
emocional Discurso fúnebre, honrando a los atenienses que murieron por su
ciudad.94
Últimas acciones militares y muerte[editar]
En 430 a. C., el ejército de Esparta saqueó Ática por segunda vez, pero Pericles
no cedió y rechazó revisar su estrategia inicial.95Pericles no deseaba un
enfrentamiento con el ejército espartano en una batalla a campo abierto, por lo
que volvió a dirigir una expedición naval para saquear la costa del Peloponeso,
esta vez llevándose 100 naves atenienses con él.96 Según Plutarco, justo antes de
partir las naves hubo un eclipse lunar que asustó a las tripulaciones, pero Pericles
utilizó los conocimientos astronómicos que había adquirido de Anaxágoras para
calmarles.97 En el verano de ese mismo año se desencadenó una epidemia que
diezmó a los atenienses.98 Los detalles exactos de la enfermedad se desconocen
y han sido objeto de extensos debates. En cualquier caso, la epidemia provocó un
nuevo descontento general en la ciudad, y Pericles se vio obligado a defenderse
en un discurso final muy emocional (Véase Discurso fúnebre de Pericles), del cual
Tucídides nos relata una parte.99 A este discurso se le considera una oración
monumental, que demuestra las virtudes de Pericles y, al mismo tiempo, su
amargura frente a la ingratitud de sus compatriotas.9 Temporalmente logró con ello
calmar el resentimiento popular y capear el temporal, pero sus enemigos internos
salieron con una última apuesta para derrocarle: lograron quitarle el generalato e
imponerle una multa estimada de entre 15 y 50 talentos.100 Las fuentes antiguas
mencionan a Cleón, un político naciente de la escena política ateniense durante la
guerra, como fiscal en el juicio de Pericles.100
Puesto que los héroes tienen toda la tierra para su tumba; y en tierras lejanas a la suya, en donde la
columna con su epitafio lo declara, hay brillante en el pecho de los hombres un grabado no escrito
sin una placa que lo preserve, excepto la del corazón.
Discurso fúnebre de Pericles tal y como la recogió Tucídides (II, 43)
En cualquier caso, en solo un año, en 429 a. C., los atenienses no solo
perdonaron a Pericles sino que le reeligieron de nuevo como Strategos. Fue
reinstaurado en el mando del ejército ateniense y dirigió todas sus operaciones
militares de ese año, teniendo de nuevo bajo su control a las principales
instituciones atenienses.9 En ese año, sin embargo, Pericles fue testigo de la
muerte en la epidemia de sus dos hijos legítimos nacidos de su primera esposa,
Jantipo y Paralos, en el plazo de cuatro días. Con su moral bajo mínimos, rompió
a llorar y ni siquiera su compañera, Aspasia, pudo consolarle. Sin embargo, no
permitió que su pesar se transluciera en su semblante, y siguió hablando ante el
pueblo con su fogosa elocuencia. Su gran fortaleza de ánimo le valió el título
de Olímpico.
Él mismo murió por causa de la epidemia en otoño de 429 a. C. y, justo antes de
su muerte, sus amigos se concentraron alrededor de su cama, enumerando sus
virtudes durante la paz y subrayando sus nueve trofeos militares. Pericles, aunque
moribundo, les escuchó y les interrumpió, señalando que habían olvidado su
mayor y más importante título para ser admirado, «que ningún ateniense vivo
jamás ha tenido que llevar luto por mi culpa».101 Pericles vivió durante los primeros
dos años y medio de la Guerra del Peloponeso y, de acuerdo a Tucídides, su
muerte fue un desastre para Atenas, puesto que sus sucesores fueron inferiores a
él. Prefirieron instigar los malos hábitos de la gente y siguieron una política
inestable buscando la popularidad en lugar de servir a la utilidad pública.102 Con
estos comentarios tan amargos, Tucídides no solo lamenta la pérdida de un
hombre al que admiraba, sino que anuncia el comienzo del fin de la gloria y
grandeza de Atenas.
Según un estudio publicado a principios del 2006, llevado a cabo por
la Universidad de Atenas, la peste antes mencionada fue una fiebre tifoidea, pues
el ADN extraído de unos dientes hallados en un entierro griego, en el cementerio
de Cerámico, donde se hallaron 150 cuerpos, vasijas y ofrendas, es semejante al
de la Salmonella entérica serotipo Typhi (organismo causante de esta fiebre).
Vida privada[editar]
Pericles, siguiendo la costumbre ateniense, se casó en primer lugar con una mujer
de entre sus familiares más cercanos, con la que tuvo dos hijos: Jantipo y Paralo.
Este matrimonio, sin embargo, no era un matrimonio feliz y, en algún momento del
año 445 a. C., Pericles se divorció de su mujer y se la ofreció a otro marido, con el
acuerdo favorable de sus parientes masculinos más cercanos.103 El nombre de su
primera esposa se desconoce; la única información de que se dispone es que era
la esposa de Hipónico antes de estar casada con Pericles, y la madre de Calias,
hijo de este primer matrimonio.104
Puesto que los hombres pueden aguantar oír como se elogia a otros solo mientras que se pueden
persuadir a sí mismos de su propia habilidad de igualar las acciones ensalzadas: cuando se supera
este punto, la envidia aparece, y con ella la incredulidad.
Discurso fúnebre de Pericles tal y como la recogió Tucídides (II, 35)
La mujer a la que realmente amó fue Aspasia de Mileto. Se convirtió en la amante
de Pericles y comenzaron a vivir juntos igual que si estuviesen casados. Esta
relación provocó muchas reacciones e incluso el propio hijo de Pericles, Jantipo,
que tenía sus propias ambiciones políticas, no dudo en utilizarla para atacar a su
padre.105 En cualquier caso, estas críticas no doblegaron la actitud de Pericles, si
bien tuvo que romper a llorar para proteger a su amada Aspasia cuando fue
acusada de corromper a la sociedad de Atenas. Su gran tragedia personal fue la
muerte por culpa de la epidemia de su hermana y de sus dos hijos legítimos,
tragedia de la que nunca llegó a sobreponerse.
Justo antes de su muerte los atenienses permitieron un cambio en la ley de
451 a. C. que convertía a Pericles el Joven, su hijo con Aspasia (de sangre
ateniense solo por parte de su padre), en un ciudadano y un heredero legítimo,106
una decisión sorprendente teniendo en cuenta que fue el propio Pericles quien
propuso en un principio la ley que limitaba la ciudadanía a aquellos que naciesen
tanto de padre como de madre ateniense.107
Opiniones[editar]
Pericles dejó su huella en una era e inspiró juicios de valor conflictivos sobre sus
decisiones más significativas, lo cual es algo normal para una personalidad política
de esta magnitud. El hecho de que fuera a la vez un importante político, general y
orador hace que el objetivo de analizar sus acciones sea todavía más complejo.
Liderazgo político[editar]
Un ostracon con el nombre de Pericles escrito en
él.
Algunos de los historiadores contemporáneos, como por ejemplo Sarah Ruden,
consideran que Pericles era un populista, un demagogo y un halcón,108 mientras
que otros admiran su liderazgo carismático. Según Plutarco, tras asumir el liderato
de Atenas, «ya no era el mismo de antes, ni sometido al pueblo ni dispuesto a
cumplir los deseos de la multitud».109 Se dice que, cuando el rey de Esparta,
Arquidamo, preguntó a su oponente político, Tucídides, quién era mejor luchador,
si él o Pericles, Tucídides respondió sin vacilar que Pericles, porque incluso
derrotado era capaz de convencer a la audiencia de que había ganado.9 En
cuestión de carácter, Pericles estaba por encima de cualquier reproche a ojos de
los historiadores antiguos, puesto que «se mantuvo incorruptible, aunque no era
indiferente a la idea de ganar dinero».16
Tucídides, admirador de Pericles, mantiene que Atenas era «una democracia de
nombre pero, de facto, estaba gobernada por su primer ciudadano».102 A pesar de
este comentario, el historiador destaca el carisma de Pericles para dirigir,
convencer y, en ocasiones, manipular. Aunque Tucídides menciona la multa a
Pericles, no detalla las acusaciones contra el político, sino que se centra en la
integridad del personaje.102 Por un lado, Platón rechaza la glorificación de Pericles
en uno de sus diálogos y cita a Sócrates diciendo: «Hasta donde yo sé, Pericles
convirtió a los atenienses en gente perezosa, avariciosa y chismosa, con su
iniciativa de subvenciones».110 Por otro lado, el alumno de Platón, Aristóteles,
admiró a gobernantes como Pericles «porque son capaces de ver lo que les
conviene a ellos y a sus gobernados».111 Plutarco menciona otras críticas sobre el
liderazgo de Pericles: «otros muchos dicen que la gente le siguió al principio por el
reparto de tierras públicas, los festivales y los pagos por servicios públicos, lo que
les llevó a caer en malos hábitos y amantes del lujo, en vez de frugales y
autosuficientes».21
Tucídides argumenta que Pericles «no era arrastrado por el pueblo, sino que era
él quien lo guiaba».102 Su juicio no se discute (algunos críticos del siglo XX como
Malcolm F. McGregor y John S. Morrison, proponen que podría haber sido una
cara carismática actuando como abogado de las propuestas de sus consejeros,
del propio pueblo.112113). Según King, al incrementar el poder del pueblo, los
atenienses se encontraron sin un buen líder autoritario. Durante la Guerra del
Peloponeso, la dependencia de Pericles del apoyo popular para gobernar resultó
obvia.31
Logros militares[editar]
Estas glorias pueden incurrir en la censura de los lentos y poco ambiciosos; pero en el corazón de
energía despertarán la emulación, y esos que deben permanecer sin ellas las recordarán envidiosos.
El odio y la impopularidad han caído en este momento sobre todos los que han aspirado a dirigir a
otros.
Tercer discurso fúnebre de Pericles tal y como la recogió Tucídides (II, 64)
Durante más de 20 años Pericles dirigió numerosas expediciones, principalmente
de carácter naval. Demostró ser muy cauteloso, y nunca se enzarzó por iniciativa
propia en ninguna batalla incierta o peligrosa ni accedió a los «vanos impulsos de
los ciudadanos».114 Basó su política militar en el principio de Temístocles de que el
predominio de Atenas dependía de su poderío naval, y creía que los peloponesios
eran prácticamente invencibles en tierra firme.115 Pericles trató también de
minimizar las ventajas de Esparta reconstruyendo las murallas de Atenas. De
acuerdo a Josiah Ober, profesor de clásicas en la Universidad de Princeton, la
estrategia de reconstruir las murallas alteró radicalmente el uso de la fuerza en las
relaciones internacionales griegas.116
Durante la Guerra del Peloponeso, Pericles inició una «gran estrategia» defensiva,
cuyo objetivo era el desgaste del enemigo y la preservación del statu quo.117 De
acuerdo a Platias y Koliopoulos, Atenas, en el papel de facción más fuerte, no
necesitaba vencer a Esparta militarmente y «decidió neutralizar el plan espartano
para vencer» evitando la confrontación directa (motivo por el cual urgió a los
atenienses a no revocar el Decreto de Megara) y tener que cubrir áreas
demasiado extensas. Según Kagan, la insistencia en que no hubiera expediciones
de diversión podría también haber surgido de la amarga experiencia en la
campaña de Egipto, que había apoyado.118 Su estrategia se dice que fue
«inherentemente impopular», pero Pericles consiguió persuadir al pueblo de
seguirla.119Por esta razón Hans Delbrück dijo de él que había sido uno de los
mayores políticos y líderes militares de la historia.120 Aunque sus compatriotas se
involucraron en varias acciones agresivas poco después de su muerte,121 Platias y
Koliopoulos argumentan que los atenienses se mantuvieron fieles a la estrategia
fundamental de Pericles de tratar de preservar, no expandir, el imperio, hasta la
expedición a Sicilia.119 Por su parte, Ben X. de Wet concluye que su estrategia
habría tenido éxito si hubiese vivido más tiempo.122
Las críticas contrarias a su estrategia, sin embargo, han sido tan numerosas como
las que la han apoyado. Una crítica muy común es que Pericles siempre fue mejor
político y orador que estratega.123 Donald Kagan llamaba a su estrategia «una
forma de pensamiento lleno de deseos fallida», mientras que Barry S. Strauss y
Josiah Ober han llegado a decir que «como estratega era un desastre y tiene parte
de culpa en la gran derrota de Atenas».124125 Kagan critica la estrategia en cuatro
partes: primero, que rechazar pequeñas concesiones trajo la guerra; segundo, que
era imprevisible para el enemigo y que, por tanto, no tenía credibilidad; tercero,
que era demasiado débil para explotar cualquier oportunidad; y cuarto, que
dependía de Pericles para su ejecución y que por ello estaba condenada a ser
abandonada tras su muerte.126 Kagan estima el gasto de Pericles en su estrategia
militar en alrededor de 2000 talentos anuales, y basándose en esta cifra concluye
que solo habría tenido dinero para mantener la guerra durante tres años. Afirma
que, como Pericles debía saber esta limitación, debió planear probablemente una
guerra mucho más corta.127 Otros, como Donald W. Knight, concluyen que su
estrategia era demasiado defensiva, y que no podía tener éxito.128
En el otro lado, Platias y Koliopoulos rechazan estas críticas y subrayan que «los
atenienses perdieron la guerra solo cuando revirtieron dramáticamente la gran
estrategia de Pericles, que explícitamente desaconsejaba más conquistas».129 Es
una conclusión muy común la de que aquellos que le sucedieron no tuvieron su
habilidad y su carácter.130
Habilidades oratorias[editar]
Pintura de Hector Leroux (1682-1740),
que retrata a Pericles y Aspasia admirando la gigantesca estatua de Atenea en el
estudio de Fidias.
Los modernos comentaristas de Tucídides todavía intentan resolver el problema
de los discursos de Pericles, tratando de averiguar si las palabras pertenecen al
personaje ateniense o al historiador. Dado que Pericles nunca escribió ni publicó
sus discursos ningún historiador puede contestar a esta cuestión con seguridad.
Tucídides recreó tres de sus discursos y, por ello, no se puede saber si añadió
parte de sus propias nociones e ideas. Aunque Pericles era su fuente principal de
inspiración, algunos historiadores han hecho hincapié en que el estilo idealista y
apasionado de los discursos que Tucídides atribuye a Pericles está
completamente en contra del propio estilo de escritura del historiador, frío y
analítico. Esto podría, sin embargo, ser el resultado de la incorporación del género
de retórica dentro del género de la historiografía, o, en otras palabras, Tucídides
podría haber utilizado dos estilos distintos para dos propósitos distintos.
Kagan afirma que Pericles adoptó una forma elevada de oratoria, lejos de los
trucos vulgares de los oradores para la muchedumbre y, según Diodoro de Sicilia,
«sobresalió sobre todos sus compatriotas en capacidad oratoria».131132 Según
Plutarco, evitó utilizar mímica en sus discursos, al contrario que el
apasionado Demóstenes, y siempre hablaba con calma y de forma tranquila.133 El
biógrafo apunta que, en cambio, el poeta Ion de Quíos informó de que el estilo de
hablar de Pericles era «una forma presuntuosa y algo arrogante de dirigirse, y que
en su arrogancia había una gran cantidad de desdén y falta de respeto por los
demás».133 Gorgias, en el diálogo de Platón del mismo nombre, utiliza a Pericles
como ejemplo de oratoria poderosa.134 En Menexeno, en cambio, Sócrates se
burla de la fama oratoria de Pericles, diciendo irónicamente que puesto que el
político fue educado por Aspasia, profesora de muchos oradores, debería ser
superior en retórica que alguien educado por Antífono.135 También atribuye la
autoría de la oración fúnebre a Aspasia y ataca la veneración que sus
contemporáneos tenían a Pericles.136
Los escritores de la antigua Grecia llaman a Pericles «Olímpico» en honor a sus
talentos, y llevando las armas de Zeus en sus discursos.137 Según Quintiliano,
Pericles siempre se habría preparado para sus discursos y, antes de presentarse
ante el público, habría rezado a los dioses para no emitir una palabra
equivocada.138139 Sir Richard C. Jebb concluye que «único como político ateniense,
Pericles debió haber sido también único como orador; primero, porque ocupó una
posición de importancia política que no había logrado ningún hombre antes que él;
segundo, porque sus ideas y su moral le ganaron tanto renombre por su
elocuencia que nadie jamás lo obtuvo de los atenienses».140
Legado[editar]
La mayoría de templos de la Acrópolis de
Atenas se construyeron promovidos por Pericles.
El legado más visible de Pericles se puede encontrar en los trabajos literarios y
artísticos de su Edad de Oro, de los cuales muchos han sobrevivido hasta
nuestros días. La Acrópolis, aunque en ruinas, todavía permanece como el
símbolo de la Atenas moderna. Paparrigopoulos escribió que estas obras
maestras eran «suficientes para hacer del nombre de Grecia algo inmortal en
nuestro mundo».123
En términos políticos, Victor L. Ehrenberg argumenta que el elemento básico del
legado de Pericles es el imperialismo ateniense, que, exceptuando a la potencia
gobernante, niega la verdadera democracia y las libertades al resto de estados.141
La promoción de un imperialismo tan arrogante se dice que arruinó a Atenas.142Sin
embargo, otros analistas subrayan un humanismo ateniense ilustrado por la Edad
de Oro.143 La libertad de expresión se ve como un legado duradero de este
período.144 Pericles es alabado como «el prototipo ideal de político perfecto en la
antigua Grecia» y su Discurso fúnebre es hoy en día sinónimo de la lucha por la
democracia participativa y el orgullo cívico.123145