FIEBRE
FIEBRE
DEFINICIÓN
En pediatría la fiebre se define como una temperatura rectal de ≥38 °C, y un valor de >40 °C se
denomina hiperpirexia; se prefiere la medición en el área rectal, ya que es la más cercana a la
temperatura central del organismo; otras determinaciones como la axilar o la inguinal son inexactas,
debido tanto a la dificultad en el procedimiento como a su mayor dependencia de los cambios que
experimenta la temperatura ambiental.
La temperatura corporal fluctúa dentro de una gama normal definida entre (36,6 °C y 37,9 °C en
recto) Existen modificaciones de esta que pueden estar relacionadas con fenómenos externos los
cuales cambian la temperatura corporal (hipertermia) y la cual obedece a causas fisiológicas como las
emociones, también los ejercicios musculares intensos y la insolación, que pueden elevar la
temperatura hasta 39°C; así como la exposición al frio que puede hacerla bajar a 36°C, o hasta cifras
inferiores.
2. ETIOLOGÍA
Las causas de la fiebre se pueden clasificar en cuatro categorías principales: infecciosa, inflamatoria,
neoplásica y miscelánea. Las infecciones virales de curación espontánea (resfriado común,
gastroenteritis) y las infecciones bacterianas no complicadas (otitis media, faringitis, sinusitis) son las
causas más comunes de fiebre aguda. La temperatura corporal rara vez se eleva por encima de
niveles potencialmente letales (42 °C) en los niños neurológicamente intactos a menos que haya unas
condiciones medioambientales hipertérmicas extremas u otras circunstancias atenuantes, como una
hipertermia maligna subyacente o una tirotoxicosis. El patrón febril puede proporcionar indicios sobre
la etiología subyacente. Las infecciones virales se suelen asociar con un lento descenso de la fiebre
en una semana, mientras que las infecciones bacterianas se asocian con frecuencia con una rápida
resolución de la fiebre después de administrar un tratamiento antimicrobiano eficaz.
Se utiliza el término fiebre periódica de modo restrictivo para describir los síndromes febriles con una
periodicidad regular (p. ej., neutropenia cíclica y fiebre periódica, estomatitis aftosa, faringitis y
adenopatías) o, de manera más amplia, para incluir los trastornos caracterizados por episodios
recurrentes de fiebre que no siguen un patrón periódico regular. La fiebre facticia, o fiebre
autoinducida, puede estar causada por la manipulación intencional del termómetro o por la inyección
de material pirogénico. La doble fiebre cotidiana (o fiebre que alcanza dos valores altos en 24 horas)
se asocia clásicamente con artritis inflamatoria.
Entre las causas de temperaturas muy altas (>41 °C) se encuentran la fiebre central (consecuencia
de disfunción del sistema nervioso central que afecta al hipotálamo), la hipertermia maligna, el
síndrome neuroléptico maligno, la fiebre medicamentosa o el golpe de calor. Las temperaturas
menores de lo normal (<36 °C) pueden asociarse con sepsis abrumadora, pero lo más frecuente es
que lo hagan con exposición al frío, hipotiroidismo o un empleo excesivo de antipiréticos. Existen
otras causas de fiebre en la edad pediátrica que incluyen vacunaciones, daños del tejido
(Traumatismos, inyecciones intramusculares.), enfermedad tumoral maligna (linfomas, neoplasias,)
Fármacos, alteraciones inmunitarias (lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide) procesos
inflamatorios (enfermedad inflamatoria intestinal), enfermedades endocrinas (feocromocitoma) y
alteraciones metabólicas (gota, uremia).
3. CLASIFICACIÓN
SEGÚN SU ETIOLOGÍA:
- FIEBRE SIN FOCO
El concepto de fiebre sin foco hace referencia a una temperatura rectal de 38 °C o más como único
síntoma de presentación. Los términos «fiebre sin signos de localización» y «fiebre de origen
desconocido» (FOD) son subcategorías de fiebre sin foco. Se define también como aquella fiebre
rectal de 38 °C de menos de 5 días de duración, aunque hay autores que amplían a menos de 10
días esta definición y cuya etiología no aparece tras una exhaustiva y minuciosa exploración física.
En no pocas ocasiones será de reciente aparición, menos de 6-12 horas.
La fiebre de comienzo agudo, con una duración inferior a 1 semana y sin signos de localización, es un
dilema diagnóstico común en niños menores de 36 meses de edad. La etiología y la evaluación de la
fiebre sin signos de localización dependen de la edad del niño. Tradicionalmente se consideran 3
grupos de edad: neonatos o niños de hasta 1 mes de edad, lactantes de 1 a 3 meses y niños de 3
meses a 3 años.
A. Neonatos
Los neonatos que experimentan fiebre sin foco constituyen un reto de evaluación porque exhiben
signos de infección limitados, lo que dificulta la distinción clínica entre una infección bacteriana o viral
grave (virus herpes simple) y una enfermedad viral de curación espontánea. Las respuestas
inmunitarias inmaduras en los primeros meses de vida aumentan también el significado de la fiebre
en el lactante pequeño. En general, los neonatos con fiebre y que no tienen aspecto de enfermos
tienen un riesgo del 7% de padecer una infección bacteriana grave. Entre éstas se incluyen
bacteriemia, meningitis, neumonía, osteomielitis, artritis séptica, enteritis e infecciones urinarias.
Aunque los neonatos con infección grave pueden contraer patógenos de la comunidad, están
principalmente en riesgo de enfermedades bacterianas neonatales de comienzo tardío (estreptococos
del grupo B, E. coli y Listeria monocytogenes) e infección contraída en el período perinatal por el virus
del herpes simple.
Las directrices de práctica clínica recomiendan que, si un neonato ha tenido fiebre registrada en el
domicilio por un progenitor fiable, el paciente debe ser tratado como neonato febril. Si se sospecha
que el lactante puede estar embutido en un exceso de ropas y mantas que pueden elevar falsamente
la temperatura corporal, se debe retirar entonces el exceso de ropas y volver a tomar la temperatura
en 15-30 minutos.
Si la temperatura corporal es normal después de haber retirado el exceso de ropas, se considera que
el niño está afebril. Debido a la poca fiabilidad de los hallazgos físicos y la presencia de un sistema
inmunitario inmaduro, todos los neonatos febriles deben ser hospitalizados; se deben obtener
hemocultivos y cultivos de orina y líquido cefalorraquídeo, y el niño debe recibir tratamiento empírico
con antibióticos intravenosos.
Los estudios del LCR deben incluir recuentos celulares, glucorraquia y proteinorraquia, tinción de
Gram y cultivo; se debe considerar la reacción en cadena de la polimerasa para VHS y enterovirus.
Un coprocultivo y una radiografía de tórax pueden formar parte también de la evaluación. Se
recomienda una combinación de antibióticos, como ampicilina (150 – 200mg/kg/día cada 6 horas EV)
y cefotaxima (150 – 200mg/kg/día cada 6 – 8 horas EV) o ampicilina y gentamicina ( 7 mg/kg/día en
24 horas). Se debe incluir Aciclovir (20 mg/kg/dosis cada 8 – 12 horas EV) en caso de sospecha de
infección por el VHS debido a la presencia de convulsiones, hipotensión, elevación de transaminasas,
pleocitosis en el LCR o de historia materna conocida de VHS genital, especialmente en el momento
del parto.
La gran mayoría de los niños con fiebre sin signos de localización en el grupo de edad de 1 a 3
meses tienen probablemente un síndrome viral. A diferencia de las infecciones bacterianas, la
mayoría de las infecciones virales tienen un patrón respiratorio: las infecciones por el virus
respiratorio sincitial y el virus de la gripe A son más comunes durante el invierno, mientras que las
infecciones por enterovirus se da en el verano y el otoño. Aunque una infección viral es la etiología
más probable, la fiebre en este grupo de edad debe sugerir siempre la posibilidad de una enfermedad
bacteriana grave.
Los microorganismos que hay que considerar comprenden E. coli y Streptococcus del grupo B, L.
monocytogenes, Salmonella enteritidis, N. meningitidis, S. pneumoniae, H. influenzae tipo b y S.
aureus. La pielonefritis es la infección bacteriana grave más común en este grupo de edad y es
también más común en los lactantes no circuncidados y en los lactantes con anomalías del tracto
urinario. E. coli es el patógeno más común identificado en los lactantes bacteriémicos, la mayoría con
pielonefritis. A continuación, figuran Streptococcus del grupo B seguido de S. aureus como los
patógenos identificados con más frecuencia que causan bacteriemia; el neumococo tiende a verse en
los lactantes de mayor edad.
Otras enfermedades bacterianas potenciales en este grupo de edad son otitis media, neumonía,
onfalitis, mastitis y otras infecciones cutáneas y de los tejidos blandos. Los lactantes febriles con
aspecto tóxico ≤3 meses de edad requieren una rápida hospitalización y un tratamiento
antimicrobiano parenteral inmediato después de que se hayan obtenido cultivos de sangre, orina y
LCR.
La ampicilina (para cubrir L. monocytogenes y Enterococcus) más ceftriaxona (75 – 100 mg/kg/dia
cada 12 o 24horas EV) o cefotaxima es un régimen antimicrobiano inicial eficaz en los lactantes con
aspecto de enfermos sin hallazgos focales. Este régimen es eficaz contra las bacterias que
habitualmente causan sepsis, infección urinaria y enteritis en los lactantes pequeños. No obstante, si
debido a los hallazgos del LCR se sospecha meningitis, se debe incluir vancomicina (40 – 60
mg/kg/dia cada 6horas EV) para tratar un posible S. pneumoniae resistente a penicilina hasta
obtener los resultados de los cultivos y de las pruebas de sensibilidad.
Muchos centros académicos han investigado el tratamiento óptimo de los pacientes de bajo riesgo en
este grupo de edad con fiebre sin foco.
Los lactantes febriles en los que se haya detectado un virus tienen un riesgo bajo o nulo de infección
bacteriana grave.
Los lactantes de 1-3 meses de edad y con buen aspecto pueden ser tratados de modo seguro
empleando criterios de laboratorio y clínicos de bajo riesgo, si se hallan implicados unos padres
fiables y se asegura un seguimiento estrecho.
Los lactantes de 1-3 meses con fiebre que no impresionan de gravedad, que previamente estaban
sanos, que no presentan evidencias de infección cutánea, de tejidos blandos, ósea, articular ni de
oído, que tienen un recuento de leucocitos totales de 5.000-15.000 células/ml, análisis de orina
normal y resultados negativos del hemocultivo y del urocultivo, presentan una baja probabilidad de
sufrir infección bacteriana grave.
Entre todas las infecciones bacterianas graves, la pielonefritis es la más común y puede aparecer en
lactantes con apariencia sana y fiebre sin foco o en aquellos con mal estado general. El análisis de
orina puede ser negativo en los lactantes con pielonefritis. Hay bacteriemia en menos del 30% de los
lactantes con pielonefritis. La procalcitonina, la velocidad de sedimentación globular (VSG) y la
proteína C reactiva son marcadores biológicos que pueden considerarse en la evaluación de un niño
con fiebre.
Haemophilus influenza tipo b era una causa importante de bacteriemia oculta en niños pequeños
antes de la inmunización universal con vacunas Hib conjugadas y sigue siendo común en los países
en vías de desarrollo que no han puesto en práctica la inmunización con estas vacunas en su
programa de vacunación.
Entre los factores de riesgo de bacteriemia oculta se incluyen una temperatura ≥39 °C, 15.000
leucocitos/ml y más, y una elevación del número absoluto de neutrófilos, de los cayados, de la
velocidad de sedimentación globular (VSG) o de la proteína C reactiva. La probabilidad de
bacteriemia y/o neumonía o pielonefritis entre los niños de 3-36 meses aumenta a medida que se
incrementan la temperatura (sobre todo >40 °C) y los leucocitos (sobre todo >25.000/m/l).
Los niños hospitalizados con bacteriemia por Hib suelen desarrollar infecciones localizadas, como
meningitis, epiglotitis, celulitis, pericarditis o infecciones osteoarticulares, y es rara la resolución
espontánea de la bacteriemia. Entre las infecciones bacterianas importantes en niños de 3 a 36
meses de edad con signos de localización figuran otitis media, sinusitis, neumonía (no siempre
manifiesta sin una radiografía de tórax), enteritis, infección urinaria, osteomielitis y meningitis.
El manejo de los niños de 3-36 meses febriles y que impresionan de gravedad, sin signos focales de
infección, incluye la hospitalización e instauración precoz de tratamiento antimicrobiano una vez
extraídas las muestras para hemocultivo, urocultivo y cultivo de LCR. Las directrices de práctica de
consenso publicadas en 1993 recomiendan que los niños de 3-36 meses de edad con temperatura
≤39 °C y que no tienen aspecto tóxico pueden ser observados de modo ambulatorio sin la necesidad
de realizar pruebas diagnósticas o administrar agentes antimicrobianos.
En los niños sin aspecto tóxico con temperatura rectal ≥39 °C, las opciones son: obtener un
hemocultivo y administrar un tratamiento antibiótico empírico (ceftriaxona, dosis única de 50 mg/kg,
sin superar 1 g); si el recuento leucocitario es >15.000/ml, obtener un hemocultivo y comenzar el
tratamiento con ceftriaxona; u obtener un hemocultivo y observarlos de modo ambulatorio sin
tratamiento antibiótico empírico, con vuelta para reevaluación en 24 horas.
Dado que los niños pequeños plenamente vacunados tienen un riesgo mucho menor de bacteriemia
oculta y meningitis como causa de fiebre aguda sin signos de localización, algunos autores defienden
que las únicas pruebas de laboratorio requeridas en este grupo de edad con temperatura >39 °C son
un análisis de orina y un urocultivo en los niños circuncidados menores de 6 meses de edad, en los
niños no circuncidados y en todas las niñas menores de 24 meses de edad. Independientemente de
cuál sea la opción escogida, se debe explicar a la familia que debe regresar inmediatamente si el niño
empeora o si aparecen nuevos síntomas.
Se recomienda encarecidamente el tratamiento empírico de todos los niños con buen aspecto
menores de 36 meses de edad que no hayan recibido las vacunas conjugadas de Hib y S.
pneumoniae y que tengan una temperatura rectal >39 °C y un recuento leucocitario >15.000/ml. Si se
obtienen hemocultivos y se aísla S. pneumoniae de la sangre, el niño tendrá que volver al médico lo
antes posible. Si el niño no impresiona de gravedad, está afebril y la exploración física es normal, se
debe obtener un segundo hemocultivo y tratar al niño con antimicrobianos orales durante 7-10 días.
Si el niño impresiona de enfermedad y sigue teniendo fiebre sin foco aparente de infección en el
momento del seguimiento o si se aísla H. influenzae o N. meningitidis en el hemocultivo inicial, hay
que repetir el hemocultivo y evaluar la presencia de meningitis (punción lumbar incluida), y
administrar tratamiento hospitalario con antibióticos adecuados por vía intravenosa. Si el niño
desarrolla una infección localizada, el tratamiento deberá dirigirse a combatir los patógenos.
La temperatura se caracteriza por ser superior a 38°C medida en varias ocasiones, con una duración
de más de tres semanas y en la que no se llega a un diagnóstico a pesar de tener más de 2 visitas o
permanecer 1 semana en el hospital. Principales características de los 4 subtipos de fiebre de origen
desconocido:
Se ajusta bien a la primera definición de FOD, de la que sólo difiere en el requisito previo al estudio
de una semana de duración en un hospital. Esta nueva definición es más amplia; estipula tres visitas
ambulatorias o tres días en el hospital, sin que se descubra la causa de la fiebre o una semana de
estudio ambulatorio, las infecciones, en particular la tuberculosis extrapulmonar, siguen siendo la
causa más importante de FOD otras causas son cáncer, infecciones, afecciones inflamatorias no
diagnosticadas e hipertermia habitual.
El diagnóstico se lleva a cabo cuando un estudio apropiado de por lo menos tres días de duración,
incluido un mínimo de dos días de incubación de los cultivos, no revela la causa. Otras de las causas
son micobacterias típicas y atípicas, CMV, linfomas, toxoplasmosis, criptococosis, síndrome
inflamatorio de reconstitución inmunitaria (SIRI).
b) Fiebre remitente: son oscilaciones diarias de la temperatura mayor de 1 grado, pero siempre
por arriba de lo normal. Este tipo de fiebre se observa en: infecciones virales agudas del tracto
respiratoria, en la bronquitis aguda, endocarditis bacteriana y paludismo, producido por Plasmodium
falciparum.
d) Fiebre recurrente: Está caracterizada por fiebre de tipo remitente intermitente o sostenida,
alterando con episodios de apirexia. Se observa en los linfomas, sobre todo en Hodkigs, encefalitis y
en la meningitis. En el dengue, viruela, en la fiebre amarilla hay una curva térmica llamada en silla de
montar o bifásica, en la cual la fiebre aumenta con rapidez, disminuye algo a los dos o tres días
siguientes para alcanzar su máximo en el sexto día y descender posteriormente.
e) Fiebre ondulante: Es una secuencia de ondas febriles separadas por intervalos de apirexia o
febrícula
SEGÚN LA DURACIÓN:
- De corta duración, aguda o efímera: De horas o pocos días, inferior a las dos semanas.
- Persistente o larga: más de 2 semanas.
- Fiebre de origen desconocido: más de tres semanas.
4. FISIOPATOLOGÍA
Para que se presente la fiebre se necesita que haya un pirógeno exógeno que puede ser un virus,
una bacteria, un parásito, un hongo, sustancias tóxicas, medicamentos o cualquier material que actúe
como un cuerpo extraño (antígeno); éste es captado principalmente por los macrófagos que
pertenecen a las células fagocíticas y que liberan citocinas principalmente interleucina I, Cuando IL-
1B interactúa con las células endoteliales de la barrera hematoencefálica en los capilares del órgano
vasculoso de la lámina terminal (OVLT) ubicado en el tercer ventrículo por arriba del quiasma óptico
se libera PGE2 en el interior del hipotálamo, la cual se libera a partir del ácido araquidónico por
acción de la ciclooxigenasa 1 (COX1), desempeñando un papel muy importante en la producción de
fiebre e inflamación y tienen actividad como mensajeros para activar los linfocitos T y B. La PGE2 Se
une a los receptores en el hipotálamo para inducir una elevación de referencia termostática mediante
la acción del 2° mensajero monofosfato de adenosina cíclico (AMPc). En respuesta al incremento del
valor de referencia termostático, el hipotálamo inicia el estremecimiento y vasoconstricción que
aumentan la temperatura corporal hasta alcanzar el “nuevo nivel de referencia” y se establece la
fiebre. Hay otros elementos como el factor de necrosis tumoral (respuesta inducida principalmente por
células neoplásicas) y el interferón beta que produce la interleucina I en respuesta a los virus. Estos
tres elementos: interleucina l, el interferón y el factor de necrosis tumoral se denominan pirógenos
endógenos, que actúan directamente sobre el endotelio del hipotálamo incrementando la producción
de prostaglandina E2 y otros metabolitos del ácido araquidónico, provocando con ello que las
neuronas termorreguladoras eleven el nivel de respuesta del termostato hipotalámico.
5. FUNCIONES DE LA FIEBRE
En teoría, la fiebre puede ayudar en la defensa del huésped. Hay ciertamente algunas reacciones
inmunológicas importantes que son aceleradas por la temperatura, y algunos patógenos con
preferencias estrictas de la temperatura se podrían obstaculizar. Las investigaciones han demostrado
que la fiebre ayuda al proceso curativo en varias maneras importantes:
- Aumento de la movilidad de los leucocitos
- Aumento de la fagocitosis leucocitaria
- Efectos de la endotoxina disminuidos
- Aumento de la proliferación de células T
Sin embargo, en ocasiones también puede tener efectos adversos, tales como:
- Puede agravar otras enfermedades.
- Riesgo de convulsiones.
- Agrava la insuficiencia cardíaca o pulmonar.
- Alteraciones del estado mental.
- La fiebre muy elevada produce daño en el SNC.
- Cuando es prolongada, lleva a consunción.
6. CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS
Varian entre una ausencia absoluta de síntomas y un malestar extremo. Los niños pueden manifestar
sentir calor o frio, mostrar rubefacción facial y tener escalofríos. El cansancio y la irritabilidad pueden
ser manifiestos. Con frecuencia los padres refieren que el niño parece enfermo o pálido y que ha
perdido el apetito. La causa subyacente produce también síntomas acompañantes. Aunque las
causas subyacentes pueden manifestarse en una variedad de modos clínicamente, hay algunas
características predecibles. Por ejemplo, la fiebre con petequias en un paciente con mal aspecto
indica una gran posibilidad potencialmente mortales como meningococemia, fiebre maculosa de las
montañas o endocarditis bacteriana aguda.
Las convulsiones en niños con fiebre alta son episodios muy comunes, especialmente entre el primer
y quinto año de edad. En general, son episodios muy benignos, por lo que no precisan tratamiento,
sobre todo si ocurren en niños sanos y no tiene lugar repetidamente. Una convulsión es siempre un
episodio de aparición brusca, originado por una descarga neuronal excesiva, que provoca
alteraciones en los movimientos y en la conciencia. En el caso de las convulsiones febriles, es la
fiebre de origen extra cerebral la que condiciona la descarga neuronal, a través de unos mecanismos
fisiopatológicos no bien conocidos, pero que parecen estar relacionados con perturbaciones
hemodinámicas y alteraciones metabólicas que, al incidir en un cerebro inmaduro, como es el del
niño, que puede estar además genéticamente predispuesto, aumenta así la excitabilidad neuronal con
lo que se desencadena la convulsión.
7. DIAGNÓSTICO
La mayoría de los episodios febriles agudos en un huésped normal pueden diagnosticarse por la
obtención de una historia y exploración física cuidadosa y requieren pocas pruebas de laboratorio.
Dado que la infección es la causa más probable de la fiebre aguda, la evaluación debe centrarse
inicialmente en el descubrimiento de una causa infecciosa subyacente. Los detalles de la historia
deben incluir el comienzo y el patrón de la fiebre y de cualquier signo y síntoma acompañante.
Es muy importante obtener lo más detalladamente posible la cronología y secuencia de los síntomas.
Resulta fundamental también realizar algunas preguntas dirigidas a constatar síntomas que permitan
localizar un foco clínico del proceso (tos y expectoración, dolor torácico, síndrome miccional, diarrea,
dolor abdominal, odinofagia, cefalea, lesiones cutáneas, supuración).
Además, también se debe obtener información si hubo ccontacto con animales, cconsumo de
fármacos, iintervenciones quirúrgicas, eexposiciones a tóxicos, cambios en la dieta, el tipo de
profesión del paciente, y si tiene asplenia (ausencia del bazo).
La primera valoración debe ser del estado general y de las constantes vitales, lo cual da idea del
grado de afección que presenta el paciente. Al medir la temperatura axilar siempre se debe preguntar
sobre la posibilidad de que se haya tomado antes un antipirético. Posteriormente se debe proceder a
la exploración sistemática por aparatos, especialmente detenida en el foco clínico que sugieren los
síntomas del paciente. Cuando no hay un foco evidente es necesario ampliar la exploración,
especialmente si existe escasa expresión clínica y buscar intencionadamente exudados o úlceras
orofaríngeas, signos meníngeos, adenopatías periféricas, lesiones cutáneas poco aparentes, signos
de artritis aguda, úlceras por presión. También puede ser de utilidad realizar un tacto rectal, una
exploración pélvica, una otoscopia o un examen del fondo de ojo.
Aunque se desaconseja solicitar un gran número de pruebas diagnósticas en los niños con FOD
según una lista predeterminada, sí se deben considerar ciertos estudios en la evaluación. Parte de la
evaluación inicial consistirá en un hemograma completo, con recuento diferencial de leucocitos, y en
un análisis de orina. Un recuento absoluto de neutrófilos inferior a 5.000/ml es un dato en contra de
cualquier infección bacteriana indolente, aparte de la fiebre tifoidea. Por el contrario, los pacientes con
un recuento de leucocitos polimorfonucleares >10.000/ml o de leucocitos polimorfonucleares no
segmentados >500/ml tienen una alta probabilidad de padecer infección bacteriana grave. El examen
directo del frotis de sangre con tinción de Giemsa o Wright puede revelar la existencia de paludismo,
tripanosomiasis, babesiosis o fiebre recurrente.
Una VSG superior a 30 mm/hora indica inflamación, por lo que se debe descartar una patología
infecciosa, autoinmunitaria, autoinflamatoria o una neoplasia. Una VSG mayor de 100 mm/hora
sugiere tuberculosis, enfermedad de Kawasaki o enfermedad autoinmunitaria. Una VSG baja no
descarta la posibilidad de infección o de AIJ. La proteína C reactiva es otro reactante de fase aguda
que se eleva y vuelve a valores normales más rápido que la VSG. Los expertos recomiendan
comprobar una de las dos porque no hay ninguna evidencia de que la medición de ambas sea de
utilidad clínica en el mismo paciente con FOD. Los hemocultivos se obtendrán en medio aeróbico.
Los hemocultivos para anaerobios tienen un rendimiento mucho menor y sólo deben realizarse
cuando existan razones para sospechar una infección por anaerobios.
Los datos de la historia o de la exploración pueden indicar la realización de un examen radiológico del
tórax, de los senos, de la mastoides o del tracto gastrointestinal. La evaluación por imagen del tracto
gastrointestinal en busca de signos de enfermedad inflamatoria intestinal puede ser útil en los niños
con FOD sin ningún otro signo ni síntoma localizador.
El examen de la médula ósea puede revelar leucemia, metástasis, infecciones por micobacterias,
hongos o parásitos, así como histiocitosis, hemofagocitosis o enfermedades por depósito. Si se
procede a realizar ¿un aspirado de médula ósea, es preciso obtener muestras para cultivo de
bacterias, micobacterias y hongos.
Las pruebas serológicas contribuyen al diagnóstico de infección por el virus de Epstein-Barr, infección
por CMV, toxoplasmosis, salmonelosis, tularemia, brucelosis, leptospirosis, enfermedad por arañazo
de gato, enfermedad de Lyme, rickettsiosis y, en alguna ocasión, AIJ. El clínico debe saber que la
fiabilidad y la sensibilidad y especificidad de estas pruebas varían; por ejemplo, la serología para la
enfermedad de Lyme fuera de los laboratorios de referencia generalmente no es fiable. La
gammagrafía contribuye a la detección de abscesos abdominales y osteomielitis, en especial si el
foco no se localiza en un miembro en concreto o si se sospecha una enfermedad multifocal. El citrato
de galio localiza tejidos inflamatorios (leucocitos) asociados con tumores o abscesos.
El fosfato de tecnecio es útil en la detección de osteomielitis antes de que las radiografías detecten
lesiones óseas. Los granulocitos marcados con indio o con inmunoglobulina yodada pueden ser de
utilidad en la localización de procesos piogénicos. La tomografía por emisión de positrones con 18F-
fluorodesoxiglucosa es una modalidad de imagen útil en los adultos con FOD y puede contribuir a un
diagnóstico definitivo en el 30-60% de los pacientes.
Primeramente se debe colocar en un ambiente fresco y ventilado, con lo que se logra favorecer la
pérdida de calor por conducción 15%
Si se desnuda al paciente se pierde por irradiación 50% y por evaporación 30% (25% por la piel y 5%
por la vía aérea) al retirar la ropa se favorece la pérdida por convección (5%)
En caso de fiebre de difícil control se hace necesaria la inmersión o mejor baño continuo con agua
templada a 35-36ºC durante 20 minutos, en caso de presentar escalofríos se debe suspender el
procedimiento.
El mismo efecto se consigue con los baños de esponja con agua tibia, con ambos sistemas se
favorecen los dos principales mecanismos de pérdida de calor: la irradiación (50%) y la evaporación
(30%)
No se recomiendan los baños con agua fría y menos helada, ya que con ellos se produce
vasoconstricción y escalofríos, con lo que ocasiona incremento en la temperatura central con
consecuencias francamente perjudiciales que pueden provocar crisis convulsivas, e incluso deterioro
cerebral irreversible y muerte. Otras medidas contraindicadas son los enemas de agua helada y
fricción con alcohol
Ibuprofeno: es un AINE
Dosis: 5-15 mg/kg/dosis administra c/8 h
Presentación: Jarabe 100mg/5ml. Gotas 40mg/ml
Mecanismo de acción: inhibición de la síntesis de prostaglandinas a través de la COX1; su actividad
antipirética es superior a paracetamol, posee una vida media más larga, lo cual favorece una
posología más cómoda; la ventaja además es que tiene un buen efecto antiinflamatorio y analgésico,
es seguro en niños mayores de seis meses
Efectos Adversos: se ha incrementado a medida que crece la práctica de la asociación con otros
antipiréticos, como la alternancia de paracetamol, por lo que aumenta la frecuencia de insuficiencia
renal aguda asociada al uso de AINEs en pacientes febriles
Contraindicado: Evitar en los primeros 3 meses de edad, en problemas hepáticos y renales, puede
producir hemorragia gastrointestinal.
Dipirona (metamizol): derivados de las pirazolonas , se utiliza para el control de pacientes muy
febriles, cuyo control térmico no ha sido posible con otros fármacos.
Dosis: Oral: 10– 20 mgrs/K/Dosis cada 6 h (max. cada 4h) IV: 0,05 - 0,1cc (20-40 mgrs)/K/ Dosis cada
6 – 8 horas. Administrar muy lento y diluido al medio. Rectal 20-40 mgrs /K/dosis: 1-3 años: 250 mgrs
c /6-8h > 3 años: 250-500.
Presentación: Gotas 500mg/ml. Ampollas 1G/ml. Jarabe 50mg/ml y 250mg/5ml. Supositorios 250 y
500mg.
Mecanismo de acción: se relaciona con la inhibición de síntesis de las dos isoformas de las
ciclooxigenasas (COX-1 y COX-2)
Efectos adversos: riesgo de agranulocitosis, hipotermia es un riesgo frecuente en niños por debajo
del año de edad, el uso parenteral puede causar hipotensión
Contraindicaciones: hipersensibilidad a las pirazolonas, insuficiencia renal o hepática, aguda o
crónica. No se recomienda para lactantes menores de tres meses o con peso menor de 5 kg.
Diclofenac:
Dosis: 0.5-2 mg/kg/día/ c 8-12h.
Suspensión 1,8mg/ml. Gotas 15mg/ml o gotas al 15%. Supositorios 12.5mg, ampollas 75mg/ml.
Mecanismo de Accion: inhibición de síntesis de las dos isoformas de las ciclooxigenasas (COX-1 y
COX-2)
Efectos adversos: Los efectos en vía gastrointestinal. diarrea, estreñimiento, distención abdominal,
dolor de cabeza y mareos
Contraindicaciones: presencia de úlcera gástrica o intestinal, hipersensibilidad conocida a la
sustancia activa.
BIBLIOGRAFÍA