al hombre, estableciendo así los fundamentos de un
orden social cristiano.
Los Padres enriquecen a la Iglesia con todos los re-
cursos del patrimonio griego. Su acción y sus obras
Atanasip de Alejandría
abren una nueva era y ponen las bases para una ci-
vilización cristiana. ^ &/G W/ (tara)
Adalbert G. Hamman
Guía práctica de los padres de la Iglesia
Bilbao, Desclee de Bouwer, 1969
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Alejandría conoció en la antigüedad cristiana una Esto explica el rigor de su naturaleza intransigente
estirpe de hombres ilustres por su cultura, su acción pero hábil, que no retrocede ni ante las maniobras
y su santidad. Allí se se sucedieron en el siglo tercerój ni ante el chantage, cuando se trata de hacer triunfar
Clemente y Orígenes, que formaron escuela. La ciu^ la ortodoxia. ¡Otros tiempos, otras costumbres! Pero
dad es célebre desde entonces por su tradición teo>| las costumbres de Alejandría nunca han sido las cos-
lógica. 4 tumbres de todo el mundo. También la geografía
Atanasio es de una generación más joven./Be peque hace comprensible a los personajes. Nos equivocaría-
ño conoció la persecución que, lejos de^átemorizarleJ mos juzgando a Atanasio o a Cirilo con nuestros es-
aceró su carácter hasta la intransigencia, cosa qu< crúpulos.
le reprocharán sus adversarios. Con la inflexibilidaí
del mártir defenderá la ortodoxia del Concilio d Como diácono, Atanasio acompaña a su obispo Ale-
Nicea. Toda su existencia está consagrada a combatí jandro al Concilio de Nicea. Toma parte, en el primer
la herejía arriana, que negaba la divinidad de Cristo Concilio Ecuménico, en la victoria de la fe sobre la
herejía de Arrio. Es posible que haya desempeñado
un papel doctrinal entre bastidores. Es y seguirá sien-
El futuro obispo de Alejandría no es, como los Cáj do el hombre de Nicea, hasta el punto de identificar-
padocios, un universitario, sino un hombre de Iglé se con la causa de la ortodoxia, lo cual servirá para
sia. «Poco tiempo dio a los estudios, dice Gregorí complicar y agravar más de un conflicto.
de Nacianzo, justamente lo necesario para no parece
ignorante». El obispo Alejandro muere en el 328 sin ocultar que
Nada sabemos de su formación, de sus profesora Atanasio era su candidato para sucederle. La elec-
de sus estudios. El mismo nos cuenta que algunos '<¡ ción no se hizo sin dificultad, a pesar de lo que de ella
sus maestros murieron durante la persecución. Fu< escribe el panegirista Gregorio Nacianceno: su ju-
ron, pues, cristianos. Fue la Iglesia la que formó ; ventud (sólo tenía treinta y dos años), su carácter
Atanasio. En ella hizo su carrera. Es su medio vita entero y su clara e intransigente toma de posición en
su patria, su familia. El la defenderá con la intrepj la lucha anti-arriana, no eran un buen augurio. Esta
dez del hijo que defiende a su madre. I lucha la proseguirá durante toda su existencia, du-
rante cuarenta y cinco años, primero con el apoyo del
Atanasio es más egipcio que griego. Habla corriel poder civil y cuando éste traicione la ortodoxia, con-
temente el copto y lo escribe. Ha nacido en medio tra él. Cinco destierros no acabarán con su resistencia,
un pueblo al que conoce bien y cuya lengua habí ni debilitarán su energía.
aprendida sin duda en la calle. Tiene al pueblo
sus manos y cuando es preciso lo sabe manejar co
un tribuno. Y el pueblo le permanecerá fiel en med
de todas las vicisitudes de su agitada vida. Las d s
cultades no le vienen de los fieles, sino de los clérij El obispo. El nuevo obispo comienza por fortalecer en el cora-
de las disputas teológicas y de las críticas polític Los destierros zónn de sus fieles la fe de Nicea. Visita toda su dióce-
nunca de su comunidad, que le ama. Como alg sis, lo que le dará ocasión para encontrarse con Pa-
de sus sucesores, él nos hace pensar más en un far; comio, el padre del cenobitismo. Este tenía a Ata-
cristiano o en un funcionario, que en un filósofo. nasio en gran estima y le llamaba «el Padre de la fe
ortodoxa de Cristo».
127
los obispos presentes le eran hostiles. Atanasio fue
acusado de violencia y de ilegalidad. Viendo el giro
desfavorable de los acontecimientos, el obispo se fue
antes de que se pronunciara la sentencia de depo-
sición.
El intrépido obispo vuelve a aparecer más tarde en
Constantinopla, encuentra al emperador en una calle
de la capital y le pide ser escuchado. Constantino hace
venir a los obispos reunidos en el Concilio de Tiro;
éstos olvidan los antiguos agravios, pero acusan a
Anatasio de llevar la alta dirección en el mercado de
La lucha empieza desde el 330. El obispo al prúgj trigo de Egipto y de amenazar con hacer detener las
cipio tuvo bastante con los discípulos de Melecio entregas. Constantino, que tenía en la mente malos
habían creado un cisma. Les trató con dureza. Le serij recuerdos, montó en cólera y desterró al obispo de
siempre difícil hacer distinción entre los hombres Alejandría a Tréveris. Este fue el primero de sus cinco
las opiniones que éstos mantienen. Después, el emj destierros.
rador Constantino, deseoso de apaciguar los anime
con vistas a su obra de contralización, devolvió »¡ Con un poco más de flexibilidad y menos dureza
favor a Arrio, después de'una nueva profesión de Í$ asimismo con los melecianos, Atanasio, sin sacrificar
Una carta imperial ordenó que se permitiera a ' nada de sus principios, hubiera podido ayudar a pa-
volver a sus actividades. Atanasio se negó categórk cificar la situación y no dar motivos a los adversarios
mente. El era el primer afectado, ya que Arrio estaí que le hicieron aparecer ante el emperador, hasta en-
en Alejandría. Se explicó en una respuesta al emf tonces favorable al obispo, por hombre intratable y
rador: «Es imposible reintegrar en la Iglesia a hor causante de desórdenes. Con los años, Atanasio se
bres que contradicen la verdad, fomentan la herejfaÉj hará más pacífico. Por el momento, el joven obispo
y contra los cuales ha pronunciado anatema un Con' se lanza a la lucha con impetuosidad.
cilio general». El obispo no cejó. Comenzaron En ausencia de su obispo, Alejandría se vio envuel-
nuevo los complots en Alejandría, hasta el punto ta en desórdenes. Antonio, el célebre ermitaño, inter-
que el obispo tuvo que alejarse de la ciudad y oct vino personalmente ante el emperador. Este le con-
tarse en un convento del Alto Egipto. testó que no podía creer que una asamblea tan gran-
de pudiera equivocarse hasta tal punto, que Atanasio
En el 335, aprovechando una peregrinación del el era «un insolente, un orgulloso, y hombre de discor-
perador a Jerusalén, los adversarios de Ataña dia». El obispo tuvo que esperar hasta la muerte de
provocaron un sínodo en Tiro, que se hallaba Constantino (337) para volver a su ciudad episcopal.
el trayecto, para reconciliar las disidencias. _
querido el obispo de Alejandría a personarse, vinQg Desgraciadamente el nuevo obispo se mostró favo-
regañadientes y llevando una cincuentena de obis rable al arrianismo. Atanasio fue destituido de nuevo
egipcios que, por no haber sido convocados, no por el sínodo de Antioquía (339). Se refugió junto
ron oídos. La situación era grave, porque muchos al Papa Julio I en Roma, quien le rehabilitó. El obis-
ro
po aprovechó su estancia para atraer a Occidente a su muerte acaecida en el 373. De los 46 años de su
la causa de la ortodoxia. No pudo volver a su ciudad episcopado había pasado veinte en el destierro. Guan-
hasta el 348. Fue recibido triunfalmentéT^elebrado y do murió este intrépido luchador, la ortodoxia no
venerado como; un confesor de la fe. Allí va a vivir estaba aún restablecida por todas partes. Pero algu-
los diez años más bellos y más fecundos de su epis- nos años más tarde, el nuevo emperador Teodosio
copado. impondrá la fe de Nicea a todos sus subditos. Era el
Los acontecimientos le habían hecho distanciarse coronamiento de la lucha comenzada por este gran
del poder imperial. Las intervenciones del empera- obispo con su acción y sus escritos.
dor en los asuntos de la Iglesia ponían en peligro la
ortodoxia. Por eso, Atanasio es el primero que, con La obra Su obra nació de la lucha. Un hombre de acción,
una firmeza poco común, reclama la libertad de la rara vez es hombre de letras. La formación filosófica
Iglesia con respecto al poder. de Atanasio era nula. Escribe para instruir y conven-
El obispo de Alejandría renueva en su diócesis el es- cer. Nos queda una obra de su juventud, compuesta
píritu de Nicea; trabaja en la profundización de la vida en sus horas de ocio, cuando era secretario de su obis-
cristiana y mantiene con los monjes relaciones fra- po. Discursos contra los paganos y sobre la encarnación del
ternales. Se ocupa de la evangelización de Etiopía y Verbo, es una refutación del paganismo y un descu-
Arabia. En esa época de calma redacta algunas de brimiento del verdadero Dios. El pensamiento no es
sus obras más importantes. original, pero el libro se impone por su fogosa unión
Diez años más tarde se ve obligado a huir de nuevo a Cristo.
y ocultarse entre los anacoretas de los desiertos egip- La mayor parte de las obras teológicas se esfuerzan
cios por primera vez (356-361). Con el advenimiento en refutar el arrianismo y en defender la fe de Nicea.
de Juliano pudo volver, y el intruso Jorge fue muerto El obispo de Alejandría tiene conciencia de que se
por la multitud. Por segunda vez, bajo el imperio de juega la esencia del cristianismo. En primer lugar es-
Juliano, Atanasio es enviado al destierro (362-363). cribió tres Discursos contra los arríanos, que dan una
En esta ocasión el obispo se familiariza con el mona- síntesis de la teología trinitaria. Atanasio desarrolla
quisino; se encuentra con Antonio, el Padre de los el mismo tema en una serie de cartas.
monjes, y escribe su biografía que llegará a ser el mo-
delo de la vida religiosa y cristiana, y ejercerá algún Este luchador no podía contentarse con exposiciones
influjo en la conversión de Agustín. Atanasio ha cap- irénicas. A lo largo de las querellas amanas se con-
tado el alma de este movimiento religioso que ha con- firma como un violento polemista. Tiene respuestas
movido a todo Egipto y ha llevado a la. soledad del duras. Egipto no nos ofrece apenas modelos de manse-
desierto el fervor de los tiempos de persecución. Desde dumbre. Atanasio encuentra una especie de placer
su celda monacal sigue velando por su diócesis, de- en la lucha. El mismo nos confiesa: «No me canso,
fendiendo la fe de Nicea, siendo el «patriarca invisi- sino que por el contrario gozo defendiéndome».
ble de Egipto».
En el año 366, después de un último destierro de cua-
tro meses, Atanasio puede volver a su ciudad y admi-
nistrar en paz su diócesis que tan devota le era, hasta
Escribió la Apología contra los arriarlos (348), que pu-
blica todos los documentos de la lucha para justificar ción que ha sido la alegría de los pintores y ha ins-
su actitud. La Apología a Constancio es un discurso al pirado la imaginación de los literatos, que la han car-
emperador, que nunca se pronunció, bello trozo de gado por transferencia, de una nota erótica. Esta obra
elocuencia y habilidad. En él no deja nada a la im- es el modelo de las futuras Vidas de los Santos.
provisación. Había previsto hasta los movimientos que
su discurso debía provocar: «Sonreís, príncipe, y esta
sonrisa es un asentimiento». El hombre En todas sus obras Atanasio aparece como un lucha-
En las últimas obras sube el tono, el polemista se dor. Ama la lucha, pega fuerte, no teme los golpes,
hace libelista en la Apología para la huida (358) y en la está dispuesto a soportarlos y presto a devolverlos
Historia de los arríanos que dirige a los monjes, y en la multiplicados. Es capaz de emoción y de sensibilidad;
que ridiculiza al adversario. Es un proscrito, no tiene nunca cae en lo patético que afecta al mismo Juan
nada que perder, ni nadie de quien cuidar. En ella Crisóstomo. Es conciso sin sequedad. No pretende
utiliza una ironía hiriente hasta la injusticia. El es- conmover sino convencer. Razona y prueba. Procura
tilo es vivo y la imagen de gran colorido. Sabe esce- decir la última palabra.
nificar los episodios y hacer hablar a los personajes. Admirado por los contemporáneos por la firmeza de
Tiene palabras terribles. Los eunucos que rodean al una acción que ningún revés ni golpe puede parar,
soberano tienen el don de ejercitar su inspiración vi- Atanasio fue aclamado en la historia como «pilar de
ril. «¿Cómo queréis que esa gente, dice él, compren- la Iglesia». Su mérito es haber caído en la cuenta
da algo de la generación del hijo de Dios?» del hecho y las consecuencias de la paz de Constan-
Atanasio no es solamente el centinela de la ortodoxia, tino. Calculó los peligros que para la libertad y la
es también el pastor, y qué pastor. Muchas de sus obras fe traía una Iglesia imperial. Defendió frente a los
espirituales se han perdido. En particular comenta- emperadores y los teólogos políticos, la fe de granito,
rios escriturísticos. Las versiones coptas y siríacas nos proclamada en Nicea, y la fidelidad de la Iglesia a su
han conservado muchas obras pastorales. Entre estas propia misión que es llevar la salvación al mundo.
últimas hay que citar las cartas pascuales que son Para nosotros es difícil ser justos tratándose de tiem-
instrucciones episcopales de cuaresma y un tratado pos de costumbres rudas. La sangre corrió a menudo
Sobre la virginidad, en el que multiplica los consejos en Alejandría. Epifanio dice de Atanasio: «Persuadía,
a las vírgenes de Alejandría. «La virginidad es un jar- exhortaba, usaba la fuerza y la violencia». Cuando
dín cerrado que no es pisado por nadie más que por el es atacado se defiende. Cuando él es más fuerte, el
jardinero». No hay que perder de vista que las vírgenes adversario pasa un mal rato. Es la debilidad de los
vivían en el mundo, como un instituto secular de hoy, intrépidos, el no controlar sus fuerzas y sobrepasarse
viajaban y se arriesgaban a ir a los baños públicos. algunas veces; en Atanasio nada respira dulzura. A
Conocían, pues, las tentaciones comunes. fuerza de combatir se hace polémico; a fuerza de ser
Ya hemos tenido ocasión de mencionar la Vida de atacado se complace en la apología personal; a fuerza
San Antonio (33) donde se encuentra la famosa Jenta- de recibir golpes, acaba por darlos, y fuertes.
El obispo de Alejandría se yergue a menudo solo ante
(33) Ver más adelante un extracto, p. 136. la herejía. ¿Puede acusársele por identificarse con la
ortodoxia? Seguro de su derecho, no desperdicia nin-
133
El obispo de Alejandría pone empeño en descubrir
a su pueblo y hacerle amar la ascesis y la virginidad. El
mismo cuenta en la Historia de los arríanos, cómo «mu-
jeres solteras y dispuestas a contraer matrimonio per-
manecían vírgenes por Cristo, jóvenes atraídos por el
ejemplo ingresaban en la vida monástica, padres e
hijos se convencían unos a otros a dedicarse a la prác-
tica de la ascesis. Viudas y huérfanos, antes hambrien-
tos y desnudos, eran vestidos y alimentados ahora
por la caridad del pueblo»; ¿hay alegría más recon-
fortante para un pastor?
Atanasio es de una sola pieza. Estas naturalezas mo-
nolíticas provocan las actitudes más contrarias: ad-
miración y amistad de unos, oposición de otros. Este
hombre recto tiene más el sentido de lo esencial, que
de los matices. El pueblo y los monjes comprendieron
que su causa era justa, que sus palabras decían ver-
gún medio para asegurarse la victoria. Ha sabido ju- dad. Seduce no por su encanto, sino por su pasión;
gar con habilidad y utilizar medios dudosos. Juliano convence porque inspira confianza. Es el secreto de
acusa su espíritu de intriga. Hay que confesar que para su elocuencia irresistible.
el emperador era un sujeto poco cómodo. Cuando cuen-
ta los sucesos es partidista. En su Apología contra los Es fuerte sin miramiento, enérgico hasta la violencia.
arríanos, calla prudentemente los acontecimientos de No le reprochéis haber carecido de sensibilidad. Lyau-
Tiro. tey decía: «No se construye un imperio con doncellas».
Atanasio defiende el reino de Dios con la virilidad de
Este luchador sin matices conoce bien a sus fie- los violentos. No se contentó con luchar ruda pero
les. No es un aristócrata como Basilio, sino un generosamente por la ortodoxia. Se identificó con la
tribuno y un modelo de obispo; se le podría lla- causas de Dios hasta el punto de sacrificarlo todo, de
mar obispo de la resistencia, como al cardenal Sa- aguantarlo todo. La prueba le purifica y le enseña a
liége. Le preocupa su cargo pastoral y el progre- sufrir en silencio. Este violento que se ha defendido
so de sus fieles. Para él la fe no es patrimonio de con pasión no hablará más, cuando el Papa Liberio
los círculos cultos tan queridos para Clemente, sino acabe por desautorizarle. Ha pagado con su persona,
del pueblo menudo. No se preocupa por el refinamiento
intelectual. Su teología no es especulación sino fir- ha pagado con su vida. Toda su existencia fue una
meza doctrinal, afirmación más que reflexión. El teó- confesión de fe, bronca, ruidosa y total.
logo en Atanasio está íntegramente empeñado en la
acción. La misma elocuencia es para él una forma de
acción. Es, como su misma persona, sin fiorituras,
lógica, apasionada, poderosa, eficaz.
134
13S
La biografía comienza con el descubri- «Si quieres ser perfecto, vete, vende todo lo que tienes y dalo a
miento de la vida perfecta y sus exigencias. los pobres, luego ven y sigúeme, tendrás un tesoro en el cielo» (34).
El Padre de los monjes, como más tarde Habiendo recibido de Dios el recuerdo de los santos, cómo si la
Francisco, oye en la Iglesia la voz del lectura hubiera sido hecha para él, Antonio salió rápidamente
Evangelio y la obedece a la letra. Des- de la iglesia. Los bienes que poseía de sus padres, trescientas la-
pués se une a los ascetas. bradas de excelente tierra fértil, los regaló a la gente del pueblo
para no verse entorpecido por ellos, él o su hermana. Vendió
todos los muebles y distribuyó a los pobres el dinero que sacó,
salvo una pequeña parte reservada a su hermana.
Sus comienzos en la ascesis
Entrando otra vez en la iglesia oyó en el Evangelio al Señor que
decía: «No os preocupéis del mañana» (35). No aguantando más
distribuyó esta reserva entre la gente sencilla. Encomendó su
VIDA DE SAN ANTONIO (*) hermana a vírgenes conocidas y fieles, la puso en una casa de
vírgenes para que fuera educada allí. En cuanto a él, se dio al
aprendizaje de la ascesis delante de su casa, atento a sí mismo y
Nacimiento y educación de Antonio (251-269) sometiéndose a una dura disciplina. En Egipto no había aún
muchos monasterios y el monje no sabía absolutamente nada del
Antonio era egipcio de nacimiento, hijo de padres nobles bastan- desierto. El que quería estar disponible para sí mismo, se ejer-
te ricos. Cristianos ellos mismos le educaron cristianamente. citaba no lejos de su mismo pueblo. Vivía entonces en el pueblo
De niño fue criado en casa de sus padres y no conoció nada fuera vecino un anciano que llevaba vida solitaria desde su juventud.
de ellos y la casa. Creciendo y subiendo en edad no quiso apren- Antonio le vio y le emuló en el bien. Primeramente comenzó
der las letras para evitar la compañía de otros muchachos. Todo por habitar también él en los alrededores del pueblo. Desde allí,
su deseo era, como se ha dicho de Job, vivir con sencillez en su cuando oía hablar de algún asceta, como una abeja prudente,
casa. Iba con sus padres a la casa del Señor. De niño no fue pe- le buscaba y no volvía a su propio eremitorio sin haberle visto;
rezoso; al avanzar en edad no despreció a sus padres sino que habiendo tomado de él como un viático para caminar en la vir-
les estaba sumiso; atento a las lecturas, conservaba interiormente tud, volvía a su sitio. Así pues, al principio allí permaneció, se
su fruto. A pesar de la fortuna bastante considerable de los su- afirmó en su resolución de no volver a los bienes de sus padres y
yos, el niño no les importunaba por tener una comida abun- de no acordarse de sus amistades. Todo su esfuerzo, toda su apli-
dante y variada, no buscaba en eso el placer. Contento con lo cación iba dirigida hacia el esfuerzo ascético. Trabajaba con sus
que encontraba, no exigía nada. manos porque había oído: «El que no trabaja, que no coma»(36).
Con una parte de lo que sacaba compraba pan, y lo demás lo
daba a los necesitados. Habiendo oído que hay que orar sin ce-
Huérfano, se desprende de sus bienes sar en el retiro, oraba continuamente. Estaba tan atento a la
lectura que nada de la Escritura se le escapaba, y la memoria
A la muerte de sus padres quedó solo con una hermana pequeña. le hacía el papel de los libros.
Con dieciocho años de edad cuidó de la casa y de su hermana.
Menos de seis meses después de su luto, yendo como acostum-
braba a la iglesia, pensaba en sí mismo, meditaba caminando Se instruyejunto a otros ascetas y se esfuerza en imitar sus virtudes
cómo los Apóstoles dejaron todo por seguir a Cristo, cómo, según
los Hechos de los Apóstoles, los fíeles vendían sus bienes, llevaban Obrando así, Antonio era amado por todos. El mismo se sometía
el dinero, lo ponían a los pies de los apóstoles, y los daban para con gusto a los celosos (ascetas) a quienes visitaba y se instruía
utilidad de los necesitados. ¡Qué esperanza ponía en los cielos! con ellos sobre la virtud y la ascesis propia de cada uno. En uno
Ocupado el corazón con estos pensamientos, entró en la iglesia. contemplaba la amabilidad, en otro la asiduidad a la oración-
Sucedió que se leyó el Evangelio y oyó al Señor que decía al rico:
(34) Mateo, 19,21.
(35) Mateo, 6,34.
(*) Vida de San Antonio, 1-4. (36) 2 r « . , 3 , 1 0 .
136 137
en éste veía la paciencia, en aquél la caridad hacia el prójimo;
de uno subrayaba las vigilias, de otro la asiduidad en la lectura;
admiraba a uno por su constancia, a otro por sus ayunos y su
descanso sobre la tierra desnuda. Observaba la mansedumbre
de uno, y la grandeza de alma del otro; y en todos observaba a
la vez la devoción a Cristo y el amor mutuo. Así, repleto, volvía
al sitio donde él mismo se daba a la ascesis, condensando y es-
forzándose en incorporar en sí las virtudes de todos. De sus con-
temporáneos no estaba celoso más que en un punto: no serles
inferior en lo mejor. Y lo hacía de tal manera que nadie se mo-
lestaba por ello, sino que todos se sentían gozosos a causa de él.
Todos los habitantes del pueblo y las gentes de bien que tenían
contacto con él, al verle así le llamaban amigo de Dios, y unos
le amaban como a un hijo, otros como a un hermano (37).
(37) Traducción francesa B. Lavaud, aparecida en Vies des pires du désert, col. Ictys,
núm. 4, París, 1961, pp. 23-26.
Estudio de conjunto antiguo, pero de valor: F. CAVALLERA, Saint Athanase, París, 1908.