UNIVERSIDAD DE EL SALVADOR
FACULTAD DE JURISPRUDENCIA Y CIENCIAS SOCIALES
ESCUELA DE CIENCIAS JURIDICAS
“EFECTOS DEL RECURSO DE APELACION COMO MEDIO DE
IMPUGNACION AL LAUDO ARBITRAL”
TRABAJO DE GRADO PARA OBTENER EL TITULO DE
LICENCIADO (A) EN CIENCIAS JURIDICAS
PRESENTADO POR:
ESCOBAR PÉREZ, LUIS ERNESTO.
GOMEZ ROSALES, TATIANA STEFFANY.
MOLINA AMAYA, JENNIFER ARLENNE.
DOCENTE ASESOR:
DR. GILBERTO RAMIREZ MELARA.
CIUDAD UNIVERSITARIA SAN SALVADOR,30 DE NOVIEMBRE DE 2018.
1
TRIBUNAL CALIFICADOR
DR. SAUL ERNESTO MORALES.
(PRESIDENTE)
DR. JOSÉ ANTONIO MARTINEZ.
(SECRETARIO)
DR. GILBERTO RAMIREZ MELARA.
(VOCAL)
2
UNIVERSIDAD DE EL SALVADOR
Msc. Roger Armando Arias Alvarado.
RECTOR
Dr. Manuel de Jesús Joya Abrego.
VICERRECTOR ACADEMICO
Ing. Nelson Bernabé Granados Alvarado.
VICERRECTOR ADMINISTRATIVO
Lic. Cristóbal Hernán Ríos Benítez.
SECRETARIO GENERAL
Lic. Rafael Humberto Peña Marín.
FISCAL GENERAL
FACULTAD DE JURISPRUDENCIA Y CIENCIAS SOCIALES
Dra. Evelyn Beatriz Farfán Mata.
DECANA
Dr. José Nicolás Ascencio Hernández.
VICEDECANO
Dr. Juan José Castro Galdámez.
SECRETARIO
Lic. René Mauricio Mejía Méndez.
DIRECTOR DE LA ESCUELA DE CIENCIAS JURÍDICAS
Licda. Digna Reyna Contreras de Cornejo.
DIRECTORA DE PROCESOS DE GRADUACIÓN
Licda. María Magdalena Morales.
COORDINADORA DE PROCESOS DE GRADUACIÓN DE LA ESCUELA DE
CIENCIAS JURÍDICAS UNIVERSIDAD DE EL SALVADOR
3
AGRADECIMIENTOS
Le doy gracias a DIOS, por haberme dado salud, sabiduría y la paciencia que
en reiteradas ocasiones necesite para no darme por vencida a lo largo de mi
carrera Universitaria, además de haber sido mi fortaleza en momentos de
debilidad.
A mis padres, por ser un ejemplo de vida y haber estado a mi lado
impulsándome a seguir adelante y a no restarle valor a la educación, he
inculcarme que es el conocimiento el que siempre hará la diferencia.
A mi hermano por creer en mí, por impulsarme cada día a ser una excelente
profesional que demuestre no solo tiempo sino también calidad en todo lo
que me proponga, además de motivarme a seguir adelante siempre y ser un
pilar fundamental en mi vida.
A mi asesor por la orientación y la apertura facilitada durante todo este
proceso, y porque sin duda alguna sus aportes hoy día permiten culminar
con felicidad esta etapa en mi vida.
A mis compañeros de Tesis, por la paciencia y la ayuda brindada durante
todo este proceso, porque hoy podemos decir que convivir es fácil cuando
los objetivos se unifican.
Y a todas esas personas que directa o indirectamente han contribuido con
sus atenciones y buena disposición a que hoy día esta felicidad sea inmensa
por culminar una de las etapas más importantes en mi vida, mi carrera
universitaria.
JENNIFER ARLENNE MOLINA AMAYA
4
A DIOS Por darme la fortaleza, el ánimo y el entusiasmo cada día de
continuar con este trabajo de grado y concluirlo satisfactoriamente.
A MIS PADRES. Por sus incansables palabras de animarme a no abandonar
este trabajo de grado y no rendirme ante los problemas que resultara. Así
como el apoyo económico que me han dado hasta esta etapa de mi vida.
A MIS HERMANAS Por sus muestras de cariño, así como su apoyo
emocional de no rendirme ante las adversidades de este trabajo, además de
las contantes palabras de que me quieren ver convertido en un abogado.
A MIS TIOS Por el constate apoyo material al prestarme su laptop así como
el internet para hacer este trabajo de grado, así como todos los trabajos a lo
largo de mi carrera, y el apoyo moral que me han dado .
A MIS COMPAÑEROS DE TESIS Por la constante ayuda y paciencia en la
realización de este trabajo de grado, pensando en que cuando se fijan bien
los objetivos todo se puede cumplir habiendo unidad.
A NUESTRO ASESOR Por sus sabios consejos y asesorías brindadas a lo
largo de este trabajo de grado, así como el apoyo moral de continuar y por fin
culminar este trabajo.
A MIS AMIGOS A todos aquellos que directa o indirectamente me han
brindado su apoyo moral para verme culminar esta etapa de mi vida.
LUIS ERNESTO ESCOBAR PÉREZ
5
Agradecerle principalmente a Dios por todas las bendiciones que me ha
dado, gracias a él logre culminar mis estudios, reconozco que es una carrera
coronada por fe, porque siempre puse mi esperanza en el para que me diera
la sabiduría en cada paso que daba a lo largo de mis estudios.
A mis padre Guadalupe y Oscar por su amor y entrega al educarme de la
mejor manera y por siempre impulsarme a ser profesional, les doy gracias
por todo su esfuerzo el cual fue grande para que hoy sea una mejor persona.
A mis hermanas, Limbania, Marcela, Marta, a mi primo José Enrique por
motivarme a seguir estudiando y ponerme siempre como un ejemplo a
seguir, lo que me motivo a continuar a pesar de todos los obstáculos
presentados.
A mi novio Alejandro Gamero, quiero darle las gracias por llegar a mi vida en
el momento idóneo y ser parte fundamental en mi desarrollo profesional y
espiritual, impulsándome a lograr mis metas de la mano de Dios.
A mis amigos Claudia y Marvin, porque siempre estuvieron presentes
motivándome y apoyándome.
A mis compañeros de tesis Arlenne y Luis por todo su apoyo paciencia y
dedicación en la elaboración de este trabajo de investigación, por dar este
paso conmigo y culminarlo juntos, siempre de la mejor manera.
A mi asesor de tesis Doctor Melara por sus consejos y apoyo en todo este
desarrollo, por su tiempo y entrega para nuestro grupo.
TATIANA STEFFANY GÓMEZ ROSALES
6
INDICE
Pág. -
RESUMEN…………………………………………………………………….. i
ABREVIATURAS……………………………………………………………… ii
SIGLAS………………………………………………………………………… iii
INTRODUCCIÓN……………………………………………………………… iv
CAPITULO I
ANTECEDENTES HISTORICOS DEL ARBITRAJE Y DEL RECURSO
DE APELACION A NIVEL NACIONAL E INTERNACIONAL
1.1 Evolución Histórica del Arbitraje…………………………………………. 1
1.1.1Grecia y el Imperio Romano…………………………………………… 3
1.1.2 Época medieval…………………………………………………………. 6
1.1.3 Edad Contemporánea………………………………………………….. 7
1.1.4 Antecedentes Históricos del arbitraje en la legislación
Salvadoreña…………………………………………………………………… 8
1.2 Antecedentes históricos de los medios de Impugnación……………... 12
1.2.1 Antecedentes Históricos del Recurso de Apelación……………….. 19
1.2.1.1 Antecedentes Históricos a Nivel Internacional……………………. 22
1.2.1.2 Antecedentes Históricos a Nivel Nacional…………………………. 26
CAPITULO II
GENERALIDADES DEL ARBITRAJE Y EL RECURSO DE
APELACION
2.1 Concepto de arbitraje…………………………………………………….. 30
2.2 Naturaleza del arbitraje………………………………………………….. 32
2.2.1 Teoría Contractualista…………………………………………………. 32
2.2.2 Teoría Jurisdiccional…………………………………………………… 32
2.2.3 Teoría Ecléctica o Mixta……………………………………………….. 33
2.2.4 Teoría Autónoma……………………………………………………….. 33
7
2.3 Objeto de arbitraje………………………………………………………… 33
2.4 Principios del arbitraje……………………………………………………. 34
2.4.1 Principio de la Autonomía de la Voluntad y de la libertad de
procedimiento………………………………………………………………..... 34
2.4.2 Principio de la Flexibilidad…………………………………………….. 35
2.4.3 Principio de Privacidad………………………………………………… 36
2.4.4 Principio de Idoneidad…………………………………………………. 37
2.4.5 Principio de Celeridad………………………………………………….. 37
2.4.6 Principio de Igualdad…………………………………………………… 37
2.4.7 Principio de Audiencia…………………………………………………. 38
2.4.8 Principio de Contradicción…………………………………………….. 38
2.5 Tipos de arbitraje………………………………………………………..... 38
2.5.1 Arbitraje voluntario y necesario……………………………………….. 39
2.5.2 Arbitraje nacional e internacional…………………………………….. 39
2.5.3 Arbitraje de equidad y de derecho……………………………………. 39
2.5.4 Arbitraje ad hoc…………………………………………………………. 40
2.5.4.1 Arbitraje institucional…………………………………………………. 40
2.6 Tipos de árbitros………………………………………………………….. 41
2.6.1 Amigables componedores…………………………………………….. 42
2.6.2 De derecho……………………………………………………………… 43
2.7 Marco Normativo aplicable al Arbitraje y el Recurso de Apelación..... 44
2.7.1 Constitución de la República de El Salvador………………………... 45
2.7.2 Ley de Mediación Conciliación y Arbitraje…………………………… 46
2.7.2.1 Controversias Sometidas a Arbitraje……………………………….. 47
2.7.2.2 Materias Excluidas del Arbitraje……………………………………. 48
2.7.2.3 del Convenio Arbitral y sus Requisitos…………………………….. 49
2.7.2.4 Numero de Árbitros y Nombramiento………………………………. 50
2.7.2.5 Tribunal Arbitral……………………………………………………..... 51
8
2.7.2.6 Procedimiento Arbitral……............................................................ 52
2.7.3 Reglamento de la Ley de Mediación Conciliación y Arbitraje……... 53
2.7.4 Decreto legislativo N° 141……………………………………………... 54
2.7.5 Código Procesal Civil y Mercantil…………………………………….. 54
2.8 Los Medios de Impugnación…………………………………………….. 56
2.8.1 Definición………………………………………………………………... 56
2.8.2 Clases de medios de impugnación…………………………………… 60
2.8.2.1 Diferencias entre remedios procesales y recursos……………….. 61
2.8.2.2 Recursos ordinarios………………………………………………….. 63
2.9 Recurso de Apelación…………………………………………………..... 63
2.9.1 Definición………………………………………………………………… 64
2.9.2 Naturaleza……………………………………………………………….. 65
2.9.3 Características………………………………………………………….. 65
2.9.4 Objeto del recurso……………………………………………………… 69
2.9.5 Elementos del recurso de apelación…………………………………. 70
CAPITULO III
EL LAUDO ARBITRAL
3.1 Definición de Laudo Arbitral……………………………………………... 72
3.2 Características del Laudo Arbitral………………………………………. 74
3.3 Naturaleza del Laudo Arbitral……………………………………………. 77
3.4 Tipos de laudo…………………………………………………………….. 79
3.4.1 Laudo sobre competencia……………………………………………... 79
3.4.2 Laudo incidental………………………………………………………… 80
3.4.3 Laudo parcial……………………………………………………………. 81
3.4.4 Laudo final………………………………………………………………. 82
3.4.5 Laudo en rebeldía………………………………………………………. 86
3.4.6 Laudo consentido………………………………………………………. 86
3.5 Diferenciación entre laudo y decisiones procesales………………...... 87
9
3.6 Requisitos de Forma y de fondo para su Emisión…………………….. 87
3.6.1 requisitos de forma……………………………………………………... 88
3.6.2 formalidad escrita y protocolización………………………………….. 88
3.6.3 Sistema de Adopción de Decisión y Firma…………………………... 89
3.7 Requisitos de Fondo para su Emisión………………………………..... 90
3.7.1 Encabezado…………………………………………………………….. 90
3.7.2 Fundamentación o Parte Motivada…………………………………… 91
3.7.3 Parte Resolutiva………………………………………………………… 92
3.8 Efectos del laudo arbitral………………………………………………… 92
3.8.1 Cosa juzgada……………………………………………………………. 93
3.8.2 Ejecución del laudo…………………………………………………….. 94
3.8.3 Procedimiento de ejecución del laudo………………………………. 94
3.9 Efectos de la Sentencia………………………………………………….. 94
CAPITULO IV
LOS EFECTOS DEL LAUDO ARBITRAL CON LA INCORPORACION
DEL RECURSO DE APELACION COMO MEDIO DE IMPUGNACION
4.1. Análisis del decreto legislativo 141 respecto a la estipulación del
Art.66-A……………………………………………….………………….. 97
4.1.1 Impugnación del laudo arbitral………………………………………… 100
4.2 Estudio comparado del arbitraje y del recurso de apelación………… 101
4.2.1 República de Guatemala………………………………………………. 101
4.2.2 México…………………………………………………………………… 104
4.2.3 República de Argentina………………………………………………… 110
4.3 Postura de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador en
cuanto a la implementación del Recurso de Apelación contra el laudo
arbitral…………………………………………………………………………... 115
10
4.3.1 Jurisprudencia emanada por las Cámaras, respecto a la
incorporación del recurso de Apelación como medio de impugnación a la
LMCA………………………………………………………………………… 118
4.3.2 Jurisprudencia emanada por la Honorable Sala de lo
Constitucional, respecto a la incorporación del recurso de Apelación
como medio de Impugnación a la LMCA……………………………………
120
4.4 Postura de la cámara de comercio internacional (CCI) bajo las reglas
de la Corte Internacional de Arbitraje (CIA), en cuanto a la
implementación del recurso de apelación como medio de impugnación
contra el laudo arbitral………………………………………………………... 122
Conclusiones…………………………………………………………………… 125
Recomendaciones……………………………………………………………. 127
Bibliografía……………………………………………………………………… 128
Anexos………………………………………………………………………….. 136
11
RESUMEN
El proceso arbitral tiene cabida cuando las partes intervinientes consienten por
medio de un contrato, someterse a arbitramiento, cuyo objetivo es apartarse
de la jurisdicción ordinaria y buscar a los árbitros, como todo proceso se
someten a una serie de normas, presentando como diferencia de un proceso
ordinario que las partes son las que escogen a que reglas someter el litigio,
atendiéndose al principio de la libre disponibilidad de las partes.
En lo práctico el proceso arbitral las partes intervinientes delegan a los árbitros
la imposición de las reglas del procedimiento, en base a la experiencia que
estos han tenido al respecto. De esto se puede deducir que ante la imposición
de dichas reglas, los árbitros requieran a las partes para que las consientan,
con el fin de evitar impugnaciones o altercados en el transcurso del proceso
arbitral.
El arbitraje es considerado como una solución alterna en el que las partes
intervinientes lo han escogido a su beneficio, rechazando la intervención del
órgano jurisdiccional común, no obstante el estipular el someterse a
arbitramiento, no conlleva que de forma absoluta se desligan de la vía
ordinaria.
De tal manera si el medio de solución de una controversia es el arbitraje su
finalidad reside en descartar la intervención del órgano jurisdiccional y así
facilitar la ligereza de la controversia que se está ventilando, por tanto sería
absurdo que se dé cabida subsiguientemente a una judicialización del laudo
que han dictaminado los árbitros, que lo que ocasionaría es la dilación del
litigio y desnaturalizaría la figura del arbitraje como tal.
i
ABREVIATURAS
Art. Artículo.
Arts. Artículos.
Cap. Capitulo.
Cn. Constitución de la República.
D.L. Decreto Legislativo.
D.O. Diario Oficial.
ed. Edición.
Ed. Editorial.
et al. Autores Varios.
inc. Inciso.
Ibíd. En el mismo lugar.
Lit. Literal.
N° Numero.
Ref. Referencia.
ii
SIGLAS
FUSADES. Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social.
LMCA . Ley de Mediación, Conciliación y Arbitraje.
CCI. Cámara de Comercio Internacional.
CCIES. Cámara de Comercio e Industria de El Salvador.
CFPC. Código Federal de Procedimientos Civiles.
CIA. Corte Internacional de Arbitraje.
CPCM Código Procesal Civil y Mercantil.
CPCCN Código Procesal Civil y Comercial de la Nación.
USAID. Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.
iii
INTRODUCCIÒN
Abordar el arbitraje implica no solo reconocer lo que la doctrina reconoce por
su definición, a partir de su fundamento constitucional, al reconocer que
ninguna persona que tenga libre administración de sus bienes puede ser
privada del derecho de terminar sus asuntos civiles o comerciales por
transacción o arbitramiento, es decir la juridicidad del arbitraje y su
conveniencia, son las razones de su sólida institucionalización en el plano
nacional e internacional.
En razón de esto deriva la importancia del tema a desarrollar en el presente
trabajo de investigación, a denominarse: “Efectos del Recurso de Apelación
como Medio de Impugnación al Laudo Arbitral”.
En este punto radica la autonomía de la voluntad de las partes en materia de
arbitraje, al referirse a las razones por las que la ley permite a la partes
despojarse de la intervención de los órganos judiciales estatales.
Con base en todo lo anterior, se pretenden desarrollar los orígenes del
arbitraje a la luz de 3 épocas históricas que reconocen la figura del arbitraje
como tal. Así también contemplar aspectos históricos de la materia en la
legislación salvadoreña, y no obstante el tema implica conocer aspectos
relacionados al recurso de apelación es prudente también abordar temas
similares a los medios de impugnación en general, abordando el recurso de
apelación a partir de sus antecedentes históricos.
Es preciso señalar que el arbitraje puede reconocerse como un compromiso
alterno cuyo fin es evitar se conozca vía jurisdicción ordinaria, en este proceso
iv
el árbitro no actúa como funcionario del Estado, no tiene jurisdicción, ni propia
ni delegada, es decir, sus funciones derivan de las partes intervinientes, es
esta la facultar que la ley le confiere, culminando el proceso con la emisión de
una resolución sujeta a Derecho, cuyos antecedentes han respetado las
normas y principios que han sido estipulados en el convenio arbitral; es este
pronunciamiento el denominado laudo arbitral, figura que reconoce la misma
eficacia y validez jurídica de un fallo resuelto por un Tribunal del Órgano
Judicial.
Con la presente investigación no solo se pretende desarrollar aspectos
generales que aporten al tema, sino también realizar un estudio solido a partir
del conocimiento de los medios de impugnación, enfocándonos directamente
en denominado recurso de apelación, en cuanto a la impugnación de los
laudos arbitrales.
Por lo que es menester desarrollar el decreto legislativo N° 141, de fecha 01
de octubre de 2009, publicado en el diario Oficial No. 203, Tomo 385 el 30 de
octubre de 2009, y mediante el cual se agregó el artículo 66-A, a la ya
existente Ley de Mediación Conciliación y Arbitraje, que a partir de este
momento será el tema objeto de estudio y análisis en el presente trabajo de
investigación al dar un sinfín de debates y comentarios a raíz de su
implementación, por considerarse inconstitucional, siendo su razonamiento el
violentar el artículo 23 de la Constitución de la República de El Salvador.
Al respecto es posible señalar que la motivación para abordar el tema objeto
de estudio, no solo es culminar un trabajo de grado, sino también realizar una
investigación de calidad que pueda contribuir a la sociedad como un soporte
a raíz de diversas consultas que puedan generarse en cuanto al tema,
v
además realizar un estudio jurídico-doctrinario que no solo supere nuestras
expectativas en cuanto a capacidad de análisis durante su desarrollo, sino
también contribuya a las necesidades de información que pueda tener el lector
sobre su contenido.
En relación a su contenido, se han desarrollado cuatro capítulos enunciados
de la siguiente manera: El capítulo uno comprende los “antecedentes
históricos del arbitraje y del recurso de apelación a nivel nacional e
internacional”, abordando los antecedentes históricos del arbitraje y el recurso
de apelación como tal.
El capítulo dos, desarrolla las “generalidades del arbitraje y el recurso de
apelación”, y comprende desde el concepto de la figura del arbitraje, hasta las
generalidades del recurso de apelación, entendiéndose en esto su definición,
naturaleza, características, objeto, y elementos del recurso de apelación como
tal.
En el desarrollo del capítulo tres, denominado, “laudo arbitral”, este incorpora
no solo su definición, sino también sus características, naturaleza, los tipos de
laudo, la distinción entre laudo y decisiones procesales, requisitos de forma y
de fondo para su emisión y los efectos del laudo arbitral.
Para finalizar se aborda el capítulo cuatro, que desarrolla lo relativo a “los
efectos del laudo arbitral con la incorporación del recurso de apelación como
medio de impugnación”, abarcando el análisis del decreto legislativo 141
respecto a la estipulación del art 66-A, la impugnación del laudo arbitral, el
estudio comparado del arbitraje y del recurso de apelación, que comprende
las legislaciones de España, México y Guatemala, finalizando con la postura
vi
de la cámara de comercio internacional (CCI) y de la Corte Internacional de
Arbitraje (CIA), en cuanto a la implementación del recurso de apelación como
medio de impugnación contra el laudo arbitral.
Una vez se desarrolla toda la investigación, que es menester de este trabajo
de grado, se culmina con las conclusiones y recomendaciones que a partir del
estudio realizado en el presente trabajo de investigación se han podido
enunciar.
vii
CAPITULO I
ANTECEDENTES HISTÒRICOS
El presente capitulo tiene por objeto, identificar los antecedentes históricos
que a lo largo de los años ha reflejado la figura del arbitraje y del recurso de
apelación, tanto en el ámbito nacional como internacional; especificándose el
procedimiento de ambas figuras en tiempos antiguos, y de dicho
procedimiento posteriormente enfatizar, como llego a perfeccionarse el
procedimiento del arbitraje y del recurso de apelación en la actualidad.
1.1 Evolución histórica del arbitraje
Adentrarse a los antecedentes históricos del arbitraje implica conocer lo que
su concepto describe al considerarlo como “toda decisión dictada por un
tercero, con autoridad para ello, en una cuestión o asunto”. Constituye un
sistema integrado para obtener justicia sin recurrir a medidas extremas,
siempre apegándose a derecho o justicia. Arbitramento o Arbitramiento, como
“toda acción o facultad de dictar una resolución arbitral, sentencia o decisión
de uno o más árbitros.” 1
Conociéndolo desde el punto de vista de diferentes concepciones, es propicio
abordarlas en el desarrollo de este capítulo, entendiéndose como una
institución que permite a las personas dirimir sus conflictos frente a terceros
1
Guillermo Cabanellas, “Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual”, 21ª ed. tomo A.B,
(Argentina: Buenos Aires, Editorial Heliasta S.R.L, 1989), 351.
1
imparciales, llamados árbitros,2a quienes eligen libremente buscando una
solución definitiva a sus diferencias.
Institución que con el tiempo retoma mayor fuerza, esto como resultado de la
intensificación de las relaciones internacionales. En el ámbito internacional el
arbitraje es una necesidad, considerando la falta de jurisdicciones
internacionales de derecho privado.
La juridicidad del arbitraje y su conveniencia, son las razones de su sólida
institucionalización en el plano nacional e internacional. La posibilidad de un
tribunal que no solo brinde una justicia accesible, sino también rápida, menos
costosa o de costo previsible, garantizando la inmediación, idoneidad y
confiabilidad, factores que solo pueden ser posible a través del arbitraje.
Interesante es conocer que una institución tan antigua, como el arbitraje, en la
actualidad adquiera apogeo al brindar respuesta a los nuevos problemas.
Antecedentes que recuerdan como también el federalismo parecía agotado y
hoy, ante la integración económica europea o americana, sus viejos moldes
son buenas propuestas a tener en cuenta.
Por otra parte, el arbitraje, al revalorizar la autonomía de la voluntad,
contribuye a la democratización en la creación del derecho nacional e
internacional. Configurándose como un método de solución de controversias
mediante el cual, en ciertas ocasiones, la ley permite a la partes despojarse
de la intervención de los órganos judiciales estatales. 3
2
Hace referencia a la figura del “juez” elegido libremente por las partes y que no es
magistrado o funcionario público. Especie de amigable componedor en el arbitraje
internacional. Ibíd. 352.
3
Sara Feldtein de Cardenas y Leonardi de Herbon Hebe, “El Arbitraje”, (Buenos Aires:
Editorial AbeledoPerrot, 1998) ,12.
2
En este punto es necesario abordar la figura de los árbitros, a fin de
distinguirlos de los “jueces” o “magistrados”. Los árbitros tienen una
jurisdicción limitada, ya que poseen la notio, la vocatio y la iuditium, mientras
que los jueces pueden ser requeridos aún desde la iniciación del arbitraje,
medidas cautelares, hasta su finalización, ejecución del laudo arbitral.
Conservar en el arbitraje la limitación establecida por la constitución y las
leyes que reservan imperium a los jueces es conveniente, considerando que
los árbitros dependerán de la aceptación por las partes del laudo, o del control
de sus superiores en los tribunales estatales, preciso es que los árbitros
sepan que sobre ellos recae la mirada de las leyes, la constitución y los jueces
del Estado, siendo esta la garantía a la seguridad del proceso arbitral.
Ante esto los jueces deben tener claro, la disposición que deben tener para
brindar el auxilio de la jurisdicción no solo para el cumplimiento de ciertos
actos procesales, sino para evitar los desvíos en que los árbitros puedan
incurrir, durante todo el proceso. Son estos elementos que con el tiempo han
venido aportando a la doctrina y a lo que hoy día se conoce por arbitraje,
definiéndolo como un mecanismo por medio del cual las partes involucradas
en un conflicto de carácter transigible, difieren su solución a un tribunal
arbitral, el cual estará investido de la facultad de pronunciar una decisión
denominada laudo arbitral.4
1.1.1 Grecia y el imperio romano
La importancia del derecho romano en la actualidad no consiste solo en haber
sido un momento la fuente u origen del derecho. 5Su autoridad se reconoce a
4
Ulises Pitti, “Arbitraje”, (Seminario presentado en el proyecto de justicia USAID, en San
Salvador, El Salvador, Septiembre 2004), 5.
5
EugenePetit, “Tratado Elemental de Derecho Romano”, 5ª ed. (Editorial Jurídica
Salvadoreña, San Salvador, El Salvador, 2009), 18.
3
partir de los cambios que vienen a ser producto de una revolución interna que
ha surtido efectos en el ordenamiento jurídico que hoy día se aplica, y en
haber llegado a ser, como el cristianismo, un elemento de civilización
moderna.
La antigüedad y el oriente facilitan pruebas que podrían decirse de escasa
importancia; sin embargo, permiten conocer que tanto en Grecia como en
Roma existía la creencia de haberse adoptado instituciones de origen
extranjero; tradición de la que buena parte se perdía en la oscuridad de los
tiempos heroicos, y otra nos ubicaba en la época histórica (formación de la ley
de las doce tablas).
Es partir de la Ley de las XII tablas, que se concibe el procedimiento y la
intervención de un magistrado que tiene como misión impedir el ejercicio de la
justicia privada a través de la imposición de pactos entre las partes.
A partir de esto se reconocen desde el proceso clásico romano dos esferas:
una que viene a ser la del magistrado decisor y aplicador de sanciones que
conciernen a la colectividad, otra, la del magistrado que limita su acción a una
labor de conducción y contralor del proceso dando a las partes otorgamiento
de un papel fundamental6.
Conocer los orígenes del arbitraje implica conocer el Derecho Romano,
reconociendo que la institución del arbitraje en Roma, adquirió raíces propias,
por medio de la Ley de las XII tablas o también llamada ley de igualdad
romana, por medio de normas para regular la convivencia romana, en este
sentido tenemos la tabla IX-III, figura que regulaba el procedimiento y la
intervención de un magistrado, cuya función era impedir el ejercicio de la
6
Feldtein de Cardenas y Herbon Hebe, “El Arbitraje”, 38 (véase cap. 1, n. 3)
4
justicia privada basada en la venganza, a través de la imposición de pactos
entre las partes.
Historiadores como Plutarco y Tucídides, reconocían vestigios del arbitraje,
como medio pacífico de resolver cuestiones entre los pueblos, ciudades como
Grecia y Roma, cuyos recuperadores ejercían funciones muy similares a las
de los árbitros modernos. 7
El arbitraje nace en la cultura griega hacia el año 520 a.C., en los consejos de
la federación de pueblos y ciudades de la órbita de influencia política y militar
de Atenas, denominado arbitraje de la anfictionía,8 cuyo objetivo principal era
resolver los conflictos entre distintos grupos étnicos por parte de 12 ancianos
representantes de las diferentes tribus. Así también en la Grecia clásica
existieron árbitros de carácter público, elegidos de manera aleatoria entre 44
patriarcas quienes juzgaban las disputas criminales y públicas. Durante esta
época, la institución jurídica del arbitraje reconoció un notable desarrollo,
destacando en buena parte su origen, después de más de dos milenios, de la
actual estructura de dicho mecanismo jurídico, puesto que ya en el año 45
a.C., la ley de las XII tablas concedía firmeza y obligatoriedad a los acuerdos
entre los individuos.
El origen del moderno arbitraje en Roma,9 se ubica en el ámbito de la
protección que el pretor otorga a las prácticas, usos y costumbres peculiares
del tráfico comercial y del iusgentium, en el cual el fundamento no es ni el ius
ni las leges sino las fides y la moralidad.
7
Diccionario Enciclopédico (véase cap. 1, n. 1)
8
Refiriéndose a la antigua Grecia, confederación de las ciudades en los asuntos de interés
común. La formaban, por lo general, dos representantes de cada una de las ciudades
confederadas, ibíd. 290
9
Francesco Zappalá, “Universalismo Histórico del Arbitraje”, aplicable en el arbitraje
comercial internacional, (Facultad de Humanidades y Ciencias Jurídicas de la Pontificia
Universidad de Javeria, Colombia, 2010), 201
5
1.1.2 Época medieval
Lo característico de la figura del arbitraje en esta época, es que perdurara
durante todo el medioevo hasta la revolución francesa, viéndose presente la
problemática de derecho procesal como expresión del poder público, siendo
esto una expresión de los grupos económicos y sociales que se identifican en
sus propias y excluyentes manifestaciones antes que en las instituciones
estatales, hasta considerarlo el punto más seguro y natural de resolver
controversias entre ellos mismos, y no a un juez de una estructura externa.
Existen fuentes medievales que hacen referencia a las formas de juicio
arbitral. La lex visigothorum señalaba expresamente la institución, la lex salica
establecía que los apretictores pretii determinaban el valor de las cosas que el
deudor debía pagar al acreedor en caso de incumplimiento de la suma de
dinero. El brevario de alarico, en la zona de influencia ibérica, y el liber
iudiciorum disponían un arbitraje de carácter Justiniano con fuerza ejecutiva y
efectos de cosa juzgada. En la edad del derecho comunal las reglas
contenidas en el corpus iuris civilis, sobre iudex arbitrer y compromissum,
fueron ampliamente utilizadas por los juristas. 10
En el renacimiento jurídico medieval del sigo XIII11 y las nuevas exigencias de
la vida económica y social, maduradas en italia con la revolución de las
comunas y en espala con las siete partidas de Alfonso X Sabio, exigencias
que hacen progresar la divergencia entre el arbiter, que resuelve ajustado a
normas de derecho positivo secondum iudiciorum ordinem, y cuya decisión
está sujeta a recurso, es así como el arbitrator, que define, por lo general, una
causa civil ex bono et aquo, y sin posibilidad de impugnación.
10
Ibíd., 206
11
Ibíd.
6
La ejecutoriedad del laudo arbitral en las agremiaciones de mercantes y
artesanos es una conquista fundamental, acompañada por el abandono, o
mejor dicho por la ausencia de la autoridad estatal, que da apertura a un
periodo de oro para la autonomía e independencia de la clase de
comerciantes y artesanos, favoreciendo al interior de las corporaciones
profesionales el nacimiento del iusmercatorum como un derecho creado
directamente por la clase emergente, sin mediación de la sociedad política y
como derecho impuesto en nombre de una clase.
1.1.3 Edad contemporánea
El influjo político extraordinario ejercitado en los distintos pueblos medievales,
ha sido, a través de los siglos, el más solicitado por los árbitros, acción que se
ha visto prolongada a través de la edad moderna y la contemporánea,12 con
intervenciones tan importantes como la divisoria para la colonización de
América entre españoles y portugueses.
Esta época se rige por la libertad de las partes para concertar el
procedimiento del arbitraje, pero es común aceptar sin reservas las normas
establecidas en el convenio de la haya de 1899, revisado en 1907.
Por declaración bilateral de las partes en conflicto se nombran los árbitros, se
fija el asunto en discusión y los principios a los que deberán ajustarse. Se
distinguen en esto dos especies: la “arbitratio”, en que señalan de modo
concreto las reglas jurídicas y los antecedentes a los que ha de ajustarse el
arbitraje; por otro lado el “arbitrium,”13 es decir las reglas que los árbitros
12
Diccionario Enciclopédico (véase cap. 1, n. 1)
13
Se refiere, a la causa en la que el magistrado romano disponía de facultades amplias para
resolver; como en las acciones de buena fe. Así como la amigable composición en el
arbitraje internacional. Identificando así también figuras como el arbitriumboniviri, que se
recurría a él entre los romanos, cuando gozaba de la amistad o confianza de ambas partes,
para estimar las prestaciones o los resarcimientos en un negocio de buena fe;
arbitriumhonorarium, se llamaba. Ibíd. 352.
7
aplican discrecionalmente. Al primer juzgador se le llama “arbitrator”, al
segundo “arbiter”.
Antes de la revolución francesa se encontraba el edicto de Francisco II, de
agosto 1560, confirmado por la ordenanza de moulins, que imponía el arbitraje
forzoso en las diferencias entre mercaderes, las demandas de partición entre
parientes próximos, y las cuentas de tutela y administración.14En esos casos
se preveía que debían ser resueltas, sumariamente, por tres o más personas,
elegidas por las partes, y en caso de no hacerlo, debían ser elegidas por el
juez.
1.1.4 Antecedentes históricos del arbitraje en la legislación
salvadoreña
Es por medio de la administración de justicia investida por el poder público
como atribución propia y exclusiva de la soberanía de los estados, el arbitraje
se ha visto postergado en su papel, reglándose como un método alterno para
la solución de conflictos entre particulares sobre controversias patrimoniales,
reconocida en el ordenamiento jurídico salvadoreño por la constitución, en
conjunto con la jurisdicción ordinaria que ha venido en decadencia por lentitud
y falta de pericia y eficacia, siendo esto uno de los mayores obstáculos al
desarrollo comercial de las naciones, que supone debe estar amparada por
una administración de justicia pronta y cumplida.
A raíz de que los sistemas judiciales en los países subdesarrollados como es
el caso de El Salvador se encuentran saturados ya que los conflictos muchas
veces no son satisfechos ni en tiempo ni en calidad. El ordenamiento jurídico
salvadoreño, ha logrado una verdadera administración de justicia, que permite
14
Feldtein de Cardenas y Herbon Hebe, “El Arbitraje”,41.
8
la exclusión de la jurisdicción ordinaria al momento de juzgar la controversia
sometida a arbitraje. 15
En El Salvador, la figura del arbitraje tiene más de 100 años de formar parte
del ordenamiento jurídico; sin embargo era poco utilizado antes del 2002,
debido a la intervención judicial. El 11 de julio de 2002, la sociedad
salvadoreña aprobó la ley de mediación conciliación y arbitraje, reconociendo
la utilización de medios alternativos para buscar soluciones agiles a los
conflictos tratados con sencillez, flexibilidad y privacidad, elementos
esenciales en las reglas mercantiles.
Seguidamente en la reforma realizada el 1 de octubre de 2009, sobre la ley de
mediación conciliación y arbitraje, destacando sobre ello los siguientes
aspectos: el laudo arbitral pronunciado en el arbitraje de derecho es apelable
con efecto suspensivo, y será juzgado por las cámaras de segunda instancia
con competencia en materia civil. Esta reforma vino a burocratizar, restar
agilidad, provocar desconfianza y debilitar el arbitraje, que ha sido reconocido
Como un elemento de seguridad jurídica esencial, es también así señalado
por Fusades en la posición Institucional N° 21, en octubre de 2009.16
En la república de El Salvador luego de los acuerdos de paz, las leyes
procesales fueron rescatadas por el doctor Isidro Menéndez en su obra
“recopilación de leyes patrias”, y es en esta donde se refleja el primer
antecedente del arbitraje en el país, en la ley tercera, título III, libro V, referido
a los juicios conciliatorios instaurándose las regulaciones del arbitraje en los
artículos 2346 y 2347 relativo a los objetos sujetos a conciliación y el tipo de
procedimiento, estableciéndose la figura del arbitraje como un procedimiento
15
Posición Institucional en el Arbitraje: un paso atrás en el Arbitraje”, acceso el 15 de
diciembre de 2017, http://fusades.orgsites/default/files/investigaciones.com.
16
Ibíd.
9
en cual intervenían directores del proceso o administradores de conflictos en
conocimiento como por ejemplo alcaldes, litigantes, jueces árbitros,
particulares.
A raíz de lo anterior los procesos arbitrales se trataban conforme a los
procesos conciliatorios; obteniéndose su regulación sistemática el 20 de
noviembre de 1857 en el código de procedimientos civiles y formulas
Judiciales en su libro I, título II, capítulo III nombrándose “de los juicios por
arbitramiento”. Conteniéndose dichas disposiciones en el código de
procedimientos civiles, en la sección III, capitulo II, título I, libro I, referido a los
juicios por arbitramiento, siendo este derogado por la ley de mediación
conciliación y arbitraje.
En el código de procedimientos civiles se denotaban disposiciones referentes
a la definición de juicio arbitral (art 56),17 división de árbitros de derecho y
arbitradores (art 57) y lo más importante en su artículo 62 como someterse los
conflictos al juicio arbitral. Además se establecía otra disposición importante a
este tipo de juicos referente a los asuntos que no pueden ser sujetos al
arbitraje estableciéndose en su artículo 64,18 siendo dichos asuntos los
siguientes: a) Las causas sobre intereses fiscales y las de establecimientos
públicos, salvo las que procedan de contrato en que se haya estipulado el
arbitramiento; b) Las de beneficencia; c) Las de divorcio; d) Las de
donaciones o legados para alimento, habitación o vestido; e) Las del estado
civil de las personas; f) Las de aquellas personas naturales o jurídicas, que no
pueden representarse a sí mismas, si no es en los casos y con las
formalidades prescritas en el código civil.
17
Código de Procedimientos Civiles De La República De El salvador (El Salvador, Asamblea
Legislativa de El Salvador, 1978).
18
Ibíd.
10
Respecto al fallo versaba en que tanto los jueces árbitros o arbitradores
debían estar presentes y la sentencia era reflejada por la mayoría de votos,
siendo firmada por todos. No obstante, en caso de discordia intervenía un
tercero, teniendo el termino de 15 días para dictar el fallo, corriéndole el
termino desde el momento de aceptación del cargo según lo preceptuado en
el artículo 72.
Otro punto que no hay que dejar desapercibido es el referido a los recursos
admitidos siendo los procedentes el del recurso de apelación y el de nulidad
siendo una odisea por la falta de delimitación de esta materia,
estableciéndose además en otro apartado el de aclaración y el de la reforma
de la sentencia.19
El modo de proceder del arbitraje en materia de comercio era similar a las
formas civiles con algunas variables, así como la ineficacia de la presunción
del compromiso arbitral cuando es elaborado en escritura pública y que en la
escritura de constitución de los socios se determinaba que los conflictos que
surjan por interpretación de contrato social o con motivo de negociaciones
comunes se resolverían por tribunales o por árbitros.
Lo referente al procedimiento del juicio arbitral se preceptuaba en el código de
procedimientos civiles vigente el catorce de junio de 1973, pero que luego las
disposiciones de dicho cuerpo normativo fueron derogadas por la LMCA.
1.2 Antecedentes históricos de los medios de impugnación
Los recursos en el transcurso de la historia han evolucionado, es así como en
el derecho canónico tanto los medios de impugnación como los recursos son
19
Código de Procedimientos Civiles de la República de El Salvador citado por, Flor de
MaríaMacías Orellana y Samael Alexander Alfaro Nolasco, “El Recurso de Nulidad en el Proceso
Arbitral como Único Medio de Impugnación Idóneo en la Ley de Mediación Conciliación y
Arbitraje·” (Tesis de Grado, Universidad de El Salvador, El Salvador, 2017). 31.
11
inconcebibles debido al carácter piadoso de las sanciones o decisiones en
que se ventilaban los conflictos, representándose el juicio mismo como una
expresión divina teniendo ese carácter firme. Luego en una etapa posterior
nacen los recursos como medio de revisión de sentencias.
La historia enfatiza que los egipcios tenían una jerarquía judicial y recursos,
estando un órgano superior, siendo este la corte suprema compuesta de 30
miembros seleccionados por las ciudades de Menfis Tebas y Heliópolis.
En la época antigua en las ciudades de Esparta y Atenas se ve reflejado la
justicia democrática dándose cabida a los recursos de forma expresa,
teniendo la potestad cualquier ciudadano para emitir una acusación por un
delito público, ante un arconte (magistrado que gobernó después de la
monarquía); considerándose al arconte como un funcionario estatal al cual se
le presenta la disputa para dar inicio al proceso, para que subsiguientemente
se convoque al tribunal que ha de conocer de la causa, posteriormente dicho
tribunal emitía un fallo el cual era apelable ante el parlamento del pueblo. Con
el fin de impedir la ejecución de la sentencia.20
En los tiempos primarios “la representación del recurso que aparece atado a
lo que es la apelación como medio impugnativo” no existe. Perfilándose la
cosa juzgada como absoluta y la sentencia como imperturbable.
Según la ley judicium de augusto, se apelaba en primera instancia ante el
prefecto y posteriormente ante el emperador. Luego con la aparición de Marco
Aurelio se institucionalizo una novedad: la apelación de las sentencias del
iudex (arbitro) ante el soberano que lo había designado.
20
Enrique Vescovi, “Los Recursos Judiciales y demás Medios Impugnativos en
Iberoamérica” (Argentina: de palma, 1998), 16.
12
En el derecho germano más antiguo no se concibe la figura de los recursos,
debido a que el proceso es una manifestación de la divinidad derivándose su
forma infalible. El juicio se proclamaba en la asamblea del pueblo y el
presidente pregonaba la decisión que era inalterable.21
La aprobación en esa época se realizó por razones históricas, se enredaba el
sistema germano con el romano en el cual se principiaba la aparición de la
apelación como remedio ordinario y dos extraordinarios: la suplicatio y la
restitución in integrum.22
En el derecho canónico, por imperio romano, surgieron los recursos de
apelación, de nulidad y la querella nulitatis. El procedimiento extra ordinem,
convirtió las funciones de los arcaicos jueces privados convirtiéndose la
sentencia en un acto formalista, dando nacimiento a los medios de
impugnación, es decir, emanaron medios aptos al reexamen de las sentencias
por jueces superiores,
A estos jueces se les conocía como judicesdat. lo que influyo en la evolución
del proceso fue el régimen de la apelación, ya que el proceso privado de la
época de la Republica se enmarcaba en una instancia y no había un recurso
disponible contra la sentencia ni medio de impugnación, a partir del
principiado se asignó al soberano el derecho de modificar las decisiones
contra las cuales se hubiese apelado el perdidoso”.
Es en Roma donde inicia la historia científica de las instituciones jurídicas del
perfeccionamiento de nuestros institutos, pasando por diversas épocas
monarquía república e imperio. En la república romana, las partes disponían
de los recursos siguientes:
21
Ibíd.17.
22
Ibíd.
13
a) La intercesión del magistrado superior en esta alternativa se marcaban por
ejemplo al pretor o los cónsules, quienes tenían la potestad de vetar la
decisión de un magistrado igual o inferior.
b) La inintegrum restitutio la cual establecía la nulidad de la sentencia, cuando
en la disputa se imponía un acto jurídico o se aplicaba equívocamente
principios del derecho civil, que perturbaba a alguno de los contendientes por
resultar injusto o inequitativo, o cuando se hubiese sido víctima de dolo, de
intimación o de un error justificable o se revelase la existencia de un
testimonio falso, en el que se hubiere asegurado la resolución.
c) La revocatio in duplum, era calificado el recurso por medio del cual el
deudor invocaba la nulidad de la sentencia dictaminada con violación de la
ley, pero si no era probada la causa de invalidación de la sentencia al
recurrente se le duplicaba la condena, de esto se proviene la impugnación.
d) La apellatio el origen de este recurso se remonta en la ley Julia Judiciaria
del emperador Augusto, que facultaba primero a apelar ante el prefecto, y
posteriormente ante el emperador; naciendo cuando ya existía una jerarquía
entre magistrados facultados de impartir justicia, teniéndose su lleno
desarrollo en la cognition extraordinaria.23
En el tiempo del imperio, en el supuesto de existir una apelación contra las
determinaciones de los representantes, el recurso se interponía ante el
emperador, escuchando a las partes en el caso de que el juicio de primera
instancia se había gestionado con su intervención; de esta manera, se
expresaba la potestad jurisdiccional del emperador. El recurso de apelación
en la época imperial se principiaba y resumía en una petición dirigida al
emperador que ocupaba el ángulo del orden constitucional, ya que estaba
23
Agustín Bravo González y Beatriz Bravo Valdez, “Compendio de Derecho Romano”,
(México: Porrúa, 1994), 296.
14
apto para inspeccionar y reexaminar las acciones de los funcionarios que
dependían jerárquicamente de él.
Con la entrada del sistema inquisitivo, se sitúa en completa indefensión a las
personas a las que se le atribuía un hecho de esa naturaleza, pues el interés
de por sancionar de forma intensa y eficaz el pecado, no suponiendo el
resarcimiento del imputado y no le concedía a este recurrir del fallo emitido
por el tribunal del santo oficio.
Es así como los recursos nacen en el derecho griego y romano, causando que
estos pueblos han sido plataforma del derecho occidental, sobre todo el
derecho romano que subsiguientemente con el progreso de la historia
humana, los recursos se han instituido como una de las corporaciones
jurídicas esenciales dentro de los ordenamientos procesales que se presiden
en la actualidad.
En las ordenanzas alfonsinas (1446 a 1521) se admite la apelación frente a
las sentencias definitivas y el agravado instrumento, que era un recurso contra
ciertas sentencias interlocutorias.
En la revolución francesa, en todos los mandatos, trajo innovación en la
materia procesal y de los recursos. Una primera predisposición fue la
desaparición de los recursos, considerando al juez súbdito de la ley, la cual
solo podía aplicar y no interpretar sin embargo inminentemente se reconoció
el principio del doble grado, permitiendo la posibilidad de la apelación.
En protección de la ley y de los fueros del saber legislativo en cara a los
jueces, de los cuales se sospechaba mucho en virtud de la ascendencia en
que habían caído en el “AncienRegime”, surge la casación creando un órgano
15
(del parlamento primero: del ejecutivo después) con la ocupación de vigilar
como se empleaba e interpretaba cabalmente la ley. 24
Ya en la época contemporánea con su predisposición a eliminar el exceso de
instancias en un interés por aligerar el proceso, que se ha dispuesto muy lento
y cuya lentitud es cada vez más desventajoso a una sociedad expedita en
muchos aspectos y con un penetrante índice de inflación.
Ante los juzgados colegiados se concedían los recursos de apelación y
suplica o en “vista” y “revista”. Se aceptaba contra lo resuelto una segunda
“suplicación” o “recurso extraordinario de nulidad o injusticia notoria” ante el
rey de España.
En secreto entonces se reflejó, desde siempre por imperio romano y
aplicación de las partidas. La apelación “alcada”, una “revocación por falsas
pruebas” que instituye una revisión y la nulidad. Se permitían los recursos de
aclaratoria y revocatoria como actualmente.
Los recursos concluían, en un muy complejo sistema, que cogía hábilmente
todos los recursos que hoy existen, pero con un formidable importe de
instancias, se dice que podían llegar a cinco 25
El avance de los recursos se involucra con la organización judicial de cada
pueblo. En la época teológica-publica en la que la justicia era la función
principal del gobernador, quien la gestionaba personalmente, los recursos se
consideraron cosa innecesaria, ya que, si regía por voluntad divina, era
inaudito que pudiera cometer injusticias, ya que como iba ser permisible que
24
Vescovi, “Los Recursos judiciales”,19 (véase cap. 1 n. 20).
25
R. Podetti, citado por Enrique Vescovi, “Los Recursos Judiciales y demás Medios
Impugnativos en Iberoamérica” (Argentina: de palma, 1998), 19
16
la divinidad por medio de su elegido los cometiera. Como se ve, la justicia
comprendida mediante la interpretación del juicio de la divinidad, se considera
verdadero.
En una primera intervención había una noción muy primitiva de la justicia,
como la del proceso germánico primitivo, con una recalcada tonalidad divina,
el advenimiento de los recursos no se concibe, porque el juicio era una
expresión de la divinidad y asumía el carácter verdadero de esta. En
consecuencia la sentencia no podía ser indigna desde que la divinidad no
podía equivocarse. Ni motives de legalidad ni de justicia podían estipular una
revisión del fallo. Pero cuando la causa se hace laica, van naciendo los
recursos como medios de revisión de la sentencia, que ya no tiene por qué
considerarse verdadero. 26
El recurso de apelación aparece como el más arcaico con recorrido histórico.
Tiene sus inicios en el instituto romano de la “provocatio ad populum” esta había
sido acogida en la época de la monarquía, como rectificación contra las
providencias de condena de los “quaestoresparricidii” y de los “duoviriper-
duelliones” que realizaba el magisterio rectamente investidos por el rey.
El uso de este remedio que indudablemente acogido en el periodo de la
república. La “provocatio” era dada solamente a los ciudadanos romanos de
sexo masculino frente a las más graves condenas, residía en el derecho de
expresarse ante los comicios “centuriales” o, en caso de condena a pena
pecuniaria, a los “concilios tributarios” para que resolvieran si la condena
debía ser mantenida o revocada.27
26
J. Eduardo Couture, citado por, Miguel Alberto Trejo Escobar, “Los Recursos y Otros
Medios de Impugnación en la Jurisdicción Penal”, (El Salvador: Triple D, 1998), 15.
27
Ibíd., 17.
17
En el derecho romano imperial con la creciente amplificación de la “cognitio
extra ordinem”, nacen los supuestos históricos para el comienzo de la
“apelación penal” con tal remedio es el soberano quien asume y ejercita poder
de juzgar, y como lo hace ordinariamente por medio de jueces que lo
constituyen, que son sus representantes, resulta lógico que en general,
pudiera apelarse. Ante él o ante los jueces superiores que lo figuraban más
directamente, de las sentencias que dictaban los jueces inferiores. Al
terminable se consagraba una gradación jerárquica y el soberano no conocía
más que de la apelación interpuesta contra los fallos de los “iudicesillustres”.
El recurso de apelación se conservó, siguiendo el modelo romano durante la
edad media y obtuvo nueva fuerza en las ulteriores legislaciones,
especialmente españolas, trasladadas a nuestro derecho conquistado.
El recurso de casación, con sus particulares vigentes, tuvo su indiscutible
arranque, en el derecho francés, y más exclusivamente, en el “tribunal de
cassation”, fundado durante la revolución francesa por el decreto de la
asamblea constituyente francesa el 27 de noviembre de 1790. El camino
decisivo anterior al aparecimiento del tribunal de casación fue dado en 1579,
con el “conseil des parties” establecido por la monarquía absoluta para
resolver, por encomienda del soberano, las “demandes en cassation”.
El tribunal principal sufrió diversas alteraciones hasta convertirse en lo que
hoy recibe el nombre de “cour de cassation”, cuya ocupación fundamental ha
consistido en consolidar, en la medida de sus posibilidades, la jurisprudencia.
Mas antiguamente, la casación se afianza con la “querelanullitatissanabilis”.28
El recurso de revisión tiene arraigos antiguos. Sus diversas particularidades
28
Ibíd., 18-19.
18
históricas arrancan de la “querella nullitatisinsanabilis” que dio existencia a la
revisión de pauta germánico y de la “restitutio in integrum” que instituyo la
fuente del sistema francés. En esta legislación, el recurso fue encajado en la
“ordenanza criminille” de 1670, con la designación de “letres de revisión” que
otorgaban al soberano el derecho de situar, sin ninguna restricción, la revisión
de la sentencia.29
Con la revolución francesa el instituto fue, en estreno, extinguido, pero la ley
del 15 de mayo de 1975 instituyó la revisión de las sentencias por
“inconciliabilidad de cosas juzgadas” y el código de instrucción criminal de
1808 agrandó los asuntos de revisión incluyendo las condenas por falsedad
de pruebas. En este código se infundo la revisión del derecho español y a
través de este, camino a nuestra legislación procesal.
1.2.1 Antecedentes históricos del recurso de apelación
Para comprender una institución jurídica es necesario analizar el parámetro
inicial de esta siendo este parámetro su historia. Esto permitiendo intuir sus
progresos a través del tiempo y de los acaecimientos que la rodean. Por lo
que a continuación se ostenta los parámetros del desarrollo del recurso de
apelación a nivel nacional e internacional, tomando en cuenta que la
naturaleza humana tiene el aspecto exclusivo de querer buscar la solución de
controversias para lo cual se emana dicho poder a una autoridad especifica
por lo que se relaciona a los recursos como una lucha de poder, debido a que
aun en las comunidades más primitivas, el poder era ejercitado por un
gobernante (llámese patriarca, rey, sumo sacerdote, jefe, cacique, páter
familia, etc.); estos gobernantes eran quienes ejercían el control social por
medio de disposiciones tomadas en aras de restituir el orden del grupo. Por lo
cual no era necesario ningún medio que impugnara estas decisiones.
29
Ibíd., 20.
19
El poder otorgado a este gobernante, cacique, jefe, patriarca, etc., era
fundado ya sea por mandato divino, por la ley del más fuerte o incluso por
edad, por lo cual era incuestionable, infalible e irreprochable las decisiones o
resoluciones que tomaban, ya que no podía ponerse en duda su autoridad y
soberanía, estas decisiones eran además vinculantes erga omnes. Por lo cual
se asevera, que la materia recursiva debe concebirse como una moderna
garantía contra la arbitrariedad de los ajusticiados, donde los procesos en
única instancia son una negación del debido proceso. 30
La apelación (appellatio) mana desde el principio del imperio romano, con la
ley julia judicataria, en los tiempos de Augusto, ocasionado del derecho de
veto que tenía todo magistrado sobre las decisiones de un magistrado igual o
inferior, a través de la intercessio opuesta a gestión de parte. Este veto podía
no sólo revocar la sentencia impugnada, sino incluso de oficio, permitía al
superior anularla y dictarla de nuevo.31
Esta nueva resolución tenía también apelación hasta agotar los grados de
jerarquía al llegar a conocimiento del Emperador, quien podía delegar su
resolución a los prefectos. El recurso o intercessio era una orden emitida por
el magistrado para impedir que una ordenanza del iudice fuese ejecutada si
atentara contra las libertades públicas. Se presentaba ante el superior (ad
quem) sin necesidad de fundamentar el recurso, bastando solo denunciar el
vicio atacado y se admitía en efecto suspensivo.
La appellatio se consideraba un poder de señorío de los órganos superiores
para fiscalizar a los inferiores y no como un derecho que tienen las partes.
30
Trejo Escobar,“Los Recursos y otros Medios de Impugnación,15 (véase cap. 1 n. 26)
31
C. A. Picado Vargas, “Origen romano de los recursos y su influencia en la actual estructura
jerárquica judicial”, Universidad de Costa Rica, XVI Congreso Latinoamericano de Derecho
Romano, 2008, 1-3.
20
Naciendo entonces la apelación, en la era imperial, como una herramienta de
aglutinación del poder. Durante la época de los césares, era necesario reunir
el poder diseminado en las provincias romanas, lo cual, como efecto reflejo, y
quizás no voluntario, permitió disminuir los abusos de los gobernadores de
provincia y fortalecer el derecho.32 En cuyo momento existía dicho recurso no
como tal y como se le conoce en la actualidad sino más bien como una forma
de recurrir al soberano a manera de peticiones, aunque existían limitaciones
porque no todos podían solicitarlo.
Existieron rivalidades entre el poder eclesiástico y el poder religioso, en
cuanto a creer y adecuar sus oportunas vías de recursos, principalmente el de
apelación, que llegaron a conseguir un gran auge; y es así como la
fragmentación de poderes políticos, características de la edad media, impedía
especialmente además, la existencia de un principio de jerarquía judicial,
necesario como elemento natural para la implantación y desarrollo del recurso
de apelación.33
La revolución francesa en consecuencia trajo transformación en la materia
procesal y de los recursos, una primicia fue la eliminación de los recursos,
creyendo al juez siervo de la ley, la cual solo podía aplicar, y no "interpretar".
Pero prontamente se reconoció el principio del doble grado, admitiendo la
posibilidad de la apelación y su defensa de esa ley, y de los fueros del poder
legislativo frente a los jueces, de los cuales se desconfiaba mucho en virtud
del desprestigio en que habían caído en el "AncienRégime” aparece la
casación, creando un órgano con la función de vigilar como se aplicaba
correctamente la ley.
32
Ibíd., 66.
33
Q. G. Pinto Quintanilla y otros, “Modernización del Recurso de Apelación”, (Tesis de grado,
Universidad de El Salvador, San Salvador, 1994), 11-13.
21
Se llega a la época contemporánea, con su predisposición a liquidar el exceso
de instancias, en un afán por acelerar el proceso, que se ha hecho muy lento
y cuya lentitud es cada vez más pernicioso a una sociedad apresurada en
muchos aspectos, y con un alto índice de inflación, además, los recursos se
mantienen dentro de las características apuntadas, y salvo las diferencias que
el estudio del derecho comparado y de cada instituto en particular nos
muestra.34
1.2.1.1 Antecedentes históricos a nivel internacional
La temática que ocupa la presente tesis, vuelve necesaria ahondar en los
orígenes del recurso de apelación desde una perspectiva internacional
basado en distintas épocas de la historia, para ulteriormente conocer sus
antecedentes a nivel nacional tanto en la normativa como en el ámbito
jurídico-social.
El recurso de apelación surge como un medio necesario de organización del
sistema administrativo de justicia que ratifica el poder del soberano,
suministrado por la organización judicial en grados que involucraba una
institución política, en algunos casos de represión, más no sus orígenes como
un instrumento de libertad de ajusticiado ante el poder institucionalizado. Dado
esto se expresa que el recurso de apelación no nace como una garantía de
los ciudadanos.
La edad media considerada una de las más importantes para las primeras
regulaciones del recurso de apelación. En la civilización egipcia coexistía una
jerarquía judicial en la que se establecían recursos, por medio de los cuales
34
J. C. Echeverría Martínez, “Los Medios de Impugnación en el Proceso de Menores”, (Tesis
de grado, Universidad de El Salvador, San Salvador, 2000), 40-44.
22
los ciudadanos podían recurrir a un órgano superior, que nombraban “la
corte”, la cual estaba compuesta por treinta miembros. 35
La justicia, privilegiada real, acomodaba un conjunto de leyes escritas, sin
pena de muerte ni castigos brutales, “donde la apelación era un derecho
egipcio contra la última instancia el cual era el rey.
El recurso de apelación se estableció en el derecho romano, que se desarrolló
a través de los diferentes sistemas de organización política que le sucedieron
“monarquía, república e imperio”.36
El inicio de la segunda época de Roma, nombrada la república, con la llegada
de Servio Tulio en el año 166 de Roma, proporcionó el inicio de una cadena
de reformas, convocándose a la asamblea del pueblo de tres maneras
diferentes una era “los comicios curiales”, que se encontraban integrados por
patricios, los cuales gozaban de escasa competencia; el segundo eran los
“comicios centuriales”, integrados por patricios y plebeyos; los terceros eran
los “comicios por tribus”, en la cual eran aceptados los ciudadanos de más
baja condición económica en un plano de igualdad, los cuales atendían
siempre asuntos políticos. Al final de la república las partes podían disponer
de los recursos que se denominaban; la in integrumrestitutio; la revocatio in
duplum y la apellatio.
Esta nueva resolución tenía también apelación hasta agotar los grados de
jerarquía al llegar a conocimiento del emperador, esto en vista que en el
régimen del Estado romano autocrático tenía la última palabra.
35
Verónica Elizabeth Moreno Amaya y Otros, “La interpretación y aplicación del recurso de
apelación adhesiva en la Ley Procesal de Familia”, (Tesis de Grado, Universidad de El
Salvador, San Salvador, 2000), 14.
36
J Maeir, “Derecho Procesal Penal Argentino”, (Ed. Hammurabi S.R.L., Buenos Aires,
1989), 30.
23
Es entonces, que la apelación surge en principio al organizar los tribunales de
instancias interpuesto contra las injusticias cometidas por la sentencia, estás
validas en sentido procesal de la palabra, puesto que contra las sentencias
nulas era improcedente porque para los romanos era imposible apelar de algo
inexistente. “Bajo los emperadores cristianos se restringió el derecho a apelar,
siendo justiniano quien prohibió usar de dos o más apelaciones sucesivas, no
obstante bajo su reinado se le dio a este recurso la trascendencia que tiene
aún en El Salvador. 37
Luego se da el derecho Justiniano y en esta época el recurso tuvo pocos
cambios como por ejemplo se ideaba la apelación como una queja o recurso
que se exponía ante un magistrado de orden superior contra la ofensa hecha
por alguien de condición inferior en una resolución pronunciada en perjuicio
del apelante. “Se consideraban dos tipologías de la apelación, una judicial y
otra extrajudicial”. En cuanto a la judicial esta se interponía contra una
sentencia definitiva, y en casos excepcionales en contra de una interlocutoria.
Por otra parte, la extrajudicial se empleaba contra actos extrajudiciales, tales
como los nombramientos de los decuriones. Las partes o aquellas personas
que tuviesen un interés legítimo podían plantear este recurso. A excepción de
los esclavos, los condenados por renuencia o por crímenes graves.
La apelación se podía interponer ante el juez al momento de pronunciada la
resolución con lo cual bastaba con decir “yo apelo”; o por escrito dentro de los
diez días, expresando en el recurso el nombre del apelante e invistiendo la
sentencia contra la que se interpone el recurso. Introducida la apelación ante
el juez este debía entregar al apelante unas cartas llamadas libellisdimissorii o
apostoli, que se enviaban al magistrado superior que era quien conocía de la
37
Luis CedillosMembreño, “Consideraciones sobre el recurso de apelación en el nuevo
código procesal penal”, (Tesis de Grado, Universidad Multidisciplinaria de Oriente, San
Miguel, 2000), 53.
24
apelación y la resolución apelada; una vez proveído de estas cartas, el
apelante debía mostrarse ante el tribunal ad quem, solicitándole que se le
señalara un término para continuar el recurso, si no lo continua, caduca el
recurso y la sentencia apelada puede ejecutarse.”
Mientras no se dictará resolución en cuanto al recurso de apelación la
sentencia que fue recurrida quedaba en suspenso como si no se hubiese
dictado.
En la edad media es donde se ve renovado el régimen de múltiples instancias,
por influencia romana perdura la apelación con solo sutiles reformas. En el
siglo IV con la caída del imperio romano se dio inicio a un nuevo curso para la
historia universal, no sufriendo relevantes modificaciones en los primeros años
a pesar de que llego a su fin el aporte que los romanos dejaron en el derecho,
pero estos cambio se procuraron con posterioridad, dadas los nuevos
intereses económicos, políticos, sociales y sobre todo de la iglesia en sí, con
el auge del derecho canónico.
Con la desintegración del imperio romano, hasta su desaparición en el año
476, Roma pasó de ser la ciudad de los emperadores a la de los papas. “La
iglesia heredó la forma administrativa, estableciendo, además, una serie de
procedimientos destinados a la averiguación de faltas y delitos leves
cometidos por el clérigo, bajo el cual se permitía, además, la impugnación de
las resoluciones pronunciadas por los jerarcas de la iglesia”.38
1.2.1.2 Antecedentes históricos a nivel nacional
La apelación, discurrida como un medio dado a los litigantes para requerir y
38 René Belisario Carranza Tejada, “Análisis de las finalidades del recurso de apelación en
el Código Procesal Civil y Mercantil, de sus ventajas y desventajas procesales”, (Tesis de
grado, Universidad de El Salvador, San Salvador, 2012), 29.
25
alcanzar, el resarcimiento de una sentencia injusta, es una institución que data
indudablemente de la más remota antigüedad. Desde que hubo litigantes y
jueces que dictaron sentencia tuvo que coexistir el reproche de la parte que se
reputó lesionada en sus intereses por la arbitrariedad. 39
La normativa procesal civil reguladora del recurso de apelación, se encontraba
gobernada por la constitución española del 18 de marzo de 1812, como por
las leyes de partida contiguo con la novísima recopilación, está instituyó la
base primordial para la composición del código, en 1843 mediante decreto de
cámaras legislativa delegada por el presbítero y doctor Isidro Menéndez, se
elaboró el anteproyecto del código de procedimiento judiciales. Ordenándose
la divulgación de este proyecto el 8 de marzo de 1846.
En el año de 1857 el presidente Rafael Campos solicitó a la cámara legislativa
que se designara una comisión a la que se designara la revisión del proyecto,
estando compuesta por tres abogados: el presbítero y doctor Isidro
Menéndez, Ignacio Gómez y Anselmo País y posterior a ello, dicho proyecto
se declaró ley de la república mediante decretó ejecutivo el día veinte de
noviembre de 1857, permitiendo el uso del derecho de apelar a cualquier
interesado en la causa, entendiéndose que es todo aquel a quien la sentencia
perjudica o aprovecha en el Art. 1548.40 De esta manera se constituyó el
primer código de procedimientos civiles y criminales de El Salvador.
A dos años de vigencia se designó otra comisión, que elaboró reformas que
dieron pie a un nuevo código, separando así las dos normativas, tanto las
civiles como las penales, pero en un solo volumen o cuerpo normativo, el
39
F. Arrieta Gallegos, “Impugnación de las Resoluciones Judiciales”, (Editorial Jurídica
Salvadoreña, San Salvador, 1999), 34.
40
Padilla y René Velado, “Apuntes de Derecho Procesal Civil Salvadoreño”, Tomo II,
(Recursos Judiciales, Jurídica Salvadoreña, San Salvador, 1948), 30.
26
ejecutivo en el año de 1863 como ley de la república decretó el código de
procedimientos civiles y código de instrucción criminal, incorporándoles
reformas en el año de 1878.
En 1880 la constituyente autorizo la promulgación de ambos códigos haciendo
lo mismo la asamblea legislativa mediante decreto el 28 de febrero de 1881,
concluyendo el trabajo de las reformas la comisión nombrada ese mismo año.
Siendo así que desde 1882 solo ha sufrido reformas con las cuales se ha
mantenido a la vanguardia de los derechos y con las cuales se ha
modernizado los procedimientos en las distintas normas del derecho.
La creación de los recursos tiene como base firme la impugnación de las
resoluciones que ocasionen agravio a las partes procésales.El recurso de
apelación procura la modificación, revocación, o anulación de las sentencias
pronunciadas por el juez, como antecedente a un proceso reglamentado que
tiene como finalidad manifestar e instituir la verdad.
En el código de procedimientos civiles los recursos no mostraron cambios, se
mantuvo igual, al procedimiento en segunda instancia, incluyendo el recurso
de apelación, dicho código es el antecedente inmediato y escrito de la
regulación del recurso de apelación, tomando en cuenta que funciono desde
tiempos de la colonia, es el antecedente inmediato jurídico el derecho
español.
En la legislación procesal civil salvadoreña, es importante considerar algunos
aspectos históricosdel recurso de apelación, como por ejemplo: que en todos
los códigos y ediciones se conservó la misma definición que tiene el art. 980
del derogado código de procedimientos civiles: "apelación o alzada es un
27
recurso ordinario que la ley concede a todo litigante cuando se considere
agraviado por la sentencia del juez inferior, para reclamar de ella ante el
tribunal superior," en los artículos y ediciones siguientes como el código de
1857 en su art. 1546, el código de 1863 en su art. 840, código de 1880 en su
art. 956 código 1880; art. 952 edición de 1893; art. 1023 edición de 1904; y
art. 980 edición de 1916.41
Otra consideración del recurso de apelación es el término para interponerlo,
se muestra en el antecedente español de la ley 22, título 23, parte, 3 en el que
se confería diez días para poder apelar; en la ley, título 20, libro 11 de la
novísima recopilación, restringió el término a cinco días incluyendo el día de la
notificación de la sentencia, el cual no se contaba en la práctica.
Los mismos parámetros siguió el legislador en el código de 1857 instituyendo
en el artículo 1547 que el término para apelar toda sentencia seria de cinco
días contados desde el día siguiente al de la notificación. En el código de
1863, no se contaba el día en que fue emitida la notificación, añadiendo que la
notificación debía ser pertinente, es decir, notificada a la parte que interpone
el recurso.
El término de cinco días contados a partir de la notificación, permaneció en la
edición de 1878 en el Art. 835; esto hasta la entrada en vigencia del código de
1880, ya que en su Art. 957, se acortó el plazo de cinco días, a tres, contados
siempre en la misma forma, y así continúo en las otras ediciones.
Para lograr la modernización de la legislación procesal civil y mercantil y dejar
atrás la legislación del código de procedimientos civiles de 1882 y la ley de
41
Código de Procedimientos Civiles, (véase cap. 1, n. 17)
28
procedimientos mercantiles de 1973, se tiene a bien crear el código procesal
civil y mercantil mediante decreto legislativo 712, emitido en fecha 18 de
septiembre de 2008, sancionado el 14 de noviembre de 2008, publicado en el
Diario Oficial N° 224, Tomo N° 381 del 27 de noviembre de 2008.42
42
Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales, Asamblea Legislativa de la República
de El Salvador, Exposición de Motivos del Código Procesal Civil y Mercantil, (San Salvador,
2008), 1.
29
CAPITULO II
GENERALIDADES DEL ARBITRAJE Y EL RECURSO DE APELACIÓN
En este capítulo está enmarcado lo referente a la figura del arbitraje y del
recurso de apelación, específicamente su concepto, naturaleza, objeto,
principios, clasificación, y el marco normativo aplicable, desarrollándose
ampliamente el procedimiento arbitral según la ley de mediación conciliación y
arbitraje (LMCA) desde su admisibilidad hasta su improcedencia, y
someramente el recurso de apelación según el código procesal civil y
mercantil (CPCM).
2.1 Concepto de arbitraje
El trámite en el proceso arbitral, se da ante los jueces que no son del estado,
pero que si en el caso lo fuesen intervienen como un particular. En otros
cuerpos normativos se permite a los funcionarios del estado actuar como
árbitros pero no desempeñando una función del estado.43
El juicio arbitral es un método heterocompositiva en el cual se soluciona un
conflicto, en el que hay un convenio voluntario al cual se someten las partes
intervinientes, a través de un tercero imparcial, designado por ellas, que tiene
como fin resolver la controversia de una forma definitiva e irrevocable, siempre
que el conflicto sea conforme a derecho. 44 Este proceso consiste en un
compromiso en el cual se someten ambas partes exponiendo las cuestiones
43
EduardoPalladares, “Derecho Procesal Civil”, 4° ed. (México: Porrúa, 1971), 579.
44
Víctor Moreno Catena y Valentín Cortez Domínguez, “Derecho procesal civil Parte
Especial”, 3 ed., (Valencia: España Tirant To Blanch, 2008), 303
30
que quieren resolver a través del arbitraje, seleccionando a los árbitros o
amigables componedores estableciendo los requisitos del proceso y de la
sentencia conocida como laudo.
El arbitraje se considera una forma heterocompositiva así como el juicio de
amigables componedores y el proceso judicial; teniendo la potestad un tercero
imparcial el cual interviene en los supuestos que derivan del convenio entre
las partes a fin de garantizar el cumplimiento del laudo arbitral. 45
Entendiéndose el arbitraje como un compromiso para que no conozca vía
jurisdicción ordinaria. En el que el árbitro no actúa como funcionario del
Estado, no tiene jurisdicción, ni propia ni delegada; no actúa la ley, no la
ejecuta; sus funciones derivan propiamente de las partes intervinientes 46
conforme a la ley; es decir, su decisión (sentencia arbitral o laudo) es
irrevocable por voluntad de las partes, pero no es ejecutiva.
El Estado ejecuta el laudo arbitral, mediante un acto de un órgano
jurisdiccional, el cual respeta la naturaleza privada del laudo arbitral propio en
su materia, convirtiéndose en ejecutivo adquiere rango de acto jurisdiccional. 47
El arbitraje se entiende “toda decisión dictada por un tercero con autoridad para
hacerlo, en una cuestión o asunto de las partes que por interés divergentes han
sometido a su decisión”.48
Mientras que otros autores, lo definen como “aquella institución jurídica por la
45
Roland Arazi, “Derecho Procesal Civil y Comercial Parte General y Especial”, 2° ed.
(Argentina: ASTREA, 1995), 812.
46
Ibíd.
47
Giuseppe Chiovenda, “Principios de DerechoProcesal Civil”, tomo II, (Madrid: Editorial
REUS S.A 1925), 125.
48
Guillermo Cabanellas, “Diccionario Enciclopédico”, (véase cap. 1, n. 1).
31
cual una jurisdicción privada conoce, de forma exclusiva y excluyente, las
controversias transigibles sometidas a ello mediante acuerdo de arbitraje,
cuya decisión tiene la autoridad de cosa jugada o causa ejecutoria”.49
2.2 Naturaleza del arbitraje
La naturaleza del arbitraje ha sido un tema muy estimado en cuanto a la
adopción que varios ordenamientos jurídicos han querido acoger debido a que
se han presentado numerosas teorías que cabrían según el régimen judicial
de cada país. De dichas teorías se encuentran las siguientes:
2.2.1 Teoría contractualista
Que el origen del arbitraje esté afín a la libertad y a la autonomía de la
voluntad ha contemplado que se conciba su naturaleza contractual. Llevando
a cabo su atribución como consecuencia de un contrato o convenio arbitral,
por medio del cual las partes asumen el compromiso de someterse a la
decisión del árbitro y cumplirla; y otro contrato de mandato, por el cual el
árbitro se exige a resolver el conflicto. 50
2.2.2 Teoría jurisdiccional
Esta teoría que manifiesta la naturaleza jurídica del arbitraje, es la teoría
jurisdiccional o publicista, esta corriente sustenta que el arbitraje es una
entidad de índole procesal, es decir de orden público. Asume carácter de
juicio, en donde el árbitro efectúa la función de Juez y su laudo se compara a
la sentencia, ostentándose su naturaleza jurisdiccional 51. Fundamentándose
49
La Roche Henríquez, “Nuevo Proceso Laboral Venezolano”, Caracas: (Editorial Torino,
2004), 65.
50
Moreno Catena y Cortez Domínguez, “DerechoProcesal”, 304 (véase cap. 2, n. 44)
51
Macías Orellana y Alfaro Nolasco, “El Recurso de Nulidad”, 53, (véase cap. 1 n. 19)
32
en las similitudes que existen entre el arbitraje y el proceso judicial; tomando
en cuenta que ambos tienen la misma finalidad que es la de dar solución a un
conflicto jurídico.
2.2.3 Teoría ecléctica o mixta.
Así, también, se menciona la postura ecléctica conocida como la naturaleza
mixta, que considera el arbitraje como un equivalente jurisdiccional y
contractual.52
2.2.4 Teoría autónoma
La cuarta y última teoría, denominada teoría autónoma, la cual considera el
arbitraje como autónomo por el uso y su finalidad no pudiéndose ser
estimado, como contractual, jurisdiccional ni mixto, por no estar convenido con
la realidad, ya que el arbitraje hay que observarlo como es, en qué consiste,
su forma y como funciona, las leyes que se han estipulado para ayudar y
proveer su desenvolvimiento.53
Muchos autores consideran que esta teoría no tiene razón de ser porque todo
figura procedimental está sometida a las teorías anteriormente mencionadas.
2.3 Objeto de arbitraje
Pueden ser sometidas a arbitraje cualquier pretensión excepto aquellas que
no puedan ser objeto de transacción.54
52
Carnelutti citado por Moreno Catena y Cortez Domínguez, “DerechoProcesal”, 304 (véase
cap. 2, n. 44)
53
Macías Orellana y Alfaro Nolasco, “El Recurso de Nulidad”, 56, (véase cap. 1 n. 19)
54
Arazi, “Derecho Procesal”, 813 (véase cap. 2, n 45)
33
El convenio entre las partes intervinientes es de naturaleza privada,
considerado a no contar el árbitro con la executio y la coertio. Como
componentes de la jurisdicción, por ello, el cumplimiento del laudo y de las
disposiciones compulsorias debe ser solicitado al juez, pues el privilegio de la
jurisdicción pertenece al Estado. La contención a un juicio arbitral puede ser
pactada en el contrato o en un suceso posterior.
2.4 Principios del arbitraje
2.4.1 Principio de la autonomía de la voluntad y de la libertad de
procedimiento
En el arbitraje lo que prevalece es la voluntad y autonomía de las partes y por
ende la libertad de procedimientos (arts. 4 numeral 1 y 45 de la LMCA).55
Acorde a esta noción las partes están en toda la libertad de optar por las
disposiciones jurídicas del procedimiento a las cuales habrá de someter su
conflicto, así como de preferir entre un arbitraje institucional o un arbitraje ad
hoc.
En el primer caso podrá someterse a las normas del procedimiento de una
sede de arbitraje en particular. En cuanto al arbitraje ad hoc las partes
intervinientes pueden establecer de una forma autónoma estas normas (arts.
3 literal f y 45 inciso segundo); La sala de lo constitucional de la corte suprema
de justicia de El Salvador, afirma un antecedente sobre la sujeción al principio
de la autonomía de la voluntad de las partes al pronunciar:
“Cabe mencionar que una vez elegido libremente por las partes el tipo de
arbitraje al que desean someter sus divergencias, éstas quedan sometidas a
55
Ley de Mediación, Conciliación y Arbitraje, D.L N° 914, de fecha 11 de julio del 2002, D.O.
N° 153, Tomo 356, fecha de publicación 21 de agosto del 2002.
34
las características y particularidades que corresponden a aquel”.56
Dotando a la figura del arbitraje la voluntad y disponibilidad para que las
partes decidan sobre dicho procedimiento, eligiéndolo libremente.
2.4.2 Principio de flexibilidad
Este principio funciona por razón de actuaciones inconsecuentes, aplicables y
simples; se trata de las normas a que se somete el procedimiento, pudiéndose
situarse la aplicación del reglamento que tenga determinado la instauración a
quien se encomienda su administración.
A diferencia del usual proceso judicial en el arbitraje los procedimientos son
más flexibles, informales y simples. Es Decir este principio está dispuesto en
el art. 4 numeral 2 de la ya mencionada ley. El arbitraje consiente la
flexibilidad para que las partes intervinientes puedan optar por el
procedimiento que prefieran, el plazo, lugar de reuniones de los árbitros, que
les consideren más favorables para el desarrollo del proceso. 57
La sentencia de amparo 1007-2003, emitida por la sala de lo constitucional de
la corte suprema de justicia de El Salvador, que soluciono el recurso
interpuesto por la fiscalía general de la república en representación del Estado
de El Salvador en contra del tribunal arbitral que conoció del juicio arbitral de
los conflictos relativos a la ejecución de los contratos de obra pública números
53/97 y 54/97, teniendo como contraparte la sociedad El Salvador Rizzani de
Eccher, S.P.A. y CantieriConstruzioni Cemento S.P.A., acoge un
56
Sala de lo Constitucional, Sentencia de Amparo, Referencia. 1007-2003. (El Salvador,
Corte Suprema de Justicia, 2003).
57
LMCA citada por Macías Orellana y Alfaro Nolasco, “El Recurso de Nulidad”,63 (véase
cap. 1, n. 19).
35
pronunciamiento que ofrece el principio de informalidad en los juicios
arbitrales, así:
“Respecto a la critica que realiza el interesado por no haber observado los
citados amigables componedores un procedimiento preestablecido en la ley,
es dable sostener, a la luz de la jurisprudencia antes relacionada, que ello no
implica per se lesión a categoría constitucional alguna. Esto es así porque un
proceso de esa naturaleza se caracteriza por su desarraigo a formas legales
específicas, de modo que resulta imposible exigir que se desarrolle
ajustándose a solemnidades o tramites previamente instaurados”. 58
2.4.3 Principio de privacidad
La reserva, es otra mejoría del arbitraje debido a que las audiencias y
expedientes arbitrales no son públicos. Esto es de gran importancia para las
empresas en particular, considerado que la expansión al público de una
demanda puede perturbar su “popularidad, realce, y su buen nombre
mercantil.
En este punto los interesados y otros empresarios en particular, son materia
esencial en el ámbito del arbitraje, y no sería bien visto para ellos que una
controversia fuera sometida al público, porque afectaría sus intereses
comerciales frente a terceros, de esto deriva la importancia de las cláusulas
de privacidad.
2.4.4 Principio de idoneidad
Radica en la capacidad y formalidades que se obligan a cumplir para
58
Sala de lo Constitucional, (véase cap. 2, n. 56)
36
desempeñarse como árbitro o mediador; aseverándose así la eficacia del fallo
por la posición moral y profesional de cada árbitro o conciliador.59
2.4.5 Principio de celeridad
Se fundamenta en la secuencia de los procedimientos para la solución de las
altercaciones; se investiga una salida rápida y satisfactoria, estableciendo así
la eficacia del arbitraje; garantiza la continuación y rapidez en este tipo de
procesos. El juicio arbitral es más breve que una causa judicial, las partes
intervinientes independientemente establecen el plazo en el cual ha de
desplegarse.
En El Salvador, el plazo que preceptúa la ley para la duración del arbitraje es
de tres meses contados a partir de la notificación a las partes intervinientes
del último arbitro de que ha aprobado el cargo que se le ha otorgado,
pudiendo las partes aplazar este termino de común acuerdo, disponiéndose
su precepto legal en el art. 49 de la LMCA. 60
2.4.6 Principio de igualdad
Radica en proveer a las partes intervinientes las mismas oportunidades
deamparar sus derechos; el CPCM, regula este principio en su Art. 5,
expresando: “Las partes dispondrán de los mismos derechos, obligaciones,
cargas y posibilidades procesales durante el desarrollo del proceso”.61 Este
principio consigna que las partes intervinientes deberán ser asistidas con
59
LMCA (véase cap. 2, n. 55)
60
Ibíd.
61
Código Procesal Civil y Mercantil de La República de El Salvador, Decreto Legislativo N° 712
de fecha 18 de septiembre del 2008 publicado en el Diario Oficial N° 224, Tomo 381, Publicación
del DO 27 de noviembre del 2008 (El Salvador, Asamblea Legislativa de El Salvador).
37
igualdad, sean estos nacionales o extranjeros, sujetos individuales o estatales.
Este principio está concatenado con el principio del debido proceso y el de
contradicción.
2.4.7 Principio de audiencia
Consiste en la oralidad de los procedimientos facultativos; radicando en que
nadie puede ser procesado sin haber sido oído y vencido en juicio, esta figura
se ve regulada en el art 8 del código procesal civil y mercantil”.62
2.4.8 Principio de contradicción
Se define en la proporción de confrontación entre las partes conflictuadas, por
razón de sucesos derivados de los sujetos de la relación procesal; siendo el
trascendental hecho constituyente de la relación procesal la demanda y la
contestación.
2.5 Tipos de arbitraje
Doctrinariamente se han identificado diferentes clases de arbitraje siendo las
más conocidas: el arbitraje voluntario y el arbitraje necesario.63Otros autores
han adoptado diferentes posturas en cuanto a su clasificación de las cuales se
puede mencionar lo siguiente:
2.5.1 Arbitraje voluntario y necesario
El arbitraje voluntario es cuando las partes intervinientes, de común acuerdo,
se someten a él mediante la celebración de un acuerdo, sin que haya estado
62
Ibíd.
63
Arazi, “Derecho Procesal”, 814, (véase cap. 2, n. 45)
38
un arreglo de voluntades precedente, que constituyera, en caso de conflicto,
se someten a arbitraje y el necesario la doctrina se refiere que es cuando la
celebración del acuerdo arbitral es exigible, ya sea como resultado de una
estipulación legal, o de una clausula compromisoria, en la cual las partes
intervinientes han advertido el arbitraje como medio de solución de sus
controversias.64
2.5.2 Arbitraje nacional e internacional
El arbitraje se considera extranjero cuando el laudo sea dictaminado fuera del
territorio por consiguiente el arbitraje interno será aquel en que la sentenciase
adopte en el territorio nacional.65 Se considera el arbitraje nacional cuando el
conflicto se ventila dentro del ordenamiento jurídico específico de un mismo
régimen jurídico, y por lo tanto internacional cuando las partes intervinientes
se someten a leyes o tratados internacionales.66
2.5.3 Arbitraje de equidad y de derecho
Se entiende por arbitraje de derecho aquel en el cual se aplican las
disposiciones jurídicas vigentes para resolver el conflicto, y por arbitraje de
equidad cuando el árbitro decide según su honrado saber y entender. 67 Por lo
tanto ambos son juicios jurídicos, diferenciándose en que el arbitraje de
derecho se emplea en una disposición jurídica abstracta general a los hechos
determinados, mientras que en el arbitraje de equidad, fijamos unos hechos
concretos, se procede a la aplicación de una norma particular.
64
Ibíd.
65
Moreno Catena y Cortez Domínguez, “Derecho Procesal”, 306, (véase cap. 2, n. 44)
66
Centro de Análisis y Resolución de Conflictos citado por, Víctor William Hernández Francis
“Análisis del Arbitraje como Mecanismo de Solución de Controversias en el Marco Jurídico
de México”, (Tesis de grado, Universidad de las Américas puebla, 2006), 34.
67
Moreno Catena y Cortez Domínguez, “Derecho Procesal”, 306, (véase cap. 2, n. 44)
39
2.5.4 Arbitraje ad hoc
El arbitraje ad hoc, es aquel donde no existe ninguna entidad que gestione el
sistema: son las partes intervinientes las que proporcionan las disposiciones
jurídicas sobre las que deben funcionar todo lo necesario para que el arbitraje
resulte.
Por tanto proveen los mecanismos de nombramiento de los árbitros indican el
lugar, el idioma, los procedimientos a aplicar, formas de coerción en caso de
incumplimiento plazo para establecer el laudo y los recursos eficaces que
cabrían contra el laudo.
El problema en este tipo de arbitraje está en que no teniendo una institución
que facilite el servicio, gestione el sistema e interceda entre las partes,
cualquier discrepancia que surja entre ellas será decidida en sede judicial. 68
2.5.4.1 Arbitraje institucional
La figuradel“arbitraje institucional”, lleva implícitala figura del “arbitraje” como
tal, reconociéndolo como una institución jurídica que lo configura como un
mecanismo por medio del cual las partes involucradas en un conflicto de
carácter transigible, difieren su solución a un tribunal arbitral, el cual estará
investido de la facultad de pronunciar una decisión denominada laudo arbitral.
De esta manera se adentra en materia, reconociendo en los efectos de la
LMCA la figura del “arbitraje institucional”, siendo este un mecanismo en el
que las partes se someten a un procedimiento establecido por el respectivo
centro de arbitraje o de mediación, autorizado de conformidad a la ley. El
“arbitraje institucional” o también llamado “administrado”, comprende el medio
68
Hernández Francis, “Análisis del Arbitraje 36, (véase cap. 2, n. 66)
40
por el cual las partes convienen dirimir sus diferencias ante instituciones
especializadas, con profesionalidad, experiencia y prestigio.69
2.6 Tipos de árbitros
Antecedentes históricos figuran al momento de definir preceptos que
determinen quienes pueden ser árbitros, tomando en cuenta que las personas
que los nombran celebran con ello un contrato, del cual emanan obligaciones,
responsabilidades y derechos en contra o a favor de los árbitros, se entiende
que únicamente pueden ser árbitros las personas capaces según el código
civil o sean mayores de edad que no se encuentren en estado de interdicción.
Tampoco pueden ejercer ese cargo por virtud de una sentencia de orden
penal, cuando esta los priva del ejercicio de sus derechos civiles.
La doctrina reconoce dos tipos de árbitros, entendiéndose en estos los
“árbitros iuris o de derecho”, y los “amigables componedores o arbitradores”.
Sobre los primeros se reconoce que deben fallar el litigio según las reglas del
derecho. Los segundos en conciencia o mediante una amigable composición.
Doctrinariamente también se conoce una tercera clase de árbitros, que a
diferencia de los anteriores deciden sobre cuestiones de hecho y no de
derecho, ejemplo que estos viene a ser la necesidad de llevar a cabo una
venta, el precio en que debe venderse una cosa, el estado que guardan unas
mercancías, y así sucesivamente. 70
2.6.1 Arbitraje de equidad o de amigables componedores
La figura de “amigables componedores”, es equivalente al “arbitraje de
69
Feldtein de Cardenas y Herbon Hebe, “El Arbitraje”,15.(véase cap. 1, n. 3)
70
Palladares, “Derecho Procesal”, 581, (véase cap. 2, n. 43)
41
equidad”, en el sentido de identificar que el árbitro “arbitrador o amigable
componedor” resuelve ex aequo et bono, de acuerdo a su leal saber y
entender a verdad sabida y buena fe, otorgándole la ley un margen de
discrecionalidad en la búsqueda de solución de conflictos.
En este punto no debe confundirse “un mayor margen de discrecionalidad”, es
decir, las reglas del debido proceso legal deben mantenerse firmemente. Esta
modalidad de arbitraje no suele exigir que el laudo sea motivado. 71
Sobre este la doctrina permite conocer por su régimen general, que el acuerdo
para este arbitraje, el número de árbitros, su designación y la aceptación, son
equivalentes a lo regulado para el arbitraje de derecho que en el presente
capitulo también desarrollaremos.
Su procedimiento no tendrá que someterse a formas legales ni ajustarse a
derecho en cuanto al fondo. Es decir, los árbitros de equidad deberán, no
obstante, dar a las partes la oportunidad adecuada para ser oídas y presentar
las pruebas que estimen necesarias.72
Son estos antecedentes los que aportan a lo que hoy día se conoce por
arbitraje de equidad o de amigables componedores, siendo aquel en el que
los árbitros proceden con plena libertad, deciden a conveniencia del interés de
las partes, sin atender más que a su conciencia, la verdad y la buena fe. Es
decir que los árbitros al momento de resolver, garantizan la sustanciación de
sus laudos apegándose a criterios de valor, principios de equidad en las
prácticas o usos comunes de su actividad como producto de su experiencia
71
Feldtein de Cardenas y Herbon Hebe, “El Arbitraje” 13, (véase cap. 1, n. 3)
72
Diccionario Enciclopédico, (véase cap. 1, n. 1)
42
2.6.2 Arbitraje de derecho
Este tipo de arbitraje de derecho reconoce la figura del árbitro iuris, que dicta
su laudo apegándose a las normas estrictas de un derecho determinado, con
arreglo a la ley y procedimiento fijado. En este arbitraje se suele exigir que el
laudo sea motivado.
“La decisión de un litigio por árbitros, que han de ser precisamente letrados
(abogados), sujeta a fuentes jurídicas vigentes”.73 Definición que se ajusta a la
ley especial del 22 de diciembre de 1953, reformadora en tal sentido de la ley
de enjuiciamiento civil en el que entonces se denominaba enjuiciamiento civil,
que entonces se denominaba juicio arbitral, para diferenciarlo de la amigable
composición.
Respecto a sus lineamientos, el legislador entiende por arbitraje la institución
por la que una o más personas dan solución a un conflicto planteado por otras
que se comprometen previamente a aceptar su decisión. Por el contrario, no
se considera arbitraje la intervención de un tercero para resolver un conflicto
pendiente, sino para completar o integrar una relación jurídica todavía no
definida terminantemente.
A sus antecedentes es posible conocer por arbitraje en derecho, aquel
mecanismo en el cual los árbitros fundamentan su decisión en el derecho
positivo vigente. Es en este tipo de arbitraje que el tribunal de arbitramiento
resuelve la diferencia apegándose a lo dispuesto en el ordenamiento jurídico.
El árbitro iuris dicta su laudo ajustado a las normas de un derecho
determinado, con arreglo a la ley y procedimiento fijado. Lo que significa que
actuara de acuerdo a las formas legales tanto en la tramitación,
73
Ibíd., 349
43
pronunciamiento y sustanciación de la sentencia arbitral, según sea la
naturaleza de la acción. 74
2.7 Marco normativo aplicable al arbitraje y el recurso de apelación
Respecto al marco normativo aplicable a la figura del arbitraje y el recurso de
apelación, su regulación jurídica es amplia, a partir de lo regulado en nuestra
constitución, reconociendo en su artículo 23, que ninguna persona que tenga
libre administración de sus bienes puede ser privada del derecho de terminar
sus asuntos civiles o comerciales por transacción o arbitramiento, aunado a su
fundamento constitucional, se reconoce la importancia de fomentar dentro de
la cultura jurídica el acercamiento de los interesados en la solución de sus
diferencias, por medio del dialogo y la utilización de medios alternativos, que a
su vez permitan la búsqueda de soluciones creativas y ágiles en asuntos
tratados con sencillez y privacidad.
Son estos aspectos, los que cimientan la base a la ley de mediación
conciliación y arbitraje, que viene a regular todo lo concerniente a dicha
institución, debiendo tener máxima claridad en cuanto a estos ordenamientos
específicos de segundo grado, siendo necesario identificar los cuerpos
normativos que tienen relación al tema, con el fin de generar una perspectiva
de sensatez en la toma de decisiones. Así también lo concerniente al recurso
de Apelación como tal, definiendo aspectos doctrinarios y jurídicos propios del
tema.
2.7.1 Constitución de la república de El Salvador
La constitución de la república de El Salvador, se reconoce como la norma
74
Macías Orellana y Alfaro Nolasco, “El Recurso de Nulidad”, 72, (véase cap. 1, n. 19)
44
suprema, en razón de ésta, todo accionar que se realice al momento de
aplicar la justicia, debe de estar acorde con las disposiciones que ésta
determine, so pena de recaer en una inconstitucionalidad.
La constitución en su artículo 23, establece que todas las personas capaces
tienen la liberad de contraer derechos y obligaciones, en otras palabras
celebrar contratos conforme a derecho 75. El artículo 1316 del CC, expresa
quienes son capaces legalmente para obligarse por sí mismo sin el ministerio
o autorización de otra persona; de igual forma el código de comercio en su
artículo 7 regula quienes son capaces para ejercer el comercio.
El artículo 23 de la constitución de la república, es la base y el fundamento
constitucional de la ley de mediación, conciliación y arbitraje por instaurar en
su inciso segundo la libertad de la que gozan las personas para solucionar sus
asuntos civiles y comerciales por medio de la transacción y el arbitraje sin
tener que acudir a los tribunales, pudiendo las partes despojar a los jueces y
tribunales de ciertas controversias, resolviendo estos por medio de un juicio
arbitral, por medio de un sujeto que ha sido elegido por las mismas partes y
que se denominan árbitros.
2.7.2 Ley de mediación, conciliación y arbitraje
Es posible reconocer la finalidad del nacimiento de la ley de mediación,
conciliación y arbitraje, visualizando la necesidad de implementar un sistema
de derecho que reúna los soportes necesarios que permitan fomentar una
cultura de solución alterna de conflictos, mediante el acercamiento
extrajudicial de las partes, siendo esto parte fundamental de la base
constitucional.
75
Constitución de la República de El Salvador (El Salvador Asamblea Legislativa de El
Salvador, 1983)
45
Si bien es cierto, la legislación vigente reconoce algunos medios de solución
alternativos de diferencias, éstos no han tenido el adecuado desarrollo, por lo
que se convierte en necesario fortalecer estas figuras, llevando implícito el
cumplimiento al Art. 23 de la constitución de la república, el cual establece
como se ha mencionado anteriormente que todas las personas tienen el
derecho de terminar sus asuntos civiles o comerciales por transacción o
arbitramiento76, debido a la necesidad que preexiste de desahogar a el órgano
judicial y de obtener una rápida y cumplida justicia en la que se favorece a las
partes en conflicto. Por lo que en su artículo 3 LMCA, regula, la figura del
convenio arbitral, siendo este “el acuerdo entre las partes por el cual deciden
someter al arbitraje las controversias que hayan surgido o puedan llegar a
surgir entre ellas, respecto de una determinada relación jurídica, de naturaleza
contractual o extracontractual77”.
La referida ley es un instrumento utilizado para la solución de contenidos civiles
y comerciales, en el que los civiles se conforman por los actos o contratos de
derecho civil efectuados por personas particulares; y los comerciales son todos
los actos y contratos típicos del derecho comercial ejecutados por comerciantes
ya sean individuales y sociales, siempre y cuando las personas sean capaces
de ejercer derechos, contraer y cumplir obligaciones, en asuntos civiles y
comerciales, pudiendo decidir libremente resolver sus conflictos jurídicos a
través de medios alternativos de solución de controversias
Tienen su procedimiento establecido y su base legal en el más reciente cuerpo
normativo creado precisamente para brindar seguridad a las personas para que
puedan poner en práctica estos medios y agilizar el término de las controversias
suscitadas de las relaciones comerciales establecidas por las partes.
76
Ibíd.
77
LMCA, (véase cap. 2, n 55).
46
El artículo 4 de la LMCA regula los principios en los cuales se sustenta la
citada ley, reconociendo dentro de ello: el principio de libertad, flexibilidad,
privacidad, idoneidad, celeridad, igualdad, audiencia y contradicción.
2.7.2.1 Controversias sometidas a arbitraje
La ley es clara al momento de definir las materias objeto de Arbitraje,
reconociendo que podrán someterse a arbitraje las controversias que surjan o
puedan surgir entre personas naturales o jurídicas capaces, sobre materias
civiles o comerciales respecto de las cuales tengan libre disposición, según lo
establece el Art. 22 de la ley de mediación, conciliación y arbitraje.
Son los aportes que nivel doctrinario se conocen, los que determinan que por
regla general se pueden someter a juicio arbitral toda cada clase de litigios,
exceptuando aquellos que se traten de derechos de orden público de
naturaleza irrenunciable, respecto de las cuales el titular del derecho carece
del “iusdisponendi”.78
2.7.2.2. Materias excluidas del arbitraje
Respecto a este tema, la ley también es clara y son las disposiciones
generales de la LMCA que desarrollan los insumos relacionados al presente
acápite, en razón de regular de manera expresa las materias que se
consideran excluidas del arbitraje, entendiéndose en esto:
a) Los asuntos contrarios al orden público o directamente concerniente a las
78
Se refiere al Derecho de Uso, como un derecho real característico es, resumiendo
conceptos legislativos preponderantes, la facultad, jurídicamente protegida, de servirse de
una cosa ajena conforme a las propias necesidades, con independencia de la posesión de
heredad alguna: pero con el cargo de conservar la substancia de la misma; o de tomar sobre
los frutos de un fundo ajeno, lo preciso para las necesidades del usuario. “Diccionario
Enciclopédico”, 21ª ed., Buenos Aires, 128.
47
atribuciones o funciones de imperio del Estado o de personas de derecho
público;
b) Las causas penales, excepto en lo relativo a la responsabilidad civil
proveniente del delito;
c) Los alimentos futuros;
d) Las controversias relativas a bienes o derechos de incapaces, sin previa
autorización judicial;
e) Aquellos conflictos relacionados con el estado familiar de las personas,
excepto en lo relativo al régimen patrimonial atinente con éste;
f) Las cuestiones sobre las cuales haya recaído sentencia judicial firme, así lo
establece la ley de mediación, conciliación y arbitraje en su artículo 23.
No obstante su regulación en el articulado anterior, se tiene también la
exclusión expresa de las controversias en materia laboral, de conformidad a lo
establecido en el artículo 24 de la LMCA, tomando en cuenta los derechos
laborales, que contempla la Constitución y que regula en los artículos 37 y 52,
las garantías mínimas, que constituyen los principios de justicia social, en
favor de la función social, y no como artículos de comercio, considerando que
los beneficios no le pertenecen al trabajador individual, sino que
corresponden a la sociedad en general y en función de esto el Estado debe
ser el garante de su protección, es por ello que los arbitrajes laborales se
refieren a litigios que deben ventilarse exclusivamente ante la jurisdicción
laboral, que por sí misma cuenta con un procedimiento aplicable normas
procesales para hacerlos valer.
2.7.2.3 Convenio arbitral y sus requisitos
Figura como un acuerdo por el cual las partes deciden someter las
48
controversias que hayan surgido o puedan llegar a surgir entre ellas, respecto
de una determinada relación jurídica de naturaleza contractual o
extracontractual, así lo regula la ley de mediación, conciliación y arbitraje en
su artículo 3, literal d.79
El arbitraje tiene su origen en un contrato por el que las partes se
comprometen a someter a la decisión de un tribunal arbitral las cuestiones
sujetas a litigio que surjan entre ellas dentro de las materias de libre
disposición.80
Respecto a la forma del convenio arbitral, la ley define que deberá constar por
escrito en cualquiera de sus modalidades, entendiéndose como cláusula
incluida en un contrato o como acuerdo independiente. La cláusula arbitral
debe ser precisa, llevar inmersa la capacidad de las partes, objeto, trámite,
forma, aspectos que sin duda alguna, aportan y sustentan la necesidad que
implican los requisitos del convenio arbitral.
Por requisitos del convenio arbitral, la doctrina es clara al reconocer: 1) la
designación o forma de designar los árbitros; 2) las reglas de sus
procedimiento o indicación por remisión a un reglamento preestablecido.
La doctrina y sus aportes, señala que las partes podrán confiar a un tercero la
designación de los árbitros o incorporar la fórmula de convenio adoptada por
una institución de arbitraje, o en su defecto, nombrar o establecer una
autoridad de designación, por la que entenderemos una institución de arbitraje
debidamente autorizada.81
79
Feldtein de Cardenas y Herbon Hebe, “El Arbitraje” 6.
80
Moreno Catena y Cortez Domínguez, ”DerechoProcesal”, 307 (véase cap. 2, n. 44)
81
Decreto de Ley N° 5, “Por la cual se establece el Régimen General de Arbitraje, de la
Conciliación y de Mediación, Panamá, 61.
49
Respecto a los efectos que corresponden a esta figura se tiene la excepción
del arbitraje regulada por la LMCA en su artículo 31, reconociendo el principio
sustantivo y procesal. El primero implica la renuncia de las partes a iniciar
proceso judicial sobre las materias o controversias sometidas a arbitraje, es
decir, obliga a las partes a cumplir lo pactado, el segundo principio se refiere a
que la autoridad judicial que tome conocimiento de una controversia sujeta a
convenio arbitral debe declararse incompetente de conocer del caso cuando
se lo solicite la parte judicialmente demandada. Es en este caso, que dicha
parte puede oponer la excepción de arbitraje que habrá de ser resuelta sin
mayor trámite y sin lugar a recurso alguno contra la decisión.
Sin embargo, en los casos en que no se haya pactado convenio arbitral y
surja una controversia, y no haya litigio aún, esté podrá convenirse por el
acuerdo de las partes. A sus efectos, cualquiera de ellas remitirá notificación
escrita a la otra expresando su voluntad de someter a arbitraje el conflicto. 82
2.7.2.4 Número de árbitros y nombramiento
Definido el convenio arbitral, es necesario desarrollar quienes conforman el
tribunal Arbitral, siendo esto parte de su organización, aquí las partes deberán
fijar la persona o personas que van a tramitar y decidir el arbitraje, o
encomendar la administración del arbitraje a una persona jurídica de derecho
público o privado.83
Respecto al número de árbitros la ley define que las partes determinaran el
número de árbitros, en todo caso será impar, y a falta de acuerdo, si es de
mayor cuantía serán tres, y si es de menor cuantía, será uno, de conformidad
a lo establecido en el artículo 34 LCMA.
82
Ibíd., 59-60.
83
Moreno Catena y Cortés Domínguez, “Derecho Procesal”, 308.
50
En relación al nombramiento de los árbitros, este podrá hacerse por las
cámaras de la capital de la república con competencia en materia civil, las
cuales nombraran a personas con las respectivas credenciales, comprobadas
en forma fehaciente. Posterior a esto el nombramiento será comunicado a los
árbitros designados de manera personal y tendrán cinco días hábiles para
manifestar si lo aceptan o no. La falta de manifestación durante el término
referido se tendrá como negativa y permitirá proceder al reemplazo respectivo,
artículos 37 y 39 LMCA
2.7.2.5 Tribunal arbitral
La ley de mediación, conciliación y arbitraje a partir de su artículo 34,
reconoce como parte del tribunal arbitral: el número de árbitros, quienes no
pueden ser árbitros, elección de los árbitros, inhabilitación de los árbitros. Así
también regula aspectos relacionados a esta figura como tal.
Desarrollado en el punto anterior, lo relacionado al número de árbitros, es
posible continuar el siguiente acápite a partir del segundo punto en lo
concerniente “a quienes no pueden ser árbitros”, sobre este punto es
necesario razonar sobre él porque no podrán serlo las personas jurídicas,
considerando que estas sólo pueden asumir la designación o administración
del arbitraje, y hallarse en el pleno ejercicio de sus derechos civiles. Así
también no podrán serlo las personas naturales que no gocen del pleno
ejercicio de sus derechos ciudadanos, articulo 35 LMCA.
Sobre la “elección de los árbitros”, o lo que también se conoce por
designación, el artículo 37 de la presente ley, regula de manera expresa los
casos en los que hay acuerdo, como aquellos en los que las partes lo pueden
hacer directamente de común acuerdo, o delegar a un tercero. Así, también,
51
los casos en los que no hay acuerdo, en estos cada parte elegirá uno, y estos
eligen al tercero quien presidirá el tribunal.
Se entenderá que “estarán inhabilitados para ser árbitros” quienes tengan con
las partes o sus apoderados alguna de las causas de excusa y recusación que
establecen las reglas procesales. Así también, no podrán actuar como árbitros
los jueces, magistrados, fiscales, diputados de la asamblea legislativa,
funcionarios públicos y los empleados del órgano judicial, así lo regula la
LMCA en su artículo 36.
2.7.2.6 Procedimiento arbitral
El procedimiento arbitral a nivel doctrinal se rige por los siguientes principios:
libertad, juridicidad de los conflictos, privacidad de las actuaciones, flexibilidad
de las estructuras del proceso, acceso oportuno a la justicia, inmediación,
economía y la lealtad procesal.84
Sobre estos las partes pueden convenir libremente el procedimiento al que se
hayan de ajustar los árbitros en sus actuaciones. De no realizarse de esa
manera, los árbitros deben ajustarse a la ley de arbitraje, y dirigirán el
procedimiento como lo consideren conveniente.
Este procedimiento debe respetar el principio de igualdad, audiencia,
contradicción, así como cada uno de los principios que legal y
doctrinariamente se reconocen, las partes intervendrán por si mismas o por
medio de representantes, de este modo es que en las actuaciones arbitrales y
en el proceso arbitral como tal, el árbitro, las partes y la institución arbitral
están obligadas a guardar la confidencialidad de la información de la cual
84
Feldtein de Cardenas y Herbon Hebe, ”El Arbitraje” ,13, (véase cap. 1, n. 3)
52
conozcan.85
A falta de pacto sobre el lugar donde se desarrolle el arbitraje, serán los
árbitros quienes lo decidan, tomando en cuenta las circunstancias del caso y
la conveniencia de las partes.
El proceso arbitral finaliza con el laudo definitivo, figura con la que los árbitros
cesan en sus funciones. Además de ponerse fin al proceso arbitral por el
desistimiento del demandante, salvo oposición del demandado por acuerdo de
las partes.
2.7.3 Reglamento de la ley de mediación conciliación y arbitraje
Este reglamente establece el régimen jurídico aplicable al arbitraje y a los
demás medios alternativos de solución de diferencias, a fin de que los
interesados busquen soluciones creativas y agiles; así también este
reglamento debe primeramente ser coherente con los principios rectores de la
LMCA, debido a la importancia de ellos, pretendiendo abarcar con estos todos
aquellos eventos que en el ejercicio de los medios de solución se presenten.86
El referido reglamento está constituido por 34 artículos en los cuales el
legislador reguló el proceso para constituir y organizar centros de arbitraje, los
requisitos para la autorización de estos centros, así como los requisitos para
poder ejercer como árbitros, de igual forma regula las sanciones a los que
serán sometidos por el incumplimiento de la LMCA y del reglamento de la
misma, en sus 34 artículos se encuentra regulado todos estos puntos lo que
viene a reforzar la LMCA
85
Moreno Catena y Cortez Domínguez, “DerechoProcesal”, 311 (véase cap. 2, n. 44)
86
Reglamento de La LMCA de La República de El Salvador (El Salvador, Asamblea
Legislativa, 2003)
53
2.7.4 Decreto legislativo N° 141
El decreto legislativo N° 141, de fecha 01 de octubre de 2009, publicado en el
diario oficial No. 203, tomo 385 el 30 de octubre de 2009, mediante a este
decreto se agregó el artículo 66-A,87 a la ya existente ley de mediación,
conciliación y arbitraje, el cual vino a modificar el objeto de esta ley como tal,
haciendo hincapié en muchas opiniones las cuales están divididas es decir, si
este decreto es acertado o no para dicha ley ya que con él se implementó el
recurso de apelación como un medio de impugnación al laudo arbitral, dicho
artículo reza: “El laudo arbitral pronunciado en el arbitraje en derecho es
apelable con efecto suspensivo, dentro de los siete días hábiles siguientes a
la notificación del mismo o de la providencia por medio de la cual se aclara,
corrige o adiciona, para ante las cámaras de segunda instancia con
competencia en materia civil, del domicilio del demandado o el de cualquiera
de ellos si son varios.” dando inicio a un sinfín de debates si este artículo es
inconstitucional por violentar el artículo 23 de la Cn.
2.7.5 Código procesal civil y mercantil
En el código procesal civil y mercantil, se encuentra regulado el recurso de
apelación desde su procedencia, admisibilidad o rechazo, la prueba aceptada
para dicho recurso y el plazo en el cual debe interponerse.
En el artículo 508 inc. 1 se encuentra regulada la procedencia del recurso
deapelación dicho artículo manifiesta literalmente que “Serán recurribles en
apelación las sentencias y los autos que, en primera Instancia, pongan fin al
87
Decreto Legislativo No. 141 de fecha 01 de octubre de 2009, publicado en el Diario Oficial
No. 203, Tomo 385 de fecha 30 de octubre de 2009.(El Salvador, Asamblea Legislativa de El
Salvador)
54
proceso, así como las resoluciones que la ley señale expresamente”88. La
procedencia de este recurso se determina en base a diversos criterios que
están relaciones con el tipo de sentencia que se va a impugnar, al tipo de
proceso judicial, la apreciación de la pretensión y en algunos casos con la
ubicación geográfica del juzgado o tribunal que pronuncie la sentencia.
En cuanto a la admisibilidad o rechazo de dicho recurso el art. 513 reza que
“Inmediatamente después de recibido el recuso por el tribunal superior, éste
examinará su admisibilidad. Si fuese inadmisible, lo rechazará, expresando los
fundamentos de su decisión y condenando al que hubiere abusado de su
derecho, al pago de una multa de entre dos y cinco salarios mínimos urbanos
vigente más alto”. Si el recurso es admitido se debe convocar a las partes
dentro de los tres días siguientes a una audiencia en sede del tribunal, la cual
deberá llevarse a cabo a más tardar dentro de un mes contado a partir del día
siguiente a la convocatoria, para que sea admitido debe ser examinado,
verificando que cumpla con los términos siguientes:
Que la resolución sea apelable, que dicho recurso ha sido interpuesto en
tiempo, que el recurso contenga los fundamentos de hecho y de derecho en
que se apoya, que comprenda las peticiones concretas que se formulan, y si
el recurso de apelación es rechazado, contra este auto, solo procederá el
recurso de revocatoria.
El art. 514 expresa que “en la audiencia, el tribunal oirá a la parte apelada
para que se oponga o para que se adhiera a la apelación. En seguida oirá al
apelante, con relación a la oposición, el cual no podrá ampliar los motivos de
su recurso.”89 Pudiendo tanto el que recurre como el recurrido plantear la
88
CPCM, (véase cap. 2, n. 61)
89
Ibíd.
55
práctica de prueba, siendo proponibles solo los documentos concernientes a
la base del asunto que contengan elementos de juicio ineludibles para la
decisión de la causa, pero sólo en los casos en que sean posteriores a la
audiencia probatoria o a la audiencia del proceso abreviado; los documentos
que se quieran plantear antes de dicho momento se aceptarán cuando la
parte justifique que han tenido conocimiento de ellos con posterioridad a
aquél. También podrá proponerse prueba documental en el caso de que la
parte no aportará los documentos en primera instancia por causa justificada.
El Art. 515 regula lo relacionado a la sentencia de apelación el cual expresa
que “concluida la audiencia, el tribunal podrá dictar sentencia de inmediato, si
lo estima pertinente; o dar por concluida la audiencia luego de los alegatos
finales para dictar sentencia por escrito dentro del plazo de veinte días
contados desde el siguiente a aquél en que se hubiera celebrado la
audiencia”.
La sentencia que se decrete en apelación deberá emitirse únicamente
referente a los puntos trazados en el recurso y, en su caso, en los escritos de
adhesión. Finalizada la audiencia el juez puede dictar sentencia si así lo
considera, podrá dar por terminada la misma, una vez finalizado los alegatos y
dictar la sentencia por escrito dentro de un término de veinte días contados
desde el siguiente a que fue celebrada la audiencia, pronunciándose
solamente sobre los puntos y cuestiones planteada en el recurso.
2.8 Los medios de impugnación
2.8.1 Definición
Los medios de impugnación son los actos procesales de las partes
encaminados a conseguir un nuevo estudio, total o limitado a algunos
56
extremos, y un nuevo proveimiento en relación a una resolución judicial que el
que esta impugnando estima que no se encuentra apegada a derecho, en
fondo o en forma, o que estima errónea en cuanto a la fijación de los
hechos”90. El término impugnación provienedellatín “impugnare” que significa
atacar, acometer, y referido a un providencia, alude a reclamo o gravámenes
(del latín gravari) “instancia de declaración de nulidad, de anulabilidad, de
revocación o de modificación”.91
Se define a los medios de impugnación como aquella “objeción, refutación,
contradicción. Se refiere tanto a los actos y escritos de la parte contraria,
cuando pueden ser objeto de discusión ante los tribunales, como a las
resoluciones judiciales que sean firmes y contra las cuales cabe algún
recurso. Será el mismo procedimiento ante disposiciones o resoluciones en la
vía administrativa92”.
Los medios de impugnación son “aquellos instrumentos de carácter procesal,
originados por un derecho subjetivo procesal de las partes en general,
excepcionalmente lo posee cualquier persona afectada por una actuación
judicial perjudicial, o bien a disposición del ministerio público en interés de la
ley, cuya finalidad será modificar el contenido de la misma”.93
Por lo anterior se puede entender que los medios de impugnación son
instrumentos legales que se han puestos a disposición de las partes de un
90
Alcala Zamora y Castillo Niceto y Ricardo Levene; “Derecho Procesal Penal”; (Buenos
Aires Tomo III; G.Kraft, 1945), 259.
91
Redenti Enrico, “Derecho Procesal Civil”, Tomo II, Traducción Sentía Melendo, (Buenos
Aires, Ejea, 1957), 308.
92
Manuel Osorio citado por, Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales, acceso el
19 de abril del 2018, http://es.diccionariodecienciasjuridicas.com/doc/202240/ Diccionario de
Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales.
93
Oscar Canales Cisco, “Medios de Impugnación en el Proceso Civil Salvadoreño III”,
Comentarios al Anteproyecto del Código Procesal Civil y Mercantil Salvadoreño, Talleres
Gráficos UCA, San Salvador, 2005, 3.
57
proceso para pretender la anulación o la modificación de las resoluciones
judiciales.
El término medios de impugnación o sus derivados se destina al acto de la
parte con el que pide la anulación o modificación de una resolución judicial así
como a la fase del proceso en que el órgano judicial competente conoce de
esa petición. Siendo esta expresión genérica; ya que alcanza al recurso
judicial y a la nulidad procesal. Originándose ambas vertientes del derecho
subjetivo de carácter procesal, siendo este el derecho de impugnar el cual se
desglosa de forma directa de la legislación secundaria y de manera indirecta
de la norma constitucional.
El derecho a impugnar se encuentra en abstracto en toda persona y se
concretiza mediante los diferentes medios de impugnación. El hecho
generador en la impugnación se debe a determinada actuación perjudicial del
juzgador hacia las partes con ocasión de un proceso. Por lo anterior se debe
entender que habrá impugnación siempre que se genere una actuación
judicial perjudicial, de lo contrario si solo se tratara de una simple omisión
procesal del juzgador, las partes poseen otros instrumentos procesales para
corregir las infracciones, denominadas como medio de control judicial.
El vocablo impugnación proviene del latín “impugnare”, tal como se indicó
anteriormente en el entendido que esto significa atar o asaltar. Referido al
aspecto procesal y en su significado más amplio, siendo estos los medios con
los que disponen las partes para atacar las providencias jurisdiccionales.
Comprendiendo cualquier medio de ataque, es decir, tanto el que se dirige
contra la decisión tomada por el Juez, como el que tiende a obtener su
nulidad.
58
El ordenamiento procesal y la doctrina en general guardan el calificativo de
impugnación, solo para el primero, que se obtiene mediante los recursos.
Haciendo mención, en relación al termino de recurso que es el “regreso al
punto de partida, un recorrer, correr de nuevo, pues entraña que el mismo
funcionario jurisdiccional que tomo la decisión u otro distinto vuelva a
considerarla”.
De lo anterior se entiende que los recursos son los medios que la ley concede
a la parte que se cree perjudicada por una resolución judicial para conseguir
que ella sea cambiada o desistida y con ello quedaría sin efecto.
Concibiéndose al recurso como el medio de impugnación del que disponen las
partes para que los funcionarios jurisdiccionales modifiquen aquellos errores
que pudieron haber cometido al tomar cualquier decisión ya sea como
consecuencia de la aplicación equivocada de la forma sustancial o material o
bien por inobservancia de las formas procesales. En pocas palabras, los
recursos arremeten la eficacia de las providencias judiciales.94
En el proceso se pueden originar actos procesales que sufren de omisiones o
fallas, dando la pauta a las partes para actuar e intentar sanearlas mediante el
ejercicio de la impugnación. En este sentido se puede definir impugnación
como: “la acción y efecto de atacar o refutar un acto judicial, documento,
deposición testimonial, etc., con el fin de obtener su revocación o
invalidación.”
2.8.2 Clases de medios de impugnación
En relación a este punto la doctrina procesal no se pone de acuerdo en el
94
J. Azula Camacho, “Manual de Derecho Procesal”, Tomo I, 2ª ed. (Bogotá: Editorial.
Jurídicas Wilches, 1982), 407 – 408.
59
establecimiento claro y unitarios sobre las clases de medios de impugnación
que se pueden producir en una relación jurídica procesal inmersa en un
proceso judicial, diversos autores han mantenido que debe hacerse una
distinción entre medios de Impugnación en sentido amplio y en sentido
estricto.
Se puede identificar que los medios de impugnación en sentido amplio son los
que alcanzan todos aquellos instrumentos jurídicos por medio de los cuales se
solicita la anulación de las sentencias que han adquirido firmeza, refiriéndose,
a aquellos procesos que ya terminaron, abriéndose un nuevo proceso con la
impugnación, entendiéndose que es una nueva acción y que esta es
autónoma, mediante una pretensión distinta de la que fue decidida en el
proceso del cual se quiere impugnar la resolución final.
En el ordenamiento jurídico salvadoreño, específicamente en el código
procesal civil y mercantil, se encuentra claramente este tipo de medios de
impugnación, regulados en el libro cuarto, específicamente del artículo 540 al
550 del referido cuerpo normativo95. Denominando el legislador muy
adecuadamente a las figuras procesales que se utilizarían en dicho código
como revisión de sentencia y no lo nombro como recurso tal como lo hizo con
el recurso de revocatoria, recurso de apelación y el recurso de casación y eso
tiene su razón de ser en que no es en puridad de derecho un recurso sino que
como un medio de Impugnación.96
Seguidamente los medios de impugnación en sentido estricto son aquellos
que se representan a resoluciones que no han alcanzado firmeza,
95
CPCM, (véase cap. 2, n. 61)
96
Juan Carlos Cabañas García, Oscar Canales Cisco y Santiago Garderes, Código Procesal
Civil y Mercantil Comentado, (San Salvador Talleres Gráficos UCA, Julio 2010), 609.
60
transgrediendo así sobre un proceso todavía pendiente y dilatando su
querella, por lo que impiden que llegue a producirse la llamada cosa juzgada
formal. Se trata de los verdaderos recursos, en los que la impugnación se
produce en un proceso aún pendiente, pidiendo el recurrente que se produzca
un nuevo examen de lo que fue resuelto en la resolución que se recurre y en
cuanto la misma le sea desfavorable, para que se dicte otra resolución
modificando la anterior o anulándola.
Respecto a esta forma de ver los medios de impugnación en sentido estricto
dicen los autores que algo que lo diferencia con la anterior postura es
precisamente que en estos no hay un nuevo proceso sino más bien una nueva
fase del mismo proceso, pues lo que se persigue no es la apertura de un
nuevo proceso sino un nuevo examen de lo ya resuelto en la resolución
impugnada, examen que tendrá lugar dentro del proceso que aún está
pendiente.
2.8.2.1 Diferencia entre remedios procesales y recursos
A raíz de los medios de impugnación es que sobresalen las clases de tipos de
impugnación en los cuales tiende a distinguir lo que es un remedio procesal y
lo que realmente es un recurso. Los primeros tienen la particularidad de que
no hay una instancia superior, es decir, que conoce el mismo juez que conoció
de la primera instancia, y sobre los recursos contrario sensu si hay una
instancia superior quien conoce, haciendo un nuevo examen de lo que se
resolvió en primera instancia.
Es así que se distingue la clasificación entre remedios procesales y recursos,
considerando que el origen de los remedios procesales se genera cuando el
medio de impugnación debe conocerlo el mismo órgano que dictó la
61
resolución que se impugna. 97
Los remedios carecen de efecto devolutivo, que se producen dentro de la
misma instancia (o fase del proceso) y que son horizontales.
En el código procesal civil y mercantil de la legislación salvadoreña
atendiendo a la anterior definición reconoce los remedios procesales en el
sentido de no devolutivos: revocatoria (art. 503), y nulidad (arts. 238).
Luego de definir lo que es remedio, es oportuno enmarcarse en lo que son los
recursos siendo aquellos “cuando del medio de impugnación debe conocer un
órgano superior y distinto al que dictó la resolución que se impugna. De estos
medios puede decirse también que tienen efecto devolutivo, que abren una
nueva instancia (o fase) del proceso y que son verticales”.
En relación a los remedios procesales y los recursos, es posible identificar
ciertas diferencias:
1) Los recursos tienen siempre efecto devolutivo.
2) Los recursos abren siempre una nueva instancia (o fase) en el proceso.
El recurso de casación es considerado como un recurso extraordinario,
porque por medio del mismo la parte recurrente hará del conocimiento de la
corte suprema de justicia sólo alguno o algunos de las atribuciones de ley, de
modo que la corte suprema no puede llegar a conocer de todo lo que fue
decidido por la cámara de lo civil, exclusivamente de unos motivos fijados
taxativamente.
Juan Montero Aroca, “Manual de Derecho Procesal Civil” vol. 1, 2ªed. (Valencia: Tirant lo
97
Blanch, 2001), 421.
62
De esto deriva la diferencia entre el recurso de apelación y el de casación en
el sentido que el primero es una nueva instancia, a diferencia del segundo
que no es una instancia, sino algo distinto a lo que estamos llamando fase del
proceso.
Cuando se dice que el recurso de apelación es una instancia, se está
admitiendo que quien conoce del mismo no ve limitado su conocimiento a
unos motivos; cuando se dice que el recurso de casación no es una instancia,
se reconoce que el mismo se refiere a unos motivos determinados. 98
2.8.2.2 Recursos ordinarios
Los denominados recursos ordinarios o de derecho común son aquellos que
pueden interponerse en el transcurso de la primera y segunda instancia,
contra cualquier tipo de decisión con el fin de corregir errores “in iudicando” o
“in procedendo”, cualquiera que sea la causa que los determine. Estos
recursos proceden en contra de autos y sentencias, el objeto de litigio se
discute ampliamente y en toda su extensión siendo estos recursos ordinarios
el de revisión y el de apelación.
2.9 Recurso de apelación
El recurso de apelación es un recurso es ordinario y vertical, en razón de que
las partes solicitan a un tribunal de segunda instancia un nuevo examen sobre
la resolución dictada por un juez de primera instancia, con el objeto de que
dicho tribunal modifique, revoque o confirme. La apelación es un instrumento
normal de impugnación de sentencias definitivas; en virtud de ella, se inicia
una segunda instancia. La palabra apelar proviene del latín “appellare”, que
98
Ibíd., 424
63
significa pedir auxilio, de conformidad con esto, apelar vendría siendo la
petición que de hace al juez de grado superior para que repare los defectos,
vicios y errores de una resolución dictada por el inferior.
2.9.1 Definición
Para definir el recurso de apelación es indispensable acudir a la doctrina
procesal, considerándolo al recurso de apelación como un recurso ordinario y
devolutivo, cuyo objeto puede ser material o procesal, por virtud del cual se
“solicita del órgano jurisdiccional, de orden jerárquico superior al que dictó la
resolución recurrida que examine su corrección y regularidad con relación a lo
que constituye la materia que haya sido objeto de decisión en ella, y dicte otra
favorable o más favorable para el recurrente, o la anule”.99
Otro autor, se manifiesta al respecto expresando que sobre lo que se debe
comprender por el recurso de apelación, que “el objeto de éste está diseñado
tanto en la interpretación del derecho material como en la posible rectificación
en la aplicación de una norma procesal, en caso de estimarse el recurso
existe la posibilidad de sustitución y consecuente eliminación de la resolución
impugnada”,100 Una pretensión de reforma de una resolución judicial dentro
del mismo proceso en que dicha resolución ha sido dictada”.101
2.9.2 Naturaleza
Existen diferentes posiciones sobre la apelación en la doctrina unos,
establecen a la apelación como un nuevo proceso distinto al de primera
99
Montero Aroca, “Manual de Derecho Procesal”,175, (véase cap. 2, n. 97)
100
Canales Cisco, “Medios de Impugnación”, 138, (véase cap. 2, n. 93)
101
J. Eduardo Couture,“Fundamentos del derecho procesal civil”, 3º ed. (Buenos Aires De
palma, 1974), 340.
64
instancia, a lo cual denominan tesis renovadora; contando con un carácter
autónomo, independiente, especial y autentico. Otros ostentan que se trata del
mismo proceso, el cual se encuentra dividido en distintos grados, lo que
denominan tesis revisora.
La apelación tiene como meta o finalidad revisar y depurara el material
litigioso y el pronunciamiento definitivo de primera instancia, de modo que con
él no se procura reiterar el juzgamiento de origen sino controlar lo ya decidido
o resuelto, ya que no se reiteran los tramites del proceso principal sino que se
siguen otros diferentes distintos a los primeros teniendo por objeto comprobar
la exactitud o no de los resultados obtenidos en el proceso originario.
La apelación reside e instituye un procedimiento cuyo objeto radica en
verificar sobre la base de la resolución impugnada al error o al acierto de la
primera instancia.
2.9.3 Características
Para la doctrina procesal moderna el recurso de apelación ostenta las
características de ser un recurso ordinario, devolutivo, generador de la
segunda instancia de conocimiento procesal de la pretensión, potestativo,
desistible, perentorio, dispositivo o a instancia de parte, sustanciado mediante
un procedimiento único.
Se considera un recurso ordinario ya que está fijada por el carácter común de
toda resolución judicial aceptable para este recurso, las cuales causan algún
agravio al recurrente.
Al respecto de lo anterior se menciona, “todo lo conocido y decidido por el
tribunal de primera instancia puede llevarse, por medio del recurso, al
65
conocimiento y decisión del tribunal de la apelación, sin que existan motivos
determinados en la ley”.102
La apelación es “ordinaria por el hecho de determinar el acceso a la segunda
instancia del conocimiento de la pretensión, donde el tribunal superior
examina los hechos y el derecho procurando de este modo la confirmación,
revocación, modificación o anulación de la resolución judicial recurrida”.103
La siguiente característica se refiere a que es un recurso devolutivo, la cual
tiene que ver llanamente con el sistema de organización judicial y competencia
funcional. Acorde al principio del juez natural instituida para la segunda
instancia, ya que una vez interpuesto el recurso de apelación las cámaras de
segunda instancia en lo civil tiene la competencia de tomar la decisión de su
legal admisión, procedencia, tramitación y final resolución, diversos autores, se
pronuncian haciendo mención que “es esta nota la que lo distingue de los
denominados “remedios”, como el recurso de reposición, en el que será el
propio tribunal que dictó la resolución el que ha conocer y decidir sobre el
recurso”.104
La tercera característica es que es generador de segunda instancia, la cual
deriva de la anterior, haciendo referencia a que de modo distintivo, solo el
recurso de apelación abre la cuestión objeto del debate jurídico del proceso de
la pretensión procesal al segundo grado de conocimiento procesal o segunda
instancia para su reexamen sobre los errores de fondo o los de procedimiento
102
Juan Montero Aroca, “Nuevo Proceso Civil”, Ley 1/2000, 2ª ed., (Valencia Tirant lo Blanch,
2001), 551.
103
Guillermo Alexander Parada Gámez, “La Oralidad en el Proceso Civil”, Colección de
Profesores 1, Publicación del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UCA., (San
Salvador, El Salvador Talleres Gráficos UCA, 2008), 296.
104
Juan Picatoste Bobillo,“Los Recursos y otros medios de impugnación en la ley de
enjuiciamiento civil”, (Barcelona, Bosch S.A., 2009), 126.
66
verificados en primera instancia. 168-184
La segunda instancia es “el ejercicio de la misma acción a la de la primera
instancia ante el juez o tribunal de apelación, con el objeto de que reforme la
sentencia del primer juez, puesto que instancia se designa al conjunto de
actuaciones practicadas durante el desarrollo de un procedimiento que
comprenden hasta la sentencia definitiva, tal conceptualización, el de segunda
instancia, es de vital importancia doctrinal”.105
Existen otros autores que hacen referencia a que segunda instancia y
apelación son sinónimos, en el sentido jurídico estricto cuando se habla de
doble grado o de doble instancia se hace referencia a un sistema de organizar
el proceso en virtud del cual se establecen dos sucesivo exámenes y
decisiones sobre el tema de fondo planteado.
A lo anterior se puede deducir que ambos tribunales tienen en principio los
mismos poderes y posibilidades de conocimiento del conflicto, teniendo las
partes la potestad de limitar el ámbito de conocimiento a alguno de los
elementos de la resolución apelada al formular la impugnación, señalando en
dicho Recuro, los puntos precisos a apelar constituyéndose este aspecto en
una garantía al Justiciable recurrente, por tres aspectos a saber:
1) En cuanto un juicio reiterado hace, por sí mismo, posible la corrección de
los errores; 2) En cuanto los dos juicios están con dos a jueces diferentes; y 3)
En cuanto el segundo juez se presenta como más autorizado que el
primero.106
105
Guillermo Cabanellas, Diccionario Jurídico Elemental, 11º ed., (Buenos Aires, 1993), 166.
106
Chiovenda, “Principios de Derecho Procesal”, 488, (véase cap. 2, n. 47)
67
También, así, este recurso tiene la característica de ser potestativo, haciendo
referencia esta característica a que es el litigante quien tiene la imperiosa
facultad o potestad de hacer uso o no del recurso de apelación; en pocas
palabras es el litigante quien toma la decisión de interponer o no el recurso en
base a si considera que la resolución le causa o no agravio de forma directa o
indirecta.
Otra de las características del recurso de apelación que es desistible, en
relación a que si el litigante que interpuso el recurso puede tomar la decisión
de continuar o de desistir con la tramitación del mismo, ya que no está
obligado a finalizar la continuación del recurso. Dicho desistimiento puede
darse: de forma unilateral tal como lo regula el art. 518 del CPRCM, esta
figura se conoce como deserción del recurso generando el efecto de que la
resolución adquiere la calidad de cosa juzgada, así también puede ser de
forma bilateral, lo que regula el art. 132 del CPRCM “Las partes podrán
realizar una transacción judicial llegando a un acuerdo o convenio sobre la
pretensión procesal. Dicho acuerdo o convenio será homologado por el
tribunal que esté conociendo del litigio al que se pretenda poner fin y tendrá
efecto de cosa juzgada”.
El artículo 511 del CPCM regula la siguiente característica en cuanto a que es
perentorio pudiéndose interponer el recurso de apelación en la oportunidad
procesal oportuna, manifestando el articulo 511 el término para su
interposición, “El recurso de apelación deberá presentarse ante el juez que
dictó la resolución impugnada, y a más tardar dentro del plazo de cinco días
contados a partir del siguiente, al de la comunicación de aquélla”.
Otra característica es que es un recurso dispositivo o a instancia de parte,
siendo derecho del litigante inspeccionar la actividad jurisdiccional, por lo cual
68
solo a este le corresponde impugnar las resoluciones judiciales pues el juez
no puede auto impugnarse, manifestando al respecto el artículo 6 del CPRCM
“La iniciación de todo proceso civil o mercantil corresponde al titular del
derecho subjetivo o interés legítimo que se discute en el proceso; y dicho
titular conservará siempre la disponibilidad de la pretensión”.
2.9.4 Objeto del recurso
El objeto del recurso de apelación es el agravio, y su necesidad de
resarcimiento por acto de superior, constituye que el acto probatorio del
apelante no supone, que la sentencia sea realmente injusta: basta con que el
la considere como tal, para que el recurso sea permitido y nazca la segunda
instancia; en consecuencia la acción de revisión de parte del superior sobre la
injusticia de la sentencia que se ha apelado es el objeto de dicho recurso.
En el derecho procesal la propuesta del que se siente agraviado se formula
por medio de la apelación; incurriendo a pedir justicia de mayor capacidad
ósea a la cámara de segunda instancia.
Dicho recurso no puede quedar al arbitrio del mismo juez que dictó la
sentencia ya que todo el andamio de la apelación resultaría sometido a la
voluntad del juez apelado, quien por obvias razones negaría la apelación ya
que difícilmente aceptaría que ha incurrido en errores.
El código de procedimientos civiles de El Salvador en sus art. 989 y
1028.107Regulaba que “si el juez negare la apelación, podrá el interesado
recurrir directamente al tribunal superior (lo que se conoce como apelación de
107
Código de Procedimientos Civiles, (véase cap. 1, n. 17)
69
hecho) dentro del término de tres días contados desde el siguiente de la
notificación de la negativa de la apelación, más el término de la distancia,
pidiendo se le admita el recurso”.
Si se acepta que el objeto de la apelación es la revisión de la sentencia de
primera instancia, surge la duda de saber cuál es el objeto exacto de esa
revisión: si lo es la instancia anterior en su integridad o si lo es la sentencia
misma, aunque para muchos autores afirman que dicha revisión va
enmarcada a la sentencia misma, ya que el objeto del recurso de apelación es
hacer un nuevo examen liminar de la sentencia.
2.9.5 Elementos del recurso de apelación
El recurso de apelación como una figura jurídica procesal está compuesta por
una serie de elementos: objetivos y subjetivos, en el entendido que hacen
mención a los sujetos que actúan en él y a las circunstancias objetivas que
atenúan su admisión, sustanciación y decisión.
El elemento objetivo del recurso de apelación se somete a medidas objetivos
desde dos enfoques a conocer, el agravio y la resolución recurrible, teniendo
en cuenta que el agravio es el primer elemento objetivo prepositivo y
habilitante de la apelación como medio impugnativo.
Explícitamente el código procesal civil y mercantil en su art. 501 reconoce la
existencia objetiva del agravio como condición de recurribilidad de la
resolución que se considere desfavorable. El agravio debe fundamentarse en
el conjunto de dos elementos: el material siendo este la afectación que la
persona sufra en forma personal y directa en su esfera jurídica, y el jurídico, el
cual requiere que el daño sea causado o producido en ocasión o mediante la
70
108
violación de los derechos jurídicamente reconocidos.
En el elemento subjetivo están considerados las personas que intervienen
como parte de la subjetividad en la que el mismo recurso está envuelto,
siendo estos el tribunal competente para conocer de dicho recurso y a las
partes legitimadas para ello, regulando el Art. 66 del CPCM que “es legitimado
para actuar como parte en un proceso los titulares de un derecho o un interés
legalmente reconocido en relación con la pretensión”.
108
Sala de lo Constitucional, Sentencia de Amparo, Referencia 423-97ac (El Salvador, Corte
Suprema de Justicia, 1999)
71
CAPITULO III
EL LAUDO ARBITRAL
El presente capitulo tiene como propósito, conocer y desarrollar las
generalidades que complementan el laudo arbitral como tal, en este sentido es
preciso conocer su definición, reconociéndolo desde acepciones antiguas bajo
las figuras de “pacto o convenio”, así también como “juicio o sentencia”.
Asimismo enmarcarse en las formalidades que dicho laudo debe tener para
poder ejecutarse
3.1 Definición de laudo arbitral
Entendiéndose por laudo, a la sentencia o fallo pronunciado por los árbitros o
amigables componedores respecto a los asuntos que las partes someten
voluntariamente, adquiriendo fuerza ejecutiva de sentencia firme una vez
concluidos los recursos de que son susceptibles, de pasar en autoridad de
cosa juzgada, como los fallos de los tribunales ordinarios.
Son las consecuencias que derivan de un contrato solemne celebrado entre
las partes, y que marcan un compromiso, las que dan fuerza a la figura de los
laudos.109
Todo pronunciamiento, sea sentencia o laudo pronunciado por un árbitro, y
que le ponga término a un conflicto, lleva aparejada la posibilidad de recurrir
por las partes contra la decisión dictada, cuando ésta no se ajuste al
109
Diccionario Enciclopédico, (véase cap. 1, n. 1)
72
procedimiento legal establecido, o si es la decisión es arbitraria, como la de
sancionar el cumplimiento de la resolución arbitral.
La ejecución voluntaria o forzosa del laudo es ineludible con el arbitraje, lo que
quiere decir que la impunidad del incumplimiento volvería aquella resolución
tan débil como una fórmula conciliatoria extrajudicial, que sólo se concreta por
la espontaneidad de las partes.
Estos antecedentes son los que hoy día contribuyen a la definición del laudo,
concibiéndose como aquella decisión definitiva de los árbitros o amigables
componedores110que ponen fin a la controversia que les ha sido sometida a su
arbitrio.
En otras palabras se puede decir que el laudo es equiparable a una sentencia,
considerando que participa con su mismo carácter imperativo y que posee una
vez firme, calidad de cosa juzgada.
En relación al “laudo arbitral” como tal, la doctrina es clara al definirlo como el
pronunciamiento de los árbitros designados en el compromiso.
El que ha de ser conforme a lo alegado, probado y dictado en la misma forma
que las sentencias de los jueces de primera instancia, así lo define el arbitraje
111
de derecho.
Es decir, son los árbitros quienes decidirán la cuestión sometida a su
consideración apegados a derecho, equidad o conforme a normas y principios
110
Se refiere al fallo que según su leal saber y entender, dictan los particulares designados
en la escritura de compromiso, así lo define Cabanellas, en el Diccionario Enciclopédico, 97.
111
En este sentido se entiende que el arbitraje, para ser eficaz, necesitara ajustarse a las
prescripciones de ley. Ibíd. 349
73
técnicos, de conformidad a lo estipulado en la figura del convenio arbitral.112
3.2 Características del laudo arbitral
La ley de mediación, conciliación y arbitraje regula de manera expresa las
generalidades que comprende el laudo arbitral como tal, es por esta razón que
hoy día se hace posible identificarlo respecto a su forma y contenido.
En cuanto a las características y formalidades que la ley señala respecto al
laudo arbitral, el Art. 60 de la LMCA, instituye que este será por escrito y
deberá contener requisitos formales y sustanciales que aporten a su
definición.113
De esta manera es posible identificar dentro de los requisitos formales: 1) la
indicación de lugar y fecha; 2) generales de las partes y de los árbitros; 3)
señalar la cuestión sometida a arbitraje, así también una síntesis de las
alegaciones y conclusiones de las partes; 4) indicar la valoración de las
pruebas practicadas; 5) no dejando los principios generales del derecho,
considerando que la resolución debe ser clara, precisa y congruente con las
demandas y demás pretensiones deducidas oportunamente en el pleito; 6) la
determinación de las costas del proceso y las firmas de todos los miembros
del tribunal arbitral o de la mayoría de ellos.
Respecto a la autenticidad del laudo, el Art. 62 del mismo cuerpo normativo,
establece que el laudo arbitral se tendrá por auténtico con la firma del árbitro o
112
Refiriéndose al acuerdo por el cual las partes deciden someter a arbitraje las controversias
que hayan surgido o puedan surgir entre ellas, respecto de una determinada relación
jurídica, de naturaleza contractual o extra contractual. Pitti, “Arbitraje” (Seminario presentado
en el proyecto de justicia USAID, en San Salvador, El Salvador, Septiembre 2004, 6.
113
LMCA (véase cap. 2, n 55).
74
árbitros y el sello del centro respectivo, si se trata de arbitraje institucional;
contrario al arbitraje ad hoc, que se protocolizará notarialmente y cuando sea
necesario registrarlo, bastará presentar al registro una copia del laudo
certificada por el director del centro de arbitraje.
La protocolización del laudo arbitral es meramente una característica del
arbitraje ad hoc, dicha protocolización es un acto notarial en virtud del cual el
laudo arbitral se incorpora al protocolo del notario con el propósito principal de
guardar la resolución arbitral y dejar constancia de su realidad y contenido.
Figurándose la protocolización mediante acta notarial, documento público
redactado y autorizado por el notario que hace prueba aun contra terceros, del
laudo arbitral y de su fecha.
Produciéndose la protocolización mediante la comparecencia y solicitud de los
sujetos legitimados ordinariamente el árbitro y alguna de las partes del
arbitraje. Aceptada la solicitud y examinado el documento por el notario, este
declara el laudo unido al expediente del protocolo, expresando el número de
folios que contenga y los reintegros que lleve unidos.
La protocolización de laudo arbitral es una mera facultad de las partes, que
requieren dicha actuación notarial si lo estiman conveniente sus intereses.
Quiere esto decir que el laudo es válido y eficaz una vez cumplidos los
requisitos de emisión establecidos en la LMCA, sin que ni siquiera su eficacia
ejecutiva quede sujeta a tal exigencia solemne.
Como ya se mencionó, anteriormente, la protocolización reside en la
incorporación literal a los libros de protocolo de los documentos privados y
auténticos, con las formalidades legales. Así el articulo 55 Ord. 2° de la Ley de
notariado regula que "podrán protocolizarse; Los documentos o diligencias
75
cuya protocolización se ordene por ley o por resolución de tribunal
competente. En estos casos el notario actuará por sí y ante sí”. Reforzando
este articulo al ya citado artículo 62 de la LMCA.
La omisión de la fórmula que hace menciona la disposición, "ante mi” y "por
mí”, no se encuentra sancionada en la ley de notariado ni en ninguna otra, se
trata de legesimperfectae, y por ello no puede restársele validez al
instrumento para que pueda prestar el fin perseguido por los solicitantes de la
ejecución del laudo arbitral.
Respecto a los efectos del laudo arbitral, el Art. 63 de la LMCA, determina que
este tendrá la misma fuerza y validez de una sentencia judicial y pasada en
autoridad de cosa juzgada.114
Del laudo se entrega copia auténtica a cada una de las partes, esto de
conformidad a los principios de igualdad y contradicción con los cuales se
pretende dar a las partes las mismas oportunidades de hacer valer sus
derechos y de confrontar a la otra parte en lo que estén en desacuerdo.
En este punto es posible hablar del laudo ejecutoriado, es decir que este será
firme una vez se haya resuelto sobre la aclaración, corrección, y adición entre
otras resoluciones que solo a criterio del arbitrador se consideren análogas a
las situaciones relativas al conflicto sometido a este conocimiento, de
conformidad a lo normalizado en el Art. 64 de la LMCA. Es decir, el laudo
puede ser objeto de aclaración, corrección o adición y será firme una vez
114
Se refiere a lo resuelto en juicio contradictorio, ante un juez o tribunal, por sentencia firme.
Doctrinariamente diversos autores aportan definiciones, señalando entre ellos las
concepciones de Manresa, que da este nombre a “toda cuestión que ha sido resuelta en
juicio contradictorio por sentencia firme de los tribunales de justicia”. Así también para
Chiovenda que lo concibe como la incontrovertibilidad de la voluntad concreta de la ley
afirmada en la sentenciaDiccionario Enciclopédico, 397, (véase cap. 1, n. 1)
76
concluidas las diligencias, según fuere el caso, esta solicitud debe hacerse
dentro de los cinco días siguientes a la notificación del laudo a las partes.
3.3 Naturaleza del laudo arbitral
Definir la naturaleza jurídica del laudo arbitral, implica desarrollar aspectos
propios del tema, en cuanto definir si se trata de un acto jurídico privado o
llevado a cabo por ciertas personas en cumplimiento de una obligación
asumida, si se trata de un contrato en el que se llegó a un acuerdo para el
sometimiento al arbitraje, o si es un acto jurisdiccional, emitido por un órgano
de esta clase tras un proceso (judicial) ante un juez privado, designado por las
partes y el respaldo por el Estado, que desarrolla una función jurisdiccional.
En cuanto a este apartado algunos autores sostienen entre sus teorías que
“cuando el árbitro resuelve una controversia, dicta una sentencia arbitral o
laudo, está realizando un acto jurisdiccional, facultad que los árbitros poseen,
no por voluntad de las partes sino por facultad de ley”. 115 Otras teorías son las
que indican que “el laudo arbitral” viene a ser el resultado de la libertad de los
contendientes, no de su sujeción, porque, si bien el resultado no es para ellos
libre “in effectu”, ha sido libre “in causa” y tiene, por lo tanto, fuerza de obligar,
porque ellos quisieron que se les obligara”.
Son los aportes doctrinarios, los que conciben que la naturaleza jurídica del
laudo arbitral tiene distintas teorías en función de su naturaleza, respecto a
ellas es posible identificar: 1) la teoría privatista o contractualista; 2) teoría
jurisdiccional; y 3) las teorías mixtas o intermedias.
Patricio Aylwin Azocar, “El juicio arbitral”, Chile, (Editorial Jurídica de Chile, Santiago de
115
Chile, 2005), 489.
77
En relación a la teoría privatista o contractualista, esta sostiene que el arbitraje
es equiparable a un contrato privado, es más una manifestación de la
soberanía y poder de disposición de las partes sobre sus relaciones
jurídicas.116 Esta teoría toma en consideración el origen del arbitraje, así
también sostiene que así como es privado el negocio jurídico del cual los
árbitros derivan sus facultades, así también es privada su función, en
consecuencia son de derecho privado las relaciones que surgen entre ellos y
las partes intervinientes. Sosteniendo dicha teoría que el arbitraje es de
naturaleza contractual por tratarse de una exposición de las partes, reflejada
en el denominado convenio arbitral.
La teoría jurisdiccional o procesal, sustenta que la esencia del arbitraje se
encuentra en la identidad de fondo de la función jurisdiccional otorgada a los
tribunales, reflejada por la ley de modo excepcional y temporal a los jueces
privados que vienen a ser los árbitros. Aspecto importante que permite
destacar el hecho de considerar la figura del arbitraje como un verdadero
juicio, considerando que el laudo tiene autoridad de cosa juzgada, con
independencia de la fuerza ejecutoria que le confieren las normas del
exequátur.117
Los laudos pronunciados por los árbitros están revestidos de la misma fuerza
de las sentencias del poder judicial, sentencias que adquieren efecto de cosa
juzgada respecto a cuestiones resueltas por los árbitros y se les concede el
carácter de título ejecutivo.
La teoría mixta o intermedia, considera que el arbitraje es una institución sui
116
Feldtein de Cardenas y Herbon Hebe, “El Arbitraje”,26.
117
Se refiere a la autorización o fuerza ejecutiva que los presidentes de los tribunales civiles y
de comercio conceden a las sentencias arbitrales o laudos ajustados al compromiso y a lo
legal. “Diccionario Enciclopédico, 629, (véase cap.1, n. 1)
78
generis, de naturaleza mixta o híbrida, en la que conviven, como un todo
indiscutible, es decir el origen contractual del mismo y la teoría jurisdiccional
que, el última instancia, explica su aparición.
Esta teoría distingue entre la materia inherente al acuerdo arbitral de
indudable carácter contractual y privado y la eficacia legal del laudo, de
naturaleza pública en razón de esto constituye la expresión de la jurisdicción y
por ello reservado a los que dispongan las leyes. Esta teoría reconoce y
regula el ejercicio de la jurisdicción por parte de los árbitros, sin desconocer
que su origen es absolutamente contractual.
3.4 Tipos de laudo
En este apartado son importantes los aportes que la doctrina ofrece respecto
a la definición del laudo arbitral como tal, siendo la decisión emanada de los
árbitros la que pone fin al litigio. En este punto los laudos arbitrales una vez
ejecutoriados deben ser cumplidos de inmediato, sin embargo, la falta de
acatamiento le permite a las partes recurrir a la justicia ordinaria para que un
juez ordene la ejecución.
En ese sentido es posible identificar dentro de la clasificación de los diferentes
tipos de laudo, los siguientes:
3.4.1 Laudo sobre competencia
El arbitrajeal emitir su fallo(laudo) se puede dar varias situaciones como
puede ser un laudo final o incidental, ante estos dos tipos de laudo da cabida
a laudo sobre competencia en el cual el tribunal arbitral admite o rechaza su
competencia, pero de una manera un tanto particular. Las leyes del arbitraje
79
permiten que el árbitro resuelva por laudo separado su competencia
estableciéndose reglas particulares en general.118
3.4.2 Laudo incidental
El laudo incidental es una decisión provisional que tiene cabida en el
transcurso del procedimiento sin que ponga fin al mismo. Cuando el laudo
atiende a puntos que puedan situar como final al arbitraje, ya sea de
procedimiento o de fondo, el laudo se considerara final si el punto es
aprobado. De igual forma será incidental si el laudo es denegado.119
Para enfatizar en este tipo de laudo en un caso actual se tomara como
ejemplo la siguiente resolución teniendo la referencia 2-RNLA-13 en la cual se
interpone recurso de nulidad en contra de la resolución dictada en fecha
veintiuno de junio de dos mil trece, encontrándose como partes en este
proceso la sociedad telefónicas móviles S.A de C.V como parte recurrente y la
sociedad El Salvador Network S.A de C.V como parte recurrida, la causal de
este recurso es la plasmada en el art 68 numeral 5 que está referido a
cuando el laudo ha sido pronunciado después del vencimiento del término
fijado para el proceso arbitral o sus prorrogas . 120
Se toma a colación esta resolución no por el hecho del fallo emitido por el
juez, ya que claramente está reflejado como un fallo final y no incidental, pero
la honorable cámara ha enfatizado respecto a los tipos de laudo en su
extractado del recurso interpuesto haciendo constar lo siguiente: “Algunos
118
Hernández Francis, cita a: Francisco González de Cossio, “Análisis del Arbitraje”, 63
(véase cap. 2, n. 66
119
Ibíd.
120
Cámara Segunda de lo Civil de la Primera Sección del Centro, Sentencia Definitiva,
Referencia 2-RNLA-13, (El Salvador, Corte Suprema de Justicia, 2013)
80
doctrinarios establecen que laudo interlocutorio o incidental es, aquel que
resuelve cuestiones incidentales o prejudiciales, sean de procedimiento o de
fondo (como la legitimación para actuar, la prescripción o el derecho
aplicable), pero éste tipo de laudo a diferencia del laudo final y del laudo
parcial, no resuelve definitivamente todo o parte del objeto del litigio, y
tampoco son objeto de un recurso inmediato”.121
3.4.3 Laudo parcial
En el transcurso del procedimiento arbitral, el laudo parcial tiene cabida
cuando el punto objeto del litigo atiende a solo una parte del mismo. Es decir
que sea referente a los puntos de la demanda o de la contestación de la
demanda. Siendo estos objeto de un recurso inmediato.122 En esta
categorización se le faculta a él o los árbitros, que puede solucionar el
conflicto en un solo laudo arbitral. Uno de las asuntos que se reflexionan en el
análisis de la clasificación del laudo arbitral es que si las partes logran llegar a
un acuerdo parcial sobre el litigio.123
La legislación mexicana y sus leyes afines al arbitraje establecen que cuando
el laudo no tuviera eficacia en su totalidad, a petición de la parte interesada, el
tribunal arbitral puede admitir su eficacia parcial en los aspectos que cumplan
con los requisitos analizados, así lo regulan los códigos adjetivos civiles
federal y para el distrito federal.124
121
Ibíd.
122
Hernández Francis, cita a: Francisco González de Cossio, “Análisis del Arbitraje”, 63
(véase cap. 2, n. 66
123
Graciela Alejandra Castro Castillo, citado por Macías Orellana y Alfaro Nolasco, “El
Recurso de Nulidad”, 112.
124
Francisco José Contreras Vaca, “Derecho Internacional Privado Parte General”, 4ª ed.
(México: Oxford, 2004), 37.
81
De la anterior definición de laudo parcial se hace mención la referencia
jurisprudencial anteriormente mencionada en la cual la honorable cámara
hace hincapié a lo que es un laudo parcial expresando que: “los laudos
parciales surgen cuando las partes han convenido bifurcar el proceso arbitral,
es decir, cuando han decidido que ciertas materias sean resueltas
separadamente del fondo de la cuestión, con la finalidad de obtener un
resultado más eficiente en la resolución del caso. En consecuencia, los laudos
parciales no se pronuncian sobre todos los puntos litigiosos, sino sobre alguno
o algunos de ellos, los cuales pueden poner fin al proceso arbitral, y de los
cuales se puede recurrir inmediatamente”.125
También se puede resaltar el laudo parcial en la motivación que hace el juez
respecto al conflicto que se estaba suscitando en ese momento expresando lo
siguiente: “Por tanto, teniendo claro que lo que pronunció el tribunal arbitral es
un laudo final, por contener un análisis sobre el fondo de la cuestión
planteada, y no un laudo parcial que únicamente hubiese versado sobre
requisitos de forma”.126
3.4.4 Laudo final
El laudo final se denota por tener dos sentidos que es trascendental distinguir.
En primer lugar, destinan el laudo que solventa sobre todas las pretensiones
sometidas por las partes y que, consecuentemente, pone final al
procedimiento arbitral.
En segundo lugar, se considera un laudo parcial como final en la postura que
tenga fuerza de cosa juzgada y que relacione, en efecto, a los árbitros y a las
125
Cámara Segunda de lo Civil de la Primera Sección del Centro, (véase cap. 3, n. 120)
126
Ibíd.
82
partes, pudiéndose diferenciar el laudo de la orden procesal revocable.127
El laudo definitivo es también conocido como laudo final, ya que por medio de
este se finaliza normalmente el arbitraje solucionando los árbitros
integralmente el objeto del litigio, o lo que implique de ella por no haber sido
resuelta en laudos parciales impuestos durante el arbitraje.
El laudo definitivo es el emitido al final del proceso, de esta forma el tribunal
arbitral o el árbitro conciben su valoración y motivación acerca de las
pretensiones planteadas por las partes intervinientes para poder iniciar el
procedimiento, obteniendo una solución sobre la disputa.128
A raíz de la anterior definición de laudo final se toma como referencia la
jurisprudencia salvadoreña para ver cómo se aplica este tipo de laudo:
Percibiéndose como referencia la 2-RNLA-13 de la cual ya se hizo mención
con anterioridad en cuanto a las partes y demás generalidades. Pero se
recalca en cuanto a esta en el presente párrafo que se obtuvo como fallo no
ha lugar a lo planteado por la sociedad de telefónicas móviles S.A de C.V
debido al motivo siguiente.
Las partes acordaron dentro del calendario procesal que la fecha aproximada
para que el tribunal arbitral se pronunciara sobre la admisibilidad de la
solicitud de arbitraje, sería el día veintitrés de abril de dos mil trece. El examen
de admisibilidad que efectúa cualquier tribunal, judicial o arbitral, está referido
a los requisitos de forma que se deben reunir para entrar a conocer sobre las
pretensiones discutidas por las partes, a este mismo examen se refería la
127
Hernández Francis, cita a: Francisco González de Cossio, “Análisis del Arbitraje”, 63
(véase cap. 2, n. 66
128
Macías Orellana y Alfaro Nolasco, “El Recurso de Nulidad”,109, (véase cap. 1, n. 19)
83
resolución que el tribunal debía pronunciar, ya que dicho pronunciamiento se
haría luego de la presentación por la demandada de los argumentos en torno
a la inadmisibilidad formal de la solicitud de arbitraje, así como de la respuesta
sobre lo mismo, por parte del demandante.129
En otras palabras, el examen sobre las cuestiones de fondo hacen referencia
a otro tipo de control eliminar que debe desarrollar dicha autoridad, lo cual
dependiendo de la legislación procesal aplicable puede traer como
consecuencia el rechazo de la solicitud por ser ésta improponible,
improcedente, entre otros.
En ese sentido, éste tribunal considera que las partes al establecer la palabra
"admisibilidad" se referían a que el tribunal arbitral debía examinar los
requisitos de forma de la solicitud arbitral, teniendo como fecha aproximada
para pronunciarse sobre esos requisitos hasta el día veintitrés de abril de dos
mil trece.130
El tribunal arbitral no resolvió sobre la admisibilidad formal de la solicitud, sino
que debido al caso específico que se estaba planteando, se le hizo necesario
hacer un examen de fondo sobre los presupuestos de procedencia de dicha
solicitud, como lo es la existencia de cosa juzgada. Ese hecho trajo como
consecuencia que el laudo que se dictó fue un laudo final, con un rechazo que
excede a las razones meramente formales o extrínsecas de la solicitud, por lo
que el plazo que contaba el tribunal para emitir tal decisión, ya no era la que
constaba en el calendario procesal como el veintitrés de abril de dos mil trece,
sino que fue necesario aplicar el plazo contemplado en el art. 30 (1) del
reglamento CCI.131
129
Cámara Segunda de lo Civil de la Primera Sección del Centro, (véase cap. 2, n. 120)
130
Ibíd.
131
Ibíd.
84
Por lo tanto, teniendo claro que lo que pronunció el tribunal arbitral es un
laudo final, por contener un análisis sobre el fondo de la cuestión planteada, y
no un laudo parcial que únicamente hubiese versado sobre requisitos de
forma, es que se concluye como se dijo en líneas anteriores que el plazo para
dictar el mismo es de seis meses establecido en el art. 30 (1) del reglamento
CCI, ya que dicho artículo establece claramente que el plazo para pronunciar
el laudo final es de seis meses, contados a partir de la fecha de la última firma
del tribunal arbitral o de las partes, en el acta de misión.
En el caso de marras, dicho plazo se comienza a contar a partir del día
veinticinco de enero de dos mil trece, por ser ésta fecha en la cual las partes y
el tribunal arbitral firmaron el acta de misión.
Por tanto, dicho tribunal tenía hasta el día veinticinco de julio de dos mil trece,
para pronunciar el laudo parcial, y siendo que el laudo final fue pronunciado el
día veintiuno de junio de dos mil trece.
Al respecto, el tribunal consideró que el mismo había sido dictado en tiempo;
como lo sostiene también el mismo tribunal arbitral en la página doce y trece
del laudo, en el cual manifiesta que por medio de dicho laudo emite su
decisión sobre la admisibilidad de la solicitud de arbitraje, teniendo el mismo
carácter final, y que el mismo es expedido en tiempo de conformidad al art.31
(1) del reglamento CCI.
En conclusión, la cámara considera que el laudo final ha sido pronunciado
dentro del plazo establecido en el art. 30 (1) del reglamento CCI, por tanto,
debe desestimarse la pretensión de la parte recurrente”.
Se entiende la resolución como un laudo final según la honorable cámara
debido a lo siguiente: Por tanto, teniendo claro que lo que pronunció el tribunal
85
arbitral es un laudo final, “por contener un análisis sobre el fondo de la
cuestión planteada”.132
Así, como también, lo siguiente: El tribunal arbitral no resolvió sobre la
admisibilidad formal de la solicitud, sino que debido al caso específico que se
estaba planteando, “se le hizo necesario hacer un examen de fondo sobre los
presupuestos de procedencia de dicha solicitud, como lo es la existencia de
cosa juzgada”. Ese hecho trajo como consecuencia que el laudo que se dictó
fue un laudo final.133
La honorable cámara también enfatiza en la definición de laudo final según la
doctrina expresando lo siguiente: “Por último, laudos finales son, aquellos que
resuelven el fondo de la cuestión, después de tramitado el procedimiento,
poniéndole fin al proceso arbitral”.134
3.4.5 Laudo en rebeldía
El laudo en rebeldía es aquel en el que una de las partes involucradas se
rehúsa a participar en el procedimiento, por lo que el tribunal arbitral debe
seguir con el proceso sin la intervención activa de la parte en rebeldía. Con lo
cual los árbitros de oficio controlan su competencia. En el derecho arbitral no
se encuentran reguladas normas exclusivas sobre el laudo en rebeldía sino
que simplemente permite que el tribunal arbitral decida al respecto.135
3.4.6 Laudo consentido
El laudo consentido tiene por objeto enaltecer al laudo un acuerdo en las
132
Cámara Segunda de lo Civil de la Primera Sección del Centro, (véase cap. 2, n. 120)
133
Ibíd.
134
Ibíd.
135
Hernández Francis, cita a: Francisco González de Cossio, “Análisis del Arbitraje”, 63
(véase cap. 2, n. 66
86
cuales intervienen las partes. El porqué de este es ofrecer un título ejecutivo a
la acuerdo. El laudo consentido es tratado por leyes y reglamentos arbitrales
con los mismos efectos.
Sin embargo, todos estipulan que este sea una solución para ambas partes,
una parte no puede unilateralmente solicitar la conversión de un acuerdo en
laudo. El laudo consentido está sometido a las mismas reglas de forma que
los demás laudos, excepto en cuanto a la necesidad de motivación, pero debe
estar dentro de los contenidos del acuerdo arbitral a menos que las partes
acuerden de forma expresa darle su poder al árbitro y con ello no pueda ser
negado de conformidad con el derecho arbitral aplicable.
3.5 Diferenciación entre laudo y decisiones procesales
Respecto a este punto es posible identificar las siguientes diferencias entre
ambas figuras, las cuales son que el laudo decide sobre un punto en
controversia, son definitivos, tienen calidad de cosa juzgada, vinculan a las
partes y al árbitro y deben reunir una serie de requisitos que el reglamento
arbitral exige, mientras que la decisión procesal decide sobre aspectos
meramente procesales, son revocables o modificables, no tienen calidad de
cosa juzgada, solo obliga a las partes, y no exige formalidad o requisito alguno
que observar. Por estas razones el laudo arbitral y las decisiones procesales
tienen sus diferencias.
3.6 Requisitos de forma y de fondo para su emisión
El laudo establece la decisión que pronuncia el árbitro y que disipa la polémica
sometida a su conocimiento. El laudo es la última y la más trascendental fase
87
del proceso arbitral.136
Además de ser equiparable a una sentencia pronunciada en sede
jurisdiccional que adquiere los mismos efectos de cosa juzgada.
3.6.1 Requisitos de forma
Este requisito va encaminado a la presentación que legalmente debe adquirir
el laudo arbitral, dicha presentación se encuentra regulada en la legislación,
es así como resiste a los mismos efectos jurídicos que concibe una sentencia
emitida por un juez de primera instancia. Las partes tienen participación
sumamente importante en cuanto a la determinación de las reglas del
arbitraje, lo cual no les da libertad absoluta en las formas procesales sino más
bien dicha autonomía les da la potestad de decidir cuál de las formas ya
preestablecidas por la ley adoptaran. Acentuando lo anterior, en lo
concerniente a que hay disposiciones que establecen de manera general los
requisitos básicos que un laudo arbitral debe cumplir en su forma, como por la
formalidad escrita y protocolización y el sistema de adopción y firma las cuales
se desarrollan a continuación.
3.6.2 Formalidad escrita y protocolización
Este requisito está regulado en el art. 61 de la LMCA el cual expresamente
dice “El laudo podrá adoptarse por unanimidad o por simple mayoría de votos
y estará firmado por los árbitros. El árbitro disidente deberá manifestar por
escrito las razones que motivan su separación del criterio de los árbitros
mayoritarios. En caso de que no hubiese mayoría la decisión la tomará el
136
Posición Institucional en el Arbitraje: Un Paso atrás en el Arbitraje, acceso el 5 de mayo de
2018, http://fusades.orgsites/default/files/investigaciones.com.
88
presidente del tribunal”.137
Las formalidades que debe de llevar un laudo arbitral al momento de ser
pronunciado por el o los terceros, se ve establecido es este articulo el cual
señala claramente que debe ser por escrito, es importante agregar que
dependiendo la clase de arbitraje, así serán las formalidades que deberá
reunir el dictamen, para que el laudo sea autentico. Se debe identificar
notoriamente a las partes y de manera exacta y vastamente explicativa debe
hacerse la exposición de los hechos
La formalidad de que el laudo se haga constar por escrito, responde a la
necesidad que se tiene en términos de plasmar la decisión de manera exacta,
inalterable y valida, a fin de que pueda cumplirse y ejecutarse sin alteración
por las partes, ya que consta en un soporte que facilita las ulteriores
consultas.138
3.6.3 Sistema de adopción de decisión y firma
Primeramente, es la toma de decisión por parte de los árbitros, en el que se
discute su parecer sobre las cuestiones en conflicto y sometiendo a votación
la decisión que será plasmada en un documento con forma de laudo, si esto
ha sido adoptado de conformidad al sistema de votación o que previamente
hayan determinado las partes este será válido y por ende será firmado
posteriormente dicho documento.
El artículo 61 de la ley en comento establece que en caso de que no hubiese
137
LMCA (véase cap. 2, n 55)
138
Janneth Carolina Brito Centeno, “El laudo Arbitral y su impugnación de nulidad desde la
perspectiva jurídica salvadoreña”, Universidad Autónoma de Barcelona, Universidad Doctor
José Matías Delgado, El Salvador, 2009, 77.
89
mayoría entre los árbitros, el presidente del tribunal tiene la responsabilidad
de tomar la decisión.
Si hubiese un árbitro disconforme o disidente este debe de manifestar por
escrito, las razones por las cuales el separa su criterio del de los demás
árbitros.
En cuanto a la firma de los árbitros, es la formalidad por medio de la cual se
prueba la intervención de los terceros en el proceso, la firma es la prueba por
la cual se constata que el laudo ha sido emitido por las personas nombradas
para tal efecto.
El laudo que no cuente con dichas firmas conlleva la consecuencia de que el
laudo sea carente de autenticidad y por ende no desplegaría efectos como
sería su ejecución.
3.7 Requisitos de fondo
Se ha hecho mención que el laudo es semejante a una sentencia pronunciada
por un juez común, por lo tanto este debe contener requisitos de orden y
estructura, siendo estos los siguientes:
3.7.1 El encabezado
En este de forma general se sintetiza los datos, peticiones, excepciones y los
principales aspectos procesales ocurridos, esta parte es la que puntualiza los
antecedentes, los datos relativos a las partes, el objeto del arbitraje, lugar y
fecha de la resolución.139
Hernán Andrés Echeverría Franco, “Ejecución de laudos arbitrales internacionales en el
139
Ecuador”, (Tesis de grado, Universidad de Las Américas, Quito, Ecuador, 2011). 12
90
Los artículos 35 y 36 de la LMCA estipulan la capacidad e inhabilidades para
los árbitros,140 estos en relación con los arts.52, 54 y 55 del CPCM en los
cuales se funda que “no podrá conocer sobre el asunto quienes puedan poner
en peligro la imparcialidad en virtud de la relación con las partes o abogados
que los asisten.
Solo pueden ser árbitros las personas naturales que se hallan en pleno
ejercicio de sus derechos de ciudadanos adecuándose a los distinto tipos de
arbitraje y sus requisitos”. El árbitro deber haber aceptado el cargo y actuar
dentro de su competencia.
3.7.2 Fundamentación o parte motivada
En esta parte, los árbitros anuncian las razones de derecho o de equidad que
los llevaran a tomar las resoluciones correspondientes; razones que en
general se limitan al examen crítico de las pruebas, frente a los supuestos de
hecho, para hallar o no la aplicación de las normas sustantivas
correspondientes.141
La motivación de una resolución es la ratio decidendiyes necesaria para
valorar que la decisión no causa indefensión a las partes, que sea una
decisión proporcionada y congruente con el tema decidendi, con la motivación
se cumple dos funciones:
La de dar a conocer las reflexiones que conducen al fallo y facilitar su control
mediante los medios de impugnación que la legislación prevé, favoreciendo
una prevención a la arbitrariedad.142
140
LMCA (véase cap. 2, n 55)
141
Jorge Hernán Gil Echeverry, “Curso Práctico del Arbitraje”, (librería profesional, Santa Fe
de Bobota), 138.
142
Brito Centeno, “El laudo Arbitral y su impugnación”, 108, (véase cap. 3, n. 138)
91
Solo el árbitro puede emitir el laudo dentro del arbitraje para el que ha sido
nombrado y que él ha aceptado, dado el carácter personalísimo del árbitro,
debe haber una perfecta adecuación de la decisión arbitral a la cuestión
litigiosa planteada, de forma que resuelva todos los puntos debatidos pero no
los sometidos a su decisión, ya que el árbitro no puede traspasar los poderes
conferidos ni los límites de su encargo: no puede ir extra petita, ni conceder o
resolver ultra petita.
Uno de los requisitos que debe contener el laudo arbitral es la fundamentación
de la decisión, de manera que ésta pueda ser hilvanada como una lógica
derivación de las motivaciones que determinaron la solución aplicada al litigio.
Es preciso que los árbitros expongan claramente cuáles son las razones que
los impulsaron a dictarlo.143
3.7.3 Parte resolutiva
En esta parte el Tribunal emite su pronunciamiento estricto, determinado y
preciso sobre las cuestiones de fondo planteadas por las partes. Una vez
emitido el laudo, el tribunal convoca a una audiencia para poner en
conocimiento de las partes su resolución.
3.8 Efectos del laudo arbitral
Respecto a este tema es laley de mediación conciliación y arbitraje, que por
medio de su Artículo 63, regula de forma expresa los efectos del laudo arbitral
al momento de establecer que este adquiere su fuerza y validez a través de la
sentencia judicial ejecutoriada y pasada en autoridad de cosa juzgada.
143
J. Roque Caivano, “El Arbitraje: nociones introductorias”, acceso el 7 de mayo del 2018
http\\www.derechocomercial.com/doctrina/arb-001.
92
Lo anterior significa que el Estado pone a disposición de quien haya resultado
beneficiado, su fuerza coactiva, y la posibilidad de ejercer coerción para lograr
la satisfacción de los derechos que el laudo le atribuye.
El efecto principal del laudo, implica conocer los efectos de la cosa juzgada
sobre las cuestiones de fondo que fueron sometidas al arbitraje y resueltas
mediante este, semejante a las sentencias de la justicia ordinaria.
Este aspecto reconoce la obligatoriedad que proviene de la convención entre
las partes, suponiendo el hecho de quien voluntariamente acepta ser juzgado
por un tribunal arbitral, y en consecuencia no puede alegar el desconocer la
fuerza vinculante de la resolución dictada por los árbitros.
El hecho de que solo el estado mediante el órgano judicial es el que tiene la
jurisdicción y el poder coercitivo, permite conocer que para que el arbitraje en
efecto sea un medio alterno de solución de conflictos, debe presentarse
ventajas frente a la jurisdicción común, dentro de las cuales es necesario que
el laudo arbitral tenga la misma fuerza ejecutiva y eficacia de cosa juzgada de
las sentencias judiciales, así lo dispone el art. 63 en comento.
3.8.1 Cosa juzgada
Este se refiere a toda cuestión que ha sido resuelta en juicio contradictorio por
sentencia firme de los tribunales de justicia,144 es así que la cosa juzgada a
nivel judicial y en materia de arbitraje, busca determinar la solución material o
sustancial prevista por el juzgador o arbitro entre las partes que estuvieron en
contienda en relación directa e indirecta con el objeto juzgado
144
Diccionario Enciclopédico,(véase cap. 1, n. 1).
93
3.8.2 Ejecución del laudo
Es el procedimiento por medio del cual los juzgados o tribunales le dan
efectividad a un título ejecutivo, judicial o extrajudicial, mediante una serie de
actos. De ahí viene conocer la efectividad de una sentencia o fallo.145
3.8.3 Procedimiento de ejecución del laudo
El procedimiento de ejecución del Laudo se encuentra regulado a partir del
artículo 72 de la LMCA, al determinar que de la ejecución judicial del laudo
conocerá el juez competente calificado para conocer de la controversia en
ausencia de arbitraje.
Enfatizándose la importancia del reconocimiento y la autorización del laudo
arbitral a nivel internacional, siendo que este debe solicitarse ante la corte
suprema de justicia, de conformidad a las reglas establecidas en los tratados,
pactos o convenciones vigentes en la república, así lo establece el artículo 80
de la ley de mediación, conciliación y arbitraje.
De lo anterior se puede ver diferentes procedimientos que a nivel internacional
se comparan o se diferencian de la legislación salvadoreña.
3.9 Efectos de la sentencia
La ley procesal y la jurisprudencia han determinado que los efectos de la cosa
juzgada, primeramente, solo se extienden a las personas que hubieren
participado del proceso y a partir del instante en el que este se decide. Sin
embargo, de acuerdo con la naturaleza del derecho impugnado y de las partes
145
Ibíd., 383.
94
que participen del conflicto, los efectos de la sentencia se podrán amplificar
aún a quienes no participaron en el proceso (erga omnes, inter pares o inter
comunis), o a situaciones antepuestas a la ejecutoria de la sentencia.146
Pudiéndose determinar cómo efectos de la sentencia, los siguientes:
1. Efecto general inter partes (entre las partes) que se refiere a que los efectos
de la sentencia solo se extenderán a quienes participaron del proceso.
2. Efecto erga omnes (frente a todos y contra todos), se extienden a quienes
no participaron del proceso.
3. Efecto excepcional inter pares (respecto de todos los semejantes). Se
presenta en casos en los que una norma es abiertamente inconstitucional.
4. Efecto excepcional inter comunis (entre los miembros de una comunidad).
Su aplicación se da cuando en un proceso de tutela se discuten derechos
colectivos respecto de una misma situación de hecho, en el que no han sido
participes del debate procesal.
5. Efecto general a futuro ex nunc (desde ahora). Se refiere a los efectos de
las sentencias posteriores a ella y lleva implícito el principio de seguridad al
cual se ve sujeta.
6. Cosa Juzgada Absoluta. En los juicios de revisión de las normas por parte
del mismo órgano que dictó la resolución en primera instancia, cuando la
sentencia ampara todos los posibles aspectos de constitucionalidad.
7. Cosa Juzgada Material. La protección del principio de seguridad, implica la
imposibilidad de revertir sobre un hecho que ha sido ventilado en juicio, aún
frente a la modificación del supuesto de hecho. Lo anterior encuentra
Heliodoro Fierro Méndez, “Manual de Derecho Procesal Civil”, tomo 1, (Colombia: U.C.C,
146
Bogotá, 2010), 160
95
fundamento en la necesidad de finalizar los debates jurídicos frente a
determinadas situaciones, en la medida en que se busca prescindir la
perpetuidad en el conflicto y la innecesaria afectación de derechos como la
libertad, la intimidad y la dignidad.
8. Cosa Juzgada formal. En oposición a la cosa juzgada material, la
regulación procesal admite que un altercado no sufra cierre definitivo, cuando
lo que se ha discutido rodea situaciones susceptibles de alteración en el
supuesto de hecho, y que por ello exigen su posterior disputa procesal.
96
CAPITULO IV
LOS EFECTOS DEL LAUDO ARBITRAL CON LA INCORPORACION DEL
RECURSO DE APELACION COMO MEDIO DE IMPUGNACION
Por último, en este capítulo se ve reflejado el objeto de problema de esta
investigación referente a si es procedente admitir el recurso de apelación
como medio de impugnación al laudo arbitral, enmarcándose desde el decreto
legislativo 141 donde incorporan el art 66-A en la ley de mediación
conciliación y arbitraje, admitiendo la recurribilidad del recurso de apelación
con efecto suspensivo al laudo arbitral, asimismo las posturas de diferentes
legislaciones que regulan la figura del arbitraje que es similar al procedimiento
salvadoreño y que admite la recurribilidad del laudo, específicamente
Guatemala, México, y Argentina, las posturas de la cámara de comercio e
industria de El Salvador (CCIES), la cámara de comercio internacional (CCI)
bajo las reglas de la corte internacional de arbitraje (CIA), en cuanto a la
implementación del recurso de apelación como medio de impugnación contra
el laudo arbitral, así como la jurisprudencia emanada por la honorable sala de
lo constitucional y las cámaras de El Salvador.
4.1 Análisis del decreto legislativo 141 respecto a la estipulación del art
66-A
Las reglas del arbitraje, como tal, son el carácter definitivo del laudo, el
cumplimiento directo de las partes y la renunciabilidad de los recursos, las
cuales han sido acogidas por las legislaciones internacionales y nacionales.
La razón de ser de la primera regla de estas se justifica en la celeridad que se
pretende darle al proceso arbitral; en que se trata de un procedimiento
97
convencional, elegido por voluntad de las partes, las que decidieron sustraer
la resolución del conflicto de la justicia estatal.
El arbitraje tiene linaje contractual instituida en el acuerdo de partes, pero
también posee naturaleza jurisdiccional, ya que en el ejercicio de su libertad la
cual está garantizada por la Constitución, las partes sustraen la potestad de
decidir la jurisdicción, que por la Cn., fue comisionada a los Jueces
integrantes del Órgano Judicial y la conceden a los árbitros para que sean
ellos quienes solucionen el conflicto transable, siempre que esté no afectado
el orden, la seguridad pública o los intereses de terceros.
Las partes en el ejercicio del poder de soberanía, retoman la jurisdicción
encomendada constitucionalmente al Órgano Judicial y estos la confieren a
jueces árbitros particulares con el objeto que ellos disipen el conflicto
transigible. El árbitro es el único juez conferido de jurisdicción suficiente por
las partes que tiene el "iudicium" o sea la potestad de juzgar en el contrato en
que ha sido elegido, con exclusión de todo otro juez estatal o privado, ya que
las partes, libres estuvieron de acuerdo en conferirlo sólo y únicamente a él de
la jurisdicción para hacerlo, apartando expresamente a todo otro.
Por todo ello, la resolución o laudo debe ser proporcionada por el árbitro
depositario de la jurisdicción y no por un juez o tribunal estatal, salvo en
aquellos casos en que el árbitro haya incurrido en las restrictivas causales de
nulidad que están legisladas en el art. 68 LMCA o vulnerando principios de
raigambre constitucional
En el art. 23 Cn., se encuentra la autonomía de la voluntad "Ninguna persona
puede ser privada del derecho de terminar sus asuntos civiles o comerciales
por transacción o arbitramento.". Por lo que el artículo 66 LMCA, establece:
98
"Contra las decisiones de los árbitros, diferentes del laudo, no procede
recurso alguno". Asimismo el inciso primero del Art. 67 LMCA, a su letra reza:
"Contra el laudo arbitral únicamente podrá interponerse el recurso de nulidad
dentro de los siete días hábiles siguientes a la notificación del mismo o de a
providencia por medio de la cual se aclara, corrige o adiciona".
Opuestamente a los artículos citados y mediante el Decreto Legislativo No.
141 de fecha 01 de octubre de 2009, publicado en el Diario Oficial No. 203,
Tomo 385 de fecha 30 de octubre de 2009, el Órgano Legislativo crea la
potestad mediante reforma a la ley secundaria de marras que los jueces
estatales puedan terminar el asunto sometido a arbitraje adicionándose así el
artículo 66-A a la ley de mediación conciliación y arbitraje alojando el hecho
que del laudo arbitral pronunciado en el arbitraje en derecho se puede incoar
y conocer por los tribunales estatales (cámaras) en recurso ordinario de
apelación, rompiendo con ello el texto expreso de nuestro constituyente (Art.
23 Cn) y su manifestación que se encuentra consagrada en el acuerdo de las
partes.
La introducción del artículo 66-A a la ley en comento implica la privación al
derecho que poseen las partes de resolver libremente la forma
heterocompositiva de terminar sus asuntos, es decir, la posibilidad, de derogar
la competencia de los tribunales estatales y encomendársela a árbitros, ya
que según dicho artículo serán los tribunales estatales los que terminarían los
asuntos sometidos a arbitramento porque se ha otorgado a las Cámaras el
conocimiento del recurso de apelación del laudo arbitral, el cual es por su
naturaleza un recurso ordinario, que establece instancia, es decir, su
pronunciamiento no será otro que el fondo de la pretensión exhibida a los
árbitros y cuyo pronunciamiento tendrá los efectos de cosa juzgada formal y
material, propio de las sentencias judiciales.
99
4.1.1 Impugnación del laudo arbitral
Por medio del acuerdo de voluntades de las partes se consigue el arbitraje, es
decir, este es un contrato, pero también es jurisdicción que en virtud de los
principios de soberanía y de libertad de rango constitucional los contratantes,
le entregan dicha jurisdicción a los árbitros institucionales o individuales para
que con supresión de todo otro magistrado o tribunal, disipen los conflictos
que ellos puedan tener. El art. 1 de la Cn. en su letra enuncia: "El Salvador
reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del
Estado, que está organizado para la consecución de la justicia, de la
seguridad jurídica y del bien común. Asimismo, reconoce como persona
humana a todo ser humano desde el instante de la concepción. En
consecuencia, es obligación del Estado asegurar a los habitantes de la
República, el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y
la justicia social." Así mismo el inciso primero del Art. 2 Cn., establece: "Toda
persona tiene derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad, a la
seguridad, al trabajo, a la propiedad y posesión, y a ser protegida en la
conservación y defensa de los mismos".
En cuanto a la recurribilidad en apelación del laudo de árbitros de derecho. El
alcance que tiene el recurso de nulidad sobre los laudos de árbitros que se
solicitan por vía de nulidad o aclaración, es restringido.
Los jueces revisores al conocer del recurso tendrán que tener presente las
restricciones a un recurso muy limitado en sus causales y cuya única función
será la de ordenar una corrección o adición, según el caso, o la nulidad de un
laudo, nunca como una instancia, nunca conociendo sobre el fondo debatido
en el laudo, tan solo examinando extraordinariamente vicios de forma.
Consentir el juicio de dicha Cámara de un recurso ordinario, que configura
100
instancia, para debatir los hechos que son el fundamento de la demanda que
se ha presentado a un tribunal arbitral significa restringir la libertad de las
partes que decidieron terminar sus conflictos por medio del arbitraje.
Aunado a lo anterior, la existencia del Art. 66-A de la Ley de Mediación
Conciliación y Arbitraje, contraviene el principio de seguridad jurídica
consagrado en los Arts. 1 y 2 de la Cn., pues el legislador secundario prevé
una situación distinta y contraria a lo previsto por el constituyente, pues como
lo ha sostenido la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, la
seguridad jurídica es "la condición resultante de la predeterminación, hecha
por el ordenamiento jurídico, de los ámbitos de licitud e ilicitud en la actuación
de los individuos lo que implica una garantía para los derechos fundamentales
de la persona y una limitación a la arbitrariedad del poder público".
4.2. Estudio comparado del arbitraje y del recurso de apelación
4.2.1 República de Guatemala
En la república de Guatemala por medio de decreto número 67-95, se creó la
ley de arbitraje147 ya que este país vio la necesidad que existía por crear un
ordenamiento jurídico que regulara la institución del arbitraje tomando en
cuenta que este ha tenido relevancia entre los estados internacionales, debido
a que el arbitraje es un medio alterno para la resolución de conflictos, y este
favorece a disminuir la pesada carga de los tribunales jurisdiccionales, así
también, a la celeridad y eficacia para que los conflictos sean resueltos. El
código procesal civil y mercantil de este país no fue suficiente para regular
dicha institución por lo que fue necesaria la creación de esta ley.
147
Ley de Arbitraje, decreto 67-95, de fecha 3 de octubre de 1995, (Guatemala)
101
El Salvador y la república de Guatemala tienen similitudes, la primera de ellas
es que ambos Estados cuentan con una ley especial que regula el Arbitraje
como tal, ya que ambos han tomado en cuenta la importancia de esta
institución jurídica y los múltiples beneficios que este acarrea a los Estados
que lo aplican. El procedimiento del arbitraje en este país hermano tiene
muchas similitudes con el proceso que se rige en El Salvador en cuanto a que
su ámbito de aplicación será tanto nacional como internacional, normados en
los artículos 1148 y 21.149 Otra similitud de estos cuerpos normativos es que
ambos regulan materias excluidas de las cuales no se puede proceder en
arbitraje y una de ellas es en materia laboral ambas leyes concuerdan en
excluir los arbitrajes laborales todo esto detallado en los artículos 3 de la ley
de arbitraje de Guatemala y 23 de la ley de mediación conciliación y arbitraje
de El Salvador.
De igual forma ambas leyes regulan la libertad de las partes de renunciar al
arbitraje dejan abierta esa potestad de seguir o dar por concluido este, todo
debidamente regulado en los artículos 41 de la ley de Guatemala y 32 de la
ley de El Salvador, así se puede enumerar cada una de las similitudes de
ambos cuerpos normativos ya que son muchos, pero el objeto de este estudio
comparativo es identificar cuáles son las diferencias claras que ambas leyes
tienen y que hacen que cada una sea única y que su aplicación sea funcional
para cada Estado.
Una clara diferencia entre ambos es que la ley de arbitraje de Guatemala en
su art. 8 regula el alcance de la intervención donde expresamente reza “En los
asuntos que se rigen por esta ley no intervendrá ningún tribunal, salvo en los
casos en que esta ley así lo disponga”,150 claramente este artículo limita la
148
Ibíd.
149
LMCA (véase cap. 2, n 55).
150
Ley de Arbitraje, (véase cap. 4, n. 147)
102
intervención del aparataje institucional debido a que el objeto del arbitraje es
evitar dicha intervención y con ello lograr la celeridad en los procesos y dar
cumplimiento a la libertad contractual de las partes. En El Salvador no se
regula dicho punto aun cuando se supone que el objeto de la ley lo tiene
tácitamente.
Por otra parte, tienen otra diferencia clara en cuanto a lo que regula en la ley
en comento de Guatemala en su artículo 7 este visiblemente regula la
renuncia al derecho de impugnar reglamentando la renuncia de este de forma
tácita y de forma expresa, dicho artículo dice explícitamente: “si una parte
prosigue el arbitraje sabiendo que no se ha cumplido alguna disposición de la
presente ley de la que las partes puedan apartarse o algún requisito del
acuerdo de arbitraje, y no exprese su objeción a tal incumplimiento sin demora
justificada o, si se prevé un plazo para hacerlo y no lo hace dentro de ese
plazo, se entenderá renunciado su derecho a impugnar así como también si la
parte que no haya ejercido su derecho de impugnar conforme al párrafo
anterior, no podrá solicitar posteriormente la anulación del laudo fundado en
ese motivo”.151 En El Salvador no hay un artículo que regule algo similar a
esta disposición.
De igual forma, esta ley en su capítulo VII, artículo 43 regula que el recurso de
revisión es el único recurso contra un laudo arbitral, señalando que sobre este
conocerá una sala de la corte de apelaciones con competencia territorial sobre
el lugar donde se hubiere dictado el laudo, mediante un recurso de revisión,
mientras que en El Salvador en el art. 67 de la ley de mediación, conciliación y
arbitraje regula que “contra el laudo arbitral únicamente podrá interponerse
recurso de nulidad”; existiendo una gran diferencia en cuanto al tipo de recurso
que es permitido en cada uno de los países en comento, pero dentro del cuerpo
151
Ibíd.
103
normativo de El Salvador existe una variante ya que el art. 67 hace mención
que “contra el laudo arbitral únicamente podrá interponerse recurso de nulidad”;
mientras que el art. 66-A del mismo cuerpo normativo hace mención que “El
laudo arbitral pronunciado en el arbitraje en derecho es apelable con efecto
suspensivo”, siendo contradictorio a lo regulado en el art. 67.
En conclusión, ambos cuerpos normativos tienen muchas similitudes en
cuanto el proceso del arbitraje y su aplicación, ambos coinciden en que su
aplicación es beneficioso para el país.
4.2.2 México
En la legislación mexicana el procedimiento arbitral se encuentra establecido
en el código de comercio, relacionado con el código federal de procedimientos
civiles; Las partes en el proceso serán tratadas con igualdad en referencia a la
imparcialidad proveniente de los árbitros o árbitro, pudiendo hacer valer sus
derechos, en cuanto a las reglas del procedimiento el lugar y el idioma; según
los artículos 1435, 1436, 1438 Del código de comercio mexicano se atenderá
a la voluntad de las partes, pero a falta de acuerdo el tribunal arbitral será el
que decidirá el procedimiento más apropiado, el lugar y el idioma; 152
Asimilándose con el procedimiento salvadoreño a lo establecido en los
artículos 45 y 53 de la ley de mediación conciliación y arbitraje en lo relativo al
procedimiento e idioma; con respecto al lugar difieren ambas legislaciones en
cuanto a que, a falta de designación del lugar en el salvador se atiende a las
reglas del centro de arbitraje153 más no al tribunal arbitral como en la
legislación mexicana según lo dispuesto por el Art 52 de la ley de mediación
152
Código de Comercio Mexicano, D.O de fecha 7 de octubre de 1889, publicado el 1 de
enero de 1890, reformado en fecha 28 de marzo de 2018 (México: Congreso de la Unión)
153
LMCA (véase cap. 2, n 55)
104
conciliación y arbitraje.
Referente a la demanda las partes expresaran todos los hechos en que
fundan su demanda y lo que están reclamando y el demandado expresara
todo en su contestación; Las partes aportaran la prueba que desean ventilar
ya sea documental testimonial o pericial, quedando la potestad de
admisibilidad pertinencia y valoración al tribunal arbitral, tanto de la demanda
como de la prueba,154Según lo estipulado por el art 1439 del código de
comercio mexicano; semejándose con el proceso salvadoreño según lo
preceptuado en el artículo 47 de la ley de mediación conciliación y arbitraje.
Las audiencias son a cargo del tribunal arbitral en las cuales se presentará la
prueba y sus respectivos alegatos, debiéndose notificar con anticipación la
celebración de dichas audiencias a las partes intervinientes, 155 a raíz del
artículo 1440 del código de comercio mexicano, teniendo semejanza con el
arbitraje salvadoreño consignado en los artículos 37 numeral 4 y 55 de la ley
de mediación conciliación y arbitraje.
En atención al litigio se atenderá a las normas de derecho elegida por las
partes, a falta de indicación de ley, el tribunal arbitral determinara el derecho
aplicable,156 enmarcándose dicho precepto en el art 1445 del código de
comercio mexicano; igualándose con el arbitraje salvadoreño en su artículo 45
de la ley de mediación conciliación y arbitraje.157
En el artículo 1446 del código de comercio mexicano establece que la
decisión que adopte el tribunal arbitral se atenderá a la mayoría de votos,
154
Ibíd.
155
Ibíd.
156
Código de Comercio Mexicano, (véase cap. 4, n. 152)
157
LMCA, (véase cap. 2, n 55)
105
cuando sea más de un solo árbitro.158 Siendo equivalente con la ley de
mediación conciliación y arbitraje en su artículo 61.
Como en todo procedimiento se pueden dar diferentes formas anormales de
terminarlo, en la legislación mexicana se encuentra la transacción y el
desistimiento. Si el tribunal arbitral no se opone emitirá el laudo arbitral en lo
conveniente para las partes. Según lo determina el artículo 1441 y 1447 del
código de comercio mexicano159, relacionándose con la LMCA en su artículo
50 y 54.
En lo referente a las formas de terminar el procedimiento se encuentra la
conciliación que en la legislación mexicana no se contempla, a diferencia de la
legislación salvadoreña donde hacen una audiencia de conciliación en la cual
si se da por avenida será elevado el arreglo a la categoría de laudo definitivo,
preceptuado en la LMCA en los artículos 47 numeral 3 y 54. 160
En el código de comercio mexicano en su artículo 1448 establece que el laudo
constara por escrito siendo firmado por el o los árbitros, si son más de un
árbitro solo bastara con la firma de la mayoría, debiendo ser motivado. Luego
se notificara a las partes por medio de copia firmada por los árbitros en el
plazo de treinta días161. Teniendo afinidad con el arbitraje salvadoreño según
lo regulariza la LMCA en sus artículos 60 y 61162.
Relativo a la parte recursiva de laudo arbitral es un punto considerado de
mucha discusión ya que tanto la legislación mexicana como la legislación
158
Ibíd.
159
Código de Comercio Mexicano, (véase cap. 4, n. 152)
160
LMCA, (véase cap. 2, n 55)
161
Ibíd.
162
Ibíd.
106
salvadoreña se contrarían, debido a que el código de comercio de México,
para poder recurrir el laudo arbitral solo permite el recurso de nulidad, en
diferencia con la legislación salvadoreña que permite el recurso de nulidad y el
de apelación con efecto suspensivo siendo el problema de esta tesis de
investigación.
En la legislación mexicana se cuenta con dos causales para interponer el
recurso de nulidad, la primera en que la parte interesada pruebe ciertas
circunstancias tales como incapacidad arbitral, acuerdo contrario a la ley, no
indicación del acuerdo, notificaciones de actuaciones arbitrales, el laudo no se
enmarque en lo previsto por el acuerdo arbitral, decisiones que van más allá
de lo pedido, y lo referente a la composición del tribunal arbitral y el
procedimiento arbitral; y la segunda en lo concerniente al objeto de la
controversia ya sea porque no es susceptible para arbitraje o que el laudo sea
contrario al orden publico163 según lo establece el artículo 1457 del código de
comercio mexicano, asimilándose con la legislación salvadoreña en lo
pertinente a la notificación de los árbitros, las actuaciones arbitrales,
constitución del tribunal arbitral y la concerniente a que la decisión excede de
los términos del acuerdo de arbitraje,164 según la LMCA en el artículo 68
numerales 2,3,8.
La ejecución de un laudo arbitral es otro requisito indispensable en la figura
del arbitraje, siendo un tema que entra en pugna con la legislación mexicana
(código federal de procedimientos civiles), y la salvadoreña (ley de mediación
conciliación y arbitraje), pero en lo pertinente a la ejecutabilidad de un laudo
arbitral recurrido en apelación, para que tenga efectos en terreno mexicano.
163
Código de Comercio Mexicano, (véase cap. 4, n. 152)
164
LMCA (véase cap. 2, n 55)
107
En el código federal de procedimientos civiles mexicano para que un laudo
arbitral tenga eficacia en terreno mexicano no debe ser contrario al orden
publico interno del país según lo dispone el artículo 569 del CFPC,
confrontándolo con el salvador, si se ejecutara en terreno mexicano un laudo
que ha sido apelado en El Salvador no tendría eficacia ya que es contrario al
orden público mexicano, debido a que la legislación mexicana no admite el
recurso de apelación contra laudos arbitrales 165.
Segundo punto: en el art 571 del código federal de procedimientos civiles para
poder tener fuerza de ejecución un laudo extranjero debe cumplir ciertas
formalidades pero la que más conviene establecer es la del romano quinto el
cual dice: “Que tengan el carácter de cosa juzgada en el país en que fueron
dictados, o que no exista recurso ordinario en su contra” 166, comparándola con
la legislación salvadoreña no se podría ejecutar el laudo debido a que al
admitir la legislación salvadoreña el recurso de apelación en su artículo 66-
Ade la LMCA; no adquiere efecto de cosa juzgada, además de que la misma
disposición expresa que no exista recurso ordinario en su contra,
reconociéndose el recurso de apelación como un recurso ordinario. 167
Tercer punto: este es el precedente donde puede entrar a confusión si se
puede ejecutar el laudo arbitral extranjero en México cuando ha sido apelado
en terreno salvadoreño.
Para poder ejecutarse un laudo arbitral es necesario de la homologación de
dicho laudo en la cual quien lo ejecuta es el órgano jurisdiccional siendo solo
un procedimiento que un juez debe hacer no entrando en el fondo del asunto.
165
Código Federal de Procedimientos Civiles, de fecha 24 de febrero de 1943, publicado el
13 de marzo de 1943, reformado el 24 de abril del 2012 (México: Congreso de la Unión)
166
Ibíd.
167
LMCA, (véase cap. 2, n 55)
108
Hecha esa aclaración se plasma lo siguiente en terreno mexicano también se
necesita de una homologación para ejecutar un laudo extranjero en la cual se
cita al ejecutante como al ejecutado y luego rendirán una defensa para
ejercitar sus derechos, la resolución de esa audiencia de homologación
admite recurso de apelación en ambos efectos, suspensivo si es denegado y
devolutivo si es concedido.
En lo concerniente al punto anterior es que, con la homologación no se está
conociendo del fondo del asunto solo es un mero trámite para ejecutar el
laudo en la cual el tribunal de apelación de México lo conocerá pero no podrá
examinar ni decidir sobre la justicia e injusticia del laudo ni sobre las
motivaciones o fundamentos de derecho o de hecho en que se apoye, solo se
limitara a examinar la autenticidad y si se debe ejecutar el laudo conforme a lo
previsto en la legislación mexicana (art 575 del CFPC) 168.
Pero como ya se expresó anteriormente, para poder ejecutar un laudo
extranjero no debe atentar con el orden público mexicano, además de que no
sea un recurso ordinario por tanto si la resolución que se quisiere ejecutar fue
conocida en apelación no se ejecutaría en terreno mexicano por ser contrario
a su propia legislación y el juez rechazaría la homologación y no se ejecutaría
la resolución salvadoreña.169
Solo se podría ejecutar una resolución dictada en El Salvador, en México si
fue resuelta por el recurso de nulidad, no se podría si fuese un recurso de
apelación.
168
Código Federal de Procedimientos Civiles, (véase cap. 4, n. 165)
169
Ibíd.
109
En conclusión, la legislación mexicana contempla la figura del arbitraje que
atiende a la voluntad de las partes, apartándose del órgano jurisdiccional,
admitiendo solo el recurso de nulidad y denegando el de apelación, ya que
como tal desnaturalizaría la figura del arbitraje.
4.2.3 República de Argentina
En este país es casi inexistente, la regulación de la figura del arbitraje como
tal, considerando el hecho que en Argentina el arbitraje es abordado
básicamente como una materia procesal, sobre la cual si existe un cuerpo
normativo que reconoce su regulación al formar parte del código procesal civil
y comercial de la nación.
Es el libro sexto del código en mención el que regula el proceso judicial que
corresponde al juicio arbitral, y los distintos procedimientos arbitrales a través
de disposiciones que conlleven a la ejecución de laudos, Art. 736 y
siguientes.170
Su desarrollo permite conocer aspectos clave de la materia en cuanto a su
legislación, en este punto el código procesal civil y comercial de la nación en
sus artículos 739 y 740 define la forma del compromiso al que deberá
someterse el arbitraje, siendo necesario formalizarse por medio de escritura
pública, instrumento privado, o por acta extendida por el juez de la causa,
regulando su vez los requisitos que este documento que contener.
Éste también reconoce clausulas facultativas a considerar en el compromiso,
en lo correspondiente al procedimiento aplicable, lugar en el que los árbitros
170
Código Procesal Civil y Comercial de La nación (Argentina: Congreso de la Nación, 1967)
110
hayan de conocer y fallar, el plazo en el que los árbitros deben pronunciar el
laudo, entre otros puntos que desarrolla el artículo 741 del CPCCN.171
Referente a la demanda, el código establece que podrá demandarse la
constitución del tribunal arbitral, cuando una o más cuestiones deban ser
sometidas por árbitros.
Respecto al nombramiento de árbitros, se conoce que estos son nombrados
por las partes, y la designación de estos, solo podrá recaer en personas
mayores de edad que se encuentren en el pleno ejercicio de sus derechos
civiles. Lo que conlleva a la aceptación del cargo otorgado mediante
compromiso, su desempeño a raíz de la aceptación, otorgando derecho a las
partes para compelerlos a que cumplan con su cometido, bajo pena de
responder por daños y perjuicios.
El código comprende disposiciones generales sobre el procedimiento arbitral
aplicable a la legislación argentina, tales como la recusación a los árbitros
designados, los efectos por los cuales es posible extinguir el compromiso, las
facultades y requisitos exigibles a la figura del Secretario respecto a la
sustanciación del juicio arbitral, y las actuaciones del tribunal que conlleven al
pronunciamiento del fallo de los árbitros respecto a las pretensiones
sometidas a su decisión.
El código procesal civil y comercial de la nación, reconoce el “proceso
arbitral”, y dentro de este el denominado arbitraje de derecho, reconociéndolo
bajo la denominación de juicio arbitral. El mismo código establece que “si
nada se hubiese estipulado en el compromiso acerca de si el arbitraje es de
derecho o de amigables componedores, o se hubiese autorizado a los árbitros
171
Ibíd.
111
a decidir la controversia según equidad, lo que se entenderá que es de
amigables componedores”.
Existen aspectos criticados de la legislación en cuanto a la cláusula
compromisoria que consideran no es suficiente por si, en razón de la
exigencia legal que implica que las partes suscriban el compromiso arbitral,
que debe formalizarse una vez haya surgido el conflicto, por escritura pública,
instrumento privado o acta extendida ante el juez de la causa o ante aquel a
quien hubiese correspondido su conocimiento.
Actualmente la falta de acuerdo para formalizar el compromiso, pese a la
existencia de la cláusula arbitral, origina complejidad en los trámites judiciales
que van en contra de la celeridad y sencillez que tuvieron a bien considerar
quienes suscribieron la cláusula arbitral. En consecuencia, la parte que
pretenda la suscripción del compromiso arbitral debe promover una demanda
dirigida a la constitución del tribunal arbitral y en su caso a la determinación
del contenido del compromiso arbitral.
Contrario a la legislación salvadoreña que dentro de su Ordenamiento Jurídico
reconoce la ley de mediación, conciliación y arbitraje, disposición que contempla
el régimen jurídico aplicable al arbitraje como tal, comprende reglas que conciben
al arbitraje como un método alterno para la solución de conflictos en
determinadas materias donde los árbitros ostentan facultades jurisdiccionales.
No dejando de lado que el hecho de ser una forma libre para la solución de
controversias, este no debe pasar por alto la idea de respetar principios
fundamentales que garanticen un proceso justo,172 así los define el artículo 4 de
la LMCA.
172
LMCA (véase cap. 2, n. 55)
112
La existencia de una ley propia que reconozca además de principios
fundamentales, aspectos vinculantes al procedimiento arbitral que conlleven a
la ejecución del laudo, permite hacer la comparación de ambas legislaciones
al considerar el hecho de garantizar a las partes intervinientes mediante
preceptos legales, el cumplimiento de lo pactado de manera expresa.
La legislación es el cuerpo de leyes que integran el derecho positivo vigente
de cada Estado173, es posible asegurar que las leyes aún sean en la misma
materia, serán distintas considerando la realidad y las necesidades de cada
país.
Ambas legislaciones regulan un procedimiento aplicable, en cuanto a las
clausulas facultativas la legislación argentina a través del código procesal civil
y comercial de la nación, establece, “el procedimiento aplicable y el lugar en
que los árbitros hayan de conocer y fallar. Si no se indicare el lugar, será el de
otorgamiento del compromiso”. Situación que difiere con la legislación
salvadoreña al considerar el hecho de que a falta del lugar para hacer el
arbitraje se atenderá a las reglas del centro de arbitraje, contrario a la
legislación argentina que enmarca donde fuere otorgado el compromiso
arbitral.
Importante es la regulación que el ordenamiento jurídico argentino hace de la
figura de los recursos aplicables contra la sentencia arbitral, definiendo de
manera expresa que podrán interponerse los recursos admisibles respecto de
las sentencias de los jueces, sino hubiesen sido renunciados en el
compromiso,174 artículo 758 del CPCCN.
173
Diccionario Enciclopédico, (véase cap. 1, n. 1)
174
Código Procesal Civil y Comercial de La Nación, (véase cap. 4, n. 170)
113
En relación a esto el precepto legal el claro al reconocer que será el tribunal
superior al juez a quien habría correspondido conocer si la cuestión no se
hubiese sometido a árbitros, salvo que el compromiso estableciera la
competencia de otros árbitros para conocer en dichos recursos.
Respecto al recurso de apelación ambas legislaciones lo regulan en el caso
de la legislación argentina el precepto legal que corresponde a las clausulas
facultativas, permite convenir si así lo requieren las partes en el compromiso,
sobre la renuncia del recurso de apelación, salvo los de aclaratoria y nulidad,
de conformidad a lo regulado en el artículo 760 del Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación.
En la legislación salvadoreña que reconoce mediante jurisprudencia el hecho
de que la renuncia anticipada al ejercicio de los recursos procesales carece de
valor legal, al considerarse una grave violación a los derechos establecidos en
la constitución de la república, por tratarse de garantías de orden
constitucional y procesal que de no ser reconocidas y respetadas, se
impediría la salvaguardia de los derechos de los particulares, provocando un
estado de desigualdad e indefensión para una de las partes, con infracción del
debido proceso legal.175
En el caso de la legislación salvadoreña, es el artículo 66 – A de la ley de
mediación, conciliación y arbitraje176, el que regula de manera expresa que el
laudo arbitral pronunciado en arbitraje de derecho es apelable con efecto
suspensivo, en consecuencia el recurso de apelación en materia de arbitraje
es aplicable contra el laudo pronunciado en arbitraje de derecho, es decir
175
Sala de lo Civil, Sentencia de Casación, Referencia. 1111-2000. (El Salvador, Corte
Suprema de Justicia, 2000)
176
LMCA (véase cap. 2, n 55)
114
aquel en el que los árbitros fundamentan su decisión en el derecho positivo
vigente.
Es posible concluir respecto a la facultad potestativa que hasta cierto punto la
legislación argentina otorga a las partes intervinientes a través de las
clausulas facultativas por medio de las cuales permite la renuncia del recurso
de apelación si así lo requieren en el compromiso, lo que difiere a la
legislación salvadoreña al regular de manera expresa que “el laudo arbitral
pronunciado en el arbitraje de derecho es apelable”, dejando de lado la base
constitucional del arbitraje, en cuanto a la autonomía y libertad contractual, en
razón de que nadie puede prohibir a las personas finalizar sus asuntos civiles
o comerciales por transacción o arbitramento, de conformidad a lo establecido
en el artículo 23 de la constitución de la república de El Salvador177.
4.3 Postura de la cámara de comercio e industria de El Salvador en
cuanto a la implementación del recurso de apelación contra el laudo
arbitral
La postura de la cámara de comercio e industria de El Salvador es muy
importante para el estudio que se está llevando a cabo con este trabajo de
investigación, ya que es ante esta que todo proceso de arbitraje es ventilado.
La cámara de comercio e industria de El Salvador (CCIES), tiene como visión
la de “ser la gremial líder y referente de la región, que contribuye a
incrementar la competitividad de las empresas, fomenta el intercambio
comercial y la inversión, generando las mejores oportunidades para su
177
Constitución de La República de El Salvador (véase cap. 2, n. 75)
115
desarrollo con responsabilidad social”178. Contado con su propio reglamento
en el cual se regula sus funciones específicamente en el art. 2 el cual menciona
que una de las funciones “es la de gestionar los arbitrajes, cuando se lo soliciten,
prestando su asesoría y auxilio”.179 Así también el art. 43 del mismo cuerpo
normativo establece que se aplicara a lo dispuesto de la ley de mediación
conciliación y arbitraje180.
Por lo que en cuanto a la impugnación del laudo arbitral con base endicho
reglamentó las partes podrían recurrir en apelación contra el laudo arbitral ya que
el art 66-A de LMCA así lo establece.
La cámara de comercio e industria de El Salvador (CCIES) considera que el
laudo arbitral no debería de ser impugnada por el recurso de apelación ya que
como tal desnaturaliza la figura del arbitraje debido a que esto origina muchas
desventajas; una de las desventajas es en cuanto a la celeridad del proceso, ya
que la intervención de un órgano jurisdiccional en este proceso lo retrasa debido
a que un proceso judicial puede tardar años para resolver los conflictos, lo cual
contraviene lo que tiene establecido la CCIES, teniendo un plazo no mayor a tres
meses para dictaminar un laudo.
La celeridad del arbitraje estriba precisamente de su carácter de única instancia,
de forma tal que la decisión sobre argumentos de fondo del laudo no pueda ser
impugnada vía judicial ya que, si se revisan nuevamente por los jueces ordinarios
los fundamentos de hecho y de derecho contenidos en los laudos, el proceso de
resolución de conflictos se hace evidentemente más largo.
178
CCIES: Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, acceso el 22 de junio de 2018,
http://www.camarasal.com.
179
Reglamento del Centro de Mediación y Arbitraje de La Cámara de Comercio e Industria de
El Salvador, vigente desde 16 de octubre de 2003, se rigen por la ley de mediación
conciliación y arbitraje
180
Ibíd.
116
Haciéndose referencia a la realidad de El Salvador en cuanto a la excesiva
carga del órgano judicial de lo cual deriva la descomunal mora en la emisión
de sentencias. Otra de las desventajas y quizás una de las más importantes
es en cuanto a la voluntad de las partes de resolver sus conflictos por medio
del arbitraje y no someterse al órgano jurisdiccional por lo tardado y engorroso
que es un proceso judicial.
Por lo que, en la práctica, según lo expresado por las autoridades de la
CCIES, las partes en el compromiso arbitral plasmado en el contrato, cuando
establecen la cláusula de someterse a arbitraje inmediatamente las partes
intervinientes renuncian a la impugnación del recurso de apelación por los
motivos que antes expresados.
En conclusión la institución de la CCIES está en contra de la impugnación del
laudo con la incorporación del recurso de apelación, a nivel de su
conocimiento en cuanto a la figura del arbitraje, a pesar que en su reglamento
lo acepte como tal. Siendo esta posición secundada a nivel internacional ya
que la regla general en las leyes arbitrales en el mundo es que en contra de
los laudos solo puede interponerse el recurso de nulidad. De la misma forma,
en las normas establecidas por varios reglamentos institucionales se estipula
la inapelabilidad de los laudos.
Como por ejemplo en el reglamento de arbitraje de la comisión de las
naciones unidas para el derecho mercantil internacional (UNCITRAL). En su
art. 3 establece que: “El laudo se dictará por escrito y será definitivo,
inapelable y obligatorio para las partes. Las partes se comprometen a cumplir
el laudo sin demora”.181
181
Reglamento de Arbitraje de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil
Internacional (UNCITRAL)
117
De igual forma en el reglamento de la cámara de comercio internacional (ICC).
Se regula en el artículo 35 que: “Todo laudo es obligatorio para las partes. Al
someter su controversia a arbitraje según el reglamento, las partes se obligan
a cumplir sin demora cualquier laudo que se dicte y se considerará que han
renunciado a cualesquiera vías de recurso a las que puedan renunciar
válidamente”.182
4.3.1. Jurisprudencia emanada por las cámaras, respecto a la
incorporación del recurso de apelación como medio de impugnación a la
LMCA
La cámara tercera de lo civil de la primera sección del centro, con la sentencia
25-TA-11, de fecha ocho de marzo de dos mil once. Resolvió declarar
inaplicable el Art. 66-A de la ley de mediación conciliación y arbitraje, por ser
contrario a los artículos 1, 2 y 23 de la constitución, así mismo declaro
inadmisible el recurso de apelación interpuesto por los abogados Raúl Ernesto
Calderón Hernández y Carlos Alfredo Valladares Martínez, contra el laudo
arbitral que resolvió el conflicto suscitado entre "Castañeda Ingenieros,
Sociedad Anónima de Capital Variable" y el "instituto salvadoreño del seguro
social".
Basándose en la jurisprudencia constitucional salvadoreña y teniendo en
cuenta la importancia de los principios de autonomía de la voluntad y
seguridad jurídica, y en atención al control difuso de la Constitucionalidad que
establece el Art. 185 Cn., la cámara considero, que el artículo 66-A de la ley
de mediación conciliación y arbitraje, es contrario a lo establecido en los
artículos 1, 2 y 23 Cn., en base a las razones a continuación expuestas; que el
182
Reglamento de La Cámara de Comercio Internacional, publicado en Francia en
septiembre de 2011, vigente desde marzo de 2017.
118
recurso se impetro contra un laudo arbitral de derecho, y su fundamento
radica en el artículo 66-A de la ley de mediación conciliación y arbitraje, el que
a su letra reza: "El laudo arbitral pronunciado en el arbitraje en derecho es
apelable con efecto suspensivo para ante las cámaras de segunda instancia
con competencia en materia civil", dando este art. La potestad de conocer de
un recurso ordinario a la cámara de un laudo arbitral.
Cuando las partes libremente decidieron que un procedimiento de esta
naturaleza fuera terminado por ese medio, esto amparado con el artículo 23
de la constitución el cual expresa: "Se garantiza la libertad de contratar
conforme a las leyes. Ninguna persona que tenga la libre administración de
sus bienes puede ser privada del derecho de terminar sus asuntos civiles o
comerciales por transacción o arbitramento", lo cual contraviene a lo regulado
con el artículo 66-A LMCA, ya que con él se restringe la libertad de las partes
que decidieron terminar su asunto por medio del arbitraje.
De igual forma, la cámara tuvo a consideración el artículo 66 LMCA, el cual
establece: "contra las decisiones de los árbitros, diferentes del laudo, no
procede recurso alguno”. Asimismo, el inciso primero del Art. 67 LMCA, a su
letra reza: "contra el laudo arbitral únicamente podrá interponerse el recurso
de nulidad dentro de los siete días hábiles siguientes a la notificación del
mismo o de a providencia por medio de la cual se aclara, corrige o adiciona".
Paradójicamente a los artículos anteriores el DL No. 141, con el cual se
adicionó el artículo 66-A a la LMCA alojando el hecho que del laudo arbitral
pronunciado en el arbitraje en derecho se puede incoar y conocer por los
tribunales estatales en recurso ordinario de apelación, contraviene a dichos
artículos. Por todo lo anterior la cámara tercera de lo civil de la primera
sección de centro resolvió declarar inaplicable el Art. 66-A de la ley de
119
mediación conciliación y arbitraje, por ser contrario a los artículos 1, 2 y 23 de
la constitución.
La cámara primero de lo civil y mercantil de la primera sección del centro de
San Salvador con la sentencia 2–APL-2010-4, que dicto el 26 de julio del
2010, sostuvo un juicio de constitucionalidad sobre lo regulado en el artículo
66-A de la ley de mediación conciliación y arbitraje, por considerarlo contrario
a lo establecido en el artículo 23 de la constitución y, como producto de ello,
declaró inaplicable la disposición legal antes citada, por lo que declaró sin
lugar el recurso de apelación interpuesto. Al igual que la cámara tercera de lo
civil de la primera sección de centro, consideran que dicho artículo es
contrario al art. 23 de la Cn. Y por lo tanto es inaplicable dicha disposición por
contrariar a la constitución de la república.
4.3.2. Jurisprudencia emanada por la honorable sala de lo
constitucional, respecto a la incorporación del recurso de apelación
como medio de impugnación a la LMCA
Sentencia 11-2010, apelación en arbitrajes de derecho en El Salvador. La sala
de lo constitucional de la corte suprema de justicia dictó un fallo respecto a la
demanda de inconstitucionalidad, que se presentó por vicios de forma, del
decreto legislativo n° 141, por vicios de contenido, del artículo 66-A LMCA, por
la violación al artículo 23 de la Cn, y por vicios de forma por violación al art.
135 Cn., de lo cual resolvió; declarar que en el decreto legislativo n° 141, no
existe la inconstitucionalidad alegada en cuanto a la supuesta vulneración al
art. 135 Cn., en vista de que luego de la lectura del proyecto de reforma se
abrió potencialmente el espacio para que los diputados generaran un debate,
lo cual es suficiente para considerar que los decretos legislativos que se
aprobaron son válidos constitucionalmente. Así también declaro que en el art.
120
66-A de la LMCA, no existe la inconstitucionalidad alegada, en cuanto a la
violación al art. 23 Cn., ya que, por un lado, el establecimiento legislativo del
recurso de apelación en contra del laudo pronunciado por los árbitros no
desnaturaliza la esencia heterocompositiva del arbitraje, al no impedirle a
estos que realicen la función resolutiva que los interesados le han
encomendado; y, por otra, la interpretación formulada con respecto al objeto
del control es descontextualizada.
Los motivos de forma que fueron invocados, fue el no haberse aprobado el
decreto legislativo con la convenida discusión y debate, como manda la ley en
casos de someterse a aprobación, piezas de correspondencia, a lo que la
Sala expresó en su fallo que “aunque no haya habido debate, el hecho de que
estuvo disponible la posibilidad de haberlo, y los legisladores no hicieran uso
de él, y esto daba por cumplido el requisito; no obstante en precedentes
anteriores, la misma sala había declarado inconstitucional decretos tomados
en similares circunstancias”, por lo cual se contradice ya que anteriormente
había pronunciado en contra a este hecho.
En relación al art. 66-A de la ley de mediación conciliación y arbitraje, regula
que el laudo pronunciado en el arbitraje de derecho es apelable con efectos
suspensivos.
Dicha disposición vuelve engañosa, a la función arbitral, debido a que siempre
dependerá de la actividad estatal judicial. Lasala dijo al respecto, “el trámite
que supone dicha forma de resolución de controversias queda agotado con la
suscripción de la citada resolución y, por tanto, finalizada la etapa arbitral. A
partir de este momento, comenzará una labor de colaboración por medio de la
etapa de control, la cual es llevada a cabo por el órgano judicial,
específicamente de las cámaras de segunda instancia de la capital.”
121
Aunado a lo anterior, la implementación de dicho recurso no impide que estos
realicen la función que los interesados le han encomendado. Es decir, en
opinión de la honorable sala, los árbitros no están impedidos de cumplir el
encargo que les han dado las partes, es decir, dictar el laudo. Pero se debe
tener en cuenta que será la cámara de segunda instancia quien dicte el fallo, y
no ya el árbitro a través del laudo, con lo que se actuaría de manera arbitraria
a la disposición constitucional que se ve regulada en el art 23.
4.4 Postura de la cámara de comercio internacional (CCI) bajo las reglas
de la corte internacional de arbitraje (CIA), en cuanto a la
implementación del recurso de apelación como medio de impugnación
contra el laudo arbitral
La cámara de comercio internacional (CCI) “es la organización empresarial
mundial que ayuda a las empresas de todos los tamaños y en todos los
países a operar de manera internacional y responsable, trabajando para
promover el comercio internacional, la conducta empresarial responsable y un
enfoque global de la regulación a través de nuestra combinación única de
actividades de abogacía y establecimiento de normas, junto con servicios de
resolución de disputas líderes en el mercado”.183
Estas disputas se resuelven por medio de la (CIA) corte internacional de
arbitraje, ya que esta es la Institución encargada, de resolver dichas disputas
y para ello cuenta con su propio reglamento elaborado por la cámara de
comercio internacional, separados en dos procedimientos, uno referente al
arbitraje bajo el reglamento de la CCI y el otro al reglamento ADR (solución
amigable de disputas o amicable dispute resolution). Para poder someterse a
183
“CCI; Cámara de Comercio Internacional”, CCI, acceso el 15 de junio de 2018,
https://iccwbo.org/.com.
122
ella solo es necesario cumplir con las formalidades de los reglamentos de la
CCI. En otras palabras, se podría decir que la CIA solo son reglas derivadas
del reglamento de la CCI.
El estudio de esta organización deriva en cuanto al tema si es permisible
recurrir en apelación el laudo arbitral. Por lo cual se estudia el artículo 35 del
reglamento de la CCI establece que “todo laudo es obligatorio para las partes.
Al someter su controversia a arbitraje según el reglamento, las partes se
obligan a cumplir sin demora cualquier laudo que se dicte y se considerará
que han renunciado a cualesquiera vías de recurso a las que puedan
renunciar válidamente”.184
El artículo claramente expresa que al someterse a su reglamento se está
renunciando al derecho de recurrir, pero lo que entra en discusión es a que se
refiere cuando dice “renunciar válidamente”, Lo que quiera dar a entender el
legislador es que hay recursos a los cuales se puede renunciar, pero con
ciertos requisitos, para mayor razonamiento de lo anterior es necesario traer a
alusión la referencia 2-RNLA-13 en la cual se fundamenta en un recurso de
nulidad plasmando las diferencias entre las palabras inapelable, inimpugnable
e irrenunciable.185 La primera es entendida que se renuncia al derecho de
apelar, la segunda es que se no se puede hacer uso de los medios de
impugnación, y la tercera es que se renuncia a cualquier tipo de recurso; lo
que hay que recalcar de esto es que también hay diferencia en lo que es un
medio de impugnación y un recurso, los medios de impugnación solo son dos
el recurso de nulidad y el de revisión y recursos son el de apelación casación
y revocatoria. Por tanto, el recurso de nulidad se considera un medio de
impugnación y no un recurso.
184
Reglamento de La Cámara de Comercio Internacional, (véase cap. 4, n. 182)
185
Cámara Segunda de lo Civil de la Primera Sección del Centro, (véase cap. 3, n. 120)
123
Atendiéndose a lo anterior se puede preguntar cualquiera si se puede
renunciar al recurso de nulidad, a lo cual la respuesta seria que solo se puede
renunciar a un recurso solo cuando ha sido dentro del proceso, ya sea de
forma expresa o tácita, debido a que ya se tiene conocimiento de lo decidido y
están conscientes del derecho al que están renunciando y las consecuencias
procesales que implica186. Lo que está prohibido hacer es renunciar a un
derecho anticipadamente porque como tal la acción de nulidad es considerado
un medio de impugnación irrenunciable, Considerándose invalido lo dispuesto
por el artículo 35 de la CCI en lo respecto al recurso de nulidad187.
Por último, respecto al recurso de apelación es menester decir que, según lo
regulado por el artículo mencionado anteriormente, está prohibido recurrir en
apelación un laudo arbitral dictado bajo las reglas del reglamento de la CCI
por ir en contra de la naturaleza del arbitraje, ya que la apelación si es
considerado como tal un recurso y no como el de nulidad que es un medio de
impugnación.
186
Ibíd.
187
Reglamento de La Cámara de Comercio Internacional, (véase cap. 4, n. 182)
124
CONCLUSIONES
De la investigación realizada en presente trabajo, se pueden extraer las
siguientes conclusiones:
El ordenamiento jurídico salvadoreño reconoce la figura del Arbitraje, como un
legítimo medio alterno de resolución de conflictos, instituido sobre la base
fundamental que comprende la autonomía de la voluntad de las partes, las
cuales dotaron al árbitro de la facultad de juzgar, contando con el apoyo de la
constitución en cuanto a la capacidad para crear, extinguir o modificar
situaciones jurídicas entre las partes que intervienen en un proceso, la firmeza
en sus decisiones es semejante a la jurisdicción judicial. Po lo cual se puede
concluir que mediante el arbitraje no solo se ejerce la libre voluntad de las
partes, sino también el derecho a la libertad, el cual se puede traducir como
libertad contractual o libertad de contratación.
El laudo arbitral es el resultado del procedimiento del arbitraje. La Doctrina
internacional y el derecho comparado concuerdan que cuya naturaleza es
mixta, consiguiendo este un carácter jurisdiccional, se debe tomar en cuenta
que a pesar que el árbitro que lo dicta carece de fuerza pública, este se
perfecciona dicha aseveración en atención a los efectos que la ley le atribuye,
ya que el laudo arbitral adquiere la fuerza de una sentencia judicial
ejecutoriada una vez queda firme. Por ello se puede concluir que una vez
firme el laudo tiene efectos que implican autoridad y eficacia, debido a que
tiene seguridad jurídica en su contenido, y puede ser ejecutado forzosamente.
El proceso arbitral siendo considerado como un medio alternativo de solución
de conflictos, se ve violentado en cuanto a la impugnación del laudo arbitral, al
125
dejar el conocimiento de los recursos establecidos por la LMCA a las cámaras
de lo civil y mercantil, viéndose quebrantada la jurisdicción particular, por una
de carácter público. Es de suma importancia reconocer la relación de
cooperación entre el arbitraje y la jurisdicción ordinaria, reflexionando que los
árbitros carecen de fuerza pública para hacer cumplir sus resoluciones, pero
se debe tener en cuenta que es la potestad de la cual gozan, la que ayuda a
que el sistema judicial tenga un desahogo en cuanto a la administración de
justicia. Por lo cual se puede concluir que si un tribunal que ejerce su poder
público sea el que resuelva el recurso interpuesto contra el laudo va en contra
de lo que las partes han dispuesto en el uso de su derecho de libertad.
La legislación nacional regula que, contra el laudo arbitral, puede interponerse
recurso de nulidad. Asimismo, se regula el recurso de apelación, el cual solo
puede ser interpuesto contra los laudos arbitrales dictados en arbitrajes de
derecho. Siendo dicho recurso de naturaleza ordinaria por lo que se le permite
embestir el fondo del laudo arbitral, en el entendido que el tribunal que
resuelve dicho medio impugnativo puede modificar el laudo de tal forma que
sería dicho ente el que finalmente resuelva el conflicto promovido entre las
partes. Es preciso reconocer el carácter normativo de la estructura procesal
que relaciona el recurso de apelación contra los laudos arbitrales
pronunciados en arbitraje de derecho, en consecuencia lo regulado por el
código procesal civil y mercantil en relación a la ley de mediación conciliación
y arbitraje al momento de conocer sobre el procedimiento de apelación contra
el laudo arbitral, considerando las reglas procesales inherentes al recurso de
apelación contra sentencias judiciales, reglas que indudablemente alteran la
figura del arbitraje, al considerar factores de dilatación en los procesos aunado
a problemas de carácter técnico procesal que se puedan presentar en el
desarrollo del mismo.
126
RECOMENDACIONES
Por medio de la presente investigación se ha evidenciado la efectividad que el
arbitraje tiene para la resolución de conflictos, por lo que es importante ver al
arbitraje como una forma efectiva de solucionar conflictos, evadiendo la
instancia judicial, ya que su seguridad y simpleza lo convierten en uno de los
medios alternos de solución de conflictos más efectivos.
La LMCA debe ser reformada en cuanto a que los medios de impugnación en
ella instituidos sean adecuados, con lo reglamentado internacionalmente,
debido a todos los tratados firmados y ratificados por nuestro país.
Se considera que el único medio de impugnación que tendría que ser válido
en contra de laudo arbitral, es el recurso de nulidad, debido a sus
características ya que abordan exclusivamente cuestiones de forma y no de
fondo, estableciéndose, así como una acción, además en consideración que
internacionalmente es el único recurso que se reconoce contra el laudo.
En cuanto a la apelación, en el arbitraje no es el medio impugnativo idóneo
para recurrir, debido a que este requiere de formalismos parasu tramitación
que no se apegan con lo dispuesto en los tratados internacionales sobre el
arbitraje, que han sido acogidos por El Salvador, por todo lo anterior se debe
derogar el artículo 66-A de la LMCA, para evitar entrar en contradicción con lo
dispuesto por las partes de someterse a una jurisdicción particular, ejercida en
el ejercicio de su derecho de libertad.
127
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https://iccwbo.org/.
CCIES: Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, acceso el 22 de
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135
ANEXOS
136
1007-2003
Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. San Salvador, a las doce
horas y veintitrés minutos del día veinte de julio de dos mil cuatro.
A sus antecedentes el escrito firmado por el licenciado Miguel Ángel Cerna
Carranza, con el cual la parte actora cumple la prevención formulada a folios 17.
A sus antecedentes el escrito firmado por la abogada María Julia Corpeño, a través
del cual solicita se autorice su participación en sustitución del abogado Cerna Carranza;
junto con la credencial con referencia 36-PR-C-10-99 que acompaña.
Vistos y analizados los escritos de demanda y de cumplimiento de prevención
presentados por citados los agentes auxiliares del Fiscal General de República, en
representación del Estado de El Salvador, esta Sala estima necesario efectuar las siguientes
consideraciones:
I. La parte actora impugna el laudo pronunciado a las nueve horas del día veintidós de
mayo de mil novecientos noventa y nueve por el tribunal conformado por los árbitros
arbitradores Luis Salmán Cortez, Luis Nelson Segovia y Salvador David López. Así
mismo, ataca la resolución proveída por la Sala de lo Civil de la Corte Suprema de Justicia,
mediante la cual declaró inadmisible el recurso de casación que interpuso en contra de la
referida decisión.
A juicio del interesado, dichas actuaciones son lesivas de sus derechos a la motivación, la
seguridad jurídica y el debido proceso.
El demandante arguye que el mencionado tribunal arbitral cometió irregularidades
procedimentales y también que su laudo no se encuentra motivado en lo concerniente a los
reclamos analizados en los considerandos I, II y III.
Así, manifiesta que aquél aplicó un procedimiento no previsto y que, de esa manera, actuó
arbitrariamente. En relación a ello declara: "… si bien es cierto era un tribunal que no es de
derecho, no por eso dejaría de resolver conforme las normas comunes y para ello podía
auxiliarse de la Ley (sic) Común (sic) en lo referente a tener un procedimiento establecido
y garantizar a cada una de las partes sus derechos."
De igual forma, arguye que el tribunal arbitral nunca resolvió sobre la admisión de la
demanda presentada en su contra, pues se limitó a darle trámite; situación que volvería nulo
–asegura– lo resuelto. Señala, por otro lado, que no se le comunicó la audiencia conferida a
la parte contraria para presentar pruebas y que el plazo que le fue concedido para realizar
esa actividad fue solamente de veinticuatro horas. Cuestiona también el hecho de que no se
haya sometido la controversia a un tribunal arbitral por medio de escritura pública, tal como
lo prescribía el artículo 61 del Código de Procedimientos Civiles.
En ese sentido, expone: "Si la ley establece que el nombramiento de árbitros
arbitradores tiene que hacerse por escritura pública, es en esa forma que debió procederse
(…), para tener claro cual (sic) es el compromiso y cual (sic) es el objeto del litigio (…). De
esa manera, es ilógico suponer que no es posible fijar para una de las partes un plazo de
veinticuatro horas y dejar libre el período para la otra parte, sin fijarle plazo, para que
aporte su propia prueba y sin que se le haga ninguna notificación al respecto, esa
discrecionalidad tiene un límite, que es la ley, al sobrepasar ésta se vuelve arbitrariedad…".
Por otra parte, el Estado de El Salvador aduce que el precitado tribunal arbitral
notificó sus resoluciones al Ministerio de Obras Públicas y no a la Fiscalía General de la
República; y que esas comunicaciones se realizaron "fuera de los períodos procesales".
Respecto a la falta de motivación del laudo apuntado, el pretensor sostiene: "… es
de advertir en forma evidente como el Tribunal (sic) Arbitral (sic) se limita a hacer una
serie de valoraciones que supuestamente sustentan su fallo, pero que en realidad dista
mucho de llegarse a considerar estas como verdaderas argumentaciones que han tenido
como trasfondo previo una detallada valoración y análisis de cada uno de los medios
probatorios presentados (…), y peor aun no hace la más mínima referencia a muchos de los
medios probatorios obrantes en la causa, por lo que con mayor razón no se les asigna valor
a cada uno de ellos, ni vierte opinión sustentada suficiente del porque (sic) no las (sic) toma
en cuenta."
Añade el actor que el aludido tribunal arbitral efectuó una deficiente relación de
hechos, ya que omitió valorar si la sociedad que lo demandó en esa sede cumplió todas las
condiciones para plantear el correspondiente reclamo; las cuales aparecían consignadas en
la cláusula 60.7 de los respectivos contratos administrativos. Asevera también que dicha
autoridad resolvió puntos no sometidos a su consideración, al condenarlo por un retraso en
el pago del anticipo de cien días y no de treinta y ocho, como lo pidió la sociedad antes
mencionada.
Finalmente, alega que la Sala de lo Civil no reparó en el quebrantamiento de las
normas esenciales del debido proceso que cometió el referido tribunal arbitral.
II. Reseñadas las actuaciones de los tribunales demandados, así como los argumentos que
el peticionario emplea para cuestionar su legitimidad constitucional, deben ahora exponerse
los fundamentos jurídicos que servirán para resolver el supuesto en estudio.
1. En la sentencia del 21/XII/99, amparo 144-98, se realizaron algunas reflexiones sobre las
características del arbitraje de equidad y los límites del control constitucional del mismo,
las cuales, por su estrecha relación con el presente caso, conviene ahora recordar.
El arbitraje, entendido como método heterocompositivo, puede ser de derecho o de
equidad, de acuerdo a la decisión que al respecto adopten las partes. Esta decisión es
importante por cuanto si el arbitraje es de derecho las partes renuncian a que conozca del
asunto la "jurisdicción ordinaria", pero no renuncian a las normas materiales conforme a las
cuales éste debe decidirse, pues los árbitros de derecho tendrán que resolver en base a ellas.
Si el arbitraje es de equidad las partes saben de antemano que los árbitros están habilitados
para resolver únicamente conforme a su leal "saber" y "entender".
Al interpretar constitucionalmente ambas clases de arbitraje se sostuvo que diferían
sustancialmente en dos aspectos:
"(a) En cuanto al procedimiento previo al dictamen de su laudo, ya que los árbitros de
derecho deben de proceder conforme al procedimiento establecido en la ley de la materia
(…); en cambio, para los amigables componedores o árbitros arbitradores (…) podrán o no
arreglar sus procedimientos conforme a las leyes que regularían la controversia, teniendo,
consecuentemente, abierta la posibilidad de crear el procedimiento que estimen pertinente o
resolver la controversia con sólo la vista de la documentación y escritos presentados por las
partes, entendiendo, claro está, que si optan por desenvolver algún procedimiento, en él se
deberán de respetar los derechos constitucionales de las partes en controversia."
"(b) En cuanto al modo o forma de dictar su laudo, (…) hay que decir que los árbitros de
derechos se parecerán a los jueces ordinarios, emitiendo sus laudos con base a las
disposiciones materiales que rigen la controversia; (…). En cambio, algo sustancialmente
distinto sucede con los laudos de los amigables componedores, quienes podrán dictarlos
teniendo como única base su buena fe y la verdad que ellos consideren, por lo que no tienen
la obligación de solucionar la controversia como si fueren jueces ordinarios (…);
consecuentemente, las partes no podrán exigir un razonamiento técnico ni alguno bastante
en cantidad, pues desde el momento del compromiso saben que este tipo de laudos están
regidos por el libre albedrío del árbitro y sólo es posible exigir el cumplimiento temporal
mas no las calidades que reúne la sentencia jurisdiccional."
Por último, al referirse a la sujeción de los amigables componedores a la Constitución se
aclaró que ésta no puede apreciarse de forma irreflexiva, pues ello podría alterar tal
institución.
Así las cosas, en la sentencia comentada se dijo: "… únicamente es dable entender, en
primer término, que en el despliegue previo a su dictamen (laudo) –que no es ninguno en
especial si no el que le dicte su "buena fe" y "verdad"–, debe de respetar el derecho
constitucional de audiencia (…). Y en segundo término, acabado el despliegue
"jurisdiccional", y estando en la fase de dictamen de su laudo, este tendrá que cumplir única
y exclusivamente con la obligación constitucional y legal de estar basado en su buena fe y
verdad; eso sí, fundamentando su laudo en proporción directa a sus calidades, lo cual
implica que no será constitucionalmente obligatorio que los funde en leyes vigentes ni que
los mismos tengan el razonamiento técnico exigido a los jueces ordinarios, bastará la
expresión de las razones que su buena fe y verdad le dicten; lo contrario sería desnaturalizar
la figura (…)".
2. Por otro lado, en el amparo las afirmaciones de la parte actora deben justificar que su
reclamo posee relevancia constitucional; pues si ella plantea aspectos puramente judiciales
o administrativos que no revelan una posible violación a sus derechos fundamentales u
otras categorías subjetivas protegibles, los mismos no podrían ser juzgados en esta sede.
Desde el punto de vista de la competencia material de la Sala, la proposición de lo que la
ley y la jurisprudencia califican, en forma genérica, como asuntos de mera legalidad se
interpreta como un defecto absoluto en la facultad de juzgar; lo que representa un óbice
para examinar el fondo de la queja planteada.
Debe así recordarse que este Tribunal es incompetente, en razón de lo establecido en su
marco normativo de actuación, para conocer aquellas cuestiones que tienen una exclusiva
base infraconstitucional, dado que su regulación y determinación está prevista sólo en
normas de rango inferior a la Constitución.
La situación comentada motiva el rechazo de la demanda por falta de competencia objetiva
sobre el caso, ya que decidir sobre lo propuesto en ella cuando sin duda carece de un
auténtico fundamento constitucional significaría invadir la esfera de legalidad, obligando a
esta Sala a revisar desde esa perspectiva las actuaciones de los funcionarios o autoridades
que actúan dentro de sus respectivas atribuciones, para lo cual no se encuentra
jurídicamente habilitada.
III. Trasladando las anteriores reflexiones al presente caso, se advierte que el Estado de El
Salvador cuestiona en esta sede lo actuado por el tribunal de árbitros arbitradores
constituido para solventar el conflicto que surgió entre él y la sociedad El Salvador Rizzani
de Eccher, S.P.A. y Cantieri Construzioni Cenmento S.P.A., debido a la ejecución de los
contratos de obra pública números 53/97 y 54/97. También objeta la constitucionalidad de
la resolución mediante la cual la Sala de lo Civil declaró inadmisible la casación que
interpuso en contra del laudo proveído.
Básicamente, el actor hace alusión a una serie de presuntas irregularidades
cometidas en la tramitación del procedimiento arbitral y a la falta de motivación del
mencionado laudo.
Respecto a la crítica que realiza el interesado por no haber observado los citados amigables
componedores un procedimiento preestablecido en la ley, es dable sostener, a la luz de la
jurisprudencia antes relacionada, que ello no implica per se lesión a categoría
constitucional alguna. Esto es así porque un procedimiento de esa naturaleza se caracteriza
por su desarraigo a formas legales específicas, de modo que resulta imposible exigir que se
desarrolle ajustándose a solemnidades o trámites previamente instaurados.
Sin embargo, la anterior apreciación no impide a esta Sala evaluar si la forma en que los
árbitros arbitradores sustanciaron el respectivo procedimiento ocasionó realmente
infracciones constitucionales al Estado, que ameriten ser objeto de un pronunciamiento
definitivo; razón por la cual deberán estudiarse en detalle los vicios procedimentales
argüidos por la parte actora.
A partir de lo dicho, se observa en primer lugar que la falta de pronunciamiento de los
árbitros demandados sobre la admisión de la "demanda" presentada por la referida sociedad
no justifica una posible violación constitucional; ya que ellos –como antes se anotó– no
están obligados a respetar trámites predeterminados. Además, según consta en autos, la
solicitud de arbitraje respectiva fue admitida por la Cámara Tercera de lo Civil de la
Primera Sección del Centro, quien juramentó a los árbitros designados por las partes y
emplazó al Estado de El Salvador, luego de lo cual dicho tribunal arbitral inició sin más sus
actividades.
En segundo lugar, la parte actora asevera, con argumentos de difícil comprensión, que al
consorcio mencionado no se le notificó la audiencia para incorporar pruebas, de manera que
éste gozó de un plazo indefinido para hacerlo, lo que se traduce –asegura– en una
desventaja para él.
Sin embargo, al analizar el laudo cuestionado se repara que el tribunal arbitral demandado
concedió audiencias a los intervinientes –incluyendo al Ministerio de Obras Públicas,
Transporte, Vivienda y Desarrollo Urbano y a la Fiscalía General de la República–, a fin de
permitirles ampliar sus posiciones y proporcionar cualquier clase de pruebas, para lo cual se
les remitieron notas.
Sobre la base de lo expuesto, puede concluirse que tanto el Estado de El Salvador como su
contraparte disfrutaron de la oportunidad de aportar pruebas en igualdad de condiciones, la
cual fue aprovechada por sus agentes.
En tercer lugar, el interesado cuestiona por un lado que el tribunal arbitral no haya
notificado sus actuaciones a la Fiscalía General de la República; pero a juicio de esta Sala
esa declaración no resulta verosímil y, por consiguiente, debe rechazarse su conocimiento.
Ciertamente, tomando en cuenta la relación de hechos efectuada en el mencionado laudo, se
observa que en el procedimiento comentado se potenció la participación del Fiscal General
de la República, ya que le fue señalado un término para acudir a la sede arbitral a exponer y
respaldar su posición. Así, a las dieciocho horas y treinta y cinco minutos del día veintiuno
de mayo de mil novecientos noventa y nueve, comparecieron a dicha sede dos agentes
fiscales que entregaron un escrito con anexos elaborados en la precitada Secretaría de
Estado.
Así mismo, el Estado critica que las comunicaciones del procedimiento arbitral objeto de
estudio se hayan realizado "fuera de los períodos procesales", es decir, de forma
extemporánea. Al respecto, cabe recordar que los árbitros arbitradores no acomodan su
actuación a formas legales predefinidas, por lo cual resulta ilógico exigir o pretender que
éstos notifiquen sus decisiones en un plazo concreto a los interesados; de ese modo se
desvirtúa la vulneración constitucional alegada por dicha circunstancia.
En cuarto lugar, puede afirmarse que establecer las solemnidades que los contratantes
debieron cumplir para acordar la solución de sus controversias por un ente arbitral, v.gr. el
otorgamiento previo de una escritura pública, representa una cuestión sin verdadera
relevancia constitucional; y es que ello debía ser evaluado por las instancias ordinarias al
momento de recibir la respectiva solicitud de arbitraje, solamente con base en la legislación
secundaria. Por lo demás, esa actividad la habría cumplido en el caso de mérito la Cámara
Tercera de lo Civil de la Primera Sección del Centro.
Como quinto punto es preciso reseñar que de acuerdo al demandante el laudo debatido
carece de auténtica motivación y excede, en algún apartado, los términos de la solicitud
realizada por la sociedad El Salvador Rizzani de Eccher, S.P.A. y Cantieri Construzioni
Cenmento S.P.A.
Por un lado, sostiene que los amigables componedores debían examinar, previo a adoptar
su decisión, si se cumplían las condiciones contenidas en la cláusula 60.7 de los citados
contratos para el pago del anticipo exigido; por otro lado, hace referencia a que habrían
conocido puntos no sometidos a su consideración, especialmente por modificar el número
de días de retraso en la cancelación de dicho anticipo –plazo que habrían extendido de
treinta y ocho días, como solicitó la sociedad interesada en la "demanda", a cien días–; y,
finalmente, señala que ciertos elementos probatorios no fueron debidamente valorados
mientras que otros ni siquiera fueron apreciados.
Sobre tales reclamos debe puntualizarse que su conocimiento implicaría para esta Sala, por
una parte, establecer si el cumplimiento de las referidas condiciones era indispensable para
requerir el pago del anticipo aludido y, por otra parte, analizar la suficiencia de los alegatos
y las probanzas aportadas en el procedimiento arbitral en comento para calificar si es
realmente acertado el laudo dictado; empero dichas actividades escapan del ámbito de
conocimiento de la jurisdicción constitucional.
En ese orden de ideas, conviene reseñar que, luego de delimitar los puntos en discordia, los
árbitros demandados declararon en su laudo que los resolverían de acuerdo con su
"conciencia y convicción", basándose en los elementos de juicio necesarios para pronunciar
su fallo; además señalaron que analizarían el fundamento de cada uno de aquéllos según las
reglas del correcto entendimiento humano, la lógica, la doctrina y la experiencia común y
que valorarían los argumentos, las pruebas y las exposiciones con absoluta libertad.
De ese modo, al estar habilitados los árbitros arbitradores para solucionar el litigio única y
exclusivamente con base en su buena fe y verdad, resulta imposible para este Tribunal
revisar las causas del sentido de su laudo o las razones por las cuales formaron su
convicción a partir de ciertas pruebas y restaron valor a otras; por cuanto
constitucionalmente basta que aquéllos expresen las razones que su conciencia les dicte, lo
contrario supondría –como antes se apuntó– desnaturalizar el arbitraje de equidad.
Además, cabe añadir que una vez elegido libremente por las partes el tipo de arbitraje al
que desean someter sus divergencias, éstas quedan sometidas a las características y
particularidades que corresponden a aquél.
En conclusión, con los alegatos comentados el Estado de El Salvador pretende, en puridad,
que a través de este proceso constitucional se revise el fondo de los temas discutidos en
sede arbitral, lo que es ajeno a la competencia material de esta Sala dado que la obligaría a
actuar como la segunda instancia de conocimiento de los mismos.
Finalmente, en relación a la resolución pronunciada por la Sala de lo Civil, mediante la cual
rechazó el recurso de casación interpuesto contra el laudo tantas veces citado, el
peticionario simplemente expone que ese tribunal no reparó en las normas del debido
proceso que fueron –en su opinión– quebrantadas; sin embargo, todas las infracciones
alegadas han sido desvirtuadas en los parágrafos precedentes y, por consiguiente, tampoco
es posible controlar la legitimidad de dicha resolución.
Sobre la base de las reflexiones efectuadas, se concluye entonces que la reclamación
planteada no puede ser juzgada desde la óptica constitucional, ya que se basa en asuntos de
estricta legalidad ordinaria; situación que pone de manifiesto un defecto en la pretensión
que vuelve ineludible el rechazo liminar de la demanda, a través de la figura de la
improcedencia.
Por tanto, con base en lo expuesto en los acápites precedentes y de conformidad al artículo
13 de la Ley de Procedimientos Constitucionales, esta Sala RESUELVE: (a) Declarase
improcedente la demanda de amparo presentada por el Estado de El Salvador a través de
los citados agentes auxiliares del Fiscal General de la República; (b) Tome nota la
Secretaría de este Tribunal del lugar señalado por la parte actora para recibir los actos de
comunicación; y (c) Notifíquese. ---A. G. CALDERON---J. E. TENORIO---J. ENRIQUE
ACOSTA---M. CLARÁ---PRONUNCIADO POR LOS SEÑORES MAGISTRADOS
QUE LO SUSCRIBEN---S. RIVAS DE AVENDAÑO---RUBRICADAS.
1111 2000
SALA DE LO CIVIL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA: San Salvador a las
ocho horas y cincuenta y cinco minutos del día treinta de junio de dos mil.
Vistos en casación de la sentencia interlocutoria pronunciada a las nueve horas del
día veintiocho de agosto de mil novecientos noventa y seis, por la Cámara Primera de lo
Civil de la Primera Sección del Centro, decidiendo en apelación de la sentencia definitiva
dictada por el Juez Primero de lo Civil de este Municipio, en el juicio civil ejecutivo
promovido por el Licenciado Ernesto Lima Mena, como Apoderado de Mario Martínez,
contra José Roberto Geoffroy, exigiéndole el pago de cantidad de dinero y accesorios, la
cual declara ilegal la alzada interpuesta en recurso de hecho por el Doctor Federico
Flamenco Rodríguez, como Apoderado del ejecutado.
El fallo de Primera Instancia, dice: ""CONDENASE al señor JOSE ROBERTO
MORAN GEOFFROY a pagar al señor MARIO MARTINEZ, la cantidad de
VEINTICINCO MIL COLONES en concepto de capital, más el diez por ciento mensual en
concepto de intereses a partir del día primero de diciembre de mil novecientos ochenta y
dos, y el cuatro por ciento mensual en concepto de recargo por la mora a partir del primero
de junio de mil novecientos ochenta y tres hasta su completo pago, transe o remate.
CONDENASE asimismo en costas al ejecutado."
Han intervenido en Primera Instancia el Licenciado Ernesto Lima Mena, como
Apoderado del actor, señor Mario Martínez empleado, de este domicilio; el Doctor
Federico Flamenco Rodríguez, como Apoderado del ejecutado, señor José Roberto Morán
Geoffroy, Licenciado en Comunicaciones, de este domicilio; y el Licenciado Ricardo
Ernesto Castillo Hidalgo, como Apoderado del Doctor Alfredo Ortiz Mancía, Abogado, de
este domicilio, tercero interviniente reconvenido de pago. En segunda instancia y en este
recurso solamente el Doctor Federico Flamenco Rodríguez, en el carácter antes dicho. Los
intervinientes son Abogados, de este domicilio.
LEIDOS LOS AUTOS; Y CONSIDERANDO:
I. El Licenciado Ernesto Lima Mena, actuando como Apoderado de Mario Martínez, en
demanda presentada el veintiséis de noviembre de mil novecientos noventa y dos, en la
Secretaría Receptora y Distribuidora de Demandas, y enviada por esta al Juzgado Primero
de lo Civil de este Municipio, expuso: ""I.-El día primero de Diciembre de mil novecientos
ochenta y dos, el señor JOSE ROBERTO MORAN GEOFFROY Lic. en Comunicación
Audiovisuales, mayor de edad, y en ese entonces domiciliado en esta ciudad, recibió en
calidad de mutuo de parte de mi mandante, la suma de VEINTICINCO MIL COLONES,
para el plazo de seis meses, a contar de su fecha, o sea, el primero de Diciembre de mil
novecientos ochenta dos.- Sobre la cantidad mutuada se reconoció un interés del diez por
ciento mensual, y un recargo, en caso de mora, del cuatro por ciento mensual sobre dicha
suma.---Para los efectos de la presente obligación el deudor se sometió expresamente a la
jurisdicción de los tribunales de esta ciudad, lugar que señaló en forma especial, para los
efectos de esta obligación. La escritura de mutuo hipotecario base de la acción, se encuentra
inscrita al NUMERO CINCUENTA Y CINCO DEL LIBRO TRESCIENTOS
VEINTIOCHO de Hipotecas del Departamento de Ahuachapán. Se constituyó Segunda
Hipoteca sobre los inmuebles inscritos a favor del deudor, porque con antelación existía
Primera Hipoteca a favor del Banco de Fomento Agropecuario; pero habiéndose ya
cancelado dicho gravamen, adquiere la Segunda Hipoteca a favor de mi mandante, el
derecho de preferencia que corresponde a toda primera hipoteca.- Se advierte que ésta, o
sea la de mi mandante, fue presentada al Registro de Ahuachapán, a las catorce horas del
día díez de julio de mil novecientos ochenta y seis, al NUMERO SEISCIENTOS
SETENTE Y OCHO DEL TOMO SETENTA Y UNO DIARIO DE HIPOTECAS, hora
desde la cual comenzó a surtir efectos para tercero (Art. 739).---El deudor inscribió su
escritura de dominio al número NOVENTA Y CINCO del Libro CUATROCIENTOS
SETENTA Y SEIS Propiedad del departamento de Ahuachapán, haciendo advertir que
cuando otorgó la hipoteca el deudor aun no había inscrito a su favor dicho inmueble, pero si
era inscribible por estar su antecedente a los números ciento veinte y uno, y ciento veinte y
dos del Tomo Setenta y Ocho de la Propiedad del Departamento de Ahuachapán.- Con
fecha de las díez horas del once de septiembre de mil novecientos ochenta y siete, ante los
oficios del Notario DAVID CASTRO ACUÑA, el señor MORAN GEOFFROY,
desmenbró una extensión de VEINTE MIL NOVECIENTOS SETENTA Y UN METROS
CUADRADOS de la Primera porción que se describe en la hipoteca como tal, para
venderla al señor JAIME FERNANDO GARCIA PRIETO WIRTH quien inscribió dicha
escritura a su favor al Número Treinta y Cuatro del Libro Quinientos Setenta de la
Propiedad del Departamento de Ahuachapán.- Posteriormente el señor GARCIA PRIETO
traspasó el inmueble adquirido así: el derecho de nuda propiedad, a favor de los señores
ALFREDO ORTIZ HERRERA, MARIA CECILIA ORTIZ HERRERA DE RODRIGUEZ,
MARIA ELENA ORTIZ HERRERA DE MENDEZ, Y JOSE CARLOS ORTIZ
HERRERA; y, el derecho de usufructo a los señores ALFREDO ORTIZ MANCIA Y
BERTA ELIZABETH HERRERA DE ORTIZ MANCIA conocida por BESSY HERRERA
DE ORTIZ MANCIA, y sólo por BESSY de ORTIZ MANCIA, inscrito ambos derechos en
el orden en que se han citado, el primero, al número seis, y el segundo, al número cinco
ambos del Tomo Quinientos Setenta y Cinco de la Propiedad del Departamento de
Ahuachapán----II. Garantía Hipotecaria.- El deudor para garantizar su crédito, constituyó
Segunda Hipoteca, que por haberse cancelado la primera, ello le da derecho a mi mandante,
a perseguir la finca hipotecada, sea quien fuera el que la posea y a cualquier título que la
haya adquirido.- En efecto el inmueble gravado se describe así: """Inmueble compuesto de
dos porciones, situado en el Cantón Shucutitán jurisdicción de Ataco, Departamento de
Ahuachapán, antiguamente llamado El Confite y ahora "Finca las Mercedes" y es de
naturaleza rústica; la primera porción tiene una extensión superficial de QUINIENTAS
OCHENTA Y UNA AREAS, y linda: AL NORTE: con fincas que fueron de GREGORIO
CORNEJO y GUSTAVO CORNEJO y del Doctor RAFAEL HERRERA MORAN, antes
estas dos últimas de ROSENDA RODRIGUEZ y EUGENIO GONZALEZ
respectivamente, camino en medio y en parte zanjo; ahora esas propiedades son de
VICTOR CORNEJO, FIDEL RODRIGUEZ, RAFAEL HERRERA MORAN, y de
ALFONSO CORNEJO, y el camino que se menciona, actualmente es Carretera
Pavimentada que de Ataco conduce a Apaneca, existiendo siempre un zanjo o barranco
entre la propiedad descrita y dicha carretera en la parte que da al lindero con RAFAEL
MORAN Y ALFONSO CORNEJO; al SUR: con finca de JOSE MORAN Y
MAXIMILIANO MAGAÑA antes de GUILLERMO MORAN, camino de por medio que
de Ataco conduce a San Pedro Pustla pasando por Shucutitán.- Al ORIENTE: Con finca de
la Sucesión de GUSTAVO CORNEJO, con terreno de TERESA MORAN y finca de JOSE
MORAN, que fueron de GUSTAVO CORNEJO y SALVADOR MORAN y anteriormente
de GUILLERMO MORAN Y BERSABE PUENTE DE MORAN, la finca de JOSE
MORAN es colindante por todos sus rumbos con la que se describe, hacia el Oriente,
teniendo salida por medio de una servidumbre de tránsito ya establecida a su favor hacia el
lindero de la sucesión de GUSTAVO CORNEJO.- Esta servidumbre que pasa sobre la finca
que se describe no se encuentra relacionada en el antecedente, motivo por el cual no puede
describirse con sus medidas exactas, pero se encuentra reconocida y parte desde la
propiedad de JOSE MORAN hasta el predio de la Sucesión de GUSTAVO CORNEJO,
teniendo un ancho suficiente para que transiten vehículos de carga.- Y AL PONIENTE: con
finca de MAXIMILIANO MAGAÑA con la segunda porción, propiedad de doña
DOLORES GEOFFROY DE MORAN que luego se describirá y con finca de ALFONSO
CORNEJO, existiendo de por medio los caminos que conducen de Ataco a Apaneca y de
Ataco a Shucutitán.- Estas fincas con las cuales linda actualmente, fueron de la sucesión de
FRANCISCO ANTONIO MORAN y anteriormente de GUILLERMO MORAN Y
BERSABE PUENTE, teniendo siempre este lindero, forma de triángulo.- LA SEGUNDA
PORCION.-Situada en el mismo lugar que la anterior, tiene una extensión superficial de
CUARENTA Y DOS AREAS y linda: AL NORTE: con fincas de GREGORIO CORNEJO
Y ALFONSO CORNEJO anteriormente sólo con el primero, carretera Pavimentada de por
medio que de Ataco conduce Apaneca; al ORIENTE, con predio que fueron de la sucesión
de FRANCISCO ANTONIO MORAN Y BERSABE PUENTE DE MORAN, zanjo y cerco
de por medio; en la actualidad esta propiedad es de doña DOLORES GEOFFROY DE
MORAN y forma la primera porción descrita, al SUR: con predios que fueron de JOSE
MORAN antes de GUILLERMO MORAN Y FELIPE VIANA, en la actualidad de
MARCIAL AGUIRRE Y MAXIMILIANO MAGAÑA existiendo de por medio el camino
que conduce de Ataco a Shucutitán y San Pedro Pustla, y al PONIENTE, con la confluencia
de la Carretera que de Ataco va a Apaneca y el camino que de Ataco va a Shucutitán y la
finca de GREGORIO CORNEJO y la que fue de FELIPE VIANA ahora de MARCIAL
AGUIRRE.- El terreno tiene forma triangular.----Actualmente, como se dice antes, estas
porciones se inscribieron a favor del deudor al NUMERO NOVENTA Y CINCO DEL
LIBRO CUATROCIENTOS SETENTA Y SEIS Propiedad del Departamento
Ahuachapán.---Pero en virtud de estar formada la finca hipotecada por dos porciones, como
se dice, y haberse desmembrado de la Primera Porción una extensión a la cual se hace
alusión en el Numeral anterior, se practicó la escritura de reunión de inmueble, que se
inscribió al NUMERO DOCE DEL LIBRO QUINIENTOS TREINTA Y SIETE DE LA
PROPIEDAD DEL DEPARTAMENTO DE AHUACHAPAN a favor del señor MORAN
GEOFFROY.----III.- PARTE PETITORIA: Siendo mi mandante portador legítimo de un
título que según el Art. 587 Pr. pertenece a la clase primera, de las enumeradas en el
mismo, y, por consiguiente, trae aparejada ejecución, y dentro de esos, el instrumento
público de Mutuo Hipotecario que según el Art. 588 Pr. # 3° pertenece a la Primera Clase,
vengo a pedir ejecución contra el señor JOSE ROBERTO MORAN GEOFFROY, quien es
de las generales expresadas al principio de esta demanda, para que seguidos los trámites de
ley, que señalan los Arts. 593 Pr. y sig., en sentencia definitiva se condene al deudor, al
pago de la obligación mutuada, más los intereses y recargos causados por la mora hasta su
completo pago, transe o remate, lo mismo que al pago de las costas procesales causadas en
este juicio.---Así mismo pido atentamente que se reconvenga de pago, en su oportunidad
como terceros poseedores, al Doctor ALFREDO ORTIZ MANCIA, señora BESSY
HERRERA DE ORTIZ MANCIA, y a los señores ALFREDO ORTIZ HERRERA,
MARIA CECILIA ORTIZ HERRERA DE RODRIGUEZ, MARIA ELENA ORTIZ
HERRERA DE MENDEZ, y JOSE CARLOS ORTIZ HERRERA, para que si hacen el
pago de lo reclamado, se subroguen en los derechos del acreedor de acuerdo a lo dispuesto
en el Art.-2177 C..---Pido además que reconocida la fuerza ejecutiva del instrumento base
de la acción, se agregue éste sin citación contraria, y se decrete inmediatamente embargo en
bienes propios del ejecutado especialmente sobre el inmueble hipotecado librándose el
mandamiento respectivo aun antes de hacerse saber a las partes esta providencia,
nombrándose un Oficial Público de Juez Ejecutor para que lo diligencie.""
Admitida que fue la demanda, se tramitó el proceso y se pronuncio sentencia de
remate, no conforme la parte ejecutada con dicha sentencia, apeló de la misma para ante la
Cámara Primera de lo Civil de la Primera Sección del Centro, habiendo el Juez del
conocimiento denegado tal recurso y en virtud de ello, dentro del término legal, recurrió de
hecho ante el expresado Tribunal, el cual pronunció la interlocutoria relacionada en el
preámbulo de esta sentencia, y de esa interlocutoria se ha recurrido en casación.
II. El Doctor Federico Flamenco Rodríguez, como apoderado del ejecutado, señor José
Roberto Morán Geoffrey, en su escrito de interposición de este recurso de casación, en lo
pertinente expuso:""FUNDAMENTO DEL RECURSO:---Conforme el Art. 2 literal b) de
la Ley de Casación, interpongo el recurso por Quebrantamiento de Algunas de las Formas
Esenciales del Juicio. El motivo específico por el cual se interpone el presente recurso está
fundamentado en el Art. 4 número 7 de la misma Ley, específicamente por la segunda
causa, es decir por haberse declarado indebidamente la improcedencia de una apelación por
virtud de un recurso de hecho.---PRECEPTOS QUE SE CONSIDERAN
INFRINGIDOS:---Los preceptos infringidos son: El Art. 986 numeral segundo Pr., que
establece que la ley niega apelación cuando entre las partes hubo pacto de no apelar.
También el Art. 600 Pr., que establece que la sentencia (dada en juicio ejecutivo) es
apelable en ambos efectos.---CONCEPTO DE LAS INFRACCIONES:---El concepto de
las infracciones es el siguiente: Respecto al Art. 986 N° 2. Pr., Ese Honorable Tribunal
considera que hubo pacto de no apelar entre las partes, porque supuestamente el demandado
dice en el documento base de la acción que renuncia al derecho de apelar del decreto de
embargo, sentencia de remate (nombre con el que es conocida la sentencia definitiva en el
juicio ejecutivo), etc., esta renuncia, dice el Tribunal, es admisible conforme el Art. 12 C.,
porque únicamente mira el interés individual del renunciante y no está prohibida su
renuncia. También sobre su competencia, dice el Tribunal que se circunscribe a conocer si
es legal o ilegal la denegativa de la apelación interpuesta ante el Juez, lo que implica que no
entrará a conocer sobre los demás puntos planteados.---Nosotros creemos que para que
pueda estimarse que la sentencia dictada es un juicio no es apelable conforme el N° 2 del
Art. 986 Pr., debe, ante todo, llenarse algunos requisitos: i) Que exista un documento de
obligación válido y que haga fe, en el cual se consigne la aquiescencia a no apelar; ii) Que
la misma se haya hecho mediante un pacto; iii) Que ese pacto sea legalmente válido, es
decir, que no viole ninguna disposición de igual o mayor jerarquía que la norma
relacionada.---Sobre el particular, debemos tomar en cuenta que el documento base de la
acción no llena ninguno de los requisitos mencionados anteriormente, porque el mismo
carece de validez jurídica y además no hace fe, por lo siguiente: a) Durante el curso del
juicio se planteó ante el Juez la circunstancia de que la escritura pública presentada como
fundamento de la acción, no tenía fuerza ejecutiva, porque de conformidad con el Art. 588
N° 1 Pr., era necesario que fuera escritura pública original o de primera saca o copia
posterior sacada con las formalidades legales, lo cual no era así, pues se estableció que era
segundo o ulterior testimonio, por lo que carecía de fuerza ejecutiva. B) De acuerdo con el
Art. 43 inc. 3 de la Ley de Notariado, cuando la escritura es de aquellas que dan acción para
cobrar una deuda cuantas veces se presente, (como la escritura de reconocimiento de
obligación presentada) NO DEBE EXTENDERSE MAS QUE UN SOLO TESTIMONIO.
El Art. 10 C. establece que los actos que prohibe la ley son nulos y de ningún valor; salvo
en cuanto designe expresamente otro efecto que el de nulidad para el caso de
contravención. En el caso ocurrente, como el Testimonio presentado es un segundo o
ulterior testimonio, tal como se estableció en el curso del juicio mediante la inspección
practicada por el Juez en el Protocolo del notario ante quien se otorgó la matriz, se produce
como consecuencia de tal disposición, la nulidad de la expedición del testimonio, que a su
vez produce la nulidad del documento expedido.---O sea, que por una parte el Testimonio
presentado no es ejecutivo y además carece de valor legal por ser nulo. Se aclara que tal
nulidad es innecesario se declare en juicio, pues basta que el Juez no le de valor probatorio
alguno. Si bien es cierto que se ha sostenido en algunas sentencias que no puede alegarse en
el juicio ejecutivo las excepciones de falsedad o nulidad del instrumento base de la acción,
como antiguamente ha sido aceptada sin mayores análisis por la jurisprudencia, esto no es
verdad, al grado que en el Código de Comercio expresamente establece que puede oponerse
como excepción que la firma no es del ejecutado, lo que implica necesariamente la falsedad
del instrumento. Y, c) Además de lo anterior, el Art. 263 Pr., establece que el instrumento
roto o cancelado en parte sustancial, como en los nombres de los contratantes, Testigos,
Juez o Notario, en la fecha o en lo que perteneciere substancialmente al pleito, no hará fe.
Tampoco el enmendado en estas mismas partes, si no estuviesen salvadas las enmiendas
antes de firmarse por las personas que deban suscribirlo. Si el solo hecho de la existencia de
una rotura o una cancelación en parte substancial del instrumento o la falta de salvado de
las enmiendas antes de la firma por las partes, le quita la fe a un instrumento; con mayor
razón la falsedad del mismo. Es decir, que si se presenta en juicio un documento falsificado
y se prueba la falsedad, tal instrumento carece de fe. La sentencia, dice el Art. 291 Pr.,
recaerá sobre la falsedad o legitimidad del instrumento y sobre lo principal de la causa
según el mérito de las pruebas que por una y otra parte se hubieren presentado. Lo anterior
quiere decir que si se declara la existencia de la falsedad la sentencia será favorable al
demandado y si se declara inexistente la falsedad, entonces será en favor del actor.---En el
presente caso, se ha establecido mediante inspección personal del Juez practicada en el
Protocolo del notario autorizante de la escritura matriz cuyo Testimonio ha servido de base
o título para la ejecución, que: I) EL Testimonio en cuestión es segundo o ulterior
testimonio, lo cual inclusive fue reconocido por el Abogado de la parte actora; II) Que el
mismo ha sido falsificado, pues no coincide en todas sus partes con la Matriz,
falsificándose en partes substanciales tales como, que en la Matriz dice que se construye
Primera Hipoteca, en cambio en el Testimonio se alteró y se puso que se constituye
Segunda Hipoteca; además se alteró en lo relativo a la descripción del inmueble hipotecado,
pues en la matriz se describe un rumbo en forma diferente a como se hace en el Testimonio.
Estas alteraciones se hicieron precisamente para obtener la inscripción de la hipoteca pues
sin ellas no era inscribible, tal como consta en la carátula de la escritura de mutuo, por
razones suscritas por la persona que afectó la confrontación.---Por lo anterior, si el
documento base de la acción no es ejecutivo, no hace fe y además adolece de nulidad, no
puede darse valor al supuesto pacto de no apelar contenido en el mismo, como no debió
darle valor probatorio el Juez, quien dicho sea de paso reconoció la alteración del
documento pero ignoró los efectos que tal alteración produce y por ello le dio valor
probatorio; por lo dicho, la Honorable Cámara debió admitir el recurso de apelación
interpuesto mediante el recurso de hecho y al no hacerlo es procedente casar la sentencia
que resolvió lo contrario.---En lo relativo a que el documento contenga el pacto de no
apelar, es conveniente hacer ver que en el documento base de la acción no existe ningún
pacto de no apelar, sino que la RENUNCIA del otorgante AL DERECHO DE APELAR.
La diferencia entre RENUNCIA al derecho de apelar y PACTO DE NO APELAR, es
grande. Pacto de no apelar es una convención entre dos personas por la cual AMBAS
PARTES contratantes se comprometen a no alzarse en caso de acción judicial.---Renuncia
al derecho de apelar es la declaración unilateral de voluntad por la cual UNA DE LAS
PARTES O UNA PARTE SOLA, mediante una declaración UNILATERAL de voluntad
manifiesta que no interpondrá recurso de apelación. De lo anterior resulta claro que en el
caso de autos, NO EXISTE PACTO DE NO APELAR sino que RENUNCIA AL
DERECHO DE APELAR, lo que no está establecido en la ley procesal como motivo para
denegarse la apelación. Esta diferencia la hace el legislador, cuando en materia penal acepta
la renuncia a apelar y no acepta el pacto de apelar. La hermenéutica jurídica nos indica que
en la interpretación de las leyes, debe tenerse en cuenta lo que el legislador quiere decir,
cuando dicta o interpreta otras leyes.---Lo que ha ocurrido es que, con el objeto de estirar el
alcance de la ley a fin de darle validez a la exigencia de los usureros en el sentido de que se
incluya en los documentos de obligación una cláusula por la cual el deudor renuncia al
derecho de apelar, lo cual así se consigna a petición de tales usureros, muchos Jueces
interpretaron la renuncia como pacto, afirmando que cuando el acreedor hace uso del
documento base de la acción, está, en forma tácita, dándole su aceptación a dicha cláusula,
que a partir de ese momento se convierte en PACTO. Lo anterior no es cierto porque pacto
es un acuerdo de voluntades y RENUNCIA es un acto unilateral. Lo que la ley permite es
que ambas acuerden no interponer recurso de apelación, mediante el pacto de no apelar,
porque precisamente es mediante el pacto que ambas se encuentran en la misma situación
jurídica; o sea, que tiene necesariamente que ser un acuerdo de voluntades, no una
renuncia. Como consecuencia y siguiendo ese orden de ideas, concluimos fácilmente que
en el caso en análisis no existe pacto de no apelar y en consecuencia es precedente casar la
sentencia recurrida.---Finalmente, hay que tener en cuenta que la disposición citada,
interpretada en la forma que lo hace el Tribunal de segunda instancia viola las normas
constitucionales que establecen que todas las personas son iguales ante la ley por dar
preeminencia a una de las partes frente a la otra, la cual se deja indefensa. Y además se
priva al deudor del derecho de hacer uso de la Jurisdicción, el cual no es solamente la
facultad de ocurrir ante el Juez y presentar una demanda, sino que además el derecho a
hacer uso de todos los recursos ordinarios y extraordinarios en igualdad de condiciones con
la otra parte. En caso de admitirse que se puede renunciar al derecho de apelar, el
demandado que normalmente firma contratos de adhesión se vería en situación de
inferioridad y desventaja ante el actor, que puede recurrir de todo en cambio el demandado
no puede hacerlo de nada. Por estas razones estos derechos están reconocidos entre los
denominados Derechos Públicos subjetivos, que son irrenunciables de acuerdo a la doctrina
de los expositores del Derecho Constitucional Moderno. Estas doctrinas sostienen que estos
derechos por ser normas de derecho público son irrenunciables porque no miran el interés
del renunciante como equivocadamente lo afirma la Honorable Cámara. Los Tratadistas de
derecho constitucional como Ignacio Burgoa reconocen la factibilidad a la renuncia de tales
derechos, pero cuando ya han nacido, mas nunca con anticipación, porque es claro que
constituye una verdadera renuncia al derecho a la jurisdicción lo que es ilegal; esto es
lógico porque cualquiera puede renunciar a los derechos cuando tiene la facultad de
ejercerlos, pero no se puede renunciar a la jurisdicción en término general antes de que el
derecho a ocurrir a la misma haya nacido. Por lo dicho, resulta que la interpretación que se
ha dado de que la renuncia del deudor al derecho de apelar es valedera, es inconstitucional;
pero en todo caso, como dijimos antes, la ley lo que acepta es el pacto de no apelar
(acuerdo bilateral de voluntades) y no la renuncia; interpretar la renuncia como pacto, es
también, como ya se dijo, otra infracción cometida por el Tribunal de Instancia. Por todo lo
expuesto, es procedente casar la sentencia recurrida y dictar la legal, admitiendo la
apelación que en el recurso de hecho que interpuse se me declaró improcedente en forma
indebida.---Queremos también dejar constancia de que la Honorable Cámara afirma en su
sentencia que la competencia de ella está circunscrita a conocer si es legal o ilegal la
denegativa de la apelación interpuesta ante el Juez, lo que implica que no entrará a conocer
sobre los demás puntos planteados. Pero olvida el Honorable Tribunal que los puntos
planteados son sobre la validez o invalidez de la prueba, lo mismo que su carencia de fe.
Sin embargo, el Tribunal para declarar inadmisible la apelación, tiene como punto de
partida el análisis del documento base de la acción, es decir, que entra a analizar la prueba
de la parte actora y olvida la prueba de la parte demandada, que consiste, para colmo de
suerte, en inspección personal del Juez, que tiene, desde el punto de vista del régimen de
valoración de prueba en nuestro sistema procesal, mayor jerarquía que la prueba
instrumental. En otras palabras, la Honorable Cámara sostiene que no puede entrar a
conocer de la prueba, pero lo hace, con la desventaja para mi representado que solamente
analiza la prueba de la acción y no la que la destruye. En este sentido, pues, tampoco es
feliz la sentencia del Tribunal porque si entró al análisis de una prueba, debió
necesariamente que entrar al análisis de toda la prueba y fallar, después de este análisis
como considerara justo y legal.---A nuestro juicio, en vista de la controversia existente en el
caso en análisis, la Honorable Cámara debió admitir la apelación y entrar al análisis de la
prueba y si determinaba que tenía mayor valor la prueba de la parte actora, entonces y solo
entonces, declarar inadmisible el recurso de apelación; en caso contrario, resolver conforme
a la ley y la justicia.""
Termino pidiendo a la Sala que se le admita el recurso que interpone y en definitiva
se case la sentencia recurrida y que se le admita la apelación que se le ha declarado
inadmisible en forma indebida.
Por resolución de la Sala, de las nueve horas del día dieciocho de noviembre de mil
novecientos noventa y seis se le previno al recurrente que explicara el concepto de la
infracción del Art. 600 Pr. y que señalara las normas constitucionales que considera han
sido infringidas expresando también el concepto en que lo han sido.
Por escrito presentado el día catorce de enero de mil novecientos noventa y siete, el
impetrante dio cumplimiento, dentro del término legal, a la prevención que se le hiciera,
expresando: ""Vengo a cumplir la prevención que ese Honorable Tribunal me hace en el
sentido de manifestar el concepto de la infracción del Art. 600 Pr. y las normas y concepto
de las infracciones de los artículos constitucionales que considero infringidos, en la
siguiente forma:---i) CONCEPTO DE LA INFRACCION DEL ART. 600 PR.---El Art.
600 Pr., ha sido infringido porque tal disposición establece que la sentencia del juicio
ejecutivo es apelable en ambos efectos y al haber declarado el tribunal improcedente
indebidamente la apelación, en virtud de un recurso de hecho, ha infringido la disposición
referida por cuento la misma claramente establece la procedencia de la apelación y el
Tribunal ha resuelto precisamente lo contrario a lo que el citado artículo dispone,
independientemente de cual sea la razón que tuvo para ello.---ii) ARTICULOS
CONSTITUCIONALES INFRINGIDOS Y CONCEPTO DE LA INFRACCION DE LOS
MISMOS:---a) Con la sentencia de la Honorable Cámara y de la cual he recurrido, se ha
infringido el Art. 2 de la Constitución Política que determina que toda persona tiene
derecho a la seguridad y a ser protegida en la conservación y defensa de la misma.---El
concepto de la infracción consiste en lo siguiente: Por seguridad se entiende inclusive, el
derecho que toda persona tiene a resolver sus controversias ante el órgano jurisdiccional y a
recurrir de las sentencias que le son adversas ante todos los organismos que la ley ha
determinado, hasta que dicha controversia sea resuelta en ultima instancia o grado de
jerarquía. Desde ese punto de vista se ha determinado por los Tratadistas de Derecho
Constitucional que el derecho a recurrir de las providencias adversas a las partes, no puede
renunciarse antes de nacer, porque sería lo mismo renunciar al derecho a la jurisdicción,
derecho cuya irrenunciabilidad ya no se discute. También hay que tener en cuenta que el
derecho a la seguridad es el género y el derecho a la seguridad jurídica es la especie, y
como consecuencia, dentro del primero está comprendido el segundo, el cual no obstante,
como una clara forma de hacer relevante su protección, lo define la Constitución en forma
separada en el Art. 11.---En conclusión, si por disposición de la norma secundaria, a un
demandado dentro del correspondiente proceso, no se le permite contradecir, en el ejercicio
de su defensa, lo planteado, por la otra parte, como cuando no se le admite excepciones, o
se establece algún privilegio dentro del proceso mismo a favor de la otra parte, o no se le
permiten hacer peticiones respecto a su defensa o interponer recursos, como en el caso
ocurrente, en todos estos casos, por mucho que los procedimientos se hayan guardado,
podemos afirmar con absoluta seguridad que se viola la garantía contenida en el principio
de igualdad ante la ley.---Por lo expuesto, con la sentencia recurrida se infringe el artículo 2
de la Constitución, porque el Honorable Tribunal de instancia estimó que era válida la
renuncia que mi mandante hacía en el documento base de la acción, del derecho de apelar,
sin percatarse que tal renuncia no tiene viabilidad jurídica en nuestro sistema legal, por ser
contraria al principio referido antes.---b) También con la sentencia recurrida se ha
infringido el Art. 3 constitucional que establece que todas las personas son iguales ante la
ley.---El concepto de la infracción consiste en lo siguiente: En términos generales podemos
decir que esto significa que ante situaciones jurídicas iguales las personas tienen derecho a
ser tratadas en la misma forma, sin diferencias entre una y otra, es decir que no pueden
haber personas privilegiadas y menos, si tales privilegios perjudican los derechos de las
otras. En tal sentido, no pueden permitirse que la persona que por regla general es la más
poderosa en una relación contractual o situación jurídica, obligue a la otra a renunciar al
ejercicio de sus derechos mientras ella puede ejercitarlos con toda libertad.---Cabe aclarar,
que también es cierto que las partes pueden limitar el derecho a la jurisdicción en varias
formas: Sometiéndose a la jurisdicción de jueces incompetentes por razón del territorio o
sometiendo la disputa a árbitros o pactando no ejercitar ciertos recursos, pero todo esto
implica el mutuo acuerdo de las personas contratan o pactan algo; en este caso, existe
siempre la igualdad entre ellas y en consecuencia no se limitan el principio de igualdad
garantizado por la disposición constitucional, sino que al contrario, se reafirma. Por tal
razón es que no tiene vigencia la renuncia unilateral anticipada, porque entonces sí se
vulnera la disposición analizada.---Finalmente, cabe citar que sobre este principio, la
Honorable Sala de lo Constitucional dijo en sentencia del 4 de junio de 1991: "Respecto del
principio de igualdad jurídica, éste, en el campo procesal, se traduce o aplica en dos
aspectos: a) que no son aceptables los procedimientos privilegiados, salvo en consideración
a la envestidura de ciertos cargos; y b) que en el curso del proceso, las partes deben gozar
de iguales oportunidades para defender sus respectivas posiciones, como señalan los
catedráticos Andrés de la Oliva y Miguel Angel Fernández, en su obra "Lecciones de
Derecho Procesal", que las partes "dispongan de iguales derechos procesales, de parejas
posibilidades para sostener y fundamentar lo que a cada cual parezca conveniente". Este
principio también debe informar la legislación procesal, la construcción, en abstracto, de
los diferentes tipos o clases de procesos y, además, ha de ser respetado en la realidad
procesal de cada día, en el desarrollo de cada proceso concreto".---Por lo expuesto, cuando
el Honorable Tribunal de Segunda Instancia acepta que el deudor pueda renunciar al
derecho de apelar en tanto el acreedor puede ejercitar libremente ese derecho por ser una
declaración unilateral de voluntad, infringe la norma referida porque su verdadero sentido
es diferente, tal como hemos dicho.---c) También se ha infringido el Art. 11 de la
Constitución que establece que ninguna persona puede ser privada de cualquier otro de sus
derechos sin ser previamente oída y vencida en juicio con arreglo a la ley; infracción que
consiste en lo siguiente:---El derecho consignado en esta disposición es conocido como el
derecho al debido proceso y se hace consistir en que para que los derechos del individuo
puedan ser comunicados, es necesario que por medio del correspondiente proceso, se
establezcan los presupuestos básicos que permiten a la persona demandada una amplia
discusión del conflicto que a través del órgano correspondiente, ha sido presentado por
quien demanda.---La Jurisprudencia establecida por la Honorable Sala de lo Constitucional
ha reconocido que por el derecho al debido proceso debe entenderse que la persona debe
tener la oportunidad de defenderse, discutir e incluso contradecir a su interlocutor o como
lo dice textualmente: "El Art. 11 de nuestra constitución es efectivo aun contra las leyes, y
el órgano legislativo debe acatarlo.---instituyendo en las mismas los procedimientos en que
se conceda al gobernado la oportunidad de ser escuchado en su defensa por las autoridades
encargadas de la aplicación de la misma, antes de realizar en cumplimiento de ella algún
acto de privación de derechos…"(Amparo 15 R-84. Sentencia 1985). Es decir, como la
misma Sala reconoce: "En ese sentido dicha garantía en nuestro medio es absoluta y no
admite más excepciones que las que la misma Constitución establece expresamente, al
facultar a un órgano del Estado a privar a un gobernado del derecho sin el requisito del
juicio previo".---En vista de las razones citadas, también se ha infringido la disposición
relacionada.""
Admitido que fue el recurso de casación interpuesto, se pasaron los autos a la Secretaría
para que las partes dentro del término legal, presentaran sus alegatos, habiendo alegado,
fuera de tiempo, únicamente el recurrente.
III El presente recurso de casación ha sido admitido por la causa genérica de
quebrantamiento de alguna de las formalidades esenciales del juicio, y por el motivo
específico de haberse declarado indebidamente la improcedencia de una apelación, ya sea
de oficio o por virtud de un recurso de hecho, Art. 4 ordinal 7° de la Ley de Casación, y se
consideran infringidos los artículos 986 N° 2° y 600 Pr., 2, 3 y 11 de la Constitución.
De la sentencia de remate pronunciada por el Juez Primero de lo Civil de este municipio, en
el juicio civil ejecutivo promovido por el señor MARIO MARTINEZ contra el señor JOSE
ROBERTO MORAN GEOFROY, la parte demandada interpuso recurso de apelación, el
cual le fue denegado por el Juez del conocimiento, por ello recurrió de hecho a la Cámara
Primera de lo Civil de la Primera Sección del Centro, la cual después del trámite
correspondiente, declaró ilegal la alzada, razonando para tal decisión que la renuncia que
hace el deudor del derecho de apelar de la sentencia de remate, en el documento que se
constituyó la obligación, es perfectamente lícita, de acuerdo al Art. 12 C., ya que solo mira
el interés individual del renunciante y, por otra parte, no está prohibida su renuncia; y la
legislación reconoce la validez de la renuncia al negar la apelación en la disposición legal
citada por el Juez inferior; y no cabe ninguna duda de que en la escritura de mutuo con
hipoteca que sirvió de base a la ejecución, el señor José Roberto Morán Geofroy, renunció
al derecho de apelar de la sentencia de remate, con lo cual bajo ningún concepto afecta los
derechos de otras personas ni el interés público.
La Sala quiere dejar establecido su criterio en cuanto a la renuncia contractual y anticipada
al derecho de apelar, tal como lo ha hecho en sentencias anteriores. En efecto, el derecho de
recurrir nace, como reiteradamente la doctrina lo ha dicho, cuando dentro de un proceso, o
excepcionalmente, un procedimiento judicial, se dicta una resolución que produce un
perjuicio a cualquiera de las partes, de manera que solamente frente a la concurrencia de
estos dos presupuestos puede con propiedad hablarse de que el perjudicado tiene la facultad
legal de motivar al órgano jurisdiccional mediante la interposición de un recurso. Y es que,
apoyándose la Sala nuevamente en la doctrina, y siendo el derecho a recurrir de estricto
orden procesal, su existencia y viabilidad está condicionando a que haya un proceso; no se
concibe entonces que extra-proceso pueda renunciarse al ejercicio de un derecho procesal
que no ha nacido porque aún no hay proceso, ni se sabe si en algún momento podrá existir,
acuerdo de renuncia que se tomó, como en el caso de autos, por anticipado en el documento
en donde se formalizó la obligación que ahora se reclama. No debe entenderse con lo dicho,
que la Sala se pronuncia porque no puede renunciarse en ningún caso al derecho de apelar,
sino que tal renuncia debe realizarse en el momento oportuno, esto es, cuando dentro de un
proceso se haya dictado una resolución perjudicial para alguna de las partes, que en tal
situación dicha renuncia puede ser expresa o tácita, o que los intervinientes en un juicio, es
decir, las partes, puedan convenir, dentro del proceso no apelar de las providencias que
puedan ser perjudiciales, así debe entenderse el Art. 986 N° 2° Pr. cuando expresa que "La
Ley niega apelación: 2° cuando entre las partes hubo pacto de no apelar". Hay que tener en
cuenta que el termino "partes" tiene una connotación especial, que es un concepto procesal,
y se refiere a las personas que intervienen en un juicio, sea el actor o demandante y el reo o
demandado, y es hasta entonces, cuando adquieren la calidad de litigantes o intervinientes
esenciales en el juicio, que puede llamárseles propiamente "partes", Arts. 2, 5, 11 y 12,
todos del Código de Procedimientos Civiles.
La anterior opinión, de estricto orden procesal, se abona con aspectos constitucionales que
inciden directamente en el enfoque del tema de la renunciabilidad al ejercicio del derecho
de apelar. La Constitución de la República reconoce como principio toral de los derechos
individuales el de igualdad de las personas ante la ley. Este principio se objetiviza, en
cuanto al punto que nos ocupa, permitiéndole a las partes que en un marco de estricta
igualdad legal, ventilen dentro de un proceso sus conflictos de intereses. Esta igualdad debe
manifestarse durante todo el desarrollo del proceso, desde la demanda hasta la sentencia
con especial énfasis en aquellos actos o actividades procesales que representen o se
orienten a garantizar el derecho de defensa de las partes, de manera que mal podría hablarse
de igualdad procesal en un proceso en donde una de las partes, para el caso el demandado,
desde antes de ser llevada a juicio, sabe que dentro del mismo no podrá apelar de ninguna
resolución judicial dictada en su perjuicio pero que su contraparte en iguales circunstancias
si podrá hacerlo; de manera que al aceptar, sin cuestionarse y analizar su validez
constitucional, que puede extraprocesalmente y de manera anticipada renunciarse al
derecho a apelar, sería negar la posibilidad de que los particulares puedan dentro de un
proceso justo e igualitario ventilar conflictos. Lo que en términos más generales significa
negarles el acceso a un debido proceso legal.
Resulta importante hacer notar que en normas internacionales que forman parte de nuestra
normativa nacional, se ha plasmado la importancia de asegurarse a las personas, al ventilar
judicialmente sus conflictos, la posibilidad de un juicio justo en el que observen plenamente
las garantías procesales suficientes como medios para garantizar el debido proceso y en
definitiva una eficaz justicia; así el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
establece, en su artículo 14, que todas las personas son iguales ante los Tribunales y Cortes
de Justicia, teniendo derecho a ser oídas públicamente y con las debidas garantías por un
Tribunal competente, independiente e imparcial, establecido por la ley para la
determinación de sus derechos u obligaciones de carácter civil. De igual forma el Art. 7 de
la declaración Universal de Derechos Humanos establece que "Todos son iguales ante la
ley y tienen, sin distinción de derechos, a igual protección de la ley". En el mismo sentido
se pronuncia la Convención Americana sobre Derechos Humanos en su Art. 8 cuando se
refiere a las garantías judiciales al expresar: "Toda persona tiene derecho a ser oída con las
debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un Juez o Tribunal competente,
independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley, para la determinación de
sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral o de cualquier otro carácter. "" Como
vemos, es idea común en la comunidad internacional que no exista discriminación entre las
posibilidades legales que las partes tienen en un proceso, esto es, que tengan iguales medios
de ataque y de defensa.
Con base entonces, a lo antes expuesto, esta Sala concluye, que la renuncia anticipada al
ejercicio de los recursos procesales carece de valor legal, porque de aceptar esta tesis, sería
aceptar también que mediante este expediente se violen derechos establecidos en la
Constitución de la República, pues en su renuncia entran en juego garantías de orden
constitucional y procesal que de no ser reconocidas, y sobre todo respetadas, impedirían la
adecuada tutela y la consiguiente salvaguardia de los derechos de los particulares,
provocando un estado de desigualdad e indefensión para una de las partes, con infracción
del debido proceso legal.
Lo dicho en los anteriores párrafos también tiene sustentación, en la doctrina de la Sala de
lo Constitucional, que sostiene que la protección que supone el Art. 11 de la Constitución
no admite mas excepciones que las que la misma Constitución establece, y que con relación
al derecho de audiencia, dicha norma constitucional señala en esencia que la privación de
derechos para su validez normativa debe ser precedida necesariamente de proceso o
procedimiento conforme a la Ley y que el derecho de apelar forma parte de ese proceso. De
modo que según esa doctrina, y así lo ha sostenido la Sala de lo Constitucional, el derecho
de audiencia es indisponible porque es un derecho constitucional procesal lo que equivale a
que es un derecho institucional, y como tal, es irrenunciable. Con la negativa del recurso de
apelación por los Tribunales de Instancia, en el presente caso, no solo se ha violentado el
derecho de audiencia del ejecutado, sino también el derecho de igualdad de las partes en el
proceso, como se ha dejado demostrado.
En virtud de lo antes dicho, la Sala estima procedente casar la sentencia recurrida
por la causa y motivo denunciados.
POR TANTO: de acuerdo con las razones expuestas, disposiciones legales citadas y
artículos 428 Pr. y 23 de la Ley de Casación, a nombre de la República de El Salvador
DIJERON: Cásase la sentencia recurrida, pronunciada por la Cámara Primera de lo Civil de
la Primera Sección del Centro, a las nueve horas del día veintiocho de agosto de mil
novecientos noventa y seis, por virtud de recurso de hecho, en el juicio civil ejecutivo
promovido por Mario Martínez contra José Roberto Morán Geofray, en el Juzgado Primero
de lo Civil de San Salvador. Como consecuencia, la Cámara citada deberá admitir la
apelación de mérito y darle el trámite correspondiente.
Devuélvanse los autos al Tribunal de origen con certificación de esta sentencia, para
los efectos de ley. A. DE BUITRAGO---JOSE ERNESTO CRIOLLO---RENE FORTIN
MAGAÑA---R. ZUNIGA----PRONUNCIADO POR LOS SEÑORES MAGISTRADOS
QUE LO SUSCRIBEN---JOSE HUGO ESCALANTE---RUBRICADAS.
VOTO EN DISCORDIA DEL DOCTOR RENE FORTIN MAGAÑA
No concurrí con mi voto a pronunciar la sentencia anterior, por las siguientes
razones:
El presente recurso de casación ha sido interpuesto por quebrantamiento de las
formas esenciales del juicio, como causa genérica, aduciéndose como motivo específico el
haberse declarado indebidamente la improcedencia de un recurso de apelación por virtud de
un recurso de hecho (Art. 4 No. 7 Ley de Casación), con violación de los Arts. 600 y 986
No. 2 Pr., que establecen, el primero, que la sentencia es apelable en ambos efectos y, el
segundo, que la ley niega la apelación cuando entre las partes hubo "pacto de no apelar", y,
además, con violación de los Arts. 2, 3 y 11 de la Constitución.
De conformidad con el Art. 600 Pr. la sentencia pronunciada en juicio ejecutivo es,
en efecto, apelable en ambos efectos, calidad que no está en discusión ni es de discutible
por establecerlo expresamente la ley. Esa es la regla general. Ahora bien, dentro de los
casos en que la ley niega la apelación aparece el numeral 2 del Art. 986 Pr., que
literalmente dice. "La ley niega la apelación: 2°. Cuando entre las partes hubo pacto de no
apelar", disposición que, evidentemente, limita la regla general arriba mencionada. La
posibilidad del pacto de no apelar, convención que no requiere solemnidades, encuentra su
fundamento tanto en el Art. 12 del Código Civil como en la primera parte del Art. 23 de la
Constitución, los cuales, por su orden, disponen. "Podrán renunciarse los derechos
conferidos por las leyes, con tal que sólo miren al interés individual del renunciante, y que
no esté prohibida su renuncia", y "se garantiza la libertad de contratar conforme las leyes".
Es con base en esos fundamentos legales y constitucionales que, tanto la jurisprudencia
nacional de manera inveterada, como la práctica notarial generalizada y los formularios de
cartulación, aceptaron siempre como legítimas las cláusulas de renuncia incorporadas a los
respectivos instrumentos de obligación, cláusulas de renuncia que contienen la voluntad de
una parte, que se complementa con el ejercicio de la acción de la otra, convirtiéndose en
pacto, como justamente expresa el tribunal adquem en la sentencia recurrida. Se consideró
siempre que la liberta de contratación, de conformidad con las leyes, gozaba de una
garantía constitucional. Y que la facultad de renunciar a los derechos conferidos por las
leyes sólo estaban limitadas por dos circunstancias a) cuando dichas leyes lo prohiben: y b)
cuando la renuncia afectara intereses de terceros.
En determinado momento, sin embargo, aparentemente por influencias de la
doctrina española, la interpretación de las disposiciones mencionadas varió radicalmente
desde dos perspectivas: una, de orden procesal, y otra, de orden constitucional, perspectivas
según las cuales no es posible la renuncia anticipada al ejercicio de los recursos procesales,
renuncia que, además -se afirma- violenta las garantías constitucionales que tutelan la
igualdad de derechos de los particulares. En sentido contrario, el tratadista salvadoreño
Roberto Romero Carrillo expresa: "Luego, la renuncia al derecho de apelar es
perfectamente legal; tiene su fundamento en la anterior disposición, contenida en el
Artículo 12 del mencionado cuerpo de ley". Dr. Roberto Romero Carrillo. La normativa de
casación. Pág. 117.
Cabe aclarar, para el mejor análisis de la cuestión, que no se trata aquí de la
imposición de una situación de desventaja para una de las partes por disposición de la ley,
al prohibírsele al demandado, por el ejemplo, el ejercicio del recurso de apelación, situación
que sí juzgamos incompatible con los principios constitucionales. Se trata, como queda
delimitado el asunto a la posibilidad de renuncia de derechos dentro de la libertad de
contratación favorecida por el orden constitucional.
La apelación es un medio de impugnación de los actos procesales que tiene dos
características: 1) es un medio de fiscalización confiado por la ley a la parte, si ésta no
impugna el acto, el vicio queda subsanado, y sólo su impugnación oportuna puede mover
los mecanismos necesarios para obtener enmienda o subsanación; 2) Es un medio de
subsanación que funciona por iniciativa de la parte y a cargo del juez que conoce de la
causa o de otro superior.
La parte interesada puede aceptar o impugnar la sentencia. Si la acepta, puede
hacerlo en forma expresa o tácita, tal como lo establece el Art. 445 No. 2 Pr., y esa
aceptación puede manifestarse, en forma fehaciente, en cualquier momento en que ella lo
estime conveniente,. La otra forma de aceptar la sentencia es a través de la renuncia expresa
del recurso de apelación, la cual puede patentizarla en escrito dirigido al juez, o bien
otorgándola ante notario, en el momento de contratar, en forma anticipada, con el fin de o
intención de facilitar al acreedor el cobre del adeudo. Los términos en que está redactado el
Art. 986 No. 2, al usar el verbo haber en el pretérito indefinido del tiempo simple del modo
indicativo no deja margen para discutir esta forma anticipada de renuncia: "Cuando entre
las partes hubo pacto de no apelar". A esto habría que agregar, dentro de los criterios de
interpretación lógica, que sería absolutamente ilusorio y hasta absurdo pretender que sólo
dentro del proceso, cuando ya las partes han tomado sus respectivas posiciones, se
produjera el pacto de no apelar.
Hemos afirmado que esa renuncia, cuyo efecto es la aceptación de la sentencia,
tiene como fundamento el régimen de libertad y la autonomía de la voluntad consagradas
en las disposiciones legales citadas en la Constitución y en los Tratados Internacionales. El
hecho de aceptar la sentencia con anticipación mediante la renuncia a su impugnación no
viola ninguna ley, ni coloca en desamparo o en posición desigual al renunciante, quien
simplemente se autolimitó haciendo uso de su libertadd en el momento de renunciar con el
objeto de favorecer la recuperación del crédito que se otorgó en su beneficio. Por
consiguiente, es permitida por la ley la renuncia al derecho de apelar de la sentencia, pues
constituye una aceptación tácita de ella, aceptación que puede manifestarse
anticipadamente y no sólo en el momento o plazo para apelar, práctica legítima que
favorece la expansión del crédito y que los tribunales, en todas las instancias, han aceptado
en forma general y sostenida.
Las declaraciones de voluntad lícitas surten plenos efectos y deben ser respetadas.
El caso de autos no está dentro de las limitaciones legales, pues ninguna ley prohibe la
renuncia a la apelación, y tal renuncia afecta únicamente al interés del renunciante. De
donde resulta que no hay violación ni al Art. 600 ni al Art. 986 No. 2 Pr.
El recurrente expresa también que la resolución de mérito viola los Arts. 2, 3 y 11
de la Constitución.
En su opinión, el concepto de la infracción consiste en que el Art. 2 Cn., determina
que toda persona tiene derecho a la seguridad y a ser protegida en la conservación y defensa
de la misma, y al negarse el recurso interpuesto, se priva al apelante del derecho que le
permite defenderse de una situación jurídica adversa, violando, por consiguiente, su
seguridad, derecho reconocido por la constitución. También argumenta el interesado que el
Art. 3 Cn., establece la igualdad ante la ley y, en concepto del recurrente, al negarse el
recurso de hecho se ha violado la citada disposición, porque se ha dejado en desventaja al
apelante en relación a la contraparte, ya que las partes deben gozar de igualdad de
oportunidades para defender sus respectivas posiciones. Así mismo el recurrente expresa
que el Art. 11 Cn., determina que ninguna persona puede ser privada de cualquier otro de
sus derechos, sin ser previamente oída ay vencida en juicio, con arreglo a la ley; es decir
que esta disposición consagra el derecho al debido proceso, que permite la discusión amplia
del conflicto, ante el órgano correspondiente, situación que no puede darse si se ha
denegado el recurso del hecho.
En concepto del recurrente, la denegatoria del recurso de hecho ha violado los
derechos a la seguridad, a la igualdad ante la ley y al debido proceso.
Como se expresó antes, el principio de la autonomía de la voluntad, establecido en
el Art. 12 del Código Civil, que fundamenta la renuncia de los derechos conferidos por las
leyes, es también una garantía constitucional, consagrada en varias disposiciones que
reconocen derechos derivados de ese principio, por ejemplo: la libertad de testar y la de
contratar conforma a las leyes, que aparecen en los Arts. 22 y 23 de la Constitución.
Las partes al contratar pueden hacerlo libremente, siempre que no violen las
disposiciones legales, y dentro de esa libertad pueden válidamente, renunciar a los derechos
si así lo desean, aceptando voluntariamente, todas las consecuencias de su manifestación.
Si en el ejercicio voluntario de una facultad legal, resulta una limitación en los
derechos, la cual no está prohibida por las leyes ni perjudica a terceros, ese ejercicio es
lícito, así como lo son sus consecuencias, y no por ello se viola la seguridad del
renunciante, ni nadie lo sitúa en desventaja o en situación de desigualdad; si alguna
desigualdad resultare, ella sería la consecuencia de su propia decisión, la que tomó en uso
pleno de su libertad y de sus derechos. Tampoco se viola el derecho al debido proceso
porque la denegatoria respeta los efectos de la decisión del interesado de aceptar la
sentencia, renunciando al derecho de apelar de ella; por otra parte, en el caso de autos, el
derecho al debido proceso se ha cumplido; para nada se advierte que la renuncia al derecho
de apelar haya impedido o dificultado la realización del proceso, sino más bien, el
ejecutado al renunciar al derecho de apelar de la sentencia de remate está aceptando de
antemano la sentencia que resultare, a su favor o en su contra, todo ello "con arreglo a las
leyes", como expresa la disposición constitucional.
No resultan aceptables, por consiguiente, los argumentos expresados por la Sala de
lo Constitucional en sentencia de amparo pronunciada a las nueve horas ay tres minutos del
día veinticinco de mayo de mil novecientos noventa y nueve, cuando afirma "y es que los
acuerdos de esta naturaleza no pueden tomarse en cuenta al momento de decidir sobre la
admisión de un recurso, por más voluntarios que hayan sido, ya que nadie, ni el mismo
titular, puede renunciar a sus derechos constitucionales, pues sería "desbaratar" la
institucionalidad que los acompaña".
Y menos aceptable resulta aún la pretensión de la mencionada Sala cuando, intentando
determinar la responsabilidad personal de los funcionarios judiciales en la formación de sus
fallos sobre el problema aquí analizado, afirma a modo de advertencia: "Por consiguiente,
el examen de la responsabilidad directa del funcionario debe realizarse teniendo en cuenta
los aspectos de hecho ya relacionados, pero deberá procederse con más rigor cuando se
trate de situaciones comunes o resueltas con anterioridad, pues siendo este Tribunal el que
de modo definitivo desarrolla, amplía y llena el contenido de las disposiciones
constitucionales, ninguna autoridad puede darle a éstas una interpretación diferente a la que
da esta Sala, pues hacerlo violaría la Constitución".
La última afirmación de la Sala sería, en efecto, indiscutible si ella estuviese
conociendo en un recurso de inconstitucionalidad, caso en el cual los efectos de la sentencia
son erga omnes. Pero en un caso de amparo la pretensión de la Sala de lo Constitucional es
insostenible y la violación constitucional estaría más bien siendo configurada con su propia
actuación. El amparo resuelve un caso particular a través de la interpretación de la Sala
susceptible de variaciones en el tiempo- de determinadas disposiciones constitucionales. No
puede de ninguna manera afectar la independencia judicial garantizada en el Art. 172 inc.
3°., Const. Que literalmente dice: "Los magistrados y jueces, en lo referente al ejercicio de
la función jurisdiccional son independientes y están sometidos exclusivamente a la
Constitución y a las leyes". La sentencia de inconstitucionalidad es obligatoria en términos
generales porque la Sala en ese caso como "legislador negativo", según afirma la doctrina,
con los efectos conocidos que la legislación produce. Pero en el recurso de amparo, no. Sus
efectos son siempre particulares y limitados, y no pueden tener la virtud de varias
imperativamente la jurisprudencia, variación que sólo es posible por medio de la doctrina
legal, produciéndose el caso, grave para la seguridad jurídica del Estado, de que los
contratos que habían gozado del amparo del régimen legal imperante se vuelven, de pronto,
ilegítimos no por una variación constitucional o legal sino por determinación de una
sentencia que resuelve un caso particular.
De todo lo anterior se deduce que la sentencia recurrida está arreglada a derecho y
así debe declararse. San Salvador, a los treinta días del mes de junio de dos mil.---RENE
FORTIN MAGAÑA---RUBRICADA.
2-RNLA-13.
CÁMARA SEGUNDA DE LO CIVIL DE LA PRIMERA SECCIÓN DEL CENTRO: San
Salvador, a las catorce horas del día diez de septiembre de dos mil trece.
El presente Recurso de Nulidad de Laudo Arbitral, ha sido promovido por los licenciados
MARIO ENRIQUE S. y HUMBERTO S. M. , […], en calidad de apoderados generales
judiciales de la sociedad TELEFÓNICA MOVILES EL SALVADOR, SOCIEDAD
ANÓNIMA DE CAPITAL VARIABLE, que puede abreviarse TELEFÓNICA MOVILES
S.A. DE C.V., de este domicilio; contra el laudo arbitral pronunciado el día veintiuno de junio de
dos mil trece, por el Tribunal Arbitral que conoció del diferendo entre la sociedad citada y la
sociedad EL SALVADOR NETWORK, SOCIEDAD ANÓNIMA, que se abrevia EL
SALVADOR NETWORK, S.A., derivado del contrato denominado "Contrato para la prestación
del servicio de interconexión y de acceso a otros recursos".
Han intervenido en el presente recurso los licenciados MARIO ENRIQUE S. y
HUMBERTO S. M. , en la calidad mencionada como parte RECURRENTE, y los licenciados
JOSÉ MARIO V. B. y ENRIQUE ANTONIO A. M., […], en calidad de apoderados generales
judiciales de la sociedad EL SALVADOR NETWORK, S.A., como parte RECURRIDA.
El objeto del presente recurso, es que se declare nulo el laudo arbitral citado, por concurrir
el supuesto regulado en el art.68 causal 5 de la Ley de Mediación, Conciliación y Arbitraje.
LEÍDOS LOS AUTOS, Y
CONSIDERANDO:
I.- ANTECEDENTES DE HECHO.
1.1. RESOLUCIÓN IMPUGNADA.
El laudo arbitral recurrido en lo pertinente EXPRESA: ""En mérito de todo lo expuesto,
el Tribunal Arbitral decide y ordena lo que sigue: A. En relación con la admisibilidad de la
Solicitud de Arbitraje: 1. Declarar que no existe una disputa arbitrable entre Telefónica Móviles
El Salvador, Sociedad Anónima de Capital Variable, como Demandante, y El Salvador Network,
Sociedad Anónima, como Demandada con motivo de lo planteado en la Solicitud de Arbitraje. 2,
En consecuencia, declarar inadmisible la Solicitud de Arbitraje, presentada por Telefónica
Móviles El Salvador, Sociedad Anónima de Capital Variable contra El Salvador Network,
Sociedad Anónima. B. En relación con los costos de este Arbitraje: 1. Condenar a Telefónica
Móviles El Salvador, Sociedad Anónima de Capital Variable a pagarle a El Salvador Network,
Sociedad Anónima la cantidad de US$177,151, por concepto de costos del Arbitraje, valor que
comprende: a. Los gastos administrativos de la CCI y los honorarios y gastos de los Árbitros
(US$ 70,000); y b. Los gastos razonables incurridos por El Salvador Network, Sociedad
Anónima para su representación y atención de este Arbitraje (US$ 107,151). 2. Ordenar que el
pago establecido en el numeral (1) anterior en favor de El Salvador Network, Sociedad
Anónima, sea hecho por Telefónica Móviles El Salvador, Sociedad Anónima de Capital Variable
dentro de los 15 días siguientes a la fecha de notificación de este Laudo, por los motivos y con el
efecto, en caso de incumplimiento, de que trata el numeral (46) del Capítulo V (F) de este
Laudo. C. En relación con los Asuntos Litigiosos cubiertos en este Laudo: 1. Este Laudo, que
tiene el carácter de final, cubre los Asuntos Litigiosos listados en la § VI (2) (a), (b) y (e) del
Acta de Misión. 2. Por los motivos explicados en el Capítulo V (G) de este Laudo, se rechazan
las restantes pretensiones de las Partes. Sede del Arbitraje: San Salvador, República de El
Salvador Fecha: Junio 21, 2013..."""
1.2 SUSTANCIACIÓN DEL RECURSO.
Por escrito presentado el día diecisiete de julio de dos mil trece, los licenciados MARIO
ENRIQUE S. y HUMBERTO S. M., de conformidad a los arts. 67 y 68 causal 5 de la Ley de
Mediación, Conciliación y Arbitraje, de ahora en adelante LMCA, interpusieron el presente
recurso de nulidad contra el laudo arbitral pronunciado el día veintiuno de junio de dos mil trece,
por el Tribunal Arbitral que conoció del diferendo entre la sociedad TELEFÓNICA MOVILES
S.A. DE C.V., y la sociedad EL SALVADOR NETWORK, S.A., derivado del contrato
denominado "Contrato para la prestación del servicio de interconexión y de acceso a otros
recursos".
Por auto de las catorce horas del día diecinueve de julio de dos mil trece, agregado a fs.78
y 79. del presente expediente, se tuvo por parte a los licenciados MARIO ENRIQUE S. y
HUMBERTO S. M. , se admitió el recurso interpuesto y se les corrió traslado a los expresados
profesionales para que sustentaran su recurso, lo cual hicieron en escrito de fs.82 al 85.
Por escrito de fs.115 del expediente, comparecieron al proceso los licenciados JOSÉ
MARIO V. B. y ENRIQUE ANTONIO A. M., a quienes se les tuvo por parte, por auto de fs.
118.
Por auto de las diez horas con ocho minutos del día treinta y uno de julio del presente año,
agregado a fs.118 del presente expediente, se tuvo por parte a los profesionales citados en el
párrafo anterior, se tuvo por sustentado el recurso interpuesto por los licenciados MARIO
ENRIQUE S. y HUMBERTO S. M., y se ordenó el traslado a la parte contraria para que
presentara sus alegatos, mismo que fue evacuado mediante escrito, agregado de fs.125 al 129.
Por auto de las once horas con treinta minutos del día trece de agosto de dos mil trece,
agregado a fs. 148, se tuvo por evacuado el traslado conferido a los licenciados JOSÉ MARIO V.
B. y ENRIQUE ANTONIO A. M., declarándose no ha lugar abrir a pruebas el presente recurso, y
no habiendo mas diligencias que practicar se ordeno dictar la sentencia de conformidad al art. 70
LMCA.
II. PRETENSIONES.
2.1 ARGUMENTACIONES DE LA PARTE RECURRENTE.
Los licenciados MARIO ENRIQUE S. y HUMBERTO S. M. , en la calidad citada,
mediante escrito presentado el día veintinueve de julio de dos mil trece, para sustentar el recurso
de nulidad, expusieron """...2.1. Necesaria Referencia a los Laudos Parciales. (...) es importante
tomar en cuenta que la práctica arbitral implica que muchas veces los casos no sean resueltos a
través de una sola decisión, sino que deban tomarse varias decisiones, esto es, que se dicten
varios laudos en relación a un mismo proceso. En efecto, los árbitros muchas veces tendrán que
lidiar con asuntos preliminares, con decisiones que tendrán que ser adoptadas antes de poder
entrar siquiera a conocer el fondo del asunto, ya sea porque el proceso mismo lo impone, o
porque las partes incorporan incidentes que deben resolverse antes de conocer el mérito de la
disputa. Son muchos los casos en que ante el silencio de las partes, o ante las diferentes
interpretaciones que cada una de ellas haga del convenio arbitral, o simplemente ante la
ocurrencia de incidentes procesales que no habían sido previstos por las partes, los árbitros
deberán fallar sobre el idioma aplicable al procedimiento, sobre la sede del arbitraje, el derecho
sustantivo aplicable, la validez del convenio arbitral, la competencia para conocer de la disputa
planteada, la adopción de medidas cautelares o precautorias, y en fin, sobre una serie de asuntos
que sin ninguna duda serán trascendentales en el proceso arbitral, pero que no necesariamente
implican que los árbitros estén pronunciándose sobre el fondo de la controversia. Todas estas
decisiones se toman a través de laudos parciales. Con respecto a los laudos parciales, se ha dicho
que son todos aquellos que se oponen a los denominados laudos definitivos, en tanto y en cuanto
un laudo parcial será todo aquel que no resuelve todas las controversias planteadas por las
partes en el proceso arbitral sino solo una parte de ellas. Existe completa unanimidad cuando se
reconoce que los laudos pueden ser de distintas clases según lo que se haya resuelto y según lo
que las partes hayan dispuesto, por lo que podrá haber laudos de fondo y laudos parciales. Más
aún, los expertos en materia arbitral sostienen que "la posibilidad de que los árbitros dicten
laudos parciales o preliminares depende de lo que las partes hayan convenido, pues ellas podrán
incluir ciertas materias para que sean resueltas separadamente del fondo de la cuestión",
agregando que el laudo parcial es aquel que versa sobre una parte del objeto del litigio; es decir,
sobre menos de la totalidad de los puntos de la demanda o la contestación. Estos laudos pueden
ser objeto de un recurso inmediato." Sin lugar a dudas, la ocurrencia de los laudos parciales
ocurre siempre que un proceso arbitral se bifurca, esto es, cuando el proceso arbitral se separa
en dos o más etapas que pueden ser paralelas o subsecuentes, y que da lugar a que en cada etapa
existan alegaciones de fondo, medios de prueba y escritos de las partes, dándole al Tribunal
arbitral la paralelamente según se haya pactado, esas mismas etapas. Las resoluciones que
adopta el tribunal arbitral son los laudos. Por supuesto que para hacerlo, los árbitros deben
respetar la autonomía de la voluntad de las partes, acordando con éstas las reglas que resultarán
aplicables a la bifurcación y los plazos en que se dictarán los laudos que sean necesarios. Todas
estas reflexiones son sumamente importantes para el caso que nos ocupa, porque en el arbitraje
promovido entre Telefónica y Salnet, las partes acordaron la bifurcación del procedimiento así
como los plazos en que se dictarían los laudos correspondientes. No está de más mencionar que
cuando el art. 68 LMCA enumera las causales por las que puede impugnarse un laudo vía
recurso de nulidad, no hace ningún distingo entre laudos definitivos y laudos parciales, razón por
la cual es obvio que las partes pueden impugnar laudos como el que ahora nos ocupa. 2.2.
Relación circunstanciada de los hechos. El día trece de agosto de dos mil doce, Telefónica inició
ante la Cámara de Comercio Internacional (CCI) proceso arbitral en contra de Salnet,
reclamando incumplimiento de contrato más indemnización de daños y perjuicios. Salnet contestó
la demanda arbitral el día 1 de octubre de 2012. Iniciado el proceso arbitral y ya constituido el
Tribunal arbitral, éste convoco a las partes a una audiencia a fin de elaborar el "Acta de Misión"
y calendarizar las distintas fases del proceso. En efecto, el día veinticinco de enero del año en
curso, en las instalaciones del hotel Crown Plaza de El Salvador, se llevó a cabo audiencia para
la elaboración y firma del Acta de Misión. En el Acta de Misión se expresó que el Tribunal
establecería por medio de una Orden Procesal, el calendario del proceso. El mismo día que las
partes suscribimos el Acta de Misión, continuamos con la audiencia para deliberar y acordar con
el Tribunal Arbitral, cuáles serían las etapas y plazos del procedimiento arbitral. Dado que
Salnet dentro de sus defensas argumentaba que no existía una disputa arbitrable, y dado que
Telefónica había solicitado una medida cautelar, las partes decidimos bifurcar el procedimiento
arbitral en tres distintas etapas subsecuentes: a) conocer y decidir sobre la medida cautelar; b)
conocer y decidir sobre la defensa de Salnet sobre la existencia de una disputa arbitrable y por
ende sobre la admisión de la solicitud de arbitraje; y c) conocer y decidir sobre el mérito de los
reclamos de Telefónica. A cada una de esas etapas se le asignaron fechas que tanto las partes
como el Tribunal nos comprometimos a respetar y fue por eso que se dictó - el mismo veinticinco
de enero de dos mil trece - la Orden Procesal número 01. Las partes acordamos que en relación a
la medida cautelar, ambas presentaríamos nuestras argumentaciones y el Tribunal decidiría a
más tardar el 26 de febrero de 2013. Esas fechas fueron cumplidas. En relación a la alegación
sobre la admisibilidad de la solicitud arbitral, las partes y el Tribunal arbitral acordamos que
Telefónica y Salnet presentarían en distintas fechas sus alegaciones escritas, y que el Tribunal
arbitral daría su laudo a más tardar el día 23 de abril de 2013. Las partes cumplimos con las
fechas acordadas pero el Tribunal no cumplió. En efecto, no fue sino hasta el día 21 de junio de
2013 que el Tribunal pronunció su laudo, habiendo transcurrido casi dos meses desde la fecha
que las partes habíamos acordado, situación que evidentemente implica que se ha dictado el
laudo fuera del plazo libremente establecido por las partes. Es importante mencionar que para la
fijación del calendario procesal los miembros del Tribunal Arbitral dejaron su aprobación a las
partes, tal y como consta en la página diez, numeral segundo del citado laudo: "En enero 25,
2013, y previa consulta con las Partes fue expedida la Orden Procesal No. 1, donde se adoptó el
Calendario del Proceso, que ha tenido el siguiente desarrollo:" (El destacado es propio.)
También es importante destacar que ni el Tribunal arbitral pidió prórroga para la emisión del
laudo, ni las partes la otorgamos en ningún momento. 2.3. Fundamentación del Recurso. El art.
68 numeral 5 LMCA, reconoce como causal de nulidad, el que este se haya pronunciado después
del vencimiento del término fijado para el proceso arbitral o sus prórrogas. Se trata esta de una
de las causales más claras establecidas por el legislador, toda vez que lo único que se precisa es
el transcurso del plazo legal o del plazo contractual para laudar. Tal como ya se ha dicho en
nuestro país, "de no respetar los árbitros lo estipulado por las partes, o en defecto de acuerdo,
por lo que la LMCA estipula en cuanto al plazo de duración del arbitraje - y la emisión del laudo-
o la prórroga del mismo, se perfilaría la causal de nulidad quinta del artículo 68 LMCA,
anulando todo el trámite arbitral realizado. El anularse el laudo arbitral por el motivo del
número 5 del artículo 68 LMCA, produce un efecto anulatorio que arrastra hasta el convenio
arbitral. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que el calendario procesal acordado entre las
partes y el Tribunal arbitral, se hizo en aplicación del art. 24 del Reglamento de Arbitraje de la
CCI, que señala que podrá existir una audiencia sobre la conducción del procedimiento. Ese
mismo artículo es el que establece en el párrafo 3, que los árbitros pueden modificar el
calendario procesal, pero después de consultar a las partes mediante una nueva conferencia
sobre la conducción del procedimiento o de cualquier otra forma. En el caso que nos ocupa, el
Tribunal arbitral jamás pidió a las partes modificar el calendario procesal, jamás dictó una
orden distinta, por lo que jamás pudo haberse extendido el plazo pactado. Quizá conscientes de
la irregularidad en la fecha de emisión del laudo, los árbitros en su laudo intentaron aclarar en
la página 13, párrafo 4 que el laudo era expedido en tiempo porque el artículo 30 del Reglamento
de la CCI, establece que el Tribunal Arbitral tendrá un plazo de seis meses para dictar el laudo
final, pero lo cierto es que el laudo final es el que decide la controversia, mientras que el laudo
parcial es el que decide un incidente dentro del mismo, y las partes pactamos que ese laudo
parcial se dictara en una fecha muy anterior a la fecha en que fue dictado. Que el laudo
pronunciado sea un laudo parcial lo reconocen las mismas reglas de arbitraje de la CCI las que
en el Apéndice IV "Técnicas para la Conducción del Caso", dicen en el literal "a", que las partes
pueden decidir bifurcar el procedimiento y dictar uno o más laudos parciales sobre cuestiones
claves, como evidentemente lo es la existencia o no existencia de una disputa arbitral domo
presupuesto para la continuación del proceso arbitral. Eso fue exactamente lo que ocurrió: las
partes decidimos que queríamos laudos parciales en determinadas fechas pero eso no fue
observado. De ahí que solicitemos la nulidad del laudo pronunciado extemporáneamente (...)
SOLICITO: (...) se declare que el laudo arbitral dictado el día veintiuno de junio de dos mil trece
y posteriormente notificado el día nueve de julio del año en curso es nulo de conformidad con el
art. 68 LMCA, (5), por haberse pronunciado el laudo después del vencimiento del término fijado
por las partes."""
2.2 ARGUMENTACIONES DE LA PARTE RECURRIDA.
Los licenciados JOSÉ MARIO V. B. y ENRIQUE ANTONIO A. M., en la calidad citada,
mediante escrito presentado el día doce de agosto de dos mil trece, para sustentar el recurso de
nulidad, expusieron """...BREVE DESCRIPCIÓN DE HECHOS RELEVANTES. El 13 de agosto
de 2012, Telefónica presentó una Solicitud de Arbitraje ante la Cámara de Comercio
Internacional, (en adelante CCI). En su Solicitud de Arbitraje, Telefónica invocó el
consentimiento de las partes a someterse al arbitraje contenido en el literal B de la cláusula
Décimo Séptima del "Contrato para la prestación del servicio de Interconexión y de Acceso a
Otros Recursos" celebrado entre ambas partes el día 28 de octubre del 2005. (en adelante el
Contrato) La cláusula Décimo Séptima del referido Contrato prevé dos tipos de arbitraje: el literal
A contempla un arbitraje local con árbitros salvadoreños, a ser conducido bajo la LMCA. La única
referencia a laudos en dicho literal A es a que los mismos serán válidos por mayoría simple o
unanimidad. El literal 8, la elección de Telefónica, contempla un arbitraje bajo el Reglamento
CCI, no la LMCA, con árbitros que no sean salvadoreños. Las partes acordaron que un laudo
emitido bajo el literal 8 de la Cláusula Décimo Séptima sería "final e inapelable", por lo tanto, el
Laudo del Tribunal de Arbitraje que Telefónica busca anular con este proceso es final e
inapelable. El Tribunal de Arbitraje quedó constituido el día 28 de noviembre de 2012. El día 23
de enero de 2013, las partes y el Tribunal de Arbitraje suscribieron el Acta de Misión, documento
que contiene, entre otras cosas, la identificación de las partes y de los puntos en disputa, así como
loS acuerdos de las partes sobre la conducción del proceso. En esta misma fecha, el Tribunal
emitió su Orden Procesal N° 1, en la que se establecía el calendario procesal. En esta Orden
Procesal N° 1, el Tribunal de Arbitraje indicó como fecha aproximada el 23 de abril de 2013, no
para la finalización del proceso arbitral, sino que para emitir su pronunciamiento sobre la
admisibilidad de la Solicitud de Arbitraje. Asimismo, el Tribunal de Arbitraje claramente indicó,
resaltando en rojo, que la fecha aproximada para decidir la cuestión de admisibilidad estaba sujeta
al examen que de todos los laudos hace la Corte de la CCI. Así, y dado que el Tribunal decidió
que no había una disputa contractual entre las partes y que por lo tanto la Solicitud de Telefónica
era inadmisible, el Tribunal emitió su Laudo filial el día 21 de junio de 2013 dando fin al
procedimiento, el cual fue debidamente examinado y aprobado por la Corte de la CCI. En su
Laudo final, el Tribunal de Arbitraje declaró, de forma unánime, que no existía una disputa entre
las partes y que por lo tanto la Solicitud de Telefónica era inadmisible. Asimismo, el Tribunal de
Arbitraje ordenó a Telefónica, de forma unánime, a pagar todos los costos del arbitraje.
CONSIDERACIONES ACERCA DEL RECURSO INTERPUESTO POR TELEFÓNICA Y
SUS FUNDAMENTACIONES. I. EL LAUDO EMITIDO POR EL TRIBUNAL
ARBITRAL ES FINAL E INAPELABLE. (...) En efecto, las pártes acordaron en el Contrato de
que un laudo emitido en un arbitraje bajo el literal 8 de la Cláusula Décimo Séptima seria final e
inapelable. Esté recurso interpuesto por Telefónica viola el carácter final del Laudo y se
constituye en una violación al Contrato y al Reglamento CCI. II. EL LAUDO DEL TRIBUNAL
DE ARBITRAJE ES UN LAUDO FINAL, NO UN LAUDO PARCIAL. (...)Además de las
claras referencias del Tribunal de Arbitraje a su laudo como un laudo final, el Tribunal decidió de
que no existía una disputa entre las partes y que por lo tanto la Solicitud de Arbitraje era
inadmisible, terminando así con el arbitraje. Es decir, el Laudo es final porque puso fin al
arbitraje. Como Laudo final, el plazo aplicable al mismo es aquel contemplado en el Artículo 30
del Reglamento CCI, y de ahí que el Tribunal, unánime y correctamente, declaró que el mismo
había sido dictado dentro del plazo de seis meses contemplado en Articulo 30 del Reglamento.
IIL SI EL LAUDO ES PARCIAL ESTE ARBITRAJE ES IMPROCEDENTE (...)si esta
Honorable Cámara, aceptase el argumento de Telefónica de que el Laudo del Tribunal de
Arbitraje es parcial porque solamente decidió un incidente dentro del arbitraje, entonces este
recurso es improcedente porque bajo el Artículo 66 de la LMCA, solo un laudo final puede ser
objeto de un recurso. IV. EL LAUDO DEL TRIBUNAL ARBITRAL SE DICTO DENTRO
DEL PLAZO QUE ESTABLECE EL REGLAMENTO CCI. A) El plazo para dictar laudos
bajo el Reglamento CCI es de seis meses contados a partir de la firma del Acta de Misión.
Dado que Telefónica claramente desconoce el funcionamiento de los arbitrajes CCI, nos vemos
obligados a aclarar cómo funcionan dichos arbitrajes. EL Artículo 30.1 del Reglamento CCI
establece claramente que el plazo para dictar el Laudo final es de 6 meses contados a partir de la
firma del Acta de Misión. Este es el plazo, y no otro, en el que un tribunal de arbitraje tiene que
emitir su laudo final bajo el Reglamento CCI. (...)El Laudo final dictado por el Tribunal de
Arbitraje en el caso de la referencia fue examinado y aprobado previamente por la Corte, por lo
que no existe ninguna duda de que el Laudo del Tribunal cumple con lacios los requisitos del
Reglamento de la CCI y fue emitido dentro del plazo que manda dicho Reglamento. B) El Laudo
final se dictó dentro del plazo que manda el Reglamento CCI. (...) el Reglamento CCI
establece claramente que el plazo para dictar el Laudo final es de 6 meses contados a partir de la
firma del Acta de Misión. El Acta de Misión se firmó el 25 de enero de 2013. El Tribunal emitió
su Laudo final el 21 de junio de 2013. Es decir, el Laudo final se dictó a los 4 meses y 27 días de
firmada el Acta de Misión. Por io tanto, no existe duda de que el Laudo final se dictó dentro de los
6 meses que manda el Reglamento de Arbitraje de la CCI, y fu así aprobado por la Corte de la
CCI. (...)En su Laudo final, el Tribunal de Arbitraje ya dejó constancia de que el Laudo fue
dictado dentro del plazo que manda el Reglamento de Arbitraje. (Página 13, que contiene el
Número 4 del Ordinal IV) TRAMITE DEL ARBITRAJE, que textualmente dice "Debe
precisarse, además, que el Laudo es expedido en tiempo, toda vez que al tenor del artículo 30(1)
del Reglamento CCI, el término para ello es de seis (6) meses contados a partir de la firma del
Acta de Misión, lo que, como atrás se dijo, tuvo lugar en Enero 25, 2013') C) Las partes jamás
acordaron, ni el Tribunal de Arbitraje jamás indicó, que el Laudo final se emitiría el 23 de
abril de 2013. La Orden Procesal No. 1 es clarísima de que la fecha 23 de abril de 2013 era una
fecha aproximada, y que como en todo arbitraje CCI, la emisión del laudo estaba sujeta al riguroso
examen del laudo por parte de la CCI. El Tribunal de Arbitraje incluso resaltó en rojo estas
aclaraciones. Por lo tanto, contrario a lo que falsamente viene Telefónica a argumentar frente a
esta Honorable Cámara, las partes jamás acordaron, ni el Tribunal de Arbitraje jamás indicó, que
"daría su laudo a más tardar el día 23 de abril de 2013," como falsamente viene Telefónica a
argumentar en este procedimiento. (...). V. TELEFÓNICA NO PUEDE AHORA DECIR QUE
EL TRIBUNAL NO RESPETO LAS FECHAS DE SU ORDEN PROCESAL NO. 1.
Finalmente es necesario hacer notar que si Telefónica en realidad consideraba que el Tribunal
había incumplido con alguna de las fechas contempladas en la Orden Procesal N°.1, debió
hacérselo ver al Tribunal en su momento oportuno. Bajo el Reglamento de la CCI, si Telefónica
en realidad consideraba que por acuerdo entre las partes el Tribunal de Arbitraje debía de emitir su
pronunciamiento sobre la admisibilidad del recurso a más tardar el día 23 de abril de 2013, debió
de haber hecho ver al Tribunal de Arbitraje 9 a la CCI que dicha fecha estaba siendo incumplida.
Dado que Telefónica no, se pronunció en lo absoluto en el momento procesal oportuno, perdió su
momento de objetar. Lo cierto es que Telefónica no lo hizo porque dicha fecha no era un acuerdo
de las partes ni mucho menos un plazo, sino que una fecha aproximada. (...) PEDIMOS: (...)
Declaréis sin lugar el recurso de nulidad interpuesto por TELEFÓNICA MÓVILES EL
SALVADOR, SA. DE C.V. del Laudo Arbitral pronunciado el día veintiuno de junio de dos mil
trece, por el Tribunal Arbitral que conoció del diferendo entre la sociedad TELEFONICA
MOVILES, S.A. DE C.V. y EL SALVADOR NETWORK, S.A...."""
III. FUNDAMENTOS DE DERECHO.
Éste Tribunal previo a resolver sobre los puntos alegados por las partes les aclara que la
nulidad de un laudo arbitral es un proceso judicial especial, regulado del art.67 al 71 de la
LMCA, y además le es aplicable subsidiariamente el Código Procesal Civil y Mercantil de
ahora en adelante CPCM, de conformidad al art.20.
Aclarado dicho punto, éste tribunal, primeramente abordará los alegatos de la parte
recurrida que se refieren a la procedencia de admisibilidad del presente recurso, de conformidad
al art. 238 del CPCM, y sólo en caso de desestimarse se procederá a resolver los demás alegatos
de las partes.
Los licenciados JOSÉ MARIO V. B. y ENRIQUE ANTONIO A. M., en escrito
presentado el día doce de agosto del presente año, alegan que el laudo arbitral recurrido es: 1.
un laudo final, e inapelable; 2. Que el laudo emitido por el tribunal arbitral, es un laudo final, no
parcial; 3. Que en caso que este tribunal considere que dicho laudo es parcial, el presente
recurso es improcedente.
• El laudo es final e inapelable.
Respecto a que el laudo es final e inapelable, ésta Cámara hace las consideraciones
siguientes:
La parte recurrida fundamenta dicha afirmación en la cláusula décima séptima literal b)
del contrato, en la cual las partes acordaron que el laudo del tribunal de arbitraje sería el único y
exclusivo recurso entre ellas respecto a cualquier reclamo, divergencia o controversia, y que el
fallo sería final e inapelable; así mismo, argumenta que con base al art. 34 (4) del Reglamento de
Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional, de ahora en adelante CCI, al someter las
partes su controversia a dicho reglamento, renunciaron a cualquier vía de recurso a la que
pudieran renunciar válidamente.
Primeramente éste tribunal hace la aclaración que, si bien es cierto en la cláusula décima
séptima literal b) del contrato, las partes establecieron que el fallo del laudo arbitral sería final e
inapelable (lo subrayado es propio), debe enfatizarse en que los términos "inapelable",
"irrecurrible" e "inimpugnable" no son lo mismo.
Así por una parte, cuando se dice que una resolución es inapelable, se refiere que contra
dicha resolución no se podrá interponer el recurso de apelación; por otra parte, cuando se
establece que una resolución será irrecurrible, debe entenderse que sobre la misma no se puede
interponer recurso alguno; haciendo la aclaración que tampoco es lo mismo decir, que una
resolución es irrecurrible, a que una resolución es inimpugnable, porque cuando decimos que
una resolución es inimpugnable, es que contra ella no se puede hacer uso de los medios de
impugnación.
De acuerdo a la doctrina es necesario diferenciar entre los medios de impugnación
(como lo es la nulidad y la revisión de sentencia firmes) y los recursos (revocatoria, apelación,
casación), esto en razón de que estos últimos están comprendidos dentro de los medios de
impugnación, es decir que los medios de impugnación son el género y los recursos la especie.
La diferencia entre ambos es que, los recursos se caracterizan por estar dentro y ser
parte de los medios de impugnación, los cuales se plantean y resuelven dentro del mismo
proceso, cuya finalidad es atacar la resolución dictada o evitar que esta alcance un estado de
firmeza, ya que éstos sólo pueden ser interpuestos contra resoluciones no firmes, en cambio los
medios de impugnación pueden ser incoados aún en contra de aquellas decisiones que ya han
alcanzado un estado de firmeza.
Este criterio ha sido sostenido por los autores JUAN MONTERO AROCA y JOSE
FLORS MATIES, en su libro Los Recursos en el Proceso Civil, pág. 32, en el que establecen:
«recursos son, pues, aquellos medios de impugnación por los que quién es parte en el proceso
pretende un nuevo examen de las cuestiones fácticas o jurídicas resueltas en una resolución no
firme que le resulta perjudicial, a fin de que sea modificada o sustituida por otra que le
favorezca, o anulada»(cursiva es nuestra); por lo que podemos concluir que los recursos no
tienen como consecuencia el nacimiento de un nuevo proceso, sino continuar con el ya
existente; motivo por el cual este Tribunal considera que la nulidad del laudo arbitral es un
medio impugnativo y no un recurso.
Sin embargo, si se considera que la nulidad solicitada es un recurso en sentido estricto, y
no un medio de impugnación, es necesario realizar un análisis, sobre si es posible renunciar al
derecho constitucional a recurrir de forma anticipada, sin que dicha renuncia lesione el referido
derecho.
Los derechos procesales, como lo es la renuncia al derecho de recurrir, sólo son
renunciables dentro del proceso de forma expresa y/o tácita, por ser parte del debido proceso, el
primer supuesto ocurre cuando la parte a la que le asiste el derecho de recurrir decide renunciar
ante la autoridad competente; la forma tácita, se presenta cuando la parte que tiene el derecho a
recurrir decide no hacer uso de su derecho.
Entonces tenemos que la renuncia de un derecho procesal sólo es posible, cuando las
partes tienen conocimiento de lo decidido y están conscientes del derecho al que están
renunciando y las consecuencias procesales que su renuncia implica. •
Por lo que, la renuncia de un derecho procesal fuera del proceso y sin el condcimiento de
las consecuencias de su renuncia, nos lleva a una situación de indefensión ilegitima que sería
contraria al debido proceso.
La renuncia de un derecho constitucional (en caso de que dicho derecho sea disponible)
sólo puede hacerse en una situación en la que las partes tengan conocimiento de su contenido,
alcance y sus consecuencias jurídicas, en consecuencia, al no cumplirse estos requisitos, no puede
considerarse como válida la voluntad de las partes.
Para el caso de autos hubiese sido diferente si las partes, teniendo pleno conocimiento del
contenido del fallo del Tribunal Arbitral, hubiesen acordado renunciar a su derecho de recurrir,
caso en el cual, su renuncia hubiese ocurrido en una situación de conocimiento del derecho al
cual pretenden renunciar, así como los alcances y sus consecuencias.
Los motivos antes expuestos han sido sostenidos por la Honorable Sala de lo
Constitucional, en sentencia pronunciada a las doce horas y cinco minutos del día quince de
febrero de dos mil dos, bajo la referencia 9-97, para establecer no sólo que el derecho a recurrir
es parte de los derechos reconocidos por la Constitución, por formar parte del debido proceso,
sino que los derechos procesales son renunciables únicamente cuando las partes, tienen
conocimiento del alcance y los efectos del derecho al cual pretenden renunciar, y dentro de un
proceso legalmente configurado.
Por lo que, respecto a este punto este Tribunal concluye que los derechos
constitucionales son renunciables, pero sólo cuando existe un conocimiento real de los efectos y
los alcances del derecho a renunciar, caso contrario su renuncia no es permitida, por ser
contrario al inciso 1° del Art. 2 de la Constitución, es decir, que la renuncia anticipada de un
derecho, lesiona el debido proceso, por ello dicha renuncia no puede surtir efectos.
Por tanto, aunque la parte recurrida alegue que las partes se sometieron al Reglamento
CCI, el cual en su art.34 (4), establece que al someter las partes su controversia a dicho
reglamento, renunciaron a cualquier vía de recurso, no es válida, por tratarse de un medio de
impugnación irrenunciable, ya que del art.1340 C. se entiende que el legislador prohíbe a las
partes que renuncien por medio de cláusulas contractuales a la acción de nulidad, ya que la
misma es de carácter público e irrenunciable; haciendo la aclaración este tribunal que el
numeral que contiene dicha regulación es el numeral 6 y no el 4, como se expresa en escrito de
alegatos.
Además la nulidad del laudo, es un remedio procesal dado por nuestra legislación en el
art.66 y siguientes de la LMCA, por lo que, se integra en el contenido del derecho a la tutela, en
consecuencia, se sitúa fuera de la capacidad de disposición de las partes en el contrato, y su
exclusión voluntaria del convenio arbitral no sería válida.
En consecuencia, el recurso de nulidad es admisible por reunir los requisitos establecidos
en el art. 67 LMCA, y no constituye una violación al contrato, ni al Reglamento CCI, pues como
ya se dijo en líneas anteriores, dicha renuncia no es válida, razón por la cual este punto debe ser
desestimado.
• El laudo pronunciado por el tribunal arbitral es final o parcial.
Respecto a si el laudo arbitral pronunciado por el tribunal arbitral es final o parcial, ésta
Cámara hace las consideraciones siguientes:
Primeramente es importante definir qué es un laudo, y posteriormente identificar los tipos
de laudos que existen.
La mayoría de las legislaciones no establecen una definición de laudo, ni de los diferentes
tipos de laudos que existen, por ello, este tribunal se remite a lo que establece la Real Academia
Española, en su Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, dentro del cual se
define que laudo, es la decisión o fallo que dictan los árbitros o amigables componedores.
Según el art.2 romano (y) del Reglamento CCI, cuando se hace mención a la palabra
"laudo" debe entenderse que se refiere a un laudo interlocutorio, parcial o final.
Algunos doctrinarios establecen que laudo interlocutorio o incidental es, aquel que
resuelve cuestiones incidentales o prejudicialidades, sean de procedimiento o de fondo (como la
legitimación para actuar, la prescripción o el derecho aplicable), pero éste tipo de laudo a
diferencia del laudo final y del laudo parcial, no resuelve definitivamente todo o parte del objeto
del litigio, y tampoco son objeto de un recurso inmediato.
Por otra parte, se dice que los laudos parciales surgen cuando las partes han convenido
bifurcar el proceso arbitral, es decir, cuando han decidido que ciertas materias sean resueltas
separadamente del fondo de la cuestión, con la finalidad de obtener un resultado más eficiente en
la resolución del caso.
En consecuencia, los laudos parciales no se pronuncian sobre todos los puntos litigiosos,
sino sobre alguno o algunos de ellos, los cuales pueden poner fin al proceso arbitral, y de los
cuales se puede recurrir inmediatamente.
Por último, laudos finales son, aquellos que resuelven el fondo de la cuestión, después
de tramitado el procedimiento, poniéndole fin al proceso arbitral.
No obstante lo anterior, la mayor parte de la doctrina sostiene que existen dos tipos de
laudos que son, los laudos finales o definitivos, y los laudos parciales, dentro de los cuales
enmarcan los laudos provisionales, interlocutorios, preliminares o estimatorios de la excepción.
Sin embargo, en su mayoría establecen que tanto los .laudos finales, como los laudos
parciales son susceptibles çie impugnar por la vía de la acción de nulidad o del recurso de
nulidad, dependiendo de la legislación de cada país.
Para el caso de marras, la LMCA, en su art. 66 únicamente establece "Contra las
decisiones de los árbitros, diferentes del laudo, no procede recurso alguno".
De la regulación anterior, se concluye que el legislador no permite la interposición de
recurso alguno sobre las ordenes procesales o de procedimiento que dicten los árbitros, las
cuales sirven para darle trámite al proceso, y no tienen aptitud para ponerle fin a la instancia
arbitral, con la finalidad de no dilatar el proceso.
No puede entenderse de dicha norma que el legislador ha establecido que sólo el laudo
final es susceptible de recurrir, ya que el artículo citado sólo menciona la palabra "laudo",
englobando toda clase de' laudos, ya que no se refiere a uno en especifico, sino a todos, es decir,
a los laudos finales y a laudos parciales, en consecuencia, ambos tipos de laudos son
susceptibles de impugnar y recurrir, tal como lo sostiene la doctrina.
En el caso subjudice, ambas partes acordaron bifurcar el proceso arbitral en tres fases, lo
cual se advierte del calendario procesal establecido en la orden procesal N°1 de fecha veinticinco
de enero de dos mil trece (caso 18899/CA), estableciendo como primera fase que el día
veintiséis de febrero de dos mil trece, se pronunciaría sobre la medida cautelar solicitada; y en la
segunda fase, el día veintitrés de abril de dos mil trece, se estableció como fecha aproximada en
virtud del examen previo regulado en el art.33 del Reglamento CCI, para el pronunciamiento del
tribunal arbitral sobre la admisibilidad o no de la solicitud de arbitraje, ésta resolución se daría
una vez realizado el examen de inadmisibilidad formal, de la solicitud de arbitraje, luego de
presentados los alegatos y fundamentos de la inadmisibilidad.
Por tanto, las resoluciones que el tribunal arbitral emitiera sobre dichas cuestiones, en
ambas fases serían laudos parciales, ya que conocían únicamente sobre una parte del fondo de la
pretensión.
Si en ésta fase no había ninguna causa de inadmisibilidad por las formas del arbitraje, y a
partir del catorce de mayo de dos mil trece, las partes deberían presentar sus respectivos escrito
de fundamentación de la demanda, es decir, entrar al fondo de la pretensión, prueba y laudo
final.
El tribunal arbitral al resolver que la solicitud de arbitraje era inadmisible, después de
realizarse el estudio de los asuntos litigiosos listados en el romano VI (2), (b) y (e) del acta de
misión, pronunció un laudo con carácter final.
. Por lo que, ésta Cámara al igual que el tribunal arbitral, sostiene que el presente laudo
recurrido, es un laudo final por los efectos que el mismo produce, que es la terminación o
finalización del proceso arbitral, en atención a la resolución, luego de realizarse por completo el
procedimiento establecido en el acta de misión.
Por tanto, el laudo recurrido es un laudo final, y es recurrible de conformidad al art.66
LMCA.
Habiéndose desestimado los puntos relacionados a la tramitación del presente recurso, es
procedente que esta Cámara entre a conocer sobre el motivo de nulidad planteado por la parte
recurrente.
• Extemporaneidad del laudo.
Los licenciados MARIO ENRIQUE S. y HUMBERTO S. M. , fundamentan el recurso
de nulidad interpuesto en la causal 5 del Art. 68 LMCA, por considerar que el laudo ha sido
pronunciado después del vencimiento del término fijado para el proceso arbitral o sus prórrogas.
Manifestando que las partes en el proceso arbitral acordaron bifurcar el proceso arbitral
en tres fases, por lo que, de conformidad al art. 24 CCI, acordaron que el plazo en el cual el
tribunal arbitral resolvería sobre la admisibilidad de la solicitud de arbitraje sería el día
veintitrés de abril de dos mil trece, y habiéndose pronunciado hasta el día veintiuno de junio de
dos mil trece, sin haber notificado previamente a las partes y a la Corte sobre la modificación
del calendario procesal, es que consideran que el laudo pronunciado es extemporáneo, por lo
que, ésta Cámara estima necesario hacer las siguientes consideraciones:
En el caso de marras, la cláusula arbitral que suscribieron ambas partes establece lo
siguiente: """...(B) Cualquier otra controversia, no contemplada en los supuestos anteriores,
deberá ser sometida a arbitraje de derecho bajo las reglas de la Cámara Internacional de
Comercio (ICC, pos sus siglas en inglés), de acuerdo con las Reglas de Arbitraje de dicha
institución ( las "Reglas de la ICC'). La sede del arbitraje será la ciudad de San Salvador, El
Salvador, y el lugar de realización de las audiencias y cualquier otra diligencia aplicable será
la ciudad de San Salvador, El Salvador. El tribunal arbitral estará integrado por tres árbitros
con nacionalidad y residencia en el continente americano, cuya nacionalidad no podrá ser ni
salvadoreña, ni la del país de origen de los principales accionistas de las Partes, quienes serán
designados uno por cada parte y el tercero por mutuo acuerdo de los árbitros designados por
las partes. Las partes acuerdan que el laudo arbitral será el único y exclusivo recurso entre
ellas respecto a cualquier reclamo, divergencia o controversia. El fallo será final e inapelable
(...) El idioma será el castellano. La Ley sustantiva será la de El Salvador (.4"""
De la cláusula citada se advierte que, ambas partes optaron por un arbitraje institucional,
el cual se regiría por el Reglamento CCI, por tanto, teniendo claro que ambas partes se
sometieron a un arbitraje institucional y no a un arbitraje adhoc, es importante determinar cual
Reglamento CCI es el aplicable, si es el vigente a la fecha de inicio del arbitraje o el vigente a la
fecha del acuerdo.
De conformidad al art.6 (1) del Reglamento CCI, cuando las partes han acordado
someterse al arbitraje según el Reglamento, se someten, por ese solo hecho, al Reglamento
vigente a la fecha de inicio del arbitraje a menos que hayan acordado someterse al Reglamento
vigente a la fecha del acuerdo del arbitraje.
Y siendo que en el presente caso, las partes únicamente establecieron que se sometían al
Reglamento CCI, por lo que, de conformidad al artículo citado, el Reglamento aplicable es el que
entró en vigencia el primero de enero de dos mil doce, en virtud de que el proceso arbitral inició
el día trece de agosto de dos mil doce; también será ley aplicable las leyes salvadoreñas, tal como
la LMCA y las leyes Civiles.
Habiéndose determinado las leyes 'aplicables, es necesario establecer si de conformidad a
dicha normativa el laudo final dictado por el tribunal arbitral es extemporáneo o no.
El art.19 del Reglamento CCI, establece que el procedimiento ante el tribunal arbitral se
regirá por el Reglamento y, en caso de silencio de éste, por las normas que las partes o, en su
defecto, el tribunal arbitral determinen.
En el caso de marras la parte recurrida argumenta que no ha existido ampliación o
modificación de dichos plazos, en virtud de que si bien es cierto las partes establecieron que el
día veintitrés de abril del presente año, el tribunal debía resolver sobre la admisibilidad de la
solicitud arbitral, dicha fecha se estableció que era aproximada, y siendo que el laudo que dictó
el tribunal arbitral es un laudo final, y no un laudo parcial es que el tribunal poseía seis meses
para dictarlo de conformidad al art. 30 (1) del Reglamento CCI, por tanto, consideran que el
laudo dictado no es extemporáneo.
El art. 30 (1) del Reglamento CCI, prescribe lo siguiente: "El tribunal arbitral deberá
dictar su laudo final en el plazo de seis meses. Dicho plazo comenzará a correr a partir de la
fecha de la última firma, del tribunal arbitral o de las partes, en el Acta de Misión o, en el caso
previsto en el Artículo 23 (3), a partir de la fecha en que la Secretaría notifique al tribunal
arbitral la notificación la aprobación del Acta de Misión por la Corte. La Corte puede fijar un
plazo diferente sobre la base del calendario procesal establecido de conformidad con el
Artículo 24(2)." (lo subrayado es nuestro).
Del artículo citado se desprenden dos supuestos: el primero, nos establece que por regla
general el tribunal arbitral cuenta con un plazo de seis meses, para dictar el laudo final,
estableciendo las normas a seguir para contabilizar dicho plazo; el segundo supuesto, es la
excepción a la regla general citada, estableciendo que la Corte puede fijar un plazo diferente
para que el tribunal arbitral pronuncie el laudo final, cuyo plazo debe ser establecido sobre la
base del calendario procesal elaborado durante o después de la conferencia en la cual las partes
y el tribunal arbitral elaboraron el Acta de Misión, art.24 (2) del Reglamento CCI.
En el caso que nos ocupa, las partes acordaron dentro del calendario procesal que la
fecha aproximada para que el tribunal arbitral se pronunciara sobre la admisibilidad de la
solicitud de arbitraje, sería el día veintitrés de abril de
dos mil trece. El examen de admisibilidad que efectúa cualquier tribunal, judicial o arbitral, está
referido a los requisitos de forma que se deben reunir para entrar a conocer sobre las pretensiones
discutidas por las partes, a este mismo examen se refería la resolución que el tribunal debía
pronunciar, ya que dicho pronunciamiento se •haría luego de la presentación por la demandada de
los argumentos en torno a la inadmisibilidad formal de la solicitud de arbitraje, así como de la
respuesta sobre lo mismo, por parte del demandante.
En otras palabras, el examen sobre las cuestiones de fondo hacen referencia a otro tipo de
control liminar que debe desarrollar dicha autoridad, lo cual -dependiendo de la legislación
procesal aplicable- puede traer como consecuencia el rechazo de la solicitud por ser ésta
improponible, improcedente, entre otros.
En ese sentido, éste tribunal considera que las partes al establecer la palabra
"admisibilidad" se referían a que el tribunal arbitral debía examinar los requisitos de forma de la
solicitud arbitral, teniendo como fecha aproximada para pronunciarse sobre esos requisitos hasta
el día veintitrés de abril de dos mil trece.
El tribunal arbitral no resolvió sobre la admisibilidad formal de la solicitud, sino que
debido al caso específico que se estaba planteando, se le hizo necesario hacer un examen de
fondo sobre los presupuestos de procedencia de dicha solicitud, como lo es la existencia de cosa
juzgada. Ese hecho trajo como consecuencia que el laudo que se dictó fue un laudo final, con un
rechazo que excede a las razones meramente formales o extrínsecas de la solicitud, por lo que el
plazo que contaba el tribunal para emitir tal decisión, ya no era la que constaba en el calendario
procesal como el veintitrés de abril de dos mil trece, sino que fue necesario aplicar el plazo
contemplado en el art. 30 (1) del Reglamento CCI.
Por tanto, teniendo claro que lo que pronunció el tribunal arbitral es un laudo final, por
contener un análisis sobre el fondo de la cuestión planteada, y no un laudo parcial que
únicamente hubiese versado sobre requisitos de forma, es que se concluye -como se dijo en líneas
anteriores- que el plazo para dictar el mismo es de seis meses establecido en el art. 30 (1) del
Reglamento CCI, ya que dicho artículo establece claramente que el plazo para pronunciar el
laudo final es de seis meses, contados a partir de la fecha de la última firma del tribunal arbitral
o de las partes, en el Acta de Misión.
En el caso de marras, dicho plazo se comienza a contar a partir del día veinticinco de
enero de dos mil trece, por ser ésta fecha en la cual las partes y el tribunal arbitral firmaron el
Acta de Misión, tal como consta de fs.46 al 69.
Por tanto, dicho tribunal tenía hasta el día veinticinco de julio de dos mil trece para
pronunciar el laudo parcial, y siendo que el laudo final fue pronunciado el día veintiuno de junio
de dos mil trece, éste tribunal considera que el mismo ha sido dictado en tiempo; como lo
sostiene también el mismo tribunal arbitral en la página doce y trece del laudo, en el cual
manifiesta que por medio de dicho laudo emite su decisión sobre la admisibilidad de la solicitud
de arbitraje, teniendo el mismo carácter final, y que el mismo es expedido en tiempo de
conformidad al art.31 (1) del Reglamento CCI.
En conclusión, ésta Cámara considera que el laudo final ha sido pronunciado dentro del
plazo establecido en el art. 30 (1) del Reglamento CCI, por tanto, debe desestimarse la
pretensión de la parte recurrente.
IV. FALLO.
POR TANTO: Con base en las consideraciones hechas, disposiciones legales
relacionadas y Artículo 70 LMCA, esta Cámara a nombre de la República FALLA: a)
DECLARASE NO HA LUGAR LA NULIDAD DEL LAUDO ARBITRAL, solicitada por
los licenciados MARIO ENRIQUE S. y HUMBERTO S. M. , en calidad de apoderados de la
sociedad TELEFÓNICA MOVILES EL SALVADOR, SOCIEDAD ANÓNIMA DE
CAPITAL VARIABLE, que puede abreviarse TELEFÓNICA MOVILES S.A. DE C.V.,
contra el laudo arbitral pronunciado el día veintiuno de junio de dos mil trece, por el Tribunal
Arbitral.que conoció del diferendo entre la sociedad citada y la sociedad EL SALVADOR
NETWORK, SOCIEDAD ANÓNIMA, que se abrevia EL SALVADOR NETWORK, S.A.,
derivado del contrato denominado "Contrato para la prestación del servicio de
interconexión y de acceso a otros recursos", por la causal N° 5 del Art. 68 LMCA.; b)
CONDÉNASE a la sociedad TELEFÓNICA MOVILES S.A. DE C.V., al pago de las costas
procesales generadas en esta instancia; y c) DECLARASE FIRME, la presente sentencia,
por no admitir recurso alguno, de conformidad al artículo 70 inciso tercero LMCA.
HAGASE SABER.
PRONUNCIADA POR LAS SEÑORAS MIGISTRADAS QUE LA SUSCRIBEN
423-97AC Membreño vrs. Juez Segundo de lo Mercantil de San Salvador
SALA DE LO CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA: San
Salvador, a las nueve horas con nueve minutos del día veintitrés de agosto de mil
novecientos noventa y nueve.
El presente proceso de amparo constitucional acumulado ha sido promovido por el
licenciado Rubén Membreño Baires, de sesenta y cuatro años de edad, del domicilio de San
Salvador, y por la señora Leila Mendieta de Membreño, de sesenta y dos años de edad, de
oficios del hogar y del domicilio de San Salvador, contra providencias del Juez Segundo de
lo Mercantil de San Salvador, que estiman violatorias de los derechos constitucionales
reconocidos en los artículos 2 y 11 de la Constitución.
I. Antes que nada, esta Sala considera necesario establecer -para una mejor comprensión de
la presente decisión- que para la procedencia in limine litis de una pretensión de amparo, se
requiere -entre otros aspectos-, que el sujeto activo se autoatribuya alteraciones de
trascendencia constitucional en su esfera jurídica, derivadas de los efectos de la existencia
de la omisión u acto reclamado; es decir, y sin alusión a incidencias constitucionales
positivas o negativas por ser propio de la sentencia definitiva, lo que en términos generales
la jurisprudencia constitucional ha llamado simplemente "agravio".
En virtud de lo anterior, es menester que el análisis de este punto se ajuste al siguiente
orden: (a) determinación del concepto de agravio; (b) determinación de las causas que
generan su ausencia; y (c) establecimiento de los efectos de la ausencia de agravio en la
configuración eficaz de la pretensión de amparo.
1. La protección jurisdiccional reforzada de los derechos constitucionalmente reconocidos -
abstracción hecha del derecho a la libertad personal- tiene como principal manifestación el
proceso de amparo; dicho proceso, para su promoción, exige la existencia de un "agravio" o
alteración en la esfera jurídica del pretensor, con trascendencia constitucional; necesitando
dicha alteración de la concurrencia de dos elementos: el material y el jurídico.
Como ya se habrá podido apreciar, el elemento jurídico exige que el agravio sea producido
en relación a normas de rango constitucional; por elemento material se entiende cualquier
afectación difusa o concreta que la persona sufra en su esfera jurídica.
2. Ahora bien, habrá casos en que, por diferentes causas, la pretensión del actor de amparo
no incluya los anteriores elementos -entiéndase cuando hay ausencia de "agravio"-. Al
respecto, puede decirse -sin ánimos de exquisita exactitud- que la ausencia de agravio, en
primer lugar, puede provenir por la inexistencia de acto u omisión, ya que sólo de modo
inverso pueden deducirse efectos concretos que posibiliten la concurrencia de un agravio;
y, en segundo lugar, que no obstante la existencia real de una actuación u omisión, por la
misma naturaleza de sus efectos, el sujeto activo de la pretensión no puede sufrir agravio
constitucional, ni directo ni reflejo, tampoco actual ni futuro; como por ejemplo, en los
casos en los cuales los efectos del acto reclamado no son aspectos propios del marco
constitucional o cuando aquéllos no inciden de manera negativa en la esfera jurídica del
pretensor
3. Por último, hay que decir que cuando la ausencia del agravio es advertida in limine, por
ser un requisito objetivo de la pretensión, la misma debe ser repelida a través de la figura de
la improcedencia; sin embargo, cuando de los elementos fácticos de la pretensión no se
puede inferir ab initio la existencia del agravio que al final posibilita el pronunciamiento de
sentencia definitiva, sino que ello es apreciado hasta etapas ulteriores, habrá que abortar el
proceso en la etapa en que se encuentre, por haber imposibilidad de conocer sobre las
posibles violaciones alegadas por la falta de agravio constitucional o, simplemente, por la
ausencia de afectación en la esfera jurídica del demandante.
II.- En el presente caso, los demandantes, señores Membreño Baires y Mendieta de
Membreño, manifiestan una serie de aspectos legales que consideran les ha causado agravio
constitucional durante el desarrollo del proceso ventilado ante el Juez Segundo de lo
Mercantil de San Salvador. Haciendo este Tribunal un esfuerzo sintetizador de los
elementos fácticos y los fundamentos jurídicos esgrimidos por los actores, y hasta donde el
iura novit curia lo permite, puede afirmarse que el objeto del proceso en el caso sub iudice
se limita a: las supuestas violaciones al derecho de audiencia que sufrieran los demandantes
dentro del proceso ejecutivo mercantil seguido en el Juzgado Segundo de lo Mercantil bajo
el número de referencia EM-035-86, al no habérseles notificado en legal forma todas las
providencias del referido juicio.
No obstante las anteriores aseveraciones de parte de los demandantes, así como la
confirmación que hiciera la autoridad demandada de dichos vicios procedimentales, del
estudio del presente expediente esta Sala se percata que el proceso ejecutivo mercantil EM-
035-86 finalizó a través de la figura del sobreseimiento, tal como aducen los mismos
demandantes (fs. 4 vuelto, párrafo segundo de este proceso) y como consta de la
certificación del referido juicio mercantil ejecutivo que se anexaron desde la presentación
de las demandas (por ejemplo, fs. 166 del presente expediente).
De acuerdo a lo establecido anteriormente, se puede apreciar con facilidad que el sustrato
fáctico de la pretensión de los demandantes, si bien incluye la existencia de actos
reclamados -las faltas de notificaciones a lo largo del proceso ejecutivo mercantil seguido
en el Juzgado Segundo de lo Mercantil de San Salvador-, está basado en dos hechos cuyos
efectos se contradicen al extremo de anularse, a saber: por un lado afirman que se les han
violado sus derechos constitucionales de audiencia y de propiedad a lo largo del proceso, al
no habérseles notificado nada en legal forma y por lo cual pidieron la nulidad respectiva;
sin embargo, por otro lado establecen, y así quedó probado con las certificaciones que
anexaron a sus demandas, que dicho proceso finalizó vía sobreseimiento a petición de los
mismos señores Membreño Baires y Mendieta de Membreño (fs. 159 de este expediente).
En conclusión, el argumento fáctico de los demandantes bases de sus pretensiones de
amparo, no es capaz de demostrar agravio alguno, mucho menos constitucional, pues con la
terminación anormal del proceso mercantil ejecutivo, vía sobreseimiento, los vicios
alegados in limine por la parte actora dejaron de generar afectación en su esfera jurídica, lo
que imposibilita que vía amparo planteen una queja basada en violaciones a sus derechos de
audiencia y propiedad contra el Juez Segundo de lo Mercantil de San Salvador, cuando este
mismo juez sobresee el proceso a petición de los señores Membreño Baires y Mendieta de
Membreño, actores del presente proceso de amparo acumulado. Y es que la forma en que
finaliza el proceso donde se suscitaron las violaciones al derecho de audiencia, hace
desaparecer los efectos de las supuestas infracciones procedimentales, pues carece de
sentido querer conseguir el reconocimiento de categorías jurídicas vulneradas dentro de un
procedimiento cuando éste ha finalizado por petición expresa que hicieran para tal efecto y
prácticamente a su favor (el actor del proceso mercantil ejecutivo reconoció la cancelación
oportuna de la deuda).
En efecto, no obstante la existencia concreta de los actos reclamados, con posterioridad a
los mismos -como se expresó- se dictó sobreseimiento, siendo sus efectos incapaces de
abrir la posibilidad de conocer las supuestas violaciones procedimentales alegadas, puesto
que aquéllos establecieron una situación jurídica definitiva favorable a los demandantes, es
decir, eliminaron el agravio provisional ocasionado a los actores por las supuestas faltas de
notificaciones de providencias judiciales.
Por todo lo anteriormente expuesto, es procedente terminar anormalmente el presente
amparo a través de la figura del sobreseimiento, por haber un defecto en la pretensión
constitucional de amparo, que impide su conclusión normal: ausencia de agravio que afecte
inconstitucionalmente la esfera jurídica de los demandantes.
Consecuentemente, esta Sala RESUELVE: (a) Sobreséese el presente amparo; (b)
condénase en costas, daños y perjuicios a los demandantes; y (c) notifíquese.---
HERNANDEZ VALIENTE---MARIO SOLANO---O. BAÑOS---PRONUNCIADO POR
LOS SEÑORES MAGISTRADOS QUE LO SUSCRIBEN---J ALBERT ORTIZ---
RUBRICADAS.
AB042397.99 ac AB042997.99