Documento Posta 4
Documento Posta 4
La Universidad en la Argentina
Desde el Golpe de 1955 hasta “La noche de los Bastones Largos” en 1966
El regreso de la democracia en 1983 y las políticas neoliberales hasta principios del siglo
XXI
La UNAHUR es una universidad muy joven, pero la institución universitaria tiene una larga
historia desde la Edad Media donde comienzan a aparecer las primeras universidades en
Europa. Si pudiéramos acercarnos a ver lo que eran esas universidades, a primera vista
surgen las diferencias: edificios que eran iglesias, pocas personas y sólo concurridas por
hombres, pero en una mirada un poco más profunda podríamos encontrar ciertos principios
rectores que todavía siguen operando con la misma fuerza. En su origen, las universidades
estuvieron fuertemente vinculadas al clero, y las materias que se enseñaban estaban
relacionadas con las leyes, la medicina y la teología. Gran parte de sus estudiantes
provenían de la iglesia y también había integrantes de la realeza. Este sesgo elitista,
tendiente a formar a las clases dominantes, ha sido uno de los rasgos distintivos que
perdura aún hoy y han moldeado un determinado tipo de universidad.
En esta clase nos interesa mostrar la articulación que hay entre los distintos momentos.
Para los varones el conocimiento de los ejercicios y evoluciones militares más sencillos; y
en la campaña, nociones de agricultura y ganadería.5
La llegada de los/las inmigrantes europeos, las migraciones internas del campo a las
ciudades, comienza a hacer crujir ese orden dado, comenzado a aparecer nuevos actores
sociales que demandan algún tipo de reconocimiento social y político.
Signos de esta época son un por lado la Ley de Residencia de 1902, por la que el gobierno
tenía la facultad de expulsar a inmigrantes, y que fue utilizada sobre todo para cercenar las
incipientes organizaciones sindicales, de tendencias sociales y anarquistas. Por otro lado,
años antes en 1884 se sancionó la Ley 1420 que estableció la obligatoriedad de la
educación primaria para todos/todas los/las niños/niñas entre los 6 y los 14 años de edad,
sean o no argentinos. La otra ley que nos permite armar un mapa de época, es la ley Sáenz
Peña de 1912, que estableció el voto obligatorio, secreto y universal que permitió que en
1916 llegara a la presidencia Hipólito Yrigoyen del partido radical, siendo el primer
representante de mayorías populares que accedió al Poder Ejecutivo Nacional.
¿Qué pasaba en las universidades mientras tanto? Vale la pena destacar que estamos
hablando de apenas tres universidades nacionales (la de Córdoba, la de Buenos Aires y la
de La Plata) lo que da cuenta de una fuerte restricción al acceso, ya que sólo podían
ingresar aquellos que estuvieran geográficamente cerca o que tuvieran los medios
económicos para solventar el traslado.
Si bien la educación pública tiene una larga tradición en nuestro país, la escuela secundaria
no siempre estuvo disponible para todos los sectores. En efecto, en el período que
mencionamos al terminar la escuela primaria, los/las jóvenes de los sectores populares
pasaban a ser trabajadores, en el mejor de los casos.
El voto universal que invoca la Ley Sáenz Peña tiene una restricción, sólo podían votar los
varones. Las mujeres, a través de incipientes organizaciones, comenzaron a luchar
tempranamente por su derecho al voto que fue efectivamente dispuesto a través de la Ley
del voto femenino de 1947 durante el primer gobierno peronista.16
El período no estuvo exento de graves conflictos sociales derivados sobre todo de las
duras condiciones laborales. La creciente sindicalización favoreció la organización de
los/las trabajadores/as y la posibilidad de realizar reclamos para mejorar la calidad su vida.
Algunas de estas protestas, como la de la Semana Trágica (iniciada por la huelga llevada a
cabo en la zona sur de CABA por los trabajadores de los talleres metalúrgicos Vasena para
conseguir mejoras en las condiciones de trabajo en el año 1919) y la de la Patagonia
Rebelde (durante 1920 y 1921 los trabajadores rurales iniciaron una serie de huelgas contra
los despidos y las condiciones laborales dispuestas por lo terratenientes dueños de los
campos) fueron duramente reprimidas con miles de trabajadores detenidos y centenares de
muertos.
En los primeros años del siglo pasado, un fervoroso movimiento estudiantil fue
expandiéndose de a poco, constituyendo los primeros centros de estudiantes en la
Universidad de Buenos Aires. En junio de 1918 la juventud universitaria de Córdoba inició
un movimiento a favor de la democratización de la enseñanza, que cosechó rápidamente la
adhesión de todo el continente. Esta gesta, conocida como Reforma Universitaria, es uno
de los mitos de origen de la Córdoba del siglo XX, y uno de los puntos de partida de su
entrada en la modernidad, dejando atrás la impronta elitista que la caracterizaba.
El acceso a las universidades públicas generó fuertes enfrentamientos entre las clases
medias y los miembros de la élite. La obtención de un título universitario significaba, para
los sectores medios, la posibilidad de ascenso social, ya que era el requisito necesario para
ejercer las profesiones liberales que el proceso de modernización por el que atravesaba
Argentina requería. La Reforma puede entenderse entonces, como el reflejo de la
emergencia de la nueva situación social planteada, en la que el grueso de las universidades
se concibe a sí mismas como garantes de un orden social que empezaba a experimentar
notorias mutaciones. Los sectores medios fueron los catalizadores de ese clima de
descontento social que iba permeando la mayor parte de las prácticas sociales.
El 17 de junio el movimiento estudiantil cordobés hizo conocer su reclamo (publicado el 21
de junio en “La Gaceta Universitaria”) mediante el famoso Manifiesto Liminar, redactado por
Deodoro Roca, que comenzaba, en lo que era toda una declaratoria de principios, con la
frase: “La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sur América”.
Los estudiantes forzaron la renuncia del rector e Yrigoyen intervino la Universidad. El nuevo
interventor era el ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, mostrando así la
impronta nacional que había adquirido el conflicto. Se suscribió un Decreto de reformas el
12 de octubre de 1918, que contempló ampliamente los reclamos estudiantiles dando inicio
a una nueva era en lo que respecta no sólo a la universidad, sino a la educación y a la
sociedad. Así como los ideales del movimiento reformista se extendieron a la mayor parte
de las universidades del continente, hoy sostenemos la vigencia de los principios que
constituyen orientaciones fundamentales en materia de autonomía universitaria, cogobierno
y compromiso de la Universidad y sus egresados y egresadas con la sociedad.
El 6 de septiembre de 1930 los generales José Félix Uriburu y Agustín P. Justo encabezaron
un golpe de estado, apoyado por grupos políticos conservadores, y expulsaron del
gobierno a Yrigoyen, inaugurando un período en el que volvió el fraude electoral y la
exclusión política de las mayorías. En 1933 se firmó el Pacto Roca-Runciman con
Inglaterra, que aumentó enormemente la dependencia Argentina con ese país. Se
sucedieron los gobiernos conservadores (el general Uriburu, entre 1930 y 1932; el general
Justo, entre 1932 y 38; Roberto Ortiz, entre 1938 y 1942, y Ramón Castillo, entre 1942 y
1943), que se desentendieron de los padecimientos de los sectores populares y
beneficiaron con sus políticas a los grupos y familias más poderosas del país.
Los avances logrados por el movimiento estudiantil a través de la Reforma del 18, tuvieron
alcances limitados en la práctica. A la par que en el país se volvían a instalar políticas más
conservadoras, la participación de los estudiantes en el gobierno de las universidades fue
sufriendo restricciones. No ocurrió lo mismo con la autonomía universitaria, que siguió
conformando un valor casi innegociable para los grupos que continuaban teniendo el poder
real en las universidades. En ese sentido, las estructuras de gobierno universitarias
supieron mantener sus privilegios. El golpe de Estado de 1930, contra el gobierno de
Yrigoyen encontró a las universidades alineadas con los golpistas, marcando un punto de
tensión que ha atravesado la relación entre las universidades y los movimientos populares
en nuestro país. Los años posteriores al golpe del 30 profundizaron el retroceso de la
participación de los estudiantes en el gobierno universitario como así también la
consolidación de un núcleo de autoridades y profesores que perpetuaba prácticas
selectivas y discrecionales.
La llegada del peronismo y la ampliación de derechos: la gratuidad
de los estudios universitarios
Con la llegada del peronismo al gobierno, se produce una serie de transformaciones
económicas, políticas y sociales que reconfiguran el entramado colectivo y las relaciones
de poder en la Argentina.
Las relaciones entre el peronismo y el sistema universitario tradicional fueron tensas, ya que
para el gobierno las universidades debían adecuarse al modelo de país propuesto. La
autonomía no era considerada un valor en sí mismo, y en 1947 se sanciona la Ley
Universitaria 13.031 que si bien habla de la autonomía técnica, docente y científica, dispone
que los rectores fueran designados por el Poder Ejecutivo y regula fuertemente la vida
universitaria. La ley también hace hincapié en el desarrollo de la investigación que deben
tener las universidades vinculada a las necesidades y requerimientos del país.
En este período la población estudiantil universitaria crece sustancialmente (al igual que en
el resto de América Latina) pasando de 51.447 en el año 1947 a la cantidad de 140.000 en
1955. Este incremento hay que leerlo no sólo desde su impacto numérico, sino también
cualitativo ya que estos nuevos ingresantes corresponden en gran medida a hijos/hijas de
familias trabajadoras.
Esta época, sobre todo en el intermedio entre dictaduras militares, del gobierno de Frondizi
en 1958; queda asociada a lo que se llama época de oro de la universidad argentina, ya
que de alguna manera comienza a ocupar un lugar relevante en la investigación científica,
se crean nuevas carreras, hay modificaciones en los aspectos didácticos y en los planes de
estudio. ¿Cómo se articula esta idea de una universidad pujante en el mismo momento que
en nuestro país se restringían los derechos de las mayorías?
El golpe militar comandado por Onganía, que derrocó al gobierno de Illia en 1966 tuvo
desde el inicio una fuerte matriz represiva, bajo las consignas de restaurar el orden y la
autoridad.
Las universidades fueron visualizadas, sobre todo por el lugar que empezaban a tener las
distintas agrupaciones estudiantiles, como ámbitos que había que normalizar y disciplinar.
La junta militar decide la intervención de las universidades, medida que es resistida en la
Universidad de Buenos Aires, donde estudiantes y profesores de distintas facultades toman
los edificios de distintas facultades. El 29 de julio de 1966 las fuerzas de seguridad
irrumpen de manera violenta y proceden a desalojarlas por la fuerza.
A partir de este episodio, conocido como “La noche de los bastones largos” que tuvo
inclusive repercusión internacional, ya que entre los detenidos había científicos extranjeros
que estaban dando clases, se produjo el desmantelamiento de lo conseguido hasta el
momento en las universidades, y dio lugar a la llamada “fuga de cerebros” ya que
muchos/muchas docentes se fueron a continuar sus carreras en otros países.
El movimiento estudiantil hasta la Dictadura Cívico Militar de 1976
Tal como venimos señalando, al interior de las universidades comienzan a formarse
agrupaciones y organizaciones con distintos tintes políticos, que comienzan a participar en
los distintos actos de resistencia y lucha que se van produciendo tanto contra los repetidos
golpes militares como en función de lograr la anulación de la proscripción del peronismo.
Por ejemplo, durante el Cordobazo, episodio de lucha sindical que ocurrió en 1969 en la
ciudad de Córdoba, al lado de los trabajadores se encontraban los estudiantes quienes
tuvieron una participación activa.
La dictadura cívico militar que inicia en 1976 modificó esencialmente el rol del Estado
aceptado convencionalmente hasta entonces. Se privilegió el proceso de la liberación de la
economía, y el menosprecio al rol del Estado como garante de una distribución equitativa
de la riqueza. La represión como política de estado atacó fuertemente todo lo vinculado
con las agrupaciones y organizaciones populares. Por ejemplo se disolvió la Confederación
General del Trabajo (CGT), se prohibió el derecho de huelga, la participación política y se
intervinieron los sindicatos La dictadura terminó de desarticular y desmantelar lo que
quedaba de las universidades. El número de inscriptos bajó al 50%; la política educativa
incluyó el achicamiento del presupuesto y hasta el arancelamiento.
La política económica signada por la convertabilidad donde 1 peso era igual a un dólar,
sirve para caracterizar a esta época. El gobierno de Carlos Menem finalizó con indicadores
sociales que daban cuenta del deterioro del entramado colectivo sobre todo con una alta
tasa de desocupación (14%) y una fuerte recesión económica.
En la década del 90 se diseñó una nueva estructura del sistema educativo, teniendo en
cuenta las recomendaciones de organismos internacionales, como el Banco Mundial. En
este contexto, la educación es más entendida como un servicio que como un derecho. Las
universidades no estuvieron al margen de todas estas reformas. Podemos destacar dos
temas centrales, que aún tienen efectos en la actualidad. La primavera alfonsinista como se
conoce a los primeros años del gobierno de Alfonsín fue una etapa con una alta
participación popular que se vio reflejada en el resurgir de la vida universitaria. El gobierno
alfonsinista terminó inmerso en una debacle económica que tuvo, dentro de sus
consecuencias, la restricción del presupuesto de las universidades.
Algunos puntos de esta ley generaron una gran polémica con las universidades, y fue
bastante resistida sobre todo por los/las estudiantes.
A partir de esta ley las universidades debieron ajustarse a evaluaciones internas y externas,
llevadas adelante por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria
(CONEAU). Este organismo también es el encargado de autorizar el funcionamiento de
nuevas universidades. También por esta ley, se estipula que las carreras que comprometen
el interés público, como por ejemplo las ingenierías, deben respetar contenidos mínimos y
cierta cantidad de prácticas, siendo potestad del Ministerio de Cultura y Educación con
acuerdo del Consejo de Universidades la determinación de esas carreras.
Es también en la década del 90 donde comienzan a formarse las nuevas universidades del
Conurbano, siendo esta una política de fuerte impacto regional. Estas universidades
tuvieron como propósito el desarrollo local y mantienen un intercambio y vinculación muy
fuerte con sus comunidades.
22
Llegamos a este punto y no podemos cerrar sin hacer alguna referencia a los años del
macrismo en el gobierno. La orientación económica fortaleció al capital especulativo
financiero, en detrimento de las áreas productivas. El aumento y dolarización de los
servicios públicos afectaron sensiblemente los ingresos de los/las trabajadores/as. La
conversión de gerentes de empresas privadas en funcionarios públicos, ocasionó en mas
de una situación un conflicto de intereses, ya que tenían que encargarse desde el sector
público lo que hasta no hace mucho tiempo habían dirigido en el ámbito privado. En el
sector educativo, los presupuestos, que son en pesos, quedaron desfasados ya que por
ejemplo para la universidad, hay insumos necesarios para la investigación y mejora de la
infraestructura que son en dólares. Si bien se registra en estos años una alta matriculación
de nuevos/as estudiantes en la mayoría de las universidades, el costo (viáticos, apuntes)
del sostenimiento de las carreras ha provocado que muchos/as estudiantes dejen de
estudiar. El recorte de becas como PROGRESAR, la demora en la implementación del
boleto estudiantil son algunos de los obstáculos directos que dificultaron la continuidad de
los estudios. El aumento del desempleo y la precarización laboral, también afectó la
posibilidad de seguir cursando ya que la mayoría de los/las universitarios/as tienen como
fuente de ingresos su trabajo.
Uno de los propósitos de este capítulo es poder abordar la relación que hay entre
proyectos políticos y el desarrollo de las universidades públicas. Intentamos realizar
una reseña en clave de historia que nos ayude a hilvanar, cómo las decisiones de la
macro política, las tan mentadas políticas públicas que llevan a cabo los gobiernos
(eliminar aranceles, abrir universidades, recortar presupuestos) afectan fuertemente
la cotidianeidad de nuestras vidas, abriendo oportunidades o cerrando caminos.