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El documento describe la historia de la universidad en Argentina desde la época colonial hasta principios del siglo XXI, incluyendo hitos como la organización del sistema universitario a principios del siglo XX, los primeros gobiernos democráticos y la reforma universitaria, y la llegada del peronismo con la gratuidad de los estudios universitarios.
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El documento describe la historia de la universidad en Argentina desde la época colonial hasta principios del siglo XXI, incluyendo hitos como la organización del sistema universitario a principios del siglo XX, los primeros gobiernos democráticos y la reforma universitaria, y la llegada del peronismo con la gratuidad de los estudios universitarios.
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ÍNDICE NAVEGABLE

La Universidad en la Argentina

La organización nacional y la instauración de un modelo universitario: Principios del Siglo


XX

Los primeros gobiernos democráticos y la reforma universitaria.

El primer golpe de estado: el derrocamiento de Yrigoyen

La llegada del peronismo y la ampliación de derechos: la gratuidad de los estudios


universitarios

Desde el Golpe de 1955 hasta “La noche de los Bastones Largos” en 1966

El movimiento estudiantil hasta la Dictadura Cívico Militar de 1976

El regreso de la democracia en 1983 y las políticas neoliberales hasta principios del siglo
XXI

La ampliación de derechos y la expansión del sistema universitario argentino (2003-2015)

Para cerrar el capítulo y continuar la historia


La Universidad en la Argentina

La UNAHUR es una universidad muy joven, pero la institución universitaria tiene una larga
historia desde la Edad Media donde comienzan a aparecer las primeras universidades en
Europa. Si pudiéramos acercarnos a ver lo que eran esas universidades, a primera vista
surgen las diferencias: edificios que eran iglesias, pocas personas y sólo concurridas por
hombres, pero en una mirada un poco más profunda podríamos encontrar ciertos principios
rectores que todavía siguen operando con la misma fuerza. En su origen, las universidades
estuvieron fuertemente vinculadas al clero, y las materias que se enseñaban estaban
relacionadas con las leyes, la medicina y la teología. Gran parte de sus estudiantes
provenían de la iglesia y también había integrantes de la realeza. Este sesgo elitista,
tendiente a formar a las clases dominantes, ha sido uno de los rasgos distintivos que
perdura aún hoy y han moldeado un determinado tipo de universidad.

En América Latina, las universidades se establecen en la época de la colonia con una


activa participación de los intereses religiosos. La primera universidad en lo que luego sería
la Argentina, es la Universidad Nacional de Córdoba (que no se llamaba así en sus
orígenes) y fue creada por los jesuitas en el siglo XVII. Hubo que esperar al siglo XIX, y al
proceso de la institucionalización de nuestro país, para que comenzaran a surgir otras
universidades, como la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata.
En la época de la colonia, los que asistían a la universidad eran fundamentalmente hijos de
funcionarios de España, y no superaban el centenar. Desde la independencia nacional, si
bien la composición estudiantil fue incorporando nuevos actores, ya no dependientes de
España, sino de la incipiente oligarquía nacional, la universidad continúo siendo el ámbito
de formación de las clases dominantes. La universidad argentina muestra un recorrido
histórico singular, desde la época de la colonia hasta nuestros días. Podríamos ubicar
distintos puntos de tensión que hilvanan ese recorrido: ámbito de élite y espacio
democrático; universidad para pocos y universidad de masas; gratuidad, ingreso irrestricto;
cogobierno; autonomía; vinculación con la sociedad. Partimos de concebir que la
universidad no es ajena a los procesos históricos-sociales, por lo que también entendemos
que no se puede hablar de una universidad en abstracto, sino de una universidad viva que
supone y responde a una mirada político ideológica.

En esta clase nos interesa mostrar la articulación que hay entre los distintos momentos.

La organización nacional y la instauración de un modelo


universitario: Principios del Siglo XX

Las universidades comienzan a configurarse en nuestro país juntamente con la


institucionalización de la llamada Argentina moderna, de fuerte matriz conservadora y
oligárquica. A fines del siglo XIX y principios del siglo XX suceden en nuestro país una serie
de transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas que moldean la
conformación de la sociedad argentina.

En este período, se consolidan gobiernos de carácter conservador y elitista en lo política y


liberales en lo económico, con una democracia restringida donde el voto todavía no es
secreto ni obligatorio y donde la economía responde fuertemente a intereses liberales. A
modo de reseña podemos destacar: La Ley 1420 establece que para las niñas será
obligatorio, el conocimiento de labores de manos y nociones de economía doméstica.

Para los varones el conocimiento de los ejercicios y evoluciones militares más sencillos; y
en la campaña, nociones de agricultura y ganadería.5

• Comienza a instalarse el modelo agroexportador, por el cual se favorecía fuertemente la


exportación de productos primarios como la carne y cereales. Este modelo económico
tenía claros beneficiarios que fueron los terratenientes y dueños de grandes extensiones de
campos.
• Se organiza la administración nacional y se crean instrumentos nacionales tales como
correos, telégrafos, ferrocarril, escuelas, oficinas administrativas para el cobro de
impuestos.
• Se toman empleados locales, pero dependientes del estado, es decir los empleados
públicos.
• Se organiza el poder judicial adoptando el código civil de Vélez Sarsfield y Acevedo.
• Se unificó la moneda (ya que cada provincia tenía su propia moneda)
• Se realizaron obras públicas como la extensión de caminos, vías férreas, puentes y
puertos

Tanto el crecimiento económico como la consolidación de un ordenamiento jurídico


institucional estuvo fuertemente asociado a legitimar y fortalecer los intereses dominantes.
Los/las trabajadores/as, por ejemplo, trabajaban en condiciones de explotación y todavía
no existían los marcos regulatorios y de protección que brinda la legislación laboral.

La llegada de los/las inmigrantes europeos, las migraciones internas del campo a las
ciudades, comienza a hacer crujir ese orden dado, comenzado a aparecer nuevos actores
sociales que demandan algún tipo de reconocimiento social y político.

Signos de esta época son un por lado la Ley de Residencia de 1902, por la que el gobierno
tenía la facultad de expulsar a inmigrantes, y que fue utilizada sobre todo para cercenar las
incipientes organizaciones sindicales, de tendencias sociales y anarquistas. Por otro lado,
años antes en 1884 se sancionó la Ley 1420 que estableció la obligatoriedad de la
educación primaria para todos/todas los/las niños/niñas entre los 6 y los 14 años de edad,
sean o no argentinos. La otra ley que nos permite armar un mapa de época, es la ley Sáenz
Peña de 1912, que estableció el voto obligatorio, secreto y universal que permitió que en
1916 llegara a la presidencia Hipólito Yrigoyen del partido radical, siendo el primer
representante de mayorías populares que accedió al Poder Ejecutivo Nacional.
¿Qué pasaba en las universidades mientras tanto? Vale la pena destacar que estamos
hablando de apenas tres universidades nacionales (la de Córdoba, la de Buenos Aires y la
de La Plata) lo que da cuenta de una fuerte restricción al acceso, ya que sólo podían
ingresar aquellos que estuvieran geográficamente cerca o que tuvieran los medios
económicos para solventar el traslado.

Si bien la educación pública tiene una larga tradición en nuestro país, la escuela secundaria
no siempre estuvo disponible para todos los sectores. En efecto, en el período que
mencionamos al terminar la escuela primaria, los/las jóvenes de los sectores populares
pasaban a ser trabajadores, en el mejor de los casos.

Las universidades, en tanto la mayoría de sus integrantes correspondían a los sectores


dominantes, respondían en espejo al modelo conservador propuesto. En esta época
comienza a forjarse la idea de una universidad fuertemente asociada a otorgar títulos
profesionales, es decir la universidad provee los cuadros profesionales y dirigenciales que
la sociedad requiere, dejando de lado otro modelo posible de universidad que privilegiara la
posibilidad de crear conocimiento y desarrollar un pensamiento crítico.

Sin embargo, la creciente democratización de la sociedad, también supuso cambios al


interior de las universidades, que comenzaron a mostrar tensiones en su interior.

El voto universal que invoca la Ley Sáenz Peña tiene una restricción, sólo podían votar los
varones. Las mujeres, a través de incipientes organizaciones, comenzaron a luchar
tempranamente por su derecho al voto que fue efectivamente dispuesto a través de la Ley
del voto femenino de 1947 durante el primer gobierno peronista.16

Los primeros gobiernos democráticos y la reforma universitaria.


Tal como mencionamos anteriormente, la aplicación de la Ley Sáenz Peña, a través del voto
secreto y obligatorio, permitió que asumiera el gobierno la Unión Cívica Radical, como el
partido político representante de las mayorías populares. Los radicales gobernaron el país
entre 1916 y 1930 bajo las presidencias de Hipólito Yrigoyen (1916-1922) (1928-1930) y
Marcelo T. de Alvear (1922-1928), e impulsaron importantes cambios tendientes a la
ampliación de la participación ciudadana, la democratización de la sociedad, la
nacionalización del petróleo y la difusión de la enseñanza universitaria.

El período no estuvo exento de graves conflictos sociales derivados sobre todo de las
duras condiciones laborales. La creciente sindicalización favoreció la organización de
los/las trabajadores/as y la posibilidad de realizar reclamos para mejorar la calidad su vida.
Algunas de estas protestas, como la de la Semana Trágica (iniciada por la huelga llevada a
cabo en la zona sur de CABA por los trabajadores de los talleres metalúrgicos Vasena para
conseguir mejoras en las condiciones de trabajo en el año 1919) y la de la Patagonia
Rebelde (durante 1920 y 1921 los trabajadores rurales iniciaron una serie de huelgas contra
los despidos y las condiciones laborales dispuestas por lo terratenientes dueños de los
campos) fueron duramente reprimidas con miles de trabajadores detenidos y centenares de
muertos.

En los primeros años del siglo pasado, un fervoroso movimiento estudiantil fue
expandiéndose de a poco, constituyendo los primeros centros de estudiantes en la
Universidad de Buenos Aires. En junio de 1918 la juventud universitaria de Córdoba inició
un movimiento a favor de la democratización de la enseñanza, que cosechó rápidamente la
adhesión de todo el continente. Esta gesta, conocida como Reforma Universitaria, es uno
de los mitos de origen de la Córdoba del siglo XX, y uno de los puntos de partida de su
entrada en la modernidad, dejando atrás la impronta elitista que la caracterizaba.

La utopía universitaria se anticipó medio siglo al recordado “Mayo Francés” de 1968 y


extendió su influencia a todas las universidades argentinas y latinoamericanas.

Los estudiantes universitarios de Buenos Aires, La Plata y Córdoba, muchos pertenecientes


a familias de una recién nacida clase media por la gran ola de inmigrantes europeos, o sus
descendientes, venían organizándose en centros de estudiantes por facultad desde
principios del siglo XX y comenzaban a exigir reformas que modernizaran y democratizaran
la universidad. Es importante apreciar como los climas políticos condicionan la existencia
de ciertas leyes y reformas, siendo el caso mencionado un claro exponente de esta
aseveración.

El movimiento estudiantil reformista comenzó reclamando la participación de los


estudiantes en la vida universitaria, como el centro mismo del acto educativo e integrándolo
en el funcionamiento y gobierno de la universidad. Se reivindicó la autonomía universitaria,
el derecho a darse su propio gobierno y a regular su funcionamiento. Su objetivo fue abrir la
enseñanza a las distintas tendencias ideológicas, aceptando a todos los pensadores que
tuvieran autoridad moral o intelectual para enseñar en las aulas; sostenían la libertad de
cátedra, la asistencia libre, la docencia libre, la periodicidad de las cátedras, los concursos
para la distribución de cargos, la publicidad de los actos universitarios, la gratuidad de la
enseñanza, los seminarios y diversas formas de enseñanza donde el estudiante tuviera
posibilidad de intervenir, además de la extensión cultural por fuera de la Universidad para
vincularlas con la realidad social. En suma, todos los objetivos apuntaban a lograr la
democratización de la enseñanza y la institución universitaria.

El acceso a las universidades públicas generó fuertes enfrentamientos entre las clases
medias y los miembros de la élite. La obtención de un título universitario significaba, para
los sectores medios, la posibilidad de ascenso social, ya que era el requisito necesario para
ejercer las profesiones liberales que el proceso de modernización por el que atravesaba
Argentina requería. La Reforma puede entenderse entonces, como el reflejo de la
emergencia de la nueva situación social planteada, en la que el grueso de las universidades
se concibe a sí mismas como garantes de un orden social que empezaba a experimentar
notorias mutaciones. Los sectores medios fueron los catalizadores de ese clima de
descontento social que iba permeando la mayor parte de las prácticas sociales.
El 17 de junio el movimiento estudiantil cordobés hizo conocer su reclamo (publicado el 21
de junio en “La Gaceta Universitaria”) mediante el famoso Manifiesto Liminar, redactado por
Deodoro Roca, que comenzaba, en lo que era toda una declaratoria de principios, con la
frase: “La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sur América”.

Los estudiantes forzaron la renuncia del rector e Yrigoyen intervino la Universidad. El nuevo
interventor era el ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, mostrando así la
impronta nacional que había adquirido el conflicto. Se suscribió un Decreto de reformas el
12 de octubre de 1918, que contempló ampliamente los reclamos estudiantiles dando inicio
a una nueva era en lo que respecta no sólo a la universidad, sino a la educación y a la
sociedad. Así como los ideales del movimiento reformista se extendieron a la mayor parte
de las universidades del continente, hoy sostenemos la vigencia de los principios que
constituyen orientaciones fundamentales en materia de autonomía universitaria, cogobierno
y compromiso de la Universidad y sus egresados y egresadas con la sociedad.

El primer golpe de estado: el derrocamiento de Yrigoyen

El 6 de septiembre de 1930 los generales José Félix Uriburu y Agustín P. Justo encabezaron
un golpe de estado, apoyado por grupos políticos conservadores, y expulsaron del
gobierno a Yrigoyen, inaugurando un período en el que volvió el fraude electoral y la
exclusión política de las mayorías. En 1933 se firmó el Pacto Roca-Runciman con
Inglaterra, que aumentó enormemente la dependencia Argentina con ese país. Se
sucedieron los gobiernos conservadores (el general Uriburu, entre 1930 y 1932; el general
Justo, entre 1932 y 38; Roberto Ortiz, entre 1938 y 1942, y Ramón Castillo, entre 1942 y
1943), que se desentendieron de los padecimientos de los sectores populares y
beneficiaron con sus políticas a los grupos y familias más poderosas del país.

Los avances logrados por el movimiento estudiantil a través de la Reforma del 18, tuvieron
alcances limitados en la práctica. A la par que en el país se volvían a instalar políticas más
conservadoras, la participación de los estudiantes en el gobierno de las universidades fue
sufriendo restricciones. No ocurrió lo mismo con la autonomía universitaria, que siguió
conformando un valor casi innegociable para los grupos que continuaban teniendo el poder
real en las universidades. En ese sentido, las estructuras de gobierno universitarias
supieron mantener sus privilegios. El golpe de Estado de 1930, contra el gobierno de
Yrigoyen encontró a las universidades alineadas con los golpistas, marcando un punto de
tensión que ha atravesado la relación entre las universidades y los movimientos populares
en nuestro país. Los años posteriores al golpe del 30 profundizaron el retroceso de la
participación de los estudiantes en el gobierno universitario como así también la
consolidación de un núcleo de autoridades y profesores que perpetuaba prácticas
selectivas y discrecionales.
La llegada del peronismo y la ampliación de derechos: la gratuidad
de los estudios universitarios
Con la llegada del peronismo al gobierno, se produce una serie de transformaciones
económicas, políticas y sociales que reconfiguran el entramado colectivo y las relaciones
de poder en la Argentina.

Los/las trabajadores/as y el mundo del trabajo ocupan un lugar central en el desarrollo de


las políticas públicas, bajo las consignas de justicia social, independencia económica y
soberanía política. La redistribución del ingreso de una economía en crecimiento implicó
una política distribucionista que daba verdadera cuenta de la justicia social. Entre el ‘46 y el
‘49 el salario real aumentó en un 53% y la renta nacional subió del 41 al 49%. Este aspecto
económico redundó en una activa integración de la clase trabajadora a la comunidad social
y política. La seguridad social fue controlada por el Estado, y las asignaciones familiares
beneficiaron a diversos sectores de trabajadores mediante las negociaciones colectivas.

El modelo político fue plasmado institucionalmente en la Constitución Nacional, reformada


en 1949 que daba cuenta que el Estado intervendría allí donde el sistema de la libre
iniciativa produjese injusticias sociales. La nueva constitución incluía, además de los
derechos del trabajador, la declaración del carácter inalienable de la propiedad nacional de
los recursos no renovables, la autorización al estado para nacionalizar los servicios
públicos, y la definición de la propiedad privada como un derecho natural limitado por la
función social. La Constitución de 1949 fue rápidamente derogada por el golpe militar de
1955.

Las relaciones entre el peronismo y el sistema universitario tradicional fueron tensas, ya que
para el gobierno las universidades debían adecuarse al modelo de país propuesto. La
autonomía no era considerada un valor en sí mismo, y en 1947 se sanciona la Ley
Universitaria 13.031 que si bien habla de la autonomía técnica, docente y científica, dispone
que los rectores fueran designados por el Poder Ejecutivo y regula fuertemente la vida
universitaria. La ley también hace hincapié en el desarrollo de la investigación que deben
tener las universidades vinculada a las necesidades y requerimientos del país.

En este período la población estudiantil universitaria crece sustancialmente (al igual que en
el resto de América Latina) pasando de 51.447 en el año 1947 a la cantidad de 140.000 en
1955. Este incremento hay que leerlo no sólo desde su impacto numérico, sino también
cualitativo ya que estos nuevos ingresantes corresponden en gran medida a hijos/hijas de
familias trabajadoras.

Podríamos decir que las estructuras tradicionales de la universidad resistieron a la


propuesta de otro modelo que intentó imponer el peronismo, lo que terminó decantando en
que muchos de los integrantes de la comunidad universitaria una vez más, al igual que en
1930, apoyaran el golpe militar de 1955 que derrocó al gobierno peronista.
Desde el Golpe de 1955 hasta “La noche de los Bastones Largos”
en 1966
Luego del golpe de la autodenominada Revolución Libertadora las universidades fueron
intervenidas, y la reorganización giró en torno a sacar todo vestigio de lo ocurrido durante el
gobierno peronista. De esa manera, se cesantearon profesores y se promovieron renuncias,
y con el llamado de nuevos concursos se favoreció la renovación del plantel docente.

Es interesante destacar, para poder tener un panorama que dé cuenta de la complejidad de


la posición de las universidades, que la autonomía universitaria vuelve a tener un peso
significativo, ya que por ejemplo son las propias universidades las que pueden designar
profesores rompiendo con la obligatoriedad de presentar una terna al poder ejecutivo. Si
bien esto puede leerse en términos que al estar bajo un Estado que limitaba la participación
democrática, esta facultad de las universidades estaba restringida de base; pero también la
autonomía declarada permitió que al interior de las universidades se gestaran incipientes
organizaciones y líneas que no estaban de acuerdo con el régimen imperante. Estas
agrupaciones iniciaron críticas tanto al sistema académico como al rol de la universidad.

Otro aspecto a resaltar de estos años es que el proceso de ampliación de matrícula


universitaria continuó, registrándose por primera vez un incremento de estudiantes mujeres.

Esta época, sobre todo en el intermedio entre dictaduras militares, del gobierno de Frondizi
en 1958; queda asociada a lo que se llama época de oro de la universidad argentina, ya
que de alguna manera comienza a ocupar un lugar relevante en la investigación científica,
se crean nuevas carreras, hay modificaciones en los aspectos didácticos y en los planes de
estudio. ¿Cómo se articula esta idea de una universidad pujante en el mismo momento que
en nuestro país se restringían los derechos de las mayorías?

El golpe militar comandado por Onganía, que derrocó al gobierno de Illia en 1966 tuvo
desde el inicio una fuerte matriz represiva, bajo las consignas de restaurar el orden y la
autoridad.

Las universidades fueron visualizadas, sobre todo por el lugar que empezaban a tener las
distintas agrupaciones estudiantiles, como ámbitos que había que normalizar y disciplinar.
La junta militar decide la intervención de las universidades, medida que es resistida en la
Universidad de Buenos Aires, donde estudiantes y profesores de distintas facultades toman
los edificios de distintas facultades. El 29 de julio de 1966 las fuerzas de seguridad
irrumpen de manera violenta y proceden a desalojarlas por la fuerza.

A partir de este episodio, conocido como “La noche de los bastones largos” que tuvo
inclusive repercusión internacional, ya que entre los detenidos había científicos extranjeros
que estaban dando clases, se produjo el desmantelamiento de lo conseguido hasta el
momento en las universidades, y dio lugar a la llamada “fuga de cerebros” ya que
muchos/muchas docentes se fueron a continuar sus carreras en otros países.
El movimiento estudiantil hasta la Dictadura Cívico Militar de 1976
Tal como venimos señalando, al interior de las universidades comienzan a formarse
agrupaciones y organizaciones con distintos tintes políticos, que comienzan a participar en
los distintos actos de resistencia y lucha que se van produciendo tanto contra los repetidos
golpes militares como en función de lograr la anulación de la proscripción del peronismo.
Por ejemplo, durante el Cordobazo, episodio de lucha sindical que ocurrió en 1969 en la
ciudad de Córdoba, al lado de los trabajadores se encontraban los estudiantes quienes
tuvieron una participación activa.

La vuelta de Perón al país, y la asunción de un nuevo gobierno peronista generan grandes


expectativas en la sociedad argentina. Sin embargo, a poco de andar y tras la muerte de
Perón, el gobierno adopta un modelo de ribetes autoritarios y conservadores, e interviene
fuertemente en las universidades desarmando cátedras, equipos de trabajo y agrupaciones
políticas, generando un clima de persecución. Para poder aproximarnos a entender qué
ocurrió con las universidades en este período es sustancial tener en cuenta que el golpe
militar del 55 establece a través del decreto 4161 la proscripción del partido peronista,
proscripción que dura hasta 1973. Por ese decreto, que perduró aún en los intermedios de
gobiernos surgidos por elecciones, no podían participar en la esfera pública nadie que se
identificara con el gobierno peronista. Esta proscripción operó en la práctica cercenando
los derechos de participación de amplios sectores de la población y dotando de una baja
calidad democrática a los gobiernos civiles de esos años.

La dictadura cívico militar que inicia en 1976 modificó esencialmente el rol del Estado
aceptado convencionalmente hasta entonces. Se privilegió el proceso de la liberación de la
economía, y el menosprecio al rol del Estado como garante de una distribución equitativa
de la riqueza. La represión como política de estado atacó fuertemente todo lo vinculado
con las agrupaciones y organizaciones populares. Por ejemplo se disolvió la Confederación
General del Trabajo (CGT), se prohibió el derecho de huelga, la participación política y se
intervinieron los sindicatos La dictadura terminó de desarticular y desmantelar lo que
quedaba de las universidades. El número de inscriptos bajó al 50%; la política educativa
incluyó el achicamiento del presupuesto y hasta el arancelamiento.

Se modificaron los planes de estudio de las carreras de psicología, sociología y


antropología, y en 1979 se cerró la Universidad Nacional de Luján. Como en todas las
esferas del país, las universidades fueron atravesadas por el control ideológico, el
aislamiento intelectual y las medidas represivas.

El regreso de la democracia en 1983 y las políticas neoliberales


hasta principios del siglo XXI
El tramo que va desde el retorno de la democracia en 1983 hasta la década del 90 fue
nodal para la reconstitución del sistema universitario argentino luego del desguace que
supuso la última dictadura cívica militar
El gobierno radical de Raúl Alfonsín tuvo una mirada distintiva hacia el sistema educativo en
general, y hacia las universidades en particular. Se apuntó a lograr una institucionalización y
una democratización al interior de las universidades, promoviendo concursos, impugnando
aquellos realizados entre el 76 y el 83; reabriendo carreras, y derogando el examen por
cupo. Respondiendo a la tradición del partido radical, se restablecieron los principios de la
Reforma Universitaria de 1918.

Las presidencias de Carlos Menem (1989-1999) tuvieron un corte neoliberal, emparentadas


con el auge que estas políticas tuvieron en la región y en el mundo.

La política económica signada por la convertabilidad donde 1 peso era igual a un dólar,
sirve para caracterizar a esta época. El gobierno de Carlos Menem finalizó con indicadores
sociales que daban cuenta del deterioro del entramado colectivo sobre todo con una alta
tasa de desocupación (14%) y una fuerte recesión económica.

La Alianza para el trabajo, la justicia y la educación (popularmente conocida como la


Alianza) fue una coalición política entre la UCR y el FREPASO, que llegó al gobierno
nacional en las elecciones de 1999. Fernando de la Rua asume como presidente con un
discurso que critica fuertemente los escándalos de corrupción del gobierno menemista. En
la práctica, continuó con la política económica que se venía llevando a cabo, lo que terminó
provocando un aumento sustantivo de las desigualdades sociales, el aumento del
desempleo, llegando en algún momento a estar en el 20% y la caída en la pobreza de
amplios sectores de la sociedad.

Durante el gobierno de la Alianza, hubo un intento de recortar fuertemente el presupuesto


educativo. Las movilizaciones y protestas, sobre todo de las universidades públicas,
impidió que se llevara a cabo y terminó con la renuncia del ministro de economía López
Murphy, a los dos semanas de haber asumido.

En la década del 90 se diseñó una nueva estructura del sistema educativo, teniendo en
cuenta las recomendaciones de organismos internacionales, como el Banco Mundial. En
este contexto, la educación es más entendida como un servicio que como un derecho. Las
universidades no estuvieron al margen de todas estas reformas. Podemos destacar dos
temas centrales, que aún tienen efectos en la actualidad. La primavera alfonsinista como se
conoce a los primeros años del gobierno de Alfonsín fue una etapa con una alta
participación popular que se vio reflejada en el resurgir de la vida universitaria. El gobierno
alfonsinista terminó inmerso en una debacle económica que tuvo, dentro de sus
consecuencias, la restricción del presupuesto de las universidades.

En 1995 se sanciona la Ley de Educación Superior que es la que todavía regula la


educación universitaria en la Argentina.

Algunos puntos de esta ley generaron una gran polémica con las universidades, y fue
bastante resistida sobre todo por los/las estudiantes.
A partir de esta ley las universidades debieron ajustarse a evaluaciones internas y externas,
llevadas adelante por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria
(CONEAU). Este organismo también es el encargado de autorizar el funcionamiento de
nuevas universidades. También por esta ley, se estipula que las carreras que comprometen
el interés público, como por ejemplo las ingenierías, deben respetar contenidos mínimos y
cierta cantidad de prácticas, siendo potestad del Ministerio de Cultura y Educación con
acuerdo del Consejo de Universidades la determinación de esas carreras.

Es también en la década del 90 donde comienzan a formarse las nuevas universidades del
Conurbano, siendo esta una política de fuerte impacto regional. Estas universidades
tuvieron como propósito el desarrollo local y mantienen un intercambio y vinculación muy
fuerte con sus comunidades.

El presidente Fernando de la Rúa presentó su renuncia el 19 de diciembre del 2001 en


medio del caos social y la represión ordenada por el gobierno antes de dimitir. Las dos
semanas posteriores fueron de una gran inestabilidad institucional, y finalmente asume
como presidente Eduardo Duhalde. Las políticas económicas, dando de baja la ley de
convertibilidad que regía desde el gobierno de Menem, y promoviendo el fortalecimiento
del mercado interno, juntamente con políticas sociales que protegían a los sectores más
desfavorecidos, permitieron una paulatina mejora del tejido productivo y social. En junio del
2002, en la localidad de Avellaneda se produjo una fuerte represión policial a grupos de
piqueteros donde fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. El impacto
general que provocaron estos acontecimientos determinaron que Duhalde adelantara las
elecciones nacionales para abril del 2003. El resultado de esas elecciones obligaban a una
segunda vuelta entre Carlos Menem y Néstor Kirchner, seguro de su derrota Menem
renuncia a presentarse y asume Néstor Kirchner con el 23% de votos que había
conseguido en la primera vuelta.

La ampliación de derechos y la expansión del sistema universitario


argentino (2003-2015)
Durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner, al compás de la recuperación de los
índices de crecimiento y desarrollo del país y de la transformación general del sistema
educativo nacional, el sistema universitario argentino también creció y se complejizó.

En el curso de estos años, varias reformas se pusieron en marcha en el ámbito de la


educación: por un lado, se sancionó una Ley de Financiamiento Educativo (Ley
26.075/2006) que significó un compromiso de largo plazo, en la medida en que supone un
incremento gradual de los presupuestos nacionales y provinciales hasta llegar a un 6% del
PBI. Por otro, se sancionó la Ley de Educación Técnica (26.058/2005) que buscó
acompañar el proceso formativo imprescindible en un modelo de desarrollo económico que
apuesta fuertemente a la industrialización.

Por último, la Ley de Educación Nacional (26.206/2006), mencionada anteriormente, que


establece confluencias y estrategias de los planes provinciales para asegurar niveles de
calidad iguales para todos los niños y jóvenes, y busca enfrentar la deserción y promover
una mejor formación a los futuros docentes entre otros. Múltiples y diversas decisiones
fortalecieron al sistema universitario en su conjunto.

Uno de los acontecimientos más interesantes e importantes en la etapa del 2003-2015 es la


creación de diecisiete universidades nacionales, y la nacionalización de la Universidad de
las Madres de Plaza de Mayo y de la Universidad Pedagógica de la Provincia de Buenos
Aires. La UNAHUR fue una de las últimas universidades que surgieron en estos años
donde, desde las políticas públicas, se dio un claro impulso a un modelo de universidad
inclusivo y atento a las demandas sociales y productivas de la región y el país.

22

Para cerrar el capítulo y continuar la historia

Llegamos a este punto y no podemos cerrar sin hacer alguna referencia a los años del
macrismo en el gobierno. La orientación económica fortaleció al capital especulativo
financiero, en detrimento de las áreas productivas. El aumento y dolarización de los
servicios públicos afectaron sensiblemente los ingresos de los/las trabajadores/as. La
conversión de gerentes de empresas privadas en funcionarios públicos, ocasionó en mas
de una situación un conflicto de intereses, ya que tenían que encargarse desde el sector
público lo que hasta no hace mucho tiempo habían dirigido en el ámbito privado. En el
sector educativo, los presupuestos, que son en pesos, quedaron desfasados ya que por
ejemplo para la universidad, hay insumos necesarios para la investigación y mejora de la
infraestructura que son en dólares. Si bien se registra en estos años una alta matriculación
de nuevos/as estudiantes en la mayoría de las universidades, el costo (viáticos, apuntes)
del sostenimiento de las carreras ha provocado que muchos/as estudiantes dejen de
estudiar. El recorte de becas como PROGRESAR, la demora en la implementación del
boleto estudiantil son algunos de los obstáculos directos que dificultaron la continuidad de
los estudios. El aumento del desempleo y la precarización laboral, también afectó la
posibilidad de seguir cursando ya que la mayoría de los/las universitarios/as tienen como
fuente de ingresos su trabajo.

Uno de los propósitos de este capítulo es poder abordar la relación que hay entre
proyectos políticos y el desarrollo de las universidades públicas. Intentamos realizar
una reseña en clave de historia que nos ayude a hilvanar, cómo las decisiones de la
macro política, las tan mentadas políticas públicas que llevan a cabo los gobiernos
(eliminar aranceles, abrir universidades, recortar presupuestos) afectan fuertemente
la cotidianeidad de nuestras vidas, abriendo oportunidades o cerrando caminos.

El recorrido que hicimos, la selección y recorte de temas responde a la decisión de poder


plantear una discusión y debate sobre el lugar que tiene la universidad pública en el
armado de un destino común y que esa definición está íntimamente vinculada al sentido
que tiene comenzar a estudiar una carrera universitaria. ¿Qué tenemos para aportar
como universitarios/as en la construcción de nuestro país?

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