BLOQUE 2: LA EDAD MEDIA: TRES CULTURAS Y UN MAPA POLÍTICO EN
CONSTANTE CAMBIO (711-1474).
ÍNDICE:
Introducción.
1. Al-Ándalus: la España islámica.
1.1. Evolución política: la conquista, el Emirato y el Califato de Córdoba.
1.2. La crisis del siglo XI: reinos de Taifas e imperios africanos.
1.3. Organización política y social. El legado cultural.
2. La España cristiana y el proceso de Reconquista.
2.1.- Origen y evolución de los primeros núcleos cristianos de resistencia.
2.2.- Expansión y modelos de repoblación.
2.3. Organización social y economía. La Mesta.
2.4. La organización política de los reinos peninsulares.
2.5.- Las tres culturas peninsulares.
INTRODUCCIÓN
El periodo comprendido entre la invasión musulmana (711) y el fin del proceso de “Reconquista” con
la ocupación castellana de Granada (1492) configura dos de las características básicas de la España
contemporánea: por un lado la diversidad lingüística y cultural de los reinos cristianos que surgen en el norte
frente al Islam. Por otro, un proceso de reconquista que estos reinos inician y que supone una situación bélica
casi constante y un proceso de repoblación en el que nobleza e instituciones eclesiásticas fueron
determinantes, controlando grandes extensiones de terreno.
1. AL-ÁNDALUS: LA ESPAÑA ISLÁMICA.
La conquista musulmana de la península ibérica, que comenzó en el año 711, puede explicarse por dos
razones:
• El reino visigodo padecía una profunda crisis por los continuos problemas sucesorios de la
monarquía. Las luchas entre la nobleza debilitaron el poder militar visigodo.
• El ímpetu expansivo del islam que, entre los años 632 y 700, había conquistado un extenso
territorio que comprendía desde el Magreb hasta el Imperio persa.
En este contexto, un ejército bereber (bajo el mando de Tariq, enviado por el gobernador del Magreb, Muza)
cruzó el estrecho de Gibraltar en el año 711 como aliado de una facción visigoda enfrentada al entonces rey,
Don Rodrigo, y, poco después, tras derrotar al ejército visigodo en la batalla del río Guadalete (711), inició
la conquista del territorio peninsular.
En los dos años siguientes los musulmanes acabaron dominando toda la Península, excepto la cornisa
cantábrica (Asturias). Esta rápida expansión se debió a la debilidad del reino visigodo minado por continuas
guerras civiles, a que la mayoría de la nobleza y de los altos cargos del Estado visigodo prefirieron pactar con
el nuevo poder y a la indiferencia del resto de la población hispanorromana. La presencia musulmana se
prolongará hasta 1492, cuando fueron expulsados por los Reyes Católicos tras la conquista de Granada.
1.1. Evolución política: la conquista, el Emirato y el Califato de Córdoba.
✔ Emirato dependiente de Damasco (711-756).
Entre el 711 y el 715 se produce la invasión de la península a excepción de la franja norte. Tras la
invasión, al-Ándalus pasó a ser una provincia más del gran imperio Omeya, gobernada por un emir que
nombraba el Califa de Damasco.
En el año 750 la dinastía Omeya, que hasta ese momento había gobernado en Damasco, fue depuesta
del poder violentamente y una nueva dinastía pasó a dirigir el califato: la Abasí. Uno de sus primeros objetivos
fue la eliminación de la familia Omeya.
Durante este período, los musulmanes continuaron su avance hasta el sur de la Galia donde fueron
frenados por los francos de Carlos Martel en la batalla de Poitiers (732). También durante este período se
produce la aparición de los primeros núcleos de resistencia en el norte peninsular.
✔ Emirato independiente (756-929).
Tras la caída de la dinastía Omeya en Damasco y el establecimiento del Califato Abbasida, el príncipe
Abd-Al-Rahman huye y se refugia en la península, donde reina con el nombre de Abderramán I,
estableciendo su capital en Córdoba. En esta época, al-Andalus se independiza políticamente del Califa de
Bagdad, pero sigue manteniendo una dependencia religiosa.
El nuevo emir tuvo que enfrentarse a las disputas internas entre árabes y bereberes, a las sublevaciones de
mozárabes y muladíes y a los núcleos de resistencia cristiana del norte peninsular que, tras consolidarse,
inician un lento proceso de expansión hacia el sur. En las ciudades comerciales existió una importante
comunidad judía que, aunque algunos de sus miembros alcanzaron relevancia política o social, en líneas
generales permaneció al margen de las luchas por el poder.
✔ Califato de Córdoba (929-1031).
En el año 912 Abderramán III accede al emirato en un momento de crítico. Tras varias campañas
militares, consigue consolidar su poder y se proclama califa en el año 929 (máxima autoridad política y
religiosa), desvinculándose definitivamente de Bagdad. Bajo su mandato se produce el momento de mayor
esplendor económico, cultural y político de Al Andalus. Córdoba era la mayor ciudad de Occidente y
competía en riqueza con Constantinopla. Construyó una ciudad-palacio Medina Al-Zahra, desde la que
gobernó su enorme imperio.
Este apogeo se produce a partir de la gran prosperidad económica basada en un importante comercio
marítimo con África, en el papel de intermediario entre Oriente y Europa, en innovaciones técnicas en la
agricultura y artesanía, en una saneada política fiscal y en el cobro de tributos a los núcleos cristianos del
norte. El control de las rutas comerciales permite al Califa gestionar el oro que llega de Sudán hacia Europa.
En el terreno político, Abderramán III establece un estado autocrático, en el que asume todos los poderes.
Además, establece un ejército profesional y una administración jerarquizada.
El máximo apogeo del califato se registra con Al-Hakan II, cuyo reinado potenció la cultura, la
ciencia y el arte.
Finalmente, entró en crisis con Hixem II, quien delegó sus poderes en su visir, Almanzor, figura que
controló la política del reino. Almanzor llevó a cabo numerosas campañas militares contra los reinos
cristianos. Tras su muerte, sus sucesores no pudieron frenar los conflictos internos, que acabaron por
disgregar el califato, finalmente disuelto el año 1031. Comienza, a partir de entonces la decadencia
económica, política y militar y el avance de los núcleos cristianos norteños (León, Castilla, Navarra, Aragón
y Cataluña).
1.2. La crisis del s. XI: Reinos de Taifas e imperios africanos.
A partir del año 1008, la unidad del Califato de Córdoba es muy frágil y en el año 1031 desapareció
como Estado unitario. Aparecen los reinos de Taifas, que son Estados independientes de extensión variable.
Al- Andalus quedó fragmentado en 27 reinos independientes, con menor poder económico y militar, lo que
va a favorecer el avance de los reinos cristianos (Reconquista).
A lo largo del siglo XI unas taifas se anexionaron otras, formándose reinos algo mayores (Sevilla,
Toledo, Zaragoza, Valencia). Estas taifas mantuvieron un alto nivel de riqueza económica y auge cultural y
artístico, sin embargo estuvieron sometidos al pago de parias (impuestos) a los cristianos a cambio de
protección.
Tras la conquista de Toledo (1085) por parte de Alfonso VI de Castilla y León, varios reinos taifas
pidieron ayuda a los almorávides (1085-1147), una confederación de tribus del norte de África.
Unificaron Al-Andalus y se instalaron en la península, sin embargo, la dominación almorávide no
duró mucho pues fueron incapaces de recuperar Toledo o Zaragoza; además la intransigencia religiosa de los
almorávides les hizo muy impopulares entre los propios musulmanes andalusíes. El imperio Almorávide
cayó en 1145 desintegrándose nuevamente al-Ándalus en las segundas taifas.
La unificación Almohade (1171-1212). Otro imperio norteafricano, los almohades, unificaron
nuevamente al- Ándalus en 1171 y situaron su capital en Sevilla (allí construyeron su mezquita de la que nos
queda la Giralda). Los almohades mantuvieron esta situación de predominio militar sobre los cristianos hasta
fines del siglo XII, sin embargo, fueron derrotados por una coalición de los reinos cristianos en la decisiva
batalla de las Navas de Tolosa (1212). Tras esta batalla, el imperio Almohade se fue descomponiendo y las
taifas andalusíes fueron cayendo en manos de los cristianos.
El Reino Nazarí de Granada (1245-1492) fue el último reino musulmán de la península. Se trata de
un reino taifa que consigue resistir a los cristianos, pero declarándose vasallo de Castilla y que subsistió hasta
1492 gracias a situarse sobre un territorio montañoso, al apoyo de los benimerines del norte de África y a los
problemas internos de Castilla durante los siglos XIV-XV. Su principal realización artística fue el Palacio de
la Alhambra.
A principios del siglo XV la estabilidad política comenzó a declinar. Los problemas sucesorios
desetabilizaron el reino y Castilla aprovechó la situación para conquistar algunas ciudades.
Finalmente, en 1492, los Reyes Católicos conquistaron Granada y expulsaron al último rey nazarí,
Boabdil; sin embargo, la presencia musulmana aún perdurará en el tiempo hasta la expulsión de los moriscos
en 1609.
1.3. Organización política y social: el legado cultural.
La organización política del Estado musulmán fue ante todo autocrática. El gobierno estaba
centralizado en el Palacio donde los emires, califas o sultanes ejercían un poder absoluto. La administración
pública estaba en manos de los diwanes o ministerios que trataban los diferentes asuntos de Estado
(economía, justicia, guerra, etc.). Al frente de todos ellos estaba un visir y por encima de éstos un primer
ministro o hachib. La administración de justicia estaba en manos de los cadíes (jueces) nombrados por
emires y califas entre personas de reconocida honestidad. Cada provincia o ciudad importante estaba en
manos de un gobernador o wadí. Los territorios fronterizos con los cristianos estaban divididos en coras
(provincias) o marcas donde el gobernador tenía poderes militares.
En al-Ándalus se desarrolló una economía urbana y mercantil (a diferencia del resto de Europa donde
predominaba una economía cerrada, ruralizada y con un escaso comercio). La población tendió a
concentrarse en las ciudades por el desarrollo del comercio y la artesanía; pero también por el hecho de
que las ciudades son centros administrativos, políticos, religiosos e intelectuales. No obstante, la agricultura,
muy avanzada, era la ocupación de la mayoría de la población. La gran propiedad era el tipo de explotación
más frecuente y los principales cultivos, la triada mediterránea (cereales, vid y olivo). Se desarrolló el
regadío. La actividad manufacturera más importante fue el sector textil. Destacó el trabajo del cuero, la
fabricación de vidrio y cerámica, las armas, la orfebrería y la construcción naval. El comercio alcanzó una
notable importancia gracias a una extensa red urbana y un eficaz sistema de comunicaciones, tanto marítimo
como terrestre. Las principales zonas comerciales de las ciudades eran los zocos, que solían situarse cerca de
la mezquita principal o aljama.
La sociedad andalusí presentaba una gran diversidad y complejidad. La implantación del Islam en la
Península se llevó a cabo mediante la conversión de gran parte de la población autóctona. La sociedad
andalusí se clasificaba por cuestiones étnico-religiosas y económicas.
En esta sociedad andalusí hay que distinguir los musulmanes:
• La aristocracia árabe dividida entre sí por clanes. Era una minoría, pero detentaba la propiedad de las
mejores tierras y los altos cargos del estado.
• Los bereberes originarios del Norte de África, tuvieron que conformarse con las peores tierras y se
dedicaban al pastoreo. Tuvieron muchos conflictos con los árabes.
• Los muladíes, o nuevos musulmanes de origen hispano, ocupaban un rango inferior entre los musulmanes.
Es el grupo más importante de las clases populares. La conversión al Islam no era obligatoria pero era un
modo de promoción social.
Los no musulmanes eran tolerados y tenían sus propias leyes y organismos de gobierno. Sin
embargo, tenían que pagar impuestos especiales (el jarach o impuesto sobre las rentas de la tierra).
Diferenciamos dos grupos sociales dentro de los no musulmanes:
- Los judíos tenían mucha consideración social y algunos pertenecían a la élite intelectual o científica. Se
organizaban en sus propias comunidades (juderías).
- Los mozárabes o cristianos eran muy numerosos. Su número disminuyó por las conversiones al Islam y la
emigración al norte, y sus relaciones con los musulmanes se fueron deteriorando paulatinamente. De todos
modos, mantenían sus propias leyes, religión e incluso gobernantes. También fue muy habitual en la
sociedad andalusí la existencia de esclavos, que desempeñaban distintas funciones para los sectores
dirigentes que los compraban. Adquirieron cierta relevancia como guardia personal de emires y califas.
La ciudad musulmana se caracteriza por tener un plano desordenado, a menudo con calles estrechas,
laberínticas y, en algunos casos, sin salida. Existe un núcleo amurallado, la medina, centro de la vida pública,
alrededor del cual se organiza la ciudad. Elementos importantes de la ciudad musulmana son: la mezquita
aljama (o principal), la alcazaba (recinto fortificado), las madrasas (escuelas de estudio del Corán), los baños,
el zoco principal (al lado de la mezquita) y los arrabales (barrios circundantes adosados a la muralla).
Ciudades importantes fueron Córdoba, Sevilla, Toledo, Granada o Zaragoza. En las casas andalusíes tiene
gran importancia de la privacidad. Las casas presentan pocas aberturas exteriores y están organizadas
alrededor de patios interiores, con fuentes y jardines.
A nivel cultural, los musulmanes fueron grandes estudiosos en materias como la medicina,
matemáticas (álgebra), astronomía y las ciencias aplicadas (sistemas hidráulicos y de irrigación, fabricación
de porcelana, papel, perfumes, bálsamos). Mientras que la Europa cristiana estaba dominada por la pobreza,
la civilización islámica conocía una etapa de gran esplendor. La traducción de obras científicas griegas,
indias, persas o chinas permitió su divulgación en Occidente; los árabes introdujeron de este modo en Europa
la numeración arábiga, inventada en India. También hubo importantes geógrafos e historiadores y en
Filosofía destacaron figuras como Averroes y Maimónides. La influencia del árabe sobre el castellano se
observa en multitud de palabras que tienen una raíz árabe, por ejemplo (-al) al inicio de la palabra: alcachofa,
albóndiga, alcázar, alcalde, almohada, alcantarilla y también topónimos: Alcalá, Algeciras, Albarracín,
Guadiana, Guadalquivir.
Las manifestaciones artísticas fueron muy diversas, pero algo muy representativo es que no hay
imágenes por la prohibición del Corán, por lo que destaca la arquitectura y, especialmente, las construcciones
de ladrillo. La pobreza de los materiales se compensa con una profusa decoración con mármoles, mosaicos y
pinturas, siempre con temas geométricos o vegetales. El edificio más representativo del arte musulmán es la
mezquita, pero no el único (baños públicos, mercados, fortalezas, palacios). Al-Andalus tiene varias de las
más importantes joyas del arte musulmán mundial como son la mezquita de Córdoba (época califal), la
Alhambra de Granada (época nazarí), la Giralda (época almohade) y Torre del Oro en Sevilla (época
almohade) o el palacio-fortaleza de la Aljafería en Zaragoza (época califal).