Eutanasia
Eutanasia
La eutanasia, tema de profunda controversia en el ámbito ético, legal y médico, se refiere al acto
deliberado de poner fin a la vida de una persona que padece una enfermedad terminal o una
condición de sufrimiento insostenible, con el propósito de aliviar su dolor y su malestar 1. Esta
práctica ha generado un intenso debate en todo el mundo, abriendo interrogantes cruciales sobre
el derecho a la autonomía del individuo, el papel del profesional de la salud y los límites de la
intervención médica en el proceso de morir. Mientras algunos defienden la legalización de la
eutanasia como una expresión de compasión y dignidad en los últimos momentos de vida, otros
la contemplan desde un prisma moral y religioso que pone en tela de juicio la validez de tal
medida. De esta manera, el presente trabajo se centra en analizar los diferentes enfoques,
perspectivas y argumentos que conforman este complejo panorama, a fin de comprender
plenamente las implicaciones y ramificaciones de la eutanasia en la sociedad contemporánea.
Esta introducción sienta las bases para una exploración más detallada de este tema, donde se
abordarán sus aspectos éticos, legales, médicos y sociales con el objetivo de fomentar un diálogo
informado y reflexivo, todo desde un bagaje teórico y académico, evitando caer en
generalizaciones u opiniones personales.
Con lo anterior claro, podemos ahora continuar abordando el tema central del presente ensayo. La
eutanasia o muerte asistida se define según el Ministerio de Salud de Colombia como: “el acto o
la práctica de matar o permitir la muerte por causas naturales por razones de compasión, es decir,
para liberar a una persona de una enfermedad incurable, un sufrimiento intolerable o una muerte
indigna”2. Sin embargo, el debate actual sobre el derecho de una persona a escoger la muerte
debido al sufrimiento que conlleva una enfermedad terminal legalmente está bien establecido,
como lo prueban distintos estudios y académicos reconocidos en el campo de la bioética. Tal es el
caso de Eduardo Díaz Amado, médico, doctor en Filosofía y director del Instituto de Bioética de
la Pontificia Universidad Javeriana, quien explicita que el fin de la eutanasia no es realmente
1 Eutanasia en Colombia: una mirada hacia la nueva legislación, Elkin Javier Delgado Rojas, pag 1
2 Protocolo Para La Aplicación Del Procedimiento De Eutanasia En Colombia 2015, pág 21
poner fin a la vida sino a la indignidad que conlleva el sufrimiento, a la imposibilidad de vivir
bien, de ejercer el derecho a la vida digna. Es entonces cuando se entra realmente en el meollo
del asunto, pues el estado no puede simplemente brindar este derecho a todas las personas que
decidan poner fin a su vida. Se deben establecer unas pautas claras y realistas sobre en qué casos
es necesario y cuales la vida debe prevalecer.
Para esto continuaremos con el segundo apartado del ensayo, el cual se centra en esclarecer el
marco legal que impera en la sociedad colombiana.
En Colombia, existía un problema legal relacionado con la eutanasia debido a una sentencia que
contradice el Código Penal. Esta postura conflictiva del gobierno ha llevado a una aplicación
encubierta de la eutanasia, lo que dificulta la recopilación de datos sobre esta práctica. Además,
la sentencia, que se emitió hace dieciséis años, aún no ha sido completamente regulada. En 2013,
se presentó un proyecto de ley en el Senado de la República de Colombia para regular la
eutanasia activa, pero no fue aprobado. Aunque 87 parlamentarios firmaron el registro de la
plenaria, solo 36 votaron a favor del proyecto, lo que significa que el 60% se abstuvo de votar.
Esto indica una fuerte división en la opinión sobre este tema en el país. En resumen, después de
tantos años, Colombia todavía no está completamente preparada para discutir y comprender
completamente las implicaciones de la eutanasia según la ley. A diferencia de países como
España y Estados Unidos, donde la eutanasia está prohibida, en Colombia esta sentencia ha
introducido un conjunto de valores y una moral sin un amplio debate nacional. Colombia fue
pionera en la despenalización de la eutanasia en 1997, antes incluso que Holanda en 2001.3
3 Ley, jurisprudencia y eutanasia: introducción al estudio de la normatividad comparada a la luz del caso
colombiano, Yolanda M. Guerra, noviembre 2013
respecto ha cambiado, sin embargo se considera importante mencionarlo pues da cuenta de la
evolución histórica que ha tenido el tema en Colombia.
Ahora bien, se hará una comparación desde la perspectiva legal entre Colombia y otros países
que también han aprobado la eutanasia.
A nivel global, únicamente cinco naciones han establecido regulaciones con respecto a la
eutanasia: Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Canadá y Colombia. Además, en cuatro países se ha
legalizado el suicidio asistido: Suiza, Holanda, Luxemburgo y ciertos estados de los Estados
Unidos. Este informe se centra en el análisis de cuatro países: Bélgica, Colombia, Holanda y
Luxemburgo. Todos estos países cuentan con regulaciones sobre eutanasia, y en el caso de
Holanda y Luxemburgo, también permiten el suicidio asistido.
En lo que respecta al proceso de supervisión, todos los marcos legales examinados establecen un
procedimiento inicial que comienza con el médico tratante y luego involucra a una entidad
revisora encargada de asegurar el cumplimiento de los principios y requisitos de la normativa. En
Bélgica y Holanda, el médico tratante tiene la responsabilidad de informar al paciente sobre su
situación y garantizar el cumplimiento de las condiciones básicas establecidas por la ley. Ambas
legislaciones también incluyen un proceso de notificación y supervisión posterior, que se lleva a
cabo ante la Comisión Federal para la supervisión y evaluación de la aplicación de la ley en el
caso de Bélgica, y en una de las 5 comisiones regionales para la revisión de casos de eutanasia y
suicidio asistido en el caso de Holanda. En Colombia y Luxemburgo, el médico tratante, además
de verificar el cumplimiento de los requisitos, debe enviar la solicitud para su aprobación a un
Comité. En el caso de Colombia, se trata del Comité científico interdisciplinario para el derecho a
morir con dignidad, mientras que, en Luxemburgo, esta función es cumplida, entre otras, por la
Comisión Nacional de Control y Evaluación de la Ley de Eutanasia.
i. Los enfermos en fase terminal definidos así con los criterios clínicos y pronósticos de este
protocolo que soliciten la aplicación del procedimiento
ii. Enfermos en fase terminal con patologías oncológicas y no oncológicas, y
iii. Enfermos con capacidad de decisión que lo expresen de manera verbal o escrita.
Por el contrario, serán excluidos del tratamiento los menores de 18 años, los adultos con
trastornos psiquiátricos confirmados por especialista y tampoco se aplicará para voluntades
anticipadas. En este marco se establecieron requisitos para acceder a la eutanasia, los que se
describen a continuación:
d. Persistencia en la solicitud explícita: El médico tratante valorará cuándo fue la primera vez
que el paciente expresó su solicitud y si se mantuvo en el tiempo o fue reiterada. Además,
establecerá si la solicitud es voluntaria, libre de la influencia de otras personas y
complementará la evaluación con otros medios, como conversaciones, o identificará la
existencia de “voluntad anticipada” escrita o registrada en la historia clínica.
La solicitud de eutanasia debe ser aprobada por el Comité científico interdisciplinario para el
derecho a morir con dignidad, el que está conformado por un médico con la especialidad de la
enfermedad que padece el paciente, un abogado y un psiquiatra o psicólogo clínico. Dicho
comité deberá en un plazo máximo de 10 días calendario siguientes a la solicitud hecha por la
persona deberá verificar, entre otros aspectos, el diagnóstico de enfermo terminal, la
competencia del paciente para suscribir el consentimiento informado, determinar si recibió
cuidados paliativos, y ratificar con el paciente o su familia (en los casos en que exista un
documento de voluntad previa) la decisión de continuar con el proceso. En caso de no encontrar
ninguna irregularidad, el comité deberá programar el procedimiento en una fecha que el
paciente indique o, en su defecto, en un máximo de 15 días calendario. Si el comité considera
que no se cumplen los criterios necesarios, simplemente no se configura el derecho y el
procedimiento NO podrá ser autorizado. En tales casos, tanto el paciente como sus familiares
recibirán la información y asesoría pertinente. Se podrá convocar este Comité en cualquier
Institución prestadora de servicios de salud (IPS) que tenga habilitados el servicio de
hospitalización de mediana o alta complejidad para hospitalización oncológica o el servicio de
atención domiciliaria para paciente crónico. Mismos lugares donde se podrá llevar a cabo el
procedimiento. El procedimiento está cubierto por el Sistema General de Seguridad Social en
Salud (SGSSS) y como tal no representa costos para el paciente. Sin embargo, son las IPS
autorizadas las que deben asumir los costos del procedimiento, dado que la Resolución establece
que no podrán facturar la práctica de este al sistema.
La eutanasia para niños niñas y adolescentes quedó autorizada mediante sentencia T-544 de
2017 de la Corte Constitucional, quien ordenó al Ministerio de salud que: “es necesario ordenar
la expedición urgente de la regulación que garantice el derecho a la muerte digna de los NNA
[. . .], siempre que se tengan en cuenta las características especiales de los derechos de los NNA
[. . .] en el marco de la normativa existente y atendiendo su situación particular. Así, el
Ministerio de salud mediante la Resolución 825 del 2018, reglamentó el procedimiento para
hacer efectivo el derecho a morir con dignidad de los menores de edad, que incluye las
condiciones para acceder al procedimiento de la eutanasia. Según el texto la eutanasia se
aplicará:
i. A niños de entre 6 a 12 años, que tengan una enfermedad o condición en fase terminal , que
cumplan con los criterios establecidos en la resolución y que tengan la autorización de quien
tenga la patria potestad. Solo se podrá practicar en casos excepcionales.
ii. Niños entre los 12 y 14 años, que tengan una enfermedad o condición en fase terminal y que
tengan la autorización de quien tenga la patria potestad. En esta edad si la opinión del NNA se
contrapone con la del que tenga la patria potestad, prevalecerá la opinión del NNA.
iii. A adolescentes de entre 14 y 17 años, que tengan una enfermedad o condición en fase
terminal y se haya informado a quien tenga la patria potestad.
Se excluyen: Niños y niñas menores de 6 años. Niños, niñas y adolescentes que presenten
alteración de conciencia. Niños, niñas y adolescentes con discapacidades intelectuales. Niños,
niñas y adolescentes con trastornos psiquiátricos diagnosticados que alteren la competencia
para entender, razonar y emitir un juicio reflexivo.
Para hacer efectivo el derecho fundamental a morir con dignidad a través de la eutanasia de
adolescentes de entre 12 y 17 años, el médico tratante antes de elevar la solicitud al Comité
tendrá la obligación de:
a. Informar a un adulto responsable: el médico deberá informar de dicha solicitud a quien ejerza
la patria potestad del adolescente y reiterar o poner en su conocimiento y del paciente, el
derecho que tiene a recibir cuidados paliativos pediátricos.
Revisar si la solicitud fue expresada de forma explícita y nunca bajo sugerencia, inducción o
coacción, para que pueda ser considerada como voluntaria y libre.
Una vez considerada la solicitud de carácter voluntario y libre, el médico tratante solicitará una
valoración de psiquiatría infantil para realizar una evaluación exhaustiva que permita (i) la
identificación de un desarrollo neurocognitivo y psicológico excepcional, y (ii) la constatación
de un concepto de muerte propia como irreversible e inexorable. El cumplimiento de lo anterior
garantiza que la manifestación de voluntad sea informada e inequívoca. Hecho lo anterior,
procederá con las obligaciones impuestas en el caso de los menores entre 12 y 17 años
expuestas con anterioridad. La solicitud de eutanasia debe ser aprobada por el Comité científico
interdisciplinario para el derecho a morir con dignidad, el que estará conformado por un
médico pediatra, un abogado y un psicólogo clínico. Dicho comité deberá en un plazo máximo
de 10 días calendario siguientes a la solicitud hecha por la persona deberá verificar el
cumplimiento de los requisitos e informará al médico tratante sobre el concepto emitido. Una
vez notificado el cumplimiento de los requisitos por parte del Comité, el médico tratante
informará al niño, niña o adolescente y a quien ejerza su patria potestad, el sentido del concepto
emitido en relación con la realización del procedimiento eutanásico este se realizará en la fecha
concertada con el niño, niña o adolescente. Es deber del médico informar del derecho al
desistimiento, desde la primera expresión de solicitud. En cualquier momento del trámite, tanto
de la solicitud como de la petición, durante la evaluación realizada por el Comité y con
posterioridad a esta hasta el momento de la práctica del procedimiento eutanásico, el niño, niña
o adolescente Podrá desistir de continuar con el trámite y optar por otras alternativas, para lo
cual siempre se ofertará y garantizará la atención por cuidados paliativos.
Ahora bien, ya que se ha esclarecido el panorama legal sobre el suicidio asistido y la eutanasia,
es momento de abordar los problemas éticos y morales que van más allá de lo meramente
legislativo, es decir, es, es hora de ver las alternativas a la muerte, de defender la vida por encima
de todo. Si se quiere romantizar podríamos volver a citar aquella frase que abre este ensayo “la
esperanza es la vida misma defendiéndose”, eliminar la vida es, por lo tanto, destruir cualquier
esperanza. De esta manera lo menciona en su majestuoso ensayo sobre la muerte voluntaria el
ensayista austriaco Jean Améry, quien plantea que, para considerar el suicido y escoger la muerte,
es primero necesario renunciar a la vida, a la lógica de la vida, es decir, a todo lo que resulta real
y posible, en términos humanos. La muerte es entonces negar la vida desde su fundamento más
esencial, es cortar las raíces y destruir la fertilidad de la tierra. (J. Améry, 1976)
De esta manera se surge como una alternativa humana y ética la medicina paliativa, pues
considera que morir con dignidad supone vivir dignamente hasta el último momento. Afirma
también que ello requiere la consideración del enfermo como ser humano hasta el momento de la
muerte y el respeto de sus creencias y valores. Los cuidados paliativos no tienen como objetivo la
muerte del enfermo, sino que cuidan de su vida mientras este llega a su fin, aliviar su sufrimiento
y proporcionan los medios para una muerte tolerable. Paliar es mitigar el sufrimiento,
reafirmando la importancia de la vida, pero aceptando que la muerte es una realidad humana.
Un pronóstico de vida limitado permite remitir al paciente a un área sanitaria específica, como los
cuidados paliativos (no solo para enfermos de cáncer), en la que, por medio de una evaluación
multidimensional, se tengan en cuenta los aspectos, no solo físicos, sino también psicológicos,
relacionales, emocionales, sociales, espirituales, entre otros. Los cuidados paliativos son la
respuesta profesional y humanizada para cubrir estas necesidades de los enfermos en el proceso
de morir. Un cuidado integral requiere la estrecha cooperación de equipos multidisciplinares, que
pueden englobar a profesionales sanitarios (médicos, enfermeras, asistentes sociales, terapeutas
ocupacionales, auxiliares de enfermería, psicólogos, entre otros), a expertos en ética, a asesores
espirituales, a abogados y a voluntarios.
Además, el cuidado, como hábito social y personal, se halla en la base de la existencia humana y
es una actitud moral que promueve el compromiso y la solidaridad. Es un buen indicador de
nuestra “salud” humana, de tal manera que se convierte en una “oportunidad” para humanizarse o
deshumanizarse, para mostrar el rostro más humano tanto de uno mismo como de los demás. El
cuidado se traduce en solidaridad con el ser humano débil y frágil. Este cuidado, consecuencia de
la dignidad del ser humano, tiene que ser proporcionado, sobre todo, por los más cercanos, por la
familia del enfermo.
Cuidar y acompañar es parte de la atención integral del enfermo, incluso cuando no se puede
curar. En pocas palabras, los cuidados paliativos son la mejor manera de ayudar a morir al
enfermo, no “ayudándolo” a terminar con él. Por eso podemos afirmar claramente que el derecho
a la asistencia sanitaria debe incluir el cuidado de la vida del paciente que llega a su fin, en un
contexto humanizado. De ahí que la medicina paliativa sea la verdadera solución ética ante la
situación terminal de un paciente.
Eutanasia o sedación paliativa
La mayoría de las veces se piensa que la sedación paliativa al final de la vida humana es una
forma encubierta de eutanasia. Habitualmente, no siempre, suele suceder que cuando se inicia
una sedación paliativa, prescrita por el médico, lo más frecuente es que a las pocas horas se
produzca la muerte del enfermo. Entonces se piensa que, como se le ha sedado, se le ha
practicado una eutanasia.
La Sociedad Española de Cuidados Paliativos define la sedación paliativa como: “La disminución
del nivel de conciencia del paciente de manera deliberada, una vez obtenido el oportuno
consentimiento, mediante la administración de los fármacos indicados y a las dosis
proporcionadas, con el objetivo de evitar un sufrimiento insostenible causado por un síntoma o
síntomas refractarios”
Desde el punto de vista médico, es verdad que la sedación paliativa deteriora el nivel de
conciencia; pero esto no quiere decir que provoque intencionalmente la muerte, sino que esta es
consecuencia del curso natural de la enfermedad grave. No es la sedación paliativa la causa del
fallecimiento, sino que gracias a este tratamiento se impide una muerte con sufrimiento o dolor.
El paciente muere fruto del transcurso de su enfermedad. La sedación paliativa puede tener, como
efecto accidental, y no querido, la posible aceleración de la muerte del enfermo. Este es un
ejemplo claro del principio moral de doble efecto.
En cambio, se aplica la eutanasia cuando algo se hace o se deja de hacer con la intención directa
de producir la muerte del enfermo. En la eutanasia, la muerte del paciente es el objetivo buscado.
Esta puede producirse por acción (administración de sustancias, etc.) o por omisión (no asistir
médicamente). Sin embargo, la sedación paliativa no tiene como intención la muerte del paciente,
sino el alivio de un síntoma intolerable. Ajusta su dosis a las necesidades sintomáticas .
Por consiguiente, ante una situación clínica objetivamente conflictiva, no es lo mismo acelerar y
provocar de manera directa la muerte del enfermo con la finalidad de terminar con sus
sufrimientos y posibles dolores físicos, que llevar a cabo un tratamiento cuyo objetivo sea el
evitar la muerte con sufrimiento. Hay que eliminar el sufrimiento humano, no al ser humano que
sufre.
Así también, para el trato debido a la dignidad de todo ser humano y para distinguir la sedación
paliativa de la eutanasia, y no caer en ella, tiene suma importancia distinguir la acción de “dejar
morir” (no en el sentido de dejación de los deberes de asistencia hacia el enfermo, sino cuando no
hay terapia y la enfermedad es irreversible) de la acción de “matar”. El médico no pretende la
muerte del paciente, sino que deja de intervenir en un proceso abocado a la muerte. El médico
que “deja morir” al paciente, no persigue su fin directo, sino que lo deja en situación de que
muera de muerte natural.
Por tanto, la sedación paliativa se aplica una vez obtenido el oportuno consentimiento, mediante
la administración de los fármacos indicados y a las dosis prescritas. Cuando la sedación está
indicada y existe consentimiento, el médico tiene la obligación de aplicarla. Se debe afirmar con
claridad que cuando existe una adecuada indicación para la sedación, la objeción de conciencia
no tiene cabida, como tampoco sería posible objetar ante cualquier otro tratamiento
correctamente indicado. Por eso es importante que los equipos que atienden a enfermos en fase
terminal tengan una comprobada competencia en los aspectos clínicos y éticos de la sedación
paliativa.
Hay que señalar de que las únicas “alternativas” a la sedación paliativa no son “matar” al
paciente, esto es, abogar por la eutanasia, o mantenerlo con suero sin sedarlo, lo que conduce a
prolongar la agonía. Estas dos “alternativas” son actividades contrarias a la lex artis 4 del médico y
a cualquier ser humano.
De la misma manera, los médicos y su equipo tienen la “oportunidad” de presentar su rostro más
humano frente al paciente que vive una dramática situación próxima a la muerte. De ahí que la
4 La lex artis remite al derecho que tienen los médicos a establecer los criterios para decir lo que es
indicado para cada paciente en cada circunstancia. En este punto lo que está en juego no solo es la
dignidad de la vida del paciente, sino también la de la vocación médica.
responsabilidad del equipo médico sea mayor, sin olvidar que están atendiendo a un ser humano
y no una cosa.
Así las cosas, la sedación paliativa es una práctica médica que, realizada correctamente, no solo
es lícita, sino acorde con la dignidad humana. Está destinada al alivio de síntomas y no es, por
tanto, una eutanasia encubierta o “razonable”. La sedación paliativa, en sí misma, es un recurso
terapéutico, lo que la hace aceptable o reprobable es el fin o la intención que con ella se desea
conseguir y las circunstancias en las que se aplica.
La sedación paliativa, desde un punto de vista ético, no supone ningún problema; es un deber del
médico proceder a la misma, con el consentimiento previo del enfermo, cuando se llega a la
conclusión de que es el único recurso para controlar algún síntoma físico o psíquico que no
responda a otros tratamientos.
El recurso a la sedación al final de la vida será aceptable éticamente cuando sirva a los mejores
intereses del paciente que está en etapa de muerte inminente; cuando exista una indicación
médica correcta, tras deliberación y reflexión compartida por el equipo sanitario, autorizada por
el enfermo (en su defecto por la familia), y cuando otros recursos terapéuticos que no reducen el
nivel de conciencia para el control de los síntomas hayan demostrado su ineficacia.
Se trata de que la sedación paliativa no se convierta en un recurso que, en vez de servir a los
mejores intereses del enfermo, sirva para reducir el esfuerzo del equipo médico que le atiende, el
propio sufrimiento de la familia, o se aplique en atención a criterios meramente economicistas.
En este sentido, como sostiene la Declaración del Grupo de Trabajo “La atención médica al final
de la vida”, de la Organización Médica Colegial (OMC) y la Sociedad Española de Cuidados
Paliativos (Secpal): “La sedación es un derecho del enfermo que, sin embargo, no debe
instaurarse para aliviar la pena de los familiares o la carga laboral y la angustia de las personas
que lo atienden”.
La sedación paliativa del paciente no descarga al equipo médico de la dignidad intrínseca del
paciente, de la ética de la propia profesión y de los cuidados básicos que todo enfermo precisa.
Esta se ubica dentro de los cuidados al enfermo al final de su vida. Luego, la sedación no es un
instrumento aislado, sino que es una herramienta terapéutica dentro de un contexto, el de los
cuidados paliativos
Una vez señalado que una buena práctica de la sedación paliativa hace que esta nunca pueda ser
considerada una eutanasia encubierta, la solución correcta y más acorde con la dignidad del ser
humano al final de su vida, entonces, se encuentra en los cuidados paliativos.
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