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Mi Creencia

El poema expresa la devoción del autor hacia Jesús. Describe a Jesús como un maestro paciente y compasivo que enseñaba con humildad y calmaba las tormentas. Cuando el autor se siente abrumado por la duda o el dolor, la fe en Jesús le brinda consuelo y esperanza. Concluye pidiéndole a Jesús que lo rescate y lo reconforte.
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Mi Creencia

El poema expresa la devoción del autor hacia Jesús. Describe a Jesús como un maestro paciente y compasivo que enseñaba con humildad y calmaba las tormentas. Cuando el autor se siente abrumado por la duda o el dolor, la fe en Jesús le brinda consuelo y esperanza. Concluye pidiéndole a Jesús que lo rescate y lo reconforte.
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MI CREENCIA

Mi creencia es Jesús, el betlehemita, el hijo de la virgen israelita,

Jesús, el de castaño y grácil pelo, el de los ojos tristes

como el cielo transparente y azul de Galilea,

Aquel cuyas palabras de consuelo son más dulces

Que el ámbar que gotea de los sacros panales del Carmelo.

Amo aquel pescador de Palestina que arrojaba la red de su doctrina

tejida de celestes claridades junto al pobre lagar del campesino

Del monte en las augustas soledades, a la sombra del árbol del Camino

Y a la orilla del mar de Tiberiades. Al que calmaba el noto

Y violento trajín del mar que al látigo del viento se hinchaba de furor

Como una fiera, mientras entre la oscura ventolera se deslizaba

su planta luminosa sobre el férvido mar,

Cual si fuera el vuelo de una blanca mariposa sobre el trébol en flor de la pradera.

Amo aquel buen Pastor, paciente y bello, que conduce amoroso sobre el cuello

A la ovejilla sin redil ni avena. A Jesús que al hipócrita condena

Con seño adusto y con la voz airada, al que en la cruz divinizó la Pena

Y al que el rayo de luz de su mirada prosternó ante sus pies a Magdalena.

Amo al mártir del Gólgota, al Divino Maestro, al melancólico rabino

Que al cielo vuelta su inefable mano nos mostraba tras las nubes del Arcano

El país de las bienaventuranzas, y al que al erial del corazón humano

Arrojaba estas dulces esperanzas, igual que al surco el sembrador su grano.

Ten fe como la lámpara a su llama, doma tus odios, ama a quien no te ama
Inquiere para orar el más umbroso rincón del templo.

Al que alevoso te hirió, muéstrale sin rencor tu otro carrillo,

Si tu ojo fuere cándido y sencillo, todo tu cuerpo será luminoso.

A veces cuando mi alma se debate en el dolor y queda en el Combate

Como un soberbio gladiador romano sin pedir compasión porque es en vano,

Pasa Cristo y su bálsamo y su vino derrama en mis heridas con su mano

Y luego me levanta del camino con el amor del buen samaritano.

Cuando la duda sin piedad me azota y va mi fe como barquilla rota

Sacudida por un ímpetu violento, cuando en el fondo de mi pecho

Siento extinguirse el vigor de la esperanza, irradiando majestad,

tranquilo y lento, Cristo hacia mí por sobre el mar avanza

y se calman el piélago y el viento.

Cuando acogido en mi interior razono y en medio del horror de mi abandono

El alma siento de piedad sedienta, la fe del hijo pródigo me alienta

Y en medio de la noche del olvido, torno a Jesús con ansiedad violenta

Como el pájaro errante busca el nido cuando estalla el furor de la tormenta.

¡Oh Jesús, resucítame! Estoy muerto para el bien,

soy un náufrago, sé tú el puerto,

soy cautivo quebranta mi cadena,

soy tempestad mi espíritu serena,

tengo sed, sé tú el agua de mi fuente

y déjame, Jesús, en toda pena

sobre tu pecho reclinar mi frente

como Juan en la noche de la cena.

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